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sábado, 17 de agosto de 2024

Cuando el “Cabito” subió la escalera de los cielos trujillanos.

Por Oswaldo Manrique (*)  


La joven y corpulenta viuda Maclobia Rivas, desde una rendija de una de las ventanas de su casa en “El Rincón”, veía los movimientos ligeros de unos que a caballo iban en dirección a Valera y otros a la Cordillera, que sin decirlo, anunciaban que pronto ocurriría alguna de esas infaltables revueltas militares. Supo del paso de los “Ponchos” de La Puerta y los de Jajó, en una nerviosa  correría de “a caballo” y armados. Solo pensó para ella y en voz lenta y baja:

- Por el orden que llevan, la revuelta es grande ¡júrelo es de nación!  



El 11 de agosto de 1899, ante la inminente invasión de Cipriano Castro al Estado Trujillo, el jefe de los godos trujillanos, general Leopoldo Baptista, llamó a la tropa paramera de “La Culata” a organizarse, comenzando por la del Coronel Sandalio Ruz, señor de Los Aposentos, La Mucutí y Garabulla,  y el “Jurungo” Burelli Raffaeli y sus hijos, señores de la cordillera de “El Censo”, “San Martin” y Quebrada Seca”. Baptista, fue autorizado el día anterior por el presidente del Estado, señor Juan Bautista Carrillo Guerra, para formar un nuevo ejército y detener la avanzada de la Revolución Liberal Restauradora, que venía desde el Táchira. “El Cabito” Castro, marchaba con el regocijo del triunfo obtenido el 6 de agosto en la población de Tovar, sobre el ejército del jefe liberal trujillano Rafael González Pacheco. Así, con dos batallones, llegó a Timotes, con suficiente material de guerra, y mucho entusiasmo, para ingresar a Trujillo.

Aquel viejo caserón, los lugareños lo llamaban “El Convento de las Viejas”, que ahora era de Maclobia, quien tenía dos pequeñas hijas: Josefa y Teresita. La robusta viuda mientras modulaba su pellita de chimó, cuando se enteró, comentó para ella:

- Asi que por aquí va a pasar el Comandante de la Revolución “Libertadora”. Le sonaba igual, “Liberal Restauradora” que “Libertadora” o pensó que era más de lo mismo en aquellos tiempos de caudillos. Por los comentarios de los vecinos y viajeros, imaginó que sería un hombre grandioso e inalcanzable. Sus ocupaciones de atender los animales, desyerbar la huerta, preparar los amasijos, roscas de agua, empanadas por encargo, alimentos y horneados que vendía en su tienda, no tuvo la oportunidad de darse cuenta, de un grueso grupo del Ejército del Gobierno, que se estaba emboscando más arriba de “Las Aletas”, al frente del camino viejo de las posesión “Las Delicias”, de los Ramírez, en dirección hacia el viejo y enredado camino de “San Felipe” (Los Cerrillos), para emboscar a los revolucionarios, y luego, trastumbar a la otra Cordillera.


El conjeturado “paseo cívico” de Cipriano Castro por La Puerta, subiendo la escalera de los cielos trujillanos.

Llegó a Timotes el “Invicto”. Seguramente había preguntado allí mismo ¿Cuál era el histórico Paso de Bolívar  en su Campaña Admirable?

A las 2 de la madrugada del martes 15 de agosto, cogió hacia La Puerta. Desde la suave Vega de Timotes, pasando por Tafallés, Castro con su tropa, trepa la fuerte e inclinada “Cuesta de la Mocotí”, dónde gastó una jornada de camino, enrumbados hacia esa diáfana esfera azul y blanca, que envuelve los campos trujillanos, que según el decir de nuestros mayores, pareciera que se mueven incesantemente las constelaciones, y se siente la presencia de Kachuta.

La primera emboscada: enfrentamiento en La Mocotí.

Dicha Cuesta es una demoledora subida, que algunos llaman la escalera a los cielos trujillanos o el paso de Bolívar. El primer batallón de campesinos tachirenses convertidos en ejército restaurador, comandado por el general Rufo Nieves, había salido varias horas antes, a enfrentar la tropa “Poncha” que les esperaba en los vericuetos de “Los Muertecitos”.

Liberada y alcanzada la Cima de la Mocotí, por las fuerzas rebeldes, paró en la pequeña “Laguna del Portachuelo” (hoy La Lagunita), para después enrumbar por el viejo camino de San Martín, bajar poco a poco, empalmando los sinuosos caminos hacia Quebrada Seca y San Pedro, hasta llegar al solitario y abandonado pueblo de La Puerta, para finalmente llegar a descansar, donde acampó el mismo 15 de agosto de 1899. Aquí pudo darse la reunión del “salto de talanquera” del  “Chato” Blas Briceño. El general Cipriano Castro, al seguir esta ruta o periplo: había trepado la escalera de La Mocotí.

El cronista de Valera Alberto la Riva Vale, anotó que: el mismo 15 de agosto, a las 4 de la tarde, entraron a Valera, los generales Graciano Castro (quizás se refiere a Celestino, hermano mayor de don Cipriano), Pedro Pablo Rodríguez y el Dr. Godoy (es bastante probable que se  refería al médico Luis Godoy, que acompañó a Castro en toda su campaña, y fue funcionario de su gobierno; llegaron otros oficiales de las Fuerzas Castristas, y <<después se presentó el general Rufo Nieves con un batallón>> (La Riva, 86); este grupo fue el que se encargó de enfrentar los 600 soldados trujillanos que intentaron impedir el avance de Castro, en el sitio de La Mocotí. Leopoldo Baptista, jefe Civil y militar abandonó Valera.

Cipriano Castro  y los “restauradores”, sí ingresaron, al rubio y godo Valle de La Puerta. 

“El Invicto” bajó algo agotado en su bestia, a pesar de la belleza del paisaje y el frescor del clima. Su cuerpo algo mallugado por los continuos saltos de la mula; quizás bajo de peso por la intensa campaña, llevaba su “carpeta” de lana encima y su pequeño sombrero.

Le sonaron las espuelas, cuando puso pie en tierra al llegar a la Plaza de los Bomboyes, frente a la casa de gobierno municipal. Con alguna impaciencia y preocupación expresó:

 - ¿Dónde está la gente de esta aldea? Caminó hacia la empalizada plaza, subió  hasta  el viejo templo San Pablo Apóstol y desde allí observó un lugar solitario, con no más de 30 casas, algunas en construcción, casas que se veían como parte de ese silencio, las calles desiertas. Era el nido del mutismo, aquel sitio vacío, cuyo cercano cementerio al pasar el río, completaba la soledad y el miedo. 

Miró que los hermosos y rubios trigales, solo estaban acompañados por los pretiles y las casas vacías. Alertados por el paso del Primer Comandante liberal tachirense en Timotes, los hacendados conservadores no esperaron a verlo y menos a recibirlo; antes escondieron todo dinero, armas, municiones y cualquier artículo que fuera de valor. Cuando “el Cabito” emprendió su revolución que restauraría los ideales liberales, la cosa estaba color de hormiga, tanto para el gobierno del presidente Andrade, como en Trujillo para el gobernador Carrillo Guerra.

General Leopoldo Baptista y el general Juan Vicente Gomez, se convirtieron en socios de negocios, durante el gobierno de Cipriano Castro.  

El 15 de agosto de 1899, el primer Comandante y líder de la Revolución Liberal Restauradora, está en La Puerta, un pueblo íngrimo, marcado por la fechoría y la ambición de los gamonales y terratenientes despojadores de tierras indígenas; es su día 83 de campaña de guerra (Crespo, 62); sin embargo, era espacio ideal, para armar campamento.

Aquella tarde, sentado en un sillón de cuero, cercano al escritorio que usa Miguel Aguilar, el Jefe Civil, hacendado de Mendoza y mayordomo de fábrica de la iglesia de San Pablo Apóstol de La Puerta, fue tomando su taza de café. Silencioso, Cipriano, capachero, con 40 años de edad, calzando botas negras de cuero, se levantó y fue a la ventana, desde donde pudo ver el irreverente Bomboy, entre los hermosos y deslumbrantes trigales.

Con humor mejorado, mirada profunda, aquel hombre moreno, pequeño, cabello mestizo y corto, barbado, con sus manos rudas tocó su pecho, sacó y se persignó con el escapulario que llevaba, y con su timbrada voz,  expresó: 

- Qué buenos trigos tiene esta gente.  Se acercaron muy pocos a hablar con él.  Cuando entró el Segundo Comandante, lo recibió diciéndole: 

- ¡Compadre! Y se juyeron los goditos ¿No?  El hacendado Juan Vicente Gómez, le contestó con su parsimonia y calma característica:

- Si compadre, se juyeron, con los que se emboscaron en La Mocotí. 

*

El  16 de agosto de 1899, salieron a las 2 de la madrugada,  hacia Valera, pasando por Mendoza, por el camino viejo, entre montañas y bordeando el rio Bomboy, no existía carretera.

Los cartuchos de González Pacheco; el desistimiento de Baptista en combatir; la "secreta" reunión y salto de talanquera del Chato Briceño a las fuerzas de “El Cabito”, fue una gran madeja de tinta historiográfica, que oculta elementos importantes en la jornada de Castro y los restauradores, por estos predios andinos.

En las reseñadas acciones de guerra de esta campaña, han pretendido sostener que “El Invicto” no tuvo resistencia en Trujillo, <<De Mérida a Valera, da Castro un paseo cívico>> (Cañizales, 139); esto es un error. Desde los Despachos oficiales y militares, entiéndase el Estado Mayor del Pdte. Andrade, operaron personajes en un plan estratégico, cuyas ideas y movimientos, eclipsaron y subestimaron la realidad de los hechos, jugaron a una guerra de desinformación y distracción, buscando la oportunidad ideal del combate. 

Esto se desprende de un telegrama del 16 de agosto, que le envió el Presidente de la República general Ignacio Andrade, al jefe de gobierno de Trujillo, Carrillo Guerra, le comunica la siguiente instrucción, en relación a los trujillanos: <<no deben combatir sino en la seguridad de triunfar, porque no hay necesidad de comprometer la vida de un soldado, ni la perdida de una sola capsula, cuando con los recursos del gobierno para destruir esa facción, bastará con las acciones que se combinen más adelante. La vaquía y el denuedo de los trujillanos servirán a asediarlos en sus marchas, si pasare de esa jurisdicción, contando que él encontrará su escarmiento indefectiblemente>> (Cardozo, 266). Confiaba el general Andrade, Presidente de la República, en el esfuerzo y arrojo de los trujillanos para perturbar y desgastar las fuerzas de Castro, no para darle combate campal.  

Hay otro documento importante, suscrito por el general Antonio  Fernández, jefe del ejército gubernamental,  que publicó en Caracas, el 29 de septiembre de 1899; explicando el por qué de su fracaso en Los Andes, destacando cómo fue  el paso de las fuerzas restauradoras y la participación de los godos trujillanos, que informa lo siguiente: <<Oficié a los generales Sulpicio Gutiérrez y Gorrochotegui, que se movieran con los 800 hombres que estaban a sus órdenes, sobre la facción de los Méndez, Pedro Araujo Sánchez y Arístides Sánchez, que en número de 600 hombres ocupaban las posiciones de La Culebra, El Bolero, La Palmita (jurisdicción del antiguo Municipio Tovar, estado Mérida), La Mocotie y San Felipe (Trujillo). Después de tres reñidos combates y desalojado el enemigo de estas fuertes posiciones, ordené a los jefes triunfadores que se incorporasen a los generales Bravo, que venían con 300 hombres, Medina que traía igual número y Montaña y Parada que conducían 200; y juntos marcharon por La Grita a incorporárseme en Colón, atravesando el Páramo de El Zumbador>> (Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, N° 11, pág. 30. En: Carlos Quintero Gamboa. La Gran Emboscada. Págs. 83 y 84. Universidad Militar Bolivariana de Venezuela). Se afirma, que hubo tres “reñidos combates”, y se menciona entre los cinco lugares y posiciones: “La Mocotí” (Sur de La Puerta) y el de la montaña de “San Felipe” (Nor-Este de La Puerta).  Estos dos documentos, despejan cualquier duda, en relación a que en Trujillo, particularmente entre La Puerta y Mendoza del Bomboy,  no se le dio combate a Castro.  

Saliendo de La Puerta, le tronaron unos guáimaros. Tricolor era la bandera restauradora.San Felipe”, campo de hostilidades.

Temprano, fue informado que en “San Felipe”, parte de su avanzada, se enfrentó y desalojó a unos destacamentos de tropa goda, dirigidos por Lorenzo Guevara.

Al salir de La Puerta, el 16 de agosto, iban alegres las patrullas montoneras de la vanguardia de los 60 liberales andinos luciendo el tricolor de la bandera restauradora. Por el antiguo camino hacia Mendoza, los restauradores, cuando van subiendo el viejo camino de “Las Delicias”, escucharon una, dos, tres descargas de tiros, que  sorprendieron a esa avanzada de montoneros y se asustaron más cuando, escucharon un grito devastador que dijo:

-         ¡Viva mi Presidente Andrade! ¡Abajo Castro! ¡Plomo a las lagartijas! ¡Vivan los constitucionales!

Guevara, tendió la celada, se ubicó entre los peñascos, matorrales y abundante maleza de la montaña de “San Felipe”, y después de un fuerte tiroteo, que fue respondido con el empuje del batallón de insurgentes tachirenses y merideños, huyeron en sus cabalgaduras, por las tierras y serranía del Pitimay. 

Esta operación militar, no ocasionó mayores bajas al ejército restaurador; el coronel Lorenzo Guevara ejecutó esa táctica de la emboscada, hostigamiento, distraccionismo y desgaste, como parte de una guerra de montoneras, con el fin de obstaculizar la marcha y generar molestias y miedo en la tropa, para sorprender a los rebeldes andinos amarillos, en el sitio más adecuado y darle combate. 

El historiador Arturo Cardozo refiere que en este tránsito del “Invicto” habría ocurrido lo siguiente: <<Ha encontrado solo una leve resistencia en Los Cerrillos, encabezada por el Gral. Lorenzo Guevara>> (Cardozo, 266). Este relato, entra en contradicción con lo afirmado por el general Antonio Fernández, jefe de la expedición gubernamental, que eran 600 hombres, los que intentaron frenar u hostilizar a la tropa de Castro, entre La Mocotí y San Felipe (Los Cerrillos).

Los “restauradores” se dividieron y fueron a perseguir a la guerrilla gobiernera, que eran pocos hombres, en relación a la guerra que ellos representaban  y gritaron con su acento cucuteño: - ¡Abajo el gobierno!  ¡Abajo Andrade!  Probablemente esos alaridos llegaron a escucharlos en casa de Maclobia, quien pudo distinguir el infrecuente acento.

Eran 60 los hacendados andinos metidos a militares, pero esos 60 gritos daban miedo, pánico y mucho más, cuando montados sobre sus bestias pegaban la carrera  para capturar a los emboscadores, disparando sus máuseres y sus pistolas, detrás de aquellos hombres que huían despavoridos. 

Este “paso cívico” por La Puerta, dejó huella, la escritora Ligia Burelli Dávila, relató que su pariente Maclobia Rivas, en su casa ubicada al borde del camino entre Mendoza y Los Cerrillos <<el corredor del frente tenía en uno de sus extremos un cuarto con ventana hacia afuera, desde donde podía verse un mostrador con granjerías que la dueña elaboraba y vendía a las personas que transitaban por allí. Era este el paso obligado de todos cuántos venían de Mérida hasta Valera y luego al centro del país. También se pasaba por allí para ir desde Mendoza hasta Pan de Azúcar>> (Burelli, L, 30); aquella mujer alta y maciza de apenas 30 años de edad, con desbordante vitalidad y generosidad, regía aquel negocio y sus alrededores.

El sitio lo llaman “El Rincón”. Allá, se detenían los arrieros y la gente que viajaba o quería descansar, y ataban sus bestias en los viejos ceibos que allí estaban sembrados para dar sombra a la casa, mientras tomaban algún refrigerio en la tienda de Maclobia Rivas. 

Ella, al conocer la noticia, se dirigió hasta su pequeño altar y rezó y le pidió a la Virgen de Santa Rosalía, patrona de esa comunidad,  que los librara de cualquier mal, mientras le encendía una vela de cebo. Al poco rato, elevó sus ojos al cielo y dijo otras palabras, para que no ocurriera nada ante el paso de quién se decía era un elemento del terror y de la superstición.

Entre los recuerdos familiares más importantes de los Rivas, <<fue el paso por allí de Cipriano Castro, en su famosa Libertadora. Desde temprano algunos hombres de a caballo comentaron que el general pasaría por aquel lugar rumbo a Caracas. La voz se regó y muchas personas…comenzaron a alinearse a lo largo de la vía para ver pasar aquel hombre>> (Burelli-Dávila, 32 y 33), según esta autora, dicho paso, fue todo un acontecimiento. 

En el desenlace de este relato, apuntó: <<Cuando por fin…se acercó la expedición nadie pudo ver muy bien al héroe porque era muy pequeño venía además envuelto en un aura de tierra>> (Ídem).  Maclobia, ese día no lo vio, pero sí le fue bien porque logró vender casi todas sus granjerías, dulces,  arepas, chichas, bebidas, miche, frutas y otras especies de comida.

Castro entró a Valera, acompañado del segundo comandante Juan Vicente Gómez, y oficiales como Eleazar López Contreras y José María García, y del otro batallón, más de mil hombres, con desplegadas banderas tricolores, y el sonido de los marciales tamborileros, comandado por los coroneles Benjamín Ruiz (Dr. Bolívar) y Santiago Briceño Ayesterán. Llegó a Valera, a las 8 de la mañana del 16 de agosto (La Riva).

Todo este grupo de varones de “La Culata” peregrina, que acompañaron a Leopoldo Baptista, en su ejército de paseadores, de sí sí y de sí no, regresaron a sus casas y sementeras. No hubo bajas, ni por senilidad, ni enfermedades, mucho menos de bajas por caídos en combate. 

Este año, se cumplen 125 años de aquellos hechos históricos, muy previos  a lo que constituiría un ciclo de compleja y difícil relación política de La Puerta y Trujillo, con el gobierno de Castro, y seguidamente, la cruel dictadura del general Juan Vicente Gómez. Lo que merece, se registre como parte de nuestra historia local y regional. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, agosto 2024.

Omanrique761@gmail.com

sábado, 11 de marzo de 2023

Historia del Registro del Estado Civil de La Puerta, 1899 (Parte 2).

Historia del Registro Civil de La Puerta, 1899 (Parte 2). 


Por Oswaldo Manrique.


Convulsionada la región trujillana por las levantiscas y guerritas intestinas entre los caudillos ambiciosos de poder, tierras y semovientes, se hizo patética la situación durante el periodo denominado de liberalismo Guzmáncista. Luego del despojo de tierras a los indígenas Bomboyes en 1891, los terratenientes y gamonales que se apoderaron de ellas, comenzaron un período lento de repoblamiento y construcción urbana de La Puerta "sin indios y sin negros"; desde 1892 hasta 1896, fue el lapso de desalojo (de la hoy área urbana), de lo que no se tiene documentos referidos a nacimientos, matrimonios y menos, de muertos, a pesar, que en 1892 se produjo en el Portachuelo - La Mocotí, la cruenta Batalla entre los Ponchos Conservadores, dirigidos por el clan Araujo-Baptista, y los Lagartijas liberales, comandados por los generales González y el indio Montilla Petaquero. 


A partir de 1897, hasta 1899, el novel Registro Civil, en que fueron abiertos los libros principales, fue llevado por distintos funcionarios registrales, es decir, distintos Jefes Civiles, que asumían y eran sustituidos de acuerdo al vivac y el vaivén de las revueltas. Estos cambios de funcionarios del registro civil, nos dan una idea de lo accidentada que fue la conformación y estabilidad de este servicio, supeditado a las guerras y sustitución de gobernantes. 

Afirman los libros que hemos encontrado, que el Registro Civil de La Puerta, se creó en 1897, bajo la dirección de un señor oriundo de Italia, de nombre Luigi Burelli Raffaelli, que fungió como Jefe Civil y fue sustituido ese mismo año, por vecinos de esta comarca, lo que se explicó en la 1a. Parte, de este trabajo. 

Los casorios y nupcias en La Puerta.


Existen varios enunciados y frases que apuntan a definir el matrimonio, unos que es un estado de felicidad de los que se ayuntan, que es un contrato civil para satisfacer un instinto genésico, para otros, es para procrear y auxiliarse los cónyuges, y algunos señalan que es el complemento de la sexualidad, la moralización del amor, entre otras expresiones.

Algunos de los más antiguos cronistas escribieron que hubo poligamia en nuestros primeros pobladores Timotes, caracterizando a la mujer como poco menos que una cosa; otros historiadores no coinciden con eso, al señalar que las uniones entre marido y mujer indígena, se realizaban excepcionalmente ajustándose a razones económicas y sociales o de alianza entre tribus, por el respeto que se tenía por la mujer, y por lo que ella representaba dentro de la estructura tribal. Con la presencia europea y los Curas Doctrineros a finales del siglo XVI, el matrimonio eclesiástico y monógamo se fue imponiendo en forma muy escasa y pausada en el Valle de Bomboy. 

Los nacimientos, defunciones de las personas y los matrimonios, se harán constar en un registro especialmente llevado, por duplicado, por la Primera Autoridad Civil de la Parroquia o Municipio. Anualmente, se abrirán tres libros, uno de nacimientos, otro de defunciones y el otro para matrimonios.

Era el Concejo Municipal de Valera, el responsable de entregar al Jefe Civil de La Puerta, dichos ejemplares, libros nuevos en papel florete de orilla, marcadas todas sus hojas con el sello del Concejo, y la última firmada por el presidente de la Cámara, asentado el número de folios, el objeto de éste y el año en que habría de usarse 

Durante el proceso postindependencista y republicano, el casorio no tuvo mayor evolución. Una muestra de esto, es que en el año 1888, hubo un solo matrimonio civil, y de carácter especial, fue "un artículo mortis", y otro en 1897; los dos extrañamente  tienen insertas sus actas en el mismo Libro correspondiente a 1897, que se conoce como el primer Libro de Matrimonios Civiles de nuestra Parroquia; con una diferencia de 9 años, entre uno y otro acto.


Primer matrimonio "in artículi mortis", 1888. 


La Ley de Matrimonio Civil del 1° de enero de 1873, establecía que los matrimonios <<se celebrarán por ante los Presidentes de los Concejos Municipales y en los salones de sesiones de estos, salvo en el caso de que uno de los contrayentes estuviese in artículo mortis, circunstancia por la cual se podía celebrar la ceremonia en casas particulares>> (Harwich, Nikita. Ley de Matrimonio Civil. Diccionario de Historia de Venezuela. BiblioFEP).  Es bastante probable que el impedimento físico que se señala en el acta, sea que la señora estuvo sumamente enferma, grave en estado terminal o a punto de morir. Y los contrayentes, eran habitantes de áreas foráneas al espacio del Resguardo Indígena. Fue en 1891, cuando despojan a los indígenas de sus tierras del Resguardo, hoy área urbana de La Puerta, que estas, pasan a ser ocupadas por gente de otros lugares. 


El antiguo Resguardo Indígena de La Puerta, estaba habitado por nativos Bomboyes, casi totalmente puros; para 1888, tenía 72 casas y 234 habitantes; el Municipio en general, con todos los caseríos, tenía 2.500 habitantes (Briceño Vlaero). Se sostenía económicamente dicha población de la producción de trigo, caña de azúcar, papas, arvejas, hortalizas, ganado vacuno y lanar.  La Casa Municipal y el templo San Pablo Apóstol, eran las edificaciones principales que existían en esa época. El Cura párroco era en 1882, el Presbítero José Asunción León. 

Las partidas de matrimonio, debían expresar datos y menciones necesarios al acto, que no se observan en la siguiente Acta, de 1888, inserta irregularmente en el libro de 1897. 


<<Hoy dieziciete de mayo de mil ochocientos ochenta y ocho, trasladado el Presidente y Secretario del Concejo Municipal del Distrito Valera á la parroquia de la Puerta con el objeto de practicar el matrimonio que tienen convenido Benito de Jesús González y Candelaria del Rosario Castellanos, por impedimento físico de ésta, constituidos en la casa de habitación del señor Domingo Antonio González, a las cinco p.m, comparecieron los enunciados contrayentes con el fin de celebrar su matrimonio, y encontrándose suficientes los documentos que han producido para proceder al acto, diose lectura a la Sección 13a de la Ley de Matrimonio Civil que establece los derechos y deberes recíprocos entre los cónyuges. Acto continuo el Presidente interrogó a Benito de Jesús González ¿Queréis y recibís por esposa a Candelaria Castellanos ? El que contestó en alta, clara e inteligible voz : "si la quiero y la recibo. Seguidamente interrogó a Candelaria Castellanos ¿Queréis y recibís por esposo a Benito de J. González? La que de igual manera contestó “Si lo quiero y lo recibo ". Luego dirigiéndose a los dos les dijo: "En nombre de la República y por autoridad de la Ley, quedáis unidos en matrimonio perpetuo e indisoluble. Ambos contrayentes son mayores de edad, solteros y vecinos de esta parroquia La Puerta; el hombre de profesión agricultor e hijo legítimo de Antonio González y María Dolores Rivas, y la mujer de las ocupaciones propias de su sexo, hija natural de María Concepción Castellanos. Fueron testigos de este acto Clodomiro Vergara, Concepción R. de Vergara, Jaime Vergara y Domingo A. González h, mayores de edad, los dos primeros vecinos de la parroquia de La Puerta y cónyuges, el tercero de la de Mendoza, y casado, y el último soltero y también del vecindario de los primeros. Extendida inmediatamente se la presente acta en el libro de registro civil correspondiente, de la cual se pasará: copia al Jefe Civil de esta parroquia por ser el lugar del domicilio de los contrayentes. Se le leyó a las personas que deben suscríbirla; y habiendo manifestado estar conformes firman= Haciendo constar para los efectos de ley que los contrayentes presentaron al efecto dos niños llamados María Clemencia del Carmen de dos años de edad y José Abel, de cinco meses, manifestando que es su voluntad legitimarlos en el presente acto; los cuales niños gozarán desde luego de los derechos que las leyes conceden a los hijos legítimos= El Presidente del Concejo= Miguel H. Delgado= Benito González= A ruego de la contrayente= José Ygnacio González= Clodomiro Vergara= Concepción Rosales= Jaime Vergara= Domingo Antonio González hijo= José Rafael Bazo= Srio= Es copia. La Puerta, mayo 17 de 1888. José Rafael Bazo. Srio>> (Libro de Matrimonios Año 1897. Unidad de Registro Civil de la Parroquia La Puerta). 


Como se puede observar, en el registro de matrimonio, no se incluyen datos importantes como los siguientes: El lugar del matrimonio no se indica, solo señala que en la casa de un señor González y para esa fecha, el pueblo estaba deshabitado, por el despojo de estas tierras hecho a los indígenas.

 El nombre de la primera autoridad civil local no se menciona. La edad exacta del novio, no se señala. Tampoco se indica el lugar de nacimiento del novio, ni la edad, ocupación y residencia de los padres, si estaban vivos o difuntos. La edad exacta de la novia se desconoce, igual su lugar de nacimiento.

Tampoco,  se hace mención de la edad, ocupación y residencia de los padres. Lo más curioso es que esta acta de 1888, se encuentra inserta en el primer libro de matrimonios de 1897. En nuestra pesquisa, los señores Domingo Antonio González, Ygnacio González, Gregorio González y Paula González, son adjudicatarios en la cuestionada Partición Judicial del Resguardo Indígena de La Puerta de 1891. 

La única boda de ese año 1897, por lo tanto, fastuosa y recordada como el primer casorio del pueblo, se realizó el 13 de noviembre de 1897, a las 6 de la mañana, en el despacho de Francisco Rivas hijo, que era el Jefe Civil de La Puerta, cosa de cumplir con el enlace religioso en el templo San Pablo Apóstol de Bomboy, durante el resto de la mañana.  

El matrimonio civil documentado por primera vez en La Puerta, siglo XIX, quedó asentado en su correspondiente acta, que a continuación se comparte transcripción parcial del original. 

<<Hoy á las seis á,m, del día trece de noviembre de mil ochocientos noventa y ciete, constituidos en la Jefatura Civil de esta parroquia La Puerta, el Jefe Civil de la misma Francisco Rivas h, y el Secretario de esta coporación compareció José Zesario Parra, mayor de veinte y un años, soltero, Agricultor, natural del Distrito Miranda de la Sección Central y domiciliado en el mismo Distrito he hijo legítimo del finado José Felis Parra y María Ysabel Castellano: y compareció también María Mercedes Paredes mayor de díez y ocho años, soltera dedicada a los oficios propios de su sexo, natural y vecina de esta parroquia he hija legítima de Francisco Paredes Agricultor, y de María Casimira Hoyos dedicada á los oficios propios de su sexo y domiciliados en esta parroquia con el fin de celebrar el matrimonio que tienen convenido y ciendo suficientes los documentos producidos para proceder al acto, el Secretario dió lectura á la Sección 13a. de la ley de matrimonio Civil que establece los derechos recíprocos entre los contrayentes. Acto continuo interrogué a… Extendida inmediatamente la presente acta en el libro de registro Civil correspondiente se le leyó á las personas que deban suscribirla y habiendo todos manifestado estar conformes firman. La Puerta trece de Noviembre de mil ochocientos noventa y ciete = El Jefe Civil= Francisco Rivas h. El contrayente. José Cesario Parra. A ruego de la contrayente Matías González. Testigo: José Gregorio Ruz. A ruego de la contrayente por no saber. Rafael Monreal. Sct.>> (Libro de Matrimonios Año 1897. Unidad de Registro Civil de La Puerta).



Curiosidades del registro de defunciones de La Puerta.


Antiguamente, al enterarse y comprobar  el Jefe Civil de La Puerta, la muerte de una persona, daba la orden para que el cadáver fuese enterrado en el Cementerio del pueblo. Esa orden se extendía en papel común, pero la inhumación no se hacía antes de las 24 horas de ocurrido el fallecimiento.  Luego de eso, se procedía a elaborar la correspondiente partida de defunción, asentando los datos necesarios de ese hecho principal de la persona. 

El primer Libro de Defunciones que pudimos localizar en la Unidad de Registro Civil de esta parroquia, es el del año 1899. La primera acta de este Libro es del tenor siguiente:


Un niño de 24 horas de nacido, muere de tabardillo.

La primera partida de  defunción, de enero de 1899, suscrita por el registrador Miguel Aguilar, está relacionada con el niño José Antonio,  cuyo texto es el siguiente: 

<<Enero.1. Miguel Aguilar primera autoridad civil de esta Parroquia, hago constar que hoy día onse de Enero de mil noventa y nueve, se ha presentado ante mi, Rosario Ramires de este vesindario, mayor de veinte y un años, casado, agricultor y manifestó: que ha fallecido su hijo José Antonio, ayer á las onse a.m. en esta parroquia, y de las noticias que he adquirido, aparece que murió de tabardillo y que tenía veinte y cuatro horas de hedad. Miguel Aguilar (fdo) Ygn° González (fdo)>> (Libro de  Defunciones Año 1899. Unidad de Registro Civil de la Parroquia La Puerta). Dato curioso: este niño de 24 horas de nacido, la causa de muerte fue: tabardillo, enfermedad conocida hoy como tifus, especie de fiebre del campo o fiebre de los piojos, mayormente contagiada por el piojo y la pulga de la rata, epidemia que puede surgir en tiempo de guerra y de frío, en lugares de hacinamiento de personas, hambre y miseria. Dura de 10 a 12 días su periodo de incubación. 


Señora de 25 años de edad, muere de nefrosis.

La siguiente partida de  defunción, es del tenor siguiente:

<< Miguel Aguilar primera autoridad civil de esta Parroquia, hago constar que hoy día veinte de Enero de mil noventa y nueve, se ha presentado ante mi: Luis Rivas, de este vesindario, de veinte y un años, soltero, agricultor y manifestó: que ha fallecido María Consepcion Rangel, ayer á las nueve a.m. en el citio el Molino de esta jurisdicción y de las noticias que he adquirido aparese que murió de ydropecia y que tenía veinte y sinco años de edad. Miguel Aguilar (fdo) Ygn° González (fdo)>> (Libro de  Defunciones Año 1899. Unidad de Registro Civil de la Parroquia La Puerta). Dato curioso: Murió de ydropecia, esta enfermedad es llamada nefrosis, degeneración de los riñones, sin signo alguno de inflamación, dispersión del fluido hacia otras partes del cuerpo; uno de los males más comunes de los niños. 


Señora de 98 años de edad, fallece por muerte natural.

La partida de defunción,  subsecuente indica:

<<Febrero Marzo. 98 años. Miguel Aguilar primera autoridad civil de esta Parroquia, hago constar que hoy día dos de marzo de mil noventa y nueve, se ha presentado ante mi, Bernardino García y manifestó: que ha fallecido su madre María Damacia Rojo, ayer a las dos p.m. en el citio Mesa alta de esta jurisdicción y de las noticias que he adquirido, aparece que murió de muerte natural y que tenía noventa y ocho años de edad. Miguel Aguilar (fdo) Ygn° González (fdo)>> (Libro de  Defunciones Año 1899. Unidad de Registro Civil de la Parroquia La Puerta). Causa de fallecimiento: muerte natural.


Persona de 40 años de edad.

Asimismo, la siguiente acta, indica:

<<Miguel Aguilar primera autoridad civil de esta Parroquia, hago constar que hoy día sinco de marzo de mil noventa y nueve, se ha presentado ante mi, Luis Rivas de este vesindario, mayor de veinte y un años, casado, agricultor y manifestó: que ha fallecido su tía María de Jesús Rangel ayer á las doce p.m. en el citio Quebrada de las Yeguas y de las noticias que he adquirido, aparece que murió de fiebre y que tenía cuarenta años de edad. Miguel Aguilar (fdo) Ygn° González (fdo)>> (ídem). Causa de fallecimiento: fiebre.


Un niño de siete días de nacido, muere de nervios. 

Una curiosa acta de defunción es la siguiente:

<<Franco A. Montilla, primera autoridad civil de esta Parroquia, hago constar que hoy diez y ocho de Dbre demil ochocientos noventa y nueve, se ha presentado ante mi Juan Graterol vesino de esta parroquia de veinte y un años, casado agricultor y manifestó que ha fallecido su hijo Miguel Graterol ayer a las (dos a.m) en el citio el Portachuelo de esta jurisdicción, que murió de nervios y que tenía ciete días de edad. Franco Montilla (fdo)>> (Libro de  Defunciones Año 1899. Unidad de Registro Civil de la Parroquia La Puerta). Dato curioso: La causa de fallecimiento de este niño de siete días de edad, fue: nervios.

 El cierre de este Libro de Defunciones, el 31 de diciembre de 1899, lo hizo un Jefe Civil y un Secretario distintos a quienes le dieron la apertura en el mes de enero: Miguel Aguilar e Ygnacio González. En los primeros quince días del mes de enero del año siguiente, se envió al Juez de Primera Instancia, uno de los ejemplares del libro de defunciones para su revisión legal, y una vez realizada, lo remitía al Registrador Principal de Trujillo. 

De las actas anteriormente comentadas, que están en los primeros libros de registro civil de nuestra Parroquia, se puede observar en general que adolecen de fórmulas exhaustivas para asentar los datos importantes de los eventos vitales de los primeros pobladores. La falta de información sobre las personas es evidente, ya que no se exigía. Hay ausencia de la cronología u orden de ocurrencia de los hechos de vida, el poco tiempo que duraban los jefes civiles en el cargo, así como, el evidente y preponderante analfabetismo, dificultan poder contar hoy con información exacta y significativa, para la investigación y la reconstrucción de la memoria histórica.

 La Puerta, marzo 2023. 

omanrique761@gmail.com

 

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