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sábado, 19 de julio de 2025

La histórica casa “traída” desde San Martín a La Puerta, 1915

Por Oswaldo Manrique.


Algo anecdótico hay en esto, fue rumoroso durante el tiempo de oscuridad, entre nuestros mayores, este hecho del que se cumplen 110 años de haber ocurrido. En sus relatos de infancia la escritora Ligia Burelli,  rememora que una vez, su madre le contó que la casa fue "traída" desde los predios de “San Martín”, cerca del Portachuelo de la Lagunita, finca de Petra Cantalicia García, hasta el frente de la plaza Bolívar de La Puerta, por motivos de persecución política. Se pudiera entender que el inmueble, fue transferido, acarreado, trasladado, mudado y transportado de un lugar a otro, indudablemente una mezcla interesante de historia y novedad.  



Cuando se prendió en la Sierra de La Culata, la “Guerra de los 15 días”  contra el dictador Gómez, y se muele a tiros el “sitio de Timotes” imperecedera para las familias parameñas, liderada por Américo Burelli García, Sandalio Ruz, Mitrídates Volcanes, Cesáreo Parra, Juan Torres,  Fidel Rivas “el Mocho”, y otros vecinos, en contra de la dictadura gomecista, era 1914.

         Juntos, los hermanos <<Burelli se habían batido cerca de Timotes, en la Mesa del Palmar y en la Amarilla con las tropas que indistintamente dirigían Felipe u Olegario Salas>> (Burelli, M, 19), este Felipe, es el coronel Felipe Uzcátegui, a quien llamaban “Traga balas”, dirigente importante del liberalismo trujillano, comandó tropa en la defensa y evitando la referida toma de Timotes; pronto pasó a ser Jefe Civil de La Puerta, como militar de confianza del Gomecismo; era una guerra, con connotación nacional. 

El alto gobierno, ante este “Reventón” de violencia andina, organizó y reforzó las comisiones de persecución y captura de los alzados, integrándolas con funcionarios de la “Sagrada” o simplemente "Chácharos", la aterradora policía gomecista, que perseguía, torturaba y controlaba a los opositores de las políticas entreguistas del "Benemérito de la Patria". Fueron años terribles para las poblaciones de La Puerta, Mendoza, Monte Carmelo, Palmira, la Mesa del Palmar. El gobernador era el general Timoleón Omaña. 

La persecución de Estado contra el coronel Américo, fue exacerbada, bastante parecida al tiempo de la lucha armada de los años 60, en los casos de los comandantes Fabricio Ojeda y Argimiro Gabaldón, colocaron como si fuera el principal enemigo público, protagonista de una de las películas del oeste norteamericano, carteles pegados en pulperías, paredes, muros y hasta en los troncos de los árboles, <<ofreciendo recompensa por entregar vivo o muerto a los hermanos Burelli>>, (Burelli, Ligia. Humo de Hogueras. 103), lo que expresaba la “peligrosidad” de estos políticos locales fugitivos. El plan insurreccional lo habían denominado el "Barril de Pólvora", que tenía como escenario toda la zona occidental del país, particularmente la Sierra de la Culata y toda la región andina, era un plan de desestabilización política y militar, ante el festín del Dictador de entrega de concesiones petroleras y mineras a empresas y gobiernos extranjeros.


¿De quién era la casa “traída” de San Martín a La Puerta?


La vivienda objeto material de esta crónica, era la casa y estancia de don Roque García, primer propietario de la finca. Tenía varias casas, en sus posesiones. Dicho inmueble, fue construido en vida de doña Petra Cantalicia García, la heredera de don Roque, luego hacendada, en un plano alto de la hacienda “San Martín”, hoy caserío, entre las posesiones también de don Roque, “El Portachuelo” y “Quebrada Seca”,  y constituyó por su belleza, un sitio ideal para el descanso de la familia García, que estaba asentada y residenciada en Mendoza.  

Los visitantes descubrían desde lejos, entre trigales y exuberante vegetación, el copete de tejas de la casona colonial, que llamaban la Casona de San Martín, el acogedor regazo de Petra Cantalicia García y sus hijos: Cristino, Umberto, José Américo, Pedro Mario, y la hija Agripina.   

De acuerdo a lo que hemos indagado, y confrontado, la mansión en su línea arquitectónica tenia aspectos coloniales andinos. Construcción sostenida sobre bases de piedra, y paredes de gruesos tapiales de barro, revestidas de  brillante cal, caballetes, estructuras y puertas de maderas parameñas, mosaicos de cerámica criolla, con ventanales  sobresalientes, corredor con vista hacia el curvo camino hacia Quebrada Seca y San Pedro, dominando la cabecera del valle de Bomboy, techada completamente de teja criolla roja. Sus espacios amplios, con algunos muebles de fina talla y utilidad. Esa era la casa solariega del Coronel Américo, sus hermanos y sus padres.

¡Allá a un laíto de la casa de gobierno!


La misma escritora Burelli, relata que, en  <<Su afán por ganar, no solo la recompensa, sino prestigio ante las autoridades del Estado llevó a Felipe Uzcátegui hasta Quebrada Seca, pasando por San Martín y el Portachuelo, las propiedades de sus perseguidos. Como ninguna de las familias vivía allí en ese momento, a él se le ocurrió que aquellas tierras ya no tenían dueño y procedió a invadirlas. La casa más grande, la de San Martín, propiedad de los viejos y donde se había refugiado José Américo al comienzo de la persecución, fue cuidadosamente desvalijada y luego destruida. Una cuadrilla de hombres voraces, dirigida por el sargentón, sacó de ahí los muebles y cuanto objeto de cierto valor encontraron. Luego desprendieron las puertas, sacaron del piso los ladrillos y se llevaron las tejas>> (Humo de Hogueras, 109).  La escritora se refiere como “sargentón” al coronel Felipe Uzcátegui “traga balas”, el legendario caudillo liberal y enemigo político de los Burelli godos. Es posible que, buscara ganar mas prestigio del que tenía ante el gobierno gomecista, pero lo de la ocupación de tierras, saqueo de las casas, reparto de bienes entre la soldadesca, consumir el ganado, los alimentos y cosechas propiedad de los perseguidos, era práctica habitual en la guerra de caudillos, una confiscación también denominada “botín de guerra” de los vencedores.  

Llama la atención de este relato, que según la citada escritora, <<la casa fue cuidadosamente desvalijada>>, es decir, desprendieron teja por teja, ladrillo por ladrillo, de la hermosa vivienda, elementos constructivos que en seguida mudaron y llevaron a La Puerta.

         Es posible que uno de esos individuos que hacen leña del árbol caído y vio deshabitada la casa, le comentó al Coronel:

-         Mi Coronel ¿que hacemos con la casa? Al corriente Uzcátegui, que lo que esperaba la tropa era la orden de demolición total, le respondió:

-         Esta vaina me gusta, pero no aquí en estas lejuras. Allá a un laíto de la Casa de Gobierno, va a verse mucho mejor.  

Y así, como quien no quiere la cosa, se fue a Valera y regresó con unos hombres que anotaron cada detalle de la construcción que queria y se inició la obra, la nueva casa se vería levantada en 1915, con la reutilización de los materiales, que se convirtió en un símbolo del cambio político, en La Puerta.

Los chácharos, hicieron varios viajes desde San Martín, sobre bueyes, toros, burros y mulas, se les veía bajar las cargas de ladrillos, arrobas de losas, adobes, tejas, ventanales, puertas, para dejarlas frente a la Plaza de La Puerta. Cada viaje de una hora, surcaba el viejo camino hacia Comboquito, en una caravana de busacas, para construir la casa detallada por Don Felipe; el testimonio de la señora Burelli Rivas, es que, <<Luego vinieron otros a derribar la casa. Se llevaron las puertas, los enrejados de las ventanas, los ladrillos y las tejas>> (Ídem); trasladaron los materiales reusables.  

Aunque era un experimentado conocedor de estos páramos, montañas, selvas y zanjones de la Sierra de La Culata, el baquiano por excelencia, el   “Traga balas” Uzcátegui, no tuvo éxito inmediato en su afán de perseguidor, no pudo capturar en esos días al Coronel Américo Burelli.

Pendiente de los sitios donde podia llegar, fue a la casa de San Martín, y le dio por repetir lo que tradicionalmente otros montoneros hacían sobre los bienes del perdedor, <<Todos estos materiales estaban destinados a la casa que Uzcátegui se iba a construir en La Puerta, frente a la plaza y al lado de la casa de gobierno, donde él se desempeñaría más tarde como Jefe Civil>> (Ídem).  Para aquel tiempo no había más de 44 casas en La Puerta, incluido el Templo San Pablo, la Casa Parroquial y la Casa Municipal o de gobierno, que estaba ubicada frente a la plaza, en la denominada “Calle de Abajo”, hoy avenida Páez (Abreu B, 201), entre la casa de doña Umbelina Volcán y la casa de Carmela Briceño.

Sobre esta casa antigua Ángel Alfonso Araujo, ex Prefecto de la Parroquia, nos indicó que estaba ubicada, entre lo que es la antena de Cantv y el hotel El Padrino, <<era una casa tipo colonial muy bonita cuando yo la visité estaba cayéndose, ahí vivían dos viejitos uno llamado “Manofín”, era una casa de dos niveles con escalones, pisos de ladrillos, totalmente techada de teja criolla, recuerdo que tenía piso de madera rústica la primera planta y tenía ventanas que sobresalían, también de madera>> (Conversación con Ángel Alfonso Araujo. La Puerta, 15 Marzo 2024), esto nos da una idea, del diseño y  la calidad de la construcción y materiales usados en la casa de Felipe Uzcátegui.

Igualmente recordó Araujo, que la casa tenia:  <<un portón grande para mulas para bajar las cargas, esto lo viví yo porque en donde quedaba el “Rústico” (restaurant frente a la plaza Bolívar) era un callejón, casi un botadero de basura, y en la casa vivían los dos viejitos>> (Conversación citada); este Araujo, fue Prefecto. El coronel liberal, se habia mudado a vivir entre los godos.

Don Felipe Uzcátegui, era de ideas liberales y era terrateniente, propietario de posesiones como La Mocotí, Villa Mercedes, Tafallés, inclusive, fue adjudicatario en el Juicio de 1891, que repartió las tierras de los indigenas de La Puerta, del lote N° 26, con 100 mts de frente y 350 de fondo, colindando por el norte con lote de Ygnacio González, y el lote N° 40, que mide 100 mts por el lado del camino, colinda con Antonio Sulbarán, por el norte, al parecer, donde construyó la nueva y hermosa casa. Esto indica que tenía suficientes terrenos para construir. 

El fantasma de la casona colonial: La hoguera que duró tres días en apagarse.

Por mucho tiempo, en La Puerta, el comentario de las familias, y en forma reservada, por la fuerte represión que se desató sobre ellas, fue lo que significaba la casa nueva. La señora Ligia Burelli-Davila, en el cumulo de sus recuerdos, señaló: <<Una vez terminadas las labores de saqueo, aquellos hombres regaron gasolina y le prendieron fuego a la casa>> (Ídem); la hoguera duraría varios días.   

El mobiliario de la casa, tuvo un destino en la pira. Uzcátegui, no quería utensilios y trastos usados. La señora Burelli, en su relato incluyó: <<Entre los muebles, recordaba un arcón de roble donde el viejo guardaba los vinos. Nadie supo que pasó con eso ni con el resto de las cosas, porque el depredador convirtió lo que quedaba en una hoguera que duró tres días en apagarse. La casa construida en el pueblo con parte de ese botín, pasó dos o tres veces de dueño, antes de llegar a Rafael>> (Burelli, Ligia. Un día volver. Pág. 283. Caracas. 1992). La casa fue construida, al lado de la sede de la Jefatura Municipal,  y como cosas del destino, después de haber pasado por varios dueños, entre ellos el párroco de La Puerta, Padre Francisco José Verde, enemigo de los godos, llegó a ser propiedad de José Rafael Abreu, pariente por afinidad de los Burelli; es decir, regresó a la familia.   

Lo paradójico de todo este episodio, ocurrido en nuestra Parroquia en la segunda década del siglo XX, nos muestra la incidencia y fuerza del poder real, y su capacidad para no dejar piedra sobre piedra, demoliendo,  destruyendo, e inmediatamente crear y construir; pero también muestra, algo de ese sentimiento de venganza y el resurgir de algo nuevo, esa relación inveterada de pasado y presente. Así fueron las cosas, diría Oscar Yánez.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 11 de mayo de 2024

Agripina Burelli Garcia de Parra, la Preceptora de la primera escuela de La Puerta.

Agripina Burelli Garcia de Parra, la Preceptora de la primera escuela de La Puerta. 


Por Oswaldo Manrique (*)


Un sitial destacado ocupa Agripina Burelli García de Parra, en el seno del magisterio regional, por ser pionera y baluarte de la educación en el Municipio, hoy parroquia La Puerta. Abnegada maestra y formadora de las primeras generaciones de puertenses, quien destacó por su vocación y méritos.


Vino al mundo en los tiempos en que el “León de la Cordillera” cuando ordenaba tocar las campanas de Jajó, bajaban cientos de indios y mestizos de los Páramos, armados de machetes afilados por los dos bordes a cortar cabezas, era propiamente el Presidente del Antiguo Estado Soberano y jefe único de los godos  en Trujillo, el terrateniente y general Juan Bautista Araujo y además, representante del gobierno nacional liberal gusmancista. Asi, eran las cosas.

Al detallarle su físico en uno de sus retratos, se notaba el cabello grueso y natural, acostumbró usarlo largo y arreglado. Hermosa figura que atraía la mirada de muchos. De andar pausado y elegante. Su peso y contextura física le permitió desplazarse a su conveniencia en el área urbana del pueblo, como en el campo. Su soberbio aspecto físico, combinó hasta en las más apretadas situaciones y contingencias, con sus reacciones, siempre amable, comprensible y demostrando seguridad para los suyos. No se dejó arrebatar el control de la situación ni las perspectivas, ni siquiera cuando Antonio su esposo, y Américo, su hermano, no lograron la toma revolucionaria de Timotes y comenzaron  a ser perseguidos por las fuerzas del gobierno, y para colmo a este, le pusieron precio a su cabeza.  

Agripina Burelli García, también nombrada como la maestra Agripina o doña Agripina, nació en 1879, en el fresco y vecino pueblo de Mendoza del Bomboy, estado Trujillo, Venezuela, en el seno de una familia de hacendados andinos, cultos, varios de ellos educadores: los García, a la que se integró un inmigrante italiano, que quería ser marino, oriundo de la Isla de Elba.

Hija de “ponchos” cultos, se crió en un ambiente de saberes y de ideas oligarcas nacionalistas. En el hogar de la terrateniente Petra Cantalicia García, mujer fuerte, educada en el mas calificado colegio de Trujillo, quien tocaba piano, de amplia y selecta lectura, abnegada y amorosa madre, y de un inmigrante italiano de nombre Giuseppe Zenone Burelli Raffaelli, luego venezolanizado como José Burelli, recibió Agripina una esmerada formación en valores cristianos y morales, al igual que sus hermanos, y con ellos compartió los afectos y vicisitudes de su crianza. La casa ubicada a pocos pasos de la Plaza Real de Mendoza y el templo San Antonio Abad,  aun existe.  Sus hermanos, primera y desconocida generación de los Burelli trujillanos: Américo, el Coronel nacionalista y antigomecista; Umberto, productor trigalero, Pedro Mario, el comerciante y Cristino Burelli García, el célebre molinero de La Puerta, son recordados por muchos de nuestros mayores y abuelos de Timotes, Mendoza  y La Puerta, como laboriosos hacendados y también, como insurrectos ante las injusticias; esto nos dice que ella tuvo las condiciones de gente con bienes de fortuna, que le dispensó atención, cuido y afecto, y a la vez, formación rebelde.

Transcurrió su infancia y juventud, en la casa familiar de la vieja aldea de Mendoza del valle de Bomboy, con casas de tapiales y tejas rojas; de la misma forma, pasaba días en “San Martin”, donde podía hacer muchas excursiones a una zona relativamente cercana, donde existía un pueblo de indígenas Timotes, en la margen derecha del rio Bomboy,  llamado La Puerta, y adyacentes a este sitio, estaban los grandes trigales de su mamá Petra Cantalicia y su abuelo Roque García, en las  posesiones “Quebrada Seca”, “San Martin”, “El Censo” y “El Portachuelo”, en este último sitio, donde había una muy pequeña laguna, y hoy está un bonito estanque natural, conocido como La Lagunita.

Para comprender cómo era La Puerta, a comienzos del siglo XX, ciclo vital de Agripina, la más detallada descripción la tenemos escrita por el acucioso don Mario, quien la incorporó en su única novela Los Ribera, asi: <<entre sembradíos de trigo y maíz, el camino del estrecho y delicioso valle de La Puerta>> (Briceño Iragorry, Mario. La Puerta a través del estrecho y delicioso valle. Novela Los Ribera. En: La Puerta, un pueblo, José Rafael Abreu. Caracas. 1969);  se refería al paso estrecho que había desde El Portachuelo de La Mocotí, tierras de los padres de Agripina, para llegar a la plaza de La Puerta.

Igualmente, de la descripción hecha por don Mario, tomo: <<Las casas son sencillas, las aceras están a medio hacer, la iglesia es pobre, la plaza es solo un solar abierto, sembrado de menuda hierba. Sus vecinos son buena gente agricultora, que vive de la molienda del trigo, de la fabricación del queso y de la saca de panela. Apenas había una escuela primaria y el Cura  poco cuidaba de sus feligreses, pues tenía que atender, también y en forma principal, a la feligresía de Mendoza>> (Ídem). El molino de trigo al que hace alusión, es el de Petra Cantalicia García, madre de Agripina. (Briceño Valero, Américo. Geografía del Estado Trujillo. pág. 123. Editorial Cultura Venezolana. Caracas. 1920). Tenía este pequeño pueblo, por aquellos días, 38 casas y 260 habitantes. 

Como es generalmente aceptado, los símbolos, entre ellos, el nombre de pila, nos ayudan a comprender y en muchos casos a contextualizar los hechos y los personajes del remoto pasado, mujeres bellas vinculadas con el poder y con la apasionante historia de Italia. Haciendo  una aproximación  afín, es probable que las características físicas, de la recién nacida, hayan sido las de tener sumamente blanca su piel,  con pelo claro ensortijado y de reacciones y lloriqueos fuertes, que los llevaron a pensar en ponerle dicho nombre.

El nombre de Agripina, significa nacida de un parto pedáneo, es decir, salió de pies, lo que antiguamente se conoció como parto difícil; pero también es posible que se lo haya seleccionado el papá, como reminiscencia de la célebre y poderosa dama del imperio romano, “Agripina la  mayor”,  bella mujer del imperio romano.

Un rostro serio y a la vez, encantador, con ojos oscuros y cejas arqueadas, de mirada impenetrable, fue la expresión física en su mayoridad. Sus finos labios, sensuales, libraban una enigmática sonrisa, cuando quería y lo creía prudente; de ahí, brotaban palabras y un aroma propio de sensibilidad femenina. 

Al detallarle su físico, en uno de sus retratos se notaba el cabello grueso y natural, acostumbró usarlo largo y arreglado.  Hermosa figura que atraía la mirada de muchos. De andar pausado y elegante. Su peso y contextura física le permitió desplazarse a su conveniencia en el pueblo, como en el campo. Tenía la costumbre de pasar a menudo sus delicadas manos por el vestido, para sacudir cualquier hebra o polvo de los montes y camino o para alisarlo y no se le arrugara. 

Su soberbio aspecto físico, combinó hasta en las mas apretadas situaciones y contingencias, con sus reacciones, siempre amable, comprensible y demostrando seguridad para los suyos. No se dejó arrebatar el control de la situación ni las perspectivas, ni siquiera cuando Américo, no logró la toma revolucionaria de Timotes y comenzó a ser perseguido por las fuerzas del gobierno, y le pusieron precio a su cabeza.  

Hija de “ponchos”, se crió en un ambiente de cultura y de ideas oligarcas nacionalistas;  a su padre  Giuseppe Zenone Burelli Raffaelli, quien fue conocido como “El Jurungo”, por no saber hablar bien el español, no obstante bien relacionado políticamente, lo visitaban con frecuencia personajes enviados por los generales Leopoldo Baptista y el mismo general Juan Bautista Araujo,  jefes militares y políticos del conservadurismo andino, asimismo, personalidades del mundo de la cultura y las letras. Consentida por ser la única hembra entre sus hermanos, se forjó un carácter fuerte, de decisiones y compromisos, pero a la vez, era cariñosa, atenta y afectuosa.

Junto a ella, se criaba un aguerrido caudillo andino, que con el tiempo seria destacado militar nacionalista y defensor de la Patria, su hermano el coronel Américo Burelli García, uno de los varones de la Sierra de la Culata, quien luego de un levantamiento contra el dictador Juan Vicente Gómez, cayó prisionero de la dictadura y pasaría más de 10 años en las mazmorras del Castillo San Carlos del Zulia, y luego, unos años más en el Castillo de Puerto Cabello, ambas tenebrosas y sombrías fortalezas venezolanas.

En el hogar de la terrateniente Petra Cantalicia García, mujer fuerte, educada en el mas calificado colegio de Trujillo, quien tocaba piano, de amplia y selecta lectura, abnegada y amorosa madre, y de un inmigrante italiano de nombre Giuseppe Zenone Burelli Raffaelli, luego venezolanizado como José Burelli, recibió Agripina una esmerada formación en valores cristianos y morales, al igual que sus hermanos, y con ellos compartió los afectos y vicisitudes de su crianza. La casa ubicada a pocos pasos de la Plaza Real de Mendoza y el templo San Antonio Abad,  aun existe.  Sus hermanos Américo, el Coronel nacionalista y antigomecista; Umberto, productor agrícola, Pedro Mario, el comerciante y Cristino Burelli García, el célebre molinero de La Puerta,  son recordados por muchos de nuestros mayores y abuelos de Timotes, Mendoza  y La Puerta, como laboriosos hacendados y también, como insurrectos ante las injusticias; esto nos dice que ella tuvo las condiciones de gente con bienes de fortuna, que le dispensó atención, cuido y afecto, y a la vez, formación rebelde.

Transcurrió su infancia y juventud, en la casa familiar de la vieja aldea de Mendoza del valle de Bomboy, con casas de tapiales y tejas rojas; de la misma forma, pasaba días en “San Martin”, donde podía hacer muchas excursiones a una zona relativamente cercana, donde existía un pueblo de indígenas Timotes, en la margen derecha del rio Bomboy,  llamado La Puerta, y adyacentes a este sitio, estaban los grandes trigales de su mamá Petra Cantalicia y su abuelo Roque García, en las  posesiones “Quebrada Seca”, “San Martin”, “El Censo” y “El Portachuelo”, en este último sitio, donde había una muy pequeña laguna, y hoy está un bonito estanque natural, conocido como La Lagunita.

Para comprender cómo era La Puerta, a comienzos del siglo XX, la más detallada descripción la tenemos escrita por el acucioso don Mario, quien la incorporó en su única novela Los Ribera, asi: <<entre sembradíos de trigo y maíz, el camino del estrecho y delicioso valle de La Puerta>> (Briceño Iragorry, Mario. La Puerta a través del estrecho y delicioso valle. Novela Los Ribera. En: La Puerta, un pueblo, José Rafael Abreu. Caracas. 1969);  se refería al paso estrecho que había desde La Mocotí hasta la plaza de La Puerta, esos sembradíos de trigo que vio en El Portachuelo (hoy llamado La Lagunita), luego los de San Martin, Quebrada Seca, El Censo, inclusive en lotes de la cabecera de La Puerta, eran posesiones de los Burelli García, cuyo elemento dinamizador fue el hermano de Agripina, Américo.  Éste, es uno de los notables siete hacendados que existían para aquel tiempo en todo el Municipio La Puerta (Bennet, 376).  

Igualmente, en la descripción hecha por don Mario, señaló: <<La pequeña población se ha mantenido pese a su antigua data en escaso desarrollo. Las casas son sencillas, las aceras están a medio hacer, la iglesia es pobre, la plaza es solo un solar abierto, sembrado de menuda hierba. Sus vecinos son buena gente agricultora, que vive de la molienda del trigo, de la fabricación del queso y de la saca de panela. Apenas había una escuela primaria y el Cura  poco cuidaba de sus feligreses, pues tenía que atender, también y en forma principal, a la feligresía de Mendoza>> (Ídem). El molino de trigo al que hace alusión, es el de Petra Cantalicia García, madre de los Burelli García. Tenía este pequeño pueblo, por aquellos días, 38 casas y 260 habitantes (Briceño Valero, Américo. Geografía del Estado Trujillo. pág. 123. Editorial Cultura Venezolana. Caracas. 1920). Era el nuevo comienzo, el tercer poblamiento en lo que eran las tierras del núcleo de viviendas indígenas, ahora área urbana, rodeada de los viejos campos de trigales. 

La formación magisterial de Agripina, comenzó con las lecciones que le dio su madre Petra Cantalicia, quien había estudiado en colegios de Trujillo y Valera.  Hizo estudios Agripina, en la escuela de niñas de Mendoza, bajo la guía y orientación de viejos maestros y maestras valeranas y particularmente sus tías y primas  educadoras.

 Ese Municipio, de clima saludable, con carretera a Valera, un hotel y varias casas mercantiles e importadoras, allí, en una amplia casa de ventanales, que aun se mantiene en pie, ubicada frente a la esquina nor-este de la Plaza Bolívar. Aprendió a hablar algunas expresiones en italiano con su padre “el Jurungo” Giuseppe, su tío Luigi, y sus tías, y también a cantar. Agripina, estuvo dotada de esas virtudes y principalmente, la vocación por la pedagogía.  

Sus hermanos abrieron un importante establecimiento comercial denominado Burelli Hermanos (Bennet, 374); en dicho Municipio, caracterizado por sus extensas posesiones de café, caña de azúcar y por hatos de ganado vacuno, caballar y lanar, contaban asimismo, con buena influencia de su gente, en conocimientos de historia Patria, la tierra de los patriotas coronel Antonio Nicolás Briceño y sus hermanos, igualmente, del cura patriota y santo Francisco Antonio Rosario.

Fue a instruirse luego, al colegio de Trujillo, donde estudio Petra Cantalicia, su madre. Andaba el tiempo, y estudiaba más que un didáctico normal, sentía la necesidad de formarse adecuadamente. Se convirtió en una mujer de muchos conocimientos, en varias disciplinas, y era una rigurosa investigadora para sus lecciones y enseñanzas. En los relatos de La Puerta, es considerada como una de las  primeras maestras preparadas que dejó huella en la educación de esta comarca. Quienes la conocieron y trataron, la recuerdan como una dama delicada e intensamente estética, le desagradaba ver a sus alumnos desarreglados y usando vocablos vulgares. Profesaba sus valores cristianos y familiares, acerca del ser humano, y no compartía las injusticas, sobre todo cuando se maltrataba a algún niño de sus escueleros.

Los estudios de pedagogía en instituciones especializadas o creadas para ello, eran casi nulos, pero Agripina, tuvo que  prepararse como maestra, y además, tuvo que demostrar su reconocida moralidad para dar clases, exigencia, a la que se sumó la de demostrar con exámenes médicos, estar indemne de tuberculosis (Revista Pedagógica, 40), y de cualquier otra enfermedad contagiosa. 

Américo, su hermano, el valiente representante de La Puerta, destacado en batallas militares de los “Ponchos”, estando sus copartidarios en el alto mando del gobierno nacional, entre ellos, su amigo Leopoldo Baptista, Secretario de la Presidencia de la República, intercede para la creación de una escuela formal, pública y subvencionada por el gobierno. Al haber aprobado el examen de suficiencia en el Ministerio de Instrucción Pública, para ejercer como Preceptora de escuela, como se decía en aquellos tiempos, inició su labor docente en nuestro Municipio, en la escuela creada por el gobierno, ya bajo el modelo liberal gratuito y público.

La historiografía local, al referirse a los planteles educativos en La Puerta, registra que, <<Para el año 1907, solo había en todo el Municipio una escuela para varones, con sede en la población de La Puerta y a cargo de don Lucio Viloria…esta escuela fue eliminada pocos años después; en su lugar fue creada una Escuela mixta bajo la dirección de doña Agripina de Parra>> (Abreu, José Rafael. La Puerta: un pueblo. pág. 71. Editorial Arte. Caracas. 1969); se dio el salto de la escuela selectiva y excluyente, a la nueva escuela liberal, que inició en septiembre de 1909; también dieron clases allí, doña Concepción de Salinas, la señora Adriana Gabaldon de Mora, y su hija Elvira Mora Gabaldon, Edilia Carrasquero Bello y doña Juanita Archila; institución que continuó el desarrollo de la instrucción pública primaria en nuestra comarca, es decir, 1°, 2° y 3° grados. Hubo algo maravilloso en esa escuela, enseñaban además de primeras letras, canto, guitarra y la elaboración de la deliciosa dulcería criolla.  

En la publicación del Centro de Historia del estado Trujillo, sobre anales de la educación en esta región, aparece que, para el 2 de julio de 1911, estaba creada la nueva Escuela Nacional Mixta de Niñas de La Puerta N° 22, de carácter mixto, para dictar clases a niñas y a varones, siendo su primera preceptora doña Agripina, luego serian preceptoras la maestras Srta. Sofía Ramírez, como Directora y la Srta. María Teresa Heredia, suplente, con la responsabilidad de impartir el programa de primeras letras; siendo el Intendente de Instrucción Pública de ese Municipio, el señor Ignacio González  (Revista Pedagógica. Órgano de la Instrucción Primaria Federal del Estado Trujillo. Publicación del CHET. Trujillo. 1981). Este González, fue Jefe Civil, Juez y otras veces Secretario. Las escuelas del vecino Municipio Mendoza, eran las Nros. 20 y 21.

Fue tanta la aspiración de las familias campesinas de los distintos sectores, caseríos y páramos, de poner a estudiar a sus hijos en la escuela nueva del pueblo, dirigida por Agripina, que, fue poca la capacidad de la institución para aceptar e impartir enseñanza a la amplia matrícula de aspirantes. En 1912, el Superintendente de Educación de Trujillo, en comunicación de 1° de febrero de dicho año, dirigida al Ministro de Instrucción Pública, le plantea la urgente necesidad de crear una escuela de varones para el Municipio La Puerta (Revista Pedagógica: 117); eran tiempos de la nueva escuela, como concepto democratizador de la enseñanza, pero también aunque parezca contradictorio, tiempos del gobierno del general Juan Vicente Gómez, la crearían muchos años después.

El año escolar, de acuerdo al Código de Instrucción Pública, se iniciaba el 16 de septiembre y concluía, con el último examen en julio. Nuestros mayores y abuelos, recordaban que utilizaron el antiquísimo libro Mantilla y el de Mandivel, para aprender a leer, luego los maestros lo sustituyeron por el oficializado Libro Primario y el método de Appleton, para enseñar a leer, igualmente el texto del padre Francisco Labastida, descendiente de la familia Labastida de este valle, sobre Lenguaje Nacional, para lectura y pronunciación castellana.

En la Escuela Nacional Mixta de Niñas de La Puerta N° 22 de La Puerta, Agripina hizo todo el esfuerzo por establecer y ajustar las directrices del Código de Instrucción Pública, impartiendo como materias obligatorias de enseñanza, lectura, escritura, ejercicios de lenguaje, geografía de Venezuela y universal, las cuatro reglas aritméticas, el sistema métrico decimal y doctrina cristiana, así lo había establecido el Ministerio (Revista Pedagógica, 39). Al iniciarse el régimen gomecista, este quiso caracterizarse como bolivariano, y estableció entre otras cosas, la celebración obligatoria en todas las escuelas, del onomástico del Libertador, es decir, el 28 de octubre, día de San Simón, como manera de reconocimiento a la magna obra independentista (36); quizás la celebración de mayor prosapia escolar.  

La maestra Agripina, sabía muy bien que la grandeza de los pueblos, están sostenidas en sus valores y virtudes, así como, en la cultura y la intelectualidad de sus integrantes, por eso, su amplio esfuerzo a lograr ese objetivo de progreso. El hacendado y escritor José Rafael Abreu, al referirse a Agripina Burelli, y las otras maestras de este tiempo, señaló: <<antes que servir por la paga, dijerase que pagaron por servir, por educar a quienes, levantándose, pudieran elevar de nivel la existencia del pueblo>> (Abreu, José Rafael. La Puerta: un pueblo. pág. 62); Abreu, fue también maestro de primeras letras, hacendado y era casado con una sobrina de doña Agripina.

Comenzando  el siglo XX, Agripina como se le decía respetuosamente en el pueblo, se casó con un señor que le duplicaba la edad, de nombre Antonio Parra, quien nació 1852, en Mendoza del Bomboy, Trujillo, Venezuela, y fue uno de los voluntariosos productores de caña dulce en nuestro valle, con el que procreó varios hijos y tuvo algunas pérdidas, que seguramente la obligaron a desistir de continuar al frente del plantel educativo.

Ella se casó  muy joven,  con Antonio Parra, procreó 13 hijos, Sandra Lozano Barone, hija de Dulce Barone Parra, a su vez, hija de María Emira del Carmen Parra Burelli,  hija de la  Preceptora, nos explica que,  <<Su abuela Agripina tuvo 13 hijos de los cuales murieron 3 y quedaron 10, todos hijos de Antonio Parra, sus nombres de mayor a menor: Elide, Nestor, Enriqueta, Mario, OIiva, Mirian , Edmundo, Juan de Dios, María Emira del Carmen y  Luis. De ellos, solo Elide la mayor  y Oliva se quedaron viviendo en Mendoza>> (Datos suministrados por Sandra Lozano Barone, bisnieta de Agripina Burelli de Parra. Diciembre 2023). 

Por motivo de trabajo del marido, aceptó el cambio y se trasladó por un tiempo a un pueblo del estado Mérida. Fue a dar, a un sitio entre montañas, cercano a la zona sur del lago de Maracaibo, de temperatura variable, inclinada más a lo caluroso, diferente a lo que había disfrutado hasta ese momento, a Torondoy, hoy cabecera del Municipio Justo Briceño, estado Mérida, donde la agricultura y la ganadería eran las actividades económicas principales. Se desconoce, si de su madre, heredó alguna propiedad en este sitio. Allí llegaron, al emprendedor pueblo de Torondoy, con la familia y realizó también obra docente. Su esposo Antonio Parra, hacendado en Mendoza, también tenía un trapiche ubicado en el sitio denominado "Los Barriales", en el área urbana de La Puerta (Abreu, 44), hacia el lado oeste del rio Bomboy. Murió  en Torondoy, Municipio Justo Briceño, estado Mérida, el 25 de julio de 1917,  tenía entre 64 y 65 años de edad (Geni.com), al parecer, luchando contra la dictadura.  

En mayo de 1913, cuando Leopoldo Baptista, oficial superior de Américo Burelli García,  abandona el país y va a exilarse a la isla de Curazao, para algunos historiadores, como protesta ante la intención reeleccionista del general Juan Vicente Gómez en la Presidencia de la República, Américo quien había tenido responsabilidades como jefe de armas en varias ciudades de la República,  muestra su solidaridad con Baptista y se suma al movimiento conspirativo anti reeleccionista nacional, que pasaba por el alzamiento de todas las tropas regionales en pro del derrocamiento del Dictador. . Su cuñado Antonio Parra se sumó a la conspiración.      

Al año siguiente, en la casa de los Burelli, en La Puerta, hubo mucho movimiento y hasta visitas de gente extraña, todos buscaban conversar con Américo.  El  día fijado para el levantamiento armado y la invasión por la costa, era el 24 de julio, fecha de nacimiento del general Gómez. Al enterarse de este nuevo plan, esa nueva experiencia que se proponían, desconcertó a toda la familia; Agripina fue solidaria, quería que derrocaran al dictador, pero  quería a sus hermanos vivos y sanos. Para  Américo, Umberto y Pedro Mario,  la conspiración se convirtió en el centro de su pensamiento y de sus propias vidas, los tres hermanos Burelli, así lo decidieron, al costo que tuviere, no importaban los riesgos, ni las correrías azarosas que seguramente se presentarían, ni las acciones inciertas o caídas que pudieran tener, era el costo del poder, ellos cabalgarían esa aventura,  participarían y serian protagonistas en la mas revolucionaria causa de inicio del siglo XX en Venezuela, harían historia, Américo los había convencido.

Américo a finales de 1916, logró burlar el cerco militar y se refugió en Mendoza donde todos los vecinos lo protegían. Con su hermano Pedro, tomó el control de sus tierras  en Quebrada Seca y El Portachuelo. De La Puerta a Mendoza  se hacía en una jornada de camino, de 8 horas a pie. 

Un día del año 1917, estando como presidente del estado Timoleón Omaña, le envió una carta al Coronel Américo pidiéndole una entrevista, garantizando su libertad; este aceptó, se presentó en la ciudad de Trujillo y antes de entrar al despacho, lo capturan, es esposado y enviado a la cárcel de la isla de San Carlos,  en el Zulia, donde estuvo por espacio de 10 años.

Comienzan sus sufrimientos, Américo, el militar, su hermano protector, fue capturado y convertido en prisionero en el castillo de San Carlos del Zulia, esto le causó un profundo dolor, allí, pasado un tiempo, iba a visitarlo. Eran los hermanos menores de la familia Burelli García, y esa especial condición los había convertido en cómplices solidarios y de protección. La casa de familia que tenían en su posesión “San Martin” (La Puerta), donde vivía su padre y Américo, fue quemada y destruida totalmente, y saqueada la finca por las fuerzas policiales y militares del gobierno; de ese calibre eran las represalias, en tiempo de caudillos.

Era imparable, el despojo y saqueo de los bienes del coronel y de sus hermanos,  los hubo, y quemaron y destruyeron la casa de Américo en San Martín, Sandra Lozano Barone, bisnieta, nos comenta que en su familia comentaban  <<que la dictadura les había quitado todo>> (Datos citados).

Ese mismo año, recibe otro duro golpe, su esposo Antonio Parra, fallece en Torondoy, cuando este contaba con 64 años de edad (Datos tomados de Geni.com). Al enviudar se comentó la historia que, Antonio Parra <<contada en familia, había muerto en el levantamiento contra Gómez>> (Notas citadas).  Posterior a esto, el 11 de abril de 1920, muere en La Puerta, su padre Giussepe Zenone Burelli Raffaelli, tenia éste, 78 años de edad.

El amor y predilección  de Agripina,  por su hermano Américo era de tan alta magnitud, que cuando la visitaba y éste salía de paseo o a realizar diligencias, ella hacía que lo acompañara un joven de nombre Edmundo, algunos le decían “Mundo”. Un día del año 1931, entró a las montañas de La Puerta, una comisión a caballo, buscando a un enemigo del gobierno, que no era otro que, Américo Burelli García, al Coronel nacionalista, lo persiguieron y le dieron alcance, tenía unas 5 décadas de edad, enfermo y con el estigma de haber soportado muchos años de cárcel; cuando lo detienen los policías lo golpean y junto con él, golpeado en la cara, por la culata de los máuseres de los “chácharos” de “La Sagrada”, iba Edmundo. Los bajaron al pueblo, sus amigos y compañeros los pudieron ver, iba amarrado de los brazos, sobre su caballo blanco, flanqueado por la tropa del gobierno,  y detrás iba con una fuerte herida en su cara, Edmundo Parra, su sobrino, el hijo de la maestra Agripina.  (Burelli Rivas, Miguel. Prologo a la edición de 1969, del libro La Puerta, un pueblo. José Rafael Abreu. pag.12). El hostigamiento y la persecución contra José Américo Burelli eran permanente; ahora, el Coronel, vuelve a la cárcel, esta vez a las mazmorras del Castillo de Puerto Cabello.   

Siendo dueña de derechos sobre las posesiones y bienes dejados por su madre, entre ellos, el molino de trigo de La Puerta,  en el año 1922, Umberto con su salud deteriorada, le transmitió por venta a Agripina y a sus otros hermanos, el derecho de tierra que tenia sobre la posesión “San Martin y Loma del Senso”; el documento correspondiente autenticado el 8-2-1922, contiene lo siguiente:   “folio 69. Febrero 8 1922. Yo Humberto Burelli vecino del Municipio La Puerta, mayor de edad, agricultor y en capacidad legal para todos los acto de la vida civil declaro: que he vendido irrevocablemente a mis legítimos hermanos Cristino y Pedro Mario Burelli, José Américo Burelli y Agripina Burelli viuda de Parra,  los dos primeros y la ultima vecinos de este Municipio y el tercero detenido actualmente en el Castillo  San Carlos, representado este por su apoderado Pedro Mario Burelli, todos vecinos mayores de edad y agricultores y la ultima con los oficios domésticos y capaces para contratar, el resto del derecho de tierra que poseo en la posesión “San Martin y Loma del Senso” en jurisdicción de este Municipio, o sean tres cuartas partes por haber vendido una cuarta parte al señor Carmen González. Este terreno que hoy vendo lo hube por herencia materna y linda por el pie con Ciriaco Carrasquero, sucesión de Antonio Sierra y Rafael Abreu; por un costado posesión de Carmen González y Juan Domingo Araujo; por otro costado con Rafael Abreu y por cabecera con derrames para Montecarmelo y por el este el filo de la montaña>>. (Encontrado en: Libro Documentos Varios1900-1916. Registro de Poderes Juzgado Municipio La Puerta, julio 28 de 1900. Juez Rafael Monreal. Ignacio González. Secretario.  Archivo Juzgado Primero de Municipio Valera, estado Trujillo); se hizo constar en este documento que José Américo Burelli, para ese tiempo, se encontraba detenido en el Castillo  San Carlos, y en esa negociación estuvo representado por su apoderado Pedro Mario Burelli, su hermano.

Otro dato interesante es, que legalizada esta venta, estando su hermano Américo preso, muerto Pedro Mario y muerto Umberto, viviendo ella en La Puerta, extrañamente le da Poder especial ante el Tribunal de La Puerta, el 21 de abril 1922, al señor José Abel González, Jefe Civil del Municipio, para que la representara en el inventario liquidación y partición de la herencia quedante al fallecimiento de su  hermano Umberto, que era propietario de otros bienes. El día 17 de marzo de 1922, efectivamente dejó de existir su hermano Umberto, en La Puerta, el pueblo de donde nunca se fue, como bien lo dijo Pedro Mario Burelli García.

La maestra Agripina, vivió en La Puerta, con su familia hasta el año 1923, después de que se celebró el matrimonio de su hija Josefa María Parra Burelli, con Gerónimo González, oriundo de Jajó, la novia tenía 28 años de edad  y fue tan formal este acto que en el acta especifican fue realizado <<en la casa de habitación de la señora Agripina Burelli de Parra>>, en La Puerta, siendo jefe civil el mismo José Abel González, quien fungía como apoderado de la maestra. Fueron testigos del acto Emilio Ibarra, quien fue Jefe Civil de este Municipio y su esposa Juana Rumbos, estos son personas reconocidas en Mendoza, el señor Aquilino Azuaje, era un personaje de aquí, fue Jefe Civil de La Puerta, y la señora Anita Parilli de Ribera.

Lozano Barone, en su  narración explica que, Agripina Burelli << llegó a Caracas con sus hijos sin nada, la dictadura les había quitado sus propiedades como represalia a los Burelli>> (Notas citadas); es posible que ese fuera una de las formas de gobierno, para quitar los bienes a sus opositores. 

Agripina, murió en 1948, en la ciudad de Caracas,  a los sesenta y nueve años de edad, su bisnieta nos refiere: << mi mamá Dulce Barone Parra, hija de Maria Emira del Carmen Parra Burelli, me dice que ella tenía 5 años cuando murió su abuela Agripina, ella asistió al funeral, la fecha de su fallecimiento debe ser 1948, en Caracas>> (Notas citadas); murió a los 69 años de edad, evocando siempre en sus recuerdos, la hazaña inmortal del coronel Américo Burelli, su hermano, sobre las montañas trujillanas y merideñas, en defensa de la Patria.

La vida de la única hembra, de los hermanos Burelli García, tiene sentido trascendental, no solo por ser hermana de uno de los grandes caudillos andinos del siglo XIX y comienzos del XX, sino por su destacada actuación como educadora y primera directora de una institución educativa pública y de carácter mixta, es decir, para hembras y varones, la Escuela Nacional Mixta de Niñas de La Puerta N° 22, que sustituyó el viejo régimen de escuela solo para varones, que constituye una notable contribución a la educación de nuestra Parroquia. Por eso, es justo que La Puerta, la reconozca y recuerde  con respeto, entre sus mejores motivos de orgullo, en homenaje a su labor pionera de la educación en esta comarca. Expreso mi  agradecimiento a  Sandra Lozano Barone, por su generosidad al aportarnos datos sobre este personaje.   

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com

sábado, 3 de junio de 2023

El Censo, histórico lugar de La Puerta.

     Caserío El Censo, histórico lugar de La Puerta.

Por Oswaldo Manrique (*).


La historia mínima de este Caserío.

La historia de cada uno de los caseríos que conforman la parroquia La Puerta, constituye una especie de mundo particular, encantado y enigmático, pero que a la vez, le da cuerpo de comunidad,  identidad, pertenencia, y le da esa característica a La Puerta, en su totalidad, de pueblo con una historia estremecedora y con visos de enigmática. 


El caserío El Censo, está ubicado en una hermosa posesión de tierras de fresca montaña denominada antiguamente El Mirador, que desde tiempos ancestrales sus primeros pobladores fueron indígenas Mukutís, de la gran nación Timotes.  Con el devenir, dicha posesión perteneció a Don Roque García, rico hacendado de Mendoza del Bomboy, que las continuó cultivando de extensos y productivos trigales como lo refirió el investigador alemán Humboldt en 1800; a su fallecimiento, le quedó esa heredad a su hija Petra Cantalicia García; y al morir está, la heredaron sus cinco hijos, Cristino el Molinero, Umberto, la maestra Agripina, Pedro Mario y el coronel Américo Burelli García.  

Cristino Burelli García, <<heredó las tierras desde El Censo hacia arriba pasando por "San Rafael" hasta la Cima. Don Cristino vivía donde llamaban la Casa de Teja, cerca de ahí vivió el señor Ezequiel Salazar y su familia>> (Notas historiográficas de Antonio Lino Rivero sobre El Censo y Quebrada Seca. Maracaibo. 2012);  hombre de buen humor, como hijo del “Jurungo” Burelli, acostumbraba a expresarse en italiano; <<Al tiempo vivieron en ese sector la familia Salazar, Elvira Rivero y familia, Mario Paredes y familia, Catalina Rivero vivió en El Censo con su familia. Cuando se mudó para Quebrada Seca su hijo Martín que ya se había casado, siguió viviendo allí con su familia>> (Ídem). Cristino, nació en 1871, y murió en 1936.

Umberto, su hermano, tenía la posesión desde Los Árboles hasta la quebrada que une El Censo con la Media Loma. . La posesión denominada “San Martin y Loma del Senso” en jurisdicción de este Municipio, cuyo copropietario era Umberto Burelli,  <<linda por el pie con Ciriaco Carrasquero, sucesión de Antonio Sierra y Rafael Abreu; por un costado posesión de Carmen González y Juan Domingo Araujo; por otro costado con Rafael Abreu y por cabecera con derrames para Montecarmelo y por el este el filo de la montaña>>. (Encontrado en: Libro Documentos Varios1900-1916. Registro de Poderes Juzgado Municipio La Puerta, julio 28 de 1900); Umberto, se la ofreció en venta a Martin Rivero, pero no tenía el dinero y se la vendió a Ezequiel Salazar. Sin embargo, amigo de Martin, lo autorizó y ayudó a construir una casa más amplia, que la que tenía. Posteriormente, este Ezequiel le vendió la mitad de esa posesión a Leonardo Rivero, quien al parecer era hijo de Gorgonia Rivero y Cristino Burelli, hermano de Don Umberto. Leonardo nació en 1906.  Las primeras casas de este sector, fueron 3 de los Rivero, Don Umberto Burelli García tenía la suya en Los Árboles, donde vivía con una señora, de quien dicen le dio lepra, al morir ella, quemaron la casa. El Coronel, sembraba El Portachuelo y San Martin. Umberto Burelli, nació en el año 1874 y murió en 1922.

La versión de Antonio Lino Rivero, especifica lo siguiente: <<Don Humberto heredó las tierras desde "Los Arboles" pasando por "Los Camamones", Los Porfiados" y El Censo  hasta llegar a la quebradita del Censo, vía la Medía Loma, "Los Manzanos".  En el sector "Los Arboles" vivió Don Humberto Burelli, me cuenta mi papá que habían dos casas muy bonitas, desde ahí se observaba el valle de Quebrada Seca, el Filo de la Serranía y el pueblo de La Puerta>> (Notas historiográficas de Antonio Lino Rivero sobre El Censo y Quebrada Seca. Maracaibo. 2012).


Y se alzaron contra el cruel general Gómez. 


Quizás el resto de los venezolanos piense que la vida en estos pueblos rurales y andinos es aburrida y bucólica, como la llaman y al contrario, es de una cotidianidad intensa y vertiginosa, donde la preocupación de uno es la preocupación de todos en torno al hecho social, político o religioso, y por supuesto, a los grandes problemas. 

Así, va sucediendo la vida en nuestras comunidades, pareciera que los sucesos históricos nuestros fueran realmente nuestros y únicos porque se ha escrito muy poco, por no decir nada de ellos. La historiografía ha obviado esos hechos, igual los que tienen que ver con El Censo y sus alrededores, incluyendo lo que es El Portachuelo, San Martín, los Llanos de San Pedro y por supuesto La Puerta, actuando como todo un pueblo en colectivo, uno de ellos, fue el levantamiento de nuestras montoneras puertenses contra Juan Vicente Gómez, que se ha llamado o se le recuerda como "la guerra de los 15 días", cuando éste, comenzó la rebatiña de las concesiones de asfalto, petróleo y minería, es el alzamiento campesino guerrillero contra el dictador, que liderizaron los Varones de la Sierra de La Culata, comenzando por el coronel Américo Burelli García, el legendario y justiciero Coronel Sandalio Ruz, habitante de Los Aposentos, Cesáreo Parra, el de la feroz cabalgata, Umberto Burelli, el joven José Pabón El Mártir, el Macho Palomares, lugarteniente de el Tigre de Guaitó general Rafael Montilla Petaquero; y Mitrídates Volcanes el recordado último montonero y lugarteniente del coronel Américo. Al considerar realmente nuestra historia y por supuesto este tipo de cruzada rebelde ante el problema nacional, desde una localidad serrana,  donde se incorpora todo este pequeño y gigante pueblo, demuestra tanta intensidad, que realmente no se borran de la memoria colectiva de nuestra gente.

Encontrarán en nuestras montañas, en nuestros paramos, de rancho en rancho, de casa en casa, quien comente la historia por lo menos de algún familiar o tatarabuelo, relacionado con el levantamiento de La Culata, o la guerra de los 15 días, o la toma y sitio de Timotes, la cacería y persecución al coronel Américo, hechos estos de una de los grandes jornadas históricas nacionalistas contra la dictadura del general Gómez, que mucha gente no lo conoce, pero para lo interno de todos los caseríos de nuestra Parroquia, es un tema que forma parte de nuestra cultura y de nuestra idiosincrasia que todos comentan, casi como parte de nuestras intimidades. 


Espacio geográfico.


El caserío El Censo, jurisdicción de la Parroquia La Puerta, Municipio Valera, perteneciente al estado Trujillo, Venezuela, se encuentra a una altura de más de 2.450 msnm,  localizado entre sectores igualmente interesantes como La Lagunita del Portachuelo, a un poco más de 1 km., Media Loma, Quebrada Seca, San Pedro, y a unos 5 km aproximadamente del área urbana de La Puerta. Anteriormente, se le llamó El Mirador, porque desde allí se logra observar diáfanamente la población de La Puerta y otros lugares. 



El particular y simpático topónimo.


En tiempos, que gobernaba el general Antonio Guzmán Blanco, se ordenó realizar el primer censo del país. Nos explicó Antonio Lino Rivero, hijo del maestro Martín Rivero, ambos nativos de este sector, que a ciertos sectores de La Puerta encomendaron dicha actividad a las “hermanitas”, que eran personas religiosas. A El Mirador, en donde habían pocas casas, llegó un grupo de estás monjas, a la vivienda familiar de Catalina Rivero, madre de Martín Rivero y le informaron lo del Censo. Como las familias estaban muy distantes, en Los Repechos, Media Loma, Charcal, Hato Viejo, Pozo Redondo, comprendieron la importancia, y se comprometió a convocarlas para que asistieran a su casa y las pudieran matricular a todas. Las empadronadoras aceptaron y se alojaron en casa de los Rivero por 4 días, la gente acudió allí y realizaron su labor. 

Este empadronamiento, ordenado por el Presidente Guzmán Blanco, se realizó entre el 7 y 9 de noviembre del año 1873 y se publicó el 27 de abril de 1874 (tomado de Datos del Instituto Nacional de Estadísticas).

Antonio Lino Rivero, rememoró el acontecimiento que le contó su padre, de la siguiente forma: <<el Censo, cuándo esas tierras eran de Don Roque García, supuestamente ese lugar se llamaba “El Mirador” por su vista panorámica hacia el pueblo de La Puerta y otras comunidades. Cuándo Don Humberto Burelli heredó las tierras antes mencionadas ya Catalina Rivero y sus hijos vivían en ese lugar, unas monjitas llegaron ahí con la misión de censar a la comunidad, estás se quedaron dónde Catalina, hasta donde acudían los campesinos a censarse, de ahí el nombre del censo>> (Notas sobre los orígenes de los nombres del Censo y Quebrada Seca, según Antonio lindo Rivero, del 24-6-2007). Catalina nació en 1850 y murió en 1956, con 106 años, en El Censo.

Se hace la salvedad que, en documentos legales de propiedad inmobiliaria de este lugar, hemos encontrado escrito el topónimo como Senso, con “S”. Senso, palabra italiana, significa: sentido, dirección, rumbo, sensación, orientación. 

Posteriormente, el sitio donde se realizó el empadronamiento, se fue convirtiendo en epicentro de la comunidad y lo comenzaron a llamar como lugar del Censo o donde se realizó el Censo, y quedó usándose esa palabra, como topónimo del lugar. 

Gentilicio:

A los nativos de este caserío se les llama censenses, otros los llaman censeros.


La primera escuela de El Censo. Un joven impulsor comunal.


Una simpática anécdota.

Nos cuenta Antonio Lino Rivero, nativo de El Censo, que Martín Rivero, siendo niño muy católico, iba a misa los domingos, el cura se subía al púlpito a impartir su homilía y decía "hijos míos deben confesarse porque se los va a llevar el diablo", esta frase se le grabó al niño Martin. Su papá "Chon", que así le decían a Resurrección Araujo, oriundo de Jajó.  Se vino al Censo, a la parte baja y tuvo tres hijos con Catalina Rivero,  Martín, Elvira y Jacinta.  Catalina vivía en la parte de arriba y él en la parte de abajo, luego se fue a los Aposentos. Resurrección, comerciante, casado con la adinerada señora Victoria Carrizo, compró lo que hoy se conoce como La Flecha, hasta los predios de la familia González,  ahí desarrolla una finca llamada San Luis, que en parte hoy, están las cabañas Agripina.

Un día, “Chon” llamó a Martin para que lo ayudara a mover las vacas, las mulas y burros, en Comboquito, topónimo anterior de La Flecha, allí había ganado, y tenían unas tapias de arvejas y a Martin se le ocurrió subirse y comenzó a predicarle a los burros y lo escucharon cuando les dijo: -"¡arrepiéntanse! porque se los va a llevar el demonio". Los que lo estaban observando, se le acercaron y le preguntan ¿Por qué hacía eso? El niño les contestó: - Es que los burros se están alebrestando mucho.

Resurrección le notó inteligencia al niño y habló con Catalina, para ponerlo a estudiar, en aquellos tiempos de casi total analfabetismo. Martin, el hijo de Catalina Rivero y Resurrección Araujo, nativos de El Mirador (Censo), lo pusieron a cursar estudios de primeras letras en la selectiva escuela de don Lucio Viloria, en La Puerta. Este, le dio cupo, donde estudió entre los años 1912 y 1916. En los ratos libres, el pilas y sagaz "Cacha e' Tinta", como comenzaron a llamar a Martin, agarró uno de sus cuadernos y fue anotando las casas que habían en el pueblo, sus calles, características, así como, los datos de cada familia. 


La primera Escuela de El Censo.


Cuando Martín terminó sus estudios, se le metió en la cabeza hacer una escuela en su pequeño y alejado terruño, y en su misma vivienda, en El Censo. Se iba a pie con su hermano mayor Rafael, a Valera, iban con su mula cargada de mercancía y aprovechaba  ver en los negocios, los precios de los libros y de las libretas, él como tenía un torito lo cargaba de paja, con una o dos arrobas de paja por las que obtenía 2 bolívares y también lo bajaban a Valera, cuando regresaban después de la venta, traían el maíz para la casa y los libritos,  así fue comprando material para su proyecto de escuela; cuando tuvo varios libros, se puso a buscar la matrícula, es decir, el grupo de alumnos que iban a recibir clases en su escuela, así consiguió a 9 hembras y 9 varones de acuerdo a lo que contaba Ricardo Parra que fue su alumno. Dentro de su modalidad escolar, en el recreo o receso de clase el joven maestro, los llamaba a ayudarlo en agricultura, en la siembra de papa, bien a cosechar o desyerbar, limpiarla, los aprovechaba en ese sentido, así todos iban aprendiendo y la idea era que todos aprendieran bien, como primeros alumnos y a su vez, enseñarán a los otros a los de las siguientes generaciones. Esta escuela se fundó entre 1918-1920, según Antonio Lino Rivero, hijo del maestro Martín.


En esta misma escuela y como parte del conocimiento que se impartía, acostumbraban a celebrar las fiestas patrias, montando actos culturales, declamaban, cantaban, bailaban, se hablaba del 19 de abril, 5 de julio, de Carabobo, de los próceres de la patria, recuerdan que el maestro Martín, después que hacía una gran disertación sobre Simón Bolívar terminaba diciendo con alta y modulada voz <<y ese era Simón Bolívar>>. En El Censo vivió el maestro Martín hasta el año 1940, cuando se mudó a la población de La Puerta, como le gustaba la poesía, el canto, la música, en esa escuela inicial tenía también una vitrola que servía para animar las reuniones y hacer las fiestas tradicionales del caserío que ahí se realizaban. 

La lista de los primeros 18 estudiantes de la Escuela de El Censo, es la siguiente, varones: Félix Rivero, Emilio Toro, Olegario Salazar, Alfonso Salazar, Froilán Villarreal, Alfonso Ocanto, Ricardo Parra, Celestino Villarreal, Diego Villegas, Hipólito Villarreal, Edilio Villarreal, de las hembras, en esta primera matricula, estudiaron Amelia Paredes, Romualda Paredes, Ninfa Salazar, es hija de Ezequiel Salazar, Virginia y Vicente Rivero, Antonia Rivero y Elvira Rivero, esa era la la nómina de alumnos que tenía el maestro José Martín Rivero,  padre de Antonio Lino Rivero, que me la suministró. 

Vialidad.

Actualmente existe una vía agrícola, de mucha pendiente. Perteneciente a una parroquia de carácter turístico, este sector, por su paisaje paradisíaco, ubicación, clima, altura presenta fortalezas de desarrollo que pudieran dar inicio a su progreso como zona de esparcimiento agro turístico y de conservación ambiental. 


Rivero, recuerda que, en cuánto <<la carretera que es una vía que sube a la “Media Loma” a  Caseteja.  En la primera fase la fueron construyendo de noche a escondidas del dueño de las tierras, y posteriormente el otro ramal que llega al Censo. Luego hicieron el pedazo que llega a Quebrada Seca, pero con mucha muy pendiente>> (Datos suministrados por Wasap de Antonio Lino: 22-1-2023).

La Media Loma

En esta zona, existen varios caseríos y posesiones que están interconectadas, familiar, social, histórica, económica y culturalmente, uno de ellos, es la Media Loma. Uno de los primeros propietarios de las tierras de Media Loma era <<Rafael Abreu, de quien comentaban que tenía propiedades en Motatán y vivía en ese lugar. Las tierras de Media Loma las perdió en un pleito que le ganó el General Emilio Rivas, años después las vendió en una subasta donde estaban tres compradores. Rivas fue en 1928, Presidente del estado Trujillo. Mauricio Torres, Don Felipe Vieras y Don Audón Lamus, el que ofreció más fue Don Audón, (22.000 Bs.). Ya yo vivía en Maracaibo, cuando me entere qué había donado parte de esas tierras a la Diócesis de Trujillo>>. (Datos suministrados por Antonio Lino Rivero, vía Wasap el 22-1-2023). En este sitio, también vivió el legendario Cesario Parra.

Cesario Parra, uno de los aguerridos montoneros, que fue solidario con el coronel Américo Burelli, y le salvó la vida, <<vivía en la Media Loma, en lo que llaman Los Manzanos. Cesario, supuestamente era de Jajó, sus padres eran José Félix Parra y María Isabel Castellano, tenía dos hermanos Hipólito y Genaro y cuatro hermanas: Juana, Felipa, Petronila y Paula, se casó el día 13 de Noviembre con María Mercedes Paredes, quien era tía de mi mamá Leonor>> (Datos suministrados por Antonio Lino Rivero, vía Wasap: 22-1-2023).

Chucumbete

Este, era el nombre de parte de lo que hoy es la posesión San Pedro. En ese lugar tenía Don Ciriaco Carrasquero sus propiedades que eran grandes extensiones de terreno y llegaban hasta La Casa de Teja, dónde comienza la Media Loma (Datos suministrados por Antonio Lino Rivero, vía  Wasap: 22-1-2023). Cesario Parra, también trabajó en Chucumbete.


Notas de etnología. Valores, tradiciones, costumbres, religiosidad, identidad, pertenencia, idiosincrasia que caracterizan a los pobladores de El Censo.


En cuanto a las viejas costumbres de los censenses, Antonio Lino, refiere que en la vida espiritual,  <<La mayoría profesaba la religión católica y cada tercer domingo de cada mes bajaban al pueblo a cumplir con sus compromisos religiosos también asistían a las fiestas de la Virgen de la Paz y San Isidro. Uno de los primeros sacerdotes que recuerda mi papá el prebistero Eloy González Moreno, este vivía en Carmania y subía los terceros domingos a decir la Santa Misa>> (Notas sobre los orígenes de los nombres del Censo y Quebrada Seca, según Antonio Lino Rivero, del 24-6-2007); después conoció a otros sacerdotes como el padre Verde y el padre Trejo.


Festividades y actividades socioculturales.


Dentro de las principales festividades que se realizaban durante el pasado siglo XX, la de San Roque, quizás en homenaje al primer propietario don Roque García; la fiesta de la Virgen del Rosario. Una devoción muy antigua se mantiene en la actualidad, la de San Benito, en cuya organización de vasallos estuvo al frente como capitán, el señor Ricardo Parra, hijo del legendario Cesáreo Parra, igualmente, estuvo Santos Paredes. De esta devoción, se difunde y nace la cofradía en el área urbana, Pueblo Nuevo, con el señor Dolores, casado con Matilde Paredes, hija de Santos, destacados promotores de esta devoción parroquial. 

Otros datos etnológicos.

Cuando no existía electricidad ni telefonía, la gente se comunicaba por medio de un cacho de vaca o toro; si había la necesidad de avisar alguna contingencia o noticia, con el cacho gritaban "¡Fulano! El compadre está enfermo, venga a verlo antes de que se muera". A veces, era para formar la fiesta.

Como parte de su trato social,  en una oportunidad, los hijos decidieron celebrar en La Puerta, el cumpleaños 108 al maestro Martín Rivero, y lo trasladaron, vivía en Maracaibo. Invitaron a sus familiares y amigos. Ese día se presentó a la celebración el señor Ricardo Parra, ahijado y ex alumno, quien tenía 100 años de edad, y cuando entró, como si fuera a pagar promesa, hincado en la puerta le pidió la bendición, en la forma antigua y religiosa. Así era la costumbre. 


Economía. Costumbres ancestrales en la agricultura.


El Censo, como zona agrícola, en viejos tiempos, sus partes llanas eran sementeras de maíz y trigo, y en las faldas, sembraban caraota y arvejas, posteriormente se dedican al cultivo de hortalizas. Se mantenía las antiguas y colectivas prácticas agrícolas, como el convite, la vuelta e' mano, la "mañanita", y la "tardecita". 

En cuanto el trabajo en el campo <<no había horario de trabajo, no sé cobraba semanal. Se acostumbraba a Las Mañanitas, Las Tardecitas,  la Vuelta e' Mano o los famosos "Combites", los que sé negaban para estar les pagaban un real o un bolívar por todo el día, de acuerdo a su rendimiento, eso sí les daban las tres comidas Las “mañanitas” y “tardecitas” era un trabajo de corta duración, por lo que se buscaban a los vecinos más cercanos, la “vuelta e mano” la realizaban en uno o dos días, sin cobrar nada en efectivo, solo la comida; de la misma manera, cuando se trataba  del ayudante, a la recíproca tampoco le cobraba nada>> (Ídem); convenios colectivistas ancestrales de trabajo en la agricultura.

 Los convites era <<la reunión de un grupo de campesinos cada quien con su yunta de bueyes bien equipada para ayudar a otro campesino en las labores del campo, para ararle una gran extensión de terreno durante todo el día al beneficiado, a los campesinos le daban las tres comidas. El almuerzo era especial, y se buscaba un señor que era el encargado de darle cada cierto tiempo su palo de aguardiente o Miche, estos gañanes no cobraban nada en efectivo, solamente la comida. por supuesto el señor que reparte el aguardiente era muy respetado por la comunidad, pero también se echaba sus palitos, era muy respetado y cuando se despedían los gañanes le decían "siempre hemos bebido">> (Ídem); el buen trato y atención del campesino era primordial en este tipo de actividad colectiva.  

Celebraciones y festejos religiosos y populares


El amigo Antonio Lino Rivero, recuerda que en El Censo se celebraban muchas fiestas en honor a San Benito, la Virgen del Rosario, se celebran fiestas de bautizos y matrimonios en los cuales acudía gente de La Puerta y de las más conocida,  <<En cuanto a la celebración del festejo de la Fiesta del Niño Jesús, en cualquier lugar por más humilde que fuera, se celebraba la Paradura del Niño, en casa de Catalina Rivero, se celebraba el día 14 de enero de cada año, por lo general al  Niño se lo robaban de una comunidad vecina, un día se celebraba la fiesta al saber dónde se encontraba el niño robado, la señal era un volador, después a intervalos le seguían dos o más, para indicar el lugar exacto donde debían buscarlo.  Se organiza un grupo de pastores con sus respectivos cantantes y salían a buscarlo, luego al rescatarlo, regresaban a la casa para celebrar la paradura. El señor que se lo había robado era un invitado especial>> (Ídem). Estas tradiciones existen muy poco.

La celebración de semana Santa en los campos era la de más tradición y <<la familia desde el más pequeño hasta el más viejo, se reunían a celebrar lo que era una Semana Santa,  jóvenes de 10 años en adelante, estaban en la obligación de ayunar; igual que las personas de mayor edad asistían juntas a los actos religiosos que celebraban en el pueblo. Jueves y Viernes Santo eran días de respeto, el Sábado Santo era la Quema de Judas. La comida era así en la mañana era la "parva", es decir, pan y café. Al mediodía, la familia completa se reunía alrededor de la mesa para consumir la variedad de comidas y dulces varios que eran preparados para esta ocasión, antes se rezaba una breve oración para darle gracias a Dios por darle la oportunidad la familia de estar todos reunidos. La "colación" era de 5 a 6 de la tarde y se consumía lo mismo que al mediodía>> (Ídem).


Algunas efemérides del Censo.


1871. Nació Cristino Burelli, murió en 1936.

1873.  Se realizó el primer Censo Nacional, de donde se tomó dicho vocablo (Censo), como topónimo de este lugar.

1874. Nació Umberto Burelli. Murió en 1922.

1903. (11 de noviembre) Nace en El Censo, Martín Rivero, primer maestro y fundador de la escuela de este Caserío.

1914. Se alzan contra la dictadura, los seguidores del coronel Sandalio Ruz y Américo Burelli, entre ellos, varios agricultores de este lugar.

1915. El hacendado Ciriaco Carrasquero, apadrina en confirmación a Martín Rivero.

1918.  Martín Rivero, y sus sobrinos Leonardo y Félix Rivero alquilan las tierras de Quebrada Seca, propiedad de Pedro Mario Burelli, y las entregan en 1920, cuando este regresó de Montecarmelo. 

1920. Martín Rivero funda la primera escuela de El Censo.

Debo expresar mi agradecimiento al amigo Antonio Lino Rivero, por su gentileza en colaborar para la elaboración de esta crónica.

La Puerta, julio 2023.

Omanrique761@gmail.com

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

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