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sábado, 8 de febrero de 2025

Crónica de difuntos: violencia política y pillaje en La Puerta, 1887


Por Oswaldo Manrique (*)

Alguno ha escrito, que, de la pléyade de difuntos, está hecha la historia. Suena cruel, pero es así. Se puede pensar que estoy tocando las tumbas de los “Ponchos”,  olvidados por la historiografía moderna, aquella que insiste en que la historia de La Puerta comienza en 1900; sin embargo, se debe reconocer aquellas  almas godas que se atrevieron a reclamar derechos y justicia, y se enfrentaron a los gobernantes liberales, para frenar  su plan de la muerte.


Una Crónica de Difuntos:

En la casa municipal de La Puerta, van llegando más detenidos. Corría el año 1887, de mucha agitación política. En el recibimiento que se le hizo al Dr. Pedro Arnal, presidente del Gran Estado Los Andes, del que Trujillo formaba parte como Sección, <<hubo un choque entre los bandos políticos de la localidad y resultaron muertos y heridos>>, el Presidente de la República, Guzmán Blanco, envió al general Aristiguieta, como Delegado “apaga fuego”, quien fue recibido por los “Ponchos” araujeros colaboradores (La Riva, 107), y estos se apoderaron de la situación. En las elecciones de abril, ganan los liberales, y asume el Dr. José Emigdio González, ex conservador y ahora gobernante liberal, arbitrario y sectario.

 Durante las noches los indígenas no podían conciliar el sueño, no solo por el intenso frio, sino por los actos de tortura que recibían los capturados: los araujeros. Lo que temían los detenidos, era la posibilidad de salir en parihuela. No era ningún convento de aislamiento donde estaban, era la fría celda de La Puerta, pueblo aislado de la serranía de La Culata, en el estado Trujillo.

El centro del pueblo de indios Bomboyes,  llamado La Puerta, está cruzado por  pequeñas quebradas, transitaban su Cacique y principales, los mohanes, los agricultores, artesanos, comerciantes vestidos con sus mantas de lana y sombrerillos,  las mujeres con sus samalayetas cubiertas hasta las rodillas, cabellera en trenzas y sombrero de paja paramera para protegerse del sol; exponen sus productos: lanas, tejidos, alfombras labradas con detalles, ponchos, sombreros, olletas  y utensilios de barro, tabaco, gustosos quesos, ovejos, víveres, trigo, azúcar prieta,  grano y menestras, papas, verduras y otras vituallas producidas en sus tierras del Resguardo Indígena. Durante el periodo guzmancista, de inclinación liberal, consideraba a los indígenas como ciudadanos, con iguales derechos a los no indígenas; sin embargo, su forma de vida y organización social comunitaria en posesiones que comprendían una legua a los cuatro vientos,  y además, verlos felices trabajando y entendiéndose en su lengua aborigen, eran considerados como reminiscencias negativas del pasado colonial, que frenaban el avance y progreso económico de la región. Eran motivos para que fueran agredidos y acosados por los hacendados y gamonales de los pueblos vecinos, que los despojarían de sus tierras y de su existencia.  Esto impedía el desarrollo económico y cultural, a que tenían derecho los primeros pobladores, dentro del espejismo del modelo igualitario republicano.

Aparte de estas arremetidas contra la comunidad Bomboy, para este tiempo, le fueron ocupando tierras y siendo lo más cercano a Timotes, sede de los poderes del Gran Estado Los Andes.  No estando La Puerta bajo el control absoluto de los Araujo, los liberales lo asumieron como parte de su espacio político, de violencia, despojo y de correrías militares.


Un atentado político de los liberales contra los araujeros.


Los liberales se fueron acercando al lugar de los acontecimientos. El “Maese” Felipe, liberal de naturaleza y convicción, apoyaba al jefe civil, en su plan de reivindicar a los liberales de tantas décadas de gobierno araujero. No eran flores y villancicos lo que recibieron de los “Ponchos”.

-      Que le parece, ahora me abrieron un juicio criminal porque estoy haciendo justicia y he metido en cintura a varios araujeros. Usted los conoce, saben cómo actúan. Felipe Uzcátegui, que lleva rato viendo que Natividad camina de un lado a otro preocupado, le replicó:

-      Pues claro, mándelos “pal pote”, tuvo que tomar medidas muy severas, si no somos capaces de enfrentar a estas culebras, no tenemos derecho a llamarnos liberales. Fue una conversación corta en el pórtico de la Casa de la Jefatura Municipal, estaban esperando a los de la Junta de Fomento quienes iban a inspeccionar la obra del camino del Portachuelo-La Mocotí, decretada por el Gobierno Federal.

-      Lo único que ordené fue, la captura de los araujeros, de la forma que fuera, porque siguen alzados y siguen matando nuestra gente. Eso sí,  si se resistían a la captura, que le “echaran plomo”.  Le justificaba este personero, recién designado por  los cinco miembros del Concejo Municipal del Distrito Valera, quienes nombraban a los Jefes Civiles de las parroquias foráneas (Ley Orgánica del Poder Municipal, 1882, s/n). El “Maese”, sin cuestionarlo, pero claro del momento político, le rebatió:


-      Pues, si el gobierno liberal no resuelve, seguiremos ensartaos por los “ponchos colorados”.


Si bien las confrontaciones y sucesos de la guerra política y armada, tuvieron como escenario Timotes como capital del Gran Estado y centro del poder político, fue en la geografía de La Puerta, en sitios como la Mocotí, las Delicias, San Felipe, Los Cerrillos, no es menos cierto que el 10 de junio 1887, se produjo en la misma área urbana del Resguardo Indígena de La Puerta, una trifulca de armas, que “desencadenó los demonios” en el Estado.

    * 

En 1887, hubo mucho desplazamiento de personas, debido a que estaba en pleno desarrollo la construcción del nuevo camino de Valera a Mérida, por el sector La Mocotí, que conduce a Timotes, la capital y el centro del poder político del Gran Estado Los Andes. Junto con los directivos de la Junta de Fomento,  estaban los ingenieros, agrimensores, capataces,  peones.  Varios indígenas de La Puerta, se les veía en la madrugada caminar en fila, con su machete o pico sobre el hombro, o llevando sus yuntas de bueyes, desde El Pozo, por el camino real de Quebrada Seca, hasta el lugar de la obra. Existía un marcado ascenso en la producción y en el precio internacional del café, uno de los rubros agrícolas del Valle de Bomboy. Todo esto coincidía, con el plan que se venía desarrollando para arrebatarles las tierras a los analfabetas indígenas.


- ¡Qué de cosas nos tocará ver Coronel!  Se maulearon! Le expresó el jefe civil al coronel Felipe Uzcátegui, el “Maese” liberal de la Mocotí, casado con doña Mercedes Cols Arvelo.


- Paciencia y barajar Natividad; la suerte está echada. Le dejó estas palabras alentadoras, como para que no sufriera más rubor de temor por las acusaciones, pues sentía su causa liberal, con realidad impaciente.


-      Guabinas  y truchas disque “guzmanistas”. ¡Colaboracionistas impostores son lo que son, unos oportunistas! Me denunciaron como criminal, asegún,  por los muchos crímenes que he cometido, pero no dicen quiénes fueron las víctimas. Si casi convierten en difunto a Miguelón González, que es compañerito nuestro y de la “Gonzalera”. Dijo la molesta autoridad civil. El coronel le seguía dando ánimos positivos:


-      Pero si hasta los indios de La Puerta saben que esos  difuntos los causó la refriega de parte y parte, pero no ayudan.


-      Coronel Felipe, le voy a decir, como dijo una vez mi amigo Federico Vetancourt,  usted lo conoce, "ahora no nos queda otra que entretener a los godos y matarlos en las pasadas, prefiero que me salga lana antes que rendirme" (“El Trujillano”. 15- 3 -1880). Uzcátegui, al escuchar eso, siendo un liberal moderado, le respondió:


-      Compañerito, la revolución liberal no se perderá si no tiroteamos a los godos. Aunque estén alzados, como colaboradores del Presidente Guzmán.


-       ¿Cómo aseguran que juí yo? Esos son los kari-kari, ni lavan ni prestan la batea.  ¡Que presenten pruebas, a mí no me van a jorobar con eso de "según se dice", no me jodás! Parece la mismita forma de evadir su responsabilidad.


-      Llegaron los de la Junta de Fomento. Dijo el Coronel. 


La crueldad militar de las enviciadas montoneras andinas.


Fueron muchos  los campesinos de la serranía de La Puerta y de otros pueblos, que  marcharon como prisioneros a la cárcel de Valera y de Trujillo. Igualmente, se recordaba los que fueron objeto de una implacable persecución, bastaba que fueran parientes, amigos o correligionarios de los Araujo. 

también ocurrieron otros hechos deplorables, el 25 en Betijoque asesinaron a una niña de 12 años de edad, hija del perseguido político Salvador Guerrero, y el 26 en La Quebrada, se da  una riña entre los Brillenburg y los Pizani, con muerto de ambos lados. En julio de 1887 en la Vichú, Federico Antúnez fue asesinado en su casa por pertenecer al círculo araujista de Betijoque. En la misma ciudad, <<Felipe Matos muerto por la salvaje golpiza que le propinaron agentes de policía en complicidad con el Jefe del Distrito>>. Además, hubo persecuciones políticas contra los políticos y dirigentes sociales Pablo Antonio Salas, Nicomedes Antúnez, Félix Berroterán y Víctor Viloria, Ignacio Castellanos y otros araujistas. En <<Santa Ana, el coronel Benjamín Villegas trató de asesinar a Alfredo Vale. y más tarde, junto a Alejandro Urbina, Jesús María Blanco y Juan León Canelones, trataron de matar al araujista Juan Bautista Rojas a quien le dispararon a quemarropa>> (Colmenter, 90-91). La violencia y el derramamiento de sangre, se ubica en la zona de los “Ponchos”.

*

Muchos los efectivos militares del gobierno. Todos bien armados, intentando mantener el orden en aquel solitario pueblo indígena. El temible y aguerrido Natividad  jefe civil de la comarca, integrante de las fuerzas liberales guzmancistas (no era el cacique del Resguardo Indígena), había ordenado la persecución de los “Ponchos” araujeros.

Desde que hirieron a uno de sus amigos y copartidario, se envalentonó  y mantenía lleno “el pote” de la Jefatura Municipal, con los sospechosos o involucrados en la trifulca del 10 de  junio de 1887.  En el mes de junio, de 1887, ocurrieron varios sucesos, que perturbaron la tranquilidad pública.  El historiador trujillano, Felipe Colmenter, reseñó en su tesis universitaria, este hecho de armas, de la siguiente manera: <<El semanario “El Trujillano”, N° 504, de junio de 1887, tituló el suceso político asi: <<El 10 en la parroquia La Puerta hubo varios muertos a causa de una riña colectiva>> (En: Felipe Colmenter.  Economía y Política en Trujillo durante el Gusmancismo 1870-1887. Páginas 90 y 91. Impresos Urbina. Caracas.1983).   

Pero días después, se le presentó gente armada de Jajó y La Mesa de Esnujaque, se concentraron en la plaza real, y recorrieron el pueblo, como para exhibir la dignidad del partido  conservador. Pero mucho más temor lo abrumó, cuando bajaron los montoneros de la Cordillera de La Puerta.

Podemos afirmar que en ese tiempo, la principal  tropa de La Cordillera, la comandó el legendario coronel Sandalio Ruz, quien tenía una respetable organización de parentelas, con campesinos, indios, parceleros y arrendatarios, que se convertían con un solo llamado, en hoscas montoneras macheteras, cuya participación era necesaria para cualquier movimiento en el vic vac de toda la Sierra de La Culata, entre Trujillo y Mérida. Sus hermanos coroneles Eulalio, Francisco Javier y Ricardo Ruz, lo acompañaron en la mayoría de sus campañas. Al coronel Sandalio, lo llamaban el “Justiciero”, a raíz, de que hizo su propia revolución contra los liberales, saqueó y quemó la casa y hacienda de los González, en El Burrero, como ajuste de lo que le habían hecho con sus bienes de “Los Aposentos”; para esa jornada se llevó a los “Zarcilleros”, unos montoneros gitanos de pelo largo y aretes, que se movían a caballo en los pueblos del sur del Lago de Maracaibo y las islas del Caribe; se desconoce si eran mercenarios. La memoria familiar recuerda que, no era Araujero, pero coincidía con las ideas de defensa de la propiedad privada y de la autonomía de Trujillo; con los Baptista tuvo mayor afinidad y acercamiento y los siguió años después, en campaña y varias de sus acciones militares. Se convirtió en una especie de páter familiae, juez y caudillo en la Cordillera, tan respetado que todo se lo consultaban y sometían a su consideración, hasta los enlaces y compromisos matrimoniales entre su gente. Su lugarteniente fue Mitrídates Volcanes, el de La Maraquita, secundado por el “Mocho” Fidel Rivas.

La otra tropa, era la del  “Jurungo” Giuseppe Burelli, quien para este tiempo ya se hacía entender con los de la Cordillera, y tenía su pequeño grupo de parientes, parceleros, arrendatarios, medianeros y amigos, entre los que se recuerda a Cesáreo Parra, el “Roble” Pabón, los Paredes, con los cuales constituyó una incipiente montonera, para defender las posesiones de su esposa doña Petra Cantalicia García, terrateniente y dueña de posesiones como “El Contrafuego” en Valera, otra en las “Vegas de Motatán”, y las de “El Censo”, “Media Loma”, “San Martín” y “Quebrada Seca” en jurisdicción de La Puerta, la coincidencia en cuanto a la defensa de los bienes, además del carácter inquieto, aventurero, conspirador, jugador del “Jurungo”, lo llevó a sumarse a las huestes conservadoras, que jefatura el general Araujo y luego los Baptista.

Ese día, las sementeras de papa, arvejas, trigo, caña dulce, asi como los pocos hatos de ganado, fueron desasistidos, para sumarse a tan peculiar reyerta política.  Venidos de los prósperos caseríos de los páramos de La Puerta, Kukuruy (después Carorita) y de Pan de Azúcar, llegaron los montoneros de “la Cordillera”. Por el camino real que va de Los Aposentos, la Mocotí, Portachuelo, bajaron de todos los caseríos hasta La Puerta, inclusive gente del Rincón, San Felipe y Los Cerrillos.

*

En esta ocasión, tanto el Cura León, como el Mayordomo de la Iglesia, fueron llamados para los actos fúnebres de los caídos en la riña política. Estuvieron pendiente esos días, de abrir el viejo templo, aquella edificación añeja construida por los indios bajo la dirección del padre Pedro Santa Anna Vásquez de Coronado en 1790, cuyas tapias laterales no se rendían, a pesar que las lechadas de cal no le rendían; los pilares de madera paramera y las tejas rojas hechas por los nativos  de Kukuruy (Carorita) lo mantenían, para cumplir con los eventos religiosos.

-      Como que les están cobrando las que debían y las que no, también.  Fue lo que le dijo el padre José Asunción León al mayordomo de la iglesia. Se encontraban –como rareza-, sentados en uno de los escaños, cerca del armonium.

-      No Padre, lo pasado pisado, eso quedó en el pasado. Son araujeros, también son colaboradores en la pacificación de la región, Ño Fuan, ha sido llamado por el general Guzmán a Caracas. Le respondió Miguel Aguilar, el mayordomo de la iglesia. El cura no estaba muy enterado de las razones de tanto muerto, porque vivía en Mendoza y venía dar misa una vez por mes, no lo querían los indígenas.

-      ¿y por qué tanto muerto, Miguel?

-      Asegún me comentó el amigo José Miguel Bustos, que ha estado aquí, la mortandad de araujeros de esa refriega, se debe a que las lagartijas, tomaron definitivamente el toro por los cachos. En efecto, el legendario general Juan Bautista Araujo, se encontraba en Caracas.

-      ¿No serán lavas de Ño Fuan? Dijo el cura, mientras se levantaba a apagar la vela que recién había encendido a San Pablo Apóstol.

El comentario del cura, vino por lo de la muerte reciente de Filadelfo Araujo, <<hijo del General Juan Bautista Araujo a causa de una herida que le ocasionó Carlos Briceño Vázquez, hecho ocurrido en Trujillo el 4 de diciembre de 1886>> (Colmenter, 90).  Gabaldon.

Al retomar la conversación, el padre León, se volvió a sentar, y Aguilar le comentó:

-      Dicen que fue que al jefe civil “se le fueron las tapas”, porque ordenó que le echaran plomo “por parejo” a los godos.

-      Es lamentable, es buena persona, pero se apasiona. Dijo el cura.

-      Eran vecinos en su mayoría, gente valiosa, agricultores, su único delito es ser “ponchos”, que es como decir, seguidores del “León de la Cordillera”.

-      Si y ardidos también, por haber sido derrotados por los lagartijas. Le expresó el sacerdote. 

El 18 de junio,  los apacibles moradores que no pasaban de 230 aborígenes y vivían en menos de 70 casas dentro del perímetro del Resguardo, presenciaron una discusión entre partidarios de los conservadores “Ponchos” y los “Lagartijos” del partido de gobierno liberal, que se transformó en una pelea con armas, denominada por las autoridades y la historiografía como “riña colectiva”.  En el mismo Semanario “El Trujillano”, se reseña este deleznable suceso,  <<El 18 se denunció al Jefe Civil de La Puerta por proclamar el crimen como necesidad, perseguir padres de familias ordenando incluso que los maten donde los encuentren, por heridas de bala causadas a Miguel González, por ordenar matar a todo aquel que se haga llamar Araujista>>, (Colmenter, 90). Sin duda, es uno de los más severos y graves transgresiones en la sociedad, la propia barbarie, el jefe civil se arrogaba ser la justicia y la ley, se limpiaba el rastro con el ejemplar de la Ley Penal y el de la Constitución, que tenía en el escritorio. El poder y la ley lo imponía solo él y el revólver que llevaba ajustado al cinturón. 

 

-      Aguilar, fíjese que Mendoza, por estar más cerca de Valera,  ya se están preparando para la de guerra <<por parte de las autoridades liberales, causando zozobra y alarma a los ciudadanos  a quienes imponen empréstitos y bagajes forzosos>> Mendoza, por tradición es zona goda. (Colmenter, 91).  Le comentó el Presbítero merideño.

-      Padre, Ño Fuan ha pedido garantías. Agregó el mayordomo.

Aguilar quien vivía también  en Mendoza, era hacendado, ahora de tendencia liberal. Tenía gente que lo ayudaba en su función de cuidar del templo San Pablo Apóstol de La Puerta, de sus bienes y terrenos. Se afirma en las actas que cuando el gobernador  Gral Trinidad Baptista, le informaron que fue el más votado por la feligresía para dicho cargo, le dio el nombramiento <<despachándole titulo en propiedad, con fecha 2 de marzo de 1882>> (Libro de Fabrica San Pablo Apóstol de La Puerta. Archivo Histórico Diócesis de Trujillo).

-      Le voy a decir una cosa, estos hechos dan una idea de la anarquía reinante, y los eternos sectores en pugna, logran rápido con cualquier pretexto, la inestabilidad política en la región, lo que va en contra de la gestión mejoradora o  modernizadora de Guzmán Blanco quién para colmo de males, se va del país. Le respondió el Cura.

"Cuidado con los andinos", dijo el Pdte. Guzmán.  La ambivalencia y el pragmatismo por encima de las ideas políticas: "la doble parada".

Depuesto en 1886, el Pdte. del Gran Estado Los Andes, Gral. Francisco Alvarado, por un golpe armado conducido por el Gral. Colina, se alteró la tranquilidad en el Distrito Valera, al cual estaba subordinado el Municipio La Puerta,  resurgiendo las viejas pasiones y odios de los grupos políticos locales.

Según el comandante insurrecto, los motivos del golpe se centraron en el desconocimiento y burla por parte de los gobernantes liberales, en la designación que hizo el general Joaquín Crespo, del General Juan Bautista Araujo como Jefe de Operaciones de Los Andes (Cardozo, 216);  también para impedir que Guzmán, retomara la Presidencia de la República. y esta insurgencia  <<alteró velozmente el orden público en todo el Gran Estado Los Andes…en la sección Trujillo, los conservadores asaltan el poder, deteniendo al gobernador González (Manuel de Jesús) y demás funcionarios>>. De la ciudad de Trujillo parte el general Juan Bautista Araujo hacia Mérida con una tropa de 500 hombres. Araujo, pacificó los Estados de la Cordillera, y fue reconocido por el gobierno, como garante <<para el gobierno que quiere mantener el orden>> (El Trujillano, N° 479. Edición del 7 agosto 1886).  

Posteriormente, asumió la Presidencia interina del Gran Estado el Dr. Pedro Arnal, y cuando viene a Trujillo, el recibimiento que tuvo fue <<un choque entre los bandos políticos de la localidad y resultaron muertos y heridos>> (La Riva Vale, 107).

Reasumiendo la Presidencia de la República el Gral. Guzmán Blanco, el conservador general Araujo, permanece dos meses en Caracas, sometido a la presión del presidente Guzmán  <<quién lo insta a ordenar a sus parciales la entrega de las armas>> (Cardozo 218), el Presidente  viendo la confrontación en Los Andes, designó como “pacificador” al Gral. Aristiguieta, quien es recibido por los partidarios “godos” del Gral. Araujo, y pasan éstos, a ser <<dueños de la situación>> (La Riva, 108), es decir se apoderaron del gobierno. Coincidiendo los señalados hechos locales, que no aislados, en todos los pueblos andinos <<corre una vez más la sangre>> (Cardozo, 217).

 El historiador Arturo Cardozo, conjetura acerca del momento que pasaban los liberales ejerciendo el poder, presintiendo lo que podía ocurrir al retirarse el general Guzmán Blanco de la Presidencia de la República, << el León de la Cordillera se mantenía apacible por un compromiso personal: ¿qué sería de los liberales trujillanos al ausentarse Guzmán? (Cardozo, 221); debido al proceso electoral, se recrudecen las pasiones políticas en Trujillo y toda Venezuela.

Junto con la paz necesaria para el trabajo rural, el ansiado desarrollo de obras o mejoramiento de los pueblos trujillanos, se frustró con <<el renacer del caudillismo nefasto que condujo a Venezuela a un atraso económico social y político del cual aún hoy en día no se ha podido desprender>> (Colmenter, 90-91).

Ciertamente, como lo afirma la historiadora  Yuleida Artigas, durante el ciclo guzmancista,  <<No gozaron los andinos la paz, menos de progreso; la unificación satisfizo solamente las ansias de poder de los caudillos regionales, las exigencias de sus partidarios, quienes participaron de la nueva burocracia creada por la nueva estructura legal del Estado, que permitió la tranquilidad del gobierno nacional pues logró un mayor control político de la región, a través de los Delegados Nacionales, Presidentes Provisionales y Jefes Civiles y Militares>> (Artigas D, Yuleida.  El Estado Los Andes en la época de Antonio Guzmán Blanco 1881-1887). 


En mucho incidió, lo siguiente:


En carta del 5 de octubre de 1886, Guzmán Blanco se dirige el general Pedro Vallenilla y le da la orden de acabar hasta con el último hombre que se encuentra en armas "no se preocupe por una Revolución, por el contrario, no haga nada por impedirla... esto es, precisamente, lo que deseo, qué haya un movimiento en Los Andes contra la autoridad del gobierno nacional. Entonces yo marcharé con un ejército... y dejaré la región tan liberal como lo hice en Apure después de su rebelión" (Luis González. Testimonios del Periodismo Trujillano. volumen 2, pág. 5. siglo 19). A pesar de su alianza con el general Araujo, tranquilizador de los Andes, Guzmán Blanco, expresaba ese mismo año "cuidado con los andinos". 

Años más tardes uno de los principales protagonistas del caudillismo trujillano el general  Blas Briceño “El Chato” y “Atila trujillano”,  cuñado del “León de la Cordillera”,  escribió al general liberal Víctor de Jesús González, el 6 de junio de 1898,  una carta en la que le resume: "pues ustedes si la ganan la pierden y si no también, pues si la revolución triunfa, nosotros quedamos bien y si triunfa el gobierno del mismo modo" (Boletín N° 6 del Archivo Histórico de Miraflores. Caracas 1960).  

Hay otra carta dirigida por el doctor Inocente Quevedo, Presidente de Trujillo, dirigida al general Cipriano Castro, Presidente de la República el 4 de junio de 1900, en la que le señala que observaba en el estado "unas medias tintas, espectadora y fluctuante, que esperaba seguramente algún éxito de la Revolución para seguir sus corrientes. Hablo de la fracción genuinamente de los Baptista>> (Boletín 35 y 36 del Archivo Histórico de Miraflores. Caracas, marzo de 1965). Esto sintetizaría lo que realmente era una fórmula de actuar en política que llamaban la jugada de "la doble parada", que podían usarla tanto los dirigentes principales del conservadurismo como los del liberalismo.

*

-  Mirá aquellos indiecitos malartes, averiguando y revisando las mortajas de los que van a enterrar. Se le medio percibía al Sacerdote. Coincidiendo con el parecer de este, casi con fastidio, Aguilar respondió:

- Cuando será que se van a decidir a aplicar el decreto de partición, casi toda la  tierra la tenemos dividida. Manuel González y yo, ya le dimos poder en el tribunal de Jajó, al Dr. Onofre.  Los Quevedo no se deciden, porque disque Leopoldo Baptista y los Araujo no les han dado las órdenes.

Fue durante estos días del gobierno del carachero y viejo Gral. Juan de Dios Perdomo, cuando se planifica el zarpazo y se introdujo la demanda para apoderarse de las tierras del Resguardo Indígena, donde hoy se encuentra ubicada el área urbana de La Puerta.  En la fase inicial del juicio de partición, en mayo de 1887, en el Tribunal de Trujillo, Samuel Quevedo, apoderado de los demandantes: supuestos indígenas, este gamonal era lugarteniente del jefe de los oligarcas general Juan Bautista Araujo (Gabaldon: 41). Como demandados, los supuestos indígenas: Miguel Aguilar, hacendado de Mendoza y Mayordomo de Fabrica de la Iglesia de La Puerta, Manuel González, integrante de la “Gonzalera”, asi como, un Rubén Carrizo, y Gregoriana Moreno, tenían como apoderado a un pariente de aquel Quevedo, de nombre Onofre Quevedo. Contestada la disfrazada y fraudulenta  demanda, el tribunal designó Partidor de las tierras al  Agrimensor y Bachiller Leopoldo Baptista, personaje que ya se convertía en un encumbrado “Poncho” trujillano (Archivo histórico Registro Principal de Trujillo. Actas del Expediente de Partición, 1891).

-      Si, amigo Miguel, seguiremos esperando, a mí también me toca un pedacito, yo no pido mucho. Acuérdese que cuando uno muere no tiene cómo llevarse las fincas ni los barbechos, pa’ donde nos toque. Le decía el cura.

-      Padre, voy a tocar campanas, porque llegó otro muerto.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

domingo, 23 de enero de 2022

Coronel Américo Burelli, cabalga la aventura perdida

 El Coronel Américo Burelli, cabalga la aventura perdida.

Oswaldo Manrique R.


En la historia de La Puerta, Trujillo, en Venezuela, suenan singulares nombres y apellidos que gozan de alguna valoración historiográfica castiza y transculturizadora, de diversa índole,  pero hay otros que  -aun deliberadamente ocultos-, significan arrojo, patriotismo, valentía, son visionarios que han marcado páginas de gloria, particularmente del tiempo republicano dictatorial de caudillos, uno de ellos, el de Américo Burelli. La idea de este pequeño y sencillo artículo, incluyendo algunos pocos extractos de nuestro ensayo  El Coronel Burelli, cabalga la aventura perdida, es compartir algunos rasgos de este ilustre y silenciado personaje que aportó al enaltecimiento de nuestro gentilicio local, regional  y nacional, que puede considerarse un autentico y valioso personaje postergado, deliberadamente oculto por la historiografía y sin lugar a dudas, de bastante interés para los investigadores de nuestra historia patria contemporánea.


Nació en 1881, en Mendoza. Desde niño, fue un ser empoderado, gozaba además de belleza física, del don del liderazgo natural, muy familiero, su trabajo y economía iba en función de esa institución parental y de su comunidad: La Puerta. Productor agrícola, hacendado, comerciante, molinero, militar de los de a verdad, con charreteras obtenidas en el campo de batalla. 

         Desde muy joven, se incorpora a las filas de los destacamentos y montoneras del general Juan Bautista Araujo, y luego, se sumará a las filas del Dr. Leopoldo Baptista, prestigioso caudillo trujillano, de la legendaria División Trujillo, participando bajo su jefatura en diversas campañas y batallas campales, enfrentando a la Revolución Libertadora, y otras,  producidas por diferencias entre los mismos caudillos políticos regionales.

Después del triunfo del general Cipriano Castro, los lideres trujillanos “ponchos” y “lagartijos”, se sumaron a su gobierno, y cambian el escenario de sus luchas, y los principales se van a Caracas, a dar apoyo y colaborar en su convulsionada gestión de gobierno, entre ellos se va Américo Burelli, se muda a la capital del país, sin dejar de ser oficial de primera línea del ejercito y persona de confianza del general Leopoldo Baptista, quien le da responsabilidad en varias plazas de armas. Cuando sobreviene el ascenso palaciego de Juan Vicente Gómez y éste asume la Presidencia de la República, Baptista, creía que se abría la oportunidad para asumir en una jugada de mano o palaciega, el poder político. Pero no fue así, el general Gómez, lo desplaza a posiciones de poca monta y se genera una ruptura entre ambos.

Al joven Coronel Burelli, se le presenta una difícil contingencia, por lo que se ve obligado a tomar una decisión que le traería fuertes y desgarradoras consecuencias, se rebela y se alza contra la dictadura, en defensa de los intereses de la Patria, en lo que se llamó la guerra de los 15 días, batiéndose contra las fuerzas del gobierno en la denominada toma de Timotes, asiento del gobierno para aquella época. Huyó por casi dos años, capturado, y enviado a la cárcel del Castillo de San Carlos del Zulia, luego, al Castillo de Puerto Cabello, purgando 16 años de prisión.

 Muerto Gómez, se reincorpora a la vida pública y a recuperar sus bienes en poder de familiares que le fueron birlados y sujetos a conflictos judiciales, también demanda indemnización a la República, por los daños que le causó la dictadura, al someterlo a prisión.

La vida del Coronel José Américo Burelli García, es sin duda, ejemplar por su marcado nacionalismo democrático, por su sacrificio y querencia a la Patria, y por su alto idealismo de genuina extracción bolivariana que siempre guió sus acciones y sus luchas. El estado Trujillo y particularmente la población de La Puerta, tienen en él uno de sus más claros valores.

En el análisis de nuestro personaje, su tiempo,  su desestructuración y el advenimiento de un modelo político centralista, del gendarme necesario, la dialéctica particular trujillana, su provincialismo histórico, las ideas nacionalistas de sus líderes,  nos induce a promover mucho más, el estudio e investigación de este periodo tan interesante de nuestra historia. Quizás rompa con esa manera  de privilegiar la historia desde el Trujillo capital, anteponiendo la certeza de que lo cierto es, que el impulso de los procesos y coyunturas se dieron en los sitios de interés económico, como el valle del Bomboy, o los predios y montañas de Boconó y en los predios de la zona baja territorial, entre otros, donde estaban avecindados los distintos y mas importantes  personajes históricos. Eso permitirá revisar estas premisas, y formular una propuesta teórico-metodológica que rescate la presencia histórica de  localidades trujillanas, dando paso al rescate de nuestra historia autóctona.  Esa es nuestra propuesta en el caso de este caudillo local, referenciado a un interesante y particular lugar y tiempo histórico. El Coronel trujillano, falleció en Caracas, en 1939, culminando así, de cabalgar su aventura perdida.

¿Por qué no se ha escrito de la apasionante vida del Coronel Burelli? ¿Cuál fue la razón que privó para mantenerlo invisibilizado, hasta por su propia familia, si es el personaje de mayor relevancia histórica? ¿Quién se propuso sacarlo de la escena protagónica de una de las etapas más interesantes de nuestra historia local y nacional? ¿A quién interesaba mantener a este protagonista en la oscuridad o borrarlo de la historia? Son algunas de las interrogantes que aspiramos se puedan ir despejando con nuestro ensayo, en revisión.

Nota: quienes deseen más información sobre este personaje, está a la disposición en PDF, por nuestros contactos, el ensayo <<El Coronel Américo Burelli, cabalga la aventura perdida>>.

La Puerta, enero 2022.

 Omanrique761@gmail.com


sábado, 14 de marzo de 2020

Sandalio Ruz, Caudillo de la Cordillera.


         Oswaldo Manrique R.






Tañen hasta en las piedras del Páramo de las 7 Lagunas, las marchas a pie y a caballo, de singulares hombres que son emblemáticos de la temeridad, el nacionalismo, la  gallardía y que siempre sonarán por los siglos a rebelión popular y campesina, entre esos,  es obligatorio incluir a José Sandalio Ruz Moreno, conocido simplemente como el Coronel Sandalio Ruz. En este artículo voy a compartir ciertos y pocos rasgos de este ilustre personaje, vinculado a La Puerta, Timotes  y sus páramos.  

Nació José Sandalio Ruz Moreno, en un sitio llamado Los Aposentos, entre  El Portachuelo (La Puerta) y Altamira de Garabulla (Timotes), en el año 1853; en la antigüedad, se denominaba asi, al sitio placentero,  de descanso, para el personal al servicio de la realeza imperial.  Sus padres: José Ysidoro Ruz Moreno y María del Carmen Moreno.  Tuvo, varios hermanos entre ellos: Francisco Javier, Pedro Ignacio y Eulalio Ruz Moreno. Desde muchacho, fue una persona altiva e impulsiva, quizás algo soberbio, los jóvenes de su caserío y de los sitios vecinos, lo respetaban; no le aguantaba guamas  a nadie, y el que se metía con él, fuese marandango, fortachón o flacuchento, le soltaba su  pescozón.  



Imagen antigua de La Puerta, no variaría mucho de la de principios de siglo XX. Tomada desde el lado este del río Bomboy; obsérvese los sauces y la tupida vegetación en el viejo camino al pueblo, al fondo destaca el Templo de San Pablo Apóstol y su torre campanario culminando en forma de invertida copa. Cronografía N°  3237.

 Sandalio estuvo muy ligado a  La Puerta, no solo porque era el poblado  urbano más cercano a su hogar y sus tierras, sino porque contaba con las pocas facilidades de encuentro social, servicios, iglesia, y las casas de residencia de los dueños de las comerciales de Mendoza.  Era La Puerta, de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, una comarca rural. En una interesante descripción de ella, Mario Briceño-Iragorry, detalló su recorrido desde Mérida, llegar a Timotes y su paso a La Puerta, por un camino y lugar, que precisamente son las posesiones agrícolas de los Ruz, escribió:
<<Un camino que conduce a La Puerta…Enfrascados los viajeros en el interesante tema de la política, no se dieron cuenta de la vía ni de los dorados trigales del contorno, hasta que llegaron al delicioso sitio de “El Pozo”, ya despejado de la niebla mañanera y en cambio alumbrado por un sol esplendoroso que daba mayor nitidez a los lirios inmensos y vueltos hacia el suelo, pendiente de las frondosas matas de floripón ahiladas a la vera del camino >> (Briceño-Iragorry, Mario. Los Ribera. Pág. 80.En: La Puerta, un pueblo. José Rafael Abreu).  La estampa de los dorados  trigales, nos da una idea, del carácter de la economía de este pueblo.
A comienzos del siglo XX, La Puerta, había entrado a un periodo de calma, casi de insignificancia, era  solo agricultura, quietud y belleza, tanto para los viajeros y visitantes, como para los pobladores. El viejo camino indígena que conducía a La Puerta desde Mérida, en bestias, tocaba pasar Timotes, La Mucutí, El Portachuelo, La Lagunita, Quebrada Seca, que eran las posesiones y trigales del coronel Sandalio Ruz y su familia,  y de los hermanos Burelli García, para luego llegar a la finca “El Pozo”, cercana a la zona urbana de La Puerta. No existía la actual carretera, solo la vía intermontana de la cordillera.
Al escrutar que había pocas casas, narra que se apearon en la más grande y bonita, los atendió su dueño Don Natividad Sulbarán, a quien describió, que, <<lucia su ruana azul y su ancho sombrero pelo de guama>> éste Sulbarán, además de hacendado, era primera autoridad del Municipio. Los invitó a desayunar, <<les fueron servidos los típicos platos de la tierra fría>> (Ídem). Refiere la amabilidad de la gente, y el gusto de ver y tener la visita de esporádicos visitantes, de seres de otros lugares, así fuesen de Mérida y del mismo Trujillo. 
         Al recordar su viaje, <<…continuaron entre sembradíos de trigo y maíz, el camino del estrecho y delicioso valle de La Puerta…>>, hace reseña del poblado urbano, <<…La pequeña población se ha mantenido pese a su antigua data en escaso desarrollo…>> (Ídem).; por supuesto, no se refiere al despojo de tierras que hicieron a los indígenas en 1892, la demolición de sus viviendas y su desalojo, quedando este sitio, en poder de los gamonales.
Describe don Mario, como si de un video de turismo se tratara, lo siguiente: <<…Las casas son sencillas, las aceras están a medio hacer, la iglesia es pobre, la plaza es solo un solar abierto, sembrado de menuda hierba…>> (Ídem); en efecto, lo que se conocía como plaza real, luego plaza principal y finalmente Bolívar, era eso, un gran cuadrado de tierra con alguna hierba menuda, y era totalmente inclinada, con una acequia en uno de sus costados.
Su percepción sobre la gente es la siguiente: <<…Sus vecinos son buena gente agricultora, que vive de la molienda del trigo, de la fabricación del queso y de la saca de panela...>>; verdaderamente, eran inmensos trigales, que arrimaban al Molino de la Calle 3, de los hermanos Burelli García; también, lucían extensos cañaverales e ingenios, muchos trapiches que destacaban en las diferentes haciendas, con alambiques que sacaban productos y bebidas alcohólicas; existía mucha cría de ganado vacuno y ovino para la elaboración de quesos, cuajadas, sueros y otros, particularmente en las riveras del rio Bomboy, ciénagas, y en las tierras reservadas para el desarrollo urbano del Municipio, que fueron también despojadas; era una autentica  comarca rural.
Es interesante la apreciación de Briceño Iragorry, sobre un tema fundamental en su obra, la educación y religión de los pueblos, escribió: <<…Apenas había una escuela primaria y el Cura poco cuidaba de sus feligreses…No obstante las pocas letras de sus moradores, La Puerta es a manera de aula para aprender filosofía convencional…>>; y va revelando por qué, en contraste de la frondosa serranía, se había trazado el cementerio, por lo que la vida de esta población “discurre frente a los propios muertos”; es cierto, la Plaza Bolívar, la escuela de primeras letras, la sede de la Prefectura, autoridad policial y el templo, están justamente cerca y a un nivel superior o terraza, donde se podía observar el camposanto; por supuesto, en esa época no existían edificaciones en el lado donde hoy están la Prefectura y el Puesto Policial, el Hotel El Padrino y otras casas, no había nada y se veía fácilmente el cementerio.
 En su  conocimiento, sobre tópicos filosóficos de la vida y como tema de dimensión espiritual y religiosa, agregó lo siguiente:<<…En la mañana, al mediodía, en la tarde…la gente de La Puerta está obligada a pensar en la muerte>>, y hasta los arboles y la vegetación,  <<…parece que fueran inclinados por la ventisca para saludar constantemente a los difuntos. Sin que la meditación ocupase a planos superiores, el hombre de La Puerta se acostumbró a mirar con naturalidad cercana el problema de la muerte y aprendió a compenetrase a la vez, con lo transitorio de la vida…>>  (Ídem).  Como colofón de su interpretación, de la espiritualidad colectiva de esta población, insertó palabras del padre Humberto Contreras, quien al pasar por el cementerio, rezó alguna oración a los difuntos, y refiriéndose al pueblo, dijo: <<Ojala el pensamiento de la muerte, los enseñe a bien vivir>>; ésto, nos pone a pensar, ¿a que se refería el padre? ¿Acaso, a ese pasado reciente de orgia de levantamientos y revueltas militares y caudillescas, donde estuvo involucrada esta población? ¿Estaban enterrados en ese camposanto, los muertos de los enfrentamientos y batallas que se dieron en esta comarca? ¿O se refería a los indígenas allí enterrados,  victimas de suicido, al ser despojados de sus casas y de sus tierras, en 1892?
Como se puede intuir y obtener, de la fina, adecuada y razonada descripción que hizo Mario Briceño Iragorry, de La Puerta de finales del siglo XIX y comienzos del XX, no solo detalla la fisonomía, virtudes y patrimonio geofísico del lugar, sino que precisa valores y aspectos por los que se guiaba la quieta y hasta filosófica población, que le da una adecuada densidad histórica, al espacio y tiempo en que se desarrolló la actividad principal de los caudillos, y que le aporta eso que llamó <<fisonomía diferencial a los pueblos>>.

En 1871, se alzaron los Ponchos trujillanos, y con 18 años de edad, Sandalio se fue de miliciano de la Revolución Azul, comandada por el general Juan Bautista Araujo, líder de los oligarcas trujillanos.  Lo acompañó también a la corta campaña de Coro, que se ejecuta en  1874, y regresa a los Aposentos, para casarse.  Al año siguiente, se casa con María Antonia Carrizo, nativa de Garabulla; en 1876, nace su primer hijo Nicolás,  luego  procrearon a  Pedro Ruz Carrizo, y finalmente a María Bella Herminia Ruz, nacida en La Puerta, en  1888.
         Trujillo, Mérida y Táchira, entre los años 1881 y 1899, conformaron el Gran Estado Los Andes, teniendo primero como capital provisional, la ciudad de Timotes, luego, como sede definitiva, la ciudad de Mérida.
En 1884,    estalla la Revolución del Miche, contra la Ley IV, que impuso fuertes impuestos y contribuciones fiscales a la producción y comercialización de especies alcohólicas, que afectó en forma directa a las familias trujillanas, inclusive a los Ruz, que tenían siembra de caña dulce,  comercio y alambique. Sandalio, aunque es llamado por los araujistas a sus filas, comprende que es una causa popular campesina y decide incorporarse con los suyos a la rebelión. En esta campaña regional, unidos ponchos y lagartijos, centenares de trujillanos en forma espontánea y voluntaria, se fueron tras las tropas del “León de la Cordillera”  a Mérida,  atacaron al gobierno del Gran Estado Los Andes, en la propia capital y lo derrocaron, que era presidido por el general Rosendo Medina, “daban por hecho (el pueblo), que la industria de la destilación de aguardiente volveria a ser libre, sin las trabas impuestas por la Ley IV, que iba en detrimento del laborioso agricultor e industrial andino” Gabaldon, Fabricio. Trujillanos Ilustrees. Pag.53. Ed. Presidencia de la Republica. Carcaas. 1993). Con esta demostración de apoyo popular, se fortelece la autoridad única del general Araujo, en todo el territorio de los Andes, y se decepciona el pueblo por el incumplimiento de su reivindicación  económica.     



General Juan Bautista Araujo, el legendario “León de la Cordillera”, jefe de las fuerzas civiles y militares de los oligarcas trujillanos. 

Dos años más tarde, su comandante el general Juan Bautista Araujo,  es nombrado autoridad de Trujillo, e inmediatamente se alzaron los liberales rechazándolo. Año de mucha conflictividad y  muertos, con al menos 15 levantamientos armados. En la revolución de este año (1886), el general Araujo y sus “espadones trujillanos”, como los denominó el escritor Mariano Picón Salas, derrota a los liberales en fuertes batallas como las de Colon y Capacho, estado Táchira, logrando así, la pacificación del Gran Estado Los Andes.  Araujo, regresó con 20 mil pesos y un rebaño de burros y carneros (Gonzales Guedez: pág. 95).    Nuestro “espadón trujillano” se incorpora a la tropa de José Eliseo Araujo, hijo del “León de la Cordillera”,  salieron de Jajó e invaden Mérida y toman la capital.  

Muerde el polvo de la derrota en su propio patio. 

 Mientras estuvo gobernando el célebre  “León de la Cordillera”, hubo tranquilidad política y Sandalio se fue a su casa, a trabajar sus tierras en El Portachuelo, La Mucutí, Los Aposentos y Altamira de Garabulla, hasta 1892, en que se le acabó la quietud del campo.           A comienzos de este año, estalla en forma, la Revolución Legalista o guerra contra el Continuismo del Presidente Andueza Palacios. Los Araujo y los Baptista, del partido conservador trujillano, se suman  al  movimiento liberal amarillo, que jefatura el general Joaquín Crespo,  en contra de los liberales del centro del país, que dirige el Presidente Andueza. Sandalio, toma nuevamente las armas para  enfrentarse a los legalistas liberales, y participa en un combate largo que comienza en Durí, pasa por Jajó y se va  a extender hasta su propio patio, a sus propias tierras.
En la campal acción de La Mucutí, las tropas afectas al “León de la Cordillera”, comandadas por sus hijos, también generales,  pusieron en práctica fingir la retirada para obligar a las fuerzas de la revolución liberal a que los persiguieran, para luego aprovechar, virar, retroceder y cargar a machete cuesta arriba y liquidarlos. Pero eran tropas no preparadas militarmente, montoneras reclutadas en las montañas, que no acataban las ordenes de retirada y lo que sobrevino fue el espontaneo “Sálvese quien pueda” y salieron en desbandada, presos de terror, huyendo hacia la Vega de Timotes y se escabulleron hacia Mérida, incorporándose a las fuerzas del general José Manuel Baptista, jefe de la revolución en Los Andes; hasta allá fue a dar Sandalio Ruz, lo alejaron hasta de su propia casa.
Desde La Lagunita,  el Estado Mayor de las fuerzas de la revolución liberal, integrado entre otros por el general Rafael Montilla Petaquero, el legendario “Tigre de Guaitó”,  convirtieron a La Mucutí en un lugar de muerte, allí quedaron tendidos más de 200 seres humanos, expuestos como festín de las aves y demás animales de rapiña (Gabaldon, Fabricio. Rasgos Biográficos de Trujillanos ilustres. Págs. 112 y 113).  Un verdadero fratricidio.  Sandalio muerde el polvo de la derrota, en su propia tierra; el trauma y el recuerdo de la Batalla de La Mucutí-El Portachuelo, le producirá más dolor y tristeza que las mismas  heridas sufridas en todos los combates.



General Rafael Montilla Petaquero, legendario  “Tigre de Guaitó”, vencedor de los oligarcas en el Portachuelo-La Mucutí en 1892, posesiones del coronel Sandalio Ruz.


También en ese año, se concluye la fraudulenta Partición Judicial de las posesiones ancestrales del resguardo indígena de La Puerta, con la que los indígenas fueron despojados de sus tierras, demolidas sus viviendas y ellos desalojados, en 1892, en un amañado juicio armado por los oligarcas y gamonales de la región, amparados por el gobierno liberal guzmancista.    Las tierras pasaron a ser propiedad de terratenientes, comerciantes, prestamistas, gamonales y estafadores.  Francisco Javier Ruz, hermano de Sandalio, se cuela en la partición y le adjudican tierras en propiedad.
En 1895,  Eulalio Ruz, otro hermano de Sandalio, con el que tiene diferencias ideológicas y personales,  es designado Jefe Civil y Primera autoridad, en el proceso de repoblamiento y reconstrucción de La Puerta, como pueblo para los oligarcas.





Firma de Eulalio Ruiz, hermano del coronel Sandalio Ruz, en un documento público, cuando era Jefe Civil de Municipio; tomada del libro de nacimientos del Municipio La Puerta, Estado Trujillo, correspondiente al año  1895. Por su forma y estilo, se intuye que era una persona instruida y culta. Cronografía propia de este blog. 3169.


         Cuando ocurre la separación de los Estados (1898), que conformaban desde 1881  el Gran Estado Los Andes, inmediatamente,  los oligarcas entran en campaña para recuperar el poder, el veterano general José María Baptista, el 11 de mayo del 98, ingresó en Valera y tomó el Cuartel y la casa de gobierno, hubo muertos y heridos, se va a Betijoque y logró derrotar a los lideres liberales generales Rafael González Pacheco y Pedro Jugo. El 6 de junio, se produce otro  recordado ataque contra Jajó, símbolo del poder de  los oligarcas; vencen a los generales Pedro Araujo, hijo del “León de la Cordillera”, y a Blas Briceño, el mentado “Chatico”. Leopoldo Baptista y Sandalio Ruz, se movilizan desde La Mucutí con poca tropa, y logran ayudar a escapar a sus correligionarios, que iban a ser objeto de exterminio.  


Antigua casa de gobierno de Valera, inaugurada en 1883. Fue tomada por la tropa  del general oligarca José Manuel Baptista en mayo de 1898. Cronografía N° 2943.

                  Como la gran mayoría de los “espadones trujillanos”, es incorporado Ruz, en 1902, como oficial  a la prestigiosa “División Trujillo”, comandada por el Dr. y general Leopoldo Baptista, en la campaña contra la llamada “Revolución Libertadora” del banquero Matos, financiada por la “Bermúdez Petroleum Company” y las empresas ferrocarrileras francesas y el gobierno norteamericano. Esta será su penúltima campaña militar.     



Leopoldo Baptista y su padre el general José Manuel Baptista, líderes del partido oligarca trujillano, también denominado de los “Ponchos”, en el cual estuvo militando Sandalio Ruz.


A raíz, del rechazo de la población en diversas regiones, contra la reelección del general Juan Vicente Gómez, como  Presidente de la República,  tras haberse denunciado que fomentaba la entrega de concesiones petroleras y mineras a empresas norteamericanas y otros países, y la venta de territorios importantes de Venezuela, se produce en  1914, la Rebelión de la Culata, un levantamiento de los Caudillos nacionalistas de La Puerta, Mendoza, Escuque, Jajó, Pueblo Llano, Timotes, Tabay  y otros pueblos de la Cordillera, entre los cabecillas de la rebelión, estaban el coronel Americo Burelli, coronel Trino Paredes, el general Golfredo Masini, los hermanos Federico y Juan Araujo, los hermanos Miliani y  el Coronel Sandalio Ruz. 


Lapida de concreto, de 1925, con la lisonjera frase “Viva Gómez y Adelante”, símbolo de la subordinación al dictador y amo del país. Cronografía N° 2956.

Meses antes, en 1913, el general Juan Vicente Gómez, había salido en campaña de guerra contra sus opositores, al punto que el 4 de agosto de este año, se encargó de la Presidencia de la República, el Dr. José Gil Fortoul. Comienza el proceso de consolidación de Gómez, como Amo y único jefe del Ejercito, asimismo, único gobernante y caudillo del país, llenando de presos políticos las cárceles y otros los enviaría al cementerio.



Coronel Américo Burelli, otro líder de La Puerta, involucrado en el alzamiento de la Cordillera en 1914, fue capturado y encerrado 16 años en la prisión del castillo de San Carlos del Zulia. Cronografía  N°  3083.


Algo quijotesco en su vida. El posadero de Carmania. La leyenda del sepulcro perdido.

Juyan lagartijas,
y juyan con juerza,
que por ‘ai viene Sandalio Ruz,
destajando cabezas.
(Del repertorio de Concio Rivas, Páramo de La Puerta).

  “…Hubo un tiempo en el que no participó en levantamientos, contiendas  ni guerras. Con el inicio de siglo y  sobrepasando los 40 años de edad, dejó las armas y se dedicó a su actividades privadas, pero como todo taita, que así se le llamaba al líder bienhechor, nunca le faltaba gente desvalida que le llegara con problemas, para que se los solucionara. Y, como emulando al ingenioso hidalgo, motivado por la necesidad de ayudar al desamparado, se aprestaba a luchar nuevamente contra la injusticia. Don Teófilo Ruz Briceño, relató que, entre Carmania arriba y Valera, existía una posada para viajantes, arrieros, comerciantes, forasteros, en donde se podía pernoctar y dejar la mercancía y las bestias. Al dueño de la posada se le ocurrió, comenzar a matar a los que llegaban con grandes cargamentos, desparecían los cadáveres y vendía la mercancía, las bestias las soltaba. Así había hecho en varias oportunidades, hasta que los deudos de una de esas víctimas, buscó a Sandalio Ruz para que le arreglara el problema. El coronel se buscó a Mitridates y a otro de sus secuaces y se fue una noche a Carmania donde el posadero, y definitivamente arregló el asunto, el posadero amaneció muerto decapitado. Allí, no volverían a desaparecer los viajeros, ni se perderían las mercancías, ni las cosas.  (Conversación con Don Teófilo Ruz Briceño. Sábado 29 de febrero de 2020. Timotes).  De esa manera, arreglaba los problemas de la gente; una especie de justiciero.  



  Otra gráfica de Sandalio Ruz (del boceto alegórico al personaje). Propiedad de este blog.  N° 3167.  

Lo que relató Teófilo, era como verlo tomar su mula, ponerse su ancho sombrero, su revólver al cinto y tomar su machete a desfacer entuertos, a enderezar las cosas, a buscar y enfrentar a los bandoleros, a solidarizarse con los deudos y viudas, y en fin, resolver los conflictos donde quiera que existieran…” (Manrique, Oswaldo. Sandalio Ruz, Caudillo de la Cordillera. En revisión. La Puerta, 2020). Pareciera que adoptaba en su pensamiento como código ético de su vida aquellas máximas cervantinas de  <<agravios que deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que emendar, y abusos que mejorar>>  Cosas de Quijotes, Quijanos o Quezadas.
                                                         *

“…Ya con 73 años de edad, el cuerpo cansado del “espadón trujillano”,  tras una penosa enfermedad, murió en su casa en La Cañada, cerca de Los Pavones, adyacente a la Quebrada de Tafallez, a las doce  del mediodía del 14 de marzo de 1929; causa de la muerte: Reumatismo agudo .  Como si todo lo hubiese planificado, al ser inhumado su cadáver, ante unos pocos familiares, su mujer María Antonia,  sus hijos Pedro y Nicolás, y su lugarteniente Mitridates Volcanes, el lugar donde fue enterrado se mantuvo secreto por muchos días, meses, años, décadas, como si fuere un pacto de silencio. Posiblemente, lo sacaron en parihuela, en la oscuridad de la noche, para que los vecinos no se enteraran y dirían que había salido de viaje. Ninguno dijo, y algunos murieron llevándose el dato oculto, la tumba, se convirtió en un gran enigma, no se supo el destino del Coronel, y los parientes, se olvidaron de él, otros, decían que su cadáver estaba insepulto, que se lo habían robado  o escondido en alguna vasija indígena…” Así nació, la famosa leyenda del sepulcro perdido, que develamos en nuestra obra Sandalio Ruz, Caudillo de la Cordillera. 



En la gráfica un hermoso arco, del techo de la nave central de la Basílica Menor de Santa Lucia, de la ciudad de Timotes, se lee: “Costeado por el Señor Eulalio Ruz.”, éste Eulalio, es hermano del Coronel Sandalio y fue Primera Autoridad de La Puerta, en 1895. Cronografía propia de este blog. 3264.


“…Quizás, esto que voy a agregar, se entienda como parte de misticismo o mitificación del personaje, que quiebra la pesquisa histórica, pero solo lo  comparto porque es parte de la investigación. El misticismo que rodea la vida y fama del Coronel Ruz, lo percibirá con el tiempo, el mismo Teófilo Ruz Briceño.  Éste narró que, en tres oportunidades, se produjo su somnífera aparición, como si hubiera salido de Garabulla, en lugar de la eternidad; el Coronel, tranquilo, despojado de su dureza, exclamó dirigiéndose a él:
 - ¡Gracias, por haberme arreglado la sepultura! y se retiró de esa escena onírica y espiritual, se iba bajo una sombra luminosa, y luego, como una tenue luz en la lejanía.  
Nuestro entrevistado, dice tener el don de soñar, pero fueron estas pocas veces que alguien lo aborda con esa misteriosa designación y agradecimiento, y considera que pudo haber algo de superstición…”  
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Fachada principal de la Basílica menor de Santa Lucia, de la ciudad de Timotes.  Cronografía propia de este blog. 3263.





El Dr. y  general Leopoldo Baptista y el dictador Juan Vicente Gómez, durante los años de la denominada “sociedad de participación”.    

En el contexto de la insurrección parameña de 1914, este personaje se transformó en un héroe campesino, en una de las figuras más destacadas de la lucha anti feudal y antiimperialista de comienzos del siglo XX. Sería necio decir, que era simplemente un guerrillero reivindicativista o “bandolero” por sus acciones armadas, cuando lo cierto es que simboliza y encarna el ideal de las clases sociales explotadas y débiles, para ir haciendo revolución a su manera, enfrentando a una de las dictaduras más terribles que se haya enquistado en Venezuela. 


 General Juan Araujo (no confundir con el “León de la Cordillera”), en 1925, uno de los jóvenes trujillanos que dirigieron junto con Ruz, la rebelión de la Cordillera; estuvo 8 años preso, por este hecho. 

El propósito de este artículo sobre el Coronel Sandalio Ruz, se encuentra dentro del marco del rescate de personajes y hechos importantes de nuestra localidad: La Puerta, Estado Trujillo, en Venezuela, que han sido silenciados, analizándolos dentro del contexto en que se desenvolvieron, así como los ideales que los guiaron en sus luchas; nos aportan elementos importantes para la comprensión de la actual crisis económica petrolera y minera de la Venezuela del siglo XXI. Este 14 de marzo, se cumplen 91  años de su fallecimiento.


Nota: Nuestro ensayo Sandalio Ruz, Caudillo de la Cordillera, centra  atención en el proceso de  post guerra federal republicano de caudillos,  de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en el que se desataron expresiones y núcleos guerrilleros campesinos nacionalistas en la Cordillera de la Culata, en su mayoría espontaneas, sin direccionalidad y cargadas de pasión nacionalista y violencia política. El caso específico es el alzamiento de varios caudillos locales, entre ellos, Sandalio Ruz, productor del agro, participando con su montonera parameña  entre  1913-1916, contra la dictadura gomecista entreguista y lacaya de los yanquis.  Fueron los varones de la Cordillera, para los grandes asuntos del país, en una hora mermada. 


La Puerta, Marzo 2020.




















  

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