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jueves, 3 de abril de 2025

El excéntrico y caritativo Misionero Juan Carlos Guazzotti, en La Puerta, 1975

Por Oswaldo Manrique (*) 


Son pocos, los curas que han llegado como párrocos a La Puerta, que han causado impresión perdurable, porque se dedicaron a aportar, contribuir, traer y ayudar, para transformar y mejorar a esta comunidad, y no, exclusivamente, para llevar.


Al concluir su gestión el padre Mario Castillejo Muelas, que estuvo al frente de esta Parroquia Eclesiástica desde 1963, es designado para sustituirlo  como Párroco un sacerdote italiano, de nombre Juan Carlos, quien se ganó el aprecio y el cariño de la comunidad. Bien recordado para la mayoría porque era un cura caritativo, preocupado -como pocos-, por los pobres, vinculado a la búsqueda de soluciones a los problemas sociales, con propuestas y con hechos, pero, para otros, fue muy controversial en lo religioso y sus costumbres. Era el padre Juan Carlos o  Giancarlo Guazzotti Alexandri, misionero de la Congregación de La Consolata.

Señala una de las publicaciones de esta Congregación, que, <<Entre los meses de enero y febrero de 1975 fueron destinados los Padres Giancarlo Guazzotti y Giovanni Boetti. Llegaron rápido, ¡pero poco disponibles para la Animación!  P. Guazzotti recibe la parroquia de La Puerta en enero de 1975>> (Revista Vida Nuestra. N° 02-21. Mayo 2021); esto, nos refresca la memoria.  

Llegó este Padre Juan Carlos a La Puerta, en un momento de definiciones para este conglomerado misionero en Latinoamérica.  Esto lo explican en dicha publicación, los Misioneros de La Consolata, <<Estas andadas y retornos, estudios y reestudios, experimentos y actos de fuerza, infiltraciones, indiscreciones, inquietudes, provocadas en gran parte por el Consejo de la R. Colombia, la dificultad de aceptar que en AL – paralelamente a las otras regiones IMC- para hacer animación misionera es indispensable antes inserirse en la pastoral diocesana, no han favorecido para nada al personal, siempre en número reducido, ni menos para su desarrollo, a las relaciones “in loquo” de aquellas indispensables para una necesaria comprensión a distancia. La distribución del personal era la siguiente: Vespertini, en La Quebrada; Crespi y Brambilla en La Puerta>> (Ídem); qué cosas, quienes habían realizado una extraordinaria labor misionera cristiana en África, se les dificultaba su inserción en Latinoamérica.  

Según el Dr. Jorge Méndez, este Párroco Misionero, era un hombre joven, alto, contextura delgada y fuerte, en la mañana atravesaba la Plaza Bolívar, e iba donde el poeta “Guayanés” Ángel González Rivas, a comprar la prensa y artículos domésticos. Allí, entraba en la tertulia de los jodedores del pueblo, que se reunían desde temprano a ver la vida con buen humor: Hugo Rosales, don Carmen Matheus, Concio Rivas, Rodulfo Combita , Jacinto Peñaloza, Rafael Moreno “Camello”  y otros, donde nunca faltó un buen chiste y el comentario político.  Cuando alguno se sorprendía verlo entre aquel grupo del buen humor, riendo y echando chistes, les respondía: - En la Iglesia soy el sacerdote consagrado a Dios, pero en la calle, soy tan terrenal como lo son ustedes.

 Fue una persona sencilla, y de gran sensibilidad humana. A veces, le llegaba gente de los páramos, a llevarle gallinas o buenos quesos, la denominada “primicia” para el cura,  y no aceptaba, les agradecía el gesto, diciéndoles:

- ¡Ustedes, necesitan más que yo!

Hombre controversial el Padre Guazzotti, algo excéntrico, fue Capellán del Ejército, quizás por eso, muy ordenado en sus actividades de la Iglesia, en el Colegio Nuestra Señora de la Paz, y en los asuntos de los pobres, y al tener una formación militarizada, le venía su carácter fuerte en el trato con la gente.

Para este Cura, no había tiempo de descanso, ni de siesta, tampoco para estar pensando cómo y dónde comprar carro nuevo, ni cómo hacer turismo en Europa con los feligreses; visitaba los caseríos de los páramos, estuvo pendiente de los enfermos y los ayudaba con la medicina. El poeta "Guayanés", en una de sus publicaciones sobre La Puerta, escribió: <<en mi negocio me compraba 20 bolsas de comida quincenal>> (González Rivas, Ángel. La Puerta, Humor y versos. Pág. 26. 2007), y  las regalaba a los más humildes. Además, como era ebanista, buscaba tiempo para mejorar el Templo de San Pablo, en el que elaboró los muebles que están cerca del altar de la Virgen de la Paz; esas bancas fueron hechas por las propias manos del padre Juan Carlos Guazzotti. 

Su sensibilidad humanista, hizo convencer a Matías Paredes, administrador de la Junta Comunal en ese tiempo, para instalar las tuberías para agua potable a varias viviendas de familias que recién se estaban estableciendo en la orilla de la carretera trasandina, y lograron ponerlas y con escasos recursos, lo que con el correr de los años, se constituiría en el sector popular de “Pueblo Nuevo”. 

Duraría muy poco al frente de la Parroquia, la pequeña oligarquía local no perdona.

Quiso hacer algunos cambios en cuanto a las celebraciones y tradiciones religiosas, por ejemplo quiso eliminar los pesebres estrambóticos con héroes norteamericanos, Papa Noel, respetaba la autenticidad cristiana y tradición de los pesebres decembrinos, y en una oportunidad colocó en uno que habían elaborado las damas de la Parroquia, dos edificios pintados, y  cuando le preguntaron  ¿por qué había hecho eso?  Respondió que eso no era ningún tipo de tradición católica para el pueblo. Lo que no se le entendió, que informado de las peculiaridades históricas de La Puerta, notaba el Cura la falta de información, identificación, valoración de su propia cultura ancestral: la indígena Bomboy e inclusive, la hispanidad católica. Veía que las celebraciones y tradiciones, se correspondían a mantener el pasado colonial, inclusive, el sincretismo, algo asi como tributar al Dios de los muertos, cuando de lo que se trata es tributar al Dios de los vivos. Eran celebraciones que posiblemente él sentía que no eran valoradas en conjunto con las sacramentales, y con la misma realidad social de los fieles. Sin duda un gran reto el que asumió. 

Es posible, que eso pasara desapercibido,  pero el impase que tuvo con el hacendado y hombre público Alberto Burelli Rivas, cuando le ordenó que se sentara en las  bancas de atrás y no en el espacio donde se sentaban las señoras y los niños durante las ceremonias litúrgicas, lo tomó la pequeña oligarquía parroquial como una afrenta, como una humillación en público, que se la cobrarían posteriormente moviendo sus influencias: lo sacarían de la Parroquia y asi, ocurrió.  

El Guayanés y el “Bocato di Cardinale”.

Esto ocurrió en una de las festividades populares y religiosas de enero, en honor al patrono San Pablo Apóstol y a la Virgen de la Paz. El Párroco invitó a comer y a conversar a varios de los representantes de la comunidad, con el Obispo de Trujillo, Monseñor Dr. José León Rojas Chaparro (1917 – 1982), tachirense.  El padre Juan  Carlos contaba con un ama de llaves que a la vez le cocinaba y preparaba platos exquisitos, según recuerdan. El siempre apreciado poeta "El Guayanés", también invitado, en una de sus jocosas anécdotas, describió la opípara comida así:   <<Llenos de alegría nos sentamos a comer acompañados del señor Obispo y el padre Juan Carlos quien muy risueño, nos dijo: - Amigos comamos este conejo a la pedigrí, aderezado con vino Chaulty y salsa de trufas mondadas, papas fritas y arroz a la menéCon ganas le entramos al conejo estaba exquisito, el Obispo comió dos veces y nosotros también, a coro felicitamos a la ama de llaves por tan suculento plato>> (González, 26). Una buena mesa.

Seguidamente, el poeta cuenta que estando saboreando un fino y agradable vino italiano entraron en una amena conversación, y el Párroco les dijo <<En mi pueblo se crían los gatos pequeños hasta que están grandes, se capan y se engordan, más tarde se matan y nos los comemos; es una exquisitez; el Obispo riéndose le manifestó -Padre Juan- gato no se come eso es asqueroso. El Padre Juan le contestó: - Excelencia, el puerco si es asqueroso y lo comen. Aquella ocurrencia nos hizo reír a todos, al poco rato terminó la tertulia>>; de este calibre fue el roce de filosofía gastronómica, entere el Obispo Rojas Chaparro y el padre Juan Carlos.   

Pero otro día -continua el “Guayanés” su relato- <<de nuevo el Padre Juan nos invitó a almorzar a la casa cural, los invitados eran los mismos de la vez pasada, el Prefecto me decía  -con tal sea conejo la comida, esa vaina es muy sabrosa, yo vuelvo a comer dos veces, -le contesto- igual yo>>.  Ese día el padre Juan Carlos dice en el momento que llega el ama de llaves con los platos: - Señores esto es bocatto di cardenali,  conejo a la pisalavi aderezado con salsa de ciruelas y un ramillete de vegetales o pochi.  “El Guayanés” siguió narrando:  <<con ganas le entramos al conejo que estaba más sabroso que el año pasado, todos repetimos dos veces>>. Pasó eso y a la semana siguiente <<de habernos obsequiado el almuerzo, llegó en la mañana al negocio, allí estaba el Prefecto y el Médico, tomando café y comprando el periódico. El padre Juan con una bolsa en la mano nos saludó y nos preguntó: - ¿cómo les pareció el conejito?-  ¡exquisito! contestamos a coro, el Padre vació el contenido de la bolsa en el mostrador y riéndose nos dijo: - vean lo que comimos, qué delicia, ¡sorpresa! Eran cinco cabezas de gato congelado, las recogió, las metió en la bolsa, me compró el periódico y se fue muy sonreído>>. Los presentes, quedaron paralizados en ese momento y el Prefecto salió corriendo a vomitar al baño, el médico y el “Guayanés” fueron a ver que le pasaba  y el hombre se estaba metiendo el dedo en la boca para provocarse el vómito. El médico  riéndose a carcajadas,  le gritó: - ¡después del ojo afuera no vale Santa Lucía! (González Rivas, Ángel.  La Puerta Humor y Versos. Páginas 26 y 27. 2007). Así lo contó el “Guayanés”.

Otra anécdota del Misionero Párroco "come gato".

La mojigatería parroquial, al enterarse de esta excentricidad o extravagancia culinaria y de su paladar, lo comenzó a ver cómo a "bicho raro". Eso coincide, con lo que ocurrió en un retiro de los estudiantes del Colegio, como ya se sabía que él comía gato, y se especulaba que tenía gatos metidos en el freezer para que se los prepararan,  en un retiro que hizo, nadie le aceptó comida que había mandado a preparar, pensando que era gato. Y caminando con uno de los maestros, le señaló un gato y le dijo si metes ese gato en el refrigerador, se pone mejor para prepararlo. Cuando terminó el retiro, y sacando cuenta de los gastos, les dijo: - Bueno, ahora me pagan dos bolívares por el pastel de carne que mandé a prepararles para el retiro. Tuvieron que pagarle.

El recordado Párroco de La Puerta, Giancarlo Guazzotti Alexandri, misionero de la Congregación de La Consolata, duró poco tiempo en  Venezuela,  al  << Año siguiente (1980) se retiran de Venezuela 2 padres: PP. Comesañas y Guazzotti>> (Revista Vida Nuestra. N° 04-21. Julio 2021). En 2014, oficiaba en una capilla de Torino, Italia.

Sirvan estas líneas, como recordatorio y reconocimiento de tan útil y excéntrico misionero, cuyas acciones, demostrada vocación por los pobres, sus enfoques, rasgos de personalidad, y facetas sacerdotales, deben ser ejemplo para la reconstrucción del proceso espiritual trujillano. La Puerta, le debe un justiciero homenaje a este ex Párroco y Misionero de excepción. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 8 de julio de 2023

Amadeo Rivas, el Prefecto.

Amadeo Rivas, el Prefecto.   

Por Oswaldo Manrique (*)


Allá, por la década de los años 60 del siglo pasado, era habitual ver caminar por las calles y caminos de la vieja comarca de La Puerta, al joven agricultor Amadeo Rivas, quien subía desde su lar nativo: el caserío El Molino de Mimbón. De mediana estatura, contextura robusta, cara ovalada, siempre con su  mirada fresca, remarcada por su cuidado bigote, alegre y perspicaz, usando su habitual pelo e' guama, quien se detenía a saludar a sus amigos y coterráneos, aprovechando comentar,  una de sus preocupaciones y desvelos: la situación política del país.  


A pesar de sus limitados estudios, supo relacionarse socialmente y conocía mucha gente, al tener un Dodge Dart,  en la línea Valera-La Puerta, le facilitaba  mayor contacto con la comunidad. Amadeo, se hizo militante de AD, donde ocupó cargos de responsabilidad local, en esa época en que destacaba una camada de vecinos en buscar mejoras para la colectividad y fueron asumiendo como dirigencia política, entre los que se recuerda a Rogelio Torres, Ramón Volcán, Hugo Rosales y Juan Matheus; Amadeo se convirtió en el Secretario de Organización; Eccio Moreno, Secretario  Juvenil y Secretario Agrario Adalberto Martínez  “el zurdo”. También hubo otro grupo que militaba en el partido Copei, eran los dos principales grupos políticos de aquella época, que competían con mucha tirantez.  

Amadeo, como dirigente político local logró ser designado Prefecto, en los primeros años 70, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, y su gestión estuvo llena de episodios de la más diversa índole, unos autoritarios y otros justos, pero todos salpicados de notas picarescas, cómicas y de buen humor que han quedado en la memoria oral de nuestros parroquianos, por lo que bien merece ser recordado como un personaje que hizo historia en nuestra vieja comarca. 


Imponiendo autoridad y respeto. La ley comienza por casa. 

Se ha sostenido en conversaciones de nuestros abuelos, que la designación de Amadeo Rivas como Prefecto en el siglo pasado, logrando la coordinación y apoyo que le dio el grupo policial, imprimió durante su gestión, una percepción de que había autoridad en el pueblo y tanto los vecinos, visitantes y turistas, cumplían con las Ordenanzas del Municipio. Todo infractor, escandaloso, busca pleito, “perreroso”, seguro iba para "el pote". Un pueblo turístico como La Puerta, atento, amistoso, tolerante, siempre era objeto de los excesos y borracheras de algunos visitantes y turistas, que eran sancionados. A él no lo “chapeaban”, se había propuesto hacerlo bien desde su cargo de Prefecto.

Un día, uno de sus hijos, andaba con una motocicleta molestando y haciendo fuerte ruido por el escape libre, andaba para arriba y para abajo por las calles del centro del poblado,  y como seguía molestando con el ruido, le informan al Prefecto y este dice métanlo "pal pote" por 3 días, el funcionario sorprendido le recordó que era su hijo y Amadeo con la mayor rigidez, le respondió con fuerte voz: - ¡la ley comienza por casa! Este hecho impactó y quedó en la memoria de nuestra comunidad. Amadeo le imprimió a su gestión mano dura, seriedad y equilibrio, erradicando transitoriamente la anarquía y el bochinche.

En la defensa de su comarca.

A Amadeo le tocó vivir un régimen de “libertad” hasta las 5 de la tarde, hora en que el “Campanero”, pasaba por las calles del pueblo, recordándolo.  Fue un poblador empeñado en defender la democracia y las libertades ciudadanas, por medio de su organización política, pero es también un serio defensor de su comunidad campesina y cuando hubo necesidad de contar con alguien que diera la cara por ella, allí estuvo presente Amadeo Rivas, por eso, gozó por mucho tiempo de la simpatía de sus parroquianos, y es el propósito de esta nota biográfica, para que las nuevas generaciones de puertenses, conozcan la figura de este trujillano. 

Se incorporó al núcleo de vecinos, que inició la lucha el 28 de mayo de 1980, contra el atropellante proyecto urbanístico de Inturesa, frente al Hotel Guadalupe. Estuvo en la mayoría de las actividades del Comité Pro Defensa. 

¡Ni para sembrar una remolacha¡

En la reunión realizada el 1° de noviembre de 1980, donde participaron Diputados de la Sub Comisión de Agricultura del Congreso Nacional y varios funcionarios públicos regionales y nacionales para atender el caso de La Puerta en cuanto al problema del amenazante desarrollismo urbano, el agricultor y ex Prefecto Amadeo Rivas <<por su parte vaticinó dramáticamente ¿qué podrán hacer nuestros hijos para poder cultivar una remolacha, una zanahoria u otro futuro, cuando nos están despojando de las pocas tierras que contábamos? Este es un problema –agregó a continuación- que no solo afecta a La Puerta, sino también a Valera porque está de por medio todo el valle del Momboy y su rio>> (Diario de los Andes, págs. 18 y 19, edición del 2 noviembre de 1980); era un llamado a la responsabilidad de esos funcionarios.

El periodista que cubrió el evento, a propósito de esta intervención rotuló la grafica señalando: <<advirtió sobre la pérdida de las tierras agrícolas en La Puerta>>, esto referido a la dramática situación de las pocas tierras con vocación agrícola en la zona y que se sacrificarían los intereses de la comunidad puertense, privilegiando a una minoría rica sin duda, Amadeo, conocía la magnitud del problema generado por el proyecto del macro urbanismo, y sus consecuencias.


Amadeo y sus recordadas anécdotas.

¡Estamos en puras pantaletas!

Destacando Amadeo como dirigente  en su partido AD, se reunían en el local en La Hoyada, diagonal al Panal.  Un día estaban Luis Paredes, Aida Barrios, Marta Ramírez y Luis Rivero;  le corresponde abrir la reunión a Amadeo, y se paró y dijo: - ¡Compañeros y compañeras de la población de La Puerta, que están en esta magna asamblea! Cuando escucharon esto, los 4 o 5 que estaban presentes, se contaron,  se vieron todas las caras, y se echaron a reír. 

En otra oportunidad, había una reunión, en el local de Acción Democrática, en La Puerta, con la dirigencia y los militantes, y estaban los ánimos caldeados en la discusión y no llegaban a ningún acuerdo, cuando pidió el derecho de palabra Amadeo Rivas y dijo:¡estamos en puras pantaletas!, esto hizo sonreír y reflexionar a los asistentes y quedó como frase política, en la memoria colectiva.


Con la recluta, fue implacable. 


Cuenta el abogado Jorge Méndez, que cuando estaba terminando su bachillerato, llegó el tiempo de la recluta, y Amadeo lo metió preso, porque tenía la edad, la robustez y condiciones para cumplir el Servicio Militar. Conocido esto, fueron varias personas familiares y amigos a abogar por él y a todos les dijo: - ¡que vaya a servir! Se negaba a soltarlo. La expresión, que retumbó en las paredes de la Prefectura, asustó a los demás que se habían puesto de acuerdo para solicitarle la libertad del joven. Solo el poeta “Guayanés”, Ángel González Rivas,  que era de la Junta y compa de partido, logró convencerlo y lo soltó. 


Un ligero impase vecinal: “le sacaron el maíz del buche”.

En 1974, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, Amadeo Rivas, era Prefecto de La Puerta.  Observando en El Calvario un pedazo de terreno libre, fue con otros y lo cercó, seguramente pensó que lo podía hacer, considerando que era autoridad. Sin embargo, uno de los hacendados jefe de la pequeña oligarquía parroquial, le reclamó porque el terreno según él, estaba destinado a construir una plaza, que es donde hoy está el Hotel y Centro Las Margaritas. El reclamo se convirtió en una fea discusión, y de discusión se pasó a los hechos. Amadeo, se enardeció y sacó una pequeña “marina” y le lanzó un “envión” a su discutidor, pero se atravesó su compañero Rogelio Torres y lo atajó sosteniendo el arma, que le cortó la mano e impidió la muerte del hacendado. Tanto Amadeo como Rogelio, estaban en conocimiento que las tierras del área urbana de La Puerta, son propiedad de la comunidad, tras el fraudulento juicio de Partición del Resguardo Indígena, en 1891. 

Como en este pueblo, los acontecimientos no se quedan en la pura trifulca, sino que pasan al departamento creativo, a los pocos meses, el contendor de Amadeo murió de una enfermedad, y un día, el ocurrente “Guayanés”, que era compa de partido, le dijo en alta voz: - ¡Coño Amadeo, se iba a echar usted a un muerto! Los presentes soltaron la carcajada. Amadeo permaneció muy serio. 


La entrega de mando o “del coroto”.


Aunque eran tiempos de democracia representativa, la gente de gobierno de los pueblos, mantenían reminiscencias de la época de revueltas y caudillos. Hubo mucha gente cuando la cesión del puesto o entrega de mando o “entrega del coroto”, como le decían antes. 

El día que le tocó a Amadeo entregar el cargo y la oficina de Prefecto a Raúl Carrasco, también le entregó el revólver asignado,  un tres cuartos, y le dijo con clara voz y quizás con cierta molestia: - ¡Tome, a ver si sabe manejar esa mierda! Los presentes se quedaron sin palabras.


A través de esta pequeña referencia biográfica, de la vida y las simpáticas anécdotas de este personaje, que colorea en parte la idiosincrasia de nuestro pueblo serrano, contribuimos al mejor conocimiento de nuestra gente. Como elemento documental que expresa datos biográficos interesantes del personaje, compartimos el texto de su mortuoria legal. 

<<N°16. El suscrito Prefecto de la Parroquia La Puerta, certifica: la copia que sigue de Defunción acta N° 91: Eduvina Arrecheaga de Graterol, prefecta encargada de la Parroquia La Beatriz, Municipio Valera, estado Trujillo, hago constar que hoy 26 de mayo de 1999, se presentó ante este despacho el ciudadano Ortimio José Rivas Rangel, mayor de edad, comerciante, titular de la cédula de identidad N° 3,484,796, domiciliado en El Molino y expuso: que el día veintitrés de mayo de mil novecientos noventa y nueve, a las nueve y treinta de la noche, falleció AMADEO RIVAS RIVAS, en el hospital Juan Moctezuma Ginari del Seguro Social de Valera, de ochenta y dos años de edad, de estado civil casado, de profesión comerciante, titular de la cédula identidad N° 1.001.836, domiciliado en la Parroquia Mendoza Fría, Municipio Valera, estado Trujillo, natural de la Parroquia La Puerta, Municipio Valera, estado Trujillo, hijo de Isaías Rivas (difunto) y de Elvira Rivas (difunta) y según certificado médico de la doctora Yamilis Petit, consta que murió a consecuencia de Infarto Agudo al Miocardio Cardiopatía... Era casado con María Adelaida Rangel de Rivas, deja siete hijos de nombres María Azunción (difunta), Francisco Ramón, Bertha Rivas Delgado, Ortimio (exponente), Augusto José, Óscar de Jesús e Isaías José Rivas Rangel respectivamente. Fueron testigos los ciudadanos Nelson Rondón... y Gustavo Mendoza... Leída la presente acta conformes firman. El Prefecto (firmado ilegible)>> (Libro de Defunciones año 1999. Archivo del Registro Civil de la Parroquia La Puerta).

Debo expresar mi agradecimiento a los vecinos Jorge Méndez,  Alfonso Araujo, quien vive en Barquisimeto y al buen amigo Benito Rivas, residenciado en Maracaibo, por su colaboración en la elaboración de esta crónica. 

Por estos días, en que avanzamos en la cruzada de reconstruir la historia de La Puerta, incluimos a este personaje popular contemporáneo,  quien con su sencillez, su franqueza, su manera de hablarle claro a la gente en su lenguaje campesino y coloquial andino, que fue hombre de acciones por el orden de autoridad  y cuando hubo qué hacer, cuando hubo de luchar por su pueblo, lo hizo, particularmente cuando aquella comarca aun agrícola y pastoril, se negaba a ser esquilmada en sus derechos a tierras, protección de su ambiente y a la vida.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

 La Puerta, julio 2023.

Omanrique761@gmail.com


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