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sábado, 29 de julio de 2023

Las ocurrencias del padre Francisco Rosario

Las ocurrencias del padre Francisco Rosario.

Por Oswaldo Manrique (*).


"la anécdota es el pasaporte de toda moral y el antinarcótico de todos los libros" (Balzac).

Han señalado algunos escritores, que la anécdota no solo es el circulante de la historia, sino la puridad de esa realidad, y cuando se trata de aquellas cargadas de originalidad, gracia y fino humor, nos descubre el ingenioso y singular talento de su protagonista.  Otros la consideran como auxiliar de la historia, al develar parte de la espiritualidad de las épocas y sus hombres. Nos hemos propuesto aquí, desempolvar viejos libros y rescatar unas pocas de las traviesas y simpáticas ocurrencias del Presbítero trujillano Francisco Antonio Rosario, quien amó y sirvió a la Patria de forma ejemplar; se aspira compartirlas con los que tienen la generosidad de leer algo más de este Prócer de la República, y para difundir en breves pinceladas, sus virtudes, sus rasgos y características como hombre y como ciudadano ejemplar. Parte de esta recopilación, corresponde a su etapa de transformación de cotidianidad y  espiritualidad.

Al padre Rosario, la historiografía con su prisma catolicista, ha impuesto -quizás involuntariamente-, un velo que obvia los aspectos más interesantes de este Cura Patriota, bienhechor de la humanidad y maestro de ciudadanía. Muchos escritos desde ese doble discurso han enturbiado su apasionante vida y su destacada obra civilista y libertaria; otros, que se arrogan la actual "Ciudad Letrada", desinformados, han pretendido poner en duda su amistad con Bolívar, sus conversaciones, el trato que le dio y hasta la influencia que pudo haber ejercido como copartidario de la causa emancipadora, lo que es lamentable. Mucho le debe Trujillo a este Cura.

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Temprano, en resuelto y ejemplar servicio a la Patria. 

Aún cuando no sea rigurosamente una anécdota, el padre Francisco Antonio Rosario fue uno de los Precursores del Constitucionalismo y forjador de la Provincia de Trujillo, al igual que Prócer de la Patria. Como autor de la Proclama de 1811, que dotó de principios y direccionalidad ideológica, filosófica y política a aquel experimento de gobierno y nueva sociedad, agregada a la revisión de la Constitución Provincial, en ella se exhorta a los "fieles trujillanos", a disfrutar de la libertad, enseñándolos que esta, no podía convivir con <<un padrastro que oprime y degrada la Patria>>, este planteamiento de fina crudeza, solo es producto del talento de un sacerdote con convicciones libertarias. 

El brindis que nutre.

De la selección de las agradables e interesantes anécdotas, que ha registrado la historiografía, cuenta aquella en la que el Cura Rosario, después de su cambio de cotidianidad, cuando sus amigos iban a visitarlo, el magistral sacerdote, los recibía con la alegría y el buen trato de siempre. Cuando el visitante esperaba el ofrecimiento del café o de alguna bebida exquisita que acostumbraba a brindar el Padre, este le ponía una mano en el hombro y se lo iba llevando al Oratorio y le decía: - Vamos a nutrirnos como debe ser ¡vamos a rezar el Santo Rosario! por supuesto, esto sorprendía al visitante.

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A los Curas también los espantan. 

En 1947, encomendaron a don Mario Briceño Iragorry, elaborar la biografía del padre Rosario, y de esos pasajes que encontró, incorporó al Pequeño Anecdotario Trujillano, las siguientes: 

<<En el largo recuento de próceres que dio Trujillo a la causa de la independencia nacional, el padre Rosario tiene lugar primerísimo sirvió de capellán al ejército libertador y ofreció gruesas contribuciones para los gastos de guerra>> (Briceño, 39); era un respetable productor de café y caña de azúcar en su hacienda "Carmania" y en las tierras que hoy se conocen como hacienda "El Rosario", frente al Oratorio de la Virgen de Guadalupe, en La Puerta.  En zona prospera, cura afortunado. Se dio vida de lujos y placeres, en lo que el mismo Cura llamó sus “tiempos de locuras”. 

Pero un día de 1827, iba de La Puerta hacia Mendoza y tuvo un percance que le cambió la vida. Era de noche y al llegar a subir a un sitio del sinuoso camino, especie de herradura, conocido como el "Zanjón del Diablo", cerca del caserío "Los Cerrillos" <<la fina mula lo echó a tierra, por el susto que el bruto también ocasionó la presencia relampagueante y terrífica del propio Demonio. En el suelo, rendido por el golpe fugaz del Engañador, el padre Rosario, como Saulo, escuchó el reclamo amoroso del Altísimo, que prometióle la salvación del alma a trueco de vida penitente y reglada. Recobrado del asombro, voló la pierna a la mula fiel y siguió espantado el camino hacia Mendoza>> (Briceño, 39 y 40); es decir, "como alma que lleva el Diablo". 

         A partir de ese hecho, el Cura abandonó los lujos, donó su fortuna, dormía en el suelo, libertó a sus esclavos y hasta sus hermosas espuelas de plata las abandonó, el hombre quedó espantado. Uno de sus biógrafos, el doctor Vicente Dávila, médico e historiador, aclaró que la transformación espiritual y de vida del levita se debió a un estado febril, propio de una grave enfermedad (Dávila, 294); pero, siendo una u otra la causa, lo importante es que se dio cierta madurez, que consolidó en él, sus virtudes humanas de caridad, solidaridad, castidad y obediencia, en fin, esto acentuó su condición de hombre ejemplar y como piadoso Pastor de los desamparados.

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Un atrevido constructor de obras sólidas.

El poeta Régulo Burelli Rivas, escribió que Rosario, su paisano, fue <<un hombre de trabajo y de empresa, y por ende un civilizador. Cultivó tierras, plantó haciendas, abrió caminos, introdujo mejoras e hizo crecer y avanzar las fuentes económicas que, sin ser únicas, si son fundamentales en toda evolución social>> (Burelli, Régulo. El Patriota y el Santo. Pág. 12. Caracas. 1987). Sin lugar a dudas, fue un hombre emprendedor, de hechos y obras, que favorecieron al Valle del Bomboy.

Como parte de su conversión, y siendo un hombre de significativa fortuna económica, construyó un Templo para la comunidad de Mendoza, para lo cual tuvo que hacer un gran movimiento de tierra por ser el terreno muy inclinado y también estrecho. El Padre contrató los obreros y alarifes necesarios quienes rompieron la base del cerro, que era parte del terreno en que se edificaría, pero como le pareció insuficiente para hacer el atrio, se las ingenió con los obreros y procedió a la construcción de un muro alto y rellenarlo de tierra y piedra, para formar un plano al nivel del piso de la Iglesia, no le importó el costo económico. Igualmente asumió los gastos para que el acceso al Templo, debido al declive, se pudiera subir por una cuesta disimulada (Castro 38), es la hermosa Capilla de Mendoza, denominada Capilla del Padre Rosario, obra religiosa y cultural, que aún se muestra en pie y en uso. 

Monumento dedicado al padre Rosario, al fondo la Capilla construida por él de su dinero personal. Mendoza, estado Trujillo, Venezuela. 

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Hasta el rostro lo prestó.

El dinero para adornarla, ornamentos, vasos sagrados, la elaboración de los altares e imágenes necesarias, también lo aportó, así como, lo de los cuadros representativos de los patronos del pueblo Nuestra Señora del Rosario y San Antonio Abad, sobre este, hubo la dificultad para pintarlo, pues como no se contaban con modelos, guías y no existían retratos, en estos casos acostumbran los artistas, utilizar como modelo a la persona que decidía o ponía los cobres. El San Antonio de la capilla, según el padre Castro <<era muy parecido al padre Rosario, de manera que no había necesidad de haberle conocido personalmente o de ver su retrato...para formarse idea de su fisonomía>> (Castro 41). Lo contradictorio y como muy propio de la manera de ser del padre Rosario, es que nunca quiso que se le hiciera retrato ni se le pintara. Es posible que accediera por esa circunstancia y en lo interno y con cierto desgano, dijera:

- ¡Todo sea por honrar a Dios!

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El viril y atractivo levita.


De las características fisonómicas que recogió el padre Castro, entre gente que trató y conoció al Cura patriota, era <<de estatura regular, color trigueño y rosado, facciones bien informadas y enérgicas, cabeza esférica de bonita figura y un tanto despoblada de cabello>> (Castro 41). Gozaba de un atractivo y viril porte de caballero, alguno lo calificó de "hombre sensual y carnal" descontando la simpatía, su oratoria halagadora y alegre,  y la virtud de convencimiento y paz, que conjugaban la extraordinaria personalidad del Cura. 

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Uno de los adelantados chispazos libertarios de este Sacerdote.

Aunque parezca impulsivo, Rosario era de decisiones dinámicas. A raíz de los sucesos del 9 de octubre de 1810, en la ciudad de Trujillo, a los pocos días, tomó la decisión de apoyar la Junta Revolucionaria de Gobierno, y asimismo, hizo un acto de desprendimiento que sorprendió de manera ejemplar, a los líderes de aquel movimiento, en su mayoría hacendados, terratenientes, curas y letrados. Ese acto dadivoso,  será objeto de reconocimiento, en la sesión del 29 de octubre, cuando aceptan y le dan las gracias por  << la generosa aplicación que hace de su renta por un año para la defensa de la patria, cuyo homenaje tan distinguido y singular, se admitió por esta Superior Junta>> (Dávila, 293). El levita puso en el tapete el nivel de compromiso de los lideres;  no esperaba gratificación ni recompensa, lo que demostró el resto de su vida, sin embargo, muchos de los acaudalados y ricos terratenientes fueron renuentes a colaborar económicamente con la causa emancipadora



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Sábado y la ronda de los mendrugos. 

Dentro de la ocurrencia de hechos curiosos del Pbro. Rosario, recopilados por el padre Enrique María Castro, no podemos pasar por alto lo siguiente: La extraordinaria vida penitente del Párroco, quedó marcada en las poblaciones puras y mestizas de Mendoza, Escuque y Montecarmelo, así como, en la indígena de La Puerta. El ayuno, la flagelación corporal, la penitencia permanente, andar con la enorme Cruz a cuesta, no eran suficientes para su depuración profana, tenía que igualar la penuria, y le dio por salir los sábados, <<junto con los pordioseros a suplicar un mendrugo>>. Un día de esos, ocurrió el siguiente fortuito: andando con algunos mendigos, llegó a la casa de una familia adinerada de Mendoza, la dueña al verlo, se llenó de alegría y lo saludó: 

- Adelante, Padre; siéntese un momento que enseguida vuelvo -díjole. De inmediato regresó la dama y encontró al Padre parado en la mera puerta. 

- Pase, padre, y siéntese  -le insinuó con halago y alegría la señora.

- Yo no vengo a hacer visita, sino a pedir limosna -dijole mostrándole la escudilla en que solía recibirla.

- Sí, Padre; aquí le traigo la limosna -agregó la dama mientras ofrecía al Padre una onza de oro.

- No, señora. El oro que yo tuve, yo lo distribuí entre los pobres. Para mí solo necesito hoy un pedazo de pan con que saciar las necesidades del día. Esa moneda distribúyala entre los necesitados de Mendoza, a quien buena falta les hace la caridad de los poderosos>> (Castro, 41), así respondió el legendario anacoreta.

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De sibarítica mesa a comensal vegano.

En su conversión, cambió su régimen alimenticio y solo ingería legumbres y menestras una sola vez al día, así se mantuvo saludable y duró hasta los 87 años de edad, a veces comía un plato solo de caraotas cocidas con sal, no ingería carnes, huevos ni lácteos. Antes, en su etapa de lujos y excentricidades gustaba de la buena mesa del sibarita, con exquisitas comidas y confortantes licores, después, no probó más vino que el de la consagración de la misa.

El levita se alejó de ciertas actividades de carácter social, por ejemplo, cuando le invitaban a comer o a reuniones de índole social o familiar se excusaba para no asistir. En el caso de las Visitas Pastorales de los Obispos Diocesanos, tenía una persona encargada que era el señor José Teodoro Rumbos, una especie de asistente para este tipo de recepciones y era un hombre de los principales vecinos del pueblo de Mendoza, por su posición social y su religiosidad, y el Presbítero confiaba en esta persona; cada vez que pasaba el Obispo, lo recibía el señor Rumbos, pero << las primeras veces, el Padre acompañaba al señor Obispo a la mesa, por pura atención, pues como veremos después, no hacía más que una comida al día, y nunca de carne, sin embargo, como verdadero humilde era también obediente. El Obispo le invitaba a comer y comía, a riesgo de que le hiciera daño, por estar su estómago acostumbrado a una sola comida; más procuraba abstenerse de la carne... El Obispo insiste, y aún le manda con autoridad que coma carne; el Padre obedeció humildemente, pero le iba costando la vida, porque le dio tan fuerte indigestión, que se convirtió en disentería y estuvo enfermo muchos días>> (Castro, 67-68). Detrás del Oratorio en La Puerta, hay un zanjón donde según la tradición oral, el Padre Rosario, tuvo una pequeña plantación de caraota amarilla de árbol, que aún echa fruto.  


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Consulten al doctor Rodillas.

Como su Pastor respetado y venerado, sus feligreses lo buscaban para hablar con él, en aquellos momentos en que tenían problemas personales y necesidades tanto espirituales como materiales, y el Padre al ser consultado les decía que el único auxilio para que el hombre pueda hacer obras dignas, es acudir al "Doctor Rodillas", porque es a éste a quien debe apelarse en tan importante trance, para obtener las instrucciones necesarias a fin de conseguir la respuesta, el rumbo o la solución que se requería, por eso recomendaba a sus vecinos y pueblo espiritual que con la mayor frecuencia posible y sobre todo en sus necesidades <<consulten siempre al "doctor rodillas" con preferencia a todo otro doctor o persona docta que pudiera darles consejo, porque el "doctor rodillas" les dará esos consejos y las instrucciones que necesitan con más acierto que cualquier otro>> (Castro, 83), se refería a la necesidad de la oración. 

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Su Oratorio en la Puebla Indígena.

Con el pueblo indígena de La Puerta, casi totalmente puro en ese tiempo, tuvo una especial relación y tratamiento. Antes de donar su fortuna, y en un lote de terreno que allí tenía, se le ocurrió construir un Oratorio. Pero pensó en no repetir lo de los encomenderos, de darle la advocación a un Santo irrelevante para los indígenas, por eso buscó ponerle el nombre de alguno que se relacionara con los sentimientos de ese pueblo, y le puso al Oratorio el nombre de Virgen de Guadalupe de indios, expresión religiosa de la que seguramente Simón Bolívar le conversó, en su primer encuentro con el Cura trujillano, a raíz de su experiencia con la manifestación popular Mariana más gigantesca que pudo ver en su vida, como fue la que presenció en México, de dicha Virgen.  Al entrar en su periodo de pobreza voluntaria, el padre Rosario, pasaba más tiempo en este lugar, donde se sentía con más libertad para sus penitencias y sus rezos, por supuesto, siempre de rodillas, lo que dejaba de hacer cuando pegaba el rostro al suelo, o flagelaba su cuerpo.

Tras la Partición fraudulenta del Resguardo Indígena de La Puerta, y su violento desalojo, el lote del Oratorio le fue adjudicado a un inmigrante italiano, y fue saqueado, en la búsqueda de las "pepitas de oro" del padre Rosario. La tradición oral de nuestra Parroquia repite, que en el siglo pasado y también en este, aún se escuchan los extraños ruidos, esos que llaman espantos y aparecidos, en dicho sitio y sus alrededores, inclusive, se oye a medianoche el encendido de motores, el arrastre de cadenas, el hachero. 

La especialista en asuntos etnológicos Isabel Aretz, quien visitó a La Puerta, los calificó como "Espantos que se oyen y no se ven", y los recoge en su obra Manual de Folklore Venezolano, pág. 188.

Otro dato curioso, el levita, para demostrar que estaba en rebeldía y desafiaba al mismísimo imperio español, en uno de esos arranques independencistas, en 1811, luego de dos siglos de coloniaje, dio bautizo a un indígena puro, hijo de la india tributaria María de la Paz Bomboy, a quien puso por nombre José Manuel, seguramente descendiente del primer cacique Bomboy. 

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Enemigo frontal de la “michera”. 

La historiografía registra en su repertorio algunas graciosas reacciones en relación a su guerra contra la “michera”, el padre Rosario era enemigo de los vicios y del aguardiente, los que traficaban con esta bebida, al avistarlo, se escabullían y escondían por miedo a sus regaños, dejando abandonadas a las bestias con la carga, <<Cuando el Padre se acercaba a los animales, los detenía, y hablaba como si estuviera un interlocutor o varios, diciendo: - ¡vean qué maravilla, los animales saben andar solos conduciendo aguardiente! ¡Cómo se ha de acabar así el vicio de la embriaguez, cuando los mismos brutos transportan por sí solo este licor venenoso de un pueblo a otro sin necesidad del auxilio del hombre>> (Castro, 58).  Después de las ruidosas y simpáticas "jartas", dejaba ir a los animales con sus cargas, pero si conocía a los dueños, destapaba los botellones o los barriles y botaba el aguardiente y gritaba:

- díganle al dueño de este aguardiente, que el padre Rosario lo derramó en el camino para hacerle un bien  (Castro, 59), la gente, le toleraba estás acciones, persuadidos de su buena intención. 

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Orate, deschavetado, chifle, loco, le gritaban al edificante Patriota. 

Al asumir definitivamente el mundo de la penitencia y el sacrificio, realizando largas caminatas descalzo, y cargando la pesada Cruz hasta Escuque, algunos lo miraban con extrañeza, hubo los que le lanzaban piedras, otros hacían burlas, risotadas, y le gritaban ¡Orate! ¡deschavetado!¡chifle! ¡Loco!  A estos irrespetuosos calificativos, con mucha humildad y vocación de maestro, le replicaba: 

- ¡cuando yo estaba loco, me tenían por cuerdo; ahora que estoy cuerdo, me tienen por loco! Así, sobrellevaba con dilatada paciencia y sensatez, la incomprensión de la gente sobre su estado de expiación, y además, les sonreía. 

Casa del padre Rosario en El Cucharito (hoy Carmania), donde se alojó el Libertador Bolívar, y fue residencia del Dr. Ricardo La Bastida, eminente trujillano y ahijado del cura patriota. Mendoza, estado Trujillo, Venezuela.  

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Tras la agresión, la sonrisa del Padre.

Un día estaba el Padre Francisco, tratando de encausar a uno de los feligreses para que saliera de ese mundo de perdición, que lo estimulaban al pecado. Estuvo conversando con él, dándole razones, y el hombre groseramente lo mandaría a comerse una "paila de achicuca", con el mayor irrespeto. Entonces el Padre le hizo recordar la fábula del maute y el por qué Dios utilizaba el maute para cumplir su deber de enseñar la conversión y a pesar de eso, el hombre seguía con el irrespeto, el Padre en medio de esa situación, se mantuvo  << ¡siempre contento, siempre con una dulce alegría y serenidad que solamente la verdadera humildad da al corazón! Cualidades son estas exclusivas de la sólida virtud>> (Castro, 69), sí, de la solida virtud, y mucho, de la capacidad o coraza de tolerancia que tenía, sobre todo, para sonreír el irrespeto. 

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Sonriente en su último viaje.

Su ahijado el Dr. Ricardo La Bastida, hijo de su viejo amigo y compañero en el movimiento emancipador el Dr. Francisco La Bastida, al ser informado de la muerte de su padrino, se trasladó a Mendoza, en su mula rápidamente desde “El Cucharito”, donde vivía, al llegar a la casa de la familia Rumbos, lo primero que hizo, fue observar el cuerpo y le besó los pies; también don José Teodoro Rumbos, su vecino y asistente, y el señor Mariano Briceño, Mayordomo de Fabrica de Mendoza, pudieron ver de cerca y comentar, que, <<Su rostro, después de muerto, quedó lleno y sonreído; de manera que no parecía muerto>> (Castro, 107), para el biógrafo Castro, el estado del Padre, aparentaba estar sumergido en un dulce y tranquilo sueño, <<en el que veía imágenes halagüeñas que le hacían sonreír>>; hasta en el último viaje, siempre sonriente.

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La llegada del vino, un milagro. 

Lo cumbre de esta antología, es uno de los más fulgurantes chispazos del ingenio del Cura Rosario, quien fue un gran conocedor de la geografía trujillana, la que recorrió en finas mulas, y también a pie, se dice que tuvo oportunidad de guiar a Codazzi, por nuestras serranías. 

Don Mario Briceño Iragorry, en su obra Los Fundadores de Trujillo, 1929, insertó un comentario que le hiciera el geógrafo e historiador Américo Briceño Valero, a propósito de la explicación sobre la recorrida del pirata Granmont a La Puerta, en 1678, al escoger la vía indígena del páramo que <<era tan corto su desarrollo, que refiere la tradición que a la hora de vísperas de una fiesta solemne en Mendoza, advirtió el sacristán la falta del vino y despachó entonces el padre Rosario un indio que fuera a comprarlo al puerto de Gibraltar y como regresó con el alba, lo atribuyeron a milagro los moradores, ya olvidados de la existencia de aquella vía>> (Briceño, 81); el Cura sonreía satisfecho al recibir el resultado del encargo, igualmente, le causó gracia el singular comentario de sus vecinos: ¡Un milagro! 

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Las patas de camello del padre Rosario.

Cuándo murió el Padre Rosario y fueron a lavar el cuerpo para vestirlo, con cierta admiración de las personas que estuvieron allí, vieron <<que se le habían formado dos grandes callos en las rodillas, tan enormes que no parecían callos de cuerpo humano, sino de pata de camello, como dos planchas abultadas y convexas adheridas a las rodillas. ¡Tan enormes eran! >> (Castro, 106).  La explicación que dieron los entendidos sobre esta malformación física, fue que la generó su hábito de estar de rodillas orando,  y se le formó una especie de clavos que van penetrando la carne viva hacia adentro, o sea la que queda sobre el callo. Es así que el padre Rosario, sufría doblemente en sus largas meditaciones de rodillas, por un lado padecía el cansancio que produce el estar mucho tiempo postrado, y a la vez, la gran dolencia que le causaban los callos. Por supuesto,  si le hubiesen preguntado a él,  habría respondido sonriendo, que fue de tanto acudir al "Doctor Rodillas". 

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La huida, con curas presos no se hace Independencia.

Durante varios días de diciembre de 1818, tuvo la preocupación de asistir al Sínodo de la Diócesis de Mérida de Maracaibo, a la que pertenecía y había sido convocada por el Obispo Lasso de la Vega, a realizar en 1819, irían los Vicarios, los Curas,  estos tenían que presentar obligatoriamente el informe de la realidad de su curato, eran tiempos de guerra en ese espacio difícil de  confrontación entre la Colonia española y la República independiente. 

Maracaibo era una dependencia realista,  sin embargo, era obligatoria la asistencia, para el Cura de Mendoza y La Puerta, conociéndose su rebeldía, el interés era no perderse de los temas que se iban a discutir y las decisiones que se iban a tomar. Era el parlamento cural. Muchos Sacerdotes comprometidos con la Independencia, enviaron poderes, el padre Rosario según las actas, al parecer asistió, pero aprovechando una oportunidad, se fugó del pleno dejando un apoderado, probablemente el señor José Teodoro Rumbos, que era la persona de su alta confianza y vecino. No se supo cuándo ni cómo salió, tampoco cuál fue la ruta que tomó, o si usó disfraz y menos el medio que utilizó, si fue en embarcación lacustre o en bestia por los páramos; el asunto fue que salió de allí y evadió el riesgo que lo apresaran (Sinodales Maracaibo, 1817, 1819 y 1821), otros sacerdotes, hicieron lo mismo. 

Sirvan estos brevísimos relatos para evocar, a este digno maestro, tanto por su renovación, con sus virtudes, falencias y contradicciones, como por integrarnos en Provincia, un trujillano que amó a su tierra y su gente, personaje humanitario y patriota que simboliza nuestro gentilicio; por todo eso, lo recordamos en los 176 años de su fallecimiento. 

La Puerta, julio 2023.

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com


domingo, 19 de junio de 2022

Natividad Sulbarán, proverbial y prolífico.

Don Natividad Sulbarán, proverbial y prolífico.

Oswaldo Manrique.


Natividad Sulbarán, nació en 1866. Obviamente a este trujillano, le tocó vivir el tiempo de caudillos, y aunque tuvo simpatía por ciertas causas políticas, fue un hombre de paz, de espíritu conciliador, de una notable cordialidad y siempre anduvo con el mejor buen humor.

Su particular historia, se remonta a los comienzos del tercer poblamiento de La Puerta, luego del reprochable destierro de los indígenas en 1891. Natividad tuvo una pequeña y productiva finca en el sector San Pedro, en el estrecho y ascendente camino que va de Comboquito, hoy La Flecha, hasta el Portachuelo, hoy La Lagunita, que era un legendario paso, porque fueron los predios de los coroneles Sandalio Ruz y Américo Burelli García, paladines nacionalistas y enemigos de la tiranía. 

Siendo muy trabajador y próspero hacendado, cultivaba su tierra, a la que dedicó todo su esfuerzo, bastante cercana a los trigales y plantaciones de los Burelli García y de los Lamus, la recuerdan como una hermosa heredad. Mario Briceño-Iragorry, lo inmortaliza al describir su personalidad y su estancia, en la novela Los Rivera, por cierto la única que escribió don Mario, allí describe la belleza de esta finca, así:<<Un camino que conduce a La Puerta a través del estrecho y delicioso valle…Enfrascados los viajeros en el interesante tema de la política, no se dieron cuenta de la vía ni de los dorados trigales del contorno, hasta que llegaron al delicioso sitio de “El Pozo”, ya despejado de la niebla mañanera y en cambio alumbrado por un sol esplendoroso que daba mayor nitidez a los lirios inmensos y vueltos hacia el suelo, pendiente de las frondosas matas de floripón ahiladas a la vera del camino. Los viajeros se detuvieron en la más grande casa del lugar. En realidad, las casas del pintoresco vecindario no pasaban de cuatro, la de Don Natividad…La mejor, la más grande, la de mayores recursos era la de Don Natividad>> (Briceño-Iragorry, Mario. Los Ribera. Pág. 80. En: La Puerta, un pueblo. José Rafael Abreu. Tomado de  Una aldea, un valle, un río, de Alirio Abreu Burelli).

En esta vieja grafica, Don Natividad Sulbarán con una parte de su extenso grupo familiar. Obsérvese que usaba sombrero pelo e' guama, como lo describió Mario Briceño Iragorry. Cronografía N° 2802.

Igualmente, Briceño Iragorry, al escrutar que había pocas casas, narra que se apearon en la más grande y bonita, y quien los atendió fue su dueño Don Natividad Sulbarán, a quien  detalló, que, <<lucía su ruana azul y su ancho sombrero pelo de guama>> éste  Sulbarán, además de hacendado, era primera autoridad del Municipio.  Los invitó a desayunar, <<les fueron servidos los típicos platos de la tierra fría>> (Ídem). Refirió la amabilidad de este personaje, y el gusto de ver y tener la visita de esporádicos visitantes, de seres de otros lugares, así fuesen de Mérida y del mismo Trujillo. 

En su casa de hacienda, donde se respiraba un ambiente hogareño, que él en forma natural iluminaba, proveía a su familia de profundo afecto y de atención a sus necesidades. Entre la amplia lista de hijos que se recuerdan están: Froilána Sulbarán Rivas, Josefa María Rivas, Rafael Abreu, Prudenciana Sulbarán y Ruperto Sulbarán, nativos de La Puerta, Aurelio González, de San Pedro, Alcibíades Briceño, de Los Cerrillos, y Enrique Sulbarán, de Mendoza 

Su hijo Ruperto, fue seminarista, quien favorecido por su formación en derecho canónico y la influencia civilista le valió para ingresar al servicio de la administración pública, siguiendo el ejemplo de su papá, entre otros cargos, fue el Secretario del Tribunal de La Puerta. Martin Sulbarán, también hijo, fue un  agricultor y comerciante, quien tuvo una prolífica familia. El menor de Don Natividad, al parecer, fue Antonio Tiburcio Sulbarán, quien estuvo pendiente de él, en sus últimos años de existencia. Don Natividad, estaba emparentado con Josefa Sulbarán, la destacada pintora de Los Cerrillos. 

En las primeras décadas del siglo XX, su participación activa en los asuntos colectivos del pueblo, lo fue destacando cuando lo que hoy constituye el área urbana de La Puerta, era un sitio de 38 casas de tapias y techos de fajina, y apenas 260 habitantes. 

Pese a sus ocupaciones como productor agropecuario, se distingue como organizador, con iniciativa, como dirigente en la comunidad, en las actividades religiosas y populares, su canto y sus versos le imprimían lucidez a alguna casa, fiesta y a las damas, dentro de las incipientes actividades festivas de aquel pequeño pueblo acogedor y campesino. 

Destacó tanto por su personalidad, como por su buen trato y mejor verbo. Estuvo al frente de la Municipalidad, Presidente de la Junta Comunal, Secretario del Tribunal, luego ocupó otros cargos, donde destacó en su carrera como empleado público. 

En la literatura local, se le recuerda por sus gestiones en cuanto a las festividades que algunos comentaristas clasifican como de sincretismo religioso, específicamente la iniciativa por la celebración de San Isidro, del cual fue muy devoto,  que, <<hiciera el señor Natividad Sulbarán de mandar a celebrar anualmente una misa, el 16 de mayo, en honor del santo patrono de los agricultores>> (Abreu, José Rafael. La Puerta un pueblo. pág. 59. Editorial Arte. Caracas. 1969).

En esta  histórica gráfica, el campanario en la época del antiguo templo parroquial de La Puerta. Cronografía N° 2785.

Formó parte de aquellos recordados e <<insustituibles cantores en estas ocasiones…Natividad Sulbarán>> (Abreu, pág. 84);  villancicos, gaitas y coplas y canciones que llenaban las noches de fiestas religiosas y populares, tanto las decembrinas, las patronales de enero y especialmente la del 16, ahora 15 de mayo, dedicada a San Isidro, el patrono de los agricultores.

Su tiempo fue desde finales del siglo XIX hasta casi mediados del siglo siguiente, la crónica lo describe así: <<en realidad, las casas del pintoresco vecindario no pasaban de cuatro, la de don Natividad…La mejor, la más grande, la de mayores recursos era la de Don Natividad>> (Abreu Burelli, Alirio. Un valle, una aldea, un río. pág. 31. Caracas. 2007); se refiere al caserío donde esta ubicada la finca, otro tanto se percibía en aquella pequeña y apartada comunidad rural andina, que pugnaba por hacer sus primeros trillos de poblamiento, después que los indígenas Bomboyes fueron desalojados fraudulentamente de sus tierras y sus casas quemadas y destruidas.

Dentro de lo anecdótico, al viejo roble de los Sulbarán, devoto de San Isidro, le gustaba cantar, y siempre tenía un verso para obsequiar a las damas, uno de ellos, de los que más se recuerdan, es el siguiente:

<<Señores y señoritas tengan lastima de mí, porque se fue de mi lado, la paloma que escogí>>; quizás esas dotes poéticas, le sirvieron en su prolífica existencia reproductora.  

Cuando en La Puerta se recibía la visita pastoral de algún Obispo u otro Prelado, o se celebraban misas, bautizos, o confirmaciones u otro acto eclesiástico, y llegaban los muchos hijos uniformados al templo San Pablo Apóstol, la gente del pueblo decía: "allí viene el colegio de Natividad Sulbarán"; todos con el mismo color de ropa. Era que, él, compraba un corte de tela para niños, con el que les elaboraban un mismo tipo de camisa, y otro para las niñas, y les hacían un repetido modelo de vestidos para todas, los uniformaba,  pero  ninguno de los hijos quedaba sin su ropa y sin calzado, porque fue un hombre que vio de todos sus hijos, tanto los de matrimonio, como los extramatrimoniales. A mediados de noviembre de 1946, cayó en cama como consecuencia de una enfermedad que no logró superar. Murió en La Puerta, el 11 de enero de 1947. 

Como parte de la investigación documental realizada para la elaboración de esta reseña biográfica sobre Natividad Sulbarán, de los preocupados forjadores del avance, crecimiento y progreso de La Puerta, en su tercer poblamiento, se localizó la partida de defunción, de cuyo texto se sacaron importantes datos de su vida, y la compartimos a continuación. 

Partida defunción de  Natividad Sulbarán. Transcripción del original.

<<N° 3.- Antonio José Simancas Herrera, Jefe Civil del Municipio La Puerta, hago constar que hoy doce de enero de mil novecientos cuarenta y siete, se presentó a este Despacho Antonio Tiburcio Sulbarán, de mayor edad, comerciante y de este domicilio y manifestó que ayer a las cuatro de la tarde falleció en esta población su legítimo padre Natividad Sulbarán de ochenta años de edad y tres meses, viudo, empleado público y de este domicilio, no dejó hijos menores ni bienes de fortuna, duró enfermo mes y medio, de tensión alta e infección en la Cabeza que le causó la muerte. Los testigos presenciales de este acto fueron Wenceslao Briceño y Obdulio Palomares mayores de edad y vecinos de este Municipio. Leída la presente acta al exponente y testigos manifestaron estar conformes y firman. El Jefe Civil (Fdo.). Antonio J. Simancas. El secretario (Fdo.) José Antonio González>> (Libro de defunciones año 1947. Unidad de Registro Civil Parroquia La Puerta, Municipio Valera, estado Trujillo).  

Vivió con su familia en la hacienda El Pozo, en la vía a La Lagunita. Según los recuerdos de su pariente Benito Rivas, en las cuentas de la familia, este Sulbarán, habría procreado 60 hijos. Su vida, su familia y su intenso amor por La Puerta, lo conserva vivo en el recuerdo colectivo y lo aferra a perpetuidad con esta tierra serrana. Natividad es el modelo del andino pacífico de su tiempo, emprendedor, alegre, en medio de una dura realidad, pero con la mirada puesta en un mejor porvenir para su comunidad.

La Puerta, junio 2022.

omanrique761@gmail.com 


 

domingo, 22 de mayo de 2022

La Puerta y sus Poetas (1900 - 2020)

 

La Puerta y sus Poetas (1900 - 2020).

Oswaldo Manrique.



¿Qué son, por qué son y cuáles son nuestros poetas? 

Juglares, bardos, cantautores,  compositores, improvisadores, cantadores de décimas, hacedores de versos, gente con valores y principios edificantes, conjugados en labranza de la belleza y de la estética, quizás en decadencia le han dedicado hermosas obras a La Puerta; por ejemplo, el estilo y la métrica de Regulo Burelli, o el verso libre y alegre  de Américo, o la décima profana  de Concio Rivas, la prosa campesina con  mensaje solidario del recién fallecido poeta Echeverría. Incluir, por supuesto, el verso de combate de Alí Primera. La resplandeciente Ana Enriqueta Terán con sus tercetos de tradición formal, quizás muchos son de la escuela del romanticismo, con medida y espacio, y otros, con un manejo impecable y formal del lenguaje, en su estructura metafórica.

Con ánimo informativo y de recordación, se han recogido aquí, algunas muestras de nativos o no de esta Parroquia, que se consideran y adoptan como nuestros, por haber tenido como musa a esta comarca, por haberla tributado con su más hermosa lírica y nos permitimos engalanarlo transcribiendo a continuación algunos trozos de los luminosos versos que nuestros eximios bardos, le dedicaron a La Puerta. 

Mario Briceño Iragorry (Trujillo 1897 – Caracas 1958). 

Cultor de ese sentimiento estético por la tierra de la madre de Dios,a quien le leí con sorpresa aquello que La Puerta, no es un pueblo, sino una Puebla, espiritualidad y belleza, en efecto, es la Matria. 

La letra sabia y elegante de don Mario, me enseñó cómo se siente y se quiere a un pueblo. De forma desprendida y hasta poética, describió a La Puerta de comienzos del siglo XX, en su única novela Los Ribera, publicada en 1957, que invito a todos a releer. En ella, describió a esta comarca rural así: <<los viajeros continuaron, entre sembradíos de trigo y maíz. El camino que conduce a La Puerta a través del estrecho y delicioso valle… no se dieron cuenta de la vía ni de los dorados trigales del contorno, hasta que llegaron al delicioso sitio de “El Pozo”, ya despejado de la niebla mañanera y en cambio alumbrado por un sol esplendoroso que daba mayor nitidez a los lirios inmensos y vueltos hacia el suelo, pendiente de las frondosas matas de floripón ahiladas a la vera del camino>>  (Briceño-Iragorry, Mario. Los Ribera. Pág. 30. En: Abreu Burelli,  Alirio. Un Valle, una Aldea, un río. Caracas. 2007). En su prosa clara, armónica y de particular contenido conceptual, hizo una descripción precisa y al mismo tiempo sugerente e inquietante sobre La Puerta, en los comienzos del siglo XX.

            En  esa  percepción, sobre tópicos filosóficos de la vida y como tema de dimensión espiritual y religiosa, agregó lo siguiente:<<En la mañana, al mediodía, en la tarde…la gente de La Puerta está obligada a pensar en la muerte…parece que fueran inclinados por la ventisca para saludar constantemente a los difuntos. Sin que la meditación ocupase a planos superiores, el hombre de La Puerta se acostumbró a mirar con naturalidad cercana el problema de la muerte y aprendió a compenetrase a la vez, con lo transitorio de la vida> (Idem); la forma en que escribió este pasaje, es de tanta profundidad, que solo es propio de quien quiere a un lugar y su gente.




Alirio Abreu Burelli.  (1934-2009).





La fina prosa del profesor Abreu Burelli, y la dedicatoria a este pueblo, donde nació, la podemos observar en un pequeño fragmento sobre el escudo local, que aguza nuestro sentidos:”… que representa las montañas, el valle y el río Momboy  y en el medio una gran puerta abierta de par en par, como símbolo de hospitalidad, transparencia, libertad; que invita a entrar y quedarse…” (Abreu Burelli,  Alirio.  Un Valle, una Aldea, un río); de esa delicada forma, describió este símbolo local, y a la vez, se puede admirar al humanista, el poeta en su más alta y serena actitud, la belleza y la gracia de su estilo, dejando translucir su querencia por La Puerta.  Jose Rafael Abreu, padre de Alirio, escribió un trabajo dedicado a La Puerta, que denominó Lugar de ensoñaciones.

J. Horacio Baptista.

El maestro y poeta Horacio Baptista, dejó como legado a nuestro patrimonio cultural y de las letras, el primer himno de La Puerta, sintetizando en cuatro estrofas, su historia colonizadora y características, de la que vamos a resaltar, los siguientes versos:  

III

El conquistador cansado se aventura

y entre espumas construyendo su mirada

hace que en La Puerta vibre la cultura

y del turismo su musa enamorada.

IV

Ha” setenta lustros guerreros errantes

han glorificado esta hermosa zona

dándole al terruño lengua de Cervantes

y a San Pablo La Paz como Patrona.

(Primer Himno de La Puerta, 1970. Texto completo En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com).

El poeta Baptista, en ajustada combinación artística y musical con el maestro Franco Sangermano, escribió las estrofas del primer Himno de La Puerta, siendo docente de dicha población, que resultó su fuente de inspiración.

Régulo Burelli Rivas  (Montecarmelo 1917 -  Caracas 1984).

El poeta Burelli Rivas, escribió una especie de oda, que denominó <<Puerta del paraíso>>. Sin embargo, aquí, seleccionamos y compartimos parte de los delicados versos (tres estrofas), que constituyen la letra del Himno de la Parroquia San Pablo del Momboy (Parroquia La Puerta), elaborado en 1970, por  el señor Régulo Burelli Rivas, con motivo de unos 350 años de la supuesta e inexistente fundación de la Parroquia. La letra es la que sigue:

Más que recuerdo y añoranzas

Eres vigor y voluntad.

¡Oh! Puerta abierta a la esperanza

Puerta de amor y de lealtad.

Así al levantar tu señorío

y la bondad de tu región

te nace azul, sonriente un río

del fondo de tu fiel corazón.

Sobre las rocas te corona

de alto fulgor la libertad

y por la virgen, tu patrona

eres el pueblo de la Paz.

(Transcripción exacta del segundo Himno publicado en Un Valle, una Aldea, un río, de Alirio Abreu Burelli).

Coronel Américo Burelli Garcia. Nació  en 1881, en Mendoza, murió en Caracas.

Al leer el programa de fiestas de enero de La Puerta, de 1909, que suscribe Américo Burelli García, demuestra ser cultor de esa prosa que califican como letra festiva, estilo que logra juntar el humor con la ironía, pero siempre con manejo fino y jovial de la escritura. De ese simpático texto, destacamos el siguiente fragmento:

 <<el alba de este día, hermoso en los anales de este pueblo, será…con repiques de campanas, música y bailadores, todo lo cual hecho de manera singular y estrepitosa, despertará… a los entusiastas y laboriosos puerteños, así como también a nuestros animados  visitantes que no hayan menester de la cama y la cobija para ahuyentar al monstruo terrífico del frío>> (Articulo: Fiestas en La Puerta. Enero de 1909. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com).


Ali Primera. (Coro 1942 – Caracas 1985).


Ely Rafael Primera Rossell, conocido popularmente como Alí Primera, la concibió en un momento trascendental para el país, como espacio de protección de todos, lo que refleja en su canto, al comenzar con su claro inicio: 

No dejaremos que cierren

la linda puerta que siempre

ha estado abierta a la vida...

Y a la vez, como un símbolo de lucha social, cuando discurre su canto en convocatoria:

Yo no me quedo en la casa

pues al combate me voy,

voy a defender La Puerta

en el valle del Momboy.

(Canción: Abran La Puerta. 1983. Artículo La historia de una canción. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com).  


Ana Enriqueta Terán. (Valera, 1918 – Valencia 2017). 



En sus hermosos tercetos, que trascienden <<el brillo del idioma, el oro de las formas>>, nuestra poetisa Ana Enriqueta Terán, con su alzada poesía, nos dejó su vivencia en: 

Momboy, río de la infancia.

Clamo por algún aire que defina

contornos en espuma, palma, rosa:

pequeño adorno en frente cristalina.

Paso de estar, como dichosa

que anda entre sueños o tal vez procuro

probar en sueños fruta deliciosa,

viendo de lejos tallos de escritura

contra lo verde-azul, de arriba abajo,

asumidos colores y frescura.

...

Momboy asido a singular fragancia.

(Autobiografía. Págs.25 y 26. Fondo Editorial Arturo Cardozo. Trujillo. 2007). 


Concio Rivas, el Cantor de Las Siete Lagunas (La Puerta 1916 – 1978).



Este improvisador cantor de décimas y contrapunteo, nació en dicho Páramo,  su nombre José Concepción Rivas. Cuando lo veían llegar con su cuatro a cualquier lugar, seguro que había baile, más atrás llegaban sus pares, Ruperto Rivera, con la guitarra de cinco cuerdas, era el esposo de Felipa Ruz, sobrina del legendario coronel Sandalio Ruz. No podían faltar Emeterio Villarreal y José de los Santos Ramírez, con su respectivo cuatro, Ernesto Barrios con guitarra y canto. Camilo Rivas, hermano de Concio, en la armónica, Sandalio Salcedo el violinista, Rafael Artigas con la bandolina y Concio Rivas en la improvisación, canto y baile, eran la música, la fiesta y eran la alegría. (Concio Rivas, Cantor de Las Siete Lagunas. En: En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com);  igualmente se recuerda a César La Cruz, como Cantor de décimas de La Puerta.


Antonio Rincón Echeverría.

El poeta Echeverría, nació en Trujillo, 1947.  Apoyó abiertamente la posición de los puertenses en la defensa de la tierra agrícola, del ambiente, de su cosmovisión y el derecho a la vida. En 1981, cuando se agudizó el conflicto socio ambientalista de La Puerta, fue de los primeros activistas que se solidarizaron con la lucha de dicho pueblo. 



Como expresión de sus virtudes de bardo, con la más estilizada cultura de nuestra ruralidad andina, y su querencia vernácula por esta tierra, escribió en dicho año, en pleno desarrollo del conflicto ambientalista de nuestra Parroquia, un corto cuadro dramático,  <<La Puerta, ayer>>, del que se transcribe un trozo, y comienza su prosa así: 

<<Callaron, fue completándose el silencio. Pronto la niña quedó dormida, más luego la madre: pensando en la afanosa y maravillosa hija que tenía, y quien era de la casa el sostén. Causa de ese otro cáncer que corroe a Venezuela: el machismo.

Dispersaronse rojizas -por la contaminación reinante- las primeras luces de la aurora. Presta la niña se levantó y al río se dirigió con una cesta de ropa para lavar.

¡Y cuál sorpresa para la niña cuando al río se acerca! Lo nota turbio, revuelto, grisáceo...!

¡Y qué asombro, cuando empieza a arrancar las papas y zanahorias!

En las manos le quedan las hojas de las plantitas, que dejaron en la tierra sus tallos desechos y podridos>>.

 (La Puerta, ayer. Sociedad Conservacionista del estado Trujillo. Hoja mimeografiada. 1981 Articulo: La Puerta, ayer. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com).

 El poeta Echeverría, como lo llaman popularmente, puede ser considerado el arquetipo del poeta trujillano, sin mayores alharacas, que nutre su prosa de los momentos radicales del pueblo en sus luchas. Murió este año 2022.

Martín Rivero, el maestro.

Nació en  en El Censo, La Puerta, tiempo para la comunidad de muchas carencias y de analfabetismo. Fue cantor de décimas. Aún cuando no deseaba irse, tiene una familia que mantener y se enrumba a trabajar en Maracaibo. Pasados varios lustros, decidió darle una explicación a su pueblo del por qué se residenció en otro lar, reiterándole su profunda querencia.


Escribió: <<Lamentos de un deudor>>, tributo a su pueblo, en el que explica por qué se fue de La Puerta a Maracaibo en 1948. Se revela Martin Rivero, como inquieto bardo, de exquisita sensibilidad, con la añoranza por los viejos momentos en su lar nativo.  Así consumó este poeta, el vínculo de la fuerza creadora del pueblo serrano, con los más finos y bien elaborados versos:

En el año 48

yo estaba decepcionado de deudas alcanzado

y en muy mala situación

no tengo comparación

De lo tanto

que yo he luchado

pues, no encontraba trabajo

para poderme remediar.

Tuve que hipotecar la casa

con el terreno haciéndome

muy sereno para darme ese valor,

pero siempre con dolor

con mi casa hipotecada.

Mi mujer descontrolada de

ayudarme a trabajar me dijo:

Vaya a buscar donde consiga

un empleo porque, lo que yo deseo

es que ¡No se tire a matar! y

no le vaya a quedar

el puro trabajo en vano.

…………………………

Ya tengo conocimiento

Lo que vale ser honrado

Y no ser desordenado en el

Modo de vivir. Para

Poder conseguir hay que

Ser recomendado.

Este poema, algo más largo, es la muestra del invariable y profundo afecto a su tierra serrana. (En fotostato, cortesía de Antonio Lino Rivero). 


Ángel González Rivas, el "Guayanés". Nació en el estado Bolívar. 





La Puerta sultana del Momboy, como lo percibe José Manuel González Rosales,  es un canto apasionado y profundo del poeta, como <<agradecimiento por la tierra que lo adoptó como un hijo más de esta geografía andina>>; de sus vivencias escribió:

Nace la aurora con claros destellos

Gotas de rocío bañan las rosas abiertas

Mece el viento los cipreses bellos

Naciendo un nuevo día en La Puerta.


Sultana bella de acrisolados valores

Madre sublime noble y generosa

Cautivante paraíso cubierto de flores

Bendita tierra gentil maravillosa. 

(Canto a la libertad. Poemario. Pág.32. Valera. 2008). 


Juan Bautista Araujo La Cruz, "Tista". La Puerta, 1935-2021.  


El apreciado "Tista", bardo popular de esta serranía, quien tuvo como musa, su tierra natal y adorada. En su obra, obtenemos su ansia de protegerla, de conservarla y desde su humilde transitar, la proyecta hasta más allá de los tiempos del universo. Con su sencillo silabario, hilvanó <<La Puerta>>, que la convierte en joya, en su alhaja predilecta.

Bienvenida prenda de mi vida,

mi Puerta querida,

a tí nadie te olvida.

Te llevo en mi corazón,

te lo digo con orgullo,

te lo digo con pasión,

pues mi corazón es tuyo.


Este pueblo es poderoso,

ubicado entre montañas demasiado grandes...

Mi Puerta cuanto te quiero,

con tanto frenesí,

mi Puerta está de primero 


Alirio Ocanto, el maestro.



El maestro Ocanto, estuvo muy comprometido con la causa del folclore venezolano y particularmente, del trujillano. Compositor, productor y editor discográfico. Ejecutó con destreza el arpa, cuatro y maraca.  Murió en el 2018. Su gusto por la música folclórica, lo entusiasmó por componer varias canciones dedicadas a los pueblos trujillanos, entre ellas,  la que escribió el 26 de octubre del 2000, y constituye su hermoso tributo al lugar donde nació, La Puerta.

En un bello lugar de mis andes queridos,

se encuentra La Puerta, rinconcito escondido,

con sus bellas mujeres de rostro angelical,

con aires parameros sus campos floridos. (Bis) 

(Copiado del manuscrito original).

Leonardo Paredes.

El profesor Leonardo Paredes, joven cantautor, nos abre en forma franca su huerta lírica, para que los amantes y conocedores de la estética y la belleza, tomen de sus frutos frescos, lo esencial de sus emociones y espiritualidad, así como la savia convertida en aromas y fragancias ambientalistas, que propician el ensueño y el sosiego. Lo demostró en su composición Kiu Ustate (La Puerta, en lengua indígena) cantada por él, en el acto celebratorio de La Puerta, el 9 de agosto del 2020, y que pueden disfrutar en su canal de youtube.

Otros espontáneos y creadores de versos, décimas y testamentos.

Se ha escrito que, durante las primeras décadas del siglo pasado, en las diferentes festividades del pueblo, se escuchó el sonoro canto de José María y José del Rosario (Chayo) Ramírez, Mitrídates Volcanes, Bernardino Rivas, Natividad Sulbarán, Manuel Briceño, Domingo González, Matías González, Augusto Carrasquero, Pedro Rangel, Obdulio Palomares, Pedro Villegas, y Rafael Briceño, entre otros. (Abreu Burelli, Alirio. Un valle, una aldea, un río. Pág. 108.). Incluir al maestro Roviro Lamus, en especial recordación, por haber sido el autor de las simpáticas estrofas de los anuales testamentos de Judas, suerte de sancionador afable de los “huesos” y “deudores” del pueblo.

Recuperar la memoria histórica puertense, nutrir el patrimonio cultural y contribuir con esta breve recopilación, es el propósito de este artículo. Poemas en prosa o textos en versos libres, todos expresan su sentimiento por lo que representa el río, el valle, el paisaje, el clima, la tierra y la gente de La Puerta, al fin fueron, son y seguirán siendo, tanto los de ayer, como los de ahora, sus eximios poetas. 

La Puerta, mayo de 2022.


Omanrique761@gmail.com


Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*) Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terra...