sábado, 28 de febrero de 2026

La plaza Bolívar, de yermo solar a emblema urbano de La Puerta.

        Por Oswaldo Manrique (*)

Desde Bogotá, huye con los capitanes Juan Esteban y Pedro García de Gaviria, otros de sus seguidores, y sus hijos. Entre el 15 y 20 de octubre de 1560, de paso para Trujillo, al culminar la Cuesta de la Mocotí, se acerca a la aldea Bomboy.  Bajando por Kombokito, se detiene y le dice a su fiel lugarteniente:

-         ¡Estamos en el quinto pino y mirad lo que me encuentro!  Señalando con entusiasmo y regocijo la pequeña y hermosa aldea indígena Bomboy. Habla el legendario conquistador español, jinete emprendedor, hábil espadachín, acompañado de arcabuceros, su nombre Juan Rodríguez Suárez, el Caballero de la Capa Roja, fundador de Mérida.  A lo que le responde el preocupado y moderadísimo Esteban:

-         Capitán, vamos con la hora pegada en donde la espalda pierde su noble nombre. Suarez, cansado y con su humor negro, le coincide con:

-         Sí,  vamos con la prisa de los que huyen. Su ferviente compañero le replica:

-         ¡Estáis hecho polvo Capitán!  El Caballero de la Capa Roja, hace seña, se movilizan con el intérprete y entran, van al yermo solar y centro del caserío, donde son bien recibidos por los habitantes. Al rato están brindando en la fila de asientos de piedra, desde donde podia observar el movimiento de trueque de productos agrícolas, mantas, tejidos, cestería y artesanías, y alzando la jícara de barro y viendo la expresión jovial de aquellos anfitriones, que se acercaban a verlos y compartir, le dice a su fiel compañero:

-         ¡Esto es la leche, Juan! ¡Esto es la leche! Dándole a entender la grata sensación de estar con aquella gente, y apreciando el frescor y buen sabor de la chicha de maíz, que le habia brindado una de las mujeres de la aldea.

Llegando a la ciudad de Trujillo, su paisano Diego García de Paredes le dio protección y se negó a entregarlo a las autoridades del Virreinato. El Capitán Fundador lo designa en el importante cargo de Teniente de Gobernador de Trujillo, pero ansioso de involucrarse en la conquista de los Caracas,  le dan tropa y sale a combatir. A los pocos días, se conoce la noticia, que los aborígenes asaltan un campamento minero donde mueren 3 de sus hijos, por lo que se intensifica la persecución y ofensiva contra los indígenas.

Hace varios años, escribí acerca de la plaza Bolívar de La Puerta, publicado con buena recopilación de datos, historiográficos y de la oralidad comunal, que han venido difundiendo los estudiantes y otras personas interesadas en los monumentos de esta Parroquia. Cumpliéndose este 2026, los 83 años de su inauguración, con motivo de los 160 años del nacimiento del Libertador, que lo fue en 1783, en esta interesante composición de años, vale la pena compartir nuevos e interesantes datos de la plaza. 

Una pequeña valoración histórica, nos sirve para introducirnos en uno de los lugares emblemáticos de los trujillanos, que cada día, cada semana y año recibe a visitantes de distintos lugares del planeta.

Desde tiempos inmemoriales, este espacio social, fue el centro de los primeros pobladores del Valle, en el que ocurrieron sus más importantes actividades cotidianas y gestos de hermandad como el brindis de la chicha de maíz a los visitantes, o de encuentros violentos como el que sostuvo con los marañones del capitán portugués y primer encomendero de este lugar Tomé Dabuyn a finales del siglo XVII.

La peligrosidad de una emboscada y ataque de los indígenas rebeldes, así como la boscosidad y el frío intenso de los páramos en aquel tiempo, obligaba a los invasores europeos a buscar refugio en las aldeas indígenas pacíficas, fueron varios los capitanes que tomaron posada en este pacifico sitio. 

El año de 1608  fue dramático, el Obispo Alcega, convierte la aldea Bomboy en un pueblo de concentración de indios esclavos encomendados y comienza a darse el traslado de los Escukeyes, Xaxoes, Esnujakes y otras familias de nación Timotes, censándolos en este yermo solar. 

Cuando varía la condición social del indio esclavo, este fue el sitio donde se reunió el 14 de noviembre de 1687 la población aborigen,para el censo y formalizar el decreto del Rey de extinción de las encomiendas y dar una media libertad a los indígenas. 

En 1777, aquí en este yermo lugar, se reunió la indiada con el Obispo Mariano Martí en su revisión y visita pastoral, encontrando 349 almas. Luego, ocurrieron concentraciones como las de 1781 y 1783, al insurgir contra el gobierno del Rey de España, y a la vez, manifestar su adhesión al movimiento liberador de Tupac Catari. Antiguamente Plaza Real era la denominación que se le daba en tiempos de la Colonia al espacio central de los pueblos, en honor al Rey de España, y como símbolo del régimen monárquico.

En 1810 se paró aquí, la india tributaria María de la Paz Bomboy, cargando al último de los descendientes de Bomboy el caudillo indígena, antes de entrar al templo de San Pablo, para que el prócer independentista y padre protector Francisco Rosario lo bautizara.

Un tiempo, la plaza central de La Puerta fue tal como la describió Mario Briceño Iragorry <<solo un solar abierto sembrado de menuda hierba por donde estuvo corriendo una acequia de agua cristalina que abastecía los moradores>>; corresponde esta descripción física a la primera década del siglo XX. 

En 1887, fue espacio de guerra, violencia política y pillaje, en el conflicto entre las tropas de los llamados “Ponchos” (Oligarcas) y los “Lagartijas” (liberales).

Hasta 1891, en que fue despojada de sus tierras, fue el principal espacio social de la tranquila comunidad indígena Bomboy, conocida por muchos años como Resguardo Indígena de La Puerta.  Esta es una época de interés por los hechos históricos que ocurrieron, uno de sus visitantes más relevantes llegó en 1883 en su juventud, siendo estudiante universitario, y en 1888, ya graduado de médico, la visitó con atención el hoy Santo de América, Dr. José Gregorio Hernández, que tuvo la perspicacia de calificarlo para la posteridad, como un pueblecito histórico. 

Un antiguo cronista la describió: <<La plaza era el escenario de los grandes acontecimientos del pueblo: en torno a ella se hacían las procesiones religiosas, los paseos de las bandas de música en los días de fiesta, las corridas de toro, las corridas de cinta. Pero cotidianamente no era sino el principio y fin de las calles del pueblo y de todos los caminos que conducían a él>>(Abreu, 43), también escenario de hechos de guerra, en tiempos de caudillos.

En 1915, aquí se concentró y salió la tropa de los caudillos antigomecistas el legendario coronel Sandalio Ruz, el coronel Américo Burelli, a enfrentarse alas fuerzas leales al gobierno comandadas por el coronel liberal Felipe Uzcátegui el popular “Tragabalas”, éste, recuperó la plaza a los pocos días, como símbolo de poder.         

José Rafael Abreu, en 1969, escribió que, <<hasta 1930 había alrededor de la plaza solamente 11 casas y en una de ellas, que aún existe, hubo una pulpería, propiedad de doña Chinca Briceño y que, para 1900, era la única del pueblo>> (Abreu).

El señor José Rafael Abreu, en su memorial resume que, <<eso fue la plaza hasta 1942, cuando un grupo de vecinos con entusiasmo y aliento patriótico se reunió en una asamblea popular a fin de formar una asociación que se denominaría “Junta pro plaza Bolívar>>.

El Decreto Presidencial que dotó el emblemático espacio.

En 1942, el Dr. Numa Quevedo, Presidente del estado Trujillo, decretó la construcción de la llamada “Plaza Pública”.  El texto del Decreto es el siguiente:

<<Construcción de la Plaza de La Puerta.

Dr. Numa Quevedo.

Presidente del Estado Trujillo.

CONSIDERANDO:

Que en casos muy especiales, como el presente, la construcción de una plaza constituye una necesidad de carácter colectivo, en uso de sus atribuciones legales,

DECRETA:

Artículo 1° Procédase a la construcción de la Plaza Pública de la población de La Puerta del Distrito Valera.

Artículo 2° Se comisiona para la dirección técnica de los trabajos, al ciudadano Ingeniero del Estado.

Artículo 3° Los gastos que ocasione el cumplimiento del presente Decreto, serán por cuenta del Capítulo XXI “Obras Publicas”, Partida 383 del Presupuesto General de Rentas y Gastos Públicos del Estado.

Artículo 4° Comuníquese, publíquese y dese cuenta a la Asamblea Legislativa del Estado, en sus próximas sesiones ordinarias>>; este apartado presupuestario nos indica que la plaza fue construida al año siguiente: 1943. (Memoria y Cuenta de la Secretaria General de Gobierno. Año 1942)

El salto de Plaza Pública a Plaza Bolívar de La Puerta.

El grupo de técnicos e ingenieros de la Gobernación, diseñaron un hermoso proyecto que fue presentado a la “Junta Pro Plaza Bolívar”.A los pocos días de haber comenzado la construcción de la Plaza, el mismo gobernador, informa al Jefe Civil, don Gonzalo Viloria, que el general Isaías Medina Angarita, había donado el busto del Libertador, para que se instalara en un buen pedestal con placas de mármol y los correspondientes epígrafes recordatorios, ahí se produjo un embellecimiento espiritual de la obra, lo que agradó a la gente y artesanos de la comunidad procedieron a construir un hermoso pedestal sobre el que se alojó el sobrio busto del Padre de la Patria, por lo que dejó de ser la “Plaza Pública”, y pasó a llamarse Plaza Bolívar.

El mismo Abreu dejó referencia de este hecho, señalando <<entre los contribuyentes a Don Rafael González Briceño, quien además de tomar parte activa de la junta, dio la cantidad de 500 bolívares, que en aquellos tiempos era una suma respetable y a Don Gonzalo Viloria, quien como Jefe Civil, vigiló personalmente los trabajos de construcción. El busto del Libertador así como las placas de mármol con inscripciones conmemorativas, fueron donadas por el Presidente de la República, general Isaías Medina Angarita; el pedestal fue construido por artesanos de la localidad>>(Abreu, 44). Todo el cemento utilizado en esta obra, fue obsequiado por el Ejecutivo regional.

La gente sorprendida y alegre, bromeaba y echaba cuentos, cuando llegó el busto a la Casa Municipal fue un acontecimiento, lo iban a ver los niños y los mayores, aquella hermosa escultura de la cabeza y parte superior del tórax del general Bolívar que fue realizada por uno de los grandes estatuarios de la época, contratado por el general Medina. Algunos decían: - ¡Llegó la autoridad!, lo que nunca molestó a don Gonzalo, destacado medinista.

Esta obra, es contemporánea a la apertura del Hotel Guadalupe, el arreglo de la carretera Valera-La Puerta, y con la inauguración del Aeropuerto, que dieron un fuerte impulso al turismo trujillano.

 La nueva Plaza fue inaugurada el día de San Simón, 28 de octubre del año 1943, como tributo a los 160 años del nacimiento del Padre de la Patria.

Tres años después, cuando el Presidente Medina es derrocado por un golpe militar, se produjo en este espacio, el alzamiento armado y posterior encarcelamiento de Gonzalo Viloria el entusiasta conductor de la obra de construcción de la Plaza, quien junto al legendario Pancho Delgado y otros vecinos, salieron en defensa del Presidente de la República, que les hizo la Plaza y donó el busto de Bolívar.

En los años 80, volvió a ser espacio de rebeldía y punto de encuentro de la más selecta y variada representación intelectual, ambientalista, social, artística, universitaria y cultural del país, motivada solidariamente por la arremetida del urbanismo depredador en La Puerta.Aquí plantó su canto solidario con esa lucha, Alí Primera y la Trova Bolivariana.

El poeta nativo de la vecina población de Timotes, Pedro Pablo Paredes, destaca una hermosa descripción de la nueva Plaza, construida en 1943, escribió: <<Nos inspira afecto especial, mucho más que cualquier cosa, la plaza principal del pueblo. Con sus árboles, con sus matas, con sus flores, todo simétricamente dispuesto. Con sus andenes, siempre limpios y acogedores. Con su padre de la Patria en el centro: cordial y grave al mismo tiempo, inagotable en su elección moral. Desde esta plaza lo atalayamos todo. Los vecinos que pasan afanosos. Los pájaros que revuelan, juguetones, entre el follaje. Las nubes que, arriba, pasan y pasan. Del Momboy (Bomboy) que a muy pocas cuadras, da su regalo de frescura. El monte imponente. El monte sube del lado oeste del pueblo, casi vertical. Nos quedamos largo tiempo columbiándolo>>(Pedro Pablo Paredes). 

La Plaza de hoy, no se parece a la que detalla con alto vuelo el poeta Paredes, pero sin duda alguna, sigue siendo un espacio donde se puede sentir la esencia andina, la fibra de los nativos de la Serranía de La Culata y su legado cultural y tradiciones populares y religiosas. Todos la paseamos, caminamos, la vemos, la usamos, pero muy pocos conocemos su historia o el bojote de historias y vivencias que hay detrás de ella. Ahí les dejo eso. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 21 de febrero de 2026

Bomboy el caudillo, trenzando la resistencia permanente en medio de la derrota

Por Oswaldo Manrique.

Podíamos señalar que a raíz de ese encuentro violento entre el Señorío Tribal y el Poder imperial, representado por dos célebres varones de su tiempo, uno caudillo indígena, el otro ocupante de tierras por “derecho de conquista” y con buena indiada (Encomienda del Valle de Bomboy) en el 1600,  surgió y fue el inicio que echó las bases para la formación del pueblo colonial esclavista denominado “Pueblo de Doctrina San Pablo Apóstol del Bomboy”, antes comunidad indígena Bomboy, en el territorio en donde hoy está levantada La Puerta.


Mucho antes de que llegaran el Portugués y sus jipatos barbudos.

En 1549, cuando el español Diego Ruiz de Vallejo, entró a Escuque y a los distintos pueblos serranos buscando minas de oro e inventariando sus riquezas, los indios fueron hostiles, oponiendo resistencia y guasábaras de guerra. Tenía la orden expresa de exterminar a los rebeldes (Hermano Nectario María. Investigación.1963), que dieron pequeñas victorias a los indígenas comandados por el caudillo Bucay.  Fue en ese año, cuando seguro se produjo, la decisiva conversación entre el viejo jefe del Valle del Bomboy y el inmutable, talentoso y maravilloso sacerdote Chegué, a raíz de haber recibido a unos Zaparas que huían de la persecución por algunos desvaríos en la laguna de Coquivacoa. Cansados y hambrientos se les brindó con la acostumbrada jícara repleta de la chicha fresca del día. El sumo sacerdote, al llegar  a la casa principal de la aldea, se acercó a la mujer e hijos del caudillo, y los roció con el agua que sacó de su bolso sagrado, preguntándoles:

-         ¿Ih-match-kupe? Todos le respondieron:

-         ¡Kuek suaj! Él, riéndose asintió con la cabeza.


Cuando estaban reunidos los dos, sin testigos, se sentaron frente a frente, en la estera. Chegué le preguntó por los dos Zaparas que habían estado en la aldea, y le dijo:

- Mabujay-ustate. Se les atendió de puerta abierta, como a otros amigos, que vienen por los caminos del Coquivacoa, les dimos manta y comida. Ese día, comimos guaka. Pero al verle los ojos que se alojaban en la profundidad, entendió la importancia de esos hombres. El sabio le dice:

- Huían porque se negaron a obedecer a los forasteros que saquean La Laguna.

- ¿Y quiénes eran?  Chegué, parsimonioso y calmo, le respondió:

-  Son dos pequeños jefes y traían noticias extrañas de más allá del Coquivacoa.

- ¿Cómo cuáles Chegué? Interrogó el viejo caudillo.

- Comenzaron con lo que está ocurriendo en las costas cercanas a La Laguna, y más allá, la quema de los mares de los Caribes y Taínos, candela y cenizas.

- ¿Qué les ocurrió? Insistió el principal de la tribu.

- Llegaron unos hombres extraños en canoas enormes, movidos por telones y el viento sobre las olas. El sacerdote impulsó el interes del jefe y este lo sondeó:

- ¿Cómo son esos extraños hombres?

- Con mucho pelo en la cara, jipatos y hablaban que sólo ellos se entendían en su lengua secreta -agregando- saquearon y quitaron todo a las aldeas  y el que desobedece lo agarra el Keuña.

El anciano jefe del Bomboy era un ser pacífico, no se molestaba, ni se enfadaba siempre buscaba conciliar pero desde ese día se alojó en su pensamiento ¿Será que nos vienen tiempos de oscura tormenta, como los de Dorokokoe? ¿Será un castigo? Hizo una respetuosa reverencia al Chegué, del que esperaba obtener buenos augurios. Y, simplemente salió a caminar con su cuchillo de obsidiana, su sombrero de cola de burro y con su inquebrantable energía hacia sus lugares secretos quizás a la Piedra de los Muñecos en el Maen Shombuk (Siete Lagunas) a consultar al firmamento celeste y a Kachuta. La posibilidad del castigo futuro para su pueblo, tenía que consultarlo, para saber si llegaría a esta aldea.

         Al meditabundo y maduro cacique, solo se le escuchó:

-         <<Madre Chaseugn que estás en la montaña, con tu pálida luz alumbra mi cabaña. Padre Reupa, que alumbras con ardor, no ilumines el camino al invasor>> (Del Canto Guerrero). 

Varios años después, en 1557 entra a Eskuke el extremeño Capitán Diego García de Paredes y sus soldados, invade y ocupa el pueblo aborigen del cacique  Jaruma, al tomarlo, lo convierte en la ciudad denominada “Trujillo”, pero ésta, quedó envuelta en la crueldad y el valiente Jaruma, ante esa situación convocó a la guasábara de resistencia a sus escukeyes, se reúne con Pitijoc y su lugarteniente Pitisay, y acudió por ayuda en los pueblos cercanos como los Bomboyes, Jajoes, Esnujaques y Timotes, y consigue también ayuda de los chacoys Mimbós, Cáus, Cheregüe y de los indígenas moradores de la Laguna: de los Motilones, Buredes, Quiriquires, Moporos, de los Bobures con su jefe Alile; y con ellos emboscan y dan muerte a varios invasores españoles. Al mejorar la situación de la guasábara, Jaruma se calma, pero no Pitijoc ni Pitisay quienes continúan con el acoso a los españoles, porque percibían el grave peligro que éstos representaban. 

Para este tiempo, Kusman, trae al mundo al principal señor del Bomboy,  hijo del viejo caudillo, a  quien formarán como jefe  principal e histórico de los nativos de este Valle. Se calcula que pudo haber nacido en 1559.  Bomboy, el sugestivo nombre que le puso, en lengua indígena es río de aguas espuma, fuertes y altivas. Este Cacique o Chacoy, fue el líder de los aborígenes de las aldeas dispersas a todo lo largo de este valle y sus páramos.

Por los requerimientos ancestrales establecidos por la nación Timotes, el carácter de este notable jefe indígena, con su particular sensibilidad, era el de un hombre reservado, reflexivo ante las turbulencias que le tocaron, observador de los hechos y de decisiones firmes, contrastaba con sus rasgos fisonómicos, de total dinamismo, baja estatura, articulaban en él una reconocible belleza, hasta el punto de fundir su nombre con el de su tierra y río sagrados: Bomboy. 

La llegada del Capitán portugués y sus huestes al valle de Bomboy.

Salían de sus chozas de piedra, acercándose al centro de la Aldea, cuando vieron entrar una fila de soldados, todos armados, sudorosos, algunos con armadura, comandados por uno montado sobre el lomo de su bestia negra que golpeaba el suelo al andar, imponente aquel hombre, de ojos profundos y barba castaña, fornido, con capa abierta y gorra de terciopelo. El que cargaba el estandarte se paseaba de un lugar a otro, enseñando la cruz colorada, a la que eran fieles. La tropa de soldados iba a pie, con experiencia en el uso de la espada, el arcabuz y la lanza. El Comandante era el Capitán portugués Tomé Dabuyn, Buy o Avoin.

El Capitán portugués, de los primeros conquistadores, Alguacil Mayor y Alcalde de Trujillo (1571 a 1576), decidió antes de ocupar definitivamente las tierras del Valle, lograr la conversión de Bomboy el caudillo, quería entenderse con él. Tenía claro sus objetivos y se los dijo: convertir los indios que encontrara al cristianismo y lograr juramentarlos como vasallos del Rey de España y se la habia dicho:

- Aquí haremos un pueblo para ustedes, tendrán que pagar tributo a su Majestad, de todo lo que haya de valor aquí, de todo lo que encontremos, de todo el algodón, las comidas y cualquier riqueza.

Un día pudo observar como el padre Montero le predicaba a un grupo de indios, por medio de un intérprete que andaba con él, posiblemente de los de la encomienda de Joan Roldán, acerca de lo que significaba el único Dios de los cristianos. Los nativos se tornaron sorprendidos, agitados y sin entender y le preguntaron a Bomboy, y éste, también sorprendido, les dijo: 

- Nuestros dioses que son varios, no los podemos abandonar, si lo hacemos nos caerá castigo a todos. 

Más allá del río, había un sitio tupido de manglar y guadua, sumergidos de tal forma que protegía la desembocadura del río, su escape y junto con la aromática vegetación y la alegre fauna convertían aquello en un paisaje paradisíaco, lo llaman el Cío. En las mañanas iban las mujeres y sus hijos a bañarse, a lavar y a conversar. El portugués y varios de sus marañones armados cruzaron el cercado de guadua y se encontraron con este lugar emplazado en el propio lecho; allí estaban reunidos. El Capitán portugués emplazó a Bomboy diciéndole:

- ¡Alegraos cacique, que aún estáis con vida! Muchos murieron desde este encuentro, algunos quedaron discapacitados, otros sin orejas.

- La derrota no es una situación permanente -dijo Bomboy- en su dramático y profundo soliloquio. 

Se calcula en base a las cifras aportadas en 1579 por el Alcalde de Trujillo, Alonso Pacheco, que en este Valle había una población aproximada de 5.500 habitantes. En 1608, quedó reducida a un poco más de 900 habitantes. El 26 de marzo de 1601, el Gobernador Alonso Arias Vaca, le otorgó al Capitán Juan Álvarez de Dabuyn, el vencedor de Nigale y los Zaparas, la “Encomienda Valle de Bomboy”, que había desistido su padre Tomé Dabuyn Pereira, por el que pagó 120 pesos por derechos. Tomé  tuvo encomienda en Boconó desde 1560.    

Vencidos e invadidos en 1575 prácticamente suprimidos, las tribus y comunidades pasaron a ser “vasallos” del nuevo Rey, a pesar de eso, para el joven Bomboy había otro tipo de resistencia para reivindicar la dignidad de su pueblo.

La cosa cambió en 1608, cuando el Obispo Alcega transmutó el Valle de la laboriosa y pacifica comunidad, en “Pueblo Cabecera de Doctrina” o de concentración y reducción de indios esclavos. 


El espacio territorial de Bomboy, es un valle surcado por un importante río que se une con el Motatán. Sus riveras con el tiempo se fueron convirtiendo en caseríos y pueblos, alrededor de las sementeras e industrias incipientes. En 1608, el Obispo Alcega, organizó para Trujillo la 7ma. Doctrina, en la que incluyó la “Encomienda Valle de Bomboy”, constaba de más de 900 indígenas de la etnia Timotes.  Junto con el Obispo Alcega, llegó el sanguinario Capitán Juan Álvarez Dabuyn.

A su lado, con extrema preocupación, se encontraban presentes y a su lado, Jasepe e Yguara, principales y cercanos colaboradores, observando como familias enteras iban llegando al estrecho valle, sometidos por las huestes y marañones de los capitanes y asistidos por unos hombres, también barbados, con faldones largos, rezando y cantando en su extraña lengua detrás del estandarte amarillo con la cruz colorada.  Así miraron, como iban llegando los valerosos Escukeyes, invadidos y derrotados.

Mientras, en el páramo de las 7 Lagunas, se asentaban los animosos Xikokes, en Tierra de Loza, se establecieron los alfareros, cerca Komboko y su tribu en los límites de los Esnujakes y Jajoes, de esta parcialidad fueron trasladados por su rebeldía varios grupos indígenas, y el cacique Pitimay se asentaba con su gente hasta los lindes de El Humo, en el valle del Bomboy en una reconstruida comunidad, ejercía el liderazgo de la dispersa tribu indígena de las riberas del río, el llamado Cacique y señor del Bomboy.  Partían de aquí, las bases humanas y materiales sobre las que se cimentaría con el tiempo, un pueblo llamado San Pablo Apóstol del Bomboy, conocido hoy con el nombre de La Puerta.

Acabaria Bomboy, sometido y encomendado (Titulo de Encomienda Valle de Bomboy, otorgada a Juan Álvarez de Dabuyn 19/05/1611). Para el momento de la llegada del encomendero colonizador Juan Álvarez de Dabuyn, hijo del “Portugués”, ya Bomboy era un hombre mayor, de amplia experiencia y con mucha sabiduría dentro de los labriegos de la tribu. Su comunidad se encontraba  fortaleciendo la fase de sedentarismo y la aplicación de las técnicas agrícolas y del modelo de producción colectivista de los Timotes.

Probablemente nuestro caudillo indígena por unos pocos días, vivió, fue testigo de la invasión militar y religiosa por los infantes y curas europeos. En pocos años la magnitud de la ocupación por la encomienda y el reparto, fue desplazando forzosa o voluntariamente a los indígenas, quienes sólo contaban con armas muy simples y rudimentarias para enfrentarlos y resistir la ambición del colonialismo. Se desconoce en qué sitio y cómo murió Bomboy, ni en qué fecha, salvo que en 1611 fue mencionado en el otorgamiento de la “Encomienda Valle de Vomboy” y “Quebrada de Comboco”; se piensa que fue una de las primeras víctimas del encomendero Juan Álvarez de Dabuyn,  para coronar su objetivo de ocupación de este valle, luego del genocidio cometido en el Lago de Maracaibo; no obstante, cierto es, que la vida del jefe Bomboy, a la llegada de los genocidas invasores, estuvo cargada de mucha angustia, sacrificio, de turbulencias, de desgarro de su mundo comunitario, armónico y tranquilo, y su reacción de rechazo lo convierte en un glorioso personaje de  la  historia de esta interesante, laboriosa y pacifica comunidad de “hablantes del Muku o Mutú”.

La derrota no es una situación permanente.  Elementos y expresiones de la indirecta y pacífica resistencia indígena permanente:

Cuando he planteado lo de la resistencia indígena en el área de las encomiendas del “Pueblo de Indios San Pablo Apóstol del Bomboy”, hoy La Puerta (no confundir con la Encomienda y posesión del mismo nombre ubicada en la parroquia Mendoza, norte del Valle), como respuesta al despojo, maltrato, sometimiento e invasión europea, lo sostenemos en varios elementos que considero importantes, a saber: la omisión por parte de los cronistas, de más de 80 años de historia (1600-1687), sin referencia documental demográfica alguna sobre la marcha y evolución de este pueblo indígena, a pesar que se estableció el régimen de encomiendas con distribución de más de 5.000 indígenas, delimitación de tierras, inicio del proceso de formación de la propiedad territorial y fundación de pueblos; lo que también ocurrió con otros pueblos andinos (Martí, encontró en 1777, como primer Libro de Registro de bautismos, matrimonios y defunciones de esta parroquia, uno de 1.720, afirmando la existencia de 349 almas (Briceño Perozo: 92). Los datos del censo realizado en este pueblo de doctrina, por el Alférez Diego Jacinto Valera y Mesa, Alcalde de Trujillo, en que registra que de los 4 caciques y 2 mandones de este Pueblo de Doctrina, establecida la economía de plantación, haciendas de caña dulce, trapiches, molinos, industria de cuero y telares, sólo había un jefe ladino y de buena razón, los demás no querían hablar en castellano (Encomienda del Capitán Alonso Pacheco de Mendoza, nieto del genocida Juan Pacheco Maldonado), explica la fuerte resistencia que había para ese tiempo en aceptar la religión católica, tampoco hablar el español y menos aceptar las costumbres europeas (Acta de Valera y Mesa. Cuarta Doctrina. 14 noviembre 1687, en Castellanos Villegas, Rafael Ramón. Recorrido por las tierras de los Cuicas. pág. 79).

Existen datos importantes que perfilan, una resistencia indígena de carácter permanente en el pueblo de Bomboyes, hasta su genocidio en 1891. Se puede destacar que no hablaban el español, lo conocían pero siguieron comunicándose en lengua timote (Martí, 1777). Otra de las quejas del Obispo Mariano Martí, era que estando todos catequizados en este pueblo, no cumplían con las actividades litúrgicas católicas (Martí, 1777); seguían con sus ritos y creencias politeistas.

Los censos de población realizados a lo largo del devenir de esta parroquia, se observa la progresiva disminución de la población indígena de La Puerta, entre ellos los realizados por: Alcega en 1608, otorgando y ordenando las primeras encomiendas de indios; Valera y Mesa en 1687; el ordenado por el Presidente liberal Antonio Guzmán Blanco en 1875; los resultados del Juicio de Partición de las posesiones del  resguardo indígena en 1891, que fue la fase final del proceso de desintegración y privatización de las tierras del resguardo y extinción de los indígenas; el recorrido del geógrafo francés Bennett en 1920, que demuestran en conjunto una línea conductual genocida por parte de quienes se apoderaron de este valle del Bomboy.

 La obvia fuga o huida de quienes se protegían de las garras de los genocidas (Castellanos), yéndose para protegerse, a los páramos, a los cumbes o a los pueblos motilones del lago.   

Un dato no menos interesante por lo sugestivo es que en el informe del Obispo Mariano Martí de 1777, los pueblos de Siquisay, Santa Ana, Carache, Boconó, Santiago del Burrero, Jajó, la Mesa de Esnujaque, Escuque, San Jacinto, tenían caciques hereditarios, mientras el pueblo de La Puerta no tenía cacique hereditario ni electo, ni conforme a las leyes de indias de 1614 y 1628, que consagraban el respeto a ese derecho. Esto nos sugiere que, para este año en que hizo la evaluación de esta comunidad indígena, habían sustituido o liquidado el cacicazgo natural hereditario, lo que se traduce en signo de resistencia de los aborígenes, a pesar que, se pudo conocer que hubo herederos del cacique o tabiskey Bomboy, en la primera década de la época republicana cuando menos, por encontrarse un acta de bautismo que da fe de su nacimiento (Libro de Bautismos de 1810, de nuestra Parroquia). 

Mantuvieron el apellido de su cacique, por lo menos hasta 1810. El apellido Bomboy, bien por emplearlo sus descendientes o parientes o bien como tributo a su caudillo rebelde, lo siguieron utilizando los nativos de La Puerta, aun a comienzos de la época Republicana. En el memorial de José Rafael Abreu, señala que en el libro de Bautismos de la Parroquia La Puerta de 1810, se encuentra una partida que reza lo siguiente: En La Puerta en quince de julio de mil ochocientos y diez años puse ole y chrisma y di vendicion Canónica conforme al Ritual Romano a José Manuel hijo natural de Ma. La Paz Bomboy, India Tributaria de este pueblo: nació el día ocho de mayo del presente año: lo bautizó Juan Bernabé Briceño y lo tubo Concepción Tafalléz y en la Iglesia José Ignacio Tafalléz y su mujer María Elena Rondón, tributaria de este pueblo…Franco Rosario D. (Abreu, José Rafael. La Puerta, un pueblo. Editorial Arte. 1969). Obsérvese que, a pesar del comienzo del tiempo independentista, y de haber transcurrido dos siglos de genocidio, los indios esclavos tributarios insistían en usar como apellido, el nombre del cacique Bomboy, en lugar del encomendero. Esta acta de bautismo, está suscrita por el padre y prócer independentista Francisco Antonio Rosario, párroco de La Puerta.

De la misma forma, trascendieron sus topónimos indígenas, por encima del coloniaje cultural con toda su fuerza histórica, no así los antropónimos. El hecho documentado que fue un pueblo que se mantuvo étnicamente casi totalmente puro.

Los comentados antecedentes, nos ayudan a tener una idea, que el principal líder de esta comunidad y sus herederos y seguidores, estuvieron trenzando la resistencia permanente ante la derrota, por lo menos hasta 1891,  ante esa mezcla de pasividad y de guerra, de resistencia y de crueldad esclavista, de locura y esperanza, que se produjo a raíz del encuentro violento del grupo de conquistadores, comandado por el Capitán portugués Dabuyn, en la comunidad indígena Bomboy. Comunidad ancestral que tenia como destino, según nos induce a pensar el Dr. José Gregorio Hernández en su visita en a la aldea en 1888, la formación de estadíos superiores de convivencia. Este pasaje dialéctico de pasiones y convicciones indeclinables, forman parte de la historia local de La Puerta. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 7 de febrero de 2026

Cuando al trujillano Domingo Briceño “El Negro", se le ocurrió libertar a Maracaibo

Por Oswaldo Manrique (*) 


En su cómoda, fresca y castiza vivienda en el norte de Caracas del siglo XIX, sentado en un mueble de cuero, y conversando en sus días de otoño, con Zoila Llamosas Tovar, su segunda esposa, el destacado médico y escritor, le dio por recordar algunos de los acontecimientos y hechos ingratos para su padre y sus parientes, de los que decía, que <<sobre ellos pesaba algún enojo de los Dioses>> (Dávila, 292).  Él lo llamaba "el estigma de los Briceño". 

-  Zoila, mi papá  desde 1810, se comprometió con la causa patriota, y fijate con buenas propiedades y negocios en Trujillo, porque era nativo de Mendoza,  inició en Maracaibo el movimiento independentista.

-  Pero José, al suegro lo apresaron los godos, y tuvo que pasar largo y penoso encierro en la Isla de San Carlos,  y se lo llevaron con grillos a Puerto Rico. ¡No jile, así tampoco! Le agregó doña Zoila.

-  En aquel tiempo no le paraban a la adversidad, al escapar de la cárcel de Puerto Rico, <<vuelve al servicio de la patria, y es factor decisivo en el pronunciamiento de Maracaibo por la independencia, aquel 28 de enero de 1821>> (Briceño Perozo, 125). La esposa resignada y solidaria dijo:

- Debemos reconocer que, sí, Don Domingo, era muy terco, no dobló el lomo, ni ante el mismísimo Bolívar

- Así es, por eso <<se le ha llamado al Libertador de Maracaibo>> (Briceño Perozo, 125, Rosales, 159).


Desde que sustituyó al Dr José María Vargas, su maestro, en la Cátedra de Anatomía de la Universidad, en 1853 hasta 1882, José de Briceño Carmona, acostumbrado a sus horas del recuerdo, le repetía a doña Zoila, su balance del cumplimiento del compromiso con el linaje de los Briceño. Ella pacientemente lo escucha. 

*

El anciano José de Briceño Carmona, Maracaibero, sonreía a veces en sus soliloquios, recordando sus acciones militares:

-   ¡Y como alférez, carajo! Dirigiéndose con una ligera y cómplice sonrisa a su amantísima esposa: 

- Mi padre orgulloso en 1821, triste y feliz, ya había liberado a Maracaibo, mediante un golpe de timón en la gobernación monarquista, lo que fue motivo de ruptura del Tratado de Trujillo, cuando se enteró que fuí <<el abanderado del batallón Tiradores en la propia y definitiva batalla de Carabobo>>, se le hinchó el pecho. (Briceño, 125). Ella para demostrarle interés en su repetida conversación, le dijo: 

- Claro Negro, toda tu familia se enteró, solo faltó Antonio Nicolás, que tuvo que verte desde el cielo.  Él con la sinceridad característica, le agregó:

- Aunque fue el general Páez, quien me <<confirió el grado de Coronel>> ¿te acuerdas?

- Si, ya bien viejos los dos. Le precisó doña Zoila, dándole una sarcástica palmada en la pierna.

El Dr. José de Briceño Carmona,  fue gobernador de Caracas, y se le recuerda más fácilmente porque estableció como tiempo de recreación y salud popular la fiesta de Carnaval, y las rumbas allí, no se olvidan.  En medio de la conversación conyugal, interrumpió una de las señoras domésticas y le informa:

- Don José, ahí en la entrada lo busca un tal Briceño, no dijo de dónde viene ni quién lo manda. El anciano médico le contestó con su celebre frase:

- <<Que entre, que si no es mi deudo es mi esclavo>> (Dávila, 292). Doña Zoila, lo vio con cara de estupefacción.


La monarquista Provincia de Maracaibo y el asentamiento conspirativo del “Negro” Briceño.

La cerrada y monarquista Provincia de Maracaibo, fue impenetrable para el movimiento independentista republicano, salvo una excepción, la conspiración de 1812, cuyo más notable cabecilla fue el trujillano Domingo Briceño y Briceño, llamado "El Negro", por el color de su piel, y en el campo político: "El Socialista", por sus ideas radicales y de avanzada. Nació el año 1780,  en la Hacienda “La Concepción”, en Mendoza del Valle de Bomboy, de la provincia de Trujillo, Venezuela.

Se graduó en la Universidad de Caracas, en Derecho en el año 1803. Graduado, <<Domingo salió rumbo a Maracaibo donde fundó hogar junto a la maracaibera doña Ramona Carmona>>. A la muerte de su padre el abogado realista Antonio Nicolás Briceño en Mendoza, regresa a hacerse cargo de la Hacienda Santo Domingo, cerca de valera, que le tocó en la herencia, la que pierde posteriormente por causa de la independencia.

Según uno de sus biógrafos,  <<era de carácter violento. Tuvo altercados hasta con el mismo Bolívar, por sus ideas socialistas>> (Isilio Antonio Rosales. Valores Heroicos. Página 159. Trujillo.1988); para la época en que se discuten los principios republicanos y democráticos defendidos por “El Negro”, y los contrarios por Bolívar.


El "Negro" Domingo Briceño, desde el Valle de Bomboy a Libertador de Maracaibo. 


Atrevido y valiente operador político, demostró en la clandestinidad, perseverancia y solidez en sus convicciones radicales; para 1812, la idea revolucionaria <<germinaba entre la sombra. Juntabanse allí, dentro de la sacristía, los numerosos afiliados. Bajo la máscara de una hermandad religiosa, la "Escuela de Cristo", engañaban la suspicaz vigilancia de las autoridades españolas>> (Dr. Marcial Hernández. Discurso del 29 de enero de 1921. Momentos Solemnes del Zulia en el siglo XX. Discursos Históricos. Pág. 42. Fundación Zuliana para la Cultura. Caracas. 1995); Pedro Porras el gobernador de Maracaibo, dormía tranquilamente mientras los planes y acciones de esta hermandad surgían y se desarrollaban en la oscuridad de la noche.

En el plan acordado por los conspiradores, << la tentativa o ejecución se fijó para el 26 de marzo, Jueves Santo, a la hora de las estaciones en las iglesias. El plan consistía en prender al gobernador, alzar el grito de independencia en el cuartel de artillería con la tropa seducida; combatir el cuartel de pardos, si no seguía buenamente la revolución; y someter al batallón de blancos, bisoño y escaso en número>> (Hernández, 42). Domingo era partidario resuelto del movimiento independentista y del golpe de palacio y cuartel, contaba con un particular grupo de correaje, entre las que estaba una amazona del Valle de Bomboy: su sobrina Narcisana Briceño de La Torre.

Agregó este ilustre exponente de la zulianidad, que, <<La conjura no pasó de conato a tentativa. La denunció a Porras uno de los últimos afiliados: Servando García. ...No contento Servando con abandonar la causa y delatar a los comprometidos, marchó al frente de una tropa de catalanes para ejecutar las prisiones>> (Hernández, 43). Los falsos y alevosos, quebrantando la lealtad.  

La mayoría de los que acompañaron al “Negro” Briceño, estaban decididos a liberar a Maracaibo, pese a que,  <<Conspirar en aquel tiempo era como adelantar un pie hacia el carro del triunfo, y el otro hacia el patíbulo>> (Hernández, Pág. 44), el riesgo de los independencistas.

Al referirse al socialista y más notable conspirador en Maracaibo, señala el Dr Hernández que, cierto escritor lo retrató, física y moralmente así <<Domingo Briceño el Negro, teólogo, abogado, literato>> (Hernández ,44), se debe agregar que también era apasionado, vertical y radical en sus posturas políticas, digno hermano del prócer y mártir coronel Antonio Nicolás Briceño, degollado en 1813.

En su disertación conmemorativa, el destacado historiador zuliano Dr. Marcial Hernández, concluyó: <<por el mérito de servicios ulteriores, Domingo Briceño y Juan Evangelista González fueron agentes de eficacia en 1821 para la incorporación de Maracaibo al movimiento de independencia>> (Hernández, 44).

En otro discurso memorable, el que dio el doctor Vinicio Nava Uribarrí, en 1921, en el acto Centenario del Pronunciamiento de la Provincia de Maracaibo en favor de la Adhesión a la República de Colombia,   refirió lo siguiente:   <<En 1811 se organizó un plan conspirativo mediante reuniones secretas efectuadas en las casas de las familias Carmona, González y Delgado que fue denunciado ante las autoridades por fray José Antonio Dávila>> (Vinicio Nava Uribarrí. En: Momentos Solemnes del Zulia en el siglo XX. Discursos Históricos. Página 46. Fundación Zuliana de la Cultura. Caracas. 1995); esta familia Carmona es la de  Ramona Carmona, esposa del "Negro" Domingo Briceño, y la González, es la familia de Juan Evangelista González, el compañero y destacado conspirador que acompañó a Briceño en este complot o sedición. (Nava, 46).

Nava Uribarrí ratifica en su discurso que <<El 1° de marzo de 1812, la Junta Patriótica de Maracaibo denominada "Escuela de Cristo", empieza a poner en práctica un movimiento independentista pero fracasa en los preliminares por traición de Servando García>> (Nava, 47), pero lo más importante: el germen revolucionario había inoculado. 

En efecto, este nuevo complot y ejecución surtió sus efectos, una <<Revolución que venían preparando entre otros, Domingo Briceño, Juan Evangelista González y su propio hermano Juan Evangelista Delgado quienes ya habían tenido conversaciones múltiples con emisarios del general Rafael Urdaneta>> (Nava, 57). El denominado por algunos historiadores el post golpe o salto de talanquera.  

Como parte del plan, el patriota Juan Evangelista González, es quien suscribe y lanza un manifiesto independentista a nombre de los pueblos de la Cuenca lacustre, desde Gibraltar, en 1820. Seguidamente, se da el de Maracaibo. El pronunciamiento es el siguiente "El M. I. A. de esta ciudad de Maracaibo, a 28 de enero de 1821, reunido en Cabildo Abierto en la Sala Consistorial... cuando se haya convencida esta corporación del anonadamiento y degradación política en que el gobierno de España mantiene a los pueblos de América que restan bajo su ominosa dominación solo por el sistema opresivo de los mandatarios...debe en su consecuencia declarar como declara al pueblo de Maracaibo, libre e independiente del gobierno español>> (Nava , 57).

Había estructurado con su hermana Narcisana, dedicada a la lucha por la independencia, un correaje que le facilitaba hacer los contactos en forma rápida, velada y sin sospecha con los hermanos Delgado, los curas Antúnes y del Pulgar, o con los hermanos Vales, o los empingorotados Diego de Melo y Pinto, con los Baralt, Almarza, Aguiar, la mayoría vigilados, desde la intentona de 1812.

Estaba de gobernador militar de aquella plaza el maracaibero Francisco Delgado, de modo que todo estaba dispuesto para su intento. El licenciado Briceño y José María Delgado, hermano del gobernador, salieron ocultamente y se entendieron con Urdaneta,  <<todo quedó dispuesto y el 28 de enero del 21 se dio el grito de independencia>>, habían quebrantado el Armisticio. Delgado el gobernador realista se pasó a las fuerzas patriotas, <<Briceño como instigador de todo, cumplía con su deber, pues era un simple particular y había sufrido larga prisión por pretender la independencia de Maracaibo>> (Dávila, 278); Narcisana conspiradora, no se podía perder estar ahí, en el preciso hecho del grito de independencia de Maracaibo, tomó sus pistoletas y se las puso en el cinto.

Briceño, acompañando a Delgado, asumió el cargo de Intendente y  Gobernador político interinamente, pero aquel renunció ante Urdaneta. Bolívar se alegró de esta renuncia, guardando viejos rencores, <<la inquina de Bolívar contra el hermano de Antonio Nicolás, a quien no había aun perdonado ni el litigio que le ganó en los tribunales de Caracas, ni la emulación en la empresa de libertar a Venezuela>> (Dávila, 279), algunos historiadores pretenden, calificarlo como un  escueto complot, cuando desde 1810, “El Negro” ha sido el cabecilla de la conjura, para ocultar, y no disipar si Nicolás, le compitió el liderazgo en esa misma coyuntura histórica.

Su hijo Pepe, el Cura Manuel y el estigma de los Briceño.

Corría el año de 1884, cuando el mismo Pepe se encuentra con su primo el presbítero doctor Manuel Antonio Briceño, eran esos días de julio caluroso en la ciudad de Caracas y se le habría escuchado esta conversación: 

- Primo en días pasados te envié una carta rechazando aquella solicitud para inspeccionar los hospitales por aquello del <quietismo... compañero inseparable del sepulcro>>, ya tengo 77 años encima. El Cura, hombre accesible y atento, le ripostó una sola palabra:

- Comprendo.Dijo el levita sobándose la sotana. 

- Además, no me iban a dar ese cargo, recuerda que a mi padre <<el Libertador de Maracaibo, al que mantuvieron los españoles en el castillo de San Carlos con una barra de grillos durante 7 años>>, solo tuvo de recompensa un cargo administrativo aquí en Caracas (Dávila, 364-365). Agregó Pepe Briceño.

Ciertamente, Bolívar lo designó Administrador General de Tabacos en la Provincia de Caracas, algo que Briceño conceptuó como un pretexto de este,  para sacarlo del círculo político. Lo que valió para enfatizar más la animadversión que siempre existió entre la familia Briceño y Bolívar.

Animado por los recuerdos y conversaciones  familiares, de lo que Pepe los relataba de una manera fresca, le respondió: 

- Claro que lo recuerdo, y todos en la familia lo comentamos. El ilustre profesor de medicina, convirtiendo el tema en una critica:

- Pero lo real es que todos sus compañeros de lucha <<llegaron fortunas a su familia mientras mi padre tú lo sabes, nacido opulento, fue enterrado por sus hijos, porque su fortuna la perdió en la guerra magna>> (ídem). El sacerdote atemperando la irritación en las palabras del primo, intentó calmarlo con:

- Pepe, a veces ese es el costo de la lucha, la incomprensión.

- Y para más colmo, los diputados <<le negaron una pobre pensión que solicitaba en su achacosa ancianidad>> (ídem).  Al reclamo de lo injusto, le reconoció:

         - Lo sé primo, como para no olvidar. Pepe se levantó de la cómoda silla y le  manifestó:

- No es que se quiera cobrar los laureles, por lo de mi tío Antonio Nicolás “El Diablo” primer mártir de nuestra independencia. Son los servicios de Domingo Briceño a la Patria. A pocos metros, doña Zoila, dice:

- ¡Solo Paez, Solo Paez!

Al quedar desintegrada la Gran Colombia, y durante el primer gobierno del General José Antonio Páez, éste lo nombró Gobernador de Maracaibo. Regresó a Caracas en 1834, y a partir de esa fecha tuvo una dinámica y agitada vida política, muriendo de edad avanzada.

 

Sin embargo, a pesar de la confianza y el respeto que se tenían, le reveló lo siguiente:

-  Aparte Manuel, yo creo que eso es una estigma, <<una misteriosa e incomprensible estigma>> que tenemos los Briceño. 

- ¿Por qué dices eso Pepe? Respondió: 

- Fíjate que en recompensa le dieron un simple cargo como administrador en la provincia de Caracas, y hasta le negaron una pensión. Con algo de asombro, el sacerdote le dice:

- A mi me suena como a cierto, eso que dices, primo, porque cuando concluí mis estudios de teología por allá en 1843, y pedí al Rector mi grado, fui al único al que se lo negaron en la Facultad, y eso que yo ya era Presbítero (Índice documental Archivo Histórico ULA. Tulio febres cordero. 1915. En: Boletín Archivo Histórico. N° 5. 2001). Se acercó doña Zoila, con dos buenas jícaras de café y se las sirvió. 

- Es que pesa toneladas de dignidad y méritos el Cristo de los Briceño, el que se ganó Don Sancho. Pero dispensa la guama, querido amigo y primo.

- Si, Pepe, tomemos café y conversemos de otras cosas.

El objeto de esta crónica, no es abordar el viejo debate de si Maracaibo participó o no en el proceso de independencia o si es más patriota que otras provincias, sino por lo siguiente: En una propuesta, de incorporar una nueva estrella a la bandera nacional, en representación del Zulia, por el tardío proceso de incorporación al movimiento independentista republicano, la participación estelar y el mérito del Negro Briceño, se obvió. 

Olvido, que quizás se debe a eso que hemos comentado en otro lugar, como la profecía  del Dr. Fausto, que persigue a esta estirpe de los Briceño, con aquello de  <<auguro grandes desventuras y un trágico final>(Herrera Luque, 124), fueron las palabras que dijo antes de que partiera Hutten y sus hombres, en su odisea por lo que seria Venezuela.  Uno de los principales guerreros españoles que acompañaron a Hutten en su empresa, el capitán Sancho Briceño, quien fue el primer alcalde de Coro, quien  tuvo vasto conocimiento del dramático periplo de Hutten en Venezuela y de la materialización de la profecía de Fausto, se asentó en Trujillo. El viejo cronista Juan de Castellanos, en el canto Segundo de su obra Elegías de Varones Ilustres de Indias, lo llamó <<joven de siniestro hado>>, o de fuerza y reacción irresistibles. Sancho, es séptimo abuelo del “Negro” Domingo Briceño y sus hermanos próceres, nacidos en el Valle de Bomboy, al igual que de los La Bastida. ¿Será que el hijo del “Negro” Domingo, se refería a la profecía del Dr. Fausto? 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta

La plaza Bolívar, de yermo solar a emblema urbano de La Puerta.

          Por Oswaldo Manrique (*) Desde Bogotá, huye con los capitanes Juan Esteban y Pedro García  de Gaviria, otros de sus seguidores, ...