Por Oswaldo Manrique (*)
Generala Post Mortem Dolores Dionisia Santos Moreno, es un relato perteneciente al
escritor trujillano Huma Rosario Tavera (1951-2023), uno de los exponentes más reveladores
de lo que pudiésemos llamar 'realismo mágico' trujillano, determinado sí, por
un profundo conocimiento histórico y aunado a su aguda inteligencia, que en
este caso se luce, conjugando hechos, personajes, epistolarios y tiempos, con
el elemento lúdico. Imágen de portada: pintura al oleo del artista plastico
trujillano Alirio de Jesús Vasquez Torres. Publicación en 40 páginas de la
Imprenta Oficial del Estado Trujillo.
El personaje: una subyugante y fascinante heroína.
La protagonista pequeña y grande a la
vez, con extraordinario simbolismo, surge en 1810, y sus convicciones la llevan
a desplegar acciones y misiones, lo que facilitaba su edad, que le permitía
pasar desapercibida ante la institucionalidad realista, por eso asume altas y
riesgosas responsabilidades.
Seguidora de las ideas del Cura Rosario, Doctrinero de La Puerta y Párroco de Mendoza,
vertida en su Proclama de la Libertad, frente al modelo de gobierno también
hegemónico de la aristocracia territorial-eclesial y excluyente etno-social de
la Asamblea Provincial de 1811.
Tiene el autor el esmero de construir,
articular y dotar al personaje de un nombre hermosamente singular: Dolores, de
raíz y religiosidad española, que encarna la pena, tristeza, desesperanza,
quizás resiliencia, que para aquella época sufrían los colonizados, o “la
adolorida” comunidad, alusivo a los 7 dolores sufridos por la Virgen ante la
muerte de su hijo en la Cruz. El segundo nombre: Dionisia, en sintonía con el
anterior, derivante del griego Dionisius, variante femenina, que significa “el que se consagra a Dios en la adversidad”,
en este caso, la que convoca a una causa que para ella es superior y sagrada, en
la que concurre la religiosidad de la familia, que escoge al padre
Francisco Antonio Rosario, como su padrino de confirmación, de quien recibió
clases de teología, historia, gramática, y la encaminó por las ideas políticas
de las dos revoluciones contemporáneas: la de Estados Unidos de Norteamérica y
la Francesa. Al revisar los apellidos: Santos, que denota carácter sagrado, y el
apellido Moreno, coincide con ser hija de <<pardos feligreses…cabello negro,
cejas largas, ojos pardos>> (Rosario Tavera, 7-8), la mayor
población demográfica de la época, el llamado pueblo. Desde el mismo nombre, se
observa el simbolismo, en una combinación del pesar social, con lo espiritual y
a la vez, creyente en nuevos estadíos: la construcción de una República
independiente, y el color síntesis del mestizaje y el pueblo.
El autor muestra un maridaje de los
hechos históricos fundamentales de la guerra de independencia, con un personaje
que simboliza la existencia de todo un conjunto de venezolanas, anónimas,
subrepticias en el ejercicio de su rol, que como género fue silenciado, oculto,
obviado por la historiografía y la literatura, desde el movimiento conspirativo
y en el mismo desarrollo de la gesta gloriosa, con innegables acciones
prácticas y cotidianidad elevada; y en esa fusión realista histórica destaca
ideas, costumbres y convencionalismos sociales y militares con serios
cuestionamientos del tiempo sociopolítico y fundamentalmente al Colonialismo.
En este relato la joven
revolucionaria aparece, cuando los pueblos de la Capitanía General de
Venezuela, estaban efervescentemente politizados, y el trujillano, además,
ansioso por su autonomía y lograr su estatus y condición política de Provincia,
sacudiéndose la subordinación a la Provincia de Maracaibo, encarnando la mujer
adolescente, coetánea a la naciente e inexperta República independiente de
1810, tomando responsabilidades y sacrificios en el movimiento libertario, en
los primeros chispazos de la epopeya gestora de la nueva Patria, como correo de
los conspiradores trujillanos, luego, en 1812, <<Con su machete terciado y un
chopo, se dispuso a defender la Causa>>, ante la invasión zuliana
de las hordas realistas encabezadas por Pedro Fernández, Manuel Giraldino y el
indio Reyes Vargas, que arremetieron de forma inhumana contra las familias
patriotas, fundamentados en la Ley de la
Conquista, alzada por Domingo Monteverde.
Acota que “La inmortal de Trujillo”,
como también la encumbra, depuso sus ganas de usar las armas y decidió la huida
con su familia hacia las montañas de La Chapa, que consideraba el autor, otro
mundo, desde donde se dedicó a sembrar ideas y a reclutar correligionarios; aun
hoy, en lo que seguramente coincidirán otras personas conocedoras, ese
interesante lugar y su gente son dignos de estudio. El narrador, la involucra
en labores de inteligencia, espionaje e información y la ubica en los acontecimientos
de 1813, en la ciudad monasterial de Trujillo, recibiendo junto a un entusiasta
grupo, al Coronel Atanasio Girardot.
La muchacha protagonista pasó de una
actitud de angustia e impaciencia, de ver hacer y ver pasar, en medio de las
discusiones y la movilización de su comunidad, unos ciudadanos escondiéndose, muchos
escépticos y otros, saliendo a cumplir su deber, aunque era algo novedoso, iban
abandonando, dejando la tierra que los vio nacer, ella sintiendo el abandono
interior, pero con el impulso de querer ser útil.
El citado autor, refiere la cercanía
ideológica y conspirativa con el padre y prócer Francisco Antonio Rosario, su
padrino; la colaboración con el Ejército Libertador, su dolor e indignación
ante la infausta noticia de la muerte del Comandante Coronel Atanasio Girardot,
<<en su mente quedó grabado el hermoso recuerdo de la celebración del 22
de junio por el triunfo de la vanguardia del Ejército Libertador, orientada por
el Comandante Coronel Atanasio Girardot>> (Rosario Tavera, 13);
dejando entrever, un acercamiento romántico con este Comandante.
Rosario Tavera, no es el típico
escritor e historiador que para rescatar a la mujer patriota, lo hace con
nombres de mantuanas, blancas y de gran belleza, esposas e hijas o hermanas de
los próceres, al contrario aunque las menciona, destaca el personaje
adolescente, una mujer “nueva”, con nuevos bríos, que va creciendo con los
primeros años de la fragua de la nueva República y evoluciona con la lucha por
su soberanía, dando detalles de las distintas circunstancias y contextos,
descollando su interés por rescatar a la ignorada mujer independentista, por
medio de una joven símbolo, que interpreta su incorporación a la lucha magna.
Algunos elementos en la
caracterización de la obra: un texto entre el simbolismo y la reflexión
historica.
Sí, es un texto de reflexión, quizás
polémico por los elementos y recursos literarios e históricos que obliga a
visibilizar a la mujer, mediante esta creación y representación: Dionisia Santos,
la Inmortal.
En esta obra trata el elemento
espiritualidad, la religión, mitos, leyendas, creencias y hechos quizás
sobrenaturales con absoluta congruencia con la evolución, la personalidad y el
activismo de la llamada Coronela.
Igualmente hay en todo esto, un
elemento interesante que es la metamorfosis que sufre el personaje que pasa de
adolescente a una madurez temprana, junto con los más importantes hechos desde
el inicio de la guerra de independencia y de la República en 1810, y que
concluye con lo que considera el autor es el triunfo definitivo de las fuerzas
libertadoras, la Batalla de Carabobo en 1821.
También encontramos una irrupción de
lo inverosímil del tiempo, fundamentalmente basado en lo que se aprecia del
personaje: una niña mujer. Destacando su formación, la que se percibía en
las familias de la epoca, vedado que tenia el acceso a la escuela; interesante
postura, la que asumió en una de las reuniones de la Sociedad Secreta, <<resaltó
con euforia que la mujer trujillana y venezolana estaba rompiendo con todo el
bagaje de la imposición de los hombres sobre las mujeres en el haber diario de
tenerlas como mujeres de usos, objeto y simple diversión>> (29),
actitud valedera ante la negativa y el recelo de los hombres de verlas como
guerreras al lado de ellos, quizas reclamando que lo estaban dando todo por la
Patria.
En él, hay una ruptura de planos
temporales dentro del tipo lineal que en apariencia se utiliza. Se observa
en el texto varios momentos de transición que nos facilita la secuencia
didáctica de hechos reales fundamentales ocurridos en aquel tiempo. Luego de
sus huidas, continúa ampliamente activa en el movimiento revolucionario,
distribuye el Correo del Orinoco
enviado por el Dr. Cristóbal Mendoza. En 1820, en la segunda visita de Bolívar
a Trujillo, con motivo de los siete eventos principales, centrados en su estrategia
de guerra libertaria, y firma de los Tratados (Armisticio y de Regularización
de la Guerra << Dolores Dionisia Santos Moreno, participa
con su valiente presencia y con la estirpe guerrera de la mujer trujillana>>
(Rosario, 16); recalcando su contribución junto con Domingo Briceño Briceño,
hermano del “Diablo” Antonio Nicolás, en la conspiración por la libertad de la
provincia realista de Maracaibo.
En uno de los saltos retrospectivos
del relato, nos lleva a la organización, reuniones y las acciones impulsoras
del movimiento emancipador, de la Sociedad Secreta Hermanos, en la que participan
60 mujeres trujillanas, las que identifica, resaltando un grupo de siete de ellas, con
rango militar (Rosario, 19 a 21). En efecto, nos topamos aquí con varios
símbolos, por ejemplo cuando usa adjetivos como la Inmortal, o el grado militar
de Coronela, que la destaca con brillo frente al drama de la guerra, y a la
par, en la conspiración y organización.
Siendo el final, su etapa más
sublime, decidida y de compromiso real, como es asumir la vía superior para
lograr la independencia: la lucha armada. Culmina este breve relato histórico,
con la incorporación a las tropas del General José de la Cruz Carrillo, vistiendo
ropa de hombre, encaminándose el 28 de abril de 1821, con un grupo de hombres y
mujeres combatientes <<a cubrirse
de gloria al Campo de Carabobo>> (Rosario, 18), donde muere en la
batalla librada ese año. El final del relato, Carabobo 1821, la misión
mayor, muestra la sencillez, el rasgo incomprensible y complejo de la mujer andina,
del campo, su existencia y multifacetismo, junto con la combatividad, y el valor
del sacrificio, su inmolación en batalla, su heroicidad.
Se integran los citados elementos de
una forma bien articulada por el autor, que la dota de esa naturalidad protagónica
e induce a la reflexión, a la crítica, al comentario literario e histórico que
solo podemos llamar ‘realismo mágico’, porque encaja en lo que Arturo Uslar
Pietri, un iniciador de este género con sus Lanzas
Coloradas, refiere de este tipo de narrativa al hombre, en este caso a la
mujer, <<como misterio en medio de datos realistas>>, en lo que
comentamos se incorpora y considera la situación de la mujer sojuzgada por la
sociedad colonial, en su integración a la lucha de liberación, aunque en forma
rígida, sobria, propia del estilo del autor, es la <<Tendencia a lo simbólico y al
predominio de la intuición... El héroe moral representa la civilización y la
lucha contra la barbarie que, a veces, no es sino la avasalladora naturaleza.
Es, por eso, una literatura de la intuición, de la emoción y el sentimiento>>
(Uslar Pietri, Arturo. Las Nubes. Lo criollo en la literatura. 1951). Se
trata, la personaje, evidentemente de la heroína moral.
El hecho aleccionador y
el amor platónico. Trujillo como espacio histórico.
Llama la atención, por la importancia
que le da al Cabildo Abierto del 12 de
junio, y allí, la hace presente, con una convocatoria para los jóvenes
trujillanos <<asumir la lucha por la libertad como una misión épica…nuestra juventud
no tiene tiempo ni cabeza para el goce, mientras nuestra tierra y sus
pobladores padezcan el sometimiento del yugo español>>;
igualmente predica a las compañeras: <<¡Mujeres! ¡Mujeres! ¡Mujeres!
Nuestros hombres tienen que esperar, primero la Patria>>
(Rosario, 10-11). Deseaba irse con la tropa de la Campaña Admirable, <<pero
privó en ella su condición de mujer, su adolescencia y el permiso de sus padres>>
(13), sus limitantes individuales.
Dolores Dionisia Santos Moreno, es
expresión también de aquellas hermanas, esposa, hija, nieta, compañera,
comadre, ahijada, dama, dueña, matrona, agricultora, comerciante, ganadera,
tejedora, costurera, fabricante de cotizas, curtidora de cueros, de vida
sencilla de nuestros campos y ciudades que se convirtió en tiempos de guerra en
una constructora de Patria, en la mujer que a pesar de su condición social y su
color de piel, catira, mestiza, indígena, mulata, analfabetas o no, hablando
castellano, al andaluz, timote o cuica o jirajara, acompaña y logra lo necesario para cuidar,
apoyar y ayudar a los soldados. Son las llamadas troperas, trabajadoras de muy
bajo perfil, abnegadas mujeres, casi perfectas que no se reflejan en los partes
de guerra, que estuvieron y se sacrificaron en los campos de batalla.
El espacio o epicentro histórico lo
centra mayormente en Trujillo, considerando algunas acciones y hechos de declaración
libertaria, como el del 11de junio, el de la fecha sillar del 9 de octubre de
1810 y el de la ruptura del 2 de septiembre de 1811, luego, la hizo presente en
los sucesos de 1813. Descubre su personaje, en la misma conspiración que sin
dudas se da en esa ciudad y protagonizan hombres como Bolívar, Pbro. Francisco
Rosario, Antonio Nicolás Briceño “El Diablo”, Atanasio Girardot, Cegarra,
Chipía, Vicente de La Torre y su hija Barbarita entre otros próceres
independentistas, ubicando como espacio histórico la tierra trujillana, que
muy bien conoce el autor, y los sitios
específicos en los que se desarrollaron hechos y acciones de armas
fundamentales, de igual forma, se discuten temas trascendentales como la Guerra
a Muerte y posteriormente, los Tratados de 1820 entre otros, aquí se devela el
hecho histórico bien fundamentado y determinado, conjugado y amalgamado con su
creación: Dolores Dionisia.
Ahí centra Rosario Tavera la
extraordinaria belleza de la joven y arriesgada mujer que crece con exacerbada
lealtad y en la vanguardia de la conspiración, en la medida que avanza la lucha
libertaria, que por su nivel de compromiso y actividad, se le comienza a llamar
“La Coronela”, quizás por el grado de responsabilidad y compromiso con la causa
emancipadora.
Todos los hombres en esos cruentos
momentos las necesitan, pero la vieja historiografía militarista, se olvidó,
las silenció, y las consideró seres inferiores, por decir lo menos, en lugar de
reconocerlas, se les llamaba jocosamente “vivianderas” en Venezuela. El General
trujillano Perfecto Crespo, en sus memorias sobre la lucha liberal a comienzos
del siglo pasado, hace referencia de ello, las llamaban en los batallones, “La
Tercera Compañía” (Crespo, 183), destacando que cuando se les impartía nociones
de los ideales de lucha, y cuando se les leía algún texto, <<resultaba
extraño el cuadro ofrecido por estas mujeres analfabetas, mal vestidas, en
alpargatas, sentadas en semicírculo en el suelo, alrededor de la hamaca,
pendientes con gran atención de las palabras que salían del lector>>
(Idem). ¿Más voluntariosas, mayor compromiso y mas desprendidas que los
hombres, en la guerra? Al dar impulso a
esa reflexión, el contenido de esta narración, lleva a desempolvar aquello que
la guerra de independencia no solo se dio por la acción armada de los hombres,
y obliga a reaccionar ante la misoginia y pretorianismo intelectual.
Lo fundamental para Rosario, es el
reconocimiento y merecimiento de la doble corona, la del laurel y del olivo, a los
soldados y a las soldadas, como lo comentó Bolívar en Trujillo el 22 de junio
de 1813, al recibir noticias del territorio enemigo: <<Las
mujeres, sí soldados, las mujeres; nos disputan la gloria de vencer a los
tiranos…Vamos a San Carlos a libertar a esas verdaderas Belonas (Diosas de la
Guerra)>>. Esta honra, tambien le tocaba a quien habría participado
en las batallas campales previas en el territorio trujillano.
De esa forma el autor va construyendo
el arquetipo de la heroína con conciencia ideológica, voluntariosa, sencilla,
reservada y de coraje a la vez, que decide tomar las armas del lado de la
Patria nueva, a costa de las más funestas consecuencias.
Un breve y complice juego epistolar.
En sus páginas finales, se observa la
sucinta y ligera triangulación cómplice del ingeniado juego epistolar entre el
padre Rosario, Dolores y Bolívar; casi como retozo y aventura, podemos leer una
carta del padre Rosario, del 12 de junio de 1813, en la que instruye a Dolores
Dionisia <<Espero que tenga todo bien empleado. El Libertador estará pasado mañana
en Trujillo...Con su presencia unirán sus esfuerzos con el de los
expedicionarios…Hija, todo está acordado. Solo Dios y la Patria merecen nuestra
atención>> (32). Ella por
su parte le responde al día siguiente: <<Padre Francisco Antonio. Aquí
todo es alegría para el recibimiento de nuestro Libertador, igual que el
Liberador Moisés para el pueblo hebreo...El regocijo es indescriptible entre el
pueblo de Trujillo. Bendíceme>> (33). Se observa una recreación e
imágenes de paralelismo de los pueblos mencionados para el lector, según el Exodo, aunque comenzando por la
conquista de su libertad en Egipto, en un escenario de guerra de liberación.
En ese juego de misivas de las que
hace uso el autor, como irreverencia ante el silencio historiográfico de la
presencia de la mujer en esa lucha magna, se puede leer, una dirigida por el
padre Rosario al Libertador Bolivar, pocos días después de la endemoniada
Batalla en la que refleja el doloroso momento por la muerte de esta heroína,
<<en la vida de los seres humanos hay momentos de felicidad y tristeza,
como es la noticia que mi querida pupila ha muerto en el Campo de Carabobo,
igualando el coraje de los hombres en lucha cruenta por la Libertad>>
(33); es lo real, lo racionalmente existente: la mujer en combate, justamente
en combinación con lo figurado.
El autor asoma con ingenio temas
universales como las relaciones celibales del sacerdote y la pupila, logrando crear un escenario
revolucionario que nos deslumbra con ese encanto propio del llamado “realismo
mágico”, mediante la poesía, la de un
sacerdote de carne, hueso y sentimientos, con loas como <<tu sangre derramada es la savia de la mujer
venezolana/ la lectura de tu vida es el porvenir de la pelea de la mujer por
sus derechos/que en los siglos venideros vivirán por siempre>>; y
encontramos un derrame de admiración: <<mi anhelo de verte como toda una
mujer se cumplió/ te comparo como la Judith Cristiana>> (35); la
heroína bíblica, símbolo de la fe y la liberación del pueblo de Israel. Finaliza
el texto, con la tabla cronológica de la investigación histórica que la centra
en los sucesos de 1813 en Trujillo, y explica la importancia del mes de junio
en la historia regional y la nacional.
Dolores Dionisia es una narrativa de
ficción necesaria, tan develadora como reconstructiva frente al “oscuro telón
deformador’’ de nuestra historia, en pro de una auténtica literatura trujillana
y venezolana. Se debe incluir no en el relato histórico de ficción exagerada
como La esposa del Dr. Thorne, sino
en esa antología de obras bien documentadas como la de Alejo Carpentier El siglo de las luces, por aquello de
los personajes no registrados por la historia oficial, o como la incomprendida Hombres de Maíz, de Miguel Ángel Asturias, sobre el mito del
Popol Vuh, libro sagrado de los Mayas o
podemos sumarla a El General en su
Laberinto, de García Márquez, por sus pasajes y personajes extraños o al
mismo País Portátil, del trujillano
Adriano González León, es decir, incorporarla a toda esa gama de lo que se
denomina el ‘realismo mágico’, para mí el relato mágico histórico.
Las innumerables “críticas” que se
han hecho como “dogma” desde el tribunal inquisidor regional de nuestra
historia, aceptado y avalado por la “Ciudad Letrada” oficial, nos conduce a
pensar que Dolores Dionisia, el emblematico, subyugador y fascinante personaje
de este breve relato magico histórico, ha sido vapuleado, golpeado, agredido,
objeto de burla y se cuestiona porque no tiene partida de bautismo ni mortuoria eclesiástica, ni informe oficial, o
acta civil o militar, como no la tuvieron miles de hombres y mujeres en esa época,
ni aparece en los positivistas, patriarcales e inflados partes de guerra, que
afirmarían y sentenciarían sin asentarlo: no lucharon mujeres en la guerra de
independencia de Venezuela y menos nativas de la provincia de Trujillo.
Ese pecado original o irreverencia alegado e imputado in audita parte, por algunos escribidores, que inclusive todavia
andan en la busqueda cacofónica del acta de defunción de “LA INMORTAL”, en este caso, conduce a la expatriación de
esta heroína simbólica, mandando al cadalso ese brillo y magia femenina con
todo y “realismo mágico” literario, para que salga de la literatura histórica,
que quede fuera de ella, solo faltaría el Decreto que ordene que abandone y se
borre de este país, en definitiva, que se quede sin Patria.
(*) Portador Patrimonial Histotico y Cultural de La Puerta.



