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sábado, 16 de agosto de 2025

El nacimiento de un estandarte: Crónica del estreno de la Bandera de La Puerta, 2005.

Por Oswaldo Manrique (*)


Este 11 de agosto, se cumplieron 20 años de la presentación pública de la Bandera de la parroquia La Puerta del Estado Trujillo, Venezuela, esfuerzo de un grupo de puertenses preocupados por los símbolos de identidad, tradición, cultura e historia de esta pintoresca comunidad andina.


Con el advenimiento del siglo XXI, luego de violentos acontecimientos nacionales, no fue para La Puerta tiempo de expectativas y de quejas, por el contrario, fue de esfuerzo y logros.  La alegría de la comunidad se notaba  esculpida en las caras y en el saludo de quienes iban llegando a la Plaza.

 La profesora Emilia Briceño, no durmió en toda la noche, leyendo y corrigiendo, una y otra vez, el discurso de presentación que le tocó decir. Laura Sulbaran apresurando a las cofrades para tener el templo de San Pablo, lustroso y adornado para ese día especial, porque allá la tenían que llevar y la bendecirá el Padre. Simón el niño, desde muy temprano, le decía a su mamá:

- Apúrese que vamos a llegar tarde. Ilusionado porque le tocaba intervenir en el acto. La mamá, una de las organizadoras, profesora Belkix Villegas, preocupada por los detalles en los preparativos, lo llamaba a la calma. 

Recuerda la profesora Belkix Villegas, que habían pasado muchos años en los que no se celebraba ninguna actividad los 9 de agosto. En ese tiempo, la profesora Emilia Briceño, pertenecía al Acervo Patrimonial, y  coordinaba un grupo de mujeres voluntarias preocupadas por el cuido y ornato de la Plaza Bolívar, luchando que se respetara el área interna del monumento al Libertador, que pretendía ser ocupada por vendedores de baratijas y algunos artesanos, y decidieron, rescatarla con algo autenticamente significativo: completando los símbolos locales.

A mediados del año 2005, el grupo de vecinos de La Puerta, liderado por educadoras, promotores culturales, activistas sociales y ambientalistas, se reunieron para organizar un concurso para la elaboración de la Bandera Parroquial. Ahí establecieron una serie de requisitos y las bases para participar en el concurso. Como parte de ellos, se exigía que la simbología debía estar referida a la cultura, la historia, la agricultura y el ambiente propios de nuestra Parroquia; dar una breve explicación de los símbolos  utilizados, y con colores también sugeridos como el verde por las montañas, el azul por los ríos y colores pasteles;  una sugerencia no obligatoria, era que llevara una yunta de bueyes. La entrega del diseño de esta bandera estuvo pautada para el sábado 30 de julio del 2005. 

La selección de la Bandera, símbolo e hito en nuestra historia local.

El domingo 31 de Julio, se recibieron las banderas propuestas, que lograron la mejor representación de nuestra Parroquia, según los organizadores. Posteriormente el 4 de agosto del 2005, se procedió a la selección de la bandera en la sede de la Junta Parroquial de La Puerta y se hizo la pre-selección de ocho banderas participantes, según el acta que se levantó al efecto, quedando como finalistas tres banderas de los siguientes autores: Leonardo Peñaloza, Henry Rivera y Alida Briceño, donde el ganador por voto secreto fue el ciudadano Leonardo Peñaloza; esto fue aprobado por los ciudadanos Marcial Rangel y Giovanni Rojas de la Junta Parroquial, Pablo Roberto Andrade, Presidente; la profesora Emilia Briceño del grupo de Acervo Cultural, que promovió el concurso, María Carrizo, Carmen Faría, Prefecto, y la profesora Gloria Reynoso, recordada cronista de Mendoza del Bomboy, autora ganadora del concurso de la Bandera de Valera.

Una asociación civil para el rescate de las tradiciones culturales: Grupo de Acervo Cultural.

El grupo Acervo Histórico y Cultural de la Parroquia La Puerta, se constituyó como Asociación Civil el día 12 de septiembre del 2005, ante la Oficina Subalterna de Registro de los Municipios Valera, Motatán y San Rafael de Carvajal,  registrada bajo el número 01, tomo 20, Protocolo Primero de fecha 12 de septiembre del 2005, quedaron como directivos presidenta: Belkix Villegas, secretaria general: Emilia Briceño, tesorera: María del Carmen Carrizo, primer vocal: Laura Sulbarán y segundo vocal: Leonardo Peñaloza.

El estreno de la Bandera Parroquial de La Puerta: Así se vivió el acto.

En el Templo Parroquial, se presentó la dificultad para hacer la misa a tiempo, faltaba el Cura.  Mucha preocupación, hasta que llegó el Padre Julio Cesar León, quien los llenó de alegría, para agotar la parte espiritual de la programación: la misa y la bendición de la Bandera.  El padre León,  bendijo el emblemático estandarte.  Carmen Carrizo y Laura Sulbarán, fueron muy activas en esto. No repicaron las centenarias y broncíneas campanas porque ya se las había llevado "Mano Bendita", por cierto, aún no las ha devuelto.

Representantes del Páramo, de Carorita, la Lagunita, gente llana de los campos, con sus manos curtidas en la fértil tierra estaban allí, escribiendo una página singular, precisamente en el escenario tributo al Padre de la Patria. La amplia plaza Bolívar era el sitio de uno de los eventos de mayor significación de la Parroquia.  No era una de las batallas campales como las que aquí en La Puerta ocurrieron en el siglo XIX, sino que por el espíritu del esfuerzo de un grupo de vecinos, se logró obtener uno de los símbolos distintivos de su gentilicio.

Ciento noventa y cuatro años después, de haber sido elevado La Puerta a Pueblo Republicano, por iniciativa de los constituyentes provinciales Francisco de La Bastida y el Pbro. Francisco Antonio Rosario D, nuestros pobladores, izaron orgullosos su Bandera Parroquial.

Allá llegaron Jacinto Peñaloza y el señor Mario Paredes de La Lagunita, con las ofrendas florales para el Padre de la Patria, y las ofrendaron. 

El día 11 de agosto del 2005, en la plaza Bolívar de dicha población, se hizo la presentación pública del estandarte seleccionado correspondiendo la presentación y el discurso sobre esta bandera a la profesora Emilia Briceño, quien inició sus palabras con <<Oh Puerta nuestra hermosa tierra, te imploramos la gracia de algo de tu serenidad incomparable, para poder permanecer en ti, sigue extasiándonos con tu clima, cual crisol donde se templan las almas y renacen los corazones muertos, pon en nosotros un poco de amplitud de tu verde azul, de tu horizonte y todo el fuego radiante de tu sol, para adorar a la sombra de tus sembradíos al Dios de la unión, la libertad, la religión, la paz y la prosperidad, sembrar ideas y proteger nuestra madre naturaleza>> (Briceño, Emilia. Discurso. 2005. En papel); más adelante, en su discurso señaló que: <<nuestro equipo promotor de acervo histórico cultural de La Puerta, ha tenido la satisfacción de lograr el ansiado anhelo de ver cristalizado uno de nuestros sueños, complementar la simbología de nuestra Parroquia con la bandera emblema que un joven talentoso, creativo, haciendo gala de su arte, nos diseñó, dicho joven es Leonardo Peñaloza>> (Ídem). Las palabras de la profesora Emilia Briceño, con cuidada prosa, fueron bastante emotivas en favor de la comunidad y su futuro, con un mensaje sentido y esperanzador.  

Sentado en uno de los bancos, el juglar Tista Araujo La Cruz, filosofando los versos que le dedicaría a su pueblo, saludaba con su parsimonia característica. Mientras el joven artista, quien le dio materialidad al estandarte, explicaba el significado de los colores y los elementos. Salazar el de la radio, operativo con los equipos para dar cobertura.  

Como parte de la celebración, hubo presentaciones culturales de artistas locales. Se distinguió la presentación del niño Simón, quien se lució declamando A dónde va mi folclor, de la que transcribimos unos versos.

Señores pongan cuidado y a la vez mucha atención,

para que oigan un relato de algo tan conmovedor,

resulta que en esta tierra donde todo el mundo es león,

el que viene de afuera sale con su buen montón,

el artista que ha nacido en la tierra de Simón, 

siempre vive marginado tragándose su dolor,

mirando cómo los otros que vienen del exterior,

se llevan miles de dolares por una sola actuación,

 pero lo triste del caso es lo que dice un sector,

que nuestra música es mala y en su misión,

lo que nos viene del norte eso si tiene valor,

no hay un minuto en el día en que no se oiga su rumor,

pero para oír la nuestra, hay que ser madrugador.

Fue un acto formal, de cultura e historia  y también de mucha alegría y regocijo, ofrenda floral y presentación pública de la bendecida Bandera y representaciones culturales. A partir de este importante día, se recomenzó a celebrar todos los años el cumpleaños de La Puerta.   

Al final, la casa del niño Simón y de su mamá Belkix Villegas y su abuela Isabel, ubicada a pocos metros de la Plaza, se convirtió en el descanso de los organizadores y otros, donde hubo espontáneos cantando hermosas piezas criollas, acompañados de un lucido cuatro, otros conversando de la jornada cumplida, echaron cuentos, y brindis de café criollo. 

 

De un sueño a la tela: la Simbología de la Bandera local.

De acuerdo con los datos y la explicación escrita, la simbología de la Bandera de La Puerta, presentada por su creador bachiller Leonardo Peñaloza, quien nació en esta población el 15 de marzo de 1971, señala que: <<el significado de la bandera: entre sus cromos destaca con mayor énfasis el verde y el azul entremezclando con el verde y el marrón, estos en forma de rayos o destellos, el color azul indica sus abundantes aguas evidenciadas en las Lagunas y el río Momboy que corre desbocado por un lado del pueblo, el color verde irradia la calidez de su benigno y perfumado clima ventisquero y silvestre, el misterio natural con su exuberante vegetación, el haz de luces que se filtra a través de las hojas de esos bosques, pleno de variedades poliformes y especies de todos los reinos adornando la pasividad y el candor de la señorial Parroquia La Puerta. El centro lleva un círculo bordeado por dos cañas, cultivo colonial...sembradas en estas tierras aclimatándose perfectamente, para luego constituirse en un medio de trabajo y subsistencia, transformada en producción de panelas, batidos, cachaza, melcocha y azúcar, los cañaverales sirvieron para proporcionar una fuente de ingreso a los habitantes de La Puerta. El centro del círculo nos presenta el espacio sideral, alumbrando jubiloso todos los rincones de esta parroquia, más abajo se divisan sus imponentes serranías vigilantes que resaltan su poder y trascendencia en todas las funciones de la vida montarás, regalando todo el humus y la riqueza que alberga en sus entrañas, cuál alimento que una madre da a sus hijos con amor y desprendimiento. Para llegar hasta la cumbre de estas montañas, el Libertador y padre de la Patria don Simón Bolívar. En la parte inferior del círculo observamos los sembradíos que en las vírgenes tierras día a día los agricultores trabajan para producir cosechas de diferentes rubros, al fondo se divisa la imagen de un agricultor con sus bueyes en plena faena de arado>> (Copiado textualmente. En papel). Como se puede extraer de esta explicación, hay un esfuerzo por dotar a esta comarca de un símbolo tan importante, a pesar de las observaciones históricas que se le han hecho, La Puerta, tiene Bandera.

 

Cómo fue reseñada en la prensa regional, el gran día de nuestra bandera parroquial.

La prensa cubrió el evento. El día 11 de agosto del 2005, el Diario El Tiempo, de Valera, en la página 22, de información, tituló <<Aumenta el valor a lo nuestro. Parroquia La Puerta ya tiene bandera>>, información que dan las profesoras Belkix Villegas y Emilia Briceño, en nombre del acervo cultural de esta parroquia y presentan varias gráficas de la bandera. 

Posteriormente, el poeta Ángel González Rivas,  "el Guayanés" de este pueblo, escribió una  amena y ajustada crónica el día 23 de agosto del 2005, en el Diario El Tiempo, en la que expresó lo siguiente <<gracias al esfuerzo de varios hijos del pueblo ya La Puerta tiene su bandera la cual van enarbolar con orgullo; el acto estuvo maravilloso con la asistencia del poeta y escritor nativo de La Puerta Tista Araujo, licenciada María del Carmen Farías, Belkis Briceño, María del Valle Suárez, profesora Emilia Briceño, María del Carmen Carrizo, Laura Sulbarán, Belkis Villarreal y su mamá Isabel Rivas anfitrionas del acto, Simón Alberto González, Fátima Briceño, Henry Rivera, señor Isidro González, Aída Briceño, Leonardo Peñaloza y muchas más personas... La reunión fue como un reencuentro entre paisanos donde tocamos temas: como el rescate de las costumbres y tradiciones del pueblo conjuntamente con la Junta Parroquial, la prefectura, del jefe del puesto policial, el sacerdote, los comerciantes, los educadores y el pueblo en general. Pero también nos salimos de esa conversación tan interesante para pasar a disfrutar de otro alegre jocoso poético con las consejas y anécdotas del pasado de La Puerta, además con los chistes a flor de labios del poeta Tista Araujo con su brillante musa nos deleitó con bellas poesías de su propia inspiración, el pintor Leonardo Peñaloza quien ganó el concurso  de la bandera, Laura Sulbarán nos deleitó con su agradable conversación y sus chistes cortos. La profesora Emilia Briceño, fungió de reportera gráfica, además saboreamos un aromático cafecito gracias a doña Isabel, la profesora Belkis nos sorprendió con sus dotes artísticas tocando cuatro y cantando con una linda voz música llanera, que daban ganas de menear el esqueleto zapateo>>; un reencuentro de los promotores culturales y una amena velada cultural.

Al año siguiente, la Asociación Civil Acervo Histórico Cultural de La Puerta, además de enarbolar orgullosamente la Bandera de esta población, participó activamente en la programación de la Toma Cultural que se realizó el 21 y 22 de enero del 2006, que se relacionaba ya con las fiestas propiamente de enero de la Parroquia, donde hubo actos culturales, exposiciones artesanales, conciertos de nuestra escuela de música y la retreta inaugural de la Banda Bolivariana San Pablo del Momboy,  el campeonato de fútbol de salón y otras actividades de carácter deportivo.

Esta nota, es un reconocimiento a quienes tuvieron en sus manos, ese espíritu forjador de cultura, historia y tradición, para saldar esa vieja deuda histórica. Hoy, algunos de los integrantes de dicha Asociación, esta fuera del país; sin embargo, también se debe reconocer que su labor cultural dejó una huella importante. La capacidad, la pasión y la impronta que generaron no deben quedarse en el pasado. Nuestra Parroquia, los necesita hoy más que nunca, para seguir rescatando y construyendo cultura autentica, las manifestaciones colectivas tan necesarias para la vida en comunidad, los lugares de encuentro y expresión cultural, igualmente la de los creadores verdaderos, artistas y escritores y la expresión de sus talentos, en fin, para construir lo necesario para la vida en comunidad, protegiendo y enriqueciendo el patrimonio común, material e intangible, y desechar esa visión esquematizada de la denominada cultura  panfletaria. Es mucho, lo que se puede lograr en el futuro, pero juntos. Es necesario retomar el camino.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta

sábado, 27 de julio de 2024

Luis Alfonso Rangel y el Montecarlo.


Por Oswaldo Manrique (*)


Esta crónica, se ubica en los años 50 del pasado siglo y no es alegórica a ningún modelo de vehículo ni lupanar, sino al campo artístico y gastronómico de La Puerta. El joven, estaba destinado a dar su aporte y dejar huella en un controversial momento, al igual que lo hizo su padre, para una recién construida comunidad andina. Es una historia de vida, que forma parte de la historia musical de esta localidad.

Luis Alfonso Rangel, recibió sus primeras lecciones musicales, de su maestro fundamental: Pedro Manuel Rangel, su padre, quizás a los cinco años, en canto. La portentosa voz de este, quebrantaba la tranquilidad virgiliana de la bucólica vida de los puertenses, en los años 1930.  En sus memorias de la infancia, la escritora Ligia Burelli, reseñó que como parte de la cotidianidad de la aldea rural de apenas unas 40 familias <<siempre que las familias, forasteras o no, se reunían por las noches, los mayores pasaban el rato descifrando charadas o acertijos, escuchando las hermosas canciones de Pedro Rangel -el bardo del pueblo->>  (Burelli, 166), asi calificaban al padre de Luis.

En la serenata de diciembre, las campanas y voladores, anunciaban la serenata en la voz privilegiada <<de Don Pedro Rangel se dejaba escuchar hermosa y cálida: Mi Canción de Amor // viene a turbar // la calma y el silencio // y mi pobre voz // alzándose en la noche te despierta…>> (Un día volver, 286), también acostumbraba a cantar Conticinio para concluir la serenata; Laudelino Mejías escribe este vals en Valera, en 1922.  Pedro Rangel, a los 9 años de edad, criado por la familia Pabón, huérfano de padre y madre, precozmente cantaba con su portentosa voz, en el coro de la iglesia, y también boleros y su buenas rancheras mexicanas. En ese ambiente, se crio Luis Alfonso Rangel.


Nace el músico Luis Alfonso Rangel.

Luis descubrió su vocación musical, al entrar en contacto con la maestra Juanita Archila, su vecina, muchas las veces que se escaparía a verla y escucharla tocar guitarra y cantar, y seguramente entusiasmado por el mismo Pedrito Rangel, su padre. La música, le llegó en forma natural en su hogar, y el teclado en la Iglesia, luego vendría el coro, banda de música y otros acompañamientos.

Luis Alfonso Rangel, el que tocaba el armonio en la iglesia parroquial de La Puerta, en los años 50. Recibió una fuerte influencia musical, de quien además de barítono, fue  intérprete y autor de música criolla, bambucos, valses, canciones campesinas y populares y hasta música religiosa: su padre Pedrito Rangel, que eran el deleite de aquellos tiempos virgilianos, penurias y esfuerzos por construir sin conocimiento ni experiencia, un pueblo. La canción Flores Negras, fue emblemática en su repertorio. 

Luis, tenía sus estudios de teoría y solfeo y armonio u órgano, en lo que era muy diestro, aunque también tocaba guitarra, la que ejecutaba con maestría.  Aunque para su tiempo existían las escuelas de música de Valera y Escuque, se estima, que Luis, siendo muy joven, hizo estudios musicales en la ciudad de Trujillo, en la Escuela Filarmónica de Trujillo,  creada en la ciudad por  el cura Esteban Razquin, en 1910.  Asimismo, recibió clases en Montecarmelo, en la escuela de música de los Anselmi Berti,  y en los grupos musicales de  este municipio, donde sonaba con orgullo la  Banda Filarmónica de Monte Carmelo,  tierra de músicos italianos y descendientes,  donde Rangel Peñaloza, tenía varios familiares maternos y le agradaba pasar temporadas. Se consideraba a Monte Carmelo como el lugar ideal para vivir, el espacio de encuentro de la cultura, de cierto y destacado nivel social, ideal para formarse en valores y en ocupaciones artísticas, con influencia itálica llegada con las migraciones a mediados del siglo XIX; en resumen, un lugar de deleite, de calles empedradas, casas de balcones y con jardines colgantes, un lugar cómodo y de progreso para existir. 

Su padre, trabajó desde niño en labores agrícolas, trigales, cañamelares y en las fincas queseras, cargando sobre sus hombros y bajo el berraco sol, cortes de leña para calmar el frío en la casa, pero se dedicó al comercio, tuvo su propia tienda. Pedro fue criado por la familia Pabón, de La Puerta. En esta familia, había dos jóvenes Mario Pabón y Chuy Pabón que fueron jóvenes físicamente corpulentos, gente de trabajo, acostumbrados a la agricultura en los cañaverales, a los trapiches, así como al molino de trigo. Chuy Pabón era hijo de Humberto Burelli, por eso  su cercanía a esta familia y a la hacienda de Quebrada Seca y otras que tenían estos hacendados, como Los Palmares, cerca de Monte Carmelo. 

A partir de la muerte del general Gómez, hubo mayor flexibilidad horaria con lo de la "matraca", y lo llamaban para cantar en reuniones familiares, de amigos y visitantes, incluido bautizos y casorios. Luis Rangel,  tocó todos  los géneros musicales posibles en aquella época, desde los religiosos, porque era un ser espiritual, asi como, los canciones populares, joropos, valses, tangos,  boleros, y hasta música mexicana.

El poeta amigo Ángel González Rivas, popular Guayanés, acerca de este personaje escribió lo siguiente: <<Los hermanos Rangel eran músicos de fama en La Puerta, porque tocaban muy bien, mas de una vez tocaron en el negocio de don Jacinto Peñaloza que estaba en la casa de doña Elba Bello de Rosales>> (González Rivas, Ángel. Crónicas de La Puerta. pág. 25. Valera. 2006), ubicada frente a la Plaza Bolívar. 

Alternaron también con músicos igualmente buenos, de otros lugares, como los de Carache, el mismo Guayanés, lo registra en sus crónicas, <<Como a las seis de la tarde se reunieron los músicos de Carache y los hermanos Rangel en el negocio de don Jacinto comenzando a tocar. Poco a poco fueron entrando en calor con el michito que les obsequiaba don Jacinto>> (ídem). Las actuaciones podían pasar de la medianoche.

Organista, guitarrista y campanero en el Templo de San Pablo Apóstol.

Forma parte del grupo de hombres y mujeres más  destacado en la historia musical de La Puerta, no solo por ser hijo de músico, alumno de una vecina música, si no por su esfuerzo dentro de su Iglesia, por acompañar en su juventud la obra litúrgica de varios Párrocos, que significaba darle una particular solemnidad, y mayor prestigio a la gestión de aquellos viejos sacerdotes, como motores de esta institución, en este apartado pueblo rural andino, en el que la espiritualidad ocupa un lugar especial.

El párroco Ramón de Jesús Trejo, lo contrata para que toque el armonio en los actos litúrgicos cantados. Al tiempo, la comunidad católica de La Puerta, es asiento de uno de los episodios más controversiales y polémicos en su historia religiosa. El ex párroco padre Francisco José Verde, ahora Obispo titular de Nueva Cádiz y Visitador Apostólico del territorio venezolano,  excomulga al padre Trejo, quien antes, lo había excomulgado y censurado fuertemente en el púlpito de la Iglesia. Verde, en su carácter de Obispo de la nueva Iglesia y residiendo en dicha Parroquia, declaró excomulgado al padre Trejo, con la excomunión latae sententiae.

Uno de sus paisanos y contemporáneo, lo recordó en la siguiente forma, <<Luis, a quien se le había confiado el privilegio de tocar las campanas, se disponía a anunciar el Ángelus…Todos hubiéramos querido hacerlo, pero era un oficio muy especial encomendado a Luis, que pertenece a una familia de músicos. Con él aprendí a tocar la guitarra, enseñándome lo que a su vez, había aprendido de su padre don Pedro Rangel>> (Abreu, Alirio. Un valle, una aldea un rio. Págs. 22 y 23); tocaba las campanas y cantaba en latín.   

Un duro golpe a su vida.

Pedrito Rangel, su padre, como lo llamaban afectivamente en el pueblo, era considerado la voz prodigiosa de La Puerta candorosa. Quizás el más destacado y recordado cantante de  esta comarca, de las décadas de los años 30 y 40 del siglo XX. Su formación musical posiblemente la obtuvo en Montecarmelo, por sus conocimientos de canto, escritura y el arte de la poesía, que no los tenía La Puerta. 

Su papá enfermó, y esto incidió en la vida de toda la familia, su madre a los pocos años también murió. Lo que sostuvo aquel grupo de hermanos de tan poca edad, fue  su formación, valorando y poniendo en práctica lo aprendido de sus progenitores. 

Un hermano de Luis, de nombre Francisco Rangel, quien tuvo la generosidad de suministrarme algunos datos biográficos, escribió: <<A pesar de estar muy pequeño cuando papá murió, recuerdo perfectamente muchos momentos vividos a su lado. El me quería mucho, yo lo acompañaba siempre en su bodega y peluquería. Que quedaba a media cuadra de la plaza>> (Correo de Francisco Rangel. 22-1-2024), frente al negocio actual  de Chinto Peñaloza. 

Escribió asimismo que, <<Papá recuerdo murió en septiembre creo del 46. Él murió en una casa que quedaba cerca del trapiche de Luis Ignacio. El agonizó por muchos días. Mi hermanita Beatriz era quien estaba pendiente de él. Lo amaba... Ese día fue terrible>> (Correo de Francisco Rangel. 22-1-2024), ubicada a pocos metros de donde hoy está el Hotel Cordillera.

En una remembranza de su infancia, la escritora Ligia Burelli, escribió <<Saturnina la madre de sus primos Pabón>>, se refiere a Mario y Chuy Pabón, porque José Antonio, había muerto en el alzamiento de 1914, contra el dictador Gómez. Esta familia que crió a Pedrito Rangel, vivían en <<la Calle Abajo, no muy lejos del molino en una casa pequeñita pintada toda de azul y con una enorme mata de trinitarias en el patio>> (Volver, 100).   El padre de Luis Alfonso, muere en esa casa.

Una de sus creaciones, no musicales: el Montecarlo.

Francisco Rangel Peñaloza, hermano de Luis Alfonso,  haciendo un ejercicio de recordación, me compartió generosamente, remembranzas de su hermano el músico, vivencias refrescantes de la vida en nuestra comarca, que nos hace quererla mucho más, y nos da mayor entusiasmo para reconstruir su historia. De Pedrito, su padre, hombre inteligente, poeta, cantante, aprendió los más elementales cálculos, manejos y  costumbres del comercio de la época. Le tocó atender la pulpería que tenían en la calle “La Legua”, comienzo del sendero hacia Comboquito y  La Flecha.

Al culminar los actos centrales, procesiones, campanadas, bombas y música de la fiesta de San Isidro,  en mayo o los festejos de los Patronos, en enero, y semana santa,  así como, los fines de semana, el recorrido, culminaba obligatoriamente a media cuadra de la plaza Bolívar, entre las calles 8 y 9. El lucimiento de la gente, con sus mejores galas, artes y actos descansaban en aquel sitio, que Luis, denominó su creación como el “Bar Restaurant Montecarlo”, donde se mezclaba la “refrescada”, con el encuentro de los pobladores y de los parientes que vivían fuera, la conversación y la cantoría, <<casi donde quedaba el bar y restaurant MonteCarlo que fundó mi hermanito Luis>>. Al frente, quedaba su casa de residencia, en la avenida Bolívar, entre calles  8 y 9, donde está la casa de dos plantas que construyeron los chinos y hay un supermercado.

Nunca faltó el instrumento para amenizar el momento, allí también se lucían los puertenses. Momentos de risas, cuentos, brindis solidarios, décimas, boleros, se agolpaba en la casa de dos puertas anchas, especie de club de esparcimiento y entretenimiento espontáneo, de amables campesinos, hacendados, comerciantes libres, maestros, alternando con visitantes y los vendedores ocasionales de chucherías y baratijas. Buenas cervezas y refrescos, entonaban a los melómanos y artistas del pueblo.

Lugar donde se podía disfrutar de comida criolla, celoso como era Luis, de los rubros autóctonos, ya comenzaba la influencia de la cocina extranjera, que se iba transmitiendo  por los trabajadores del Hotel Guadalupe. Desde un exquisito “guisao” de arvejas o sopas de costilla, tradicionales arepas de trigo y mojo, quesos parameros, hasta pollo asado y cochino frito criado en los solares del pueblo, papas cocidas en concha, fiscalizado el centro de la mesa por un ajicero cuatro fortunas, era el básico menú verbal que se le anunciaba a los comensales; cultura gastronómica heredada del sincretismo Timoto-Al andaluz-Portugués, italiano y Vasco del valle de Bomboy. Fue este, quizás, apartando al del Hotel Guadalupe, uno de los más antiguos bar restaurante de La Puerta. Allí, estaba como maestro de ceremonias, administrador, propietario y artista: el joven Luis Alfonso Rangel, también pendiente de la preparación de la comida, de prestar el mejor servicio, y mantener el lugar limpio y en condiciones.  

Un público que se olvidaba de sus problemas, falencias y traumas económicos, políticos y hasta familiares. El sitio se aglomeraba hasta en el frente de las puertas. Mucho más allá las mulas y caballos luciendo las mejores sillas y enjalmes en el matacho de “La Legua”. Los degustadores de cerveza, ron, algún vino italiano producido en  Quebrada Seca y de los famosos y tradicionales “cuellos cortos” y “cuarteles”  del ilustre sanjonero, caracterizaban a la pequeña aldea que pujaba por crecer y prosperar.

Luis Alfonso Rangel Peñaloza, nació en La Puerta, estado Trujillo, en 1934, en el regazo de una familia católica y con ansias de vivir adecuadamente, integrada al poblamiento y urbanizaje del nuevo pueblo de La Puerta. Su padre  Pedro Manuel Rangel, quien nació en la primera década del siglo XX, murió en 1946.  Su mamá Ramona Peñaloza de Rangel, quien nació en Montecarmelo en 1914. Se casaron en 1932, ella con 18 años de edad, y murió el 4-8-1953, en La Puerta.

Luis Alfonso, fue el segundo hijo en su grupo familiar, sus hermanos Jesús Manuel, el mayor, le siguen a Luis, su hermana Beatriz, Raúl Asunción, Pedro, María, Juan, Francisco y Concepción.

En 1950, la casa familiar quedó algo afectada por el terremoto, que partió la tierra. Existió una estrecha relación casi familiar con la familia Pabón, que habían criado a su papá Pedro, desde pequeño. Tanto Filomena Pabón como su hermano Rito, entraban y salían de la casa, llenos de energía y de ese regocijo que da la música. Filomena prefería vivir allí, que en su propia casa. Uno de los Pabón, José Antonio, fue mártir en la guerra contra Gómez, al estar acompañando al coronel Américo Burelli. Un hermano de José Antonio, de nombre Jesús, era hijo de Umberto Burelli, que también estaba involucrado en el alzamiento de los varones de la Culata.

Como parte de esta investigación, se transcribe y comparte a continuación, el acta de defunción de Ramona Peñaloza de Rangel, madre de nuestro personaje, de donde se pueden obtener otros datos interesantes, relacionados con esta reseña biográfica.

<<N° 23. Amable Matheus Silva, primera autoridad Civil del Municipio La Puerta, hago constar, que hoy cinco de agosto de mil novecientos cincuenta y tres, se presentó a este despacho el ciudadano Felipe Peñaloza Moreno y manifestó que ayer a las cinco de la tarde falleció Ramona Peñaloza de Rangel en esta población lugar de su domicilio, de esta jurisdicción, y que según noticias adquiridas aparece que la finada nació en el Municipio Monte Carmelo, tiene 39 años de edad, viuda de Pedro Manuel Rangel, de oficios domésticos, hija legítima de Ángel Custodio Peñaloza y María del Carmen Moreno y qué murió a consecuencia de cáncer según certificación médica, dejó nueve hijos nombrados Jesús Manuel, Luis Alfonso, mayores de edad, Beatriz de diez y ocho años, Raúl Asunción díez y siete años, Pedro de  quince años, María de quince años, Juan de doce años, Francisco y Concepción de diez y de ocho años respectivamente. Fueron testigos presenciales del acto Nicolás Ceballos y Alcira González, mayores de veinte i un años>> (Partida N° 23. Libro de Defunciones 1953. Archivo Registro Civil de la Parroquia La Puerta). 

Quizás para alguno, pudiera parecer superficial, pero su actividad musical en aquella época, contribuyó a darle identidad, querencia, cotidianidad y solidez al proceso constructivo y cultural del nuevo pueblo, por lo que viene merece, su reconocimiento como personaje de nuestra historia local. 

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, julio 2024.

omanrique761@gmail.com

sábado, 10 de febrero de 2024

Los marcianos en el Páramo de La Puerta.

 Por Oswaldo Manrique (*)


En las décadas de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, la comunidad de La Puerta, contó con un grupo de personas de un humor extraordinario, que lograba con sus bromas, graciosas travesuras,  charadas y creaciones humorísticas, trascendieran más allá del montón de amigos y de sus propias familias. Gente de la anécdota y del buen humor andino.

De ese grupo de hombres burlones, jodedores, “mamadores de gallo”, humoristas, hacedores de bromas, la comunidad recuerda a varios comerciantes como Jacinto Peñaloza (tuvo su comercio a media cuadra de la Plaza Bolívar), José del Carmen Matheus (comercio en  esquina noroeste de la Plaza), Hugo Rosales Bello (en el costado este de la Plaza), y Ángel González Rivas, el poeta y popular “Guayanés” (comercio en el costado norte de la Plaza); este último, recopiló parte de esas peripecias, ocurrencias  y jocosas anécdotas, entre ellas una que de simple y gracioso comentario matutino, se convirtió en un hecho de extraordinaria notoriedad regional, que aquí les comparto. 

A lo largo de la historia, pareciera que está latente una especie de amenaza de invasion en contra de la humanidad, por parte de seres de otros planetas. El tema de los extraterrestres, alienígenas y marcianos, ha sido fuente lucrativa para la literatura, comics, cine, y hoy, destaca igualmente, para las recientes generaciones, redes sociales, videojuegos, innovaciones tecnologías, inteligencia artificial (IA), y hasta con adicción y fanatismo hacia grupos de guerreros y protectores organizados como la llamada “Liga de la Justicia”, y los “Guardianes de la Galaxia”. Aunque parezca incierto, comenzada la segunda mitad del siglo pasado, en La Puerta ocurrió el siguiente hecho.

Un día laborable como a las 7 de la mañana, llegó al negocio del “Guayanés”, su vecino y también comerciante Don Carmen Matheus, a comprar  el periódico, se instalaron a echar una alegada, cuando también llegaron Don Hugo Rosales Bello, Don Rafael Paredes y don Jacinto Peñaloza. En un momento de la conversación, comentó don Jacinto Peñaloza: -¿No escucharon anoche la explosión tan fuerte en el Páramo de los Torres? Contestó Don Hugo: -Yo sí la escuché, eso fue una nave extraterrestre que cayó en el Páramo de los Torres, de ella bajaron unos marcianos y que son de color verde y chiquitos, además se comen la lechuga y están arrasando con las plantaciones; hay que estar preparado. Don Carmen afirmó: - Esa verdad yo la supe ahorita cuando abrí el negocio; pero los marcianos apenas son ocho, me lo contó mi compadre Concio Rivas que acaba de llegar del Páramo; lo que más piden es agua y no solo se come la lechuga, también la zanahoria>> (González Rivas, Ángel. Crónicas de La Puerta. Págs. 22-23. Valera. 2006). 

En ese momento que está hablando Don Carmen, llega por casualidad Concio Rivas (mi abuelo, decimista, el Cantor de las Siete Lagunas); Don Carmen lo ve y con rapidez le pica el ojo a Concio, y le dice:

- ¿No es verdad compadre que en el Páramo de los Torres llegaron los marcianos? Concio sacándose el sombrero, diestro en el contrapunteo y sin pensarlo mucho, le respondió:

- Sí, y el aparato donde llegaron cuando cayó sonó como una explosión.

En efecto, y de verdad sucedió, que todo el pueblo escuchó una fuerte explosión esa noche en el Páramo de los Torres, dicen que pudo ser un aerolito que cayó en la montaña.

Pero mi abuelo Concio, siguió  narrando sobre los marcianos, poniéndole más piquete, <<diciendo:

- Son chiquitos, verdes y feos. En eso, preguntó un policía que estaba en el negocio: - No sería el carro de los tres nautas que cayó en el Páramo de los Torres? Le contestó de inmediato don Jacinto: - El carro de los astronautas está en la luna>>. Hasta ahí, llegó el conversatorio y poco a poco cada quien se fue retirando a cumplir con su trabajo cotidiano; se podrán imaginar lo que aguantaron los amigos, quienes estaban a punto de reventar de la risa.

Y el simple comentario, se regó como pólvora.

Lo cumbre de esta charada, lo contó el Guayanés,  de esta forma: <<Pero la noticia la hicieron regar como pólvora quienes la inventaron, entre ellos este humilde servidor, muy pronto Radio Valera dio la impactante noticia: "Los marcianos llegaron a La Puerta están en el Páramo de los Torres". Cuando menos nos dimos cuenta el pueblo era un hervidero de gente, llegaron comisiones de la PTJ (hoy CICPC) a la Prefectura y se trasladaron a caballo al Páramo de los Torres, a ver a los marcianos y a interrogarlos. En nuestros negocios se agotaron el pan, las cucas, los besitos, los suspiros, las polvorosas, los jugos, los refrescos, la cerveza, el miche y los cigarros. La gente estaba pendiente en la plaza Bolívar, de los marcianos, esperando el regreso de los que fueron a verlos>> (Ídem); el comentario se convirtió en un notición regional, y éste, en un suceso de connotación policial, que atendieron los investigadores y sabuesos de la Policía Técnica Judicial.  

La expectación creada por la charada y el desenlace.

Radio Valera que era el medio más escuchado por los trujillanos, transmitía  comentarios y mensajes que le llegaban, como estos: que, si La Puerta se convertiría en un campo de vuelos extraterrestres; que, si alguna nave gigantesca se había estrellado en las montañas de las Siete Lagunas, en fin, se preguntaban si era una agresión e invasión extraterrestre, pero que dependía de si los marcianos eran buenos o eran malos. Todo un maremágnum.  

El poeta González Rivas, continuó su relato: <<En la tarde llegó Don Hugo y nos notificó que la DISIP estaba investigando quién hizo la llamada telefónica a su despacho y a Radio Valera porque ya tenían conocimiento que era falso la llegada de los marcianos a La Puerta.  Don Hugo nos recomendó cerrar nuestro negocio hasta el día siguiente mientras pasaba la inquietud por el impacto de los marcianos, le hicimos caso y cerramos los negocios. Don Hugo se montó en su camión y se fue para Caracas, tranquilo y sin nervios, muerto de risa>> (Ídem); Hugo, nieto de italiano, con el que pude conversar y compartir bastante, era un hombre de un humor fino e inteligente.

Mientras, los inquietos bromistas, se escondieron. Parte de la comunidad, desde la Plaza, veía subir a los funcionarios policiales, por la feraz “Cuesta de los Rondones”, para llegar al Llanito. Las comisiones de pesquisas de la PTJ, fueron en bestias -no existía carretera para vehículos-, se dividieron el Páramo, una de las comisiones, se fue a investigar en ruta a Los Pozos, Las Cruces, Las Moras Piñas,   Mal Paso, San Rafaelito, Las Piedras Blancas,   La Mesa Alta,   Cerros San Antonio, San Felipe; y la otra, se dirigió hacía La Mesa del Alizo, Xicoque, La Loma Colorada, Los Alicitos, La Lagunita. El otro Lado, La  Popa, El Curubo, El Picacho, La Aguada, El Arbolito, La Boca del Monte, Loma Larga y La Perdía, casi llegando a lindes con Montecarmelo, que eran los caseríos que  existían y llegaron hasta donde pudieron entrevistar a los habitantes, y confirmaron lo del espantoso ruido, sin embargo, no determinaron qué fue lo que lo produjo. 

El testimonio del Guayanés, nos descubre el desenlace, asi: <<Por la tarde bajaron las comisiones de la PTJ, cansadas, muertas de hambre y más calientes que plancha de chino, porque no encontraron a los marcianos. Solo se informaron de una explosión en la montaña, por la noche. Al día siguiente abrimos nuestro negocio con un poco de temor no nos fueran a hacer presos por inventar cosas inciertas>> (Ídem), subieron y bajaron a caballo, investigaron lo de la explosión, y en síntesis, podemos decir de esa jornada  -emulando a don Luis González, el Cronista de Valera-,  que se trajeron el Páramo en las nalgas.

         Como colofón de este relato, el Guayanés escribió lo siguiente: <<Como a los dos días el rumor sobre los marcianos pasó; una mañana llegó a mi negocio el policía que estaba el día que inventamos la llegada de los marcianos a La Puerta. Con voz fuerte dijo: -No se ha podido saber quién fue el que llamó para la DISIP y Radio Valera, si se descubre quién fue, irá preso por embustero y agitador; yo me río y le pregunto: ¿qué ha sabido del carro que usted creyó cayó en el Páramo de los Torres?  El agente me contestó: - No se ría amigo porque yo creí que era el carro de los tres nautas que cayó en el Páramo>> (Ídem). Así concluyó, la burlona charada, que se convirtió en un suceso policial, con momentos de curiosidad, espera, expectación y hasta miedo,  en la comunidad trujillana.

La enseñanza de este episodio, es aquella que dicta que  más valor tiene la vida, cuando se disfruta con alegría y buen humor. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta. 

La Puerta, febrero 2024.

omanrique761@gmail.com  


domingo, 26 de marzo de 2023

Cuando La Puerta era rockolera.

 

Cuando La Puerta era rockolera.

Por: Oswaldo Manrique (*).

 


El capitalismo, acostumbró a nuestros pueblos y pueblas a surtirlos de cuanto invento se le ocurriera vender. Los comerciantes sirven de locuaces agentes en esa práctica. A comienzos de la década de los 50 del siglo que se fue, se produjo el boom de la “música de rocola”; a las pulperías, bodegas o negocios mercantiles de La Puerta, llegaron las famosas rockolas, que se consideraron escandalosas y para otros, la fórmula de masificar la música para los que no tenían tocadiscos, gramófonos, ni receptores de radio, en este medio rural. Allí, metiendo una moneda, podían escuchar los corridos, ranchera, mejicana, porro, tango, balada, bolero, joropo y cualquier expresión de música popular que estuviera de moda, lo que motivaba al escucha a seguir consumiendo en el local. Eran unas maquinas bastante populares,  permitiendo que el melómano escogiera de una lista de canciones, la que más le gustara. Se estima históricamente que en 1910, mejoraron y modernizaron el sistema del cilindro con que se iniciaron las primeras rockolas, y fue sustituido por un mecanismo que reproduce el grupo ordenado de  discos de 45 rpm, mediante la introducción de monedas y haciendo su selección personal.  

Fuimos testigos cuando estos gordos aparatos, se convertían en sentimentales acompañantes de aquel campesino enamorado y presa de alguna desilusión amorosa o guayabo o cuando sospechaba le comenzaban a comer los cambures por las esquinas, la solidaria, robusta y tarifada maquina iba soltando canciones de esas que animan a cortarse las venas, las que llegan hasta la cédula misma. Era una forma de desterrar la tristeza, pero también de alegrar la vida por unas horas, tras una semana de dura explotación humana  en las haciendas y el trapiche.

La rockola impactó el mundo de la diversión y el entretenimiento de los habitantes de La Puerta. En mucho sitios se instalaron estas maquinas musicales. Las más visitadas en su época de apogeo, fueron las del Centro Familiar El Valle, de la señora Elda Torres, local frente a la plaza Bolívar, atendido por su hijo Kike Matheus; el Centro Social Tropical, en la calle Bolívar, del señor Gil Combita; la Terraza Zulia, esquina Bolívar con calle 2,   del señor Benito Sánchez y su esposa la señora Domitila, que fue un sitio muy popular donde en su barra, podían montarse desde un buen sancocho, hasta una guataca con guitarra,  cantantes espontáneos y profesionales, o un canto de  décimas,   bailes, videos musicales,  jugar dominó o barajas, y se podían comer las burreadas arepas con todo y tomarse unos extraordinarios ponches y merengadas.  Era este lugar popular,  donde se juntaban los mas disimiles personajes,  alcanzando su mayor esplendor  en las tres últimas décadas  del siglo XX. En estos establecimientos se podía además de comer, beber y escuchar la música, bailar en el local, muy cerca de la rocola. Fueron muchas las parejas de enamorados y matrimonios que generaron estos lugares.

Hubo rockola en el negocio y gallera del señor Jacinto Peñaloza, a media cuadra de la plaza; y otras, no menos animadas como las de Augusto Carrasquero, local y gallera, ubicada en la calle Bolívar, a una cuadra de la Iglesia, donde tenían buenas rancheras y variadas criollas y extranjeras; debemos anotar las de Rodulfo Combita, con rancheras, boleros, guarachas y baladas; también las del señor  Antonio Rivas y la señora Marta Combita, entrando por la Calle 3, hoy cerca del hotel Cordillera; igualmente hubo música de moneda en el negocio de Escolástico Combita, ubicado en la calle Páez,  a media cuadra de la Prefectura. En el Restaurant  Pastelito de Oro, en La Hoyada, también hubo rockola. En La Flecha, se disfrutaba de la rockola en el restauran San Miguel, de Ramón Volcán; y en el negocio de Pablo Volcán; y en el sector la “Y”, la del señor Enrique Aldana. 

La gran cantidad de rocolas, nos da cuenta de un pueblo rural andino trabajador, que también fue adicto a la música y a los temas populares de aquel momento. Esa diversidad musical en la que no podían faltar las piezas musicales de Billos, entre los años 60 y 70,  los Máster (Maracaibo); Súper Combo Los Tropicales; Tormento, Los Blanco; posteriormente, se escucharía a los Terrícolas, Ángeles Negros, el grupo Miramar, época alegre y de alta musicalidad popular.

Aunque fue manufactura norteamericana, formó parte de la cotidianidad de nuestros abuelos, de esos aparatos, brotaban canciones como El Aventurero,  la Cama de Piedra, Sonaron cuatro balazos,  Cucurrucucu Paloma, Amanecí en tus brazos o la infaltable de José Alfredo, El Rey, y los famosos corridos mexicanos, entre ellos, Camino de Guanajuato. La mayoría las distribuía una empresa de Maracaibo, era de marca Segburg-Wurlitzert, la más vendida fue la Modelo Spectra Con 80 Discos y la Rockola Marca Ami modelo G-120, también Rowe y las de marca Rockola de donde se tomó el nombre para llamar asi genéricamente a estos aparatos. Algunos dueños de estos negocios o hijos aun la conservan como reliquias, como es el caso del vecino Oscar Volcán.

Época, que da cuenta de esta gente amable, propensa a la sensibilidad, que además de su reconocida espiritualidad, expresa estados de ánimo de cotidiana alegría, frente al agotador y arduo trabajo, que a la postre, son parte de nuestra historia musical y cultural. 


(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, marzo 2023. 

omanrique761@gmail.com   

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