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sábado, 1 de junio de 2024

Cuando bajaron las carabinas de La Mocotí, 1898.


          Por Oswaldo Manrique (*)

Al “Chato”, la cabeza le daba vueltas de tanto pensar. No eran las nalgas, las que le dolían, que a pesar de los brincos y rebrincos de las cabalgaduras, se habían portado resistentes y a la altura del vic vac. Seguía  las medicaciones que le daba el Dr. Manuel Araujo, su pariente, y se hacía cuando podía, los baños de ponchera de agua fresca con sábila y mejorana, que siempre le calmaban. Experimentaba desde meses antes, agudas molestias cuando noticias que desde Mérida le llegaban, corroboraban el favoritismo que sentía el Presidente Espíritu Santos Morales, por  sus tradicionales enemigos: los “Lagartijos”. Ahora, la cosa cambió: anuncian la separación y autonomía de los Estados. Buena ocasión para cobrársela al “Tigre de Guaitó” y a la “Gonzalera”, y movilizar desde todos los rincones de la región, la tropa para aventarlos del poder.

Fondo de portada: tomado de Despojos Inconformes, de Neller Ramón Ochoa.

Le había jurado al viejo y enfermo “Ño Fuán”, que recobraría el gobierno para la familia. En sus adentros el “Chato”,  diría: - ¡Trujillo es godo y de bandera colorada!  Era muestra del rencor que arrastraba, desde la paliza recibida en el 92, la que lloró en La Puerta, junto con los terribles  “Pinto” Bernardino Silva y el “Calzones Negros” Palomares.

Cuando discurría el año 1898.

Difícil apartarse de lo apasionante que es abordar la vida, acciones, razones políticas, ideológicas y pasiones de los rebeldes trujillanos, particularmente los del tiempo de caudillos y de la deslumbrante virilidad. Impresiona esa combinación de lo anecdótico, con las colosales decisiones y acciones militares. Parecen, aunque suene cándido, peleas de seres inalcanzables, como proveídos por los Dioses, que solo pueden ser vistos a la distancia, cabalgando sobre las crestas de la  Cordillera de La Culata. Por ello vale sí, dar a conocer los hechos -sin duda sangrientos -, como enseñanza de lo que no debe repetirse entre trujillanos, entre hermanos, la ausencia de tolerancia y de reconocimiento del contrario político, lo que, amplia el gentilicio y orgullo regional y local.

¿Quién podía pensar que algo fútil, era la motivación de esta revuelta?

En términos generales, se gozaba de una paz de tregua. Estando apoyando y al servicio del gobierno del Presidente de la República electo, general Ignacio Andrade, las fuerzas liberales “lagartijos” y también las oligarcas “ponchos” trujillanas, las dos causas políticas “contradictorias” entre sí, respaldándolo; asimismo, al presidente del Gran Estado Los Andes, general Espíritu Santo Morales, quien se inclinó y protegió a la gente de su compañero de causa liberal, general Rafael González Pacheco, quienes prevalidos de ese apoyo, no desperdiciaron la ocasión para hostilizar a sus contrarios oligarcas.

Vino la separación de los Estados "y esto fue suficiente causa para disputarse el mando y hostilizarse entre sí" (La Riva, 85). Causa y oportunidad para los “Ponchos”.

El 11 de mayo de 1898, el General José Manuel Baptista con gente armada toma Valera, fue el inicio de hostilidades. Contaron con los batalladores godos del Valle de Bomboy, Miguel Delgado, Pancho Ramírez, los Burelli, los Palomares de la Puerta, Noé Matheus, con ellos, los temidos Terán de “La Cañada de Mendoza”, Bernardino Silva “el Pinto”, y Rafael Abreu, de “El Cumbe” (Crespo, 53). Luego, pueblos como Sabana Mendoza, Pampanito, Niquitao, Boconó, Sans Souci, “La Encomienda”, en el páramo La Cristalina, “Tierra Morada, Zanjón del Rincón, “Las Aguaditas”  sintieron el peso de las bestias y cabalgaduras de los “ponchos” conservadores.

El desmedido desafío del “Chato” Briceño.

Unas semanas antes, de la decisiva confrontación, el general Montilla Petaquero, recibe un mensaje del "Chato” Briceño, general de las fuerzas araujeras, en términos similares a esto: <<General si es tan valiente, vamos a vernos las caras en Pueblo Llano, lo desafío a pelear, con las armas que le dé la gana>>.  Montilla, como jefe del ejército liberal, estando en Mérida, y mientras meditaba el reto y la vehemencia por plantear batalla, del Chato, a quien llamaban el terror de los lagartijas, el "Atila" trujillano, fue apertrechado en armas y municiones por el presidente del Gran Estado los Andes, general Espíritu Santo Morales. 

El mismo Espíritu Santo, asumió comandar la guerra contra los oligarcas araujistas y batisteros que jefaturaba el general Blas Briceño alias “El Chatico”,  quién atrincherado en Jajó le exigió la revancha, es decir, desafió al combate al general Rafael Montilla Petaquero "El Tigre de Guaitó", y este lo buscó en “Pueblo Llano” donde lo había citado, se molestó al no encontrarlo allí, lo buscó también en “Las Porqueras” de Timotes, y por último,  se fue a enfrentarlo <<en el Alto de Durí, donde forzosamente paró, acatando órdenes del general Morales>> (Gabaldón, 117). Esto es anecdótico, el “Tigre” buscando al “Chato”.


El colosal y decisivo choque en Jajó.

El 6 de junio de 1898, ocurrió en "La Loma de las Palmas", sitio cercano a Durí, uno de los hechos más sangrientos de la historia trujillana. Duró 5 horas. Fue un encarnizado, absurdo y obstinado combate, que según algunos historiadores, aseguró la tranquilidad y la estabilidad política y militar de Trujillo, del Gran Estado los Andes, y del país.

Minutos antes del combate, como parte de lo anecdótico ocurrió algo, que incluyó en su testimonio el historiador Fabricio Gabaldón, pues encontraron que un ingeniero de nombre Luis Vélez, que formaba parte del Estado Mayor del ejército liberal, sacó un plano topográfico del sitio y lo abrió en una mesa, fue clavándole alfileres de colores y banderillas, indicando a los oficiales liberales el orden de ataque.  En eso llegó Montilla Petaquero, metió la cabeza por entre el grupo y dijo en altavoz:

- Déjese de pendejadas doctor Vélez; ¿usted como que cree que con alfileres y muñequitos vamos a derrotar al enemigo? si quiere coja un mauser y véngase conmigo para que vea cómo peleo yo" Frescura providencial>> (Gabaldón, 118); lo que bastó para  librar a todos los oficiales del inconveniente en que los había  metido el ingeniero y su plano. 

El general Morales ordenó el ataque, distrayendo al enemigo con un ligero tiroteo, mientras el atrevido general Montilla avanzaba en la vanguardia y observó que sus rivales <<habían dejado sin ocupar unos riscos o peñas que los dominaban en altura; se aprovechó del descuido con las habilidades que tenía de experto cazador, y seguido de los suyos que lo secundan, inició desde los riscos o peñas mencionados el combate; con la sorpresa de Morales que, lo ve empeñarse sin su orden,  y con el espanto del enemigo al verse dominado en altura. Piedras enormes diseminadas en el terreno que ocupan, las hacen rodar al campo enemigo, y con el desastre que estas ocasionan en el trayecto recorrido, juntamente con los gritos de entusiasmo y los certeros disparos, le ocasionaron a sus contrarios, la más completa y vergonzosa derrota, como no se recordaba otra en suelo trujillano>> (Gabaldón, 118).

El general liberal Perfecto Crespo, en su memorial, anotó: <<las tropas godas se concentraron en Jajó. Las fuerzas del gobierno liberal que llegaban de Mérida, y las trujillanas que pasaban por “Pajarito” y “Tuñame”, resolvieron atacarlos en su propio patio: Jajó. El  General Montilla entró en Jajó cayendo este pueblo "bajo la planta de los soldados adversarios>> (Crespo, 55). Destruida su fuerza de combate, los generales Araujo y Briceño, emprendieron la retirada.

El recordado historiador, colega y amigo Arturo  Cardozo, escribió: <<El numeroso ejército conservador es derrotado y perseguido. La tenaz persecución transforma aquella derrota en veloz fuga que solo termina cuando los insurgentes llegan a la estación ferroviaria de Motatán y, bajo el efecto del pánico, asaltan los vagones que los conducen a La Ceiba; luego embarcan para Maracaibo>> (Cardozo, 258).

Para los puertenses, este episodio de guerra fratricida, tiene un significado especial que va más allá de lo legendario de este hecho, como continuación de la sangrienta batalla de Durí-La Mocotí-El Portachuelo, en 1892, sino porque personajes locales estuvieron involucrados en la lucha por consolidar la estabilidad de la República. La historiografía no ha incluido ni reconocido la importante participación de hombres sencillos, campesinos, de nuestras montañas, que sin ostentar el mote de generales, quizás algunos con grado de coronel y oficiales, se la jugaron en esta fase del proceso histórico trujillano; por eso, la necesidad de reescribir la historia, rescatándolos y visibilizándolos.

La retirada, desmoralización y el pánico.

El “Chatico” viendo la debacle y la pérdida de hombres y posiciones, producto del avance rápido y la barbarie de los “lagartijos”, entró en pánico, y llamó a un "sálvese quien pueda", abandonando el sitio de confrontación, lo que aprovechan los liberales para la persecución, resultando una retirada que se perfilaba como caótica, al no respetar el lógico orden de batalla.

A toda prisa, huía “El Chatico”, de las balas, pero más velocidad le imponían los macheteros del “Tigre Montilla”, que iban tras él, persiguiéndolo.  Su cara era de miedo y de derrota. Vencido en el 92, y vencido en esta batalla y por los “mesmos”. 

La derrota que sufrió el ejército del general Pedro Araujo Sánchez,  y el general Blas Briceño alias “El Chato“, considerado hasta ese día él Atila trujillano, el invencible, se dieron a la fuga ante el incontrolable avance y “carga a machete” de los indios montilleros. En la huida el “Chato”, <<encontró refuerzos quienes al verle la cara de espanto les contestó "asómense y verán por lo que juigo yo”, palabras que fueron suficientes para contagiar terror; y a la voz de: sálvese quien pueda, las armas son arrojadas, los grupos se dispersan y los jefes haciéndose unos a otros competencia en la velocidad de sus cabalgadura, ganan a Motatán,  asaltan en su confusión las máquinas y vagones del ferrocarril>> (Gabaldón 119). Los refuerzos eran la poca gente que bajó de La Mocotí con el general Leopoldo Baptista.

En efecto, el general Morales, se había movido desde Mérida sobre Trujillo, uniéndose a él, el doctor González Pacheco y el general Rafael Montilla, y atacó a las fuerzas que habían en Jajó al mando de los generales Pedro Araujo y Blas Briceño, <<y después de cinco horas de combate, emprendieron Araujo y Briceño la retirada, que fue protegida por el doctor Baptista y cinco oficiales que se habían movido de La Mocotí con ese objeto y en auxilio de Jajó>> (La Riva Vale, Alberto . Anales de Valera. Página 85. Valera. 1988). Es aquí cuando entra a participar la gente de la serranía de La Culata. Se entiende que eran algunos oficiales y su pequeña y selecta tropa.

Al irse en fuga, los "Chateros" son perseguidos por los macheteros montilleros, dispersos en varias direcciones. El “Pinto” huyó por el Cumbe, donde se echó tiros con unos de la retaguardia liberal. Perfecto Crespo,  apuntó que como parte de la huida de los derrotados  conservadores, <<Por el camino de Valera a Jajó, en la Quebrada de Cuevas, nos hicimos unos tiros con una guerrilla fugitiva del célebre “Pinto” Bernardino Silva>> (Crespo, 57).  El “Chato” Briceño aprovechando la acción de Baptista y sus oficiales, se metió por unas intrincadas trochas hasta llegar a la estación del ferrocarril en Motatán. 

Los fusiles salvadores que bajaron desde La Mocotí, en 1899.

Pudiera percibirse como algo enviado por la divina providencia, en el preciso instante de su casi degollamiento. La tradición oral, menciona que el rebelde Sandalio Ruz, que había roto relaciones políticas y de amistad con el “León de la Cordillera” y sus seguidores, participó en la retirada de los godos. El empinado Sandalio, con su porte patriarcal, se convirtió gracias a su conocimiento de esta zona, su destreza y capacidad para movilizarse y esconderse, en maestro de la lucha guerrillera y la emboscada. Como auténtico paramero, de niño, le tocó salir de cacería con sus mayores y conocer la profundidad de la montaña, y el desplazamiento del venado, conejo de monte, o báquiro, para comer carne buena. Fue una autentica escuela y leyenda para su tropa, incluyendo a Mitrídates su fiel guardaespaldas, a Fidel Rivas y Juan Torres.

Sandalio tenía tiempo distanciado del Partido Conservador, había roto con el general Juan Bautista Araujo, el célebre “León de la Cordillera”, sin embargo, Leopoldo Baptista, lo convenció para esa jornada y formaron la fuerza salvadora de la retirada y las vidas de los araujeros. Según la tradición oral, y asi lo recordaban descendientes de Mitrídates Volcanes, su lugarteniente, que Sandalio no le perdonó al “León de la Cordillera”, que le negara el apoyo en su ataque a la "Gonzalera"; pretendía “Ño Fuan” que el Coronel y su gente, quedaran burlados y saqueados en sus bienes.

Cuando fueron a hablar con Sandalio, allá en Los Aposentos, según Ramón, nieto de Volcanes, a Leopoldo Baptista lo acompañaba su socio el "Jurungo" Burelli, quien iba con Cesáreo Parra, el yerno Antonio Parra, y Rito Pabón, vecinos, hacendados y montoneros de la zona, además, militantes de la causa goda. Toñita Carrizo la esposa, los atendió y cuando escuchó mencionar que las fuerzas liberales la comandaba la “Gonzalera”, inmediatamente se le revolvieron las tripas, recordando el saqueo de su casa y sus tierras. El coronel Ruz, se lanzó nuevamente a la guerra para frenar a los que habían arrebatado la hegemonía política a los “ponchos” en  la región.

José Antonio Burelli alias el “Jurungo”,  de 52 años (Giuseppe Zenone Burelli Raffelli 1846 – 1920). Se sentía seguro en sus andanzas y correrías, porque poseía además de su inseparable revolver, un fusil de ligeros guáimaros, que según él, era de mayor precisión. Como se acostumbraba en ese tiempo, fue con sus dos hijos mayores, en esta experiencia de acciones excepcionales de montoneras, Cristino, de 26 años de edad, igualmente, Francisco Alberto Umberto, uno de los mayores de la familia Burelli, quien desde niño disfrutó de la cacería, también inclinado por la carrera militar y Pedro Mario Burelli García,  con  24 y 18 años de edad respectivamente; es posible que el bisoño José Américo, que años después sería legendario general nacionalista, también los haya acompañado. Los guerrilleros cordilleranos, limpiaban sus chopos con aceite y gas plan (kerosene), antes de hacer uso de ellos, pero ese día, lo que bajaron por el desfiladero, fueron máuseres nuevos.

A los "araujeros" solo los amparó, de los macheteros montilleros, la operación militar de Leopoldo Baptista y los caudillos francotiradores de La Puerta, entre ellos Sandalio Ruz, Mitrídates Volcanes, “El Jurungo” y su hijo Umberto Burelli; el "Macho" Palomares, y unos pocos que los acompañaban, que les permitió a la gente del "Chato" Briceño y de Pedro Araujo, llegar a Motatán, tomar el ferrocarril y salvar la vida. Era lógico que Baptista se hiciera acompañar de los baquianos de los vericuetos de La Mocotí y las montañas liberadoras de las Siete Lagunas.

Baptista y sus oficiales, se habían ubicado en el Filo del Granate. Le sudaba el catalejo, cuando observó las posiciones y avanzada de los dos ejércitos en batalla. Bajaron de La Mocotí  y dispusieron una línea de bloqueo, desde donde pudieran practicar “el tiro de cachito”, que obligó a los perseguidores, a abandonar la "carga a machete", que se habían propuesto sobre la tropa araujera  oligarca.  Los primeros en caer producto de los tiros, fue el jefe de los perseguidores, desplomándose de la mula. Esperaron, y más atrás, el que lo sucedió o sustituyó en la jefatura fue certeramente herido, sin ser derribado de su bestia, y graneadamente cayeron otros, lo que conmocionó a los macheteros “lagartijas”, que los frenó en su desaforada cacería. El fusil de sistema Máuser era un arma de repetición que podía cargarse para un nuevo disparo, con un movimiento de su palanca de armar. Servía para parar las persecuciones, porque  el largo de los fusiles impedía su manejo en los combates a corta distancia. Con estos disparos lograron detener la persecución, salvando a los godos derrotados.

Entre los caudillos montañeros de La Puerta, que nombra como inventario de godos el general Perfecto Crespo, en sus memorias, está el guerrillero conservador y baptistero Miguel Delgado (Crespo, 53); un hacendado oriundo de Mendoza, que se radicó en La Puerta, en 1893, fue propietario de la casa N° 4 de la Calle Real, hoy avenida Bolívar, colindante con la casa de los Carrasquero, y por el otro costado, con la casa de Juan Pedro Lamus, padre de don Audón (Abreu B,  201). Por la seriedad, patrimonio en riesgo y nivel de compromiso de los participantes de La Puerta al llamado de Baptista, se notan las diferencias políticas muy marcadas con el clan Araujo, el otro bastión del conservadurismo, que se había alzado y atrincherado en Jajó.

El filosofal Cesáreo Parra, aunque no hacen referencia de él, asentado en la Media Loma, fue un hombre vinculado y leal a los Burelli, demostró gran destreza como tirador y casi siempre, con buenos resultados en sus incursiones, de igual forma Rito Pabón, acostumbrados a la cacería de montaña, y además,  gente de pelea. 

El ultimo montonero de La Puerta, porque sobrevivió a su comandante Sandalio Ruz. Con poco más de un metro cincuenta de altura, Mitrídates Volcanes, campesino, siempre alegre y cantando, fue diestro para camuflarse en la selva serrana, para ir a cazar, gozando de buena puntería. Mitrídates Volcanes,  lugarteniente de Ruz,  según la tradición familiar, salía de cacería, pero estando en la casa de La Maraquita, habitualmente sacaba del escondite y hacia el mantenimiento de su fusil. 

Crespo de igual forma menciona al "Macho" Palomares, Carracciolo Palomares, también conocido -según el historiador Guillermo Morón- como el legendario "Calzones Negros", fue considerado el mejor francotirador del Valle de Bomboy, le achacaban la autoría de varios “tiros de cachito”, tenía su propia guerrilla integrada por sus hermanos y sobrinos. A los meses, de esta confrontación, negoció con el general Montilla, y éste,  lo incorporó a su ejército, como uno de sus lugartenientes. Adquirió fama como francotirador, sus compañeros le tenían respeto y miedo. Carracciolo  y sus hermanos, hacían competencias con Rodulfo Terán, de familia terrateniente de Mendoza, seguidor de los Baptista, y fue famoso por su puntería.

Las largas y frías carabinas que fueron sacadas a la pelea, por estos parameños,  inclusive cabalgando,  gozaban de ventaja frente a la tropa de infantería. Esos campesinos, al disparar sus municiones de largo alcance, sonreían, porque sabían que el armamento que estrenaban superaba el 90 % de efectividad.

Fueron estos personajes locales, parte de los hábiles y arriesgados cazadores de la serranía de La Puerta, considerados una especie de elite de la tropa goda y pesadilla para los “lagartijos”, quienes pudieron contener la tenaz persecución del enemigo y salvar a la tropa del "Chato", despavorida por aquel cruel y sangriento combate.

Al año siguiente, el general y jefe de los liberales Rafael González Pacheco, y el general Leopoldo Baptista, jefe de los oligarcas trujillanos, pasaron a hermanarse en el gobierno nacional. El general Rafael Montilla, líder de los campesinos sin tierras, pasó ahora, a ser enfrentado por estos generales, uno, su amigo y el otro, su enemigo, por la fuerza campesina y militar que representaba, como por sus ideas y obras de redención social. 

Este mes de junio, se conmemoran los 126 años, de aquel trágico y fratricida hecho de armas,  en el que se involucró un grupo de hombres de la serranía de La Puerta, en 1898, que conspiraron por la defensa de sus intereses de hacendados, militantes de la causa conservadora, quienes ayudaron con su astucia, experticia  y valentía en la fase de culminación de una derrota en batalla, su experiencia y conocimiento en asuntos de armas y tiro, y asimismo, su tenacidad en la protección de la retirada como operación militar. Salvando la vida a muchos de sus coterráneos.

Asi, se hicieron presentes  estas carabinas salvadoras, sombra protectora salida de las montañas de La Mocotí, los Aposentos, Garabulla, La Cañada, San Martin, Quebrada Seca, Media Loma, La Maraquita y La Puerta, dándole una respuesta favorable a la vida. Se salvaron los godos. Insisto con esta nota, que en La Mocotí se erija un monolito o monumento como símbolo de la fraternidad trujillana, para que nunca más se produzcan enfrentamientos violentos entre hermanos. Los gobernantes tienen la palabra. 

(*) Portador patrimonial histórico y cultural de La Puerta.

La Puerta, junio 2024.

omanrique761@gmail.com    

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Primera Constitución de la Provincia de Trujillo (1811)


La Primera Constitución de la Provincia de Trujillo (1811).


Oswaldo Manrique Ramírez.



Este día 2 de septiembre, significa para la historia de Trujillo, no solo la celebración y conmemoración de los  210 años de ser una Provincia (hoy Estado) republicana independiente, sino la reafirmación del reconocimiento del sacrificio de nuestros antepasados precursores y forjadores, así como,   el recordatorio del deber de los trujillanos de luchar por la prosperidad  y libertad de los hombres y mujeres de la <<tierra de María Santísima>>, como la llamó Mario Briceño Iragorry.



Padre Francisco Antonio Rosario, prelado libertario y destacado artífice de la creación constitucional de Trujillo, como Provincia.  


Con la Constitución Provincial de 1811, se dio nacimiento a  la Provincia republicana, confederada y libre de Trujillo, base junto con otros pueblos, de la creación y conformación  de la República de Venezuela. Lo que voy a compartir a continuación, es parte de un trabajo sobre el pensamiento político y constitucional del prócer civil independentista Pbro. Francisco Antonio Rosario, uno de los más destacados ideólogos de esa Constitución.


La primera Constitución de la Provincia de Trujillo (1811).



El constituyente Francisco Antonio Rosario y los Orígenes del Constitucionalismo Trujillano. El 2 de septiembre de 1811, nacimiento de la Provincia de Trujillo, autónoma, soberana y republicana. La Proclama Libertaria.


La convocatoria al poder Constituyente, impulsada por los sujetos revolucionarios con sus distintas visiones e ideologías, el proceso que se desarrolló, la instalación, los debates de la Asamblea Provincial y la Constitución que produjo, son ciertamente, expresiones de la política, por todo lo que involucra y hasta deja de involucrar, por supuesto, dentro del contexto histórico de que se trate. El Constitucionalismo y el Derecho Constitucional son fundamentalmente políticos. 

A raíz del derrocamiento del gobierno colonialista español que dirigía don Vicente de Emparan, Gobernador y Capitán General de la Capitanía General de Venezuela, durante los sucesos de abril de 1810, y conformarse inmediatamente, la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, que según el historiador Tomas Polanco, constituiría el primer acto de carácter constitucional de este gobierno nuevo, y el nacimiento jurídico de un nuevo Estado en Hispanoamérica (Tomás Polanco, “Interpretación jurídica de la Independencia” en El Movimiento Emancipador de Hispanoamérica, Actas y Ponencias, Caracas, 1961, Tomo IV, pp. 323 y ss.); estos hechos fueron generando tanto en Caracas, como en el resto de las Provincias, Juntas Revolucionarias y Autónomas de Gobierno, asi como, la necesidad de proveerse de las correspondientes Cartas Políticas Provinciales.  

Una de las primeras Constituciones Provinciales, fue la de Trujillo, aprobada el 2 de septiembre de 1811, por los distintos representantes constituyentes, con la denominación de <<Plan de Constitución Provisional Gubernativo de la Provincia de Trujillo>> (Brewer-Carías, Allan R.  Las primeras manifestaciones del Constitucionalismo en las tierras americanas: las Constituciones Provinciales y Nacionales de Venezuela y la Nueva Granada en 1811-1812, como fórmula de convivencia democrática civilizada. Pág. 11. OICI. Cádiz. 2011); la edición que poseo, es de 1959, de la Academia Nacional de la Historia, y la titula <<Constitución de la Provincia de Trujillo>>; constante de 9 títulos, y 63 artículos, aunque al final, hay una nota que hace alusión al <<presente plan de Constitución, que provisionalmente ha de gobernar esta Provincia>>  (Las Constituciones Provinciales. Pág. 320. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1959).  

Es de considerar que, la más sentida obra intelectual de Francisco Antonio Rosario y la de la mayoría de los representantes, fue la creación como meticuloso arquitecto, del Trujillo Provincia, como la entidad y dignidad política, libertaria, autónoma, antimonárquica e histórica, que integró la Confederación de Venezuela, Independiente y soberana, esto es, la Patria Nueva. 

Es obvio que para elaborar una Ley tan fundamental como lo es una Constitución, se requieren vastos conocimientos y cultura jurídica. Desde el principio de ese proceso Constituyente, novedoso, creativo, del que se desconocía todo, pues aparte de la norteamericana, no había mucha información por lo inédito, sin embargo, estuvo pendiente. Voluntariamente, el párroco de La Puerta y Mendoza, acudió a ofrecer sus conocimientos de cánones, esa voluntad se ve reflejada en su participación en la Constituyente, para constituir un nuevo orden, el soberano y anticolonial, un nuevo sistema de gobierno y una nueva Sociedad.

 Por ser la primera, hecha a la medida de los interesados, clero y mantuanos, en mantener sus privilegios y el control del Poder, debió contar con proyectista de mayor acervo jurídico, como Fray José Ignacio Álvarez Abreu, pero la formulación de las instituciones y su lenguaje, objeto del debate y de nuevas propuestas de los constituyentistas, se requiere mayor nivel jurídico y fundamentalmente, cultura política, conocimiento de la realidad social,  económica, política, es en este último aspecto, sobre el que descansa la labor Constituyente, del derecho político insurrecto, en donde destacó el padre Rosario. 

El proyecto o propuesta de la Ley fundamental para la futura Provincia, lo elaboró el fraile Betijoqueño, José Ignacio de Álvarez Abreu, aunque según una declaración en juicio de infidencia del también constituyentista Miguel Ignacio Briceño, lo habría traído Manuel Delgado, Presidente de la Asamblea (Dávila. Próceres Trujillanos); el jurista Brewer Carias, señala por su parte, que desde la Junta de Caracas, en marzo de 1811, se habría encargado al Dr. Roscio para elaborar un borrador guía para las Provincias (Brewer: 11). El proyecto que fue presentado a la Asamblea, realizada en la sala consistorial, fue debatido y enmendado por los asambleístas, que fue aprobado, pero que previamente fue objeto de revisión,  correcciones y mejorado, por los representantes designados para tal fin, Francisco Antonio Rosario, Dr. Bartolomé Monsant, cura Maracaibero, don Miguel Ignacio Briceño, hacendado, administrador de rentas del tabaco, durante el gobierno colonial, y el poeta Juan Llavaneras, graduado en leyes, cuatro revolucionarios.


La Constitución de la Provincia de Trujillo (1811).

Con la Constitución de la provincia de 1811, se dio nacimiento a  la Provincia republicana, confederada y libre de Trujillo, base junto con otros pueblos, del nacimiento de la República de Venezuela.

Dentro del conjunto de ideas liberales, republicanas y confederadas, adoptadas y consagradas en la novedosa Carta Política y fundacional, que inspiraron a los constituyentes regionales, encontramos las siguientes.

La Constitución de la Provincia de Trujillo, aprobada por la plenaria constituyente, el 2 de septiembre de 1811, contempla en su Titulo Primero, un conjunto de prerrogativas eclesiásticas. 

Portada de la publicación Las Constituciones Provinciales. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1959.


De la religión católica.

Este Título, fue dedicado a la Religión católica. Toma como guía, el dogma que <<ninguno podrá ser buen ciudadano sin que sea perfecto religioso>>.

En el Capítulo  Primero,  esta Constitución comienza con un postulado en favor de la tradicional Religión católica, profesada por la mayoría de los habitantes y los constituyentes; basada en la concepción idealista filosófica, que interpreta el mundo en una concepción mágica de la religión, y su primacía del espíritu (Dios), <<el origen de donde dimanan las leyes obligaciones de la sociedad civil >>; concepción idealista que estos mantenían. Asimismo, en el  Capitulo  2°. Consagra que el deber más sagrado de todos los gobernantes, era, <<protegerla, ampararla y sostenerla hasta perder la vida>>; que es un postulado excluyente de las demás religiones. Es una evidente apología excluyente, la religión católica de Jesucristo, como la única creencia religiosa. 

Se puede observar en el Capitulo  3°,  que consagra el principio de reciprocidad y armonía de poderes establecidos, es decir, el poder Provincial o gobierno civil, no se inmiscuirá en los asuntos religiosos y a su vez, los del gobierno religioso, no se meterían en los del gobierno civil; para el Dr. Brewer-Carias, se trata de <<la Religión Católica, como Religión de la Provincia, destacándose, sin embargo, la separación entre el poder temporal y el poder eclesiástico>> (Brewer-Carías, Allan R.  Las primeras manifestaciones del Constitucionalismo en las tierras americanas: las Constituciones Provinciales y Nacionales de Venezuela y la Nueva Granada en 1811-1812, como fórmula de convivencia democrática civilizada. Pág. 11. OICI. Cádiz. 2011).

Era cierta, la hegemonía del estamento eclesiástico. Esto, nos incita a pensar que el desempeño del cura Rosario, en la discusión constituyente, por su formación teológica y jurídica, pudo estar dirigido a la consagración de la religión católica, como única fe a profesar en el nuevo modelo de gobierno, enfrentando las ideas liberales del Estado laico.  


Del ansiado y motivador Poder Provincial.

El Poder Político, consagrado en el Capítulo  Primero del Título Segundo, quedó plenamente representado y ejercido por el Colegio de Electores. Es el Colegio de Electores, constituido por la libre votación y poderes legítimos de los pueblos, la representación  plena del Poder Provincial.  Se refiere a los pueblos que tuvieron representación en dicha asamblea. Al ejercer el poder de esta forma plena, este <<Colegio Electoral se reguló como Poder Constituyente,  y a él corresponderá residenciar a todos los miembros del Cuerpo Superior del Gobierno>> (Brewer: 11). Al definir y crear la organización jurídica política del Poder Provincial, se depositaron todos los poderes, en esta corporación de electores.  

En efecto, se trataba de un nuevo modelo de gobierno representativo, pero manteniendo las viejas instituciones de Cabildos y los Justicias Provinciales, y los Partidos Capitulares. Se establece la ciudad de Trujillo, como sede Capital y asiento de los Poderes Públicos Provinciales, y crea además, del Cabildo de Trujillo, los de la Villa de Carache, Boconó y la de Escuque. En el proyecto de Constitución Provincial, se nota que con este modelo de gobierno, tomó en cuenta la práctica preexistente y los protagonistas del bloque hegemónico, clero y hombres con fortuna económica, que le daría como objetivo, estabilidad política e institucional. 


De la Forma transitoria de Gobierno.

En el Capítulo  Primero del Título Tercero, la Constitución establece que, <<La representación legítima de toda esta provincia reside en el Colegio Electoral>>; es este Colegio, el que ejerce y decide todo, y además, se arroga la soberanía del pueblo.  Los órganos de gobierno en particular, según el Capitulo  2° de dicho Titulo, son: <<el Cuerpo Superior del Gobierno y el Municipal o de cabildo, cuyas funciones se detallarán en sus respectivos lugares>>; éste último, subordinado al primero. Si bien es confuso, en cuanto a la ruptura con la Monarquía de España, o adaptarse a una posible transitoriedad política, crea un gobierno autónomo, para asumir su destino. 


Del Cuerpo Superior de Gobierno.

Establece Capítulo  Primero del Titulo Cuarto, que el Gobierno Superior estará constituido por cinco (5) vecinos, que ejercerán las facultades que allí se establecen, las ejecutivas de gobierno y administración. Rosario, formará parte de este Cuerpo Superior de Gobierno. La Presidencia del gobierno será rotativa. Hace la salvedad, que no tendrán facultades en los asuntos de la Confederación, pero el Diputado nacional quedaba obligado a recibir instrucciones de este Cuerpo Superior de Gobierno. Cláusula discriminatoria, los cargos de gobierno y empleos, solo serán ocupados por propietarios de bienes y de recursos económicos; limitantes hegemónica y oligárquica.

El “Cuerpo Municipal o de Cabildo” como cuerpo subalterno, quedó regulado por el Título Quinto, en el que se estableció, que estaría integrado por cinco (5) individuos: dos alcaldes ordinarios, dos Magistrados (uno de ellos Juez de Policía y otro como Juez de Vigilancia Pública), y un Síndico personero; bastante parecida esta estructura municipal, a la colonial, que se pretendía abandonar (Las Constituciones Provinciales. Págs. 295 a la 324. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1959).   

Se establece un “Tribunal de Apelaciones”, en el Título Sexto, y atribuyó al Cuerpo Superior de Gobierno el carácter de Tribunal de Alzada (Ídem).

Contempla y regula el cuerpo de  “Milicias”, en el Título Séptimo, a cargo de un Gobernador y Comandante General de las Armas de la Provincia, nombrado por el Colegio Electoral, pero sujeto inmediatamente al Cuerpo Superior de Gobierno (Ídem).

 Establece  el procedimiento de Juramento, que deben prestar los diversos funcionarios, en el Título Octavo,  (Ídem); finalmente, en el Título Noveno, relativo a los “Establecimientos Generales”, tomó algunas disposiciones transitorias, y reguló algunos de los derechos de los ciudadanos, como los siguientes:   

El primer pronunciamiento contra el Latifundio, en Venezuela. 

En la parte final de este texto político, en el Título 9, Capitulo 5°,  se encuentra un dato histórico interesante por contradictorio; de la lectura integral del texto constitucional se extrae, que ésta, fue formulada para independizar y crear la Provincia confederada, pero a la vez,  para mantener la hegemonía política de los factores de poder preponderantes de la época, entre ellos, clero, patricios, legistas,  hacendados y terratenientes, éstos últimos, calificados por la historiadora Zulay Rojo, como <<aristocracia territorial>>; sin embargo, los constituyentistas incluyeron una norma novedosa que incide sobre el antiguo problema de la concentración en una sola familia la tenencia de la tierra en Trujillo,  mediante la cual  prohíbe <<la fundación de Mayorazgos como gravosa al bien general de la provincia>> (Constituciones Provinciales. Pág. 315. ANH. Caracas. 1959). Ésto significa, que estamos ante la primera norma constitucional de prohibición de la figura e institución mayor del latifundio, como lo fue el mayorazgo, lo que obviamente, incide sobre el modelo de desarrollo económico y las propias relaciones sociales de producción de esa época. 

A pesar de que la tierra y la propiedad eran privilegio de los sucesores de los conquistadores invasores y colonos, existió esta forma larvada de mayor entidad y protección jurídica del latifundio,  como lo era el mayorazgo, cuyo mejor ejemplo fue 

el famoso y muy litigado Mayorazgo de Cornieles,  que impedía el desarrollo de la actividad agropecuaria, y la libre adquisición de tierras; por eso, los mismos hacendados y terratenientes que participaron en la Asamblea Constituyente trujillana,  aprobaron aplicar esa prohibición. 

Esas son las bases de la constitucionalidad trujillana, en los inicios del republicanismo confederado, a la que tenía que jurar y adaptarse la población. El ilustre profesor Leopoldo Palacios, ha señalado en una de sus obras, que, el Constituyente como orfebre de leyes, debe estar provisto de un conjunto de condiciones, entre ellas, <<un claro concepto de la materia sobre la cual va a legislar, del sistema jurídico del que formará parte la norma proyectada; un profundo conocimiento, preciso e inequívoco, de la lengua en la cual escribe y por supuesto, una adecuada información de la idiosincrasia de la sociedad para la cual se legisla>> (Palacios, Leopoldo. De la técnica legislativa. Pág. 307. Editorial Buchivacoa. Caracas. 2009). Tomando en consideración que la plenaria de la Asamblea Provincial Constituyente, designó al padre Rosario, como uno de los cuatro correctores del proyecto que sería aprobado el 2 de septiembre de 1811, es obvio, que este prócer independentista, reunía esas cualidades, o por lo menos, la mayoría de ellas, para ejercer como lo hizo, la representación constitucional de sus electores de Mendoza.

El historiador Mario Briceño Perozo, en su obra sobre Trujillo, apuntó que esta Constitución <<refleja cierta sujeción a cánones religiosos... detallistas y prolijos sus títulos y capítulos, que en veces parece que estemos leyendo un manifiesto... ello no es óbice para reconocer que se trata de la primera ley republicana de Trujillo, en cuyo fondo latía el designio claro de orientar e ilustrar a un conglomerado sin experiencia alguna en los trajines de la independencia política y de la soberanía popular>> (Briceño Perozo, Mario. Historia del estado Trujillo. Pág. 118-120. ANH. 1984); con todas sus fallas, es el primer documento constitucionalista republicano, de esta provincia

La Constitución de la Provincia de Trujillo de 1811, haciendo abstracción de que se favorece el ejercicio del gobierno por los mantuanos y el clero, sin lugar a duda, es el documento Fundacional de la Provincia republicana, libre y soberana de Trujillo,  y a la vez, fundamental como experiencia inicial en toda la historia jurídica de esta entidad republicana. Esta fue, una instancia de discusión ideológica, de propuestas para el futuro, y también, de  creación Constitucional, que aún cuando contiene formula relegitimadora de privilegios de la "aristocracia territorial" y el clero, establece lo fundamental, el modelo de gobierno Provincial autónomo y republicano, la consagración de diversos derechos ciudadanos, como la libertad, igualdad y algunas aspiraciones y programas allí discutidos, programáticos de las esferas sociales de la producción, como la prohibición del mayorazgo, y finalmente, la elaboración de la Constitución, creando la nueva Provincia de Trujillo; en conclusión, ella encarna los principios de emancipación consagrados por ese Constituyente Provincial, en el que participó en forma destacada el padre Francisco Antonio Rosario. 


La Proclama Libertaria, memoria perpetua del patriotismo trujillano.


Como bien lo señaló Briceño Perozo, en la citada obra, la denominada Proclama Libertaria, es un <<dechado de claridad y precisión> (ídem); es la brizna incendiaria y rebelde de la nueva Provincia.  

Un  dato histórico importante, que se debe comentar, es que los constituyentes regionales, que fueron designados para la corrección de la Constitución discutida y aprobada en la plenaria, Francisco Antonio Rosario, Dr. Bartolomé Monsant, el hacendado don Miguel Ignacio Briceño y el poeta Juan Llavaneras, la devuelven corregida, pero acompañada de una Proclama. El pedimento de estos, es para que <<la manden agregar a la Constitución para perpetua memoria de su verdadero patriotismo>> (Constituciones Provinciales. pág. 320), lo que es aceptado y refrendado por Miguel Delgado y Francisco Miguel González, Presidente y Secretario de la Asamblea, respectivamente.

En la gráfica, un retrato del padre Rosario, elaborado por la artista trujillana Bacilisa de Briceño, en el año 1983.

La Proclama Libertaria, del 2 de septiembre de 1811, es un documento fundamental para conocer el ideario del prócer civil Francisco Antonio Rosario, de la que fue su principal coautor, incorporada como guía de principios, y del espíritu y propósito de la Constitución de la novel y dignificada Provincia de Trujillo. 

Dentro de los principios y valores que encontramos en esta monumental proclama, tenemos: en su nota de apertura, <<Trujillo de la Confederación de Venezuela: habéis entrado ya en el verdadero goce de vuestra libertad, de este Don de inapreciable naturaleza, que tantos años ha, se os había usurpado>> (Constituciones Provinciales. ANH). Aquí, se declara, partidario de la ruptura con el modelo Monarquía española, orientado por Ideas de la Revolución Francesa, así como, la extinción del Colonialismo, impulsando la idea de un Estado Confederado, en el que se incorpora dicha Provincia, orientado o de acuerdo al modelo liberal norteamericano. 

También se encuentra en dicho fragmento, el reconocimiento y consagración de uno de los principios fundamentales del ser humano, el Don de la Libertad. De no ser sojuzgado, esclavizado, explotado,  ni subordinado, de obrar en la forma que se quiera y trazarse su propio destino, pero comunidad de gente, es esa facultad que pueden gozar y disfrutar, las naciones bien gobernadas, soberanas, reguladas por el derecho, la ley y las buenas costumbres.

En conjunto con lo anterior, consagra dicho documento constituyente, la igualdad de derechos para los trujillanos, haciendo la salvedad siguiente, <<No para quebrantar o subvertir el Orden Social establecido por los ciudadanos, se sacrificaría la Felicidad de la Patria>>, se nota una influencia de las ideas  liberales norteamericanas, muy demarcadas por el Orden Social, objetivo hegemónico de control y dominación de las clases o castas de poder. 

Esa igualdad de derechos y el don de libertad, los concibe y los garantiza,  como un sistema de Independencia y de nuevo gobierno, lo que deja entrever Ideas políticas de Rousseau, que planteaba <<El Estado es para garantizar al ciudadano sus derechos naturales originarios: libertad, vida y propiedad, fundamentales. Si se garantiza la paz y la tranquilidad, es solo con el objetivo de poder disfrutar de esos derechos>> (Contrato social. En: Fuenmayor, Juan Bautista. Historia de la Filosofía del Derecho. Taller Miguel Ángel García. Caracas. 1978). 

Un aspecto y causa que introduce, es el de Trujillo y su dignidad. El sojuzgamiento y subordinación a la Provincia de Maracaibo, auténticamente realista, y el quiebre de esa dependencia, lo sintetiza en forma magistral, <<Trujillo antiguamente degradado, ahora ocupa el lugar que le corresponde según el orden de dignidad política>>, se refiere a la condición Provincia autónoma, integrante de la Confederación de Venezuela, describiendo a la par, la ruptura con el modelo político de Monarquía, que son trazos de idea de soberanía.

Otro de los conceptos y trazos fundamentales de la nueva entidad constitucional, es el de Patria Nueva, que la concibe como Futura Felicidad, Felicidad de la Patria, Perpetua Felicidad, revelando rasgos de la Doctrina de Emmanuel Kant, sobre el Estado, en el que logró combinar el Idealismo, el Derecho Natural, y elementos como la Fe, y la libertad del hombre, lo que sintetizó así, <<El Estado es el conjunto de condiciones por el que el arbitrio de cada uno puede coexistir con el arbitrio de los demás, según la ley universal de libertad>> (Critica de la Razón Pura). Además Rosario como corredactor de la Proclama, señala los fundamentos de Unión y el Patriotismo, como factores protectores de la perpetua Felicidad, esto es, la Patria Nueva. 

Este ejemplar documento libertario, tiene la virtud de exponer en pocas líneas, las razones, propósitos y utilidad de la Constitución, de los pasos adelantados con ella, la Provincia, la libertad, igualdad, que son esos valiosos derechos de los ciudadanos, que son rescatados y otros producto de las ideas del redactor o proponente, de sus preocupaciones, de sus observaciones de vida, sus propias experiencias y expectativas, con cuya madurez y reflexión, lo ha conducido a las más adecuadas formas de regularlos. Fueron hombres y líderes espirituales, de pensamiento profundo en lo político, económico, social y cultural, uno de ellos, el padre Rosario. 

Estos representantes, de esa forma, con ambos documentos, asumieron el poder constituyente en revolución, para crear la Provincia autónoma de Trujillo, y a la vez, integrándose a otras, para constituir una nueva República, la Federal de Venezuela (Constitución Federal de la República de los Estados de Venezuela. 21 de diciembre de 1811). Los principios y valores que con forma muy coherente, recoge esta Proclama Libertaria, expresa en forma didáctica, algunos rasgos que como corredactor de la misma, profesó el padre Francisco Antonio Rosario, y formaron parte de su ideario político.

Los trujillanos y trujillanas, tenemos este mes de septiembre de 2021, suficientes motivos para celebrar esta fecha, son 210 años transcurridos con mucha dignidad, del nacimiento de nuestra Provincia independiente y republicana, como momento para reflexionar sobre la situación actual y el futuro de  Trujillo. 


 La Puerta, 2 de septiembre de 2021.

Omanrique761@gmail.com



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