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sábado, 19 de julio de 2025

La histórica casa “traída” desde San Martín a La Puerta, 1915

Por Oswaldo Manrique.


Algo anecdótico hay en esto, fue rumoroso durante el tiempo de oscuridad, entre nuestros mayores, este hecho del que se cumplen 110 años de haber ocurrido. En sus relatos de infancia la escritora Ligia Burelli,  rememora que una vez, su madre le contó que la casa fue "traída" desde los predios de “San Martín”, cerca del Portachuelo de la Lagunita, finca de Petra Cantalicia García, hasta el frente de la plaza Bolívar de La Puerta, por motivos de persecución política. Se pudiera entender que el inmueble, fue transferido, acarreado, trasladado, mudado y transportado de un lugar a otro, indudablemente una mezcla interesante de historia y novedad.  



Cuando se prendió en la Sierra de La Culata, la “Guerra de los 15 días”  contra el dictador Gómez, y se muele a tiros el “sitio de Timotes” imperecedera para las familias parameñas, liderada por Américo Burelli García, Sandalio Ruz, Mitrídates Volcanes, Cesáreo Parra, Juan Torres,  Fidel Rivas “el Mocho”, y otros vecinos, en contra de la dictadura gomecista, era 1914.

         Juntos, los hermanos <<Burelli se habían batido cerca de Timotes, en la Mesa del Palmar y en la Amarilla con las tropas que indistintamente dirigían Felipe u Olegario Salas>> (Burelli, M, 19), este Felipe, es el coronel Felipe Uzcátegui, a quien llamaban “Traga balas”, dirigente importante del liberalismo trujillano, comandó tropa en la defensa y evitando la referida toma de Timotes; pronto pasó a ser Jefe Civil de La Puerta, como militar de confianza del Gomecismo; era una guerra, con connotación nacional. 

El alto gobierno, ante este “Reventón” de violencia andina, organizó y reforzó las comisiones de persecución y captura de los alzados, integrándolas con funcionarios de la “Sagrada” o simplemente "Chácharos", la aterradora policía gomecista, que perseguía, torturaba y controlaba a los opositores de las políticas entreguistas del "Benemérito de la Patria". Fueron años terribles para las poblaciones de La Puerta, Mendoza, Monte Carmelo, Palmira, la Mesa del Palmar. El gobernador era el general Timoleón Omaña. 

La persecución de Estado contra el coronel Américo, fue exacerbada, bastante parecida al tiempo de la lucha armada de los años 60, en los casos de los comandantes Fabricio Ojeda y Argimiro Gabaldón, colocaron como si fuera el principal enemigo público, protagonista de una de las películas del oeste norteamericano, carteles pegados en pulperías, paredes, muros y hasta en los troncos de los árboles, <<ofreciendo recompensa por entregar vivo o muerto a los hermanos Burelli>>, (Burelli, Ligia. Humo de Hogueras. 103), lo que expresaba la “peligrosidad” de estos políticos locales fugitivos. El plan insurreccional lo habían denominado el "Barril de Pólvora", que tenía como escenario toda la zona occidental del país, particularmente la Sierra de la Culata y toda la región andina, era un plan de desestabilización política y militar, ante el festín del Dictador de entrega de concesiones petroleras y mineras a empresas y gobiernos extranjeros.


¿De quién era la casa “traída” de San Martín a La Puerta?


La vivienda objeto material de esta crónica, era la casa y estancia de don Roque García, primer propietario de la finca. Tenía varias casas, en sus posesiones. Dicho inmueble, fue construido en vida de doña Petra Cantalicia García, la heredera de don Roque, luego hacendada, en un plano alto de la hacienda “San Martín”, hoy caserío, entre las posesiones también de don Roque, “El Portachuelo” y “Quebrada Seca”,  y constituyó por su belleza, un sitio ideal para el descanso de la familia García, que estaba asentada y residenciada en Mendoza.  

Los visitantes descubrían desde lejos, entre trigales y exuberante vegetación, el copete de tejas de la casona colonial, que llamaban la Casona de San Martín, el acogedor regazo de Petra Cantalicia García y sus hijos: Cristino, Umberto, José Américo, Pedro Mario, y la hija Agripina.   

De acuerdo a lo que hemos indagado, y confrontado, la mansión en su línea arquitectónica tenia aspectos coloniales andinos. Construcción sostenida sobre bases de piedra, y paredes de gruesos tapiales de barro, revestidas de  brillante cal, caballetes, estructuras y puertas de maderas parameñas, mosaicos de cerámica criolla, con ventanales  sobresalientes, corredor con vista hacia el curvo camino hacia Quebrada Seca y San Pedro, dominando la cabecera del valle de Bomboy, techada completamente de teja criolla roja. Sus espacios amplios, con algunos muebles de fina talla y utilidad. Esa era la casa solariega del Coronel Américo, sus hermanos y sus padres.

¡Allá a un laíto de la casa de gobierno!


La misma escritora Burelli, relata que, en  <<Su afán por ganar, no solo la recompensa, sino prestigio ante las autoridades del Estado llevó a Felipe Uzcátegui hasta Quebrada Seca, pasando por San Martín y el Portachuelo, las propiedades de sus perseguidos. Como ninguna de las familias vivía allí en ese momento, a él se le ocurrió que aquellas tierras ya no tenían dueño y procedió a invadirlas. La casa más grande, la de San Martín, propiedad de los viejos y donde se había refugiado José Américo al comienzo de la persecución, fue cuidadosamente desvalijada y luego destruida. Una cuadrilla de hombres voraces, dirigida por el sargentón, sacó de ahí los muebles y cuanto objeto de cierto valor encontraron. Luego desprendieron las puertas, sacaron del piso los ladrillos y se llevaron las tejas>> (Humo de Hogueras, 109).  La escritora se refiere como “sargentón” al coronel Felipe Uzcátegui “traga balas”, el legendario caudillo liberal y enemigo político de los Burelli godos. Es posible que, buscara ganar mas prestigio del que tenía ante el gobierno gomecista, pero lo de la ocupación de tierras, saqueo de las casas, reparto de bienes entre la soldadesca, consumir el ganado, los alimentos y cosechas propiedad de los perseguidos, era práctica habitual en la guerra de caudillos, una confiscación también denominada “botín de guerra” de los vencedores.  

Llama la atención de este relato, que según la citada escritora, <<la casa fue cuidadosamente desvalijada>>, es decir, desprendieron teja por teja, ladrillo por ladrillo, de la hermosa vivienda, elementos constructivos que en seguida mudaron y llevaron a La Puerta.

         Es posible que uno de esos individuos que hacen leña del árbol caído y vio deshabitada la casa, le comentó al Coronel:

-         Mi Coronel ¿que hacemos con la casa? Al corriente Uzcátegui, que lo que esperaba la tropa era la orden de demolición total, le respondió:

-         Esta vaina me gusta, pero no aquí en estas lejuras. Allá a un laíto de la Casa de Gobierno, va a verse mucho mejor.  

Y así, como quien no quiere la cosa, se fue a Valera y regresó con unos hombres que anotaron cada detalle de la construcción que queria y se inició la obra, la nueva casa se vería levantada en 1915, con la reutilización de los materiales, que se convirtió en un símbolo del cambio político, en La Puerta.

Los chácharos, hicieron varios viajes desde San Martín, sobre bueyes, toros, burros y mulas, se les veía bajar las cargas de ladrillos, arrobas de losas, adobes, tejas, ventanales, puertas, para dejarlas frente a la Plaza de La Puerta. Cada viaje de una hora, surcaba el viejo camino hacia Comboquito, en una caravana de busacas, para construir la casa detallada por Don Felipe; el testimonio de la señora Burelli Rivas, es que, <<Luego vinieron otros a derribar la casa. Se llevaron las puertas, los enrejados de las ventanas, los ladrillos y las tejas>> (Ídem); trasladaron los materiales reusables.  

Aunque era un experimentado conocedor de estos páramos, montañas, selvas y zanjones de la Sierra de La Culata, el baquiano por excelencia, el   “Traga balas” Uzcátegui, no tuvo éxito inmediato en su afán de perseguidor, no pudo capturar en esos días al Coronel Américo Burelli.

Pendiente de los sitios donde podia llegar, fue a la casa de San Martín, y le dio por repetir lo que tradicionalmente otros montoneros hacían sobre los bienes del perdedor, <<Todos estos materiales estaban destinados a la casa que Uzcátegui se iba a construir en La Puerta, frente a la plaza y al lado de la casa de gobierno, donde él se desempeñaría más tarde como Jefe Civil>> (Ídem).  Para aquel tiempo no había más de 44 casas en La Puerta, incluido el Templo San Pablo, la Casa Parroquial y la Casa Municipal o de gobierno, que estaba ubicada frente a la plaza, en la denominada “Calle de Abajo”, hoy avenida Páez (Abreu B, 201), entre la casa de doña Umbelina Volcán y la casa de Carmela Briceño.

Sobre esta casa antigua Ángel Alfonso Araujo, ex Prefecto de la Parroquia, nos indicó que estaba ubicada, entre lo que es la antena de Cantv y el hotel El Padrino, <<era una casa tipo colonial muy bonita cuando yo la visité estaba cayéndose, ahí vivían dos viejitos uno llamado “Manofín”, era una casa de dos niveles con escalones, pisos de ladrillos, totalmente techada de teja criolla, recuerdo que tenía piso de madera rústica la primera planta y tenía ventanas que sobresalían, también de madera>> (Conversación con Ángel Alfonso Araujo. La Puerta, 15 Marzo 2024), esto nos da una idea, del diseño y  la calidad de la construcción y materiales usados en la casa de Felipe Uzcátegui.

Igualmente recordó Araujo, que la casa tenia:  <<un portón grande para mulas para bajar las cargas, esto lo viví yo porque en donde quedaba el “Rústico” (restaurant frente a la plaza Bolívar) era un callejón, casi un botadero de basura, y en la casa vivían los dos viejitos>> (Conversación citada); este Araujo, fue Prefecto. El coronel liberal, se habia mudado a vivir entre los godos.

Don Felipe Uzcátegui, era de ideas liberales y era terrateniente, propietario de posesiones como La Mocotí, Villa Mercedes, Tafallés, inclusive, fue adjudicatario en el Juicio de 1891, que repartió las tierras de los indigenas de La Puerta, del lote N° 26, con 100 mts de frente y 350 de fondo, colindando por el norte con lote de Ygnacio González, y el lote N° 40, que mide 100 mts por el lado del camino, colinda con Antonio Sulbarán, por el norte, al parecer, donde construyó la nueva y hermosa casa. Esto indica que tenía suficientes terrenos para construir. 

El fantasma de la casona colonial: La hoguera que duró tres días en apagarse.

Por mucho tiempo, en La Puerta, el comentario de las familias, y en forma reservada, por la fuerte represión que se desató sobre ellas, fue lo que significaba la casa nueva. La señora Ligia Burelli-Davila, en el cumulo de sus recuerdos, señaló: <<Una vez terminadas las labores de saqueo, aquellos hombres regaron gasolina y le prendieron fuego a la casa>> (Ídem); la hoguera duraría varios días.   

El mobiliario de la casa, tuvo un destino en la pira. Uzcátegui, no quería utensilios y trastos usados. La señora Burelli, en su relato incluyó: <<Entre los muebles, recordaba un arcón de roble donde el viejo guardaba los vinos. Nadie supo que pasó con eso ni con el resto de las cosas, porque el depredador convirtió lo que quedaba en una hoguera que duró tres días en apagarse. La casa construida en el pueblo con parte de ese botín, pasó dos o tres veces de dueño, antes de llegar a Rafael>> (Burelli, Ligia. Un día volver. Pág. 283. Caracas. 1992). La casa fue construida, al lado de la sede de la Jefatura Municipal,  y como cosas del destino, después de haber pasado por varios dueños, entre ellos el párroco de La Puerta, Padre Francisco José Verde, enemigo de los godos, llegó a ser propiedad de José Rafael Abreu, pariente por afinidad de los Burelli; es decir, regresó a la familia.   

Lo paradójico de todo este episodio, ocurrido en nuestra Parroquia en la segunda década del siglo XX, nos muestra la incidencia y fuerza del poder real, y su capacidad para no dejar piedra sobre piedra, demoliendo,  destruyendo, e inmediatamente crear y construir; pero también muestra, algo de ese sentimiento de venganza y el resurgir de algo nuevo, esa relación inveterada de pasado y presente. Así fueron las cosas, diría Oscar Yánez.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

lunes, 16 de mayo de 2022

Lucio Augusto Viloria, el maestro.


Lucio Augusto Viloria, el maestro.

Por Oswaldo Manrique.


Para 1907, los puertenses recibieron con gran alegría, la apertura de la primera escuela de primeras letras, en el área urbana de La Puerta, esfuerzo de un hombre preocupado por la formación cultural y la educación, se le conoció como don Lucio, fue su director y dio impulso a este plantel sin ayuda del gobierno.

Su nombre completo: Lucio Augusto Viloria, nació en un pueblo serrano del estado Trujillo, en el año 1859, lo que significa que le tocó vivir el tiempo violento de los caudillos trujillanos, pero a pesar de su férrea estampa, fue un hombre de serenidad ilustrada, con esa virtud dialogante, acompañada de muy buen humor. En los primeros años del siglo XX, forma parte del grupo de hombres y mujeres, que realizan el nuevo poblamiento de La Puerta, tras el destierro violento de los indígenas Bomboyes. 

Lucio Augusto Viloria, el maestro y director de la primera escuela de La Puerta.

Su porte de hombre educado, atento, bondadoso, solidario, de conversación fraterna y sabia, como lo describió Rafael José Abreu, en su cronicario,  <<su afán por aprender  y de su interés por las veladas de lectura abierta de los clásicos, entre ellos,  Los Miserables de Víctor Hugo y  Valle Negro de  Hugo Wast>>;  al morir, entre sus tesoros, más preciados se encontraron ejemplares de la <<revista El Cojo Ilustrado, de impecable impresión y contenido, editada en Carcas>>;  Don Lucio, se hizo familiar a los antiguos puertenses, cuando en la pequeña área urbana, apenas habían unas doce casas, la mayoría de paredes de tapia y techos de tablones y fajina,  que proveían los cañaverales. 

Lucio Viloria, es un personaje que se distingue por sus labores de agricultor, comerciante y también por su vocación como educador y su marcada espiritualidad y práctica católicas; en su diario, se encontraron  apuntes del acontecer y cotidianidad del pueblo y anotaciones sobre la construcción de la Capilla del Calvario o de la Santa Cruz de la Misión, de la que fue entusiasta promotor, y donde se llevaba cada Viernes Santo,  el Santo Sepulcro, en procesión. 

Quizás del ambiente hogareño, iluminado por sus padres, le provino el sentido amor por la educación, por el estudio de la historia y por las tradiciones y cultura andina. Por aquel tiempo lleva adelante iniciativas para el desarrollo de la naciente comunidad, fundó la primera escuela del pueblo, organizó junto al legendario  coronel Américo Burelli, las tradicionales festividades de enero de 1909, dedicadas al patrono San Pablo Apóstol y a la Virgen de la Paz, igual las tributarias a San Isidro, patrono de los agricultores. 

Casado con Elba Abreu de Viloria, vivieron en una casa ubicada en la avenida Bolívar, antes Calle Real de La Puerta, donde fomentaron familia. Fue esta residencia de los Viloria, centro de veladas culturales, lectura de textos de la literatura universal, declamación de poemas, organizan presentaciones dramáticas, musicales,  en fin, se fue constituyendo como un punto de la cultura para los puertenses. 

Lucio Augusto, era pariente de la destacada educadora Carmen Delia Viloria, quien dejó huella en la comunidad de La Lagunita, por sus enseñanzas y virtudes morales y sociales, en tributo a ella, la escuela de ese lugar lleva su nombre.

Por vía de sus evidentes conocimientos en diferentes disciplinas, incluyendo la política, el maestro Viloria llegó a figurar en la administración pública municipal; no fue el típico hombre audaz y trepador que se aprovechaba de la desinformación y el analfabetismo de aquella época, sino lo contrario, sin proponérselo por su dedicación a la escuela, a la cultura, a su actividad religiosa, y a los valores familiares y comunitarios, se hizo acreedor a los honores de la figuración pública. Así lo vemos cómo presidente de la Junta Comunal. En 1909, junto con el Coronel Américo Burelli García, llevaba las riendas del gobierno y los asuntos municipales.

A mediados de 1935, su agotado cuerpo comienza a dar señales de estar afectado de enfermedad, la que fue tratada por los médicos, pero que no pudo superar. Murió el 28 de enero de 1938, su partida de defunción, reza lo siguiente:

<<N°3.- Ramón Briceño Araujo, primera autoridad civil del Municipio La Puerta, hace constar que hoy día veintinueve del mes de enero de mil novecientos treinta y ocho, se presentó a mi Despacho, el ciudadano José Antonio González, mayor de edad i vecino de este Municipio i expuso que anoche a las diez posmeridien falleció en esta población, Avenida Bolívar Casa N° … el Lucio Augusto Viloria de setenta i nueve años de edad, casado, comerciante i vecino de este Municipio, que al tiempo de su muerte estaba casado con Elba Abreu de Viloria i según las noticias adquiridas aparece que el fallecido estuvo enfermo por más o menos tres años, bajo asistencia médica i que su muerte fue ocasionada por enfermedad mal definida. Los testigos presenciales del acto fueron: Pedro Manuel Rangel i Rafael Asuaje Rivas, mayores de edad i de este domicilio. Leída como le fue la presente acta al presentante i testigos manifestaron estar conformes i no firman por no saber. El Jefe Civil (Fdo.) Ramón Briceño. El Secretario (Fdo.) José Antonio González>> (Defunciones año 1938. Unidad de Registro Civil de la parroquia la Puerta).

Buen padre de familia, educador,  autodidacta, justo y prominente funcionario municipal, Don Lucio sigue vivo en el recuerdo de los hijos y descendientes de sus coetáneos paisanos, tanto por aquellas virtudes legadas como educador, que inculcó valores y principios morales, como por su condición de esforzado constructor de pueblo y fiel exponente de la tierra serrana.

La Puerta, mayo 2022


 


miércoles, 9 de marzo de 2022

La galopa de Cesáreo Parra, 1915.

 

La galopa de Cesáreo Parra, 1915.



Oswaldo Manrique

El joven y aguerrido Coronel, sentado en una butaca de cuero de vaca, sintió que malos augurios se le acercaban, cuando escuchó el sonido veloz de los cascos de una mula fina de algún cristiano amigo o compañero. Se calzó las polainas, tomó su revólver, se puso su lanosa carpeta encima, su sombrero y esperó a que terminara de llegar el desesperado jinete.



De Jajó a Palmira.

La mula a toda galopa, se deslizaba por entre riscos y empinadas montañas parameras, así como, por matorrales, arbustos y todo lo que pudiera parecer un mal paso. Andaba si se puede decir, por instinto y recuerdo, tenía sus años. Su jinete llevaba el apremio y el miedo a la vez, pues las condiciones políticas y militares que imponía Gómez el dictador, no le eran favorables; casi infranqueables, él iba con Dios y la Virgen, madre de éste. Conocía como la palma de su mano, el camino, sus ríos, quebradas, trochas, voladeros, zanjones, pasos, la maraña de pajonales, descampados de día y de noche, en lo claro y bajo niebla y lluvia.

Según nuestro dilecto amigo y colaborador Antonio Lino Rivero, hijo del maestro Martín Rivero, admirador del Coronel y amigo de Cesáreo, éste se encontraba en Jajó, porque fue a realizar diligencias en el sitio donde nació, y se quedaría el tiempo necesario. Aquel día, en la plaza del pueblo, después de saludar a viejos amigos de infancia y algunos familiares, se dirigió a donde el Jefe Civil del Municipio, pero ve un movimiento inusual de tropa del gobierno nacional y de policías. Llegó al Despacho, sintió una atmósfera represiva, cargada de olor a violencia, de cacería de hombre, que impedía respirar el aire en ese lugar y momento. Le preguntó a un conocido, la razón del operativo y le dijo el nombre de a quién iban a capturar y el sitio a donde se dirigía la tropa cazadora de hombres.

Cuando regresó a la plaza, se quitó el sombrero, se rascó la cabeza con preocupación, repitiendo en silencio el nombre de la presa de caza. Miró al cielo, como buscando una señal en ese momento de consternación interna. Sacó del bolsillo del pantalón la cajeta de chimó y se metió en la boca su peyita viajera. 

- ¡Mi amigo el Coronel! -pensó-. Y volviendo a mirar el rostro de aquellos “chácharos" infernales y bien armados con máuseres y rifles, buscó su briosa y pretenciosa mula, la montó, era buen jinete, ella comenzó a lucir sus hermosos pasos,  entonces su alterado dueño le dijo: - Apúrele ligero, que vamos pa’ Palmira avisar al Coronel. Una mula en ese tiempo, de acuerdo a las compras del general Araujo, podía llegar a costar unas doce morocotas. Mientras Cesáreo se retiraba al son del bello pasitrote del animal, los “chácharos", no le quitaron la vista, a su precipitada marcha.

 Era el año 1915, de entre el Zanjón de los Muertos, en la cima de La Mocotí salió Parra, por el pedregoso, angosto, sinuoso y empinado camino cercano a la Lagunita del Portachuelo, de allí surgió el jinete en una desesperada y ciega galopa. En él se notaba el amarillo de la tierra caminera, el sudor de la franela, junto al hambre y la sed de aquella larga carrera.

Entró en la casa de San Martín, buscó al Jurungo, padre del Coronel, conversó con él y salió rápido. Cesáreo entró a su casa en la Media Loma, buscó su carpeta de lana, algo de avío y continuó su apretada marcha. 

José Américo, estaba refugiado en la casa de su hermano Pedro Mario, en Palmira, << pues las fuerzas del gobierno lo perseguían de día y de noche>> (Rivero, Antonio Lino. Notas sobre Américo Burelli. S/N. En fotostato. Maracaibo. 2011).  El joven militar, se había convertido en uno de los enemigos más buscados por el largo y terrorífico gobierno de Juan Vicente Gómez, tras su levantamiento militar en la Sierra de la Culata y el sitio de Timotes, junto con otros oficiales, en lo que la memoria oral de nuestra comarca, llama “la guerra de los 15 días”.  

Cuando estuvo a punto de " tiro de cachito", el Coronel se dio cuenta quién era y desistió de disparar.  En efecto, la galopa, a pesar de su edad, no la sintió Parra, ni en lo físico, ni en el tiempo, eran momentos de preocupación por uno de sus amigos más admirado, en que el cuerpo se vuelve insensible, privilegiando el valor y el culto a la amistad, así lo aprendió y lo demostró, aún al costo de lesionar a su fiel animal.

Mula y jinete traspasaron la entrada de la finca y frenó en seco, en el patio. Se bajó de su fiel bestia que soltaba baba blanca en su pelambre,  y llamó al Coronel, quien lentamente al conocer la voz, salió a verle el rostro toteado por el sol y el viento, a recibirlo, aquella tarde de calor y frío. Era la figura con 58 años de edad, curtida, viril y alterada del buen amigo Cesáreo Parra. 

Cuando le informa que viene una columna de "chácharos" para capturarlo, entró rápidamente a la casa, y ordenó llamar a Pedro Mario, su hermano, poniéndolo al tanto, para la huida y evadir el cerco policial militar; también, o hizo con Umberto, su otro hermano, que andaban tras él para capturarlo, por estar involucrado en el movimiento de resistencia contra la dictadura. Con un gesto firme, le agradeció a Cesáreo aquel sacrificio de alertarlo frente a la cacería montada por el tirano enemigo. 

En la lacónica referencia de Rivero, apuntó que,  << De La Puerta, llegó un jinete (Cesáreo Parra), a todo galope para avisarles que venía una comisión para hacerlos presos. Los hermanos Burelli, tuvieron que salir huyendo por las montañas de San José de Palmira y Monte Carmelo>> (ídem); al no encontrarlos, la decepción la pagó un joven de La Puerta, José Antonio Pabón  a quien se llevaron detenido y amarrado, que trabajaba con Pedro Mario. 

Antonio Lino, agregó en relación a este hecho, que,  <<Dos días después llegó la tropa a la casa de doña Adela al mando del general Olegario Salas... alto y arrogante se adelantó y le dijo: - Señora, tiene que salir de aquí, necesitamos la casa para la tropa del gobierno>> (ídem); habían comenzado los saqueos a los bienes y fincas de los Burelli García. Evidentemente, Cesáreo le frustró la cacería a la Comisión del Gobierno, pero no, el ladronazgo.  

Parra, que lo vieron los militares en Jajó, sabía las consecuencias de su acción, montó nuevamente su mula, en rápida marcha se dirigió por un estrecho camino, y se regresó a su casa en Los Manzanos, donde lo esperaban con cierta impaciencia Mercedes su mujer y su familia. No estuvo seguro de su suerte ni de los riesgos que le venían, pero siempre estuvo pendiente de la suerte del Coronel. Así, logró salvar de la captura a ese caudillo pujante, en aquellos primeros episodios de la resistencia contra la dictadura de Juan Vicente Gómez.  

Otra versión de este episodio, que no varía en lo sustancial del asunto, es la de una pariente del coronel Américo, que escribió lo siguiente: <<Al pasar la comisión por Timotes, el padre Buenaventura Vivas –enterado de lo que sucedía- envió a un baquiano llamado Cesáreo Parra, conocedor de atajos por la montaña, para avisar a sus amigos que habían sido descubiertos y que gente del gobierno iba ya en camino para sorprenderlos>> Burelli Rivas, Ligia. Humo de higueras. Capitulo X. Pág. 66. Editorial Arte. Caracas. 1979). 

En la continuación de su relato, anotó: <<En la tarde de ese mismo día los hermanos conversaban en la casa con dos o tres personas más y algunos peones que se habían convertido en guardaespaldas, cuando vieron llegar a Cesáreo Parra fatigoso y asustado con aquella noticia>>.  Ante esta reunión y conversación, les dijo: <<-apúrense que ya los Nacionales deben estar llegando al pueblo –les gritaba el hombre impaciente para que el gesto de aquel gallardo Padre Vivas y su propio cansancio no resultaran inútiles>> (Ídem).

Después de la carrera, en calma, le dio el íntimo saboreo de un sentimiento de satisfacción, espumante, sonoro y altivo como las aguas del Bomboy, que llenó su estampa, al haberle cumplido de esa forma, al mozo comandante de la Sierra de La Culata.  Esta  bondadosa acción, de aquel jinete y su mula, fue tema obligado en las casas de las familias puertenses, incluso, las de Jajó y Palmira.

¿Quién era el hombre de la galopa?

El hombre de la galopa, es José Cesáreo (o Cesário) Parra Castellanos, quien nació en la población de Jajó, estado Trujillo, en 1857. Su padre José Francisco Parra, agricultor y su madre María Isabel Castellanos. Compartió los afectos y crianza en su hogar familiar con seis hermanos, Hipólito, Genaro, Juana, Felipa, Petronila y Paula Parra Castellanos (Datos suministrados por Antonio Lino Rivero. 2022); parte de la extensa familia Parra, de Jajó. 

Desde la batalla campal de 1892, convertido Jajó -patio propiedad del general Juan Bautista Araujo el “León de la Cordillera”-, en un campo de guerra, por los "ponchos y lagartijos", dejando centenares de muertos, según Fabricio Gabaldón,  quedó abandonado (Gabaldón, Fabricio. Rasgos biográficos de trujillanos ilustres. pág. 120. Edición Presidencia de la República. Caracas. 1993); las víctimas de los saqueos de los Araujistas, formaron grupos armados de venganza y recuperación de bienes, creando más zozobra y violencia. 

Esta localidad, donde los amigos en confianza se dicen "zambo", unos a otros, cuyos temas de conversa eran los gallos, las bestias y las sementeras, quedó desierta. La mayoría de los jóvenes huyeron, otros se ocultaron, algunos se unieron a los caudillos regionales y locales, que hacían justicia por su cuenta. Eran tiempos de mucha violencia y hambruna. Cesáreo, antes de esto, había tomado otro rumbo: hacia La Puerta, donde se comenzaba a reconstruir un pueblo, sobre el destierro de los indígenas.

Parra, en su búsqueda de nuevos horizontes, se vino a La Puerta, y comenzó a trabajar unas tierras de don Audón Lamus, un prospero hacendado y un sagaz y dinámico comerciante de la localidad y del occidente del país. Éste hizo una enorme fortuna, adquirió mucha propiedad inmobiliaria, que incluyó, el lote de terreno y lo que quedó del Oratorio de la Guadalupe de indios de La Puerta, que construyó el padre Rosario, de su propio dinero en 1827; Lamus  lo adquirió del señor Giacopini y su esposa, el 23 junio de 1922, lo que produjo innumerables leyendas y narraciones extraordinarias.  

Lamus, era propietario de la posesión denominada “La Media Loma”, alguno considera que esta era la antiquísima e indígena “Lomalla de Busandi”, camino a La Lagunita del Portachuelo; Lamus se entendió con Cesáreo y éste comenzó a hacerla producir. Las otras fincas de Audón, como  El Pozo, eran muy productivas con buen ganado lechero y producción de quesos; así, fue adquiriendo otras propiedades, que lo convirtieron en terrateniente y en el hombre más rico del pueblo, pero Cesáreo se la llevaba bien con Audón, y sembraba parte de esas tierras.

En la posesión del padre Rosario, donde levantó el Oratorio de la Virgen de Guadalupe de indios, con mucha sapiencia comercial inmobiliaria y con visión futurista, en 1922, este comerciante se va a vivir a ese zona, a la entrada norte del área urbana de La Puerta y establece su casa, allí mismo, con varias puertas en la fachada, abre su negocio de telas, ropa, zapatería, sombreros  y mercadería seca, como en los tiempos coloniales, mientras más puertas tenía el local, era señal de gran prosperidad. 

En el costado norte  y lado izquierdo del negocio, montó una bomba de gasolina, era la entrada del pueblo y del hotel. En el costado Sur, tenía un solar donde criaba gallinas, puercos, pavos, gansos, quedaba una casa abandonada,  que se presume era para dar posada a los peregrinos, y al final de este patio estaba el portón que da al zanjón de la caraota amarilla; este zanjón se lo vende al tiempo, al señor Carlos Jaeger, del Hotel Guadalupe, después que le vendió el terreno donde se construyó el hotel. Este sector, después fue llamado el “Topón”.

Al asentarse como productor y estando en un sitio, que le permitió trabajar las tierras de Audon Lamus, con el que mantuvo buenas relaciones personales y de negocios, por muchos años, conoció a una joven de la Media Loma, con la que contrajo matrimonio en La Puerta, el 13 de noviembre de 1897, la novia, su nombre: Mercedes Paredes, de 18 años de edad, hija de Francisco Paredes y de Casimira Hoyos. La novel pareja se residenció en la Media Loma, fomentaron familia, procrearon cuatro hijas: Luisana, Blasa, Teodora y Sixta, y cuatro hijos: Daniel, Humberto, Jesús y Ricardo; este último, murió en el 2012, a la edad de 110 años, en La Puerta. 

Allí, muy cercano al caserío donde le tocó vivir y trabajar, Parra conoció a un joven Coronel oligarca, habitante de la posesión San Martín, próspero hacendado y valiente guerrero, de nombre Américo Burelli García. Es bastante probable, que en 1899, cuando era seguidor del joven coronel Américo Burelli, participara bajo la comandancia de éste y del general Leopoldo Baptista, en la acción de La Mocoti, que salvó a las tropas oligarcas de ser despedazadas por los liberales, y posteriormente, haya acompañado a éstos, en la famosa División Trujillo, contra los banqueros de la “Revolución Libertadora” en 1903. 

El ocaso del viejo roble de los Parra.

En la década de los años 30 del siglo pasado, el legendario Cesáreo Parra, gustaba de alternar con sus amigos. La consolidada y demostrada amistad con los Burelli García, dejó al fallecimiento de estos, empatía con algunos descendientes. Cuando Regulo Burelli Rivas, que estudiaba en el Seminario de Mérida, y luego al cursar Derecho en la universidad de dicha ciudad, regresaba en vacaciones a La Puerta, el viejo Cesáreo, con más de 70 años encima, lo iba a visitar, a conversar con él. Se llegaba a  la casa del molino de trigo, aquel que fue movido por el agua de la acequia hecha de mampostería, donde conversó muchas veces con Américo y con Pedro Mario, alrededor de una ruma de arepas de trigo y el exquisito mojito, o en una tarde, para compartir una taza de la sabrosa postrera; esa residencia rodeada de árboles de pomarrosa, matas de durazno, moras, limonero y una de naranjón, ubicada en lo que hoy es la calle 4 de La Puerta y cercana al río Bomboy.   

Esa aura que seguía al poeta, la literatura, el arte, la lírica, atraía al viejo roble de los Parra, quien al enterarse de la llegada de su joven amigo, se acercaba a su casa, con algunos frutos de su huerta, y se los llevaba más que como ofrenda al amigo, como una manera de conversar y escuchar sus entretenidas disertaciones culturales y religiosas, o escuchar sus canciones y poemas o que le hablara del Eminentísimo padre José Humberto Quintero. Ada Abreu Burelli, lo evocó en una remembranza, así: <<el patriarcal Cesáreo Parra -ese viejo señor de la hermosa barba blanca y conversación pausada y sabia- traía desde Chucumbete, para agasajar al tío Regulo>> (Abreu Burelli de Rodríguez, Ada. Reencuentro con una infancia. pág. 83. En: Abreu Burelli, Alirio. Un valle, una aldea, un río. Caracas. 2007). Quizás para Cesáreo, de los Burelli de la segunda generación, quien tenía cierta semejanza ideológica con el Coronel Américo, fue Regulo, por eso, su predilección amistosa.

En nuestra investigación documental, localizamos el acta mortuoria de nuestro personaje, que consideramos importante y la compartimos a continuación.

Partida de defunción de Cesáreo Parra. Transcripción del original.

<<N° 36. Francisco Miguel Delgado, primera autoridad civil del Municipio La Puerta, hace constar que hoy veintitrés de octubre de mil novecientos cuarenta se presentó a este Despacho el ciudadano Ricardo Parra de veintiocho años de edad, soltero, agricultor, vecino de este Municipio y manifestó que ayer a las dos de la tarde falleció en el Caserío “Media Loma” de esta jurisdicción, su padre Cesáreo Parra, de ochenta i tres años de edad, agricultor y vecino de de este Municipio, quien al acto de su fallecimiento estaba casado con María Mercedes Paredes, vecina de este Municipio.-  de las noticias adquiridas aparece que la causa del fallecimiento fue de Fiebre y duró enfermo quince días y no dejó bienes de fortuna. Los testigos presenciales de este acto fueron Luciano Moreno y Bernardo Ocanto, mayores de edad y vecinos de este Municipio.- Leída la presente acta al presentante y testigos manifestaron su conformidad y no firman por decir no saber. El jefe Civil (Fdo.)Francisco M. Delgado. El secretario (Fdo.) A. Burelli R. >> (Libro de defunciones año 1940. Unidad de Registro Civil Parroquia La Puerta).

Cesareo, vivió siempre en la Media Loma, fue un campesino sin tierra, la trabajó toda su vida, conocido por la calidad de sus cosechas y por sus buenas acciones. En el año 1940, aquejado de una enfermedad que no pudo vencer, su bien ponderada familia y sus amigos, vieron apagar la señera vida del legendario Don Cesáreo Parra, el de la frenética y nacionalista galopada de 1915. Murió sin haciendas, y sin bienes de fortuna. El rescate y recuerdo de este personaje local, debe mantenerse en la conciencia de los puertenses, porque fue un varón ejemplar, de trabajo tesonero y honesto, buen padre de familia, y por su lealtad a la amistad, a los principios y valores humanos, y particularmente por su actitud en defensa de los intereses nacionales. 

La Puerta, marzo 2022.

Omanrique761@gmail.com

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