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sábado, 29 de junio de 2024

La joven encomendera Juana de Mendoza y sus Chontales.

La joven encomendera Juana de Mendoza y sus Chontales.

Por Oswaldo Manrique (*)

De nuestra serie Heroínas del Bomboy, y a propósito del natalicio del Dr. Cristóbal Mendoza, primer Presidente de Venezuela, y luego, Vicepresidente de la República de Colombia, es pertinente conocer algunos antecedentes familiares de tan eximio repúblico, particularmente, con Catalina Fajardo, la entusiasta forjadora de pueblos trujillanos, de la que ya hemos publicado su semblanza en este mismo medio, y la relación con Juana Mendoza y Losada, la joven encomendera del Valle de Bomboy, quienes cumplieron un interesante rol en la formación y en la historia de esta Provincia. 

Los feraces potreros y sementeras de San Pablo del Valle del Bomboy, hasta más allá de Castil de Reyna, en gran parte del siglo XVII, difuminaban un verdor extasiante que enmarcaba los tapiales de la casa de arriba, en donde lidiaba la joven mujer con sus chontales y con el peso de aquel fantasma que deambulaba en esta fría tierra de una Provincia que aun estaba por construir; era el espíritu del viejo hidalgo: su abuelo cuyas hazañas trágicas y dignas, se habían transformado en símbolo de una lucha, de un sentimiento y de un orgullo familiar, héroe de lo que sería un nuevo país.

Como uno de los principales capitanes en la conquista y fundación de las colonias en América, su abuelo  Alonso Andrea de Ledesma, había vivido, enfrentado y encarnado las luchas contra los invasores extranjeros, contra los más temidos piratas y corsarios de imperios europeos, que se asentaron en el Caribe, <<Si Ledesma cimentó larga estirpe en cuyas ramas figura nada menos que el egregio Triunviro Cristóbal Mendoza, su caballo dejó prole que, saltando sobre los ventisqueros de América, supo ganar la ancha punta de nuestras perpetuas armas republicanas>>, agregando que ese viejo corcel, reaparecía en la historia con su furor de sostenida frescura, cuando <<Los nuevos filibusteros –ladrones de espacio y de conciencias- andan entre las aguas de la Patria, amenazando nuestra economía y ultrajando la dignidad de nuestros colores>> (Briceño Iragorry, 16); fuerte llamado a la conciencia, a la ética, al espíritu nacional, y a la Paz como <<sistema de holgura moral>>, hizo aquí don Mario. 

A primeras horas de la mañana, la Encomendera contemplaba el apacible lugar. Repentinamente escuchó algo. Era un zumbido pulsante entre el Bomboy y la quebrada de San Pablo, cuando vio que se acercaban unos y sonrió.

-         ¿Chakanastá Ña Shuana? La saludó al llegar, el hombre mayor, con sombrero adornado con plumas de guacamaya. La joven Juana le contestó en  las típicas palabras con que se entendían, en aquella cotidianidad rural:

-         ¡Chekenesté!   El viejo Don Gonzalo, cacique del grupo de sus  nativos encomendados, supo que estaba bien y le llevaba algo que le había pedido. Al entregárselo le dijo:

-         Truje chindungo  Se refería a un manare o canasta para aparar papas o  “turmas”; lo que le agradeció la joven patrona. La papa era el principal rubro agrícola y en sus distintas variedades en la alimentación de los indígenas de los Páramos, lo que intercambiaban por el maíz y luego el trigo del valle. Las mujeres encabezadas por Xazintha, esposa de Domingo el gañan y Micaela mujer de Bisente Mauro, siguieron el camino hacia los telares y los hombres a los barbechos. Antes les había preguntado por Blacito Pérez el huérfano, miembro de esta comunidad de indígenas. 

Doña Juana sabía entenderse, como lo hicieron sus abuelos y sus padres, con sus chontales, a quienes el resto de los colonos los consideraban hoscos, salvajes, rústicos  e incultos, o con dificultades para comunicarse, o “tonticos” por hablar en su lengua indígena, pero ella a pesar de la combinación de palabras  al-andaluces traídas por sus abuelos, con las autóctonas Timotes, les entendía sus expresiones, señas y vocablos. No impuso, el idioma hegemónico, esto lo corroboró el Obispo Martí en su Visita Pastoral por dicho Valle, en el siglo siguiente, al entrevistar a los descendientes de estos chontales encomendados. Todos la conocen, la respetan y los chontales la llaman Shuana.

*

Uno de los casos interesantes por investigar en la historia del indigenismo trujillano, lo es el de la Encomendera Juana de Mendoza y Losada. En 1687, cuando el alférez Don Diego Jacinto Balera y Messa, Alcalde Ordinario de Trujillo, realizó el censo de encomiendas, matriculó personalmente 12 Doctrinas y 49 encomiendas, de las cuales 10, estaban en poder de mujeres por herencia, una era la de doña Juana de Mendoza, lo que era mal visto y objetado por los descendientes de los conquistadores, quienes consideraban que era un premio de guerra, pero en forma directa no lo prohibía la Ley Real del siglo anterior, aunque si era exigente en cuanto a su otorgamiento.  

El tercero de los hijos de Catalina Fajardo con el capitán Cristóbal Hurtado de Mendoza: Hernando de Mendoza y Fajardo, y su esposa Inés de Losada y Cabrita,  son los Padres de: Juana de Mendoza y Losada,  bautizada con 9 meses de edad,  el 7 de abril de 1665, debió nacer en julio de 1664, según los estudios genealógicos consultados; el Capitán español “Hernando Hurtado de Mendoza, tenia encomienda en la Puebla de San Pablo de Bomboy… Hernando de Mendoza, bautizado el 16 de diciembre de 1624, cuya casa  fue una de las que se destruyeron cuando Gramont incendió la ciudad de Trujillo, casado con Inés de Losada… (V. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma. En: Briceño Iragorry, Mario.  El conquistador español. Los fundadores de Nuestra Señora de La Paz de Trujillo”. Caracas, 25 de enero de 1930. Pág. 41). Se entiende que era descendiente de capitanes europeos fundadores de Trujillo, con temperamento y valor demostrado al enfrentar a los corsarios saqueadores de los pueblos y la ciudad de Trujillo. Además, al ser nieta de Catalina Fajardo, era descendiente tanto del legendario capitán Alonso Andrea de Ledesma, como del capitán Blas Tafallés. Ni don Hernando su padre, ni ella, usaron el apelativo Hurtado.

 Considerada como persona limitadamente libre, en estado de vasallaje del Reino español, la mujer blanca criolla, en la mayoría de los casos no tenía cómo garantizar el ejercicio de sus menguados derechos políticos, sociales, civiles, económicos, culturales y privados. Excluido estaba para ellas, el derecho a participar e intervenir, en igualdad de condiciones con los denominados Masculinos Universales, en asuntos sustanciales como los políticos y patrimoniales, y poder gozar de los privilegios que a estos se les concedían. Esta condición de sojuzgamiento jurídico y religioso, en el régimen colonial venía siendo cuestionada en Francia, Alemania e Inglaterra; ideas que se iban trasfundiendo con el comercio  a las colonias americanas.

Pudiera considerarse a esta trujillana, como una figura, que enfrentó de esa forma y sin mucho protagonismo, al sistema colonial, y  asimismo, ser un símbolo de la confrontación y lucha demostrativa de mujeres que tuvieron la tenacidad de tomar las riendas de la encomienda de indígenas y de sus tierras, plantaciones, industrias y hatos, aunque no dejaron de estar sujetas al poder monárquico y a la hegemonía legal y real del hombre, del patriarcado, y al violento poder del machismo y su cultura.

         Obtuvo Doña Juana por herencia y derecho de su padre Hernando de Mendoza, quien había nacido en 1624 y confirmado el 13 de enero de 1608 (Windvik), se casó con Doña Inés de Losada Cabrita, bautizada el 13 de junio de 1646 (V. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma.), la Encomienda Cuarta, que formaba parte de la Cuarta Doctrina, denominada del Pueblo de Nuestro Señor San Pablo del Bomboy (hoy, La Puerta). Indicó Briceño Iragorry, que  “…Jacinto Hurtado de Mendoza, sucesor de su padre (Cristóbal Hurtado de Mendoza) en la encomienda que tenía en la Puebla de San Pablo de Bomboy…” (Ídem). En 1620, por iniciativa de Catalina Fajardo, este mismo grupo de indígenas encomendados, regresó a vivir a su lugar de origen, en un nuevo “pueblo de indios”, llamado San Antonio de los Timotes, hoy Mendoza. Éste Jacinto, planteó querella y reclamó sus derechos a la muerte de su padre, porque había sido declarada vacante esta encomienda, por las autoridades coloniales. Jacinto era hermano de Hernando de Mendoza, padre de Juana de Mendoza y Losada.

Con apenas 22 años de edad, Juana había tomado la titularidad y administración de una importante extensión de tierras a lo largo del valle de Bomboy, las que venían siendo sembradas con plantaciones de caña dulce, y otras, hacia el norte, entre la Cañada de Mendoza y la posesión Dorokoke,  fomentadas mayormente con hatos y potreros por sus abuelos Catalina y Cristóbal, y luego por su padre Hernando de Mendoza; a pesar de ello, el reto asumido en pleno siglo XVII,  suponía su esfuerzo como encomendera, para optimizar la producción de su hacienda, adecuándose al modelo agrícola de exportación que se estaba consolidando en este tiempo.   

Provenía Juana, de una familia profundamente religiosa, honesta y emprendedora, asi como de ejecutantes de cargos públicos y de gobierno. El abuelo Cristóbal, inició estudios para sacerdote, “… recibió primera tonsura en Trujillo el año de 1607 de manos del Ilustrísimo Señor Alcega, pero dejada la carrera eclesiástica…” (Ídem); luego cambió de parecer, se casó con Catalina Fajardo, se incorporó a sus negocios familiares y a la función pública, ocupando el cargo de Alcalde Ordinario y de la Santa Hermandad de Trujillo.

La encomienda que se le transfirió a Doña Juana, contaba, “…veinte y cuatro almas en la forma siguiente: — Ocho indios útiles y de trabajo 8 — Cuatro muchachos de menor edad de catorce años. 4 — Nueve indias de mayor edad de catorce años para arriba 9 — Tres muchachas de menor edad de catorce años.... 3. 24 Con lo cual se acabó la matrícula de los indios naturales de esta dicha encomienda inclusa en esta doctrina del Señor San Pablo”, según  lo que refleja el Acta de censo y otorgamiento de libertad de los indígenas encomendados, del 14 de noviembre de 1687, suscrita por el alférez Don Diego Jacinto Balera y Messa, Alcalde Ordinario de Trujillo, el Corregidor de indios Capitán Antonio Oviedo y el cura doctrinero licenciado Juan Buenaventura Cabrita Losada (Castellanos: pág. 87). Era una comunidad de 24 indígenas Timotes a su cargo, siendo su cacique Don Gonzalo, quien no era ladino, es decir, un chontal, que aun cuando la entendía no hablaba la lengua española, por lo que se presume que parte de su comunidad tampoco la usaba.

Luego de ese cambio de nativo encomendado por el de tributario, doña Juana, debía continuar dándole trabajo en las haciendas y hatos, con la responsabilidad de su alimentación,  cuido y sin adoctrinamiento católico y sin obligarlos a hablar español, de acuerdo al nuevo régimen colonial de tributación; permanecer siendo chontales, era su derecho.

Sobre el termino chontal, el Vocabulario de indigenismos en las Crónicas de Indias, de Manuel Alvar Ezquerra, Madrid, 1997,  recoge lo siguiente: <<Temiéndose….especialmente de yndios chontales no les hiciesen alguna molestia o vejación>> (Pedro de Aguado). También, <<Esos chontales es gente más avillanada e moran en las sierras o en las faldas dellas>> (Gonzalo Fernández de Oviedo). Igualmente, <<Quedando los ladinos y chontales de nunca dar oídos//jamás a semejantes devaneos>>  (Juan de Castellanos). Asimismo, <<Era toda esta gente muy chontal y salvajina, por no haber tratado jamás con españoles>>  (Fray Pedro Simón). 

Doña Juana, era hermana de Buenaventura Hurtado de Mendoza, bautizado el 14 de julio de 1665, según el trabajo genealógico usado por el maestro Briceño Iragorry. Éste Buenaventura, siguiendo la tradición familiar,  llegó a ser Alcalde de Trujillo, se casó con Beatriz Constanza Barreto Montilla y concibieron a Luis Bernardo Hurtado de Mendoza, quien al tener la mayoría de edad, a su vez, se casó  con Gertrudis Eulalia Montilla Briceño y procrearon a Don Cristóbal Hurtado de Mendoza, (1772-1829). Graduado Cristóbal en jurisprudencia, fue Protector de  Naturales en Barinas, se sumó al movimiento independentista en 1810, con una participación destacada, ocupando la primera magistratura en la Junta Suprema. Señaló en 1929, el historiador Briceño Iragorry, a su ingreso a la Academia Nacional de la Historia, que, el Capitán Hernando Hurtado de Mendoza, era ascendiente  del ”… Dr. Cristóbal Mendoza, primer Presidente de Venezuela, nacido en la ciudad de Trujillo el 23 de junio de 1774 y no el 24 de julio como se ha venido diciendo”. (Briceño Iragorry, Mario. Discurso a su ingreso a la Academia Nacional de la Historia, en 1929); igualmente lo es doña Juana Hurtado de Mendoza y Losada.  El Dr. Cristóbal, fue elegido  en 1825,  Vicepresidente de la República de Colombia, también indebidamente llamada la Gran Colombia; falleció en Caracas, sus hermanos y hermanas, todos próceres de la independencia, lo que eleva al máximo el gentilicio trujillano.

Juana de Mendoza y Losada, fue una de las primeras mujeres trujillanas, que avanzado el siglo XVII, se enfrentó al régimen colonial patriarcal y al hegemonismo y privilegios de los varones descendientes de conquistadores, al lograr convertirse efectivamente en Encomendera, obteniendo la titularidad de la encomienda de su familia.  En 1687, siendo muy joven, pues apenas contaba con 22 años de edad, son eliminadas las encomiendas, pues se realizó el acto de dar libertad a los indígenas que tenía encomendados.  Dando paso así, por lo menos en esta posición de poder, a un nuevo rol igualitario para las mujeres y hombres de la Provincia.

Ese episodio, exigiendo el otorgamiento de la  Encomienda para ella administrarla, la que asumió efectivamente con lazos laborales basados en el trato y respeto a sus nativos encomendados, simbolizaba el sentimiento humanista frente a la barbarie hispana, y símbolo de la lucha que desde varios frentes se dio contra el patriarcado machista y las relaciones de poder de la cultura occidental, en nuestro continente.

Doña Juana de Mendoza y Losada, una de las heroínas del Bomboy, demostró sin saberlo, que las relaciones de poder existentes podían variar, por lo menos en cuanto al respeto por el ser humano;  por eso no dudamos en reconocerla como una gran dama mantuana, con un temperamento arrollador, de mucha firmeza, constancia y arrojo, en tiempo y lugar toscos, como el de este Valle en el siglo XVII, invocado como Pueblo de Nuestro Señor San Pablo del Bomboy, hoy La Puerta, y San Antonio de los Timotes, hoy Mendoza del Bomboy.  

*

Fui sorprendido el lunes próximo pasado, al enterarme por televisión del traslado al Panteón Nacional de una caja simbólica con tierra, en lugar de los restos mortales del prócer independencista Dr. Cristóbal Mendoza. Al igual que otros trujillanos, espero leer el Informe oficial que ordenó publicar el Presidente de la República, sobre las razones que privaron en este asunto, para poder entender si realmente dicha ceremonia debe considerarse un honor al gentilicio trujillano y a la Nación,  u otra cosa. 

La Puerta, junio 2024.

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de la Puerta. 

omanrique761@gmail.com   





sábado, 24 de junio de 2023

La generosa y realista catadura de Doña Cata (2ª. Parte)


La generosa y realista catadura de Doña Cata (2ª. Parte). 

Por Oswaldo Manrique (*).


Continuando en nuestra línea de investigación, en esta 2ª entrega, se comparte una aproximación sobre el papel de la mujer encomendera durante los siglos XVI y XVII, en la geo-historia de Trujillo, para lo que se ha tomado el caso de la viuda Catalina Fajardo, una de las más ricas terratenientes y encomenderas, información que hemos encontrado en fuentes históricas documentales de la época colonial, como el Archivo General de Indias, de Sevilla, recientemente paleografiadas  y documentos del Archivo Nacional de Historia de Venezuela, datos que nos permite ir confrontando las reseñas historiográficas e ir perfilando y describiendo su conducta y obra, para la reflexión acerca del rol jugado por las encomenderas en esa época.

 

La economía del Valle del Bomboy, para el siglo XVII, en la que incidió con tesón y constancia doña Cata, lo que dio la estabilidad y sustento al proceso de colonización, se centró en la actividad agropecuaria destacando en el área Norte la explotación ganadera, donde se desarrolló la cría de vacunos, ovejos y mular debido a lo favorable que eran estos suelos como potreros, hatos y pastizales, no obstante se mantenían los sembradíos de caña de azúcar, de trigo y otros rubros agrícolas.

Las grandes posesiones de Catalina, fueron altamente productivas y eje de la prosperidad de la zona. Igualmente, ocurrió con las de "Sabana de Mendoza", al ser indiscutiblemente, un personaje fundamental en el proceso de formación de dicho pueblo, y los de La Puerta y Mendoza. 

A pesar de las subidas, que se encuentran en sus extensas posesiones, las cargaba en vertiginosa carrera, y cuando le tocaba frenar ante el "falso" de la entrada, lo hacía como cualquier chalán con su animal, y se podía contemplar su femenino físico y el contrastante carácter que le hacía fama para mandar, la domadora del Valle del Bomboy.  Con más edad que Cristóbal, el “Gran Cacao” en lo económico, en lo político y en lo religioso, Catalina, en el ocaso de su vida, lo observaba, y reflexionaba que poco a poco, las cosas se fueron resolviendo favorablemente, inclusive el largo litigo contra la Corona, por la Encomienda de San Pablo de Bomboy, pues su patrono, el Apóstol San Pablo, el que si sabe de religión cristiana, la iba inspirando, la dotaba de humildad y la seguía protegiendo.

Demostró en el terreno que le tocó pisar, mucha dignidad y delicadeza, fortaleza espiritual y dominio. Ella misma, a veces con don Shulian el cacique, supervisaba las vegas y sementeras, así como, el trabajo en el hato, anduvo con sus culateros, punteros y capataces moviendo y rotando el rebaño para aliviar los pastizales, aunque tuvo reclamos de los hacendados de Valera. Era infatigable, y no dejó de visitar a su hermano Juan Fajardo, en Santiago del Burrero, que también era encomendero y ganadero. 


1620, tiempo de avanzar en medio de las dificultades. 


Doña Cata, ha sufrido intensas penas y soledades durante su vida, eso le ayudó a moldearse un ánimo de hierro, sobreponiéndose al dolor o al duelo y se ha armado de optimismo dominando el feraz y violento valle. Con su facilidad de palabra, con el conocimiento de la historia viva que tenía como protagonistas a su legendario abuelo <<símbolo permanente de los valores de la nacionalidad>>, según lo expresó Mario Briceño Iragorry, y a su padre el capitán Blas Tafallés, armada con nociones de política, de armas, comercio y también de religiosidad, su amena conversación, con esa chispa que la hacía lucir su ingenio, estuvo protagonizando cuando el gobernador de la Hoz Berrío en 1620, se decidió a autorizar la creación del pueblo cerca de su posesión de San Pablo, en Mendoza, y con toda seguridad incidió con ese conocimiento católico para que se le bautizara como pueblo de San Antón Abad, el patrono de la ganadería, protector de los animales. 

Ante las dificultades y desgaste físico que sufrían los indígenas que tenía a su cargo, debido a la distancia existente entre San Pablo, donde ella tenía el asiento de sus tierras, es decir al norte del Valle del Bomboy, y el pueblo de Doctrina, llamado San Pedro y luego Puebla de San Pablo (hoy La Puerta), al sur del valle, sitio este donde fueron trasladados sus indígenas encomendados y tenían que vivir recluidos; tuvo en 1620, en la visita que hizo el gobernador de la Francisco de la Hoz Berrío a Trujillo, la oportunidad de promover que se construyera hacia la Cañada de Mendoza, un pueblo de indios que le evitara a estos, desgastarse tras varias jornadas de camino a pie, para ir a cumplir con sus trabajos en las sementeras y hatos y también con sus familias. El gobernador, ordenó la creación del pueblo de San Antonio Abad, hoy Mendoza, para lo que le quitó tierras al encomendero Juan Álvarez Davoín, a cambio, en 1621,  le quitó varios lotes de tierra a la misma Catalina Fajardo, e igualmente le quitaron los potreros al cacique Aymaro y las tierras que poseían los indígenas de Doña Francisca de Segovia, las que dieron en compensación a Dabuyn. 


Una mujer que tenía aún la alhucema en el maruto.


Mientras, Don Cristóbal, el “gran cacao” trujillano,  atendía la administración del Puente que había construido sobre el Motatán, y veía por la enorme plantación de cacao, en Pocó,  producido  para la exportación, y comercializaba y negociaba  en Maracaibo, a su vez, promovía el pueblo en la Sabana de Mendoza, zona baja de Trujillo, ella, en medio de la crianza de sus hijos, y la atención de sus chinitas indígenas, incluyendo a Yeguenda la princesa Jirajara, planificaba todo; se pudiera pensar que jugaba al cálculo, pero a su mente ágil y sobre la misma realidad,  le llegaban las ideas.  Atendía todas sus posesiones, y las del marido, en el Valle.

Con Don Shulián, el cacique de sus encomendados, mantuvo buena relación de trabajo y de cuido, respetándoles sus derechos, actuando con nobleza activa en la sangre, es decir, dentro de lo que cabía en aquel injusto régimen de explotación esclavista. Tuvo cañaverales dulces, algodonales, trapiches, molinos, tejidos y telares, hato de ganado vacuno, y  curtidora de cueros, que comercializaba. En el transcurso de su nueva vida conyugal y societaria, confirmó que sus planes al lograrse, reafirmarían su recia personalidad sobre el alma de aquella incipiente  como racista comarca que con el tiempo se convertiría en Mendoza del Bomboy, cuya característica laboriosa de sus integrantes, sin dejar de ser  responsable, espiritual, se condensaba en el suyo.


El largo y costoso litigio por la Encomienda San Pablo de Bomboy, 1629.


Siendo viuda regentaba la Encomienda San Pablo de Bomboy, heredada de su esposo el capitán Francisco Botello, quien habría muerto en 1617. Catalina su mujer, al enviudar, para no perder la “Encomienda San Pablo Bomboy”, según la legislación española, debía casarse dentro de los 3 años siguientes (Recopilación de Indias. Ley XXXVI, Titulo IX, Libro VI), de no hacerlo perdía la encomienda, el usufructo, sus estatus y su patrimonio; lo que tuvo que realizar en 1620. Los bienes de su dote, eran cuantiosos, sobre todo en tierras, por lo que comenzó a  asumir un rol de importancia en la sociedad.  

Cuando ella cultivaba con sus encomendados tierras y preparaba potreros, hatos, cuido y pastoreo del ganado, que era su actividad económica principal, estando embarazada, dos meses antes de que naciera su hija Josefa de San Francisco, que con los años seria monja en el Convento Regina Angelorum, el 25 de enero de 1629, el gobernador Juan de Meneses, en la revisión de títulos, a pesar de que ella demostró que era la viuda y única heredera del capitán Botello, sus títulos no tenían la certificación real, es decir, no había sido llevada al Consejo de Indias en España, y la encomienda fue declarada vacante.

Al año siguiente, el mismo gobernador Juan de Meneses otorgó al esposo de Catalina,  dicha encomienda, mediante un documento de fecha 24 de abril de 1630, en el que hay una nota interesante acerca de ella y de los indios que tenía como principal al Cacique Julián <<que viven y están mandados poblar en el pueblo San Pablo Bomboy, según y de la manera que los tuvo y poseyó la dicha Cathalina Faxarda... para que como libres vasallos del Rey nuestro Señor, los curéis en sus enfermedades, ayudéis y favorezcáis dándole la doctrina que les está repartida, procurando su conversión y conservación>> (Zambrano 11); de la lectura de este párrafo se desprende que hubo la fiscalización a los indígenas de la “Encomienda San Pablo de Bomboy”,  comprobó que su encomendera doña Catalina, les dio el trato adecuado.  

Ahora bien, en cuanto a la conversión al catolicismo seguramente ella cumplió y colaboró con el padre Salvador Carmona y con Fray Juan de León, para la doctrina de sus encomendados y protegidos; sin embargo, hay algo que llama la atención y es que en 1777, en el Informe de la visita pastoral del obispo Mariano Martí, indica que en el pueblo de indios San Pablo de Bomboy (alias La Puerta), las mujeres siendo ladinas, no hablan español ni practican la religión católica, esto es, que, hablaban su lengua indígena y practicaban la mojanería y sus ritos y costumbres mágico religiosos; esta situación pudo ser derivada de una especie de complicidad y negociación entre la encomendera y sus indios encomendados, es decir, entre su primera encomendera Catalina Fajardo y la gente del cacique Julián;  reseña que devela la generosidad de esta matrona y la lealtad a los valores que heredó,  desarrollados por su abuelo Alonso Andrea de Ledesma, lo que era excepcional en aquellos tiempos de violencia, tortura y crueldad a que fueron sometidos los aborígenes, virtud demostrada en el trato dispensado a sus encomendados, así como, el de anteponer y sacrificar tierras y bienes para favorecer a sus indígenas, dice mucho de su generosidad y nobleza. 

Luego de varios años de litigio contra la Corona española, el 14 de marzo de 1647, el Consejo de Indias, en la ciudad de Sevilla, decidió no otorgarle la confirmación a Cristóbal Hurtado de Mendoza ni a Catalina Fajardo de la “Encomienda San Pablo de Bomboy”, la que pasó a poder del Rey de España, y perdieron el puente construido sobre el rio Motatán, ordenando le pagaran al Capitán Mendoza, lo que gastó en la construcción de esta obra (Zambrano, 38 a 40); hechos estos, que irían acentuando el sentimiento por los valores de la nacionalidad, en ellos y en sus descendientes.

 

Construyen el puente de madera entre el Virreinato de la Nueva Granada (hoy Colombia) y la Provincia de Venezuela, en 1642.



Para salvar la “Encomienda San Pablo de Bomboy”, y siendo sus patrimonios individuales, dotales y de economías compartidas en abierta sociedad,  los esposos Mendoza Fajardo,  propusieron al Rey, construir un puente sobre el río Motatán, es decir, un puente que permitiera pasar en tiempos de invierno las mercaderías, animales, cargas y las personas, lo que efectivamente construyeron, trayendo alto beneficio a Trujillo y a la Provincia. 

El experto Baltazar de Aguilar, en su informe del 12 de abril de 1638, señaló que <<vi el dicho puente…y en mi conciencia está muy bueno, fuerte y alto de la lumbre de el agua, de maderas incorruptibles y fuertes vigas, de terraplenada…para mi será perpetuo>> (Zambrano, 20).  El gobernador Ruí Fernández de Fuenmayor, certificó que ante las pérdidas ocasionadas por el río caudaloso en invierno <<el paso que por él se hace desde esta provincia al nuevo reino de granada y, del nuevo reino a esta, con que se aumentó el trato y comercio... está el paso seguro y por mucho cuidado y vigilancia>> (Zambrano, 31). En una proyección sobre tierras de los Mendoza-Fajardo, se estima que el puente sobre el Motatán pudo haber sido construido a la altura del sitio Quebrada de Cuevas, un poco más al norte, coincidiendo con la entrada de la Cordillera El Humo, en la hoy parroquia Mendoza, que fue un paso indígena y colonial, que conectaba con el camino hacia la vía intermontana al Puerto de Gibraltar, en el lago de Coquivacoa (Maracaibo). Esto nos da una idea de lo visionaria que fue esta pareja.  



La pujante Sabana de Mendoza, erigida en tierras de Doña Catalina Fajardo.


Un buen grupo de historiadores coinciden, que, fue la encomienda la formula organizativa que dio inicio al modelo socio económico de los primeros pueblos esclavistas coloniales. De donde surgen los principales sujetos sociales: los capitanes conquistadores, convertidos en encomenderos y hacendados y colonos, construyendo sus casas de habitación, en los sitios a poblar, y los indígenas, trasladados y convertidos en esclavos o protegidos, y los curas doctrineros, en su misión de adoctrinamiento y transculturidad de éstos.

Derivan de la encomienda, nuevas relaciones de poder, elevando al encomendero a la cima de la escala social; los enlaces matrimoniales habitualmente los concertaban los padres de los futuros contrayentes, tomando en consideración los intereses económicos, de estirpe social y el poder, lo que no sería una excepción en el caso de Catalina.

Los Conquistadores  y sus descendientes, elevados a la categoría de clase privilegiada de acuerdo con la Cédula Real datada en el Bosque de Segovia el 13 de julio de 1573, mediante la cual se hacían "Hijosdalgos de solar conocido a ellos y sus descendientes legítimos para que en el pueblo que poblaren y otras cualesquiera partes destas Indias sean Hijosdalgos e personas nobles de Linaje y Solar conocido y por tales sean habidos e tenidos e gozen de todas las honras e primicias e puedan hacer todas las cosas que todos los hombres Hijosdalgos y Caballeros destos Reinos de Castilla según fuero Leyez y costumbres de España pueden y deben haber y gozar". (Briceño Iragorry, Mario. Los fundadores de Trujillo. 1929); en la práctica fueron una casta social privilegiada.

En la concepción del invasor europeo, colonizar era poblar; una de las principales obligaciones del encomendero era construir casa o estancia y conservar y adoctrinar a sus encomendados, dando estabilidad al modo de producción y consolidando la jurisdicción de poder colonial; inclusive, siempre prestos a salir con sus armas a defender el régimen que se implantaba. Quizás se perciban diferencias, con ritmo y forma diferentes en el proceso histórico de formación económica colonial impuesto por España en Trujillo, que por supuesto no llegó a expresarse de forma paralela y coetánea en cuanto al inicio y evolución de la organización social de los distintos pueblos de indios y los de blancos,  tanto los de zonas altas con los de la zona baja, lo que pudiera imputársele a la producción mercantilista.

El historiador Arturo Cardozo, dentro de lo que llamó período de La Conquista, data el comienzo de los cultivos de cacao en el valle de Pocó, en 1620, destacando la labor de  los Jesuitas (Cardozo, 14); sin embargo, solo fue el 17 de septiembre de 1629, cuando el Cabildo de Trujillo, otorgó a estos religiosos, 30 fanegadas de tierra de montaña en el mencionando Valle, hasta el punto de La Arenosa, para sembrar arboledas de cacao (Fonseca, TI, 26-27). Con la llegada de los Jesuitas, fue adquiriendo este valle, cuerpo de comunidad, al contar con actividad litúrgica y religiosa, transculturamiento y adoctrinamiento de los naturales y todo lo que representaba esta institución en la formación de pueblos y del comercio. 

Antes de ese tiempo, en el que llegan los Jesuitas, los vecinos, encomenderos y productores de esta zona eran, según el Dr. Fonseca: los Ledesma, descendientes de Alonso Andrea de Ledesma, entre ellos, Catalina Fajardo; los Pacheco Maldonado, Osorio y los Gómez Carrillo.

Alonso Andrea de Ledesma fue -según Briceño Iragorry-, el Capitán de las hazañas admirables del siglo XVI en Venezuelaferviente defensor de los aborígenes y respetuoso de estas comunidades", y su hermano Tomé de Ledesma. El Capitán Alonso, padre de Marina Ledesma, madre de doña Catalina Fajardo, nuestro personaje principal.    

El Capitán Gonzalo Osorio Pimentel, sobrino del conquistador Diego de Losada,  participó con Francisco Ruiz, en la conquista de los Cuycas.  Ingresó a la Gobernación en 1550, con el  cargo de Veedor de Minas y acudió con Villegas a la fundación de la Nueva Segovia, donde recibió indios en encomiendas. Se radicó en el Tocuyo definitivamente.

El Capitán Pedro Gómez Carrillo, entró -según Oviedo-, en compañía de Francisco Ruiz el año de 1558 y recibió indios en el primer repartimiento. En 1608, le confirman la “Encomienda en Pocó”, con 86 indios (7ª. Doctrina); apuntó el historiador Briceño Valero que <<en el punto llamado El Tapón echaba el Motatán un brazo hacia la izquierda que iba a desaguar sobre el pueblo de Moporo: este caño se llamaba Rio Carrillo>> (Briceño, 31); posiblemente el topónimo le venga de este encomendero. Fue Regidor el año de 1569 y posteriormente Alcalde Ordinario de la ciudad. Su hermano el Capitán Cristóbal Gómez Carrillo, recibió del Gobernador Sancho Alquiza, el año de 1610, en encomienda los "principales e indios de nación cuycas que viven en la quebrada llamada de San Sebastián, cuyos principales se llaman don Pedro y Diego Hernández y Buscuy y el principal Diaguito hijo del principal Bohote con todos sus sujetos de nación Timotes que viven en el asiento llamado Exambux y Niriquajar" (Briceño Iragorry, Mario. Los Fundadores de Trujillo. Caracas. 1929).

El Capitán ALONSO PACHECO, en 1568, siendo Teniente de Gobernador de la viajera ciudad de Trujillo, efectuó el traslado final al valle de los Mucas. En Trujillo recibió indios en encomienda del Gobernador Chávez. Fue  fundador original de la actual ciudad de Maracaibo. Fueron estos cuatro guerreros españoles, los encargados de impulsar la economía, en aquel valle de ciénagas, cargado de enfermedades y rodeado de tupidas selvas del Pocó.

Uno de los más antiguos Cronistas de Indias, escribió que por la labor de estos, Trujillo <<llegó con brevedad a ser una ciudad muy opulenta, por el mucho trato de sus frutos, principalmente del cacao a cuya labor se dedicaron sus vecinos plantando en los Valles de Pocó cuantiosas arboledas de este género que conducidos por la laguna de Maracaibo a Gibraltar los hacía poderosos, por las grandes proporciones de plata que producía sus retorno>> (Oviedo y Baños, 139). La actividad cacaotera, le dio fuerte impulso a la economía y asentamiento social en este Valle, y en general a  Trujillo.

Pocó, como se les llamaba a estos valles desde tiempos prehispánicos, palabra compuesta de la silaba po, que significa en lengua indígena caminos, tierra,  y la partícula co, que como sonido gutural, atendiendo a las reglas de origen onomatopéyico del Dr. Amílcar Fonseca,  se asemeja a agua, es decir po+co: tierras o caminos de agua, lo que nos lleva a ubicarnos físicamente, como  lugar de  aguas, que sería lugar de ciénagas, para los indígenas (Fonseca, T1, 290-292). El río, que caracteriza y da nombre al valle, el historiador trujillano Briceño Valero, lo clasifica asi: Rio Pocó de mucha importancia por su caudal de agua y por las tierras que riega, también porque <<es limite del Estado desde su nacimiento en el paramo de la Sal, hasta su desagüe en el Lago de Maracaibo, ciénagas de la Dificultad>> (Briceño Valero, 34).

Hacia 1670, las inundaciones producidas por los ríos y quebradas, destruyeron gran parte de las arboledas de cacao; igualmente ocurrió con los fundos de ganado, que pasaron a ser montaraces y cimarroneras, y los productores de ese tiempo, con tanta perdida, no se preocuparon por mejorar las crías. 

Escribió Eliazar Montilla que el capitán Cristóbal Hurtado de Mendoza, hizo su testamento en 1657 y 10 años después, cuando ya había ocurrido su muerte, su hijo y albacea Hernando Hurtado de Mendoza (también se hizo llamar Fernando de Ledesma, su casa en Trujillo, fue incendiada en 1678, por el corsario francés Granmont), pidió la ejecución del mismo, pero en el mencionado texto legal no consta la propiedad de ninguna extensión de tierras relacionada a las “Sabanas de Mendoza” (Montilla, página 4). Aseguró este autor que las posesiones "Pedro Felipe", "Sabana de Mendoza" y "Zaragoza", que se unieron y pasaron a llamarse "Pedro Felipe", así como, otras tierras vendidas en 1709, por Buenaventura Hurtado de Mendoza, las heredó de su abuela Catalina Fajardo, dueña original de estas tierras, porque el capitán Cristóbal Hurtado de Mendoza, su esposo, al morir solo poseía encomiendas y doctrinas, ubicadas hacia el Valle del Bomboy y Timotes  (Montilla Abreu, Eliazar. Perfil Histórico, Geográfico y Humano de Sabana de Mendoza. Página 5); el mismo Montilla se pregunta << ¿cómo llegaron estas tierras a ser propiedad de Catalina Fajardo? lo más probable es que su primer propietario haya sido su abuelo el capitán Alonso Andrea de Ledesma>>.

Es conveniente agregar que, cuando se producía un enlace matrimonial entre gente de elevada escala social, generalmente eran acordados por los padres de los contrayentes, priorizando los intereses económicos, de estirpe social y el poder, mediante un contrato denominado Dote o Carta dotal, con el cual, aquellos aportaban al marido para que lo administrara mientras durara el matrimonio, tierras, propiedades, ganado, dinero, granos, ropa, lencería, vajillas, obras de arte y joyas (Leyes de Partidas. Alfonso El Sabio. 4ª. Partida). La dote, era patrimonio propio de la mujer, eso significaba prestigio y poder social y económico en la sociedad, para las familias y beneméritos, muy a pesar que, la mujer protagonizaba en su círculo familiar, porque en lo social su incidencia y reconocimiento era prácticamente nulo, no obstante su desempeño social, su linaje y su patrimonio. Se estima que el capitán Cristóbal, murió entre los años 1666 y 1667.

Concluye Montilla, en que, las posesiones que conforman "Pedro Felipe", llegaron a pertenecer a los Hurtado de Mendoza a través de Catalina Fajardo y no del capitán Cristóbal Hurtado de Mendoza (Montilla, 7); es decir, la mayoría de las tierras de Catalina, fueron heredadas de su abuelo Alonso Andrea de Ledesma, como hija que era de Mariana de Ledesma, y otra parte, como hija del capitán Blas Tafallés, en el contrato de dote matrimonial. En el Valle del Bomboy, también poseía una  importante propiedad territorial. Un capitán Cristóbal de Mendoza, el 2 de marzo de 1669, aparece entre los contratantes de servicio médico del Dr. Espina, en la ciudad de Trujillo, es posible que sea el séptimo hijo de Catalina Fajardo, nacido en 1635. El hijo mayor fue Jacinto Hurtado de Mendoza y Fajardo, quien nació en 1621, heredó la encomienda de San Pablo de Bomboy, según Briceño Iragorry.     

El hijo de Catalina, Pedro Márquez de Mendoza y Fajardo, bautizado el 5 julio 1632, sustituyó a su padre Cristóbal, en la dirección de  la plantación de  cacaotales en Pocó y en su comercialización y exportación. Se le consideró a mediados del siglo XVII, al igual que sus antecesores, un fuerte comerciante de esta especie llamado "Gran Cacao", en Trujillo. Es bastante probable que este Mendoza, sea el mismo "Pedro Felipe", del que perpetúa la memoria oral de Sabana de Mendoza, y cuyo nombre se mantuvo como topónimo. 

Es interesante conocer que documentos de tierras vendidas en 1709, por Buenaventura Hurtado de Mendoza, las "Sabanas de Mendoza", donde hoy está asentada la población de este nombre, era propiedad de su abuela Catalina Fajardo (Montilla, 1); es precisamente en esta enorme posesión, en la que con su esposo Cristóbal, quien disponía de una encomienda de 174 indígenas útiles de la Séptima Doctrina, en 1608, organizada por el Obispo Alcega, desarrollaron grandes cacaotales y hatos cerca del Pocó, lo que fue generando con el asentamiento colonial, nuevas relaciones sociales de producción y comerciales, alrededor de este impulso económico dado por la tierra de Doña Cata y la labor de la mano indígena, que significan aportes primarios,  para lo que hoy conocemos como la ciudad y población de Sabana de Mendoza.  

Se debe acotar que, la conformación de la Séptima Doctrina, localizadas las encomiendas en lo que hoy están las poblaciones de La Puerta, Mendoza (Valle de Bomboy), Urdaneta y el Valle de Pocó, respondían a un elemento geopolítico y estratégico del gobernador Alquiza y el Obispo Alcega, seguramente concertado con los mismos encomenderos, para crear la correa de transmisión entre el fluido comercio “reinoso”, del Virreinato de la Nueva Granada, Venezuela y la salida al Mar, por Gibraltar o Maracaibo, para conectar con las islas del Caribe, colonias de Holanda, Francia e Inglaterra,  por lo que las grandes plantaciones de caña de azúcar y cacao, se fomentaron en dichos valles y sitios que permitían su exportación al menor costo tanto en la producción, como el transporte, impuestos de transito, y en su comercialización, lo que fue altamente rentable para los encomenderos, terratenientes y los descendientes de éstos, por lo menos hasta que se instaló la Compañía Guipuzcoana, que monopolizó el  mercado de dichos productos.

El historiador y geógrafo Américo Briceño Valero, en 1920, describió a “Sabana de Mendoza”, como pueblo cabecera, y a “Zaragoza” y a “Pedro Felipe”, como caseríos del Municipio Sucre; <<hallase este pueblo en una sabana que se extiende al pie de las ultimas faldas de la serranía de “El Palmichero”, a diez kilómetros de Betijoque, cerca de la quebrada Vichú>> (Briceño Valero, 97). Acerca de sus suelos, señaló que es zona de pastos naturales y espontáneos <<de excelentes condiciones para la cría y ceba de ganados…y en esas mismas sabanas, alternando con estos pajonales, se cultiva sin mayor trabajo y prosperan admirablemente, plantas de cultivo mayor, como cacao, caña de azúcar, tabaco>> (Briceño Valero, 28).

 

En el ocaso de sus días.

Ya avanzada en edad, seguía en sus negocios de tierras, de ganadería, agrícolas, talleres e industria. En escritura de Composición, hallada por Amílcar Fonseca, Catalina y su esposo Don Cristóbal, adquirieron la enorme posesión Dorokokoe, que abarca Castril de Reina, camino de los Timotes, Cucharito y linda con el rio Bomboy (Registro Subalterno Trujillo,  folio 17 del Protocolo: Antonio Ruiz de Segovia, año 1665.  En: Fonseca, T2, 39), Se estima que Catalina para esta negociación tenía unos 76 años y Cristóbal 66 años de edad,  cuando adquieren estas tierras reales.

Justo es, que se haga  el reconocimiento histórico que se merece Doña Catalina Fajardo, como ilustre matrona que cimentó larga y digna estirpe en la que figuran libertadores, como el Dr. Cristóbal Mendoza, primer mandatario republicano de Venezuela, también como mujer progresista, en clara sociedad económica con su esposo, fue adquiriendo y desarrollando tierras en la zona norte del valle, hasta colindar con la meseta de Valera,  y como forjadora de pueblos, por su aporte a la consolidación del “Pueblo de Indios San Pablo de Bomboy” (hoy La Puerta), y a la formación desde sus inicios, de esa hermosa e histórica comarca, que es el <<Pueblo San Antón Abad>>, hoy Mendoza del Valle de Bomboy, topónimo este, que obviamente refiere al apellido del marido, en tiempos de esa sociedad patriarcal, siendo ejemplo y símbolo del temple y espiritualidad de la mujer trujillana; igualmente, lo que le corresponde en cuanto a la hoy ciudad de Sabana de Mendoza (Municipio Sucre), en la zona baja del estado Trujillo, pero fundamentalmente, como  constructora de nacionalidad.

La Puerta, junio 2023.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com



sábado, 17 de junio de 2023

La generosa y realista catadura de Doña Cata (1a. Parte)

 La generosa y realista catadura de Doña Cata (1a. Parte).   


Por Oswaldo Manrique (*)


<<Y el viejo corcel de Ledesma reaparece hoy sobre la faz de nuestra historia con su ímpetu de mantenido frescor. Los nuevos filibusteros -ladrones de espacio y de conciencia- andan entre las aguas de la Patria, amenazando nuestra economía y ultrajando la dignidad de nuestros colores>> (MBI. 1942)

A propósito que recientemente, se ha retomado una vieja y loable iniciativa del militar e historiador Ramón Hermoso Boscán, para localizar los restos mortales del Dr. Cristóbal Mendoza, y dar ejecución al Decreto del Presidente Guzmán, de fecha 11 de febrero de 1876, para ser trasladados al Panteón Nacional, es pertinente conocer algunos antecedentes familiares de tan eximio repúblico, particularmente, su relación con Catalina Fajardo, la entusiasta encomendera del Valle de Bomboy.


Perdía el sueño, el sabroso sueño de la madrugada. Constante defensora de su valle, de su gente, de la responsabilidad con la tierra y con los animales, la despertaban a esas horas. Los aullidos de los perros le anunciaban que don  Shulian el jefe indígena y otros de los vaqueros la esperaba para acompañarla en el inicio de la jornada, para ir a negociar con el cacique Aymaro, también ganadero y dueño de cercanos potreros. Los ladridos cesaban al salir al corredor donde se separaba la claridad, del frio amanecer. Uno de sus encomendados, le llevó las riendas y montó de un brinco su caballo y emprendió la mañanera marcha hacia "El Hatico", cerca de su envidiada "Dorokokoe".

Su catadura envuelve un matiz que la aproxima a una personalidad de carácter férreo, intenso, sus ojos eran inquietos, con marcadas cejas, mejillas rosadas, labios expresivos y hermosos, rubia cabellera e iba armada con su fuete que le brillaba en la mano para imponerse sobre la bestia que montaba, como la patrona; sin embargo, su conducta era de una verdadera madre de sus protegidos, simplemente mujer de amable, generosa y consciente catadura.

        Era libre, de la misma estirpe de los conquistadores de los que descendía, entre ellos, Alonso Andrea de Ledesma, sobre quien Briceño Iragorry (1990) escribió: "este conquistador sobresale entre las hazañas admirables del siglo XVI como el de uno de los más valientes capitanes que vinieron a la conquista de Venezuela...aunado a ello el capitán Alonso Andrea de Ledesma: fue un ferviente defensor de los aborígenes y respetuoso de estas comunidades", la historiografía reconoce que fue aliado del cacique Baruta y defensor de las tierras de la tribu de éste y de sus derechos, solo que la nieta de este Capitán, se mantenía por formación, a tono con su religiosidad, civilidad y sus principios humanos.  

Quien pudo ver su joven y femenina estampa a caballo, en aquellos campos de fresco verdor, repletos de indígenas y capataces, de sementeras, potreros y manadas, sentía pasar a la verdadera ama del Valle del Bomboy. Se sintió en aquellos primeros años del siglo XVII, su voz, su acción y su mano férrea entre su gente, entre los encomenderos, colonos, militares y curas, para proponer e impulsar cambios y mejoras, también con sus encomendados, esclavos, peones, y con lo más empobrecidos. 

La madre de Catalina, Doña Marina Ledesma, así como las madres Extremeñas, Portuguesas, Vascas o Al-Andaluzas de sus contemporáneas y vecinas familias de Encomenderos y Colonos, supieron inocular a sus hijas, las elementales instrucciones reales, para con los aborígenes andinos:

«Y mandamos, que con muy particular cuidado procuren su conservación, y donde no las hubiere se funden y pongan en ellas matronas de buena vida y ejemplo, para que se comunique el fruto de tan buena obra por todas las provincias, y les encarguen, que pongan mucha atención y diligencia en enseñar á estas doncellas la lengua española, y en ella la doctrina cristiana y oraciones, ejercitándolas en libros de buen ejemplo, y no les permitan hablar la lengua materna>> (Leyes de Indias, Libro Primero, Título III, Ley XIX); de acuerdo a esta norma, la misión de conversión y formación de los naturales, además de los curas doctrineros, se asignó a las mujeres de los encomenderos y colonos; por eso, la responsabilidad que asumió con denodado interés doña Cata, de lograr del gobierno colonial, la autorización para construir el pueblo de indios en Mendoza, que le quitaba a los encomendados, la penuria de caminar varias y largas jornadas de camino para llegar a las faenas de los encomenderos, y para estar cerca de sus familias y trabajar para su manutención. 


¿Quién era Catalina Fajardo, la entusiasta encomendera del valle de Bomboy? 


Catalina Faxarda o Cathalina Fajardo o Fajarda, nacida alrededor de 1589, era hija del Capitán Blas Tafallés, encomendero del Bomboy,  Alcalde de la Santa Hermandad en Trujillo, en el año de 1607 y de su esposa Marina de Ledesma y Mateos, bautizada en 1570, ésta, a su vez, hija del épico Capitán Alonso Andrea de Ledesma, símbolo y ejemplo de lucha por la pertenencia de la tierra y de ciudadanía. 

Se casó en primeras nupcias aproximadamente en 1605, con el capitán Francisco Botello, de los primeros colonos de Trujillo,  primer beneficiario de la “Encomienda San Pablo de Bomboy”. Es bastante probable que este Capitán, cuando se casó con Catalina, fuese algo anciano, puesto que acompañó a los fundadores de la ciudad, en la entrada contra los Cuycas, en 1557.

En el registro de encomiendas del Obispo Alcega, de 1608, en la Media Doctrina, aparece <<Juan Martin Botello, en San Sebastián, 114 indios>(Briceño Perozo: 58), la localización de esta encomienda, en cercanías a Escuque, Valera y Betijoque.  En la Novena Doctrina, <<Juan Fajardo, 17 indios>> (Ídem); al parecer este Juan es hermano de Catalina; la encomienda estaba localizada entre Santiago, San Lázaro y Trujillo. Se tienen datos de la existencia de otro hermano, de nombre Joan Tafallés y Ledesma.

Según Amílcar Fonseca, un río o quebrada que riega los llanos de Monay, lo llamaban los indígenas indistintamente Botello o Botey, pudiera referirse a alguna propiedad del capitán Botello (Fonseca: T1.  266).  Este Capitán, pudo haber  muerto  entre los años 1618 y 1619, ya que en 1621, documentos del Gobernador De la Hoz Berrío, registran que Doña Catalina se representaba ella misma, y era reconocida como dueña de amplias posesiones de tierra, por sus negocios de agricultura y ganado, y como encomendera de este valle, al crearse el Pueblo de San Antón Abad (en Mendoza), perdió extensas mesetas y potreros, al igual que el cacique Aymaro. 


El nuevo y particular matrimonio: ahora con un joven clérigo.


Aun cuando estaba en la oficina de administración de sus negocios, en su considerable Posesión de San Pablo de Bomboy, o en la ruda faena ganadera, se mostró pulcra, ataviada con sencillez, pero sin perder la elegancia natural, cuidadosa de sus perfumes y aromas, oliendo a rosas y azahares. 

         La viuda sorprendió un día a la nobleza colonial trujillana: se casó con un  clérigo y con menos edad que la de ella, es decir, con Don Cristóbal Hurtado de Mendoza y Márquez de Estrada, quien había  recibido primera tonsura en Trujillo, en <<1607, de manos del Ilustrísimo Señor Alcega, pero dejada la carrera eclesiástica, fue después Alcalde Ordinario y de la Santa Hermandad>> (Briceño Iragorry, Mario. Fundadores de Trujillo. En: https://www.anhvenezuela.org.ve/). 

En 1629, Catalina está casada con  Cristóbal Hurtado de Mendoza, quien había nacido alrededor de 1587, en Trujillo, aunque en un testimonial se indica que en 1645, tenía 46 años de edad.  Lo que se contradice con la fecha en que recibió la prima tonsura en Trujillo, de manos del Ilustrísimo Señor Fray Antonio de Alcega, es decir, el año de 1607. Era hijo del Capitán Hernando Hurtado de Mendoza el “Andaluz”, <<natural de la ciudad del Puerto de Santa María en los Reinos de España. Con el Gobernador Diego Osorio estuvo en la defensa de la ciudad de Maracaybo contra los corsarios y después fue con el Capitán Juan Pacheco Maldonado al vencimiento de los zaparas, aliles y demás tribus rebeldes de la Laguna.  En Trujillo fue Alférez Real y Alcalde Ordinario y tuvo encomienda en la Cañada de Mendoza. El Gobernador Osorio le despachó título de Infantería Española y en 1589 levantó probanza de hidalguía en la ciudad de Caracas>>, y al morir éste, asumió por mayorazgo los bienes, tierras y encomiendas de su padre.   La madre de Cristóbal: <<María Estrada, hija  del Capitán Juan Márquez, de los fundadores de Mérida y de Damiana Noble, quien venía del matrimonio de Juan de Umpiérrez, encomendero en Trujillo y Regidor en 1571 y Alguacil Mayor en 1578, también de los fundadores de Mérida, donde dijo que estaba avecindado el año de 1568 y de Antonia Jácome. Al igual de Miguel de Trexo fue uno de los conquistadores de Mérida que ayudaron a la fundación de Trujillo>> (Ídem). La dote aportada por doña Catalina, al matrimonio con  el capitán Mendoza, fue bastante significativa, sin embargo, lo que valía era la alianza económica y de poder entre las dos familias de este Valle.

Una leve sonrisa de satisfacción, subió a la cara de Doña Cata, al ver a quienes pensaron que estaba arruinada, que caería bajo el poder de un hombre que la dominaría para siempre, a ella, tan independiente como libertaria que era;  un aire de superioridad la abrumó aquella noche, acompañada en esa celebración nupcial de sus taconazos en el salón de baile junto a su clérigo Cristóbal, su nuevo esposo, ingenioso cómplice de la alianza, y fiel a sus proyectos y negocios, con los que hicieron buena dupla y ganancias, pero sobretodo, lograron desarrollar aquellas tierras, y consolidar los cimientos de un pueblo que posteriormente, llevaría ese heroico apellido: Mendoza.

Su otro gran proyecto: La familia.

Otra de sus aspiraciones personales, fue la maternidad. Con Botello, hombre mayor, no tuvo hijos. Con el religioso Cristóbal, de acuerdo con la información genealógica aportada por Briceño Iragorry, procreó nueve hijos, cuatro hembras y cinco varones.  Prolífica, de vientre saludable, tuvo los hijos que se mencionan a continuación: 

Jacinto Hurtado de Mendoza, personaje histórico, fue el primer brillo de su alma maternal, <<sucesor de su padre en la encomienda que tenía en la Puebla de San Pablo de Bomboy>> (Briceño Iragorry: Fundadores). Clara de Ledesma, sin sucesión. Hernando Hurtado de Mendoza y Fajardo, bautizado el 16 de diciembre de 1624, cuya casa fue una de las que se destruyeron cuando Gramont incendió la ciudad de Trujillo, casado con Inés de Losada, descendencia de Cristóbal Gómez Carrillo. Ana de Mendoza, nacida el 26 de julio de 1627. Josefa de San Francisco, bautizada el 26 de marzo de 1630, monja del Regina Angelorum. Pedro Márquez de Mendoza Fajardo, bautizado el 5 de julio de 1632, fuerte comerciante de cacao a mediados del siglo XVII, en la ciudad de Trujillo. Cristóbal de Mendoza. Francisca de Mendoza, bautizada el 6 de octubre de 1638. Matías de Mendoza, bautizado el 20 de abril de 1645. (Datos tomados de Briceño Iragorry, Mario. Fundadores de Trujillo. En: https://www.anhvenezuela.org.ve/. Igualmente, datos de Montilla Abreu, Eliazar. Perfil Histórico, Geográfico y Humano de Sabana de Mendoza).

El tercero de los hijos de Catalina Fajardo: Hernando Hurtado de Mendoza y Fajardo, y su esposa Inés de Losada, son los Padres de: Juana Mendoza, bautizada el 7 de abril de 1665, muy joven fue encomendera. Buenaventura Hurtado de Mendoza, bautizado el 14 de julio de 1665, Alcalde Ordinario de Trujillo, casado con Beatriz Constanza Barreto Montilla, de la descendencia de Pedro Luis Villora, son los Padres de: José Cristóbal Hurtado de Mendoza, casado con Ángela María Valera Barreto, progenitores de: Luis Bernardo Hurtado de Mendoza, casado con Gertrudis Eulalia Montilla Briceño, de la descendencia de Pedro Luis Villora; estos fueron los padres del: Dr. Cristóbal Mendoza, nacido en la ciudad de Trujillo el 23 de junio de 1774; sus hermanos y hermanas, todos próceres de la independencia, lo que eleva al máximo el gentilicio trujillano.  Catalina Fajardo o Faxarda, la encomendera del Bomboy, que hizo aporte a la consolidación del “Pueblo de Indios San Pablo de Bomboy” (hoy La Puerta),  forjadora desde sus inicios, de esa hermosa e histórica comarca, que es el <<Pueblo San Antón Abad>>, hoy Mendoza del Valle de Bomboy; igualmente, lo que le corresponde en cuanto a la hoy ciudad de Sabana de Mendoza (Municipio Sucre), en la zona baja del estado Trujillo, constructora de nacionalidad, es la tatarabuela del Dr. Cristóbal Mendoza, el primer presidente de Venezuela, el destacado republicano e independencista, cuyas ideas integracionistas y bolivarianas, aun siguen estremeciendo en todos los pueblos suramericanos.


 Se intuye  de la conducta y proceder de  ella,  la vena y la fuerza moral de una mujer, en una contienda por sus derechos,  en circunstancias históricas desfavorables y particulares de los comienzos coloniales, que  por esfuerzos en solitario, conviniendo alianzas y con largos litigios, iniciativas y emprendimientos, va superando y obteniendo resultados, unos inciertos y otros que le fueron favorables, en sus planes de dominar la feracidad y dureza del Valle de Bomboy. En 1646, el matrimonio Mendoza-Fajardo perdió un largo litigio contra el Rey, por su encomienda de San Pablo de Bomboy, al igual que la pedida del puente construido sobre el rio Motatán, por Cristóbal su esposo, lo que iría acentuando el sentimiento por los valores de la nacionalidad, en ellos y en sus descendientes.

Justo es, que se haga  el reconocimiento histórico que se merece Doña Catalina Fajardo, como ilustre matrona que cimentó larga y digna estirpe en la que figuran libertadores, como el Dr. Cristóbal Mendoza, primer mandatario republicano de Venezuela, también como forjadora de pueblos, por su aporte a la consolidación del “Pueblo de Indios San Pablo de Bomboy” (hoy La Puerta), y a la formación desde sus inicios, de esa hermosa e histórica comarca, que es el <<Pueblo San Antón Abad>>, hoy Mendoza del Valle de Bomboy; igualmente, lo que le corresponde en cuanto a la hoy ciudad de Sabana de Mendoza (Municipio Sucre), en la zona baja del estado Trujillo, pero fundamentalmente, como  constructora de nacionalidad. 

La Puerta, junio 2023. 

omanrique761@gmail.com 

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