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sábado, 20 de enero de 2024

Pedrito Rangel, la prodigiosa voz de La Puerta tempranera.

Pedrito Rangel, la prodigiosa voz de La Puerta tempranera.

Por Oswaldo Manrique (*)

Quizás el más destacado y recordado cantante de La Puerta, de comienzos del siglo XX, fue Pedro Rangel. Junto a nuestros aficionados y campechanos bardos locales, la mayoría no nacidos aquí, pero grandes intérpretes y algunos, autores de música criolla, bambucos, valses, canciones campesinas y populares y hasta música religiosa, eran el deleite de aquellos tiempos virgilianos, penurias y esfuerzos por construir sin conocimiento ni experiencia, un pueblo. Formaron sin duda, la rondalla musical puertense. 

La idea que me mueve a rescatar información de este singular personaje, está relacionada con la necesidad de la reformulación de La Puerta como destino agro-turístico, replantear y discutir sobre lo que se ha tenido hasta ahora como experiencia y que podemos llamar "turismo chapucero, revendedor de baratijas asiáticas, mercantilista, consumista y globalizado", que como práctica ha desplazado nuestra cultura rural andina, en todos los ámbitos. Y, lo pertinente, echar una mirada a la música y la cultura, como fortaleza rehabilitadora del buen turismo. 

La expresiones de literatura de tradición oral, como la decimista,  aguinaldos, lírica campesina, canciones populares locales, himnos, se desconocen, no se imparten en nuestros centros de formación, tampoco cuentan con apoyo de las instituciones públicas ni privadas. A duras penas, haciendo abstracción de la escuela de música por razones obvias, y los Chimbangueles, subsiste escasamente la parranda de la búsqueda de Niño y los rosarios cantados en los aislados caseríos parameños, gracias a la persistencia y terquedad de sus habitantes. 

Obviar y olvidar la cultura autóctona, significa un quiebre en el proceso de tradición oral de la identidad vital, histórica, cultural, social y hasta política de los pueblos andinos, quienes se desconectan de la experiencia virtuosa de sus ancestros, creencias, vivencias, fortalezas, debilidades, sus luchas, encallejonándola a la perdida de la memoria oral e histórica, que al final, es la pérdida de conciencia como sujetos sociales y como comunidad, es decir, sostener el borrador progresivo de conciencia, que es uno de los objetivos del "pensamiento único".  Esas razones, nos inducen a rescatar y difundir la vida y obra de este importante y espontáneo cantor andino, de principios del siglo XX. 

A partir de la muerte del general Gómez, hubo mayor flexibilidad horaria con la "matraca", duraban más los eventos y lo llamaban para cantar en reuniones familiares y de amigos, incluido bautizos y casorios. Pedrito, como afectivamente se le llamó en aquella pequeña aldea, nació en el Municipio La Puerta, hoy devenido en Parroquia, <<Si, era un comerciante nativo de La Puerta>> (Rivero), en el regazo de una familia de escasos recursos económicos, católica y con ansias de vivir adecuadamente, por eso se integra al poblamiento y urbanizaje del nuevo pueblo de La Puerta.

Trabajó desde niño en labores agrícolas, trigales, cañamelares y en las fincas queseras, cargando sobre sus hombros y bajo el verraco sol, cortes de leña para calmar el frío en la casa. 


Nuevo poblador, comerciante, barbero y sobre todo, músico y poeta popular.

A pesar de las difíciles circunstancias en las que vivía, en un incipiente pueblo de apenas 50 casas y escasa población, Pedro, se mantuvo en el ideal constructivo. 

Antonio Lino Rivero, uno de las personas de mayor edad, que hace esfuerzos por la reconstrucción de la memoria histórica de La Puerta, recuerda que, <<Pedrito Rangel era un comerciante muy conocido que vivió en la avenida Bolívar entre calles 8 y 9, al lado del local que construyeron los chinos, eso fue en las décadas 1930/40 y 50>> (Antonio Lino Rivero. Notas Biográficas sobre Pedro Rangel, enviadas vía wasap en diciembre de 2023); la ubicación corresponde -según la historia de los hacendados -, a la denominada "calle culta". 

Pedro Rangel era considerado un hombre honorable y trabajador de La Puerta, la historiografía local, hace referencia de él, y lo reconoce en su lista de personajes importantes, así: <<No hay que olvidar a Pedro Rangel, comerciante, barbero y sobre todo, músico y poeta popular>> (Abreu , 80).

La escritora Ligia Burelli, en su obra de memorias de su infancia, apuntó que,  <<Don Pedro Rangel, a quien ella acudiera a pedir auxilio pues creyó que el joven era epiléptico, se asomó a la calle por encima del mostrador de su tienda y sonrió levemente>> (Burelli, Ligia. Un día volver. Pág. 320. Caracas. 1992); su tienda comercial. 

Rivero, nuestro generoso colaborador, nos dice:  <<de Don Pedro Rangel, le diré que yo lo conocí en el año 1945/46, era muy amigo de mi papá. Primero vivió en el sector La Legua con su familia, era una casa bastante amplia, la Legua era igual a un kilómetro, esa era la distancia desde la famosa tienda de Audón Lamus, hasta el final del pueblo, la casa estaba al lado de lo que hoy es un Restaurante (La Cabaña de Cámara), después se mudó donde los “Chinos” construyeron un local comercial (ave Bolívar entre calles 8 y 9, al lado de donde vivió Juan Rivero>> (Notas de Rivero).

Sobre sus facciones nos describe Rivero, que: <<Yo lo vi últimamente en la década de los años 1940, tenía aproximadamente 60 años y era de aspecto normal no muy blanco ni trigueño, su estatura era entre 1.65 a 1.70 aproximadamente>> (Notas de Rivero).

La Puerta, pueblo de recién llegados, que mezclaba gente de labor, preocupados por mejorar económicamente, con gamonales y aventureros, era también lugar de entretenimiento, aire cultural y música. Pedrito, en su vida, se arrimó a los pocos hacendados con cierta preocupación por la cultura, las familias de la “Calle Culta”. Allí, conoció a doña Juanita Archila, al maestro Tulio Viloria, José Rafael Abreu y otros vecinos, que representaban una avanzada musical entre los neo pobladores.  


Allí comenzó a hacerse notar. En su pulpería, y en los ratos en que no tenía que estar en el solar peluqueando a sus clientes, leía, componía sus versos, tarareando, y ensayaba su portentosa voz. Lo que siempre y por todos, le fue reconocida, <<Pedro Rangel era el trovero preferido, con las canciones "Flores Negras" y "El Viajero">> (Abreu, 79); rompió venas, con aquel bolero:  

Me hacen daño tus ojos,

me hacen daño tus manos,

me hacen daño tus labios,

que saben fingir.


Y a mi sombra pregunto,

si esos labios que adoro,

en un beso sagrado,

podrán mentir.


Y aunque viva,

prisionero en mi soledad,

mi alma te dirá…,

hay te quiero.


Nuestros labios,

guardan flama,

de un beso voraz,

que no olvidarás, mañana.


(Coro)

Flores negras del destino,

nos apartan sin piedad,)

pero el día vendrá en que sea,

para mi nomás, nomás.

(Repetir)

Flores Negras, dicen es la perfección hecha canción. Solo un cantante con una capacidad torácica excepcional, puede cantar este boleraso, lo hicieron artistas consagrados en su tiempo como Javier Solís, Felipe Pirela, Celia Cruz y Pedro Vargas y reciente, Luis Miguel.

En su repertorio incluía baladas de su creación. En sus vivencias de infancia, la misma Ligia Burelli, incluyó un pequeño párrafo sobre los músicos del pueblo, y <<cómo ella supo de una dinastía de músicos -aficionado, desde luego, pero con mucha inspiración- entre los que sobresalía don Pedro Rangel, un "cantautor" como dicen ahora, pero que para entonces, afortunadamente, era solo el eximio cantor de sus propias baladas y de hermosos temas del repertorio iberoamericano>>  (Burelli, L, 331). 

No existía carretera, y su popularidad se había expandido tanto que sus fanáticos sorteaban las distancias desde sus pueblos, para ir a escucharle cantar.  Integrado al grupo de la "Calle Culta", su vocación musical, espontánea y loable, lo convirtió en el exponente del cancionero tradicional andino y popular, sin exigir pago de dinero o retribución ninguna.

Aunque parezca banal, su canto, la actividad musical de aquella espontánea rondalla, las expresiones teatrales y culturales de su época, contribuyeron a darle identidad, querencia, cotidianidad y solidez al proceso constructivo y cultural del nuevo pueblo.


Las "veladas culturales” de la nueva población de  La Puerta.

La actividad de teatro y las veladas musicales, populares, festivas y religiosas en La Puerta, cumpliría una labor importante en el proceso de Neo poblamiento (sin indios) y de construcción urbana de comienzos del siglo XX. En aquel ambiente de analfabetismo y penurias, la construcción de un pueblo racista, de hacendados y gamonales, tuvo en el arte escénico el espacio propicio para generar mediante el entretenimiento, invitación y estímulo a los visitantes a integrarse y contribuir al impulso de esta comunidad en formación, un nuevo imaginario colectivo y local.

Las veladas eran una mezcla entre teatro y música eran espectáculos donde actuaba la gente de la misma comunidad. Para aquella época estamos hablando de 1930, destacó Pedro Rangel. Su sentido dramático, le hizo participar en varias obras de teatro humorístico y otras de contenido patriótico, siendo la más destacada Los últimos momentos del Libertador, puesta en escena en diciembre de 1930, con motivo del centenario y homenaje nacional al Padre de la Patria.

Su vida es prácticamente un misterio, una especie de ídolo de nuestro acervo cultural andino, y, probablemente, el mejor intérprete de la región trujillana. Pedrito cantaba con una voz clara, melodiosa, era de barítono. Inigualable, la voz del pueblo,  se lucía en las veladas teatrales, usando los sonidos y resonancias típicos de la canción popular de los Andes.

Para tener una imagen más cercana de Pedrito Rangel, reproduzco el entusiasta testimonio del antiguo cronista José Rafael Abreu, <<No hubo una buena "velada" o reunión familiar en que no se escuchara la música de las mandolinas, violines, requinto, guitarras y cuatros, interpretados por don Aquilino Asuaje, Don Ezequiel Viloria, Don Pedro González, Don José María Rueda (primer telegrafista de La Puerta y excelente mandolinista) y el trovador preferido, de gran sensibilidad musical, Pedrito Rangel. Las canciones oídas para entonces eran, preferentemente, Adiós a Ocumare, Luna de Maracaibo, Tocuyito, General Castro en La Victoria, Al despertar, Rubito, Juan Manuel, Clamores, La Colombina, La Mazurca, La Copa del Olvido, Las tres de la tarde, El campo está florido, Al morir la tarde>> (Abreu, José Rafael. La Puerta un pueblo. Página 77. Caracas. 1969). Artísticamente, fue ponderado por nuestra historiografía local, como un adelantado en todo sentido, ya que tenía todos los componentes para convertirse en un afamado cantante.

Antonio Lino Rivero, preocupado recopilador de biografías y fotografías de personajes de nuestra historia parroquial, nos comenta de Rangel, que <<Él era comerciante, barbero y un gran músico. Yo estaba muy joven cuando lo conocí tenía dos hijos que habían salido de sexto grado y estudiaban en otros estados del país; tengo la foto de la casa de cuando vivió en "La Legua", era una casa grande que estaba al final de la calle Bolívar parte sur, dónde hoy funciona el Restaurant de Cámara >>; Pedrito Rangel, era un barítono extraordinario y se desconocen datos de dónde desarrolló el registro de su voz, aunque pudo haber estado en la escuela de música de Trujillo. 

Si tomamos en consideración la época, en la que el general Gómez dió la pauta con gusto por el tango gardeliano, seguramente, Rangel hubo de cantar canciones como Cuesta abajo, El día que me quieras o Por una cabeza, con algún toque de la particular tersura de su voz.


Fiestas Navideñas con Pedrito Rangel y la rondalla de los terceros pobladores.

Nuestro bardo serrano, en los días de diciembre, era uno de los <<Insustituibles cantores>>  (Abreu, 84), asi, lo consideraban: insustituible.  

Al pasar la Nochebuena, juntaba su voz a la de José María y José del Rosario Ramírez "Chayo",  Mitrídates Volcán, Bernardino Rivas, Natividad Sulbarán, Manuel Briceño, Dominguito González, Matías González, Augusto Carrasquero, Obdulio Palomares, Pedro Villegas, Rafael Briceño, Manuel Añez, Pablo Rivas y el inspirado Rubiro Antonio Briceño, para convertir esos momentos nocturnos, en aquellos en los que el <<corazón se henchía con singulares emociones>> (Abreu, 84), de esa magnitud eran las interpretaciones, según la crónica de la época. 


Sobre el ocaso de su vida.

Rivero, que lo conoció, recuerda que  Pedrito Rangel era,  <<Muy conocido y popular, yo estaba muy joven cuando lo conocí, también conocí a los hijos, lamentablemente al final de su vida, sufrió de una fuerte depresión, por problemas con algunos de los familiares>> (Notas citadas).

En un relato de Miguel Burelli Rivas, trata sobre el final de Rangel, <<Y ¿quién diría que no fue enlunamiento lo que extravió la mente clara de Pedrito Rangel, poeta, pulpero y barbero, improvisador de cálidos villancicos entre mistela y mistela, en la paradura del niño del maestro Chayo, cuyo pesebre nos deslumbraba en cada Navidad?>> (Abreu, 187).

Sobre su fallecimiento no hemos encontrado mayores datos, que los que se desprenden de la partida de defunción de su esposa Ramona Peñaloza de Rangel, que compartimos a continuación, como parte de nuestra investigación.

<<N° 23. Amable Matheus Silva, primera autoridad Civil del Municipio La Puerta, hago constar, que hoy cinco de agosto de mil novecientos cincuenta y tres, se presentó a este despacho el ciudadano Felipe Peñaloza Moreno y manifestó que ayer a las cinco de la tarde falleció Ramona Peñaloza de Rangel en esta población lugar de su domicilio, de esta jurisdicción, y que según noticias adquiridas aparece que la finada nació en el Municipio Monte Carmelo, tiene 39 años de edad, viuda de Pedro Manuel Rangel, de oficios domésticos, hija legítima de Ángel Custodio Peñaloza y María del Carmen Moreno y qué murió a consecuencia de cáncer según certificación médica, dejó nueve hijos nombrados Jesús Manuel, Luis Alfonso, mayores de edad, Beatriz de diez y ocho años, Raúl Asunción díez y siete años, Pedro de de quince años, María de quince años, Juan de de doce años, Francisco y Concepción de diez y de ocho años respectivamente. Fueron testigos presenciales del acto Nicolás Ceballos y Alcira González, mayores de veinte i un años>> (Transcripción fiel y exacta del original de la Partida N° 23. Libro de Defunciones 1953. Archivo Registro Civil de la Parroquia La Puerta). 

Datos biográficos principales de Ramona Peñaloza de Rangel, esposa de Pedro Manuel Rangel: 1.- Ella nació en Montecarmelo en 1914. 2.- Se casó en 1932, con 18 años de edad, era menor, con Pedro Manuel Rangel. 3.- Su Primer hijo Jesús Manuel, nació en 1933. 4.- Su segundo hijo, Luis Alfonso rangel, fue musico y tocó el armonio en la Iglesia de la Puerta. 5.- La ultima hija de nombre Concepción, nació en 1945.  6.- tuvieron 9 hijos. 7.- Ella murió el 4-8-1953, en La Puerta.

Datos biográficos principales de Pedro Manuel Rangel, que se desprenden de la anterior partida de defunción: 1.- Que, Pedrito pudo nacer entre 1900 y 1907.-  2.- Murió entre 1946 y 1952.- 3.- Se induce una relación con Montecarmelo, tierra de músicos italianos y descendientes. - 4.- Es posible que haya nacido en Montecarmelo, por sus conocimientos de canto, escritura y el arte de la poesía, que no los pudo haber adquirido en La Puerta. 

         Antonio Lino Rivero,  al referirse al final de la vida de este artista, dijo: <<últimamente se enfermó y comentaban que tenía problemas familiares, la última vez que lo vi sufría de una tremenda depresión y se notaba muy inquieto, fue un señor muy trabajador y tenía muchas amistades, no recuerdo la fecha de su fallecimiento>> (Nota citada); al parecer, perdió la razón. Su enfermedad causó una profusa manifestación de dolor en todo el valle del Bomboy, y se sintieron realmente conmovidos cuando se enteraron de la irreparable pérdida.

Cada vez que hablemos de música criolla, autóctona, o con mayor densidad, busquemos en la memoria colectiva, los sonidos silenciados, la lírica campesina obviada, de eso que llaman cultura andina, será la voz de Pedrito Rangel, la que se escuchará, en su llamado melodioso por el rescate firme de nuestras tradiciones y expresiones musicales, será la voz, indiscutiblemente, de los neopobladores.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com

La Puerta, enero 2024.




martes, 10 de agosto de 2021

Obdulio Palomares, alfarero de paz, en La Puerta.

Obdulio Palomares, alfarero de paz, en La Puerta. 


Oswaldo Manrique Ramírez.


En la serie de personajes de La Puerta, de los que se ha escrito escasamente, se incluyen algunos, que a pesar de haber sido emprendedores y celosos cultores de su pueblo, están en el olvido, como el caso de Obdulio Palomares, tan significativo por  haber sido, juez de paz de La Puerta, en una época de oscurantismo y violencia. Se han recuperado para la memoria histórica de dicha comarca, rasgos importantes que aquí publicamos, gracias a la conservada voz de la tradición popular, incluyendo, la de sus parientes puertenses, que  pudimos escuchar.


Las nuevas generaciones de jóvenes de nuestra localidad, que se vienen formando en nuestras escuelas, liceos e institutos educacionales, muy poco, o seguramente, no han oído hablar de don Obdulio Palomares, un interesante personaje contemporáneo, que se consagró por entero al trabajo significativo, en el área urbana y la rural, y particularmente a lograr convivencia ciudadana, entre los abiertos horizontes de nuestra localidad.

En esta antigua y algo borrosa fotografía, se observa a la izquierda, a un pequeño niño, a su lado a don Obdulio Palomares, vestido con paltó y franela blanca, cinturón de cuero, como se estilaba en la época;  en el centro dos de sus hijas, y a la derecha, su esposa Eudocia Abreu.  Cronografía 0609-WAO-051.


1.- Obdulio Palomares, don Yuyo.

José Obdulio Palomares, nació en el bello pueblo de La Puerta, Trujillo, Venezuela, en el año 1881, tiempo de intranquilidad política y militar;  hijo de María Virginia Palomares (1867 -1899), desconociéndose quién fue su padre. Fue el único varón y el mayor de los cinco hijos que tuvo Virginia, no obstante de la modesta familia donde se crió, recibió el afecto maternal y valores familiares y cristianos. Fueron sus abuelos maternos: Miguel María Palomares Briceño (1830-1870) y Candelaria Villarreal (1845). El apellido Palomares, toponímico, viene del latín palumbes, lugares donde se criaban palomas; es oriundo de lugares como Sevilla, Salamanca, Alicante, España. Se tiene datos, que de los primeros Palomares en Venezuela, una señora que se convirtió en hacendad de matas de cacao, en uno de los pueblos del sur del lago de Maracaibo, a mediado del siglo XVIII, de nombre María palomares.  Sus bisabuelos maternos: Bartolomé Palomares (1803) y Juana de la Rosa Briceño (1808). En la familia todos llegaron a llamarlo “Yuyo”, por cariño, como apocope de Obdulio, nombre que significa: el que suaviza las penas; en efecto, su llegada al mundo, fue el refugio, la tranquilidad y la felicidad de su señora madre Virginia, la de los Palomares. 


Don "Yuyo" Palomares. Cronografía  0609-WAO048.


Posterior a su nacimiento, llegaron sus hermanas: María Clarisa (nació en 1887), María Visitación (nació en 1889); Juana Blasa (nació en 1891) y María Elisa Palomares (nació en 1893), con las que mantuvo una relación fraterna, y lo respetaban por ser el mayor, en una época donde la vorágine caudillista, obligaba a tomar las riendas de la familia y defenderla.

La segunda mitad del siglo XIX, en esta zona trujillana, al establecerse el modelo de gobierno federal, dio rienda suelta a que terratenientes, que a la vez, eran los dirigentes políticos, con una estructura conformada con  otros caudillos y caciques municipales y parroquiales, que convertían sus parceleros, arrendatarios, peones, ahijados y parientes pobres en soldados, hicieran lo que les dictaba su propio arbitrio.  Historiadores que han escrito de este tema, entre ellos, La Riva Vale, describió que este periodo, se consumió en un ambiente de divisiones, atropellos, desorden, saqueos, venganzas y persecuciones; las familias vivían en persistente consternación, alarma, intranquilidad, amenazadas de ser exterminadas <<ante la salida de un caudillo que si los hubo, incapaz de permitir un desafuero, y la llegada de otro, en cuyas filas al lado del guerrero valiente que en las acciones bélicas combatía con gran denuedo, venia el sujeto de triste fama y pésimos antecedentes…”poseso de furia insana arremetía contra todo”>> (La Riva Vale, Alberto. Anales de Valera. Pág. 77. Publicación del Concejo Municipal de Valera. 1988); asimismo, sufrió la agricultura y el comercio, actividades abandonadas, por la amenaza de ser reclutados sus operarios y el saqueo, por los bandos en conflicto. Eran tiempos de caudillos.

Cuando apenas tenía 11 años de edad, escuchó del episodio dramático de la derrota de los godos en el Paso de Bolívar, y comenzó a ver la persecución de sus tíos y primos maternos, viejos, jóvenes y niños, a quienes buscaban las fuerzas del gobierno liberal  para exterminarlos. Sus tíos, los legendarios Palomares, eran gente vinculada a las fuerzas oligárquicas, como la mayoría de las familias en el Valle del Bomboy, hoy La Puerta y Mendoza, aunque su influencia militar y política se extendía hasta más allá de Motatán y Montecarmelo. Era significativa su fuerza y su experiencia como montonera.

Saliendo de la adolescencia física, sufre otro golpe, fallece su mamá, con quien compartía su vida; su  nieta Marlene Palomares, arquitecta de profesión, rememora lo que se conoció en conversaciones de familiares,  Obdulio <<Al morir su madre a la edad de 32 años, en el año 1899, quedó él de 18 años y fue acogido en el hogar de la señora Carolina Plaza Angarita, quien se encargó de su crianza y educación junto con su familia. Se mudaron a Montecarmelo, Trujillo donde fijaron su residencia. Allí conoció a María Eudocia Abreu -quien también estaba bajo la crianza de la familia Plaza Angarita-, hija de María Natividad Abreu (1840 – 1901)>> (Notas sobre don Obdulio Palomares. La Puerta. Mayo 2021); a esa edad, ya había solidificado los consejos de Virginia, su madre, inclinándose por el camino del bien, el estudio y el trabajo.  María Eudocia fue la segunda de tres hijas que tuvo María Natividad: María Concepción (nació el  9 diciembre 1877; María Eudocia  (nació el  1888 – 1976), y Rafaela María (nació el  20 abril 1891); las tres Marías.

 2.- Don Yuyo formando familia, en Montecarmelo.

Detrás de la serranía del palmichero, hacia el suroeste de Escuque, hay un estrecho valle, bordeados por las quebradas de San Antonio y Palmas de Tomón, conocido como Montecarmelo. Se conserva en la memoria oral colectiva,  que el padre Francisco Rosario, prelado de la libertad, en una de sus muchas peregrinaciones anuales, se presentó al predio donde se había levantado una pequeña capilla para misas y oficios litúrgicos, con un retablo de la imagen de la Virgen del Carmen, manteniéndose desde ese día, este nombre bíblico, en la consecuente devoción mariana de sus pobladores, y como la patrona de esa comunidad. 

Montecarmelo, fue, el lugar, donde una señora de buenos sentimientos, se encargó de la conducción familiar del joven Obdulio. Calles bien empedradas, casa municipal, templo, cementerio, algunas edificaciones importantes, actividad artística, musical y varias escuelas; en una de ellas, pudo seguir estudiando. La familia de Carolina Plaza Angarita, de buena posición social, estaba constituida por gente muy laboriosa, destacando entre sus miembros el señor Domingo Plaza,  prospero comerciante y don Virgilio Plaza, fuerte hacendado del café, con quienes le tocó trabajar a Obdulio y aprender de ellos, estas actividades productivas, hasta que el negocio del café, cayó en crisis, produciendo pérdidas económicas para la región y para las personas involucradas en su comercialización.

Cuando llegó Obdulio a este Municipio Montecarmelo, solo había 100 casas y algo más de 500 habitantes. Era un pueblo con expectativas de florecimiento económico, por la producción de café y de azúcar; muchos fueron los viajes a través de caminos intransitables en tiempos lluviosos, tuvo que hacer el joven Obdulio, sobre mulas, para llevar productos de los Plaza, al Puerto de la Dificultad, en el Lago de Maracaibo.

Con 25 años de edad, y algo de solvencia económica, se casó con María Eudocia Abreu, joven que también estaba bajo la crianza de doña Carolina Plaza, allí mismo en Monte Carmelo; su nieta, relató que, <<se enamoraron, casándose en esa misma entidad, el 26 de abril de 1906. De ese matrimonio nacieron en Montecarmelo: María del Carmen (1907 – 1972); María Eulogia (1909); José Alejandrino (1910); María Gregoria (1911); María Cipriana (1912 – 1974); José Eloi (3 de julio 1914)>> (Ídem); al año siguiente de haber nacido José Eloi, se mudó con toda su familia inmediata y cambió de lugar de residencia.


Doña Maria Eudocia Abreu, esposa de don Obdulio Palomares. Cronografía  0609-WAO050.



Hombre muy coloquial, tenía por costumbre ir a la plaza Bolívar de La Puerta, todos los domingos en la mañana, a sentarse a compartir con la gente; la  citada nieta describe ese compartir social, con la siguiente pincelada:   <<sentado al frente del riachuelo que atravesaba la Plaza en ese entonces. Tocaba el cuatro y la guitarra, componía versos, cantaba y le sacaba coplas a todo lo que veía y vivía>> (Ídem). El lugar, al que se refiere, es la hoy calle o transversal 8, donde pasaba una quebrada donde tomaban las señoras con sus cántaros, jarrones y pimpinas, el agua para el consumo domestico.

Montecarmelo, donde se formó y paso su juventud, tenía una Banda Filarmónica, cuyos jóvenes integrantes, vatios amigos de Obdulio, amante de la música, viajaban en fatigosas y  distantes  jornadas, a tocar conciertos y presentaciones en diferentes pueblos, plazas y templos  de los Andes. Esa banda, fue creada por músicos italianos, dirigidos por Antonino Anselmi Berti, abuelo del maestro José Antonio Abreu, de grata recordación para nuestra población puertense del Bomboy.

Don Obdulio Palomares, fue uno de los insustituibles cantores de las noches decembrinas de mediados del siglo XX, en La Puerta, en las que <<el corazón se henchía con singulares emociones>> (Abreu, José Rafael. La Puerta: un pueblo. pag.84. Editorial Arte. 1969); asi recordaba el maestro Abreu, las virtudes musicales de don Yuyo.

En relación a sus características generales, lo recuerdan como una persona de caminar pausado, impecable en su vestimenta, con su liquiliqui blanco y su sombrero negro o blanco, de acuerdo a la ocasión; no le faltaban sus lentes de sol; su bigote blanco y su impecable barba blanca, bien cuidada, su descendiente agregó: <<fue un hombre de carácter regio, pero muy jovial a la vez; honesto, recto, integro en su proceder, era muy conocido, querido y respetado por los pobladores de toda la comarca. Era prestamista pero casi nunca cobraba las deudas porque la gente no tenía cómo pagar, en ese entonces, existía el trueque>> (Ídem); antiguamente, luego que a los Conventos religiosos y a los curas, se les prohibiera el negocio del censo y prestamos, fueron los comerciantes los que asumieron dicha actividad, algunos con mas carga agiotista que otros. 

3.- La madurez de don Obdulio. La casa grande y el comercio.


José Obdulio, nombre con el que fue bautizado, logró ir a la escuela de primeras letras, preparado para el trabajo y los negocios, asumió sus responsabilidades y se mudó en 1915, con su esposa y sus hijos, a La Puerta, donde había observado, un nuevo campo de oportunidades;  su nieta Marlene,  en sus apuntes sobre la vida de su abuelo, relató que <<al tiempo se mudaron a La Puerta, Trujillo, donde se residenciaron definitivamente, en una vivienda (aun existe), ubicada en la avenida Páez, esquina de la calle 9, al frente de la vivienda conocida como “la casa del Dr. Anzola”. Allí nacieron el resto de los doce hijos: José Florencio Palomares Abreu, nació en 1916; María Angelina Palomares Abreu, nació en 1918; María Edén de la Paz, nació el 28 diciembre 1922; José Hipólito del Carmen Palomares Abreu, (nació el 30 enero 1924 y murió el 12 febrero 2001); Francisca Antonia Palomares Abreu, nació el 2 junio 1931, y  Juan Bautista Palomares Abreu >> (Palomares, Marlene. Notas sobre don Obdulio Palomares. La Puerta. Mayo 2021), con esta cantidad de nacimientos, procrearon doce hijos, en total. 

Casa antigua de don Obdulio Palomares, en la parroquia La Puerta; fue sede de su hogar familiar y de su negocio mercantil.  Cronografía propia de este blog.

Se mudó, en un tiempo oscuro, para este pueblo campesino, en el que el gobierno nacional de Juan Vicente Gómez, lo calificó como enemigo, y los aportes, ayudas y obras fueron casi nulas, como consecuencia, del levantamiento de sus paisanos los coroneles Américo Burelli y Sandalio Ruz en la Cordillera de la Culata, en 1914; sin embargo, ya con la experiencia de persecución a su familia por los liberales, en 1892, que debió quedarle muy grabada en su mente, definitivamente se dedicó al trabajo agrícola y pudo establecer una casa comercial en La Puerta, con lo que fue muy prospero. Obdulio es en 1928, uno de los 12 principales comerciantes de La Puerta (Bennet); este geógrafo francés, lo calificó como importante dueño de casa de comercio. 

Persistente y cumplidor de sus labores, contando con algunos recursos económicos, fue construyendo, una de las casas más atractivas de aquellos tiempos, cercada con tapiales y mejor distribuidas del Municipio, una residencia andina campesina de caudillos, tipo galería, incluyendo caballeriza, patio, plazuela, corredores, con materiales autóctonos, madera parameña, adobes, tejas criollas, ubicada cerca de la Plazoleta de la Santa Cruz del Calvario, de la cabecera de La Puerta, Trujillo en Venezuela, y en su lado oeste, con el río Bomboy, directamente de la mágica fuente denominada por los indígenas, el Cío; vivienda que aun está en pie, se calcula que tiene más de 100 años de construida.  

Refiere nuestra colaboradora, que en esta misma casa, don “Yuyo” pesaba animales, tenia depósitos, hacia negocios, compraba y vendía, inclusive, las tejas y adobes se fabricaban allí mismo, en el patio de esta residencia; toda la familia trabajaba. 

Para este tiempo, solo existían 11 casas alrededor de la Plaza principal de La Puerta y 1 pulpería. En 1928, de acuerdo al censo realizado por el geógrafo francés Francis Bennet, en el Municipio La Puerta (hoy Parroquia), existían  376 casas (incluyendo la urbana, área que les fue despojada  a los indígenas Bomboyes, en 1891) y contaba con 1.779 habitantes (Bennet, Francis. Guía General de Venezuela. pág. 376. 1929); se calcula que en la cabecera habían unos 300 habitantes, aproximadamente.    

Fue criador de ganado y productor agrícola, en esta actividad, estuvo pendiente, de sus sementeras y sus animales; existían en el Municipio 51 fincas, una de ellas era de don Obdulio; recuerda el vecino Nicolás Manau, que Palomares, era dueño y labraba la posesión “El Higuerón”, que se extiende desde el zanjón de Víctor González, hasta el zanjón del Muerto y el hotel Guadalupe, lo tuvo muchos años, luego lo vendió a Víctor Salas. 

En las memorias de José Rafael Abreu, se puede leer que, Don Obdulio y doña Eudocia tenían un solar <<en la calle de arriba, cerca de El Rincón, donde los ayudábamos a desherbar o a aporar las plantas que allí cultivaban>> (Abreu Burelli, Alirio. Un valle, una aldea, un río. Pág. 98. Trujillo. 2007).  Según el censo realizado por el investigador Francis Benet, para el año 1928, existían en La Puerta, 13 establecimientos mercantiles principales, cuyos propietarios eran: Obdulio Palomares; Abdón Lamus; Ismael Maggioranni;  Isaías Ramírez;  Aquilino Azuaje; Pedro Aldana; Resurrección Araujo; Tobías Briceño; Hilario González; José Abel González; Emilio Ibarra; Carmen Rivero; y Manuel F. Villarreal (Benet, Francis. Guía General de Venezuela. Pág. 376. 1929); sumado a los propietarios de las 9 fincas mixtas de ganados y las 51 fincas agrícolas, constituyeron la vanguardia de hombres, que impulsaron la nueva economía de La Puerta, durante buena parte del siglo XX.

4.- Nuevas responsabilidades al frente del Municipio: Juez de Paz. 

El periodo de dictadura del general Juan Vicente Gómez, liquidó las revoluciones y revueltas de los caudillos locales y regionales; había un solo caudillo y amo de Venezuela, ese era Gómez; pero ni los hombres ni el ejercicio de los cargos de gobierno, son eternos.; éste, murió en 1935. Con inclinación natural para la política, don Obdulio, a pesar de tener su arma, ya no se expresaría con los máuseres y el machete guerrillero de sus tíos, sino que optaría por las formas legales de lucha.

A mediados del siglo XX, siendo uno de los comerciantes más acaudalados, fue Jefe Civil del Municipio La Puerta, su nieta relató que, <<al establecerse en la Puerta, comenzó a interesarse por los problemas de la comunidad y a buscar la solución de los mismos, ayudando a la gente, ejerciendo durante muchos años como administrador de rentas, como Juez de Paz (tenia potestad para realizar matrimonios aparte de otras muchas funciones), hizo de Alguacil, todo esto en el edificio municipal conocido actualmente como “La Prefectura” de la Parroquia>> (Palomares, Marlene. Notas sobre don Obdulio Palomares. La Puerta. Mayo 2021).  Para ser Juez de Paz en aquellos años, saliendo de la vorágine caudillista, se requería ser considerado una persona de respeto, conciliadora, de buen verbo, preparada y acostumbrada a resolver conflictos interpersonales, desde reclamos en el campo agrícola, servidumbres, ocupación y linderos de tierra, cobros de deudas y sobre el tema del agua de riego, entre otras asuntos de la cotidianidad rural andina. Como Juez de Paz, tuvo la satisfacción de presidir el matrimonio de su hija Francisca, que se casó con el señor Baldomero Materan, que luego fue Jefe Civil de La Puerta.

Una bonita descripción de este personaje, la dio el  señor José Rafael Abreu, al decir, que es de quienes <<viven en el pueblo y la sirven con su trabajo y su ejemplo>> (Abreu: 80); fue un modelo de ciudadano, que ejerció sus derechos, fue justo y proactivo en favor de su comunidad, lo que revela su personalidad madura, equilibrada y emocionalmente talentosa.

Asociado al desarrollo del pueblo de La Puerta, y preocupado por su mejoramiento, no tuvo pereza alguna, para sumar voluntades para esos propósitos, en convocar a <<sus amigos entrañables y muy honorables…familias como los Burelli Rivas, los Carrasquero, los González, los Viloria, don Luís Ignacio Araujo, quien fue su compadre>> (ídem); con los que se tuvieron algunos logros para la comunidad.

 5.- El ocaso de don Yuyo.

Quizás, su mayor obra, la que le dio mayores satisfacciones, fue la familia que fomentó, que fue guía de una comunidad que comenzaba a asentarse en estas tierras serranas y que acompañó en su avance comunal, durante más de medio siglo; recuerdan que, <<su matrimonio con María Eudocia, duró toda la vida, hasta que enfermó y dejó de existir un 10 de octubre de 1975, en su residencia>> (Ídem); aunque numerosa, la mayoría de sus hijos formaron sus familias en esta comarca.

Si alguna interpretación cabe de la vida y obra de Obdulio, es su transición desde la estadía en Monte Carmelo, donde siendo una especie de adoptado-criado, aprovechó esos años, quizás sumisamente, en estudiar, aprender las actividades del campo, en esos rubros que ingresaban con la cultura itálica, que hizo raíces en dicho pueblo; al igual, que aprendió oficios y percibió las reglas del comercio. Cuando se va de allí, existe cierta prosperidad y avance urbanístico, se va a La Puerta, que apenas tenía 12 casas; y se propuso fomentar, emprender, construir pueblo. Era un ciudadano, quizás, no aquilatado por títulos, guirnaldas y condecoraciones, tampoco, descendiente de los dueños del valle del Bomboy, pero supo aspirar a ser ejemplo de ciudadanía, no era ambicioso de poder, sin embargo, por su vida ejemplar, le tocó intervenir en problemas de sus vecinos y de la comunidad; virtudes, valores, religión, cultura, formaron parte de su Doctrina de ciudadanía. 

En una síntesis de José Rafael Abreu, incluida en sus memorias, Obdulio Palomares fue un  <<artesano de adobes de arcilla, cantor de paradas de niño, juez, excelente padre de familia>> (Abreu Burelli: 6); sencilla descripción esta, de tan ejemplar ciudadano. Como dato curioso, al mudarse a La Puerta, en su misma casa, fomentó su tejería, en un borde del río, elaborando adobes, tejas y piezas de arcilla y barro, con lo que se fueron construyendo las primeras casas de los nuevos habitantes del Municipio.  

Don Obdulio, murió a la edad de 97 años. Como si lo estuviera presenciando, la nieta relató: <<Fue sepultado en horas de la mañana del día 11 de octubre de 1975, en el Cementerio Municipal, oficiando la misa en esa fecha, el presbítero Mario Castillejo>> (Ídem). Su fallecimiento congregó a todos sus amigos y coterráneos, con el propósito de conducirlo hasta su última morada y rendirle un conmovedor homenaje. Recordó igualmente, su descendiente, que, << Al año siguiente (23 de diciembre de 1976), murió su esposa María Eudocia, siendo enterrada en la misma tumba con su esposo de toda la vida, en La Puerta, a la edad de 87 años>> (Ídem). La vida, con los particulares emprendimientos de Don Obdulio Palomares, con su capacidad de conciliador, ético, normativo y Juez de Paz, bien merece ser inscrita en la memoria histórica de nuestra Parroquia.


Galería fotográfica:

Su compadre Luis Ignacio Araujo, destacado hacendado de la localidad, asistente al traslado de los restos de Obdulio Palomares. Colaboración de Arq. Marlene Palomares.  Cronografía 3969.

En la gráfica, se observa a don Alberto Burelli, entre los asistentes al sepelio de su amigo Obdulio Palomares. Colaboración de Arq. Marlene Palomares. Cronografía 3973.

Al fondo, con traje negro y corbata, don Alberto Burelli, amigo de don Obdulio,  y al frente, con uniforme de monja, la Yaya Cabrita. Colaboración de Arq. Marlene Palomares. Cronografía 3972.

En la gráfica, se observa a mano derecha, vestido con flux y corbata al hacendado y empresario local Antonio Ramón Simancas, entre otros vecinos, cargando el féretro de don Obdulio Palomares. Colaboración de Arq. Marlene Palomares. Cronografía 3974.

En un dia con sol resplandeciente, encabezado por el párroco Mario Castillejo ritual en mano, se observa el profuso cortejo fúnebre de don Obdulio Palomares. Colaboración de Arq. Marlene Palomares. Cronografía 3965.

El cortejo fúnebre de don Obdulio Palomares, recorriendo las calles de La Puerta, rumbo a su última morada. Colaboración de Arq. Marlene Palomares. Cronografía 3966.

Salida del templo San Pablo Apóstol de La Puerta; vecinos llevan el féretro con los restos mortales de don Obdulio Palomares. Colaboración de Arq. Marlene Palomares. Cronografía 3967.

Inhumación de los restos mortales de don Obdulio Palomares. Colaboración de Arq. Marlene Palomares.  Cronografía 3968.

Vecinos cargando sobre sus hombros, la urna con los restos de don Obdulio, por la empinada subida hacia el cementerio nuevo de La Puerta. Colaboración de Arq. Marlene Palomares.  Cronografía 3970.

Otra toma fotográfica del cortejo, se observa al padre Castillejo, párroco de La Puerta. Colaboración de Arq. Marlene Palomares.  Cronografía 3971.


La Puerta, agosto 2021.

Omanrique761@gmail.com 




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