Mostrando entradas con la etiqueta Los Aposentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los Aposentos. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de octubre de 2023

Don Eulalio Ruz, con el "progreso" en el rejo.

Don Eulalio Ruz, con el progreso en el rejo (*).

Por Oswaldo Manrique. 


A partir del  mes de junio de 1891, se plantaron sobre el Valle de La Puerta, las crueles botas de los poderosos hacendados y gamonales, ante las inermes y sorprendidas miradas de sus ancestrales propietarios: los Bomboyes; plantón, fruto del indecente maridaje del poder y la alevosía.   

Fue un Coronel de notable barbarismo en los combates en que participó; la mayoría durante las revueltas fratricidas de los Araujo y Baptista (ponchos),  adversando a los llamados “lagartijos” de tendencia liberal. Su bien ganada fama de hombre fuerte, hizo  captar  el respeto de los terratenientes y oligarcas de la región, aparte de los destrozos y pillerías de las montoneras de aquellos años, que quedaron en el recuerdo de la tradición oral, en esas mezclas de política post procerato, saqueos y matanzas. Los caudillos, figuras presentables, se caracterizaban por ir  bien trajeados, con cordobanes y polainas, finos tirantes, faltriqueras con morocotas, pero algunos, cargaban además, un elemento que representaba el respeto: el rejo.  Uno de ellos, Eulalio Ruz.


Avanzada la segunda mitad del siglo XIX, Eulalio Ruz, presenció  cantidad de hechos bochornosos y sangrientos y en muchos de ellos, participó; eso, le fue labrando su misterioso destino. Sus propias montoneras cuchicheaban con horror, pasados los años, los momentos de persecución a los vencidos y las llamadas “carga a machete”. Es parte de la historia de la barbarie, en una época en que se construía la República Liberal, bajo la égida de los hijos y descendientes de los próceres independentistas.

Los primeros Ruz que se avecindaron en tierras del occidente venezolano, lo hicieron a mediados del siglo XVIII, de origen Al andaluz (Andalucía, España), fueron hacendados en los pueblos del Sur del Lago de Maracaibo. Ligado a la lucha política, uno de ellos José Domingo Ruz,  fue Rector de la Universidad de Caracas, y diputado godo por Venezuela ante la Corte de Cádiz (Reino de España). 

Los que se enraizaron en La Puerta, se ubicaron en un sitio denominado Los Aposentos, colindante con Timotes de Mérida, en la Serranía de La Culata. Como el nombre indica, es un bonito y fresco lugar, algo retirado, cuyo boscoso paisaje lo hace placentero para vivir y hasta para trabajar la agricultura.  Allí, José Ysidoro Ruz, fundó su familia con María del Carmen Moreno de Ruz  “Carmelita”, procrearon varios hijos, entre ellos, el que sería Coronel  de montoneras Eulalio Ruz, a Francisco Javier Ruz y al que sería con el paso de los años,  el legendario  general Sandalio Ruz. Su familia estuvo dedicada a la agricultura y a las revueltas y revoluciones,

Eulalio Ruz Moreno,  nació en 1851, en Los Aposentos, lugar bajo la jurisdicción de Timotes, pero de agregación social, económica y cotidianidad compartida con la población de La Puerta. Estudió en su hogar y en la escuela rudimentaria de primeras letras que se estableció en la serranía, donde obtiene las iniciales luces y su fina escritura. Como todos los Ruz, se formó para la ocupación de agricultor, comerciante y jefe de montoneras.   


La familia Ruz Moreno.


Los Ruz, cultivaban una extensa heredad en un lugar hermoso llamado Altamira de Garabulla, también tierras en Los Aposentos, en La Mocoti, en El Portachuelo, en las cercanías de La Puerta y de Timotes, con enormes trigales y leguminosas de fácil comercialización, tierras  que fueron adquiridas por el viejo Ysidoro Ruz, padre de esa estirpe guerrera en la que destacan Sandalio, Francisco y Eulalio el mayor de los hijos. Componían aquel lugar mesetas de cría, ovejos, vacas y bestias de carga. Eran las posesiones de los Ruz, así se lo conocieron y se le siguen conociendo. Don Eulalio, de mediana estatura, fornido, de piel tostada por los rayos del inclemente sol montañero, se fue formando un carácter agreste, fuerte, autoritario, quizás por ser el mayor de los hermanos Ruz Moreno. Todo lo contrario, era Sandalio hombre delgado, alto, risueño, conversador, altivo, solidario, justo con su peonada, con los parceleros y arrendatarios en las cuentas del trigo, la arveja, la cosecha y los animales. A éste, lo respaldaban con furor no solo en las labores, sino que cuando los convocaba o se oía la cabalgata de los zarcilleros del lago de Maracaibo, desenterraban las armas y estaban pres,tos a sumarse a la revuelta y revolución de su taita Sandalio. La mayoría conformaban su parentela familiar, los Moreno, Carrizo, Rivero, Paredes, Parra, González y otros más. 

 

Las heredad de los Ruz. Los complicados y enrevesados caminos de los Ruz.

 

Ubicamos las tierras y posesiones de los Ruz, en un conjunto de montañas de la Cordillera de La Culata, cuyo punto central llaman Los Aposentos. Alrededor de él encontramos Malpica , los Pabones, la Mocoti,  también la Cañada, Altamira de Garabulla, siendo su acceso más usado y más adecuado el que parte de la población de La Puerta desde el caserío La Flecha, llegando a La Lagunita y de ahí buscando la vía Los Aposentos, donde se puede llegar a Malpica y se llega hoy a Garabulla; cuando decimos un conjunto de caseríos y montañas es porque precisamente una de las características de esta zona tanto  para entrar como para salir, es el tramado de caminos, que solo los que nacen, crecen y viven allí, pudieron conocer en su totalidad. Esto lo decimos con seguridad porque los Ruz rebeldes, cuando se sublevaban e iban los contrarios en su persecución, no había manera de capturarlos, por ese  conjunto de caminos que sirvieron como suerte de salida de escape, de huida para todos los montoneras de los Ruz, lo que fue labrando un tejido de historias y leyendas que conserva la memoria oral. (Conversación con Carlos Ruz, La Puerta, 13-8-2023).  En definitiva la línea imaginaria que divide o que hace esta zona subordinada a la jurisdicción en Mérida, no coincide ciertamente con la relación real y la vinculación y agregación histórica de las comunidades de este sitio, con las de La Puerta. 

 Por aquellos angostos, grises e inclementes caminos, solo se oían los cascos de las mulas de los Varones de la Sierra de la Culata, alzando el reguero de polvo tras las bestias. Por allí, por un sendero indígena conocido como La Mocotí, cuenta la historia, pasó Bolívar en su Admirable Campaña, el “Cabito” Castro con sus tropas y su bandera de Revolución Restauradora;  también pasó el beato José Gregorio, con su traje azul oscuro y su maletín de cuero; igualmente, un camino ineludible para aquel joven universitario de nombre Mario Briceño Yragorri. Los troperos de Sandalio, Francisco Javier  y Eulalio, hoscos, de fea estampa, armados con filosos machetes, andaban en esos parajes al cobijo de esa aureola de tierra plomiza que atemorizaba a cualquier cristiano. 

En la década de los 80 del siglo XIX, en la Sierra de la Culata, solo se le tenía temor a esta montonera, a raíz de la llamada por la historiografía liberal, la “Revuelta de Sandalio” que fue  <<un movimiento revolucionario que acaudillaba Sandalio Ruz, quien por ser enemigo de los González (liberales o lagartijas), en su primera aparición se vino al Burrero a saquear el respetable hogar; y fueron los libros científicos, los instrumentos de cirugía y todos los aparatos que el joven médico trajo de Francia, el botín de aquellos salvajes>> (Gabaldón , 25); era la revancha por las atrocidades y saqueos cometidos por el gobernador Emigdio González, jefe de la “Gonzalera”, en las posesiones familiares de los Ruz y las de otros conservadores. 

Gabaldon de tendencia liberal, apuntó que la acción de Sandalio fue tan traumática para los González, que <<La monstruosidad de tal horda decepcionó al Dr. Manuel (González), y en protesta abandonó la profesión para dedicarse...a las intrigas de la política>> (Ídem), igual cambio adoptó el Dr. Rafael González Pacheco, quien se convertirá en los años siguientes en jefe de los liberales trujillanos. 

De los varones hijos de Ysidoro y Carmela, Eulalio era el mayor, luego le seguía Francisco Javier y el más joven Sandalio quien salió con la misma arrogancia y valentía, sobresaliendo como uno de los Varones de la Sierra de la Culata en los sucesos nacionalistas de comienzos del siglo XX. Estos hermanos, tuvieron fuertes diferencias, fueron dos personalidades totalmente antagónicas en sus ideas y en sus acciones. Sandalio libre pensador nacionalista frente a Eulalio de ideas conservadoras, además éste, reservado calculador, amasador de fortunas, Sandalio era un hombre sencillo, abierto y directo, justiciero en cuanto a sus sentimientos sociales, los indígenas que lo acompañaban en sus revoluciones y revueltas, eran las vivencias que fueron transmitidas por la memoria oral. 

Diferenciados en su actividad personal, esas diferencias también se expresaron en acontecimientos emocionalmente internos para la familia, inclusive, ambos decidieron construir sus viviendas o casas de habitación en sitios alejados uno del otro, y se mudaron Eulalio en Altamira de Garabulla, en una enorme casa tipo galería y Sandalio en una casa campestre en el sector de La Cañada. Conflicto este, que se transmite de generación en generación, según Carlos Ruz, nieto de Francisco Javier, se fue manifestando a lo largo del tiempo entre los Ruz.

A Sandalio se le calificaba enemigo del progreso, sus ex compañeros conservadores, lo hacían para justificar el despojo de las tierras indígenas, para que llegara el progreso económico en La Puerta.  En la denominada "Guerra de los 15 días", del año 14, Sandalio se alzó contra la dictadura gomecista y contra la venta del país y la rebatiña de las concesiones mineras y petroleras. Luego, resolvió su problema con la dictadura, y se dedicó a sus actividades privadas.


El desalojo indígena en La Puerta.  La ruptura con su hermano el general Sandalio. 

Alrededor de 1890, cuando se construía el ferrocarril de La Ceiba- Motatán, un grupo de hacendados, entre ellos Eulalio Ruz, guiados por el conservador oligarca Leopoldo Baptista, desarrolla el plan de despojo de tierras que pertenecían a los indígenas de La Puerta, sobre lo que no estuvo de acuerdo Sandalio Ruz (Conversación con Carlos Ruz, nieto de Francisco Javier Ruz. Enero 2023). Eso representó ciertos derechos para Eulalio, en este plan y le fueron adjudicadas tierras indígenas. Su hermano Francisco Javier, también Coronel de montonera, aparece como  uno de los 55 beneficiarios de tierras señalados en el Juicio de Partición de las Posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta; sin embargo, Francisco Javier Ruz (1849-1919), nunca tuvo casa ni solar ni tierras en La Puerta. Induce a pensar que representó a Eulalio, en esta repartición. 

El grupo de ambiciosos terratenientes, comerciantes nacionales y extranjeros, y gamonales de Montecarmelo, Mendoza, Valera, Timotes, Jajó y Pueblo Llano, pregonando que las tierras de La Puerta tenían que servir al progreso de la agricultura y el comercio del Valle y de Trujillo, y para emprender un nuevo poblamiento con gente nueva y con extranjeros, sacando a los indios que solo se mezclaban con otros indígenas, lo que representaba un atraso y pobreza, se ingeniaron  un plan legal y judicial para despojar las casi 2 mil hectáreas de tierras de la pequeña Comunidad Indígena Bomboy, ubicadas en las Posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta (una parte es lo que hoy constituye el área urbana de La Puerta). Lo que lograron mediante un fraudulento Juicio de Partición, produciendo además, la extinción de dicha comunidad víctima y borraron su existencia histórica, cultural, espiritual y física. 

La familia Ruz, con importantes posesiones en los Aposentos, Altamira de Garabulla y Timotes, vio con extrañeza que Eulalio, el mayor de los varones, se uniera a este plan, y fuese quien con su montonera, asumiera la responsabilidad del desalojo de los indios, mientras otros, les quemaban y destruían las viviendas, lo que duró varios años. Como consecuencia de esto, su hermano, el coronel Sandalio Ruz (1856-1929), rompió las relaciones personales con el hermano mayor, y le quitó el respaldo político y militar (Conversación con Carlos Ruz. 2023).  Sandalio, no podía estar de acuerdo por  una razón principal, cuando  arremetió con sus montoneras contra la estancia y haciendas de los González "Lagartijos",  además del saqueo de tierras a los hacendados de La Puerta, fue que el Dr Emigdio González, le quitó malamente las tierras a los indígenas del Burrero; siendo así, cómo le iba a avalar a Eulalio, lo de La Puerta.

En aquel tiempo no era Eulalio el hacendado, sino un  legionario que subrayaba sus miserias con la amenaza de la muerte y por crueldad, con él llegarían los hacendados y gamonales a la extinción de la comunidad indígena Bomboy.  Ante aquel hecho doloroso, Sandalio no volvió a pasar por La Puerta, ya sus conocidos indígenas, habían desaparecido. Eulalio, comenzaría a construir  sus casas para allí vivir. ¡Qué distintos eran los hijos de ¡Carmelita Moreno! 

En los tiempos del sibilino juicio de partición de las posesiones indígenas, es decir, en 1892, los hermanos Ruz, participaron bajo la comandancia de los Baptistas y Araujo, en la Batalla campal de Durí-La Mocoti-El Portachuelo, donde fueron derrotados por los liberales; pero, seguían teniendo el control y la influencia en los pueblos de la Cordillera.   

La pacificación de La Puerta.

Para sus socios del plan de despojo de tierras indígenas de 1891, como para los que iban a imponer su autoridad, suponían que él, representaba la fuerza, la tiranía, el abuso, la injusticia, el despotismo, la tortura, la violencia de un caudillo opresor, él lo resumía todo. Era su responsabilidad, porque Eulalio Ruz no era ignorante, ni vulgar, ni analfabeto, ni tonto, tampoco un fanático y menos aún, estaba en estado de pobreza. Controversial sí, quizás atrabiliario o aventurero, también.

No fue una labor fácil, a finales de siglo XIX. Luego del efectivo desalojo y la quema y demolición de las viviendas indígenas, los nuevos vecinos, comenzaron a construir sus casas. Abriendo el siguiente siglo, tuvieron que hacer rondas de vigilancia en las noches recorriendo las calles y protegiendo las pocas casas, contrarrestando las tentativas y acciones de los que habían sido despojados de sus tierras, quienes hacían sus necesidades fisiológicas en las entradas de las casas y zaguanes o lanzaban piedras sobre los techos y ventanas, que insistían en que les devolvieran sus tierras. En esas guardias, participaron los hermanos Lamus, Chuecos, Carrasquero, Araujo, Abreu, González, y los italianos, que cuando no podían mandaban un macoreto, un aconchabado o alguno de sus peones. Esta situación dio pie, al tejido de cuentos y leyendas de espantos y aparecidos de La Puerta, que conserva aún la memoria oral y que algunas han sido reseñadas por la historiografía, como parte del folclore de este pueblo desolado y misterioso (Aretz). Repoblado el sitio, ellos, se convirtieron en las autoridades civiles, judiciales y policiales del nuevo Municipio. La guardia, la dirigió el coronel Eulalio Ruz. 

En 1895, es designado jefe civil de La Puerta.

En tiempos del gobierno del general Joaquín Crespo, en el que se impuso una política de equilibrio entre los “ponchos y lagartijas”, se designó al general Rafael Reyes Gordon, en 1895, como Gobernador del estado Trujillo. Este nombra a su vez a Eulalio Ruz, como jefe civil y autoridad policial de La Puerta. A pesar que estuvo en los primeros tiempos al frente del gobierno municipal, cuándo fue sustituido, de hecho, la autoridad seguía siendo él,  el caudillo con el respaldo de los peones de sus fincas y algunos parientes, además del apoyo político que tenía de los oligarcas trujillanos. Ese año, se concluía la obra del Gran Ferrocarril de La Ceiba, que llegaba hasta Motatán, lo que le daba impulso y motivación a que las mejores tierras que estaban en este Valle, se pusieran a producir.

Si bien anduvo armado de su revólver, nunca dejaba de llevar el rejo, que también se le llama “Chucho”, lo portaba en sus manos y solía propinar fuertes latigazos al que se le alzara, lo que mantenía a la gente siempre cohibida y temerosa; no dejaba de ir a rezar en las tardes al templo de San Pablo Apóstol.  

Al igual que los otros hacendados, ocupó y cultivó amplios lotes de tierras en el Valle indígena del Bomboy, que puso a producir, obtuvo buenas cosechas y le dio buenas ganancias.

En las noches, sentado en una silla de cuero de becerro, el Coronel, leía la prensa que le podían proveer las circunstancias, meditaba, un hombre en su soledad. Custodiado por uno de su sequito de seguridad o algún familiar, el acoso que producía la acción de los indígenas despojados, y la sorpresa, convertían aquella responsabilidad en permanente vigilia, que solo se tranquilizaba con la aparición del sol. En la mañana, se levantaba con cierta serenidad, tomando su rejo de cuero duro  y dando órdenes firmes, reiniciaba sus actividades.

Las casas de Eulalio Ruz en La Puerta.

Cansado de guerrear y del ejercicio de la autoridad civil y policial, se retira a sus actividades privadas. En 1905, vive en una amplia casa, en la antigua Calle Real de La Puerta, luego avenida Bolívar, quedó asentado asi: <<18. Don Eulalio Ruz, natural de Timotes, estado Mérida>>; aparece en el inventario de Las casas de La Puerta y sus habitantes (Año 1905), de José Rafael Abreu. Este inmueble, colindaba con la llamada “La Casa de la Fragua”, donde además de los hornos, se hacían  trabajos de latonería y herrería, carpintería, peluquería, era también sede del Tribunal, la oficina de venta de papel sellado y estampillas; de vez en cuando se convertía en espacio de pulpería (Abreu, 119); casa que estaba a pocos metros de la Iglesia. Don Eulalio, fue un católico que iba a rezar todos los días que podía al templo de San Pablo Apóstol.

Asimismo, tuvo otra casa en la parte sur: <<23. Don Eulalio Ruz (esquina del terreno que hoy ocupa la Escuela de Música)>> (Abreu Burelli, Alirio. Un valle, una aldea, un río. pág. 202. Caracas. 2008), vecino a la casa del maestro Lucio Augusto Viloria y familia, y la de los Abreu. Es uno de las personas, que sin ser indígenas, fueron privilegiados y nuevos pobladores del área urbana de La Puerta.  Su hermano Francisco Javier, también Coronel de montonera, aparece como  uno de los 55 beneficiarios de tierras señalados en el fraudulento Juicio de Partición de las Posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta; sin embargo, Francisco Javier Ruz (1849-1919), nunca vivió ni tuvo casa en este Municipio. Induce a pensar que representó a Eulalio, en esta repartición. 

El tiempo de los caudillos y gamonales, aun se mantenía.

En  mayo de 1898, siguiendo instrucciones de los Araujo-Baptista, Eulalio bajó a Valera  y se unió con su tropa, a las de los Burelli, los Palomares, donde se reunirían todas las fuerzas que apoyaban al Mocho Hernández, jefe de la revolución nacionalista. Llegaron a Motatán, se montaron en el ferrocarril y bajo la jefatura del general José María Baptista, llegaron a Sabana de Mendoza, en donde hubo una espeluznante batalla campal, triunfando los macheteros de nuestra Cordillera, sobre las fuerzas del coronel Pedro Jugo Padrón, en la campaña nacionalista (Crespo, 53). Días más tarde, el 6 de junio de 1898, se desarrolla otro encuentro letal, en el que los partidarios de los ponchos Baptista-Araujo, bajo el mando del “Chato” Briceño, son derrotados nuevamente en Jajó, por los liberales, comandados por el general Montilla Petaquero (Crespo, 53). Eulalio, volvió a morder el polvo de su Cordillera natal.          

¿Cómo era La Puerta en 1899, bajo la orientación y vigilancia de Eulalio Ruz?

El general Perfecto Crespo en sus Memorias de un Soldado Trujillano, nos describe en forma sencilla y sentida, lo que era La Puerta, para aquel tiempo <<En la tarde de ese día 29 de julio (1899) acampamos en el Municipio La Puerta, en aquel lugarcito, al pie de los páramos, me tocó el turno de hacer vigilancia y servicio con mi guerrilla en la Esquina Noroeste de la Plaza. Fue una noche terrible por el frío; el sargento Abdón Espinoza me decía: “Mi teniente, si así seguimos voy a amanecer con los dientes pelados”. Al fin después de una noche sin abrigo…Puse mi gente de pie…. Seguimos ese día nuestro desfiladero, contemplando aquellos parajes llenos de luz y colores, el sol mañanero acariciaba con la bendición de sus rayos aquellos trigales. Tal o cual gañan dejaba el arado solo por la presencia de los grupos armados. …trepamos la cuesta de La Mocotíe, que nos rememoró, con su desfiladero agrio y su mudez heroica, el drama del mes de abril de 1892>> (Crespo, 62). Eulalio y su tropa, habían abandonado el pueblo, para irse a la guerra. Un lugar íngrimo y ermito.  La última expresión de Crespo,  se refiere a la batalla de La Mocotí-El Portachuelo, donde triunfaron los liberales sobre los oligarcas, bastión este, al que pertenecía Eulalio Ruz.

El férreo Coronel Ruz, con casi 60 años de edad, sintió que su tiempo en La Puerta llegaba a su final. Además, sentía miedo de ser sorprendido, y en la soledad de su vivienda, por momentos se armaba con su  apreciada  escopeta, fortificándose y observando la calle real tras la ventana. Entre los bucares, guaduas y alisos, transitaba por el pedregoso camino paralelo al río Bomboy, donde podía permitirse como único jinete, una ruda y delirante galopada.

Abandona La Puerta, la nostálgica marcha hacia Timotes.

Al concentrarse el poder político y militar en manos de Juan Vicente Gómez, desarmando y desarticulando las montoneras locales y regionales, Eulalio abandonó La Puerta. El general Gómez, durante los primeros años de su gestión, logró la creación de un solo ejército, y la centralización del mando en una sola persona: Juan Vicente Gómez. Solo él mandaba en todos los lugares del país. La Puerta, uno de los pueblos de mayor resistencia y oposición a su gobierno, había sido neutralizado por hombres como Eulalio Ruz, a quien le decían Coronel.  

En 1910, Don Eulalio realiza la marcha que venía meditando en los años previos.  Al llegar a los Pozos, pasó a contemplar el valle que se extendía a lo largo del Bomboy, pero no era algo que mantenía su atención, ni le producía nostalgia. Sentía cierto fastidio, y además, las cosas pasaban tan rápido con la cabalgada que apenas tenía tiempo para recordar lo que abandonaba. Sobre el lomo de "Safrisca" su mula consentida, la que no lo abandonaba; se mudaba a otro pueblo en el que se sentiría más cómodo y podría olvidar, lo que realmente era y fue: el hombre del rejo escarmentoso y violento.

Como él, gran parte de los que participaron del despojo, vendieron las tierras indígenas, hasta el cura  José Asunción León y su hermano Lucio, vendieron, dizque no se podía con los espantos y eso era asunto de exorcistas. Pocos de los adjudicatarios se quedaron a consolidarlo como pueblo. 

La Puerta, continuará con su rumbo al progreso con otras gentes que llegaron de otros lugares, con ansias de trabajar y progresar, con otras visiones de sus nuevos caudillos, con sus virtudes y debilidades, sus creencias, tratando de superar sus dificultades colectivas. 

Aunque se mudó para Timotes, el Coronel mantuvo la casa de corredores en Garabulla. La cultura colonial de los Ruz, se expresaba en la calidad y diseño de sus viviendas, casas de tapiales, paredes blancas, techos de tejas, pisos de arcilla, con acceso a lo interno para las distintas bestias de silla y de carga, además de una pequeña plaza de secado, encuentro y fiestas.  

De temido gamonal gomecista, se transformó en Don Eulalio Ruz.

En 1911, se encuentra residenciado en Timotes, y establece ahí su centro de negocios; asimismo, se va vinculando a las autoridades y personalidades de poder  de dicha población, que lo respetaron, ya que iba precedido de su fama de  afecto a la dictadura gomecista. En este año, el padre Buenaventura Vivas, da inicio de los trabajos de construcción del templo de Timotes.

En el año 1914, quedó inscrito como uno de los más importantes colaboradores de la Iglesia, pues costeó el 4° Arco de la Basílica Menor Santa Lucia, obra impulsada por Monseñor Vivas, a quien le gustaba mucho el dinero. Cuando Don Eulalio se mudó a Timotes hace gran amistad con él, porque coincidían en algo: amasar y contar morocotas y quién le colaboraba en la construcción de la Iglesia lo libraba de pecados.  Este Monseñor, fue dueño de la Compañía de Luz Eléctrica y de la de Teléfonos de Timotes, de la cual tuvo concesión por 25 años.  Eulalio en Timotes, vivió solo con su personal doméstico, dedicado a su actividad comercial y a la Iglesia y era muy respetado por las autoridades porque se le tenía como un personero de la dictadura gomecista.

En el arco número 4 del templo, se puede leer lo siguiente: “Costeado por el señor Eulalio Ruz; ya no se hace llamar Coronel. Posteriormente, en 1921, financia el Altar Mayor de esta basílica, lo que quedó asentado <<en uno de los escalones se puede leer "regalado por Eulalio Ruz, 1921"; y en el ala derecha del mismo, la misma inscripción: "regalado por Eulalio Ruz, 1921>> (Espinoza, 145).  Con estas colaboraciones económicas, se fue ganando la indulgencia de Monseñor Vivas y la simpatía de la gente, mientras seguía amasando dinero, su actividad comercial lo convirtió en un hombre sumamente rico y esto, además, le iba granjeando la fama de un buen ciudadano de dicha población. 

En casa de su pariente Ricardo Ruz, en Altamira de Garabulla, estaba la central telefónica, de la CA Teléfonos de Timotes, que regentaba el padre Buenaventura Vivas. De esta central, se podían comunicar con varias poblaciones trujillanas y merideñas aledañas. Mencionan que también sirvió para dar estabilidad a algunos personeros leales al Dictador, al poder controlar las andanzas y conspiraciones de los caudillos opositores, y dar apoyo con fuerzas militares y policiales del gobierno.

Entre 1895 y 1905 fue de hecho, don Eulalio Ruz el pacificador violento que con la soldadesca de los hacendados y gamonales, autorizados por el gobierno regional logró desaparecer todo vestigio de la comunidad indígena Bomboy de La Puerta.

Eulalio, tenía mucha tierra en los Aposentos, en donde sembraba trigo, maíz, arveja y papa y además, como fuerte comerciante, compraba cosechas enteras en el sitio a distintos agricultores, las cuales comercializaba con Timotes, donde tuvo su casa principal de negocios; de Altamira de Garabulla a Timotes se echan 4 horas caminando, algo menos en bestia. 

Entre 1891 y 1910, fue de hecho, Eulalio Ruz el pacificador violento que con la soldadesca de los hacendados y gamonales, autorizados por el gobierno regional logró desaparecer todo vestigio de la Comunidad Indígena Bomboy, de La Puerta. A eso, debemos agregar que en el contexto del repoblamiento de La Puerta -sin negros y sin indios-, como proyecto oligarca de 1890, este antihéroe con sus virtudes y fallas, con sus cuestionadas acciones y ambiciones, conducta generalizada en los gobernantes y caudillos de aquel tiempo, fue una de las figuras destacadas entre los años finales del siglo XIX y los comienzos del siglo XX trujillano. 


 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com

La Puerta, octubre 2023.

 

sábado, 28 de enero de 2023

Lorenzo Ruz, un audaz inventor.

Lorenzo Ruz, un audaz inventor.


Por: Oswaldo Manrique.

En la actualidad se les conoce como innovadores; en el siglo pasado se les llamó inventores, aquellas personas que por voluntariedad y por deseo personal se dedican a crear o a mejorar las cosas y técnicas existentes, gozan de esa especial facultad y talento para inventar cosas, para facilitar  y mejorar el uso de ellas.


El relato que voy a contar es de hace unos cuantas décadas atrás. Saliendo de la adolescencia, sentado con otros muchachos de la época, sin experiencia en el quehacer de la observación humana y su defensa, simplemente mirábamos a nuestro alrededor.  Aquella tarde, en la plaza Bolívar de La Puerta, vi pasar a un señor algo nervioso, vestido con paltó y sombrero,  caminando dando vueltas a la plaza, llamó mi atención que su rostro moreno, curtido por el clima, mostraba algo de felicidad, pero a la vez, iba gesticulando, y llegué al absurdo de pararme a observarlo, mientras él hablaba, calculaba o diseñaba algún invento en el aire, guiado por su genial mente. De pelo lacio y negro, nariz aguileña, de promedia estatura, con un caminar lento e inclinado, seguía dando rondas.  Ahora, la observación la tenían mis amigos, pero sobre mí, como si yo participara en el secreto de aquel hombre, de alegrías, creaciones, esplendidas ideas y nerviosismos.  Era José Lorenzo Ruz Carrizo. 

Lorenzo, así lo llamaban en esta comarca, nació en la posesión de Los Aposentos, sitio social y económicamente más de la parroquia La Puerta, que de otro lado. Eran predios agrícolas de su familia, al igual que los de Altamira de Garabulla, y de los veloces pasitrotes del coronel Sandalio Ruz, el legendario justiciero nacionalista. Según su hijo Carlos José Ruz, Lorenzo, <<nació el 10 de agosto de 1902,  su padre fue Francisco Javier Ruz>>, hermano del legendario Coronel Sandalio y del próspero agricultor Eulalio Ruz, Jefe Civil del Municipio La Puerta en 1894; <<su mamá María Eulogia Carrizo>> (Datos aportados en conversación con Carlos Ruz Abreu, Plaza Bolívar, La Puerta, 31-12-2019). 

Recuerdan que desde muy niño, fue un ser muy observador, meditabundo, le gustaba desarmar las cosas, aparatos de radio, tocadiscos, las baterías, a veces las dañaba,  sentía un gran interés por descubrir cómo funcionaban y qué las movía. Leía mucho, y le experimentar con lo que se le ocurría. Era muy curioso y a veces hasta lo castigaban, porque consideraban que era muy ocioso.

Al igual que sus hermanos y primos, le tocó trabajar la tierra, con la diferencia que él, mejoraba los aperos e implementos de labor, hacia los yugos artesanales, para el arado buscaba las maderas mas solidas y menos pesadas, con lo que le bajaba el peso a al yunta, le iba bien en la agricultura. 

Muy joven, Lorenzo se casó con Braulia Abreu, una joven campesina, simpática, de hermosa sonrisa, que tuvo por muchos años una venta de hortalizas y flores en La Lagunita de La Puerta; ella falleció el 16 de diciembre del 2.000. En dicha unión procrearon varios hijos, <<Carlos José, Catalino, Juan, Edicta Auricela, Eulogia>> (Ídem), que nacieron en Altamira de Garabulla, donde Lorenzo tenía su casa de familia. Tenían una bonita relación y a veces la llevaba de la mano para enseñarle su nueva creación. Estaba pendiente de él, a veces lo encontraba en mangas de camisa bajo la lluvia, probando o ajustando algún implemento o echado llave a una maquina, y cuando lo llamaba, no le respondía, permanecía mudo, ella no lo dejaba solo, y le llevaba la carpeta de lana gruesa y el sombrero, para que regresara a la casa.

Los primeros Ruz que se avecindaron en tierras trujillanas, lo hicieron a mediados del siglo XVIII, de origen Al andaluz (Andalucía), y fueron hacendados en los pueblos del Sur del Lago de Maracaibo. Ligado a la lucha política, uno fue rector de la universidad de Caracas, y hasta diputado en la Corte española.  Los que se enraizaron en La Puerta, se ubicaron en un sitio denominado Los Aposentos, colindante con Timotes de Mérida. Como el nombre indica, es un bonito y fresco lugar, algo retirado, cuyo paisaje lo hace placentero para vivir y hasta para trabajar la agricultura. 


Braulia Abreu, esposa de José Lorenzo Ruz Carrizo. Gráfica cortesía de Benito Rivas. 

Allí, Ysidoro Ruz, fundó su familia con María del Carmen Moreno, procrearon varios hijos, entre ellos, el coronel Sandalio Ruz, el coronel Eulalio Ruz y Francisco Javier Ruz, el padre de Lorenzo Ruz. Su familia estuvo dedicada a la agricultura y a las revueltas y revoluciones, Lorenzo en su juventud sin otra fuente de trabajó también "fornaleó" en el campo,  no "guerreó”, porque su mundo era otro, para él la vida tenía otro sentido, por su vocación de inventar, de crear, le dedicaba mucho tiempo a la lectura, leía cuanto libro, revista o publicación llegaba a sus manos. Leía desde las Santas Escrituras, y el Mártir del Golgota, hasta textos de magia, y esoterismo, se conocía al dedillo, las profecías de Nostradamus y realizó algunos ejercicios para comprobar algunas de esas premoniciones.  Fueron sus preferidos, los libros de mecánica y técnicas avanzadas para la época, en distintas cosas, tanto domésticas, agrícolas, como de uso personal. 

Uno de sus libros sobre alquimia, quedó en La Lagunita, en el restaurante de Alberto Romero, que aún se conserva. Tuve la oportunidad de conocer  y conversar personalmente con Teófilo Ruz, su pariente, residenciado en Timotes, también es de la misma genética, innovador con máquinas que reducen el tiempo y el esfuerzo de trabajo y mejoran la técnica de uso de ciertos artefactos y maquinas, para los tiempos actuales.

Lorenzo, de temperamento intranquilo y rebelde, amaneció un día y <<se fue a Colombia, hasta el Centro de Tecnología Dental, lo más avanzado de esos tiempos>>, llegó a trabajar, luego, estuvo practicando e inclusive, posteriormente <<sostenía correspondencia con instituciones Colombianas en dichas disciplinas, recibiendo las revistas y publicaciones>> con las distintas actualizaciones, lo que le permitía mejorar sus primeros inventos.

En La Puerta, se le veía mayormente los días de fiestas, particularmente las del patrono San Pablo Apóstol, en enero, y las de mayo, de San Isidro Labrado, patrono de los agricultores, cuando bajaba en su mula cargada, con sus inventos y creaciones, para exhibir y vender. Los mayores del pueblo, recuerdan que Lorenzo era una persona alegre, visitaba y trataba con familiaridad a la gente del comercio,  don Carmen Matheus, Jacinto Peñaloza, el señor Villarreal, Escolástico y Rodulfo Combita y Anita Villegas, con quienes compartía información de sus distintas innovaciones y también le compraban.  

Juan Ruz, un hijo a quien le llamaban "el loco", trabajó por muchos años en la estación de gasolina de la avenida Bolívar con calle 16 de Valera. 

Lorenzo Ruz era uno de esos inventores andinos autodidactas, que demostró una gran capacidad para innovar técnicas, artefactos, instrumentos y cosas que eran de utilidad para la gente. 

El primer consultorio dental de los caseríos de La Puerta y Timotes.

Sin conocer el número de creaciones y artefactos que fueron producto de su genialidad, se puede mencionar lo que creó en su casa en Garabulla, en aquel lugar estableció una sala de atención dental. Una de sus observaciones perennes, era a la gente de su comarca, cuando les hablaba y veía la carencia de atención a la dentadura; su ingenio y talento le permitieron abordar ese problema de salud pública, en un Municipio trujillano tan importante.

Para eso, antes construyó una máquina de engranajes y correas impulsada por un pedal, y eso daba la energía a un taladro dental, también elaborado por él, y luego rellenaba la pieza dental. Este, parece ser el primer consultorio o servicio dental de la comarca, hasta allá iba la gente de caseríos, paramos y montañas de Timotes, La Puerta y de la Mesa de Esnujaque, a arreglarse la dentadura. 

José Lorenzo Ruz. Imagen cortesía de Carlos Ruz Abreu. 

Recordando las facetas de Lorenzo Ruz, su pariente José Telésforo Ruz Moreno, habitante de La Puerta, nos informó que antiguamente la gente hacía viaje hasta los Aposentos, a la casa del dentista practicante, quien había diseñado una silla con su motor a pedal, con el que daba energía al taladro de piezas dentales. El mismo José Telésforo, explicó que Lorenzo, aun de viejo, elaboraba dientes en oro y plata. En un lado de la casa, tenía un pequeño taller donde entre otras cosas, elaboraba dientes, planchas, coronas para la dentadura, que también las colocaba.

El amigo Benito Rivas, recuerda jocosamente una de las anécdotas de su niñez, que presenció y gozó.  Ruz, era considerado una persona muy preparada para aquel tiempo, mediados del siglo pasado y lo apreciaban mucho; en una oportunidad había una señora que trabajaba en la casa de su vecino el profesor Isaac Araujo, que fue el director de la Escuela de Peritos de La Puerta, y su esposa Isabel; ellos vivían en una casa en la avenida Páez. La trabajadora domestica no tenia dentadura y habló con Lorenzo para que le hiciera la “plancha”, como le decían a toda la prótesis dental, y él la vio y le tomó medida; a los días le trajo la dentadura postiza a Prudenciana; cierto día, una vecina entra en la casa donde trabajaba y le dice a la señora Isabel: - ¡Nos fregamos Isabel, ahora fulana se la pasa todo el tiempo riéndose!  El asunto no era que se riera, sino que los dientes de arriba y los de abajo, eran muy grandes y parecía que siempre estaba riéndose.   

Su formación, de acuerdo a Carlos Ruz, hijo de Lorenzo, quien vive en la ciudad de Valera, señaló que su padre, había practicado en su juventud este oficio, como ayudante en la ciudad de Pamplona, Colombia.  En esa ciudad adquirió el conocimiento de esa disciplina, que aportó al menguado sistema de salud con el que contaba La Puerta, en aquellos tiempos.

En Garabulla, su taller de inventos maravillosos.

Ruz, pudo entonces continuar con sus inventos, para lo cual, montó su propio taller de inventos y mejorías de cosas, en su propia casa en la montaña de Garabulla,  donde logró darle cuerpo a ideas que favorecían a sus vecinos, amigos y clientes, y a las creaciones maravillosas para su familia. Dentro de esa otras de sus habilidades y técnicas, fue la de elaborar armas, fusiles, chopos, escopetas, revólveres, cuchillos, machetes. Era muy común en aquellos tiempos, buscar y encontrar en el Zanjón de los Muertos, en La Mocotí-El Portachuelo, también llamado “el paso de Bolívar”,  donde se graduó de general Rafael Montilla Petaquero  (el legendario “Tigre de Guaitó”), Remington y máuseres destrozados, con los que los campesinos de nuestro páramo,  elaboraban  armas caseras, los famosos “chopos”.

La Alquimia lo atrajo desde temprana edad.

Alguno llegó a comentar,  que un tiempo, se dedicó a la alquimia, en la búsqueda de la fórmula inalcanzable del oro, lo que le permitió afianzarse en la química. En realidad incursionó con bastante interés en el campo de la química, y obtuvo la sapiencia de la elaboración de pólvora para los fuegos artificiales que le encargaban para las fiestas tradicionales de La Puerta y otros pueblos. Cuenta Alberto Romero, habitante de La Lagunita, que una vez se pusieron a verlo, por un hueco del taller, cómo elaboraba las piedras explosivas, de esas que se lanzan fuerte contra el piso y explotan, anotaron qué cantidad de elementos químicos, y los jóvenes que lo siguieron, repitieron después todos los pasos para elaborarlas y cuando las probaron no explotaban las piedras hechas por ellos. El Lorenzo, tenía su secreto.

Algunos lo tildaban de loco por sus inventos, pero no se puede negar que sus ideas y las cosas que creaba, eran producto de su lógica particular, de su razonamiento, vinculados al estudio autodidacta de materias como la física y la química que fueron atrayentes para él, pero fundamentalmente fue un gran observador de su entorno, río, agua, viento, molino, trapiche, gente, hacia eso, iban dirigidas sus observaciones, su análisis y sus innovaciones. 

Como inventor artesanal, no podemos dejar de mencionar, la elaboración de ollas, aperos de labor que hacía en forma artesanal. Dentro de su multifacética vida, recorría cada cierto tiempo los más alejados caseríos, llevaba sus bien amoladas tijeras y hojilla, para peluquear y afeitar a la gente, niños y adultos; pero también, eliminaba abscesos, vejigas cutáneas, callosidades, y hasta sobaba, poniendo los huesos en su lugar. Murió el 10 de diciembre de 1986.  Fue buen ciudadano y un hombre de bien, en todo lo que emprendió en su vida. A pesar que algunos lo tildaron de "loco" por sus inventos, fue un creador popular, que se dio y entregó  al mejoramiento de la vida, y a dar respuesta y solución a las necesidades de sus vecinos; asimismo, sirvió a su Nación con decencia y pasión creadora. 

La Puerta, diciembre de 2022.

Omanrique761@gmail.com

Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*) Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terra...