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sábado, 29 de junio de 2024

La joven encomendera Juana de Mendoza y sus Chontales.

La joven encomendera Juana de Mendoza y sus Chontales.

Por Oswaldo Manrique (*)

De nuestra serie Heroínas del Bomboy, y a propósito del natalicio del Dr. Cristóbal Mendoza, primer Presidente de Venezuela, y luego, Vicepresidente de la República de Colombia, es pertinente conocer algunos antecedentes familiares de tan eximio repúblico, particularmente, con Catalina Fajardo, la entusiasta forjadora de pueblos trujillanos, de la que ya hemos publicado su semblanza en este mismo medio, y la relación con Juana Mendoza y Losada, la joven encomendera del Valle de Bomboy, quienes cumplieron un interesante rol en la formación y en la historia de esta Provincia. 

Los feraces potreros y sementeras de San Pablo del Valle del Bomboy, hasta más allá de Castil de Reyna, en gran parte del siglo XVII, difuminaban un verdor extasiante que enmarcaba los tapiales de la casa de arriba, en donde lidiaba la joven mujer con sus chontales y con el peso de aquel fantasma que deambulaba en esta fría tierra de una Provincia que aun estaba por construir; era el espíritu del viejo hidalgo: su abuelo cuyas hazañas trágicas y dignas, se habían transformado en símbolo de una lucha, de un sentimiento y de un orgullo familiar, héroe de lo que sería un nuevo país.

Como uno de los principales capitanes en la conquista y fundación de las colonias en América, su abuelo  Alonso Andrea de Ledesma, había vivido, enfrentado y encarnado las luchas contra los invasores extranjeros, contra los más temidos piratas y corsarios de imperios europeos, que se asentaron en el Caribe, <<Si Ledesma cimentó larga estirpe en cuyas ramas figura nada menos que el egregio Triunviro Cristóbal Mendoza, su caballo dejó prole que, saltando sobre los ventisqueros de América, supo ganar la ancha punta de nuestras perpetuas armas republicanas>>, agregando que ese viejo corcel, reaparecía en la historia con su furor de sostenida frescura, cuando <<Los nuevos filibusteros –ladrones de espacio y de conciencias- andan entre las aguas de la Patria, amenazando nuestra economía y ultrajando la dignidad de nuestros colores>> (Briceño Iragorry, 16); fuerte llamado a la conciencia, a la ética, al espíritu nacional, y a la Paz como <<sistema de holgura moral>>, hizo aquí don Mario. 

A primeras horas de la mañana, la Encomendera contemplaba el apacible lugar. Repentinamente escuchó algo. Era un zumbido pulsante entre el Bomboy y la quebrada de San Pablo, cuando vio que se acercaban unos y sonrió.

-         ¿Chakanastá Ña Shuana? La saludó al llegar, el hombre mayor, con sombrero adornado con plumas de guacamaya. La joven Juana le contestó en  las típicas palabras con que se entendían, en aquella cotidianidad rural:

-         ¡Chekenesté!   El viejo Don Gonzalo, cacique del grupo de sus  nativos encomendados, supo que estaba bien y le llevaba algo que le había pedido. Al entregárselo le dijo:

-         Truje chindungo  Se refería a un manare o canasta para aparar papas o  “turmas”; lo que le agradeció la joven patrona. La papa era el principal rubro agrícola y en sus distintas variedades en la alimentación de los indígenas de los Páramos, lo que intercambiaban por el maíz y luego el trigo del valle. Las mujeres encabezadas por Xazintha, esposa de Domingo el gañan y Micaela mujer de Bisente Mauro, siguieron el camino hacia los telares y los hombres a los barbechos. Antes les había preguntado por Blacito Pérez el huérfano, miembro de esta comunidad de indígenas. 

Doña Juana sabía entenderse, como lo hicieron sus abuelos y sus padres, con sus chontales, a quienes el resto de los colonos los consideraban hoscos, salvajes, rústicos  e incultos, o con dificultades para comunicarse, o “tonticos” por hablar en su lengua indígena, pero ella a pesar de la combinación de palabras  al-andaluces traídas por sus abuelos, con las autóctonas Timotes, les entendía sus expresiones, señas y vocablos. No impuso, el idioma hegemónico, esto lo corroboró el Obispo Martí en su Visita Pastoral por dicho Valle, en el siglo siguiente, al entrevistar a los descendientes de estos chontales encomendados. Todos la conocen, la respetan y los chontales la llaman Shuana.

*

Uno de los casos interesantes por investigar en la historia del indigenismo trujillano, lo es el de la Encomendera Juana de Mendoza y Losada. En 1687, cuando el alférez Don Diego Jacinto Balera y Messa, Alcalde Ordinario de Trujillo, realizó el censo de encomiendas, matriculó personalmente 12 Doctrinas y 49 encomiendas, de las cuales 10, estaban en poder de mujeres por herencia, una era la de doña Juana de Mendoza, lo que era mal visto y objetado por los descendientes de los conquistadores, quienes consideraban que era un premio de guerra, pero en forma directa no lo prohibía la Ley Real del siglo anterior, aunque si era exigente en cuanto a su otorgamiento.  

El tercero de los hijos de Catalina Fajardo con el capitán Cristóbal Hurtado de Mendoza: Hernando de Mendoza y Fajardo, y su esposa Inés de Losada y Cabrita,  son los Padres de: Juana de Mendoza y Losada,  bautizada con 9 meses de edad,  el 7 de abril de 1665, debió nacer en julio de 1664, según los estudios genealógicos consultados; el Capitán español “Hernando Hurtado de Mendoza, tenia encomienda en la Puebla de San Pablo de Bomboy… Hernando de Mendoza, bautizado el 16 de diciembre de 1624, cuya casa  fue una de las que se destruyeron cuando Gramont incendió la ciudad de Trujillo, casado con Inés de Losada… (V. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma. En: Briceño Iragorry, Mario.  El conquistador español. Los fundadores de Nuestra Señora de La Paz de Trujillo”. Caracas, 25 de enero de 1930. Pág. 41). Se entiende que era descendiente de capitanes europeos fundadores de Trujillo, con temperamento y valor demostrado al enfrentar a los corsarios saqueadores de los pueblos y la ciudad de Trujillo. Además, al ser nieta de Catalina Fajardo, era descendiente tanto del legendario capitán Alonso Andrea de Ledesma, como del capitán Blas Tafallés. Ni don Hernando su padre, ni ella, usaron el apelativo Hurtado.

 Considerada como persona limitadamente libre, en estado de vasallaje del Reino español, la mujer blanca criolla, en la mayoría de los casos no tenía cómo garantizar el ejercicio de sus menguados derechos políticos, sociales, civiles, económicos, culturales y privados. Excluido estaba para ellas, el derecho a participar e intervenir, en igualdad de condiciones con los denominados Masculinos Universales, en asuntos sustanciales como los políticos y patrimoniales, y poder gozar de los privilegios que a estos se les concedían. Esta condición de sojuzgamiento jurídico y religioso, en el régimen colonial venía siendo cuestionada en Francia, Alemania e Inglaterra; ideas que se iban trasfundiendo con el comercio  a las colonias americanas.

Pudiera considerarse a esta trujillana, como una figura, que enfrentó de esa forma y sin mucho protagonismo, al sistema colonial, y  asimismo, ser un símbolo de la confrontación y lucha demostrativa de mujeres que tuvieron la tenacidad de tomar las riendas de la encomienda de indígenas y de sus tierras, plantaciones, industrias y hatos, aunque no dejaron de estar sujetas al poder monárquico y a la hegemonía legal y real del hombre, del patriarcado, y al violento poder del machismo y su cultura.

         Obtuvo Doña Juana por herencia y derecho de su padre Hernando de Mendoza, quien había nacido en 1624 y confirmado el 13 de enero de 1608 (Windvik), se casó con Doña Inés de Losada Cabrita, bautizada el 13 de junio de 1646 (V. descendencia de Alonso Andrea de Ledesma.), la Encomienda Cuarta, que formaba parte de la Cuarta Doctrina, denominada del Pueblo de Nuestro Señor San Pablo del Bomboy (hoy, La Puerta). Indicó Briceño Iragorry, que  “…Jacinto Hurtado de Mendoza, sucesor de su padre (Cristóbal Hurtado de Mendoza) en la encomienda que tenía en la Puebla de San Pablo de Bomboy…” (Ídem). En 1620, por iniciativa de Catalina Fajardo, este mismo grupo de indígenas encomendados, regresó a vivir a su lugar de origen, en un nuevo “pueblo de indios”, llamado San Antonio de los Timotes, hoy Mendoza. Éste Jacinto, planteó querella y reclamó sus derechos a la muerte de su padre, porque había sido declarada vacante esta encomienda, por las autoridades coloniales. Jacinto era hermano de Hernando de Mendoza, padre de Juana de Mendoza y Losada.

Con apenas 22 años de edad, Juana había tomado la titularidad y administración de una importante extensión de tierras a lo largo del valle de Bomboy, las que venían siendo sembradas con plantaciones de caña dulce, y otras, hacia el norte, entre la Cañada de Mendoza y la posesión Dorokoke,  fomentadas mayormente con hatos y potreros por sus abuelos Catalina y Cristóbal, y luego por su padre Hernando de Mendoza; a pesar de ello, el reto asumido en pleno siglo XVII,  suponía su esfuerzo como encomendera, para optimizar la producción de su hacienda, adecuándose al modelo agrícola de exportación que se estaba consolidando en este tiempo.   

Provenía Juana, de una familia profundamente religiosa, honesta y emprendedora, asi como de ejecutantes de cargos públicos y de gobierno. El abuelo Cristóbal, inició estudios para sacerdote, “… recibió primera tonsura en Trujillo el año de 1607 de manos del Ilustrísimo Señor Alcega, pero dejada la carrera eclesiástica…” (Ídem); luego cambió de parecer, se casó con Catalina Fajardo, se incorporó a sus negocios familiares y a la función pública, ocupando el cargo de Alcalde Ordinario y de la Santa Hermandad de Trujillo.

La encomienda que se le transfirió a Doña Juana, contaba, “…veinte y cuatro almas en la forma siguiente: — Ocho indios útiles y de trabajo 8 — Cuatro muchachos de menor edad de catorce años. 4 — Nueve indias de mayor edad de catorce años para arriba 9 — Tres muchachas de menor edad de catorce años.... 3. 24 Con lo cual se acabó la matrícula de los indios naturales de esta dicha encomienda inclusa en esta doctrina del Señor San Pablo”, según  lo que refleja el Acta de censo y otorgamiento de libertad de los indígenas encomendados, del 14 de noviembre de 1687, suscrita por el alférez Don Diego Jacinto Balera y Messa, Alcalde Ordinario de Trujillo, el Corregidor de indios Capitán Antonio Oviedo y el cura doctrinero licenciado Juan Buenaventura Cabrita Losada (Castellanos: pág. 87). Era una comunidad de 24 indígenas Timotes a su cargo, siendo su cacique Don Gonzalo, quien no era ladino, es decir, un chontal, que aun cuando la entendía no hablaba la lengua española, por lo que se presume que parte de su comunidad tampoco la usaba.

Luego de ese cambio de nativo encomendado por el de tributario, doña Juana, debía continuar dándole trabajo en las haciendas y hatos, con la responsabilidad de su alimentación,  cuido y sin adoctrinamiento católico y sin obligarlos a hablar español, de acuerdo al nuevo régimen colonial de tributación; permanecer siendo chontales, era su derecho.

Sobre el termino chontal, el Vocabulario de indigenismos en las Crónicas de Indias, de Manuel Alvar Ezquerra, Madrid, 1997,  recoge lo siguiente: <<Temiéndose….especialmente de yndios chontales no les hiciesen alguna molestia o vejación>> (Pedro de Aguado). También, <<Esos chontales es gente más avillanada e moran en las sierras o en las faldas dellas>> (Gonzalo Fernández de Oviedo). Igualmente, <<Quedando los ladinos y chontales de nunca dar oídos//jamás a semejantes devaneos>>  (Juan de Castellanos). Asimismo, <<Era toda esta gente muy chontal y salvajina, por no haber tratado jamás con españoles>>  (Fray Pedro Simón). 

Doña Juana, era hermana de Buenaventura Hurtado de Mendoza, bautizado el 14 de julio de 1665, según el trabajo genealógico usado por el maestro Briceño Iragorry. Éste Buenaventura, siguiendo la tradición familiar,  llegó a ser Alcalde de Trujillo, se casó con Beatriz Constanza Barreto Montilla y concibieron a Luis Bernardo Hurtado de Mendoza, quien al tener la mayoría de edad, a su vez, se casó  con Gertrudis Eulalia Montilla Briceño y procrearon a Don Cristóbal Hurtado de Mendoza, (1772-1829). Graduado Cristóbal en jurisprudencia, fue Protector de  Naturales en Barinas, se sumó al movimiento independentista en 1810, con una participación destacada, ocupando la primera magistratura en la Junta Suprema. Señaló en 1929, el historiador Briceño Iragorry, a su ingreso a la Academia Nacional de la Historia, que, el Capitán Hernando Hurtado de Mendoza, era ascendiente  del ”… Dr. Cristóbal Mendoza, primer Presidente de Venezuela, nacido en la ciudad de Trujillo el 23 de junio de 1774 y no el 24 de julio como se ha venido diciendo”. (Briceño Iragorry, Mario. Discurso a su ingreso a la Academia Nacional de la Historia, en 1929); igualmente lo es doña Juana Hurtado de Mendoza y Losada.  El Dr. Cristóbal, fue elegido  en 1825,  Vicepresidente de la República de Colombia, también indebidamente llamada la Gran Colombia; falleció en Caracas, sus hermanos y hermanas, todos próceres de la independencia, lo que eleva al máximo el gentilicio trujillano.

Juana de Mendoza y Losada, fue una de las primeras mujeres trujillanas, que avanzado el siglo XVII, se enfrentó al régimen colonial patriarcal y al hegemonismo y privilegios de los varones descendientes de conquistadores, al lograr convertirse efectivamente en Encomendera, obteniendo la titularidad de la encomienda de su familia.  En 1687, siendo muy joven, pues apenas contaba con 22 años de edad, son eliminadas las encomiendas, pues se realizó el acto de dar libertad a los indígenas que tenía encomendados.  Dando paso así, por lo menos en esta posición de poder, a un nuevo rol igualitario para las mujeres y hombres de la Provincia.

Ese episodio, exigiendo el otorgamiento de la  Encomienda para ella administrarla, la que asumió efectivamente con lazos laborales basados en el trato y respeto a sus nativos encomendados, simbolizaba el sentimiento humanista frente a la barbarie hispana, y símbolo de la lucha que desde varios frentes se dio contra el patriarcado machista y las relaciones de poder de la cultura occidental, en nuestro continente.

Doña Juana de Mendoza y Losada, una de las heroínas del Bomboy, demostró sin saberlo, que las relaciones de poder existentes podían variar, por lo menos en cuanto al respeto por el ser humano;  por eso no dudamos en reconocerla como una gran dama mantuana, con un temperamento arrollador, de mucha firmeza, constancia y arrojo, en tiempo y lugar toscos, como el de este Valle en el siglo XVII, invocado como Pueblo de Nuestro Señor San Pablo del Bomboy, hoy La Puerta, y San Antonio de los Timotes, hoy Mendoza del Bomboy.  

*

Fui sorprendido el lunes próximo pasado, al enterarme por televisión del traslado al Panteón Nacional de una caja simbólica con tierra, en lugar de los restos mortales del prócer independencista Dr. Cristóbal Mendoza. Al igual que otros trujillanos, espero leer el Informe oficial que ordenó publicar el Presidente de la República, sobre las razones que privaron en este asunto, para poder entender si realmente dicha ceremonia debe considerarse un honor al gentilicio trujillano y a la Nación,  u otra cosa. 

La Puerta, junio 2024.

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de la Puerta. 

omanrique761@gmail.com   





domingo, 9 de octubre de 2022

Encomenderos y Encomiendas del Pueblo San Pablo Apóstol de Bomboy.

 

Encomenderos y Encomiendas del Pueblo de Doctrina 

San Pablo Apóstol de Bomboy.


      Por Oswaldo Manrique.


Varios historiadores coinciden, en que el inicio y erección de la mayoría de pueblos coloniales serranos, sobre todo los más antiguos, sería consecuencia, de las denominadas encomiendas, es decir, su núcleo generador.

Este pequeño y productivo valle, conocido desde tiempos remotos como Bomboy  de <<indios Timotes>>, fue objeto desde finales del siglo XVI, de la invasión europea, las tierras despojadas a sus tranquilos habitantes, y estos, convertidos en esclavos. Aquella aldea, organizada en su particular y diseminada distribución y ubicación de viviendas, de acuerdo a su cotidianidad, hábitat y cosmovisión, fue saqueada y sus habitantes reducidos, recluidos y concentrados en una limitada posesión de una legua a los cuatro vientos, llamada Resguardo, que en la práctica, se constituyó en la cabecera del Pueblo de Doctrina San Pablo Apóstol del Bomboy, es decir, el conformado por los aborígenes encomendados, localizados en los sitios que hoy conocemos como La Puerta, Mendoza, Jajó y La Quebrada, del hoy estado Trujillo, que significó una amplia jurisdicción política religiosa y a la vez, espacio de frontera con el Virreinato. Los principales capitanes que poseyeron tierras y encomiendas de indios esclavos en este valle, fueron: 

Capitán Francisco de La Bastida. Considerado el Fundador de la ciudad de Trujillo, en su último asiento, el valle de los Mukas, en 1572.  Encomendero por derecho de conquista y fundación. Las tierras que le fueron adjudicadas a este Capitán, estaban localizadas en lo que hoy es la parroquia Mendoza, justo centro del valle de Bomboy. La posesión de tierras explotada por La Bastida, existe aún, conocida como Hacienda San Francisco, Parroquia Mendoza, municipio Valera, estado Trujillo. Se intuye que, esas tierras fueron trabajadas con los indígenas que tenía de la encomienda en el área de Boconó, grupo de 208 aborígenes Tostós, según la organización jurisdiccional católica de Pueblos de Doctrina, del Obispo fray Antonio de Alcega, de 1611 (Briceño Perozo, 56). 

Capitán Sancho Briceño. Acompañó a Diego García de Paredes y Francisco de La Bastida, en la conquista y fundación de Trujillo. Fue el primer alcalde de la ciudad de Coro. Desarrolló una próspera hacienda, colindante a la de su yerno el Capitán La Bastida, son las tierras del linaje Briceño, fue el primero de ese ilustre apellido en Trujillo. Esta posesión, aún existe, denominada hacienda La Concepción, aquí nacieron varios próceres independencistas, entre ellos, el Dr. y coronel Antonio Nicolás Briceño, conocido como "el Diablo Briceño". Allí funciona el Museo Casa Natal de Antonio Nicolás Briceño.

Capitán Juan Álvarez Dabuyn. Prestó servicios importantes para el Rey de España, entre ellos, el aniquilamiento del cacique Nigale y las tribus zaparas, aliles y otras, que no permitían el tránsito de barcos por el lago de Coquivacoa, hoy Maracaibo, lo que valoró el Gobernador Sancho de Alquiza, quien le confirmó la Encomienda  "Valle de Vomboy", a la que había hecho dejación su padre el capitán Tomé Dabuyn, el 23 de marzo de 1601, quien la había recibido años antes del Capitán General de Venezuela, Don Alonso Arias Vaca. A este Juan, se la otorgaron de primera vida, y también, la Encomienda "Quebrada Comboko", adyacente a la anterior, que poblaban el territorio que hoy conforma La Puerta. Le otorgó una tercera, la Encomienda denominada "Lomalla de Busandi"  (Titulo y Confirmación por el Capitán General de Venezuela Sancho de Alquiza 19 de mayo de 1611, confirmada en Madrid, por el Consejo de Indias, el 10 de enero de 1620. En: Zambrano, 42). Es de destacar que la Encomienda "Valle de Vomboy", fue la   de mayor cantidad de indígenas esclavos, 408 de la nación Timoto, y pasó a integrar la 7a. Doctrina (Briceño Perozo: 57), luego  pueblo de Doctrina San Pablo Apóstol de Bomboy, cuyo pueblo cabecera estuvo ubicado en lo que hoy es el área urbana de La Puerta.

    Capitán Blas Tafallés. Acompañó a Diego García de Paredes, en la avanzada de dominación contra los Cuicas. Por el llamado derecho de conquista y fundación, le fue otorgada la Encomienda de los Timotes, constante de 108 indígenas, que pasó a conformar la 7a. Doctrina, organizada por el Obispo Alcega (Briceño Perozo: 57). Las tierras que explotaba este capitán, pudieron estar localizadas entre La Mesa de Esnujaque, Quebrada Grande (Municipio Urdaneta) y La Mocotí y El Portachuelo de La Puerta. 

Capitán Hernando Hurtado de Mendoza y Acosta. El Pacificador español de Trujillo, liberó el camino de los Andes, de grupos de aborígenes rebeldes. Don Diego de Osorio, Capitán General de Venezuela, le otorgó la Encomienda en el valle de los Timotes, que antes fue de Juan de Umpierres y su mujer Ana Xacome. Umpierres muere y su viuda, junto con su nieta María Márquez de estrada y Umpierres, siguieron disfrutando de la encomienda, pero la declararon vaca, por dejación que hizo la viuda,  y la nieta, se casó con el capitán Hernando Hurtado de Mendoza, y logra que se la concedan a él. Hernando Hurtado de Mendoza, para 1610, tenía a su disposición 137 indígenas del valle de los Timotes, 18 nativos del valle de Carache, de Boconó 51 indígenas, y de Pocó, 174 aborígenes esclavos (Briceño Perozo, 56). 

Francisco de La Piñuela. Participó en las avanzadas de dominación europea contra los primeros pobladores. Por estos servicios al Rey de España, le fue otorgada la Encomienda de los Timotes, constante de 175 indígenas, que conforma parte de la 7a. Doctrina.

Pedro Gómez Carrillo. Acompañó a Diego García de Paredes, en la avanzada de dominación contra los Cuicas. Por el llamado derecho de conquista y fundación, le fue otorgada la Encomienda de los Timotes, constante de 131 indígenas, que conforma  la 7a. Doctrina, organizada por el Obispo Alcega (Briceño Perozo: 57). Es bastante probable, revisados algunos datos hereditarios, que esta encomienda, de acuerdo al acta de matrícula y libertad, elaborada por el Alcalde Jacinto Valera y Mesa, en 1687, sea la que obtuvo el capitán José de Sánchez Mexias, que, <<está debajo de Señor San Pablo un título y confirmación y se compone de dos Partidos que es el de La Quebrada y el de Timotes>> (Castellanos: 86). 

Juan Pacheco Maldonado. Exterminador del cacique Nigale y de los Zaparas y Aliles, en 1607. Le adjudicaron tierras en el valle de Bomboy, y le fue otorgada Encomienda de Burbusay, con un grupo de 545 indígenas esclavos (Briceño Perozo: 56); esta fue la Encomienda con mayor número de  integrantes en toda la región Trujillana.  Es muy probable, revisados algunos datos hereditarios de los Pacheco (Dávila),  que esta encomienda, de acuerdo al acta de matrícula y libertad de indígenas, elaborada por el Alcalde Jacinto Valera y Mesa, en 1687, tenga relación con la del capitán Alonso Pacheco de Mendoza, constante de 107 naturales (Castellanos: 81). 

Doña Catalina Fajardo. Esta dama, fue un personaje importante, en el campo del desarrollo y estabilidad del nuevo modelo económico en este valle. Junto con su esposo Francisco Botello, fueron los primeros beneficiarios del grupo de indígenas de la Encomienda “San Pablo de Bomboy", para 1629, Catalina estaba viuda y no cumplió con la gestión de Confirmarla para disfrutarla legalmente,  a pesar que la siguió explotando, y declararon la Encomienda, vaca, es decir, volvió a quedar a la disposición del Rey, sin asignación a colono en particular. Se casó con el hijo del capitán Hernando Hurtado de Mendoza, Cristóbal y éste obtuvo el otorgamiento de esta Encomienda, el 25 de enero de 1629, por parte del gobernador Juan de Meneses.

Un dato importante se encuentra en dicho documento, relacionado con ese grupo aborigen, que lo califican de Nación Cuyca, cuyo jefe principal, era Julián, debido a que ya estaba cristianizado,  <<los que viven y están mandados poblar en el pueblo de San Pablo de Bomboy, según y de la manera que los tubo y poseyó la dicha Cathalina Faxarda>> (Zambrano, 11); sin embargo, la mayoría era de origen Timoto. En esas condiciones, los tuvo el capitán y primer encomendero Francisco Botello, desde antes de 1592.  Se entiende de este párrafo, además de que pertenecían a la nación Cuycas, que la localización originaria de este  comunidad nativa convertida en esclava, no era propiamente de La Puerta, <<mandados poblar en el pueblo de San Pablo de Bomboy >>, esto es, donde estaba el Pueblo cabecera de Doctrina,  y luego Resguardo Indígena, sino que los mandaron a concentrar allí, por razones de control social, racial, adoctrinamiento y de administración de los esclavos. Lo que nos lleva a confirmar que una cosa es el Pueblo de Doctrina San Pablo Apóstol de Bomboy, y otra diferente, es la denominada "Encomienda San Pablo Apóstol de Bomboy", que integró junto con otras, dicho Pueblo de Doctrina, ubicado en lo que hoy, es el área urbana de La Puerta.  También es conveniente señalar, que aquella figura jurídico político religioso, es diferente del denominado Pueblo San Pablo Apóstol de Bomboy, como cabecera de Doctrina, que en realidad fue el denominado hasta el año 1891, Resguardo Indígena de La Puerta. Esta posesión de tierras, sólo incumbía al Rey de España y a los indígenas a quienes se les había asignado para su concentración y subsistencia, no le pertenecían a ningún encomendero. 

Al convertirse en heredero del capitán Hernando, Don Cristóbal gestionó la fusión e integración de la encomienda del sitio de Muxunp, otro en el sitio llamado "La Cuchilla, ambos en el valle de los Timotes, de su padre, con la Encomienda que tenía su esposa Catalina, la denominada "Encomienda San Pablo de Bomboy", lo que logra de las autoridades de Venezuela, el 2 de enero de 1638, aunque el Consejo de Indias, en Madrid, al final del proceso, se lo negó. 

Entre los encomenderos de otras zonas, que también figuran como dueños de sembradíos en mesas, mesetas, lomas, lomallas, llanos, llanitos, así como hatos, hatillos y potreros, en el valle de Bomboy: como Baltazar Aguilar, además de militar y encomendero, prestó importantes servicios a la Corona española, en el campo de la ingeniería y la construcción. Agregamos a Martin Cabrita; ambos eran poseedores de mesetas y posesiones agrícolas en el Valle de Bomboy, por haberlas obtenido como derechos de conquista, o como repartimiento, colonizadores, mercedes de tierras, o composición, y tenían sus grupos de aborígenes encomendados que traían a trabajar a estas tierras.

El valle de Bomboy que desde tiempos ignotos, fue calificado como mágico, por su exuberante fertilidad, y por la rápida prosperidad dada a los hacendados y terratenientes, tiene un nombre indígena hermoso cuyo significado encierra sus características innatas y otras un contenido filosofal, Bomboy, que toma del mismo nombre del río, que significa rio de aguas de espuma, altivas y fuertes, palpitantes, fogosas. Bomboy, no Momboy, que es una suerte de distorsión del topónimo auténtico y original.  Fue este valle, sus páramos y su río, el portentoso cosmos de la Comunidad indígena Bomboy, conformada progresivamente por Xaxoes, Xikokes, Mucutis, Bicuyes, Kombokos, y por supuesto, los Bomboyes. Se agregaron forzosamente Kuicas y nativos del pueblo  Jirajara, cuyo mejor ejemplo fue la princesa bozal Yeguenda.

Antiguamente, nos vendieron la idea que, la historia de La Puerta, comenzaba con los hacendados y caudillos y oligarquía municipal del siglo XIX, ocultando todo un rico y apasionante mundo anterior a éste. Los Bomboyes, desaparecieron gradualmente durante el periodo colonial, terminando la labor sistemática de extinción, los hacendados, curas, jueces, prestamistas, estafadores y gamonales, en 1891.

Nos ocultaron ese vergonzoso proceso de esclavitud y exterminio, pero dejaron que se les colara en el tiempo y por la fuerza misma de la palabra, raíces que se irán develando en el proceso de descolonización histórica, y los hermosos topónimos, nombres y palabras indígenas, que los mencionamos en la cotidianidad, que usamos a diario, desconociendo su hermoso e interesante significado. 


La Puerta, octubre de 2022.

Omanrique761@gmail.com

viernes, 4 de septiembre de 2020

Yeguenda, cacica bella y cautiva.

 

Yeguenda, cacica bella y cautiva. 


Oswaldo Manrique Ramírez.

         A propósito de que este 5 de septiembre se ha denominado por organismos sociales como el Día Internacional de la Mujer Indígena.

Lo que vamos a tratar en este artículo es un episodio más, de violencia contra la mujer indígena trujillana, ocurrido en el Pueblo de Doctrina de San Pablo Apóstol de Bomboy, conocido posteriormente como La Puerta,  y el reproche silencioso moral y ético de la víctima, ante el sometimiento de que fue objeto por un traficante de aborígenes. Esta lucha dada por Yeguenda, desde finales del siglo XVI, continua vigente y es la misma que vienen dando mujeres en varios países latinoamericanos. 

           Nació en horas de la madrugada. Su madre, tendida en una esterilla de paja seca, solo esperaba la oración del parto, para comenzar el trajín del alumbramiento. Con las indicaciones de la comadrona, la madre sudando gotas gruesas y con dolorosos  movimientos musculares y espasmos, pujó y pujó hasta ver la cabeza de la recién nacida, sacando su cuerpo a la luz de las antorchas. Atentos su padre y el moján, entraron a verla y  le dieron otra plegaria mientras le echaban agua sagrada, con el preparado que este llevaba en su macute.  Era el nacimiento de una de las hijas de los caudillos principales y jefe guerrero de la nación Jirajara, de los inmensos Llanos de Monay.  Su padre le puso el nombre: Yeguenda.  Algunas damas en Europa, actualmente, usan este bello nombre; se han visto noticias de una destacada criadora de caballos de raza fina en España, que lleva este nombre, y asimismo, su emporio de cabellerizas lo ha denominado Yeguenda.


En la nación Jirajara, preparaban a las niñas y niños, para convivir en forma armónica con la naturaleza y con la gente, pero también, para la guerra y pelear por su dignidad y derechos ancestrales.

En la aldea, fue aprendiendo de su madre y su abuela los oficios de tejer, hacia mantas coloridas, e iba con sus hermanos de cacería para obtener plumas que incorporaba a sus frisas. Cuando le ordenaban hacer algún trabajo, que no le gustaba o algo contra su voluntad, lo evadía sin protestar, pero se escondía entre algún matorral. Le gustaba estar en el rio, para tocarse y lavarse el hermoso pelo negro. Llamaba la atención por su belleza física, una autentica Guaricha, en el significado que recoge Lisandro Alvarado, es decir, <<joven india doncella. Voz usada en toda Venezuela, inclusive en el Alto Orinoco: es por otra parte bastante antigua, según puede verse en Oviedo (IV, 223) Del cumanagoto: huarich, ch. guariche, mujer, criatura hembra, términos que a su vez provienen del Caribe: Wori>> (Alvarado: 231). El vocablo, ha sido usado en el campo literario.

Acostumbraban los llamados conquistadores, hacer recorridas en busca de los más fuertes indígenas que se encontraban realengos para obligarlos a trabajar en sus hatos y haciendas. Igualmente, raptar a las jóvenes en las aldeas. Aunque no era fácil, por la molestia que causaba a los hombres, pero desafiaron el peligro y entraron a la aldea Jirajara. Fue sorprendida un día, cuando estando con su madre y otras integrantes de su tribu, vio llegar una columna de hombres a caballo, guiados por un hombre con su barba larga y rojiza, casco de metal brillante, imponente, con capa oscura atada sobre su hombro y blandiendo su espada.

Los hombres irrumpieron violentamente en las chozas,  el que los dirigía, era el capitán Hernando Hurtado de Mendoza, al pasar montado en su bestia,  lo atrajo aquella hermosa joven, la señaló y le dijo unas palabras inentendibles para ella. Los que estaban presentes la miraron con detenimiento.  La madre observó la actitud de los barbudos extranjeros y  le gritó a la hija que corriera.  Ella trato de  ocultarse, pero él la siguió con la mirada sus movimientos, y fue tras ella a agarrarla.  Yeguenda llena de miedo, se dio cuenta que la querían tomar, corrió huyendo de ellos, pero la alcanzaron  y arrebataron su frágil cuerpo; como a otras, la amarraron y se la llevaron a un barracón en la  posesión en el Bomboy. 

 La huida y la resistencia fueron inútiles; el capitán logró con mucha dificultad tomarla. Asimismo, otras jóvenes y mujeres que fueron también sujetadas y amarradas por sus cuellos.  Tiempo antes lo habían hecho en otras aldeas y casas, pero ante el rechazo de los esposos, hermanos y padres de las indígenas, habían disminuido los raptos.  Eran los llamados conquistadores españoles, que llegaron con la invasión de tierras a ejercer su autoridad sobre los indígenas. De esa forma, fue raptada por el capitán español Hernando Hurtado de Mendoza y sus hombres, en las estepas  de Monay, tierras pertenecientes a la nación Jirajara, cuya parcialidad lideraba el heroico e inmortal cacique Karachi.

Forzosamente desterrada de sus llanos, fue trasladada a un templado lugar,  desconocido para ella, denominado San Pablo de Bomboy, ubicado en el valle de los indígenas de la nación Timoto,  alejada de su espacio natural, donde nació, creció, recibió los mejores momentos de su vida, fue apartada de su familia y de su gente, rompiendo los vínculos naturales que tenia con ellos,  y lo más lamentable, no hablaban su idioma, ni tenía las mismas costumbres y tradiciones, fue víctima de desarraigo violento, le extirparon parte de su vida.

Siendo figura principal, dentro de la estructura de poder de su pueblo, era Cacica,  fue raptada. Se denominaba cacica a la  <<Mujer que tenía la dignidad del cacicazgo en alguna tribu indígena. Usa la voz Castellanos (Eleg., pass.; Hist. del N. R., II, 40) hablando de mujeres indianas principales>> (Alvarado, Lisandro. Glosario de Voces Indígenas de Venezuela. pág. 69-70. Monte Ávila Editores Latinoamérica. Caracas.2008). Los invasores no respetaban a ningún aborigen, y también arrancada a la fuerza a esta cacica Jirajara.

Yeguenda, la  hermosa e irreductible cacica, desafió con dignidad como tantas otras mujeres latinoamericanas,  sosteniendo resistencia ante la imposición cultural, de idioma, religión y esclavismo, al intruso español.

Hernando Hurtado de Mendoza y Acosta, de origen español, nacido en el Puerto de Santa María, Cádiz, en Andalucía, estaba casado con María Márquez de  Estrada, y fue el primero de este apellido que se asentó en tierra trujillana, <<como uno de sus fundadores, en cuya casa se reunió el cabildo por vez primera, en su calidad de alférez Real; tuvo una posesión en el valle de Timotes que pasó a su hijo el cap. Cristóbal Hurtado de Mendoza>> (Dávila: 224); se refiere el historiador tachirense a las tierras y encomiendas de San Pablo del Bomboy. Lo que quedó registrado en la confirmación y otorgamiento de encomienda, por Sancho de Alquiza, incluido en la organización de la séptima doctrina del Obispo Fray Antonio de Alcega de 1610 (Briceño Perozo: 57).   

El 15 de marzo de 1593, Don Diego de Osorio, anotó lo siguiente en el acta de entrega de encomienda a Hernando Hurtado de Mendoza y Acosta: <<residente en esta ciudad de nueva Zamora de laguna de Maracaibo y vecino de la de Trujillo de esta gobernación, sois una de las personas que bien y fielmente han servido al Rey nuestro señor, en esta parte de indias, de tiempo de veinte años esta parte>> (Zambrano, Eduardo. Memorias de San Pablo de Bomboy, Timotes y La Puerta de los Andes. Pág. 3. 2020); se refiere a los servicios militares, principalmente en la campaña de los capitanes Pacheco Maldonado y Juan Álvarez De Buyn, de exterminio de los indios zaparas, parautes y alelis y otros y a sus principales, para  despejar la navegación en dicho lago; participó también en el desbarate de Lope de Aguirre.  El 20 noviembre de 1594, Antonio de Sotomayor, gobernador de Nueva Zamora de Maracaibo le ratifica esa encomienda.  Zambrano considera que el capitán Mendoza, <<comienza desplazar íncolas (o comprarlos primeramente a sus poseedores españoles) de sus territorios originales, para convertirlos en sus encomendados>> (Zambrano: p6); lo que habría hecho para fusionar dos encomiendas la que le habían concedido por sus derechos de conquistador y la de Juan de Umpierrez, quien acompañó a Alonso Pacheco a la jornada de exterminio en la laguna de Maracaibo y en la fundación de Ciudad Rodrigo en 1569, que habría muerto en 1592.  En efecto, estos aborígenes los trasladaba en contra de su voluntad, desde sus calurosos predios, a vivir al frio valle del Bomboy, cercano a la zona paramera de las Siete Lagunas, depresión de la Sierra de la Culata, por lo que tuvo que tomarlos violentamente, por la fuerza.  

Gráfica a propósito del Día Internacional de la Mujer Indígena. telesurtv.net. 

En el acto por el cual, Hernando Hurtado de Mendoza quiso demostrar la sumisión de los indígenas que se le había otorgado en calidad de encomienda, presentó la Cédula Real correspondiente,  para que les entregara la tenencia y posesión de los principales, presentó a Yeguenda, quien se negaba a someterse, había sido arrebatada recientemente de su lugar y familia, no entendía lo que se le ordenaba, no hablaba la lengua Timotes, solo Jirajara, es decir, era “india bozal”.   

Su condición y naturaleza, de india rebelde, principal de su pueblo Jirajara, la calificaba de peligrosa, la castigaban porque mantenía -a pesar de que le colocaran una argolla en el cuello, para amarrarla y exponerla al escarnio de los demás indígenas-, su libre albedrío y forma de pensar y expresarse.  Sin embargo, lo que más atraía era su hermoso porte, alta, piel de durazno fresco, ojos de mirada profunda, pelo largo y lacio con brillo intenso, y una fresca sonrisa que llamaba la atención de todos los hombres. Era una mujer bella y además una de las mejores expresiones de la raza Jirajara, quizás fue por estas cualidades que la arrebató el Capitán invasor, y por eso la llevó hasta la alcaldía a que se le reconociera como de su exclusiva posesión, la quería tener muy cerca, y así poder verla a cualquier hora. Pero algo que el Capitán no previó, fue la reacción de dignidad de Yeguenda, que le exigió que la respetara.  

Cuando a   comienzos de 1595,  el Alcalde Ordinario de Trujillo, capitán Tomas De Buyin, día previsto para la entrega de los indígenas encomendados al encomendero, en el acta se puede leer que el capitán Hernando Hurtado de Mendoza, pidió  le <<den cuenta y amparo en la tenencia y posesión de los principales indígenas que en ella contiene, presentó una india ladina, ya cristiana de nombre Veatriz, un indio ladino dijo llamarse Gaspar y una india bozal, de nombre Timoto Yeguenda>> (Ídem); los había presentado a los tres, como de nación Timotes.  

Pero al momento de ser interrogada,  la jefa Yeguenda  <<dijo ser carachi y su principal el señor Pacheco, indio principal ya converso al cristiano>>. El citado alcalde, la entregó al capitán encomendero, <<se la daba en voz y en nombre de todos los demás principales e yndios contenidos en esta encomienda y de cada uno de ellos…en señal de posesión>> (Ídem); de esa forma, quedaba marcado su destino, pasaba a ser una integrante más, con-algunas consideraciones por su condición de  principal-, de la comunidad indígena del Pueblo de San Pablo Apóstol del Bomboy, e ingresaba en un proceso de confusión étnica.   

Según lo que expuso su encomendero, su principal era un indígena de apellido Pacheco, que era converso al cristianismo.  Al ser calificada como “india bozal”, ni sabía ni aceptaba hablar el idioma del europeo invasor, ni sus costumbres, ni su religión, mucho menos, domesticarse y el sometimiento a esclava. Siendo principal o cacica, pertenecía a la estructura de poder de la gran nación Jirajara (Girahara).

Los símbolos del poder de los invasores europeos, comandados por Hernando Hurtado de Mendoza,  en las tierras de los Jirajaras.

Se ha escrito, que esta parcialidad es un desprendimiento de los  indígenas Caribes, que por la fiereza que estos desplegaban, llevaban incorporada  nobleza y temeraria actitud, que decidieron pelear por los Llanos de Monay, Pocó, y los Humocaros, vecinas a Lara,  tierras ocupadas por la gente del valiente Karachi. Un antiguo cronista, los describió como << la nación belicosa de los indios Jiraharas, que por muchos años fueron asombro y terror de toda esta gobernación de Venezuela>> (Oviedo y Baños, José. Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela. pág. 75. Biblioteca Ayacucho). Fue un pueblo bravío ante el invasor y el saqueo.

Según el relato expedicionario de Federmann apodado “Barba Roja”, en su recorrido buscando oro, por tierras de los Jirajaras larenses, desde el 15 al 23 de setiembre de 1530,  anotó en su diario, que estos indígenas  <<no comerciaban con sus vecinos porque todos los que vivían en aquellas montañas eran sus enemigos>> y agregó,  que <<comen carne humana y devoran todos los individuos de otras tribus de que pueden apoderarse>> (Primer viaje de Fódermann a Venezuela.-Capítulo IV. Traducido y anotado por el Doctor P. M. Arcaya. Caracas, 1916. En: http://cic1.ucab.edu.ve/cic/ajhdigital/texto/ajh_ab5. Nicolás Federman (Nicolaus Federmann 1501-1542).  No obstante este estado de salvajismo; lo contradictorio es que el mismo Federmann, pasó sin ningún contratiempo todo el territorio de estos indígenas,  en una extensión de 70 a 80 kilómetros, de Norte a Sur.   Fue  explorador y cronista alemán que participó en la conquista e invasión del actual territorio de Venezuela, en busca de oro (El Dorado) y otros bienes, a partir de 1536, desde la ciudad de Coro, pudo recorrer hasta la majestuosa Codillera andina.

Nicolás Federman, explorador y cronista alemán, uno de los primeros europeos que recorrieron el territorio que hoy es Venezuela, e hizo una descripción de la nación Jirajara, de la que fue líder el tabiskey Karachí.


El 16 diciembre de 1575, mediante una farsa cumplida ante Francisco de la Bastida, teniente de gobernador de Trujillo, fue entregado el heroico tabiskey Karachi, sin estar presente, como esclavo encomendado y todos sus nativos y principales de su tribu, al capitán Joan Román, asimismo a Bubiyu, Bugu, Busebi, Bombas y Baja. El acta lleva anotado: <<mas os encomiendo el principal Carachy de nación girahara con todos los indios y principales que teniese que están sobre el Rio motatan yendo a los Giraharas a donde cae pasada a mano izquierda que esta sobre el Rio hacia abajo…para que los tengáis en Titulo de Repartimiento y encomienda en nombre de su magestad con todas sus aguas tierras pertenecientes anexas a los dicho indios…>> (Fonseca: T1. 31). Cronistas han señalado a Karachi como un hombre alto, atlético, hermoso, noble, lo que nos da una idea de cómo eran las características de la hermosa Yeguenda. Su dominio abarcaba las tribus ubicadas desde las montañas de Carache, asimismo las de Estabayao, y las dispersas en las márgenes del río Motatán y el río de los Jirajaras.

De  la interpretación de la  Relación geográfica y descripción de la ciudad de Trujillo, elaborada por Alonso Pacheco, el 3 de enero de 1579,  por orden del gobernador Juan de Pimentel y el Cabildo, varios historiadores incluyen este lugar como uno de los 16, que conformarían y  han denominado como nación Cuicas (Coycas según Castellanos), envolviendo  las montañas y humocaros de Carache, Loma Bonilla, Cuicas, Mitón y Chejende. Perteneciendo a la nación Jirajara, con idioma, costumbres y tradiciones distintas, no se encuentra fundamento, para sostener que conformaban  una inexistente nación Timoto-Cuica, es decir, existieron una nación Coyca, una Timoto y otra Jirajara, punto que debe ser abordado por los investigadores y especialistas de estos temas. Igualmente, ocurre con La Puerta, que era un Valle de indios Timotes, de lo que existe suficiente fuente documental y lo agregaron historiadores y cronistas del siglo XX, a una pretensa nación Timoto-Cuica.   

Ese tráfico de indígenas, incluyéndolo a él, era inaceptable para un jefe de tres tribus como Karachi; sin embargo, fue cuando comenzaron a arrancarle a sus mujeres,  lo que hizo enardecer mas su sentimiento de odio y rechazo al invasor e inició la rebelión de los indígenas contra el sometimiento a la esclavitud, combatiendo en diversos sitios y momentos en desventaja de armas a los europeos usurpadores de sus tierras, aunque algunos jefes, habían negociado y repartido las tierras y llanos trujillanos. Capturado, fue sometido al dictamen del corregidor de indios Juan Suares Mongón, quien lo sentenció a morir con borbotones de candela en una de las viejas pailas trapicheras de su hacienda panelera, cumplido el atroz y horrendo hecho de muerte, se produjeron reacciones de ira y animadversión en el seno de sus congéneres.   

Karachi, tabiskey y señor de los temidos Jirajaras, guerrero fastuoso y heroico de las estepas trujillanas. 

Su cautiverio lo cumplía Yeguenda trabajando en sitios cercanos a la casucha de la hacienda del capitán, donde la podían controlar y someter a la fuerza,  le rapaban la cabeza, como castigo;  allí la ponían a limpiar, cocinar, y atender el barracón de los indios esclavos, que eran muchos, porque este Capitán era un traficante de indios, gozaba de 4 encomiendas, Timotes, Burbusay, Boconó, y Pocó;  se ocupaba  también de verles y curarles las heridas, enfermedades, u otra actividad fuerte de carga que le mandaran.  Observando e intuyendo la ruta que tomaba su encomendero, los colonos  y los curas cuando salían de la hacienda del capitán Mendoza, tuvo el atrevimiento de escaparse un día e incitó a las mujeres a que se fueran con ella y sus niños, pero nadie quiso seguirla. Se fue hacia las montañas de Dorokokoe, zona que desconocía, se metió en la Cueva del Chorote, que era dificultoso  llegar, cerca de las Lagunas, que solo podía acceder por un angosto desfiladero; allí estuvo un día  y se marchó por el antiguo camino paramero, en ruta hacia los pueblos del sur del lago.

  No aguantaba el trato salvaje e indigno a que estuvo sometida, y huyó en una oportunidad, por lo que el Capitán en persona con un grupo de colonos, soldados, indios y baquianos fue a lograr su  captura, una cacería que duró varios días, sabía a lo que se exponía si no la encontraba. Yeguenda era indomable, se insertó entre los páramos, y cuando ya estaba por llegar a un sitio cercano al sur del lago de Maracaibo, resaltando su belleza natural, lo que llamo la atención de un grupo de colonos europeos, quienes presumieron que era fugada de alguna hacienda, la entregaron a la caballería de Hurtado de Mendoza.

 Los soldados la obligaron a arrodillarse, y a decir si se sometía al poder de Hurtado de Mendoza, por  lo que para salvar su vida, tuvo que tocar la tierra y llevarse la mano a su frente, como señal de sumisión ante su captor. Cuando llegó al barracón de las esclavas, expresaba en su cara el dolor de un profundo fracaso, y lo peor, que había perdido su libertad personal para siempre. Ese dolor lo llevaría por mucho tiempo.   

Sabía que tenía pocas opciones, escapar ya lo había intentado y fracasó, podía demostrar el maltrato a que estaba siendo sometida, lo que era difícil por la amistad y complicidad existente entre la autoridad y el encomendero,  o aceptaba ser esclava de su encomendero, o trabajaba para adquirir su libertad; decidió trabajar para liberarse o soportar su martirio.  Quería adquirir o comprar su libertad, mediante los trabajos de artesanía, en el telar  o en la cerámica, conocía el labrado del barro y además, tenía un sentido estético y de belleza en sus obras. Conocía por ser una actividad ancestral de su nación, hilar y tejer el algodón, perfeccionándolo con colores rojos y degrades, que lograban con una infusión de plantas principalmente de hojas de Brasil.  Las haciendas de Hurtado de Mendoza, ubicadas a lo largo de la Cañada de Mendoza, hasta lindes con la meseta de Valera, en lo que hoy forma parte de la Parroquia Mendoza, estaban dedicadas al cultivo de caña dulce, algodón, cría de ganado, y tenían industria panelera, molinos, trapiches, destilerías, taller de hilados y tejidos.

Jirajara fue un pueblo bravío ante el invasor español, el rapto de sus mujeres y el saqueo de sus bienes y tierras. 

Uno de los antiguos cronistas, describió que Trujillo, asentada en el valle de los Mucas, <<llegó con brevedad a ser una ciudad muy opulenta, por el mucho trato de sus frutos, principalmente del cacao, a cuya labor se dedicaron sus vecinos, plantando en los valles de Pocó cuantiosas arboledas de este género, que conducido por la laguna de Maracaibo a Gibraltar, los hacía poderosos, por las grandes porciones de plata, que producía su retorno>> >> (Oviedo y Baños, José. Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela. pág. 184. Biblioteca Ayacucho. Caracas. 2004);  uno de esos vecinos o encomenderos de Pocó, lo fue Hernando Hurtado de Mendoza;  su encomienda de Pocó, esta inclusa, en la Séptima Doctrina, de 1610,  junto con la de Valle de Bomboy, Quebrada de Comboco y la San Pablo de Bomboy y otras. Hurtado de Mendoza, muere a finales de 1628.

Oriunda de una zona calurosa, predios de su líder Karachi, su vestimenta cambió, comenzó a usar para enfrentar el frío, la saya, un cordel tejido para atarse los cabellos, un poncho o carpeta de fique para el frío, y un pequeño sombrero de paja paramera. Fue arisca la “india bozal” hasta para lo más sencillo, en las fiestas, costumbres,  bailes y celebraciones, comidas de los Timotes, procuraba no participar de lleno, no obstante era solidaria con sus congéneres.

Tuvo muchos problemas, con algo que consideraba sagrado para ella y en lo cual no transigía, el asunto de la evangelización, esto  la transformaba en una fiera, no aceptaba ni siquiera conversar con el padre Antonio Montero, el cura doctrinero, quien era condescendiente con ella,  la  buscaba pero ella no lo toleraba, le molestaba el hecho de que los indígenas tuvieran que mantener y alimentar a los curas; y menos  adecuarse a la religión católica, mantuvo sus creencias mágico religiosas, escondida realizaba sus ritos y tributos a sus Dioses, vivía en armonía con la naturaleza, con la tierra y sus elementos, de acuerdo a su cosmovisión, su interpretación de la naturaleza, sus símbolos, y su realidad. Se desconoce si cuando el padre Salvador de Carmona, se encargó de la Doctrina, se llevó bien con él.

Cuando le iban a hablar de religión, no podía responder otra cosa que que si existía un Dios blanco en algún sitio, quizás en las altas montañas y páramos, en el cielo mismo, jamás había estado con ella ni la había acompañado en su desgracia. Que con esos representantes de Dios, habían asesinado a Karachi y a su gente, maltratado y matado a gente Timotes en el Bomboy, y cuando matan a indios en el nombre de ese Dios, es porque Dios no estaba con ellos. Ya no le importaba que la castigaran, ya no le temía a la muerte.  Era su cultura y tradición, sus verdades reales y sentidas, heredadas de su ancestros Jirajara, era mujer principal en su tribu, y en eso no debía claudicar. Su mente y pensamiento estaba imbuido en sus ancestros y creencias espirituales, después de la pérdida de su libertad, lo que le pasara ahora, no podía ser peor a lo mismo que había sentido en el momento en que había perdido su hermoso cuerpo.  

Poco a poco Yeguenda, fue recuperando la esperanza. Gozaba de algo de clarividencia, presagiaba los tormentosos aguaceros que dañaban las cosechas y daba significado a los arco iris. Trabajando sobre esa realidad,  iba fundamentando su esperanza. Una vez, tuvo un hermoso sueño en el que vio a Karachi hablándole a su pueblo, diciéndole que sus tierras ancestrales volverían a ser del pueblo, y pensó que era una bella premonición  acerca de su suerte libertaria. Le contó a una de las mujeres secuestradas junto a ella, y ésta le dijo que era simplemente un sueño, que Karachi lo habían asesinado muchos años atrás los Keuña y el corregidor Mongón, acéptalo. Sus labios, se torcieron de la ira mezclada con martirio,  y movió sus manos, con bastante fuerza bajaron el travesaño del telar, aplastando la tira de algodón que estaba tejiendo en ese momento, como si con ella aplastara o hundiera su propio rencor.

Si bien Yeguenda, no tomó el arco y la flecha para enfrentar a su captor, supo desafiarlo con bastante dignidad y sosteniendo resistencia ante la imposición cultural, de idioma y de religión, por lo que debe pasar su nombre al registro de las Heroínas indígenas trujillanas, como parte de nuestro patrimonio cultural e histórico y aporte a la construcción de nuestra conciencia local y regional.


La Puerta, septiembre 2020.

Omanrique761@gmail.com

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