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sábado, 31 de mayo de 2025

Tesoro lingüístico de La Puerta: Sus topónimos indígenas.

    Por Oswaldo Manrique


    Estas notas sobre vocablos indígenas puertenses, que aun se usan y están vigentes en su mayoría; son un aporte dirigido a la misión de reconstrucción  histórica, cultural y etnolingüística, que se debe realizar en todos los pueblos andinos.

    Sin aspiraciones de que se tome como un estudio de dialectología, lexicografía  o lingüística o etnolingüística, este conjunto de topónimos propios del colorido y fonetismo Timoto, usadas por nuestra comunidad, han formado parte de su patrimonio histórico y tesoro cultural, que se ha considerado pertinente ordenarlas y difundirlas, con sus respectivas definiciones o explicaciones. 


      La lengua o dialecto indígena Timoto.


    Los datos e informaciones tempranas que se poseen, títulos de encomiendas, dan cuenta que para el siglo XVI,  el área del valle del Bomboy, de la que comprende hoy la parroquia La Puerta, estuvo ocupada mayormente por grupos de lengua Timoto, de la familia lingüística Muku-Chibcha, en desplazamiento desde Tunja (hoy Colombia), hacia el lago de Coquivacoa, buscando salida al Mar Caribe. Se evidencia una marcada y definida posesión espacial de expresiones grupales y comunidades de dicha poderosa Nación indígena. En varios puntos de su territorio, esta signada por la topografía, hidrografía y por los contextos históricos que  le dieron impulso a la evolución de La Puerta, como pueblo.

    La lengua Timoto, prácticamente ha desaparecido. Para atrevernos a la elaboración de este sencillo artículo, además del conocimiento geográfico de nuestra Parroquia, y los documentos añejos, de encomiendas, títulos de propiedad, libros de la Parroquia eclesiástica archivados en la Diócesis de Trujillo, y el escaso material historiográfico con que se cuenta, tomamos en consideración algunas pautas importantes, adelantadas por la profesora Jacqueline Clarac. Los cronistas, conquistadores, alcaldes, escribanos, notarios y demás integrantes de la “ciudad letrada” hispana, <<…como no hablaban las lenguas indígenas, interpretaban lo que querían y anotaban los nombres indígenas (sin saber si se trataba de caciques, de comunidades o de grupos más numerosos) con un descuido total>>; por eso, complementando con el criterio del doctor Fonseca en su trabajo sobre dialectología, los nombres indígenas siendo como eran onomatopéyicos, algunos símiles de sonidos de animales, ríos, y demás elementos de la naturaleza, cuando los indígenas les respondían, ellos anotaban como iban escuchando, indistintamente a como se lo hablaba uno y otro indígena; agregando que, como en nuestro caso, eran oriundos de distintos países de Europa, encontramos encomenderos portugueses, venecianos, vascos y españoles moriscos (Al-Andaluz), escribían los nombres a su manera y gramática. Por ejemplo, el vocablo Bomboy, lo escribieron de diferentes maneras: Vomvoy, Vonboy, Bomboi, Bombas, Bombay, pero mayormente Bomboy, como lo asientan los viejos documentos.  

    Otro aspecto interesante que hemos notado en nuestra Parroquia, lo ha denominado la citada profesora, como fenómeno de desplazamiento, que ratifica lo que han anotado viejos Cronistas de Indias, según el cual, se produjeron mudanzas de conglomerados indígenas y cambios de lugar, por intereses de los encomenderos, a lo que hay que agregar también, como causa, para dividir y neutralizar la carga de rebeldía de los aborígenes, lo que ayudó a mezclar la información original  (Clarac de Briceño, J. 1999. Los grupos étnicos andinos venezolanos en la visión de Julio C. Salas y la de investigadores contemporáneos. Boletín Antropológico 47: 35-28. Portal académico de la Universidad de Los Andes. 29 Mar. 2009).  En nuestro caso, encontramos un grupo que por inducido desplazamiento, se asentó en la parte sur de esta comunidad como Mucutí,  y otro, el de los Xikokes, en el páramo de la Puerta (oeste), ambos de origen Timoto.


    Descripción de topónimos indígenas y distribución espacial de lugares de La         Puerta del Bomboy.

    Los topónimos locales, nos ayudan a desempolvar parte de nuestra historia prehispánica local, fuente del proceso de ocupación y adaptación del ser humano sobre la tierra y sus elementos naturales y convertirlos en hábitat, espacio de vida y labor, de  costumbres y cotidianidad, sus expresiones mágico religiosas,  inclusive, marca su manera de ser, de sentir y pensar.

    Aquí, partimos de once (14) topónimos locativos indígenas, de los cuales 13 son usados en la actualidad, y otro, encontrado en los registros de antiguos geógrafos, fue sustituido; aparte, hemos registrado nueve (9) antropónimos, que son objeto de un artículo publicado en lapuertaysuhistoria.blogspot.com.  Entre esos topónimos, que nos van dando idea para la reconstrucción del proceso de evolución como pueblo de La Puerta del Bomboy, tenemos:

    Bomboy, San Pablo de Bomboy. Los denominados conquistadores hispanos, en su empresa de invasión dieron a nuestra aldea indígena, el nombre de Pueblo Cabecera de Doctrina San Pablo de Bomboy; así lo patentizan los documentos de organización de Doctrinas (Alcega, 1608;  Valera y Messa, 1687; Libros Eclesiásticos aperturados por el padre Rosario en 1795), asimismo,  asentado como Valle de Vomvoy (Titulo de “Encomienda Valle de Vomboy”), Vonboy o Bomboi.

    Este vocablo Bomboy, en dialecto Timoto, significa río de aguas de espuma; sin embargo, la dinámica social de la invasión y la realidad del lugar, fue sustituyéndolo por imposición española, por un nombre más práctico: La Puerta.  Para 1777, el uso popular del cognomento La Puerta, fue recogido y asentado en el Informe de la visita pastoral del Obispo Mariano Martí, como San Pablo de Bomboy alias La Puerta. En los primeros libros de nacimientos y defunciones de esta parroquia, así es asentado.  Había pasado por la fuerza de los hechos a llamarse La Puerta del Bomboy, como espacio de frontera que era, acceso a la Provincia de Venezuela.  El valle y el río, pasaron la tormenta de la cultura española, y equivalentemente, el apoderamiento violento de estas tierras por los oligarcas, sostuvieron su nombre indígena: Bomboy, como hasta ahora se le conoce, aunque con el reiterado descuido de sustituir la “b” por la “m”.  

    Américo Briceño Valero, sobre este valle, escribió en su Geografía del Estado Trujillo (1926),  lo siguiente: <<El valle del Bomboy principia en las fuentes del río de este nombre, se dirige al NE y luego toma rumbo hasta unirse casi completamente en la desembocadura del rio, cuyas aguas vierte sobre el Motatán>> (Briceño Valero: 122). Morfológicamente, el Dr. Fonseca hizo esta distinción <<Bomboi: smomosh – la espuma>> (Fonseca: T1. 269).

    Hemos propuesto, que a los fines de revalorizar nuestras raíces étnicas, en esta hora de descolonización de la historia local, en los ensayos, escritos oficiales y educativos, información de medios de comunicación social, que nuestra parroquia, debería denominarse La Puerta del Bomboy, y tener como gentilicio Puertenses del Bomboy.   


        En el norte de la parroquia:

      Molino de Mimbón, el tiempo y la practicidad, ha venido borrando este nombre; hoy es conocido simplemente como El Molino, caserío, cuya historia desde el siglo XVIII, ha venido girando alrededor del Molino antigua propiedad de los Briceños conquistadores y encomenderos, que los naturales llamaban de Mimbón para diferenciarlo. Mimbón, significa en dialecto Timoto, rio grande, uniendo la palabra española, con la Timoto, tenemos Molino de rio grande, como en efecto era el Bomboy, propulsor de este instrumento de la producción de harina de trigo de aquella época, en la que según el sabio Humboldt, se producía mucho trigo en La Puerta y una de las mejores harinas; esto lo anotó en su obra Viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. A la gente que vive en este sector, se le llamaba y aun se le llama escuetamente con el gentilicio de Molineros. Américo Briceño Valero, lo anotó así: Molino de Mimbón, en su lista de <<caseríos y comarcas de La Puerta>> (Briceño Valero, Américo. Geografía del Estado Trujillo. pag.123. Editorial cultural venezolana. Caracas. 1926). También, lo  encontramos en Guía General de Venezuela, del geógrafo francés Francis Benet. Lo adecuado, es que se usara por lo menos en la escritura, el gentilicio de Molineros de Mimbón. 

Vicuyes o Los Bicuyes, es la entrada del camino norte que lleva al Páramo de La Puerta y a Pan de Azúcar, donde hoy está la carretera agrícola. Este vocablo lo usaban los indígenas para señalar un arbusto pequeño, silvestre, que sirve de aliño, de fuerte olor no muy agradable, pero que da muy buen sabor a las comidas, que ellos preparaban. El termino es semejante al carvajalense: Bucuy o Bucúx, por el que se entiende sitio de cocuiza y fibras vegetales, producto que permitió el desarrollo de la cestería en esa zona. A la gente que vive en este sector de La Puerta, se le llama con el gentilicio de Bicuyeros.   

    En el Sur de la parroquia:


Mocotí.  Algunos de los nombres de tribus o parcialidades, respondían a los nombres de sus caciques, principales o tabiskayes, que gobernaban en el tiempo de la llamada conquista europea. Uno de los jefes y principales dirigentes de los nativos Bomboyes, de los Páramos y del valle del mismo nombre, reconocido por los llamados conquistadores que llegaron al espacio geográfico que constituye hoy La Puerta, es Mukutí.

Al parecer, esta comunidad indígena se establece en La Lagunita, El Portachuelo (punto de frontera entre el Nuevo Reino de Granada, actual Colombia, y la jurisdicción de la capitanía General de Venezuela), caseríos del Valle del Bomboy (La Puerta) y en zona cercana al santuario Maen Shombuk (Páramo de las Siete Lagunas), como consecuencia del traslado que les había impuesto su encomendero y amo,  al momento en que ingresó el alcalde y capitán Juan Rodríguez Suarez, en el siglo XVI,  a un sitio también llamado Mocotí, en el rio de montaña que forma parte de la cuenca del rio Chama, y el extenso valle del mismo nombre ubicado en el occidente del Estado Mérida, Bailadores y Páramo de La Negra. Sus habitantes Mucutís,  fueron entregados en encomiendas, luego divididos y sufrieron varios traslados desde su lugar originario. Seguramente, los Mocotis asentados en La Puerta, eran una parcialidad de los de Mérida. 

El topónimo indígena Mocotí, en dialecto Timoto,  significa según Amílcar Fonseca <<tierra templada>> (Fonseca: T1. 310). Este lugar, calificado por este historiador y filólogo, como tierra del cacique Mukutí,  fue escenario de varios hechos históricos violentos, entre ellos, la batalla de 1892, en el que el ejército de los Ponchos Oligarcas, del Araujismo-Baptista, fue totalmente vencido por los liberales “Lagartijos”, comandados por Rafael Montilla Petaquero, quien posteriormente llamarían “El Tigre de Guaitó”.

Mukuti, el cacique, pudo haber nacido hacia el año 1555, y tendría unos 53 años de edad, cuando fue trasladado con su gente a concentrarse en tierras del Valle de Bomboy en 1608, para trabajar las haciendas y fundos del capitán Juan Álvarez de Dabuyn, Blas Tafallés y Hernando Hurtado de Mendoza. Su cacicazgo lo heredó de su padre, quien usó ese mismo nombre. Como lo reconocen los historiadores trujillanos, sus predios y posesiones estaban ubicados en el sitio conocido como Mocotí, en términos del Pueblo de San Pablo del Bomboy (hoy La Puerta), a cuyo Señorío indígena  pertenecía; << Mocotí o Mucotí, es el nombre del sitio de residencia del cacique Mukutí>> (Fonseca: T 1. Pág. 294).  Ese sitio se encuentra localizado geográficamente en la zona sur-oeste de la Parroquia La Puerta, Municipio Valera, del estado Trujillo, en Venezuela; donde se involucra con otros sitios históricos como El Portachuelo, Los Aposentos y Altamira de Garabulla, estos dos últimos, pertenecientes política administrativamente al actual Municipio Miranda del estado Mérida, pero de hecho, hacen vida efectiva con el valle de La Puerta.

Isnabus. Se ha llamado así, un lugar, ubicado en la vía a Agua Fría, al parecer asiento de un grupo indígena perteneciente a los Tirandaes, que morarían en tierras de San Lázaro y Santiago del Burrero, de lo cual no contamos con documentación que nos lo confirme, su localización se confunde como parte de La Puerta, porque está apenas a 2 kilómetros de La Lagunita.

Garabulla, este topónimo, tiene relación con un caserío que se denomina Altamira de Garabulla, cerca de La Lagunita, en la parte suroeste de La Puerta, que se confunde con la jurisdicción de otras Parroquias. En nuestra pesquisa, significa tierra larga o mucha; hay un lugar llamado Garabulla en la laguna de Sinamaica (La Guajira).  

Maraquita, (derivado del guaraní mbaracá), es el llamado Derrame o Chorrerón de La Maraquita, que se desprende del páramo de las Siete Lagunas; fue el primer camino indígena para llegar a dicho Páramo. Es lindero principal de las posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta (Partición de 1891). Se le llama así, porque antes de construir el dique, cuando llovía en la cabecera (Paramo), avisaba con un ruido que asemejaba una maraca, asi, los agricultores de la zona baja cercana al río Bomboy, se resguardaban ellos y sus animales, para evitar se los llevara la crecida. 

         En el lado Este de la parroquia:

    Komboko, Kombokoy (Comboco), según Amílcar Fonseca, este topónimo <<Convocoy (Kombokoy) significaba río seco, pues la aféresis es muy propia para Mocoy, río de esta ciudad que solo tiene la categoría de vertiente por la escasez de sus aguas>> (Fonseca: T1. 310);  la compara fonéticamente con el listado de palabras relacionadas con aguas. Hace pocos años, esta quebrada y caída de agua dormida o escasa, tuvo un temporal que arrasó con todo un lugar de turismo, destruyendo edificaciones, cabañas, restaurant, zonas de esparcimiento. Es un lugar conformado por laderas y barrancos de importancia, a la altura de la carretera trasandina que va de La Puerta a Timotes.  

Es lindero principal de las posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta (Partición de 1891), y parcialidad indígena Timoto, ubicada hacia el Sur-Este, jurisdicción de nuestra parroquia, vecindad con las tribus hermanas Durí, Esnujaque, Jajó, cercanas al torrentoso Hitatán o río Motatán.

Se ha venido sustituyendo el topónimo indígena del lugar Comboco, por nombres como La Nevera, Neblina  y otros parecidos.

    Motatán (Hitatan).  En cuanto al nombre del río Motatán (Hitatan),   significa “Stimots-Ustate-An”, traducido del dialecto indígena significa “Timotes-Puerta-Yo”, es decir, en sentido amplio: yo soy la Puerta de los Timotes. (Fonseca: 309). En su rivera oeste, se fueron asentando los Kombokos, grupo que conformaron desde El Horno, Mesa de Esnujaque y Timotes hasta el río Bomboy los primeros pobladores del valle y Comuna Indígena del Bomboy. Esta puede ser una hipótesis valedera, sobre el origen del nombre de nuestra parroquia, <<yo soy la Puerta de los Timotes>>, que habría derivado en la articulación de la expresión castellana La Puerta y la aborigen Bomboy, resultando La Puerta del Bomboy,  asunto que no se ha ahondado en su estudio.   

    Pitimay, uno de los nombres de mayor uso en nuestra toponimia local es Pitimay; además se mantiene inscrito en añejos documentos de titularidad de la propiedad de un vasto perímetro de tierras, entre el sector Carorita y el Molino, incluso lo han dividido, entre Llano de Pitimay y la Cima de Pitimay; es además un punto oficial político-territorial, como lindero de nuestra Parroquia, con Los Cerrillos, jurisdicción de la Parroquia Mendoza. La combinación Pitimay significa, en lengua Timoto, Pity o piti, cuatro (4), y may: plumas, fuerza, o nivel, que en nuestro criterio equivale a cacique de cuatro rangos. Se asemeja al nombre del cacique de los Visipites, encomendado al capitán Joan Román en 1565,  es decir, Pitijay o Pitisay, que significa cuatro buenos. 

    Kukuruy, un ejemplo interesante de un nombre que se ha querido borrar, ya no se utiliza, es el de Kukuruy. Este topónimo indígena femenino (Cucuruy), lo registró para la posteridad, el agrimensor e historiador Américo Briceño Valero, en su lista de <<caseríos y comarcas de La Puerta>> (Briceño Valero, Américo. Geografía del Estado Trujillo. pag.123. Editorial cultural venezolana. Caracas. 1926). Igualmente, lo  encontramos en una importante obra de conocimiento histórico, como lo es Guía General de Venezuela, encomendada por el gobierno de Juan Vicente Gómez, al geógrafo francés Francis Bennet; éste en su recorrido por el Municipio La Puerta, señaló al sector de lo que hoy se conoce como Carorita, con el nombre de Kukuruy, recorrido que hizo  en 1926. Briceño y Bennet, corroborando el trabajo de Codazzi del siglo XIX, registraron en sus citadas obras y divulgaron para la historia, la existencia del topónimo Kukuruy, de origen nativo. Según nuestras indagaciones Kukuruy (Cucuruy),  este hermoso vocablo indígena puede significar india muy buena, por su terminación una persona prehispánica de mucho poder, de acuerdo al Diccionario de Dialectología de Fonseca. También, tierra o lugar brumoso y frio. Por su parecido al sonido gutural de algunos sublimes animales, puede ser paloma de cuello o cola larga. Bastante parecida a la voz onomatopéyica Cuculí, del Quechua, que significa especie de paloma silvestre del tamaño de la domestica, pero de forma más esbelta; de color cenizo y con una faja de azul muy vivo alrededor de cada ojo, cola larga, alas cortas finas, pico largo y curvado, con patas con dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás (DRAE). De ser esta palabra de origen quechua, como otras,  pudo ser traída por los curas o misioneros católicos, a estas tierras. El topónimo  Kukuruy, en nuestro criterio es propio de los Timotes, en esa riqueza de creación de nombres para los jefes principales de los sitios, de acuerdo a las características de los mismos o de las denominadas parcialidades (toponímicos);  por lo que sería propio de la gran variedad dialectal de los Timotes.     

    Los Timotes, en su organización social del trabajo, asignaban las labores de cestería, telares y la cerámica a las mujeres, dirigida por una jefa o caudilla. En este sitio, se explotaba y actualmente también, una mina de arcilla, se trabaja  la cerámica, el barro, no solo para elaborar piezas de utilidad domestica, sino para fabricar los famosos chorotes o piezas de tributo a los dioses indígenas, por lo que perseguían y castigaban los sacerdotes de las encomiendas. Este hermoso nombre que fue orgullo de los aborígenes, y usado por una caudilla artesana, según la memoria oral, fue borrado por orden del general oligarca Juan Araujo, en una de las reformas de la división político-territorial, luego del despojo de tierras del Resguardo Indígena de La Puerta, en 1891, sustituyéndolo por el de Carorita. Los despojaron de las tierras y también de uno de sus sellos de identidad cultural. Sería interesante dentro de este proceso descolonizador de saberes y de nuestra historia, que las autoridades locales y municipales, estudiaran la posibilidad de renombrar este sector Carorita, con el de Kukuruy.     

    Jumangues. Se ha denominado así, un lugar en el lado este, del casco urbano de la Parroquia, donde antiguamente estaba el cementerio indígena, fue llamado el Callejón de los Muertos, de donde se han originado algunos mitos y viejas leyendas; como referencia, está detrás de la calle Sucre y el templo parroquial. Jumangue es un árbol originario del Amazonas (cinaro), que da unas frutillas dulces y aromáticas; sus ramales y tronco son de forma torcida, su aceite tiene propiedades medicinales. Sale mucho, en esta zona.   

        En el oeste de la parroquia:

    Chegué, vocablo de origen muisca, de donde deriva la lengua Timoto, que significa sumo sacerdote, algunos lo asemejan a mohán. Fray Pedro Simón, lo define: <<es el sacerdote de los ídolos, el que ayuna, y hace las ofrendas>>.

    Chegué queda cerca de “Los Asientos”, donde se origina el agua que va a dar a la Quebrada de San Martín, forma parte del Parque nacional Sierra de La Culata. Para acceder al sitio Chegué, se llega a La Lagunita, cercana a La Mocotí, (Sur de nuestra Parroquia), busca la entrada para subir al Paramito, se emprende la subida y se llega a Chegué, un sector muy frio e inhóspito que tendrá unas 15 casas en la actualidad, queda a pocos kilómetros de la Laguna Negra, Santuario Maen Shombuk.

    Se repite en los páramos de La Puerta, la leyenda que este indígena rebelde participó en la guasábara que comandó el Tabiskey Jaruma, líder de los Escukekeyes, cuando enfrentó a la tropa de Diego García de Paredes, al invadir sus tierras. Según la memoria oral, este guerrero fiel devoto de la diosa Ikake, pasó mucho tiempo en el Quibao, llenando su espíritu de valor guerrero;  vivió más de 150 años, porque comía a diario el díctamo real y jalea de frailejón de Maen Shombuch. Fue un hombre muy respetado, inclusive, por los europeos invasores.

    Xikoke. Los Timotohablantes, en su creatividad para escoger topónimos, llamaban a los lugares de viviendas cercanas y ubicadas en el margen de quebradas y ríos: Xikoke (Sicoque); esto fue delineando la personalidad y características de un grupo de familias indígenas, quizás de parentelas, por su conexión y cooperativismo, que construían sus viviendas cerca de los cauces de las quebradas y de los ríos, o  riveras de las aguas.

    Uno de los casos de desplazamiento de pueblos originarios hacia nuestra parroquia es el de Xikokes. Hubo una parcialidad Quicoqui (Xikoke), que con Durí, Jajó y Esnujaque fueron trasladados por su rebeldía, varios de estos grupos aborígenes al Valle del Bomboy, que ayudaron a conformar la Comunidad Indígena de este lugar.

    Desde tiempos muy antiguos, y así lo evidencian escrituras, la posesión el Xikoke (Sicoque), en el páramo de La Puerta ha sido tierra indígena; en ella se puede encontrar los vestigios de las plantas base en piedra de 4 viviendas indígenas muy antiguas; hoy es propiedad de la familia Rivas, gente mestiza descendiente de esos Xikokes. Pudiera agregarse, a lo que planteamos con el caso de Kukuruy, se consultara la posibilidad de renombrar el Páramo de La Puerta, hoy llamado “Los Torres”, nombre que ni siquiera era de las primeras pobladas mestizas de esas montañas,  con el de Xikoke, Páramo de Xikokes.  Las autoridades locales y municipales, tienen la palabra.

    Maen Sombeuch  (Páramo de Siete Lagunas).

    El denominado Santuario Maen Sombeuch, ubicado en el Páramo de Siete Lagunas, parte oeste de nuestra parroquia, está conformado por igual número de Lagunas o espejos de agua, cada una con su respectivo nombre y su propia historia, ya españolizada: la Calzona, de la que más se habla por sus mitos y leyendas; la Laguna Negra, sitio de reencuentros; la Laguna Gata, considerada muy bonita, por sus formas;  la Corcovada, Corazón, La Ciega o Tapada y la Madre de la Laguna Gata. Cuenta la memoria oral parameña, que en este espacio se veneraban las divinidades o elementos fundamentales de los indígenas, y también, los espíritus de sus antepasados. A tal fin, los restos de sus muertos, eran enterrados en las distintas cuevas que están cercanas a estas lagunas, y era su costumbre, ir en grupos como en especie de peregrinación familiar, a rendir tributo a sus antepasados o a realizar sus actos y ritos mágico religiosos, por ejemplo a dar gracias al Dios de las cosechas, o al de la lluvia. 

 Morfológicamente, sombeuch o shombuch, nombre genérico  significa agua, el agua (Fonseca T1.299). El numeral Maen, representa siete; articulando ambos vocablos, obtenemos Maen Shombuch, que significa las Siete Lagunas.

                                                                        *

    Con estos datos, se van aclarando algunos aspectos, como la integración social de los Timoto; el desplazamiento, migraciones o traslados de familias de otras naciones como la Kuika, Jirajara a esta comunidad del Bomboy; la fusión cultural hispana europea.  

    Sirva este pequeño aporte sobre la toponimia indígena, para que los estudiantes y educadores de nuestra parroquia La Puerta del Bomboy,  así como estudiosos,  investigadores y hasta curiosos, se conduzcan por el camino del rescate de nuestros nombres y vocablos autóctonos, a la protección de ese patrimonio inmaterial, como auténticos complementos de la reconstrucción  histórica y  para que no se borren de nuestras familias, que aun las usan y las mantienen en su cotidianidad, junto con la carga cultural del Al Andaluz,  lo que ayuda a la revitalización de nuestra forma de hablar, sentir y pensar de nuestra comunidad.

    Imagen cortesía: pintura nativos, autor Richard Terán. 

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de La Puerta.  

lunes, 8 de marzo de 2021

Gregoria Ruz Carrizo, aguerrida matrona de Los Aposentos

 Gregoria Ruz Carrizo, aguerrida matrona de Los Aposentos.



Oswaldo Manrique.


Hasta el año 2018, eran muy escasos los testimonios que nos permitían ir descubriendo el papel de las mujeres de La Puerta, en los hechos y acontecimientos históricos que le dieron cuerpo social, cultural y físico, a nuestro viejo pueblo campesino andino. A pesar de la lógica, natural e innegable participación al lado de los hombres, fueren esposos, novios, amantes, hermanos, hijos, padres, tíos o abuelos, la mujer siempre fue silenciada, era un ser invisible, sin notoriedad, cuando lo cierto es que, sin haberse escrito o reseñado sus hazañas y emprendimientos en múltiples obras y acciones, fueron de hecho, protagonistas ineludibles y reales en sucesos memorables que fueron forjando y dando impulso al proceso de evolución de La Puerta, como pueblo. Son las mujeres históricas, campesinas,  guerreras,  de nuestra pequeña y rebelde comarca, que queremos, más que recordar, reconocer y rescatar por justicia histórica, del ostracismo historiográfico en que se les mantiene. Una de ellas, es Gregoria del Carmen Ruz Carrizo, la aguerrida matrona de Los Aposentos, en las cercanías de La Puerta, Trujillo en Venezuela.


 Gregoria del Carmen Ruz Carrizo (un Personaje Histórico de La Puerta).


Gregoria del Carmen, nació al igual que su hermana María Gregoria Ruz Carrizo, en Las Mesas, el mismo 12 de marzo de 1907, eran hijas de Francisco Javier Ruz (n. 1849, m. 1919), hermano del legendario coronel nacionalista y justiciero Sandalio Ruz; y su madre fue: María Eulogia Carrizo. Francisco Javier, fue adjudicatario de tierras del Resguardo indígena de La Puerta, en 1891.  Su hermana María Gregoria, se casó con Pedro Ángel Ruz Danieri (n. 1900), se residenciaron en la ciudad de Timotes, estado Mérida y tuvieron doce hijos, entre ellos José Olmides y María del Carmen Ruz Ruz. Pedro murió en 1970.      

La familia Ruz  Carrizo, estuvo residenciada en el páramo de Los Aposentos, y los Caseríos Altamira de Garabulla, Mucutí, Portachuelo de la Lagunita y el Tendal.  Desde que Gregoria era niña, sus padres: Francisco y Eulogia, le hacían seguimiento de sus ocurrencias, cuando se les escapaba con la morocha o alguno de sus otros hermanos, para ir de cacería o de sumarse a prestar algún apoyo a un desvalido, era severamente castigada, sin embargo, fue una mujer de armas tomar, aguerrida y al frente de las iniciativas en cuanto resolver problemas y lucha social de su comunidad se presentaba.



Gregoria del Carmen Ruz Carrizo, el de sombrero, su hermano Juan Ruz. Cortesía de Ramón González Carrizo. 


Su origen campesino le convirtió la vida en un viaje cargado de vicisitudes, madrugonazos y de días de esfuerzo. Pese a eso, logró trascender las condiciones que le tocó vivir, y logró sobreponerse convirtiéndose en una mujer útil y matrona ejemplo para su comunidad,  estableció su negocio mercantil, y aun, siendo octogenaria, seguía atendiéndolo con su conocida vitalidad. El trabajo permanente, y su consagración de vida a ayudar a otros integrantes de la familia Ruz, favorecieron el futuro de varias generaciones de esta. Fue muy alegre, atenta, pero también implacable cuando había que serlo y corregir entuertos, en aquellos tiempos de dureza y de fuertes carencias socioeconómicas para el país.

La cotidianidad y la caspiroleta de la matrona “Ma’Golla”.


La actividad diaria de la nona, se centraba en la protección y formación responsable de sus hijos, nietos y bisnietos, según su pariente Carmen Geralda Carrizo, que vivió con ella, en los Aposentos, relata que siendo muy culta y asidua lectora, tenía una letra de trazos hermosos y legibles. Una mujer de pensamiento liberal, que tenía respuesta agradable para todo lo que le preguntaran; lo único en que expresaba algo de vanidad, era cuando le preguntaban la edad, <<siempre se quedó en 70>>.  En la familia la llamaban  “Ma’Golla”, diminutivo de Mamá Gregoria, la Nona  cordial, cariñosa y de buenos modales, <<era una mujer aque atendía a sus invitados como Reyes, siempre tenía un café, algo para ofrecer a los que venían a los Aposentos o iban de paso>>; lo que acompañaba con una buena conversación.   

Su nieta Mari González, describió una estampa cotidiana muy autentica y propia de las familias de nuestros páramos, su nona “Ma’Golla”, <<era consentidora y atenta con todos sus nietos y bisnietos, contadora de anécdotas por esta época de Cuaresma, al lado de su fogón de leña encendido hasta tarde de la noche para paliar el frio, la rodeábamos todos muy atentos, y después nos costaba dormir por miedo a lo que contaba. Aunado a eso al amanecer había que ayudarla a ordeñar vacas y cabras, nos enseño esa ardua y bella labor, de quien recuerdo muy claro su enseñanza, a moler maíz para hacer las cachapas del desayuno y muy particular de ella era servir leche recién ordeñada con pedacitos de cachapas calientica, lo que solíamos comer también al lado del fogón la popular sopita de leche, en las tardes no podían faltar para todos y el que llegara, sus dulces elaborados en leña como el higo, durazno, membrillo todos cosechados en la famosa huerta, así como también sus caspiroletas y el postre de Maicena>>. Aparte de eso, se dedicaba a << la cría de animales de corral y los diferentes tipos de gallinas que criaba>>. Recuerda esta misma nieta, que <<los primos que siempre estábamos compartiendo con ella aparte de Duilio Carrizo su consentido y su hermana Clara, a quienes crio con mucho amor, eran los Carrizo Rivas, Carrizo Calles, Abreu Carrizo y los González Carrizo>>; procuró conservar la cultura de la convivencia parental, como lo hizo el taita Sandalio y fue tradición de los Ruz.

Escribió su nieta Carmen Geralda Carrizo, que, a partir de las 6 de la tarde, Ma’goya, se convertía en su televisor, porque comenzaba a contar las historias más entretenidas, de morocotas, de las guerras de Sandalio, recordó su relato cuando éste, llegó con su tropa a Los Aposentos, y ella tenía una siembra de arvejas, y se la llevó,  la preparó y le dio comida a toda su tropa, porque iban de campaña guerrillera al Paramo del Salvaje, vía Santa Cruz, un paso fácil y corto para llegar a Mérida. . <<y les daban a los soldados comida y los caballos pastaban en el llano de los Aposentos y Mesa Alta>>. A veces, <<se quejaba porque llegaban los soldados y acababan con todo>>; los enemigos de Sandalio.  

Sus hijos muy laboriosos, y don Jacinto un respetable hombre del campo agrario. Muchas veces, se acercaban a su negocio a encontrar la conversación franca y alegre de doña Gregoria, y a pesar de que éste, tenía sus historias, se quedaba abrumado por las narraciones y recuerdos de su mujer, que solo intervenía cuando ella le pedía algún dato o referencia.  Como seres afincados en la tierra de labor, sus hijos e hijas, sus palabras y conversaciones, se formaban con palabras de un discurso histórico, muy propio de esta zona paramera, relacionado con el tema del abandono del Estado a los  campesinos y el problema de la tenencia de la tierra; pero mostraba el orgullo de formar parte de una familia luchadora, y que tenia por símbolo a su tío el legendario Sandalio Ruz.  


En esta gráfica histórica, de los años 60 del pasado siglo, sentada en un paraje de Los Aposentos, Gregoria del Carmen Ruz Carrizo, con una escopeta en la mano, a su lado, su hijo Francisco; aunque habían derrocado al general Marcos Pérez Jiménez, aun se respiraban aires de dictadura, eran tiempos de guerrillas y de levantamientos contra los cambios políticos.  Cortesía  de Ramón González Carrizo.  

Relatan  sus hijos y nietos, que Gregoria tuvo que trabajar muy duro en las labores del campo y de la casa, sin embargo, sentía una franca admiración por su tío el coronel Sandalio, el hombre fuerte de la Cordillera de la Culata, el guerrillero que hacia justicia, cuando las leyes y el gobierno no lo lograban o se hacían de la vista gorda, el mismo que con su tropa, acompañado de su lugarteniente Mitridates Volcanes,  armó una revuelta y destruyó e incendió la finca de los González en Santiago, la propia cueva de los “Lagartijos”,  en desagravio por los saqueos que la “Gonzalera” hizo en las propiedades de las familias conservadoras de La Puerta. Eran los tiempos de caudillos, de las recorridas y pisadas de los cascos de caballos y bestias por toda la serranía de La Puerta, Trujillo y de Mérida.  Recordaba con mucha emoción, los hechos y sucesos relacionados con su tío, como aquel en que hizo justicia en el misterioso asunto de los marchantes y comerciantes desaparecidos en la Posada de Carmania, así como,  de los personajes que lo iban a buscar, para bien o para mal.

En esta gráfica, tomada en el comedor de la casa materna de los Ruz, degustando unos chirganos de ovejo a la brasa, de izquierda a derecha, de pie, Gregoria del Carmen Ruz Carrizo, de perfil y con sombrero, su hermano Juan Ruz Carrizo; a la derecha, de flux y sombrero, su esposo Jacinto Carrizo, sentada viendo a la cámara, su hija Zenaida Carrizo. Cortesía de Ramón González Carrizo. 


Como mujer del campo, había aprendido no solo a la utilización del machete para lidiar con las sementeras y huertas, sino que como todo integrante de las parentelas Ruz, conocía el manejo de armas, escopetas, precavidos para acompañar a su líder el Coronel, sino como elemento útil para la cacería y conseguir carne entre las montañas del Paramo de La Puerta.

La alegría y la felicidad que producía en toda la familia, saber que su tío Sandalio regresaba de las distintas guerras y alzamientos,  significaba asistir a la celebración en su honor, en la casa que éste tenía en La Cañada, donde Vivian también su mujer María Antonia Carrizo “Toñita”, quien quiso tanto esta noble tierra y su bella gente. A la muerte de Francisco Javier, su padre en 1919,  Sandalio se había convertido en su “Taita”.  Allí, también Vivian, sus dos hijos Nicolás y Pedro, con los que compartía juegos y sabrosas conversas familiares. 

Se casó a los 28 años, o sea, en el 1935, con Jacinto Carrizo, con el que procreó nueve hijos, Oscar “el negro”;  Rafael, Francisco, Armida, Concepción, Maria Ermilda “Milda”, Gregoria, Rosa y Zenaida, ésta última y Rafael, son morochos. Establecieron como lugar de su residencia los Aposentos, donde dejaron fuertes raíces. 


Jacinto Carrizo, esposo de Gregoria del Carmen Ruz. Cortesía de Ramón González Carrizo. 



A la muerte del Coronel Sandalio, Gregoria se convirtió en emprendedora, en una especie de guía comunitaria;  cuando se comenzaba o acometía una obra, o un negocio que favoreciera a la comunidad, allí estaba presente. Si alguien llegaba a su establecimiento mercantil con algún problema, solidaria buscaba resolverle o encaminarla a la solución, era ella un punto de apoyo para las familias de ese caserío. Su negocio que para la tercera década del siglo XX, estuvo dedicado a la comercialización de productos del campo y alimenticios básicamente, lo sostuvo dirigiéndolo personalmente durante muchos años, con él, levantó a su familia y ayudó a otros. De ella, sus descendientes obtuvieron, que para el mundo del comercio, había que estar informado de los asuntos del país, recordó que hubo un tiempo en que en pleno Páramo, se pagaban con monedas de otros países, dólares, incluso con monedas de oro, y mencionaba el pago con  las populares “chivitas”.

Fue una destacada matrona puertense, vecina y residente de Los Aposentos y de La Puerta, donde fortaleció, no solo relaciones comerciales con los grandes comerciantes de la comarca y de la región, sino vínculos sociales y afectivos con los parroquianos. Su local y negocio comercial, le dio vida a ese caserío. Un dato interesante en la vida comunitaria de “Ma’Golla”, fue su apoyo para el desarrollo agrícola de los Aposentos, su nieta Mary González, la recuerda como <<fiel colaboradora cuando se inició el proyecto de la vialidad agrícola para el beneficio de toda la comunidad >>. Gregoria murió de 105 años de edad, es decir, en junio de 2012. Su casa, la materna de los Ruz Carrizo, en Los Aposentos,  aun permanece en pie.   


Anécdotas y leyendas:


Son muchas las anécdotas que contaba y donde fue protagonista nuestro personaje, que se han convertido en leyendas para la tradición oral puertense, que merecen ser recopiladas, pero solo seleccionamos unas pocas que aquí les compartimos.

Ella contaba que en una oportunidad, llegó a su negocio, un hombre oriundo de otro sitio de Venezuela, que pasó por esos lares (Los Aposentos),  con unas bestias cargadas de dos cajones que subió a la montaña, al riñón del Páramo, conociéndose todos sus habitantes, se esperaba que bajara a los pocos días,  y ella, preguntaba por el extraño visitante del que los que bajaban no daban noticias de él; pasó el tiempo y no se supo mas de él.

 Igualmente rememoraba, que muchos años atrás, era visitada por gente extraña que provenía de lugares distantes, que iban unos pa arriba, en ruta a Mérida, y otros para abajo rumbo a Trujillo; la Sierra de la Culata, de la cual forma parte Los Aposentos, es desde tiempos inmemoriales, vía comunicante con los pueblos del sur del lago de Maracaibo, por donde pasaban las montoneras gitanas o “zarcilleros” que se sumaban a la tropa del Coronel.   

Considera su nieta Mary González, que <<sus historias quedaron y la más importante inolvidable para ella y que quedó plasmada en nuestros corazones esa Campaña fue de los 15 días…En esa travesía del coronel Sandalio, hay una ruta por el Paso de los Andes, que se inició por la Mocotí>>; esta campaña guerrillera nacionalista, se inició en La Puerta, y tuvo caudillos y gente comprometida en toda la Sierra Nevada.   

Otra de las narraciones relacionadas con doña Gregoria Ruz, que se repite y mantiene en el arsenal oral de nuestra comarca, es que ella al fallecer, no hace muchos años y ya de muy avanzada edad, vino uno de sus nietos que ella había criado, se presentó a su funeral, y de la cocina, escarbó dentro de las paredes que se elevaban para formar el fogón, y extrajo, lo que ella una vez o su esposo encontró, algo de gran valor; se dice que eran las alhajas del Coronel Sandalio, otros dicen, que eran las monedas de un viejo entierro montañero, de la época de la guerra de caudillos.   

Si hay un hecho que contaba con mucha aflicción, como si lo estuviese viendo en el momento, fue lo que sucedió en 1929, en su familia,  un hecho que alteró el sosiego en su casa y en las de sus vecinos. Había visto subir varias veces a Nicolás Ruz, que tenía su finca en Jajó, y a Pedro que estaba en su negocio en  La Mesa de Esnujaque, asimismo, a Mitrídates Volcanes con su mujer Micaela Sulbarán, que vivían en La Maraquita.  Mitrídates que fue su lugarteniente, estaba cerca en La Flecha (La Puerta), a poca distancia. Solo estuvo por fuera cuando se iba de campaña militar o a “desfaser entuertos”. Esto le generó preocupación. Sandalio estaba enfermo,  desde hacía días,  de la enfermedad del  guerrillero, el  Reumatismo agudo; esas visitas le advertían que algo triste se avecinaba y estuvo acertada. Al día siguiente, quince de marzo de mil novecientos veinte i nueve, en horas de la tarde, uno de los troperos del Coronel, la llama en baja voz y le dijo:   - Toñita, le manda avisar, que vaya ligero que Sandalio se está muriendo. Inmediatamente, como estaba, se puso el sombrero, buscó una carpeta de lana burrera, y se dirigió a la casa del Coronel que construyó en La Cañada, en Mesa de los Pavones, un sitio cercano a El Portachuelo (La Puerta) y Garabulla (Timotes) , donde tenía su custodia personal y el asiento de sus negocios. 

Varios estaban sentados en el corredor, y otros más en piedras, conversando, saludaron. Ella se puso algo nerviosa y entró a la cocina sollozando en silencio y le pregunto a  Toñita por su tío,  solo se le escuchó: - po’ allí está. Había muerto, a las 12 del mediodía, muy asoleado y fresco.  Cuando estuvo cerca de la cama del coronel, lo observó con mucho desánimo, se le iba el “taita”, el protector de la familia, de La Puerta y sus contornos, el varón de la Cordillera de la Culata, quien dio grandes enseñanzas de vida y valentía, allí se despedía. El estar cerca del cadáver, sin embargo, le dio cierta tranquilidad. Sandalio Ruz, murió a la edad de setenta y tres años.

Los restos mortales del Coronel Sandalio Ruz, los sacaron para enterrarlo en un sitio en el que no se le pudiera ubicar, así duró por más de 90 años. Ni siquiera los mismos familiares del Portachuelo, la Mucutí, Garabulla, Los Aposentos conocían el lugar de la tumba. Esto se mantuvo en secreto, quizás por el temor a que sus enemigos políticos y militares, saquearan o profanaran su tumba.  Era el miedo a que se enteraran sus enemigos y  aprovecharan de saquear su casa, bienes o cobrar venganza sobre sus familiares.  Esa y otras respuestas a interrogantes que se desprenden de este hecho, se lo llevaron como secreto a la tumba sus familiares, ya murieron, ninguno dijo dónde estaba enterrado el coronel Ruz. Los restos del Coronel Sandalio, fueron descubiertos, a comienzos de la primera década del siglo XXI. 

Nota 1.- Quien esto escribe, fue la primera persona que obtuvo una copia de la  Partida de defunción del Coronel Sandalio Ruz, para la elaboración de su biografía, que integra el libro <<Los tres varones de la Culata>>  

 Nota 2: Para la elaboración de este pequeño bosquejo biográfico, se contó con la colaboración de Ramón González Carrizo, nieto de doña Gregoria Ruz, de quien pudimos obtener parte de los datos y fotografías que aquí compartimos, y a quien damos nuestro agradecimiento. 


La Puerta, marzo de 2021.

omanrique761@gmail.com

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