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sábado, 29 de julio de 2023

Las ocurrencias del padre Francisco Rosario

Las ocurrencias del padre Francisco Rosario.

Por Oswaldo Manrique (*).


"la anécdota es el pasaporte de toda moral y el antinarcótico de todos los libros" (Balzac).

Han señalado algunos escritores, que la anécdota no solo es el circulante de la historia, sino la puridad de esa realidad, y cuando se trata de aquellas cargadas de originalidad, gracia y fino humor, nos descubre el ingenioso y singular talento de su protagonista.  Otros la consideran como auxiliar de la historia, al develar parte de la espiritualidad de las épocas y sus hombres. Nos hemos propuesto aquí, desempolvar viejos libros y rescatar unas pocas de las traviesas y simpáticas ocurrencias del Presbítero trujillano Francisco Antonio Rosario, quien amó y sirvió a la Patria de forma ejemplar; se aspira compartirlas con los que tienen la generosidad de leer algo más de este Prócer de la República, y para difundir en breves pinceladas, sus virtudes, sus rasgos y características como hombre y como ciudadano ejemplar. Parte de esta recopilación, corresponde a su etapa de transformación de cotidianidad y  espiritualidad.

Al padre Rosario, la historiografía con su prisma catolicista, ha impuesto -quizás involuntariamente-, un velo que obvia los aspectos más interesantes de este Cura Patriota, bienhechor de la humanidad y maestro de ciudadanía. Muchos escritos desde ese doble discurso han enturbiado su apasionante vida y su destacada obra civilista y libertaria; otros, que se arrogan la actual "Ciudad Letrada", desinformados, han pretendido poner en duda su amistad con Bolívar, sus conversaciones, el trato que le dio y hasta la influencia que pudo haber ejercido como copartidario de la causa emancipadora, lo que es lamentable. Mucho le debe Trujillo a este Cura.

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Temprano, en resuelto y ejemplar servicio a la Patria. 

Aún cuando no sea rigurosamente una anécdota, el padre Francisco Antonio Rosario fue uno de los Precursores del Constitucionalismo y forjador de la Provincia de Trujillo, al igual que Prócer de la Patria. Como autor de la Proclama de 1811, que dotó de principios y direccionalidad ideológica, filosófica y política a aquel experimento de gobierno y nueva sociedad, agregada a la revisión de la Constitución Provincial, en ella se exhorta a los "fieles trujillanos", a disfrutar de la libertad, enseñándolos que esta, no podía convivir con <<un padrastro que oprime y degrada la Patria>>, este planteamiento de fina crudeza, solo es producto del talento de un sacerdote con convicciones libertarias. 

El brindis que nutre.

De la selección de las agradables e interesantes anécdotas, que ha registrado la historiografía, cuenta aquella en la que el Cura Rosario, después de su cambio de cotidianidad, cuando sus amigos iban a visitarlo, el magistral sacerdote, los recibía con la alegría y el buen trato de siempre. Cuando el visitante esperaba el ofrecimiento del café o de alguna bebida exquisita que acostumbraba a brindar el Padre, este le ponía una mano en el hombro y se lo iba llevando al Oratorio y le decía: - Vamos a nutrirnos como debe ser ¡vamos a rezar el Santo Rosario! por supuesto, esto sorprendía al visitante.

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A los Curas también los espantan. 

En 1947, encomendaron a don Mario Briceño Iragorry, elaborar la biografía del padre Rosario, y de esos pasajes que encontró, incorporó al Pequeño Anecdotario Trujillano, las siguientes: 

<<En el largo recuento de próceres que dio Trujillo a la causa de la independencia nacional, el padre Rosario tiene lugar primerísimo sirvió de capellán al ejército libertador y ofreció gruesas contribuciones para los gastos de guerra>> (Briceño, 39); era un respetable productor de café y caña de azúcar en su hacienda "Carmania" y en las tierras que hoy se conocen como hacienda "El Rosario", frente al Oratorio de la Virgen de Guadalupe, en La Puerta.  En zona prospera, cura afortunado. Se dio vida de lujos y placeres, en lo que el mismo Cura llamó sus “tiempos de locuras”. 

Pero un día de 1827, iba de La Puerta hacia Mendoza y tuvo un percance que le cambió la vida. Era de noche y al llegar a subir a un sitio del sinuoso camino, especie de herradura, conocido como el "Zanjón del Diablo", cerca del caserío "Los Cerrillos" <<la fina mula lo echó a tierra, por el susto que el bruto también ocasionó la presencia relampagueante y terrífica del propio Demonio. En el suelo, rendido por el golpe fugaz del Engañador, el padre Rosario, como Saulo, escuchó el reclamo amoroso del Altísimo, que prometióle la salvación del alma a trueco de vida penitente y reglada. Recobrado del asombro, voló la pierna a la mula fiel y siguió espantado el camino hacia Mendoza>> (Briceño, 39 y 40); es decir, "como alma que lleva el Diablo". 

         A partir de ese hecho, el Cura abandonó los lujos, donó su fortuna, dormía en el suelo, libertó a sus esclavos y hasta sus hermosas espuelas de plata las abandonó, el hombre quedó espantado. Uno de sus biógrafos, el doctor Vicente Dávila, médico e historiador, aclaró que la transformación espiritual y de vida del levita se debió a un estado febril, propio de una grave enfermedad (Dávila, 294); pero, siendo una u otra la causa, lo importante es que se dio cierta madurez, que consolidó en él, sus virtudes humanas de caridad, solidaridad, castidad y obediencia, en fin, esto acentuó su condición de hombre ejemplar y como piadoso Pastor de los desamparados.

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Un atrevido constructor de obras sólidas.

El poeta Régulo Burelli Rivas, escribió que Rosario, su paisano, fue <<un hombre de trabajo y de empresa, y por ende un civilizador. Cultivó tierras, plantó haciendas, abrió caminos, introdujo mejoras e hizo crecer y avanzar las fuentes económicas que, sin ser únicas, si son fundamentales en toda evolución social>> (Burelli, Régulo. El Patriota y el Santo. Pág. 12. Caracas. 1987). Sin lugar a dudas, fue un hombre emprendedor, de hechos y obras, que favorecieron al Valle del Bomboy.

Como parte de su conversión, y siendo un hombre de significativa fortuna económica, construyó un Templo para la comunidad de Mendoza, para lo cual tuvo que hacer un gran movimiento de tierra por ser el terreno muy inclinado y también estrecho. El Padre contrató los obreros y alarifes necesarios quienes rompieron la base del cerro, que era parte del terreno en que se edificaría, pero como le pareció insuficiente para hacer el atrio, se las ingenió con los obreros y procedió a la construcción de un muro alto y rellenarlo de tierra y piedra, para formar un plano al nivel del piso de la Iglesia, no le importó el costo económico. Igualmente asumió los gastos para que el acceso al Templo, debido al declive, se pudiera subir por una cuesta disimulada (Castro 38), es la hermosa Capilla de Mendoza, denominada Capilla del Padre Rosario, obra religiosa y cultural, que aún se muestra en pie y en uso. 

Monumento dedicado al padre Rosario, al fondo la Capilla construida por él de su dinero personal. Mendoza, estado Trujillo, Venezuela. 

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Hasta el rostro lo prestó.

El dinero para adornarla, ornamentos, vasos sagrados, la elaboración de los altares e imágenes necesarias, también lo aportó, así como, lo de los cuadros representativos de los patronos del pueblo Nuestra Señora del Rosario y San Antonio Abad, sobre este, hubo la dificultad para pintarlo, pues como no se contaban con modelos, guías y no existían retratos, en estos casos acostumbran los artistas, utilizar como modelo a la persona que decidía o ponía los cobres. El San Antonio de la capilla, según el padre Castro <<era muy parecido al padre Rosario, de manera que no había necesidad de haberle conocido personalmente o de ver su retrato...para formarse idea de su fisonomía>> (Castro 41). Lo contradictorio y como muy propio de la manera de ser del padre Rosario, es que nunca quiso que se le hiciera retrato ni se le pintara. Es posible que accediera por esa circunstancia y en lo interno y con cierto desgano, dijera:

- ¡Todo sea por honrar a Dios!

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El viril y atractivo levita.


De las características fisonómicas que recogió el padre Castro, entre gente que trató y conoció al Cura patriota, era <<de estatura regular, color trigueño y rosado, facciones bien informadas y enérgicas, cabeza esférica de bonita figura y un tanto despoblada de cabello>> (Castro 41). Gozaba de un atractivo y viril porte de caballero, alguno lo calificó de "hombre sensual y carnal" descontando la simpatía, su oratoria halagadora y alegre,  y la virtud de convencimiento y paz, que conjugaban la extraordinaria personalidad del Cura. 

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Uno de los adelantados chispazos libertarios de este Sacerdote.

Aunque parezca impulsivo, Rosario era de decisiones dinámicas. A raíz de los sucesos del 9 de octubre de 1810, en la ciudad de Trujillo, a los pocos días, tomó la decisión de apoyar la Junta Revolucionaria de Gobierno, y asimismo, hizo un acto de desprendimiento que sorprendió de manera ejemplar, a los líderes de aquel movimiento, en su mayoría hacendados, terratenientes, curas y letrados. Ese acto dadivoso,  será objeto de reconocimiento, en la sesión del 29 de octubre, cuando aceptan y le dan las gracias por  << la generosa aplicación que hace de su renta por un año para la defensa de la patria, cuyo homenaje tan distinguido y singular, se admitió por esta Superior Junta>> (Dávila, 293). El levita puso en el tapete el nivel de compromiso de los lideres;  no esperaba gratificación ni recompensa, lo que demostró el resto de su vida, sin embargo, muchos de los acaudalados y ricos terratenientes fueron renuentes a colaborar económicamente con la causa emancipadora



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Sábado y la ronda de los mendrugos. 

Dentro de la ocurrencia de hechos curiosos del Pbro. Rosario, recopilados por el padre Enrique María Castro, no podemos pasar por alto lo siguiente: La extraordinaria vida penitente del Párroco, quedó marcada en las poblaciones puras y mestizas de Mendoza, Escuque y Montecarmelo, así como, en la indígena de La Puerta. El ayuno, la flagelación corporal, la penitencia permanente, andar con la enorme Cruz a cuesta, no eran suficientes para su depuración profana, tenía que igualar la penuria, y le dio por salir los sábados, <<junto con los pordioseros a suplicar un mendrugo>>. Un día de esos, ocurrió el siguiente fortuito: andando con algunos mendigos, llegó a la casa de una familia adinerada de Mendoza, la dueña al verlo, se llenó de alegría y lo saludó: 

- Adelante, Padre; siéntese un momento que enseguida vuelvo -díjole. De inmediato regresó la dama y encontró al Padre parado en la mera puerta. 

- Pase, padre, y siéntese  -le insinuó con halago y alegría la señora.

- Yo no vengo a hacer visita, sino a pedir limosna -dijole mostrándole la escudilla en que solía recibirla.

- Sí, Padre; aquí le traigo la limosna -agregó la dama mientras ofrecía al Padre una onza de oro.

- No, señora. El oro que yo tuve, yo lo distribuí entre los pobres. Para mí solo necesito hoy un pedazo de pan con que saciar las necesidades del día. Esa moneda distribúyala entre los necesitados de Mendoza, a quien buena falta les hace la caridad de los poderosos>> (Castro, 41), así respondió el legendario anacoreta.

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De sibarítica mesa a comensal vegano.

En su conversión, cambió su régimen alimenticio y solo ingería legumbres y menestras una sola vez al día, así se mantuvo saludable y duró hasta los 87 años de edad, a veces comía un plato solo de caraotas cocidas con sal, no ingería carnes, huevos ni lácteos. Antes, en su etapa de lujos y excentricidades gustaba de la buena mesa del sibarita, con exquisitas comidas y confortantes licores, después, no probó más vino que el de la consagración de la misa.

El levita se alejó de ciertas actividades de carácter social, por ejemplo, cuando le invitaban a comer o a reuniones de índole social o familiar se excusaba para no asistir. En el caso de las Visitas Pastorales de los Obispos Diocesanos, tenía una persona encargada que era el señor José Teodoro Rumbos, una especie de asistente para este tipo de recepciones y era un hombre de los principales vecinos del pueblo de Mendoza, por su posición social y su religiosidad, y el Presbítero confiaba en esta persona; cada vez que pasaba el Obispo, lo recibía el señor Rumbos, pero << las primeras veces, el Padre acompañaba al señor Obispo a la mesa, por pura atención, pues como veremos después, no hacía más que una comida al día, y nunca de carne, sin embargo, como verdadero humilde era también obediente. El Obispo le invitaba a comer y comía, a riesgo de que le hiciera daño, por estar su estómago acostumbrado a una sola comida; más procuraba abstenerse de la carne... El Obispo insiste, y aún le manda con autoridad que coma carne; el Padre obedeció humildemente, pero le iba costando la vida, porque le dio tan fuerte indigestión, que se convirtió en disentería y estuvo enfermo muchos días>> (Castro, 67-68). Detrás del Oratorio en La Puerta, hay un zanjón donde según la tradición oral, el Padre Rosario, tuvo una pequeña plantación de caraota amarilla de árbol, que aún echa fruto.  


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Consulten al doctor Rodillas.

Como su Pastor respetado y venerado, sus feligreses lo buscaban para hablar con él, en aquellos momentos en que tenían problemas personales y necesidades tanto espirituales como materiales, y el Padre al ser consultado les decía que el único auxilio para que el hombre pueda hacer obras dignas, es acudir al "Doctor Rodillas", porque es a éste a quien debe apelarse en tan importante trance, para obtener las instrucciones necesarias a fin de conseguir la respuesta, el rumbo o la solución que se requería, por eso recomendaba a sus vecinos y pueblo espiritual que con la mayor frecuencia posible y sobre todo en sus necesidades <<consulten siempre al "doctor rodillas" con preferencia a todo otro doctor o persona docta que pudiera darles consejo, porque el "doctor rodillas" les dará esos consejos y las instrucciones que necesitan con más acierto que cualquier otro>> (Castro, 83), se refería a la necesidad de la oración. 

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Su Oratorio en la Puebla Indígena.

Con el pueblo indígena de La Puerta, casi totalmente puro en ese tiempo, tuvo una especial relación y tratamiento. Antes de donar su fortuna, y en un lote de terreno que allí tenía, se le ocurrió construir un Oratorio. Pero pensó en no repetir lo de los encomenderos, de darle la advocación a un Santo irrelevante para los indígenas, por eso buscó ponerle el nombre de alguno que se relacionara con los sentimientos de ese pueblo, y le puso al Oratorio el nombre de Virgen de Guadalupe de indios, expresión religiosa de la que seguramente Simón Bolívar le conversó, en su primer encuentro con el Cura trujillano, a raíz de su experiencia con la manifestación popular Mariana más gigantesca que pudo ver en su vida, como fue la que presenció en México, de dicha Virgen.  Al entrar en su periodo de pobreza voluntaria, el padre Rosario, pasaba más tiempo en este lugar, donde se sentía con más libertad para sus penitencias y sus rezos, por supuesto, siempre de rodillas, lo que dejaba de hacer cuando pegaba el rostro al suelo, o flagelaba su cuerpo.

Tras la Partición fraudulenta del Resguardo Indígena de La Puerta, y su violento desalojo, el lote del Oratorio le fue adjudicado a un inmigrante italiano, y fue saqueado, en la búsqueda de las "pepitas de oro" del padre Rosario. La tradición oral de nuestra Parroquia repite, que en el siglo pasado y también en este, aún se escuchan los extraños ruidos, esos que llaman espantos y aparecidos, en dicho sitio y sus alrededores, inclusive, se oye a medianoche el encendido de motores, el arrastre de cadenas, el hachero. 

La especialista en asuntos etnológicos Isabel Aretz, quien visitó a La Puerta, los calificó como "Espantos que se oyen y no se ven", y los recoge en su obra Manual de Folklore Venezolano, pág. 188.

Otro dato curioso, el levita, para demostrar que estaba en rebeldía y desafiaba al mismísimo imperio español, en uno de esos arranques independencistas, en 1811, luego de dos siglos de coloniaje, dio bautizo a un indígena puro, hijo de la india tributaria María de la Paz Bomboy, a quien puso por nombre José Manuel, seguramente descendiente del primer cacique Bomboy. 

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Enemigo frontal de la “michera”. 

La historiografía registra en su repertorio algunas graciosas reacciones en relación a su guerra contra la “michera”, el padre Rosario era enemigo de los vicios y del aguardiente, los que traficaban con esta bebida, al avistarlo, se escabullían y escondían por miedo a sus regaños, dejando abandonadas a las bestias con la carga, <<Cuando el Padre se acercaba a los animales, los detenía, y hablaba como si estuviera un interlocutor o varios, diciendo: - ¡vean qué maravilla, los animales saben andar solos conduciendo aguardiente! ¡Cómo se ha de acabar así el vicio de la embriaguez, cuando los mismos brutos transportan por sí solo este licor venenoso de un pueblo a otro sin necesidad del auxilio del hombre>> (Castro, 58).  Después de las ruidosas y simpáticas "jartas", dejaba ir a los animales con sus cargas, pero si conocía a los dueños, destapaba los botellones o los barriles y botaba el aguardiente y gritaba:

- díganle al dueño de este aguardiente, que el padre Rosario lo derramó en el camino para hacerle un bien  (Castro, 59), la gente, le toleraba estás acciones, persuadidos de su buena intención. 

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Orate, deschavetado, chifle, loco, le gritaban al edificante Patriota. 

Al asumir definitivamente el mundo de la penitencia y el sacrificio, realizando largas caminatas descalzo, y cargando la pesada Cruz hasta Escuque, algunos lo miraban con extrañeza, hubo los que le lanzaban piedras, otros hacían burlas, risotadas, y le gritaban ¡Orate! ¡deschavetado!¡chifle! ¡Loco!  A estos irrespetuosos calificativos, con mucha humildad y vocación de maestro, le replicaba: 

- ¡cuando yo estaba loco, me tenían por cuerdo; ahora que estoy cuerdo, me tienen por loco! Así, sobrellevaba con dilatada paciencia y sensatez, la incomprensión de la gente sobre su estado de expiación, y además, les sonreía. 

Casa del padre Rosario en El Cucharito (hoy Carmania), donde se alojó el Libertador Bolívar, y fue residencia del Dr. Ricardo La Bastida, eminente trujillano y ahijado del cura patriota. Mendoza, estado Trujillo, Venezuela.  

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Tras la agresión, la sonrisa del Padre.

Un día estaba el Padre Francisco, tratando de encausar a uno de los feligreses para que saliera de ese mundo de perdición, que lo estimulaban al pecado. Estuvo conversando con él, dándole razones, y el hombre groseramente lo mandaría a comerse una "paila de achicuca", con el mayor irrespeto. Entonces el Padre le hizo recordar la fábula del maute y el por qué Dios utilizaba el maute para cumplir su deber de enseñar la conversión y a pesar de eso, el hombre seguía con el irrespeto, el Padre en medio de esa situación, se mantuvo  << ¡siempre contento, siempre con una dulce alegría y serenidad que solamente la verdadera humildad da al corazón! Cualidades son estas exclusivas de la sólida virtud>> (Castro, 69), sí, de la solida virtud, y mucho, de la capacidad o coraza de tolerancia que tenía, sobre todo, para sonreír el irrespeto. 

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Sonriente en su último viaje.

Su ahijado el Dr. Ricardo La Bastida, hijo de su viejo amigo y compañero en el movimiento emancipador el Dr. Francisco La Bastida, al ser informado de la muerte de su padrino, se trasladó a Mendoza, en su mula rápidamente desde “El Cucharito”, donde vivía, al llegar a la casa de la familia Rumbos, lo primero que hizo, fue observar el cuerpo y le besó los pies; también don José Teodoro Rumbos, su vecino y asistente, y el señor Mariano Briceño, Mayordomo de Fabrica de Mendoza, pudieron ver de cerca y comentar, que, <<Su rostro, después de muerto, quedó lleno y sonreído; de manera que no parecía muerto>> (Castro, 107), para el biógrafo Castro, el estado del Padre, aparentaba estar sumergido en un dulce y tranquilo sueño, <<en el que veía imágenes halagüeñas que le hacían sonreír>>; hasta en el último viaje, siempre sonriente.

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La llegada del vino, un milagro. 

Lo cumbre de esta antología, es uno de los más fulgurantes chispazos del ingenio del Cura Rosario, quien fue un gran conocedor de la geografía trujillana, la que recorrió en finas mulas, y también a pie, se dice que tuvo oportunidad de guiar a Codazzi, por nuestras serranías. 

Don Mario Briceño Iragorry, en su obra Los Fundadores de Trujillo, 1929, insertó un comentario que le hiciera el geógrafo e historiador Américo Briceño Valero, a propósito de la explicación sobre la recorrida del pirata Granmont a La Puerta, en 1678, al escoger la vía indígena del páramo que <<era tan corto su desarrollo, que refiere la tradición que a la hora de vísperas de una fiesta solemne en Mendoza, advirtió el sacristán la falta del vino y despachó entonces el padre Rosario un indio que fuera a comprarlo al puerto de Gibraltar y como regresó con el alba, lo atribuyeron a milagro los moradores, ya olvidados de la existencia de aquella vía>> (Briceño, 81); el Cura sonreía satisfecho al recibir el resultado del encargo, igualmente, le causó gracia el singular comentario de sus vecinos: ¡Un milagro! 

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Las patas de camello del padre Rosario.

Cuándo murió el Padre Rosario y fueron a lavar el cuerpo para vestirlo, con cierta admiración de las personas que estuvieron allí, vieron <<que se le habían formado dos grandes callos en las rodillas, tan enormes que no parecían callos de cuerpo humano, sino de pata de camello, como dos planchas abultadas y convexas adheridas a las rodillas. ¡Tan enormes eran! >> (Castro, 106).  La explicación que dieron los entendidos sobre esta malformación física, fue que la generó su hábito de estar de rodillas orando,  y se le formó una especie de clavos que van penetrando la carne viva hacia adentro, o sea la que queda sobre el callo. Es así que el padre Rosario, sufría doblemente en sus largas meditaciones de rodillas, por un lado padecía el cansancio que produce el estar mucho tiempo postrado, y a la vez, la gran dolencia que le causaban los callos. Por supuesto,  si le hubiesen preguntado a él,  habría respondido sonriendo, que fue de tanto acudir al "Doctor Rodillas". 

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La huida, con curas presos no se hace Independencia.

Durante varios días de diciembre de 1818, tuvo la preocupación de asistir al Sínodo de la Diócesis de Mérida de Maracaibo, a la que pertenecía y había sido convocada por el Obispo Lasso de la Vega, a realizar en 1819, irían los Vicarios, los Curas,  estos tenían que presentar obligatoriamente el informe de la realidad de su curato, eran tiempos de guerra en ese espacio difícil de  confrontación entre la Colonia española y la República independiente. 

Maracaibo era una dependencia realista,  sin embargo, era obligatoria la asistencia, para el Cura de Mendoza y La Puerta, conociéndose su rebeldía, el interés era no perderse de los temas que se iban a discutir y las decisiones que se iban a tomar. Era el parlamento cural. Muchos Sacerdotes comprometidos con la Independencia, enviaron poderes, el padre Rosario según las actas, al parecer asistió, pero aprovechando una oportunidad, se fugó del pleno dejando un apoderado, probablemente el señor José Teodoro Rumbos, que era la persona de su alta confianza y vecino. No se supo cuándo ni cómo salió, tampoco cuál fue la ruta que tomó, o si usó disfraz y menos el medio que utilizó, si fue en embarcación lacustre o en bestia por los páramos; el asunto fue que salió de allí y evadió el riesgo que lo apresaran (Sinodales Maracaibo, 1817, 1819 y 1821), otros sacerdotes, hicieron lo mismo. 

Sirvan estos brevísimos relatos para evocar, a este digno maestro, tanto por su renovación, con sus virtudes, falencias y contradicciones, como por integrarnos en Provincia, un trujillano que amó a su tierra y su gente, personaje humanitario y patriota que simboliza nuestro gentilicio; por todo eso, lo recordamos en los 176 años de su fallecimiento. 

La Puerta, julio 2023.

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com


jueves, 1 de abril de 2021

Rebelión en San Lázaro, 1831.

Rebelión Bolivariana en San Lázaro (Trujillo, Venezuela 1831).


Oswaldo Manrique Ramírez.


Contenido:

1.- Generalidades. 

2.-  La Rebelión Bolivariana de San Lázaro (Trujillo), en 1831.

3.- Protagonistas

4.- Tabla cronológica:

5.-  Propósito de este articulo.



<<yo considero al Nuevo Mundo como un medio globo que se ha vuelto loco y cuyos habitantes se hallasen atacados de frenesí y que, para contener este flotamiento de delirios y de atentados, se coloca en el medio, a un loquero con un libro en la mano para que les haga entender su deber>> (Simón Bolívar. Carta al General Briceño, 15 de mayo 1828; Obras Completas. Vol. II, pág. 350).


1.- Generalidades.

La intención de este artículo, es rescatar un hecho histórico excepcional, raro, casi desfasado con su época, tratado con profunda indiferencia por los historiadores y cronistas, pero totalmente  cargado de convicciones y buenas ideas, las de nuestro constructor de utopías: Simón Bolívar. En momentos en que ninguno de las relucientes cabezas de la clase política, apostaría nada ni por Bolívar, ni por sus seguidores ni por su ideario, se dio este hecho vinculado al proceso de desintegración de la Gran Colombia. Muchos creyeron que la libertad era salir del yugo español,  que eso era todo, que se había conquistado todo y eso los indigestó, al punto que lo primero que se les ocurrió, fue desconocer al Padre de la Patria, irrespetarlo, desterrarlo y destruir uno de sus mayores esfuerzos estratégicos y libertarios: la creación de la Gran Colombia.

En un apartado pueblo del Estado Trujillo, que ni siquiera una buena carretera tiene, a pesar de su relativa cercanía a la ciudad capital y ser parroquia del mismo Municipio, gobernando la “Godarria” con el general Páez, tiempo en el que nadie defendía las ideas, ni la obra, ni la imagen del magno prócer,  en  San Lázaro, en abril de 1831, desafiando el poder de los desleales, un grupo de campesinos voluntarios se levantó en armas, en favor de mantener la integración de la Gran Colombia y consolidar la <<Reina de las Naciones>>.   

Además de apartado, es uno de los pueblos más antiguos, fundados en calidad de Doctrina de indios.  Conservan sus casas y edificaciones con sus fachadas y arquitectura colonial andina; con calles empinadas, de laja y tierra; algo que lo caracteriza es que su área urbana se encuentra dividida por el río Jiménez, en dos parcialidades o barriadas. Su templo dedicado a la Virgen Nuestra señora del Rosario. San Lázaro, es la capital o cabecera de la Parroquia Andrés Linares, perteneciente al Cantón (hoy Municipio) y Estado Trujillo, en el occidente de la República Bolivariana de Venezuela; su altura es de 810 m.s.n.m. su superficie es de 104 Km2, y la temperatura media de 26°C.,  queda en la parte baja de una de las estribaciones del ramal de Piedras Negras de la denominada Cordillera de Trujillo; a una distancia de 7 kilómetros de Santiago, y unos 22 kilómetros de Trujillo capital.

 Rodeado de montañas, es un pueblo dedicado fundamentalmente a la agricultura. Es la cuna de héroes y gallardos independentistas como Andrés Linares, y su evolución como pueblo ha estado marcada por haber sido escenario de varios hechos caudillescos, heroicos y audaces.  Su héroe epónimo, Andrés Linares, llamado el “Hércules de San Lázaro” y el “Sansón Trujillano”,   aguerrido combatiente, murió a los 26 años, fusilado en Bogotá; fue jefe del legendario <<Batallón Barlovento>>, en la Batalla de La Puerta.


2.- La Rebelión Bolivariana en San Lázaro (Trujillo 1831).


El maestro Prieto Figueroa, escribió que Bolívar tuvo una visión geo -histórica que trasciende mas allá de <<su época y su tierra, porque pensó con la vista fija en el porvenir. Soñar una América unida en el esfuerzo para conquistar libertades, y unida también para el progreso y bienestar de sus pueblos….pensando en el desino común...a fin de que América unida pueda llamarse <<la Reina de las Naciones y la Madre de las Repúblicas>> (Prieto Figueroa, Luis B. El magisterio americano de Bolívar. UPEL. 2002). Era su gran sueño, luego de la independencia, en su concepción multipolar, que obviamente, serviría de equilibrio de poder en el mundo. Este descomunal esfuerzo, que comenzó a materializarse en 1819, de crear una gran potencia latinoamericana y caribeña, como una opción unitaria de nuevo tipo no cuajó en el seno de las oligarquías de los 3 países involucrados en el proyecto unionista o <<construcción de la Nación Colombiana>>.

Templo de la poblacion de San Lázaro, donde se fue concentrando gran parte de los conspiradores de abril de 1831, por el restablecimiento de la Gran Colombia. 


Sobrevino, la disolución de la experiencia integracionista.


Años antes, el mismo Bolívar lo había profetizado,  en comunicación a Vergara, su secretario de Relaciones Exteriores, predijo: <<No pudiendo yo continuar por mucho tiempo a la cabeza del gobierno, luego que yo falte, el país se dividirá en medio de la guerra civil y de los desórdenes más espantosos [...] Para impedir daños tan horribles, que necesariamente deben suceder antes de diez años, es preferible dividir el país con legalidad, en paz y buena armonía>> (Bolívar, Doctrina de El Libertador, 245. Carta a Estanislao Vergara escrita en el Campo de Buijó, frente a Guayaquil, el 13 de julio de 1829). Los oligarcas que detentaban el poder, tanto de Venezuela como de la Nueva Granada, nunca fueron partidarios de la creación de la República de Colombia y mucho menos del sistema de gobierno centralista, propuesto por el Libertador. 

Para el prócer independentista y político trujillano Domingo Briceño “el Negro”, la situación del país y descripción de Venezuela era también pesimista, pues ella era: “… una nación, inerte, lánguida y desfallecida.”; expresión que sustentaba  en los padecimientos y vejaciones del régimen colonial, por las secuelas del terremoto del 26 de mayo de 1812 y por las oscilaciones políticas de los ensayos desde el inicio de la lucha independentista (Rojas, Aura. Insumisión 1830-1848. Pág. 80. CNH. Digital). Esta es la apreciación, de un socialista utópico.

Esa misma situación la describe el historiador Germán Carrera Damas: <<En 1830 Venezuela es, desde el punto de vista de las provincias forzada a confluir en 1777, en un ente tan desintegrado o desarticulado como podía serlo a mediados del siglo XVIII. Las guerras de independencia no hicieron avanzar el proceso de integración nacional. Por el contrario, robustecieron y esclarecieron los movimientos autonomistas locales>> (Carrera Damas, Germán. Una nación llamada Venezuela. págs. 80-81. En: Rojas: 87).  El proyecto de Confederación, parió varias republiquetas provinciales.

*

En el año 1830, hubo en Trujillo un gran movimiento de la oligarquía regional, impulsando la división de las naciones bolivarianas;  las Municipalidades y vecinos de varios Cantones  dieron pleno respaldo al general Páez, para apartarse del proyecto unionista de la Gran Colombia. El 25 de enero,  el gobernador, varios terratenientes, los curas, algunos oficiales de baja graduación y 190 trujillanos más, proclamaron la separación de Trujillo, de la Gran Colombia; en opinión del historiador  Arturo Cardozo, esta sublevación estuvo  <<directamente influida por la presencia en su seno del prócer Coronel Pedro  José Maya, los Pbros. Francisco Barrios, José Antonio  Rendón, Juan de Dios Briceño, Juan Evangelista Duran; los comandantes Pedro Alcázar, José María González; los capitanes Juan Carrillo y Altagracia Baptista; los Tenientes Lorenzo Tirado, Juan de la Rosa Martínez, Juan Antonio Gil, Andrés Carrillo, Rafael Henríquez, Antonio Roth Briceño>> (Cardozo: pág. 47),  y otros militares y civiles, que tuvieron actuación importante en la guerra independentista, que comandó Simón Bolívar.

 Se daba como un hecho, que el proyecto integrador había fracasado. Las hegemonías enemigas del Libertador, con el caudillo Páez a la cabeza en Venezuela, Juan José Flórez, en Ecuador y Santander en Colombia, fueron la fuerza para lograr, la desintegración de Colombia, la grande; junto con ello,  la Confederación Centroamericana y la Peruano-Boliviana desaparecen.  Lo que se consolidaría con el fallecimiento de Bolívar en 1830.

 Venezuela,  el 6 de mayo de ese mismo año,  aprobó una Constitución como nación independiente, Trujillo, retoma nuevamente su posición de Provincia; el 22 de septiembre de 1830 se separó definitivamente de la Gran Colombia. Trujillo, había perdido su condición de Provincia, pertenecía al Departamento del Zulia, según la Ley de División Político Territorial de 1824.  Quedaría solo el sabor de la ilusión unionista. 

         Miguel Vicente Cegarra, era coronel del ejército libertador; fue gobernador de Trujillo y luego Jefe de Armas; Santiago Mancera, primer oficial, en la gobernación y subordinado de Cegarra; Agustín Aldana, en esta época era primer oficial, ocupaba el cargo de Secretario General de la Gobernación, llegó al grado de Coronel; Pedro José de Maya, oriundo de Valencia,  oficial, hacendado, pudo llegar posteriormente al grado de general, como se le ha mencionado en algunos escritos.

Hubo dos comandantes militares, de cierto prestigio en las campañas del Libertador en Colombia, como fueron el Comandante Pedro Alcázar, y el comandante Tomás María González; también convalidaron la desintegración de la República gran colombiana, los Capitanes Juan Carrillo, Altagracia Baptista; Tenientes Lorenzo Tirado, Juan de La Rosa Martínez, Juan Antonio Gil, Andrés Carrillo, Rafael Enríquez, Antonio Roth Briceño, José Rafael, Francisco y José de Jesús Gabaldón, Miguel de La Peña; Ayudante Manuel Mendoza, que si bien participaron en forma decidida en la libertad de las nuevas repúblicas, no tuvieron la resonancia de sus nombres, como consecuencia de su acciones libertarias.



Silueta tributo al Comandante Pedro Alcázar.


Los curas trujillanos, siempre estuvieron al lado de la godarria, inclusive fueron firmes propulsores de la independencia. En la separación de Colombia,  se inscribieron los Presbíteros: Francisco Barrios, Juan de Dios Briceño,  José Antonio Rendón, Juan Evangelista Durán; estos dos últimos sacerdotes  patriotas, destacaron en los inicios del movimiento independentista, en 1812,  el cura José Antonio Rendón, convocaba a los feligreses de Carache, a rebelarse en contra del Rey Fernando VII, así como Durán y sus hermanos José Martín y Joaquín Durán, en los primeros alzamientos en la población de Burbusay, cercana a Boconó. Estas fueron a groso modo, algunas de las personas civiles y militares, de las más de 200, que proclamaron la separación de la Gran Colombia, el 25 de enero de 1830.

Seguidamente este hecho separatista, va a tener un rechazo en el resto de la población bolivariana. Poblaciones como Santiago del Burrero, la Quebrada, San Lázaro y en sectores del mismo Trujillo, el 28 de enero de ese mismo  año, iniciarán protestas contra la decisión que promoviera la godarria y que ejecutarán los soldados de la libertad. El movimiento insurgente organizó una Columna de Voluntarios, y fue de cierta importancia, que desde el gobierno nacional, tuvieron que enviar recursos para aplacarlo.


Fotografía antigua de la Plaza y Catedral de Trujillo. Al frente, estaban apostadas las fuerzas divisionistas leales a la oligarquía, sitio de enfrentamiento con los bolivarianos integracionistas. Cronografía 3307.


San Lázaro alzado por la Gran Colombia. 


¿Hubo alguna posibilidad de rehacer el proyecto unionista con Urdaneta y otros próceres bolivarianos? ¿Fue el sueño integracionista de Bolívar, línea ideológica de aquel momento político? ¿Existió el Partido Bolivariano? ¿Existía y se compartía en la práctica el proyecto Bolivariano? Realmente, por la evidente inclinación de la balanza,  no, los ideales del Libertador no tuvieron fervientes seguidores, exceptuando dignas y patriotas individualidades.  Entres esas personalidades, contamos al Comandante Pedro Alcázar, jefe de la rebelión popular de San Lázaro. 


Panorámica de San Lázaro (Parroquia Andrés Linares, Municipio Trujillo); pueblo dividido en dos franjas urbanas, por el río Jiménez, desde donde partió la tropa bolivariana en 1831. Cronografía 3308

         En dato aportado por la investigadora Aura Rojas, el escritor Francisco González Guinán, en su obra Historia Contemporánea de Venezuela,  fecha esta rebelión en abril de 1831, especificando que fue en el Pueblo de San Lázaro, Cantón de Trujillo; que tuvo como objetivos luchar por: la integridad de Colombia, la grande, o como le decía Miranda: por la <<Colombeia>>, el soberbio proyecto histórico de América y el mundo; el reconocimiento de la autoridad suprema de Bolívar, por lo menos de su legado y memoria (aunque ya había muerto), y restitución de fueros militares y el liderazgo de los héroes de la independencia. Fue el Comandante Pedro Alcázar, el cabecilla de la insurrección en el pueblo de  San Lázaro, Cantón de Trujillo (Francisco González Guinán). La investigadora Aura Rojas,  reproduce el comentario de Antonio Arraiz, <<parecida a esta fueron la insurrección de Alcázar en San Lorenzo (San Lázaro) cerca de Valera…en el mismo año de 1831>>; y señala que este levantamiento popular armado, fue comandado por  individualidades que participaron en la gesta independentista, pero que “no tenían los atributos suficientes para que su manifestación de desobediencia tuviera el impacto de “revolución>> (Rojas, Aura. Insumisión Popular 1830-1848. Pág. 59. CNH. Caracas. 2009); puede entenderse que  no habría en este caso, la contundencia y resonancia del nombre, calidad legendaria, alto rango militar y capacidad de convocatoria, entre otros atributos.

El historiador y prócer colombiano Dr. Restrepo (Envigado 1781-1863), apuntó sobre ese acto de desobediencia y contra la desintegración de la Gran Colombia,  que <<a pesar de que juntaron algunos partidarios y que en la parroquia San Lázaro Cantón de Trujillo, se le vaya también el comandante Pedro Alcázar bajo del mismo pretexto, no pudieron sostenerse. Alcázar fue reducido a prisión, Castañeda y Cegarra, así como sus partidarios, salvaron sus vidas por un indulto que les concediera el gobierno; mas perdieron sus grados y empleos>> (Restrepo, José Manuel. pág. 515. Historia  de Colombia. Tomo 4. Publicada en 1858.  Digital). Al contrario de lo dicho por González Guinán, el mismo Restrepo, refiere que Alcázar, fiel a Bolívar, fue un Comandante reconocido por su participación en las campañas colombianas, peleó en Gamesa y Boyacá.

Mientras en Trujillo, se congregaron las fuerzas de los oligarcas y las del gobierno divisionista, el comandante Pedro Alcázar, pudo listar unos 200 voluntarios en su marcha guerrillera por la reunificación de la Gran Colombia. Cronografía 3305.


El historiador contemporáneo a estos hechos, educador y oficial del ejército español (Caracas 1781-1853), Montenegro Colon, comenta sobre el  evento en referencia, lo siguiente:  luego, el 18 de abril, <<varios vecinos de la parroquia san Lázaro,  Cantón de Trujillo, a declararse en favor de la integridad y en contra de la expulsión del Arzobispo de Caracas, capitaneados por el comandante Pedro Alcázar…El provocado en San Lázaro, en el cual tomó parte el coronel Cegarra, designado en el acta como jefe de las armas, se contuvo mucho con la prisión de Alcázar, pero duró algunos días más el principiado en Carora, por haberse unido Cegarra y Castañeda, quienes al fin hubieron de sucumbir, salvando no obstante las vidas en virtud  del indulto que en 19 de junio expidió a su favor>> (Montenegro Colon, Feliciano. Geografía General para el uso de la juventud de Venezuela. Pág.564. Colombia. 1837. Digital). Este autor, repito, contemporáneo de  aquellos sucesos de insubordinación popular y militar, circunscritos a la Provincia de Trujillo, describió con detalles, que fueron vecinos de una parroquia del occidente del país: San Lázaro los que se alzaron por mantener la integridad de la Gran Colombia.    En nota biográfica sobre el prócer Segarra, se lee lo siguiente:   <<Segarra en 1831, proclamó en Trujillo la República de Colombia como fiel seguidor de la doctrina bolivariana>> (Archivo del Libertador. Oficio 5364, del Coronel Pedro Briceño Méndez.  En: archivodellibertador.gob.ve). 


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Iban llegando del Parchal, en pequeños grupos de dos o tres, con sus carpetas de lana puestas, se aguaitaron los de la Manga bajando por sus inhóspitos caminos y cuestas, se vieron bajar por el lado derecho, a  muchos del páramo con sus bestias, burros y chopos, también de la montaña de El Rosal, y hasta del caserío  La Guardia bajaban con sus mujeres, soltaron sus aperos, garabatos y escardillas, abandonando por un tiempo sus pequeños conucos y sembradíos de apio, papa, maíz, trigo, caraota y cambures, estaban decididos a sumarse entusiasmados con su pasión bolivariana, a la novata tropa del comandante  rebelde.  Se fueron  congregando en la plaza principal de San Lázaro, escucharon atentos, las instrucciones del líder de esta asonada, estando todos de acuerdo en los riesgos que iban a correr, les tomó el juramento, entusiasmados, se abrazaban unos a otros, estaban listos para la pelea. Tenían un héroe: Bolívar, un ideal: el resurgimiento de la Gran Colombia, y un comandante que los guiaría: Alcázar.

Tomaron el pueblo, la jefatura civil, el puesto de policía, la plaza, las entradas al pueblo, las cuestas, y montaron emboscadas mientras se resolvía la partida sobre Trujillo.  Marcharon desde la madrugada, animados en la oscuridad, cuando llegaron a Carmona, para entrar a Trujillo, se vieron y se contaron, y comenzaron a bajar apretando las muelas, al verse tan pocos y saber que enfrentarían a muchos; ellos apenas eran unos doscientos. Uno que otro, se echaba un trago de sanjonero, para robustecerse de valor o una pellita de chimó, productos que no podían faltar a los de los páramos, a la hora de tomar decisiones. El comandante práctico y habilidoso, los fue  ubicando en posiciones y sitios claves de la ciudad, y fueron tomando las sedes de las principales sedes de gobierno y el cuartel. No fue fácil, porque hubo disparos de ambas partes.

Tomada la ciudad, centro político y espacio residencial de la oligarquía terrateniente,  era jefe de armas de esta plaza el coronel Miguel Vicente Cegarra, quien estuvo comprometido con esta insurrección, y es quien refuerza al movimiento de Carora  y Barquisimeto, comandado por el Coronel Castañeda. El gobernador desde el año 1829, era el Dr. Ricardo Labastida Vethencourt, eminente jurista y provincialista, líder de la “godarria”.

En Trujillo, se mantuvo la toma militar por espacio de un mes; los bolivarianos recorrían en sus bestias de trabajo y con sus disímiles armas, las calles y zonas urbanizadas, gritando << ¡Bolívar vive! ¡Carajo! >> Los mantuanos desde sus casas, apenas echaban sus maldiciones, que acallaban cuando escuchaban cerca el relincho de las sudadas bestias; esperaban que llegaran las fuerzas del general Páez, para liquidar a los alzados. Ninguno de la “godarria”, se sumó al movimiento insurgente, los moradores no colaboraron con los alzados, esto desalentaba, pero así fueron conociendo lo que era la guerra; con cara risueña y la alegría de izar ideas y convicciones justas, sintieron el rechazo de sus vecinos, moradores y paisanos, aprendiendo la primera lección del desprecio racial y de clase, en tan corto tiempo.  

Los curas desde los púlpitos, y en las puertas de sus templos, les echaban pestes verbales, conjugadas con castigos de Dios, y los jóvenes montoneros, les respondían: ¡Viva la Gran Colombia! ¡Viva Bolívar!    En las  noches siguientes, se escuchaban algunos tiros desde zonas cercanas, sin embargo, los bravíos campesinos, aunque tranquilos, solo esperaban algún desenlace, después de haber combatido tan férreamente, como si algo iba a ocurrir en los días siguientes. Esta situación y confrontación duró por espacio de un mes, según lo registran los añejos historiadores colombianos y connacionales. 

La ciudad fue evacuada, al advertir que con la disposición y ánimo de pelea de los insurrectos campesinos, podía haber mayor confrontación y pérdidas humanas, con la llegada de los refuerzos militares.  Entró una columna del ejército, bien armada y uniformada,  enviada por el general Páez, que se subordinaba al gobernador. También estaban todas las montoneras de los oligarcas. Labastida, no quería victorias sobre los cadáveres de sus paisanos, ni muertes en su conciencia. Hombre inteligente, de buen trato, caballeroso, amigo del Dr. José María Vargas y de Manuel Gual, buscó una salida conciliadora, ordenando solo la captura de Pedro Alcázar, sin pérdida de vidas innecesarias.

Por esta calle colonial  de piedra y tierra de San Lázaro, fueron bajando los campesinos, peones, arrieros,  comerciantes, criadores,   enjalmeros, molineros,  zapateros, carpinteros, herreros,  panaderos,   albañiles, para sumarse a la tropa del comandante Alcázar en 1831. Cronografía 3311


 Con la superioridad del ejército del gobierno, Alcázar es brutalmente enfrentado, quedando sin pertrechos,  sin recursos, y sin posibilidad de ayuda, no podía sostener su posición de lucha, por lo que tuvo que llamar a retirada, y él, salir de la región,  lo que significaba la frustración del movimiento, porque era uno de los impulsores del neobolivarianismo, en la prédica de la reconstrucción de la Gran Colombia.

Cardozo, refiere el episodio, así <<en los mismos días en que Castañeda y Cegarra están realizando sus escaramuzas militares en tierras barquisimetanas, es decir el 18 de abril, el Coronel Pedro Alcázar, quien también había sido separatista y miembro de la Junta formada en la ciudad de  Trujillo el año anterior, se levanta ahora en San Lázaro, esgrimiendo el lema de la integración, hostigado por las fuerzas del gobierno trujillano, abandona la provincia>> (Cardozo: pág. 51).  Arrinconado a pocos espacios de la ciudad, no le quedó otra opción que la retirada.

Sin embargo, los más aguerridos de la tropa insurgente, esperarían, noticias del coronel Cegarra, que andaba por los predios de Carora.  El doctor Cardozo, explica que <<el coronel Miguel Vicente Cegarra, el mismo que doce meses antes, con gran euforia había intervenido en los primeros pronunciamientos de la Provincia de Trujillo en pro de la separación, ahora llega a Carora al frente de unas tropas>> (Cardozo: pág. 51); se presumen que eran tropas trujillanas, posiblemente caracheras.

El valiente Castañeda, que llega a ser con los años General de la República, pese a su bravura en el combate y al respeto que se le tenía, vio frustradas sus intenciones integracionistas, porque su heroicidad, más allá del temor que imprimía en los contrarios, la cifró en la defensa del proyecto unificador bolivariano, que muy pocos dirigentes respaldaban,  de lo que solo quedaría, su dignidad heroica; Cardozo, lo reseñó así:  <<En Carora el coronel Castañeda toma las armas en respaldo del movimiento oriental, denominado “integrista”. Este militar durante el año anterior había insurgido contra la separación de la Gran Colombia; derrotado en tierras barquisimetanas, es detenido>> (Cardozo: pág. 51). Fue un autentico seguidor del liderazgo y de las ideas de Bolívar.

         A los días, Cegarra y Castañeda, también son capturados; pero << Un destino diferente le corresponde al coronel Miguel Vicente Cegarra. Al derrumbarse la causa insurgente, el veterano Prócer Trujillano, se ve obligado a huir a las montañas de La Ceiba; hasta ahí llegan comisiones enviadas por las autoridades betijoqueñas con instrucciones de detenerlo. En plena selva, en el camino al Puerto, un piquete de caballería logra darle alcance>> (Cardozo: pág. 93); al ser capturado Cegarra, fue sometido a Consejo de Guerra, y le aplicaron la Ley de Conspiradores, pero salvó su vida porque le  concedieron indulto.

         Al  haber escapado el comandante Alcázar y sus lugartenientes, luego capturados y presos, los humildes jóvenes que lo siguieron, enterados también de la suerte de Cegarra,  sin vocerío y sin dirección, se fueron muy lastimados, por el fracaso de su protesta, y también, porque varios iban lesionados, heridos que no podían andar, la mayoría hambrientos, aunque armados de mucha dignidad, por defender la causa bolivariana. 

Así regresarían a San Lázaro, aquellos valientes campesinos, y los  de Santiago de El Burrero por sus caminos de recuas (hoy, Santiago de Trujillo, Municipio Urdaneta, Estado Trujillo), a recordar y comentar a sus descendientes, sus heroicos combates en la ciudad de Trujillo. Aunque, para los más jóvenes, no existían derrotas definitivas, sobre todo por ser su primera experiencia; en este sitio, años después, nacerá el importante hombre público Dr. y general Rafael González Pacheco, líder del movimiento liberal.

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 Las calles de lajas y piedra, adornadas por la maleza natural y la tierra, estuvieron opacadas por la hermosa neblina  y la sombra de sus inquietos caminantes.  Desde la margen derecha, de la Vega de los Toros, hasta los del lado izquierdo del río, se fueron congregando, bajo las órdenes del comandante Alcázar, aquellos quijotes andinos, para luego emprender la marcha por el ramal montañoso y transitar el camino  sinuoso para llegar a Trujillo, donde se encenderían los tiros bolivarianos.

Por esta otra calle levantisca de San Lázaro,  de antiguos portones y balcones, se apresuraban los moradores para ir a pelar por la Gran Colombia. Cronografía 3309

El 18 de abril de 1831,  partieron de la plaza principal de San Lázaro, frente al templo, donde se persignaron y pidieron el favor del triunfo de su causa a la Virgen del Rosario.  Hasta la ciudad de Trujillo, les esperaba unos 26 kilómetros aproximadamente, que tuvieron que recorrer los milicianos bolivarianos, unos armados con fusil, otros con chopos caseros y los más sencillos con sus machetes de labor. Se le unieron también, campesinos y soldados y voluntarios que desde Cabimbú y de Santiago, que consideraban justo, a pesar de la muerte del Libertador, reinstaurar el proyecto de la Gran Colombia. Estos anduvieron unos 6 kilómetros para sumarse a la tropa comandada por Alcázar.

Habrían quedado en el imaginario popular, las palabras de preocupación de los paecistas trujillanos, al enterarse de la protesta popular  que surgía de una de sus parroquias foráneas:   - Es cierto, le confirmaría Francisco Labastida a su tío Ricardo; sin embargo, le recordó que el pueblo mayoritariamente estaba a favor de la “separación” y que lo que estaba ocurriendo era un triste espectáculo de un oficial con unos pocos campesinos, atacando las fuerzas del gobierno legitimo de Páez, en la ciudad. Especulaban que en cuestión de horas, se sometería esta protesta. A pesar de todo, esa frase asertiva formará parte de la historia mitológica de nuestros pueblos.

La situación del país, la observaba Páez, tranquila, muy buena para sus propósitos, hasta que le informaron que los próceres Monagas y Mariño, también se habían alzado; inmediatamente, llamó a su Estado Mayor y se puso en campaña militar. Se conocía que  en la ciudad de Trujillo, luego del pronunciamiento de los sectores de poder en los Cantones, se habían reunido los Briceño, Labastida, Chuecos, Araujo, Carrasquero, Terán, Carrillo, Roth, y Baptistas, la crema de la “Godarria”   organizando sus tropas de las haciendas de su propiedad, para defender la disolución de la Gran Colombia.  Fueron las primeras horas, de un alzamiento que reactivaba algo peligroso, el sentimiento bolivariano, que les mermaba sus privilegios y la posibilidad de seguir ejerciendo el poder.

El letrado, que junto con el tribuno Domingo Briceño, el “negro Briceño”, bregaba en los estrados nacionales e internacionales, por el reconocimiento a Trujillo de su condición de Provincia en la nueva República, estaba absorto y confundido con lo que estaba pasando en su terruño, pensó que se avecinaba otra guerra. El Dr. Ricardo Labastida,  lo habían  designado gobernador de Trujillo, un civil ilustrado, en el mundo pretoriano. 


Santiago del Burrero se sumó a la rebelión popular. 

Se ha escrito, no con suficiencia, sobre el acto vivencial, inclusive, lo anecdótico que lo enaltece y lo eleva espiritualmente como acto bolivariano de insumisión y rebeldía popular, como acto de valor a toda prueba.  En cambio,  no escapó al pueblo de Santiago, hermano histórico del de San Lázaro, dejar huella de sus vivencias, narrando este hecho, a través de la oralidad, así iría construyendo su aporte historiográfico.

Desde este páramo de Cabimbú, bajaron campesinos para enlistarse en la jornada por la Gran Colombia en 1831. Cronografía 3318.


Relacionado con esta asonada,  el escritor trujillano, Dr. Manuel Andara Olívar, comentó en una de sus crónicas, que el año anterior  hubo una protesta parecida, con agilidad y apasionamiento, con mucho de lo que pudo obtener de la memoria local, del pueblo de Santiago del Burrero, de la jurisdicción de la Quebrada, a unos pocas leguas de San Lázaro, narró en nota volandera, que  hubo solidaridad total con el separatismo y señaló  que,  << … luego de tenerse noticia de la separación definitiva de Venezuela de la Gran Colombia, el pueblo de Santiago reaccionó en contra de aquélla medida. Privó para no estar de acuerdo con los pronunciamientos separatistas, dados en la región de Trujillo por Boconó y Carache, muy seguramente aquél sedimento acumulado durante los años de su formación, en el que afloraban los sentimientos y actitudes de sus fundadores y primeros pobladores. Estaba allí grabado en el légamo que forma la tradición y modela el alma de un conglomerado, los caracteres idiosincrásicos de Juan Caymito, personaje casi mítico del Santiago de 1682, de aguda malicia, jefe de fugitivos, y poco inclinado al sometimiento; el espíritu de solidaridad de Pablo Cabrero, el hombre que compartía la leche de sus cabras y ayudaba con su trabajo físico al grupo de indios refugiados en las montañas por rebeldía contra los encomenderos; la abnegación del Padre don Joseph de Olivares; el patriotismo de don José Ignacio González; el amor a su tierra del cacique Vicente Blanco; y el sueño de libertad de Pedro Ignacio, el negro guineo que se murió soñando con su África>> (Andara Olívar, Manuel. Por la Gran Colombia En: saber.ula.ve). Fue la forma estética de este cronista para describir este apasionante pasaje de historia local, una protesta de 1830, con iguales ribetes a la de San Lázaro. 

Seguidamente, ese mismo compilador, afirmó que sin estos antecedentes, el comandante de la insurrección  <<no hubiera podido lograr asidero para su cometido de respaldo a la obra del Libertador entre los moradores del pueblo, para poner en pié y sobre las armas a un grupo de milicianos con el elevado propósito de impedir se produjera la separación de la Gran Colombia, fomentada por Páez y secundada por el grupo de caudillos de la independencia>>; indudable, estaban mal armados, sin formación militar,  mal alimentados, con poco parque y en desventaja numérica, no se puede concluir otra cosa como motivación.

Según este mismo cronista, <<…la suerte de Venezuela estaba definitivamente echada. La oligarquía del país se había agrupado alrededor del caudillo llanero y, en las ciudades de Trujillo, Boconó y Carache, los hombres de abolengo, de sonoros apellidos ilustres habían constituido juntas para respaldar los propósitos separatistas. Los pueblos trujillanos se desbordaban entonces, arreados como rebaños por los generales de la independencia, al grito de "Separación y Libertad", lema del General Santiago Mariño, quien en aquéllos días iba camino del Táchira, por las trochas de Boconó… >>; por el hecho de  que, fue una asonada local, no dejó de convertirse en un fuerte campanazo para el gobierno separatista; en efecto, este hecho y los semejantes, van a demostrar las diferencias y confrontación entre los militares oligarcas, y el pueblo sencillo de Venezuela, con su sentimiento bolivariano. Se expresaba de esa forma, un gran debate sobre el destino de la Patria, que a la vez, exteriorizaba las contradicciones de clase, entre los terratenientes  que detentaban el poder y el campesinado mayoritario, que estaba excluido de él,  debate que fue neutralizado por el peso de las armas, el verdadero poder. 

Esto lo corrobora, el recordado amigo e historiador Arturo Cardozo, quien escribió: <<todos estos pronunciamientos acaecidos en los pueblos trujillanos, se suscitan prácticamente en presencia del general Santiago Mariño, quien viene hacia los Andes a reforzar la frontera ante una posible reacción grancolombiana. Este hace entrega de 300 reses al coronel Cegarra, como ayuda del nuevo gobierno nacional a los separatistas trujillanos>>. (Cardozo, Arturo. Por el cauce de un pueblo. Tomo 1. pág. 48. FEAC. Trujillo.2001). Mariño, en el año 1830, se suma a los divisionistas, y al año siguiente, respalda el proyecto oriental del general Monagas, en su sublevación “integracionista”.   Al parecer, cambiaron de posición políticas e izaron las ideas y el legado de Bolívar, con fines y aspiraciones presidenciales, o cuando menos, también separatistas, para crear la República de Oriente.

Reveló igualmente Andara Olivar, quiénes fueron esos corajudos campesinos, que marcharon con chopos y machetes de labriegos a reclamarle a la godarria trujillana, la inconsulta separación de Trujillo y Venezuela de la Gran Colombia, la respuesta: <<Gentes anónimas de Santiago: los Juanes Garcías o Pedros Pérez del lugar, obscuros y sin nombres, se agruparon solidarizándose con Alcántara para salir en defensa de las ideas de El Libertador, moribundo ya en Santa Marta.  Se alistaban con lo único que podían llevar a la guerra: Su hambre, su pellejo y sus huesos>> (Ídem).  Con seguridad se alistaron como voluntarios, agricultores, peones, arrieros,  comerciantes, criador, conuquero, enjalmero, molinero,  zapateros, carpinteros, herreros,  panaderos, jornaleros, albañiles y hasta el sastre, gente sencilla, enarbolando el ideal bolivariano y llevando con mucha dignidad su  rango de tropa, soldados, cabos y ayudantes.

Sobre el tiempo que duró este alzamiento popular bolivariano, coincide con el estimado por los historiadores anteriormente citados,   <<fue breve. Apenas treinta días logró mantenerse con sus ciento cincuenta milicianos sobre las armas. Durante este corto tiempo se hizo fuerte en las poblaciones de Santiago y San Lázaro. Su grito de guerra fue la reincorporación a la Gran Colombia>> (Ídem).  Si bien la vida en campaña del comandante sanlazareño, andando con Bolívar, por Venezuela y Colombia, fue dilatada, a ella se le sumará su corta intentona, aunque heroica, de Trujillo en abril de 1831.

         Es de destacar que el general Mariano Montilla, hijo del trujillano Dr. Juan Pablo Montilla Briceño y de la primera dirigente política del país, Doña Juana Antonia Díaz Padrón (Juana Montilla), en 1831, durante esta insurrección, también se alzó  en Cartagena de Indias,  pretendiendo restaurar la Gran Colombia, pero el movimiento fue sofocado por el General venezolano José Ignacio Luque, y este Montilla, como era el comandante de la plaza y líder de los revolucionarios, capituló para mantener la paz, el 23 de abril de 1831.

Por esta larga, empedrada y solitaria calle de Santiago, se apresuraron los milicianos para sumarse a la causa del comandante Alcázar que esperaba en San Lázaro, en 1831.  Cronografía 3316.

El desenlace de esta jornada heroica previa, la resume el Dr. Andara Olivar, en la siguiente forma: <<El Coronel Miguel Vicente Cegarra, Jefe Militar de la Provincia de Trujillo, decidió no atacar a Alcántara (Alcázar), para obligarlo a tomar una decisión. Fue así, brevemente, casi sin pensarlo, por lo que Alcántara (Alcázar),  decidió marchar sobre la capital provincial. Y una mañana de mediados del mes de mayo, el fuego de los hombres del Comandante Pedro Alcántara Valencia (Alcázar), atronó con sus disparos las calles de la vieja ciudad. Cegarra les había tendido una trampa. Inútil fue el sacrificio. Pero grande e imperecedera la lección>> (Ídem).  Al parecer, el coronel Cegarra, al seguir primero al general Páez, en la fase de desintegración, y luego apoyar a los generales Mariño y Monagas, en el alzamiento “integracionista” estaba apostando a  la doble parada, posturas muy propias de los caudillos de la época; en cambio, los humildes campesinos, los defensores de la Gran Colombia, llevarían sus intenciones hasta el final; haciendo respetar el legado del Padre de la Patria.

La incidencia de la rebelión de 1831, causó serias consecuencias en la sociedad trujillana, confusión, rupturas, quizás por disconformidad con la campaña difamatoria contra Bolívar. El recordatorio del proceso mancillador y fragmentario de la República, va acorde con lo que escribió Arturo Cardozo, en relación a lo que ocurrió el año anterior, que <<En medio de la rebelión “integrista” se instaló en Valencia el primer Congreso Constitucional de la República. No asisten representantes por la Provincia de Trujillo, porque ésta aun no ha terminado de organizarse política y administrativamente>> (Cardozo: pág. 52). La godarria tenía el gobierno y las fuerzas vivas de los Cantones, el clero, los terratenientes y  la fuerza militar en sus manos, y no había ajustado y ordenado las instituciones, es decir, no se habían puesto de acuerdo en cómo se repartirían el gobierno de la Provincia, en la que pretendían seguir ejerciendo la hegemonía del poder, hasta que pactan ponerse bajo la dirección política del “Cojo” Labastida.  

Del acervo documental encontrado de esta jornada popular de insumisión de San Lázaro y Santiago, se pudiera considerar que fue el único acto de insumisión popular armada del occidente andino del país, de rechazo concreto a la destrucción del sueño de Bolívar: la unión de las naciones recién liberadas. Así fue, el 19 de abril de 1831 y los días subsiguientes, en Trujillo.


3.- Los Protagonistas.

Las contradicciones generales en este proceso de desintegración del proyecto unificador de naciones,  se vieron envueltas en las posiciones de los llamados federalistas, encabezados por el general Francisco de Paula Santander (en la Nueva Granada), el controversial general José Antonio Páez (en Venezuela) y Juan José Flórez (en Ecuador), y los centralistas, con Bolívar liderizando este bando.

Ricardo Augusto Labastida Vethencourt, primer gobernador de Trujillo.

Fue el líder de los entusiastas secesionistas trujillanos. Le tocó enfrentar el alzamiento popular de San Lázaro y Santiago del Burrero, en 1831.  Ricardo Augusto Labastida Vethencourt, hijo del procer independentista Francisco Antonio La Bastida Briceño y Fernandez, y de Asuncion Vetancourt, la legendaria mantuana patriota del “vientre esplendido”, nació en Mendoza del Bomboy, el 6 de enero de 1800, en la hacienda “San Francisco”, en la Cañada de Mendoza del Bomboy (hoy Parroquia Mendoza, Municipio Valera, Estado Trujillo);  murió en Betijoque, en 1876.  Doctor en Derecho Civil de la Universidad de Caracas. Ejerció el cargo de Gobernador de Trujillo desde 1829 hasta 1832 (La Riva Vale: 112). Escritor, rico hacendado, diplomático, fue designado plenipotenciario para tratar los asuntos de Venezuela con Inglaterra en 1858. Cuando Trujillo es despojada de su salida al Lago de Maracaibo (La Ceiba, la Ceibita y Moporo), perdiendo su condición de estado ribereño, fue Labastida, quien dio la batalla en los estrados políticos y jurídicos, así como en el parlamento nacional, para recuperar lo que le había pertenecido por siglos a esta Provincia. Igual pelea dio, cuando anexaron Trujillo al Departamento de Zulia, reclamando la autonomía de su pueblo, lo que logró con su inteligencia y con su atronador verbo. Le decían el “Cojo Labastida”, por su pierna lesionada en el terremoto de 1812.  

Miguel Vicente Cegarra, el aguerrido prócer de Burbusay.

Miguel Vicente Cegarra (en algunos documentos históricos aparece: Segarra).  Nació en Burbusay,  24 septiembre 1790. Se casó con Rosalía Caro, luego, en segundas nupcias con Dolores Briceño Valbuena, sobrina del Dr. y coronel Antonio Nicolás Briceño “El Diablo”, prócer Libertador. Fue un oficial bolivariano y legalista, con el rango de Coronel obtenido por sus servicios en la Guerra de Independencia; peleó en las batallas campales de 1813, Niquitao y Agua de Obispo;  batalló  junto a José Antonio Páez desde 1816; finalizada la Guerra fue designado gobernador de Trujillo, en 1827. Luego jefe de armas en los cantones de Trujillo, Escuque y Betijoque.  <<En 1831 se unió al Coronel Castañeda, que en Carora se alzó en armas para secundar la proclamación de Colombia, que el general José Tadeo Monagas promovió en Oriente. Habiendo fracasado ésta, cayeron prisioneros en Valencia los coroneles Cegarra y Castañeda, pero fueron amnistiados poco tiempo después>> (D’Santiago, Pedro. Biografías Trujillanas. Edime. Madrid. 1956); se refiere al Coronel Juan Estanislao Castañeda, nativo de Arenales, Estado Lara; se debe destacar que este prócer independentista larense, fue el primer Presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.  Cegarra, tuvo participación  en el levantamiento de San Lázaro, imbuido en el proyecto impulsado por el general en jefe Santiago Mariño y José Tadeo Monagas, en Oriente de Venezuela.

Pedro Alcázar, el comandante de la insurrección campesina.

         Siguiendo el criterio de algunos historiadores, entre ellos, los que mencionamos anteriormente,  conjugado con las referencias de la memoria local, en alusión a sus características, para este año 1831, cuando a la cabeza de un puñado de jóvenes campesinos, salió de San Lázaro en plan de guerra, pudo haber tenido unos 35 años de edad.  No se cuentan con mayores datos biográficos del comandante Alcázar; se presume su nacimiento en San Lázaro, por su influencia sobre la población campesina de esta zona; posiblemente, siguiendo la cartilla colonial de identidad y el modelo social endogámico impuesto por el imperio de España, usaba el nombre de bautizo católico, con el apellido de su madre o de su padre que en la mayoría de los casos, eran varios y era potestativo escoger y usar uno o varios de los de sus progenitores, y por eso, lo  del apellido.   Fue un oficial, con  rango de Comandante,  obtenido por sus servicios en la Guerra de Independencia, según lo registran los viejos historiadores colombianos y venezolanos, que mencionamos anteriormente; había batallado en el ejército de Bolívar, en las campañas de Colombia. En 1831, avecindado en el pueblo de San Lázaro (Trujillo),  organizó una tropa de 200 voluntarios bolivarianos desde los lugares recónditos y montañosos más alejados, como Cabimbú, y  Santiago, y estando involucrado el coronel Cegarra, se dirigió a tomar militarmente  la ciudad de Trujillo, y la atacó, haciendo valer su rechazo a la desintegración de la Gran Colombia.  Acusado de haberse sublevado contra el orden establecido, es capturado y encarcelado.

Los anteriores, son algunos de los nombres de los personajes, que junto con el grupo de sanlazareños,  estuvieron involucrados en esta peculiar  jornada guerrera, en favor del restablecimiento de la Gran Colombia.


4.- Tabla cronológica:

1819.          Fue fundada a instancias del Libertador Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1819, por el Congreso de Angostura, la República de Colombia, conformada por los territorios de Venezuela, Nueva Granada o Cundinamarca, Ecuador y Panamá.

1821.          Se reunió el Congreso Constituyente de Colombia, el 6 de mayo de 1821, en el Rosario de Cúcuta. Asistió como representante Domingo Briceño (el negro Briceño), nativo del valle del Bomboy (Trujillo), hermano del “Diablo” Antonio Nicolás Briceño; también, el panameño  Obispo de Mérida Dr. Rafael Lazo de la Vega, y los maracaiberos Manuel Benítez, José Ignacio Valbuena y Bartolomé Osorio. En la sesión del 7 de octubre, Domingo Briceño no aceptó que Bogotá fuese la sede del gobierno de la Gran Colombia, ni provisional ni definitiva, protesta que hizo por escrito. Fue el primer reproche de la delegación venezolana contra el gobierno central, luego se sumaran nuevos pronunciamientos hasta la separación definitiva (Dávila, Vicente. Próceres Trujillanos. págs. 279 a la 283. Imprenta Bolivar.1921).

1826.                   Para 1826 y como consecuencia de las constantes contradicciones y disputas entre Bogotá y el eje Valencia-Caracas, entre el vicepresidente Santander y el intendente y el jefe militar de Venezuela, Soublette y Páez respectivamente; la situación en Venezuela era cada vez más delicada, en especial porque ya se estaba gestando un movimiento con intenciones claramente separatistas, “proclamando lo que a la postre sería la base en la que se sustentó el surgimiento del nacionalismo venezolano” (González, A., 2000, http://servicio.bc.uc.edu.ve/postgrado/manongo14/14-5.pdf);  el 30 de abril de este año, estalló en Valencia, la Revolución de los Morrocoyes, mejor conocida como La Cosiata;  movimientos político promovido por el general Páez, y el letrado Miguel Peña, que tenía por objetivo la separación y disolución de la Gran Colombia, en los que mediaban intereses individuales o colectivos que se fueron produciendo desde 1826 y culminarían con la total desintegración de la República Grande, en 1830. Bolívar, marchó sobre Venezuela a aplacar este movimiento.

1828.                   Entre el 9 de abril y el 10 de junio de 1828, se realizó una Asamblea Constituyente, que se conocería como  la Convención de Ocaña, Colombia , convocada para  reformar la Constitución de Cúcuta y resolver los problemas fundamentales que tenía la República.  El enfrentamiento de las tendencias Federalistas y Centralistas, que se mostraron irreconciliables, la convirtieron en  una confrontación de ideas entre Bolívar y Santander, lo que llevó al fracaso dicha convención. De esa manera,  se produjo un quiebre de la constitucionalidad, que dejaría sin efecto el Congreso de Colombia,  y la Constitución de Cúcuta prácticamente quedó derogada.

1828.                   El 27 de agosto de 1828 el Libertador emitió un Decreto Orgánico, que llamó "Ley Fundamental" por medio del cual asumió las atribuciones del Poder Legislativo, suprimió la Vicepresidencia y de hecho, instauró  la dictadura, y asimismo, dejó sin vigencia la Constitución de Cúcuta; esto,  le permitió organizar el Consejo de Estado y dividir la República en 4 jefaturas superiores. Este acto tuvo respaldo popular.

1828.                   Fue convocado, mediante decreto por el Libertador Presidente, el 24 de diciembre de 1828, el Congreso Constituyente de Colombia.

1829.                   En las ciudades de Valencia y Caracas, días antes de desarrollarse el Congreso Constituyente, se concentraron los días 23 y 25 de noviembre de 1829, varias asambleas populares destinadas a expresar la opinión sobre la forma de gobierno que debía tener la República, el tipo de Constitución y la forma de elecciones para escoger el Presidente de la Nación. Dichas asambleas se unificaron en la idea de la separación definitiva de Venezuela del gobierno de la Gran Colombia, con sede en Bogotá y el desconocimiento de la autoridad de Bolívar.

1829.                   A finales de este año, es designado el Dr. Ricardo Labastida, como gobernador de Trujillo, cargo en el que estará hasta el año 1831. 

1830.                   El 13 de enero de  este año, Páez  formó  gabinete como jefe civil y militar,  desobedeciendo al Poder central; ya que en noviembre de 1829,  las autoridades del Departamento de Venezuela,  habían desautorizado el mando de Simón Bolívar, al frente del gobierno.

1830.                   Se reunió entre el 20 de enero y el 11 de mayo de 1830 en la ciudad de Bogotá (Colombia),  el Congreso Constituyente de Colombia (llamado Congreso Admirable). Su resultado fue nulo, al no poder acordarse en la unión de las regiones en torno al mando de Bogotá.

1830.                   El 4 de junio de 1830. Bolívar hizo renuncia del cargo y el Congreso nombró Presidente de la República a Don Joaquín Mosquera.

1830.                   El general Páez, el 13 de enero de 1830, define la separación definitiva de Venezuela, de  la Gran Colombia; disuelta ésta, produjo el nacimiento de tres entidades estatales distintas: Colombia, Ecuador y Venezuela.

1830.                   El 29 de enero de 1830, en el Congreso Admirable se tomó la decisión de separar definitivamente a Venezuela de la Gran Colombia.

1830.                   El Cantón de Escuque,  conformado con los pueblos de Mendoza,  Escuque, Motatán, Valera y La Puerta, reunidas su fuerzas vivas y representantes en la Plaza Pública de Escuque, el día 3 de febrero de 1830, decidieron 1) apoyar la desintegración de la Gran Colombia; 2) dar pleno respaldo al general Páez; y 3) desconocer la autoridad del Libertador, pero rechazaron los epítetos infames que se le imputaban a éste, en el formulario de la consulta nacional.

1830.                   Páez convocó al Congreso Constituyente de Venezuela  y éste se instaló el 6 de mayo de 1830, en la ciudad  de Valencia.  Elaboró una nueva Constitución que sentó  las bases que dieron validez legal y jurídica a la separación de Venezuela de la República de Colombia, e igualmente, designó al general José Antonio Páez, como Presidente de la República de Venezuela, teniendo gran influencia en la conducción de la fase de refundación.

1830.                   Trujillo, retoma nuevamente su posición de Provincia, que había perdido en 1824, mediante la Ley de División Político Territorial, pertenecía al Departamento del Zulia. Pudo haber privado este objetivo (rescatar la condición de provincia), para haber asumido el separatismo,  en algunos de los involucrados,  en la toma de tal decisión. 

1830.         El 13 de mayo, Quito, se separa definitivamente de la Gran Colombia. El 23 de septiembre promulga su primera Constitución y designa al general Flores, como Presidente de la República de Ecuador.

1830.                   En la montaña de Berruecos, en el viejo camino de Popayán  a Pasto, el 4 de junio de 1830,  fue emboscado y asesinado el mariscal Antonio José de Sucre, potencial sucesor político de Bolívar y leal al proyecto de la Colombeia.

1830.                   En octubre 14 de 1830, se sancionó la “Ley sobre Delitos de conspiración o traición, su juicio y penas”, llamada coloquialmente como  Ley de Conspiradores, que sustituyó la aprobada el 20 de febrero de 1828, cuando todavía Venezuela formaba parte de la República de Colombia. Una ley aprobada, para ser aplicada a los bolivarianos, propulsores de la Gran Colombia.  En ella  se establecía una gradación para la conspiradores según la clase de los actos perpetrados: “Art. 2° Son traidores o conspiradores de primera clase, y sufrirán la pena de muerte: 1° los que residiendo en el Estado de Venezuela tomen las armas voluntariamente para hacerle guerra a favor de sus enemigos, o por destruir o trastornar las bases del Gobierno establecido por su Constitución”; con  esto, se contaba con el instrumento de intimidación y persecución a los adeptos al proyecto bolivariano. Se lo aplican, pocos meses después, al héroe de San Lázaro, Comandante Pedro Alcázar, al coronel Miguel Vicente Cegarra, y al coronel Castañeda.

1830.                   El Libertador Simón Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830, en San Pedro Alejandrino, de la ciudad de Santa Marta, Colombia.

1831.                   El Congreso de la República, el 24 de marzo de 1831, elige al General José Antonio Páez, como Presidente de la refundada República de Venezuela.

1831.                   El general Urdaneta, trató de restablecer la unidad gran colombiana, pero fracasó y renunció a la presidencia, el 30 de abril de 1831.

1831.                   En  San Lázaro y Santiago del Burrero, Provincia de Trujillo, en Venezuela, en abril de 1831, un grupo de 200 campesinos voluntarios,  bajo el mando del Comandante Pedro Alcázar,  izando la bandera bolivariana, se levantó en armas, por el restablecimiento y  la reintegración de la Gran Colombia.

1831.                   A finales del mes de mayo, es capturado y enjuiciado el comandante Alcázar y un grupo de sus oficiales campesinos subalternos.

1831.                   El 19 de junio, es dictado indulto en favor de los Alzados en San Lázaro. El coronel Miguel Vicente Cegarra, también salvó su vida.

1831.                   El presidente Páez, el 24 de junio de 1831,  en Valle de la Pascua, logró un acuerdo con el principal caudillo de los sublevados de Oriente, el general José Tadeo Monagas, y éste se somete al imperio de la Ley.

 

5.-  Propósito de este articulo.

Adelantamos al comienzo, que con esta crónica,  nos mueve rescatar un hecho histórico excepcional, raro, casi desfasado con su época, tratado con profunda indiferencia por los historiadores y cronistas, pero totalmente  cargado de convicciones, buenas ideas y enseñanzas, las de nuestro constructor de utopías: Simón Bolívar.  Esto fue, en un momento en que la mayoría de los dirigentes políticos y militares venezolanos, rechazaron al Libertador, tanto físicamente, como a su gobierno, su ideario y uno de sus sueños magistrales: la consolidación del proyecto de la <<Colombeia>>. Bien merece este hecho ser mas investigado y asimismo, recordado, con una obra, placa o monumento, en honor al Comandante Pedro Alcázar y los bolivarianos desconocidos, que participaron. 

A la encumbrada  “ciudad letrada”  y los escritores de la historia regional, no les interesó registrar este episodio, sus protagonistas sin nombre, alpargatados y descamisados, humildes campesinos, no podían aparecer como desafiantes en lo que se consideró y difundió como el “apoyo total” de Trujillo a la separación de Venezuela de la Gran Colombia. Este episodio, no podía comentarse en los libros de historia, había que silenciarlo, no convenía darle relevancia, porque los protagonistas, eran seres anónimos, no fueron miembros de la “godarria”.    

Al rescatar este hecho histórico,  estamos recordando que andando las primeras décadas del siglo XXI, a pesar de algunos esfuerzos fallidos, la obra de Bolívar continua inconclusa, el sueño libertario e integracionista latinoamericano esta aun pendiente, las ideas vigentes de éste, siguen a la orden de los pueblos, para que las conviertan en instrumento insuperable de lucha de liberación y soberanía.   

 La Puerta, junio  de 2020.

Omanrique761@gmail.com





 

 

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