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sábado, 1 de junio de 2024

Cuando bajaron las carabinas de La Mocotí, 1898.


          Por Oswaldo Manrique (*)

Al “Chato”, la cabeza le daba vueltas de tanto pensar. No eran las nalgas, las que le dolían, que a pesar de los brincos y rebrincos de las cabalgaduras, se habían portado resistentes y a la altura del vic vac. Seguía  las medicaciones que le daba el Dr. Manuel Araujo, su pariente, y se hacía cuando podía, los baños de ponchera de agua fresca con sábila y mejorana, que siempre le calmaban. Experimentaba desde meses antes, agudas molestias cuando noticias que desde Mérida le llegaban, corroboraban el favoritismo que sentía el Presidente Espíritu Santos Morales, por  sus tradicionales enemigos: los “Lagartijos”. Ahora, la cosa cambió: anuncian la separación y autonomía de los Estados. Buena ocasión para cobrársela al “Tigre de Guaitó” y a la “Gonzalera”, y movilizar desde todos los rincones de la región, la tropa para aventarlos del poder.

Fondo de portada: tomado de Despojos Inconformes, de Neller Ramón Ochoa.

Le había jurado al viejo y enfermo “Ño Fuán”, que recobraría el gobierno para la familia. En sus adentros el “Chato”,  diría: - ¡Trujillo es godo y de bandera colorada!  Era muestra del rencor que arrastraba, desde la paliza recibida en el 92, la que lloró en La Puerta, junto con los terribles  “Pinto” Bernardino Silva y el “Calzones Negros” Palomares.

Cuando discurría el año 1898.

Difícil apartarse de lo apasionante que es abordar la vida, acciones, razones políticas, ideológicas y pasiones de los rebeldes trujillanos, particularmente los del tiempo de caudillos y de la deslumbrante virilidad. Impresiona esa combinación de lo anecdótico, con las colosales decisiones y acciones militares. Parecen, aunque suene cándido, peleas de seres inalcanzables, como proveídos por los Dioses, que solo pueden ser vistos a la distancia, cabalgando sobre las crestas de la  Cordillera de La Culata. Por ello vale sí, dar a conocer los hechos -sin duda sangrientos -, como enseñanza de lo que no debe repetirse entre trujillanos, entre hermanos, la ausencia de tolerancia y de reconocimiento del contrario político, lo que, amplia el gentilicio y orgullo regional y local.

¿Quién podía pensar que algo fútil, era la motivación de esta revuelta?

En términos generales, se gozaba de una paz de tregua. Estando apoyando y al servicio del gobierno del Presidente de la República electo, general Ignacio Andrade, las fuerzas liberales “lagartijos” y también las oligarcas “ponchos” trujillanas, las dos causas políticas “contradictorias” entre sí, respaldándolo; asimismo, al presidente del Gran Estado Los Andes, general Espíritu Santo Morales, quien se inclinó y protegió a la gente de su compañero de causa liberal, general Rafael González Pacheco, quienes prevalidos de ese apoyo, no desperdiciaron la ocasión para hostilizar a sus contrarios oligarcas.

Vino la separación de los Estados "y esto fue suficiente causa para disputarse el mando y hostilizarse entre sí" (La Riva, 85). Causa y oportunidad para los “Ponchos”.

El 11 de mayo de 1898, el General José Manuel Baptista con gente armada toma Valera, fue el inicio de hostilidades. Contaron con los batalladores godos del Valle de Bomboy, Miguel Delgado, Pancho Ramírez, los Burelli, los Palomares de la Puerta, Noé Matheus, con ellos, los temidos Terán de “La Cañada de Mendoza”, Bernardino Silva “el Pinto”, y Rafael Abreu, de “El Cumbe” (Crespo, 53). Luego, pueblos como Sabana Mendoza, Pampanito, Niquitao, Boconó, Sans Souci, “La Encomienda”, en el páramo La Cristalina, “Tierra Morada, Zanjón del Rincón, “Las Aguaditas”  sintieron el peso de las bestias y cabalgaduras de los “ponchos” conservadores.

El desmedido desafío del “Chato” Briceño.

Unas semanas antes, de la decisiva confrontación, el general Montilla Petaquero, recibe un mensaje del "Chato” Briceño, general de las fuerzas araujeras, en términos similares a esto: <<General si es tan valiente, vamos a vernos las caras en Pueblo Llano, lo desafío a pelear, con las armas que le dé la gana>>.  Montilla, como jefe del ejército liberal, estando en Mérida, y mientras meditaba el reto y la vehemencia por plantear batalla, del Chato, a quien llamaban el terror de los lagartijas, el "Atila" trujillano, fue apertrechado en armas y municiones por el presidente del Gran Estado los Andes, general Espíritu Santo Morales. 

El mismo Espíritu Santo, asumió comandar la guerra contra los oligarcas araujistas y batisteros que jefaturaba el general Blas Briceño alias “El Chatico”,  quién atrincherado en Jajó le exigió la revancha, es decir, desafió al combate al general Rafael Montilla Petaquero "El Tigre de Guaitó", y este lo buscó en “Pueblo Llano” donde lo había citado, se molestó al no encontrarlo allí, lo buscó también en “Las Porqueras” de Timotes, y por último,  se fue a enfrentarlo <<en el Alto de Durí, donde forzosamente paró, acatando órdenes del general Morales>> (Gabaldón, 117). Esto es anecdótico, el “Tigre” buscando al “Chato”.


El colosal y decisivo choque en Jajó.

El 6 de junio de 1898, ocurrió en "La Loma de las Palmas", sitio cercano a Durí, uno de los hechos más sangrientos de la historia trujillana. Duró 5 horas. Fue un encarnizado, absurdo y obstinado combate, que según algunos historiadores, aseguró la tranquilidad y la estabilidad política y militar de Trujillo, del Gran Estado los Andes, y del país.

Minutos antes del combate, como parte de lo anecdótico ocurrió algo, que incluyó en su testimonio el historiador Fabricio Gabaldón, pues encontraron que un ingeniero de nombre Luis Vélez, que formaba parte del Estado Mayor del ejército liberal, sacó un plano topográfico del sitio y lo abrió en una mesa, fue clavándole alfileres de colores y banderillas, indicando a los oficiales liberales el orden de ataque.  En eso llegó Montilla Petaquero, metió la cabeza por entre el grupo y dijo en altavoz:

- Déjese de pendejadas doctor Vélez; ¿usted como que cree que con alfileres y muñequitos vamos a derrotar al enemigo? si quiere coja un mauser y véngase conmigo para que vea cómo peleo yo" Frescura providencial>> (Gabaldón, 118); lo que bastó para  librar a todos los oficiales del inconveniente en que los había  metido el ingeniero y su plano. 

El general Morales ordenó el ataque, distrayendo al enemigo con un ligero tiroteo, mientras el atrevido general Montilla avanzaba en la vanguardia y observó que sus rivales <<habían dejado sin ocupar unos riscos o peñas que los dominaban en altura; se aprovechó del descuido con las habilidades que tenía de experto cazador, y seguido de los suyos que lo secundan, inició desde los riscos o peñas mencionados el combate; con la sorpresa de Morales que, lo ve empeñarse sin su orden,  y con el espanto del enemigo al verse dominado en altura. Piedras enormes diseminadas en el terreno que ocupan, las hacen rodar al campo enemigo, y con el desastre que estas ocasionan en el trayecto recorrido, juntamente con los gritos de entusiasmo y los certeros disparos, le ocasionaron a sus contrarios, la más completa y vergonzosa derrota, como no se recordaba otra en suelo trujillano>> (Gabaldón, 118).

El general liberal Perfecto Crespo, en su memorial, anotó: <<las tropas godas se concentraron en Jajó. Las fuerzas del gobierno liberal que llegaban de Mérida, y las trujillanas que pasaban por “Pajarito” y “Tuñame”, resolvieron atacarlos en su propio patio: Jajó. El  General Montilla entró en Jajó cayendo este pueblo "bajo la planta de los soldados adversarios>> (Crespo, 55). Destruida su fuerza de combate, los generales Araujo y Briceño, emprendieron la retirada.

El recordado historiador, colega y amigo Arturo  Cardozo, escribió: <<El numeroso ejército conservador es derrotado y perseguido. La tenaz persecución transforma aquella derrota en veloz fuga que solo termina cuando los insurgentes llegan a la estación ferroviaria de Motatán y, bajo el efecto del pánico, asaltan los vagones que los conducen a La Ceiba; luego embarcan para Maracaibo>> (Cardozo, 258).

Para los puertenses, este episodio de guerra fratricida, tiene un significado especial que va más allá de lo legendario de este hecho, como continuación de la sangrienta batalla de Durí-La Mocotí-El Portachuelo, en 1892, sino porque personajes locales estuvieron involucrados en la lucha por consolidar la estabilidad de la República. La historiografía no ha incluido ni reconocido la importante participación de hombres sencillos, campesinos, de nuestras montañas, que sin ostentar el mote de generales, quizás algunos con grado de coronel y oficiales, se la jugaron en esta fase del proceso histórico trujillano; por eso, la necesidad de reescribir la historia, rescatándolos y visibilizándolos.

La retirada, desmoralización y el pánico.

El “Chatico” viendo la debacle y la pérdida de hombres y posiciones, producto del avance rápido y la barbarie de los “lagartijos”, entró en pánico, y llamó a un "sálvese quien pueda", abandonando el sitio de confrontación, lo que aprovechan los liberales para la persecución, resultando una retirada que se perfilaba como caótica, al no respetar el lógico orden de batalla.

A toda prisa, huía “El Chatico”, de las balas, pero más velocidad le imponían los macheteros del “Tigre Montilla”, que iban tras él, persiguiéndolo.  Su cara era de miedo y de derrota. Vencido en el 92, y vencido en esta batalla y por los “mesmos”. 

La derrota que sufrió el ejército del general Pedro Araujo Sánchez,  y el general Blas Briceño alias “El Chato“, considerado hasta ese día él Atila trujillano, el invencible, se dieron a la fuga ante el incontrolable avance y “carga a machete” de los indios montilleros. En la huida el “Chato”, <<encontró refuerzos quienes al verle la cara de espanto les contestó "asómense y verán por lo que juigo yo”, palabras que fueron suficientes para contagiar terror; y a la voz de: sálvese quien pueda, las armas son arrojadas, los grupos se dispersan y los jefes haciéndose unos a otros competencia en la velocidad de sus cabalgadura, ganan a Motatán,  asaltan en su confusión las máquinas y vagones del ferrocarril>> (Gabaldón 119). Los refuerzos eran la poca gente que bajó de La Mocotí con el general Leopoldo Baptista.

En efecto, el general Morales, se había movido desde Mérida sobre Trujillo, uniéndose a él, el doctor González Pacheco y el general Rafael Montilla, y atacó a las fuerzas que habían en Jajó al mando de los generales Pedro Araujo y Blas Briceño, <<y después de cinco horas de combate, emprendieron Araujo y Briceño la retirada, que fue protegida por el doctor Baptista y cinco oficiales que se habían movido de La Mocotí con ese objeto y en auxilio de Jajó>> (La Riva Vale, Alberto . Anales de Valera. Página 85. Valera. 1988). Es aquí cuando entra a participar la gente de la serranía de La Culata. Se entiende que eran algunos oficiales y su pequeña y selecta tropa.

Al irse en fuga, los "Chateros" son perseguidos por los macheteros montilleros, dispersos en varias direcciones. El “Pinto” huyó por el Cumbe, donde se echó tiros con unos de la retaguardia liberal. Perfecto Crespo,  apuntó que como parte de la huida de los derrotados  conservadores, <<Por el camino de Valera a Jajó, en la Quebrada de Cuevas, nos hicimos unos tiros con una guerrilla fugitiva del célebre “Pinto” Bernardino Silva>> (Crespo, 57).  El “Chato” Briceño aprovechando la acción de Baptista y sus oficiales, se metió por unas intrincadas trochas hasta llegar a la estación del ferrocarril en Motatán. 

Los fusiles salvadores que bajaron desde La Mocotí, en 1899.

Pudiera percibirse como algo enviado por la divina providencia, en el preciso instante de su casi degollamiento. La tradición oral, menciona que el rebelde Sandalio Ruz, que había roto relaciones políticas y de amistad con el “León de la Cordillera” y sus seguidores, participó en la retirada de los godos. El empinado Sandalio, con su porte patriarcal, se convirtió gracias a su conocimiento de esta zona, su destreza y capacidad para movilizarse y esconderse, en maestro de la lucha guerrillera y la emboscada. Como auténtico paramero, de niño, le tocó salir de cacería con sus mayores y conocer la profundidad de la montaña, y el desplazamiento del venado, conejo de monte, o báquiro, para comer carne buena. Fue una autentica escuela y leyenda para su tropa, incluyendo a Mitrídates su fiel guardaespaldas, a Fidel Rivas y Juan Torres.

Sandalio tenía tiempo distanciado del Partido Conservador, había roto con el general Juan Bautista Araujo, el célebre “León de la Cordillera”, sin embargo, Leopoldo Baptista, lo convenció para esa jornada y formaron la fuerza salvadora de la retirada y las vidas de los araujeros. Según la tradición oral, y asi lo recordaban descendientes de Mitrídates Volcanes, su lugarteniente, que Sandalio no le perdonó al “León de la Cordillera”, que le negara el apoyo en su ataque a la "Gonzalera"; pretendía “Ño Fuan” que el Coronel y su gente, quedaran burlados y saqueados en sus bienes.

Cuando fueron a hablar con Sandalio, allá en Los Aposentos, según Ramón, nieto de Volcanes, a Leopoldo Baptista lo acompañaba su socio el "Jurungo" Burelli, quien iba con Cesáreo Parra, el yerno Antonio Parra, y Rito Pabón, vecinos, hacendados y montoneros de la zona, además, militantes de la causa goda. Toñita Carrizo la esposa, los atendió y cuando escuchó mencionar que las fuerzas liberales la comandaba la “Gonzalera”, inmediatamente se le revolvieron las tripas, recordando el saqueo de su casa y sus tierras. El coronel Ruz, se lanzó nuevamente a la guerra para frenar a los que habían arrebatado la hegemonía política a los “ponchos” en  la región.

José Antonio Burelli alias el “Jurungo”,  de 52 años (Giuseppe Zenone Burelli Raffelli 1846 – 1920). Se sentía seguro en sus andanzas y correrías, porque poseía además de su inseparable revolver, un fusil de ligeros guáimaros, que según él, era de mayor precisión. Como se acostumbraba en ese tiempo, fue con sus dos hijos mayores, en esta experiencia de acciones excepcionales de montoneras, Cristino, de 26 años de edad, igualmente, Francisco Alberto Umberto, uno de los mayores de la familia Burelli, quien desde niño disfrutó de la cacería, también inclinado por la carrera militar y Pedro Mario Burelli García,  con  24 y 18 años de edad respectivamente; es posible que el bisoño José Américo, que años después sería legendario general nacionalista, también los haya acompañado. Los guerrilleros cordilleranos, limpiaban sus chopos con aceite y gas plan (kerosene), antes de hacer uso de ellos, pero ese día, lo que bajaron por el desfiladero, fueron máuseres nuevos.

A los "araujeros" solo los amparó, de los macheteros montilleros, la operación militar de Leopoldo Baptista y los caudillos francotiradores de La Puerta, entre ellos Sandalio Ruz, Mitrídates Volcanes, “El Jurungo” y su hijo Umberto Burelli; el "Macho" Palomares, y unos pocos que los acompañaban, que les permitió a la gente del "Chato" Briceño y de Pedro Araujo, llegar a Motatán, tomar el ferrocarril y salvar la vida. Era lógico que Baptista se hiciera acompañar de los baquianos de los vericuetos de La Mocotí y las montañas liberadoras de las Siete Lagunas.

Baptista y sus oficiales, se habían ubicado en el Filo del Granate. Le sudaba el catalejo, cuando observó las posiciones y avanzada de los dos ejércitos en batalla. Bajaron de La Mocotí  y dispusieron una línea de bloqueo, desde donde pudieran practicar “el tiro de cachito”, que obligó a los perseguidores, a abandonar la "carga a machete", que se habían propuesto sobre la tropa araujera  oligarca.  Los primeros en caer producto de los tiros, fue el jefe de los perseguidores, desplomándose de la mula. Esperaron, y más atrás, el que lo sucedió o sustituyó en la jefatura fue certeramente herido, sin ser derribado de su bestia, y graneadamente cayeron otros, lo que conmocionó a los macheteros “lagartijas”, que los frenó en su desaforada cacería. El fusil de sistema Máuser era un arma de repetición que podía cargarse para un nuevo disparo, con un movimiento de su palanca de armar. Servía para parar las persecuciones, porque  el largo de los fusiles impedía su manejo en los combates a corta distancia. Con estos disparos lograron detener la persecución, salvando a los godos derrotados.

Entre los caudillos montañeros de La Puerta, que nombra como inventario de godos el general Perfecto Crespo, en sus memorias, está el guerrillero conservador y baptistero Miguel Delgado (Crespo, 53); un hacendado oriundo de Mendoza, que se radicó en La Puerta, en 1893, fue propietario de la casa N° 4 de la Calle Real, hoy avenida Bolívar, colindante con la casa de los Carrasquero, y por el otro costado, con la casa de Juan Pedro Lamus, padre de don Audón (Abreu B,  201). Por la seriedad, patrimonio en riesgo y nivel de compromiso de los participantes de La Puerta al llamado de Baptista, se notan las diferencias políticas muy marcadas con el clan Araujo, el otro bastión del conservadurismo, que se había alzado y atrincherado en Jajó.

El filosofal Cesáreo Parra, aunque no hacen referencia de él, asentado en la Media Loma, fue un hombre vinculado y leal a los Burelli, demostró gran destreza como tirador y casi siempre, con buenos resultados en sus incursiones, de igual forma Rito Pabón, acostumbrados a la cacería de montaña, y además,  gente de pelea. 

El ultimo montonero de La Puerta, porque sobrevivió a su comandante Sandalio Ruz. Con poco más de un metro cincuenta de altura, Mitrídates Volcanes, campesino, siempre alegre y cantando, fue diestro para camuflarse en la selva serrana, para ir a cazar, gozando de buena puntería. Mitrídates Volcanes,  lugarteniente de Ruz,  según la tradición familiar, salía de cacería, pero estando en la casa de La Maraquita, habitualmente sacaba del escondite y hacia el mantenimiento de su fusil. 

Crespo de igual forma menciona al "Macho" Palomares, Carracciolo Palomares, también conocido -según el historiador Guillermo Morón- como el legendario "Calzones Negros", fue considerado el mejor francotirador del Valle de Bomboy, le achacaban la autoría de varios “tiros de cachito”, tenía su propia guerrilla integrada por sus hermanos y sobrinos. A los meses, de esta confrontación, negoció con el general Montilla, y éste,  lo incorporó a su ejército, como uno de sus lugartenientes. Adquirió fama como francotirador, sus compañeros le tenían respeto y miedo. Carracciolo  y sus hermanos, hacían competencias con Rodulfo Terán, de familia terrateniente de Mendoza, seguidor de los Baptista, y fue famoso por su puntería.

Las largas y frías carabinas que fueron sacadas a la pelea, por estos parameños,  inclusive cabalgando,  gozaban de ventaja frente a la tropa de infantería. Esos campesinos, al disparar sus municiones de largo alcance, sonreían, porque sabían que el armamento que estrenaban superaba el 90 % de efectividad.

Fueron estos personajes locales, parte de los hábiles y arriesgados cazadores de la serranía de La Puerta, considerados una especie de elite de la tropa goda y pesadilla para los “lagartijos”, quienes pudieron contener la tenaz persecución del enemigo y salvar a la tropa del "Chato", despavorida por aquel cruel y sangriento combate.

Al año siguiente, el general y jefe de los liberales Rafael González Pacheco, y el general Leopoldo Baptista, jefe de los oligarcas trujillanos, pasaron a hermanarse en el gobierno nacional. El general Rafael Montilla, líder de los campesinos sin tierras, pasó ahora, a ser enfrentado por estos generales, uno, su amigo y el otro, su enemigo, por la fuerza campesina y militar que representaba, como por sus ideas y obras de redención social. 

Este mes de junio, se conmemoran los 126 años, de aquel trágico y fratricida hecho de armas,  en el que se involucró un grupo de hombres de la serranía de La Puerta, en 1898, que conspiraron por la defensa de sus intereses de hacendados, militantes de la causa conservadora, quienes ayudaron con su astucia, experticia  y valentía en la fase de culminación de una derrota en batalla, su experiencia y conocimiento en asuntos de armas y tiro, y asimismo, su tenacidad en la protección de la retirada como operación militar. Salvando la vida a muchos de sus coterráneos.

Asi, se hicieron presentes  estas carabinas salvadoras, sombra protectora salida de las montañas de La Mocotí, los Aposentos, Garabulla, La Cañada, San Martin, Quebrada Seca, Media Loma, La Maraquita y La Puerta, dándole una respuesta favorable a la vida. Se salvaron los godos. Insisto con esta nota, que en La Mocotí se erija un monolito o monumento como símbolo de la fraternidad trujillana, para que nunca más se produzcan enfrentamientos violentos entre hermanos. Los gobernantes tienen la palabra. 

(*) Portador patrimonial histórico y cultural de La Puerta.

La Puerta, junio 2024.

omanrique761@gmail.com    

sábado, 18 de mayo de 2024

Los montoneros de La Puerta, tomaron a Valera, por el "Mocho", en 1898.

Los montoneros de La Puerta, tomaron Valera, por el "Mocho", en 1898.

Por Oswaldo Manrique (*)

Mitrídates Volcanes, el lugarteniente del coronel Sandalio Ruz y último montonero de La Puerta, enviaba mensajes con uno de sus hijos desde su casa en La Maraquita; según la tradición familiar, tuvo horas, amolando el machete y sacó de un escondite su viejo fusil y le hizo mantenimiento. 


El día anterior, en La Popa, cuando le pidieron que le preparara avío, para salir de noche y los vio buscando a las bestias, la india Juana Paula Rivas, les dijo molesta a sus hermanos: - ¡So vagamundos, se van con Sandalio, a moler vidrios con el rabo!  ¡A eso, es que van!  No le dieron respuesta, eran tiempos de violencia, consternación y de quedarse callados. 

Durante la última década del siglo XIX, se dieron en el valle y montañas de La Puerta, algunas acciones de carácter militar vinculadas a causas nacionales, que se deben rescatar y considerar como jornadas históricas. Una de ellas, lo es, cuando los montoneros de La Puerta, tomaron a Valera. 

Los viejos caudillos de la Cordillera, estaban calificados en su mayoría por decisiones que expresaban lo que llamó Mario Briceño Iragorry "extroversión telúrica", es decir, seres impulsivos, instintivos, que rezando y persignándose, guiados por la necesidad de mejorar las condiciones de vida, sobrevivencia, aunque algunos los guiaba la ambición, el trofeo de guerra de los saqueos y las destrucciones, fueron capaces de sumarse a causas prioritarias para la Patria. 

Para dicho tiempo, se desarrolló un fenómeno nacionalista desde las entrañas del mismo liberalismo hegemónico, en todos los lugares de la República, que inclusive,  abrumó y trastocó la causa goda trujillana. Los grupos "ponchos" y "chutos" como se les llamaba a los del conservatismo, dieron un viraje radical, y se vincularon a lo que se denominó el mesianismo de finales del siglo XIX. 

Rafael y Jesús, hermanos de la india Juana Paula, salieron en la noche, y tomaron el camino hacia “Pan de Azúcar”, para unirse a la tropa de Sandalio Ruz.

Llegó el “Mocho”, quien con dos Bolívares recorrió el país, y llegó a Trujillo.

En julio de 1896, este personaje llegó de Estados Unidos. Su arrolladora personalidad, la describe el historiador Ramón J. Velásquez en La caída del liberalismo amarillo, así: << tal vez el venezolano veía en su sencillez, en su pobreza orgullosa, en su vida errante y llena de simples episodios, el más fiel reflejo de su propia desventura>>.  Federico Brito Figueroa, lo calificó como <<hombre progresista>>, algunos lo llamaron el caudillo romántico, que logró enfrentar la oligarquía corrupta liberal amarilla, y arrastró grandes simpatías a finales del siglo XIX. Un hombre honorable convertido en la esperanza del pueblo.

El Mocho, empuja duro la caída del liberalismo amarillo.

La insurgencia de nuevos partidos políticos, y el recio malestar de una generación decepcionada por los gobiernos de los generales Guzmán Blanco y Crespo, activó el repudio popular del régimen político del liberalismo amarillo. Según el  mismo Ramón J. Velázquez, <<Partido Nacionalista se va a llamar en 1897 el más vasto movimiento popular de protesta y renovación políticas que contempló el país antes de 1936, acaudillado por José Manuel Hernández>> (Velásquez, Ramón J. Confesiones imaginarias de Juan Vicente Gómez. Pág. 18. Centauro. 1979). La historiografía regional, relata que el General José Manuel Hernández alias “El Mocho”, <<estuvo en la ciudad y otros pueblos trujillanos trabajando por su propia candidatura para Presidente de la República>> (La Riva, 85), se refiere a Valera, centro político y esto, mantuvo alborotadas las pasiones y la confrontación de los grupos y tendencias políticas y electorales, en los Distritos de la región. 

En 1897, es creado el partido liberal nacionalista y lanza la candidatura del General José Manuel Hernández "El Mocho"; quien <<recorrió el país de extremo a extremo, y en cada pueblo planteó su programa de gobierno y terminando sus concentraciones públicas...enseñó a sus oyentes la manera de ejercer el sufragio>> (Cardozo, 252).  Su postulación, encarnó un fuerte fervor y fanatismo popular ante las fechorías e ineptitud de los gobiernos liberales amarillos. 

¿Y de dónde le venía lo de “Mocho”? 

El historiador Vicente Lecuna, relató que Hernández <<a los 17 años le dejaron por muerto en el combate de Los Lirios, a principios del Septenio...que en el suelo fue macheteado en el cuello y en el brazo, quedándole la mano derecha desfigurada, de donde se le designó con el apodo del Mocho>> (De Armas Chitty, 9), Hernández usó en su correspondencia los seudónimos "Renó", "Cachirulo" y "Valentín". 

En Trujillo, según el recordado historiador Arturo Cardozo,  <<el gobierno regional hace un despliegue de fuerza como si se tratase de un invasor... Celebra mitin en Valera...toda esta gira por la sección Trujillo la realiza durante la segunda quincena de junio>> (Cardozo, 252), los godos ven con simpatía la candidatura del General Hernández, quien tenía un discurso reivindicador, y sus adeptos quedaban sorprendidos mucho más cuando le estrechaban la mano y no era tal,  era un muñón de huesos triturados cubiertos por una gruesa piel dura y encallecida, que los saludaba. Al comentar esto, más y más gente, quería ir a mirarlo y a saludarlo, como si se tratara de un personaje circense.

Los hacendados y pequeños y medianos agricultores liderados por los "Ponchos" Araujo y Baptista, lo apoyan pero éstos <<se abstienen de manifestarlo en forma pública, por razones muy especiales: no desean estar en complicaciones con el general Crespo>> (Cardozo, 253); al morir el general Crespo en la Mata Carmelera, quedaron libres de compromiso y apoyan al candidato nacionalista.

Al final, el candidato del gobierno, general Ignacio Andrade, ganó la elección presidencial, Hernández consideró que hubo fraude electoral, <<se alzó en Queipa, estado Carabobo el 2 de marzo de 1898>> (De Armas Chitty, 61), en consecuencia, este alzamiento tuvo enorme apoyo popular, pero sin planes, sin armas y sin orientación bélica alguna. 

          La toma de Valera por las montoneras  parameñas.

Como lo había avizorado la india Juana Paula Rivas, la tropa de Sandalio, andaba enrevueltada. La casa de Gobierno Distrital de Valera, fue atacada a las 4 de la mañana por una partida de hombres que se concentró previamente en la hacienda "San José" del General José Manuel Baptista; como lo testimonia el general Perfecto Crespo, eran grupos del  partido conservador, que apoyaron al general Hernández, bajaron de la serranía de La Puerta, los Aposentos, la Mocotí, Quebrada Seca, San Pedro, el Molino, Caroríta, las Delicias, conformando una tropa totalmente de campesinos, indios y mestizos, macheteros parameños, y ejecutaron la jornada del día 11 de mayo de 1898,  contribuyendo a la causa nacionalista que liderizaba el mocho Hernández; igualmente del Cucharito, La Cañada, Mendoza, cuando <<asaltaron la ciudad>> (Crespo, 53), así calificaron esta acción.

Entre los caudillos de La Puerta, que menciona el general Perfecto Crespo, en sus memorias, está Noé Matheus, oriundo de la Mesa del Palmar, años mas tarde llegó a ser Coronel y Jefe Civil de Valera; el labioso Pancho Ramírez, de las antiguas familias Ramírez, de estos predios (Crespo, 53). Por los participantes de La Puerta al llamado de Baptista, se nota las diferencias políticas muy marcadas con el clan Araujo, el otro bastión del conservadurismo, que se había alzado y atrincherado en Jajó.

Los montoneros de la serranía entiéndase los de La Puerta, encabezados por el coronel Sandalio Ruz,  acompañado por un grupo de su parentela guerrillera, por Mitrídates Volcanes y sus temibles macheteros.  El "jurungo" Burelli, socio de Leopoldo Baptista, que iba con su hijo Umberto y también su yerno Antonio Parra, Rito Pabón y Cesáreo Parra; eran los llamados Varones de La Culata.

Igualmente, el guerrillero conservador Miguel Delgado, un hacendado oriundo de Mendoza, quien se radicó en La Puerta, en 1893, fue propietario de la casa N° 4 de la Calle Real, hoy avenida Bolívar, colindante con la casa de los Carrasquero, y por el otro costado, con la casa de Juan Pedro Lamus, padre de don Audón (Abreu B,  201).  Aparte de Miguel Delgado y “El Pinto” Bernardino Silva, curruña del "Chato" Briceño, el "Atila Trujillano" que se mantuvieron  araujeros, el resto de los montoneros y caudillos de La Puerta, siguió bajo las directrices de Leopoldo Baptista.  Sandalio Ruz, que a veces les prestó apoyo militar, como enemigo acérrimo de los González  “Lagartijas”, se mantuvo de forma independiente a las revueltas y revoluciones de los godos trujillanos.

Asimismo, bajó el "Macho" Palomares, Carracciolo Palomares, también conocido -según el historiador Guillermo Morón- como el legendario "Calzones Negros", considerado el mejor francotirador del valle de Bomboy, tenía su propia guerrilla integrada por sus hermanos y sobrinos, con los que fue tomando posiciones: Carmania, el Cerro la Cabaña, también, hacia la Gallera, Contrafuego, Curazalito, Cerro la Cruz, Beatriz, San Pedro y Agua Negra, que divisaban los amplios cañaverales y hasta el Zanjón del Tigre fueron vigilados por las partidas de montoneros de La Puerta. Valera inicialmente, se había tornado en el centro del conflicto, entre las fuerzas del gobierno y los mocheros. Años después, el “Macho” Palomares, se fue con el Tigre de Guaitó.

Estas hoscas y reservadas montoneras, que solo conocían de labranza, cría de ganado, y de lucha guerrillera, que antes de cualquier acción seguían sus ritos supersticiosos, se arrodillaban y rezaban para encomendarse, besaban y frotaban sus camándulas, para salir ilesos, en horas de la madrugada, se comenzaron a escuchar los primeros tiros, por los costados de la Plaza. Hicieron descargas cerca de las amplias y herméticas puertas de los comercios, se movían sombras, así en las calles aledañas a la Casa de Gobierno, donde resistían el general Garbi y el general Ramírez Carrero. 

Cuando entraron los temidos seguidores de Sandalio Ruz, ataviados de sus carpetas ahumadas, disparando y apoderándose de sitios y calles principales de la ciudad, cundió el pánico. Los pobladores italianos y criollos, sintieron llegar por los flancos, la desaforada y escandalosa galopa de los montoneros serranos. Los curas se ausentaron inmediatamente del templo de San Juan Bautista y de la ciudad. Mitrídates Volcanes, el aguerrido y leal lugarteniente de Sandalio, al disparar, lanzó el endemoniado grito: ¡Arriba el Mocho, carajo!!  ¡Viva el general Hernández! ¡Abajo Andrade!

Los varones de la Cordillera de La Culata, con sus rostros toteados, sobre sus mulas sudorosas, serían unos 100 hombres apenas, que sembraron ese amanecer de terror, en el denominado "asalto de Valera".

Vencida la resistencia de los liberales, fueron  ocupadas la Casa de Gobierno, la Plaza, la Iglesia y los sitios de acceso. El General Ramírez Carrero, fue hecho prisionero, con su tropa, mientras el jefe civil, general Tomas Garbi, logró escapar. No obstante, según lo señaló el general Crespo, en sus memorias, este <<grupo revolucionario no ejerció venganza ni tropelías contra nadie, salvo algunas detenciones de elementos civiles que eran partidarios morales de las causas políticas>> (Crespo, 53), demostraron que lo hosco, no quita la varonía. 

Las consecuencias de estos hechos de solidaridad con el mesianismo mochero, van a notarse en lo inmediato, con la saga belicista, la suerte del líder, la toma del poder por los andinos de la Restauradora,  y las negociaciones de los “Ponchos” trujillanos.

El mocho Hernández (n. Caracas, 1858 - m. Nueva York, 1921), es apresado en junio de 1898 y enviado a los calabozos de La Rotunda, al año siguiente es puesto en libertad, por el general Cipriano Castro. La suerte del movimiento mesiánico, quedó suspendida.  En  carta de fechada en Boconó, el  27 octubre 1899,  del viejo general trujillano y “Poncho”  José M. Baptista al Gral. Garmendia, <<ahora bien, figurando el Gral. Hernández en el nuevo Gabinete no sabemos a qué atenernos de modo que tenemos que esperar la luz en estas circunstancias y por consiguiente nos urge conocer la actitud del Nacionalismo, en presencia de tales hechos, para saber el rumbo fijo en nuestras deliberaciones…Por lo demás Leopoldo trajo parque para hacernos fuertes i esperar los acontecimientos>> (De Armas Chitty, J. A. El Mocho Hernández, papeles de su archivo. Págs. 229 y 230. UCV. 1978). Leopoldo Baptista, el jefe del conservadurismo, pasó a formar parte del gobierno del liberalismo restaurador.

Desde Carache, “el Chato” Blas Briceño, en carta al “Mocho” Hernández, de fecha 27 de noviembre de 1999 le expresa: <<El doctor Leopoldo Baptista me notifica su franca adhesión al castrismo y le intimo la desocupación del Estado de toda fuerza nacionalista>> (Armas Chitty, 69). 

Este mes, se cumplen 126 años de esta acción, en la que un grupo de montoneros de La Puerta, tomaron la ciudad de Valera, como objetivo político militar,  en la campaña nacionalista del Mocho Hernández, lo que debe registrarse como interesante hecho, de nuestra historia regional y local.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, mayo 2024.

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