sábado, 7 de febrero de 2026

Cuando al trujillano Domingo Briceño “El Negro", se le ocurrió libertar a Maracaibo

Por Oswaldo Manrique (*) 


En su cómoda, fresca y castiza vivienda en el norte de Caracas del siglo XIX, sentado en un mueble de cuero, y conversando en sus días de otoño, con Zoila Llamosas Tovar, su segunda esposa, el destacado médico y escritor, le dio por recordar algunos de los acontecimientos y hechos ingratos para su padre y sus parientes, de los que decía, que <<sobre ellos pesaba algún enojo de los Dioses>> (Dávila, 292).  Él lo llamaba "el estigma de los Briceño". 

-  Zoila, mi papá  desde 1810, se comprometió con la causa patriota, y fijate con buenas propiedades y negocios en Trujillo, porque era nativo de Mendoza,  inició en Maracaibo el movimiento independentista.

-  Pero José, al suegro lo apresaron los godos, y tuvo que pasar largo y penoso encierro en la Isla de San Carlos,  y se lo llevaron con grillos a Puerto Rico. ¡No jile, así tampoco! Le agregó doña Zoila.

-  En aquel tiempo no le paraban a la adversidad, al escapar de la cárcel de Puerto Rico, <<vuelve al servicio de la patria, y es factor decisivo en el pronunciamiento de Maracaibo por la independencia, aquel 28 de enero de 1821>> (Briceño Perozo, 125). La esposa resignada y solidaria dijo:

- Debemos reconocer que, sí, Don Domingo, era muy terco, no dobló el lomo, ni ante el mismísimo Bolívar

- Así es, por eso <<se le ha llamado al Libertador de Maracaibo>> (Briceño Perozo, 125, Rosales, 159).


Desde que sustituyó al Dr José María Vargas, su maestro, en la Cátedra de Anatomía de la Universidad, en 1853 hasta 1882, José de Briceño Carmona, acostumbrado a sus horas del recuerdo, le repetía a doña Zoila, su balance del cumplimiento del compromiso con el linaje de los Briceño. Ella pacientemente lo escucha. 

*

El anciano José de Briceño Carmona, Maracaibero, sonreía a veces en sus soliloquios, recordando sus acciones militares:

-   ¡Y como alférez, carajo! Dirigiéndose con una ligera y cómplice sonrisa a su amantísima esposa: 

- Mi padre orgulloso en 1821, triste y feliz, ya había liberado a Maracaibo, mediante un golpe de timón en la gobernación monarquista, lo que fue motivo de ruptura del Tratado de Trujillo, cuando se enteró que fuí <<el abanderado del batallón Tiradores en la propia y definitiva batalla de Carabobo>>, se le hinchó el pecho. (Briceño, 125). Ella para demostrarle interés en su repetida conversación, le dijo: 

- Claro Negro, toda tu familia se enteró, solo faltó Antonio Nicolás, que tuvo que verte desde el cielo.  Él con la sinceridad característica, le agregó:

- Aunque fue el general Páez, quien me <<confirió el grado de Coronel>> ¿te acuerdas?

- Si, ya bien viejos los dos. Le precisó doña Zoila, dándole una sarcástica palmada en la pierna.

El Dr. José de Briceño Carmona,  fue gobernador de Caracas, y se le recuerda más fácilmente porque estableció como tiempo de recreación y salud popular la fiesta de Carnaval, y las rumbas allí, no se olvidan.  En medio de la conversación conyugal, interrumpió una de las señoras domésticas y le informa:

- Don José, ahí en la entrada lo busca un tal Briceño, no dijo de dónde viene ni quién lo manda. El anciano médico le contestó con su celebre frase:

- <<Que entre, que si no es mi deudo es mi esclavo>> (Dávila, 292). Doña Zoila, lo vio con cara de estupefacción.


La monarquista Provincia de Maracaibo y el asentamiento conspirativo del “Negro” Briceño.

La cerrada y monarquista Provincia de Maracaibo, fue impenetrable para el movimiento independentista republicano, salvo una excepción, la conspiración de 1812, cuyo más notable cabecilla fue el trujillano Domingo Briceño y Briceño, llamado "El Negro", por el color de su piel, y en el campo político: "El Socialista", por sus ideas radicales y de avanzada. Nació el año 1780,  en la Hacienda “La Concepción”, en Mendoza del Valle de Bomboy, de la provincia de Trujillo, Venezuela.

Se graduó en la Universidad de Caracas, en Derecho en el año 1803. Graduado, <<Domingo salió rumbo a Maracaibo donde fundó hogar junto a la maracaibera doña Ramona Carmona>>. A la muerte de su padre el abogado realista Antonio Nicolás Briceño en Mendoza, regresa a hacerse cargo de la Hacienda Santo Domingo, cerca de valera, que le tocó en la herencia, la que pierde posteriormente por causa de la independencia.

Según uno de sus biógrafos,  <<era de carácter violento. Tuvo altercados hasta con el mismo Bolívar, por sus ideas socialistas>> (Isilio Antonio Rosales. Valores Heroicos. Página 159. Trujillo.1988); para la época en que se discuten los principios republicanos y democráticos defendidos por “El Negro”, y los contrarios por Bolívar.


El "Negro" Domingo Briceño, desde el Valle de Bomboy a Libertador de Maracaibo. 


Atrevido y valiente operador político, demostró en la clandestinidad, perseverancia y solidez en sus convicciones radicales; para 1812, la idea revolucionaria <<germinaba entre la sombra. Juntabanse allí, dentro de la sacristía, los numerosos afiliados. Bajo la máscara de una hermandad religiosa, la "Escuela de Cristo", engañaban la suspicaz vigilancia de las autoridades españolas>> (Dr. Marcial Hernández. Discurso del 29 de enero de 1921. Momentos Solemnes del Zulia en el siglo XX. Discursos Históricos. Pág. 42. Fundación Zuliana para la Cultura. Caracas. 1995); Pedro Porras el gobernador de Maracaibo, dormía tranquilamente mientras los planes y acciones de esta hermandad surgían y se desarrollaban en la oscuridad de la noche.

En el plan acordado por los conspiradores, << la tentativa o ejecución se fijó para el 26 de marzo, Jueves Santo, a la hora de las estaciones en las iglesias. El plan consistía en prender al gobernador, alzar el grito de independencia en el cuartel de artillería con la tropa seducida; combatir el cuartel de pardos, si no seguía buenamente la revolución; y someter al batallón de blancos, bisoño y escaso en número>> (Hernández, 42). Domingo era partidario resuelto del movimiento independentista y del golpe de palacio y cuartel, contaba con un particular grupo de correaje, entre las que estaba una amazona del Valle de Bomboy: su sobrina Narcisana Briceño de La Torre.

Agregó este ilustre exponente de la zulianidad, que, <<La conjura no pasó de conato a tentativa. La denunció a Porras uno de los últimos afiliados: Servando García. ...No contento Servando con abandonar la causa y delatar a los comprometidos, marchó al frente de una tropa de catalanes para ejecutar las prisiones>> (Hernández, 43). Los falsos y alevosos, quebrantando la lealtad.  

La mayoría de los que acompañaron al “Negro” Briceño, estaban decididos a liberar a Maracaibo, pese a que,  <<Conspirar en aquel tiempo era como adelantar un pie hacia el carro del triunfo, y el otro hacia el patíbulo>> (Hernández, Pág. 44), el riesgo de los independencistas.

Al referirse al socialista y más notable conspirador en Maracaibo, señala el Dr Hernández que, cierto escritor lo retrató, física y moralmente así <<Domingo Briceño el Negro, teólogo, abogado, literato>> (Hernández ,44), se debe agregar que también era apasionado, vertical y radical en sus posturas políticas, digno hermano del prócer y mártir coronel Antonio Nicolás Briceño, degollado en 1813.

En su disertación conmemorativa, el destacado historiador zuliano Dr. Marcial Hernández, concluyó: <<por el mérito de servicios ulteriores, Domingo Briceño y Juan Evangelista González fueron agentes de eficacia en 1821 para la incorporación de Maracaibo al movimiento de independencia>> (Hernández, 44).

En otro discurso memorable, el que dio el doctor Vinicio Nava Uribarrí, en 1921, en el acto Centenario del Pronunciamiento de la Provincia de Maracaibo en favor de la Adhesión a la República de Colombia,   refirió lo siguiente:   <<En 1811 se organizó un plan conspirativo mediante reuniones secretas efectuadas en las casas de las familias Carmona, González y Delgado que fue denunciado ante las autoridades por fray José Antonio Dávila>> (Vinicio Nava Uribarrí. En: Momentos Solemnes del Zulia en el siglo XX. Discursos Históricos. Página 46. Fundación Zuliana de la Cultura. Caracas. 1995); esta familia Carmona es la de  Ramona Carmona, esposa del "Negro" Domingo Briceño, y la González, es la familia de Juan Evangelista González, el compañero y destacado conspirador que acompañó a Briceño en este complot o sedición. (Nava, 46).

Nava Uribarrí ratifica en su discurso que <<El 1° de marzo de 1812, la Junta Patriótica de Maracaibo denominada "Escuela de Cristo", empieza a poner en práctica un movimiento independentista pero fracasa en los preliminares por traición de Servando García>> (Nava, 47), pero lo más importante: el germen revolucionario había inoculado. 

En efecto, este nuevo complot y ejecución surtió sus efectos, una <<Revolución que venían preparando entre otros, Domingo Briceño, Juan Evangelista González y su propio hermano Juan Evangelista Delgado quienes ya habían tenido conversaciones múltiples con emisarios del general Rafael Urdaneta>> (Nava, 57). El denominado por algunos historiadores el post golpe o salto de talanquera.  

Como parte del plan, el patriota Juan Evangelista González, es quien suscribe y lanza un manifiesto independentista a nombre de los pueblos de la Cuenca lacustre, desde Gibraltar, en 1820. Seguidamente, se da el de Maracaibo. El pronunciamiento es el siguiente "El M. I. A. de esta ciudad de Maracaibo, a 28 de enero de 1821, reunido en Cabildo Abierto en la Sala Consistorial... cuando se haya convencida esta corporación del anonadamiento y degradación política en que el gobierno de España mantiene a los pueblos de América que restan bajo su ominosa dominación solo por el sistema opresivo de los mandatarios...debe en su consecuencia declarar como declara al pueblo de Maracaibo, libre e independiente del gobierno español>> (Nava , 57).

Había estructurado con su hermana Narcisana, dedicada a la lucha por la independencia, un correaje que le facilitaba hacer los contactos en forma rápida, velada y sin sospecha con los hermanos Delgado, los curas Antúnes y del Pulgar, o con los hermanos Vales, o los empingorotados Diego de Melo y Pinto, con los Baralt, Almarza, Aguiar, la mayoría vigilados, desde la intentona de 1812.

Estaba de gobernador militar de aquella plaza el maracaibero Francisco Delgado, de modo que todo estaba dispuesto para su intento. El licenciado Briceño y José María Delgado, hermano del gobernador, salieron ocultamente y se entendieron con Urdaneta,  <<todo quedó dispuesto y el 28 de enero del 21 se dio el grito de independencia>>, habían quebrantado el Armisticio. Delgado el gobernador realista se pasó a las fuerzas patriotas, <<Briceño como instigador de todo, cumplía con su deber, pues era un simple particular y había sufrido larga prisión por pretender la independencia de Maracaibo>> (Dávila, 278); Narcisana conspiradora, no se podía perder estar ahí, en el preciso hecho del grito de independencia de Maracaibo, tomó sus pistoletas y se las puso en el cinto.

Briceño, acompañando a Delgado, asumió el cargo de Intendente y  Gobernador político interinamente, pero aquel renunció ante Urdaneta. Bolívar se alegró de esta renuncia, guardando viejos rencores, <<la inquina de Bolívar contra el hermano de Antonio Nicolás, a quien no había aun perdonado ni el litigio que le ganó en los tribunales de Caracas, ni la emulación en la empresa de libertar a Venezuela>> (Dávila, 279), algunos historiadores pretenden, calificarlo como un  escueto complot, cuando desde 1810, “El Negro” ha sido el cabecilla de la conjura, para ocultar, y no disipar si Nicolás, le compitió el liderazgo en esa misma coyuntura histórica.

Su hijo Pepe, el Cura Manuel y el estigma de los Briceño.

Corría el año de 1884, cuando el mismo Pepe se encuentra con su primo el presbítero doctor Manuel Antonio Briceño, eran esos días de julio caluroso en la ciudad de Caracas y se le habría escuchado esta conversación: 

- Primo en días pasados te envié una carta rechazando aquella solicitud para inspeccionar los hospitales por aquello del <quietismo... compañero inseparable del sepulcro>>, ya tengo 77 años encima. El Cura, hombre accesible y atento, le ripostó una sola palabra:

- Comprendo.Dijo el levita sobándose la sotana. 

- Además, no me iban a dar ese cargo, recuerda que a mi padre <<el Libertador de Maracaibo, al que mantuvieron los españoles en el castillo de San Carlos con una barra de grillos durante 7 años>>, solo tuvo de recompensa un cargo administrativo aquí en Caracas (Dávila, 364-365). Agregó Pepe Briceño.

Ciertamente, Bolívar lo designó Administrador General de Tabacos en la Provincia de Caracas, algo que Briceño conceptuó como un pretexto de este,  para sacarlo del círculo político. Lo que valió para enfatizar más la animadversión que siempre existió entre la familia Briceño y Bolívar.

Animado por los recuerdos y conversaciones  familiares, de lo que Pepe los relataba de una manera fresca, le respondió: 

- Claro que lo recuerdo, y todos en la familia lo comentamos. El ilustre profesor de medicina, convirtiendo el tema en una critica:

- Pero lo real es que todos sus compañeros de lucha <<llegaron fortunas a su familia mientras mi padre tú lo sabes, nacido opulento, fue enterrado por sus hijos, porque su fortuna la perdió en la guerra magna>> (ídem). El sacerdote atemperando la irritación en las palabras del primo, intentó calmarlo con:

- Pepe, a veces ese es el costo de la lucha, la incomprensión.

- Y para más colmo, los diputados <<le negaron una pobre pensión que solicitaba en su achacosa ancianidad>> (ídem).  Al reclamo de lo injusto, le reconoció:

         - Lo sé primo, como para no olvidar. Pepe se levantó de la cómoda silla y le  manifestó:

- No es que se quiera cobrar los laureles, por lo de mi tío Antonio Nicolás “El Diablo” primer mártir de nuestra independencia. Son los servicios de Domingo Briceño a la Patria. A pocos metros, doña Zoila, dice:

- ¡Solo Paez, Solo Paez!

Al quedar desintegrada la Gran Colombia, y durante el primer gobierno del General José Antonio Páez, éste lo nombró Gobernador de Maracaibo. Regresó a Caracas en 1834, y a partir de esa fecha tuvo una dinámica y agitada vida política, muriendo de edad avanzada.

 

Sin embargo, a pesar de la confianza y el respeto que se tenían, le reveló lo siguiente:

-  Aparte Manuel, yo creo que eso es una estigma, <<una misteriosa e incomprensible estigma>> que tenemos los Briceño. 

- ¿Por qué dices eso Pepe? Respondió: 

- Fíjate que en recompensa le dieron un simple cargo como administrador en la provincia de Caracas, y hasta le negaron una pensión. Con algo de asombro, el sacerdote le dice:

- A mi me suena como a cierto, eso que dices, primo, porque cuando concluí mis estudios de teología por allá en 1843, y pedí al Rector mi grado, fui al único al que se lo negaron en la Facultad, y eso que yo ya era Presbítero (Índice documental Archivo Histórico ULA. Tulio febres cordero. 1915. En: Boletín Archivo Histórico. N° 5. 2001). Se acercó doña Zoila, con dos buenas jícaras de café y se las sirvió. 

- Es que pesa toneladas de dignidad y méritos el Cristo de los Briceño, el que se ganó Don Sancho. Pero dispensa la guama, querido amigo y primo.

- Si, Pepe, tomemos café y conversemos de otras cosas.

El objeto de esta crónica, no es abordar el viejo debate de si Maracaibo participó o no en el proceso de independencia o si es más patriota que otras provincias, sino por lo siguiente: En una propuesta, de incorporar una nueva estrella a la bandera nacional, en representación del Zulia, por el tardío proceso de incorporación al movimiento independentista republicano, la participación estelar y el mérito del Negro Briceño, se obvió. 

Olvido, que quizás se debe a eso que hemos comentado en otro lugar, como la profecía  del Dr. Fausto, que persigue a esta estirpe de los Briceño, con aquello de  <<auguro grandes desventuras y un trágico final>(Herrera Luque, 124), fueron las palabras que dijo antes de que partiera Hutten y sus hombres, en su odisea por lo que seria Venezuela.  Uno de los principales guerreros españoles que acompañaron a Hutten en su empresa, el capitán Sancho Briceño, quien fue el primer alcalde de Coro, quien  tuvo vasto conocimiento del dramático periplo de Hutten en Venezuela y de la materialización de la profecía de Fausto, se asentó en Trujillo. El viejo cronista Juan de Castellanos, en el canto Segundo de su obra Elegías de Varones Ilustres de Indias, lo llamó <<joven de siniestro hado>>, o de fuerza y reacción irresistibles. Sancho, es séptimo abuelo del “Negro” Domingo Briceño y sus hermanos próceres, nacidos en el Valle de Bomboy, al igual que de los La Bastida. ¿Será que el hijo del “Negro” Domingo, se refería a la profecía del Dr. Fausto? 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta

sábado, 31 de enero de 2026

La centenaria casa de Mitrídates Volcanes, el último montonero.

Por Oswaldo Manrique (*)        


    Definitivamente para los andinos, la casa de la familia, más que de descanso, es el lugar para conversar y escucharse, para la madurez, el entendimiento y adjudicar responsabilidades. Allí, “El Cholito”, casi una burusita, con su par de lochas en los cachetes y sin saber el significado, escuchó del abuelo:

    - ¡El hombre se conoce por la palabra y el toro por los cachos, Carajo! Una de esas interesantes y hondas frases del último montonero de La Puerta, de aquellos tiempos en que la palabra pesaba más que un documento oficial.  


    La casa expresa y simboliza los valores éticos, morales, familiares y cristianos, así como, la cotidianidad del grupo que la cohabita; por supuesto, hay mayor carga de responsabilidad en quien la construyó para habitarla con  sus seres más apreciados e importantes, para convivir con ellos, protegerlos, alimentarlos, orientarlos, solidificar los vínculos y darles afecto, casi siempre el jefe de familia, el padre o taita. De lo que se trata es del hogar y se considera a éste, el espacio más importante de y para la vida del ser humano y la familia, enfrentando los rigores de la naturaleza y de cualquier otra contingencia. Por eso lo asume como su espacio vital, lo suyo, lo que le pertenece, centro de sus actividades personales y familiares.

    Para los historiadores, etnólogos, sociólogos, antropólogos y demás investigadores también en el campo de la arquitectura y la ingeniería, la casa como obra vieja, por su estado de conservación, ayuda a develar y descubrir la concepción de la vida, que orienta a quienes la habitaban o la habitan.  El objeto de este articulo, es describir la casa de un hombre de extracción social campesina, según sus descendientes nacido en Pueblo Llano, estado Mérida, quien supo sobreponerse por encima de la adversidad;  muy joven, escuchó que por esos lados y rumbos, andaba el legendario, temido y anatemizado coronel Sandalio Ruz. El bisoño campesino, preocupado por su situación de pobreza y constreñido por algún problema con otro, para salir con prontitud de la zona, esperó en un lugar por donde pasaría el aguerrido Coronel. Allí lo abordó, conversaron unas pocas palabras, e inmediatamente lo incorporó a su tropa como aprendiz de guerrillero. Pudiera verse como un acto de aventura, pero para la época era un acto de rechazo a la injusticia social y la miseria que abundaba por esos campos andinos. Su nombre Mitrídates Volcanes (1866-1954).

    Se dio cuenta inmediata, el Coronel, que este muchacho, que andaba en harapos y a pie, sincero en su incorporación a su grupo militar, era de los que se le notaba sin tenerlo, el mandador sobre el lomo de la bestia, e intuía que seria bueno para comandar tropa.  Nunca se imaginó el joven oriundo de Pueblo Llano, lo que iba a cambiar su vida andando de montonero;  de viejo le contaba a sus nietos, que cuando ya tenía mayor experiencia estaba en la oficialidad, iban de campaña, se le acercó uno de los novicios troperos, casi un niño, con mucho miedo, le temblaban las piernas, las manos le sudaban, y sentía que se le movía el filo del machete. El merideño Volcanes, se le quedó viendo y le dijo:  

- Quessse quieto, que cuando mi Coronel dé la orden de mermar cabezas, usted enterrará los miedos. Ese hecho, le hizo recordar su primera vez en combate, cuando con apenas unos calzones y un filoso machete, recibió la orden del Coronel, después de llamar a rendición, devolverse y soltar una monstruosa carga a machete; allí mismo, con su grito lacerante:

- ¡Yo no vengo a rendir, vine a  mermar!  Esa frase, la recordó y la repitió Mitri, ante sus familiares y amigos hasta el final de sus días, viendo sus marcas de piel de guerra y enseñando las posiciones de combate en su mapa imaginario con su dedo más tieso que una barra; de esa forma la escuchó su nieto el dirigente campesino Ramón Volcán, el Cholito, padre del profesor Carlos Volcán (QEPD) y del emprendedor Oscar Volcán, habitantes de La Maraquita;  así eran las cosas, por lo menos entre la tropa del coronel Sandalio Ruz.

    Una casa campesina andina, sus características físicas.

    Rodeada de tupidos cafetales, y frondoso cambural, la casa campesina  del valiente Mitrídates, alojó durante más de una centuria, a la familia Volcanes. Está situada, en el sector o caserío El Pozo muy cercano a La Maraquita, zona oeste de la  parroquia La Puerta, municipio Valera, estado Trujillo en Venezuela.

    La composición que le dió Mitrídates a su casa, fue la tradicional y funcional indígena, guiado por el factor de protección a la familia, el área de adentro, donde se desenvuelve lo íntimo, lo oculto y lo reservado exclusivamente a la familia, y aparte, lo que se conoce como “lo de afuera”, el área para los amigos, visitantes, extraños, para tratar de negocios, una especie de zona cautelar; y entre ambas áreas, existe una pared de barro que las delimita y sirve de protección, inclusive para lo que consideran malas influencias y augurios. 

    Cuando comenzó a construirla, luego de poner las bases de piedra, esperó a que fuera menguante y se fue al páramo de las Siete Lagunas a cortar árboles para sacar los horcones y la madera de las puertas de la casa. Como lo tenía previsto, con sus compañeros montoneros buscó fajina en uno de los cañaverales cercanos, la puso a secar, luego la fue tejiendo sobre el techo, hasta que cubrió toda la casa. 

    Los perros ladrando de un lado a otro, van avisando que se acercan extraños o visitantes. La cerca de estantillos y alambres de púas, obligaba al visitante a esperar, a que alguien saliera, controlara los perros y le abriera el falso para entrar a la casa de este guerrillero “Rucero”. 

    Entre las habitaciones y la cocina que es el principal lugar para recibir las visitas de familiares que vienen de lejos, inclusive los amigos de  Pueblo Llano, Jajó, La Mesa y de Timotes,  existe un pequeño y angosto pasillo o pasadizo, que les da acceso independiente a la misma, separado del recinto de dormitorio. También, se pasa de inmediato, al corredor de arbustos, que conduce a Hato Viejo y a las distintas salidas a los Páramos y a la rosa de las Siete Lagunas, y por si fuera poco, al Mar Caribe. Era la ruta de los “Zarcilleros” que apoyaron a Sandalio en su revolución contra la “Gonzalera”.

    ¿Quién podía en aquel tiempo, comentar que aquella vivienda, podía ser tan acogedora y cálida? Otros, con la visión y percepción humana, observaba que estaba en el centro de un pequeño prado, constituido por obra de sus propias manos y de su familia, de abundantes árboles frutales, y hasta donde se podía ver, era un solo tapiz cargado de flores de distintos colores y olores, muchas buenas tardes, corsé, cala blanca, hortensia, sangria, lagrima de Cristo, frailejones, españolas, y tabacón, que crecían  bajo la guiatura y cuido de Micaela Sulbarán, el gran amor de Mitrídates.

         Entre algunos alisos y viejos cedros, se amontonaban arbustos medicinales, menta silvestre,albahaca, anís, malojillo, oreganón, berbería, yerba buena, hierba sagrada y hasta  frailejones, que le daban frescor a esa pequeña lometa, donde se halla la casa de un solo piso, de fuerte bahareque, de techos bajos. Las habitaciones se calentaban desde el fogón interno que salía de la cocina, que se encuentra en un nivel superior y que hay que cruzar un pasadizo, para subir a la sala que sirve de cocina y comedor. Desde que la construyó, en la primera década del siglo XX, fue la residencia de Mitrídates Volcanes y de su esposa Micaela Sulbarán, también de sus hijos, Eleuterio, Carmelito, Vitalosia, Anita y Micaela Volcán, convirtiéndola en su lugar, hogar y refugio.

    Dentro de la acumulación de recuerdos, que conservan  sus parientes,  el oficial rucista, no dejaba que las paredes, permanecieran desconchadas en sus pinturas calizas, o que la invadiera el verdín de la humedad natural del lugar. Siempre había, para darle los retoques necesarios. El techo como la mayoría de las casas campesinas de La Puerta, era de fajina de caña y paja, que al pasar muchos años, fue sustituido por nuevo elemento, la lámina de zinc. 

    Su emplazamiento, orienta su frente, con el fin de que le pegue rayos de sol durante el día y conservar y disfrutar el calor en la noche, enfrentando la escala de los 8 a 14 grados de frío. La típica fachada andina, con blanco, mezcla de cal fermentada con sales gruesas y almidones, le daban la brillantez y pulcritud, que combina con su puerta principal de tablones gruesos, de madera del Páramo,  y el apretado techo de fajina, y en su conjunto, destaca con el entorno floral y frutal, sus árboles, arbusto y matas de distintas variedades aromatizantes y medicinales, que lo convirtió en un campo holístico de felicidad y sosiego para la familia Volcanes.

    La huerta, de sitio cercano, no escapaba a la asistencia diaria de Micaela y sus hijos e hijas, en el cultivo de alimentos y frutos de la comida diaria, de ahí, sacaban hortalizas, ramas de aliño, ají, cercado para que no se metan los animales. Como en desfile y algarabía permanente, andan las gallinas y pavas, con las perdices, algún puerco y otros animales domésticos que podían vender. Mas allá las vacas. Parcela que con el tiempo, se fue convirtiendo en un espacio productivo para la subsistencia de la familia. Pero a la vez, fue el cuadro vivo ideado por un cultor de paisajes, llamado Mitrídates Volcanes. Su cultura constructiva era la tradicional, una mezcla de la funcionalidad y armonía indígena, con las técnicas y usos traídos por la colonización europea, es decir, la concepción mestiza del siglo XX. 

    En este pequeño predio, cercano a La Maraquita, la selva que le tocó domar, fue formando su matrimonio, su grupo o núcleo familiar, deforestando, despedrando, organizando y desafiándolo. Otro de sus nietos, el señor  Pablo Volcán, me expresó que Mitri escapando en sus andanzas guerrilleras se refugió un tiempo en Montecarmelo, y de allí vino casado con Micaela Sulbaran. De esta familia, emanaba la calidez humana, sinceridad campesina y familiar, para que el que llegara se sintiera como en su propia hogar. Fue esta casa el núcleo central de actividades de los campesinos del entorno y de los guerrilleros de fin de siglo.

    La anciana casa, a la espera de sucesos importantes.

    La abultada cantidad de años, más de cien,  que tiene esta vivienda, es el mismo tiempo que tiene el emprendimiento y la intervención audaz de Mitri y un grupo de campesinos sin tierra, en una zona inhóspita, selvática, montañosa, de peñascos y voladeros, para convertirla en una productiva: La Maraquita.  Sus tierras colindan con la finca El Pozo, propiedad de Audon Lamus, próspero comerciante de La Puerta. Llegaban hasta el mismo nudo de La Maraquita, las trabajaba con medianeros y parceleros, bajo las viejas costumbres indígenas de la “vuelta e mano”, “convite” y otras formas comunitarias que se usan en estos páramos agrícolas. 

Mitrídates Volcanes, el ultimo montonero rucista de La Puerta.

    Los hacendados cercanos, godos y ambiciosos hicieron buena llave con Mitrídates, sabían que era un hombre con mucho potencial favorecedor a la gente campesina. Reconocían que el hombre sabía de agricultura, nativo de Pueblo Llano, estado Mérida, curtido en astronomía, conocía de los movimientos atmosféricos y espirituales, pero además, era un hombre de armas.  

    La parte trasera de la casa, se fue convirtiendo en un espacio de reunión y consulta, y de brindar café a los amigos y vecinos del pueblo, allí vieron al hacendado Ciriaco Carrasquero, al maestro José Rafael Abreu, al coronel Américo Burelli, Cesareo Parra, Antonio Parra, otros personajes de comunidades aledañas y por supuesto, el “taita” Sandalio Ruz, no comulgaba con Araujeros. Se transformó de un célebre guerrillero nacionalista, en un consultor de asuntos agrarios.

    En su actividad campesina, colectiva, tras el enorme esfuerzo de traer el riego desde lo que hoy se conoce como “El Dique”, sus compañeros enarbolando la alegría, fiestean, cantaban y bailaban. Una de las virtudes de Mitrídates y lo demostró en reuniones en esta casa, era su buena voz para el canto. Era muy ducho en canciones populares, rancheras y religiosas, rosarios cantados, búsqueda de niños, villancicos y aguinaldos, los disfrutaban todos sus compañeros. Ahí se puso de acuerdo con Don Natividad, establecer las fiestas de San Isidro Labrador, del Municipio La Puerta, lo que recibió con beneplácito el cura párroco, y se fue organizando la cofradía del Patrono de los agricultores, fijando y organizando las festividades todos los 15 de mayo de cada año, tradición que aún se mantiene. 

    Estaba en su mente construirla, cuando le tocó acompañar al “taita” Sandalio en su revolución contra la “Gonzalera”. Peñas inaccesibles por donde se mirara. Mucha piedra había en aquel lugar, luego, aparecieron muros y pretiles, para recibir a grupos de amigos y guerrilleros, a los que no le faltaba un cuatro para cantar estribillos de la guerra y en tributo al Coronel Ruz, y alguna que otra ranchera. La mistela casera o el sanjonero, eran los sazonadores de guargüeros y afinadores de voces; lo mismo ocurría con los rosarios cantados a la Virgen, o la celebración de San Isidro, la fiesta gustaba, la mezcla de lo religioso con la algarabía popular de sacar al Santo a pasear por las calles, junto con las yuntas de bueyes luciendo las primicias, agradaba mucho mas, y la gente entusiasmada, se los pedía a él y a don Natividad Sulbarán, como organizadores de ella. Había que hacer algo, para ennoblecer al campesino que sentía ese día del Santo, como suyo. “Mitri”, como lo llamaba Micaela, reflexionó que este pueblo se parece bastante a San Isidro, por lo laborioso, paciente, contemplativo, y el pueblo es igual, pero es jodido, y los dos, son delicados, por eso, era importante resolver lo del día del Patrono de los campesinos, y logró que fuera aprobada por la iglesia.

    Fue en esa casa, una madrugada del año 1914, que salió con su afilado machete y su carabina, para alzarse contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, teniendo como primer objetivo la toma de la ciudad de Timotes, sede del poder político y del gobierno occidental, acudió a esa jornada, a acompañar a los coroneles nacionalistas Américo Burelli y al legendario Sandalio Ruz, que además, eran sus vecinos de La Puerta. Asedio que duró varios días, que al final fue infructuoso y lamentable dicha campaña revolucionaria. Le tocó escabullirse por esos Páramos.

    Alejado de la guerra, estuvo dedicado a su familia, inclusive, crió a varios de sus nietos, ejemplo nuestro amigo, hoy fallecido, don Ramón Volcán “El Cholito”, les dió los pocos estudios, que se contaban en esa época de profundo analfabetismo. Disfrutaba su morada, madrugaba para ir al otro espacio de la casa, cruzaba el pequeño pasillo para sentir el calor y el movimiento en la cocina. Veía a Micaela o a Vitalosia, la mayor, aplicando su fuerza y técnica sobre la piedra gris, escogida por él en el valle del Bomboy, para moler el maíz y el trigo, del que harían las arepas. Todavía existe esa piedra en la abandonada casa. Se acercaba al fogón, se sentaba cerca de la tapia de tierra pisada, y pasaba rato conversando con su compañera y con sus hijos y nietos, era una especie de escuela, que además disfrutaba con orgullo a sus años. La admiraba en su faena diaria, seguía su movimiento de destapar el tarro de café, retirar la olleta con el agua hirviendo y echar las cucharadas exactas para luego colarlo sin colador, así comenzaban a disfrutar el café criollo de sus propias matas, la familia Volcanes. 

    Aquí, descansó el guerrero, pasados muchos años desde que ocurrió la revolución de La Culata, y finalmente, una mañana difícil de describir, del año 1939, tan igual a las muchas que con dificultad superó, encontró sin signos vitales a su amada y cómplice compañera, Micaela. Mitrídates, quedó atendiendo la crianza de su nieto el “Cholito” Ramón Volcán, que tomó como hijo, hasta su última jornada. Un día, del año 1954, muy cansado, con el cuerpo agotado, le llegó su momento, en el que de forma dócil, silenciosa y tranquila, dejó de respirar con 98 años de edad. 

    El viejo guerrillero traía en su raída faltriquera,  la disposición social que el que necesitara posada o ayuda,  se le daba, igual la comida, eran muestras y símbolo de que se era bienvenido en aquel hogar de profundos valores familiares y cristianos.

    Partida defunción de Mitrídates Volcanes. Transcripción del original.  

<<N°2. Amable Matheus Silva, Primera autoridad civil del Municipio La Puerta, hago Constar que hoy nueve de enero de mil novecientos cincuenta y cuatro, se presentó a este Despacho el ciudadano Ramon Volcan, mayor de edad, agricultor y de este domicilio y manifestó: que hoy a las diez de la mañana falleció: Mitrídates Volcán en el sitio La Maraquita lugar de su domicilio de esta jurisdicción de este Municipio y según las noticias adquiridas aparece que el finado murió de causa desconocida de vejez, tenia noventa y ocho años de edad, viudo, agricultor, natural y vecino de este Municipio, dejó cuatro hijos mayores de edad, nombrados Eleuterio, Vitalocia, Anita y Jose del Carmen Volcan Plaza.- Fueron testigos presenciales Ysmael Briceño y Eduardo Rivas, mayores de veinticinco años, agricultores y vecinos de este Municipio.- Leída la presente acta al presentante y testigos manifestaron su conformidad y no firman por decir no saber. El Prefecto (Fdo.) Amable Matheus S. El secretario (Fdo.)>> (Libro de defunciones año 1954. Unidad de Registro Civil Parroquia La Puerta).


Las condiciones actuales de la centenaria casa de Mitrídates Volcanes, varón de La Culata.

 

    La añosa vivienda ya supera los 100 años de construida. A pesar de su persistencia sucumbe ante el tiempo. La casa de los Volcanes en el caserio El Pozo, cerca de La Maraquita, no solo fue la residencia y el hogar de esta familia, sino también, un punto de encuentro de los comarcanos campesinos, hacendados, guerrilleros, vecinos, amigos, para hablar de cosechas, cooperativas, parcelas, arrendamientos, medianerías y prestamos de semilla, tambien para conversar de las cabañuelas y la astronomía del agricultor, de tiempo de siembra, de las plagas, de la fluctuación de los precios, pero también aquí, fue donde Mitridates, comenzó a organizar e impulsar la lucha reivindicativa por la tierra, para poder plantearse junto con otros campesinos pobres, sus vidas de trigales, papas y arvejas, machetes y escopetas. Sabía por su recorrido a pie y en bestia y el conocimiento que le daba andar con uno de los caudillos más importantes del siglo XIX andino, que en asuntos de tierra, los linderos eran de goma y las cercas de bejuco. Visité esta casa en diciembre del 2020, saqué fotografías, y en un momento, conversando con uno de los descendientes de este guerrillero nacionalista, pude trasladarme a aquel contexto histórico de lucha agraria armada, para sobrevivir, no solo a la dictadura gomecista, sino a la hambruna, y ya saliendo de la pandemia de la fiebre española.

    Esta centenaria y sencilla casa campesina, es un ejemplo y modelo de arquitectura y construcción tradicional andina, que se pudiera incorporar al patrimonio histórico y cultural de nuestra región, con miras educativas, que combine y favorezca los saberes populares y los académicos.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta


 




sábado, 17 de enero de 2026

La calle “El Matadero” de La Puerta y su pasado colectivo.

Por Oswaldo Manrique.

Dicen que las calles y caminos tienen una historia tan extensa como su propio destino. La calle 'El Matadero', mucho tiempo antes de tener este topónimo sirvió de rústico paso a los primeros pobladores Timotes que se establecieron en este Valle y luego conformaron la Aldea del Resguardo Indígena de La Puerta. A partir de 1891, el viejo sendero se convirtió en precaria y anegadiza transversal entre el río Bomboy y la Calle Real, hoy avenida Bolívar. 

La calle 'El Matadero' no es solo un nombre grabado en el mapa del área urbana de este pueblo andino; es un eco de su historia y una arteria vital de su pasado. Antiguamente, esta vía de tierra fue parte del corazón de esa pequeña y diaria actividad comercial y social, donde el ganado era conducido para contribuir como alimento de los pobladores, cochinos, terneras, vacas o toretes se veían andar hacia la ribera del río Bomboy, donde los esperaban los matarifes, tablajeros, cortadores, carniceros, ayudantes y comerciantes, y la vida cotidiana palpitaba con un ritmo distinto. Recorrerla hoy, es caminar sobre la misma angosta franja de tierra, ahora revestida de asfalto negro, que vieron precedentes generaciones, un viaje en el tiempo que nos transporta a una época donde los oficios tradicionales y el espíritu comunitario definían la identidad de este rincón en las alturas de los Andes. En cada muro de tapial con puertas de madera, y en cada solar sembrado, reside el alma de una historia que merece ser contada, la de la calle “El Matadero” de La Puerta.

Eran tiempos en el que el dulce y frío susurro de la niebla espesa, arrollaba la humareda que salía de las pocas casas, al son de las viejas campanas de San Pablo. Buscando disfrazar las tapias de los solares y las amanecidas paredes de barro que sostienen el caballete de tirindí y su cabello de fajina. En la fresca, húmeda y cercana rivera este del río Bomboy, custodiado por un lado por la serranía del Pitimay y por el otro, por el filo del Páramo de La Puerta, todo, todo, supuraba un particular olor y sonido que brota de la textura de la misma tierra, de esa calle que insinúa relatos al viento: ‘El Matadero’.   

'El Matadero' no es solo eso: la franja de tierra para caminar y unas cuantas viviendas, sino que es un verdadero sentimiento surgido de las migraciones que llegaron con el boom de la construcción, establecimiento de empresas, comercios, hoteles, edificaciones, centros recreacionales del mal llamado turismo, que se fueron asentando en la populosa  zona de La Hoyada y sus alrededores.

         Aquella calle, que tuvo en 1980, su mas impactante cambio social, fue el acceso al  campo deportivo, en su lado norte, y al este, con el predio donde se levantaba la plaza de toros en las fiestas de enero de los Santos Patronos del pueblo, y como sitio de prácticas del profesor Isaac Araujo y sus alumnos de la recordada Escuela de Peritos de La Puerta de los años 60; también, ese sendero sirvió desde tiempos remotos como ingreso al espontáneo balneario en el Bomboy, que usaban los jóvenes puertenses, en fines de semana y temporadas vacacionales, cuando de “refrescarse” se trataba. 

El singular topónimo del rústico paso y la madrina de todos.

El topónimo le viene porque, en un pedazo de solar, en la rivera del río, un señor de nombre Luis Paredes, a finales de los años 1940, inició allí la actividad de matar reses, por eso, lo de la Calle El Matadero, hoy Calle 2 de La Puerta, Parroquia La Puerta, Municipio Valera del Estado Trujillo.

El señor Luis, el matarife, junto con su esposa la señora Justa, al comienzo, levantó unos tapiales, puso un rústico mesón de tablas y se tuvo como sitio donde se arreglaban reses ya beneficiadas –no mataban-,  que traía completas, dándole continuidad y permanencia a las actividades del útil  Matadero.  Según Angel Alfonso Araujo, ex prefecto de La Puerta, luego, hubo algo más estructural, un pequeño galpón, con una sola sala de piso pulido, donde beneficiaban las reses y cerdos, que lo construye el gobierno de Pérez Jiménez en sus comienzos, y allí ya mataban, atravesar y desangrar, seguido del corte y desposte con cuchillos y ganchos,  se usaban unos bandejones  metálicos, bajo refrigeración natural.

Los días miércoles, jueves, viernes y sábados, vendía la carne al público y otra la llevaban a los restaurantes; las vísceras, pajarilla, chinchurrias, corazón, asadura, cabeza del vacuno, las regalaba a la gente que iba a buscarla. 

Posteriormente, la casa del matadero, es dividida, el señor Paredes se va, y queda funcionando una pequeña carnicería, y en la otra parte libre, se muda y la ocupa en los años 50, la recordada Chuy Morillo, oriunda de las Mesitas de Niquitao, esposa del señor Manuel Terán, padres de Florentina, Luis y Crelia. Doña Chuy, fue la partera del pueblo, la mitad de los nacidos en ese tiempo, vinieron al mundo ayudados por las manos y los conocimientos de ella, la mayoría de ellos le decían “Madrina” y le pedían la bendición. Al cerrar la carnicería, se mudó la señora Rosa Elena Rodriguez de Morillo, oriunda de Montecarmelo y su esposo Onésimo Morillo, trabajador del Hotel Guadalupe; en esa casa, criaron a sus 6 hijos, uno de ellos, el Dr. Armando Morillo, destacado profesional del derecho en la zona baja del estado Trujillo.

         Los espantos que se oyen y no se ven, y los que se ven también.

La delgada calle descuaja sus propias fábulas, por la que bajan los animales, faros, gatos montañeros y descuentan los caballos relinchando en la madrugada descansando sus lomos de alquiler, y encontrándose con la silenciosa niebla, no falta el que en forma jocosa lo asocia al fantasma de la “Mula Maniá”. 

Recuerdo las narraciones de doña Chuy, con su visión hermosa de las estrellas, que se mezclaban con noches de fantasmas y aparecidos, no perdía su fascinación, bajo el tiempo de lluvia, crecida o tempestad, sobre todo cuando bajaba del sardinel de la cocina, sus frascos, ollas y potes, de su sabrosa dulceria.

Se hizo casi que comentario extranacional, el sonido del arrastre de las flaquezas del padre Rosario con su cruz a cuestas saliendo de las mecedoras de piedra,  <<El alma del Padre Rosario, ambulante por el Oratorio o descansando en las mecedoras de piedra de La Guadalupe>> (Abreu, ); es parte de ese mundo mágico, de mitos y aparecidos que se esconde en la citada Calle, y se funde con la fábula actual del encuentro de los caballos en la madrugada; por supuesto no se puede dejar de mencionar las leyendas y cuentos de los fuertes hachazos que se oían en el terreno donde hoy está la Urbanización San Benito, pero el hachero no aparecía ni en las historias de la gentil señora Chuy, ni en las del gordo Nerio Rodríguez, pero sí, en su oscuridad particular la que aprovechan para reunirse cerca del río de espuma,  hasta que comienza la burla de los cantos de las paraulatas y la escasa bendición del paují que son el deleite del profesor Leonardo Paredes para sus canciones. En aquel tiempo, me dijo mi nona Guadalupe, se calmaba el asunto cargando su frasquito de agua bendita o enfrentándolo con la frase <<¡arrenuncio a Satanás!>>.

En su camino de tierra, se conectan la tradición de este pueblo andino, con su funcionalidad de beneficiar carne para la comunidad, recordando a los que cargaban sus reses, cochinos, chivos u ovejos, y lo novedoso de expresiones arquitectónicas foráneas, y donde  no se puede apartar la alegría de niños y jóvenes, y los exquisitos dulces criollos de doña Chuy, con las voces de ese pasado que todavía cuentan algunos de los vecinos, como parte inolvidable.  

Para aquel tiempo, la parte baja de la calle “El Matadero”, en su lado sur, tenía una casa de bahareque, seguida de una pared gruesa de piedra y barro que llegaba hasta el borde del río. Dicho terreno del frente, era sembrado, luego fue sitio de prácticas de la Escuela de Peritos, en las fiestas de enero se instalaba aquí la plaza de toros, y hoy, espacio de la Urbanización San Benito (Malvinas), estaba marcado por un paredón o pretil de piedra bien ajustada, para proteger los cultivos.  Del otro lado, estaban la casa del Matadero, el solar jardín de la señora Chuy, la casa de la señora Florentina Morillo, esposa del señor Eduardo Briceño, el solar y casa de la familia Salas, del popular Arepa e’techo, luego la casa y solar del señor Camilo Paredes, hijo de don Audon Lamus el comerciante de telas. Este Camilo, es el abuelo del primer sacerdote nativo de La Puerta, el Pbro. Oswaldo Gonzalez.

El progresivo fomento urbano y el crecimiento poblacional

Para saber sobre los primeras casas, solares y predios que se fueron fomentando, así como elementos referenciales en sus cercanías, encontramos que el señor Abreu, escribió en su particular catastro, que, <<Al extremo norte de la Calle de Abajo, hoy avenida Páez en el límite con los terrenos de la sucesión Viera-Orellana, frente al hotel Guadalupe se encuentran las bases de cal y canto de la Capilla-Oratorio del Pbro. Francisco Antonio Rosario, por lo que se le da el nombre de “El Oratorio”>> (En: Abreu Burelli, 203). Aquellos terrenos, son los mismos que corresponden a la hacienda del padre Rosario, según los documentos del Resguardo Indígena de La Puerta, desde el río, hasta donde esta construido dicho hotel, incluida la fragante y curativa Quebrada La Guadalupe.

Esta calle, con sus escasas y viejas casas de techos de fajina y fuertes tapiales, fue modificándose a partir de la década de los años 70, con el auge de las  macroconstrucciones en el área urbana, pero se mantuvo como un espacio de aceptación social, donde la memoria comunitaria ha quedado marcada.  En la parte ubicada entre avenida Bolívar, parte del terreno del Oratorio de la Virgen de Guadalupe, construido por el padre Rosario, y la avenida  Páez, el señor Felipe Viera, construyó varias casas, que ocupaban trabajadores de su hacienda, asimismo, se estableció la alemana “Pension Europa”, luego “Pensión Momboy”, hoy en ruinas. Al frente se estableció uno de los más destacados centros de comida y recreación familiar “El Panal” de don Benito Sanchez. Jose rafael abreu,  antiguo cronista, escribió sin mayores detalles que para 1905, en la transversal 2 de la avenida Bolívar, en su parte alta de la hoy calle 2, ocupaban con casas <<Don Manuel Muchacho, oriundo de Escuque. Don Francisco Bello, de origen italiano>> (En: Abreu Burelli, Un valle, una aldea, un río. 201. La Puerta.2007). Los solares y terrenos fueron cambiando con la construcción de nuevas casas, a espacio urbano y sociable, mejorada la calle con el tiempo al pavimentarla en los años 70, la construcción de aceras muy angostas y dotándola de iluminación eléctrica.  

En el tramo, que va desde la avenida Páez hasta el río, o parte baja de esta transversal 2, existían las casas de <<doña Brígida Duarte; doña Anita Torres>> (Abreu, 202), esto, fue en 1905, cuando existían sólo unas 40 casas en todo el pueblo. En esta parte, fueron fomentando casas, nuestra recordada amiga la valerana señora Ilse Salinas Godoy, el señor Hugo Rosales Bello, y personas  oriundas de poblaciones vecinas, como Timotes, La Mesa de Esnujaque, Jajó, Mesitas de Niquitao, Mendoza, y Valera, luego del Zulia y Barquisimeto, y algún otro personaje como Pablo Freites, cantor y cuatrista nativo de los llanos centrales, quien vino con la compañía del proyecto de electricidad.  

Una de las historias destacadas del siglo pasado, es el del Chalet construido poco a poco por el señor Tomás Wickle y la señora Rosalía, la esposa. El señor Tomás en los años 70, levanta la estructura metálica del chalet, según recuerda Alfonso Araujo, ex prefecto de La Puerta; posteriormente van construyendo el resto, chalet, que aún se conserva, igualmente, el señor italiano Manghini y su señora construyen su casa.

Quizás el áspero  y hosco nombre de esta calle difiere de la bucólica cotidianidad del entorno, pero es un fiel testimonio de su pasado. Ha sido el camino público, de uso cotidiano, al campo deportivo  de la comunidad, entre dos filas de fríos y verdes solares,  para ir a los sitios de trabajo, escuelas, a realizar diligencias, sino un espacio de paseo, de juegos infantiles, es donde primero se ven rodando los carros de rolinera decembrinos, que expresa el aprecio que se tiene por ella, dentro de un proceso donde los vecinos de forma voluntaria, preservando aspectos ambientales, sociales, servicios, han venido construyendo su propia geografía y su propia historia, muchas veces sin el apoyo de las autoridades.

El Papa León XIV, recientemente a propósito de la indiferencia de la sociedad y gobiernos, ante algunas realidades y conflictos sociales, demográficos, generacionales y ambientales, ha precisado que  “nuestras ciudades no son lugares anónimos, sino rostros e historias para custodiar como tesoros valiosos” (Reporte Católico Laico. 29-12-2025); parece parte de un enfoque patriarcal, pero es eso, nuestras calles, manzanas, veredas y el mismo ordenamiento y nomenclatura urbanos, en realidad, son un invalorable patrimonio que se debe cuidar y mantener, al igual, que sus elementos históricos y culturales. 

Hay un elemento que guarda el rastro de lo que era, es su marca o distintivo: la forma angosta, recta, en declive que se dirige al Bomboy. En los viejos documentos de adquisición de casas se desprende eso, y lo mas importante, en la memoria de los hijos de los viejos pobladores, se mantiene vivo ese interesante pasado urbano, esa especie de alma colectiva, centrado en lo que se conoció como la calle ‘El Matadero’. Hoy, de acuerdo a los designios de la Ingeniería Municipal, se llama Calle 2 de La Puerta.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

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