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sábado, 2 de noviembre de 2024

Pablito Villarreal y su testimonio ante el olvido.

Por Oswaldo Manrique (*)

El olvido está lleno de memoria, apuntó Mario Benedetti, a los advertidos. Uno de los elementos interesantes y complejos de los pueblos en el disfrute de su identidad, es el derecho que tienen a interpretar y expresar su historia, a reconstruir su memoria desde su gente, de la de a pie, sencilla y diáfana, a través del diálogo jorungador, eso que conocemos aquí como “alegar sabroso”, cargado de gracia, de humor. Hay personas en nuestros pueblos andinos, en los alrededores de su Plaza Bolívar, a quienes se les reconoce esa cualidad y capacidad de recordación de los hechos, sitios, personajes y saberes de su localidad, incluso, siempre en disposición de atender a sus vecinos y a los visitantes en sus requerimientos de información, son una especie de guías de lugares, conocedores de esa realidad, que impiden sean condenados al olvido. Están aquilatados, difícil dudar hasta de sus dichos alegres, porque toda su vida la han pasado en el pueblo al que pertenecen. 

Uno de ellos, que goza de la virtud de la narración popular y de humor de La Puerta, es Pablo Villarreal conocido por todos como “Pablito”. Mi interés al acercarme a la historia urbana, a la historia de la Plaza, es obtener y compartir la historia sencilla popular y campesina, a través de las remembranzas de uno de sus iguales, de los de ellos, desde sus propias experiencias de vida; en nuestra conversación aunque llevaba un orden establecido, el interlocutor espontáneamente en el transcurso de ella, lo fue interrumpiendo por el flujo espontaneo de sus recuerdos, una anécdota, una circunstancia graciosa y finalmente cambiando. Fueron muchas historias, hechos y personajes para una sola tanda.

Cuando me vio llegar, con lápiz y papel en la mano, tenía cara de alegría porque ya tenía previsto narrarme la historia que seguramente él pensaba que le iba a preguntar: las de hechos y personajes de nuestro querido Páramo de La Puerta. Pero se sorprendió, cuando le comencé a pedir sus datos biográficos, su información de vida y esto le hizo mover el entrecejo y enserió. 

Pablo Antonio Villarreal Paredes, que es su nombre completo,  nació en el Páramo de la Media Loma, jurisdicción de la parroquia La Puerta, estado Trujillo, el 10 de diciembre de 1954, allí en el Sector Las Aguaditas <<en unas casas de paja,  donde vivían los Villarreal por muchos años. Hice mis estudios primarios en la escuelita que tenía el maestro Paulino, cerca de La Popa, donde Marta Briceño, la mamá del doctor Troconis, el famoso oftalmólogo trujillano>> (Conversación con Pablo Villarreal, La Puerta, 25 agosto 2023). Cuando bajó de la montaña, lo hizo para continuar los estudios, en la escuela José Luis Faure Sabaut; llegó a vivir al área urbana de La Puerta, donde fijó definitivamente su residencia en la misma casa que sigue ocupando hoy, ubicada frente a la Prefectura, en la esquina de la Calle 7 con avenida Páez, sitio al que llaman la esquina o el negocio "Donde Pablito". 

El hombre, buen conversador, servicial, culto, educado, desde su llegada se fue ganando la estimación de la comunidad y desde entonces, se le ha considerado buen vecino y ciudadano por sus méritos personales. Con una memoria privilegiada, siempre está presto a testimoniar sobre la historia contemporánea de esta localidad y particularmente la del entorno de la Plaza Bolívar, que ha vivido a cabalidad por más de medio siglo.  Luego de eso, retomó el regocijo cuando comencé a preguntarle sobre “Mano Chico” su padre, sobre la casa donde vive, pero él de una vez con aquella facilidad que tiene el buen conversador fue insertando expresiones muy particulares de personajes, y narrándome una a una con especificidades sus pequeñas biografías, así como hechos tan interesantes,  que no se le pierde a la conversación, nada, en forma alguna.

El negocio de comestibles y otros rubros mercantiles que ahí hubo, fue establecido por su padre Francisco Villarreal y su madre Baldomera, en el que se podía adquirir cualquier elemento necesario para la agricultura o de utilidad para las familias, debido a que "Mano Chico", también comerciante, era agricultor.  "Mano Chico" que ese era el tratamiento que le dieron sus familiares, amigos y clientes al padre de “Pablito”, no le gustaba vivir en el pueblo, siempre vivió en el páramo de La Puerta, allá en "Piedras Negras" y solo por razones de salud o sea por necesidad de atención médica, bajaba a vivir al pueblo.  Considerado una persona a quien consultar, tanto por sus recursos económicos, como por su experiencia, lo requería su gente del Páramo para que los aconsejara para tomar alguna decisión de importancia, personal o familiar o también para guiarse en una negociación o transacción. Siendo útil, figuró en asociaciones de carácter cívico y en pro de favorecer a la comunidad de La Puerta en aquellos tiempos. 

Tras una enfermedad, falleció el día 23 marzo 1982, a los 73 años de edad. Su esposa Baldomera Paredes lo sobrevivió y murió el 1° agosto 1992, con 85 años de edad. (Conversación con Pablo Villarreal. La Puerta, 25 de agosto del 2023).

*

En los antiguos exhibidores hechos de ruda madera paramera, hay botellas y envases de vidrio ya en desuso, y el mostrador también de madera, está ocupado hoy por viejos y nalgudos televisores y algunos electrodomésticos, piezas usadas y repuestos, y su gato negro. La otra pared, de fuerte tapial, atiborrada de carteles de propaganda, viejos calendarios y hasta reseñas y fotografías de personajes de este pueblo. Cuando le preguntan ¿Cómo era fulano? Él le enseña la foto, y le dice: - ¡véalo ahí! 

Recordó que su padre le dejó una enseñanza, muy fundamental para su vida, <<me dijo: - Si usted le trabaja a otro por un sueldo no está haciendo nada, usted tiene que trabajar para lograr y hacer lo suyo propio, esa es la ley de la vida y así, aceptando esa enseñanza he llevado mi vida, lo mío es mío lo que he podido lograr>>. 

Al explicar que el primero de los Villarreal de su familia en esta comarca fue Francisco Villarreal (abuelo), quién había sido desalojado de Palmira, estado Mérida, por las fuerzas tachirenses, de ahí se fue obligado a Piñango, y con su esposa Casimira Hoyos, se estableció en los páramos de La Puerta. Describe Pablo que, <<las casitas donde vivían eran de techo de paja y paredes de bahareque, de carruso y barro, eran propiedad de Abdón Lamus, quién pasaba cobrando arriendo. Un día pasó a cobrar, y mi papá le propuso comprarle y le vendió la finca "Piedras Blancas", a mi  papá Francisco Villarreal y a mi mamá Baldomera Paredes de Villarreal, ese negocio se hizo con monedas de plata blanca>> (Conversación citada).

La antañona casa de las 4 puertas.

Una de las más viejas casas de La Puerta, es la que está cercana a la plaza Bolívar, en el lindero Norte de la Prefectura.  Se calcula que pudiese tener más de 80 años de construida, incluida la sala o local comercial y su estantería, que es de sólida madera. De paredes de gruesos tapiales, aún conserva su estilo arquitectónico y construcción andinos. Es la casa de Pablo Villarreal, ahí tiene su negocio de arreglo de electrodomésticos.

Recuerda Pablo que, Rafael Villarreal y su hermano Urbano, que no eran su familia, provenían de Valeralta, y fue el comerciante que por los años 40,  <<construyó la casa de cuatro puertas, frente a la Prefectura de La Puerta en la avenida Páez, allí inició sus negocios; le fue tan bien, que a pocos metros, pasando el río Bomboy, estableció un centro de acopio. Tenía la ventaja que le compraba las cosechas completas de papa, a los agricultores del Páramo>>. En esa época una carga de papá de 92 kilogramos la vendían en 80 Bolívares aproximadamente. Urbano, era el suegro de Gil Combita, que tenía negocio: el “Tropical”, cerca de la casa de Laura Sulbarán  (Ave Bolívar con Calle 3).       

Su fachada este o frente, da con la calle Páez, por el oeste, con el río Bomboy, y se pueden ver los dos cementerios y el sector Pueblo Nuevo, en la carretera trasandina. Según “Pablito” Villarreal, << la madera de las puertas, la llevó Concio Rivas "el Cantor de las Siete Lagunas" que era aserrador y la sacó del "Riñón del Páramo">>; este, también construyó el muro de concreto que sostiene y protege dicha casa, en la bajada del río; aquí era el descansadero y comedero de las bestias de carga que bajaban del paramo con productos agrícolas.

Benito Rivas recuerda que la casa de las 4 puertas en <<la parte de abajo, especie de sótano era como un depósito, donde llegaba gran parte de la producción de papa y hortalizas del Páramo>> (Rivas). Fue construida en los años 40, al parecer fue propiedad del padre Verde. Existe una fotografía de ese tiempo, donde se puede observar que no existía el edificio de la Prefectura. 

Pablito y los pobladores de las adyacencias de la Plaza.

En su relato familiar, Villarreal indicó que, <<del páramo de Piedras Blancas lo que sembraban lo llevaban a vender a Monte Carmelo era fácil llegar allá y de ahí Agua Viva y Maracaibo, a los dos días volvían a subir, con dinero y con las compras, los comestibles, el pescado y el plátano>> (Conversación con Pablo Villarreal, 25 agosto 2023); era mas práctico por el camino llegar al Lago, que a Valera.

Agregó: <<mi  papá me decía que los terratenientes del pueblo en aquellos tiempos, principio del siglo XX, eran Felipe Viera, el viejo Ciriaco Carrasquero, Antonio González “el quemado”, su compa Audón Lamus y uno de apellido Viloria>> (Ídem); coinciden en parte con el censo de 1929, Geografía General de Venezuela, del francés Bennet. 

Se acuerda que en 1967, abandonó la Serranía y se vino a vivir a La Puerta, a estudiar, <<Antes de que mi padre tomara las riendas de este local, aquí estuvo el negocio de víveres de Rogelio Torres, luego Pedro Rondón y Emiliano Rodríguez, que también eran gente del Páramo>> (Ídem); se refiere a la casa de las 4 puertas.

En su arsenal de información histórica, nos da una panorámica del comercio del centro del pueblo,  <<en la otra esquina estaba la casa de Pedro Villegas (frente a la casa de las 4 puertas), hermano de Carracciolo Villegas. Este Pedro dejó 18 hijos>>. Pedro Villegas montó un negocio de víveres, <<llegó con su hermano Carracciolo Villegas que se casó con Matilde Rivas de Villegas, hermana de Concio Rivas y procrearon a varios hijos entre ellos Filadelfo Villegas, a quien se reconoce como el dinámico promotor de la carretera de La Lagunita y también la del Páramo de los Torres en 1983; y se casó con la primera maestra de La Lagunita doña Amparo Pacheco, quien venía de Monte Carmelo, hija del señor  Pánfilo Artigas. Luego en este local se estableció la casa comercial de Don Carmen Matheus, que era oriundo de la Mesa del Palmar, Municipio Monte Carmelo y se vino con sus hermanos Francisco “Chico”,  Juan y Rosa>> (Ídem); familias que se han mantenido en la Parroquia.

¡Ahí vienen los bachilleres!

Pablito y su padre, han sido testigos de asentamientos importantes de familias campesinas muy respetables, venidas de otras partes del Estado. Una de las historias que le fluye con facilidad a Pablito, es la de la familia Ramírez, que pasó la misma tragedia de despojo de sus tierras que los Villarreal,  al señalar que de los primeros siete apellidos que se avecindaron en aquella época en los páramos de La Puerta, está el matrimonio conformado por Pedro Ramírez y Teresa Terán y sus hijos, quienes vivían en las Mesitas de Niquitao.

Hábil en eso de los incisos anecdóticos, contó que en una oportunidad, estaban en la casa de esta familia y observan que <<iban en esa dirección, varias personas, y le dicen al viejo Pedro: - ahí vienen los bachilleres, sí, son los bachilleres. El viejo inmediatamente se movió a preparar todo para recibirlos, le dijo a una de las muchachas que montara café, cuando al rato llega la gente, resulta que eran los mismos hijos de él, a quienes le decían "los bachilleres", no por estudiosos sino por los labiosos que eran>>; al sorprendido Pedro, hombre trabajador, no le quedó más remedio que callar y sonreír.

De José Rafael Abreu y el Dr. Truzkoski.

Una de las jocosas anécdotas que contó Pablito, es la siguiente: <<en una oportunidad José Rafael Abreu, el hacendado que publicó el librito “La Puerta un pueblo”, le hizo una invitación a Truzkoski, el doctor de la Medicatura, que era su médico de familia, a quien consultaba a menudo por cualquier dolencia, al doctor le tocaba a veces ir a su casa para revisarlo. Un día lo invitó a almorzar y el doctor aceptó. Ese mediodía, el doctor se fue detrás de Abreu que tenía fama de ser muy "hueso", y paró y entró en una bodega. Abreu compró una lata de “Diablito” para untar  y unas galletas de soda. El doctor le preguntó ¿y esto es lo que vamos a almorzar? Abreu le respondió: - Yo lo invité a comer. Aquí está la comida>>. El doctor no lo vio más en su consulta médica. 

Una de las del Taita Sandalio Ruz.

Como si tuviera los relatos computarizados, recordó fácilmente un hecho histórico de armas, que le contó “Mano Chico” su papá, que se dio en La Lagunita, antes de la dictadura gomecista, dijo: <<Un día las fuerzas liberales  planearon capturar de sorpresa, al coronel Sandalio Ruz, para eso enviaron al general José Abad Paredes. El hijo de este general aún vive en Maracaibo. Mucha "gente de caballo" llegó a La Lagunita y se dispersaron en varios flancos, para cercar y capturar al coronel en sus propios predios; todo el despliegue anduvo bien, cuando iban a arremeter contra el Coronel, de pronto comenzaron a llegar los montoneros del "Taita" Sandalio, y se fajaron a echarse plomo. Luego de horas de estar disparando de parte y parte, el general José Abad viendo que no podía avanzar, decidió llamar a retirada y se fue a sus cuarteles>> (Conversación con Pablo Villarreal, 25 agosto 2023). Todos se preguntaron en el pueblo: ¿y cómo se comunicaron los adeptos guerrilleros, para ir defender al Coronel?  No se supo ni se sabe.

El general Paredes <<No pudo hacer nada y se mantuvo la leyenda de que a Sandalio lo escondían fuerzas especiales y espirituales>> (Ídem); una de tantas del legendario coronel Sandalio Ruz, contadas por Villarreal.  

Pablo Villarreal, es sin duda, un cronista popular,  el de la "Esquina de Pablito", “Pablito" el de la Plaza, “Pablito" el de la casa de las 4 puertas, ahí, frente al edificio de la Prefectura de La Puerta, estado Trujillo, los que no han conversado con él, se lo pierden.  Sea este un merecido reconocimiento, para este útil y pintoresco personaje conocido por todos y apreciado en nuestra comunidad puertense.

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de La Puerta. 

omanrique761@gmail.com

sábado, 20 de enero de 2024

Pedrito Rangel, la prodigiosa voz de La Puerta tempranera.

Pedrito Rangel, la prodigiosa voz de La Puerta tempranera.

Por Oswaldo Manrique (*)

Quizás el más destacado y recordado cantante de La Puerta, de comienzos del siglo XX, fue Pedro Rangel. Junto a nuestros aficionados y campechanos bardos locales, la mayoría no nacidos aquí, pero grandes intérpretes y algunos, autores de música criolla, bambucos, valses, canciones campesinas y populares y hasta música religiosa, eran el deleite de aquellos tiempos virgilianos, penurias y esfuerzos por construir sin conocimiento ni experiencia, un pueblo. Formaron sin duda, la rondalla musical puertense. 

La idea que me mueve a rescatar información de este singular personaje, está relacionada con la necesidad de la reformulación de La Puerta como destino agro-turístico, replantear y discutir sobre lo que se ha tenido hasta ahora como experiencia y que podemos llamar "turismo chapucero, revendedor de baratijas asiáticas, mercantilista, consumista y globalizado", que como práctica ha desplazado nuestra cultura rural andina, en todos los ámbitos. Y, lo pertinente, echar una mirada a la música y la cultura, como fortaleza rehabilitadora del buen turismo. 

La expresiones de literatura de tradición oral, como la decimista,  aguinaldos, lírica campesina, canciones populares locales, himnos, se desconocen, no se imparten en nuestros centros de formación, tampoco cuentan con apoyo de las instituciones públicas ni privadas. A duras penas, haciendo abstracción de la escuela de música por razones obvias, y los Chimbangueles, subsiste escasamente la parranda de la búsqueda de Niño y los rosarios cantados en los aislados caseríos parameños, gracias a la persistencia y terquedad de sus habitantes. 

Obviar y olvidar la cultura autóctona, significa un quiebre en el proceso de tradición oral de la identidad vital, histórica, cultural, social y hasta política de los pueblos andinos, quienes se desconectan de la experiencia virtuosa de sus ancestros, creencias, vivencias, fortalezas, debilidades, sus luchas, encallejonándola a la perdida de la memoria oral e histórica, que al final, es la pérdida de conciencia como sujetos sociales y como comunidad, es decir, sostener el borrador progresivo de conciencia, que es uno de los objetivos del "pensamiento único".  Esas razones, nos inducen a rescatar y difundir la vida y obra de este importante y espontáneo cantor andino, de principios del siglo XX. 

A partir de la muerte del general Gómez, hubo mayor flexibilidad horaria con la "matraca", duraban más los eventos y lo llamaban para cantar en reuniones familiares y de amigos, incluido bautizos y casorios. Pedrito, como afectivamente se le llamó en aquella pequeña aldea, nació en el Municipio La Puerta, hoy devenido en Parroquia, <<Si, era un comerciante nativo de La Puerta>> (Rivero), en el regazo de una familia de escasos recursos económicos, católica y con ansias de vivir adecuadamente, por eso se integra al poblamiento y urbanizaje del nuevo pueblo de La Puerta.

Trabajó desde niño en labores agrícolas, trigales, cañamelares y en las fincas queseras, cargando sobre sus hombros y bajo el verraco sol, cortes de leña para calmar el frío en la casa. 


Nuevo poblador, comerciante, barbero y sobre todo, músico y poeta popular.

A pesar de las difíciles circunstancias en las que vivía, en un incipiente pueblo de apenas 50 casas y escasa población, Pedro, se mantuvo en el ideal constructivo. 

Antonio Lino Rivero, uno de las personas de mayor edad, que hace esfuerzos por la reconstrucción de la memoria histórica de La Puerta, recuerda que, <<Pedrito Rangel era un comerciante muy conocido que vivió en la avenida Bolívar entre calles 8 y 9, al lado del local que construyeron los chinos, eso fue en las décadas 1930/40 y 50>> (Antonio Lino Rivero. Notas Biográficas sobre Pedro Rangel, enviadas vía wasap en diciembre de 2023); la ubicación corresponde -según la historia de los hacendados -, a la denominada "calle culta". 

Pedro Rangel era considerado un hombre honorable y trabajador de La Puerta, la historiografía local, hace referencia de él, y lo reconoce en su lista de personajes importantes, así: <<No hay que olvidar a Pedro Rangel, comerciante, barbero y sobre todo, músico y poeta popular>> (Abreu , 80).

La escritora Ligia Burelli, en su obra de memorias de su infancia, apuntó que,  <<Don Pedro Rangel, a quien ella acudiera a pedir auxilio pues creyó que el joven era epiléptico, se asomó a la calle por encima del mostrador de su tienda y sonrió levemente>> (Burelli, Ligia. Un día volver. Pág. 320. Caracas. 1992); su tienda comercial. 

Rivero, nuestro generoso colaborador, nos dice:  <<de Don Pedro Rangel, le diré que yo lo conocí en el año 1945/46, era muy amigo de mi papá. Primero vivió en el sector La Legua con su familia, era una casa bastante amplia, la Legua era igual a un kilómetro, esa era la distancia desde la famosa tienda de Audón Lamus, hasta el final del pueblo, la casa estaba al lado de lo que hoy es un Restaurante (La Cabaña de Cámara), después se mudó donde los “Chinos” construyeron un local comercial (ave Bolívar entre calles 8 y 9, al lado de donde vivió Juan Rivero>> (Notas de Rivero).

Sobre sus facciones nos describe Rivero, que: <<Yo lo vi últimamente en la década de los años 1940, tenía aproximadamente 60 años y era de aspecto normal no muy blanco ni trigueño, su estatura era entre 1.65 a 1.70 aproximadamente>> (Notas de Rivero).

La Puerta, pueblo de recién llegados, que mezclaba gente de labor, preocupados por mejorar económicamente, con gamonales y aventureros, era también lugar de entretenimiento, aire cultural y música. Pedrito, en su vida, se arrimó a los pocos hacendados con cierta preocupación por la cultura, las familias de la “Calle Culta”. Allí, conoció a doña Juanita Archila, al maestro Tulio Viloria, José Rafael Abreu y otros vecinos, que representaban una avanzada musical entre los neo pobladores.  


Allí comenzó a hacerse notar. En su pulpería, y en los ratos en que no tenía que estar en el solar peluqueando a sus clientes, leía, componía sus versos, tarareando, y ensayaba su portentosa voz. Lo que siempre y por todos, le fue reconocida, <<Pedro Rangel era el trovero preferido, con las canciones "Flores Negras" y "El Viajero">> (Abreu, 79); rompió venas, con aquel bolero:  

Me hacen daño tus ojos,

me hacen daño tus manos,

me hacen daño tus labios,

que saben fingir.


Y a mi sombra pregunto,

si esos labios que adoro,

en un beso sagrado,

podrán mentir.


Y aunque viva,

prisionero en mi soledad,

mi alma te dirá…,

hay te quiero.


Nuestros labios,

guardan flama,

de un beso voraz,

que no olvidarás, mañana.


(Coro)

Flores negras del destino,

nos apartan sin piedad,)

pero el día vendrá en que sea,

para mi nomás, nomás.

(Repetir)

Flores Negras, dicen es la perfección hecha canción. Solo un cantante con una capacidad torácica excepcional, puede cantar este boleraso, lo hicieron artistas consagrados en su tiempo como Javier Solís, Felipe Pirela, Celia Cruz y Pedro Vargas y reciente, Luis Miguel.

En su repertorio incluía baladas de su creación. En sus vivencias de infancia, la misma Ligia Burelli, incluyó un pequeño párrafo sobre los músicos del pueblo, y <<cómo ella supo de una dinastía de músicos -aficionado, desde luego, pero con mucha inspiración- entre los que sobresalía don Pedro Rangel, un "cantautor" como dicen ahora, pero que para entonces, afortunadamente, era solo el eximio cantor de sus propias baladas y de hermosos temas del repertorio iberoamericano>>  (Burelli, L, 331). 

No existía carretera, y su popularidad se había expandido tanto que sus fanáticos sorteaban las distancias desde sus pueblos, para ir a escucharle cantar.  Integrado al grupo de la "Calle Culta", su vocación musical, espontánea y loable, lo convirtió en el exponente del cancionero tradicional andino y popular, sin exigir pago de dinero o retribución ninguna.

Aunque parezca banal, su canto, la actividad musical de aquella espontánea rondalla, las expresiones teatrales y culturales de su época, contribuyeron a darle identidad, querencia, cotidianidad y solidez al proceso constructivo y cultural del nuevo pueblo.


Las "veladas culturales” de la nueva población de  La Puerta.

La actividad de teatro y las veladas musicales, populares, festivas y religiosas en La Puerta, cumpliría una labor importante en el proceso de Neo poblamiento (sin indios) y de construcción urbana de comienzos del siglo XX. En aquel ambiente de analfabetismo y penurias, la construcción de un pueblo racista, de hacendados y gamonales, tuvo en el arte escénico el espacio propicio para generar mediante el entretenimiento, invitación y estímulo a los visitantes a integrarse y contribuir al impulso de esta comunidad en formación, un nuevo imaginario colectivo y local.

Las veladas eran una mezcla entre teatro y música eran espectáculos donde actuaba la gente de la misma comunidad. Para aquella época estamos hablando de 1930, destacó Pedro Rangel. Su sentido dramático, le hizo participar en varias obras de teatro humorístico y otras de contenido patriótico, siendo la más destacada Los últimos momentos del Libertador, puesta en escena en diciembre de 1930, con motivo del centenario y homenaje nacional al Padre de la Patria.

Su vida es prácticamente un misterio, una especie de ídolo de nuestro acervo cultural andino, y, probablemente, el mejor intérprete de la región trujillana. Pedrito cantaba con una voz clara, melodiosa, era de barítono. Inigualable, la voz del pueblo,  se lucía en las veladas teatrales, usando los sonidos y resonancias típicos de la canción popular de los Andes.

Para tener una imagen más cercana de Pedrito Rangel, reproduzco el entusiasta testimonio del antiguo cronista José Rafael Abreu, <<No hubo una buena "velada" o reunión familiar en que no se escuchara la música de las mandolinas, violines, requinto, guitarras y cuatros, interpretados por don Aquilino Asuaje, Don Ezequiel Viloria, Don Pedro González, Don José María Rueda (primer telegrafista de La Puerta y excelente mandolinista) y el trovador preferido, de gran sensibilidad musical, Pedrito Rangel. Las canciones oídas para entonces eran, preferentemente, Adiós a Ocumare, Luna de Maracaibo, Tocuyito, General Castro en La Victoria, Al despertar, Rubito, Juan Manuel, Clamores, La Colombina, La Mazurca, La Copa del Olvido, Las tres de la tarde, El campo está florido, Al morir la tarde>> (Abreu, José Rafael. La Puerta un pueblo. Página 77. Caracas. 1969). Artísticamente, fue ponderado por nuestra historiografía local, como un adelantado en todo sentido, ya que tenía todos los componentes para convertirse en un afamado cantante.

Antonio Lino Rivero, preocupado recopilador de biografías y fotografías de personajes de nuestra historia parroquial, nos comenta de Rangel, que <<Él era comerciante, barbero y un gran músico. Yo estaba muy joven cuando lo conocí tenía dos hijos que habían salido de sexto grado y estudiaban en otros estados del país; tengo la foto de la casa de cuando vivió en "La Legua", era una casa grande que estaba al final de la calle Bolívar parte sur, dónde hoy funciona el Restaurant de Cámara >>; Pedrito Rangel, era un barítono extraordinario y se desconocen datos de dónde desarrolló el registro de su voz, aunque pudo haber estado en la escuela de música de Trujillo. 

Si tomamos en consideración la época, en la que el general Gómez dió la pauta con gusto por el tango gardeliano, seguramente, Rangel hubo de cantar canciones como Cuesta abajo, El día que me quieras o Por una cabeza, con algún toque de la particular tersura de su voz.


Fiestas Navideñas con Pedrito Rangel y la rondalla de los terceros pobladores.

Nuestro bardo serrano, en los días de diciembre, era uno de los <<Insustituibles cantores>>  (Abreu, 84), asi, lo consideraban: insustituible.  

Al pasar la Nochebuena, juntaba su voz a la de José María y José del Rosario Ramírez "Chayo",  Mitrídates Volcán, Bernardino Rivas, Natividad Sulbarán, Manuel Briceño, Dominguito González, Matías González, Augusto Carrasquero, Obdulio Palomares, Pedro Villegas, Rafael Briceño, Manuel Añez, Pablo Rivas y el inspirado Rubiro Antonio Briceño, para convertir esos momentos nocturnos, en aquellos en los que el <<corazón se henchía con singulares emociones>> (Abreu, 84), de esa magnitud eran las interpretaciones, según la crónica de la época. 


Sobre el ocaso de su vida.

Rivero, que lo conoció, recuerda que  Pedrito Rangel era,  <<Muy conocido y popular, yo estaba muy joven cuando lo conocí, también conocí a los hijos, lamentablemente al final de su vida, sufrió de una fuerte depresión, por problemas con algunos de los familiares>> (Notas citadas).

En un relato de Miguel Burelli Rivas, trata sobre el final de Rangel, <<Y ¿quién diría que no fue enlunamiento lo que extravió la mente clara de Pedrito Rangel, poeta, pulpero y barbero, improvisador de cálidos villancicos entre mistela y mistela, en la paradura del niño del maestro Chayo, cuyo pesebre nos deslumbraba en cada Navidad?>> (Abreu, 187).

Sobre su fallecimiento no hemos encontrado mayores datos, que los que se desprenden de la partida de defunción de su esposa Ramona Peñaloza de Rangel, que compartimos a continuación, como parte de nuestra investigación.

<<N° 23. Amable Matheus Silva, primera autoridad Civil del Municipio La Puerta, hago constar, que hoy cinco de agosto de mil novecientos cincuenta y tres, se presentó a este despacho el ciudadano Felipe Peñaloza Moreno y manifestó que ayer a las cinco de la tarde falleció Ramona Peñaloza de Rangel en esta población lugar de su domicilio, de esta jurisdicción, y que según noticias adquiridas aparece que la finada nació en el Municipio Monte Carmelo, tiene 39 años de edad, viuda de Pedro Manuel Rangel, de oficios domésticos, hija legítima de Ángel Custodio Peñaloza y María del Carmen Moreno y qué murió a consecuencia de cáncer según certificación médica, dejó nueve hijos nombrados Jesús Manuel, Luis Alfonso, mayores de edad, Beatriz de diez y ocho años, Raúl Asunción díez y siete años, Pedro de de quince años, María de quince años, Juan de de doce años, Francisco y Concepción de diez y de ocho años respectivamente. Fueron testigos presenciales del acto Nicolás Ceballos y Alcira González, mayores de veinte i un años>> (Transcripción fiel y exacta del original de la Partida N° 23. Libro de Defunciones 1953. Archivo Registro Civil de la Parroquia La Puerta). 

Datos biográficos principales de Ramona Peñaloza de Rangel, esposa de Pedro Manuel Rangel: 1.- Ella nació en Montecarmelo en 1914. 2.- Se casó en 1932, con 18 años de edad, era menor, con Pedro Manuel Rangel. 3.- Su Primer hijo Jesús Manuel, nació en 1933. 4.- Su segundo hijo, Luis Alfonso rangel, fue musico y tocó el armonio en la Iglesia de la Puerta. 5.- La ultima hija de nombre Concepción, nació en 1945.  6.- tuvieron 9 hijos. 7.- Ella murió el 4-8-1953, en La Puerta.

Datos biográficos principales de Pedro Manuel Rangel, que se desprenden de la anterior partida de defunción: 1.- Que, Pedrito pudo nacer entre 1900 y 1907.-  2.- Murió entre 1946 y 1952.- 3.- Se induce una relación con Montecarmelo, tierra de músicos italianos y descendientes. - 4.- Es posible que haya nacido en Montecarmelo, por sus conocimientos de canto, escritura y el arte de la poesía, que no los pudo haber adquirido en La Puerta. 

         Antonio Lino Rivero,  al referirse al final de la vida de este artista, dijo: <<últimamente se enfermó y comentaban que tenía problemas familiares, la última vez que lo vi sufría de una tremenda depresión y se notaba muy inquieto, fue un señor muy trabajador y tenía muchas amistades, no recuerdo la fecha de su fallecimiento>> (Nota citada); al parecer, perdió la razón. Su enfermedad causó una profusa manifestación de dolor en todo el valle del Bomboy, y se sintieron realmente conmovidos cuando se enteraron de la irreparable pérdida.

Cada vez que hablemos de música criolla, autóctona, o con mayor densidad, busquemos en la memoria colectiva, los sonidos silenciados, la lírica campesina obviada, de eso que llaman cultura andina, será la voz de Pedrito Rangel, la que se escuchará, en su llamado melodioso por el rescate firme de nuestras tradiciones y expresiones musicales, será la voz, indiscutiblemente, de los neopobladores.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com

La Puerta, enero 2024.




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