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sábado, 16 de septiembre de 2023

Pueblo Nuevo, un caserío trasandino

 Pueblo Nuevo, un caserío trasandino.

Su historia breve.  

Por Oswaldo Manrique (*)

Si hay un sitio que reúne las características para ser llamado trasandino, ese es “Pueblo Nuevo”, en la parroquia la Puerta, estado Trujillo, por estar ubicado a lo largo de un paso o segmento de la carretera trasandina, en sus dos márgenes,  y además, por haber sido formado por gente oriunda de diversos pueblos aledaños, entre estos: Valera, Mendoza, Timotes, Tabay, Mérida de la cordillera de los andes,  y por supuesto, de otras regiones del país: Zulia, Lara, y del hermano país: Colombia.

Panorámica de Pueblo Nuevo, La Puerta, Trujillo, en Venezuela. Gráfica cortesía de  Miguel Psaridis. Tomada el 3 septiembre de 2023.

 “Pueblo Nuevo”, es un sector social, de los conocidos como barriada, que está ubicado en la periferia del área urbana de La Puerta, sitio turístico de la región andina trujillana. Está formado por viviendas humildes, de limitada calidad en su construcción.

Su historia mínima.

“Pueblo Nuevo”, es un asentamiento social de muchas carencias y limitaciones, situado en los bordes de una gruesa falda del Páramo de La Puerta, de mucho verdor, no tiene calles transversales, ni veredas, es una hilera de casas a todo lo largo de 2 km de la carretera trasandina, desde un punto que llaman entrada a la Cuesta de los Bicuyes, hasta el sector La Flecha, por donde se siente el aroma y la tranquilidad de las  antiguas ciénagas y potreros cargadas de animales de cría, llegando hasta la orilla del Bomboy, con su limpio caudal donde se podían bañar los pobladores y lavaban la ropa las señoras. 

Desde tiempos inmemoriales, se baja desde el Páramo por la Cuesta de los Rondones, mas allá, hacia el sur, por el Derrame de La Maraquita  y por el norte, por el camino de los Bicuyes (hoy carretera agrícola), reverdecidas por los tiempos de lluvia, eran las vías polvorientas de las recuas para ir al pueblo de La Puerta, bajando la carga de papa en los arreos de bestias cansinas que paraban en la esquina de Matías Paredes, que tenía una bodega, al comienzo de la bajada al cementerio, y en un lateral se observaba la casa del señor Juan, el que alquilaba caballos, y más abajo la casa de la señora Guadalupe Ramírez y su hijo Tulio Rivas.

Consultado uno de nuestros cronistas populares, Antonio Lino Rivero, recuerda que, el inicio del poblamiento en este sitio,  <<Fue en el año 1962, fueron unas 10 familias, recuerdo a Virgilio Pabón, Martin Suárez y Matías Paredes>> (Antonio Lino Rivero. Notas del 30 - 4 - 2023). Muy pocas casas para ese tiempo.

Más adelante agregó el mismo Rivero, que, <<en el sector, cerca del Cementerio Viejo, iban a construir una bomba de gasolina, después cambiaron de idea y la construyeron en lo que hoy es el sector La Flecha, el promotor era Don Luis Ignacio Araujo>> (Ídem). La trasandina, además de romper con el aislamiento, le dio impulso a varios servicios públicos, que jamás imaginaron los puertenses podían usar y disfrutar.

Dónde se asentó “Pueblo Nuevo”, fue el lugar generoso para un grupo de familias que buscaban nuevas perspectivas económicas, fuentes de trabajo, de estudio y asistencia médica, que se comienza a notar, a partir de 1970, cuando avanza el auge de la construcción en el área urbana, significaba un pago semanal y algo de tierra para sembrar. Gran parte de la gente de “Pueblo Nuevo” es oriunda de los páramos, de las montañas, pero también de otros pueblos aledaños, y gente del Zulia.

Localización geográfica.

“Pueblo Nuevo” está situado en el lado oeste del Río Bomboy, ubicado en el valle de este nombre, en jurisdicción de la parroquia La Puerta, Municipio Valera del estado Trujillo, tiene una extensión territorial de 2 km.

Límites de Pueblo Nuevo.

Por el norte, con el sector Santa Bárbara, por el sur con el sector La Flecha, por el este, con el área urbana de La Puerta, río Bomboy de por medio, y por el oeste, con la falda del páramo de La Puerta (de Los Torres).

         División espacial o sectorización. 

Este  largo caserío, se divide en dos subsectores, uno denominado “Los Barriales”, que es Pueblo Nuevo parte baja (Norte), y el que llaman “El Barranco”, que es la parte alta (Sur).

Es importante señalar, que la extensión geográfica está localizada en parte y a lo largo de las dos márgenes de la carretera trasandina. Es decir, en la ruta que corresponde a Valera-Timotes, que forma parte de esa vía.  

 Algunos datos históricos.

1891.  Las tierras donde está ubicado este asentamiento social, formaban parte de las posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta (Comunidad indígena Bomboy). 

1950. Vecinos antiguos señalan, que para el año 1950, se levantaron tres casas que pertenecían a un señor de nombre Martín Suárez, otra de Esteban Araujo y la de un tercero llamado Virgilio Pabón. El ocupante del terreno era el señor Emilio Ibarra, es preciso señalar que estos son terrenos pertenecientes al Resguardo Indígena de La Puerta, de la inmemorial Comunidad Indígena de los Bomboyes, que fueron despojados de sus posesiones, mediante un juicio fraudulento en el año 1891. 

Este señor Emilio Ibarra muere y su esposa le vende el terreno al profesor Isaac Araujo, que era el director de la Escuela de Peritos Agropecuarios de La Puerta, y una vez que el profesor abandona, o sea, deja de funcionar dicha escuela, comienzan a invadir estos pedazos de tierra y el Prefecto Alfonso Araujo y la Junta Parroquial asumen la dirección del asunto y fue dando la autorización para construir ciertas viviendas.

En algunos sitios el terreno era un pedregal, espacios que utilizaban para meter animales de cría, luego un pedazo lo pasó a ocupar un señor de apellido Cómbita y hubo algunos sembradíos del señor Santiago Ramírez.

Para 1955, señalan nuestros más antiguos vecinos, que había alrededor de seis casas y esta comunidad pasó a tener el nombre de “Barrio Nuevo”, y posteriormente adoptó el nombre de “Pueblo Nuevo”, que es el que tiene actualmente. Para ese tiempo además de las pocas casas, solo existía el cementerio viejo, la carretera trasandina, la Cuesta de los Rondones y los otros dos caminos, que suben al Páramo de La Puerta, que eran caminos indígenas Timotes.   

“Pueblo Nuevo” parte baja “Los Barriales”.

Se le llamó así, porque lo que había allí era una ciénaga y por eso adopta el nombre de “Los Barriales”, y para el año 1970 aproximadamente, solo existían en esta parte cinco familias la de Alfonso Araujo, Emilio Araujo, Cándida Vieras, Ramona González e Isabel Rivas, que le habían comprado a un señor de nombre Román, quien ya las había ocupado previamente y las vendió.

Para 1989, este sector contaba con alrededor de 20 familias, que fomentaron aquí la agricultura en medianería con el doctor García Méndez quien se hizo dueño de las tierras, de la antigua hacienda del padre Rosario. 

Las viviendas que fueron levantando, eran de gente campesina de escasos recursos,  la mayoría era de bahareque y  techo de zinc y recuerdan una que destacaba, que los viejos pobladores llamaban "la casita de plástico", porque las paredes estaban forradas con plásticos gruesos y la llamaban así, esta era de una familia de apellido Villarreal. 

En aquel tiempo, habían dos vías para llegar al área urbana de La Puerta,  una era la carretera negra: la trasandina, que se subía hasta la entrada del Cementerio, y la otra, la del llano, que era la vía más rápida para salir a hacer las diligencias o sea para ir al pueblo.  El “llano” por supuesto, era un lugar muy extenso, eran las tierras del resguardo indígena y era donde se realizaban los juegos, las fiestas patronales, cualquier evento de carácter deportivo, cultural, era allí donde ponían también los famosos carruseles y los parques mecánicos, que venían cuando los tiempos de fiestas y en vacaciones, también en Semana Santa.  En vacaciones se utilizaba mucho porque estaba cerca del río y en el río era una especie de balneario, porque el agua todavía para ese tiempo era limpia.

         Pueblo Nuevo "el Barranco".

1977.  Un día de este año: la pertinaz lluvia, pasó a tragedia, al deslizarse fuertes cargas de agua, sedimento, barro y piedras, que tornó en desesperación la situación de estos pobladores.

 A este sector de Pueblo Nuevo se le llama así porque en el mes de octubre de 1977, en un temporal de lluvias sobre la falda del Páramo y con las crecidas que se dieron en los zanjones, fue bajando tanto barro que se produjo un lamentable hecho: la muerte de cinco personas y serios destrozos de orden material, la comunidad y otros organismos del estado pudieron rescatar a personas que estaban aprisionadas en sus casas, llenas de barro. Recuerdan que se escuchó un gran estruendo cuando bajaba el deslave, agua, piedra y barro. Estas familias fueron trasladadas a un sitio en El Molino, especie de refugio. En el transcurso de tres meses, se pudo limpiar con la maquinaria del gobierno y con la ayuda de la comunidad sacaron  los escombros y las familias regresaron a sus casas. 

2003. El 24 de mayo del 2003, volvió por sus fueros la fría tormenta, con el bramar de los truenos, desprendiendo piedra, agua y lodo de los zanjones y falda del Páramo. Chispas grises soltaba la montaña desde lo alto, abajo en la carretera las casas se movían al sentir el brilloso ventarrón que soplaba. Otra tragedia en Pueblo Nuevo, el fuerte temporal de lluvia, dejó más de 20 familias que fueron declaradas damnificadas porque sus viviendas quedaron tapiadas por el lodo, quedaron inhabitables.

         Este temporal dejó una significativa cantidad de lodo y escombros y hubo de utilizarse un tiempo importante de maquinaria pesada y volteos, para limpiar y sacar los promontorios de barro. En junio de este mismo año, se deslizó nuevamente y los habitantes de este sitio, tuvieron daños materiales, más no hubo pérdidas humanas. 

Tradiciones y expresiones culturales.

Como comunidad católica, comparte las celebraciones en el mes de enero, que se hacen al patrono de la Parroquia San Pablo Apóstol y a la Virgen de la Paz.

Donde hoy está el llano, era el terreno donde por época de fiestas de enero, se armaba la plaza de toros, de esas que las gradas eran de tablones de madera. Varios vecinos demostraron sus condiciones histriónicas en este arte.  A poca distancia, montaban los carruseles o parque mecánico, con su viaje a la luna, pista de carritos chocones, la rueda de la bruja y otros.

Tiene varias décadas, la organización y presentación de los Chimbangueles de San Benito de Pueblo Nuevo, iniciado en la casa del señor Dolores y familia.  Su cofradía de San Benito de Palermo, es una de las expresiones culturales, más destacadas y permanentes de La Puerta.

Igualmente, hace vida deportiva con sus equipos en diversas disciplinas.

Entre diciembre y enero, se mantiene la tradición del culto a la Navidad, y a la paradura y búsqueda del niño Jesús. 

Servicios e instituciones Públicos.

Por su ubicación periférica, la comunidad de Pueblo Nuevo, comparte los planteles educativos, Medicatura, transporte, banco, comercio y transporte del área urbana de La Puerta. 

Organizaciones sociales.

Los distintos sectores de Pueblo Nuevo, están organizados en Consejos Comunales. 

Han pasado algunos años, y sobre la orilla de la carretera trasandina se ha consolidado una comunidad, que hoy  desarrolla su vida de pobladora. Sobre los recuerdos y la superación de aquellos tristes sucesos naturales,  cumple su misión de mejorar en la medida de lo posible, es Pueblo Nuevo. 

La Puerta, septiembre 2023.

Omanrique761@gmail.com

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

 

 

domingo, 20 de febrero de 2022

El Peto sagrado de las Siete Lagunas

 El peto sagrado de las Siete Lagunas.


Oswaldo Manrique R.

Sacamos de nuestro yurúre, una reliquia de la época precolombina, elaborada sobre restos fósiles de la concha de un molusco testaceo impreso en este bloque de roca terciaria, con figura de ángel, que utilizaban colgados como peto los sacerdotes y los principales o tabiskeyes indígenas en sus ritos y celebraciones mágico-religiosas en el santuario Maen Shömbuk (Páramo Siete Lagunas, La Puerta, Trujillo en Venezuela). Fue llevada por mí, en el año 1984 a la Escuela de Antropología de la UCV, para su estudio, y según los expertos, no se le podía practicar la prueba de Carbono 14, porque había sido muy lavada la pieza; sin embargo, este objeto, perteneció a nuestros primeros pobladores Timotos.     

                                                                                                      

La reliquia, fue salvada por Tulio Rivas, de las manos de unos investigadores o arqueólogos extranjeros, que se metieron en 1961, en las cuevas de las Siete Lagunas y se llevaron gran parte del patrimonio de los difuntos Bomboyes; su referencia forma parte de nuestro artículo <<Cerámica: Memoria indígena de La Puerta>>.

En el aspecto religioso, el sacerdote indígena era el <<administrador del culto de los dioses, casi igualaba en importancia al Tabiskey>>  (Briceño Perozo: 29). El ilustre investigador, doctor Lisandro Alvarado, basado en la hipótesis del Profesor Gillioli, escribió: <<que estas figuras, así modeladas, parecen ser peculiares a las de los indígenas precolombinos de la región central de Venezuela, y que en cuanto a su significación representan ellas de un modo más o menos convencional un murciélago con las alas extendidas. Al establecer esta hipótesis recuerda al dios Murciélago, venerado antes por no pocas tribus Mayas de la América Central>> (Lisandro Alvarado.-Objetos prehistóricos de Venezuela. Revista Técnica del MOP. pág. 312.1912); las dos opiniones, nos dan una idea, del simbolismo de poder, que  representaba este tipo de amuletos.

En el páramo de las Siete Lagunas, existió una comunidad indígena de Xikokes y Mukutis, muy avanzada en comparación a su entorno. Allí se  hallaron trabajos artesanales, que no se han visto en otro lugar. Trabajaban el hueso molido y con él hacían vasijas muy decorativas con figuras acabadas muy precisas, con contornos difícil de realizar, las figuras o muñecos grandes como de un metro de altura, solos y en par, piedra demasiada negra en forma de panela de jabón por ambos lados con relieves y tallados que parecían escritos o símbolo; también en el cementerio indígena de Quebrada Seca y en Los Aposentos.

Peto de las Siete Lagunas. en su anverso, se puede observar los trazos finos y artísticos. Cronografía propia de este blog. 


Molestaba mucho a los curas doctrineros Antonio Montero, Salvador de Carmona y fray Juan de León, que llegaron a nuestros páramos y al valle de Bomboy, el que a algún indígena le encontraran un peto (pectoral) de estos, propio de los mojanes en sus ceremonias mágico-religiosas; consideraban los curas que esto era pecado de idolatría y cosas del demonio. La sensible figura de representar las alas blancas de los ángeles, la consideraban sacrílega, y por eso, arremetían y castigaban ferozmente a los mohanes.

Los pectorales en forma de alas de ángel o en forma de dos alas, que parece un ave o un vampiro esbelto, fueron usados por los sacerdotes originarios, simbolizando el sol, cuatro cortes perfectos en pirámide con rayos al contorno y dos orificios. En la parte frontal, que se observa en la gráfica, están los canales o formaciones naturales de la concha marina, asemejando medio Sol, con marcas que simbolizan los dos rectángulos en su parte superior y dos orificios muy pequeños. Detállese, extrañamente en su parte inferior, la letra épsilon. El material en que elaboraban estas piezas, al parecer son de roca pulida, figura hecha sobre restos fósiles de la concha de un molusco testáceo impreso en este bloque de roca terciario, que imita a un sol en su disco; cuando la vieron en la Escuela de Antropología de la UCV,  observaron que fue tallada en forma de concha de caracol marino. 

Reverso del peto hallado en el Páramo de las Siete Lagunas.Cronografía propia de este blog. 

La pieza está perfectamente pulida y con delicados detalles y trazos, hacen pensar que los Bomboyes, profesaban devoción por los cuerpos celestes;  tiene 24 centímetros de ancho, y de altura 11 centímetros y 2 centímetros de espesor. Al golpearla produce un sonido semejante al metálico. En el anverso, la pieza tiene en el rectángulo, perfectas incisiones, realizadas con finos trazos y cortes, como de instrumentos de alta tecnología y precisión que dan a entender, la importancia del que lo usa. Se percibe fácilmente el juego de líneas paralelas, igualmente, los conos incompletos, en combinación de vértices. También, se puede ver, dos diminutos orificios para los cordeles y guindar el peto en el cuello, o para suspenderlo y tocarlo como campana, que en conjunto significa parte de su simbología.

En la parte inferior, se puede detallar un rectángulo, con 9 pequeñas líneas paralelas, al parecer, indicativo de rango (mavis huent: nueve plumas), el máximo jerarca es el Tabiskey (diez plumas). Los finos y artísticos dibujos, trazos y figuras geométricas, números, rango, paralelas, hechos sobre este peto, indican en cierta forma, que nuestros primeros pobladores, tenían un sistema de comunicación escrita de definidos caracteres gráficos.  

         Esta pieza de mucha edad y de gran valor arqueológico e histórico, que aquí comentamos, nos ayuda a comprender cómo vivían los primeros pobladores de esta zona del Bomboy, sus costumbres, orden social,  los ornamentos que usaban, los símbolos de poder, y sus ritos de importancia, dedicado a sus dioses de la naturaleza, la lluvia, el sol, la luna, a sus jefes y guerreros.


Nota: articulo relacionado <<Cerámica: memoria indígena de La Puerta>>; publicado en este  mismo blog.


La Puerta, febrero 2022.

Omanrique761@gmail.com  


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Don Tulio Rivas, el último de los Xikokes.



Oswaldo Manrique R.

Este agosto, nos jugó una mala pasada, nos sorprendió.  A las 6 de la mañana de uno de sus días, tocaron el portón de mi casa para comunicarme la ingrata noticia del fallecimiento del entrañable Tío Tuba, lo que produjo dolor para mi familia, quienes desde la planta baja me participaban la dura pérdida. 
El día anterior, lo fui a visitar al Hospital Central de Valera, recorrí todas las salas de hombres y no di con él; nadie supo darme razón de su paradero. Todo se había consumado en dos días, antes había hablado conmigo por teléfono sobre una terrible tristeza que lo embargaba, producto de algo que no le agradó en su viaje a su adorado Xikoke, en el Páramo de La Puerta. Por sus palabras, para él, fue demoledor lo ocurrido allí.  Fueron escasos días de tristeza y seguramente de frustración  que le aceleraron ese trance doloroso, devastador  y quizás largo, que duran las penas internas que causan la muerte de hombres útiles, y en plena labor para la comunidad, para buscarles adecuada solución a sus congéneres.
La partida de Tulio Ramón Rivas Ramírez, el Tío Tuba, como lo llamábamos, nuestro inseparable colaborador en el rescate de la historia de La Puerta y de su Páramo, ese compañero que se sentaba horas  a respondernos todos los detalles, circunstancias, tiempo de hechos históricos y de los personajes sencillos e interesantes de nuestra comunidad, con toda la paciencia y atención para que las crónicas no tuvieran errores o ambigüedades, significa una irreparable pérdida para los cronistas de La Puerta. Gozaba de una memoria privilegiada no solo sobre sus vivencias, sino de hechos y personajes destacados. De sus palabras volvimos a escuchar las viejas historias y hazañas del abuelo Concio Rivas, alrededor del fogón de la casa del Xikoke. De él escuché la leyenda del rebelde guerrero indígena Chegué, acantonado en el propio riñón del páramo, defensor del honor de la diosa Ikake en la guasábara organizada por los Timotes, Escuqueyes y algunas tribus del lago, contra los invasores de 1557. 

               Don Tulio Ramón Rivas,  en plena juventud. Cronografía de este blog. 2758.



Se había consagrado en sus momentos libres, a la búsqueda entre los más ancianos pobladores del páramo, de los vocablos indígenas que aun se utilizan en su cotidianidad,  que se sobrepusieron a su desfiguración o al olvido, y aquellas palabras mestizas, resultado de la derivación ancestral de aquellas, y logramos obtener un pequeño diccionario para que las actuales y futuras generaciones puedan conocer cómo se comunicaban nuestros antepasados; materia cruda para el estudio de los etnólogos, sociólogos, antropólogos e investigadores de la semiología; aporte interesante para el estudio de la etnografía local. Con este grupo de palabras, que fueron tamizadas por diccionarios de la lengua indígena, entre ellos, el del sabio Urrucheaga (Jahn y Amílcar Fonseca), logramos obtener  fuertes bases en nuestra tesis de que somos una comunidad  descendiente  de la etnia Timotes  (Chibchas-Mucus), y no de la nación Cuicas como se ha venido embotijando por la historiografía.  El Tío Tuba, nació en el Xikoke, sitio indígena  del Páramo de la Puerta (hoy Los Torres), el 10 de agosto de 1946,  donde en algunas oportunidades lo observamos, en las mañanas, al canto tardío de los gallos,  salir de su casa materna  a la era y respirar con agrado ese aroma que lo nutria de felicidad y de naturales energías. Hijo del Bachiller José de la Concepción Rivas, también nativo de este sitio y descendiente de los primeros pobladores indígenas, y de la mestiza  María Guadalupe Ramírez Terán, quien llegó de Las Mesitas de Niquitao a La Puerta, en 1920,  con su padre Pedro Ramírez, su madre Isabel Terán Peña y sus hermanos, también pequeños. Esta familia se  avecindó en El Paramito. Concio, su padre,  era descendiente de una de las 3 primeras familias pobladoras de este páramo, los Rivas.
En las usuales conversaciones de historia que teníamos, siempre afloraba su culto a estas montañas, que le fueron generosas, que le proveyeron de sentimientos múltiples por la madre tierra, su identidad y pertenencia; me describía el paraíso encantado de las 7 Lagunas, las mencionaba una por una, indicando sus características, el color y olor de sus aguas, su flora y hasta sus distancias, igualmente, me enseñó a valorar la Piedra del Muñeco, donde según lo aprendido de su padre y sus tíos primero llega el Sol, como el templo religioso  más significativo de la nación Timotes, en la Cordillera de La Culata, sitio que pudo ser de acuerdo a lo que comentó el maestro y fundador de La Puerta en 1670, Don Mateo de Párraga, donde se reunían todos los indígenas de esa nación cada 52 años; así como, su disertación de las razones de la obra de ingeniería vial indígena allí cercana, que conocemos como Las Escaleras.   Andando con él,   fue como aprendí a valorar este sitio histórico y mágico, y las distintas cuevas santuarios.  Fue un gran motivador de mis investigaciones y ensayos.
Estudió su primaria en la escuela de La Popa, construida en la posesión de sus primos Villegas, cercana al Xikoke, donde recibió los copiosos conocimientos que antes se suministraban a los escolares; fueron sus maestros Paulino Peña y Vicente Alirio Villegas.  Trabajó la agricultura, paralelo con esto, se hizo experto elaborando los yugos y arados que le encargaban los campesinos amigos; también, tuvo una época en la que se dedicó a la artesanía, fabricando  piezas en madera, juguetes, cucharas y tenedores, que vendía a tiendas de artesanías fuera del Estado.




La vieja Escuela de La Popa (Páramo de La Puerta), donde hizo sus estudios primarios el Tío Tuba. Cronografía 2583.


Aun mozalbete, cuando vio que el páramo no tenia mas rudimentos para enseñarle, empujado por la fuerza irresistible de mejorar en sus condiciones económicas, se fue a trabajar con su hermano mayor Luis Alfonso Ramírez, en la población de San Mateo, Estado Aragua, con el que aprendió la albañilería, herrería, electricidad.
Era servicial, solidario con su comunidad, en Pueblo Nuevo, como uno de sus primeros pobladores, fue de los que emprendieron la lucha por los servicios públicos, siempre presto,  se le veía con sus llaves y herramientas para colaborar con el asunto del agua. Le tocó ser barbero, en el Páramo y en Pueblo Nuevo, fueron muchos hasta hace poco, que solicitaban sus servicios y se sentaron en el patio de su casa, a afeitarse y a deleitarse con sus remembranzas y clases de historia.
Le gustaba que lo visitaran, y aprovechaba brindar almuerzos de sopa de trigo, o su exquisita sopa de habas con pescado seco; le gustaba además de las manamanas rellenas,  la mazamorra de zapallo, con lo que lo había alimentado y criado –según sus palabras-, por la abuela Guadalupe. Procuraba tener siembras de trigo, porque siempre le saboreaba comer criollo. Le pregunté cuál era la causa que las comidas de la gente del páramo eran diferentes a las del pueblo de La Puerta (área urbana) y me respondió que por la vinculación ancestral intermontana con los pueblos del sur del lago de Maracaibo. Para festividades, como semana santa y navidad y fiestas familiares se lucia preparando la mistela.  Así fui descubriendo, que existía algo, una cualidad, un sentimiento, costumbres, cultura,  que solo se le puede calificar como: la parameñidad. 
Siendo adolescente, me tocó en algunas oportunidades ir al páramo,  de cacería con él, y ver cómo preparaba las aves cazadas, sazonarlas y hacerlas al fogón, como todo un pinchero de restauran de lujo, acompañándolas con arepas de harina del norte del tamaño de un volante de carro, queso de cincho montañero, cuajada y el distinguido sabroseador que era el ajicero que siempre estaba en el centro del mesón, que él mismo ayudaba a preparar porque le gustaba con muchos diablitos. Era multifacético.


Panorámica del Xikoke, sitio indígena del Páramo de La Puerta, donde nació y vivió Tulio Ramón Rivas.  Gráfica tomada por el amigo Antonio Lino Rivero. 2536. 

Tulio, tuvo un extenso noviazgo con Silvia Valero, se casaron el 17 de diciembre de 1982; hubo buena celebración en La Flecha, llegue tarde pero asistí. Procrearon 6 hijos.  Lo curioso es que durante ese noviazgo, construyó una férrea amistad con el señor Bernardino Valero, de La Flecha, su cuñado, quien vio sus buenos sentimientos  y cualidades sociales y lo hizo compadre, al punto que celebraba su cumpleaños junto con el de su ahijado Leonardo Valero.  
Desde hace unos 5 años, en que convinimos rescatar la historia del Páramo de La Puerta (de Los Torres), nos reuníamos a menudo disimulando con encuentros familiares,  la misión  emprendida.  Muchas fueron las hojas que tuvimos que garabatear para recopilar los disímiles hechos, lugares, tiempos y personajes que iba dejando caer al desgaire, que luego estructurarían algunos de los episodios, relatos y leyendas del páramo, que logramos condensar en un trabajo inédito denominado Relatos y Leyendas del Paramo de La Puerta. Entre las que incluimos, las semblanzas de varias familias y personajes del Páramo, entre ellas las aventuras de Concio Rivas, “El Bachiller”.
Animados por nuestro propósito didáctico y de servicio a nuestra comunidad, juntos logramos rescatar una versión de la Leyenda de la Princesa indígena Dorokokoe, nuestra soberana de las aguas. Fue un ferviente estudioso de la Biblia, y con esta, aunque parezca contradictorio, leía las obras y profecías –seguramente en análisis comparado-, del médico y adivino francés Nostradamus (Michel de Nôtre-Dame),  cuyas cuartetas gozaba de explicar en sabrosas conversas, cuáles se habían cumplido y cuáles no; igualmente se bebía a grandes tragos, libros de historia y geografía.
Le gustaba la música mexicana ranchera, tarareaba Caballo prieto azabache o albur de amor.  Al igual que su taita Concio, el canto lo ayudaba a sostener su seguridad y su decisión  de ser feliz. Era más que una virtud, era un instrumento de vida.  Era normal escucharle cantar a media mañana Los Laureles de Miguel Aceves Mejías:
Ay que laureles tan verdes
que rosas tan encendidas
si piensas abandonarme
mejor quítame la vida
alza los ojos a verme
si  no estás comprometida.
…Por ahí va la despedida
chinita por tus quereres
la perdición de los hombres
son las benditas mujeres
aquí se acaban cantando
los versos de los laureles
.
Con el Tío Tuba, aprendí a conocer la importancia de saber de dónde se es, nuestros orígenes; fue de particular enseñanza el recorrido ya adolescente, de los principales y emblemáticos sitios del páramo,  de su valor histórico y mágico-religioso; me hizo énfasis en la Piedra del Muñeco, principal santuario indígena Timotes de la Cordillera de la Culata trujillana; asimismo, la significación de las Cuevas del Páramo, con sus mintoyes y sepulcros de los caciques y principales Xikokes, como lugares sagrados; me contó cómo los llamados investigadores norteamericanos, se llevaron las piezas de cerámica más interesantes, que simbolizaban creencias de los indígenas sobre la vida futura.  Con él, aprendí a conocer y querer al Xikoke, sitio histórico prehispánico y de libertad, nuestra posesión ancestral, donde aun se hallan a orilla de la quebrada, las plantas de piedra de 4 viviendas o chozas  construidas por los indígenas hace más de 3 o 4 siglos. 
Este es un momento doloroso, de lágrimas,  duro para la familia, la despedida final a un deudo, sobre todo cuando ha dejado enseñanzas sencillas y significativas. Dijo un poeta amigo, que cuando sobran lágrimas faltan las palabras. Estas que logro escribir son recuerdo y tributo afable al tío amigo que lo fue con integridad. Las lagrimas son un  aliviadero de nuestras emociones, pero a seres recios y justicieros como Tulio Ramón Rivas Ramírez, no puede rendírsele homenaje con las lagrimas sino con la promesa de seguir trabajando tesoneramente como lo venía haciendo, diciendo verdades, llamando las cosas por su nombre,  en el rescate de valores y la memoria histórica de nuestra parroquia, para que este pueblo llegue a ser cada día mejor, libre del atraso y de la incultura. Esa es la invitación que nos hace el tío Tuba.

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