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sábado, 21 de febrero de 2026

Bomboy el caudillo, trenzando la resistencia permanente en medio de la derrota

Por Oswaldo Manrique.

Podíamos señalar que a raíz de ese encuentro violento entre el Señorío Tribal y el Poder imperial, representado por dos célebres varones de su tiempo, uno caudillo indígena, el otro ocupante de tierras por “derecho de conquista” y con buena indiada (Encomienda del Valle de Bomboy) en el 1600,  surgió y fue el inicio que echó las bases para la formación del pueblo colonial esclavista denominado “Pueblo de Doctrina San Pablo Apóstol del Bomboy”, antes comunidad indígena Bomboy, en el territorio en donde hoy está levantada La Puerta.


Mucho antes de que llegaran el Portugués y sus jipatos barbudos.

En 1549, cuando el español Diego Ruiz de Vallejo, entró a Escuque y a los distintos pueblos serranos buscando minas de oro e inventariando sus riquezas, los indios fueron hostiles, oponiendo resistencia y guasábaras de guerra. Tenía la orden expresa de exterminar a los rebeldes (Hermano Nectario María. Investigación.1963), que dieron pequeñas victorias a los indígenas comandados por el caudillo Bucay.  Fue en ese año, cuando seguro se produjo, la decisiva conversación entre el viejo jefe del Valle del Bomboy y el inmutable, talentoso y maravilloso sacerdote Chegué, a raíz de haber recibido a unos Zaparas que huían de la persecución por algunos desvaríos en la laguna de Coquivacoa. Cansados y hambrientos se les brindó con la acostumbrada jícara repleta de la chicha fresca del día. El sumo sacerdote, al llegar  a la casa principal de la aldea, se acercó a la mujer e hijos del caudillo, y los roció con el agua que sacó de su bolso sagrado, preguntándoles:

-         ¿Ih-match-kupe? Todos le respondieron:

-         ¡Kuek suaj! Él, riéndose asintió con la cabeza.


Cuando estaban reunidos los dos, sin testigos, se sentaron frente a frente, en la estera. Chegué le preguntó por los dos Zaparas que habían estado en la aldea, y le dijo:

- Mabujay-ustate. Se les atendió de puerta abierta, como a otros amigos, que vienen por los caminos del Coquivacoa, les dimos manta y comida. Ese día, comimos guaka. Pero al verle los ojos que se alojaban en la profundidad, entendió la importancia de esos hombres. El sabio le dice:

- Huían porque se negaron a obedecer a los forasteros que saquean La Laguna.

- ¿Y quiénes eran?  Chegué, parsimonioso y calmo, le respondió:

-  Son dos pequeños jefes y traían noticias extrañas de más allá del Coquivacoa.

- ¿Cómo cuáles Chegué? Interrogó el viejo caudillo.

- Comenzaron con lo que está ocurriendo en las costas cercanas a La Laguna, y más allá, la quema de los mares de los Caribes y Taínos, candela y cenizas.

- ¿Qué les ocurrió? Insistió el principal de la tribu.

- Llegaron unos hombres extraños en canoas enormes, movidos por telones y el viento sobre las olas. El sacerdote impulsó el interes del jefe y este lo sondeó:

- ¿Cómo son esos extraños hombres?

- Con mucho pelo en la cara, jipatos y hablaban que sólo ellos se entendían en su lengua secreta -agregando- saquearon y quitaron todo a las aldeas  y el que desobedece lo agarra el Keuña.

El anciano jefe del Bomboy era un ser pacífico, no se molestaba, ni se enfadaba siempre buscaba conciliar pero desde ese día se alojó en su pensamiento ¿Será que nos vienen tiempos de oscura tormenta, como los de Dorokokoe? ¿Será un castigo? Hizo una respetuosa reverencia al Chegué, del que esperaba obtener buenos augurios. Y, simplemente salió a caminar con su cuchillo de obsidiana, su sombrero de cola de burro y con su inquebrantable energía hacia sus lugares secretos quizás a la Piedra de los Muñecos en el Maen Shombuk (Siete Lagunas) a consultar al firmamento celeste y a Kachuta. La posibilidad del castigo futuro para su pueblo, tenía que consultarlo, para saber si llegaría a esta aldea.

         Al meditabundo y maduro cacique, solo se le escuchó:

-         <<Madre Chaseugn que estás en la montaña, con tu pálida luz alumbra mi cabaña. Padre Reupa, que alumbras con ardor, no ilumines el camino al invasor>> (Del Canto Guerrero). 

Varios años después, en 1557 entra a Eskuke el extremeño Capitán Diego García de Paredes y sus soldados, invade y ocupa el pueblo aborigen del cacique  Jaruma, al tomarlo, lo convierte en la ciudad denominada “Trujillo”, pero ésta, quedó envuelta en la crueldad y el valiente Jaruma, ante esa situación convocó a la guasábara de resistencia a sus escukeyes, se reúne con Pitijoc y su lugarteniente Pitisay, y acudió por ayuda en los pueblos cercanos como los Bomboyes, Jajoes, Esnujaques y Timotes, y consigue también ayuda de los chacoys Mimbós, Cáus, Cheregüe y de los indígenas moradores de la Laguna: de los Motilones, Buredes, Quiriquires, Moporos, de los Bobures con su jefe Alile; y con ellos emboscan y dan muerte a varios invasores españoles. Al mejorar la situación de la guasábara, Jaruma se calma, pero no Pitijoc ni Pitisay quienes continúan con el acoso a los españoles, porque percibían el grave peligro que éstos representaban. 

Para este tiempo, Kusman, trae al mundo al principal señor del Bomboy,  hijo del viejo caudillo, a  quien formarán como jefe  principal e histórico de los nativos de este Valle. Se calcula que pudo haber nacido en 1559.  Bomboy, el sugestivo nombre que le puso, en lengua indígena es río de aguas espuma, fuertes y altivas. Este Cacique o Chacoy, fue el líder de los aborígenes de las aldeas dispersas a todo lo largo de este valle y sus páramos.

Por los requerimientos ancestrales establecidos por la nación Timotes, el carácter de este notable jefe indígena, con su particular sensibilidad, era el de un hombre reservado, reflexivo ante las turbulencias que le tocaron, observador de los hechos y de decisiones firmes, contrastaba con sus rasgos fisonómicos, de total dinamismo, baja estatura, articulaban en él una reconocible belleza, hasta el punto de fundir su nombre con el de su tierra y río sagrados: Bomboy. 

La llegada del Capitán portugués y sus huestes al valle de Bomboy.

Salían de sus chozas de piedra, acercándose al centro de la Aldea, cuando vieron entrar una fila de soldados, todos armados, sudorosos, algunos con armadura, comandados por uno montado sobre el lomo de su bestia negra que golpeaba el suelo al andar, imponente aquel hombre, de ojos profundos y barba castaña, fornido, con capa abierta y gorra de terciopelo. El que cargaba el estandarte se paseaba de un lugar a otro, enseñando la cruz colorada, a la que eran fieles. La tropa de soldados iba a pie, con experiencia en el uso de la espada, el arcabuz y la lanza. El Comandante era el Capitán portugués Tomé Dabuyn, Buy o Avoin.

El Capitán portugués, de los primeros conquistadores, Alguacil Mayor y Alcalde de Trujillo (1571 a 1576), decidió antes de ocupar definitivamente las tierras del Valle, lograr la conversión de Bomboy el caudillo, quería entenderse con él. Tenía claro sus objetivos y se los dijo: convertir los indios que encontrara al cristianismo y lograr juramentarlos como vasallos del Rey de España y se la habia dicho:

- Aquí haremos un pueblo para ustedes, tendrán que pagar tributo a su Majestad, de todo lo que haya de valor aquí, de todo lo que encontremos, de todo el algodón, las comidas y cualquier riqueza.

Un día pudo observar como el padre Montero le predicaba a un grupo de indios, por medio de un intérprete que andaba con él, posiblemente de los de la encomienda de Joan Roldán, acerca de lo que significaba el único Dios de los cristianos. Los nativos se tornaron sorprendidos, agitados y sin entender y le preguntaron a Bomboy, y éste, también sorprendido, les dijo: 

- Nuestros dioses que son varios, no los podemos abandonar, si lo hacemos nos caerá castigo a todos. 

Más allá del río, había un sitio tupido de manglar y guadua, sumergidos de tal forma que protegía la desembocadura del río, su escape y junto con la aromática vegetación y la alegre fauna convertían aquello en un paisaje paradisíaco, lo llaman el Cío. En las mañanas iban las mujeres y sus hijos a bañarse, a lavar y a conversar. El portugués y varios de sus marañones armados cruzaron el cercado de guadua y se encontraron con este lugar emplazado en el propio lecho; allí estaban reunidos. El Capitán portugués emplazó a Bomboy diciéndole:

- ¡Alegraos cacique, que aún estáis con vida! Muchos murieron desde este encuentro, algunos quedaron discapacitados, otros sin orejas.

- La derrota no es una situación permanente -dijo Bomboy- en su dramático y profundo soliloquio. 

Se calcula en base a las cifras aportadas en 1579 por el Alcalde de Trujillo, Alonso Pacheco, que en este Valle había una población aproximada de 5.500 habitantes. En 1608, quedó reducida a un poco más de 900 habitantes. El 26 de marzo de 1601, el Gobernador Alonso Arias Vaca, le otorgó al Capitán Juan Álvarez de Dabuyn, el vencedor de Nigale y los Zaparas, la “Encomienda Valle de Bomboy”, que había desistido su padre Tomé Dabuyn Pereira, por el que pagó 120 pesos por derechos. Tomé  tuvo encomienda en Boconó desde 1560.    

Vencidos e invadidos en 1575 prácticamente suprimidos, las tribus y comunidades pasaron a ser “vasallos” del nuevo Rey, a pesar de eso, para el joven Bomboy había otro tipo de resistencia para reivindicar la dignidad de su pueblo.

La cosa cambió en 1608, cuando el Obispo Alcega transmutó el Valle de la laboriosa y pacifica comunidad, en “Pueblo Cabecera de Doctrina” o de concentración y reducción de indios esclavos. 


El espacio territorial de Bomboy, es un valle surcado por un importante río que se une con el Motatán. Sus riveras con el tiempo se fueron convirtiendo en caseríos y pueblos, alrededor de las sementeras e industrias incipientes. En 1608, el Obispo Alcega, organizó para Trujillo la 7ma. Doctrina, en la que incluyó la “Encomienda Valle de Bomboy”, constaba de más de 900 indígenas de la etnia Timotes.  Junto con el Obispo Alcega, llegó el sanguinario Capitán Juan Álvarez Dabuyn.

A su lado, con extrema preocupación, se encontraban presentes y a su lado, Jasepe e Yguara, principales y cercanos colaboradores, observando como familias enteras iban llegando al estrecho valle, sometidos por las huestes y marañones de los capitanes y asistidos por unos hombres, también barbados, con faldones largos, rezando y cantando en su extraña lengua detrás del estandarte amarillo con la cruz colorada.  Así miraron, como iban llegando los valerosos Escukeyes, invadidos y derrotados.

Mientras, en el páramo de las 7 Lagunas, se asentaban los animosos Xikokes, en Tierra de Loza, se establecieron los alfareros, cerca Komboko y su tribu en los límites de los Esnujakes y Jajoes, de esta parcialidad fueron trasladados por su rebeldía varios grupos indígenas, y el cacique Pitimay se asentaba con su gente hasta los lindes de El Humo, en el valle del Bomboy en una reconstruida comunidad, ejercía el liderazgo de la dispersa tribu indígena de las riberas del río, el llamado Cacique y señor del Bomboy.  Partían de aquí, las bases humanas y materiales sobre las que se cimentaría con el tiempo, un pueblo llamado San Pablo Apóstol del Bomboy, conocido hoy con el nombre de La Puerta.

Acabaria Bomboy, sometido y encomendado (Titulo de Encomienda Valle de Bomboy, otorgada a Juan Álvarez de Dabuyn 19/05/1611). Para el momento de la llegada del encomendero colonizador Juan Álvarez de Dabuyn, hijo del “Portugués”, ya Bomboy era un hombre mayor, de amplia experiencia y con mucha sabiduría dentro de los labriegos de la tribu. Su comunidad se encontraba  fortaleciendo la fase de sedentarismo y la aplicación de las técnicas agrícolas y del modelo de producción colectivista de los Timotes.

Probablemente nuestro caudillo indígena por unos pocos días, vivió, fue testigo de la invasión militar y religiosa por los infantes y curas europeos. En pocos años la magnitud de la ocupación por la encomienda y el reparto, fue desplazando forzosa o voluntariamente a los indígenas, quienes sólo contaban con armas muy simples y rudimentarias para enfrentarlos y resistir la ambición del colonialismo. Se desconoce en qué sitio y cómo murió Bomboy, ni en qué fecha, salvo que en 1611 fue mencionado en el otorgamiento de la “Encomienda Valle de Vomboy” y “Quebrada de Comboco”; se piensa que fue una de las primeras víctimas del encomendero Juan Álvarez de Dabuyn,  para coronar su objetivo de ocupación de este valle, luego del genocidio cometido en el Lago de Maracaibo; no obstante, cierto es, que la vida del jefe Bomboy, a la llegada de los genocidas invasores, estuvo cargada de mucha angustia, sacrificio, de turbulencias, de desgarro de su mundo comunitario, armónico y tranquilo, y su reacción de rechazo lo convierte en un glorioso personaje de  la  historia de esta interesante, laboriosa y pacifica comunidad de “hablantes del Muku o Mutú”.

La derrota no es una situación permanente.  Elementos y expresiones de la indirecta y pacífica resistencia indígena permanente:

Cuando he planteado lo de la resistencia indígena en el área de las encomiendas del “Pueblo de Indios San Pablo Apóstol del Bomboy”, hoy La Puerta (no confundir con la Encomienda y posesión del mismo nombre ubicada en la parroquia Mendoza, norte del Valle), como respuesta al despojo, maltrato, sometimiento e invasión europea, lo sostenemos en varios elementos que considero importantes, a saber: la omisión por parte de los cronistas, de más de 80 años de historia (1600-1687), sin referencia documental demográfica alguna sobre la marcha y evolución de este pueblo indígena, a pesar que se estableció el régimen de encomiendas con distribución de más de 5.000 indígenas, delimitación de tierras, inicio del proceso de formación de la propiedad territorial y fundación de pueblos; lo que también ocurrió con otros pueblos andinos (Martí, encontró en 1777, como primer Libro de Registro de bautismos, matrimonios y defunciones de esta parroquia, uno de 1.720, afirmando la existencia de 349 almas (Briceño Perozo: 92). Los datos del censo realizado en este pueblo de doctrina, por el Alférez Diego Jacinto Valera y Mesa, Alcalde de Trujillo, en que registra que de los 4 caciques y 2 mandones de este Pueblo de Doctrina, establecida la economía de plantación, haciendas de caña dulce, trapiches, molinos, industria de cuero y telares, sólo había un jefe ladino y de buena razón, los demás no querían hablar en castellano (Encomienda del Capitán Alonso Pacheco de Mendoza, nieto del genocida Juan Pacheco Maldonado), explica la fuerte resistencia que había para ese tiempo en aceptar la religión católica, tampoco hablar el español y menos aceptar las costumbres europeas (Acta de Valera y Mesa. Cuarta Doctrina. 14 noviembre 1687, en Castellanos Villegas, Rafael Ramón. Recorrido por las tierras de los Cuicas. pág. 79).

Existen datos importantes que perfilan, una resistencia indígena de carácter permanente en el pueblo de Bomboyes, hasta su genocidio en 1891. Se puede destacar que no hablaban el español, lo conocían pero siguieron comunicándose en lengua timote (Martí, 1777). Otra de las quejas del Obispo Mariano Martí, era que estando todos catequizados en este pueblo, no cumplían con las actividades litúrgicas católicas (Martí, 1777); seguían con sus ritos y creencias politeistas.

Los censos de población realizados a lo largo del devenir de esta parroquia, se observa la progresiva disminución de la población indígena de La Puerta, entre ellos los realizados por: Alcega en 1608, otorgando y ordenando las primeras encomiendas de indios; Valera y Mesa en 1687; el ordenado por el Presidente liberal Antonio Guzmán Blanco en 1875; los resultados del Juicio de Partición de las posesiones del  resguardo indígena en 1891, que fue la fase final del proceso de desintegración y privatización de las tierras del resguardo y extinción de los indígenas; el recorrido del geógrafo francés Bennett en 1920, que demuestran en conjunto una línea conductual genocida por parte de quienes se apoderaron de este valle del Bomboy.

 La obvia fuga o huida de quienes se protegían de las garras de los genocidas (Castellanos), yéndose para protegerse, a los páramos, a los cumbes o a los pueblos motilones del lago.   

Un dato no menos interesante por lo sugestivo es que en el informe del Obispo Mariano Martí de 1777, los pueblos de Siquisay, Santa Ana, Carache, Boconó, Santiago del Burrero, Jajó, la Mesa de Esnujaque, Escuque, San Jacinto, tenían caciques hereditarios, mientras el pueblo de La Puerta no tenía cacique hereditario ni electo, ni conforme a las leyes de indias de 1614 y 1628, que consagraban el respeto a ese derecho. Esto nos sugiere que, para este año en que hizo la evaluación de esta comunidad indígena, habían sustituido o liquidado el cacicazgo natural hereditario, lo que se traduce en signo de resistencia de los aborígenes, a pesar que, se pudo conocer que hubo herederos del cacique o tabiskey Bomboy, en la primera década de la época republicana cuando menos, por encontrarse un acta de bautismo que da fe de su nacimiento (Libro de Bautismos de 1810, de nuestra Parroquia). 

Mantuvieron el apellido de su cacique, por lo menos hasta 1810. El apellido Bomboy, bien por emplearlo sus descendientes o parientes o bien como tributo a su caudillo rebelde, lo siguieron utilizando los nativos de La Puerta, aun a comienzos de la época Republicana. En el memorial de José Rafael Abreu, señala que en el libro de Bautismos de la Parroquia La Puerta de 1810, se encuentra una partida que reza lo siguiente: En La Puerta en quince de julio de mil ochocientos y diez años puse ole y chrisma y di vendicion Canónica conforme al Ritual Romano a José Manuel hijo natural de Ma. La Paz Bomboy, India Tributaria de este pueblo: nació el día ocho de mayo del presente año: lo bautizó Juan Bernabé Briceño y lo tubo Concepción Tafalléz y en la Iglesia José Ignacio Tafalléz y su mujer María Elena Rondón, tributaria de este pueblo…Franco Rosario D. (Abreu, José Rafael. La Puerta, un pueblo. Editorial Arte. 1969). Obsérvese que, a pesar del comienzo del tiempo independentista, y de haber transcurrido dos siglos de genocidio, los indios esclavos tributarios insistían en usar como apellido, el nombre del cacique Bomboy, en lugar del encomendero. Esta acta de bautismo, está suscrita por el padre y prócer independentista Francisco Antonio Rosario, párroco de La Puerta.

De la misma forma, trascendieron sus topónimos indígenas, por encima del coloniaje cultural con toda su fuerza histórica, no así los antropónimos. El hecho documentado que fue un pueblo que se mantuvo étnicamente casi totalmente puro.

Los comentados antecedentes, nos ayudan a tener una idea, que el principal líder de esta comunidad y sus herederos y seguidores, estuvieron trenzando la resistencia permanente ante la derrota, por lo menos hasta 1891,  ante esa mezcla de pasividad y de guerra, de resistencia y de crueldad esclavista, de locura y esperanza, que se produjo a raíz del encuentro violento del grupo de conquistadores, comandado por el Capitán portugués Dabuyn, en la comunidad indígena Bomboy. Comunidad ancestral que tenia como destino, según nos induce a pensar el Dr. José Gregorio Hernández en su visita en a la aldea en 1888, la formación de estadíos superiores de convivencia. Este pasaje dialéctico de pasiones y convicciones indeclinables, forman parte de la historia local de La Puerta. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 13 de abril de 2024

El complejo gobierno tribal en el Bomboy, siglo XV.

El complejo gobierno tribal en el Bomboy,  siglo XV.

          Por Oswaldo Manrique


Cuando escribo sobre estos temas, tan sensibles para los que son ansiosos por conocer y descolonizar la historia local, me viene a la memoria aquel viejo regaño de nuestras abuelas, cuando éramos niños:   -¡Parecés un indio!  para calificarnos de sudorosos, malolientes, desaseados, incultos  y perrerosos; asi, repetían la falsa idea que les había inculcado la vieja escuela, la vieja iglesia y la historia oficial.

En la imagen al fondo panorámica de la serranía del Pitimay (La Puerta), al frente figura precolombina de cacique, elaborada en arcilla. 

Al contrario de la historia lavadora que nos han contado sobre la génesis del pueblo de La Puerta, como consecuencia de la “bondadosa” llegada de un “fundador anónimo” en 1620, que trataba con “dulzura” y “curaba” a los indígenas encomendados, se ha pretendido hasta el momento, silenciar, invisibilizar, borrar o desconectar los miles de años de existencia de una sociedad india, que pobló las tierras de nuestra Parroquia, y <<estableció las bases humanas y materiales>> sobre las cuales avanzaría el proceso de conformación como comunidad de gente, primeramente, dentro del proceso de ocupación de tierras por la nación Timotes, generando diversos grupos, aldeas y comunidades de diferentes magnitudes territoriales y demográficas (Mario Sanoja, Iraida Vargas-Arenas, 2007).

Para aquel tiempo, nos referimos al siglo XV de la era, la etnia Timotes, derivada de la Chibcha-Mucu, había consolidado <<la  formación de extensos y complejos señoríos…sociedades muy jerarquizadas con un locus de poder centralizado>> (Sanoja y Vargas Arenas. Ideas sobre el Origen de la nación venezolana.1992); la mayoría de los investigadores e historiadores coinciden en que la nación Timoto era poderosa como sociedad organizada, en lo cultural, en su modo de producción económico, avance tecnológico y la etnociencia, que facilitó la imposición del modelo colonial hispano. El  Bomboy (San Pedro de Bomboy o San Pablo de Bomboy), como consta en antiguos documentos y titulo de encomienda de 1600, fue un Valle de Indios Timotes.    

Igualmente en lo político, hubo un grado de madurez, para crear y establecer un sistema de poder e instituciones, para dirigir, regular y gobernarse, lo que  han denominado <<sociedades políticas y socialmente muy complejas que culminarían, en el siglo XVI, en extensos señoríos>>  (Juan José Salazar. Sociedades Complejas Período de Contacto en el Nor Occidente de Venezuela.  2002). Esta importante  afirmación, nos da la idea de la entidad del desarrollo socio histórico alcanzado por esta nación, y del señorío tribal de gobierno, de los que formó parte la Comunidad Indígena Bomboy, primera pobladora de las tierras que hoy conforman la Parroquia La Puerta.

Dentro de esa idea general,  de una sociedad jerarquizada y territorial, con un sistema de  poder,  gobierno y espiritualidad centralizado o señorío tribal, el poder lo ejercían los caciques: tabiskey, maviskey, pitimay, chacoy, chegué, mohanes, los ancianos consejeros, entre otros, aunque la centralización del poder  no era absoluta ni despótica, en virtud de ser una sociedad colectivista,  la territorialidad era compleja porque existían zonas estratégicas como la vía entre la Sierra Nevada y el lago de Coquivacoa, como salida al mar, y también por la itinerancia y  nomadía de los  grupos, era necesario que ese Señorío y dominio tuviese caciques o jefes principales indígenas que rigieran y gobernaran en sus lugares o localidades de vida.

El objeto de esta nota, es lograr una aproximación, a esa estructura y organización territorial de poder tribal originario, en La Puerta.

La Puerta, del Estado Trujillo, lo he señalado en diferentes notas, es un interesante y excepcional lugar, en donde lo real, paisaje, topografía, recursos naturales, lo meteorológico, y particularmente por tener zona paramera, zona fría y zona templada, determinan un patrón cultural andino, que se confunde con lo místico y lo ancestral; por eso, la necesidad de ir despejando aspectos básicos relacionados con nuestra conformación temprana, como antiguo pueblo, entre ellos, la organización y distribución territorial del poder tribal originario. 

El progresivo asentamiento de los Timotes, alrededor de 3.000 años antes de ahora; como parte del proceso de desplazamiento y ocupación de tierras por la civilización Chibcha-Mucus, en el denominado Valle de Bomboy y en el trayecto intermontano desde la Sierra Nevada hacia el lago de Maracaibo, contó con una estructura organizativa precolombina de poder político y social o señorío tribal, que sin lugar a dudas guió la germinación y el asentamiento de esta comunidad aborigen originaria Bomboy, con sus peculiaridades sociales, económicas, costumbres, espiritualidad y desarrollo cultural, que van a ser, el sostén de la transición a lo que se conocerá como "pueblo de indios" Cabecera de Doctrina Nuestro Señor San Pablo Apóstol de Bomboy  (7ma. Doctrina), en el modelo colonial esclavista, establecido por el gobernador Sancho de Alquiza y el Obispo fray Antonio de Alcega en 1608 (Briceño Perozo, 57), como consecuencia de la invasión europea de que fue objeto a finales del siglo XVI. La historiadora Magaly Burguera, sostiene que tendría una antigüedad de 1.400 años aproximadamente, <<aldeas situadas a lo largo del rio Miquinú>> (Burguera, 49), en nuestro Estado Trujillo, aldeas que permanecieron hasta el 900 D.C.

En el referido proceso de expansión, no solamente para tener control sobre la vía hacia el lago de Maracaibo, sino que es propiamente parte de las relaciones de intercambio de productos, culturales y políticas que venía estableciendo con grupos indígenas del mar Caribe y de otros sitios del mundo; igualmente, es interesante desde el punto de vista de la construcción histórica y de lo cultural de estos grupos humanos, el arraigo que ellos tenían de su sistema político territorial, que según algunos historiadores y etnólogos han dado en llamar señoríos tribales tanto locales como regionales. 

Un dato fundamental y de inicio, es que para 1600, ya se había concedido la "Encomienda Valle de Bomboy", al Capitán portugués Tomé Dabuyn, quien la desiste en 1601, y se la otorgan junto con otra, denominada "Encomienda Quebrada Comboco" (Komboko), prolongación de aquella, con más de 400 esclavos, a su hijo capitán Juan Álvarez de Dabuyn (Zambrano, 42); documento valioso del que se desprenden datos interesantes sobre la vida precolombina en este lugar. Después de la del capitán Juan  Pacheco Maldonado, en Burbusay, esta es la encomienda con mayor cantidad de indígenas.  Este Dabuyn, fue el exterminador de Nigale, los aliles, zaparas y otras tribus del lago Coquivacoa (Maracaibo). 

Para lograr esta aproximación, muy básica, del poder tribal, hemos seguido la orientación metodológica de la profesora Erika Wagner, en el uso de los topónimos Timotes existentes, sobre el mapa geográfico de nuestra Parroquia, tras ese mapeo y recorrido hemos logrado una aproximación de la localización de los elementos y figuras principales de la estructura de poder tribal en el valle de Bomboy, hoy La Puerta. 

Llama la atención, que de Sur a Norte, se despliega el topónimo trascendental del Valle, que es el rio Bomboy, del cual obtiene su nombre, (Documentos de “Encomienda Valle de Vomboy),  tenía tres  principales, se entiende que uno era cacique, o tabiskey o sub-rango de este, con aquel mismo nombre. A mediados del siglo XX, fue hallado un peto de maviskey (jefe de 9 rangos o poderes), en el Páramo de La Puerta o Siete Lagunas, que aún conservamos. 

De la lectura del señalado Documento de "Encomienda Valle de Bomboy" y "Quebrada de Comboco",  que forman parte de la 7ma.  Doctrina, de 1608, encontramos al principal o cacique Bomboy o Bombas, y a los caudillos Jasepe  y Guara, que constituían la dirección del gobierno indígena. No se incluye los indígenas de la “Encomienda San Pablo de Bomboy”, localizada en la zona norte del valle (Mendoza), también mudados de este su sitio de origen y concentrados en la Cabecera de Doctrina, ya que en 1620, son trasladados al Pueblo de Indios San Antón Abad (Mendoza).

Las primeras encomiendas otorgadas en Trujillo, trata de indios con poder e influencia sobre su tribu, como los <<principales, sus sugetos y aliados>> (Cédula de “Encomienda de Carache”, 20-01-1575. En: Fonseca, T1, 31); aparte de los llamados  indios ladinos y sumisos.

Para el recordado historiador Arturo Cardozo, <<En el cacique (Chacoy) se centraba la autoridad tribal>> (Cardozo, 11); cumplía un rol de gobierno dentro de su comunidad y espacio territorial. 

Para Briceño Perozo, toda  comunidad originaria, tenia <<como cabeza de gobierno, a un jefe, que denominaban tabiskey, que significa diez plumas. Con ese penacho se distinguía el jefe de los súbditos. Esas plumas eran arrancadas al paují. Al caudillo también se le llamó “Chacoy”>> (Briceño Perozo, 25); para ascender a tabiskey, además de ser fuerte, se requería tener talento y experiencia.

Al mismo tiempo de los caciques, existieron con poder e influencia, otros principales, por su certero juicio eran <<varios ancianos constituían un consejo…sus fallos eran acatados>> (Briceño Perozo, 26).  Se suma a esta estructura de poder, el médico, también conocido como mohán, especie de hechicero, brujo que aparentaba tener poderes sobrenaturales para curar.

Uno de los cargos de mayor importancia era el Chegué, <<sacerdote, administrador del culto de los dioses, casi igualaba en importancia al tabiskey>> (Briceño Perozo, 29), podía disponer de varias esposas. De sus hijos salían los futuros sacerdotes y tabiskeyes.

Ahora bien, del mapeo realizado y la ubicación de los topónimos indígenas, se localiza hacia el suroeste de la parroquia, el topónimo Mukuti, cerca del Portachuelo de la Lagunita, donde funcionó el espacio de frontera entre el Virreinato de la Nueva Granada y la Provincia de Venezuela, que llamarán en los siguientes siglos como: La Puerta.  Este grupo de aborígenes Mukutís o Mocotis, fueron los que desarrollaron posterior a la llegada de los europeos, la agricultura del trigo entre el Portachuelo, San Martin, Quebrada Seca, el Censo, San Pedro y la Cordillera, en el siglo XVII y XVIII. Amílcar Fonseca, afirma que Mucutí es el lugar de residencia del cacique del mismo nombre. 

         Así con el mapeo, podemos buscar un tipo de organicidad lineal, entender que en donde está ubicada la famosa Cordillera, del lado este de La Puerta, se ubicaba en una posición importante que es precisamente la Serranía del Pitimay y las áreas circunvecinas un jefe o caudillo  con este nombre, es decir, jefe de cuatro rangos, de cuatro buenos; igualmente, está otro, más al norte, que es el cacique que ocupaba lo que hoy es “Las Aletas”, contiguo a la hacienda “Las Delicias”, una posesión de tierra Bomboy, que es el cacique más importante de todo el valle de La Puerta.

Equivalentemente, al sureste, está Komboco, que mantiene oficialmente este topónimo, que como grupo humano, tenía un guía o jefe, que se distinguía o se le llamó por el mismo nombre del lugar. Este grupo de Kombocos, está cercano a los Jajoes o Xaxoes, también de nación Timotes, grupos de estos,  que fueron encomendados, pertenecieron a la misma Doctrina de San Pablo Apóstol (7ma. Doctrina). 

Hacia el este, se mantiene el topónimo Pitimay, en la Serranía de Pitimay, gran parte de lo que se conoce como Carorita, lindero oficial con la parroquia Mendoza. Documentos de venta de terrenos han desfigurado el topónimo, usando la “Cima”, la “Cordillera”, y hasta “Cima Encantada”.  Pitimay, significa en lengua indígena, Piti = cuatro, más May = poder, rangos, es decir, cacique o jefe indígena de cuatro rangos o poderes.

Igualmente, Kukuruy, antiguo nombre de Carorita, la tierra colorada, fue en este sitio donde se fabricaban utensilios de uso domésticos en arcilla, y las más hermosas y coloridas piezas, chorotes, sonajeros e imágenes mágico religiosas, en cerámica, evidenciadas sus muestras en museos nacionales y de otros países. 

Hacia el oeste, encontramos al Xikoke, un lugar y posesión en el Páramo de La Puerta (los Torres), donde existen restos de las plantas en piedra de 4 casas indígenas. Según la memoria oral, fue habitada en tiempos remotos por un pequeño grupo de estos indígenas de nación Timoto.

Además, el documento de la señalada “Encomienda Valle de Bomboy”, indica que hubo un jefe denominado Guara, vocablo que en lengua Timotes, significa hombre de la zona alta, del frío, es decir, jefe en el páramo de La Puerta o Siete Lagunas, ubicado en la zona oeste. Es pertinente señalar que dentro de la colección etnográfica del Museo de Ciencias de Caracas, hay un objeto ritual de los Aguayú del estado Zulia, que fue obtenida en intercambio realizado con los Tayrona de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, que eran grupos indígenas que dominaban las aleaciones con oro, este elemento ritual lo denominaron Guara y es el símbolo de un caudillo o jefe indígena al cual se le ven cintas en la cabeza, indicativo de su poderío, de su  mando de gobierno, es decir, que este nombre tiene relación con caudillo o cacique que puede ser un maviskey o un tabisquey. 

En dicho sistema político se incluye una especie de chamanismo ancestral, que incide en la esfera de los jefes criollos por lo de su aparente gran efectividad. Al oeste de la parroquia, y en lo más alto está el sitio desde donde ejercía su poder el sacerdote Chegué que es la figura simbólica del chamanismo ancestral aquí en esta jurisdicción, del que por su importancia y simbolismo durante el periodo precolombino, publicamos un artículo reciente. Coincidentemente con la oralidad y en estrecha relación con lo expuesto anteriormente, se puede observar que, define tanto por el topónimo, la localización, altura, clima, fenómenos naturales, que el lugar cumplía una función utilitaria, quizás de santuario, en la estructura y señorío de poder tribal de la Comunidad indígena Bomboy, luego Resguardo indígena de La Puerta. Chegué era el sumo sacerdote, ejercía un rol fundamental dentro del señorío tribal y la comunidad indígena Bomboy. 

En  el Norte de la parroquia, encontramos los Bicuyes o Vicuyes o Vacuyes, grupo o familia indígena, posiblemente  parental o desprendimiento de la pequeña comunidad de Estovacuy o tierra de las cocuizas (Municipio Carvajal).  Según las escrituras de “Encomienda Valle de Bomboy” de Juan Álvarez Daboín, terrateniente de este Valle, también junto con los antes señalados, hubo otro jefe principal llamado Jasepe, en su jurisdicción.

Al frente de la hacienda Las Delicias (también zona norte), encontramos un sitio denominado la "Vega del Cacique", en dónde llaman Las Aletas (documento de Partición Posesión Las Delicias). Todos los puntos geográficos, a los que se ha hecho referencia, en nuestro criterio, tuvieron su nativo dirigente principal, no solo por lo del topónimo, sino porque esta comunidad se conformó con grupos y familias provenientes de sitios distintos al Valle de Bomboy, durante el proceso de reducción y evangelización, que contemplaba el modelo colonial de encomiendas. 

La anterior, sería de acuerdo a la señalización toponímica y simbología, la estructura de poder territorial y gobierno tribal de la Comunidad indígena Bomboy, asentada en el espacio geohistórico, que hoy constituye La Puerta. 

La importancia del conocimiento y difusión de este tema, radica en que dentro de la obligación que tenemos todos de descolonizar la historia local y desenmascarar la versión sesgada contada por los hacendados y gamonales, quitándole el oscuro velo racista y visibilizar este periodo hermoso de nuestra formación como comunidad, debemos reivindicar además, los topónimos auténticos y criollos, para su uso en tradiciones y costumbres culturales y educativas, y con fines de su conservación.

(*) Portador patrimonial histórico y cultural de La Puerta.

La Puerta, abril 2024.

omanrique761@gmail.com

 

sábado, 1 de julio de 2023

El antiguo templo de San Pablo Apóstol de La Puerta

El antiguo templo de San Pablo Apóstol de La Puerta.

Por Oswaldo Enrique (*)

<<el recuerdo de la torre que antaño presidía la comarca y que tímidamente demoraba sobre un valle de flores, al pie de inmensas montañas>> (Abreu Burelli, Alirio.  En: Abreu, José Rafael. La Puerta un pueblo. pág. 178. 1969).



 El breve resumen que aquí se comparte, fue extraído de una  parte, de la investigación documental e historiográfica sobre la incidencia ejercida por la Iglesia Católica en el proceso de evolución de La Puerta, como pueblo colonial de indios y luego, como expresión oligarca. De forma concreta, se escogió como referencia socio-religiosa, el Templo de Nuestro Señor San Pablo, y de forma particular la actividad y entusiasmo de los Curas, en una línea de tiempo, marcada por su empeño en construir, remodelar, reparar, reconstruir o reformar dicha edificación. 

Curas desde el siglo XVII al XX, involucrados en la construcción, remodelación, reparación, reconstrucción o reforma del antiguo templo de Nuestro Señor San Pablo Apóstol de La Puerta.

Ya era una comunidad indígena, desde tiempos inmemoriales, las viviendas y tupidos bohíos dispersas en el lado de la montaña por donde sale el sol, para protegerse del ventarrón y el frío que dispensa el serrano abra y poder observar la  altivez y el alegre sonido del río Bomboy.

Templo de San Pablo Apóstol de La Puerta, construido por el esfuerzo y dirección del Pbro. Pedro Santa Anna Vasquez de Coronado, en 1790. 

Para la creación y establecimiento institucional y eclesiástica de La Puerta como Pueblo de Indios y Pueblo Cabecera de Doctrina, una de las exigencias principales al igual que para las ciudades, fue que el sitio escogido estuviera poblado por aborígenes con el fin de adoctrinarlos, en este caso moraba un grupo de Indios Timotes, específicamente Bomboyes, como lo afirman los documentos de Encomiendas, y esto lo fija la Ordenanza, así:   “Que sean  poblados de indios y naturales a quien se pueda predicar el evangelio, pues este es el principal fin para el que mandamos hacer los nuevos descubrimientos y poblaciones.”  (Ordenanza: art. 36). Para nosotros, eran aborígenes Bomboyes, Xaxoes, Mukutís, Kombokos, Bicuyes y Xikokes, del señorío de los Timotes, los que se convirtieron en la mano de obra esclava,  para el enriquecimiento de los invasores europeos.

En el año de 1608, el Obispo fray Antonio de Alcega, organiza y ordena la conformación de la Séptima Doctrina, teniendo como Pueblo Cabecera de la misma, San Pablo de Bomboy (hoy La Puerta); el gobernador Alquiza, había confirmado la “Encomienda Valle de Bomboy”; Quebrada de Comboco” y Lomalla de Busandi”, al capitán Juan Álvarez Daboin, constituida por 408 indígenas que se hallaban en el valle del Bomboi, para su explotación y catequización (Briceño Perozo, Mario. Historia del Estado Trujillo. Pág. 57. ANH. Caracas. 1984); eso significaba concentrar los aborígenes en un solo lugar, se induce que a partir de este año, comenzó la conformación del Pueblo  de Indios de dicha  Doctrina, en la parte sur del valle de Bomboy, en lo que en parte es hoy el área urbana de La Puerta, y que luego pasaría a ser el Resguardo Indígena de La Puerta, hasta 1891.


1608. Pbro. Antonio Montero y la primera edificación religiosa: una capilla doctrinera “enramada”.

El proceso de construcción de una capilla, hecha de horcones y bahareque con  techado  de carruso, adosado con barro, y cobertura de paja paramera, para llegar al Templo que hoy tenemos en nuestra parroquia, comienza con los repartos de tierra y encomienda del pueblo originario de indígenas bomboyes del señorío de los Timotes, algunos años antes de 1601, tiempo en que hace dejación de la “Encomienda Valle de Vomboy” y la de “Quebrada de Comboco”, el encomendero Tome Dabuyn, capitán portugués, luego le fue otorgada a su hijo el capitán Juan Álvarez Dabuyn, que aparece en el registro organizativo del Obispo Fray Antonio de Alcega y el teniente gobernador Diego Ruiz Graterol; congregándolos en el sitio del resguardo, lo que hoy es el área urbana de la Puerta.  La vieja y  limitada ermita,   levantada en los comienzos del siglo XVII, y concluida en 1620, para tener un espacio donde sentarse los noveles feligreses a celebrar la santa misa y los sacramentos, eran de las criticadas “ramadas”, que el Obispo Martí consideraba indignas e indecentes. La primera fue una Capilla de este tipo, una especie de casucha de horcones y paja, de una sola nave, estaba ubicada en toda la esquina donde está hoy levantada la Casa Cural, avenida Bolívar, diagonal a la plaza, esquina frente a la casa de la familia Rodríguez. Con el avance económico de las plantaciones de los primeros encomenderos y sus indígenas avasallados, habría sido hecha con troncos de tirindí y guadua, con techo de paja, que con el tiempo sería sustituida por una construida de bahareque y techo de tablas y teja; era un sitio en el que la feligresía aborigen acudía a escuchar las misas, las noticias sobre los curas, mayordomos de fabrica y sacristanes, las visitas de los Obispos, y la preparación de las celebraciones, bautizos y confirmaciones. 

El padre Antonio Montero, fue quien acompañó al Obispo fray Antonio de Alcega, en su recorrido por el valle de Bomboy a finales de 1607, en su jornada de exploración y organización de las Doctrinas; al ser designado primer cura doctrinero, se distingue que fue el encargado de la construcción de la primera Capilla de San Pablo Apóstol (Briceño, 60). Se desconoce si asistió al II Sínodo Diocesano de Caracas, en 1609.

Esta Séptima Doctrina, ordenada por el Obispo Fray Antonio de Alcega, aunque se ve hoy irregular y contradictoria en su conformación,  tenía un objetivo de orden estratégico y geopolítico. Hasta el sitio Timotes (hoy del Estado Mérida) formaba parte del territorio del Virreinato de Santa Fe  (Colombia), y el lado colindante, La Puerta, correspondía a la  Capitanía General de Venezuela, aquí se iniciaban los lindes de la provincia, y se fue desarrollando el comercio e intereses fronterizos entre las dos jurisdicciones.  Para 1620, ya estaba construida la modesta Capilla, de barro, y techo de horcones de madera, cubierta de paja paramera.

1629. Pbro. Salvador de Carmona, sustituyó al padre Montero, fue de los más interesados en la desconcentración de los indígenas del valle, que habitaban en el Pueblo Cabecera de la Séptima Doctrina (La Puerta), lo  que dio origen al nacimiento del Pueblo San Antonio Abad (hoy Mendoza) y a San Pedro de Jajó, por decisión del gobernador Francisco de la Hoz Berrío, en 1620, lo que coherentemente cumplía con las disposiciones reales de concentración de los aborígenes.


La hermosa torre campanario del viejo templo, se conserva con modificaciones; desde hace varios años permanece muda, porque una "mano bendita" arbitrariamente se llevó las centenarias campanas, y no las ha devuelto.

Se tiene como otro dato importante de los inicios del proceso de adoctrinamiento católico de nuestros nativos Bomboyes, el año 1636, en el que ratificado el padre Salvador Carmona, como cura doctrinero del Pueblo San Pablo Apóstol del Bomboy (hoy La Puerta), fue quien sustituyó este año a su antecesor, el padre Antonio Montero (Briceño Perozo. Mario. Historia del Estado Trujillo. Págs. 56 y 57. Biblioteca Academia Nacional de la Historia. 1984). Fueron el abnegado padre Montero y luego el padre Carmona, los que asumieron la responsabilidad de construir y mantener en las limitadas condiciones de infraestructura la Capilla, durante la primera fase de la misión eclesiástica y evangelizadora con los indígenas Timotes y Bomboyes de este Pueblo de Doctrina, bajo la jurisdicción del Obispado de Venezuela, cuya sede estuvo primeramente en la ciudad de Coro hasta 1638, en que se trasladó a Caracas, con el Obispo Mauro de Tovar.  Dos años después, Carmona permanecía como Cura doctrinero (Documento de Encomienda de Cristóbal Hurtado de Mendoza, otorgada por el gobernador Francisco Núñez Melean. En: Zambrano, 16). Fray Juan de León, lo suplía en la Doctrina (Briceño, 60). 

1670. Pbro. Nicolás de Reyna y su fundación cartular.

El historiador Amílcar Fonseca, en Orígenes Trujillanos, en referencia a este Cura, señaló que junto con el encomendero Mateo de Párraga, fundó un pueblo llamado San Pablo de Bomboy, a orillas del rio de ese nombre; esto nos lleva a pensar en dos hipótesis, una, que se refería a la aldea San Pablo que fue creciendo en el área de Mendoza (zona norte del Valle), en los alrededores de la posesión San Pablo de Bomboy, verdaderamente cercana al cauce del río (Fonseca, T1, 313), o que fue una fundación cartular de reorganización espacial del Pueblo de Indios Cabecera de la Séptima Doctrina (zona Sur del valle, hoy La Puerta), que tuvo como centro de ella, la antigua Capilla, puesto que este, ya tenía varias décadas de constituido.

1687. Pbro. Licenciado Juan Buenaventura Cabrita Losada y su contradictorio status.

El padre Cabrita, era a la vez, encomendero y cura doctrinero. (Relación de un viaje por las tierras de los Cuicas); desempeñaba el rol de explotador y el de protector de los indígenas.

1760. Pbro. Fernando Paredes Barriga, Cura doctrinero. Al parecer, era descendiente de un pariente del capitán Diego García de Paredes, fundador de Trujillo (Fonseca, T2, 195). 

1777. Pbro. Pedro Santa Anna Vásquez  de Coronado, el  constructor del viejo templo de San Pablo Apóstol de La Puerta. De templo de indios a templo de  oligarcas.

El padre Coronado,  fue quien recibió al Obispo Mariano Martí, en la primera Capilla de techo enramado. Dicho Prelado anotó en su Informe de visita pastoral, lo siguiente <<13. San Pedro de Bomboy (La Puerta). Pueblo de Doctrina. Libro más antiguo: 1720. Almas; 349>> (Briceño, 92); era una comunidad indígena de lento crecimiento, que se mantuvo casi totalmente pura, según las añosas Relaciones Geográficas.

Duró bastante tiempo al frente de este pueblo; en 1782, aun era Cura Doctrinero de La Puerta y Mendoza (Partida de Bautismo de Antonio Nicolás Briceño, el coronel patriota).  Coronado, fue el constructor del viejo templo de San Pablo Apóstol de La Puerta, actividad que habría iniciado en 1790 (Partida Defunción del Dr. Antonio Nicolás Briceño, padre del mártir independentista, 1804).

Bien avanzada la segunda mitad del siglo XVIII, Pedro Santa Anna Vásquez de Coronado, preocupado porque la comunidad, no contaba con un templo adecuado y “decente”  para la feligresía católica del valle, emprendió su periplo para la construcción del mismo, en el lote de terreno que se le había asignado cerca de la plaza. Poca gente se prestaba a colaborar, pero eso no lo hizo desistir. Solicitó la anuencia del Obispo y a las autoridades de Trujillo, quienes le otorgaron la licencia para construirlo. Pidió limosnas y colaboraciones, y un domingo, luego de la misa habló del proyecto y colocó la primera piedra del templo y comenzó la obra, asi, fue obteniendo la colaboración de toda la comunidad católica, destacando un aporte que superaba el que dieron los españoles, los blancos criollos y los mestizos: los indígenas, que persistían en sus propias creencias, donaron un lote de terreno cuyo valor era altamente significativo, y esto facilitó la obra dedicada a Nuestro Señor San Pablo Apóstol del Bomboy. Esta negociación, era jurídicamente improcedente, no podían ser cedidas ni  enajenables, porque eran tierras comunitarias  asignadas a los aborígenes Timotes de este valle, pero quien tenía el deber de oponerse no se podía oponer: era el mismo cura Vásquez de Coronado. En los primeros folios del Libro de Fábrica de la Parroquia, se encuentra el primer inventario de bienes realizado  en 1931, aparece la donación de dicho lote de terreno, el Mayordomo Pedro González, registra que el templo parroquial tiene dentro de su patrimonio “Un terreno de San Pablo que fue donado por los indígenas valorado 1.200 bolívares” (Acta de Inventario del año 1931. Libro de Fabrica del templo de San Pablo Apóstol de La Puerta.  Archivo Histórico de la Diócesis de Trujillo).  Este curioso dato, nos hace pensar que la vieja donación, para los indígenas, tenía como objetivo, lograr la construcción de un  templo más adecuado.

El cura Vásquez de Coronado, logró levantar una edificación sencilla, pero que reunía lo que aspiraba la comarca, un templo católico andino, con espacio suficiente para el encuentro litúrgico, su altar, el presbiterio, sus bancos de madera, su campanario, su sacristía, el bautisterio, con suficiente terreno para cementerio;  posteriormente se haría la casa cural. Había logrado este sacerdote terminar, la construcción más importante de este nueva comarca, había logrado avanzar en la trasformación de esta aldea indígena, y abría el campo de perspectivas para la fusión de ambas culturas, de la cual derivaría nuestra conformación como pueblo. 

Dicho templo, fue construido en el mismo sitio y terreno de la primera capilla, la “enramada”, no hemos encontrado el contrato de construcción, por lo que se desconoce quiénes fueron los maestros de obra, albañiles y artesanos, carpinteros, alarifes y ayudantes que asumieron la construcción del sencillo templo, ni los cálculos y costos de obra, ni planos de ejecución,  lo que si se pudo determinar en esta indagación  fueron los materiales utilizados. Desde los inicios de la etapa colonial en Venezuela, las construcciones y obras, arrastraban la influencia de la arquitectura e ingeniería castellana, optando los colonos, por adaptar el estilo mediterráneo colonial a las características y materiales de construcción, en nuestro caso, de la zona andina. El gusto de los gobernantes, encomenderos, hacendados, mantuanos y de los sacerdotes, influyó mucho en las obras religiosas desarrolladas en la provincia, predominando el estilo español. 

La data de culminación del templo de San Pablo Apóstol del Bomboi, se  estima para finales del siglo XVIII, es decir, cerca de 1795, que es el año de la llegada como cura párroco de La Puerta y Mendoza, del sacerdote Francisco Antonio Rosario; considero que  estaba recién construido el templo de San Pablo Apóstol, por lo que el nuevo párroco se dedicó a fomentar la construcción de la capilla anexa al templo de San Antonio Abad, en la vecina parroquia Mendoza, obra que comenzó en el año 1796. En cuanto a esto, encontramos una nota curiosa, en  el acta de defunción del Dr. Antonio Nicolás Briceño, padre del coronel Antonio Nicolás Briceño “el diablo”, de fecha 21 de septiembre de 1804,  suscrita por el padre Francisco Rosario, se lee que,   hizo memoria testamental  ante testigos, en la que “…instituyó y ordenó a sus herederos y albaceas que de sus bienes le diesen a la Iglesia de San Pablo Apóstol de La Puerta, la suma de cincuenta pesos, pertenecientes a la fábrica de dicha iglesia, por cuenta del Presbítero Don Pedro Santa Ana, cura que fue de este pueblo..”  (Rosario Tavera, Huma. Trujillo, epicentro de la campaña admirable. Pág. 64. Imprenta del Estado Trujillo, 2010). Esto pudiera entenderse, que para este año,  ya estaba construido el templo en forma para los feligreses  y pagaba de esa manera su deuda. Lo interesante de este dato, es que  confirma que para finales del siglo XVIII, se tendría un primer templo decoroso y digno en esta Parroquia, gracias a la labor y emprendimiento del sacerdote Pedro Santa Ana Vásquez Coronado.

Esta edificación de solida construcción, duró en pie 175 años aproximadamente y fue sustituido por el Templo actual, construido por el padre Trejo, inaugurado en 1965. La escritora Ligia Burelli, la describió asi: <<Del techo de tirantes de la vieja iglesia, se desprendían dos columnatas formadas por listones de madera y que dividían el recinto en tres angostas naves. Los reclinatorios ocupaban las naves laterales, pero solo desde la Puerta del Perdón hasta las escalinatas que llevaban al altar>> (Burelli, Ligia. Un día volver. Pág. 33. Gráficas Franco. Caracas. 1992).

En la gráfica, se puede observar cómo era la parte interna del viejo templo de San Pablo Apóstol de La Puerta, construido por el Pbro. Pedro Santa Anna Vasquez de Coronado, en 1790. esta solida y modesta obra, fue demolida, al ser inaugurado el actual templo, en 1965. 

De igual forma, nos asoma el carácter elitesco que había adquirido el Templo, en las primeras décadas del siglo XX, al describir cómo se debía estar en este recinto, << En este espacio debían situarse las mujeres y los niños. Los hombres tenían que permanecer atrás, de pie o hincados en el suelo de ladrillo, durante las ceremonias>> (ídem); se refería a la nave central y las laterales. Agregó que, los hombres podían <<de acuerdo a su status social, llevar una silla –que otro cargaba por supuesto- y, sobre todo, un cojín en forma de anteojos: un redondel para cada rodilla>>(ídem); eran los convencionalismos propios de la pequeña oligarquía municipal, que se estaba conformando de un pueblo “sin indios y sin negros”, luego del despojo de las tierras del Resguardo indígena, en 1891.  

Mi recordado profesor, el  Dr. Alirio Abreu Burelli, en sus memorias contempla esta estampa: en <<la pequeña iglesia…moraban San Pablo, la Virgen de la Paz…y San Isidro eran parte de nuestras gentes…habían venido de lejos, pero estando entre nosotros, eran solo nuestros>> (Abreu Burelli, Alirio.  En: Abreu, José Rafael. La Puerta un pueblo. pág. 178. Caracas. 1969); eran de manufactura española.

1795. Pbro. Francisco Antonio Rosario, el protector de los indígenas. Este  sacerdote patriota,  llegó a ejercer su apostolado al Templo recién construido por el padre Coronado. Asumió el Curato en este año, según los primeros Libros Eclesiásticos de San Pablo de Bomboy (La Puerta), que hemos revisado y reposan en el Archivo Histórico de la Diócesis de Trujillo. Fue constructor de la hermosa Capilla de Mendoza y del Oratorio de la Virgen de Guadalupe de Indios, ubicado en la entrada norte de La Puerta (donde hoy se asienta el Hotel Guadalupe), y fue destruido a raíz del fraudulento Juicio de Partición del Resguardo Indígena, de 1891. Murió en 1847.

1847. Pbro. Zoilo Troconis, era Vicario de Escuque, fue amigo y confesor del padre Rosario y le tocó realizar los oficios de la sepultura eclesiástica de este. Ofició misas y otros servicios litúrgicos en este antiguo templo. Nació en Maracaibo en 1813, fue diputado por Trujillo. Murió en 1883, a los 70 años de edad.


1860. Pbro. Dr. Enrique María Castro, biógrafo del padre Rosario. 

El padre Castro fue párroco de La Puerta y Mendoza, desde este año y  pudo realizar el estudio concienzudo de los papeles y archivos personales del padre rosario, con lo que pudo rescatar gran parte de su vida y obra. También estuvo de párroco en Valera (1871-1873). En 1877, viaja al exterior.

El cronista José Rafael Abreu, menciona a cuatro Curas que oficiaron en este siglo,  en el Templo de San Pablo, sin embargo, no hemos encontrado ningún indicio ni elemento documental de su existencia, ellos son: Padre León;  Padre Flores; Padre Figuera; y el padre Florencio A. Paredes (Abreu, 67).

1882. José Asunción León, quien sin ser indígena, y participando de la componenda para despojar a los aborígenes,  obtuvo varios lotes de terreno en la fraudulenta Partición de  posesiones del Resguardo Indígena, en 1891. Para este tiempo, el Templo había cumplido más de cien años de construido y conservaba sus características fundamentales, que son las siguientes:

El diseño y distribución del espacio interno del templo, responde a la tendencia arquitectónica católica aplicada a las edificaciones religiosas en las colonias americanas. Planta rectangular, semejante al estilo basilical, que se describe en el acta de inventario   de 1882, cuya acta describe: “En el cuerpo de la Yglesia de La Puerta a trece de abril de mil ochocientos ochenta y dos el cura encargado de ella presbítero José Asunción León, asociado del Mayordomo de Fabrica, ciudadano Miguel Aguilar y los testigos, avaluamos Natividad Aponte y José Miguel Bustos se procedió hacer en debida forma el inventario de propiedades de la Yglesia. Primeramente. 1.- Caserón (o Cañón)  de tapias que constituye la Yglesia y a la espalda un cuarto que sirve de sacristía y otro a un costado del presbiterio que sirve para guardar…” (Libro de Fabrica del templo de San Pablo Apóstol de La Puerta.  Archivo Histórico de la Diócesis de Trujillo).   El inventario indica que era una construcción simple, sin ningún aditamento u ornamento arquitectónico que lo asemejara a un templo formal dentro de los cánones eclesiales tradicionales europeos. Suscribieron  el inventario el 16 de mayo de 1882: José Asunción León, cura párroco; el Mayordomo Miguel Aguilar; el jefe civil de la Parroquia José Natividad Aponte, quien no firma y lo hace a su ruego, Sebastián Alvarado.


Fueron Curas de esta Parroquia, desde comienzos del siglo XX, hasta 1965, en que se inauguró el Templo actual.

1900. Pbro. Juan Carrasquero, escuqueño. Abreu se refirió a él, como un <<virtuoso levita>> (Abreu, 67); fue el creador de la <<Sociedad de la Virgen Nuestra Señora de la Paz>> (Abreu, 58). 

1908. Pbro. Br. Eloy González Moreno y la reconstrucción del Templo.  González, oriundo de Santiago del Burrero (Trujillo). Formalizó la <<Sociedad San Isidro Labrador> de nuestra Parroquia (Abreu, 59). En el programa de fiestas de enero de 1909, el coronel Américo Burelli, lo llamó <<Venerable y progresista Cura Párroco>> (Programa de enero de 1909. La Puerta).  

Durante la gestión de este cura, el templo fue reconstruido por el gobierno del general Juan Vicente Gómez (Libro de Fabrica de la Parroquia la Puerta. 1882. Archivo Histórico Diócesis de Trujillo).

Llegado el siglo XX, la población de La Puerta, iba aumentando, el uso y  necesidades de un templo con mayores condiciones, fue preocupación del gobierno andino, al designar al Mayordomo de Fabrica de la Parroquia eclesiástica de La Puerta, en el año 1931, se realizara un inventario del patrimonio, que efectivamente se elaboró, en el que describe la edificación,  como sigue:  “…Ynventario   de la Yglesia Parroquial de San Pablo Apóstol de La Puerta, diez de abril del año mil novecientos treinta y uno…1.- El edificio reconstruido…tres naves sobre tapias de los lados y por el medio sobre pilares de madera, con una pieza después del Presbiterio que sirve de sacristía; al lado izquierdo un cuarto para el…al pie del mismo lado, otro que es Bautisterio y al lado derecho el edificio del campanario en dos pisos, todo está cubierto de tejas…” (Libro de Fabrica del templo de San Pablo Apóstol de La Puerta.  Archivo Histórico de la Diócesis de Trujillo).   Reseña una reconstrucción de este templo que fue erigido el siglo anterior, es decir, más de 140 años antes, bajo la dirección del padre Vásquez Coronado. Igualmente, describe que para 1931, la planta que eran de un cañón, pasó a tener tres naves, con la central conectada al altar principal, es decir, hubo una importante ampliación del vetusto Templo. Sus medidas generales aproximadas, eran 15 metros de frente (fachada principal), por 30 metros de fondo, con la posibilidad de ampliación hacia el terreno trasero. Este terreno, sirvió de cementerio (calles Sucre y Los Jumangues hoy), y el del lado derecho, era un cambural. Tanto el altar, el presbiterio y sacristía, se encuentran ubicados hacia el lado este del templo, que es la zona funcional de los curas y sus ayudantes durante los faenas litúrgicas; en lugares específicos de cara hacia los feligreses, se encuentran las imágenes de San Pablo Apóstol, San Isidro, la Purísima y la Virgen de la Paz, como joyas y cuarteto sagrado de esta Parroquia; se dice que esta orientación responde al símbolo sol, como se estila en los templos paganos. La entrada queda en su lado oeste, desde donde se extienden las bancas o asientos de madera, en dirección al altar.

Típico de la construcción andina colonial, la utilización de tapiales de barro como paredes, en lo interno, acoplaron pilares de madera, en calidad de columnas en la nave principal, que la diferenciaba de las laterales en el conjunto del templo.  Estaban totalmente techadas de tablones de madera traída del páramo y teja criolla elaborada por nuestros alfareros, tanto sus naves como el campanario, sacristía, bautisterio y el resto de sus ambientes. De fachada sencilla, estilo barroco, con puerta central de madera arqueada, que conjugaban con la entrada de piedra, en la sencilla fachada y sus paredes internas y externas totalmente pintadas de blanco, en contraste con el rubor de su techo. La torre del campanario, como se estilaba en esa época en Venezuela, de dos pisos, con hermosa cúpula en forme de diamante. Son las características de la antigua capilla, rural, pequeña, sin ínfulas de suntuosidad, pero igualmente solemne y cargada del misticismo religioso. Era el espacio de regocijo y encuentro,  querida por los fervientes feligreses, a la que le daban el calor humano y el cuido necesario propio del entusiasmo cristiano. 

El altar mayor levantado rectangularmente, cumplía las especificidades para colocar el cáliz, sus corporales, el misal y las hostias que se utilizaban en las misas.  Detrás de ese altar, se ubican las imágenes del Patrono, la Virgen de la Paz, la Purísima y San Isidro. Más atrás, -describen los inventarios-, se encontraba la sacristía, para ponerse los curas su hábitos, sotanas, estolas y bandas sagradas de acuerdo al acto litúrgico, allí, también están los escaparates y roperos, y también el mueble donde se guardan los objetos pertenecientes al culto.   Lo que se denomina en el inventario de 1882,   “…a la espalda un cuarto que sirve de sacristía y otro a un costado del presbiterio que sirve para guardar…”  , o señalado como “…una pieza después del Presbiterio que sirve de sacristía; al lado izquierdo un cuarto para el…” en el inventario realizado en 1931, es el lugar del templo donde está el Sacristán y a la vez, es usado por el Párroco y los otros curas para revestirse o cambiarse   antes y después de la misa, igualmente,  se guardan las hostias y el vino sin consagrar, el cáliz, las casullas, el agua, incienso, velas, y otros materiales. Para esa época, se llevaba el registro de bautismos, matrimonios  y defunciones de la parroquia.  El espacio de los curas, el respetado presbiterio, se diferenciaba como hasta hoy, por unos peldaños que dan acceso al altar, es el objeto de la mirada de los fieles  que encuentran sentados o parados en el amplio espacio central para los fieles presentes en la misa.

Esta capilla, guardaba y exhibía en su interior algunos tesoros como son las bellas y antiguas imágenes de sus santos. El mobiliario inventariado el día 13 abril de 1882, se encontraba en buen estado; en relación a las reliquias e imágenes, José Asunción León, cura párroco; el Mayordomo Miguel Aguilar y el jefe civil de la Parroquia José Natividad Aponte, registraron lo existente en el templo, entre eso, las  “…Imágenes: 1.- La imagen de la Virgen de la Paz. 2.- La Virgen Purísima. 3.- La imagen de San Isidro. 4.- El patrono San Pablo…” (Ídem). Asimismo, dan cuenta en dicho inventario de la existencia de nueve (9) alhajas o grupo de pequeñas joyas de plata del patrono, valoradas en total por más de 700 bolívares, que a los pocos años, desaparecerían.  

Panorámica tomada desde la torre campanario, cuando no la habían despojado de sus campanas.

1915. Pbro. Manuel Antonio González, era oriundo de Capacho, estado Táchira. Se le recuerda como Hijo Ilustre de aquella población, orador consagrado y pastor en Betijoque y Montecarmelo; sus últimos años, estuvo en la Arquidiócesis de Caracas.

1930. Pbro. Ernesto de Jesús Méndez, oriundo de Zea, Mérida.

El padre Méndez,  era un  <<ilustrado y virtuoso Presbítero>> (Abreu, 59); en nuestra Parroquia, fundó la “Sociedad de la Purísima”; a partir de este año, siendo párroco de La Puerta y Mendoza,  <<puso toda su energía espiritual en revivir desinteresadamente, la tradición de Carmania, el culto patriótico al Padre Rosario. Ese hombre, olvidado e incomprendido, fue por encima de todo un gran venezolano y un sacerdote según el corazón de Dios>> (Burelli, Regulo. El Patriota y el Santo. 1987).

La  historiografía al referirse a él, lo describe como un hombre excepcional, tanto, que en torno a su memoria se tejieron hechos, anécdotas y leyendas durante los años de labores pastorales en la ciudad de Trujillo, pues le tocó testimoniar el sonado caso que conmovió a todo el país, de la niña de los milagros Rosario Almarza, nativa de dicha ciudad, entre los años 1914 y 1917, que la tradición oral recuerda con especial bondad.

El tiempo que estuvo al frente de la Parroquia La Puerta, se identificó con su feligresía, y su labor cural se caracterizó por sus actos de piedad y caridad. De forma anecdótica y simpática lo recuerda la escritora Ligia Burelli, por <<el colepato del padre Méndez>> (Burelli, Ligia. Un día volver. Pág. 122. Gráficas Franco. Caracas. 1992), los muchachos de esa época soñaban con pasear por la polvorienta carretera en el convertible de este Cura. Murió en 1987. 

1935. Pbro. Rafael Ernesto Monsalve Citraro, oriundo de Tovar, Mérida 18-06-1903. Se ordenó como sacerdote el 29 agosto de 1926. En 1933 fue párroco de Montecarmelo. Estuvo un tiempo encargado de La Puerta, y era párroco de Escuque, fue uno de los curas que junto con el padre Trejo, fueron excomulgados por el padre Verde, cuando fundó la Iglesia Católica latinoamericana. 

1937. Pbro. Francisco José Verde. Nuestro amigo y Cronista de Valera, recientemente fallecido Don Luis González, se refirió a este cura como un <<personaje de antología>>. El polémico Padre Verde, nació en Carora, en 1899, murió en Caracas, fue párroco de La Puerta y Mendoza desde finales de los años 30. Andaba armado de su revólver, porque era Capellán del Ejército, y tenía enemistad con los oligarcas de la región. Vivió durante muchos años, en una casa grande frente a la plaza Bolívar de La Puerta, con vista a la Iglesia. Fue fundador y Obispo de la Iglesia Católica Venezolana.


Pbro. Ramón de Jesús Trejo, y su obra: el templo actual de nuestro señor San Pablo Apóstol de La Puerta.

El padre Trejo, era oriundo de Mucurubá, estado Mérida. Estuvo al frente de esta comunidad católica puertense, desde mediados de la década de los años 40. El 23 de enero de 1965 (aunque en la placa marmolea que está en la fachada se lee 25 de enero de 1965), fue día de celebración eclesiástica y popular del Santo Patrono, al ser inaugurado con la presencia del primer Obispo de la Diócesis de Trujillo, padre León Rojas Chaparro, el nuevo y actual templo, construida su última fase durante el gobierno del Dr. Raúl Leoni, que hizo el aporte económico para construir dicha obra, era cura párroco el Pbro. Mario Castillejo. 

Pbro. Ramón de Jesus Trejo. 

La iniciativa y desarrollo de su construcción se le reconoce al sacerdote Ramón de Jesús Trejo, preocupado por el crecimiento de la población y la visita constante de feligreses  de otros lugares de la República. La nueva edificación religiosa, grande y moderna para la época, fue levantada en el terreno contiguo, lo que era el cambural, que está en el lado derecho de la vieja capilla, que fue demolida para edificar la casa cural. Está construida en adobe de ladrillo quemado. La torre campanario que culminaba en su parte alta tipo diamante,  fue modificada al hacerla en forma redonda, quizás para que se viera mas esbelta y garbosa. 


1963. Pbro. Mario Castillejo, y la remodelación de la obra construida por el padre Trejo.

En la noche del 16 de agosto del año 1963, se presentó en Mendoza, el cura español Mario Castillejo ante el padre Trejo; él lo invitó a cenar y terminada ésta le dijo: <<Padre ahora lo llevo a La Puerta>>. 


Después de enseñarle la iglesia del pueblo, a cien metros estaba su futura residencia, y, <<dirigiéndose a  mí, me dijo “estas son las llaves de la iglesia” y ya sabe padre Mario, Ud., queda aquí como Párroco residente>>(Castillejo, Mario. Discurso con motivo de la celebración del 25 aniversario de la inauguración del templo Parroquial de La Puerta. 1990).   El padre Mario, en este discurso habló de remodelación del templo, porque en efecto, ya estaba construido casi en su totalidad. 

 

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

 La Puerta, junio 2023.

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