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jueves, 3 de abril de 2025

Coronel Felipe Uzcátegui el “Maese”, entre la “Lagartijera”.

Por Oswaldo Manrique

Si en esa vega, hubo alguien más conocido que los mismos propietarios, esa era la ”Kuika”. Fue a visitar a doña Mercedes, absteniéndose de fumar sus cigarros con la candela pa’ dentro, delante de ella. Al rato, los perros comenzaron a ladrar, alegres, recorriendo desordenadamente la gruesa cerca de tapiales de la casona, al sentir que llegaba el Coronel.

-         ¡Aguaite, Aguaite po’ allí! Le dijo señalando hacia la interminable Cuesta de La Mocotí,  la perspicaz indígena a la fiel esposa del Coronel, quien atendiéndola, comenzó a observar y en efecto se veía subiendo al “Maese” o alguien parecido. 

-         Si, Kuika, ese parece que es Felipe Uzcátegui y su cola de “lagartijos”. Dijo doña Mercedes, al mirar desde un recodo del solar.

-         Si es, aguaite el sombrero negro. Hasta la mula se le conoce el brincaito de andar. Le agregó la convidada.

-         Y eso que es bien flaco. Soltó con sonrisa y sátira doña Mecha.

-         Naitica puede ensombrecer la estampa de mi Coronel. Le agregó la Kuika, quien los había ido a visitar a La Mocotí.

-         ¡Tafallés! baje ligero a ayudar a su padrino. Gritó  doña Mercedes, para que el muchacho lo fuera a recibir y ayudar. Al indiecito, se le alumbraron los ojos de la alegría y contestó:

-         Voooy misia Mercedes. 

Ruidos, señales de movimiento se sintieron en el caserón de La Mocotí. En la cocina, ollas, peroles, cacharros, fogones se activaron como para una fiesta. El experimentado Coronel, lentamente andando sobre su mula, miraba las sementeras muy pobres, sin trigo, sin caña dulce, ni tabaco; los potreros produciendo flaqueza. Cuatro hombres sobre sus bestias, con sombreros de paja y sin alpargatas, se apresuraron, para reconocer como seguro el lugar, para su jefe.


Felipe Uzcátegui el coronel, regresaba de una de sus campañas del liberalismo, su fe y dogma políticos. Enemigo de la dinastía Araujo-Baptista. En 1877,  conoce al general Santana Saavedra, quien ordenó la construcción del camino La Mocotí-Timotes. Con su sombrero negro, bordeado con una cinta amarilla, casi marrón de tanto polvo del camino y del tiempo. Su periodo de luchas sociales, políticas y militares de mayor relieve, parte desde la octava década del siglo XIX, como militante del liberalismo, pasando por uno de los hechos sangrientos, fratricidas y dramáticos, que se produjo en 1892 en su propia casa, conocido como el “Bautizo de sangre de La Mocotí” y la graduación de Rafael Montilla Petaquero el “Tigre de Guaitó”, como general; y concluye, con su actuación como Caudillo, dirigiendo las fuerzas liberales en La Puerta, Jajó, Timotes, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez.  Es mucha la historia que hay para contar de nuestro personaje local. 

Era un hombre de carácter fuerte, sin embargo, jovial, ecuánime, intuitivo, estudioso de la historia y de las ideas políticas, le decían el “Maese”, suerte de maestro y guía en esas materias. Desde sus años juveniles, fue militante del liberalismo, muy bien informado, riguroso, disciplinado, de razonamiento sereno, hombre de confrontación y polémico. Su opinión, era consultada entre los “Lagartijos” trujillanos.

Uno de sus acompañantes, alzaba un palo con un trapo amarillo que batía en el aire; para algunos era antipático el color de los liberales. Al entrar el Caudillo por el portón al solar, frenó al animal y se bajó con un gesto áspero, llevaba el peso de la carpeta de lana sobre el hombro, machete al cinto y un pistolón ajustado a la cartuchera. Varias miradas de inquietud tenía cerca. Al pasar por el corredor, tosió un poco, se quitó el sombrero y dijo parcamente:

-         ¡Saludes!

En 1898, el Dr. y general Rafael González Pacheco, pasó a dirigir el Estado Trujillo, las “Lagartijas” se afianzan en el poder, lo que fue una mala noticia para los “Ponchos” colorados y para sus pequeños capitanes de los pueblos y aldeas. Asi, los liberales andan con la cola parada, <<Felipe siendo coronel, anduvo detrás del “Tigre de Guaitó” y del general Gómez>> ((Luis Uzcátegui Araujo. Audio wasap del 27-9-2024).Audio citado); esto lo confirman los testimoniales de los historiadores, Dr. Fabricio Gabaldon y el general Perfecto Crespo, destacadas figuras liberales trujillanas.    

¿Quién fue el coronel Felipe Rafael Uzcátegui, el “Maese”? 

Si algún sociólogo, psicólogo o científico social se le ocurriera pensar y decir que el nacer en los Andes, no significa necesariamente que se es "un buen andino", esto tendría su explicación, porque para serlo es necesario conocer y trasegar su tierra y tempestiva, con el respeto a sus cotidianidades, costumbres, espiritualidad y cultura, inclusive ser conocedor de las mañas de los tiempos y las cabañuelas, y defenderla, también gozar de su habilidad para desenvolverse en el campo que le tocara, fuese en el agrícola, ganadero, el comercio, que eran las posibilidades económicas para la mayoría, esfuerzo rudo o suave, tanto en la sementera o en el conuco, en la quesera, en el molino  o en el trapiche, en la rezandería o en la música, el pasaporte -según Don Mario Briceño Iragorry-, es la “extraversión telúrica”; satisfacer todos estos aspectos creaban en  la época del “Maese” Felipe, una rica relación social con su parentela, con el caserío, con el pueblo y con la región, y es lógico, pues fue en ese medio donde se fue levantando Felipe Rafael Uzcátegui, con libertad de pensamiento y de acción, a pesar de su entorno “godo”,  trabajando su tierra como andino responsable, quien en sus reflexiones sintió la obligación de dar en su particular forma, su aporte a la lucha por cambiar, mitigar o mejorar la situación social de Venezuela, y particularmente en su región.

Era nativo de la Mesa de Esnujaque, donde vio su primera luz, alrededor del  año 1865. Vivió en Timotes, en La Mocotí y también  aquí en La Puerta. Descendiente de  Felipe Uzcátegui, vecino de la Mesa de Esnujaque, comerciante, agricultor, quien ocupó tierras del Resguardo Indígena de Timotes, donde construyó una casa de teja y tapia, que vendió en 1879, al señor Ignacio Bustos (Samudio, 228). Asimismo, pariente de Don Florenciano o Florencio Uzcátegui, rico comerciante, dueño de importantes posesiones y la comercial "La Melodía", en Timotes, mecenas destacado por sus aportes de recursos en la construcción del hermoso templo Santa Lucia, de esa vecina población. En La Mesa de Esnujaque, Felipe recibió estudios de primeras letras, lo que equilibraba con su trabajo en el campo. Desde muy joven, se propuso adquirir su propia tierra para trabajar la agricultura en forma independiente.  

De la vida del Coronel, su nieto el Dr. Luis Uzcátegui Araujo, revela que Felipe Rafael Uzcátegui, era <<hijo natural de un catalán de nombre Pedro Sierra “el español”, y de María Uzcátegui, le decían “La Blanca”, quien tuvo ese hijo ilegítimo. Este español era hermano de Francisca Sierra “Pancha”, casada con un Vetancourt, de ahí nuestro parentesco con esta familia>> (Datos tomados de Audio wasap enviado por Luis Uzcátegui Araujo. 08-09-2024); esta familia Vetancourt, eran descendientes de don Miguel Eusebio Vethencourt Berdugo llamado “el Francés”, de los primeros colonos de Trujillo, asentados en Boconó y en el valle de Bomboy. 

Agregó igualmente que su <<Abuelo se casó en el primer matrimonio con Mercedes Cols Arvelo. Vivieron en La Mocotí, y  abajo en la Vega, en Villa Mercedes, se llama asi, en honor a mi abuela Mercedes. Tuvieron una hija, Rosario, y murió. Aquella era prima hermana con Alberto Arvelo Torrealba, prima también de Arvelo La Riva, de ahí el nexo familiar, y tuvieron mucha comunicación>> (Audio citado).

Al referirse a su abuelo, explicó: <<Mi papá  Herman Uzcátegui Cols,  nació en La Puerta en 1913, siendo mi abuelo el coronel Felipe Uzcátegui el jefe civil y máxima autoridad de ese pueblo para la fecha. Mi papá nació en una casa diagonal creo o frente a la plaza Bolívar>>; esta hermosa casa de muy buena construcción, estaba ubicada entre lo que es hoy el “Hotel El Padrino” y la antena de CANTV, en el lado oeste de la Plaza Bolívar. 

Con optimas condiciones físicas y ya concluida su casa, se fue a vivir a La Puerta, donde  continuó  fomentando familia,  <<Mis tías nacieron las mayores María Uzcátegui Cols, Paz, Rosario en la casa de La Mocotí, mi papá en La Puerta y Josefina en la casona de “Villa Mercedes” también llamada La Cuika, el sector>> (Ídem). Su esposa Mercedes, muere.

El Coronel Uzcátegui se vuelve a casar. En este segundo matrimonio  <<se casó con la hija de una prusiana y un holandés, liga de alemana con holandés, muy europea, caucásica. Tenían un hotel en Caracas, de apellido Higgins, murieron. Un señor Pedro Baptista, de los Baptistas y Araujo de Jajó, la criaron, le sacaron partida de nacimiento y le pusieron su apellido. De esa unión nació una hija, la menor, también llamada Rosario>> (Ídem).

Se fueron a vivir a sus viejos predios, relata el Dr. Uzcátegui que, <<Mi abuela Elba Baptista, vivió en “Villa Mercedes”, hasta que muere mi abuelo, era una musiua, recuerdo que eran unas viejonas grandotas. Mi tía Rosario, Josefina y María Uzcátegui, también tipo alemán, grandotas, y robustas>> (Audio citado).

“los “lagartijos” andan con la cola parada”

Solo dos menudas menciones se han escrito de este personaje. El vivir cerca de godos, vecino de godos y en tierra de godos, nunca lo animó a sumarse a ellos. Su formación ideológica e involucrado por obligación, en esos vaivenes de la guerra de caudillos de finales del siglo XIX, se le llamó el “Maese” (Gabaldon; 110). Como oficial de las fuerzas liberales, presenció el triunfo del general Montilla, el “Tigre de Guaitó”, en la batalla de La Mocotí, por coincidencia,  su propiedad, sitio de residencia y de labores. En los aledaños “Aposentos”, “Garabulla” y “La Cañada”, tierra de los conservadores Ruz, y la cercanía a “El Portachuelo”, “San Martín”, “La Cordillera”, “Quebrada Seca”, “El Censo”, que conformaban  las grandes posesiones de los Burelli García “godos” en el valle de Bomboy, el único “lagartija” declarado, era él.

A comienzos de la octava década del siglo XIX, fue reconocido por sus partisanos como importante operador político liberal en la zona de La Puerta, Jajó y La Mesa (semanario El Trujillano), comenzó a destacar como figura del liberalismo, enfrentado a la oligarquía conservadora local, acaudillada por los Burelli García.  

En 1884, junto a Juan Bautista Carrillo Guerra, el general Santana Saavedra, Ignacio Paredes, todos liberales, Felipe, leal y esforzado militante, aprovecharon y compró cada uno un Remate de aguardiente para explotarlo en  el área de La Mesa, Jajó y la Quebrada, con lo que obtuvo significativas ganancias. Mediante la Ley 4, el gobierno estableció la concesión para la producción, derechos de destilación y comercialización de bebidas alcohólicas, denominada “Remates de Aguardiente”; hasta el godo Eliseo Araujo se metió en el negocio. Fue una industria selectiva y clave en la economía regional de esa época; pero hubo la revolución del miche, contra esta Ley, y fueron derrotados por los godos araujeros, durante el régimen de los liberales. Perdieron su inversión.

El "Maese” Felipe Uzcátegui, el audaz lagartijo.

Él, a pesar de poseer tierras, y sin olvidar su origen de clase, fue apasionándose por las ideas y la posición de los “Lagartijos”, alegrándose a finales de 1898, cuando fue juramentado el general Espíritu Santo Morales, como Presidente del Gran Estado los Andes, desplazando a los “Ponchos” oligarcas del gobierno. La historiografía, llamó a este episodio como: “los lagartijas andan con la cola parada”; es así como el liberal doctor Rafael González Pacheco, pasó a dirigir el estado Trujillo, lo que fue una mala noticia y un duro golpe para los “Ponchos” y para sus pequeños capitanes de las localidades cordilleranas, entre ellas, La Puerta.

Cuando estuvo en La Puerta, el 29 de julio de 1899, una tropa liberal comandada por el Dr. y general Rafael González Pacheco, enemigo acérrimo del caudillo Sandalio Ruz, uno de los varones de la Cordillera de la Culata, Felipe se hizo amigo de un novato oficial llamado Perfecto Crespo, quien debidamente ataviado con su uniforme militar, su armamento y su banda amarilla, no dejaba dudas sobre su orientación, jerarquía, autoridad y valentía,  nativo de Betijoque, quien a los años llegó a ser general y ocupó altos cargos en el ejército nacional. Crespo, conversó extensamente con él, y el “Maese” le contó las brutales incidencias de la Batalla de La Mocotí, a este oficial, quien lo escuchó con suma atención. Desde ese día, sintió admiración por este militar trujillano.

La madrugada de otro espantoso y sangriento Viernes Santo.

Callado, circunspecto, el “Maese” no era hombre de doble cara ni doble discurso. El general “amarillo”  Perfecto Crespo, lo inscribió en sus memorias,  al repasar el sitio de la Mocotí, porque la casa donde se refugió el general liberal Diego Bautista Ferrer y su tropa, fue la de Felipe Uzcátegui. Ese enfrentamiento arrogante y fratricida que dejó alrededor de 200 víctimas en el imperecedero “Zanjón de los Muertos”, no se le olvidaría nunca a Felipe, como tampoco el de la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret. Al vivir dentro de ese espacio territorial de los oligarcas, fue acumulando conciencia, y por supuesto, algo de resentimiento.

Adentro y en las afueras de su casa de familia en La Mocotí, ocurrió uno de los episodios más cruentos y salvajes de la historia trujillana a la 1 de la madrugada del Viernes Santo, en abril de 1892. Uno de los más importantes oficiales de la causa liberal, escribió acerca de este hecho, lo siguiente: <<Herido por el vientre el general Pedro Linares, y continuando el enardecido ataque del enemigo, el general Ferrer se protege con la mayoría de los suyos en el interior de la casa de Maese Felipe; complica su peligrosa situación, la circunstancia de que en la noche los asaltantes llegan hasta su campamento, y un indio de Jajó le hiere horrorosamente con un machete una de las manos>  (Gabaldón, Fabricio. Rasgos biográficos de trujillanos ilustres. Página 110. 2a. Edición. Caracas. 1993); era una casa grande, que solía ser paradero de viajeros.  Fue en el desarrollo de este hecho de sangre, cuando conoció al general Rafael Montilla Petaquero, el legendario “Tigre de Guaitó".

A Perfecto Crespo, le tocó estar y dormir en el desolado y frio pueblo de  La Puerta, finalizando el siglo XIX, evocando en su memorial, que en su marcha a Timotes, revivió ese cuadro político de heroísmo, precisamente bajando aquel desfiladero, la Cuesta de la Mocotí, para continuar hacia la suave vega de Timotes: <<no sin antes recordar al viejo Don Felipe Uzcátegui, hospitalario y sufrido; él también como buen venezolano de aquellas épocas debió pasar sus malos ratos en aquellos parajes en días de luchas>> (Crespo, Perfecto. Memorias de un soldado trujillano. Pág. 62. Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas. 1993).  Se desconoce hasta qué nivel de trauma o efectos le afectó la manera de pensar del “Maese” Felipe y su inclinación hacia la lucha liberal de los amarillos, esta espantosa batalla.

Un lagartijo, Jefe Civil de La Puerta. Momento de centralización del poder político: dictadura de Juan Vicente Gómez.

Su conducta de apoyo a los “Lagartijos”, fue franca y consecuente. Era un cuadro liberal de importancia en la zona de La Culata, un comprobado “Lagartijo”. Se le respetó, inclusive, era reconocido con el arcaísmo de  “Maese” Felipe, es decir, Maestro Felipe como tratamiento de respeto en el seno del movimiento político liberal. 

Felipe Uzcátegui fue Jefe Civil de La Puerta, durante la dictadura liberal restauradora gomecista: en los años 1908, 1914 y 1915. Estos dos últimos años, fueron de inestabilidad política y ocurrió el alzamiento nacionalista de las montoneras de La Puerta, Mendoza, Jajó, Boconó y gente de Mérida, al mando del coronel Américo Burelli y Sandalio Ruz, contra la rebatiña de las concesiones petroleras y mineras a empresas extranjeras, por parte del dictador Gómez, siendo la Toma de Timotes o "Guerra de los 15 días", los eventos militares más destacados de ese alzamiento. 

Uzcátegui se batió a tiros con los alzados, lo que le dio brillo a sus andanzas y militancia en el bando liberal. El esfuerzo no fue en vano. En el mismo año de la revuelta de los nacionalistas de La Culata, 1914,  Felipe Uzcátegui, es designado por el gobernador Timoleón Omaña, Jefe Civil de La Puerta. En ese cargo estuvo entre 1914 – 1917. Se convirtió en la primera autoridad civil y policial de la incipiente comarca, que no lograba crecer ni urbanizarse; para unos fue un funcionario distinto a los que hubo desde finales de siglo XIX, y para otros,  al parecer, fue un personaje siniestro de la época de Juan Vicente Gómez.  El año 1915, siendo Jefe Civil, es el mismo Felipe Uzcátegui quien emprende las acciones de rastreo y persecución para capturar a su vecino y enemigo político, el coronel Burelli. 

Su estadía al frente del Municipio, le dio base para establecerse en el área urbana de La Puerta (del antiguo Resguardo Indígena). Se desempeñó como hombre de confianza de la dictadura gomecista y asumió el cargo de Jefe Civil por varios años. Viajaba de vez en cuando a Trujillo, en la búsqueda de recursos para el mejoramiento de las calles y caminos, la plaza y las acequias  de donde se aprovisionaban de agua las familias. Vivió en esta población con su  esposa Elba y sus hijos e hijas.

Por cuestiones del destino, el “Maese”, un día salió de cacería y regresó enfermo. Su nieto Dr. Luis Uzcátegui Araujo, nos relató este episodio: <<Vino pa’ ca’ pa’ Barinas y adquirió una fiebre perniciosa, era compadre del “indio” Tapia, en el hato “El Miedo”, vino a pasar unos días, de cacería, y cuando llegó a “Villa Mercedes” estaba muy enfermo y se murió, en el año 33. Estaba vivo y mandando Gómez, mi papá Herman Uzcátegui Cols, estaba cursando estudios en la Academia de Aviación de Maracay y tuvo que abandonar la carrera, tenía 3 años allí, estudiaba también, su pariente Amílcar Baroni Uzcátegui, que estaba en la misma Academia y él si concluyó sus estudios de piloto, trabajó en VIASA y trabajó en la aviación comercial, este era de la Mesa de Esnujaque>> (Ídem). Este fue el final de este destacado personaje de nuestra historia local.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta

La imagen del coronel Felipe Uzcátegui, cortesía de su nieto Luis Uzcátegui Araujo, a quien expreso mi agradecimiento por los datos aportados para la elaboración de esta semblanza.

 

sábado, 17 de agosto de 2024

Cuando el “Cabito” subió la escalera de los cielos trujillanos.

Por Oswaldo Manrique (*)  


La joven y corpulenta viuda Maclobia Rivas, desde una rendija de una de las ventanas de su casa en “El Rincón”, veía los movimientos ligeros de unos que a caballo iban en dirección a Valera y otros a la Cordillera, que sin decirlo, anunciaban que pronto ocurriría alguna de esas infaltables revueltas militares. Supo del paso de los “Ponchos” de La Puerta y los de Jajó, en una nerviosa  correría de “a caballo” y armados. Solo pensó para ella y en voz lenta y baja:

- Por el orden que llevan, la revuelta es grande ¡júrelo es de nación!  



El 11 de agosto de 1899, ante la inminente invasión de Cipriano Castro al Estado Trujillo, el jefe de los godos trujillanos, general Leopoldo Baptista, llamó a la tropa paramera de “La Culata” a organizarse, comenzando por la del Coronel Sandalio Ruz, señor de Los Aposentos, La Mucutí y Garabulla,  y el “Jurungo” Burelli Raffaeli y sus hijos, señores de la cordillera de “El Censo”, “San Martin” y Quebrada Seca”. Baptista, fue autorizado el día anterior por el presidente del Estado, señor Juan Bautista Carrillo Guerra, para formar un nuevo ejército y detener la avanzada de la Revolución Liberal Restauradora, que venía desde el Táchira. “El Cabito” Castro, marchaba con el regocijo del triunfo obtenido el 6 de agosto en la población de Tovar, sobre el ejército del jefe liberal trujillano Rafael González Pacheco. Así, con dos batallones, llegó a Timotes, con suficiente material de guerra, y mucho entusiasmo, para ingresar a Trujillo.

Aquel viejo caserón, los lugareños lo llamaban “El Convento de las Viejas”, que ahora era de Maclobia, quien tenía dos pequeñas hijas: Josefa y Teresita. La robusta viuda mientras modulaba su pellita de chimó, cuando se enteró, comentó para ella:

- Asi que por aquí va a pasar el Comandante de la Revolución “Libertadora”. Le sonaba igual, “Liberal Restauradora” que “Libertadora” o pensó que era más de lo mismo en aquellos tiempos de caudillos. Por los comentarios de los vecinos y viajeros, imaginó que sería un hombre grandioso e inalcanzable. Sus ocupaciones de atender los animales, desyerbar la huerta, preparar los amasijos, roscas de agua, empanadas por encargo, alimentos y horneados que vendía en su tienda, no tuvo la oportunidad de darse cuenta, de un grueso grupo del Ejército del Gobierno, que se estaba emboscando más arriba de “Las Aletas”, al frente del camino viejo de las posesión “Las Delicias”, de los Ramírez, en dirección hacia el viejo y enredado camino de “San Felipe” (Los Cerrillos), para emboscar a los revolucionarios, y luego, trastumbar a la otra Cordillera.


El conjeturado “paseo cívico” de Cipriano Castro por La Puerta, subiendo la escalera de los cielos trujillanos.

Llegó a Timotes el “Invicto”. Seguramente había preguntado allí mismo ¿Cuál era el histórico Paso de Bolívar  en su Campaña Admirable?

A las 2 de la madrugada del martes 15 de agosto, cogió hacia La Puerta. Desde la suave Vega de Timotes, pasando por Tafallés, Castro con su tropa, trepa la fuerte e inclinada “Cuesta de la Mocotí”, dónde gastó una jornada de camino, enrumbados hacia esa diáfana esfera azul y blanca, que envuelve los campos trujillanos, que según el decir de nuestros mayores, pareciera que se mueven incesantemente las constelaciones, y se siente la presencia de Kachuta.

La primera emboscada: enfrentamiento en La Mocotí.

Dicha Cuesta es una demoledora subida, que algunos llaman la escalera a los cielos trujillanos o el paso de Bolívar. El primer batallón de campesinos tachirenses convertidos en ejército restaurador, comandado por el general Rufo Nieves, había salido varias horas antes, a enfrentar la tropa “Poncha” que les esperaba en los vericuetos de “Los Muertecitos”.

Liberada y alcanzada la Cima de la Mocotí, por las fuerzas rebeldes, paró en la pequeña “Laguna del Portachuelo” (hoy La Lagunita), para después enrumbar por el viejo camino de San Martín, bajar poco a poco, empalmando los sinuosos caminos hacia Quebrada Seca y San Pedro, hasta llegar al solitario y abandonado pueblo de La Puerta, para finalmente llegar a descansar, donde acampó el mismo 15 de agosto de 1899. Aquí pudo darse la reunión del “salto de talanquera” del  “Chato” Blas Briceño. El general Cipriano Castro, al seguir esta ruta o periplo: había trepado la escalera de La Mocotí.

El cronista de Valera Alberto la Riva Vale, anotó que: el mismo 15 de agosto, a las 4 de la tarde, entraron a Valera, los generales Graciano Castro (quizás se refiere a Celestino, hermano mayor de don Cipriano), Pedro Pablo Rodríguez y el Dr. Godoy (es bastante probable que se  refería al médico Luis Godoy, que acompañó a Castro en toda su campaña, y fue funcionario de su gobierno; llegaron otros oficiales de las Fuerzas Castristas, y <<después se presentó el general Rufo Nieves con un batallón>> (La Riva, 86); este grupo fue el que se encargó de enfrentar los 600 soldados trujillanos que intentaron impedir el avance de Castro, en el sitio de La Mocotí. Leopoldo Baptista, jefe Civil y militar abandonó Valera.

Cipriano Castro  y los “restauradores”, sí ingresaron, al rubio y godo Valle de La Puerta. 

“El Invicto” bajó algo agotado en su bestia, a pesar de la belleza del paisaje y el frescor del clima. Su cuerpo algo mallugado por los continuos saltos de la mula; quizás bajo de peso por la intensa campaña, llevaba su “carpeta” de lana encima y su pequeño sombrero.

Le sonaron las espuelas, cuando puso pie en tierra al llegar a la Plaza de los Bomboyes, frente a la casa de gobierno municipal. Con alguna impaciencia y preocupación expresó:

 - ¿Dónde está la gente de esta aldea? Caminó hacia la empalizada plaza, subió  hasta  el viejo templo San Pablo Apóstol y desde allí observó un lugar solitario, con no más de 30 casas, algunas en construcción, casas que se veían como parte de ese silencio, las calles desiertas. Era el nido del mutismo, aquel sitio vacío, cuyo cercano cementerio al pasar el río, completaba la soledad y el miedo. 

Miró que los hermosos y rubios trigales, solo estaban acompañados por los pretiles y las casas vacías. Alertados por el paso del Primer Comandante liberal tachirense en Timotes, los hacendados conservadores no esperaron a verlo y menos a recibirlo; antes escondieron todo dinero, armas, municiones y cualquier artículo que fuera de valor. Cuando “el Cabito” emprendió su revolución que restauraría los ideales liberales, la cosa estaba color de hormiga, tanto para el gobierno del presidente Andrade, como en Trujillo para el gobernador Carrillo Guerra.

General Leopoldo Baptista y el general Juan Vicente Gomez, se convirtieron en socios de negocios, durante el gobierno de Cipriano Castro.  

El 15 de agosto de 1899, el primer Comandante y líder de la Revolución Liberal Restauradora, está en La Puerta, un pueblo íngrimo, marcado por la fechoría y la ambición de los gamonales y terratenientes despojadores de tierras indígenas; es su día 83 de campaña de guerra (Crespo, 62); sin embargo, era espacio ideal, para armar campamento.

Aquella tarde, sentado en un sillón de cuero, cercano al escritorio que usa Miguel Aguilar, el Jefe Civil, hacendado de Mendoza y mayordomo de fábrica de la iglesia de San Pablo Apóstol de La Puerta, fue tomando su taza de café. Silencioso, Cipriano, capachero, con 40 años de edad, calzando botas negras de cuero, se levantó y fue a la ventana, desde donde pudo ver el irreverente Bomboy, entre los hermosos y deslumbrantes trigales.

Con humor mejorado, mirada profunda, aquel hombre moreno, pequeño, cabello mestizo y corto, barbado, con sus manos rudas tocó su pecho, sacó y se persignó con el escapulario que llevaba, y con su timbrada voz,  expresó: 

- Qué buenos trigos tiene esta gente.  Se acercaron muy pocos a hablar con él.  Cuando entró el Segundo Comandante, lo recibió diciéndole: 

- ¡Compadre! Y se juyeron los goditos ¿No?  El hacendado Juan Vicente Gómez, le contestó con su parsimonia y calma característica:

- Si compadre, se juyeron, con los que se emboscaron en La Mocotí. 

*

El  16 de agosto de 1899, salieron a las 2 de la madrugada,  hacia Valera, pasando por Mendoza, por el camino viejo, entre montañas y bordeando el rio Bomboy, no existía carretera.

Los cartuchos de González Pacheco; el desistimiento de Baptista en combatir; la "secreta" reunión y salto de talanquera del Chato Briceño a las fuerzas de “El Cabito”, fue una gran madeja de tinta historiográfica, que oculta elementos importantes en la jornada de Castro y los restauradores, por estos predios andinos.

En las reseñadas acciones de guerra de esta campaña, han pretendido sostener que “El Invicto” no tuvo resistencia en Trujillo, <<De Mérida a Valera, da Castro un paseo cívico>> (Cañizales, 139); esto es un error. Desde los Despachos oficiales y militares, entiéndase el Estado Mayor del Pdte. Andrade, operaron personajes en un plan estratégico, cuyas ideas y movimientos, eclipsaron y subestimaron la realidad de los hechos, jugaron a una guerra de desinformación y distracción, buscando la oportunidad ideal del combate. 

Esto se desprende de un telegrama del 16 de agosto, que le envió el Presidente de la República general Ignacio Andrade, al jefe de gobierno de Trujillo, Carrillo Guerra, le comunica la siguiente instrucción, en relación a los trujillanos: <<no deben combatir sino en la seguridad de triunfar, porque no hay necesidad de comprometer la vida de un soldado, ni la perdida de una sola capsula, cuando con los recursos del gobierno para destruir esa facción, bastará con las acciones que se combinen más adelante. La vaquía y el denuedo de los trujillanos servirán a asediarlos en sus marchas, si pasare de esa jurisdicción, contando que él encontrará su escarmiento indefectiblemente>> (Cardozo, 266). Confiaba el general Andrade, Presidente de la República, en el esfuerzo y arrojo de los trujillanos para perturbar y desgastar las fuerzas de Castro, no para darle combate campal.  

Hay otro documento importante, suscrito por el general Antonio  Fernández, jefe del ejército gubernamental,  que publicó en Caracas, el 29 de septiembre de 1899; explicando el por qué de su fracaso en Los Andes, destacando cómo fue  el paso de las fuerzas restauradoras y la participación de los godos trujillanos, que informa lo siguiente: <<Oficié a los generales Sulpicio Gutiérrez y Gorrochotegui, que se movieran con los 800 hombres que estaban a sus órdenes, sobre la facción de los Méndez, Pedro Araujo Sánchez y Arístides Sánchez, que en número de 600 hombres ocupaban las posiciones de La Culebra, El Bolero, La Palmita (jurisdicción del antiguo Municipio Tovar, estado Mérida), La Mocotie y San Felipe (Trujillo). Después de tres reñidos combates y desalojado el enemigo de estas fuertes posiciones, ordené a los jefes triunfadores que se incorporasen a los generales Bravo, que venían con 300 hombres, Medina que traía igual número y Montaña y Parada que conducían 200; y juntos marcharon por La Grita a incorporárseme en Colón, atravesando el Páramo de El Zumbador>> (Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, N° 11, pág. 30. En: Carlos Quintero Gamboa. La Gran Emboscada. Págs. 83 y 84. Universidad Militar Bolivariana de Venezuela). Se afirma, que hubo tres “reñidos combates”, y se menciona entre los cinco lugares y posiciones: “La Mocotí” (Sur de La Puerta) y el de la montaña de “San Felipe” (Nor-Este de La Puerta).  Estos dos documentos, despejan cualquier duda, en relación a que en Trujillo, particularmente entre La Puerta y Mendoza del Bomboy,  no se le dio combate a Castro.  

Saliendo de La Puerta, le tronaron unos guáimaros. Tricolor era la bandera restauradora. “San Felipe”, campo de hostilidades.

Temprano, fue informado que en “San Felipe”, parte de su avanzada, se enfrentó y desalojó a unos destacamentos de tropa goda, dirigidos por Lorenzo Guevara.

Al salir de La Puerta, el 16 de agosto, iban alegres las patrullas montoneras de la vanguardia de los 60 liberales andinos luciendo el tricolor de la bandera restauradora. Por el antiguo camino hacia Mendoza, los restauradores, cuando van subiendo el viejo camino de “Las Delicias”, escucharon una, dos, tres descargas de tiros, que  sorprendieron a esa avanzada de montoneros y se asustaron más cuando, escucharon un grito devastador que dijo:

-         ¡Viva mi Presidente Andrade! ¡Abajo Castro! ¡Plomo a las lagartijas! ¡Vivan los constitucionales!

Guevara, tendió la celada, se ubicó entre los peñascos, matorrales y abundante maleza de la montaña de “San Felipe”, y después de un fuerte tiroteo, que fue respondido con el empuje del batallón de insurgentes tachirenses y merideños, huyeron en sus cabalgaduras, por las tierras y serranía del Pitimay. 

Esta operación militar, no ocasionó mayores bajas al ejército restaurador; el coronel Lorenzo Guevara ejecutó esa táctica de la emboscada, hostigamiento, distraccionismo y desgaste, como parte de una guerra de montoneras, con el fin de obstaculizar la marcha y generar molestias y miedo en la tropa, para sorprender a los rebeldes andinos amarillos, en el sitio más adecuado y darle combate. 

El historiador Arturo Cardozo refiere que en este tránsito del “Invicto” habría ocurrido lo siguiente: <<Ha encontrado solo una leve resistencia en Los Cerrillos, encabezada por el Gral. Lorenzo Guevara>> (Cardozo, 266). Este relato, entra en contradicción con lo afirmado por el general Antonio Fernández, jefe de la expedición gubernamental, que eran 600 hombres, los que intentaron frenar u hostilizar a la tropa de Castro, entre La Mocotí y San Felipe (Los Cerrillos).

Los “restauradores” se dividieron y fueron a perseguir a la guerrilla gobiernera, que eran pocos hombres, en relación a la guerra que ellos representaban  y gritaron con su acento cucuteño: - ¡Abajo el gobierno!  ¡Abajo Andrade!  Probablemente esos alaridos llegaron a escucharlos en casa de Maclobia, quien pudo distinguir el infrecuente acento.

Eran 60 los hacendados andinos metidos a militares, pero esos 60 gritos daban miedo, pánico y mucho más, cuando montados sobre sus bestias pegaban la carrera  para capturar a los emboscadores, disparando sus máuseres y sus pistolas, detrás de aquellos hombres que huían despavoridos. 

Este “paso cívico” por La Puerta, dejó huella, la escritora Ligia Burelli Dávila, relató que su pariente Maclobia Rivas, en su casa ubicada al borde del camino entre Mendoza y Los Cerrillos <<el corredor del frente tenía en uno de sus extremos un cuarto con ventana hacia afuera, desde donde podía verse un mostrador con granjerías que la dueña elaboraba y vendía a las personas que transitaban por allí. Era este el paso obligado de todos cuántos venían de Mérida hasta Valera y luego al centro del país. También se pasaba por allí para ir desde Mendoza hasta Pan de Azúcar>> (Burelli, L, 30); aquella mujer alta y maciza de apenas 30 años de edad, con desbordante vitalidad y generosidad, regía aquel negocio y sus alrededores.

El sitio lo llaman “El Rincón”. Allá, se detenían los arrieros y la gente que viajaba o quería descansar, y ataban sus bestias en los viejos ceibos que allí estaban sembrados para dar sombra a la casa, mientras tomaban algún refrigerio en la tienda de Maclobia Rivas. 

Ella, al conocer la noticia, se dirigió hasta su pequeño altar y rezó y le pidió a la Virgen de Santa Rosalía, patrona de esa comunidad,  que los librara de cualquier mal, mientras le encendía una vela de cebo. Al poco rato, elevó sus ojos al cielo y dijo otras palabras, para que no ocurriera nada ante el paso de quién se decía era un elemento del terror y de la superstición.

Entre los recuerdos familiares más importantes de los Rivas, <<fue el paso por allí de Cipriano Castro, en su famosa Libertadora. Desde temprano algunos hombres de a caballo comentaron que el general pasaría por aquel lugar rumbo a Caracas. La voz se regó y muchas personas…comenzaron a alinearse a lo largo de la vía para ver pasar aquel hombre>> (Burelli-Dávila, 32 y 33), según esta autora, dicho paso, fue todo un acontecimiento. 

En el desenlace de este relato, apuntó: <<Cuando por fin…se acercó la expedición nadie pudo ver muy bien al héroe porque era muy pequeño venía además envuelto en un aura de tierra>> (Ídem).  Maclobia, ese día no lo vio, pero sí le fue bien porque logró vender casi todas sus granjerías, dulces,  arepas, chichas, bebidas, miche, frutas y otras especies de comida.

Castro entró a Valera, acompañado del segundo comandante Juan Vicente Gómez, y oficiales como Eleazar López Contreras y José María García, y del otro batallón, más de mil hombres, con desplegadas banderas tricolores, y el sonido de los marciales tamborileros, comandado por los coroneles Benjamín Ruiz (Dr. Bolívar) y Santiago Briceño Ayesterán. Llegó a Valera, a las 8 de la mañana del 16 de agosto (La Riva).

Todo este grupo de varones de “La Culata” peregrina, que acompañaron a Leopoldo Baptista, en su ejército de paseadores, de sí sí y de sí no, regresaron a sus casas y sementeras. No hubo bajas, ni por senilidad, ni enfermedades, mucho menos de bajas por caídos en combate. 

Este año, se cumplen 125 años de aquellos hechos históricos, muy previos  a lo que constituiría un ciclo de compleja y difícil relación política de La Puerta y Trujillo, con el gobierno de Castro, y seguidamente, la cruel dictadura del general Juan Vicente Gómez. Lo que merece, se registre como parte de nuestra historia local y regional. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, agosto 2024.

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