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sábado, 14 de diciembre de 2024

Asunción Vetancourt, con el brigadier Bolívar y el “Vientre Bendito”.

Por Oswaldo Manrique (*)

El señorial carruaje, estacionado a la entrada de la mansión de la hacienda “San Francisco”. Neblinoso y frio el tiempo, la ventisca del ocaso, anunciaba la llegada del controvertido visitante. La familia, la servidumbre, en movimiento todo, para tratar de atenderlo adecuadamente, porque aun siendo una dificultad, el Brigadier está de paso.

Los niños no jugaban, pero se miraban tensos y atentos a la entrada, luego se devolvían a las caminerías del  patio de los jardines, a molestar a los grillos o ir al encierro de las aves, para ver desfilar los coloridos pavos reales.  Levantaba el humo sobre el techo del fogón, y difuminaba olor a café, cacao y panela. Se escuchaban los pasos conjugados al movimiento de cadera de la bella dama, soberana de aquellas posesiones, caminando desde la cocina, atravesando el gran salón, para ir a asomarse a las enjasminadas rejillas de las ventanas, para mirar el camino real de Mendoza. Era nerviosismo y temor, lo que sentía, tras un año de acoso realista.

Ella, de talle esbelto, regular estatura, de tez blanca, con impresionantes ojos negros nerviosa  y sudando hasta los más recónditos lugares de su cuerpo,  busca calmar a todos, a sus chontales que se reunieron en la plazoleta de piedras gordas de la hacienda, donde hablaban y reían destempladamente, luego de la jornada de ventear café, limpiar tártago y desgranar maíz o lidiar con los animales. También estaba pendiente del Dr. La Bastida, que mostraba cara de preocupación, está encamado tratando de recuperar su salud y hace esfuerzos para pararse a atender al amigo. 

Ya roznaba cerca, pasando el puentecito sobre el caprichoso rio Bomboy, que mueve las piedras del ingenio, para que brote la melaza, melcocha, batido y la deliciosa agualoja, más sabrosa que cualquier fina champaña, el ruido de los caballos de la pequeña guardia de avanzada del Brigadier. Con una clara voz y pureza del lenguaje, en el momento de su llegada, le dijo:

-         ¡Bienvenido Brigadier, pase adelante, está en su casa! La gentileza y la gracia de aquella mujer, lo hizo sonreír y contestar:

-         Gracias, mi señora. Había llegado a “San Francisco”, la vieja casa colonial, lugar de veraneo, clima delicioso, y de agua fría y saludable.

En junio de 1813, la primera casa que visita y pernocta el Brigadier Simón Bolívar al entrar con su ejército libertador a tierras trujillanas fue la de su amigo Francisco La Bastida Briceño, es decir, la hacienda “San Francisco”. Y fue su esposa doña Asunción Vetancourt, la primera trujillana que le dio la bienvenida a estas tierras.

                                                        *

Trujillo, fue testigo de excepción de la Guerra a Muerte, entre los venezolanos y los españoles y canarios. Los criollos firmes en su afán de independencia, corrieron los riesgos con sus vidas, sus bienes, soportando persecución, penurias y hambre, que es lo que en definitiva cuesta una revolución de emancipación. De ahí, que, tampoco se salvaron las familias de estos rebeldes y particularmente sus mujeres.  

Afirman destacadas historiadoras como la profesora Iraida Vargas, que al haber ocultado a las mujeres en la historia escrita, se logró negar la propia historicidad de sus luchas, de lo que realizaron y de lo que hacen. (Vargas Arenas, Iraida. La ocultación de las mujeres en la historia de Venezuela.  Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. N° 34. Caracas, 2010).  María de la Asunción Vetancourt Uzcátegui Briceño, fue objeto de ese silencio.

Es obvio que, la mayoría de nuestros encumbrados historiadores y cronistas, han incurrido en la práctica de abordar cualquier hecho importante desde la óptica del personaje-héroe-protagonista, por lo general  el masculino, detentador del poder y excepcionalmente la mujer. El escritor  Nelson Méndez, comentado por la profesora Iraida Vargas Arenas, escribió lo siguiente: «La historia de la humanidad se escribió desde la perspectiva masculina… y la presencia de la mujer quedó en la penumbra» (2009) (Ídem). Acertada  reflexión que nos  convoca en estos tiempos de reconstrucción histórica, echar una mirada a esa parte de la historia silenciada.

Doña María de la Asunción Vetancourt Uzcátegui Briceño,  nació el  veinte y tres de septiembre del año 1782, en la población de San Alejo de Boconó, sus padres Don Miguel Eusebio Vethencourt  Berdugo, y Doña  María Lucía Uzcátegui Briceño, de las familias  aristocráticas y poderosas económicamente de esa región. Era descendiente del conquistador y capitán español Sancho Briceño uno de los fundadores de Trujillo. A finales del siglo XVIII, se casó con un importante personaje de la Colonia trujillana, el letrado Francisco Antonio Labastida Briceño y Fernández, el Constituyente del pueblo de La Puerta, líder de los propietarios y hacendados, y quien tuvo una participación destacada desde los inicios del movimiento independentista en 1810, suscribiendo la primera Constitución de Trujillo emancipado.

Asunción realizó cuanta labor fue necesaria en función de la independencia. En 1810, estando embarazada, mientras atendía la hacienda, a su familia, y se esforzaba por alimentarlos, su casa en la hacienda “San Francisco”, en el Valle del Bomboy, se convirtió en un sitio de activismo patriótico. Ella, como esposa del Dr. La Bastida, también conocido como “El Provincialista”, coordinaba todo lo necesario para que se produjeran esas reuniones y facilitaba la logística y apoyo a los conspiradores. Doña Asunción, es una de esas lecciones de mujeres libertarias.

Muy escaso, lo que se conoce de la participación de la mujer en el proceso de emancipación. Su campo de acción fue el hogar, la familia y el oratorio. Conocida cariñosamente entre sus familiares y amigos como Doña Asunción. Al casarse, se mudó con su marido a vivir, atender y hacer prosperas las tierras adjudicadas a Francisco Labastida el otro conquistador y fundador de Trujillo. Abandonaba la vida aristocrática, plácida y cómoda de la ciudad de Trujillo, para mezclarse en la vida agreste del  valle del Bomboy.  

          Desde su matrimonio, aprendió de Francisco La Bastida su esposo, lo que esto significaba legalmente para el imperio español y su fuerza en las colonias americanas y lo leyó y analizó. Supo, que según las 7 Partidas del Rey Alfonso X,  “…Matris y munium son dos palabras del latín de que tomó nombre matrimonio, que quiere tanto decir en romance como oficio de madre. Y la razón de por qué llaman matrimonio al casamiento y no patrimonio es esta: porque la madre sufre mayores trabajos con los hijos que no el padre, pues comoquiera que el padre los engendre, la madre sufre gran embargo con ellos mientras que los trae en el vientre, y sufre muy grandes dolores cuando ha de parir y después que son nacidos, lleva muy grandes trabajos en criarlos ella por sí misma, y además de esto, porque los hijos, mientras que son pequeños, más necesitan la ayuda de la madre que del padre. Y porque todas estas razones sobredichas caen a la madre hacer y no al padre, por ello es llamado matrimonio y no patrimonio…” (Alfonso X, Rey de España. Las 7 Partidas. Titulo 2. Ley 2. De los casamientos. 1265. España). Dicha norma explicativa, describía lo que sería gran parte de su afanosa vida familiar al lado del trujillano Francisco Labastida, hasta que este, se sumó al proyecto independentista, y tuvo que asumir el trabajo solidario con sus ideales libertarios y provincialistas; y luego lo que le tocó arrogarse, por la apasionada lucha republicana de su hijo Ricardo Augusto Labastida Vetancourt, primer gobernador de Trujillo, luego de la ruptura de la denominada Colombia, Gran Colombia o Colombia la Grande, asi como, la actividad conspirativa de María Ignacia, y las contingencias políticas de su vástago, Manuel María Carrasquero, eminente gobernador civilista de esta región.  

En 1800, el 16 de enero,  en la casa de la hacienda “San Francisco”, dio a luz su primer niño, quien con el transcurrir del tiempo sería el primer gobernador de la Provincia de Trujillo, tras la separación de la República de Colombia: el Dr. Ricardo Augusto Labastida Briceño Vethencourt.

Su esposo Francisco Antonio La Bastida Briceño, era además de terrateniente, letrado y capitán de milicias, un destacado político, que ocupó varias veces el cargo de Teniente de Gobernador, asi como, el de Alcalde, y Justicia en la jurisdicción de Escuque, La Puerta, Mendoza. Luego procrearía según los árboles genealógicos que hemos confrontado a Jose Felix de San Rafael Labastida Vetancourt,  nacido el 21 Febrero 1801; Catalina Laurencia Ana Labastida Vetancourt, nacida el 29 Abril 1802, Mendoza del Bomboy; Maria Ignacia Labastida Vetancourt,  la siempre armada y radical conspiradora republicana,  nacida el 17 Agosto 1804, en Mendoza Fría, casada con el patriota carachero Francisco Miguel Labastida Briceño; Vicente Antonio del Espiritu Santo Labastida Vetancourt, nacido el 2 Julio 1805, Mendoza del Bomboy; Juana Evangelista Eleuteria Labastida Vetancourt, nacida el 17 Abril 1807, en Mendoza del Bomboy, esposa de Juan Pablo de La Bastida Briceño, hijo del prócer y constituyente, oriundo de Carache, José Miguel La Bastida ; Francisco Antonio Labastida Vetancourt, nacido el 18 Abril 1808, Mendoza del Bomboy, acompañó a su hermano Ricardo, en varias de sus campañas políticas y militares; Juan Bautista Ignacio Rafael Labastida Vetancourt, nacido el 1 Julio 1810, Mendoza del Bomboy, en una de las obligadas emigraciones, se radicó en Pie de Cuesta, de la Nueva Granada (hoy Colombia) y se casó en 1840 con María Blasina Ordoñez Orbegozo, de familia independentista republicana; Evaristo Eusebio Labastida Vetancourt, esposo de Concepción Sierra,  nacido el 14 Agosto 1812, en Mendoza del Bomboy, a quienes crió y veló por su educación. En la sociedad mantuana se le llamaba la mujer del “Vientre Bendito”. Una verdadera matrona republicana.

A la caída de la primera República, su esposo Francisco La Bastida, el popular “Paco Labastida”, comprometido con la causa libertaria se dedicó a la lucha insurreccional enfrentando al gobierno español, junto con la mayoría de los alcaldes, comandados por el coronel rebelde Vicente de la Torre, su primo. Las fuerzas realistas capturaron a su cuñado José Miguel “el carachero” y a varios de sus parientes. Ella  tuvo también gestos de señalado heroísmo, en 1812, a la caída de la primera república, no emigró como hicieron las familias de los líderes republicanos, siguió a su esposo y al coronel Vicente de la Torre,  en la lucha guerrillera de los alcaldes, para mantener vivo el fuego emancipador en Trujillo. Atendía personalmente la hacienda “San Francisco” en el Valle del Bomboy y también los trigales en La Puerta, con el tiempo esta matrona se convertiría en una heroína trujillana de la época independentista.

El Valle del Bomboy, sus poblaciones La Puerta y Mendoza, pueden sentirse orgullosas de la participación femenina tanto en sus inicios en 1810, como en su devenir hasta la ruptura de la República de Colombia en 1830. La mujer, como sujeto imprescindible de la sociedad trujillana, se sumó a las aspiraciones independentistas de la Nación y su Provincia divulgadas por el Dr. Mendoza, por el letrado La Bastida y por el coronel Antonio Nicolás  Briceño el “Diablo”, desempeñando un papel trascedente en algo que consideraba fundamental, estratégico y definitivo: la construcción de la Patria. Justo es, comprender y reconocer en la realidad histórica del pasado colonial, lo que significó para las mujeres, sustituir su modo de vida, sus costumbres, sus comodidades y hábitos matrimoniales y familiares, por el sacrificio, la estrechez y la penuria al incorporarse solidariamente con los hombres, a las intrincadas montañas para enfrentar y combatir a las fuerzas realistas o sirviendo como estafetas y correos en las ciudades y pueblos, y a la vez, velar y atender la sobrevivencia del hogar, de los hijos, y las labores del campo. Esto, no puede asumirse como simple labor de retaguardia, sino como el punto de equilibrio para el hombre, para que pudiera enfrentar a las fuerzas de la Monarquía o para irse a la guerra.

Aparte de eso, Asunción, en aquellos ásperos tiempos, tampoco fue timorata, así como la mayoría de las esposas de los patricios trujillanos, asumió  iguales riesgos de la vida guerrillera de su esposo, y luego de las batallas, a curar enfermos, coser, cocinar, recolectar alimentos, llevar información, y otras faenas necesarias para el avance de la lucha revolucionaria. La mujer andina, constituye un magnífico ejemplo de la inalterable decisión de una joven nación por alcanzar la libertad.

Presos sus familiares José Miguel Labastida y José Juan Vetancourt, trasladados a Maracaibo y confiscados sus bienes, cuando intentaron abrirle causa de infidencia a Francisco Antonio su esposo, se trasladó a Trujillo para conversar y comprometer a familiares y amigos realistas del gobierno que pudieran interceder para que evitaran tal desaguisado. Se armó de efectivas palabras y argumentos, que reconocían que sí, efectivamente, había sido electo representante de La Puerta a la Constituyente Provincial, pero con dicha designación no había lesionado a nadie ni hecho ningún daño, y él fue presa de la avalancha popular que significó el movimiento republicano, y que como descendiente de un reconocido conquistador español, que había prestado importantes servicios a la Corona, merecía se le aplicara el decreto real de perdón a los súbditos criollos. Su esfuerzo, en algo ayudaría a cambiar la percepción de los realistas sobre las actividades radicales de su esposo, porque no fueron despojados de sus  bienes y él aunque enfermo, siguió ocupando el cargo de Alcalde. 

Después de soportar las vicisitudes de la guerra en la que participaba Francisco La Bastida, con algunos quebrantos de salud, y lograr salvar sus propiedades ante el gobierno español, pero siempre vinculado al movimiento emancipador y formando a sus hijos en las ideas republicanas, particularmente a Ricardo, el mayor de su prole.  A los tres meses de haber recibido la visita de Bolívar, de ese mismo año 13, Asunción quedó viuda, pues falleció su marido, el prócer civil Capitán y Dr. La Bastida.

Tras la muerte del ilustre Provincialista, que fue su esposo,  Asunción, guardó el luto, dedicándose a la educación de sus hijos y a atender la hacienda. El republicanismo, y la defensa de la autonomía de Trujillo, serán las inclinaciones políticas de su hijo Ricardo, seguidor de las ideas provincialistas de su padre, por lograr que Venezuela fuera República libre e independiente, y que Trujillo fuera declarada Provincia autónoma; esto se convirtió en el  eje político de las vidas de los La Bastida Vetancourt, en pleno intento de consolidación de la Gran Colombia, presidida por el Libertador Simón Bolívar, período de convulsión, en el que el general Páez, asumió la dirección político-militar del país e impulsor de la disolución de la incipiente Patria Grande.

Llegada la mermada tranquilidad a su vida familiar, siendo aún joven, porque se había casado a muy temprana edad, la hermosa Asunción, tomó la decisión de restablecer su vida, y en 1819, se casó con el hacendado Gregorio Felipe Fernández Carrasquero, con quien tuvo varios hijos, entre ellos, mencionamos a otro destacado republicano, como fue Manuel María Carrasquero Vethencourt, terco defensor del civilismo gubernativo, enfrentando a las expresiones militaristas; María Enriqueta, Rita, Onofre, Lucia, Victoria, quien será una de las mas enjundiosas damas valeranas;  Mercedes y Soledad Carrasquero Vethencourt, lo que le ganó -según recuerda la memoria familiar-, que la llamaran la dama del “Vientre Bendito”.  

En 1831, su hijo Ricardo Augusto, siendo apasionado jurista y constituyente por Trujillo, fue designado por el nuevo gobierno presidido por José Antonio Páez, como Gobernador de la provincia de Trujillo, lo que le ocasionó a la familia volver a la guerra regional; posteriormente, ocupó importantes cargos y misiones republicanos, hasta que en 1835, está involucrado en la insurgencia de la “Revolución de las Reformas”;  en 1848 lidera el movimiento paecista denominado los “Araguatos”, y años más tarde, estará comandando junto con el general Trinidad Baptista, el movimiento armado contra la intención de fusionar a Trujillo con el estado Zulia. En 1876, fallece el líder más destacado del conservatismo trujillano.    

En 1857, su otro hijo, Manuel María Carrasquero, es designado gobernador de Trujillo, quien además,  fue un destacado escritor, hacendado y buen funcionario de gobierno, según los Anales de La Riva Vale, “…Manuel María Carrasquero, nació en Mendoza en 1820, fue hijo de Don Felipe Carrasquero y Doña Asunción Vethancourt, viuda de Francisco Antonio Labastida…” (La Riva Vale, Alberto. Anales de Valera. Pag.114. Editorial Multicolor. Valera. 1988); éste Carrasquero  murió en 1892.

Acta de bautismo de Doña Maria de la Asunción Vethancourt  Uzcátegui Briceño, <<Oi Lunes día veinte y tres de septiembre deeste año de mil setecientos ochenta y dos, Yo Dn. Php. Antonio Hernández Cura doctrinero de este Pueblo de Sn. Alexo de Boconó, puse oleo, Chrisma, y di bendiciones baptismales Conforme al Ritual rromano a María de la Asumpción Parbula que nació el día veinte y tres de Agosto proso pasado deeste año, y le baptisé ensu Casa Vrgente necessitate: esdha Parbula hija legma de Dn. Miguel de Vetancourt yde Da. Lucia Vscategui Feligreses deesta Sta. Igla. Fueron Padrinos deagua, y Vendiciones, Dn. Manuel Briceño, y Da. Paula Abrube, aquienes advertí el parentesco espiritual. Fueron Tgos. Juan Ramón Carache y Fernando Vasques. Doyffe = Phelipe Antonio Hernández>> (Archivo Histórico Diócesis de Trujillo).

Imagen: retrato de Adriana Labastida de Gabaldon, hija de Ricardo Labastida y  nieta de doña Asunción Vetancourt Uzcátegui.

La valiente vida de esta matrona del Valle del Bomboy, es una relevante referencia de nuestra historia local, en el acontecer de un importante período de la Colonia, la guerra de independencia y la lucha regional por elevar a Trujillo al estatus de Provincia, rompiendo con la subordinación a otras entidades regionales. Esto nos ayuda a la comprensión de esa fase histórica, en una visión integral y poder contribuir a una historia inclusiva y visibilizadora. 

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de La Puerta.

sábado, 3 de agosto de 2024

María Ignacia La Bastida Vetancourt, “La Castellana de San Francisco”.

 

María Ignacia La Bastida Vetancourt, “La Castellana de San Francisco”.


Por Oswaldo Manrique (*)


Demostró ser una Provincialista y Republicana a carta cabal, una Heroína del Bomboy. Cuando titulamos lo de “La Castellana de San Francisco”, es porque una pariente de esta matrona la llamó así, lo que mueve el interés a conocer su historia de vida. Para los diccionarios de lengua española esa expresión desde tiempos medievales significa: señora o dueña de un castillo o de una ostentosa mansión.

Su madre Asunción, nerviosa y preocupada, ordenaba a las mujeres que estuviera todo en orden. Esperan la llegada del “Niño” Ricardo, quien estudiaba en el Seminario de Mérida.

Se alegraron todos, al verlo pasar el puentecillo de la hacienda. Lo reciben en los escalones. Cuando se va a bajar de la mula, Francisco su padre y dos peones tuvieron que ayudarlo y llevarlo en brazos, hasta el interior de la casa. Lo sentaron en el gran salón, sin embargo, la expresión de alegría de ver a la familia esperándolo, lo entusiasmó y al estar sosegada su fina y blanca cara, les dijo, como si no hubiese pasado nada: 

-         ¡Bueno, aquí me tienen! Fue la expresión que descartó cualquier tristeza, era señal de aceptar que su pierna no iba a andar muy bien. Todos menos Nacha, lo abrazaron y le dieron gracias a Dios, que no le ocurrió algo más grave en el terremoto. Su hermana, compañera de juegos y andanzas, se llenó de tristeza y lastima al verlo en esa condición, renco y lisiado para caminar. 

Sus padres, más preocupados, querían mantenerlo en la hacienda, para que se recuperara, sin embargo, Ricardo a pesar de la poca edad, era un ser de mucha madurez tanto de pensamiento como en su aspecto emocional.

En 1812, estudiando en el Seminario de Mérida, ocurrió un terremoto y Ricardo <<se rompió una pierna que por vida le recordó aquel aciago día y lo hizo llamar por amigos y enemigos el "Cojo La Bastida" >> (Dávila, 151),  al mismo tiempo de eso, estando en el templo San Francisco de Mérida el terremoto le ocasionó la muerte al obispo Hernández Milanés, quién quedó bajo los escombros de esa iglesia. Su interés era continuar sus estudios y seguir siendo el centro animador de aquella familia, ahora con un nuevo aspecto: ser cojo.  Esta sería la primera de las angustias y vicisitudes vividas, que fueron generadas por su hermano Ricardo, <<gran patricio, el meritorio Magistrado e insigne humanista>> (La Riva, 150), el apasionado mendocino republicano.


La vieja y atractiva casona colonial de “San Francisco”, en Mendoza del Bomboy, tierra de Patricios.

En un fértil Valle atravesado por el río Bomboy, entre Valera y La Puerta existe un histórico poblado,  al cual se llega por  el antiguo camino real,  denominado Mendoza, <<cuna de patricios trujillanos que dieron lustre a esta Patria>> (Contreras, 202); anteriormente, se le denominaba “San Antonio de los Timotes”.

Fachada de la mansion colonial de la Hacienda "San Francisco",  Mendoza, estado Trujillo. Grafica de este blog. 

La mejor descripción del lugar, en aquella vieja época, no las dejó doña Ana Hernández Bello de Tejera, descendiente de doña Nacha, quien escribió: <<El histórico templo del pueblo, situado al pie de unas lomas, guarda las cenizas de un Padre penitente, y pone nota alegre en aquellas lomas vestidas de musgo y de follaje en las laderas, que semejan nacimientos pascuales… una temperatura deliciosa y por su agua fría y saludable, el preferido de la familia lacustre. Rodeado de haciendas, cuyos terratenientes fueron, en su mayor parte, los Briceños y Labastidas>> (Contreras,  202), a estas estirpes pertenece doña Nacha. 

Lo cierto es que, ese hermoso sitio, el pueblo de Mendoza, cuna de patricios, también lo es de mujeres sorprendentes, no solo por sus genes independentistas, sino por sus particulares cualidades personales. Allí, nació y vivió nuestra personaje, <<La Castellana de San Francisco>>.

Entre la Cañada de Mendoza y el viejo sitio indígena de Guaná, cerca de la posesión de San Pablo de Bomboy, se encuentran los sembradíos y potreros de la “Hacienda San Francisco”, en cuyo centro se halla una muy antigua casona colonial. Ana Hernández Bello de Tejera, la retrató así: <<San Francisco: con sus vetustas ventanas y su corredor con verjas mirando al camino real en ademán piadoso para el caminante. con sus árboles frutales, y su huerta siempre florecida, sus extensos y bajos corredores, en uno de cuyos ángulos se desgrana la mazorca de maíz, se ventea el café, se limpia el tártago, bajo la vigilancia de la vieja mulata encuclillada en el quicio de la talanquera, con su inseparable tabaco, cuya candela va hacia dentro de la boca>> (Contreras, 203); es una edificación muy amplia y hermosa. El Valle, fue antes y después de la llegada de la invasión europea, zona de tabacales, por eso, la vieja práctica indígena de fumar tabaco.

Agregó  la referida cronista, que <<el Bomboy, río de regadío, de aquel Valle, serpentea en caprichosos giros, mueve la centrífuga del ingenio,  refresca los helechos, amenaza los bagazales, y al atravesarlo por frágil puentecillo y corta pendiente, da la alegría de encontrar el trapiche, en donde el amable fondero bate con el ramillón en grandes  pailas, la espumosa miel, que grandes y chicos, como parvada de moscas van allí, en busca de melcocha, del batido envuelto en cascarón, y de la deliciosa agualoja,  servida en hermosa totuma, y más sabrosa que la más rica champaña>> (Contreras, 203). El rio Bomboy, hoy casi en su ocaso, fue por varios siglos el impulsor económico de este Valle. 


¿Quién era  <<La Castellana de San Francisco>>?

En esa casona que marcó la historia como sitio independentista, los esposos Francisco Antonio La Bastida Briceño, conocido como <<El Provincialista>>, Alcalde, Teniente de Gobernador, Constituyente por La Puerta en 1811, amigo de Bolívar. La esposa: Asunción Vetancourt Uzcátegui Briceño (Vientre Bendito), nació su hija María Ignacia de los Dolores La Bastida Briceño Vetencourt, el  17 Agosto de 1804,  y allí,  también se crió y vivió.

La niña “Nacha”, que era como la llamaban afectivamente en la familia, era hermana de Ricardo La Bastida,  su contemporáneo, su cómplice, de todos sus hermanos él era el simpático eje de la familia, el que estaba en Mérida estudiando, su mamá los reunía a todos cuando le tocaban vacaciones, y los alentaba a aprender de él, que estudiaba para cura o para letrado o para algo que esperaban de él. Unos a otros se miraban pensando que iban a tener un hermano sacerdote. Pero cuando él llegaba, era la renovada alegría en la familia había cantos, poemas, cuentos, leyendas, historias, juegos y no existía ningún tipo de distancia entre ellos, allí mismo, en la mansión de los La Bastida, donde el tema diario era la guerra de independencia.

María Ignacia se enamoró de un primo carachero, de nombre: Francisco Miguel La Bastida Briceño <<del señorío de Miquía>> (Contreras, 203), hijo del prócer José Miguel Labastida Briceño, este a su vez, primo del papá de María Ignacia, también representante y Constituyente en 1811, por la Villa de Carache; fue Capitán de Milicias Urbanas y Alcalde de Carache en 1812 (Dávila, 77). Su madre, Candelaria Vetancourt, llamada “la Capitana Candela”, por su solidaridad y apoyo a su esposo, cuando es traicionado por los vecinos comprometidos por la causa independentista, y después, cuando fue apresado y enjuiciado, con todos su bienes confiscados por el gobierno realista, buscó y movilizó abogado y familiares realistas, y se enfrentó ante los tribunales a defender y liberar a su marido y a recuperar los bienes, lo que finalmente  consiguió en 1813, ambos siguieron al servicio de la lucha de emancipación, como civiles. 

En julio de 1835, en la hacienda “San Francisco”, se dio la gran celebración, el bautizo de Concepción, la primera hija de María Ignacia y Francisco Miguel La Bastida Briceño, festejo al que asistieron las más encopetadas familias del valle del Bomboy y de Trujillo. En esos tiempos, en Mendoza aun cumplía labores litúrgicas y sacramentales el recordado Padre Rosario.

Según nuestra investigación, María Ignacia con Francisco Miguel procrearon además de Concepción, a  Juana (n. Mendoza, 1840); Catalina (n. Mendoza, 1844), se casó con su primo también llamado Ricardo Labastida. Francisco (n. Mendoza, 1849), quien murió célibe. Arístides (n. Mendoza, 1861), medico graduado en París, donde se casó con Isabel Rabello (Dávila, 303). Alcira, casó con Antonio Braschi. María Ignacia, casó con el Dr. Juan Nepomuceno Urdaneta, abogado, diputado y Pdte. del Gran Estado Los Andes, en 1886. Antonio María, Jesús María y Rosario Labastida Briceño.


Cualidades personales de su formación nobiliaria.

Físicamente, era una mujer de  rasgos hermosos, como la  mayoría de las catiras de este Valle, sin embargo, destacaría por ciertas cualidades no comunes, <<de regular estatura, de talle esbelto, blanca la tez, ancha y tersa la frente, ojos negros, y con un metal de voz y pureza de lenguaje, que se adentraba, haciéndola amable y simpática al trato de las gentes, porque en aquella mujer se aunaban a los blasones heredados, la gracia y la gentileza de un espíritu fuerte y comprensivo, una gran inteligencia, el don de caridad, que es lo que constituye una verdadera aristocracia del talento y del corazón, y hacen a una mujer expectable>> (Contreras, 204) ; una dama que generaba interés, no solo por sus exquisitos movimientos y costumbres, sino por sus palabras, su manera de hablar y decir las cosas: en estricto castellano.

Aun en la población actual de Mendoza, se comenta que en la casona de los Labastida, se respira aire castizo, aire castellano, porque en dicha familia hablaban en idioma castellano estricto, casi a la perfección, uno que hizo gala de eso fue el profesor Cesar Labastida, de quien el investigador Carlos Montiel, afirma que era la única persona contemporánea, que hablaba en Trujillo, el perfecto castellano. Algunos lo denominan castellanismo.

Existe otro dato interesante, relacionado con el denominado castellanismo, como rasgo idiomático propio del castellano, de lo que han hecho gala los Labastida: es  que uno de sus integrantes, el sacerdote Francisco Labastida, precisamente escribió la obra de Gramática Lenguaje Nacional “Curso Preparatorio” y el “Curso Medio” para ejercitar <<fácilmente los niños en el conocimiento, análisis y aplicación de las partes de la oración castellana>> (Revista Pedagógica. 3ª. edición. Págs. 8 y 49. CHET. 1981); era el texto único en esta materia, con que se contaba en educación primaria a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Las mujeres de esta familia, destacaron por su solida formación cristiana, estilo, estética, y en el presente caso por su virtud caritativa, y por su manera de hablar el idioma, que involucra como utilidad social, una especie de interesante rebeldía aristocrática, en medio de aquel contexto post colonial y luego, el republicano.


Mujer Republicana, Provincialista y Castellana como sus padres.

La familia Labastida, durante casi dos siglos constituyó el núcleo guía en el ideario político y económico colonial y neo republicano del Valle del Bomboy. Fueron ejemplo para la sociedad trujillana, sus hombres se instituyeron como caudillos civiles, con formación jurídica y nobiliaria, toda vez, que tuvieron que salir a defender sus derechos e intereses, entre los que cuentan la defensa de Trujillo como Provincia. Sus mujeres, participaron decididamente en el movimiento independentista, y otras, en el proceso de construcción de la nueva república de Venezuela, a este último, grupo perteneció María Ignacia, también llamada “Nacha”.   

Obviamente, como era costumbre durante la época colonial, las grandes celebraciones, los grandes eventos sociales, así como, las tertulias, reuniones y las conspiraciones, se realizaban en los salones de las grandes mansiones o castillos de los caudillos, es decir, se vivía una especie de privacidad amplia, en aquellos salones. Al contrario de lo que se piensa y ha escrito la historiografía, fue en este Valle, donde vivían y trabajaban los principales caudillos terratenientes, letrados,  productores, comerciantes  y curas, donde se decidían los pasos del movimiento independentista provincial, asimismo, fue en estas mansiones donde se reunían y tomaban decisiones.

*

Nacha con apenas 9 años de edad, observó cuando su padre regresó libre de prisión, pero enfermo, los realistas lo habían perdonado en 1812 y no le confiscaron “San Francisco” ni sus otros bienes. Un día de junio de 1813, fue sorprendida la familia porque en forma imprevista se presentó a visitarlos el Brigadier Bolívar, jefe del ejército libertador que venía de Colombia. Asunción lo recibió como al viejo amigo de Francisco Antonio, que era. Esta inesperada visita sorprendió los  sentidos de la niña, ante sus ojos y cerquita de ella y sus hermanos pudieron conocerlo. 

Cuando el matrimonio Labastida Vetencourt, sentado en la mesa comiendo con Bolívar, éste, les conversaba sobre el estado de salud de su amigo Francisco, de la familia en su totalidad, y se interesaba de la situación de la hacienda “San Francisco” y la economía de la región, tema del que era experto el padre de Nacha, quien reimpulsó la siembra de trigales y trajo las primeras matas de café al occidente del país.  Asunción y Francisco bastante quebrantado de salud, le preguntaban sobre el avance de la guerra, y la preocupación por los ajusticiamientos de sus familiares de Barinas. Pese a la amistad y trato, algo de aquella cordialidad y amabilidad, sobre esta cuestión, se mantenía en reserva extrema.  

El enorme salón de estar, tertulias y reuniones, asi como sus otros salones y corredores, y el patio que parece una plaza, de la casa de la hacienda “San Francisco”, cumplía esa función proindependentista. Allí, se reunió Bolívar, con los Labastida, Briceños, Vetancourt, Hurtado de Mendoza, Pacheco, el padre Rosario, cuando llegó a tierra trujillana, y allí pernoctó la primera noche (Briceño Valero).  Comenzaba asi,  a groso modo, a percibir Nacha su primera lección magistral sobre el trato a personalidades de la política y la guerra.

*

Cuando asumió las riendas de la castiza hacienda “San Francisco”, se continuaron realizando las tertulias en su vivienda. Contando con el apoyo de su esposo Francisco Miguel La Bastida Briceño y Vetancourt, se involucraba en las conjuras de los godos trujillanos, que jefatura su hermano Ricardo; esas reuniones eran utilizadas para perfilar y dar forma a la Provincia y a la nueva República, tras la ruptura de Colombia, la grande. 

Siempre recordaría, lo que ocurrió un día de 1830. Al ver entrar al niño Ricardo a la casa, inmediatamente le soltó: 

- Vos si sos descuidado con vos. Estáis con esa lora en la pierna, más hinchada y seguís caminando y moviéndote de un lado a otro. 

- Dejá la guama Nacha, vos te preocupáis más de la cuenta. Ella le replicó: 

- Muy pronto de "Cojo" te tendrán que llamar "Mocho" como sigáis descuidando tu pierna. Él para molestarla le dijo: 

- Para pensar y para hablar no necesito estar exhibiendo las  piernas buenas.

- Menos mal que aclarasteis que Bolívar no fue el inventor de aquello de la monarquía. El Padre Rosario vino hablar conmigo, de eso. Él le respondió:

- Sí, era algo maledicente, prestarse a lo que fue una insinuación y obra del señor Restrepo y del doctor Castillo al general Páez, son ideas nefastas, que no comparto. Ella entregándole una jícara, bajando la voz, dijo: 

- Gracias a Dios y a la Virgencita que lo aclaró, esas son vainas de Santander, cizaña de antipatriotas, pero son una infamia contra Bolívar. Tóme tantico bolón. 


Padre Francisco Antonio Rosario, Prócer y Párroco de Mendoza, en la epoca de "Nacha" La Bastida Vetancourt "La Castellana de San Francisco".

*

Convocados por ella, dueña de la mansión, en el largo salón, donde se escuchaban los trucados acordes de un vals,  los invitados conversaban, casi presionados por los abrumadores comentarios que se corrían en las distintas aldeas y pueblos, que la situación del país y de Trujillo era de mucha incertidumbre, al constituirse la República de Colombia, el proyecto integrador de Bolívar.

Siendo muy provincialista, excesiva defensora de su provincia, se mostró decepcionada, cuando Trujillo, la entidad autónoma, obra y creación de su padre Francisco, fue degradada a ser un simple apéndice de Maracaibo. Esto la indignó. Pero como <<Mujer de consejo, supo también del refinamiento y cultura de aquella época del patriciado trujillano, y en sus recuerdos juveniles flotaban la imagen de los Libertadores, entre los cuales habían derramado su sangre por la Patria, muchos de sus parientes y amigos>> (Contreras, 204). 

Llegó un momento en que se le notó, su molestia y bajo animo, deseaba quedar sola, volver al silencio, de lo  penoso para ella que se perdiera la autonomía y rango de Provincia, es decir, tirar por el suelo la creación de su papá Francisco “El Provincialista”, quien con otros próceres se sumaron a la gesta independentista, proclamando la Provincia de Trujillo. Eso, le pesaba en el alma, era algo muy penoso que la decepcionaba y la frustraba.

 Algo típico de ella, se le acercó al hermano, lo tomó por un brazo y en forma decisiva lo emplazó:

-         ¿Decime y vos qué pensáis hacer? Ricardo en baja voz, le confesó:

-         Es difícil para mí, decirte lo que te voy a decir: se desintegra la Gran Colombia.

Si bien, la llenó de alegría y de mayor entusiasmo por Trujillo, lo de la desintegración, no lo asimilaba muy bien. 

Fueron tiempos en el que al conversar en tertulias políticas y no políticas, ella como la dama de la mansión “San Francisco”, movía con fineza sus relaciones sociales, para lograr adeptos para la causa: lograr que Trujillo retomara su condición de Provincia

Dr. Ricardo Labastida, hermano de María Ignacia La Bastida Vetancourt, “La Castellana de San Francisco”.

En 1830, encabezado por su hermano Ricardo, surge el Movimiento Provincialista, coincidiendo con el movimiento separatista de Colombia la grande, que en ese momento se alegaba un supuesto proyecto de monarquía que ya Bolívar había rechazado. Ella se decide a colaborar con el movimiento.

Llegaban y salían de la hacienda “San Francisco”, próceres, generales, coroneles, capitanes, comandantes, letrados, comerciantes, sacerdotes que militaban en el movimiento del 24 de enero de 1830, proclamando la restitución de Trujillo a su estatus de Provincia. Ricardo liderizaba, y convertido en representante a la Constituyente de ese año en Valencia, llevaba la misión de exigirla.

Nacha, firme colaboradora, atendió esa reunión, donde se informó que se había logrado la restitución del digno lugar de Trujillo. Todos pudieron mostrar su regocijo, brindaron con jugo de cacao fresco y otros con café francisqueño; inclusive, los que estaban de acuerdo con la desintegración de la Gran Colombia y los que se oponían. Para culminar aquella conversación en forma amena, con esa seriedad de la que hacía gala y muy propia de los La Bastida se paró, agradeció la asistencia y le dio la mano cordialmente a cada uno de los presentes.

*

Su influjo ayudó a que reinara la armonía en la reunión anterior, eso se lo reconocerían hasta los adversarios, inclusive los acompañó a la salida y despidió tanto a  unos como a los otros, con deferencia y respeto, obviando los bajos comentarios y ocurrencias.

Tras la alegría, de haber reivindicado a Trujillo, vinieron unas nuevas contingencias de preocupación para ella.  Ricardo, su hermano, es designado gobernador de Trujillo, cargo que le trajo problemas al tener que enfrentar levantamientos armados integracionistas, y le tocó resolverlos en forma armada, como jefe de gobierno. Se  batía a tiros con los insurgentes, desde la casa de gobierno, y desde su propia casa en Trujillo.

Pacificada la situación política, en 1832 se separa de la gobernación, se dedica a sus asuntos profesionales privados e invierte tiempo en estar cerca de sus hermanos y hermanas. Sin embargo, quedó algo pendiente, lo que impulsa en 1834, siendo diputado pidió el rescate de los antiguos puertos, es decir, el de La Ceiba, La Ceibita y Moporo que correspondían a Trujillo, lo que se alcanzó gracias al poder de su discurso y su consecuente gestión (Cardozo).

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En 1835, llegan noticias del estallido de la Revolución de las Reformas, movimiento cívico-militar, que apresó y deportó al Presidente civilista Dr. José María Vargas, del cual Ricardo era amigo personal. Al año siguiente, ella escucha que su hermano, se convirtió en defensor del cabecilla de esa conspiración. Cuando se presentó en la mansión “San Francisco”, conversaron. 

- Tenéis razón, la verdad chucuta no vale nada, solo vale lo que se expresa plenamente, eso en pedacitos, no sirve.

- ¡Uhmmmhuu Ricardo! ¿En qué te habéis metido?

- Te voy a contar todo cuanto se, no voy a encubrir nada ni a ti ni a mí mismo. Lo agarró por el brazo y lo fue llevando: 

- Vamos al jardín que está solo. Ya Ricardo sabia, lo que Nacha le iba a reclamar, rápidamente con esa facilidad de experto abogado para reaccionar oportuna y lógicamente, la abordó:

- El mismo Tribunal, de oficio, me designó como defensor. En <<el caso de Pedro Carujo, se excusaron de defenderlo abogados que eran sus amigos personales y tal vez sus cómplices. Yo he defendido a un rendido, sobre quien tenía que caer el peso inexorable de la Ley>>. Nacha, lo escuchó con atención, y le dijo:

- Acordáte, del primo Emigdio el septembrista, que hasta sin saber ni  querer, lo culparon de querer asesinar al Libertador y él solo participó porque no quería la dictadura ¡Lo envainaron!

- <<Creo que bien se me conoce en la Provincia y fuera de ella. Yo no he defendido a un amigo, sino a un reo. Las leyes aseguran al acusado el derecho a estar asistido de un defensor>>  (MBI. Presencia e imagen de Trujillo). La hermana le censura:

- Pero has podido rehusarte o hacerte el enfermo. Escuchó al letrado, decirle:

- No Nacha, <<sin este juicio, no habría sanción, sino venganza>>, y yo estoy formado para hacer valer el derecho y la justicia. 


*

En 1848, el general Páez, surge como líder del movimiento de los “Araguatos” (conservadores), del cual participaba Ricardo, propone el derrocamiento del general José Tadeo Monagas. Fracasan en el intento, y Ricardo como uno de los cabecillas, es apresado, y luego, al tiempo, logró ser indultado. 

Estando en “San Francisco”, Nacha le sermonea, sobre su deteriorado estado de salud. Él, con su seguridad verbal, le dice:

- Nacha, ya a mis 48 años, no le temo a nada, solo a Dios y estoy cubierto de toda maledicencia y de nefastos planes. La hermana, con su sapiencia de mujer, le rebate:

- Si Ricardo, pero tenéis 48 años encima, estáis viejo, deberías quedarte tranquilo y cuidarte. Si no queréis vivir en Carmania o en Betijoque, veníte que esta es tu casa. Ahí concluyó esa fraterna  conversación.


No era posadera, si cristiana y solidaria con el necesitado.

En todas las esferas sociales de Venezuela, escribió Doña Ana Hernández Bello de Tejera,  <<se hizo proverbial la hospitalidad de los dueños de la hacienda “San Francisco”. Los que cruzaban la cordillera de Los Andes, pernoctaban en aquella mansión que fue el San Bernardo de Los Alpes, para el viajero amigo o desconocido, para sus sobrinos y parientes, que encontraba en aquella casa, lecho benéfico y mesa tendida ofrecida con aquella exquisita cultura y amabilidad>> (Contreras, 204); Bolívar el Libertador,  fue uno de esos viajeros amigos.  

Bello de Tejera, en su bonita semblanza, resume lo meritorio de esta hija de patriotas, asi: << el espíritu de caridad empapó por decirlo así, la cristiana y meritoria vida de la castellana de San Francisco. Legó a sus gentiles hijas ese código divino, que ellas  también practicaron>> (Contreras, 204), en efecto, esto se demostró.

Esas mismas virtudes cristianas, o <<código divino>>, de amplio desprendimiento de bienes de fortuna, se los trasmitió a sus hijas. A manera de ejemplo, en abril de 1893, cuando fue tomada la Universidad de Mérida por los militares al mando del General García Gómez, y convertida su sede en cuartel, hicieron daños, destrozos y saqueo, en apenas 24 horas de ocupación, <<La Señora María Ignacia Labastida de Urdaneta (hija de nuestro personaje), vecina de Trujillo, encontrándose de paseo en esta ciudad, me manifestó deseos de visitar el edificio todo de la Universidad; accedí gustoso, y al examinar la pieza de la clase de Anatomía, hizo el obsequio de un esqueleto articulado, en perfecto estado y de un todo completo, con piezas del cráneo de difícil adquisición>> (Boletín del Archivo Histórico. Pág. 101. Año 10. Julio-diciembre 2011, Nº 18. ULA. Mérida), informe del Rector. 

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La rigurosa y amable personalidad de María Ignacia, llamaba la atención y hasta la admiraban los que la conocieron. Mucho queda por descubrir en la vida de esta mujer, cuyo nombre completo: María Ignacia de los Dolores La Bastida Vetancourt.

Aunque pareciera ser de exquisitos gustos, se coincide históricamente como una mujer de recia personalidad, dama de elite y sociedad de poderes reales. No encasillada desde el género, sino de avance ante la dominación patriarcal, imperial y subordinación, a asumir nuevos roles dentro de la sociedad, por eso hemos encontrado la valoración de esta castellana, quizás también castellanista, en una cosmovisión de cosas <<inconscientes e invisibles>>. Reconociéndole como luchadora y libertaria firme y decisoria, si bien mucho de eso sobrepasaba nuestro personaje.   

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com  

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