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martes, 9 de marzo de 2021

La mulata Mari, en el certamen de belleza

 

La mulata Mari, en el certamen de belleza 

(cuento infantil de La Puerta).


Oswaldo Manrique

Esto ocurrió una vez y fue tan excepcional, que los especialistas y estudiosos, lo siguieron comentando como un hito en la historia de los concursos de belleza,  fue el caso de Mari, la Mulata, nativa de La Puerta, estado Trujillo en Venezuela.

La concursante Mari, la Mulata, era de ese tipo de seres, que tenían la imagen de hembra perfecta, tanto en cuerpo, como de rostro, imagínense con el vestuario, tan exótico y exuberante que usaba;  pero en lo interno,  se la comía su fragilidad campesina y andina, era muy insegura, lo que le restaba fuerza a su participación con su belleza natural.

En los ensayos previos, al desfilar en traje autóctono, le fue bien, en el de desplazamiento, exhibió dinamismo, mas del exigido, y demostró en su recorrida, que andaba como cualquier superstar, más arriba de la pasarela; se sentía bella y en efecto, era bella.  En uno de esos ensayos, donde también hubo sesión de fotografía, la Mulata Mari, muy deshidratada, se desplomó de un árbol  y sufrió una aparatosa caída que le ocasionó serias lesiones, y le costó recuperarse, para poder cumplir el sueño de sus padres, ser la linda representante trujillana en el certamen de belleza más importante del mundo lepidóptero nacional.

Su cuerpo al desfilar, exhibió que era sumamente atlética, con ese color de piel hermoso, tirando a café, que combinaba con el blanco en el borde, tirando al amarillo, pero no eran colores para concursar, por eso recibió duras criticas por sus características físicas; en fin, no cumplía con los requisitos de una Miss, era muy redonda, rompía los estereotipos de la belleza, de la veleidad y la vanidad femenina.

Estuvo pasable, en líneas generales, desfiló bien, ante esas pantallas LED y los sofisticados enfoques de luces.  Sin embargo, lo que más destacó, fue su inseguridad en la entrevista, al responder la pregunta que le hizo el anfitrión del certamen, sobre cuáles eran sus planes para el futuro, y ella le dijo: - eso es incierto, nadie lo sabe en la naturaleza y en el ambiente. Eso le restó puntos, pensaron que vivía el día a día, sin metas ni proyectos, y menos que estaba pendiente del futuro; se consideró que había fallado estruendosamente,  pero para ella, fue el mejor momento del concurso, porque pudo expresar con toda libertad, algo que sentía y era una realidad, ante la intervención del ser humano para destruir el ambiente, los ecosistema, y el avance del calentamiento global. Sin dudas y aunque parezca contradictorio, eso fue una lección de vida, para que la Mulata Mari, siguiera viviendo sus sueños. Todos en el mundo, tenemos un sueño. 

Ese año, la gala, del Miss Mariposa, no se proyectó por la televisión, ni abierta ni paga, cambió y se celebró por internet, on line, en los portales electrónicos y las redes sociales, tampoco se transmitió por el portal de la belleza tradicional, ni de nuestra belleza latina. La joven Mari, la mulata de ensueño, fue el batacazo, quedó de Primera Finalista, la triunfadora fue la Mariposa Azul. El titulo se quedó en el centro del país.

Al llegar a La Puerta, le rindieron un gran recibimiento, en la Plaza Bolívar, fue un fraterno, emotivo y alegre acto, de los que en la comarca se tenga recuerdo. donde se congregaron: del Páramo,  los Frontino, bajaron con sus ositos; las marrajas lapas, con sombreros, desde los Aposentos; el paují con su corona real, envió una delegación especial desde Komboko; las paraulatas del Pitimay, todas con sus lentes oscuros, estuvieron rondando y sonando sus afinados trinos; los pericos del Xikoke; los gatos parameros de la Boca del Monte; las perdices del Molino de Mimbón; muchas abejas permisadas endulzando el momento; hormigas que llegaron del Alto de San Juan, bachacos se agregaron; los búhos con sus colirios, desde El Portachuelo; los rebeldes monos, que llegaron de la Zona Baja; tarde y a tiempo se presentaron los cachicamos y morrocoyes de Mendoza, en ligeras competencias; asistieron los rabipelados de las Delicias; seguidos por iguanas, chivos, ovejas de Carorita; conejos montañeros, báquiros de las Siete Lagunas y hasta algunas arañas emancipadas. Y como si fuera poco, volaron las mariposas amarillas, y la única mulata, era Mari; ese fue el juego de la diversión y el encuentro mágico, en el que estuvo presente lo más granado de la sociedad mágica y natural del Bomboy, baile, risas, bromas y tradiciones. Ese día, La Puerta, se engalanó con todas estas representaciones, en el homenaje a la Mulata Mari, reina de las mariposas.  

La Puerta, marzo 2021.

Omanrique761@gmail.com

sábado, 6 de marzo de 2021

Doña Paraulata regañona, volvió a twitear


Doña Paraulata regañona, volvió a twitear 

(Cuento infantil).


Oswaldo Manrique.


Tanto cuidarlos, tanto amarlos, casi al borde de desgarrarse en cuerpo y alma por ellos, capaz de cortarse su bella cola si era necesario, lo que la llenaba de inmensa alegría, para que un día le produjeran la mayor de las tristezas. Esta es la historia breve de Doña Paraulata regañona. Sus amigas comentan que es así, de fuerte carácter, por ser oriunda del Páramo. Acostumbra a usar unos lentes gruesos oscuros, que la muestran de muy mal genio y contrastan con su plumaje grisáceo y el pecho blanco; pero lo cierto es, que es muy cariñosa y de un canto prodigioso, que lo combina con el trino de otros pájaros, como el Cristofué, al Paují, o la vecina Urraca; doña paraulata es imitadora y guasona, con eso entretiene a sus familiares y amigos, y también ríe ella. Es una hermosa pájara  cantora y burlona, no hay un canto mas armonioso en todos los páramos, ni sobre los techos, ni en los arboles de La Puerta, por eso, a los paraulatos machos, les llaman: zorzales; sin duda es único, como único es su enorme cola ceniza, porque ella toda, mide apenas unos 20 centímetros.

Luego de incubarlos, se dedicó a cuidar a sus cinco pichones, con mucha responsabilidad, celo, que era felicidad para ella. Les había construido, una de las mejores viviendas de La Puerta, estado Trujillo, en forma de alto cáliz religioso, con paredes bien trabadas con aromáticas ramas de bledo, romero, naranjo, guayabo, dentro de un tupido y tranquilizante arbusto de toronjil, hogar que no podía ser más sano y adecuado, como sitio de vida. Allí, les llevaba el alimento, que eran bocados variados para su dieta; ella, seguía comiendo las semillas que ponían en el muro de tapia, y las naranjas y las guayabas de los arboles de la casa del “dotor” de la Calle 2, cerca del río; esa era su dirección de residencia. Crecieron felices los pichones, cuando le abrían los picos amarillos por fuera y rosados por dentro, pidiendo comida, ella inmediatamente, los acurrucaba y los arrullaba cantando su particular ¡crihssssss! ¡crihssssss! ¡crihssssss!

Un día, se fueron los paraulaticos, eran ya unos “tarajallos”. Sí, los cinco pichones consentidos y contemplados de doña Paraulata, se marcharon y la dejaron sola. La vieja pájara, estaba tan triste y melancólica que se sentó en un ramal del guayabo, a puro llorarle al firmamento celeste del abra de la Sierra de la Culata, esperando la suerte de volverlos a ver. 

Solo hablaba con el Bomboy, el río mágico y  benefactor de los habitantes de La Puerta; está raquítico y viejo, pero era su confidente y lo respetaba por su bondad y sabiduría. Fue a tomar de sus aguas, y éste al verla triste, le preguntó -conocedor por sufrir a diario el  abandono de sus hijos-, ¿y a vos qué te pasa? Ella simplemente le dijo: - ¡Se me fueron los pichones! El río, con su afecto paternal, la calmó: - Quedáte tranquila, te voy a quitar esa tristeza. Tome tantica agua, cierre los ojos y descanse. 

Al rato, doña Paraulata regañona, le hizo caso, pasó a la otra ribera, se quedó allí, y adormecida tuvo una visión maravillosa. Vio a sus cinco hijos, crecidos, volando por tierras y tejados lejanos, se veian alegres y dedicados al canto, se habían convertido en el conjunto rítmico “La Rondalla de los Peralta”, con muchos éxitos en el firmamento musical de las aves universales. Esto le dio una inmediata alegría y desahogo, y logró despertar feliz del sueño encantador. Y como por arte de magia, se puso a cantar como le hacía a los pichones, con sus twiter del ensueño maternal.       

Doña Paraulata regañona, nuevamente alegre, volvió a twitear. Y asi, apreciado amig@  este cuento se acabó, pero comienza el tiempo de contar el tuyo.

 La Puerta, marzo 2021.

Omanrique761@gmail.com

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