sábado, 16 de mayo de 2026

Alberto Romero, el infatigable guardián del Parque Turístico La Lagunita.

Por Oswaldo Manrique.


El clima, el paisaje y el monumento natural que ofrece el Parque Turístico La Lagunita, en el estado Trujillo (Venezuela), es uno de los más agradables espacios recreacionales y de atractivo hábitat para distintas especies faunísticas, así como, de la biodiversidad. Allí, se pueden encontrar varias especies de aves, asentadas y temporeras, y un interesante mundo de peces. Fácilmente puede observarse ejemplares de vistosos colores y formas como el imponente Barbo Rosi, el mismo que se engulle los huevos del resto de los peces, o la agradable Bailarina, o el tranquilo Telescopio, o las resplandecientes Cometas, Espadas y el hermoso Coy japonés, todo un interesante reservorio acuático. Detrás de tanta belleza y atractivos para su conservación, hay una historia y unos personajes.


Alberto Romero, el hijo del encantador de aguas.


Se desconoce esta estupenda historia, digna de narrar. Ese hermoso manantial y cuerpo de aguas, que podemos disfrutar en el histórico sitio de El Portachuelo, en el paso de Bolívar y sitio de los más cruentos fastos de los tiempos de caudillos, queda a 10 minutos de la población urbana de La Puerta, estado Trujillo; que le da el enérgico impulso al río Bomboy, que riega el valle del mismo nombre y finalmente, derrama sus aguas sobre el Motatán (Briceño Valero, 36); lo sorprendente es que ese monumento hídrico no emergió de una glaciación o algún hecho portentoso, sino de una simpática ocurrencia de un agricultor emprendedor, que le resultó en un hecho maravilloso.

La historia de La Lagunita, es simpática, serrana y compleja. Rememora su mayor custodio: Alberto Romero, que siendo muy pequeño acompañaba a su padre Miguelito -así lo llamaban en el pueblo y en su familia-, a ver ese terreno que no exhibía mayor cosa, era muy escaso para la agricultura, pero como ya había comprado el primero y lo sembraba, se fijó en donde estaba la pequeña naciente de agua, no había siembra ni laguna, y pensó que era ideal para su propósito: sacar la carretera a Isnabús, a poca distancia de ahí, y de esa forma uniría los dos caseríos. Alberto y su padre Miguelito Romero, son nativos de la vecina tierra de las ostentaciones y solemnidades mágicas: Isnabús, el motivo del surgimiento de este hermoso monumento natural.


Como tributo permanente, recuerda cómo adquirió su padre este terreno, <<Se fue al Páramo, a Piedras Blancas, a buscar a Francisco Villarreal “Mano Chico”, el papá de Pablito el de la esquina de la Prefectura. Le propuso comprarle por 500 bolívares que era mucha plata en esa época y no aceptó. Se decepcionó después del madre viaje que hizo, al no cuadrar el negocio. Cuando está saliendo de la casa, salió Baldomera que es prima de Blaza, mi mamá y le reclamó a “Mano Chico” ¿y cómo va a dejar ir a Miguelito si es familia?  El hombre cambió y lo llamó a conversar y le vendió por suma mayor>> (Conversación con Alberto Romero. La Lagunita. 2 de abril 2026), esto ocurrió en 1963.

Le pregunté ¿qué motivó a Miguelito a comprar ese terreno en El Portachuelo?, antes no se llamaba La Lagunita. Romero, inmediatamente, explicó: <<Que ya había comprado donde hoy está la Capilla, que lo donó papá. Y entre sus planes inmediatos estuvo el hacer una carretera hasta Isnabús donde había nacido, unir ese interesante sitio, con El Portachuelo, no había laguna. Su cuñado Rafael Villarreal y el suegro Guillermo Villarreal le seguían en la idea primero y no existía Ministerio de Ambiente>> (Conversación citada), en efecto, para ese tiempo, las autoridades estaban pendientes de perseguir los “cachicamos”. 


El despertar mágico de la laguna escondida.


La laguna emerge en todo el espacio que hoy podemos ver, Miguelito Romero tenía un tractor y se propuso sacar desde ahí, un camino agrícola hasta Isnabús, recuerda su hijo Alberto que, <<debido a que el movimiento de tierra generado por la construcción de la carretera, al primer invierno, generó una  creciente y el agua llenó la cañada existente, ya que solo había una naciente de agua y una canal por donde corría el agua hacia Tafallés>> (Ídem), para esa época, alrededor, existían solo unas 7 casas.

En el invierno del año 1965, como un hecho mágico, al producirse la crecida del zanjón que anegó el lugar, apareció lo que fue una bendición, el hermoso estanque natural, que hoy se conoce como La Lagunita y de donde se fue conformando el Parque Turístico del mismo nombre. Los planes de Miguelito no se le dieron, quizás llegó a pensar que no fue buen negocio haber insistido en comprar ese terreno. Recuerda Alberto Romero que, <<Los primeros 10 años duró así como surgió, sin hacerle nada. Alguna gente subía de vez en cuando a ver lo que había dejado la crecida. La carretera era muy mala, pero llegaba gente. Fue en el 74-75 que asfaltaron la carretera. En el pequeño pedazo que nos había quedado sin anegarse, llegaban y se paraban los visitantes>>, muchos a averiguar lo que veían como una desgracia de la vaguada o desastre de la naturaleza, y los que nos buscaban para que les contara lo ocurrido.

La pérdida del terreno, se convirtió para su padre, para él y sus hermanos en una experiencia inusitada: <<Luego, este sitio se iba llenando de carros de familias que venían a hacer picnic, a pasear, a jugar bolas criollas, montaban sus carpas, lo tenían como un sitio de esparcimiento, recreacional, entonces siendo yo el hijo mayor, converso con papá de que había que hacer algo de utilidad en el terreno, aprovechar el rinconcito que nos quedó. Fíjese, primero comenzamos a vender pastelitos, empanadas, sancochos, arepa de harina, café y chocolate, pusimos las primeras cuatro mesas, algo de entretener: compramos una rocola, y más adelante, logramos la licencia de cerveza. Decidimos hacer este local, Miguelito me ayudó económicamente, nosotros mismos éramos los ingenieros, albañiles, obreros y ayudantes, fuimos ampliando, luego la posada. Otro vecino se entusiasmó y así comenzamos el Parque>>. El lugar, donde está el Parque La Lagunita, antiguamente llamado El Portachuelo, fue el lindero o espacio de frontera entre la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de la Nueva Granada. De ese hecho, deriva que para 1777, el Obispo Martí, llamó al pueblo indígena como San Pedro de Bomboy, alias “La Puerta”, hoy Parroquia La Puerta.

De estanque secreto y oculto, al Parque Turístico y Recreacional La Lagunita, orgullo turístico trujillano.


Alberto, su infatigable y celoso guardián, relata los inicios del Parque,    <<Entre las primeras obras que tuvimos que resolver, fue que la laguna botaba agua subterránea en los terrenos de Luis Alfonso Rivero y se anegaba el llanito, ahí donde está el paseo de caballos y área recreacional,  teníamos un pantanal, nos reunimos y nosotros mismos le metimos una tubería subterránea  y se drenó el terreno, e  hicimos un tanque del zanjón que sirve al negocio de Luis Alfonso y al mío, eso lo hicimos en los 80, una especie de regreso que descarga en la laguna>>; ya teníamos experiencia como albañiles, con las primeras construcciones para atender a los visitantes.


La Lagunita, está custodiada por espesas montañas parameras, nutridas por largas quebradas que parten desde el mágico Maen Shombuk (las Siete Lagunas). Es considerada una de las tres más importantes atracciones turísticas del estado Trujillo, pero no se cuida ni atiende sola, <<Una o dos veces al año, se le hace mantenimiento, se limpia el estanque. Mi hermano Guillermo, que es conservacionista se encargó de la siembra de los pinos en los años 80 y del cultivo de los peces y se hace el control y saque de las algas, cuando el alga está muy crecida, hay que comenzar a sacarla>>. Agrega que, <<También, se controla el pino, que es depredador, acaba con el resto de la vegetación, me refiero a la tradicional fauna de montaña>>.

La comunidad que se ha venido formando alrededor de ella, la ha convertido progresivamente en un Parque Turístico y Recreacional, procurando mantener el celoso cuido de este humedal, de acuerdo a las restricciones del Régimen de Protección de la Subcuenca del Río Momboy (Bomboy) y por estar ubicado dentro del Parque Nacional Sierra de La Culata.


En La Lagunita los más sabrosos platos criollos andinos, compitiendo con la mejor sopa francesa de cebolla.

 Con orgullo, Alberto Romero señala que, <<este fue el primer restaurante de La Lagunita, "Mi Rinconcito", enseguida las hermanas González, aquí mis vecinas, en su vieja casa de tapiales montaron también una especie de restaurant, vendían arepa de harina y comida criolla, y alojaban personas en su casa que querían quedarse>>, se hizo imperativo crear posadas familiares.  


Sobre la marcha fueron aprendiendo y cita que, <<Entonces fuimos estableciendo un menú criollo, luego con truchas con Bernarda, de tercero vino Luis Alfonso a partir de los 80, y se popularizó la laguna, ya como sitio gastronómico con comida criolla e internacional y fue un boom para esa época porque se comían los platos muy exquisitos>> inclusive de comida mediterránea.


Realmente qué te motivó para continuar en esto, que es una actividad tan absorbente, expresó: <<el negocio turístico no es fácil. Cualquiera no invierte porque la recuperación del dinero invertido es muy lenta, por goteo. Nos hemos mantenido por la constancia y el sustento familiar>>, su mayor fortaleza.


Romero reconoce, con agradecimiento la experiencia obtenida, <<en 1981 llegó un señor llamado Juan Roch que hablaba nueve idiomas, era checoslovaco, fue gerente de hotel, durante la guerra salió huyendo de su país con su familia montado en el encerado de un camión. Su esposa Ana Smith, de orígen austriaco, y le gustó este lugar; con él aprendimos todo lo que significaba el mundo de la coctelería y de la barra. Luego llegó Darío Correa que es colombiano, trabajó en buenos restaurantes en Caracas, como La Estancia y el Hato Grill,  y elaboramos un menú con varios platos y comenzamos a trabajar más organizadamente entre los años 80 y 90 >>. Fueron aprendiendo sobre la marcha.


Por aquellos tiempos llegaba gente variada, <<deportistas, artistas de televisión y varios cantantes, por ejemplo: Popy lo trajo el promotor y presentador de artistas Eugenio Salinas, quien recomendaba que la mejor sopa de cebolla estilo francés se come aquí. Eugenio Salinas  trajo  varios artistas y les decía “van a comerse la mejor sopa de cebolla de Venezuela”, así lo decía y así lo difundía. Una noche, sentado con un cliente, Jesús Losada el de restaurant Fuente de Soda La Central de Valera, estábamos hablando y me dice sorprendido ¿viste quién salió?  No.  Fernando Carrillo y la Fulop, y luego iban llegando otros artistas de la televisión y músicos de Maracaibo. Carmelito uno de los meseros los atendió>>; manifiesta sin jactancia, que su negocio se convirtió necesariamente en una escuela de turismo local, allí se formaron mesoneros, barman, cocineros.


Contó que, <<Un día llegó un señor muy famoso a nivel de la televisión llamado El Conde Dalecio que estaba casado con una de las señoras Burelli, nuestras vecinas, recuerdo que también llegó el actor y cantante Carlos Mata, que cargó a Francisquito mi hijo, un hombre muy atento, no era pedante. Vino aquella señora que le decían “Malula” la Concejal, de la Radio Rochela, y una mujer muy simpática que es Rosario Prieto también de la televisión.  En el presente siglo, cuando el tiempo ya de Chávez vinieron los “Robertos”, gente muy agradable, de mucha chispa y bueno en ese tiempo venían los políticos, venía el coronel Arias Cárdenas, que fue gobernador, el alcalde Di Martino, Pablo Pérez, Juan Pablo Guanipa quien por cierto, se enteró de mis ideales zurdos y  dijo: “pasámele la tarjeta al compatriota”; son parte de sus vivencias, en este esfuerzo gastronómico y recreacional.


En 1988, fue un año de esfuerzo, y de logro familiar y comunitario, <<avanzamos un poco con la construcción de la pequeña posada y en el 2013, cuando mi hijo Daniel impulsó la remodelación>>, le dió un remozamiento al viejo establecimiento. 


         Han sido muchas las distinciones, reconocimientos y homenajes recibidos por este emprendedor, sin embargo, confiesa que su mayor satisfacción es el reconocimiento y aprecio que le manifiesta el público por el cuidado que le da personalmente al estanque natural. En 2012 el licenciado Germán Ferrer, periodista de Maracaibo, le hizo un video aquí, que fue muy difundido <<y muchos estudiantes que venían aquí por información, también la gente de Radio Turismo y Radio Valera hacían sus bonitos reportajes sobre este Parque Turístico y el esfuerzo que hace aquí la comunidad trabajadora para dar la mejor atención a los visitantes>>; esto es permanente.


El visionario detrás del Parque Turístico y Recreacional La Lagunita.


Uno de los emprendedores y quizás el personaje más emblemático de este lugar, a pesar de su modestia y sencillez, es el señor José Alberto Romero Villarreal, o simplemente Alberto Romero, quien con su padre Miguelito Romero, el propietario de estas tierras, le dieron el impulso necesario para lograr lo que es hoy este sitio turístico, que le da empleo y beneficios a cientos de personas.   


Junto con sus hermanos, que también coincidían en ese sueño, fueron gestionando ante los organismos públicos, el mejoramiento de la protección del estanque natural. Miguelito, sus hijos y otros vecinos gestionaron oportunamente lo de la protección, y fue entonces que el antiguo Ministerio de Agricultura y Cría (MAC), desarrolló un programa para arreglar y estabilizar el estanque y drenar los terrenos cercanos a ella y se ejecuta el cercado del estanque, que hoy protege a La Lagunita.  Fue un gran logro el cercado.


Cuenta que en los días tranquilos, algo en aquel estanque siempre le susurra, como recordándole que hay algo pendiente,  por hacer, revela: <<Es difícil equilibrar la innovación con el respeto y protección a la naturaleza, porque hasta en guardián del parque tuve que convertirme. Un tiempo, se requería más seguridad, y donamos el terreno para la construcción del puesto de la Guardia Nacional>>; en el 2016, la sucesión Romero, le dio el terreno, la Guardia Nacional le dio seguridad a la zona eso también es un logro.  Antes, su padre Miguel Romero, habia donado el terreno para la bella Capilla de San Martín de Porres, la que está cerca del Estanque, facilitando un espacio de oración para los de la comunidad y para los visitantes.


Cuando mejoraron la carretera para vehículos, fueron llegando más visitantes y turistas.  En 1975, después que fue asfaltada la vía La Flecha-La Lagunita, observando que su terreno se convirtió en un estacionamiento de carros de los que iban a visitar el estanque los fines de semana y de fiestas, se reunieron los hijos con Miguelito Romero, para ver que hacían en este sitio; fue cuando decidieron montar un <<pequeño negocio familiar, una cafetería y una venta de pastelitos que fue creciendo hasta ser lo que es hoy, transformándose en un sitio turístico >> (Ídem); surgiendo el primer negocio de comidas, que posteriormente se convertirá en Restaurant Posada Mi Rinconcito.


Alberto Romero, de visionario a convertirse en el infatigable guardián del Parque Turístico La Lagunita.


Sus ideas, proyectos y obras siempre tuvieron un objetivo: concretar el Parque Turístico y Recreacional. Otras personas se han sumado con sus creaciones, otros abandonan, pero los pioneros han seguido adelante con esto, que con buen esfuerzo e imaginación han levantado en comunidad. José Alberto Romero Villarreal, es un trujillano de extracción campesina, cuya constancia y permanencia ha logrado progresivamente junto con su familia y vecinos, la materialización de convertir un paraje aislado, sin atractivo, de paso de montaña, con apenas unas pocas casas, en un destino turístico maravilloso, es decir, transformó un pequeño y apartado caserío de los Andes, en uno de los espacios turísticos y recreativos más interesantes y visitados del país, generando un impacto socio económico en la comunidad,  en la Parroquia La Puerta, y fortaleciendo al mismo estado Trujillo, que hoy es considerado destino turístico.


Le comenté que este año, hubo muchos visitantes en Semana Santa.  Explicó que, en ésta calcula que <<llegaron unas 10.000 personas. Para año nuevo y del 15 de julio al 15 de septiembre hay mayor afluencia porque son más días. Aquí trabajan alrededor de 120 personas que incide económicamente sobre 120 familias de aquí y de fuera que se benefician de esta actividad del Parque Turístico La Lagunita>>; por cierto, Alberto es muy ducho en matematicas y cálculo, lo que lo ayuda a enfrenter los espejismos, que nunca faltan.


Su gran desafío: no abandonar lo iniciado.


Han pasado más de 60 años, de aquel despertar de la laguna escondida, Alberto, refiere sobre las perspectivas de La Lagunita,  que, <<crecimiento en el área no lo veo, optimizar estos recursos que se tienen. Lo que hay pendiente es en sentido visual, el embellecimiento, más plantas ornamentales porque hay capacidad de alojamiento y áreas recreacionales>>, son parte de los susurros y secreteos que le hace el monumento.


Orgulloso de su empeño turístico ambiental, revela que La Lagunita, <<como destino turístico, se fortalecería con incorporar y llevar la actividad a los alrededores, esos paseos organizados al Páramo Siete Lagunas, Paramito, Isnabús, Cordillera, Mocotí, Aposentos. Una ruta a Agua Fría, ideas que uno viene madurando que le daría desahogo a La Lagunita>>, son parte de sus reflexiones. El hombre de esta serranía de La Culata, se caracteriza por su conexión con la naturaleza, la que respeta, igual que el trabajo comunitario, las tradiciones y la reciprocidad en el trabajo y la solidaridad, son características esenciales de la personalidad de la gente serrana. 


El espléndido día del visitante, culmina bajando por la sinuosa carretera, con la hermosa vista y panorámica de la parte alta del pequeño Valle del Bomboy, rumbo a Valera. En La Lagunita, queda, don Alberto con su esposa Hilda Rosa Solarte de Romero, se casaron en 1979 en La Puerta, y sus hijos, Verónica, Daniel, Francisco y Mayra, a la espera del próximo día, discreto en su trabajo, sin alharaca, avanzando en forma reservada con cada logro sin celebrarlo, perfilando sus sueños y disfrutando lo que constituye su mayor motivo emocional y espiritual para seguir adelante: La Lagunita. 

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de La Puerta.


sábado, 2 de mayo de 2026

Coronela Dolores Dionisia Santos Moreno, la heroína sin Patria

Por Oswaldo Manrique (*)


Generala Post Mortem Dolores Dionisia Santos Moreno, es un relato perteneciente al escritor trujillano Huma Rosario Tavera (1951-2023), uno de los exponentes más reveladores de lo que pudiésemos llamar 'realismo mágico' trujillano, determinado sí, por un profundo conocimiento histórico y aunado a su aguda inteligencia, que en este caso se luce, conjugando hechos, personajes, epistolarios y tiempos, con el elemento lúdico. Imágen de portada: pintura al oleo del artista plastico trujillano Alirio de Jesús Vasquez Torres. Publicación en 40 páginas de la Imprenta Oficial del Estado Trujillo.



El personaje: una subyugante y fascinante heroína.

La protagonista pequeña y grande a la vez, con extraordinario simbolismo, surge en 1810, y sus convicciones la llevan a desplegar acciones y misiones, lo que facilitaba su edad, que le permitía pasar desapercibida ante la institucionalidad realista, por eso asume altas y riesgosas responsabilidades.

Seguidora de las ideas del Cura Rosario,  Doctrinero de La Puerta y Párroco de Mendoza, vertida en su Proclama de la Libertad, frente al modelo de gobierno también hegemónico de la aristocracia territorial-eclesial y excluyente etno-social de la Asamblea Provincial de 1811.  

Tiene el autor el esmero de construir, articular y dotar al personaje de un nombre hermosamente singular: Dolores, de raíz y religiosidad española, que encarna la pena, tristeza, desesperanza, quizás resiliencia, que para aquella época sufrían los colonizados, o “la adolorida” comunidad, alusivo a los 7 dolores sufridos por la Virgen ante la muerte de su hijo en la Cruz. El segundo nombre: Dionisia, en sintonía con el anterior, derivante del griego Dionisius, variante femenina, que significa “el que se consagra a Dios en la adversidad”, en este caso, la que convoca a una causa que para ella es superior y sagrada, en la que concurre la religiosidad de la familia, que escoge al padre Francisco Antonio Rosario, como su padrino de confirmación, de quien recibió clases de teología, historia, gramática, y la encaminó por las ideas políticas de las dos revoluciones contemporáneas: la de Estados Unidos de Norteamérica y la Francesa. Al revisar los apellidos: Santos, que denota carácter sagrado, y el apellido Moreno, coincide con ser hija de <<pardos feligreses…cabello negro, cejas largas, ojos pardos>> (Rosario Tavera, 7-8), la mayor población demográfica de la época, el llamado pueblo. Desde el mismo nombre, se observa el simbolismo, en una combinación del pesar social, con lo espiritual y a la vez, creyente en nuevos estadíos: la construcción de una República independiente, y el color síntesis del mestizaje y el pueblo.

El autor muestra un maridaje de los hechos históricos fundamentales de la guerra de independencia, con un personaje que simboliza la existencia de todo un conjunto de venezolanas, anónimas, subrepticias en el ejercicio de su rol, que como género fue silenciado, oculto, obviado por la historiografía y la literatura, desde el movimiento conspirativo y en el mismo desarrollo de la gesta gloriosa, con innegables acciones prácticas y cotidianidad elevada; y en esa fusión realista histórica destaca ideas, costumbres y convencionalismos sociales y militares con serios cuestionamientos del tiempo sociopolítico y fundamentalmente al Colonialismo.  

En este relato la joven revolucionaria aparece, cuando los pueblos de la Capitanía General de Venezuela, estaban efervescentemente politizados, y el trujillano, además, ansioso por su autonomía y lograr su estatus y condición política de Provincia, sacudiéndose la subordinación a la Provincia de Maracaibo, encarnando la mujer adolescente, coetánea a la naciente e inexperta República independiente de 1810, tomando responsabilidades y sacrificios en el movimiento libertario, en los primeros chispazos de la epopeya gestora de la nueva Patria, como correo de los conspiradores trujillanos, luego, en 1812, <<Con su machete terciado y un chopo, se dispuso a defender la Causa>>, ante la invasión zuliana de las hordas realistas encabezadas por Pedro Fernández, Manuel Giraldino y el indio Reyes Vargas, que arremetieron de forma inhumana contra las familias patriotas, fundamentados en la Ley de la Conquista, alzada por Domingo Monteverde.  

Acota que “La inmortal de Trujillo”, como también la encumbra, depuso sus ganas de usar las armas y decidió la huida con su familia hacia las montañas de La Chapa, que consideraba el autor, otro mundo, desde donde se dedicó a sembrar ideas y a reclutar correligionarios; aun hoy, en lo que seguramente coincidirán otras personas conocedoras, ese interesante lugar y su gente son dignos de estudio. El narrador, la involucra en labores de inteligencia, espionaje e información y la ubica en los acontecimientos de 1813, en la ciudad monasterial de Trujillo, recibiendo junto a un entusiasta grupo, al Coronel Atanasio Girardot.  

La muchacha protagonista pasó de una actitud de angustia e impaciencia, de ver hacer y ver pasar, en medio de las discusiones y la movilización de su comunidad, unos ciudadanos escondiéndose, muchos escépticos y otros, saliendo a cumplir su deber, aunque era algo novedoso, iban abandonando, dejando la tierra que los vio nacer, ella sintiendo el abandono interior, pero con el impulso de querer ser útil.

El citado autor, refiere la cercanía ideológica y conspirativa con el padre y prócer Francisco Antonio Rosario, su padrino; la colaboración con el Ejército Libertador, su dolor e indignación ante la infausta noticia de la muerte del Comandante Coronel Atanasio Girardot, <<en su mente quedó grabado el hermoso recuerdo de la celebración del 22 de junio por el triunfo de la vanguardia del Ejército Libertador, orientada por el Comandante Coronel Atanasio Girardot>> (Rosario Tavera, 13); dejando entrever, un acercamiento romántico con este Comandante.

Rosario Tavera, no es el típico escritor e historiador que para rescatar a la mujer patriota, lo hace con nombres de mantuanas, blancas y de gran belleza, esposas e hijas o hermanas de los próceres, al contrario aunque las menciona, destaca el personaje adolescente, una mujer “nueva”, con nuevos bríos, que va creciendo con los primeros años de la fragua de la nueva República y evoluciona con la lucha por su soberanía, dando detalles de las distintas circunstancias y contextos, descollando su interés por rescatar a la ignorada mujer independentista, por medio de una joven símbolo, que interpreta su incorporación a la lucha magna.

Algunos elementos en la caracterización de la obra: un texto entre el simbolismo y la reflexión historica. 

Sí, es un texto de reflexión, quizás polémico por los elementos y recursos literarios e históricos que obliga a visibilizar a la mujer, mediante esta creación y representación: Dionisia Santos, la Inmortal. 

En esta obra trata el elemento espiritualidad, la religión, mitos,  leyendas, creencias y hechos quizás sobrenaturales con absoluta congruencia con la evolución, la personalidad y el activismo de la llamada Coronela.

Igualmente hay en todo esto, un elemento interesante que es la metamorfosis que sufre el personaje que pasa de adolescente a una madurez temprana, junto con los más importantes hechos desde el inicio de la guerra de independencia y de la República en 1810, y que concluye con lo que considera el autor es el triunfo definitivo de las fuerzas libertadoras, la Batalla de Carabobo en 1821.

También encontramos una irrupción de lo inverosímil del tiempo, fundamentalmente basado en lo que se aprecia del personaje: una niña mujer. Destacando su formación, la que se percibía en las familias de la epoca, vedado que tenia el acceso a la escuela; interesante postura, la que asumió en una de las reuniones de la Sociedad Secreta, <<resaltó con euforia que la mujer trujillana y venezolana estaba rompiendo con todo el bagaje de la imposición de los hombres sobre las mujeres en el haber diario de tenerlas como mujeres de usos, objeto y simple diversión>> (29), actitud valedera ante la negativa y el recelo de los hombres de verlas como guerreras al lado de ellos, quizas reclamando que lo estaban dando todo por la Patria.

En él, hay una ruptura de planos temporales dentro del tipo lineal que en apariencia se utiliza. Se observa en el texto varios momentos de transición que nos facilita la secuencia didáctica de hechos reales fundamentales ocurridos en aquel tiempo. Luego de sus huidas, continúa ampliamente activa en el movimiento revolucionario, distribuye el Correo del Orinoco enviado por el Dr. Cristóbal Mendoza. En 1820, en la segunda visita de Bolívar a Trujillo, con motivo de los siete eventos principales, centrados en su estrategia de guerra libertaria, y firma de los Tratados (Armisticio y de Regularización de la Guerra << Dolores Dionisia Santos Moreno, participa con su valiente presencia y con la estirpe guerrera de la mujer trujillana>> (Rosario, 16); recalcando su contribución junto con Domingo Briceño Briceño, hermano del “Diablo” Antonio Nicolás, en la conspiración por la libertad de la provincia realista de  Maracaibo.  

En uno de los saltos retrospectivos del relato, nos lleva a la organización, reuniones y las acciones impulsoras del movimiento emancipador, de la Sociedad Secreta Hermanos, en la que participan 60 mujeres trujillanas, las que identifica, resaltando un grupo de siete de ellas, con rango militar (Rosario, 19 a 21). En efecto, nos topamos aquí con varios símbolos, por ejemplo cuando usa adjetivos como la Inmortal, o el grado militar de Coronela, que la destaca con brillo frente al drama de la guerra, y a la par, en la conspiración y organización. 

Siendo el final, su etapa más sublime, decidida y de compromiso real, como es asumir la vía superior para lograr la independencia: la lucha armada. Culmina este breve relato histórico, con la incorporación a las tropas del General José de la Cruz Carrillo, vistiendo ropa de hombre, encaminándose el 28 de abril de 1821, con un grupo de hombres y mujeres combatientes <<a  cubrirse de gloria al Campo de Carabobo>> (Rosario, 18), donde muere en la batalla librada ese año. El final del relato, Carabobo 1821, la misión mayor, muestra la sencillez, el rasgo incomprensible y complejo de la mujer andina, del campo, su existencia y multifacetismo, junto con la combatividad, y el valor del sacrificio, su inmolación en batalla, su heroicidad.  

Se integran los citados elementos de una forma bien articulada por el autor, que la dota de esa naturalidad protagónica e induce a la reflexión, a la crítica, al comentario literario e histórico que solo podemos llamar ‘realismo mágico’, porque encaja en lo que Arturo Uslar Pietri, un iniciador de este género con sus Lanzas Coloradas, refiere de este tipo de narrativa al hombre, en este caso a la mujer, <<como misterio en medio de datos realistas>>, en lo que comentamos se incorpora y considera la situación de la mujer sojuzgada por la sociedad colonial, en su integración a la lucha de liberación, aunque en forma rígida, sobria, propia del estilo del autor, es la <<Tendencia a lo simbólico y al predominio de la intuición... El héroe moral representa la civilización y la lucha contra la barbarie que, a veces, no es sino la avasalladora naturaleza. Es, por eso, una literatura de la intuición, de la emoción y el sentimiento>> (Uslar Pietri, Arturo. Las Nubes. Lo criollo en la literatura. 1951). Se trata, la personaje, evidentemente de la heroína moral.

El hecho aleccionador y el amor platónico. Trujillo como espacio histórico.

Llama la atención, por la importancia que le da  al Cabildo Abierto del 12 de junio, y allí, la hace presente, con una convocatoria para los jóvenes trujillanos <<asumir la lucha por la libertad como una misión épica…nuestra juventud no tiene tiempo ni cabeza para el goce, mientras nuestra tierra y sus pobladores padezcan el sometimiento del yugo español>>; igualmente predica a las compañeras: <<¡Mujeres! ¡Mujeres! ¡Mujeres! Nuestros hombres tienen que esperar, primero la Patria>> (Rosario, 10-11). Deseaba irse con la tropa de la Campaña Admirable, <<pero privó en ella su condición de mujer, su adolescencia y el permiso de sus padres>> (13), sus limitantes individuales.

Dolores Dionisia Santos Moreno, es expresión también de aquellas hermanas, esposa, hija, nieta, compañera, comadre, ahijada, dama, dueña, matrona, agricultora, comerciante, ganadera, tejedora, costurera, fabricante de cotizas, curtidora de cueros, de vida sencilla de nuestros campos y ciudades que se convirtió en tiempos de guerra en una constructora de Patria, en la mujer que a pesar de su condición social y su color de piel, catira, mestiza, indígena, mulata, analfabetas o no, hablando castellano, al andaluz, timote o cuica o jirajara,  acompaña y logra lo necesario para cuidar, apoyar y ayudar a los soldados. Son las llamadas troperas, trabajadoras de muy bajo perfil, abnegadas mujeres, casi perfectas que no se reflejan en los partes de guerra, que estuvieron y se sacrificaron en los campos de batalla. 

El espacio o epicentro histórico lo centra mayormente en Trujillo, considerando algunas acciones y hechos de declaración libertaria, como el del 11de junio, el de la fecha sillar del 9 de octubre de 1810 y el de la ruptura del 2 de septiembre de 1811, luego, la hizo presente en los sucesos de 1813. Descubre su personaje, en la misma conspiración que sin dudas se da en esa ciudad y protagonizan hombres como Bolívar, Pbro. Francisco Rosario, Antonio Nicolás Briceño “El Diablo”, Atanasio Girardot, Cegarra, Chipía, Vicente de La Torre y su hija Barbarita entre otros próceres independentistas, ubicando como espacio histórico la tierra trujillana, que muy  bien conoce el autor, y los sitios específicos en los que se desarrollaron hechos y acciones de armas fundamentales, de igual forma, se discuten temas trascendentales como la Guerra a Muerte y posteriormente, los Tratados de 1820 entre otros, aquí se devela el hecho histórico bien fundamentado y determinado, conjugado y amalgamado con su creación: Dolores Dionisia.

Ahí centra Rosario Tavera la extraordinaria belleza de la joven y arriesgada mujer que crece con exacerbada lealtad y en la vanguardia de la conspiración, en la medida que avanza la lucha libertaria, que por su nivel de compromiso y actividad, se le comienza a llamar “La Coronela”, quizás por el grado de responsabilidad y compromiso con la causa emancipadora.

Todos los hombres en esos cruentos momentos las necesitan, pero la vieja historiografía militarista, se olvidó, las silenció, y las consideró seres inferiores, por decir lo menos, en lugar de reconocerlas, se les llamaba jocosamente “vivianderas” en Venezuela. El General trujillano Perfecto Crespo, en sus memorias sobre la lucha liberal a comienzos del siglo pasado, hace referencia de ello, las llamaban en los batallones, “La Tercera Compañía” (Crespo, 183), destacando que cuando se les impartía nociones de los ideales de lucha, y cuando se les leía algún texto, <<resultaba extraño el cuadro ofrecido por estas mujeres analfabetas, mal vestidas, en alpargatas, sentadas en semicírculo en el suelo, alrededor de la hamaca, pendientes con gran atención de las palabras que salían del lector>> (Idem). ¿Más voluntariosas, mayor compromiso y mas desprendidas que los hombres, en la guerra?  Al dar impulso a esa reflexión, el contenido de esta narración, lleva a desempolvar aquello que la guerra de independencia no solo se dio por la acción armada de los hombres, y obliga a reaccionar ante la misoginia y pretorianismo intelectual.  

Lo fundamental para Rosario, es el reconocimiento y merecimiento de la doble corona, la del laurel y del olivo, a los soldados y a las soldadas, como lo comentó Bolívar en Trujillo el 22 de junio de 1813, al recibir noticias del territorio enemigo: <<Las mujeres, sí soldados, las mujeres; nos disputan la gloria de vencer a los tiranos…Vamos a San Carlos a libertar a esas verdaderas Belonas (Diosas de la Guerra)>>. Esta honra, tambien le tocaba a quien habría participado en las batallas campales previas en el territorio trujillano.

De esa forma el autor va construyendo el arquetipo de la heroína con conciencia ideológica, voluntariosa, sencilla, reservada y de coraje a la vez, que decide tomar las armas del lado de la Patria nueva, a costa de las más funestas consecuencias.

Un breve y complice juego epistolar.

En sus páginas finales, se observa la sucinta y ligera triangulación cómplice del ingeniado juego epistolar entre el padre Rosario, Dolores y Bolívar; casi como retozo y aventura, podemos leer una carta del padre Rosario, del 12 de junio de 1813, en la que instruye a Dolores Dionisia <<Espero que tenga todo bien empleado. El Libertador estará pasado mañana en Trujillo...Con su presencia unirán sus esfuerzos con el de los expedicionarios…Hija, todo está acordado. Solo Dios y la Patria merecen nuestra atención>> (32).  Ella por su parte le responde al día siguiente: <<Padre Francisco Antonio. Aquí todo es alegría para el recibimiento de nuestro Libertador, igual que el Liberador Moisés para el pueblo hebreo...El regocijo es indescriptible entre el pueblo de Trujillo. Bendíceme>> (33). Se observa una recreación e imágenes de paralelismo de los pueblos mencionados para el lector, según el Exodo, aunque comenzando por la conquista de su libertad en Egipto, en un escenario de guerra de liberación.

En ese juego de misivas de las que hace uso el autor, como irreverencia ante el silencio historiográfico de la presencia de la mujer en esa lucha magna, se puede leer, una dirigida por el padre Rosario al Libertador Bolivar, pocos días después de la endemoniada Batalla en la que refleja el doloroso momento por la muerte de esta heroína, <<en la vida de los seres humanos hay momentos de felicidad y tristeza, como es la noticia que mi querida pupila ha muerto en el Campo de Carabobo, igualando el coraje de los hombres en lucha cruenta por la Libertad>> (33); es lo real, lo racionalmente existente: la mujer en combate, justamente en combinación con lo figurado.

El autor asoma con ingenio temas universales como las relaciones celibales del sacerdote  y la pupila, logrando crear un escenario revolucionario que nos deslumbra con ese encanto propio del llamado “realismo mágico”, mediante la  poesía, la de un sacerdote de carne, hueso y sentimientos, con loas como  <<tu sangre derramada es la savia de la mujer venezolana/ la lectura de tu vida es el porvenir de la pelea de la mujer por sus derechos/que en los siglos venideros vivirán por siempre>>; y encontramos un derrame de admiración: <<mi anhelo de verte como toda una mujer se cumplió/ te comparo como la Judith Cristiana>> (35); la heroína bíblica, símbolo de la fe y la liberación del pueblo de Israel. Finaliza el texto, con la tabla cronológica de la investigación histórica que la centra en los sucesos de 1813 en Trujillo, y explica la importancia del mes de junio en la historia regional y la nacional. 

Dolores Dionisia es una narrativa de ficción necesaria, tan develadora como reconstructiva frente al “oscuro telón deformador’’ de nuestra historia, en pro de una auténtica literatura trujillana y venezolana. Se debe incluir no en el relato histórico de ficción exagerada como La esposa del Dr. Thorne, sino en esa antología de obras bien documentadas como la de Alejo Carpentier El siglo de las luces, por aquello de los personajes no registrados por la historia oficial, o como la incomprendida Hombres de Maíz,  de Miguel Ángel Asturias, sobre el mito del Popol Vuh, libro sagrado de los Mayas  o podemos sumarla a El General en su Laberinto, de García Márquez, por sus pasajes y personajes extraños o al mismo País Portátil, del trujillano Adriano González León, es decir, incorporarla a toda esa gama de lo que se denomina el ‘realismo mágico’, para mí el relato mágico histórico.

Las innumerables “críticas” que se han hecho como “dogma” desde el tribunal inquisidor regional de nuestra historia, aceptado y avalado por la “Ciudad Letrada” oficial, nos conduce a pensar que Dolores Dionisia, el emblematico, subyugador y fascinante personaje de este breve relato magico histórico, ha sido vapuleado, golpeado, agredido, objeto de burla y se cuestiona porque no tiene partida de bautismo ni  mortuoria eclesiástica, ni informe oficial, o acta civil o militar, como no la tuvieron miles de hombres y mujeres en esa época, ni aparece en los positivistas, patriarcales e inflados partes de guerra, que afirmarían y sentenciarían sin asentarlo: no lucharon mujeres en la guerra de independencia de Venezuela y menos nativas de la provincia de Trujillo. Ese pecado original o irreverencia alegado e imputado in audita parte, por algunos escribidores, que inclusive todavia andan en la busqueda cacofónica del acta de defunción de “LA INMORTAL”,  en este caso, conduce a la expatriación de esta heroína simbólica, mandando al cadalso ese brillo y magia femenina con todo y “realismo mágico” literario, para que salga de la literatura histórica, que quede fuera de ella, solo faltaría el Decreto que ordene que abandone y se borre de este país, en definitiva, que se quede sin Patria.

(*) Portador Patrimonial Histotico y Cultural de La Puerta.


sábado, 18 de abril de 2026

Sobriedad y belleza de los Vitrales de La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*)


Cuando el padre Ramon de Jesus Trejo, finalizando la década de los años 40 del siglo XX,  tomó la iniciativa de construir el nuevo templo de La Puerta, se propuso algo amplio, hermoso, dotado de luz natural, como recinto religioso digno y de oración de  toda la familia; en su concepción, incluye reordenar la iconografía, revolucionando y actualizando el tema de las reliquias y su simbolismo. Se deduce que revisó las viejas reliquias e imágenes, las ordenó y les dio nueva ubicación, agregando otros Santos, como el Negro San Benito e inclusive, uno que no era Beato, ni Venerable y menos Santo: el Dr. Jose Gregorio Hernandez Cisneros.



Sin demoler el viejo templo parroquial y armado de su joven y emprendedor espíritu y acción social y religiosa, con el apoyo de esta comunidad católica, dio comienzo a su obra esplendorosa. Luego de varias interrupciones por la falta de recursos, con la negativa de colaboración del gobierno, en plena dictadura a la cual no era afecto, y sin concluir los acabados arquitectónicos, pudo al poco tiempo, finales de la década de los años 50, abrir las puertas del nuevo templo para su funcionalidad y realizar los actos litúrgicos, asimismo, organizó al grupo de devotos y animó la celebración del nacimiento de Dr. Jose Gregorio Hernandez Cisneros, y auspició con sus fiestas, la promoción de la obra de este hombre virtuoso y caritativo, y, la visita de los peregrinos que por esas fechas, iban a su antigua Parroquia, donde hizo los primeros años de vida pastoral, desde 1929:  Isnotú. De igual forma, como lo hizo en dicha Parroquia,  imprimía y distribuía hojas con la misma imagen y oraciones sobre el Medico de los Necesitados, que van circulando gratuitamente entre los feligreses para difundir la vida de aquel ser, cuya devoción asumió de manera responsable.

Los funcionales Vitrales del templo de La Puerta.


A finales de los años 50, cuando el padre Trejo termina la construcción del hermoso templo de San Pablo (antes de la remodelación del arquitecto Gasparini en 1964, tenía hacia el lado norte, una entrada y una plazoleta donde hoy está el Colegio Parroquial y la Casa Cural. En la fachada oeste que da a la calle y la plaza Bolívar, solo tenía tres Vitrales con sus nichos de igual altura y ancho altura y al mismo nivel horizontal, de izquierda a derecha: San Pablo Apóstol, San Benito de Palermo y José Gregorio Hernández.   

Los vitrales son componente integral del diseño estético y religioso del padre Trejo su constructor, que a la vez, definía la línea arquitectónica que guía la ornamentación del templo.  Hoy, específicamente, los vitrales de colores, del lado derecho de la fachada principal,  se puede observar que están aparte, los populares Santos: Dr. José Gregorio Hernández Cisneros y San Benito de Palermo popularmente llamado “El Santo  Negro”,  que se encuentran presididos en la parte alta por San Pablo, y separado de otro Santo tradicional en el lado izquierdo.


El primer Vitral tributo a José Gregorio Hernández, de todo el planeta.

Está obra en vidrio, que forma parte de nuestro patrimonio cultural religioso local, diseño del padre Ramón Trejo, y elaboración del artesano italiano Salvatore, este año está cumpliendo 70 años de su elaboración, y 61 de la inauguración formal del templo San Pablo Apóstol de La Puerta, que exhibe este hermoso vitral, el primero que se hizo en el país, como tributo a nuestro Santo trujillano, Dr. José Gregorio Hernández Cisneros.

El padre Trejo salvando las distancias manejaba al igual que Gaudí el elemento luz natural. El sol, es el mejor pintor para Trejo, a cualquier hora del día en el interior del templo se presentaba una atmósfera tranquilizante y de regocijo gracias precisamente a la luz del sol que entra por estos vitrales de colores en su hermosa policromía que están en la parte baja para que los feligreses los puedan ver.

En el vitral de José Gregorio, predomina el blanco, con el color amarillo en la sala, piso blanco con juntas en negro grisáceo, que combina con la camilla azul celeste y él, vestido de bata blanca y pantalón azul oscuro; más allá, en la sala hospitalaria del fondo, el piso de color arcilla, pared de cuadros en amarillo, cama y sabanas en blanco, la ventana destaca el verde de la montaña sobre lo nevado, que plantea un juego de colores cálidos que incitan el ingreso de los rayos del sol por la fachada oeste y principal del templo, generando mucha iluminación, en este espacio agradable y de regocijo espiritual, junto con los colores frescos o fríos, me refiero a los azules y verdes,  que producen esa sensación de quietud, paz y silencio agradable y necesario para el que gusta de la oración individual.

Al lado del anterior, se observa, mucha alegría, la que despliega el vitral de San Benito; en su fondo, predomina en forma de listas o rayos el color blanco y el amarillo, bordeado por nubes  de color violeta, rosado, azulosos, el Santo en el centro, destacando con su hábito de color marrón, combinación cromática psicológica que genera mucha energía, esfuerzo, encuentro y por supuesto, regocijo.

Uno de los elementos interesantes que se reflejan en la obra del padre Trejo, es el de la iluminación de este recinto de oración y encuentro. Se puede captar que, tomó en consideración el sol, sus rayos penetran al interior de la edificación, de acuerdo a su trayecto diario o rotación alrededor de la tierra, dándole esa funcionalidad lumínica a los significativos vitrales.

La secuencia es la siguiente: los primeros rayos del sol, los de la mañana, se posan en el fondo del Templo, por el este, hacia el presbiterio y altar mayor,  y van recorriendo y surtiendo calor y luz a través de los cristales adyacentes al techo de la parte superior de la nave central, un hermoso e iluminado espacio se observa en la parte interior del templo, notándose, desde esas ventanillas claras y conjugadas con los hermosos vitrales, la imposición del color y de la luz natural, esto, durante el dia, hasta llegar en horas de la tarde a los vitrales de hermoso colorido de la fachada principal,  donde los rayos del sol alumbran totalmente con su luz natural la parte oeste, es decir, la parte interna de la fachada principal, ocurriendo el atardecer y el  ocaso de la jornada vital. Hecho diario, que invita a ir allí, para disfrutar y compartir ese espacio, creado para orar, para reflexionar y la meditación.

El señor Víctor Delgado, uno de los viejos cronistas populares de esta Parroquia, a quien afectivamente le decíamos “el Gordo Víctor”,  que trabajó desde que cumplio 18 años de edad, en la construcción del nuevo templo San Pablo Apóstol de La Puerta, desde 1948, relató que el Padre Trejo, estaba atento en la creación del vitral, asesoraba al maestro Salvatore, recién llegado de Italia, quien poseía estudios de arquitectura, y también era herrero y vitralista, en cuanto a las cualidades y características del Santo Negro y del otro, que no era Santo, le suministró fotografías, le entregó una pequeña biografía, para la elaboración en láminas de cartón grueso, del boceto general del Dr. José Gregorio Hernández, que sirvió de modelo, semejante al que podemos disfrutar hoy en la fachada del templo parroquial, y estuvo en todas las fases, en el corte de las partes, definición y contraste de colores, el trazo de vidrio duro y grueso, y lo acompañó en la labor de armar aquel rompecabezas, unir, probar y soldar el metal, y pegar las piezas de vidrio, en el enmarcamiento, labor de más detalle (Manrique, Oswaldo. El “gordo” Víctor Delgado. 2019. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com). El cura quien descubrió las facultades artísticas de la pintora Josefa Sulbarán, aportó parte de su conocimiento estético a estos vitrales, todo un legado iconográfico muy propio de su sabiduría.

A pesar que hace pocos años, con el ruido de la santificación, a un párroco se le ocurrió cambiarlo de nicho, se puede observar que el colorido de sus pinturas, el estado de los materiales y la proyección de la composición artística y de luz, aún se conserva, así como, su capacidad de iluminación, de transmitir calidez y tranquilidad en este recinto para la oración, aun se mantiene. Su combinación de fragmentos de contornos y líneas definidas de Vidrios planos,  transparentes que permite ser traspasado por los rayos solares, dotan al templo, de belleza, arte, sencillez, sobriedad, simbolismo, y funcionalidad vivencial.

En esta pequeña nota, se intenta reflejar varios aspectos importantes de la evolución espiritual de La Puerta, desde mediados del siglo pasado, marcado por la lucha y el emprendimiento grande de este sacerdote Trejo: el Templo de San Pablo Apóstol. Por esa sencillez, sobriedad, belleza e historia de este monumento religioso andino, digno legado de su creador, el Padre Ramón de Jesús Trejo,  y sentido símbolo religioso de nuestra Parroquia y de Venezuela, que merece ser valorado, difundido, exaltado y comentado por todos.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Padre Francisco Jose Verde, un personaje de antología.

Por Oswaldo Manrique (*)



-         ¡Tumbaron a Medina! ¡Tumbaron a Medina! ¡Tumbaron al Presidente!

Un diciembre largo de 1946. Salió de madrugada de su casa en La Puerta, al lado de la Jefatura, frente a la Plaza, vestido con su acostumbrada sotana blanca y con su revolver al cinto, el padre Francisco. Hizo su escala acostumbrada en Mendoza, y se enrumba a Trujillo. Con la luminosidad de la tarde, de uno de los días de navidad de ese año, desde el zaguán de la casa familiar, con su clara voz, soltó su saludo:  

-         ¡Buenas tardes, cómo estan por acá! Un aire espiritual y jocoso, sorprendió la tranquilidad de la sala, donde le respondieron con voz magisterial: 

-         Saludes cuñado, lo noto agitado. Volteó hacia el patio, gritó: ¡Llegó Chico! Salió inmediatamente, Doña Amelia Maria de Lourdes Verde Bracho (1898-1969), esposa del Dr. Lomelli, y se dirigió con suma alegría a darle una abrazo al recién llegado, diciéndole:

-         Dichosos los ojos que te aguaitan de nuevo, hermanito.

-         Amelia lo prometido es deuda, aquí estoy. Huele a bueno. Les diré que pusieron bonita la entrada de Cruz Verde, fuí al ateneo a conversar un rato con Carrillito. Lo que no dijo fue que además había pasado por la cárcel de Trujillo.

-         ¿Cómo esta La Puerta, siguen sin entenderse? El sacerdote, le respondió:

-         En estos tiempos de derrocamiento y junta militar, vos sabés.

Se entretuvo con los saludos y abrazos a los sobrinos, principalmente a los pequeños  Francisquito su ahijado, Gustavo Adolfo y Plinio. Omar Darío, ya había ingresado a la carrera militar, así como, dedicó saludos a  otros familiares, el polémico y agradable cura nativo de Carora, yendo directo al grano, como de costumbre, le dijo al Doctor:  

-         ¿Epa Andrés, ya enyugates las yuntas? Y se lo fue llevando a la sala, para conversar. El Dr. Lomelli, que lo conoce bastante, le contestó con lo siguiente:

-         Esa es una pregunta que trae pegada la respuesta o me equivoco.

-         Vengo por algo que me tiene muy preocupado cuñado. Le dijo el presbítero.

-         ¿Y eso, por qué tanta preocupación, que hasta sudada traés la sotana? Se te va a poner color pollito. Sonriendo la chanza, le revela:

-         Vine a abogar por varios de los muchachos que están detenidos por lo del alzamiento, eso que ocurrió el 11 de diciembre, que llaman “brote revolucionario”.

-         ¿Y quiénes son esos amigos tuyos, que estan pagando chirona? ¿Gente del general Juan Araujo? Fue un agregado sarcástico del maestro Lomelli, pues conocía la antipatía que su cuñado tenia por el Araujismo-Baptistero oligarca trujillano.

-         No, mi amigo Pancho Delgado, vos sabés, él es rebelde por naturaleza, también Gonzalito Viloria el fomentador de la construcción de la Plaza del pueblo, y Olinto Ojeda el atento, los prefectos de La Puerta, que son muy medinistas, también los Matheus. Me gustaria que los pusieras en libertad, aunque son mas de 100 presos politicos y si puedes a todos, se te agradeceria y ganarias mas indulgencias para llegar al cielo. Se refería a su gente de La Puerta, a los que con él, desgranaban sus ideas, coincidencias, pasiones, afectos y conspiraderas. Lomelli, se quedó callado unos segundos y le confesó:

-         Te diré, que este problema está sobre las topias, ninguno de los jueces titulares quiere decidirlo, se inhibieron todos y nombraron una terna ad hoc de suplentes que tampoco aceptaron la convocatoria, el Ejecutivo elaboró una segunda terna, en la que se me colocó de primero, por eso me lo encomiendan a mí.

-         Claro, como todos son oligarcas y se tapan entre ellos. Puedes tener por seguro que después que sentencies, te van a sobrar detractores. En efecto, esto ocurrió.

-         Si, pero cuando me juramenté, le advertí al Secretario General encargado, Dr. Ruben Hurtado Rodríguez, -ya estaba legitimada la Junta Revolucionaria de Gobierno-, que yo era independiente y que sentenciaría aplicando rectamente la Ley. No me van imponer vainas.

-         Si, pero me preocupa que mi gente continúe detenida, ya llevan mas de un mes en la cárcel de aquí.   

-         Chico, quedáte tranquilo, que voy a darle un vistón a eso, pero primero andáte a descansar que estas en tu casa.  Le dijo el atento, entusiasta y recordado maestro de Cuicas, La Quebrada y la Escuela Cristóbal Mendoza de Trujillo.

El 19 de febrero de 1947, con la “verdad judicial incontrovertible” como guía,  el Dr. Andrés Lomelli Rosario (1889-1977) les dio la libertad a  mas de un centenar de presos políticos blandiendo el “Derecho a la Revolución” (Dr. A. Lomelli Rosario. Sentencia y Replica de los Sublevados en el Estado Trujillo. Editorial Elite. Caracas. 1947); coincidiendo con el pedimento y la espiritualidad piadosa y humanitaria del atrevido Padre Verde.

*

En uno de los tomos de Testimonios del Periodismo Trujillano, leí una pequeña referencia que hizo don Luis González, Cronista de Valera, que, el Padre Verde, era “un personaje de antología”. Intrigó el relevante calificativo, algo así como un ser único y digno de destacar, que hizo de quien por varios años fue el Cura de almas de La Puerta, el párroco polémico. Aún es recordado en esta comarca, y obligó a indagar e investigar, lo que me llevó a publicar los dos artículos anteriores: Desde La Puerta, el padre Verde, excomulga a los padres Contreras, Trejo, Monsalve y Parra  (publicado en Diario de los Andes, 24/04/2022), y José Leopoldo Valero “La Mole” (publicado el 25 julio 2022, en: lapuertaysuhistoria.blogspot.com), este, con la información y datos dados por una persona que lo conoció y trató personalmente.

Llamó mi atención que en la lista de Párrocos, elaborada por Rafael Abreu para La Puerta un Pueblo, no se incluye al Padre Verde, quien tuvo gestion posterior a la del párroco Pbro.  Ernesto de Jesus Mendez, y antes de la del padre Trejo, ambos merideños. Tuvo su residencia por varias décadas, en esta población. Tampoco en los escritos de los Burelli, se menciona a dicho cura. Toda exclusión tiene una razon: Verde, era enemigo de los oligarcas. Cuando fallece el coronel Felipe Uzcátegui, en 1933, caudillo liberal, y jefe civil y militar gomecista en La Puerta, ademas, propietario de importantes posesiones en este Municipio, y en La Mesa de Esnujaque, Jajó y Timotes, y de la bonita y mas atrayente casona de La Puerta, que era su residencia,  pasó a ser ocupada por el padre Verde, amigo de los herederos del Coronel, pero no de la dictadura. 

En 1935, al culminar la tiranía gomecista, el “Cura Rojo” como le llamaban, alzó su voz en el púlpito, en la calles y en las plazas, con un férreo discurso anti dictatorial, contra todo lo que oliera al legado Gomecista y sus virtuales herederos políticos y militares. Los generales Araujo y Trino Baptista, Presidente y Secretario General de Gobierno, representantes de la oligarquía en Trujillo, siempre lo vieron con recelo.  

En 1936, cuando el general Eleazar López Contreras, nuevo Presidente de la República, seguidor de Gomez, trataba de fortalecer y estabilizar su elección y gobierno, el padre Verde, promovió y buscaba la unidad y la paz, sobre valores morales  y civilizados. La prensa regional, destacó positivamente su actividad pastoral y también la política, lo que podemos apreciar en la siguiente nota:   <<Altamente grato nos ha sido estrechar la diestra fuerte y joven del Pbro. Francisco Jose Verde, quien nos hizo el honor de una visita, durante la cual tuvimos el gusto de oír de sus propios labios frases de cariño para este periódico y concepto de profunda satisfacción para nuestra conciencia de buenos venezolanos, acostumbrados a que se nos hable de derechos propios, de libertad bien entendida y de los justos reclamos que la sociedad y el pueblo tienen pendientes con la satrapía que acaba de extinguirse y los que contribuyeron a que ella se perpetuara en el poder>> (El Relator. Trujillo. Venezuela. Sabado 15/02/1936); ese era el sentimiento de un país maltratado por sus gobernantes.

Dicha publicación, al describir a este sacerdote, señaló: <<El padre Verde es un verdadero soldado de Jesús porque no reduce el regazo estrecho de la Iglesia colocada bajo su dirección espiritual, los acentos de su palabra llena siempre de buena doctrina, y los beneficios de su acción, orientada, por los caminos del bien social, como no se redujeron nunca al penumbroso recinto de las Sinagogas las parábolas y los hechos que consagraron en el mundo la personalidad insustituible del Dios Hombre. Cuando se hable de hombres de la talla moral y del valor civil del Padre Verde, hay que convenir en que el destino permita el entronamiento de ciertas tiranías, porque se destaquen como amantes de la libertad y la justicia ciertos hombres, que Dios coloca como atalayas del bien, en los caminos de la vida>> (Idem). Una personalidad auténtica.

Culminando este reconocimiento público, así: <<Al despedir al amigo y compañero apreciado, en marcha hacia su Parroquia, donde lo esperan el pueblo y sus deberes eclesiásticos, hacemos votos porque su doble obra de catequización y de República, obtenga los frutos que él se promete y que nosotros esperamos de su abnegación, su piedad y su talento>> (Idem). De esa magnitud era la opinión y el sentimiento que tenia la sociedad trujillana de este Sacerdote.

Unica imagen del Padre Verde que hemos encontrado en nuestra investigación. Tomada del semanario Crisol, en: Testimonios del Periodismo trujillano, Tomo XII, 1987. 


El dialéctico Francisco Jose Verde, involucrado en el controversial y polémico cisma de la Iglesia Catolica.

Posterior al declive del periodo de apertura democrática y transformación empujado por el gobierno del general Isaías Medina Angarita, el padre Verde se ve envuelto en uno de los más importantes cismas de la iglesia católica en Venezuela. En nuestro artículo, Desde La Puerta, el padre Verde, excomulga a los padres Contreras, Trejo, Monsalve y Parra  (publicado en Diario de los Andes, 24/04/2022), tratamos que, en el año 1948, nuestra parroquia La Puerta, fue asiento de uno de los episodios más controversiales y polémicos en su historia religiosa. Siendo esta, una de las comunidades andinas de mayor devoción católica, que en forma tranquila, sosegada y consecuente la practicaba, se vio interrumpida por una desbandada dentro de la curia y la feligresía, considerando que los dos presbíteros protagonistas de estos hechos, fueron párrocos y autoridad católica de nuestra población y de Valera, y además, buenos y queridos pastores.

Todo emerge con mayor énfasis, por <<El anticlericalismo del gobierno adeco, durante el llamado trienio, casi desbordado en las mentes de los “cureros”, dio pie a una campaña anticomunista. ..Una de las preocupaciones de un sector de la sociedad, era el tema de las autoridades oligarcas de la Iglesia Católica. Un reconocido y popular sacerdote de Caracas y otros de varios estados del país, …promovieron la creación de una nueva, y constituyeron la denominada Iglesia Católica Apostólica Venezolana (ICAV)>>, a esta, se sumó un grupo importante de sacerdotes, y de fieles que fueron dando cuerpo a esta nueva comunidad religiosa criolla, una iglesia católica nacional. Entre ellos, se integró el conocido padre Verde, nuestro párroco de La Puerta, lo que fue criticado por unos, y apoyado por otros.

La particularidad en cuanto a espacio, es que el cisma eclesiástico, se dio con mayor énfasis en Caracas, donde hacía vida pastoral el padre Castillo Méndez, y en Trujillo, donde estaba el padre Francisco José Verde, particularmente en La Puerta, donde este tenía su residencia personal y también la oficial. Antes y después de su consagración como obispo, siguió viviendo en nuestra parroquia (antes Municipio). Ya siendo Obispo de los Andes, despachaba desde su residencia en esta misma localidad.

         Los periódicos de ese tiempo cubrieron dicho polémico episodio. Una de estas publicaciones, el Semanario Crisol, de la ciudad de Valera, dirigido por Manuel I. Molina. Edición del día 25-11-1948. Pág. 3. N° 20. Valor: Una locha, nos aclara el asunto, con la siguiente publicación:

<<REMITIDO. Nos. Francisco José Verde, Obispo titular de Nueva Cádiz y Visitador Apostólico del territorio venezolano hago constar que: hace tiempo me separé de la Iglesia Romana por razones que expuse en oficio privado ante la Nunciatura Apostólica, como también ante el Arzobispo de Caracas y ante las autoridades eclesiásticas de Mérida. Por esas razones es bastante extraño que los Pbros. José Humberto Contreras, Ramón de J. Trejo, Rafael Ernesto Monsalve y Pedro Parra, Párrocos de Valera, Mendoza, Escuque y Carvajal, respectivamente, se hayan ocupado de Nos con excomuniones y censuras en los púlpitos de ¡las Iglesias!…- Por estos motivos, Nos, con la suprema autoridad divina que nos asiste declaramos Excomulgados, con la Excomunión latae sententiae, reservada a Nos, a los susodichos presbíteros José Humberto Contreras, Ramón de J. Trejo, Rafael Ernesto Monsalve y Pedro Parra. Esta Excomunión solamente podrá ser levantada por Nos, o por cualquiera de los sacerdotes de Nuestra Iglesia, Católica, Apostólica y Venezolana, siempre y cuando los fulminados por ella, den señales de arrepentimiento y contrición.- Mandamos, pues, a los fieles de nuestras Iglesia Venezolana tengan a estos sacerdotes como excomulgados –sino vitandos-, al menos tolerados y dignos de compasión. Dado y sellado en nuestra provisional Residencia de La Puerta a los veinticinco días del mes de octubre de mil novecientos cuarenta y ocho. (L.S.) FRANCISCO JOSÉ. Obispo Titular de Nueva Cádiz y Visitador Apostólico de Venezuela>> (González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo XII. Pág. 1301-A. Editorial Venezuela, Valera, 1987). Drástico y piadoso texto del excepcional Obispo de la nueva iglesia venezolana.

Se desprende fácilmente de este remitido, que el padre Verde, en su carácter de Obispo titular de Nueva Cádiz y Visitador Apostólico del territorio venezolano excomulgó al cura Ramón de Jesús Trejo, párroco para ese tiempo y constructor del actual templo de La Puerta, también a los padres Pedro Parra, Rafael Ernesto Monsalve y al presbítero José Humberto Contreras, admirado sacerdote por sus obras sociales en favor de los sectores pobres de Valera; sin embargo, piadoso el novel Obispo, la sentencia, aclara que éstos, podían ser tolerados por la feligresía y ser dignos de compasión. (Tomado de nuestro artículo: El padre Verde y el padre Trejo, se excomulgan recíprocamente, publicado en el portal: lapuertaysuhistoria.blogspot.com).

Debo mencionar que a mediados de diciembre del año 1946, como consecuencia del golpe de Estado, los oligarcas se alzaron en Jajó, Tuñame y en La Mesa de Esnujaque, grupos armados se organizaron bajo la comandancia del general Juan Araujo, hijo del “León de la Cordillera”. El padre Verde, en su coherente línea antioligarca, salió de  su casa en La Puerta, y marchó con su armamento: el Cristo y su revólver, que nunca le faltó, acompañando a la tropa del mayor Luis Felipe Llovera Páez, su amigo, desde que era Capellán del Ejército, y quien llegó a Trujillo, como oficial designado para reducir las fuerzas anti junta de gobierno cívico-militar, del general Araujo (Angulo Rivas, Alfredo. Adiós a la Utopía. Briceño, 227); allí, en esas montañas trujillanas, anduvo enfrentando a los oligarcas, se recuerda al poeta y carismático padre Verde.  

De este convulso tiempo, es su frase: ¡Yo soy más trujillano que el Diablo Briceño y como él cortaré cabezas si ello es necesario para defender la Democracia! Su definición ideológica política, apoyando la fuerzas dirigidas por Rómulo Betancourt y otros dirigentes demócratas y la oficialidad joven de las Fuerzas Armadas.

Como se contó al inicio, Verde, era cuñado del Dr. Andrés Lomelli Rosario (San Lázaro 1891-1977), maestro de fervoroso patriotismo. A pesar que persiguió a los oligarcas, su compasión lo hizo interceder por la libertad de varios de sus amigos y vecinos alzados con el general Juan Araujo. Lomelli, siendo Juez penal, dictó la celebre sentencia absolutoria a los rebeldes trujillanos alzados contra la Junta Militar que derrocó al Presidente Medina Angarita que se distinguió por haber dado ciertas libertades democráticas. Entre los presos estaban Gonzalo Viloria y Pancho Delgado, ex jefes civiles y otros vecinos de La Puerta. El juez consideró que,  <<rebelarse contra un gobierno de facto no constituía acto punible, es el ejercicio del derecho a la revolución>>. Francisco Jose Verde Bracho (1899-1877) pasó mucho tiempo viviendo en casa de los Lomelli en Trujillo, antes de irse a vivir a Caracas, sus últimos años de existencia. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.



Alberto Romero, el infatigable guardián del Parque Turístico La Lagunita.

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