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sábado, 28 de septiembre de 2024

El simbolismo icónico de una fotografía de La Puerta.

Por Oswaldo Manrique (*)

Para los cronistas e historiadores, encontrar una fotografía relacionada con la investigación que realiza, es obtener un testimonio grafico revelador del instante,  hecho o personaje que es captado; eso permite detallar y escudriñar en ella distintos elementos y circunstancias, que se derivan de su lectura y observación, que ayudan evidentemente a contextualizar y caracterizar. Aquí me voy a referir, a una grafica de esas, que por estos días cumple 75 años de haber sido tomada, y que ha rodado agradablemente por el mundo.  

La icónica entrada a la población de La Puerta, en 1949.


Esta fotografía, descriptiva de la entrada precisamente en el sector La Hoyada, de la hoy avenida Bolívar, donde comienza toda la ruta urbana de La Puerta, ha ilustrado un momento histórico interesante del aislado pueblo rural, en sus inicios por el sendero del turismo y del proceso de conformación como “destino” turístico.  

Nuestro colaborador Alfonso Briceño, quien nos ayudó con datos para las crónicas de Pancho Delgado y la rebelión de los Chopos, asi como, de  José de las Mercedes y su tiempo, nos envió como recordatorio esta vieja fotografía, acompañada con esta nota: <<Por allá,  en el año de 1.949, fue tomada esta foto por algunos turistas alemanes en su paso hacia Mérida, los cuales se encontraban hospedados en el recién inaugurado Hotel Guadalupe; era la Calle Real o Calle Bolívar, hoy en día Avenida Bolívar sector La Hoyada>> (Datos tomados de mensaje wasap enviado por Alfonso Briceño. 08-12-2023). La fotografía vista en forma general, en efecto, capta la Calle Real, en sentido Norte-Sur, desde la Calle 1, hasta el templo San Pablo Apóstol. Se puede apreciar fácilmente que la calle era de tierra y había sido patroleada recientemente. 

Haciendo un ejercicio de contexto de esta imagen fotográfica de 1949, tiempo confuso, en el que se ingresaba a un nuevo período dictatorial en Venezuela, en La Puerta, pocos años antes habían construido carretera y puesto en funcionamiento el Hotel Guadalupe, decano de la hotelería occidental; asimismo, tenían construida la Plaza Bolívar y hasta contaba con su busto monumento en honor al Libertador, donado por el presidente Isaías Medina Angarita, es decir, avanzaba hacia su consideración como pueblo atractivo, acogedor y turístico.

Sin dudas, la hermosa fotografía, fue tomada por la turista como elemento de recuerdo personal, no se iba imaginar que recorrería el mundo y pasaría a través de estos años por elementos tecnológicos y digitales de coloración y mejoramiento, que le daría un cariz estético moderno.

El icónico patrimonio inmobiliario.

En la primera cuadra del lado derecho, según Alfonso Briceño,  <<estaba la Bodega de un Señor conocido como “Lolo”, ahí se ve a mi tío Esteban en la puerta de entrada, diciéndole unas palabras al “Maneto Polo”>> (Briceño).

El mismo Briceño, sobrino de uno de los personajes de esta fotografía (Esteban Briceño), nos guía en relación a las casas, negocios e inmuebles, señalando: <<Se puede también observar que en el  lado derecho se encuentra uno de los primeros hoteles en la comarca, ese es el Hotel Europa, cuyos dueños eran inmigrantes después de la 2da. Guerra Mundial, el Sr. Miguel era mecánico y su esposa Sofía encargada del hotel y tenían una o dos hijas, por lo que recuerdo una se llama o se llamaba Valentina>>, se dice que eran oriundos de Alemania u otro país europeo. Obsérvese en la esquina de la cuadra siguiente, casa que tiene techo de zinc, paredes de tapias, 6 puertas de madera en su frente con avenida Bolívar, y por el lado de la calle 2, tiene 2 puertas y 4 ventanas de madera, actualmente está deteriorado, pero aún en pie. La mayoría de las casas de la época eran de techo de fajina, muy pocas tenían teja.  

 El Restaurant del Hotel Europa (luego Pensión Momboy), gozaba de la particularidad que  los turistas extranjeros que se alojaban en el Hotel Guadalupe, cuando llegaban al pueblo, buscaban este lugar para comer, por sus finos y elaborados platos propios de la gastronomía europea. La clientela que le iba comentaba que, <<una de las mejores Torta Negra del país se comía en este sitio. Luego, los propietarios, construyeron otro hotel frente al Trapiche, en la vía Mendoza-Valera, aun se puede observar la vieja casona, y tiempo después, edificaron el   Motel Europa (conocido como las Rusas), en el sector El Cucharito. Al parecer, la novela del extinto escritor trujillano Alizo, Nunca más Lily Martin, está basada en estas personas, sobre la conexión del nazi Walter Hadamowsky, confinado desde 1942, en la Mesa de Esnujaque>> (Ver nuestro artículo: Restaurantes y Hoteles de La Puerta. En el portal: lapuertaysuhistoria.blogspot.com). Aquí trabajaron Jesús Pacheco y Golfredo Sánchez con quienes pude conversar de este tema.

Los Postes del telégrafo.

En el mismo sentido, Alfonso Briceño, comenta que: <<también se aprecia un poste de madera (roble) que era el tendido de Telégrafos de Venezuela, en ese tiempo se usaba el sistema Morse; la madera muy resistente a la humedad y difícil de atornillar o clavarse, a ese tipo de madera le llaman “Quiebra-Hacha” y/o tal vez el famoso árbol llamado Guayacán, eran pocos los postes que habían y sólo por calle real>>, pudo asimismo ser de “tirindí”.

La ruralidad andina, está impresa en la fotografía, <<siguiendo el mismo lado derecho y al fondo se observan los cultivos de hortalizas y cañaverales, los sectores La Maraquita - San Isidro  totalmente despoblados>> (Nota citada), características de este valle.  

En la acera izquierda, se observan cuatro puntos interesantes:

La Casa de Silvio Quintero, frente a la Bodega de “Lolo”, que es donde se ve a este señor saludando o presenciando las palabras que se dicen Esteban y el “Maneto Polo”; se nota el desnivel entre el ancho de la acera y la calle.

Frente al Hotel Europa, la Casa de Benito Sánchez, que tenía su negocio familiar de comidas criollas.  

Un poco más adelante, donde se observa a dos o tres personas paradas en la acera, una casa de las más antiguas del pueblo, era La Tienda de Tolentino Pacheco, y una de las más surtidas y frecuentadas. Cada mañana, los vecinos veían abrir las puertas de la conocida  tienda de Tolentino, por su mismo propietario, porque también allí estaba su casa de familia y era reconocido como buen vecino.  

Al final, la foto nos permite ver la Torre de la Iglesia, que  <<era de forma cónica en comparación con la de hoy en día>> (Briceño). La torre de la iglesia, ha sido el símbolo eterno de La Puerta, a pesar del caprichoso diseño arquitectónico, en la remodelación de 1964; desde principios del siglo pasado, los poetas e historiadores,  la llaman: <<la torre alba de la iglesia>> (Abreu, 32), en aquel tiempo tenía las campanas centenarias, que se llevaron hace pocos años, sin permiso de la comunidad.

De los icónicos y  populares personajes.

José Esteban Briceño.  Con mucha claridad y por haberla comentado con su padre José de las Mercedes Briceño, nos narra lo siguiente: <<bien, mi tío Esteban en la puerta de entrada, bodega de un Sr. conocido como Lolo, en despedida del Maneto Polo>> (Briceño), su tío Esteban, vivía a dos casas de por medio de la bodega, por eso la frecuentaba.

El “Maneto Polo”. En la parte derecha aparecen 2 personajes muy conocidos en el pueblo: Esteban Briceño, tío de Alfonso, este, nos indica que <<del Maneto Polo de este personaje no tengo referencias>> (Briceño); sin embargo, el recuerdo de nuestros mayores, es que el “Maneto Polo”, tenía un impedimento físico en una mano, a pesar de tener ese defecto, era muy trabajador y además, de temperamento alegre y tratable.

Silvio Quintero llegó a temperar y se quedó.

En la acera de enfrente, lado izquierdo, aparece en una ventana, el señor  Silvio Quintero, quien llegó para la época con su familia al pueblo a temperar, <<venían a temperar, no de vacaciones, y que por motivos de salud les recomendaban sitios por su buen clima, y se quedaron por el resto de sus vidas>> (Briceño), le pasó a mucha gente.

Agregó sobre Silvio Quintero, que, << él llegó al pueblo con su familia completa, recuerdo que eran 3 hembras y 2 varones, uno llamado Héctor y el otro conocido como el Maracucho o Monche, ellos vivieron casi toda su vida en el pueblo, incluso estudiaron en la escuela>> (Briceño).  Este personaje era oriundo del Zulia.

José María Rueda, el primer telegrafista.

Instalados los postes del telégrafo, a los primeros telegrafistas que llegaron a La Puerta, se les veía raro, como personas misteriosas y malucas, como espías y delatores, así ocurrió con el primero de ellos, José María Rueda, que después de amañarse en el pueblo, resultó ser poeta y tocaba mandolina (Abreu), indispensable para las reuniones y celebraciones populares. Según la historiografía local, Rueda, en la mañana, cuando le llevaban el desayuno a la oficina del telégrafo, y veía las arepas, decía:

- ¡Llegó el Sol de América!

Tolentino Pacheco, el tendero.

La casa que sirvió de local a la Tienda de Tolentino Pacheco (hoy está Empanadas La Hoyada), avenida Bolívar, entre calles 2 y 3, se observan, las 4 puertas y las ventanas y el zaguán, signo de comercio próspero en esa época. Estuvo funcionando alrededor de 50 años,  se caracterizaba por las cosas que vendía.  Llegó un tiempo en que expendía además de ropa y calzado para damas, hombres y niños, artículos de primera necesidad y calidad para las familias y otros que solo se conseguían en su local, como los  elaborados en madera por él mismo.  

El vecino o transeúnte podía encontrar ropa, telas, alfileres, hilos, botones, peines, maquinas y hojillas de afeitar, cuadernos, lápices, aspirinas,  chucherías, caramelos, carnes de res y cochino frescas; huevos, mortadela y los quesos que llegaban de la finca San Pedro, velas, ungüentos y  mentoles, creolina, aceites y remedios contra los piojos,   acemas, panelas y papelón,  kerosén,  cigarrillos y tabaco, chimó, tenia colonias y perfumes de afamadas marcas, como Old Spice, Pino Silvestre, Jean Marie Farina, lavanda Atkinson; shampoo de los que guindaban en el mostrador,  pan salado y dulces que llegaban de la panadería de Timotes, para poder acompañarlos con una Chicha A-1, o una Kola Dumbo o la cítrica  Green Spot;  agregó también el expendio de toda clase de granos criollos y las correspondientes bolsitas de aliños. Se encontraba todo lo básico que necesitaban las señoras para mantener la cotidianidad de sus familias.

Tolentino era nativo de Mendoza 1903 y murió en 1987; lo sucedió en el negocio su hija Carmen Pacheco. 

Don Benito Sánchez, alquimista con el díctamo real.

José Benito Sánchez Matheus, nativo de Escuque, Estado Trujillo. Nació el 22 de marzo de 1931. Tuvo su negocio de restaurant de comida criolla, al frente del Hotel Europa. Su hijo Wilfredo Sánchez, nos reveló de su papá que, <<Contando ya, con 44 años de edad, con mucho trabajo realizado y siendo muy amigo, del señor Miguel  y doña Sofía, los dueños del Hotel Europa, en 1975, decidió irse con ellos a conocer el viejo continente, quería llegar a Alemania. Pagó los impuestos, sacó su pasaporte, inició el trámite de la visa; el día 23 de junio de 1975, se levantó de madrugada y se fue al Hospital de Valera, donde se vacunó con la antivariólica, había decidió viajar a Europa, había preparado todo, cuando de pronto, cambió de parecer y no comentó nada, ni se supo reservado como era él, de las razones por las que desistía del viaje.  Así, de reservado fue>> (Manrique, Oswaldo. Don Benito Sánchez y la alquimia con el díctamo real.  En el portal: lapuertaysuhistoria.blogspot.com 2019).

Sin duda en la historia del foto-turismo, este es un bello ejemplar de la fotografía que hace perdurar un pedazo de nuestra antigua realidad rural andina. La era digital y los cambios tecnológicos, quizás nos deparen nuevas satisfacciones con esta icónica imagen.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.



sábado, 16 de marzo de 2024

"Pepe" Lozito, un siciliano en La Puerta.

“Pepe” Lozito, un siciliano en La Puerta.

Oswaldo Manrique (*).


Durante el siglo XIX, Trujillo se vio favorecido por una significativa inmigración italiana que se involucró sostenidamente en los distintos pueblos de la región. En La Puerta, registra Bennet, en 1920 la existencia de un importante comerciante de apellido Ismael Maggioranni, asi como, un hacendado de nombre Américo Burelli García. Subido el siglo XX, llegaron a nuestra comarca, varios nativos de la bota europea, que reanimaron el caudal inmigratorio. 


Hablar de Sicilia, la ciudad  italiana,  es imaginar alguna sinonimia de clanes, grupos y sectas oscuras, unidas por pactos de sangre y juramentos secretos, que pasaron a dominar y presionar desde la clandestinidad y con violencia la vida de la sociedad y los tentáculos del poder, es lo que deja cierta literatura y la cinematografía hollywoodense, con el tema de la mafia.

El escritor Gaetano Savatteri, en su obra de crónicas Los Sicilianos, señala que siendo un pueblo de aluvión cultural, invadido y conquistado cien veces por igual número de culturas diferentes que han dejado sus raíces, es equilibrado.  En apretado resumen, Savatteri describe las características generales de la personalidad del oriundo de Sicilia, así: <<Sicilia es la tierra del absoluto y las contradicciones, del blanco y el negro, de la luz y el luto. El siciliano sabe conciliar los opuestos y convivir con ellos>>, es decir, sabe equilibrar lo que tiene de europeo, refinado y avanzado, con lo que tiene de africano, rebelde e imprevisible; alguno pudiera pensar, son dialecticos.  Mucho de eso, encarnó e identificó a nuestro personaje: el señor  Giuseppe Lozito Tanassi, el popular “Pepe” Lozito, quien se armonizó con familia de este pueblo andino.

Era oriundo de Sicilia,  Isla de Italia, donde nació el 9 de febrero de 1935, muy joven llegó a Caracas, como albañil, donde trabajó un buen tiempo. Se casó con la señora Francisca Franco, con  quien procreó sus hijas, Coromoto, Paula, Ana María y Jackeline, todas profesionales universitarias, con lo que hizo su aporte de sangre italiana, que robustece de alguna forma las raíces de la latinidad de nuestra comarca. Pepe tuvo un hermano de nombre Salvador,  que era ciclista, murió en un accidente.  

En 1964 se vino a La Puerta, tenía 29 años de edad y uno de sus primeros trabajos fue la construcción del local de la esquina de la Avenida Bolívar con Calle 7, en lo que fue uno de los más importantes centros familiares con pista de baile,  y con una bodega en la parte alta,  propiedad de doña Elda Torres,  luego de los Matheus. Hubo otros inmigrantes italianos, que vivieron en esta Parroquia, como el emprendedor  Batista Bianchi; el arquitecto Fernando Lombarda; el señor Pasini, que se ubicó cerca de El Molino y tenía un taller mecánico, y Franco Bellandy, quien era vendedor de productos cosméticos y de limpieza, distribuyendo a los grandes almacenes y casas mercantiles del Estado, quien vivió en una quinta frente a la casa del Dr. Anzola, cerca de la calle 9 con avenida Páez; fueron gente de mucho esfuerzo y trabajo.

Un centro de entretenimiento como ese, no había.

En su patrimonio personal, Pepe, levantó la edificación que está en la esquina Calle 3 con avenida Bolívar de La Puerta, donde montó el primer cine formal, con funciones diarias toda la semana, del género mexicano. Se recuerda, a los que cargaban la sui generis “marquesina”, un aviso de cartón por todas las calles del pueblo, que  ponían encima de sus hombros: Amadeo Rondón y el gato Argimiro Ramírez. 

“Pepe” Lozito, según nuestro vecino Ramón “Moncho” Carrillo, fue un hombre que procuró traer cosas nuevas a esta Parroquia, sin embargo, su ocupación fundamental fue la construcción, <<fue mi jefe, y trabajé en la discoteca “La Araña”, cuando se iba yo me encargaba de la discoteca, él, se la pasaba por fuera, mas en Puerto Cabello, donde ejecutaba  obras y proyectos de construcción, le gustaba mucho la construcción>> (Conversación con Ramón Carrillo, La Puerta, 13 marzo 2024);  sin dudar un instante, “Moncho” afirmó que un centro de entretenimiento como ese, espacio, mobiliario, espectáculos, concursos,  música en vivo y con la clientela turística que tenia, no había, ni aquí en La Puerta, quizás tampoco en el Occidente del país.  Era melómano, cuando llegaba en la noche de trabajar en Valera,  pedía al disc jockey le pusiera la música de Billos, aquellos mosaicos de moda, asi como las canciones del Festival de San Remo. 

Luego, tuvo un pequeño restaurant en este mismo local. Al principio, el negocio de Pepe era un billar, una sola mesa, y una pequeña barra donde vendía parrilla y cerveza,  posteriormente, en 1967 abre  la  famosa   Discoteca del Estado Trujillo,  “La Araña”, que revolucionó el  campo del entretenimiento en el occidente del país.  Con el éxito obtenido con esta discoteca, que presentaba los mejores artistas y cantantes, fundó en Valera la Discoteca “La Cueva”, año 1974, a donde se llevó a trabajar a personas de La Puerta, como Benito Suarez, el popular “Guache”, a Ricardo Lobo y a Alfonso Araujo, ex Prefecto; en la inauguración de este centro nocturno, recuerda el Dr. Jorge Méndez, que Pepe, no escatimó gastos y contrató al denominado sonero del mundo Oscar D’ León.  


La  “Terraza Zulia” y su entretenimiento: el ajiley.

Si algo le gustaba a Pepe, era ir a la “Terraza Zulia”, a pocos metros de su casa,  a jugar baraja y a compartir con la gente del pueblo. Ahí estaba hasta horas de la madrugada. Sentarse a la mesa, a jugar la versión criolla del póker, era su gran distracción. La partida podía estar animada con unos tragos, para otros los cigarrillos importados de la época: Philips Morris, Viceroy, Camel y el Marlboro. Las voces de los jugadores se hacían cada vez, más duras, cuando tocaba el envite. Se llama  “Ajiley”, ese juego, que los embrujaba y los animaba a cazar apuestas. A cada jugador le tocaba su grupo de cartas, que no son las del juego inglés, sino la baraja española, que hace el juego de menor complejidad y entendible para todos.

Las primeras 2 cartas del jugador, son para empezar a “ajilar”, aquí se topan y se ven a las caras, y se da la primera ronda de envite; viene el reparto de las 3 que faltan, a cada jugador. Se botan las que no ligan y se le reparten sustituyendo las que botaron, y el que consiga más puntos, es el que sonríe internamente, porque es el ganador; muy fácil lo explicaba el siciliano de La Puerta.

 “Pepe” siempre decía, que su amigo Benito Sánchez, el dueño de este establecimiento, se había hecho rico a costillas de él, porque jugando ajiley le ganaba a todos, y resulta que Benito no le tenía miedo a apostar fuerte y los jugadores se le corrían, aunque se comentaba que tenía su propia magia particular;  allí pasaban 2 y 3 días jugando. También se incorporaba, Franco Bellandy, que era aficionado a jugar baraja, otras veces se dirigían a jugar en el Hotel Aurora, Motel Valera o en el Hotel Imperial, donde se daban las grandes partidas de ajiley y póker, de la ciudad de Valera.

Cuando le regalaron la gallina verde.

Una de las anécdotas que contaba Benito Sánchez, acerca de “Pepe”, era que, en una oportunidad recién llegado,  Benito sacó una jaula con unos loros de los que él tenía, para cambiarlos de sitio y “Pepe” cuando los vio le dijo “esa gallina verde si es dura”, al parecer, Pepe, en sus primeros tiempos en Venezuela, no sabía diferenciar  las aves y se había preparado y comido un loro que le habían obsequiado.  Así, estarían las cosas, verdes.  Posterior al regalo de los loros,  en otra oportunidad un vecino le regaló una bolsa de aguacates, y pensó que eran hortalizas y las puso a  cocinar, al rato apagó la cocina, obteniendo un atol de aguacates y así, contorneado con pan, se los comió. Los cuentos de Don Benito.

Don Elio Carrasquero, le alegró la vida.  

De anécdotas, debemos incluir la siguiente: En una oportunidad, el perro de Pepe, lo había atacado y  estaba fulminado por un empujón de garrapatas, le echó varios remedios que le recomendaron y no tuvo mejoría, se estaba muriendo. Estando caminando cerca de la plaza, se encontró con don Elio Carrasquero, y le comentó lo del animal. Don Elio, viendo la preocupación de Pepe por su mascota, le dijo en forma patriarcal “vaya a su casa, Pepe” y le repitió “vaya a su casa, Pepe”; cuando Pepe llegó a su casa, al perro se le salieron todas las garrapatas que tenia. Estas cosas no se creen, pero las cuentan, como ocurridas.

Cuenta nuestro vecino y ambientalista Esteban Quintero, que en una oportunidad Pepe, va bajando a Valera en su camioneta con un grupo de amigos, iba muy alegre. Vio de lejos, que en el medio de la carretera, hay un cajón de madera atravesado. Le dijo a quien le acompañaba en la cabina: - Vas a ver que la voy a moler y no va a quedar  ¡nada! Cuando embiste el cajón, se sintió un ruido raro y la camioneta quedó con una rueda en el aire. Resulta que el cajón, lo había puesto la comunidad,  como señal de advertencia, sobre una gran piedra que cayó del cerro.  

Giuseppe Lozito Tanassi, el popular “Pepe” Lozito. 

Tuvo la confianza de la colectividad, y fue Presidente de las Fiestas populares y religiosas de enero, que destacaron por la programación de actividades, entre otras: bailes y espectáculos de calle, carreras de carros gocar, desfiles de vehículos, maratones de bailes, cabalgatas, corridas de toros, campeonatos gallísticos.

Hombre cordial, sencillo y servicial, se fue hace algunos años, a Italia, y se regresó a Trujillo, a seguir soñando para seguir haciendo algo mas por La Puerta, sin embargo, el siciliano de La Puerta,  falleció el 5 de marzo de 2024,  por lo que desde aquí nuestro reconocimiento como uno de los forjadores contemporáneos de nuestra Parroquia. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

 La Puerta, marzo 2024.

Omanrique761@gmail.com


miércoles, 1 de diciembre de 2021

Arepa e’ techo.

 

Arepa e’ techo.  Personaje popular.



Oswaldo Manrique Ramírez.


Existen personajes populares realmente interesantes, no por inmensas y encumbradas obras de caridad, sino porque son vidas que deleitan y hacen la cotidianidad de la población mucho más llevadera y agradable, y eso, tiene un valor inmensurable.  Algunos son seres solitarios, sin malicia, tratarlos es casi como interpretar su silencio. Al elaborar este articulo nos proponemos eso, escudriñar un poco en esta historia de muy pocas palabras.

Hace muchos años, a mediados del siglo pasado, cuando aun, no había llegado la invasión del concreto armado y el realengo cemento por estos trillos, vivía en La Puerta, uno de estos seres solitarios y especiales, integrante de una humilde familia que vivía en una pequeña casa, cerca de lo que se conoció antiguamente como El Matadero, hoy Calle 2 de La Puerta.  

Ramón Salas "Arepa e' techo", caminando hacia la plaza Bolívar de La Puerta, siempre con su alegre y permanente sonrisa. Cortesia de Felipe Rondon. 

Sus facciones y rasgos físicos eran los de un nativo Timote, su pelo negro, chorreado, contrastaba armónicamente con su piel trigueña indo ambiental. Estatura mediana, de sana corpulencia, sonrisa franca, en la fotografía que aquí compartimos, se puede observar el personaje que debemos comentar con pocas palabras. Esa imagen quizás de los años 70, es bastante elocuente y con evidentes detalles. Es algo, que hace fascinante esta historia que aquí tratamos, que sintetizo en la sonrisa generosa y sincera que atrae. 

Procuraba vestir, con su paltó del mismo color del pantalón. Camisa oscura, calzaba alpargatas también oscuras y sus calcetines.  Su nombre Pablo Salas, le decían popularmente “Arepa e’ techo”. De niño era introvertido, poco conversador, a veces confundía palabras, las utilizaba intentando decir otra cosa, porque le sonaban parecidas.

No pudo adelantar en la escuela, sufría de fuertes dolores de cabeza y no podía anotar las tareas que la maestra ponía en el pizarrón, mucho menos hacerlas, ni en el salón de clase ni en su casa donde todos trabajaban. Pudo haber tenido dislexia, como dificultad para leer, ver o hacerse entender, pero algo aseguraba que su inteligencia era normal, su buen trato a las personas. El asunto es que esa dificultad no se puede detectar a temprana edad, sino con la adultez.

Los curiosos, ociosos y los infaltables  “jetones”, al hacer su particular  diagnostico decían que padecía  de ese extraño mal llamado “tontera”.  El ambiente rural de La Puerta, reforzaba las condiciones humildes de su familia, como para dificultar la atención médica. Una hilera de pequeñas habitaciones de barro, donde vivía con sus padres y sus hermanos, en el final de la Calle 2, cerca del río Bomboy, conocida antiguamente como El Matadero, de La Puerta, Estado Trujillo, en Venezuela; desde la entrada de dos puertas de madera pintada en color vino tinto, orificio de tapiales, se observaba el amplio solar sembrado de hortalizas, matas y rubros de cosecha rápida, para el consumo de la familia, también  gallinas, algún cerdo,  donde pasaba la mayor parte de su infancia, al parecer su lugar preferido para jugar, junto a unos  árboles frutales. Ese fue su mundo infantil.   

El original apodo, le venía porque en las mañanas, cuando las madres estaban elaborando sus desayunos, y salían por los techos el convocante olor de los fogones mezclados con los aromas,  se presentaba y tocaba en las casas de familia, con su pocillo para que le echaran café, y además como hablaba con cierta dificultad,  hacia muecas mirando hacia arriba, se le escuchaba: -¡aepa y echo! intentando decir que le dieran arepa con queso.  Con esta expresión, se ganó el citado sobrenombre. Un día tocaba en la casa de los Rondones, otro, se metía donde los Combita en la Calle Páez, o en la siguiente de los Abreu, y de esa forma, calculando las distintas casas y posibilidades,  llenaba su estomago en las mañanas.

Cargando con su dificultad para contestar de inmediato, o localizar la palabra idónea para responder lo que le preguntaban, algunas veces, trabajaba en las haciendas, otras hacia mandados o cargaba una marusa con algunas ramas que le daban para vender, pero gozaba de algo característico, siempre andaba sonriendo. Esto, le daba un enorme sentido a su vida.   Se ponía muy molesto, cuando los muchachos le gritaban Arepa e’ techo, los perseguía y los “jartaba”, cuando no les lanzaba piedras.

Los seres como Pablo Salas, son tan impredecibles como geniales.  Una mañana, llegando a la Plaza Bolívar, dejó en la Prefectura un saco que cargaba y se fue a la estatua del Libertador, le hizo parada y saludo militar y se retiró. Esto, dejó sorprendidos a los funcionarios de policía. Regresó a buscar su saco y siguió hacia el final de la avenida Páez. Era parte de las ocurrencias que siempre le acompañaban. Su familia, que conocía que era una persona tranquila y sana, le permitía salir a la calle desde pequeño. En las fiestas del pueblo, en enero, o en mayo, o en diciembre, se divertía y las recordaba y comentaba en las semanas siguientes, carruseles, procesiones, corridas de toros, desfiles, como estampas inolvidables.

Plaza Bolívar de La Puerta, sitio donde Arepa e' techo, rendía respeto al Libertador. 

De adulto, tampoco se le trataron esos trastornos,  continuó con su mala pronunciación, inclusive, tenía problemas para aceptar los juegos y chanzas de los infaltables ociosos del pueblo que le gritaban “Arepa e techo”. Tenía dificultad para recordar. Baja autoestima, a pesar de su permanente sonrisa, ansiedad, retraimiento y  discusiones hacia sus amigos y familiares. A pesar que tenía sus dificultades para hablar, siempre lograba hacerse entender por sus interlocutores.

El papá de Ramón, Pablo Salas, hombre muy trabajador, mantuvo negocios con el señor Tolentino Pacheco, el tendero de la avenida Bolívar, también  trabajó un tiempo en la hacienda de Felipe Viera, luego, ya anciano, seguía sembrando productivamente su lote de terreno ubicado en la Calle 2, cercano a lo que antiguamente llamaban “El Matadero”, adyacente al río Bomboy. Su hijo Guillermo, se fue a vivir en San Rafael, y Reyes, se fue a La Mesa de Esnujaque. Al morir el señor Salas, Ramón quedó solo.  

Como no era tan feo, piel morena, pelo liso, negro brillante y tenía sus atributos personales, tuvo la suerte en una oportunidad que estaba observando a los clientes en la Terraza Zulia, del señor Benito Sánchez, en el populoso sector de La Hoyada,  conocer una dama zuliana, que entabló amistad con él, y se enamoraron, lo que sorprendió a los averiguadores, quienes inmediatamente comenzaron a hacer conjeturas ociosas sobre sus dimensiones varoniles, contrastandolas con las tradicionales de otros paisanos. De esa forma, tuvieron tema para ir  abordando con elucubraciones, humor, medidas,  interrogantes y distintos puntos de vista la suerte de Arepa e’ techo.

Ramón Salas "Arepa e' techo"

Su idilio, dio para que varios en el pueblo hablaran de él. Inclusive, generó cuentos y chistes, de cuando las monjas lo ayudaban con la comida y su aseo personal, allí le cortaban el pelo y lo vestían. Pero el comentario de otros paisanos que viajaron a Maracaibo, lo vieron en las calles pidiendo, y al parecer, la mujer aprovechaba el dinero que él recogía. Al tiempo, este personaje regresó y se lo llevó su hermano Reyes Salas, que vive en La Mesa de Esnujaque.

Cuando lo veían, le preguntaban cómo era la vida con ella, con su pareja  y lo que lograba decir en su media lengua, era  que lo bañaba mucho; y así, la dama visitante, eficiente observadora de lo que no observaban en el pueblo,  se lo llevó a vivir con ella a la ciudad de Maracaibo. Recuerda la oralidad parroquiana que, fueron momentos de expresiva felicidad para Pablo. Cuando la dama lo invitó a que se fuera con ella  a la capital zuliana, le reventó la emoción y la alegría, comentaban sus conocidos que nunca lo habían visto con tanta felicidad.

Al llegar a Maracaibo, fue cuando por primera vez, pudo apreciar un paisaje distinto, distintos urbanismos, otra gente, otro trato, otra dimensión de la vida; y por si fuera poco, en dicha ciudad, dinámica y calurosa, lo recibió una familia que lo acogió durante varios meses. Quizás su timidez, intranquilidad, huidizo, y su misma condición especial, lo hizo regresar a La Puerta, donde sus parientes, por no sentirse capaz de afrontar esa nueva realidad. Al tiempo, este personaje regresó y se lo llevó su hermano Reyes Salas, que vive en La Mesa de Esnujaque.

Ramón, volvió a La Puerta, habían dejado al cuido el solar que le había quedado en herencia de su padre, apenas le permitían dormir en un cuarto de la hilera que había, tuvo que afrontar la vida solo, las Monjas de Tarbes, de la Calle 9 de La Puerta, lo atendían y le daban comida. Recordó Alfonso Araujo, que hubo un tiempo en que nadie lo atendía, y anduvo deambulando por las calles, y siendo él Prefecto del Municipio, lo recogió y <<lo llevé al Ancianato de Betijoque, para que lo asearan y le dieran la comida, porque lo habían abandonado, eso fue en 1979, lo llevé junto con el señor Virgilio Araujo, que tendría unos 90 años, y también, a Magdalena Briceño “la enamorada”, a esta bonita mujer, la recuerdan los jóvenes ociosos de aquella época. A Magdalena la llevé a donde las monjas, y allá estuvo bastante tiempo, bien atendida>>; quizás, la dislexia o la dificultad para expresarse, no se la trató un médico especialista, y  se le confundía como un enfermo mental, que no lo era. Ramón Salas, jamás recuperó su herencia, hoy, en ese lote de terreno se encuentra levantada una edificación de inversiones multimillonarias; él, está vivo en un ancianato. 

Posiblemente la semblanza de este personaje, como otras que hemos venido publicando, nos lleve a reflexionar sobre si son raros, locos, soñadores, graciosos, ángeles, en fin, tratar de comprender la moraleja, y asimismo, las ironías que se desprenden de estas vidas.

La Puerta, noviembre 2021.

omanrique761@gmail.com 

miércoles, 14 de agosto de 2019

Don Benito Sánchez, un comerciante emprendedor. La alquimia con el díctamo real parameño.



Oswaldo Manrique R.

 Desde muchacho fue una persona inquieta,  poco a poco se fue desentendiendo de la vida campesina de Escuque en donde había nacido, y fijó temporalmente su vida en Valera. Realizó múltiples actividades para ganarse el sustento, desde hacer mandados hasta vender polos. Trabajando en una casa comercial ubicada cerca de la Plaza Bolívar, que expendía mercancía seca, víveres y comidas preparadas, fue aprendiendo a manejarse en el mundo de los negocios mercantiles. En sus momentos libres, observaba cómo se desarrollaba la vida comercial en el propio centro de Valera, casas mercantiles, bancos, hoteles, restaurantes, bares, bodegas, vendedores ambulantes, se preocupaba por aprender de todas esas experiencias.

Hay un dato curioso, en la vida del señor Benito, cuando nos referimos donde aprendió el comercio, resulta que fue, en los años 60 del siglo pasado, en un negocio de comidas, arepas, chicha, conocido como “Isorano”, cuyo propietario era un señor de apellido Matos, que es el padre de Cecilia  Beatriz Matos Molero, la  que al pasar del tiempo se convertiría en compañera sentimental y secretaria del dos veces Presidente de Venezuela,  Carlos Andrés Pérez; con quien procreó  dos hijas. Esta familia Matos, vivía en el final de la Calle 10 de la ciudad de Valera, en la parte de arriba del Cementerio Indígena. Según el testimonio del abogado Jorge Méndez,  cuyo padre fue muy amigo del señor Benito, éste mantenía amistad fluida con Cecilia Matos y se comunicaban, ella desde USA, cuando vivían CAP y ella en ese país, y él, desde La Puerta. Nació en Escuque el 6 de agosto de 1945. Era la octava de 15 hermanos, y vivió en Valera hasta los 11 años.

En 1956, la familia se trasladó a Caracas; como el señor Matos, era militante de AD,  esto, la ayudó a conseguir empleo como secretaria del jefe de la fracción parlamentaria de esa organización política, Dr.  Jaime Lusinchi y luego de Carlos Andrés Pérez, que siendo menor de edad, la enamoró, a pesar de que sentía por él, como todos los venezolanos de la época, miedo. Él pidió permiso a los padres de Cecilia, para poder visitarla. Los hermanos la criticaban por esa relación “ilegal y tumultuosa”, sin embargo, con integridad trujillana, su respuesta fue firme y reiterada  “yo escogí esto y esto es” (Blanco Muñoz, Agustín. El silencio de Cecilia Matos. 3 noviembre 2011. En: historiaactual.blogspot.com).  Murió en Bogotá en el 2011,  a los 66 años de edad; fue trasladada y enterrada en Miami, donde vivió por más de 10 años, con el ex presidente Pérez. 
El nombre completo de nuestro personaje, José Benito Sánchez Matheus, nativo de Escuque, Estado Trujillo. Nació el 22 de marzo de 1931. Don Benito, era un hombre de piel blanca rosácea,  cabello negro, de rostro ovalado, con ojos pardos.  Vivió con su familia en Avenida Bolívar, N° 11, La Puerta.
En su juventud, no perdía tiempo, se distraía en hobbies  que le reportaban  algún dinero, como el ajiley y el billar, se dice que lograba las 60 carambolas en un solo turno. Estas actividades le daban doble disfrute, entretenimiento y dinero, pero su mundo, era el comercio, deseaba tener su propio negocio, la vida de obrero o peón en aquella época era muy dura, pues apenas se ganaba para comer.




Benito Sánchez, prospero comerciante de La Puerta. Fotografía colaboración de Wilfredo Sánchez, hijo de este personaje. Cronografía N° 2831.

 En la ciudad de las 7 Colinas, conoció a una joven morena, que trabajaba en un salón de belleza, galán y enamorado, aquel hombre blanco de bigotes bien alineados, pulcro en el vestir, la conquistó y la convirtió en su compañera de vida y socia de sus emprendimientos. Su nombre María Domitila Briceño Vásquez. Con ella procreó 5 hijos,   Junior Benito, Norberto, Wilmer, Coromoto de Jesús, y Wilfredo. Ambos abandonaron el calor de Valera y se fueron a un clima más fresco, para trabajar y fomentar su familia: La Puerta, que proporcionaba un  ambiente de oportunidades para quienes sabían trabajar el campo de la gastronomía con algunas innovaciones. 


Se trazó en sus aspiraciones, montar un primer negocio en este pueblo  y alquiló una casa en la avenida Bolívar,  contigua a la Tienda de Tolentino Pacheco, en donde puso un pequeño negocio de comida y unas mesas de billares. Con el tiempo, veía que aquello limitaba sus aspiraciones, había muchas cosas por hacer, y con lo producido en ese tiempo, se atrevió y pudo comprar un espacio en la esquina de la Calle 2, donde fue construyendo una edificación en la que estableció una espaciosa fuente de soda en la planta baja, y la famosa Terraza Zulia, con pista bailable, se recuerda que este sitio tenia al lado de cada una de las mesas una especie de timbre para llamar a los meseros y pedir las bebidas. Al lado, el restaurant El Panal, donde se expendían las mejores comidas criollas de la zona, especialmente su sopa de arveja, por la que venía gente de Valera los fines de  semana a degustar ese o cualquier plato criollo andino.  Su esfuerzo y el de Domitila, fue obteniendo frutos, el negocio se fue convirtiendo en un sitio apreciado y reconocido en la región, por la calidad de sus comidas y la buena atención,  y paralelamente, también, en un centro de amigos y contertulios del pueblo y de Valera, que iban a comer, beber y algunos a jugar con él hasta las horas del día siguiente.
En vida de Benito Sánchez,  nunca se vio cerrado ese negocio, ni en el día ni en la noche, ni en semana normal ni en feriado o fines de semana, y en esos momentos, en que la clientela lo solicitaba, allí estaba él, o algún miembro de su familia, para atenderlo.  En la barra de la fuente de soda, la licorera marrón que estaba en la pared principal, exhibía toda clase licores y bebidas, y un cuadrito con un señor gordo bien vestido con traje negro, riéndose que decía yo vendí al contado, y al lado, otro señor, con un traje desgastado,   delgado, sudoroso, preocupado, agarrándose la cabeza, en medio de un poco de papeles y facturas por cobrar, de sus retrasados deudores, que negaba la cultura del fiado en ese negocio.  Benito constante, responsable y persistente en su actividad, se convirtió en uno de los más sólidos comerciantes del populoso sector La Hoyada de La Puerta.    
Los asientos eran aquellas butacas altas redondas,  con las que se podía dar vuelta en eje y donde hasta el más pequeño de estatura se veía grande en aquellos asientos aéreos. Benito era buen conversador, con buena apariencia personal, con mucha vitalidad y dinamismo, la gente lo buscaba para que los atendiera. Muchos comerciantes le envidiaban su locuacidad natural.  Tenía entre sus amigos, al señor Pedro Méndez, que trabajó muchos años en el Hotel Guadalupe, otro, era su vecino Batista Bianchi, dueño del Hotel Los Andes.  
Benito Sánchez, no se limitaba a estos negocios sedentarios, sino que invertía la ganancia obtenida en dar préstamos, una especie de banco cercano para los vecinos, ya que las entidades bancarias además de lo lejanas que estaban de La Puerta, era difícil obtener préstamos de ellas,  y así, fue creciendo su fortuna, adquiriendo varias propiedades en Valera y La Puerta.  




Panorámica de la Calle 2. A la izquierda, donde se lee Mojitos, es parte de la edificación construida por Benito Sánchez, donde estableció sus negocios principales. Cronografía N° 2848, propia de este  blog.


Según Wilfredo, su hijo menor,  a pesar de que tenia las posibilidades de comer platos muy elaborados en su restauran, era una persona de paladar sencillo, le gustaba principalmente el pescado seco, como se lo preparaba doña Domitila, y era consumidor cotidiano de las famosas y enormes cebadas y chichas  que se preparaban en su negocio.
Contando ya, con 44 años de edad, con mucho trabajo realizado y siendo muy amigo, del señor Miguel y doña Sofía, los dueños del Hotel Europa, en 1975, decidió irse con ellos a conocer el viejo continente, quería llegar a Alemania. Pagó los impuestos, sacó su pasaporte, inició el trámite de la visa; el día 23 de junio de 1975, se levantó de madrugada y se fue al hospital de Valera, donde se vacunó con la antivariólica, había decidió viajar a Europa, había preparado todo, cuando de pronto, cambio de parecer y no comentó nada, ni se supo reservado como era él, de las razones por las que desistía del viaje.  Así, de reservado fue.

Benito y la alquimia con el díctamo real.

Cuando tuvo un primer infarto, un día de los años 90, en su agitada vida, disminuyó por prescripción médica su rutina de los negocios y en esa fase sedentaria de recuperación de su salud, se dedico a otras cosas. No jugaba, veía muy poca televisión, nunca dejó de conversar con la gente, caminaba diariamente y seguía su dieta alimenticia y de medicamentos.
Una de las actividades, de don Benito, era su inclinación a la química con productos naturales, muy conocida era su bebida de díctamo real, que se consideraba el elixir  de la eterna juventud. Fueron varios los domingos, que tuve la deferencia por parte de este personaje en ser brindado con las copitas de díctamo. Recuerdo  que en una oportunidad, tenía un juicio civil en Trujillo, y estaba trabado, mi cliente un señor de apellido Torres –sin yo saberlo-, le obsequio al juez, una media botella de esta bebida. A la semana siguiente, cuando vimos al juez en el pasillo del tribunal, nos dijo: “ustedes si son mis amigos”.  A partir de ese momento comenzó a cambiar la actitud del juez hacia la causa de mi cliente; es decir, el  elixir, ayudó o algún secreto tenía. Cuando un día me tocó hablar con éste juez en su despacho para solicitar una providencia, al verme parece que le acordé, e inmediatamente abrió la gaveta de su escritorio y sacó la media, se sirvió en una tacita y bebió, mostrándome la botella, que ya se le estaba terminando.    
En mis diversas conversaciones con don Benito, me explicaba el proceso alquimista de elaboración de esta bebida, la selección de ingredientes, la especie de díctamo real pequeño especial y que él exigía fuese de determinada área del páramo de La Puerta.  Mientras me reponía la ronda en la copa, especificaba que la planta, secreto de sus preparados, no era la larga, labiada, sino la enana, de color amarillento,  una especie de hierba perenne, que solo se consigue en el riñón del páramo, que es la que efectivamente, contiene además de las propiedades contra el desgano y el envejecimiento, posee un agradable olor fragante, como el de las plantas rutáceas.     Que no debía confundirse con el díctamo grande, que es de uso medicinal, como vulneraria para curar llagas y heridas.  Como vendedor de laboratorio, hacía mucho hincapié en la selección, que solo utilizaba las enanas que él encargaba a la gente que vive en el páramo.
  Según sus investigaciones, la bebida por él preparada, dotaba de cualidades esotéricas, de alza sexual  y curativas; cuando brindaba hablaba las maravillas y bondades de su producto, por lo que creo que con su esfuerzo de alquimista pretendía lograr el secreto de la eterna juventud.  Benito Sánchez, murió el 9 de marzo de 2009.

Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*) Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terra...