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sábado, 6 de abril de 2024

El bautizo de sangre La Mocotí, 1892.

El bautizo de sangre La Mocotí, 1892.

Por Oswaldo Manrique (*)


Fueron cuatro días de machetazos y tiros, a diestra y siniestra. Cuatro días de barbarie, que revolcaron a las familias trujillanas en un infierno.  Trujillo, <<Se puso casi todo en armas, la prolongación de más de veinte años de mando de los Araujos y Baptista permitía que casi todos sus habitantes fueran adictos a aquel nepotismo>> (Crespo, 27), el ejército godo era de tamaño considerable, de campesinos sin tierras, mezclado con terratenientes y caudillos codiciosos.


Durante esos días, los devotos no pudieron disfrutar en el templo de San Pedro Apóstol de Jajó, ni en la capilla de Durí, la celebración litúrgica de los  Pasos de Jesús, ni la procesión, ni los cantos, ni la semana santa,  al contrario, lo que el pueblo pudo conocer en carne propia fue el camino a la muerte, sin estaciones, fue cuando los conservadores vivieron su propio calvario. En esas horas los curas, sacristanes, seminaristas, novicios, las devotas, las cofrades  y el pueblo campesino tendrían su propio vía crucis.

Fue una revuelta promovida por la ambición de los caudillos del bando “Lagartija” y el de los “Ponchos”,  particularmente estos, que se resistieron a la ascensión de los liberales locales a las posiciones de gobierno, aun siendo producto de los métodos de selección legal, de ese momento.

Ganando el general José Manuel Baptista, la Presidencia del Gran Estado de los Andes, en las elecciones de 1890, el clima de inestabilidad política, se fue acentuando cuando en Caracas eligen al Dr. Raimundo Andueza Palacios como Presidente de la República. Al vencer su periodo de gobierno y dar a conocer que seguiría en el poder, los llamados “ponchos” o “godos” trujillanos  rechazaron su decisión continuista.

La violencia era el pan de cada día en todos los lugares y hogares de Trujillo. La gran mayoría de los reclutados en los páramos de nuestra comarca y las vecinas, fueron a integrar las tropas oligarcas, defensoras de los  gobiernos regionales conservadores de la familia Araujo-Baptista, los llamados “Ponchos”, pero en esta ocasión, éstos, se alzaron contra el continuismo del Presidente Andueza, aliándose a la rebelión del general Joaquín Crespo, “TaitaCrespo, valioso dirigente político liberal.  

La coyuntura nacional, también sirvió a los molestos habitantes trujillanos  y a la dirigencia de los liberales “lagartijos”, para emprender una guerra contra la hegemonía de los terratenientes oligarcas en el poder y el gobierno regional. La pelea, con fachada nacional, envolvía un asunto provincial, entre los terratenientes conservadores (Ponchos), y los terratenientes liberales (Lagartijos); eso se traduciría en un enfrentamiento de los caudillos del clan Araujo-Baptista, y los del clan de los González Pacheco.

No sabían los pocos habitantes de La Puerta, luego de la expulsión dada a los indígenas Bomboyes, que en la última década del siglo XIX, con sulfurante conflictividad política,  en su tranquilo espacio de sementeras, se desarrollaría como parte de un esquema preliminar de enfrentamiento entre hermanos, entre familias, una batalla campal, que lo dejaría ensangrentado.  

El martes Santo 12 de abril de 1892, comenzó a desarrollarse una devastadora y sangrienta batalla contra la Reelección Presidencial y a la vez, contra la hegemonía regional de los “godos”.   

Las fuerzas nacionales, legalistas y anduecistas, al mando del general Diego Bautista Ferrer, tomaron las ciudades de Trujillo, Boconó y Valera. Contando con unos 800 hombres, confiando en superioridad numérica y mejor armados, se fue a atacar a los “ponchos” alzados, en su propio patio. Las tropas de ambos bandos rompieron fuego en la Mesa de Jajó, la vanguardia de los liberales sufre una grave derrota al tratar de desalojar a los godos de su propia tierra. Varios pueblos vecinos, como Durí, La Mesa, Jajó y Timotes, fueron hostigados y sitiados por las fuerzas liberales del general Diego Bautista Ferrer y el general Rafael González Pacheco.

Ordenó a sus tropas de gobierno  que estaban  en Valera y Trujillo, y la que él traía del estado Lara, avanzar por el camino que bordea el río Motatán, cruzarlo y dirigirse a atacar a Jajó, el sitio símbolo del poder de los Araujo y donde estaban concentrados los rebeldes, y es derrotado. Pareciera que el plan de combate era tenacear a los “Ponchos”, con el grueso del ejército de gobierno que partiría de Valera, otra falange de refuerzos vendría desde Mérida, y el tercer frente, tomaría “El Portachuelo de La Lagunita”. Habían llegado tropas liberales de Lara, del Centro y de Coro comandadas por los generales Diego Bautista Ferrer, Rafael Planas, Pedro Arteche y Antonio Zuleta, armados con fusiles Remington lo más avanzado de la época.  Sus compañeros liderados por Pedro Linares, Francisco Paredes y Rafael Montilla Petaquero, tomaron el camino del páramo de La Puerta como una posición estratégica. Ferrer y su ejército días antes, lograron vencer a las montoneras de los oligarcas en Carache, gracias en gran parte a la acción valiente de Montilla Petaquero.


El miércoles Santo 13 de abril de 1892, los "Ponchos", liderados por el general José Eliseo Araujo, el coronel Sandalio Ruz y otros, se concentraron en Jajó para enfrentar a los “Lagartijas”.  Ferrer ordena a sus subordinados echar el resto, pero hubo un asalto final de los "Ponchos" sobre las fuerzas del gobierno, sangriento hecho que dejó varios oficiales muertos.

Los enardecidos araujistas, se estrellaban contra las trincheras liberales, y su jefe el general José Eliseo Araujo, que también lo era de la revolución contra el continuismo, les gritaba <<echen pa’lante muchachos, un tiro y al machete>> (Gabaldon: 110). Las tropas de Ferrer en su mayoría eran de Mérida y Lara  y uno de los motivos de los oligarcas, era que enfrentaban << a los imprudentes que se han atrevido a hollar con sus plantas su suelo regional>> (Gabaldon: 110). Seguramente, los liberales,  pensaban someter en dos fuegos a los alzados trujillanos.

Los araujeros,  responden batalla disparando; con el conocimiento del terreno, bien emboscados y en constante movilización de grupos, sus horas de tiros lograron ventaja, cuando van al remate de los “lagartijos”, persiguiéndolos desaforados, unos por la Joya, en El Horno, y en Tafallés, se encontraron con las trincheras y tiros de los liberales.


El jueves Santo 14 de abril de 1892, se retiraron los gubernamentales por la Cuesta de la Mocotí,  subida intrincada, boscosa y sinuosa.

Entre Tafallés y La Mucutí, se echaban 2 horas a pié y 1 hora en bestia. El general José Eliseo Araujo, hombre de campo, sabía muy bien que había que acabar de cuajo con el problema y  les insiste a su escuadra de indios macheteros, que fueran sobre Ferrer, con eso se acabarían las aspiraciones de los liberales por tomar el poder en la región y no se dejarían dudas del triunfo de los “ponchos”, los triunfadores en la persecución le dieron unas cargas a machete, pero la acometida resultó infructuosa.  

En horas de la tarde, Ferrer  mas aliviado por los refuerzos de Montilla, se mete en una de las viviendas de bahareque, para protegerse, casa del liberal “Maese” Felipe Uzcátegui, campesino en La Mucutí.


El viernes Santo 15 abril 1892, a eso de la 1 de la madrugada se produjo un asalto a la casa de Uzcátegui, donde está resguardado Ferrer y sus oficiales. En la oscuridad de la noche, el Comandante es sorprendido; le llegan a su campamento y un indio de Jajó, le da un severo machetazo y de un  tajo le hiere la mano; tuvo suerte que uno de los jóvenes de su guardia logró salvarlo y lo puso en lugar seguro; por lo que el general liberal, viendo el salvajismo de sus perseguidores y que no había posibilidades de resistir el ataque oligarca, decidió la rendición.

El   general Pedro Linares que también está herido de machetazo pero en el abdomen, en medio de un dantesco cuadro de sangre, se molesta ante la orden de rendición. Presencian esto, los generales Francisco Paredes, Pedro José Maya y el oficial Montilla. El Dr. Gabaldon  en su narración de los hechos, señala que  <<Ahí se le unieron cómodamente sus reservas venidas de Trujillo y Valera y con la ayuda que le presentaron…Rafael Montilla, mejoró su dificultosa situación >> (Gabaldon: 110).  Desde Valera,  Montilla y otros oficiales, habían tomado como puesto  de importancia estratégica del ejército liberal, un lugar conocido como “El Portachuelo de La Lagunita”, jurisdicción de La Puerta,  desde donde observan las fuerzas  oligarcas y deciden también atacar, bajan a la Mucutí, donde descargan sus armas. 


Y llegó el Tigre para la matanza final en La Mocotí.


Al enterarse de la rendición, observando esta dramática situación, Montilla y sus mestizos e indígenas, salen de la casa refugio de Ferrer no aceptando pasar por la vergüenza de la sumisión y viendo  al general Pedro Linares, que también herido se encontraba  en el suelo, sin vacilación ninguna decidió asumir la jefatura de la batalla y en lugar de acatar la orden de rendición,   dio una decidida y corajuda contra orden y se fue con su columna de campesinos e indios sobre los macheteros araujistas y en un encierro los encallejonaron, piquete que llegaba, piquete que liquidaban; le faltó tiempo para seguir quebrando cabezas oligarcas con su fusil, lo que sorprendió a éstos, huyendo los que quedaron con vida,  en el  contraataque logró derrotar  a los “Ponchos”. 

En su acción, dejaron escuadras de hombres heridos y asustados,  otros muertos. La sangre y pedazos de manos, brazos, cabezas surcaban las curvas y los bordes de aquel  decimonónico camino de los Timotes. Algunos lograron salir del encierro y alcanzar “El Portachuelo”, desesperados por escapar de la matanza y subir al Páramo de las Siete Lagunas, pero también fueron víctimas del encarnizado combate, allí quedaron sus restos, junto con caballos y bestias heridas, pedazos de fusiles, bayonetas,  machetes, espadas, lanzas,  espuelas, tabaco, cajetas de chimó, casquillos, riendas, enjalmas, y los sombreros de los caídos.

Montilla, mañaneando, inteligenciado en que la lucha es a fondo contra los oligarcas, y empoderado con lo que repitió varias veces en su vida, que, los mestizos como él, <<no se retiran nunca cuando tienen la victoria en la mano>>, lanzó la feroz y encarnizada orden a su piquete,  de carga a plomo y machete.  A él, no lo motivaba el hecho de la guerra ni adquirir charreteras, sino que el triunfo de los oligarcas, era el triunfo  de la continuidad  opresiva de los terratenientes, lo que produciría graves consecuencias para los campesinos trujillanos.  En su avanzada, les gritó a sus macheteros: “A pelear muchachos, rendirnos es la muerte”,  fue el suficiente y oportuno aliciente para aquella tropa campesina para arrollar y triunfar sobre las fuerzas de la oligarquía araujista, reconociendo al autentico comandante de los campesinos: el indio Rafael Montilla Petaquero.

Las tropas legalistas y godas, integradas en su mayoría por humildes campesinos trujillanos, sorprendidas, fueron cayendo, algunos decapitados,   los que se salvaron retrocedieron y huyeron ante aquel brutal contraataque de los “Lagartijos”.  El maestro trujillano D’Santiago, escribió que en el contraataque, ordenado por este novel comandante a sus hordas de asalto, de embestir al enemigo a machete, con mayor arrojo, se abalanzaron sobre sus coterráneos en feroz y sangrienta lucha, cuerpo a cuerpo y con la decisiva herramienta. Montilla <<se vio precisado a utilizar la culata de su Remington como arma contundente>> (D’ Santiago, Págs. 216 a 223); en la circunstancia la usó para aplastar cabezas. Su ejemplo, guió a sus guerrilleros campesinos, a convertir en victoria,  una clara derrota.   La Batalla fue decidida por esa carga a machete ordenada por Montilla. Sabía que rendirse era la muerte segura, porque los  “Ponchos” no iban a dejar vivo a ninguno de ellos.

En la acción campal de Jajó-La Mucutí-El Portachuelo, las tropas afectas al “León de la Cordillera”, comandadas por sus hijos, pusieron en práctica fingir la retirada para obligar a las fuerzas del gobierno liberal a que los persiguieran, para luego aprovechar, virar, retroceder y cargar a machete cuesta arriba y liquidarlos. Una adaptación andina, de la táctica paecista de “Vuelvan Caras” usada en las “Queseras del Medio”, que hizo mucho daño a los ejércitos realistas, y  que practicó el general Juan Bautista Araujo (padre) y el coronel Sandalio Ruz, en su tiempo.  Pero eran tropas no preparadas militarmente, montoneras reclutadas en las montañas, que no acataban las ordenes de retirada y lo que sobrevino fue el espontaneo “Sálvese quien pueda” y salieron en desbandada, presos de terror, huyendo hacia la Vega de Timotes y se escabulleron hacia Mérida, incorporándose a las fuerzas de la revolución contra el continuismo en Los Andes.

Montilla, había cerrado cualquier  posibilidad de escape por las dos rutas, La Cañada, Los Pavones, Garabulla  y Las Mesas de San José o hacia las Siete Lagunas;  a los “Ponchos” solo les quedaba como vía de escape, regresarse y coger el camino de la Joya, hacia Timotes, para refugiarse en Mérida.  El escritor trujillano Emigdio Cañizales,   apuntó en su trabajo sobre esta batalla, lo siguiente: <<las fuerzas de Baptista le hacen frente a Ferrer. En el viejo camino de Trujillo a Timotes, esta la Cuesta de la Mucutí>>, se refiere al angosto, sinuoso y largo camino que en aquella época, conectaba desde La Puerta  al Portachuelo de la Lagunita, tomando  hacia la izquierda está la Mucutí, vía por donde se llega a Tafalles, al Horno y la Joya, a pocos minutos de Timotes.  

En su particular exégesis, Cañizales biógrafo del general Gabaldón, agregó este dato interesante: la utilización de una pieza de artillería de fabricación alemana,   <<El cañón “Continuista” tronado por el general Francisco Paredes, ayuda a decidirlo en favor de los Lagartijos. El nombre de Rafael Montilla…lo requiebran los páramos y comienza la leyenda del “Tigre de Guaitó”>> (Cañizales Guedez,  102). Arturo Cardozo, escribió: <<empieza a ser disparado un pequeño cañón en las filas nacionales>> (Cardozo, 238). Sobre este punto, el montillero Dr. Fabricio Gabaldón, en su narración de  esta batalla,  no mencionó el uso de esa arma, ni esa circunstancia,  en la  batalla; considero que era difícil el acceso y transportar ese tipo de armas, por esa Cuesta.     

Finalmente, las tropas de Ferrer lograron vencer a los "Ponchos"  en una batalla que causó numerosas bajas en ambos bandos.

Desde el amplio espacio de “El Portachuelo de La Lagunita”,  el Estado Mayor de las fuerzas legalistas liberales, convirtieron a “La Mucutí” en un lugar de muerte, allí quedaron tendidos más de 200 seres, expuestos como festín de las aves y demás animales de rapiña (Gabaldón, F, 112 y 113). 

Imagen de portada: Mango de una  bayoneta usada en esta batalla, cortesía del vecino Ramón González Carrizo, descendiente del general Federico González y pariente del coronel Sandalio Ruz, es  habitante de La Mocotí. 

Venideros el 12, 13, 14 y 15 de abril, que conmemoran el 132 aniversario de lo que se puede denominar como el bautizo de sangre humana de La Mocotí, justo es el recordatorio de este verdadero acto de fratricidio en nuestra historia regional;  fueron cuatro  días de continuo plomo y machete, luego de esto, se impuso algo de orden y estabilidad. La Puerta, espera la erección del monolito conmemorativo de este y otros hechos de sangre ocurridos en este sitio. Los gobernantes tienen la palabra.  


(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

omanrique761@gmail.com

La Puerta, abril 2024

sábado, 17 de febrero de 2024

Los Varones de La Culata.

Los Varones de La Culata.

Por Oswaldo Manrique (*)


El presente artículo trata de referenciar, en estrecha síntesis, a varios de los  principales protagonistas de algunos pasajes de la historia local de La Puerta, dentro de lo que se ha denominado "Tiempo de Caudillos"; con esto se quiere rescatar y develar varios hechos de los cuales se ha escrito muy poco o casi nada; y también, nada sobre sus personajes, por eso los hemos denominado Los Varones de La Culata, tratando de  relacionar a grosso modo y de rescatar algunos de esos hechos poco históriografiados, como el que tiene que ver con la revolución justiciera del legendario coronel Sandalio Ruz, un enfrentamiento que tuvo directamente como objetivo guerrillero,  el nido de "La "Gonzalera" liberal, responsable del saqueo a sus bienes y posesiones de La Puerta y Timotes; igualmente, de referenciar  la extinción de la Comunidad Indígena Bomboy, en 1891, cuando  fue despojada de sus tierras donde hoy está el área urbana de La Puerta, ocurrido después de casi 400 años que se mantuvo sobreviviendo como pueblo al periodo colonial, casi totalmente puro, y que fue destruida y desaparecida por un grupo de ambiciosos hacendados y gamonales de la región, comandados por Leopoldo Baptista, amparados en un decreto del gobierno liberal guzmancista.


A ese deplorable hecho, siguió la gran "paliza" militar y política que dieron las tropas liberales "lagartijas", comandadas por el general González Pacheco y el futuro “Tigre de Guaitó” Rafael Montilla Petaquero, jefe de la tropa indígena y sin tierra, a los "ponchos" conservadores, en la fratricida Batalla de Durí - La Mokotí - El Portachuelo, en 1892; luego la segunda derrota en 1899, en el mismo sitio, que produjo que el macho Palomares abandonara las filas conservadoras y se sumara  a la tropa del “Tigre de Guaitó”,  y,  finalmente, uno de los grandes hechos históricos del siglo 20, que fue el levantamiento de Los Varones de la Sierra de “La Culata”, en 1914, recordado por nuestros abuelos como la "Guerra de los 15 días" contra la cruel dictadura de Juan Vicente Gómez y la rebatiña de las concesiones mineras y petroleras, estos  hechos se han enmarcado tempestivamente, tomando como punto de inicio el año 1870, cuando comete la primera insurgencia política militar el general Juan Bautista Araujo, enfrentando el nuevo gobierno o las acciones del gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, esto incluye también la acción militar del sitio de Timotes, ciudad que representaba o fue símbolo del poder político en el Gran Estado Los Andes; este episodio de corte nacionalista y antiimperialista, que encerraba protesta por las deprimentes condiciones de la economía de La Puerta, basada en la agricultura del trigo y la caña de azúcar, ante un proceso de transición al modelo económico rentista petrolero, concluyó, precisamente con la captura del coronel Américo Burelli García, líder del levantamiento de La Culata, y de los generales Golfredo Masini (de Tabay) y Juan Araujo (nacido en Jajó en 1879, hijo del "León de la Cordillera", murió en 1966, en Valera).  Tiempo entonces que,  definimos desde 1870 a 1917.

Ese conjunto de hechos históricos, por supuesto, marcado por el tiempo en el que el modo de explotación económica implantado, era evidentemente semifeudal, generando un ambiente histórico social de violencia, y estos líderes o caudillos locales de La Puerta, medianos productores agropecuarios, organizados precisamente con sus peones, campesinos, parientes y arrendatarios, los sin tierra, en especie de parentelas troperas, cuyas acciones guerreras fueron concretando, su temible fuerza militar y a la vez, su liderazgo.

Los productores del Valle de Bomboy, constituidos en militares de montoneras, los de amplios trigales, cañamelares, y los cafetaleros, no tuvieron diferencias políticas y menos ideológicas, eran conservadores y seguidores del partido de los Araujista-Baptista. Anteriormente, era el “paecismo”, su ideario, respetado y seguido por los líderes oligarcas trujillanos, como los La Bastida, Carrasquero, García, Araujo y Baptista, y otros, que se renovaba. En La Puerta, hasta su principal avenida, la de ingreso a la población, lleva el nombre de Páez. Los hijos de los dirigentes aristócratas y terratenientes criollos del valle del Bomboy, seguidores del “paecismo”, participarán en la organización del partido conservador, serán los llamados "ponchos", y a finales del siglo XIX, transmutaran al régimen liberal centralista y personalista encarnado por Castro y Gómez.

Sandalio Ruz, sus alzamientos y revoluciones. 

Pero no todo será lineal en el valle, pues surgirán dos caudillos regionales, muy particulares, uno descendiente de una familia monárquista, goda, el coronel Sandalio Ruz, y otro, el coronel Américo Burelli García, hijo de una terrateniente, y de un inmigrante italiano, quizás Garibaldino. Aunque ambos, eran de extracción conservadora y militantes de la causa goda, en la hora que se conocieron los primeros movimientos contra la Patria, afloraron sus ideas nacionalistas y fueron a guerrear.

Cuándo el doctor Emigdio González, asume la gobernación de Trujillo, cometió un conjunto de fechorías en contra de los “ponchos”. Los de la Gonzalera, poderosos en El Burrero, Santa Ana y Pampán, cometen atropellos y saqueos, e invaden “Los Aposentos”, “Altamira de Garabulla”, “La Cañada”, “La Mocotí”, y “El Portachuelo” de La Puerta, y en Timotes, posesiones de Sandalio Ruz y su parental tropa.

         El coronel Sandalio Ruz, que había sido afectado en sus posesiones por la “Gonzalera”, a finales de la década de los 70, se levanta con su propia tropa, la organiza y se lanza en una Revolución contra la “Gonzalera”; el doctor e historiador, de inclinación liberal,  Fabricio Gabaldón lo narra de la siguiente forma: <<un movimiento revolucionario que acaudillaba Sandalio Ruz, quién por ser enemigo de los González, en su primera operación se vino a El Burrero a saquear el respetable hogar; y fueron los libros científicos, los instrumentos de cirugía y todos los aparatos que el joven médico trajo de Francia, el botín de aquellos salvajes. La monstruosidad de tal horda decepcionó al doctor Manuel, y en protesta, cambió de propósitos y abandonó la profesión para dedicarse en su terruño a las actividades agrícolas y a las intrigas de la política>> (Gabaldón, 25). Es de agregar que Emigdio González, por su perversidad, se hizo enemigo de todos, no solamente de los conservadores, sino de la gente de avanzada, los liberales mismos, inclusive, de los funcionarios que lo acompañaban en su gestión de gobierno, se hicieron sus enemigos, era considerado un ser despreciable, asesino, cruel,  que se ganó el desprecio de casi toda la colectividad. 

No olvidemos que Sandalio, estuvo en algunas oportunidades bajo la comandancia del General Araujo “León de la Cordillera”, pero podía alzarse por su cuenta, porque tenía organizada su propia tropa con las parentelas de los páramos entre ellas las familias Ruz, Carrizo, García, Rivera, los Rivero, Abreu, Malpica, Ramírez, Moreno, Paredes, Briceño, que  son las antiguas familias asentadas en nuestros páramos de la Sierra de La Culata y que le respondía bien por ser enfeudados, parceleros, arrendatarios, ahijados, sobrinos, familiares y el compadrazgo, además de eso, se le sumó la parte de los indígenas que fueron despojados de sus tierras, en 1891.  Tuvo bajo su mando, lo que se llamaba un ejército muy particular, porque eran los peligrosos macheteros de Sandalio, un hombre justiciero, inclusive rompió, si se puede decir de alguna manera, la fraternidad con su propio hermano coronel Eulalio Ruz,  porque se prestó y participó en el despojo de tierras a los indígenas de el Resguardo de La Puerta, no le dirigió más la palabra, se amenazaron de muerte y tuvieron que construir casas en distintos sitios bien separadas y bien custodiadas para no encontrarse en el camino.

En 1892, muerde el polvo de la derrota en su propio patio.  Desde La Lagunita,  el Estado Mayor de las fuerzas de la revolución liberal, integrado entre otros por el general Diego Bautista Urbaneja y  Rafael Montilla Petaquero, el legendario “Tigre de Guaitó”,  convirtieron a La Mucutí en un lugar de muerte, allí quedaron tendidos más de 200 seres humanos, expuestos como festín de las aves y demás animales de rapiña (Gabaldon, Fabricio. Rasgos Biográficos de Trujillanos ilustres. Págs. 112 y 113).

A raíz, del rechazo de la población en diversas regiones, contra la reelección del general Juan Vicente Gómez, como  Presidente de la República,  tras haberse denunciado que fomentaba la entrega de concesiones petroleras y mineras a empresas norteamericanas y otros países, y la venta de territorios importantes de Venezuela, se produce en  1914, la Rebelión de la Culata, un levantamiento de los Caudillos nacionalistas de La Puerta, Mendoza, Escuque, Jajó, Pueblo Llano, Timotes, Tabay  y otros pueblos de la Cordillera, entre los cabecillas de la rebelión, estaban el coronel Américo Burelli, coronel Trino Paredes, el general Golfredo Masini, los hermanos Federico y Juan Araujo, los hermanos Miliani y  el Coronel Sandalio Ruz. Del repertorio de Concio Rivas, Páramo de La Puerta, nos queda:

Juyan lagartijas,

y juyan con juerza,

que por ‘ai viene Sandalio,

destazando cabezas.

 Este varón de la Sierra de La Culata,  nació en “Los Aposentos” en 1853,  murió en su casa en La Cañada, cerca de Los Pavones, adyacente a la Quebrada de Tafallés, a las doce  del mediodía del 14 de marzo de 1929; causa de la muerte: Reumatismo agudo.


Coronel Américo Burelli García, luego general.


En la historia de La Puerta, Trujillo, en Venezuela, suenan singulares nombres y apellidos que gozan de alguna valoración historiográfica castiza y transculturizadora, de diversa índole,  pero hay otros que  -aun deliberadamente ocultos-, significan arrojo, patriotismo, valentía, son visionarios que han marcado páginas de gloria, particularmente del tiempo republicano dictatorial de caudillos, uno de ellos, el de Américo Burelli.

Nació en 1881, en Mendoza. Desde niño, fue un ser empoderado, gozaba además de belleza física, del don del liderazgo natural, muy familiero, su trabajo y economía iba en función de esa institución parental y de su comunidad: La Puerta. Productor agrícola, hacendado, comerciante, molinero, militar de los de a verdad, con charreteras obtenidas en el campo de batalla. 

Acompañó a Baptista y la División Trujillo, en la campaña de La victoria, en contra de la revolución de los banqueros y transnacionales en 1903.  se rebela y se alza contra la dictadura, en defensa de los intereses de la Patria, en lo que se llamó la guerra de los 15 días, batiéndose contra las fuerzas del gobierno en la denominada toma de Timotes, asiento del gobierno para aquella época. Huyó por casi dos años, capturado, y enviado a la cárcel del Castillo de San Carlos del Zulia, luego, al Castillo de Puerto Cabello, purgando 16 años de prisión.

La vida del Coronel José Américo Burelli García, es sin duda, ejemplar por su marcado nacionalismo democrático, por su sacrificio y querencia a la Patria, y por su alto idealismo de genuina extracción bolivariana que siempre guió sus acciones y sus luchas. El estado Trujillo y particularmente la población de La Puerta, tienen en él uno de sus más claros valores. El Coronel trujillano, falleció en Caracas, en 1939, culminando así, de cabalgar su aventura perdida (Datos extraídos de El Coronel Burelli, cabalga la aventura perdida, publicado el 23 enero 2022)

Burelli obtuvo sus grados militares en batalla y por riguroso ascenso oficial, a la muerte de Gómez, salió de la cárcel, demandó al Estado y le otorgaron las charreteras de general.   Burelli García está al tanto de lo que va a ocurrir, es el oficial de confianza de Baptista, se mudó con la familia a Caracas, y desempeñando la comandancia de armas en el centro del país, participa en el golpe de Palacio contra Castro.  Baptista con aspiraciones presidenciales, comienza a mover sus piezas, pero con Gómez el asunto fue diferente. 


Oficial Mitrídates Volcanes, el lugarteniente.

Nativo de Pueblo Llano, siendo muy joven, vio pasar la tropa famosa de Sandalio, y se le sumó.  Pasado un tiempo, por su arrojo y lealtad, el Coronel lo convirtió en su lugarteniente. Invadió y desforestó  la selva de “La Maraquita”, que eran tierras indígenas, que también, se reservaban los ambiciosos terratenientes. Mitrídates Volcanes y el coronel Sandalio Ruz, fueron dos de los mas respetados caudillos que no respaldaron el despojo de tierras de los Bomboyes, ni la construcción de un pueblo de “blancos” oligarcas en 1891, de los que nos hemos referido en otro escrito sobre este particular proceso histórico, y de esos Varones hemos señalado un orden de participación, aunque luego llegan a establecer coincidencias, cuando rompen con el conservatismo Araujista-Baptista, en el levantamiento democrático y nacionalista contra la dictadura del general Gómez, por ese ideal se unieron el coronel Sandalio Ruz,  Mitrídates Volcanes, el General Américo Burelli García, y sus correligionarios Pedro Mario Burelli García, Cesáreo Parra, y José Antonio Pabón. 


Cesáreo Parra, el barbado y filosofal.

Aquel día de 1915, presionado por las circunstancias, salió rápidamente  de Jajó, el barbado y filosofal Cesario Parra, sobre su rucio macho, el de la imparable cabalgata, el hombre de las conversaciones interesantes, espiritual y labrador de "Chucumbete", que era el nombre de lo que hoy es San Pedro, gran posesión de tierra del terrateniente Ciriaco Carrasquero, para llegar hasta Palmira, para salvar al coronel Américo. Sus dos hermanos Hipólito y Genaro Parra, lo acompañaron hasta cierto punto del camino.

Nació en Jajó en 1857.  En 1897, contrajo nupcias con la puertense María Mercedes Paredes.  A partir de este hecho social, se inició en varios caseríos de La Puerta, el fomentó y el asentamiento de  la familia de apellido Parra, teniendo como primero de ese apellido a José Zesario Parra. Vivió siempre en la Media Loma, fue un campesino sin tierra, la trabajó toda su vida, conocido por la calidad de sus cosechas y por sus buenas acciones. En el año 1940, aquejado de una enfermedad que no pudo vencer, se apagó la señera vida del legendario Don Cesáreo Parra, el de la frenética y nacionalista galopada de 1914, para salvar la vida del coronel Américo Burelli García.


José Antonio Pabón, el joven de mirada mansa y mártir de Palmira.


Con apenas 18 años de edad, se sumó a la tropa del coronel Burelli, en la campaña por las montañas de la Sierra de La Culata, en 1914. Estando en Palmira, y perseguidos por los chácharos, se movilizaron sigilosos los rebeldes en la penumbra, abandonando la concha, por las travesías de la boscosa tierra, pero ocurrió un imprevisto, <<Como no hubo tiempo de acomodar el morral de Pedro en su caballo, José Antonio, el muchacho de los ojos grises, se lo echó al hombro y comenzó a correr detrás de los fugitivos>> (Burelli, 66-67); el morral contenía documentos, dinero y otras pertenencias.  Sin embargo, a pesar del sacrificio de Pabón, <<No había pasado una hora cuando los militares le dieron alcance y regresaron con él a Palmira, a culatazo limpio y con las manos atadas a la espalda>> (ídem); de esta forma comenzó el periodo de maltrato físico. Fue condenado por un juez de primera instancia en lo criminal de  Mérida, debido a la jurisdicción sobre Palmira. Su reclusión la cumpliría en la antigua cárcel de esta ciudad, que estaba situada cerca de la sede de la Gobernación y del Cuartel de Policía.  Esta información le llegó al coronel Américo y a Pedro Mario, mediante <<Una carta del compadre Abraham, quien le contaba que José Antonio, el mártir de Palmira, había muerto en la cárcel de Mérida a causa de una disentería>> (Burelli, 96).


Umberto y Pedro Mario, los hermanos Burelli García.


El día fijado para el levantamiento armado y la invasión por la costa, era el 24 de julio, fecha de nacimiento del general Gómez. Para Américo, Umberto y Pedro Mario, la conspiración se convirtió en el centro de su pensamiento y de sus propias vidas, los tres hermanos Burelli, así lo decidieron, al costo que tuviere, no importaban los riesgos, ni las correrías azarosas que seguramente se presentarían, ni las acciones inciertas o caídas que pudieran tener, era el costo del poder, ellos cabalgarían esa aventura, participarían y serian protagonistas en la mas revolucionaria causa de inicio del siglo XX en Venezuela, harían historia, Américo los había convencido.

Edmundo Parra.

Hijo de la destacada educadora trujillana Agripina de Parra, preceptora de la primera escuela pública de La Puerta, en 1907,  hermana del coronel Burelli.  La memoria familiar, afirma que la muerte de su padre Antonio Parra,  fue obra de la dictadura gomecista.  Edmundo, se sumó a la tropa  rebelde, en la campaña contra el dictador Gómez, por las montañas de la Sierra de La Culata. Después de la primera salida del coronel Américo, de la cárcel, este siguió conspirando contra la dictadura, era vigilado por los de la “Sagrada”, es nuevamente capturado; Edmundo joven que se había convertido en la persona de su confianza, lo acompañaba, es golpeado, amarrado y encarcelado por las fuerzas del gobierno dictatorial. 


Carracciolo Palomares "Calzones Negros"


Culminando la campaña contra los “Ponchos” oligarcas trujillanos, dirigidos por  los generales Juan Bautista Araujo y José Manuel Baptista,  en 1892, al ser derrotados en forma estruendosa y sangrienta en la Batalla de la Mucutí- El Portachuelo, el ejército del gobierno liberal (Lagartijos), al mando de los generales Dr. Rafael González Pacheco y el caudillo de los indios y campesinos Rafael Montilla Petaquero, luego llamado el “Tigre de Guaitó”, autorizó a las personas de La Puerta, Mendoza, Jajó, que fueron víctimas de saqueos y robos de sus bienes y ganado, por parte del "Chatico" Briceño, cuñado  del general Araujo, para que los recobraran; por  ello, se formaron grupos de hacendados y campesinos para recuperarlos en los lugares donde sabían los tenía el terrible general saqueador, pero al ir recobrando lo perdido, se llevaban “algo más”, que no les pertenecía, que eran de otras personas o vecinos. Uno de los grupos de resistencia, lo capitaneaba Carracciolo Palomares "Calzones Negros".

Al triunfar la Revolución Liberal Restauradora, en 1899,  comandada por Cipriano Castro, las fuerzas oligarcas del Gral. Leopoldo Baptista, que venían promoviendo la autonomía de Trujillo, se incorpora al nuevo gobierno. Con él, va su amigo y joven oficial Américo Burelli García. 

El temido Carracciolo Palomares "Calzones Negros",  se convirtió en liberal, de los más radicales, se sumó a las fuerzas campesinas e indígenas del Gral. Montilla Petaquero. El Dr. Gabaldón en su versado testimonio, narró cómo fue la retirada en batalla, del Macho Palomares, <<En Carora salieron fuerzas del gobierno a apresarlo, sus compañeros se dieron a la fuga, y él solo cometió la temeraria imprudencia de hacerles frente, defendiéndose ferozmente desesperado, hasta que cayó de su cabalgadura muerto acribillado a balazos. ¡Triste final de este excepcional valiente! Desechó siempre el camino que guía la gloria, para constituirse en temor y desconfianza de todos, y particularmente de los grupos que le rodeaban>(Gabaldón, Fabricio. Rasgos biográficos de trujillanos ilustres. Págs. 152-153. 2a. Edición. Presidencia de la República. Caracas.1993). Ésta muerte, ocurrió en Carora, estado Lara, un día de mayo de 1903. No participó en la “Guerra de los 15 días”.

Desde Los Aposentos, Garabulla, el Portachuelo, San Martín, Quebrada Seca, El Censo, los Llanos de San Pedro y por supuesto La Puerta, salieron pobladores actuando como pueblo armado, expresando la respuesta en colectivo contra los desmanes de caudillos, y también contra un enemigo mayor, como lo fue la dictadura, fue el levantamiento de nuestras montoneras puertenses contra Juan Vicente Gómez, cuando éste, comenzó la rebatiña de las concesiones de asfalto, petróleo y minería, es el alzamiento campesino guerrillero contra el dictador andino, que liderizaron los Varones de la Sierra de La Culata, comenzando por el coronel Américo Burelli García, el legendario y justiciero Coronel Sandalio Ruz, Cesáreo Parra, el de la feroz cabalgata, Umberto Burelli, el joven de "la mirada mansa" José Antonio Pabón “El Mártir”, Edmundo Parra y Mitrídates Volcanes el recordado último montonero y lugarteniente del coronel Sandalio, y tantos otros que participaron, es decir, los andinos nacionalistas, contra los andinos vende Patria.

 Al considerar realmente nuestra historia y por supuesto este tipo de cruzada rebelde ante el problema nacional, desde una localidad serrana, donde se incorpora todo este pequeño y gigante pueblo, demuestra tanta intensidad y patriotismo, que realmente no se podrá borrar de la memoria colectiva regional. La población de La Puerta, todavía espera de las autoridades, se levante entre La Mocotí y El Portachuelo, un monolito en recordación de los hechos históricos allí ocurridos, porque hasta Bolívar cabalgando su caballo, ingresó por ahí a tierras trujillanas, y  dejó su huella.  

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, febrero 2024.

 Omanrique761@gmail.com

sábado, 7 de octubre de 2023

Don Eulalio Ruz, con el "progreso" en el rejo.

Don Eulalio Ruz, con el progreso en el rejo (*).

Por Oswaldo Manrique. 


A partir del  mes de junio de 1891, se plantaron sobre el Valle de La Puerta, las crueles botas de los poderosos hacendados y gamonales, ante las inermes y sorprendidas miradas de sus ancestrales propietarios: los Bomboyes; plantón, fruto del indecente maridaje del poder y la alevosía.   

Fue un Coronel de notable barbarismo en los combates en que participó; la mayoría durante las revueltas fratricidas de los Araujo y Baptista (ponchos),  adversando a los llamados “lagartijos” de tendencia liberal. Su bien ganada fama de hombre fuerte, hizo  captar  el respeto de los terratenientes y oligarcas de la región, aparte de los destrozos y pillerías de las montoneras de aquellos años, que quedaron en el recuerdo de la tradición oral, en esas mezclas de política post procerato, saqueos y matanzas. Los caudillos, figuras presentables, se caracterizaban por ir  bien trajeados, con cordobanes y polainas, finos tirantes, faltriqueras con morocotas, pero algunos, cargaban además, un elemento que representaba el respeto: el rejo.  Uno de ellos, Eulalio Ruz.


Avanzada la segunda mitad del siglo XIX, Eulalio Ruz, presenció  cantidad de hechos bochornosos y sangrientos y en muchos de ellos, participó; eso, le fue labrando su misterioso destino. Sus propias montoneras cuchicheaban con horror, pasados los años, los momentos de persecución a los vencidos y las llamadas “carga a machete”. Es parte de la historia de la barbarie, en una época en que se construía la República Liberal, bajo la égida de los hijos y descendientes de los próceres independentistas.

Los primeros Ruz que se avecindaron en tierras del occidente venezolano, lo hicieron a mediados del siglo XVIII, de origen Al andaluz (Andalucía, España), fueron hacendados en los pueblos del Sur del Lago de Maracaibo. Ligado a la lucha política, uno de ellos José Domingo Ruz,  fue Rector de la Universidad de Caracas, y diputado godo por Venezuela ante la Corte de Cádiz (Reino de España). 

Los que se enraizaron en La Puerta, se ubicaron en un sitio denominado Los Aposentos, colindante con Timotes de Mérida, en la Serranía de La Culata. Como el nombre indica, es un bonito y fresco lugar, algo retirado, cuyo boscoso paisaje lo hace placentero para vivir y hasta para trabajar la agricultura.  Allí, José Ysidoro Ruz, fundó su familia con María del Carmen Moreno de Ruz  “Carmelita”, procrearon varios hijos, entre ellos, el que sería Coronel  de montoneras Eulalio Ruz, a Francisco Javier Ruz y al que sería con el paso de los años,  el legendario  general Sandalio Ruz. Su familia estuvo dedicada a la agricultura y a las revueltas y revoluciones,

Eulalio Ruz Moreno,  nació en 1851, en Los Aposentos, lugar bajo la jurisdicción de Timotes, pero de agregación social, económica y cotidianidad compartida con la población de La Puerta. Estudió en su hogar y en la escuela rudimentaria de primeras letras que se estableció en la serranía, donde obtiene las iniciales luces y su fina escritura. Como todos los Ruz, se formó para la ocupación de agricultor, comerciante y jefe de montoneras.   


La familia Ruz Moreno.


Los Ruz, cultivaban una extensa heredad en un lugar hermoso llamado Altamira de Garabulla, también tierras en Los Aposentos, en La Mocoti, en El Portachuelo, en las cercanías de La Puerta y de Timotes, con enormes trigales y leguminosas de fácil comercialización, tierras  que fueron adquiridas por el viejo Ysidoro Ruz, padre de esa estirpe guerrera en la que destacan Sandalio, Francisco y Eulalio el mayor de los hijos. Componían aquel lugar mesetas de cría, ovejos, vacas y bestias de carga. Eran las posesiones de los Ruz, así se lo conocieron y se le siguen conociendo. Don Eulalio, de mediana estatura, fornido, de piel tostada por los rayos del inclemente sol montañero, se fue formando un carácter agreste, fuerte, autoritario, quizás por ser el mayor de los hermanos Ruz Moreno. Todo lo contrario, era Sandalio hombre delgado, alto, risueño, conversador, altivo, solidario, justo con su peonada, con los parceleros y arrendatarios en las cuentas del trigo, la arveja, la cosecha y los animales. A éste, lo respaldaban con furor no solo en las labores, sino que cuando los convocaba o se oía la cabalgata de los zarcilleros del lago de Maracaibo, desenterraban las armas y estaban pres,tos a sumarse a la revuelta y revolución de su taita Sandalio. La mayoría conformaban su parentela familiar, los Moreno, Carrizo, Rivero, Paredes, Parra, González y otros más. 

 

Las heredad de los Ruz. Los complicados y enrevesados caminos de los Ruz.

 

Ubicamos las tierras y posesiones de los Ruz, en un conjunto de montañas de la Cordillera de La Culata, cuyo punto central llaman Los Aposentos. Alrededor de él encontramos Malpica , los Pabones, la Mocoti,  también la Cañada, Altamira de Garabulla, siendo su acceso más usado y más adecuado el que parte de la población de La Puerta desde el caserío La Flecha, llegando a La Lagunita y de ahí buscando la vía Los Aposentos, donde se puede llegar a Malpica y se llega hoy a Garabulla; cuando decimos un conjunto de caseríos y montañas es porque precisamente una de las características de esta zona tanto  para entrar como para salir, es el tramado de caminos, que solo los que nacen, crecen y viven allí, pudieron conocer en su totalidad. Esto lo decimos con seguridad porque los Ruz rebeldes, cuando se sublevaban e iban los contrarios en su persecución, no había manera de capturarlos, por ese  conjunto de caminos que sirvieron como suerte de salida de escape, de huida para todos los montoneras de los Ruz, lo que fue labrando un tejido de historias y leyendas que conserva la memoria oral. (Conversación con Carlos Ruz, La Puerta, 13-8-2023).  En definitiva la línea imaginaria que divide o que hace esta zona subordinada a la jurisdicción en Mérida, no coincide ciertamente con la relación real y la vinculación y agregación histórica de las comunidades de este sitio, con las de La Puerta. 

 Por aquellos angostos, grises e inclementes caminos, solo se oían los cascos de las mulas de los Varones de la Sierra de la Culata, alzando el reguero de polvo tras las bestias. Por allí, por un sendero indígena conocido como La Mocotí, cuenta la historia, pasó Bolívar en su Admirable Campaña, el “Cabito” Castro con sus tropas y su bandera de Revolución Restauradora;  también pasó el beato José Gregorio, con su traje azul oscuro y su maletín de cuero; igualmente, un camino ineludible para aquel joven universitario de nombre Mario Briceño Yragorri. Los troperos de Sandalio, Francisco Javier  y Eulalio, hoscos, de fea estampa, armados con filosos machetes, andaban en esos parajes al cobijo de esa aureola de tierra plomiza que atemorizaba a cualquier cristiano. 

En la década de los 80 del siglo XIX, en la Sierra de la Culata, solo se le tenía temor a esta montonera, a raíz de la llamada por la historiografía liberal, la “Revuelta de Sandalio” que fue  <<un movimiento revolucionario que acaudillaba Sandalio Ruz, quien por ser enemigo de los González (liberales o lagartijas), en su primera aparición se vino al Burrero a saquear el respetable hogar; y fueron los libros científicos, los instrumentos de cirugía y todos los aparatos que el joven médico trajo de Francia, el botín de aquellos salvajes>> (Gabaldón , 25); era la revancha por las atrocidades y saqueos cometidos por el gobernador Emigdio González, jefe de la “Gonzalera”, en las posesiones familiares de los Ruz y las de otros conservadores. 

Gabaldon de tendencia liberal, apuntó que la acción de Sandalio fue tan traumática para los González, que <<La monstruosidad de tal horda decepcionó al Dr. Manuel (González), y en protesta abandonó la profesión para dedicarse...a las intrigas de la política>> (Ídem), igual cambio adoptó el Dr. Rafael González Pacheco, quien se convertirá en los años siguientes en jefe de los liberales trujillanos. 

De los varones hijos de Ysidoro y Carmela, Eulalio era el mayor, luego le seguía Francisco Javier y el más joven Sandalio quien salió con la misma arrogancia y valentía, sobresaliendo como uno de los Varones de la Sierra de la Culata en los sucesos nacionalistas de comienzos del siglo XX. Estos hermanos, tuvieron fuertes diferencias, fueron dos personalidades totalmente antagónicas en sus ideas y en sus acciones. Sandalio libre pensador nacionalista frente a Eulalio de ideas conservadoras, además éste, reservado calculador, amasador de fortunas, Sandalio era un hombre sencillo, abierto y directo, justiciero en cuanto a sus sentimientos sociales, los indígenas que lo acompañaban en sus revoluciones y revueltas, eran las vivencias que fueron transmitidas por la memoria oral. 

Diferenciados en su actividad personal, esas diferencias también se expresaron en acontecimientos emocionalmente internos para la familia, inclusive, ambos decidieron construir sus viviendas o casas de habitación en sitios alejados uno del otro, y se mudaron Eulalio en Altamira de Garabulla, en una enorme casa tipo galería y Sandalio en una casa campestre en el sector de La Cañada. Conflicto este, que se transmite de generación en generación, según Carlos Ruz, nieto de Francisco Javier, se fue manifestando a lo largo del tiempo entre los Ruz.

A Sandalio se le calificaba enemigo del progreso, sus ex compañeros conservadores, lo hacían para justificar el despojo de las tierras indígenas, para que llegara el progreso económico en La Puerta.  En la denominada "Guerra de los 15 días", del año 14, Sandalio se alzó contra la dictadura gomecista y contra la venta del país y la rebatiña de las concesiones mineras y petroleras. Luego, resolvió su problema con la dictadura, y se dedicó a sus actividades privadas.


El desalojo indígena en La Puerta.  La ruptura con su hermano el general Sandalio. 

Alrededor de 1890, cuando se construía el ferrocarril de La Ceiba- Motatán, un grupo de hacendados, entre ellos Eulalio Ruz, guiados por el conservador oligarca Leopoldo Baptista, desarrolla el plan de despojo de tierras que pertenecían a los indígenas de La Puerta, sobre lo que no estuvo de acuerdo Sandalio Ruz (Conversación con Carlos Ruz, nieto de Francisco Javier Ruz. Enero 2023). Eso representó ciertos derechos para Eulalio, en este plan y le fueron adjudicadas tierras indígenas. Su hermano Francisco Javier, también Coronel de montonera, aparece como  uno de los 55 beneficiarios de tierras señalados en el Juicio de Partición de las Posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta; sin embargo, Francisco Javier Ruz (1849-1919), nunca tuvo casa ni solar ni tierras en La Puerta. Induce a pensar que representó a Eulalio, en esta repartición. 

El grupo de ambiciosos terratenientes, comerciantes nacionales y extranjeros, y gamonales de Montecarmelo, Mendoza, Valera, Timotes, Jajó y Pueblo Llano, pregonando que las tierras de La Puerta tenían que servir al progreso de la agricultura y el comercio del Valle y de Trujillo, y para emprender un nuevo poblamiento con gente nueva y con extranjeros, sacando a los indios que solo se mezclaban con otros indígenas, lo que representaba un atraso y pobreza, se ingeniaron  un plan legal y judicial para despojar las casi 2 mil hectáreas de tierras de la pequeña Comunidad Indígena Bomboy, ubicadas en las Posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta (una parte es lo que hoy constituye el área urbana de La Puerta). Lo que lograron mediante un fraudulento Juicio de Partición, produciendo además, la extinción de dicha comunidad víctima y borraron su existencia histórica, cultural, espiritual y física. 

La familia Ruz, con importantes posesiones en los Aposentos, Altamira de Garabulla y Timotes, vio con extrañeza que Eulalio, el mayor de los varones, se uniera a este plan, y fuese quien con su montonera, asumiera la responsabilidad del desalojo de los indios, mientras otros, les quemaban y destruían las viviendas, lo que duró varios años. Como consecuencia de esto, su hermano, el coronel Sandalio Ruz (1856-1929), rompió las relaciones personales con el hermano mayor, y le quitó el respaldo político y militar (Conversación con Carlos Ruz. 2023).  Sandalio, no podía estar de acuerdo por  una razón principal, cuando  arremetió con sus montoneras contra la estancia y haciendas de los González "Lagartijos",  además del saqueo de tierras a los hacendados de La Puerta, fue que el Dr Emigdio González, le quitó malamente las tierras a los indígenas del Burrero; siendo así, cómo le iba a avalar a Eulalio, lo de La Puerta.

En aquel tiempo no era Eulalio el hacendado, sino un  legionario que subrayaba sus miserias con la amenaza de la muerte y por crueldad, con él llegarían los hacendados y gamonales a la extinción de la comunidad indígena Bomboy.  Ante aquel hecho doloroso, Sandalio no volvió a pasar por La Puerta, ya sus conocidos indígenas, habían desaparecido. Eulalio, comenzaría a construir  sus casas para allí vivir. ¡Qué distintos eran los hijos de ¡Carmelita Moreno! 

En los tiempos del sibilino juicio de partición de las posesiones indígenas, es decir, en 1892, los hermanos Ruz, participaron bajo la comandancia de los Baptistas y Araujo, en la Batalla campal de Durí-La Mocoti-El Portachuelo, donde fueron derrotados por los liberales; pero, seguían teniendo el control y la influencia en los pueblos de la Cordillera.   

La pacificación de La Puerta.

Para sus socios del plan de despojo de tierras indígenas de 1891, como para los que iban a imponer su autoridad, suponían que él, representaba la fuerza, la tiranía, el abuso, la injusticia, el despotismo, la tortura, la violencia de un caudillo opresor, él lo resumía todo. Era su responsabilidad, porque Eulalio Ruz no era ignorante, ni vulgar, ni analfabeto, ni tonto, tampoco un fanático y menos aún, estaba en estado de pobreza. Controversial sí, quizás atrabiliario o aventurero, también.

No fue una labor fácil, a finales de siglo XIX. Luego del efectivo desalojo y la quema y demolición de las viviendas indígenas, los nuevos vecinos, comenzaron a construir sus casas. Abriendo el siguiente siglo, tuvieron que hacer rondas de vigilancia en las noches recorriendo las calles y protegiendo las pocas casas, contrarrestando las tentativas y acciones de los que habían sido despojados de sus tierras, quienes hacían sus necesidades fisiológicas en las entradas de las casas y zaguanes o lanzaban piedras sobre los techos y ventanas, que insistían en que les devolvieran sus tierras. En esas guardias, participaron los hermanos Lamus, Chuecos, Carrasquero, Araujo, Abreu, González, y los italianos, que cuando no podían mandaban un macoreto, un aconchabado o alguno de sus peones. Esta situación dio pie, al tejido de cuentos y leyendas de espantos y aparecidos de La Puerta, que conserva aún la memoria oral y que algunas han sido reseñadas por la historiografía, como parte del folclore de este pueblo desolado y misterioso (Aretz). Repoblado el sitio, ellos, se convirtieron en las autoridades civiles, judiciales y policiales del nuevo Municipio. La guardia, la dirigió el coronel Eulalio Ruz. 

En 1895, es designado jefe civil de La Puerta.

En tiempos del gobierno del general Joaquín Crespo, en el que se impuso una política de equilibrio entre los “ponchos y lagartijas”, se designó al general Rafael Reyes Gordon, en 1895, como Gobernador del estado Trujillo. Este nombra a su vez a Eulalio Ruz, como jefe civil y autoridad policial de La Puerta. A pesar que estuvo en los primeros tiempos al frente del gobierno municipal, cuándo fue sustituido, de hecho, la autoridad seguía siendo él,  el caudillo con el respaldo de los peones de sus fincas y algunos parientes, además del apoyo político que tenía de los oligarcas trujillanos. Ese año, se concluía la obra del Gran Ferrocarril de La Ceiba, que llegaba hasta Motatán, lo que le daba impulso y motivación a que las mejores tierras que estaban en este Valle, se pusieran a producir.

Si bien anduvo armado de su revólver, nunca dejaba de llevar el rejo, que también se le llama “Chucho”, lo portaba en sus manos y solía propinar fuertes latigazos al que se le alzara, lo que mantenía a la gente siempre cohibida y temerosa; no dejaba de ir a rezar en las tardes al templo de San Pablo Apóstol.  

Al igual que los otros hacendados, ocupó y cultivó amplios lotes de tierras en el Valle indígena del Bomboy, que puso a producir, obtuvo buenas cosechas y le dio buenas ganancias.

En las noches, sentado en una silla de cuero de becerro, el Coronel, leía la prensa que le podían proveer las circunstancias, meditaba, un hombre en su soledad. Custodiado por uno de su sequito de seguridad o algún familiar, el acoso que producía la acción de los indígenas despojados, y la sorpresa, convertían aquella responsabilidad en permanente vigilia, que solo se tranquilizaba con la aparición del sol. En la mañana, se levantaba con cierta serenidad, tomando su rejo de cuero duro  y dando órdenes firmes, reiniciaba sus actividades.

Las casas de Eulalio Ruz en La Puerta.

Cansado de guerrear y del ejercicio de la autoridad civil y policial, se retira a sus actividades privadas. En 1905, vive en una amplia casa, en la antigua Calle Real de La Puerta, luego avenida Bolívar, quedó asentado asi: <<18. Don Eulalio Ruz, natural de Timotes, estado Mérida>>; aparece en el inventario de Las casas de La Puerta y sus habitantes (Año 1905), de José Rafael Abreu. Este inmueble, colindaba con la llamada “La Casa de la Fragua”, donde además de los hornos, se hacían  trabajos de latonería y herrería, carpintería, peluquería, era también sede del Tribunal, la oficina de venta de papel sellado y estampillas; de vez en cuando se convertía en espacio de pulpería (Abreu, 119); casa que estaba a pocos metros de la Iglesia. Don Eulalio, fue un católico que iba a rezar todos los días que podía al templo de San Pablo Apóstol.

Asimismo, tuvo otra casa en la parte sur: <<23. Don Eulalio Ruz (esquina del terreno que hoy ocupa la Escuela de Música)>> (Abreu Burelli, Alirio. Un valle, una aldea, un río. pág. 202. Caracas. 2008), vecino a la casa del maestro Lucio Augusto Viloria y familia, y la de los Abreu. Es uno de las personas, que sin ser indígenas, fueron privilegiados y nuevos pobladores del área urbana de La Puerta.  Su hermano Francisco Javier, también Coronel de montonera, aparece como  uno de los 55 beneficiarios de tierras señalados en el fraudulento Juicio de Partición de las Posesiones del Resguardo Indígena de La Puerta; sin embargo, Francisco Javier Ruz (1849-1919), nunca vivió ni tuvo casa en este Municipio. Induce a pensar que representó a Eulalio, en esta repartición. 

El tiempo de los caudillos y gamonales, aun se mantenía.

En  mayo de 1898, siguiendo instrucciones de los Araujo-Baptista, Eulalio bajó a Valera  y se unió con su tropa, a las de los Burelli, los Palomares, donde se reunirían todas las fuerzas que apoyaban al Mocho Hernández, jefe de la revolución nacionalista. Llegaron a Motatán, se montaron en el ferrocarril y bajo la jefatura del general José María Baptista, llegaron a Sabana de Mendoza, en donde hubo una espeluznante batalla campal, triunfando los macheteros de nuestra Cordillera, sobre las fuerzas del coronel Pedro Jugo Padrón, en la campaña nacionalista (Crespo, 53). Días más tarde, el 6 de junio de 1898, se desarrolla otro encuentro letal, en el que los partidarios de los ponchos Baptista-Araujo, bajo el mando del “Chato” Briceño, son derrotados nuevamente en Jajó, por los liberales, comandados por el general Montilla Petaquero (Crespo, 53). Eulalio, volvió a morder el polvo de su Cordillera natal.          

¿Cómo era La Puerta en 1899, bajo la orientación y vigilancia de Eulalio Ruz?

El general Perfecto Crespo en sus Memorias de un Soldado Trujillano, nos describe en forma sencilla y sentida, lo que era La Puerta, para aquel tiempo <<En la tarde de ese día 29 de julio (1899) acampamos en el Municipio La Puerta, en aquel lugarcito, al pie de los páramos, me tocó el turno de hacer vigilancia y servicio con mi guerrilla en la Esquina Noroeste de la Plaza. Fue una noche terrible por el frío; el sargento Abdón Espinoza me decía: “Mi teniente, si así seguimos voy a amanecer con los dientes pelados”. Al fin después de una noche sin abrigo…Puse mi gente de pie…. Seguimos ese día nuestro desfiladero, contemplando aquellos parajes llenos de luz y colores, el sol mañanero acariciaba con la bendición de sus rayos aquellos trigales. Tal o cual gañan dejaba el arado solo por la presencia de los grupos armados. …trepamos la cuesta de La Mocotíe, que nos rememoró, con su desfiladero agrio y su mudez heroica, el drama del mes de abril de 1892>> (Crespo, 62). Eulalio y su tropa, habían abandonado el pueblo, para irse a la guerra. Un lugar íngrimo y ermito.  La última expresión de Crespo,  se refiere a la batalla de La Mocotí-El Portachuelo, donde triunfaron los liberales sobre los oligarcas, bastión este, al que pertenecía Eulalio Ruz.

El férreo Coronel Ruz, con casi 60 años de edad, sintió que su tiempo en La Puerta llegaba a su final. Además, sentía miedo de ser sorprendido, y en la soledad de su vivienda, por momentos se armaba con su  apreciada  escopeta, fortificándose y observando la calle real tras la ventana. Entre los bucares, guaduas y alisos, transitaba por el pedregoso camino paralelo al río Bomboy, donde podía permitirse como único jinete, una ruda y delirante galopada.

Abandona La Puerta, la nostálgica marcha hacia Timotes.

Al concentrarse el poder político y militar en manos de Juan Vicente Gómez, desarmando y desarticulando las montoneras locales y regionales, Eulalio abandonó La Puerta. El general Gómez, durante los primeros años de su gestión, logró la creación de un solo ejército, y la centralización del mando en una sola persona: Juan Vicente Gómez. Solo él mandaba en todos los lugares del país. La Puerta, uno de los pueblos de mayor resistencia y oposición a su gobierno, había sido neutralizado por hombres como Eulalio Ruz, a quien le decían Coronel.  

En 1910, Don Eulalio realiza la marcha que venía meditando en los años previos.  Al llegar a los Pozos, pasó a contemplar el valle que se extendía a lo largo del Bomboy, pero no era algo que mantenía su atención, ni le producía nostalgia. Sentía cierto fastidio, y además, las cosas pasaban tan rápido con la cabalgada que apenas tenía tiempo para recordar lo que abandonaba. Sobre el lomo de "Safrisca" su mula consentida, la que no lo abandonaba; se mudaba a otro pueblo en el que se sentiría más cómodo y podría olvidar, lo que realmente era y fue: el hombre del rejo escarmentoso y violento.

Como él, gran parte de los que participaron del despojo, vendieron las tierras indígenas, hasta el cura  José Asunción León y su hermano Lucio, vendieron, dizque no se podía con los espantos y eso era asunto de exorcistas. Pocos de los adjudicatarios se quedaron a consolidarlo como pueblo. 

La Puerta, continuará con su rumbo al progreso con otras gentes que llegaron de otros lugares, con ansias de trabajar y progresar, con otras visiones de sus nuevos caudillos, con sus virtudes y debilidades, sus creencias, tratando de superar sus dificultades colectivas. 

Aunque se mudó para Timotes, el Coronel mantuvo la casa de corredores en Garabulla. La cultura colonial de los Ruz, se expresaba en la calidad y diseño de sus viviendas, casas de tapiales, paredes blancas, techos de tejas, pisos de arcilla, con acceso a lo interno para las distintas bestias de silla y de carga, además de una pequeña plaza de secado, encuentro y fiestas.  

De temido gamonal gomecista, se transformó en Don Eulalio Ruz.

En 1911, se encuentra residenciado en Timotes, y establece ahí su centro de negocios; asimismo, se va vinculando a las autoridades y personalidades de poder  de dicha población, que lo respetaron, ya que iba precedido de su fama de  afecto a la dictadura gomecista. En este año, el padre Buenaventura Vivas, da inicio de los trabajos de construcción del templo de Timotes.

En el año 1914, quedó inscrito como uno de los más importantes colaboradores de la Iglesia, pues costeó el 4° Arco de la Basílica Menor Santa Lucia, obra impulsada por Monseñor Vivas, a quien le gustaba mucho el dinero. Cuando Don Eulalio se mudó a Timotes hace gran amistad con él, porque coincidían en algo: amasar y contar morocotas y quién le colaboraba en la construcción de la Iglesia lo libraba de pecados.  Este Monseñor, fue dueño de la Compañía de Luz Eléctrica y de la de Teléfonos de Timotes, de la cual tuvo concesión por 25 años.  Eulalio en Timotes, vivió solo con su personal doméstico, dedicado a su actividad comercial y a la Iglesia y era muy respetado por las autoridades porque se le tenía como un personero de la dictadura gomecista.

En el arco número 4 del templo, se puede leer lo siguiente: “Costeado por el señor Eulalio Ruz; ya no se hace llamar Coronel. Posteriormente, en 1921, financia el Altar Mayor de esta basílica, lo que quedó asentado <<en uno de los escalones se puede leer "regalado por Eulalio Ruz, 1921"; y en el ala derecha del mismo, la misma inscripción: "regalado por Eulalio Ruz, 1921>> (Espinoza, 145).  Con estas colaboraciones económicas, se fue ganando la indulgencia de Monseñor Vivas y la simpatía de la gente, mientras seguía amasando dinero, su actividad comercial lo convirtió en un hombre sumamente rico y esto, además, le iba granjeando la fama de un buen ciudadano de dicha población. 

En casa de su pariente Ricardo Ruz, en Altamira de Garabulla, estaba la central telefónica, de la CA Teléfonos de Timotes, que regentaba el padre Buenaventura Vivas. De esta central, se podían comunicar con varias poblaciones trujillanas y merideñas aledañas. Mencionan que también sirvió para dar estabilidad a algunos personeros leales al Dictador, al poder controlar las andanzas y conspiraciones de los caudillos opositores, y dar apoyo con fuerzas militares y policiales del gobierno.

Entre 1895 y 1905 fue de hecho, don Eulalio Ruz el pacificador violento que con la soldadesca de los hacendados y gamonales, autorizados por el gobierno regional logró desaparecer todo vestigio de la comunidad indígena Bomboy de La Puerta.

Eulalio, tenía mucha tierra en los Aposentos, en donde sembraba trigo, maíz, arveja y papa y además, como fuerte comerciante, compraba cosechas enteras en el sitio a distintos agricultores, las cuales comercializaba con Timotes, donde tuvo su casa principal de negocios; de Altamira de Garabulla a Timotes se echan 4 horas caminando, algo menos en bestia. 

Entre 1891 y 1910, fue de hecho, Eulalio Ruz el pacificador violento que con la soldadesca de los hacendados y gamonales, autorizados por el gobierno regional logró desaparecer todo vestigio de la Comunidad Indígena Bomboy, de La Puerta. A eso, debemos agregar que en el contexto del repoblamiento de La Puerta -sin negros y sin indios-, como proyecto oligarca de 1890, este antihéroe con sus virtudes y fallas, con sus cuestionadas acciones y ambiciones, conducta generalizada en los gobernantes y caudillos de aquel tiempo, fue una de las figuras destacadas entre los años finales del siglo XIX y los comienzos del siglo XX trujillano. 


 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

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La Puerta, octubre 2023.

 

Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*) Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terra...