Por Oswaldo Manrique (*)
Cuando el padre Ramon de Jesus Trejo,
finalizando la década de los años 40 del siglo XX, tomó la
iniciativa de construir el nuevo templo de La Puerta, se propuso algo amplio,
hermoso, dotado de luz natural, como recinto religioso digno y de oración
de toda la familia; en su concepción, incluye reordenar la
iconografía, revolucionando y actualizando el tema de las reliquias y su
simbolismo. Se deduce que revisó las viejas reliquias e imágenes, las ordenó y
les dio nueva ubicación, agregando otros Santos, como el Negro San Benito e
inclusive, uno que no era Beato, ni Venerable y menos Santo: el Dr. Jose
Gregorio Hernandez Cisneros.
Sin demoler el viejo templo parroquial y
armado de su joven y emprendedor espíritu y acción social y religiosa, con el
apoyo de esta comunidad católica, dio comienzo a su obra esplendorosa. Luego de
varias interrupciones por la falta de recursos, con la negativa de colaboración
del gobierno, en plena dictadura a la cual no era afecto, y sin concluir los
acabados arquitectónicos, pudo al poco tiempo, finales de la década de los años
50, abrir las puertas del nuevo templo para su funcionalidad y realizar los
actos litúrgicos, asimismo, organizó al grupo de devotos y animó la celebración
del nacimiento de Dr. Jose Gregorio Hernandez Cisneros, y auspició con sus
fiestas, la promoción de la obra de este hombre virtuoso y caritativo, y, la
visita de los peregrinos que por esas fechas, iban a su antigua Parroquia,
donde hizo los primeros años de vida pastoral, desde
1929: Isnotú. De igual forma, como lo hizo en dicha
Parroquia, imprimía y distribuía hojas con la misma imagen y
oraciones sobre el Medico de los Necesitados, que van circulando gratuitamente
entre los feligreses para difundir la vida de aquel ser, cuya devoción asumió
de manera responsable.
Los funcionales Vitrales del templo de
La Puerta.
A finales de los años 50, cuando el padre
Trejo termina la construcción del hermoso templo de San Pablo (antes de la
remodelación del arquitecto Gasparini en 1964, tenía hacia el lado norte, una
entrada y una plazoleta donde hoy está el Colegio Parroquial y la Casa Cural.
En la fachada oeste que da a la calle y la plaza Bolívar, solo tenía tres
Vitrales con sus nichos de igual altura y ancho altura y al mismo nivel
horizontal, de izquierda a derecha: San Pablo Apóstol, San Benito de Palermo y
José Gregorio Hernández.
Los vitrales son componente integral del
diseño estético y religioso del padre Trejo su constructor, que a la vez,
definía la línea arquitectónica que guía la ornamentación del templo.
El primer Vitral tributo a José Gregorio
Hernández, de todo el planeta.
Está obra en vidrio, que forma parte de
nuestro patrimonio cultural religioso local, diseño del padre Ramón Trejo, y
elaboración del artesano italiano Salvatore, este año está cumpliendo 70 años de su elaboración, y 61 de la
inauguración formal del templo San Pablo Apóstol de La Puerta, que exhibe este
hermoso vitral, el primero que se hizo en el país, como tributo a nuestro Santo
trujillano, Dr. José Gregorio Hernández Cisneros.
El padre Trejo salvando las distancias
manejaba al igual que Gaudí el elemento luz natural. El sol, es el mejor
pintor para Trejo, a cualquier hora del día en el interior del templo se
presentaba una atmósfera tranquilizante y de regocijo gracias precisamente a la
luz del sol que entra por estos vitrales de colores en su hermosa policromía
que están en la parte baja para que los feligreses los puedan ver.
En el vitral de José Gregorio, predomina el
blanco, con el color amarillo en la sala, piso blanco con juntas en negro
grisáceo, que combina con la camilla azul celeste y él, vestido de bata blanca
y pantalón azul oscuro; más allá, en la sala hospitalaria del fondo, el piso de
color arcilla, pared de cuadros en amarillo, cama y sabanas en blanco, la
ventana destaca el verde de la montaña sobre lo nevado, que plantea un juego de
colores cálidos que incitan el ingreso de los rayos del sol por la fachada
oeste y principal del templo, generando mucha iluminación, en este espacio agradable
y de regocijo espiritual, junto con los colores frescos o fríos, me refiero a
los azules y verdes, que producen esa sensación de quietud,
paz y silencio agradable y necesario para el que gusta de la oración
individual.
Al lado del anterior, se observa, mucha
alegría, la que despliega el vitral de San Benito; en su fondo, predomina en
forma de listas o rayos el color blanco y el amarillo, bordeado por
nubes de color violeta, rosado, azulosos, el Santo en el centro,
destacando con su hábito de color marrón, combinación cromática psicológica que
genera mucha energía, esfuerzo, encuentro y por supuesto, regocijo.
Uno de los elementos interesantes que se
reflejan en la obra del padre Trejo, es el de la iluminación de este recinto de
oración y encuentro. Se puede captar que, tomó en consideración el sol, sus
rayos penetran al interior de la edificación, de acuerdo a su trayecto diario o
rotación alrededor de la tierra, dándole esa funcionalidad lumínica a los
significativos vitrales.
La secuencia es la siguiente: los primeros
rayos del sol, los de la mañana, se posan en el fondo del Templo, por el este,
hacia el presbiterio y altar mayor, y van recorriendo y surtiendo
calor y luz a través de los cristales adyacentes al techo de la parte superior
de la nave central, un hermoso e iluminado espacio se observa en la parte
interior del templo, notándose, desde esas ventanillas claras y conjugadas con
los hermosos vitrales, la imposición del color y de la luz natural, esto,
durante el dia, hasta llegar en horas de la tarde a los vitrales de hermoso
colorido de la fachada principal, donde los rayos del sol alumbran
totalmente con su luz natural la parte oeste, es decir, la parte interna de la
fachada principal, ocurriendo el atardecer y el ocaso de la jornada
vital. Hecho diario, que invita a ir allí, para disfrutar y compartir ese
espacio, creado para orar, para reflexionar y la meditación.
El señor Víctor Delgado,
uno de los viejos cronistas populares de esta Parroquia, a quien afectivamente
le decíamos “el Gordo Víctor”, que trabajó desde que cumplio 18 años de
edad, en la construcción del nuevo templo San Pablo Apóstol de La Puerta, desde
1948, relató que el Padre Trejo, estaba atento en la creación del vitral,
asesoraba al maestro Salvatore, recién llegado de Italia, quien poseía estudios
de arquitectura, y también era herrero y vitralista, en cuanto a las cualidades
y características del Santo Negro y del otro, que no era Santo, le suministró
fotografías, le entregó una pequeña biografía, para la elaboración en láminas
de cartón grueso, del boceto general del Dr. José Gregorio Hernández, que
sirvió de modelo, semejante al que podemos disfrutar hoy en la fachada del
templo parroquial, y estuvo en todas las fases, en el corte de las partes,
definición y contraste de colores, el trazo de vidrio duro y grueso, y lo
acompañó en la labor de armar aquel rompecabezas, unir, probar y soldar el
metal, y pegar las piezas de vidrio, en el enmarcamiento, labor de más detalle
(Manrique, Oswaldo. El “gordo” Víctor Delgado. 2019. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com).
El cura quien descubrió las facultades artísticas de la pintora Josefa
Sulbarán, aportó parte de su conocimiento estético a estos vitrales, todo un
legado iconográfico muy propio de su sabiduría.
A pesar que hace pocos años, con el ruido
de la santificación, a un párroco se le ocurrió cambiarlo de nicho, se puede
observar que el colorido de sus pinturas, el estado de los materiales y la
proyección de la composición artística y de luz, aún se conserva, así como, su
capacidad de iluminación, de transmitir calidez y tranquilidad en este recinto
para la oración, aun se mantiene. Su combinación de fragmentos de contornos y
líneas definidas de Vidrios planos, transparentes que permite ser
traspasado por los rayos solares, dotan al templo, de belleza, arte, sencillez,
sobriedad, simbolismo, y funcionalidad vivencial.
En esta pequeña nota, se
intenta reflejar varios aspectos importantes de la evolución espiritual de La
Puerta, desde mediados del siglo pasado, marcado por la lucha y el emprendimiento
grande de este sacerdote Trejo: el Templo de San Pablo Apóstol. Por esa
sencillez, sobriedad, belleza e historia de este monumento religioso andino,
digno legado de su creador, el Padre Ramón de Jesús Trejo, y sentido
símbolo religioso de nuestra Parroquia y de Venezuela, que merece ser valorado,
difundido, exaltado y comentado por todos.
(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.



