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sábado, 17 de febrero de 2024

Los Varones de La Culata.

Los Varones de La Culata.

Por Oswaldo Manrique (*)


El presente artículo trata de referenciar, en estrecha síntesis, a varios de los  principales protagonistas de algunos pasajes de la historia local de La Puerta, dentro de lo que se ha denominado "Tiempo de Caudillos"; con esto se quiere rescatar y develar varios hechos de los cuales se ha escrito muy poco o casi nada; y también, nada sobre sus personajes, por eso los hemos denominado Los Varones de La Culata, tratando de  relacionar a grosso modo y de rescatar algunos de esos hechos poco históriografiados, como el que tiene que ver con la revolución justiciera del legendario coronel Sandalio Ruz, un enfrentamiento que tuvo directamente como objetivo guerrillero,  el nido de "La "Gonzalera" liberal, responsable del saqueo a sus bienes y posesiones de La Puerta y Timotes; igualmente, de referenciar  la extinción de la Comunidad Indígena Bomboy, en 1891, cuando  fue despojada de sus tierras donde hoy está el área urbana de La Puerta, ocurrido después de casi 400 años que se mantuvo sobreviviendo como pueblo al periodo colonial, casi totalmente puro, y que fue destruida y desaparecida por un grupo de ambiciosos hacendados y gamonales de la región, comandados por Leopoldo Baptista, amparados en un decreto del gobierno liberal guzmancista.


A ese deplorable hecho, siguió la gran "paliza" militar y política que dieron las tropas liberales "lagartijas", comandadas por el general González Pacheco y el futuro “Tigre de Guaitó” Rafael Montilla Petaquero, jefe de la tropa indígena y sin tierra, a los "ponchos" conservadores, en la fratricida Batalla de Durí - La Mokotí - El Portachuelo, en 1892; luego la segunda derrota en 1899, en el mismo sitio, que produjo que el macho Palomares abandonara las filas conservadoras y se sumara  a la tropa del “Tigre de Guaitó”,  y,  finalmente, uno de los grandes hechos históricos del siglo 20, que fue el levantamiento de Los Varones de la Sierra de “La Culata”, en 1914, recordado por nuestros abuelos como la "Guerra de los 15 días" contra la cruel dictadura de Juan Vicente Gómez y la rebatiña de las concesiones mineras y petroleras, estos  hechos se han enmarcado tempestivamente, tomando como punto de inicio el año 1870, cuando comete la primera insurgencia política militar el general Juan Bautista Araujo, enfrentando el nuevo gobierno o las acciones del gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, esto incluye también la acción militar del sitio de Timotes, ciudad que representaba o fue símbolo del poder político en el Gran Estado Los Andes; este episodio de corte nacionalista y antiimperialista, que encerraba protesta por las deprimentes condiciones de la economía de La Puerta, basada en la agricultura del trigo y la caña de azúcar, ante un proceso de transición al modelo económico rentista petrolero, concluyó, precisamente con la captura del coronel Américo Burelli García, líder del levantamiento de La Culata, y de los generales Golfredo Masini (de Tabay) y Juan Araujo (nacido en Jajó en 1879, hijo del "León de la Cordillera", murió en 1966, en Valera).  Tiempo entonces que,  definimos desde 1870 a 1917.

Ese conjunto de hechos históricos, por supuesto, marcado por el tiempo en el que el modo de explotación económica implantado, era evidentemente semifeudal, generando un ambiente histórico social de violencia, y estos líderes o caudillos locales de La Puerta, medianos productores agropecuarios, organizados precisamente con sus peones, campesinos, parientes y arrendatarios, los sin tierra, en especie de parentelas troperas, cuyas acciones guerreras fueron concretando, su temible fuerza militar y a la vez, su liderazgo.

Los productores del Valle de Bomboy, constituidos en militares de montoneras, los de amplios trigales, cañamelares, y los cafetaleros, no tuvieron diferencias políticas y menos ideológicas, eran conservadores y seguidores del partido de los Araujista-Baptista. Anteriormente, era el “paecismo”, su ideario, respetado y seguido por los líderes oligarcas trujillanos, como los La Bastida, Carrasquero, García, Araujo y Baptista, y otros, que se renovaba. En La Puerta, hasta su principal avenida, la de ingreso a la población, lleva el nombre de Páez. Los hijos de los dirigentes aristócratas y terratenientes criollos del valle del Bomboy, seguidores del “paecismo”, participarán en la organización del partido conservador, serán los llamados "ponchos", y a finales del siglo XIX, transmutaran al régimen liberal centralista y personalista encarnado por Castro y Gómez.

Sandalio Ruz, sus alzamientos y revoluciones. 

Pero no todo será lineal en el valle, pues surgirán dos caudillos regionales, muy particulares, uno descendiente de una familia monárquista, goda, el coronel Sandalio Ruz, y otro, el coronel Américo Burelli García, hijo de una terrateniente, y de un inmigrante italiano, quizás Garibaldino. Aunque ambos, eran de extracción conservadora y militantes de la causa goda, en la hora que se conocieron los primeros movimientos contra la Patria, afloraron sus ideas nacionalistas y fueron a guerrear.

Cuándo el doctor Emigdio González, asume la gobernación de Trujillo, cometió un conjunto de fechorías en contra de los “ponchos”. Los de la Gonzalera, poderosos en El Burrero, Santa Ana y Pampán, cometen atropellos y saqueos, e invaden “Los Aposentos”, “Altamira de Garabulla”, “La Cañada”, “La Mocotí”, y “El Portachuelo” de La Puerta, y en Timotes, posesiones de Sandalio Ruz y su parental tropa.

         El coronel Sandalio Ruz, que había sido afectado en sus posesiones por la “Gonzalera”, a finales de la década de los 70, se levanta con su propia tropa, la organiza y se lanza en una Revolución contra la “Gonzalera”; el doctor e historiador, de inclinación liberal,  Fabricio Gabaldón lo narra de la siguiente forma: <<un movimiento revolucionario que acaudillaba Sandalio Ruz, quién por ser enemigo de los González, en su primera operación se vino a El Burrero a saquear el respetable hogar; y fueron los libros científicos, los instrumentos de cirugía y todos los aparatos que el joven médico trajo de Francia, el botín de aquellos salvajes. La monstruosidad de tal horda decepcionó al doctor Manuel, y en protesta, cambió de propósitos y abandonó la profesión para dedicarse en su terruño a las actividades agrícolas y a las intrigas de la política>> (Gabaldón, 25). Es de agregar que Emigdio González, por su perversidad, se hizo enemigo de todos, no solamente de los conservadores, sino de la gente de avanzada, los liberales mismos, inclusive, de los funcionarios que lo acompañaban en su gestión de gobierno, se hicieron sus enemigos, era considerado un ser despreciable, asesino, cruel,  que se ganó el desprecio de casi toda la colectividad. 

No olvidemos que Sandalio, estuvo en algunas oportunidades bajo la comandancia del General Araujo “León de la Cordillera”, pero podía alzarse por su cuenta, porque tenía organizada su propia tropa con las parentelas de los páramos entre ellas las familias Ruz, Carrizo, García, Rivera, los Rivero, Abreu, Malpica, Ramírez, Moreno, Paredes, Briceño, que  son las antiguas familias asentadas en nuestros páramos de la Sierra de La Culata y que le respondía bien por ser enfeudados, parceleros, arrendatarios, ahijados, sobrinos, familiares y el compadrazgo, además de eso, se le sumó la parte de los indígenas que fueron despojados de sus tierras, en 1891.  Tuvo bajo su mando, lo que se llamaba un ejército muy particular, porque eran los peligrosos macheteros de Sandalio, un hombre justiciero, inclusive rompió, si se puede decir de alguna manera, la fraternidad con su propio hermano coronel Eulalio Ruz,  porque se prestó y participó en el despojo de tierras a los indígenas de el Resguardo de La Puerta, no le dirigió más la palabra, se amenazaron de muerte y tuvieron que construir casas en distintos sitios bien separadas y bien custodiadas para no encontrarse en el camino.

En 1892, muerde el polvo de la derrota en su propio patio.  Desde La Lagunita,  el Estado Mayor de las fuerzas de la revolución liberal, integrado entre otros por el general Diego Bautista Urbaneja y  Rafael Montilla Petaquero, el legendario “Tigre de Guaitó”,  convirtieron a La Mucutí en un lugar de muerte, allí quedaron tendidos más de 200 seres humanos, expuestos como festín de las aves y demás animales de rapiña (Gabaldon, Fabricio. Rasgos Biográficos de Trujillanos ilustres. Págs. 112 y 113).

A raíz, del rechazo de la población en diversas regiones, contra la reelección del general Juan Vicente Gómez, como  Presidente de la República,  tras haberse denunciado que fomentaba la entrega de concesiones petroleras y mineras a empresas norteamericanas y otros países, y la venta de territorios importantes de Venezuela, se produce en  1914, la Rebelión de la Culata, un levantamiento de los Caudillos nacionalistas de La Puerta, Mendoza, Escuque, Jajó, Pueblo Llano, Timotes, Tabay  y otros pueblos de la Cordillera, entre los cabecillas de la rebelión, estaban el coronel Américo Burelli, coronel Trino Paredes, el general Golfredo Masini, los hermanos Federico y Juan Araujo, los hermanos Miliani y  el Coronel Sandalio Ruz. Del repertorio de Concio Rivas, Páramo de La Puerta, nos queda:

Juyan lagartijas,

y juyan con juerza,

que por ‘ai viene Sandalio,

destazando cabezas.

 Este varón de la Sierra de La Culata,  nació en “Los Aposentos” en 1853,  murió en su casa en La Cañada, cerca de Los Pavones, adyacente a la Quebrada de Tafallés, a las doce  del mediodía del 14 de marzo de 1929; causa de la muerte: Reumatismo agudo.


Coronel Américo Burelli García, luego general.


En la historia de La Puerta, Trujillo, en Venezuela, suenan singulares nombres y apellidos que gozan de alguna valoración historiográfica castiza y transculturizadora, de diversa índole,  pero hay otros que  -aun deliberadamente ocultos-, significan arrojo, patriotismo, valentía, son visionarios que han marcado páginas de gloria, particularmente del tiempo republicano dictatorial de caudillos, uno de ellos, el de Américo Burelli.

Nació en 1881, en Mendoza. Desde niño, fue un ser empoderado, gozaba además de belleza física, del don del liderazgo natural, muy familiero, su trabajo y economía iba en función de esa institución parental y de su comunidad: La Puerta. Productor agrícola, hacendado, comerciante, molinero, militar de los de a verdad, con charreteras obtenidas en el campo de batalla. 

Acompañó a Baptista y la División Trujillo, en la campaña de La victoria, en contra de la revolución de los banqueros y transnacionales en 1903.  se rebela y se alza contra la dictadura, en defensa de los intereses de la Patria, en lo que se llamó la guerra de los 15 días, batiéndose contra las fuerzas del gobierno en la denominada toma de Timotes, asiento del gobierno para aquella época. Huyó por casi dos años, capturado, y enviado a la cárcel del Castillo de San Carlos del Zulia, luego, al Castillo de Puerto Cabello, purgando 16 años de prisión.

La vida del Coronel José Américo Burelli García, es sin duda, ejemplar por su marcado nacionalismo democrático, por su sacrificio y querencia a la Patria, y por su alto idealismo de genuina extracción bolivariana que siempre guió sus acciones y sus luchas. El estado Trujillo y particularmente la población de La Puerta, tienen en él uno de sus más claros valores. El Coronel trujillano, falleció en Caracas, en 1939, culminando así, de cabalgar su aventura perdida (Datos extraídos de El Coronel Burelli, cabalga la aventura perdida, publicado el 23 enero 2022)

Burelli obtuvo sus grados militares en batalla y por riguroso ascenso oficial, a la muerte de Gómez, salió de la cárcel, demandó al Estado y le otorgaron las charreteras de general.   Burelli García está al tanto de lo que va a ocurrir, es el oficial de confianza de Baptista, se mudó con la familia a Caracas, y desempeñando la comandancia de armas en el centro del país, participa en el golpe de Palacio contra Castro.  Baptista con aspiraciones presidenciales, comienza a mover sus piezas, pero con Gómez el asunto fue diferente. 


Oficial Mitrídates Volcanes, el lugarteniente.

Nativo de Pueblo Llano, siendo muy joven, vio pasar la tropa famosa de Sandalio, y se le sumó.  Pasado un tiempo, por su arrojo y lealtad, el Coronel lo convirtió en su lugarteniente. Invadió y desforestó  la selva de “La Maraquita”, que eran tierras indígenas, que también, se reservaban los ambiciosos terratenientes. Mitrídates Volcanes y el coronel Sandalio Ruz, fueron dos de los mas respetados caudillos que no respaldaron el despojo de tierras de los Bomboyes, ni la construcción de un pueblo de “blancos” oligarcas en 1891, de los que nos hemos referido en otro escrito sobre este particular proceso histórico, y de esos Varones hemos señalado un orden de participación, aunque luego llegan a establecer coincidencias, cuando rompen con el conservatismo Araujista-Baptista, en el levantamiento democrático y nacionalista contra la dictadura del general Gómez, por ese ideal se unieron el coronel Sandalio Ruz,  Mitrídates Volcanes, el General Américo Burelli García, y sus correligionarios Pedro Mario Burelli García, Cesáreo Parra, y José Antonio Pabón. 


Cesáreo Parra, el barbado y filosofal.

Aquel día de 1915, presionado por las circunstancias, salió rápidamente  de Jajó, el barbado y filosofal Cesario Parra, sobre su rucio macho, el de la imparable cabalgata, el hombre de las conversaciones interesantes, espiritual y labrador de "Chucumbete", que era el nombre de lo que hoy es San Pedro, gran posesión de tierra del terrateniente Ciriaco Carrasquero, para llegar hasta Palmira, para salvar al coronel Américo. Sus dos hermanos Hipólito y Genaro Parra, lo acompañaron hasta cierto punto del camino.

Nació en Jajó en 1857.  En 1897, contrajo nupcias con la puertense María Mercedes Paredes.  A partir de este hecho social, se inició en varios caseríos de La Puerta, el fomentó y el asentamiento de  la familia de apellido Parra, teniendo como primero de ese apellido a José Zesario Parra. Vivió siempre en la Media Loma, fue un campesino sin tierra, la trabajó toda su vida, conocido por la calidad de sus cosechas y por sus buenas acciones. En el año 1940, aquejado de una enfermedad que no pudo vencer, se apagó la señera vida del legendario Don Cesáreo Parra, el de la frenética y nacionalista galopada de 1914, para salvar la vida del coronel Américo Burelli García.


José Antonio Pabón, el joven de mirada mansa y mártir de Palmira.


Con apenas 18 años de edad, se sumó a la tropa del coronel Burelli, en la campaña por las montañas de la Sierra de La Culata, en 1914. Estando en Palmira, y perseguidos por los chácharos, se movilizaron sigilosos los rebeldes en la penumbra, abandonando la concha, por las travesías de la boscosa tierra, pero ocurrió un imprevisto, <<Como no hubo tiempo de acomodar el morral de Pedro en su caballo, José Antonio, el muchacho de los ojos grises, se lo echó al hombro y comenzó a correr detrás de los fugitivos>> (Burelli, 66-67); el morral contenía documentos, dinero y otras pertenencias.  Sin embargo, a pesar del sacrificio de Pabón, <<No había pasado una hora cuando los militares le dieron alcance y regresaron con él a Palmira, a culatazo limpio y con las manos atadas a la espalda>> (ídem); de esta forma comenzó el periodo de maltrato físico. Fue condenado por un juez de primera instancia en lo criminal de  Mérida, debido a la jurisdicción sobre Palmira. Su reclusión la cumpliría en la antigua cárcel de esta ciudad, que estaba situada cerca de la sede de la Gobernación y del Cuartel de Policía.  Esta información le llegó al coronel Américo y a Pedro Mario, mediante <<Una carta del compadre Abraham, quien le contaba que José Antonio, el mártir de Palmira, había muerto en la cárcel de Mérida a causa de una disentería>> (Burelli, 96).


Umberto y Pedro Mario, los hermanos Burelli García.


El día fijado para el levantamiento armado y la invasión por la costa, era el 24 de julio, fecha de nacimiento del general Gómez. Para Américo, Umberto y Pedro Mario, la conspiración se convirtió en el centro de su pensamiento y de sus propias vidas, los tres hermanos Burelli, así lo decidieron, al costo que tuviere, no importaban los riesgos, ni las correrías azarosas que seguramente se presentarían, ni las acciones inciertas o caídas que pudieran tener, era el costo del poder, ellos cabalgarían esa aventura, participarían y serian protagonistas en la mas revolucionaria causa de inicio del siglo XX en Venezuela, harían historia, Américo los había convencido.

Edmundo Parra.

Hijo de la destacada educadora trujillana Agripina de Parra, preceptora de la primera escuela pública de La Puerta, en 1907,  hermana del coronel Burelli.  La memoria familiar, afirma que la muerte de su padre Antonio Parra,  fue obra de la dictadura gomecista.  Edmundo, se sumó a la tropa  rebelde, en la campaña contra el dictador Gómez, por las montañas de la Sierra de La Culata. Después de la primera salida del coronel Américo, de la cárcel, este siguió conspirando contra la dictadura, era vigilado por los de la “Sagrada”, es nuevamente capturado; Edmundo joven que se había convertido en la persona de su confianza, lo acompañaba, es golpeado, amarrado y encarcelado por las fuerzas del gobierno dictatorial. 


Carracciolo Palomares "Calzones Negros"


Culminando la campaña contra los “Ponchos” oligarcas trujillanos, dirigidos por  los generales Juan Bautista Araujo y José Manuel Baptista,  en 1892, al ser derrotados en forma estruendosa y sangrienta en la Batalla de la Mucutí- El Portachuelo, el ejército del gobierno liberal (Lagartijos), al mando de los generales Dr. Rafael González Pacheco y el caudillo de los indios y campesinos Rafael Montilla Petaquero, luego llamado el “Tigre de Guaitó”, autorizó a las personas de La Puerta, Mendoza, Jajó, que fueron víctimas de saqueos y robos de sus bienes y ganado, por parte del "Chatico" Briceño, cuñado  del general Araujo, para que los recobraran; por  ello, se formaron grupos de hacendados y campesinos para recuperarlos en los lugares donde sabían los tenía el terrible general saqueador, pero al ir recobrando lo perdido, se llevaban “algo más”, que no les pertenecía, que eran de otras personas o vecinos. Uno de los grupos de resistencia, lo capitaneaba Carracciolo Palomares "Calzones Negros".

Al triunfar la Revolución Liberal Restauradora, en 1899,  comandada por Cipriano Castro, las fuerzas oligarcas del Gral. Leopoldo Baptista, que venían promoviendo la autonomía de Trujillo, se incorpora al nuevo gobierno. Con él, va su amigo y joven oficial Américo Burelli García. 

El temido Carracciolo Palomares "Calzones Negros",  se convirtió en liberal, de los más radicales, se sumó a las fuerzas campesinas e indígenas del Gral. Montilla Petaquero. El Dr. Gabaldón en su versado testimonio, narró cómo fue la retirada en batalla, del Macho Palomares, <<En Carora salieron fuerzas del gobierno a apresarlo, sus compañeros se dieron a la fuga, y él solo cometió la temeraria imprudencia de hacerles frente, defendiéndose ferozmente desesperado, hasta que cayó de su cabalgadura muerto acribillado a balazos. ¡Triste final de este excepcional valiente! Desechó siempre el camino que guía la gloria, para constituirse en temor y desconfianza de todos, y particularmente de los grupos que le rodeaban>(Gabaldón, Fabricio. Rasgos biográficos de trujillanos ilustres. Págs. 152-153. 2a. Edición. Presidencia de la República. Caracas.1993). Ésta muerte, ocurrió en Carora, estado Lara, un día de mayo de 1903. No participó en la “Guerra de los 15 días”.

Desde Los Aposentos, Garabulla, el Portachuelo, San Martín, Quebrada Seca, El Censo, los Llanos de San Pedro y por supuesto La Puerta, salieron pobladores actuando como pueblo armado, expresando la respuesta en colectivo contra los desmanes de caudillos, y también contra un enemigo mayor, como lo fue la dictadura, fue el levantamiento de nuestras montoneras puertenses contra Juan Vicente Gómez, cuando éste, comenzó la rebatiña de las concesiones de asfalto, petróleo y minería, es el alzamiento campesino guerrillero contra el dictador andino, que liderizaron los Varones de la Sierra de La Culata, comenzando por el coronel Américo Burelli García, el legendario y justiciero Coronel Sandalio Ruz, Cesáreo Parra, el de la feroz cabalgata, Umberto Burelli, el joven de "la mirada mansa" José Antonio Pabón “El Mártir”, Edmundo Parra y Mitrídates Volcanes el recordado último montonero y lugarteniente del coronel Sandalio, y tantos otros que participaron, es decir, los andinos nacionalistas, contra los andinos vende Patria.

 Al considerar realmente nuestra historia y por supuesto este tipo de cruzada rebelde ante el problema nacional, desde una localidad serrana, donde se incorpora todo este pequeño y gigante pueblo, demuestra tanta intensidad y patriotismo, que realmente no se podrá borrar de la memoria colectiva regional. La población de La Puerta, todavía espera de las autoridades, se levante entre La Mocotí y El Portachuelo, un monolito en recordación de los hechos históricos allí ocurridos, porque hasta Bolívar cabalgando su caballo, ingresó por ahí a tierras trujillanas, y  dejó su huella.  

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, febrero 2024.

 Omanrique761@gmail.com

domingo, 3 de julio de 2022

José Antonio Pabón, el mártir de 1914.

             José Antonio Pabón, el mártir de 1914.


                Por: Oswaldo Manrique.

En todo período de tiranía, son silenciados los que se resisten y luchan por reivindicar los derechos del pueblo y de la Patria. En la segunda década del siglo XX, se hicieron públicos los actos rebeldes y armados de los varones de la Sierra de la Culata, entre ellos, los de La Puerta. La muerte de los colaboracionistas y quienes apoyaron a los fugitivos, estaba anunciada. Sus familiares y amigos, tampoco se atrevieron a denunciar esa muerte lenta e injusta, por temor a la crueldad del dictador. 

Vivía cerca de la plaza; cuando no quería derrumbarse en su camastro, de la sala común, luego de la jornada laboral, se iba a sentar en un pretil, a ver el viejo cementerio y las pocas líneas de humo de fogón de ollas de barro guarapero, que salía de los techos de fajina de las contadas casas que habían en aquel vecindario de La Puerta. Aquel olor penetrante se expande pesadamente con la lenta niebla, sobre las bellas de día, adornos naturales hermosos y fragancia de la plaza.

Sentado en actitud reflexiva, quizás modulando una pellita de chimó, iba esperando la anochecida y la aparición de las exóticas figuras del firmamento andino. Andaba sólo, en silencio, taciturno, meditabundo y contemplativo, era su forma de ser, hasta que se enteró del alzamiento de tropa del hermano de su buen amigo Pedro Mario. La rebelión de La Culata, la recordada "guerra de los 15 días”, en abierta confrontación a la reelección del general Juan Vicente Gómez y su descarada y corrupta rebatiña de concesiones petroleras y mineras, incluyendo la entrega a países extranjeros de la mitad del territorio del Sur de Venezuela. La campaña comenzó con el ataque a la ciudad de Timotes que fungía como símbolo del centro de poder político de los Andes, la conspiración estuvo liderada por el coronel Américo Burelli García, quien había llegado desde Caracas, a organizarla.

José Antonio, de familia humilde, campesina, analfabeta, con su ímpetu juvenil y cercano a esta familia, sentía simpatía por aquellas ideas nacionalistas que escuchaba, y se disponía a participar en la lucha; ya se acercaba a la mayoría de edad.   

En aquellos momentos iba todos los días a la calle 4, cerca del río Bomboy, a la casa de los Burelli, otras veces, a Quebrada Seca o San Martín, donde los de confianza ventilaban esos asuntos de tanta trascendencia, los sagrados asunto de la Patria. Procuraba estar cerca del hermano del coronel, este era su héroe, a pesar de su juventud, lo defendió, desde que se enteró de su fama de héroe desde que acompañó al general Baptista en la campaña contra Matos y los banqueros, a comienzos de siglo. 

Antonio Lino Rivero, metódico recopilador de datos de personajes de La Puerta, en una nota que me envió, explicó de Pabón que  <<era un joven que vivía en la Puerta y cuando don Pedro Mario que era hermano de don José Américo Burelli, se mudo para San José de Palmira se lo llevó porque era un joven de mucha confianza y muy trabajador>> (Antonio Lino Rivero. Notas sobre José Antonio Pabón. Junio 2022).  

Al reafirmar esta información, indicó que conoció y trató al hermano menor del mártir, <<respecto a la persona de Jesús Pabón, en la Puerta todos le decían Chuy Pabón, su esposa era la Sra. Berta y tenían tres hijos, Reynaldo el mayor vive en Valera, Ramón, murió hace años y Elsa vivía en el Vigía, tengo tiempo que no los veo, la casa de ellos está frente a la casa de Edy Sulbaran en la calle 6 al lado del Abastos Gabriel, cuando vivíamos en la Puerta, teníamos una buena amistad con esta familia, tengo entendido que tenía parentesco con la familia Burelli, el joven que torturaron en Palmira era familia de él>> (ídem). En efecto, lo cercanos que eran, es debido a que José Antonio, era hijastro de Umberto Burelli García, lo corrobora la escritora Ligia Burelli, <<llegó a Monte Carmelo un muchachito de apenas doce años de edad. Lo enviaba Humberto, hermano mayor de Pedro –que aunque no se había casado, tenia algunos hijos. Este niño era suyo, se llamaba Jesús Pabón y venia de La Puerta, como su medio hermano, José Antonio>> (Burelli, 97), este niño es Chuy, al que se refiere nuestro amigo Antonio Lino.


José Antonio se va a Palmira.

Cuando Pedro Mario, se fue a trabajar y vivir en una finca que había negociado con el señor Silvio Poggioli, en San José de Palmira, se lo llevó con él, por ser un buen trabajador, y fundamentalmente por su lealtad con la familia y con la causa de del coronel. El nombre de este joven: José Antonio Pabón. 

Los Burelli adquieren una fértil y prospera plantación de café en Palmira. El nombre de la hacienda es San Rafael y <<tendría unas ochenta hectáreas, de las cuales, dos terceras partes estaban dedicadas al cultivo de café...la otra, más cercana al río, eran potreros>> (Humo de Higueras, de Ligia Burelli Rivas. Pág. 51. Editorial Arte. Caracas. 1979); allí fue a trabajar el joven José Antonio Pabón.

Al asentarse Pedro Mario, en su nueva empresa, decidió abrir una escuelita para enseñar a leer y escribir tanto a sus peones como a gente del caserío, donde también tuvo oportunidad de aprender José Antonio Pabón, el de La Puerta, << Entre los alumnos de aquella escuela figuraba un muchacho muy particular, que había sido enviado desde La Puerta para que Pedro le diese trabajo. Era José Antonio Pabón y tendría entonces unos dieciocho años de edad…de ojos grises y mirada mansa>> (Burelli, 54-55); seguramente, Pedro Mario vio en este muchacho, el talento necesario para asumir responsabilidades en grandes causas y emprendimientos, por eso su deseo de que se alfabetizara.   


         1914 y el alzamiento de La Culata.


José Américo y su tropa de La Puerta, Mendoza y el Carmelo,  junto con la que comandaba el general Golfredo Massini desde Tabay, la de los hermanos Paredes, y la de los Miliani desde Boconó, no pudieron sitiar y tomar Timotes.

Estando Pedro Mario y su familia, así como José Antonio y su pequeño hermano Chuy, en la hacienda San Rafael, en el pueblo de Palmira, recibe una llamada telefónica de su hermano José Américo, desde San Martín, posesión familiar cerca de El Portachuelo, en la Puerta, << su voz era la de un hombre impaciente y sin duda en aprietos. Se trataba ni más ni menos de que fuerzas del Gobierno –corría el año catorce- le venían siguiendo los pasos, después de que las huestes del General Leopoldo Baptista habían sido desbandadas y este último se encontraba en Curazao>> (Burelli, 60). Las huestes a que se refiere, eran las de Américo, porque Baptista había huido del país, hacia Curazao.  

En esa llamada, José Américo le pedía a su hermano que lo enconchara y lo ocultase en Palmira, al menos por un tiempo, mientras pasaba el mayor peligro. 

Los fugitivos en Palmira.

Al no lograr los objetivos planteados, y ante la fuerte respuesta militar del gobierno de Gómez, decidieron huir, y esconderse en Palmira. 

Un día llegó a la casa donde estaban los hermanos Burelli con sus allegados y algunos peones que atendían su seguridad, Cesáreo Parra, labriego nacionalista, más preocupado que cansado y ante esta reunión y conversación, les dijo: <<apúrense que ya los Nacionales deben estar llegando al pueblo –les gritaba el hombre impaciente para que el gesto de aquel gallardo Padre Vivas y su propio cansancio no resultaran inútiles>> (Burelli, 66). Varias horas antes de la galopa, Cesario se había encontrado con el padre Buenaventura Vivas, que se enteró de la cacería montada por el gobierno, cuando la Comisión pasó por Timotes, Antonio Lino, amigo de esta familia, difiere y señala que venían de Jajó. Cesario que era baquiano, se decidió dar aviso a sus amigos y compañeros de lucha, antes de que los sorprendieran.

 Se movilizaron sigilosos en la penumbra, abandonando concha, por las travesías de la boscosa tierra, pero ocurrió un imprevisto, <<Como no hubo tiempo de acomodar el morral de Pedro en su caballo, José Antonio, el muchacho de los ojos grises, se lo echó al hombro y comenzó a correr detrás de los fugitivos>> (Burelli, 66-67); el morral contenía documentos, dinero y otras pertenencias.  Sin embargo, a pesar del sacrificio de Pabón, <<No había pasado una hora cuando los militares le dieron alcance y regresaron con él a Palmira, a culatazo limpio y con las manos atadas a la espalda>> (ídem); de esta forma comenzó el periodo de maltrato físico. 


José Antonio, es capturado y torturado.

El fugitivo coronel Américo, y sus acompañantes subieron por <<las intrincadas montañas de El Carmelo>> (Burelli, 91), donde montaron campamento guerrillero, por un buen tiempo, en el que Sabino Briceño y su arma de cañón largo, era jefe de la vigilancia.

En horas de la noche, Cuando llegan las fuerzas del ejército de Gómez, al mando de Olegario Salas, y no consiguen a los hermanos Burelli, quien paga la furia de los soldados es el muchacho de La Puerta, lo torturan hasta dejarlo inconsciente. La misma doctora Burelli, relató que, en horas de la noche llegó el ejército, comandada por oficiales de Mérida, observando una lamentable escena  <<la tropa mandada por oficialidad merideña. Traían por delante a José Antonio, con las manos amarradas fuertemente con una soga que sujetaba uno de los soldados de a caballo. Allí mismo en el zaguán, le aplicaron el cepo de campaña y lo dejaron acurrucado y sangrante mientras tomaban posesión de la casa>> (Burelli, 69); era parte del trato despiadado que sufrió este joven mártir.

El compromiso con el coronel Américo y con la causa, estuvo a buen resguardo, José Antonio no "cantó", como se dice en el argot de los torturados,  <<no había dicho una sola palabra sobre la ruta que tomaría los señores, pero el general Olegario Salas esperaba que hablara después de algunas horas de tortura>> (Burelli, 70). Cuando llegan las fuerzas del ejército de Gómez, al mando de este sanguinario oficial,  y no consiguen a los hermanos Burelli,  quien paga la furia de los soldados es el muchacho de La Puerta, lo torturan hasta dejarlo inconsciente, así manifestaron la impotencia y decepción de haber fallado en la captura del coronel Américo Burelli, el dirigente nacionalista.

La fuerte represión gomecista, la sufrió Palmira.

        De los hermanos Burelli y demás fugitivos, no se tenía noticias en el pueblo ni en la familia. El general Salas siguió esperando que el detenido cantara. No sabía este torturador la pasta guerrera de los Pabón de la Puerta, y a los días se sabrá lo que éstos bastardos de la vida, hicieron con él en la entrada de la vivienda de los Burelli García, aquel joven inerme y desmayado <<los soldados trataban de levantarlo a puntapiés>>  (Burelli,74); verdaderamente desgarrador este pasaje histórico. 

En Palmira y en los pueblos aledaños, se sufrió una cruel represión. El general Uzcátegui reprimía, torturaba, violentaba e irrespeta moradas en la búsqueda del coronel Américo Burelli, la orden era que se lo llevaran “vivo o muerto”; es posible que sus hermanos y los más cercanos colaboradores, pudieran haber corrido con la misma suerte. 

El ejemplo de lo siniestro de este episodio, lo protagonizó como víctima José Antonio Pabón, el joven prisionero, cuando lo enviaron a Mérida, <<esposado y maltrecho, como para justificar aquella larga e inútil pasantía>>  (Burelli, 81); a la antigua y tenebrosa cárcel de dicha ciudad.


En la cárcel de Mérida. 

Fue condenado por un juez de primera instancia en lo criminal de  Mérida, debido a la jurisdicción sobre Palmira. Su reclusión la cumpliría en la antigua cárcel de esta ciudad, que estaba situada cerca de la sede de la Gobernación y del Cuartel de Policía. 

Debido al hacinamiento, de este recinto de cinco piezas o calabozos, a veces con 40 o 50 detenidos cada uno, sin ventilación, las condiciones en que se mantenían los presos y los presidiarios eran infrahumanas, insalubres. Un informe sobre las condiciones de reclusión, dirigido al Presidente del Estado los Andes, de la época, describe la patética situación así: <<no existen medios de aseo ni cómo hacer alguna ejercicio en estado de salud y menos existe donde pueda atenderse a los detenidos en caso de enfermedad; finalmente no hay separación posible todos se hayan confundidos, sin poder evitarse así el contagio del vicio>> (Salazar, Esmeralda. La cárcel de Mérida durante el siglo XIX. 1830-1900. Pág. 40. ULA. Mérida. 1994); además de esto, el problema de las raciones de alimentos eran selectivas, unos la recibían y otros no.

El maltrato físico y el psicológico, no hacia mella en la entereza y el compromiso de José Antonio, con la causa, a pesar del resentimiento que tenia por aquellas terribles condiciones de encierro. Los reos eran destinados a trabajar en las carreteras o al mantenimiento de las calles, hospitales y plazas, unos a las obras públicas de Mérida y otros a la villa Cantón de San Cristóbal.

Y, mientras en la escabrosa celda merideña, le iba consumiendo su cuerpo torturado, él pensando y preguntándose qué pasaría con el coronel Américo, y con Pedro Mario. Sabía que la señora Adela estaba a salvo. Le mitigaba aquella desgracia, el haber logrado que pudieron huir y no cayeron en las manos de los chácharos asesinos gomecistas. Algunos en aquellas noches azarosas, le hacían llegar información de los conspiradores y de la crisis política y militar del país.

Pensaba en su familia, en su tierra serrana, fría y áspera, allí palpitó su corazón, y su sangre correría convertida en vigoroso y fecundo torrente por los cauces infinitos de la vida. El prisionero comenzó a sentir fiebre y fuertes dolores intestinales, los retorsijones los aguanta como un varón, pidió asistencia médica y fue poco lo que hicieron por él, pasaron los días y eran más fuertes los síntomas de la disentería, que no se la trataron,  llegando a vomitar y evacuar sangre, lo que lo terminó de vencer al débil cuerpo de este joven prisionero.  Esta información le llegó al coronel Américo y a Pedro Mario, mediante <<Una carta del compadre Abraham, quien le contaba que José Antonio, el mártir de Palmira, había muerto en la cárcel de Mérida a causa de una disentería>> (Burelli, 96). El preso de la tiranía gomecista, José Antonio Pabón, en una lúgubre madrugada, en la que no se notaron los cuerpos, en la tierra ajena, se le apagó el corazón y le quitó la vida, murió en silencio. 

Fue José Antonio Pabón, el nativo de La Puerta, la demostración de un ser de índole leal y noble, cuyo destino lo hizo mártir muy joven, para enfrentar a los vendedores de la Patria, y para enfrentarlos como primer mártir en la campaña de la aventura pérdida, que libró el coronel Américo Burelli García. 

La Puerta, junio 2022. 

omanrique 761@gmail.com   

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