sábado, 31 de enero de 2026

La centenaria casa de Mitrídates Volcanes, el último montonero.

Por Oswaldo Manrique (*)        


    Definitivamente para los andinos, la casa de la familia, más que de descanso, es el lugar para conversar y escucharse, para la madurez, el entendimiento y adjudicar responsabilidades. Allí, “El Cholito”, casi una burusita, con su par de lochas en los cachetes y sin saber el significado, escuchó del abuelo:

    - ¡El hombre se conoce por la palabra y el toro por los cachos, Carajo! Una de esas interesantes y hondas frases del último montonero de La Puerta, de aquellos tiempos en que la palabra pesaba más que un documento oficial.  


    La casa expresa y simboliza los valores éticos, morales, familiares y cristianos, así como, la cotidianidad del grupo que la cohabita; por supuesto, hay mayor carga de responsabilidad en quien la construyó para habitarla con  sus seres más apreciados e importantes, para convivir con ellos, protegerlos, alimentarlos, orientarlos, solidificar los vínculos y darles afecto, casi siempre el jefe de familia, el padre o taita. De lo que se trata es del hogar y se considera a éste, el espacio más importante de y para la vida del ser humano y la familia, enfrentando los rigores de la naturaleza y de cualquier otra contingencia. Por eso lo asume como su espacio vital, lo suyo, lo que le pertenece, centro de sus actividades personales y familiares.

    Para los historiadores, etnólogos, sociólogos, antropólogos y demás investigadores también en el campo de la arquitectura y la ingeniería, la casa como obra vieja, por su estado de conservación, ayuda a develar y descubrir la concepción de la vida, que orienta a quienes la habitaban o la habitan.  El objeto de este articulo, es describir la casa de un hombre de extracción social campesina, según sus descendientes nacido en Pueblo Llano, estado Mérida, quien supo sobreponerse por encima de la adversidad;  muy joven, escuchó que por esos lados y rumbos, andaba el legendario, temido y anatemizado coronel Sandalio Ruz. El bisoño campesino, preocupado por su situación de pobreza y constreñido por algún problema con otro, para salir con prontitud de la zona, esperó en un lugar por donde pasaría el aguerrido Coronel. Allí lo abordó, conversaron unas pocas palabras, e inmediatamente lo incorporó a su tropa como aprendiz de guerrillero. Pudiera verse como un acto de aventura, pero para la época era un acto de rechazo a la injusticia social y la miseria que abundaba por esos campos andinos. Su nombre Mitrídates Volcanes (1866-1954).

    Se dio cuenta inmediata, el Coronel, que este muchacho, que andaba en harapos y a pie, sincero en su incorporación a su grupo militar, era de los que se le notaba sin tenerlo, el mandador sobre el lomo de la bestia, e intuía que seria bueno para comandar tropa.  Nunca se imaginó el joven oriundo de Pueblo Llano, lo que iba a cambiar su vida andando de montonero;  de viejo le contaba a sus nietos, que cuando ya tenía mayor experiencia estaba en la oficialidad, iban de campaña, se le acercó uno de los novicios troperos, casi un niño, con mucho miedo, le temblaban las piernas, las manos le sudaban, y sentía que se le movía el filo del machete. El merideño Volcanes, se le quedó viendo y le dijo:  

- Quessse quieto, que cuando mi Coronel dé la orden de mermar cabezas, usted enterrará los miedos. Ese hecho, le hizo recordar su primera vez en combate, cuando con apenas unos calzones y un filoso machete, recibió la orden del Coronel, después de llamar a rendición, devolverse y soltar una monstruosa carga a machete; allí mismo, con su grito lacerante:

- ¡Yo no vengo a rendir, vine a  mermar!  Esa frase, la recordó y la repitió Mitri, ante sus familiares y amigos hasta el final de sus días, viendo sus marcas de piel de guerra y enseñando las posiciones de combate en su mapa imaginario con su dedo más tieso que una barra; de esa forma la escuchó su nieto el dirigente campesino Ramón Volcán, el Cholito, padre del profesor Carlos Volcán (QEPD) y del emprendedor Oscar Volcán, habitantes de La Maraquita;  así eran las cosas, por lo menos entre la tropa del coronel Sandalio Ruz.

    Una casa campesina andina, sus características físicas.

    Rodeada de tupidos cafetales, y frondoso cambural, la casa campesina  del valiente Mitrídates, alojó durante más de una centuria, a la familia Volcanes. Está situada, en el sector o caserío El Pozo muy cercano a La Maraquita, zona oeste de la  parroquia La Puerta, municipio Valera, estado Trujillo en Venezuela.

    La composición que le dió Mitrídates a su casa, fue la tradicional y funcional indígena, guiado por el factor de protección a la familia, el área de adentro, donde se desenvuelve lo íntimo, lo oculto y lo reservado exclusivamente a la familia, y aparte, lo que se conoce como “lo de afuera”, el área para los amigos, visitantes, extraños, para tratar de negocios, una especie de zona cautelar; y entre ambas áreas, existe una pared de barro que las delimita y sirve de protección, inclusive para lo que consideran malas influencias y augurios. 

    Cuando comenzó a construirla, luego de poner las bases de piedra, esperó a que fuera menguante y se fue al páramo de las Siete Lagunas a cortar árboles para sacar los horcones y la madera de las puertas de la casa. Como lo tenía previsto, con sus compañeros montoneros buscó fajina en uno de los cañaverales cercanos, la puso a secar, luego la fue tejiendo sobre el techo, hasta que cubrió toda la casa. 

    Los perros ladrando de un lado a otro, van avisando que se acercan extraños o visitantes. La cerca de estantillos y alambres de púas, obligaba al visitante a esperar, a que alguien saliera, controlara los perros y le abriera el falso para entrar a la casa de este guerrillero “Rucero”. 

    Entre las habitaciones y la cocina que es el principal lugar para recibir las visitas de familiares que vienen de lejos, inclusive los amigos de  Pueblo Llano, Jajó, La Mesa y de Timotes,  existe un pequeño y angosto pasillo o pasadizo, que les da acceso independiente a la misma, separado del recinto de dormitorio. También, se pasa de inmediato, al corredor de arbustos, que conduce a Hato Viejo y a las distintas salidas a los Páramos y a la rosa de las Siete Lagunas, y por si fuera poco, al Mar Caribe. Era la ruta de los “Zarcilleros” que apoyaron a Sandalio en su revolución contra la “Gonzalera”.

    ¿Quién podía en aquel tiempo, comentar que aquella vivienda, podía ser tan acogedora y cálida? Otros, con la visión y percepción humana, observaba que estaba en el centro de un pequeño prado, constituido por obra de sus propias manos y de su familia, de abundantes árboles frutales, y hasta donde se podía ver, era un solo tapiz cargado de flores de distintos colores y olores, muchas buenas tardes, corsé, cala blanca, hortensia, sangria, lagrima de Cristo, frailejones, españolas, y tabacón, que crecían  bajo la guiatura y cuido de Micaela Sulbarán, el gran amor de Mitrídates.

         Entre algunos alisos y viejos cedros, se amontonaban arbustos medicinales, menta silvestre,albahaca, anís, malojillo, oreganón, berbería, yerba buena, hierba sagrada y hasta  frailejones, que le daban frescor a esa pequeña lometa, donde se halla la casa de un solo piso, de fuerte bahareque, de techos bajos. Las habitaciones se calentaban desde el fogón interno que salía de la cocina, que se encuentra en un nivel superior y que hay que cruzar un pasadizo, para subir a la sala que sirve de cocina y comedor. Desde que la construyó, en la primera década del siglo XX, fue la residencia de Mitrídates Volcanes y de su esposa Micaela Sulbarán, también de sus hijos, Eleuterio, Carmelito, Vitalosia, Anita y Micaela Volcán, convirtiéndola en su lugar, hogar y refugio.

    Dentro de la acumulación de recuerdos, que conservan  sus parientes,  el oficial rucista, no dejaba que las paredes, permanecieran desconchadas en sus pinturas calizas, o que la invadiera el verdín de la humedad natural del lugar. Siempre había, para darle los retoques necesarios. El techo como la mayoría de las casas campesinas de La Puerta, era de fajina de caña y paja, que al pasar muchos años, fue sustituido por nuevo elemento, la lámina de zinc. 

    Su emplazamiento, orienta su frente, con el fin de que le pegue rayos de sol durante el día y conservar y disfrutar el calor en la noche, enfrentando la escala de los 8 a 14 grados de frío. La típica fachada andina, con blanco, mezcla de cal fermentada con sales gruesas y almidones, le daban la brillantez y pulcritud, que combina con su puerta principal de tablones gruesos, de madera del Páramo,  y el apretado techo de fajina, y en su conjunto, destaca con el entorno floral y frutal, sus árboles, arbusto y matas de distintas variedades aromatizantes y medicinales, que lo convirtió en un campo holístico de felicidad y sosiego para la familia Volcanes.

    La huerta, de sitio cercano, no escapaba a la asistencia diaria de Micaela y sus hijos e hijas, en el cultivo de alimentos y frutos de la comida diaria, de ahí, sacaban hortalizas, ramas de aliño, ají, cercado para que no se metan los animales. Como en desfile y algarabía permanente, andan las gallinas y pavas, con las perdices, algún puerco y otros animales domésticos que podían vender. Mas allá las vacas. Parcela que con el tiempo, se fue convirtiendo en un espacio productivo para la subsistencia de la familia. Pero a la vez, fue el cuadro vivo ideado por un cultor de paisajes, llamado Mitrídates Volcanes. Su cultura constructiva era la tradicional, una mezcla de la funcionalidad y armonía indígena, con las técnicas y usos traídos por la colonización europea, es decir, la concepción mestiza del siglo XX. 

    En este pequeño predio, cercano a La Maraquita, la selva que le tocó domar, fue formando su matrimonio, su grupo o núcleo familiar, deforestando, despedrando, organizando y desafiándolo. Otro de sus nietos, el señor  Pablo Volcán, me expresó que Mitri escapando en sus andanzas guerrilleras se refugió un tiempo en Montecarmelo, y de allí vino casado con Micaela Sulbaran. De esta familia, emanaba la calidez humana, sinceridad campesina y familiar, para que el que llegara se sintiera como en su propia hogar. Fue esta casa el núcleo central de actividades de los campesinos del entorno y de los guerrilleros de fin de siglo.

    La anciana casa, a la espera de sucesos importantes.

    La abultada cantidad de años, más de cien,  que tiene esta vivienda, es el mismo tiempo que tiene el emprendimiento y la intervención audaz de Mitri y un grupo de campesinos sin tierra, en una zona inhóspita, selvática, montañosa, de peñascos y voladeros, para convertirla en una productiva: La Maraquita.  Sus tierras colindan con la finca El Pozo, propiedad de Audon Lamus, próspero comerciante de La Puerta. Llegaban hasta el mismo nudo de La Maraquita, las trabajaba con medianeros y parceleros, bajo las viejas costumbres indígenas de la “vuelta e mano”, “convite” y otras formas comunitarias que se usan en estos páramos agrícolas. 

Mitrídates Volcanes, el ultimo montonero rucista de La Puerta.

    Los hacendados cercanos, godos y ambiciosos hicieron buena llave con Mitrídates, sabían que era un hombre con mucho potencial favorecedor a la gente campesina. Reconocían que el hombre sabía de agricultura, nativo de Pueblo Llano, estado Mérida, curtido en astronomía, conocía de los movimientos atmosféricos y espirituales, pero además, era un hombre de armas.  

    La parte trasera de la casa, se fue convirtiendo en un espacio de reunión y consulta, y de brindar café a los amigos y vecinos del pueblo, allí vieron al hacendado Ciriaco Carrasquero, al maestro José Rafael Abreu, al coronel Américo Burelli, Cesareo Parra, Antonio Parra, otros personajes de comunidades aledañas y por supuesto, el “taita” Sandalio Ruz, no comulgaba con Araujeros. Se transformó de un célebre guerrillero nacionalista, en un consultor de asuntos agrarios.

    En su actividad campesina, colectiva, tras el enorme esfuerzo de traer el riego desde lo que hoy se conoce como “El Dique”, sus compañeros enarbolando la alegría, fiestean, cantaban y bailaban. Una de las virtudes de Mitrídates y lo demostró en reuniones en esta casa, era su buena voz para el canto. Era muy ducho en canciones populares, rancheras y religiosas, rosarios cantados, búsqueda de niños, villancicos y aguinaldos, los disfrutaban todos sus compañeros. Ahí se puso de acuerdo con Don Natividad, establecer las fiestas de San Isidro Labrador, del Municipio La Puerta, lo que recibió con beneplácito el cura párroco, y se fue organizando la cofradía del Patrono de los agricultores, fijando y organizando las festividades todos los 15 de mayo de cada año, tradición que aún se mantiene. 

    Estaba en su mente construirla, cuando le tocó acompañar al “taita” Sandalio en su revolución contra la “Gonzalera”. Peñas inaccesibles por donde se mirara. Mucha piedra había en aquel lugar, luego, aparecieron muros y pretiles, para recibir a grupos de amigos y guerrilleros, a los que no le faltaba un cuatro para cantar estribillos de la guerra y en tributo al Coronel Ruz, y alguna que otra ranchera. La mistela casera o el sanjonero, eran los sazonadores de guargüeros y afinadores de voces; lo mismo ocurría con los rosarios cantados a la Virgen, o la celebración de San Isidro, la fiesta gustaba, la mezcla de lo religioso con la algarabía popular de sacar al Santo a pasear por las calles, junto con las yuntas de bueyes luciendo las primicias, agradaba mucho mas, y la gente entusiasmada, se los pedía a él y a don Natividad Sulbarán, como organizadores de ella. Había que hacer algo, para ennoblecer al campesino que sentía ese día del Santo, como suyo. “Mitri”, como lo llamaba Micaela, reflexionó que este pueblo se parece bastante a San Isidro, por lo laborioso, paciente, contemplativo, y el pueblo es igual, pero es jodido, y los dos, son delicados, por eso, era importante resolver lo del día del Patrono de los campesinos, y logró que fuera aprobada por la iglesia.

    Fue en esa casa, una madrugada del año 1914, que salió con su afilado machete y su carabina, para alzarse contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, teniendo como primer objetivo la toma de la ciudad de Timotes, sede del poder político y del gobierno occidental, acudió a esa jornada, a acompañar a los coroneles nacionalistas Américo Burelli y al legendario Sandalio Ruz, que además, eran sus vecinos de La Puerta. Asedio que duró varios días, que al final fue infructuoso y lamentable dicha campaña revolucionaria. Le tocó escabullirse por esos Páramos.

    Alejado de la guerra, estuvo dedicado a su familia, inclusive, crió a varios de sus nietos, ejemplo nuestro amigo, hoy fallecido, don Ramón Volcán “El Cholito”, les dió los pocos estudios, que se contaban en esa época de profundo analfabetismo. Disfrutaba su morada, madrugaba para ir al otro espacio de la casa, cruzaba el pequeño pasillo para sentir el calor y el movimiento en la cocina. Veía a Micaela o a Vitalosia, la mayor, aplicando su fuerza y técnica sobre la piedra gris, escogida por él en el valle del Bomboy, para moler el maíz y el trigo, del que harían las arepas. Todavía existe esa piedra en la abandonada casa. Se acercaba al fogón, se sentaba cerca de la tapia de tierra pisada, y pasaba rato conversando con su compañera y con sus hijos y nietos, era una especie de escuela, que además disfrutaba con orgullo a sus años. La admiraba en su faena diaria, seguía su movimiento de destapar el tarro de café, retirar la olleta con el agua hirviendo y echar las cucharadas exactas para luego colarlo sin colador, así comenzaban a disfrutar el café criollo de sus propias matas, la familia Volcanes. 

    Aquí, descansó el guerrero, pasados muchos años desde que ocurrió la revolución de La Culata, y finalmente, una mañana difícil de describir, del año 1939, tan igual a las muchas que con dificultad superó, encontró sin signos vitales a su amada y cómplice compañera, Micaela. Mitrídates, quedó atendiendo la crianza de su nieto el “Cholito” Ramón Volcán, que tomó como hijo, hasta su última jornada. Un día, del año 1954, muy cansado, con el cuerpo agotado, le llegó su momento, en el que de forma dócil, silenciosa y tranquila, dejó de respirar con 98 años de edad. 

    El viejo guerrillero traía en su raída faltriquera,  la disposición social que el que necesitara posada o ayuda,  se le daba, igual la comida, eran muestras y símbolo de que se era bienvenido en aquel hogar de profundos valores familiares y cristianos.

    Partida defunción de Mitrídates Volcanes. Transcripción del original.  

<<N°2. Amable Matheus Silva, Primera autoridad civil del Municipio La Puerta, hago Constar que hoy nueve de enero de mil novecientos cincuenta y cuatro, se presentó a este Despacho el ciudadano Ramon Volcan, mayor de edad, agricultor y de este domicilio y manifestó: que hoy a las diez de la mañana falleció: Mitrídates Volcán en el sitio La Maraquita lugar de su domicilio de esta jurisdicción de este Municipio y según las noticias adquiridas aparece que el finado murió de causa desconocida de vejez, tenia noventa y ocho años de edad, viudo, agricultor, natural y vecino de este Municipio, dejó cuatro hijos mayores de edad, nombrados Eleuterio, Vitalocia, Anita y Jose del Carmen Volcan Plaza.- Fueron testigos presenciales Ysmael Briceño y Eduardo Rivas, mayores de veinticinco años, agricultores y vecinos de este Municipio.- Leída la presente acta al presentante y testigos manifestaron su conformidad y no firman por decir no saber. El Prefecto (Fdo.) Amable Matheus S. El secretario (Fdo.)>> (Libro de defunciones año 1954. Unidad de Registro Civil Parroquia La Puerta).


Las condiciones actuales de la centenaria casa de Mitrídates Volcanes, varón de La Culata.

 

    La añosa vivienda ya supera los 100 años de construida. A pesar de su persistencia sucumbe ante el tiempo. La casa de los Volcanes en el caserio El Pozo, cerca de La Maraquita, no solo fue la residencia y el hogar de esta familia, sino también, un punto de encuentro de los comarcanos campesinos, hacendados, guerrilleros, vecinos, amigos, para hablar de cosechas, cooperativas, parcelas, arrendamientos, medianerías y prestamos de semilla, tambien para conversar de las cabañuelas y la astronomía del agricultor, de tiempo de siembra, de las plagas, de la fluctuación de los precios, pero también aquí, fue donde Mitridates, comenzó a organizar e impulsar la lucha reivindicativa por la tierra, para poder plantearse junto con otros campesinos pobres, sus vidas de trigales, papas y arvejas, machetes y escopetas. Sabía por su recorrido a pie y en bestia y el conocimiento que le daba andar con uno de los caudillos más importantes del siglo XIX andino, que en asuntos de tierra, los linderos eran de goma y las cercas de bejuco. Visité esta casa en diciembre del 2020, saqué fotografías, y en un momento, conversando con uno de los descendientes de este guerrillero nacionalista, pude trasladarme a aquel contexto histórico de lucha agraria armada, para sobrevivir, no solo a la dictadura gomecista, sino a la hambruna, y ya saliendo de la pandemia de la fiebre española.

    Esta centenaria y sencilla casa campesina, es un ejemplo y modelo de arquitectura y construcción tradicional andina, que se pudiera incorporar al patrimonio histórico y cultural de nuestra región, con miras educativas, que combine y favorezca los saberes populares y los académicos.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta


 




sábado, 17 de enero de 2026

La calle “El Matadero” de La Puerta y su pasado colectivo.

Por Oswaldo Manrique.

Dicen que las calles y caminos tienen una historia tan extensa como su propio destino. La calle 'El Matadero', mucho tiempo antes de tener este topónimo sirvió de rústico paso a los primeros pobladores Timotes que se establecieron en este Valle y luego conformaron la Aldea del Resguardo Indígena de La Puerta. A partir de 1891, el viejo sendero se convirtió en precaria y anegadiza transversal entre el río Bomboy y la Calle Real, hoy avenida Bolívar. 

La calle 'El Matadero' no es solo un nombre grabado en el mapa del área urbana de este pueblo andino; es un eco de su historia y una arteria vital de su pasado. Antiguamente, esta vía de tierra fue parte del corazón de esa pequeña y diaria actividad comercial y social, donde el ganado era conducido para contribuir como alimento de los pobladores, cochinos, terneras, vacas o toretes se veían andar hacia la ribera del río Bomboy, donde los esperaban los matarifes, tablajeros, cortadores, carniceros, ayudantes y comerciantes, y la vida cotidiana palpitaba con un ritmo distinto. Recorrerla hoy, es caminar sobre la misma angosta franja de tierra, ahora revestida de asfalto negro, que vieron precedentes generaciones, un viaje en el tiempo que nos transporta a una época donde los oficios tradicionales y el espíritu comunitario definían la identidad de este rincón en las alturas de los Andes. En cada muro de tapial con puertas de madera, y en cada solar sembrado, reside el alma de una historia que merece ser contada, la de la calle “El Matadero” de La Puerta.

Eran tiempos en el que el dulce y frío susurro de la niebla espesa, arrollaba la humareda que salía de las pocas casas, al son de las viejas campanas de San Pablo. Buscando disfrazar las tapias de los solares y las amanecidas paredes de barro que sostienen el caballete de tirindí y su cabello de fajina. En la fresca, húmeda y cercana rivera este del río Bomboy, custodiado por un lado por la serranía del Pitimay y por el otro, por el filo del Páramo de La Puerta, todo, todo, supuraba un particular olor y sonido que brota de la textura de la misma tierra, de esa calle que insinúa relatos al viento: ‘El Matadero’.   

'El Matadero' no es solo eso: la franja de tierra para caminar y unas cuantas viviendas, sino que es un verdadero sentimiento surgido de las migraciones que llegaron con el boom de la construcción, establecimiento de empresas, comercios, hoteles, edificaciones, centros recreacionales del mal llamado turismo, que se fueron asentando en la populosa  zona de La Hoyada y sus alrededores.

         Aquella calle, que tuvo en 1980, su mas impactante cambio social, fue el acceso al  campo deportivo, en su lado norte, y al este, con el predio donde se levantaba la plaza de toros en las fiestas de enero de los Santos Patronos del pueblo, y como sitio de prácticas del profesor Isaac Araujo y sus alumnos de la recordada Escuela de Peritos de La Puerta de los años 60; también, ese sendero sirvió desde tiempos remotos como ingreso al espontáneo balneario en el Bomboy, que usaban los jóvenes puertenses, en fines de semana y temporadas vacacionales, cuando de “refrescarse” se trataba. 

El singular topónimo del rústico paso y la madrina de todos.

El topónimo le viene porque, en un pedazo de solar, en la rivera del río, un señor de nombre Luis Paredes, a finales de los años 1940, inició allí la actividad de matar reses, por eso, lo de la Calle El Matadero, hoy Calle 2 de La Puerta, Parroquia La Puerta, Municipio Valera del Estado Trujillo.

El señor Luis, el matarife, junto con su esposa la señora Justa, al comienzo, levantó unos tapiales, puso un rústico mesón de tablas y se tuvo como sitio donde se arreglaban reses ya beneficiadas –no mataban-,  que traía completas, dándole continuidad y permanencia a las actividades del útil  Matadero.  Según Angel Alfonso Araujo, ex prefecto de La Puerta, luego, hubo algo más estructural, un pequeño galpón, con una sola sala de piso pulido, donde beneficiaban las reses y cerdos, que lo construye el gobierno de Pérez Jiménez en sus comienzos, y allí ya mataban, atravesar y desangrar, seguido del corte y desposte con cuchillos y ganchos,  se usaban unos bandejones  metálicos, bajo refrigeración natural.

Los días miércoles, jueves, viernes y sábados, vendía la carne al público y otra la llevaban a los restaurantes; las vísceras, pajarilla, chinchurrias, corazón, asadura, cabeza del vacuno, las regalaba a la gente que iba a buscarla. 

Posteriormente, la casa del matadero, es dividida, el señor Paredes se va, y queda funcionando una pequeña carnicería, y en la otra parte libre, se muda y la ocupa en los años 50, la recordada Chuy Morillo, oriunda de las Mesitas de Niquitao, esposa del señor Manuel Terán, padres de Florentina, Luis y Crelia. Doña Chuy, fue la partera del pueblo, la mitad de los nacidos en ese tiempo, vinieron al mundo ayudados por las manos y los conocimientos de ella, la mayoría de ellos le decían “Madrina” y le pedían la bendición. Al cerrar la carnicería, se mudó la señora Rosa Elena Rodriguez de Morillo, oriunda de Montecarmelo y su esposo Onésimo Morillo, trabajador del Hotel Guadalupe; en esa casa, criaron a sus 6 hijos, uno de ellos, el Dr. Armando Morillo, destacado profesional del derecho en la zona baja del estado Trujillo.

         Los espantos que se oyen y no se ven, y los que se ven también.

La delgada calle descuaja sus propias fábulas, por la que bajan los animales, faros, gatos montañeros y descuentan los caballos relinchando en la madrugada descansando sus lomos de alquiler, y encontrándose con la silenciosa niebla, no falta el que en forma jocosa lo asocia al fantasma de la “Mula Maniá”. 

Recuerdo las narraciones de doña Chuy, con su visión hermosa de las estrellas, que se mezclaban con noches de fantasmas y aparecidos, no perdía su fascinación, bajo el tiempo de lluvia, crecida o tempestad, sobre todo cuando bajaba del sardinel de la cocina, sus frascos, ollas y potes, de su sabrosa dulceria.

Se hizo casi que comentario extranacional, el sonido del arrastre de las flaquezas del padre Rosario con su cruz a cuestas saliendo de las mecedoras de piedra,  <<El alma del Padre Rosario, ambulante por el Oratorio o descansando en las mecedoras de piedra de La Guadalupe>> (Abreu, ); es parte de ese mundo mágico, de mitos y aparecidos que se esconde en la citada Calle, y se funde con la fábula actual del encuentro de los caballos en la madrugada; por supuesto no se puede dejar de mencionar las leyendas y cuentos de los fuertes hachazos que se oían en el terreno donde hoy está la Urbanización San Benito, pero el hachero no aparecía ni en las historias de la gentil señora Chuy, ni en las del gordo Nerio Rodríguez, pero sí, en su oscuridad particular la que aprovechan para reunirse cerca del río de espuma,  hasta que comienza la burla de los cantos de las paraulatas y la escasa bendición del paují que son el deleite del profesor Leonardo Paredes para sus canciones. En aquel tiempo, me dijo mi nona Guadalupe, se calmaba el asunto cargando su frasquito de agua bendita o enfrentándolo con la frase <<¡arrenuncio a Satanás!>>.

En su camino de tierra, se conectan la tradición de este pueblo andino, con su funcionalidad de beneficiar carne para la comunidad, recordando a los que cargaban sus reses, cochinos, chivos u ovejos, y lo novedoso de expresiones arquitectónicas foráneas, y donde  no se puede apartar la alegría de niños y jóvenes, y los exquisitos dulces criollos de doña Chuy, con las voces de ese pasado que todavía cuentan algunos de los vecinos, como parte inolvidable.  

Para aquel tiempo, la parte baja de la calle “El Matadero”, en su lado sur, tenía una casa de bahareque, seguida de una pared gruesa de piedra y barro que llegaba hasta el borde del río. Dicho terreno del frente, era sembrado, luego fue sitio de prácticas de la Escuela de Peritos, en las fiestas de enero se instalaba aquí la plaza de toros, y hoy, espacio de la Urbanización San Benito (Malvinas), estaba marcado por un paredón o pretil de piedra bien ajustada, para proteger los cultivos.  Del otro lado, estaban la casa del Matadero, el solar jardín de la señora Chuy, la casa de la señora Florentina Morillo, esposa del señor Eduardo Briceño, el solar y casa de la familia Salas, del popular Arepa e’techo, luego la casa y solar del señor Camilo Paredes, hijo de don Audon Lamus el comerciante de telas. Este Camilo, es el abuelo del primer sacerdote nativo de La Puerta, el Pbro. Oswaldo Gonzalez.

El progresivo fomento urbano y el crecimiento poblacional

Para saber sobre los primeras casas, solares y predios que se fueron fomentando, así como elementos referenciales en sus cercanías, encontramos que el señor Abreu, escribió en su particular catastro, que, <<Al extremo norte de la Calle de Abajo, hoy avenida Páez en el límite con los terrenos de la sucesión Viera-Orellana, frente al hotel Guadalupe se encuentran las bases de cal y canto de la Capilla-Oratorio del Pbro. Francisco Antonio Rosario, por lo que se le da el nombre de “El Oratorio”>> (En: Abreu Burelli, 203). Aquellos terrenos, son los mismos que corresponden a la hacienda del padre Rosario, según los documentos del Resguardo Indígena de La Puerta, desde el río, hasta donde esta construido dicho hotel, incluida la fragante y curativa Quebrada La Guadalupe.

Esta calle, con sus escasas y viejas casas de techos de fajina y fuertes tapiales, fue modificándose a partir de la década de los años 70, con el auge de las  macroconstrucciones en el área urbana, pero se mantuvo como un espacio de aceptación social, donde la memoria comunitaria ha quedado marcada.  En la parte ubicada entre avenida Bolívar, parte del terreno del Oratorio de la Virgen de Guadalupe, construido por el padre Rosario, y la avenida  Páez, el señor Felipe Viera, construyó varias casas, que ocupaban trabajadores de su hacienda, asimismo, se estableció la alemana “Pension Europa”, luego “Pensión Momboy”, hoy en ruinas. Al frente se estableció uno de los más destacados centros de comida y recreación familiar “El Panal” de don Benito Sanchez. Jose rafael abreu,  antiguo cronista, escribió sin mayores detalles que para 1905, en la transversal 2 de la avenida Bolívar, en su parte alta de la hoy calle 2, ocupaban con casas <<Don Manuel Muchacho, oriundo de Escuque. Don Francisco Bello, de origen italiano>> (En: Abreu Burelli, Un valle, una aldea, un río. 201. La Puerta.2007). Los solares y terrenos fueron cambiando con la construcción de nuevas casas, a espacio urbano y sociable, mejorada la calle con el tiempo al pavimentarla en los años 70, la construcción de aceras muy angostas y dotándola de iluminación eléctrica.  

En el tramo, que va desde la avenida Páez hasta el río, o parte baja de esta transversal 2, existían las casas de <<doña Brígida Duarte; doña Anita Torres>> (Abreu, 202), esto, fue en 1905, cuando existían sólo unas 40 casas en todo el pueblo. En esta parte, fueron fomentando casas, nuestra recordada amiga la valerana señora Ilse Salinas Godoy, el señor Hugo Rosales Bello, y personas  oriundas de poblaciones vecinas, como Timotes, La Mesa de Esnujaque, Jajó, Mesitas de Niquitao, Mendoza, y Valera, luego del Zulia y Barquisimeto, y algún otro personaje como Pablo Freites, cantor y cuatrista nativo de los llanos centrales, quien vino con la compañía del proyecto de electricidad.  

Una de las historias destacadas del siglo pasado, es el del Chalet construido poco a poco por el señor Tomás Wickle y la señora Rosalía, la esposa. El señor Tomás en los años 70, levanta la estructura metálica del chalet, según recuerda Alfonso Araujo, ex prefecto de La Puerta; posteriormente van construyendo el resto, chalet, que aún se conserva, igualmente, el señor italiano Manghini y su señora construyen su casa.

Quizás el áspero  y hosco nombre de esta calle difiere de la bucólica cotidianidad del entorno, pero es un fiel testimonio de su pasado. Ha sido el camino público, de uso cotidiano, al campo deportivo  de la comunidad, entre dos filas de fríos y verdes solares,  para ir a los sitios de trabajo, escuelas, a realizar diligencias, sino un espacio de paseo, de juegos infantiles, es donde primero se ven rodando los carros de rolinera decembrinos, que expresa el aprecio que se tiene por ella, dentro de un proceso donde los vecinos de forma voluntaria, preservando aspectos ambientales, sociales, servicios, han venido construyendo su propia geografía y su propia historia, muchas veces sin el apoyo de las autoridades.

El Papa León XIV, recientemente a propósito de la indiferencia de la sociedad y gobiernos, ante algunas realidades y conflictos sociales, demográficos, generacionales y ambientales, ha precisado que  “nuestras ciudades no son lugares anónimos, sino rostros e historias para custodiar como tesoros valiosos” (Reporte Católico Laico. 29-12-2025); parece parte de un enfoque patriarcal, pero es eso, nuestras calles, manzanas, veredas y el mismo ordenamiento y nomenclatura urbanos, en realidad, son un invalorable patrimonio que se debe cuidar y mantener, al igual, que sus elementos históricos y culturales. 

Hay un elemento que guarda el rastro de lo que era, es su marca o distintivo: la forma angosta, recta, en declive que se dirige al Bomboy. En los viejos documentos de adquisición de casas se desprende eso, y lo mas importante, en la memoria de los hijos de los viejos pobladores, se mantiene vivo ese interesante pasado urbano, esa especie de alma colectiva, centrado en lo que se conoció como la calle ‘El Matadero’. Hoy, de acuerdo a los designios de la Ingeniería Municipal, se llama Calle 2 de La Puerta.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 10 de enero de 2026

Cuando Isabel Rivas y Laura Sulbaran subieron con Juan Félix Sánchez a su mundo mágico religioso.

Por Oswaldo Manrique (*) 


La memoria fotográfica nos ayuda a reconstruir la historia. Les comparto imágenes interesantes de los años 80 del siglo pasado, de dos jóvenes puertenses que subieron al mundo mágico religioso en el Tisure, Edo Mérida, a más de 3.200 metros de altura, con su creador el arquitecto popular, artista y narrador Juan Félix Sánchez, constructor de la Capilla de Piedra de San Rafael de Mucuchíes.

Laura e Isabel, transitaron varios kilómetros para llegar al páramo “El Tisure”, donde se encuentra gran parte de la creación de Juan Félix Sánchez como cultor popular y artista. ¿Qué vieron al llegar al Complejo artístico religioso? En una interesante síntesis publicada por  IAM,  describe que desde el sitio llamado “El Potrero” <<la vista se abre y expande dando paso al “Complejo del Tisure”, integrado por una pequeña capilla dedicada a la Virgen de Coromoto en cuyo interior hay una pequeña estampilla con su imagen, fue el primer monumento en alzarse y resulta tan pequeña que tiende a compararse con las capillitas mortuorias que se ven en los lados de las carreteras en todo el país, está adornada con conchas marinas que el artista recolectó en el sitio del valle y que da una referencia al estado oceánico primitivo de los comienzos de la tierra>> (El Complejo del Tisure. En: https://iamvenezuela.org).

Otra obra de <<mayores dimensiones dedicada al Dr. José Gregorio Hernández, de planta cuadrangular, nave rasa y un cuerpo de campanario en su lado izquierdo.  Detrás de las mismas se encuentra un conjunto de esculturas en madera, que representan el drama de la crucifixión de Jesús, denominado “El Calvario”. Ambas capillas están hechas de piedras en su totalidad>> (Idem).

         En la parte llamada El Calvario, <<se expresan dos escenas, la primera y principal muestra la Crucifixión de Cristo compuesta por seis tallas: Jesucristo, María, María Magdalena, San Juan, el ladrón bueno y el ladrón malo. Y la segunda escena compuesta por dos tallas que llevan la escalera con la que se ha levantado la cruz de Cristo y dos centuriones que vigilan y resguardan el momento>>; característico de la expresión artística-religiosa de Sanchez.

Explica el citado  artículo, que  <<el Cristo con su cabeza caída de lado expresa el fin de su vida de lucha y mortificación. A sus pies, María Magdalena surge de las raíces de un tronco, con sus ojos hinchados por tanto llorar y un cuerpo tenso que contrasta con los gestos de María y San Juan. A los lados de Cristo se encuentran los ladrones, el bueno y el malo. El bueno en su rostro muestra el arrepentimiento en el justo momento y el malo agacha su cabeza pues no reconoce a Jesús como hijo de Dios>> (Idem); tal cual lo menciona la biblia.

Las primeras gráficas de Laura Sulbarán, quien fue una militante de la juventud católica y de la cultura, de firmes propósitos cuando se trataba de la lucha social y la defensa de La Puerta, destacando su esfuerzo y tenacidad, con un inmenso corazón y sensibilidad. 

Curiosa fotografia, Laura Sulbaran en su mula, rumbo a El Tisure, siguiendo a Juan Félix Sánchez, quien se le ve agachado sobre la mula.


El grupo de visitantes en un momento de descanso. 

En la gráfica se puede observar a la izquierda, Juan Felix Sanchez conversando con Laura Sulbaran en el centro, a la derecha, la esposa de Sánchez. 


La última imagen, corresponde a Isabel Teresa Rivas.  Señora multifacética, tocaba cuatro, tejía, bordaba, era caricaturista, dibujaba, coleccionaba objetos antiguos y recortes de prensa que enriquece nuestro patrimonio cultural. 


Durante muchos años elaboró las más ricas hallacas de caraota, que se vendían los fines de semana en La Puerta, reconocidas por un detalle muy suyo: las amarraba con cascarón.

 Elegante, no salía a la calle sin estar bien arreglada, tanto es así que días antes presintiendo su muerte pidió que no la dejaran ver en el ataúd si no estaba bien vestida y maquillada, y se le cumplió el deseo. 

Mujer emprendedora, tuvo un negocio de artesanías, en la avenida Páez de La Puerta, recordada por su don de gente y por ser buena contadora de anécdotas siempre con chispa y humor. Hoy, Isabel Teresa permanece en los recuerdos de su pueblo. 

Imágenes cortesía: Laura Sulbarán y profesora Belkix Villegas.


(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta

sábado, 29 de noviembre de 2025

Más Allá del Acta Dominante: ¿qué ocurrió en el Pueblo de San Pablo, hoy La Puerta, el 14 de noviembre de 1687?

Por Oswaldo Manrique (*)                                   


Aquella condición ancestral y natural con la que nacían todos los indios timotos del Valle del Bomboy, que les permitía vivir en una comunidad justa, en armonía con la naturaleza y su cosmovisión, sin violencia ni presiones, sin control y sin maltrato, en ejercicio del bien más preciado como es la libertad, fue truncado en 1557, cuando a la cercana población de Escuque, llegaron Diego García de Paredes y sus huestes de legionarios europeos. Desde ese tiempo, comenzó la resistencia a tan inhumana y cruel agresión. 

Todas las tribus Timotos y las Kuicas, comandadas por el <<valeroso Jaruma, asociados con los Caribes del Lago, habían fundido fuerzas y esfuerzos para repeler a los forasteros blancos>> (Cardozo, 12); este evento épico, ha sido minimizado por decir lo menos, por la historiografía.

El ciclo de violencia directa, saqueo, ultraje y despojo llamado “Conquista Española” a la que se enfrentaron los heroicos indígenas, concluirá en 1593 <<con el sometimiento del cacique Pitijay, el último rebelde>> (Cardozo, 11); así, se establece el clima para el régimen de las Encomiendas y la Doctrina, como campo de concentración y reducción de indígenas, génesis de los pueblos coloniales esclavistas andinos. El sentimiento de odio hacia el español, se mantendrá latente en los indígenas.

*

Este episodio, que aquí intentamos rescatar para las presentes y futuras generaciones de puertenses,  sucedió  específicamente el 14 de noviembre de 1687, en el Pueblo de Indios del Señor San Pablo, hoy La Puerta, como Cabecera de Doctrina que era en aquel momento.

Días antes, fue pegado uno, en el portón de la Casa del Corregimiento,  otro en la fachada de la esmirriada  Capilla de San Pablo, y el mas visible, en un árbol grueso que había en la plaza inclinada, eran avisos grandes, en los que se ordenaba poner <<en libertad los indios naturales de esta provincia pagando el tributo que con su trabajo adquirieren>>; bandos en los que por solemnidad, se hizo llegar esta noticia a todos los vasallos del Rey, incluyendo especialmente a los encomenderos, hacendados  y terratenientes del Valle de Bomboy.

Dirigido el bando a los naturales, al enterarse el Cacique principal  de esta “Doctrina del Señor San Pablo”, Don Jasintho Pacheco o Mendoza,  llamó inmediatamente a los otros Caciques y Mandones, para conversar de esta Real Cédula y del Mandamiento del Gobernador de la Provincia, Diego de Melo y Maldonado.  A la plaza, fueron llegando los caciques indígenas Don Fernando Saavedra, Don Marcos Sánchez y Don Gonzalo Mindax; igualmente, Joseph y Pedro Clemente, quienes tenían el rango de Mandones, eran representantes en sus encomiendas.

-         Nos dan la libertad, pero debemos seguir trabajando para pagar tributo al Rey, un hombre que ni conocemos ¿cómo es eso? Replicó Joseph, el Mandón de una de las pequeñas encomiendas de los Hurtado de Mendoza.

         A esta reunión, acudió el Cura Doctrinero y a la vez, encomendero, explotador de naturales,  Licenciado Juan Buenaventura Cabrita y Losada, quien les explicó el sentido de la Real Cédula de “libertad”, que en los próximos días sería puesta en ejecución por el Alférez Real y Alcalde de Trujillo.  Don Juan Buenaventura, para fundamentar este hecho, les informó con su parsimonia característica:

-         Debo decirles  que este  mismo año, en el seno de la Iglesia, fueron dictadas las novísimas directrices del Obispo de Venezuela, Diego de Baños y Sotomayor (Constituciones Sinodales de 1687), en las que prohibió que los indios de pueblos de Doctrina como el de San Pablo (hoy La Puerta), y el de San Antonio de los Timotes (hoy Mendoza), fuesen sacados para llevarlos a trabajar en las haciendas o en los hatos.

-         Padre Ventura, -dijo el Mandón Joseph-, pero los indios seguimos trabajando igual.

-         Sí, pero ahora, es mas suave, está prohibido  montarse en el lomo de ustedes y fletar; ya no servirán de transporte de carga “bajo ningún pretexto”, eso es esclavitud pura.

-         Y seguimos trabajando igual, le dijo el otro Mandón.

-         Las cosas están mejorando para ustedes, que ya no trabajarán a titulo de esclavo, mucho menos, los “chinitos” y las “chinitas”.  De esto, estaba al tanto, el Cura Doctrinero de este lugar, y el antipático  Joseph Mandón de la encomienda de Fernando Hurtado de Mendoza, le repitió:

-         Padre, y seguimos trabajando igual.

El Licenciado Juan Buenaventura Cabrita y Losada, quien también era encomendero, les dijo:

-         Hijos míos, hasta a mí, me cayó el baldazo de agua fría, que tengo una insignificante encomienda, ahora debo sacrificarme y pagar para que me atiendan las sementeras, y aceptar lo que me ordena el Obispo Baños.  Pedro Clemente, Mandón de su misma encomienda, le agregó, con suaves palabras:

-         Padre, seguramente Ud seguirá cobrando lo suyo de nuestra Caja Comunal.

-         Sí, algo menos, pero Dios proveerá.  

-          Esperaremos al Alcalde, a ver de qué se trata verdaderamente esta Cédula Real, expresó con cierta desconfianza  Don Jasintho Mendoza,  el Cacique principal  de esta Doctrina.  

El régimen esclavista de servidumbre, revestido de la figura de la “Encomienda”.

Desde 1570, en que fueron otorgadas las primeras encomiendas, igualmente fueron otorgadas posesiones de tierras con que fueron beneficiados los conquistadores o beneméritos en el Valle de Bomboy, fueron de muy alta productividad.  Estos grupos de indios encomendados tenían la obligación de servir como mano de obra esclavizada en esas tierras, pago al Encomendero y este al Reino, honraba el tributo de convertirlos al cristianismo y mantenerlos controlados social y militarmente.

Cuando dejó de ser asiento natural de Bomboyes, para constituir el Pueblo de Indios Cabecera de Doctrina de Nuestro Señor San Pablo, agregando de Bomboy, se nutrio de  comunidades y grupos de aborígenes de nación Timoto, como Jajoes, Esnujaques, Escukeyes, Mocotís, Vicuyes, Xikokes, trasladados de otras partes, y fueron aquí recluidos y concentrados para ser esclavizados, mediante las encomiendas.

Esta composición de la población, sin duda, es una diversidad étnica de cierto interés, lo que llevó a don Mario Briceño Iragorry, a considerarla en su discurso de incorporación a la Academia de la Historia, en 1930, como Puebla. Apartando el acta transcrita por el historiador Rafael Castellanos, en su Relación de un viaje por las tierras de los Cuicas,  tanto la vida de esta comunidad indígena, como el hecho trascendental que aquí comentamos, para la historiografía, son insignificantes, sin merito de tener una referencia mayor.

*

No debe existir ningún natural sirviendo como esclavo”, fue la expresión más polémica de la Real  Cédula de su majestad el Rey.  Se puede considerar que, la ejecución de la misma, fue expresión de la lucha individual y colectiva de los aborígenes, acumulada ante el maltrato y esclavitud, inclusive de leyes como la Recopilación de 1680, que estaban andando aunque lentamente, para proteger a los indígenas.

Pero la intención de considerarlos a partir de ese momento como personas libres y vasallos del Rey de España, no era como lo pretenden hacer ver.

En 1687, el acta de “libertad de los indios naturales”, ratificó a la “Cuarta Doctrina”, el nombre de “Doctrina del  Pueblo de San Pablo”.    

Uno de los datos más notables en lo relativo a la historia y orígenes de La Puerta, en su evolución como pueblo, lo encontramos en dicha Acta del Alcalde Valera y Mesa. En la denominada Cuarta Doctrina: Pueblo del Señor San Pablo, de amplia jurisdicción, constituida por 6 Encomiendas, de las cuales hubo una adyacente al Resguardo Indígena de La Puerta (hoy Poligonal Urbana), una en las cercanías de La Quebrada, otra en Jajó, otra en San Antonio Abad (Mendoza) y otra en Timotes. Su ubicación geográfica, a 27 kilómetros de la Quebrada Grande. al matricularla el Alcalde y Alférez Mayor, anotó en el acta lo siguiente: “En la doctrina y pueblo de señor San Pablo, términos y jurisdicción de la ciudad de Trujillo de Nuestra Señora de La Paz en catorce días del mes de noviembre de mil y seiscientos y ochenta y siete años Yo el Alférez Don Diego Jacinto Valera y Messa…en cumplimiento de lo que su Magestad manda por Real Cédula en orden a la libertad de los indios naturales de esta provincia, y mandamiento del Señor Gobernador y Capitán General de ella Don Diego de Melo y Maldonado, Caballero de la Orden de Calatrava, pedí y rogué al Licenciado Juan Buenaventura Cabrita y Losada, cura en propiedad de dicha Doctrina, me asistiese…hacer la matricula de los indios varones y útiles que tiene por sus feligreses…y de cada encomienda en particular…estando presentes los caciques y mandones de las encomiendas inclusas en la dicha Doctrina y todos los feligreses varones, hembras, muchachos, con asistencia del Capitán Don Antonio de Oviedo, Corregidor de dichos naturales que para este efecto fueron prevenidos muy antes de ahora. Los matriculé en la forma y manera siguiente…” (Castellanos, Rafael Ramón. RELACIÓN DE UN VIAJE POR TIERRA DE LOS CUICAS. Págs. 77 y 78. Ediciones del Ministerio de Relaciones Interiores. Caracas. 1958); se detalla que para ese año tenía doble condición: Doctrina formal dependiente de la Vicaría, y el rango de Pueblo dentro de la jurisdicción político administrativa de la ciudad de Trujillo de Nuestra Señora de La Paz, es decir, bajo el gobierno del Alcalde Mayor y el Cabildo de dicha ciudad. Se consideraba en América: <<pueblo de indios recién convertidos, cuando todavía no se había establecido en él parroquialidad o curato>> (DRAE).

La Puerta (antes Bomboy), es producto del enfoque estratégico para la formación de una estructura política administrativa colonial estable, pasada la fase de conquista, que trazó el Obispo Fray Antonio de Alcega,  y por el gobernador Sancho de Alquiza, en la conformación de este espacio o corredor de aldeas de indios Timotes, como un  importante espacio geo-político de frontera. Por ello, en 1608, otorgó la gran “Encomienda del Valle de Bomboy”, con más de 400 nativos Timotes, otorgada a Juan Álvarez Daboín (de Dabuim), que antes haba sido conferida a su padre el capitán portugués Tomé de Dabuy, en 1600, por servicios de conquista y pacificación; y se cuentan otras porque el ámbito espacial iba desde El Portachuelo, hasta las inmediaciones de la meseta de Valera (hoy, quebrada Doró, Carmania); incluyendo otros puntos como Quebrada Grande, y Jajó. En 1620, parte de estas encomiendas serian trasladados a tierras de lo que después será el pueblo colonial de San Antonio de los Timotes o San Antón Abad (Mendoza del Bomboy), que aparece como desprendimiento  de ella.  

Y llegó el día esperado, con el Alcalde y su comitiva, en el año 1687.

Venía con su comitiva a caballo desde el pueblo de La Quebrada, quizás era su primer viaje por el sendero que le marcaba el río Bomboy. Antes de entrar a la aldea, sus ojos se fijaron en los trigales, cañamelares y ovinos, que conformaban el fresco paisaje. Comenzaron a escucharse los repiques de campana que le dan la bienvenida. El padre Buenaventura, lo esperaba prevenido con los caciques y mandones; igualmente, el capitán Oviedo, con todos los indios de las 6 encomiendas, como Corregidor de Naturales que era. Después de la presentación, procedieron a matricular a dicha población.    

Al presentarse el Cacique Don Jasintho Mindax o Pacheco Mendoza, ante el Alcalde  Alférez Don Diego Jacinto Valera y Messa, el Corregidor de indios Capitán Don Antonio de Oviedo, que lo conocía, dijo:

- Usía, Don Jasintho Mendoza, es el cacique principal de este Pueblo de Doctrina de San Pablo Apóstol. Para sus negocios,  el cacique podía usar el distintivo Don, como privilegio que le dispensaba la Corona española, a los de su raza y rango, y usar el apellido de su encomendero.  Don Jasintho Pacheco o Mindax, con su nombre cristiano; el Mindax lo copiaban como apellido en documentos, que era la forma como pronunciaban los indígenas el apellido Mendoza.  

- Este Cacique es de la 1ª. Encomienda perteneciente al Capitán don Alonso Pacheco de Mendoza,  manda un grupo de 38 indios útiles y de trabajo de 14 años hasta 60, 12 muchachos menores de 14 años, 45 indias de 14 años para arriba, 8 muchachas de 14 años para abajo, y 4 indios jubilados de mayor edad,  para un total de 107 indígenas, que no está constituido totalmente por Bomboyes, sino que los encomenderos incorporaron nativos de otros sitios y tribus como los Fanay, Burrusay, Gayones, Monteros y Boques. Agregando el Corregidor:

- Usía, en este pueblo de San Pablo, solo este cacique está considerado por los curas y los hacendados como “ladino y de buena razón” (Acta citada).  Era el jefe con el que se podían entender, hablaba español, era razonable y receptivo; posiblemente por esta cualidad, era el cacique principal de toda la comunidad, sobre el resto de los caciques y mandones de las restantes 5 encomiendas (Castellanos, Págs. 77 y 78). Esto, es indicativo que el resto de los caciques eran de comportamiento y trato difícil; esto, coincide con lo anotado por el Obispo Martí en su visita pastoral en 1777, que este pueblo sabe hablar el español y  hablan en su lengua timoto, y tenía formación y al Fiscal Andrés, para religión católica y se negaban a practicarla; lo que puede considerarse una forma de resistencia étnica ante el régimen de explotación esclavista y la imposición de cultura y religión hispanas.

¿A qué se dedican estos naturales? Preguntó el Alcalde.

-         La  hacienda de don Alonso Pacheco de Mendoza, comprende explotación  de caña dulce, trigo, cría de animales vacunos, ovinos y mulares, siembra de algodón y derivados con industria de telares, molinos, trapiche, curtiembres, tejidos, trilladora y alambiques.  Lo que conformaba una unidad de producción económica diversificada y avanzada para dicha época.     

Su labor, aunque no trabajaba ni pagaba tributo, por ser privilegio de los caciques, era controlar que los demás indígenas trabajaran para el encomendero y hacendado los días que les correspondía y pagar el tributo. Asimismo, estaba bajo su subordinación el indio Andrés el Fiscal de Doctrina, que cumplía labores de adoctrinamiento o catequesis, que ayudaba a hablar el español a los indígenas junto con el Cura Doctrinero Juan Buenaventura Cabrita y Losada, que los reunía en la Capilla de San Pablo Apóstol, de las más antiguas de los Andes Trujillanos.   

Conforme a lo que asentó el alcalde de Trujillo Valera y Mesa, en el acta de emancipación indígena de 1687, Don Jashinto informó que,

-         Hay varios indígenas de esta encomienda, que se fugaron. entre ellos: uno de nombre Baltazar que era uno de los principales tejedores en la industria de telas de la hacienda del capitán Alonso Pacheco de Mendoza; y lo acompañaron otros indios de nombre Marcos y un Pablo, que  están  bautizados. (Acta citada).

Se habían rebelado al régimen de explotación y maltrato y se fugaron de la encomienda,  marchándose seguramente  hacia el Cumbe de las montañas de la posesión San Francisco, en Mendoza, o a los pueblos del sur del Lago, muestra de la resistencia directa e indirecta de miembros de esta Comuna Indígena. También, de otras encomiendas hubo fugados, todos fornidos y hábiles gañanes.  

Habría nacido, Don Jashinto Mendoza, Cacique,  en el Valle del Bomboy, en el año 1637 aproximadamente, se estima que pudo haber muerto a finales del siglo XVII.

Luego de haber matriculado los indígenas de la Encomienda del Capitán don Alonso Pacheco de Mendoza, el alcalde pasó a la revisión de la segunda encomienda, la  de Doña Paula de Saavedra, descendiente del capitán Juan Alvarez de Dabuin, el vencedor del cacique Nigale y exterminador de las tribus del Lago. Se presentó el Cacique Don Fernando. El Corregidor don Antonio de Oviedo, dijo:

-         Alcaide, Don Fernando es el jefe indígena de  la  2ª. Encomienda de la Doctrina San Pablo Apóstol del Bomboy, perteneciente a doña Paula de Saavedra, con 51 indígenas, dedicada a  plantación y explotación de caña dulce, trapiche, alambique, algodón, ganado ovino, taller de  tejidos (Ídem).

-         Están todos bautizados. Al adoptar el bautizo católico, como parte de su adaptación al régimen social colonial,  les impusieron nombres castellanos, y ya mayores, en sus negocios y asuntos civiles, agregan como patronímico  el apellido de su encomendero. 

Seguidamente, por estar constituida por pocas personas, fue matriculada la encomienda de los Mexías. Hizo acto de presencia el Cacique Don Marcos Sánchez, de él, expresó el Corregidor Oviedo lo siguiente:

-         Don Diego, el cacique Marcos Sánchez, es de la 3ª.  Encomienda, perteneciente al Capitán Joseph de Sánchez Mejías, con <<25 almas en la manera siguiente: Siete indios útiles y de trabajo, cuatro muchachos de menor edad de catorce años, ocho indias de mayor edad de catorce años, cinco muchachas de menor edad de catorce años para abajo, Un indio jubilado>> (Acta citada).

-         A qué se dedica el capitán Sánchez Mexías? Preguntó el alcalde. El Corregidor le respondió:

-         La encomienda está dedicada a la plantación y explotación de caña de azúcar, trapiche, alambique, en una extensión de tierras grande, porque se compone de una parte a partir de La Quebrada y otra, desde Timotes (Ídem).

Oviedo el Corregidor, también presentó al Alcalde, a don Gonzalo Mindax, de quien dijo: 

-         Este indígena, es el cacique de la   4a. Encomienda, perteneciente a doña Juana Hurtado de Mendoza, con 24 indígenas,  dedicada a plantación y explotación de caña dulce, trapiche, alambique (Ídem). Esta Doña Juana, es la tía-abuela del primer triunviro Presidente de Venezuela, doctor Cristóbal Hurtado de Mendoza.

Quedaban dos pequeñas encomiendas, que procedieron inmediatamente a matricular. Como no tenía Cacique, la representaba Joseph (Mandón).

-         Alcalde,  Joseph, es Mandón, no tiene el rango de Cacique, pero ostenta  jerarquía en la estructura social indígena, y es el jefe de los nativos dentro de la 5a. Encomienda, perteneciente al capitán Fernando Hurtado de Mendoza, con 6 indígenas, dedicada a plantación y explotación de caña dulce, trapiche, alambique (Ídem).

Al igual que la anterior encomienda, se presentó su Mandón Pedro Clemente. Esta era la encomienda del Cura Doctrinero. 

-         Pedro Clemente Mandón, pertenece a la 6a. Encomienda,  del Cura Doctrinero licenciado Juan Buenaventura Cabrita Losada, y es principal de la población de 22 indígenas, dedicada a plantación y explotación de caña dulce, trapiche, alambique (Ídem).  Seguramente, se extrañaría el Alcalde de Trujillo, ante este caso, como lo destaca el historiador Rafael Castellanos,  en el sentido que cumplía funciones ampliamente contradictorias, era Cura Doctrinero de la comarca, que tenía como parte de su  misión evangelizadora la protección de los naturales,  y a la vez, explotaba como encomendero y colono a los indígenas que le habían encomendado.

En 1608, se matricularon en esta Doctrina, unos 900 aborígenes. 87 años después, cuando se produce este acto de cambio de forma de esclavitud, es decir, pasar de la encomienda de servicios a la condición de esclavos tributarios, encontramos que el total de almas de este Pueblo Cabecera de Doctrina, con 6 encomiendas, era de 235 indígenas, una merma poblacional de gran significación.

La libertad formalista y el régimen del tributo colonial directo al Rey, o el nuevo régimen de esclavitud.     

El funcionamiento del nuevo modelo de sociedad, y las relaciones sociales de producción, se siguió afincando en la explotación del trabajo del indígena, ahora manumiso y “remunerado” como peones en las mismas posesiones agrícolas de los encomenderos y colonos del Valle de Bomboy, donde venían trabajando sin paga.

Al eliminar la encomienda, los indígenas no prestaran servicios personales al encomendero, sino que pagarían directamente su tributo a las arcas del rey, para lo cual, tenían que seguir trabajando en las haciendas de sus antiguos encomenderos, y seguir viviendo en el Pueblo reduccionista y de concentración de indios.

Desde ese dia 14 de noviembre de 1687, cambió el régimen de relaciones sociales de producción esclavista, por relaciones de características tributarias, mercantilistas y feudales en el campo; sin embargo, mientras los indios gañanes, trilladores, arrieros, molineros, tejedores, vaqueros, lavanderos de pieles, continuaban laborando para sus encomenderos, las indias Pheliciana, Luysa, Victoria y Madalena, sin mostrar ninguna emoción de alegría por la nueva noticia, preparaban el viaje para ir a trabajar a Timotes y la Quebrada Grande, en las tierras del capitán Sánchez Mexías; de igual forma las encomendadas  Olaya, Ignés, Pascuala, Josefa y Magdalena se trasladaban a los telares y curtiembres de los Mendoza en la Cañada, y por su parte, Beatriz, Anna, Cathalina, Costanza y Lucía, se fueron a preparar colores y tejer en los talleres de doña Paula de Saavedra, sosteniendo sus propias creencias. Los siete gañanes fugitivos, alcanzan por esas impenetrables montañas de Dios, los espacios secretos de libertad. Estas fugas, son expresión directa de rebeldía plena y de resistencia indígena, alejados del intolerable sistema esclavista, sin costear tributo, y Pedro, el mudo, seguiría igual, silencioso y sin pronunciar palabras, sin pagar tributo. Es parte de lo interesante de este evento histórico, que todos debemos conocer. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.




                                                                             

 

 



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