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sábado, 20 de junio de 2026

Francisco Labastida "El Mozo", una carta reivindicadora y su trascendental “Lenguaje Nacional”

Por Oswaldo Manrique (*)


Hablar de este personaje, es tratar de la gente de la hacienda “San Francisco”, ubicada en Mendoza del Valle del Bomboy, como la describe una de las más exquisitas plumas trujillanas, Ana Hernández  Bello de Tejera, publicada en el periódico “El Anunciador” en 1934, que  dicha posesión está signada por una exhuberante vegetación, atravesada por aquel céfiro que remeda músicas lejanas,  <<El Bomboy, río de regadío, de aquel Valle, serpentea en caprichoso giro, mueve la centrífuga del ingenio, refresca los helechos, amenaza los bagazales y al atravesarlo por frágil puentecillo y corta pendiente, da la alegría de encontrar el trapiche, en donde el amable fondero bate con el ramillón en grandes pailas la espumosa miel, que grandes y chicos, como parvada de moscas van allí, en busca de melcocha, del batido envuelto en cascarón y de la deliciosa Agua Loja, servida en hermosa totuma y más sabrosa que la más rica champaña>> (Contreras, 203). Además de ser sus frescas aguas el lugar de veraneo de zulianos, la señorial Casona, se considera el refugio de los caminantes. 

                                                            *

De pronto, se escuchó el grito alegre del hermanito de 5 años: 

- ¡Ahi viene, ahí viene Bolivar! Gritó el inquieto “Chico” Labastida, a quien al pasar de los años, siendo mayor de edad, le decían “El Mozo”.

- Ud, no ha jugado pichas con él, no diga así, es el brigadier Bolívar. Fue el reclamo alegre de Ricardo, el mayor, le llevaba casi 8 años de diferencia en edad.

- Deje, cojo, yo no estoy molestando.

- ¡Chino malarte, cállese! Le dijo “Manacha” (Maria Ignacia), su hermanita, quien era 3 años mayor que Chico. Eran los hijos de doña Asunción y de don Francisco Labastida, el Letrado y rico hacendado.


Eran muchos recuerdos agradables, momentos extraordinarios desde aquella alharaca que anunciaba la llegada del llamado Libertador, tanto Ricardo que había regresado del Seminario, como la rebelde María Ignacia y Francisquito La Bastida, llenos de total regocijo que se disfrutó en la Casona por la llegada de un ser admirado, casi extraordinario. La espera culminó cuando su madre doña Asunción, parada en el escalón de la entrada de la Casona vio bajar del caballo a ese hombre y con total alegría le dijo:

-         Bienvenido Brigadier, está en su casa. Al extenderle la blanca y fina mano, el recién llegado, en caballeroso ademán, la besó, diciendo:

-         Gracias mi señora, Ud. debe ser la esposa del Dr. La Bastida.

-         Sí. Le respondió doña Asunción. Bolívar volteando hacia su derecha, vio a los niños y también los fue saludando, uno a uno, y preguntó sus nombres.

Los tres hermanos quedaron perplejos admirando aquel hombre que está entrando en la casa, el ser que se veía casi como un Dios, como subiendo las escaleras al Parnaso. Ese recuerdo de aquel día de junio de 1813, los marcó de por vida, recordando cuando en un abrazo de extraordinaria hermandad se encontró con el padre de ellos, Don Francisco Antonio La Bastida Briceño, su amigo, su compañero de conspiraciones en Caracas cuando lo conoció. Inmensos recuerdos que estos niños vivieron en esa casa y que aún, después de adultos, se respiraban en la Casona castellana de San Francisco.  

"El Mozo" Francisco Antonio La Bastida Vetancourt, nació en la hacienda San Francisco, en Mendoza del valle del Bomboy, el 18 de abril de 1808. Ricardo su hermano, nació en 1800, María Ignacia en 1804, también en el mismo lugar.  Fue hijo del prócer trujillano Dr. Francisco Antonio La Bastida Briceño, Constituyente por La Puerta, en la Asamblea Constituyente Provincial de 1812, amigo personal de Bolívar y activo impulsor de la causa independentista. Su madre: Asunción Vetancourt.  Hermano de la rebelde María Ignacia La Bastida Vetancourt y del destacado prócer Dr. Ricardo Labastida. 

Como señalamos al comienzo, hablar de Francisco La Bastida Vetancourt, es hablar de la hacienda San Francisco, y de los descendientes de los fundadores de la ciudad de Trujillo, de la obra económica del letrado, prócer y hacendado, Dr. Francisco Antonio La Bastida Briceño, en el impulso del trigo y el que introdujo las tres primeras matas de café, como experiencias nuevas en nuestros campos, donde se dio una muestra de la solidaridad agraria, de la lucha constante por mejorar las condiciones económicas de los agricultores y criadores; hombre de  serrano nacimiento, fue un patriota, y apasionado “Provincialista” como se le llamó, para darle rango de importancia a Trujillo, ejemplo señero de nuestro gentilicio.  Uno de los comandantes de la Batalla de los Alcaldes en Agua Santa, en marzo de 1812, a la caida de la Primera Republica, enfrentando las  fuerzas realistas al mando de Manuel Geraldino, que desde Maracaibo,envió el  gobernador Fernando Miyares y el Comandante militar Ramón Correa.


Francisco Antonio "El Mozo" el Maestro, vertió su sabiduría en un importante aporte a la educación.

Estudio Cánones, Filosofía, Gramática y Teología en la Universidad de Mérida o San Buanaventura de Mérida, lo que complementaba con las enseñanzas percibidas en el seno de una familia castiza de cultura elevada, donde se hablaba el castellano puro, inclusive hasta hace poco cuando lo demostraba el profesor César Labastida.  Desde joven Francisco Antonio "El Mozo", mostró su vocación por la pedagogía, lo que lo llevó a impartir clases, como maestro y pedagogo trujillano;  es recordado por ser el creador y redactor del famoso manual del "Lenguaje Nacional" para los estudiantes de primaria, a finales del siglo XIX. Metodo interesante recomendado a los directores de las escuelas federales, para que los niños aprendieran a leer y escribir correctamente la lengua castellana; y obtengan avanzadas ideas que les facilitarían los estudios de los demás idiomas. En el órgano y publicación de instrucción primaria del Estado Trujillo "Revista Pedagógica", reproduce un capitulo del pequeño tratado de <<P.D. Francisco Labastida>> ya sacerdote, denominado curso preparatorio <<Lenguaje Nacional>>, en 10 capítulos y ejercicios con el cual se enseña a los niños en el concepto, análisis y aplicación de las 10 partes de la oración castellana. Es uno de los primeros tratados de lingüística de Venezuela, aunque se le llamó en esa época Tratado de Analogía, incluyendo, los respectivos capítulos de invención, elocución y revisión, con el cual el alumno por sus propios medios, podría hacer descripciones de eventos familiares, paseos, juegos, clases, actividades de la iglesia, analiza oraciones, razonando sobre el texto y corrigiendo las habladas o escritas incorrectamente (Revista Pedagógica. páginas 49 a 52, Tercera Edición. N° 5. Noviembre de 1911. CHET). 

Tuvo el reconocimiento de las autoridades educativas, cuando hizo la entrega de esta obra, que ganó una gran repercusión a nivel nacional, ya que fue adoptado por diferentes regiones como un libro necesario para la formación de las generaciones neorepublicanas. 


Francisco La Bastida Vetancourt, el hijo del “Provincialista”, protesta en defensa de Bolivar. Una carta en plena desintegración de Colombia integradora, fuerte e inmensa.  

Muy joven, con apenas 21 años, se vio envuelto en un turbulento y dramático proceso político: la disolución de la llamada Gran Colombia, que a la vez, significaba la derrota política de Simon Bolivar, ante la incomprensión o traición  de quienes consideraba sus seguidores o aliados en su sueño integrador y libertario.

A pesar de que Bolívar mantenía la armonía con el general  Páez en 1829, este, << le correspondía con la perfidia y la calumnia y escribía a sus subordinados: el velo se ha descorrido. El general Bolívar después de las protestaciones más sinceras de amistad y el deseo de salvar la patria viene con el puñal en la mano...; horcas y patíbulos viene levantando contra nosotros; opongámosle firmeza, lanzas y espadas... Señale esta a todos nuestros compañeros y dígales que cuento con todo, todos y que no se fien del nombre de Bolívar>> (Carta de Páez para el coronel Cornelio Muñoz, citada por el doctor Vicente Dávila en Próceres Merideños. Página 259.  En Augusto Mijares, 135).  Avanzaba la conspiradera desintegradora.

Ya se preparaba la separación de Venezuela del proyecto de Colombia la grande en 1829, << y todos quieren en General [Páez] y quiere D. Carlos [Soublette] que lleven instrucciones detalladas para obrar cortando todo nudo que encuentre y han de llevar escritos de aquí los pronunciamientos que deben hacer las municipalidades, las juntas de Caserío y todo Dios; porque conviene que vengan todas, todas, todas las Actas, sin quedar un rincón que no pida tres cosas, a saber: nada de Unión con los reinosos; jefe de Venezuela el General; y abajo D. Simón. Todo el mundo debe pedir esto, o es un enemigo, y entonces...>> (Archivo Nacional "Archivo Blanco y Azpurua" tomo III, folio 121 En: Mijares, 135). Los trujillanos, asumieron una posición de apoyo, muy diferenciada guiada por recuperar la condición de Provincia, que se la habian quitado con la organización de Colombia.

En febrero de 1830, Francisco La Bastida Vetancourt “El Mozo”, denuncia la tramoya de los seguidores del general Paez y Soublette. No todos los pronunciamientos siguieron la línea torcida del General Páez y puede juzgarse cómo fueron los pronunciamientos que se enviaron a la secretaría general del General Páez, por la representación que en nombre de los vecinos de Escuque hace La Bastida, acerca de los procedimientos del Jefe Militar del Cantón: << Las mismas Asambleas Populares han sido juguetes de su insolencia, pues ha pretendido que firmen los ciudadanos no lo que realmente han dicho y acordado en sus reuniones, sino algunos papeles que a su modo escribía él en su casa, amenazando con sus terrores a los que no querían obedecer ¿ y será tener libertad esto, Exmo señor? ¿Podrá hablar con libertad un pueblo que en el momento de reunirse ve formado en la Plaza un Escuadrón de caballería de una compañía de fusileros? Si el contenido de los papeles que el señor Cegarra quería que firmásemos hubiesen sido algunas quejas justas y fundadas,  para comprobar nuestro pronunciamiento, en buena hora que insistiese: pero querer que suscribiésemos una multitud de misterios, injurias e insolencias contra el general Bolívar, no nos pareció regular, porque hemos creído que podíamos desconocer su autoridad y tratarla con decoro>>  (Archivo Nacional, Secretaría del Interior y Justicia, tomo 5, folio 421, publicada en el Boletín del mismo Archivo N° 37. En: Mijares, 136), a pesar de estos pronunciamientos el proceso en contra de Bolívar culmina con el afrentoso Decreto que lo expulsa del territorio nacional, pasarían muchos años, para que volviera a su tierra natal, urnado. 

En 1831, Ricardo su hermano, es designado por el presidente de la República, gobernador de Trujillo. La ambición del coronel Cegarra, visto ese nombramiento hecho por Páez, lo hizo organizar con el comandante Pedro Alcántara desde San Lázaro y pueblos vecinos un pequeño levantamiento militar, con la bandera de reconstruir la gran Colombia, lo que había ayudado a desmantelar meses antes. 

Se puede suponer que Francisco La Bastida Vetancourt, tuvo una corta carrera como político, al desempeñar cargos electivos en el municipio Escuque, y como militante del conservatismo, actividad que cumplió hasta el estallido de guerra del comandante Pedro Alcántara y del coronel Cegarra, que criticó con mucha valentía en la antes transcríta carta de febrero de 1830,  cansados los trujillanos de tanta violencia fratricida y desunión, que lo llevó a refugiarse en las aulas que vencen la sombra. 


El humanista y espiritual Francisco La Bastida Vetancourt, Cura de almas.

En 1834, se casa con Micaela Antonia Briceño Vetancourt, procreando 6 hijos: Lorenzana, Isabel, Romulo, Carlos, Eleuterio y Julio de La Bastida Briceño (Dávila, 303). Al fallecimiento de Micaela, cambió su cotidianidad de vida y abandona la actividad política.

Con buenos estudios en Teología, tomó los hábitos y se dedica a ser cura de almas. Comparte su tiempo, entre asuntos de la fe y la docencia. Según el historiador Vicente Dávila, <<una vez viudo se hizo cura de almas>>  y se dedicó a la docencia y al trabajo pastoral y teológico, atendiendo a sus vecinos en lo espiritual y emocional de sus vidas de fe. Sentía al igual que sus hermanos Ricardo y María Ignacia, una gran veneración por el padre y prócer Francisco Antonio Rosario, a quien consideraba Santo.

         Su aporte en la educación, se puede considerar que es uno de los primeros tratados pedagógicos sobre lingüística, fonética y prosodia del país.  El recordado Cura, creador del manual escolar de "Lenguaje Nacional", murió en 1908. 

        (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta

sábado, 14 de diciembre de 2024

Asunción Vetancourt, con el brigadier Bolívar y el “Vientre Bendito”.

Por Oswaldo Manrique (*)

El señorial carruaje, estacionado a la entrada de la mansión de la hacienda “San Francisco”. Neblinoso y frio el tiempo, la ventisca del ocaso, anunciaba la llegada del controvertido visitante. La familia, la servidumbre, en movimiento todo, para tratar de atenderlo adecuadamente, porque aun siendo una dificultad, el Brigadier está de paso.

Los niños no jugaban, pero se miraban tensos y atentos a la entrada, luego se devolvían a las caminerías del  patio de los jardines, a molestar a los grillos o ir al encierro de las aves, para ver desfilar los coloridos pavos reales.  Levantaba el humo sobre el techo del fogón, y difuminaba olor a café, cacao y panela. Se escuchaban los pasos conjugados al movimiento de cadera de la bella dama, soberana de aquellas posesiones, caminando desde la cocina, atravesando el gran salón, para ir a asomarse a las enjasminadas rejillas de las ventanas, para mirar el camino real de Mendoza. Era nerviosismo y temor, lo que sentía, tras un año de acoso realista.

Ella, de talle esbelto, regular estatura, de tez blanca, con impresionantes ojos negros nerviosa  y sudando hasta los más recónditos lugares de su cuerpo,  busca calmar a todos, a sus chontales que se reunieron en la plazoleta de piedras gordas de la hacienda, donde hablaban y reían destempladamente, luego de la jornada de ventear café, limpiar tártago y desgranar maíz o lidiar con los animales. También estaba pendiente del Dr. La Bastida, que mostraba cara de preocupación, está encamado tratando de recuperar su salud y hace esfuerzos para pararse a atender al amigo. 

Ya roznaba cerca, pasando el puentecito sobre el caprichoso rio Bomboy, que mueve las piedras del ingenio, para que brote la melaza, melcocha, batido y la deliciosa agualoja, más sabrosa que cualquier fina champaña, el ruido de los caballos de la pequeña guardia de avanzada del Brigadier. Con una clara voz y pureza del lenguaje, en el momento de su llegada, le dijo:

-         ¡Bienvenido Brigadier, pase adelante, está en su casa! La gentileza y la gracia de aquella mujer, lo hizo sonreír y contestar:

-         Gracias, mi señora. Había llegado a “San Francisco”, la vieja casa colonial, lugar de veraneo, clima delicioso, y de agua fría y saludable.

En junio de 1813, la primera casa que visita y pernocta el Brigadier Simón Bolívar al entrar con su ejército libertador a tierras trujillanas fue la de su amigo Francisco La Bastida Briceño, es decir, la hacienda “San Francisco”. Y fue su esposa doña Asunción Vetancourt, la primera trujillana que le dio la bienvenida a estas tierras.

                                                        *

Trujillo, fue testigo de excepción de la Guerra a Muerte, entre los venezolanos y los españoles y canarios. Los criollos firmes en su afán de independencia, corrieron los riesgos con sus vidas, sus bienes, soportando persecución, penurias y hambre, que es lo que en definitiva cuesta una revolución de emancipación. De ahí, que, tampoco se salvaron las familias de estos rebeldes y particularmente sus mujeres.  

Afirman destacadas historiadoras como la profesora Iraida Vargas, que al haber ocultado a las mujeres en la historia escrita, se logró negar la propia historicidad de sus luchas, de lo que realizaron y de lo que hacen. (Vargas Arenas, Iraida. La ocultación de las mujeres en la historia de Venezuela.  Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. N° 34. Caracas, 2010).  María de la Asunción Vetancourt Uzcátegui Briceño, fue objeto de ese silencio.

Es obvio que, la mayoría de nuestros encumbrados historiadores y cronistas, han incurrido en la práctica de abordar cualquier hecho importante desde la óptica del personaje-héroe-protagonista, por lo general  el masculino, detentador del poder y excepcionalmente la mujer. El escritor  Nelson Méndez, comentado por la profesora Iraida Vargas Arenas, escribió lo siguiente: «La historia de la humanidad se escribió desde la perspectiva masculina… y la presencia de la mujer quedó en la penumbra» (2009) (Ídem). Acertada  reflexión que nos  convoca en estos tiempos de reconstrucción histórica, echar una mirada a esa parte de la historia silenciada.

Doña María de la Asunción Vetancourt Uzcátegui Briceño,  nació el  veinte y tres de septiembre del año 1782, en la población de San Alejo de Boconó, sus padres Don Miguel Eusebio Vethencourt  Berdugo, y Doña  María Lucía Uzcátegui Briceño, de las familias  aristocráticas y poderosas económicamente de esa región. Era descendiente del conquistador y capitán español Sancho Briceño uno de los fundadores de Trujillo. A finales del siglo XVIII, se casó con un importante personaje de la Colonia trujillana, el letrado Francisco Antonio Labastida Briceño y Fernández, el Constituyente del pueblo de La Puerta, líder de los propietarios y hacendados, y quien tuvo una participación destacada desde los inicios del movimiento independentista en 1810, suscribiendo la primera Constitución de Trujillo emancipado.

Asunción realizó cuanta labor fue necesaria en función de la independencia. En 1810, estando embarazada, mientras atendía la hacienda, a su familia, y se esforzaba por alimentarlos, su casa en la hacienda “San Francisco”, en el Valle del Bomboy, se convirtió en un sitio de activismo patriótico. Ella, como esposa del Dr. La Bastida, también conocido como “El Provincialista”, coordinaba todo lo necesario para que se produjeran esas reuniones y facilitaba la logística y apoyo a los conspiradores. Doña Asunción, es una de esas lecciones de mujeres libertarias.

Muy escaso, lo que se conoce de la participación de la mujer en el proceso de emancipación. Su campo de acción fue el hogar, la familia y el oratorio. Conocida cariñosamente entre sus familiares y amigos como Doña Asunción. Al casarse, se mudó con su marido a vivir, atender y hacer prosperas las tierras adjudicadas a Francisco Labastida el otro conquistador y fundador de Trujillo. Abandonaba la vida aristocrática, plácida y cómoda de la ciudad de Trujillo, para mezclarse en la vida agreste del  valle del Bomboy.  

          Desde su matrimonio, aprendió de Francisco La Bastida su esposo, lo que esto significaba legalmente para el imperio español y su fuerza en las colonias americanas y lo leyó y analizó. Supo, que según las 7 Partidas del Rey Alfonso X,  “…Matris y munium son dos palabras del latín de que tomó nombre matrimonio, que quiere tanto decir en romance como oficio de madre. Y la razón de por qué llaman matrimonio al casamiento y no patrimonio es esta: porque la madre sufre mayores trabajos con los hijos que no el padre, pues comoquiera que el padre los engendre, la madre sufre gran embargo con ellos mientras que los trae en el vientre, y sufre muy grandes dolores cuando ha de parir y después que son nacidos, lleva muy grandes trabajos en criarlos ella por sí misma, y además de esto, porque los hijos, mientras que son pequeños, más necesitan la ayuda de la madre que del padre. Y porque todas estas razones sobredichas caen a la madre hacer y no al padre, por ello es llamado matrimonio y no patrimonio…” (Alfonso X, Rey de España. Las 7 Partidas. Titulo 2. Ley 2. De los casamientos. 1265. España). Dicha norma explicativa, describía lo que sería gran parte de su afanosa vida familiar al lado del trujillano Francisco Labastida, hasta que este, se sumó al proyecto independentista, y tuvo que asumir el trabajo solidario con sus ideales libertarios y provincialistas; y luego lo que le tocó arrogarse, por la apasionada lucha republicana de su hijo Ricardo Augusto Labastida Vetancourt, primer gobernador de Trujillo, luego de la ruptura de la denominada Colombia, Gran Colombia o Colombia la Grande, asi como, la actividad conspirativa de María Ignacia, y las contingencias políticas de su vástago, Manuel María Carrasquero, eminente gobernador civilista de esta región.  

En 1800, el 16 de enero,  en la casa de la hacienda “San Francisco”, dio a luz su primer niño, quien con el transcurrir del tiempo sería el primer gobernador de la Provincia de Trujillo, tras la separación de la República de Colombia: el Dr. Ricardo Augusto Labastida Briceño Vethencourt.

Su esposo Francisco Antonio La Bastida Briceño, era además de terrateniente, letrado y capitán de milicias, un destacado político, que ocupó varias veces el cargo de Teniente de Gobernador, asi como, el de Alcalde, y Justicia en la jurisdicción de Escuque, La Puerta, Mendoza. Luego procrearía según los árboles genealógicos que hemos confrontado a Jose Felix de San Rafael Labastida Vetancourt,  nacido el 21 Febrero 1801; Catalina Laurencia Ana Labastida Vetancourt, nacida el 29 Abril 1802, Mendoza del Bomboy; Maria Ignacia Labastida Vetancourt,  la siempre armada y radical conspiradora republicana,  nacida el 17 Agosto 1804, en Mendoza Fría, casada con el patriota carachero Francisco Miguel Labastida Briceño; Vicente Antonio del Espiritu Santo Labastida Vetancourt, nacido el 2 Julio 1805, Mendoza del Bomboy; Juana Evangelista Eleuteria Labastida Vetancourt, nacida el 17 Abril 1807, en Mendoza del Bomboy, esposa de Juan Pablo de La Bastida Briceño, hijo del prócer y constituyente, oriundo de Carache, José Miguel La Bastida ; Francisco Antonio Labastida Vetancourt, nacido el 18 Abril 1808, Mendoza del Bomboy, acompañó a su hermano Ricardo, en varias de sus campañas políticas y militares; Juan Bautista Ignacio Rafael Labastida Vetancourt, nacido el 1 Julio 1810, Mendoza del Bomboy, en una de las obligadas emigraciones, se radicó en Pie de Cuesta, de la Nueva Granada (hoy Colombia) y se casó en 1840 con María Blasina Ordoñez Orbegozo, de familia independentista republicana; Evaristo Eusebio Labastida Vetancourt, esposo de Concepción Sierra,  nacido el 14 Agosto 1812, en Mendoza del Bomboy, a quienes crió y veló por su educación. En la sociedad mantuana se le llamaba la mujer del “Vientre Bendito”. Una verdadera matrona republicana.

A la caída de la primera República, su esposo Francisco La Bastida, el popular “Paco Labastida”, comprometido con la causa libertaria se dedicó a la lucha insurreccional enfrentando al gobierno español, junto con la mayoría de los alcaldes, comandados por el coronel rebelde Vicente de la Torre, su primo. Las fuerzas realistas capturaron a su cuñado José Miguel “el carachero” y a varios de sus parientes. Ella  tuvo también gestos de señalado heroísmo, en 1812, a la caída de la primera república, no emigró como hicieron las familias de los líderes republicanos, siguió a su esposo y al coronel Vicente de la Torre,  en la lucha guerrillera de los alcaldes, para mantener vivo el fuego emancipador en Trujillo. Atendía personalmente la hacienda “San Francisco” en el Valle del Bomboy y también los trigales en La Puerta, con el tiempo esta matrona se convertiría en una heroína trujillana de la época independentista.

El Valle del Bomboy, sus poblaciones La Puerta y Mendoza, pueden sentirse orgullosas de la participación femenina tanto en sus inicios en 1810, como en su devenir hasta la ruptura de la República de Colombia en 1830. La mujer, como sujeto imprescindible de la sociedad trujillana, se sumó a las aspiraciones independentistas de la Nación y su Provincia divulgadas por el Dr. Mendoza, por el letrado La Bastida y por el coronel Antonio Nicolás  Briceño el “Diablo”, desempeñando un papel trascedente en algo que consideraba fundamental, estratégico y definitivo: la construcción de la Patria. Justo es, comprender y reconocer en la realidad histórica del pasado colonial, lo que significó para las mujeres, sustituir su modo de vida, sus costumbres, sus comodidades y hábitos matrimoniales y familiares, por el sacrificio, la estrechez y la penuria al incorporarse solidariamente con los hombres, a las intrincadas montañas para enfrentar y combatir a las fuerzas realistas o sirviendo como estafetas y correos en las ciudades y pueblos, y a la vez, velar y atender la sobrevivencia del hogar, de los hijos, y las labores del campo. Esto, no puede asumirse como simple labor de retaguardia, sino como el punto de equilibrio para el hombre, para que pudiera enfrentar a las fuerzas de la Monarquía o para irse a la guerra.

Aparte de eso, Asunción, en aquellos ásperos tiempos, tampoco fue timorata, así como la mayoría de las esposas de los patricios trujillanos, asumió  iguales riesgos de la vida guerrillera de su esposo, y luego de las batallas, a curar enfermos, coser, cocinar, recolectar alimentos, llevar información, y otras faenas necesarias para el avance de la lucha revolucionaria. La mujer andina, constituye un magnífico ejemplo de la inalterable decisión de una joven nación por alcanzar la libertad.

Presos sus familiares José Miguel Labastida y José Juan Vetancourt, trasladados a Maracaibo y confiscados sus bienes, cuando intentaron abrirle causa de infidencia a Francisco Antonio su esposo, se trasladó a Trujillo para conversar y comprometer a familiares y amigos realistas del gobierno que pudieran interceder para que evitaran tal desaguisado. Se armó de efectivas palabras y argumentos, que reconocían que sí, efectivamente, había sido electo representante de La Puerta a la Constituyente Provincial, pero con dicha designación no había lesionado a nadie ni hecho ningún daño, y él fue presa de la avalancha popular que significó el movimiento republicano, y que como descendiente de un reconocido conquistador español, que había prestado importantes servicios a la Corona, merecía se le aplicara el decreto real de perdón a los súbditos criollos. Su esfuerzo, en algo ayudaría a cambiar la percepción de los realistas sobre las actividades radicales de su esposo, porque no fueron despojados de sus  bienes y él aunque enfermo, siguió ocupando el cargo de Alcalde. 

Después de soportar las vicisitudes de la guerra en la que participaba Francisco La Bastida, con algunos quebrantos de salud, y lograr salvar sus propiedades ante el gobierno español, pero siempre vinculado al movimiento emancipador y formando a sus hijos en las ideas republicanas, particularmente a Ricardo, el mayor de su prole.  A los tres meses de haber recibido la visita de Bolívar, de ese mismo año 13, Asunción quedó viuda, pues falleció su marido, el prócer civil Capitán y Dr. La Bastida.

Tras la muerte del ilustre Provincialista, que fue su esposo,  Asunción, guardó el luto, dedicándose a la educación de sus hijos y a atender la hacienda. El republicanismo, y la defensa de la autonomía de Trujillo, serán las inclinaciones políticas de su hijo Ricardo, seguidor de las ideas provincialistas de su padre, por lograr que Venezuela fuera República libre e independiente, y que Trujillo fuera declarada Provincia autónoma; esto se convirtió en el  eje político de las vidas de los La Bastida Vetancourt, en pleno intento de consolidación de la Gran Colombia, presidida por el Libertador Simón Bolívar, período de convulsión, en el que el general Páez, asumió la dirección político-militar del país e impulsor de la disolución de la incipiente Patria Grande.

Llegada la mermada tranquilidad a su vida familiar, siendo aún joven, porque se había casado a muy temprana edad, la hermosa Asunción, tomó la decisión de restablecer su vida, y en 1819, se casó con el hacendado Gregorio Felipe Fernández Carrasquero, con quien tuvo varios hijos, entre ellos, mencionamos a otro destacado republicano, como fue Manuel María Carrasquero Vethencourt, terco defensor del civilismo gubernativo, enfrentando a las expresiones militaristas; María Enriqueta, Rita, Onofre, Lucia, Victoria, quien será una de las mas enjundiosas damas valeranas;  Mercedes y Soledad Carrasquero Vethencourt, lo que le ganó -según recuerda la memoria familiar-, que la llamaran la dama del “Vientre Bendito”.  

En 1831, su hijo Ricardo Augusto, siendo apasionado jurista y constituyente por Trujillo, fue designado por el nuevo gobierno presidido por José Antonio Páez, como Gobernador de la provincia de Trujillo, lo que le ocasionó a la familia volver a la guerra regional; posteriormente, ocupó importantes cargos y misiones republicanos, hasta que en 1835, está involucrado en la insurgencia de la “Revolución de las Reformas”;  en 1848 lidera el movimiento paecista denominado los “Araguatos”, y años más tarde, estará comandando junto con el general Trinidad Baptista, el movimiento armado contra la intención de fusionar a Trujillo con el estado Zulia. En 1876, fallece el líder más destacado del conservatismo trujillano.    

En 1857, su otro hijo, Manuel María Carrasquero, es designado gobernador de Trujillo, quien además,  fue un destacado escritor, hacendado y buen funcionario de gobierno, según los Anales de La Riva Vale, “…Manuel María Carrasquero, nació en Mendoza en 1820, fue hijo de Don Felipe Carrasquero y Doña Asunción Vethancourt, viuda de Francisco Antonio Labastida…” (La Riva Vale, Alberto. Anales de Valera. Pag.114. Editorial Multicolor. Valera. 1988); éste Carrasquero  murió en 1892.

Acta de bautismo de Doña Maria de la Asunción Vethancourt  Uzcátegui Briceño, <<Oi Lunes día veinte y tres de septiembre deeste año de mil setecientos ochenta y dos, Yo Dn. Php. Antonio Hernández Cura doctrinero de este Pueblo de Sn. Alexo de Boconó, puse oleo, Chrisma, y di bendiciones baptismales Conforme al Ritual rromano a María de la Asumpción Parbula que nació el día veinte y tres de Agosto proso pasado deeste año, y le baptisé ensu Casa Vrgente necessitate: esdha Parbula hija legma de Dn. Miguel de Vetancourt yde Da. Lucia Vscategui Feligreses deesta Sta. Igla. Fueron Padrinos deagua, y Vendiciones, Dn. Manuel Briceño, y Da. Paula Abrube, aquienes advertí el parentesco espiritual. Fueron Tgos. Juan Ramón Carache y Fernando Vasques. Doyffe = Phelipe Antonio Hernández>> (Archivo Histórico Diócesis de Trujillo).

Imagen: retrato de Adriana Labastida de Gabaldon, hija de Ricardo Labastida y  nieta de doña Asunción Vetancourt Uzcátegui.

La valiente vida de esta matrona del Valle del Bomboy, es una relevante referencia de nuestra historia local, en el acontecer de un importante período de la Colonia, la guerra de independencia y la lucha regional por elevar a Trujillo al estatus de Provincia, rompiendo con la subordinación a otras entidades regionales. Esto nos ayuda a la comprensión de esa fase histórica, en una visión integral y poder contribuir a una historia inclusiva y visibilizadora. 

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de La Puerta.

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