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lunes, 31 de octubre de 2022

La Capilla de La Lagunita

 La Capilla de La Lagunita. 

Por Oswaldo Manrique.


La algarabía de las primeras mujeres, jóvenes y mayores organizadoras de la celebración, comenzó a sentirse en la taciturna quietud de la parroquia La Puerta trujillana, ya se escuchan las cornetas y los ruidos de los viejos amortiguadores de los carros que iban subiendo y llegando en medio de la fresca mañana, y los muchachos del caserío La Lagunita, expresaban su alegría. Varios les gustaba montar a caballo y lo hicieron ese día, otros iban en la grupa. 


El largo camino atestado de agricultores y un repertorio de matronas con niños y sin ellos. El grito, el lloriqueo y las carcajadas de los  “chinos” no molestaba en absoluto, día de fiesta de y para todos.

- ¡Saludes y bendiciones! Se escuchan y se ven. En aquel tiempo, los niños y los jóvenes, se hincaban en el suelo y elevando las dos manos unidas, pedían la bendición al padrino, abuelo o al tío; de esa magnitud era el respeto hacia estás personas. 

Apenas a 50 metros, vivían las hermanas Araujo Paredes, colaboradoras de la comunidad, de una destacada  sensibilidad social y religiosidad.

Desde su casa familiar, Miguelito Romero, oía aquellos alborozados y sugestivos ruidos, iniciadores de tan ansiada inauguración y una espiritual y regocijante emoción, sentía en su pecho. Todo aquel año, se la pasó preocupado por su terminación, porque en los asuntos de Dios, se tenía que ser muy regio y cumplidor. 

Estuvieron integrantes de las autóctonas y emblemáticas familias de agricultores del lugar, los Ruz,  Carrizo, González, Rivero, Burelli, Parra, Abreu, Araujo, Paredes, Castellanos, entre otras. 

    Ahora, era grato hasta recordar los chascos que le ocurrieron para la construcción, sonreía benévolo, comprendiendo que espiritualidad y alegría, siempre estarán hermanadas. Ese día, se inauguró la Capilla, está cumpliendo por estos días, 40 años.


Breve reseña histórica.


Tradicionalmente en estos pueblos serranos, conocemos como Capilla, aquella edificación que se construye en lugares apartados de los núcleos urbanos, dotada de su altar, sus imágenes y retablos, y que la distingue su nombre o advocación particular, para que la feligresía católica del lugar, tenga un recinto para orar y recibir en determinadas fechas la eucaristía. La mayoría de las veces, su construcción ha sido producto de iniciativas de la comunidad, como fue el caso de la Capilla de La Lagunita.

En la gráfica, se observa el camino de tierra para el paseo a caballo, al fondo la capilla de San Martín de Porres, ubicada en La Lagunita. Imagen cortesía de Antonio Lino Rivero. 

El sitio de La Lagunita, está situado a unos pocos kilómetros de la población de La Puerta. Se llamó antiguamente El Portachuelo y para 1963, año en el que Miguel Romero, le compró a Francisco Villarreal está posesión, apenas habían unas 7 casas de familias agricultoras, alrededor del estanque de La Lagunita, que eran las de << Senobio Rivas, Carmelito Araujo, Domingo González, Argimiro González, la señora Trina, abuela de Luis Alfonso Rivero, y Numa Viloria que tenía una bodeguita>> (Notas enviada por Alberto Romero). Por los tiempos de su infancia, década de los años 40 del siglo XX, recordó Antonio Lino Rivero, quien es un amplio conocedor del lugar y de sus personajes, que <<en este caserío, apenas vivían cinco familias, la de Ulises Abreu, la de Pancho Abreu, Zenobio Rivero y un señor Argimiro, del que no me acuerdo el apellido>> (Conversación con Antonio Lino Rivero, el 18 de enero de 2022, La Puerta).

La capilla está situada al sur de la Parroquia La Puerta, Municipio Valera del estado Trujillo, a pocos pasos del turístico estanque, llamado La Lagunita. Está a unos 10 minutos de la población urbana de La Puerta, estado Trujillo; a 7 kilómetros de distancia del casco urbano de esa Parroquia. El mismo Antonio Lino, rememoró: <<Cuando yo vivía en San Martin en el año 1942-43 no existía lo que hoy es La Flecha y no había carretera de La Puerta a La Lagunita y sectores vecinos, solamente existía un camino real en Comboquito, tenía un negocio bien surtido el señor Santana Carrasquero, donde hacían sus compras los habitantes del campo>> (Ídem).


Siglos antes de aparecer el estanque que hoy conocemos como sitio turístico, se conoció este sitio como posesión El Portachuelo;  en 1777, fue considerado por el Obispo Mariano Martí, como lugar propicio para fomentar aldea o pueblo colonial con su iglesia, debido a su gente, su buen clima, sus aguas y a la fertilidad de la tierra. Altura sobre los 2.000 m.s.n.m. Su clima frío y húmedo, con temperatura que oscila entre 12 y 15 grados centígrados.

Sus primeros pobladores, fueron indígenas de nación Timoto;  precisó el historiador Amílcar Fonseca, que este sitio fue residencia del cacique o caudillo de nombre Mukutí, del que  quedó el topónimo, en un punto muy cercano, conocido por sus hechos históricos, algunos lo llaman El Paso de Bolívar; asimismo, era punto de ingreso y de paso,  en el antiguo camino indígena de la serranía, que conduce a los pueblos del sur del lago de Maracaibo. 

Posterior al reventón del estanque, hoy conocido como La Lagunita, en 1965, drenaron las casas anegadas que estaban a su alrededor y lo cercaron, que poco a poco, fue convirtiéndose en punto de atracción de visitantes y turistas. En 1975, fue inaugurada la carretera La Puerta - La Lagunita, que le dio mayor empuje económico a este sitio. La vía principal estaba asfaltada, y se mantuvo de tierra, la parte por dónde pasean a caballo, los turistas. 

En la década de los 80 del siglo XX, los habitantes de este caserío, en vista del aumento de la población y de los visitantes y turistas, se fueron poniendo de acuerdo para levantar una Capilla, que sirviera como recinto religioso de ellos y también para los visitantes de La Lagunita. Asimismo, convinieron sobre su advocación católica: el Santo de la escoba: San Martin de Porres (n.9-12-1579- m. 3-11-1639 Lima, Perú).  


¿Quién fue San Martín de Porres?


Enfermero, hierbatero, hizo curaciones, sanaciones, siendo fraile domínico, fue protector y favorecedor de los negros y mulatos, se le ha calificado como el patrono de la justicia social.

    Este símbolo de la humildad, también es conocido por su amor a los animales, se mantiene en el imaginario popular, la anécdota de la constante pelea del perrito abandonado y el gato, a lo que decidió ponerles un solo plato de leche, y les dijo la famosa frase: "coman y callen, y no rían"; y los animales lo obedecieron, hasta que apareció un ratón, metiéndose a beber del mismo plato y alteró la convivencia. Así era el primer Santo mulato de América.

Hemos indagado acerca de las motivaciones de escoger a este Santo, algunos piensan que por estar cercano a la finca San Martín, espacio agredido en aquellos aciagos momentos de la dictadura gomecista, cuando buscando al coronel Américo Burelli, para  capturarlo, logró escabullirse y salvar la vida de milagro, pero los bienes fueron saqueados y la casa fue quemada; otros creen que como es  protector de los animales, se tomó su nombre, y los más escépticos, que ninguna de las anteriores, sino que existía una cierta y antigua devoción por el Santo mulato. 

Señor Miguelito Romero, entusiasta promotor de la construcción de la capilla de La Lagunita. Gráfica cortesía de Antonio Lino Rivero.

El primero y más entusiasta de los colaboradores de esta obra comunitaria fue Miguel Romero, quien donó el terreno donde está construida la Capilla.  Antonio Lino Rivero, conocedor de esta iniciativa de la comunidad, recuerda que <<En el lugar donde construyeron la capilla, vivió el matrimonio constituido por Ramón Araujo y Eva Villarreal, cuando ellos se mudaron para La Puerta. Miguelito Romero que era el dueño de ese terreno, lo donó para que construyeran la Capilla, eso fue en la década de 1980>> (Conversación con Antonio Lino Rivero. La Puerta. 17 enero 2023). Hubo colaboradores como Miguel Ángel Burelli Rivas, y otros, que aportaron dinero, materiales y también los que dieron su trabajo, para la conclusión de tan ansiada obra religiosa. 

El mismo Rivero, explicó que <<La mayoría de la comunidad de ese sector, colaboró para la construcción de la Capilla los más colaboradores fueron Miguelito Romero, Eustoquio Araujo, Ubencio Abreu y la colaboración del Dr. Miguel Ángel Burelli Rivas, gracias a él se terminó de construir la capilla>> (ídem), una obra totalmente de la comunidad. 

Fue inaugurada en 1982, según el testimonio de Antonio Lino Rivero, nativo de El Censo,  quien estuvo ese día de regocijo cristiano para esta comunidad, que la Capilla, <<Se construyó gracias al esfuerzo de hombres como el señor Ramón Araujo, el Dr. Miguel Ángel Burelli, entre otros de la comunidad. El terreno, lo donó el señor Miguel Romero>> (Foto). Se comenzó a construir en 1980. La inauguración, fue el 3 de noviembre, día que se celebra el nacimiento del Santo mulato, en el que abrió sus puertas este recinto de oración. 

La inauguración fue fastuosa. La novel edificación estaba engalanada con guirnaldas y flores, en lo interno del recinto, los asientos con olorosas y hermosas flores y ramas, lo hacían más agradable. A San Martín, le celebran su fiesta litúrgica todos los años, el día 3 de noviembre. Rememoró igualmente Antonio Lino Rivero, quien estuvo presente en el festivo evento, que <<El día de la inauguración acudió la gente de La Lagunita y comunidades vecinas. Yo asistí a la inauguración, fue un acto muy emotivo y de mucha alegría para la comunidad>> (ídem), evidentemente, este sitio, avanzaba en equipamiento y urbanismo básico, dando el salto de simple caserío, a comunidad social organizada. En el año 2000, al lado de la Capilla, construyeron un pequeño ambulatorio.

En la gráfica, el momento en que se dirigían a inaugurar la Capilla de La Lagunita. Se puede observar al Dr. Miguel Angel Burelli, acompañado por el grueso de habitantes de la comunidad. Imagen cortesía de Antonio Lino Rivero.  

Pero la Capilla, no quedó solamente para abrirla los días de fiestas del Santo negro, sino que contaba con un grupo de capilleras que fungían de custodias del inmueble católico. Antiguamente, se le llamaba Capillero a la persona encargada de estos salones de oración, de cuidarlos, adornarlos y abrirlos, un cargo Ad honorem. De esta Capilla, se recuerdan a las hermanas Dolores, María, Francisca y Filomena Araujo Paredes, consecuentes colaboradoras del arreglo y cuido. 


Al cumplirse todas las actividades litúrgicas, los mayores se fueron retirando a sus moradas, las voluntarias capilleras, antes de salir, se arrodillaron, se persignaron en señal de respeto, y finalmente, cerraron la puerta. Miguelito las esperó, y así, se fueron caminando y conversando, las acompañó hasta su casa. Cerca del estanque, la algarabía de los jóvenes, esperando el brumoso y frío manto de la noche.

Este es uno de los sencillos y significativos acontecimientos socio religiosos de la comunidad de La Lagunita, ocurrido hace 40 años, que le dan materialidad a la evolución histórica, social, cultural y religiosa de la parroquia La Puerta, estado Trujillo, en Venezuela.

La Puerta, noviembre de 2022.

omanrique761@gmail.com 


sábado, 7 de mayo de 2022

Anecdótica carretera La Puerta-La Lagunita

 

La anecdótica carretera La Puerta-La Lagunita.


Oswaldo Manrique Ramírez


Inaugurado el Hotel Guadalupe,  a comienzos de los años 40 del siglo XX, se concluyó la compactación de la carretera de Valera-La Puerta, gran obra que significó salir del aislamiento en que se encontraban estas poblaciones, uniéndolas con el resto del país, y asimismo, la facilidad para movilizar la gente y los productos del campo; para esa obra entre Caracas y San Antonio del Táchira, desde 1910 hasta 1925, llamada Trasandina o Troncal 7 según el Plan Nacional de Vialidad, se utilizaron ingenieros, personal técnico y obrero contratado y una importante cantidad de presos políticos y comunes, en la construcción de drenajes, concreto armado para puentes, pontones y cajones, empleando también, maquinaria pesada adquirida en los Estados Unidos.

Curva del sector San Martin, via a La Lagunita. Cortesía de Antonio Lino Rivero. 

La localización geográfica de esta carretera La Puerta-La Lagunita, se encuentra en el lado sur de la Parroquia La Puerta, Municipio Valera del estado Trujillo, está a 10 minutos de la población urbana de La Puerta, estado Trujillo; es decir,  a 7 kilómetros de distancia del casco urbano de esa Parroquia, y atraviesa entre otros, los sectores y caseríos siguientes: El Portachuelo, San Martín, Quebrada Seca, Llanos de San Pedro, El Pozo y La Flecha.

A partir, de 1941, todas las obras se entregaban y contratan a empresas de la construcción privada. En 1947, se podía ver en la encrucijada de la parte sur de La Puerta, en lo que llamaban Comboquito, hoy sector La Flecha, como símbolo del progreso, un destacado aviso, con una enorme flecha, que indicaba la orientación vial para llegar al “Hotel Guadalupe”. En ese sitio, se divide la vía, una para La Lagunita, otra para entrar a La Puerta, y otra con dirección a Timotes, que es el ramal de la Trasandina. Se usaba mucho esta vía, debido a que el ramal de Valera a Timotes, paralela al río Motatán, es decir, desde el Cumbe, pasando por Quebrada de Cuevas, las crecientes dañaron gran parte de esta carretera. El gobierno nacional decidió construir el tramo carretero Mendoza-La Puerta, subiendo por la serranía, para llegar a Timotes, que concluyó en 1949. La ruta directa entre Valera y la Puerta, se construyó ente 1959 y 1961. 

Cruce o encrucijada La Flecha, punto de inicio de la vía a La Lagunita, empalme con la Carretera Trasandina, y con el área urbana de La Puerta.

Hasta 1944, no existía carretera que uniera los distintos sectores del Municipio La Puerta, hoy Parroquia. Lo que existía era el viejo camino indígena intermontano, que conectaba la población de Timotes-Mocotí-Portachuelo-Quebrada Seca-El Pozo-La Puerta, que se podía recorrer a pie o en bestia; el historiador  trujillano Mario Briceño Iragorry, hizo  una descripción de cómo era en los primeros años del siglo XX, este sendero de recuas o camino indígena muy antiguo, que va desde La Mocotí hasta La Puerta, en su novela Los Ribera.

Un día de este año de 1944, se comenzaron a ver los mechurrios prendidos, que significaban el avance a la modernidad de este pueblo rural. Igualmente, vieron con mayor frecuencia al maestro del Censo, el señor Martín Rivero, que pasó a ser el caporal de aquellos trabajos tan importantes.  

Recuerda Antonio Lino Rivero, hijo del maestro Martín Rivero, que los obreros trabajaban amarrados con gruesas cabuyas y algunas guayas, porque había mucha tierra movediza y los enormes arboles se venían; así mismo, cuando iban a dinamitar un cerro, avisaban  previamente a la comunidad para que estuvieran alerta y se encerraran en sus casas.  

La construcción de una vía agrícola, se plantea cuando comienzan a construir la carretera trasandina. Según el testimonio de Antonio Lino Rivero, nativo del Censo y destacado conocedor de estos hechos, explicó que se hizo en tres etapas; la primera estuvo relacionada con el hecho que, la maquinaria para la trasandina, la estacionaron en El Calvario, calle La Legua, en los alrededores de la antigua capilla de Fátima y el camino real, y desde este sitio, abrieron la carretera inicial, desde La Legua hasta lo que hoy es La Flecha, que antiguamente, llamaban Comboquito (Conversaciones con Antonio Luis Rivero, en La Puerta, enero de 2022).  

La versión precisa que nos da Antonio Lino Rivero, sobre el proceso de construcción de esta carretera, es la siguiente: <<En el año 1944/45 se construyó el tramo de carretera de La Puerta a Comboquito (hoy La Flecha) para empezar la construcción de la vía La Puerta-Timotes. Para esa época yo estudiaba en el grupo escolar José Luis Fauré Sabaut situado en la avenida Páez,  esquina calle 8, diagonal a la plaza. Cuando terminaron la vía La Puerta a Timotes, la unieron con la vía qué pasa por Pueblo Nuevo. Al unir las vías Timotes-La Puerta- Pueblo Nuevo-Valera, el pueblo de La Puerta quedó un poco aislado>> (Idem); La Lagunita, no tenia carretera.  

En ese tiempo, persistían las condiciones pobreza y de limitaciones en el campo y páramos, entre ellas, la precariedad de los medios de transporte y vialidad agrícola. De qué valía esa nueva carretera Trasandina, que podía llevar desde  Caracas a Bogotá y viceversa, solo transitada por los automóviles de los turistas, si no podían utilizarla para sacar lo que se producía en las cercanías y los de los apartados páramos y mejorar las condiciones del cuadro tradicional de sus economías familiares. Comenzaba a sentirse el desplazamiento de muchos puertenses, hacia los portones laborales de la industria petrolera. Vista esa necesidad de que los productos del campo, no se perdieran, la misma comunidad, se puso de acuerdo e inició los trabajos de construcción de la carretera desde La Flecha, hasta el sector San Pedro, vía La Lagunita. En ello, los mismos campesinos, con picos y palas y escardillas deforestaron y desmalezaron, asimismo, usando sus yuntas de bueyes, iban removiendo piedras de distintos tamaños, Compactaban y avanzaron hasta lograr que pudieran llegar vehículos hasta esos caseríos.

Carretera a La Lagunita, sector Quebrada Seca. Gráfica cortesía Ing. Yaritza Rivas.

 Nuestro dilecto amigo Rivero, colaborador  y fotocronista, relató que entre los años 1947 y 1948, la misma comunidad del Portachuelo, Lagunita, San Martín, la Media Loma, se ponen de acuerdo y por medio de convites, utilizando sus propios bueyes, con la mano campesina, sacaron la etapa desde Comboquito (hoy La Flecha) hasta San Pedro, que significó un avance importante para el desarrollo de esos sectores agrícolas.

Posteriormente, como se lo habían propuesto, la misma comunidad, avanzó en la construcción del trayecto San Pedro-San Martín. Cuando llegaron a este último sitio, se encontraron con el obstáculo, que el dueño de la posesión siguiente que conduce hacia el Portachuelo y La Lagunita, el señor Pablo Viloria, se oponía a que le pasaran la carretera por sus tierras de San Martín. La subida que quedaba por arreglar era una especie de pared, muy inclinada y enorme,donde <<el camión de don Pablo Viloria, tardaba mas de una hora para subirla, porque tenían que usar palos y piedras para poder subirlo...en la década de los años 1950, circulaban por esa vía las camionetas de Miguelito Romero, Eustoquio Araujo y Mario Calles>> (Rivero).

El mismo Antonio Lino Rivero, escribió que, realmente en ese tiempo, había solo tres carros, el de  Eustoquio Araujo, el de Mario Calles y el de Miguelito Romero, <<Había una recta (trocha) de 500 metros aproximadamente, donde a duras penas subía el carro de don Pablo en la década de los años 1950…Con las mismas dificultades para subir en 1962, la comunidad de La Lagunita y sectores vecinos decidieron construir por su cuenta las curvas para eliminar la peligrosa recta que unía a San Martín y La Lagunita. Estas dos curvas dieron acceso a un mayor tráfico de camiones, camionetas y carros pequeños. Esta vía duró sin asfalto hasta 1975>> (Rivero, Antonio Lino. La Puerta un Pueblo. Dossier fotográfico. Maracaibo. 2012). Cuando tocaba subir esa pendiente o rampa tan vertical, utilizaban troncos de madera y piedras para poder aguantar el carro. Hasta para las bestias era difícil subirla; y sumamente difícil esa subida para los vehículos de doble tracción.

Eustaquio Araujo, dirigente comunitario y agrícola, activo promotor de la carretera La Puerta-La Lagunita. 

Hay algo anecdótico y simpático, que aun se mantiene en el grato recuerdo de dicha comunidad, fue que ante la negativa del señor Pablo Viloria, de que le pasaran la carretera por su propiedad, los promotores, se pusieron nuevamente de acuerdo y trazaron un plan. Un día se le escuchó a Pablo Viloria, que se iría por unos días de viaje. Sin pensarlo dos veces, cuando se fue de viaje, aprovecharon sus vecinos y metieron más bueyes y lograron en corto tiempo, eliminar la peligrosa y elevada pendiente, haciendo las curvas que están entre San Martín y La Lagunita, mejorando la vía y a la vez, aliviando el tránsito de los vehículos. Esta fue la tercera etapa de construcción de la carretera La Flecha-La Lagunita.

Otro dato anecdótico, igualmente simpático e histórico, es que uno de los emprendedores de este lugar,  también inició un movimiento de tierra para sacar una carretera hasta Isnabús, pero en lugar de la vialidad, lo que salió fue un estanque de agua, que hoy conocemos como La Lagunita. Según la versión de Antonio Lino Rivero, cronista de esos lugares,  el papa de Francisco Villarreal, le  vendió en 1963 al señor Miguel Romero, el pedazo de tierra en el Portachuelo. Fue un hombre de mucho trabajo; recordó Antonio Lino Rivero, que, <<él tenía un tractor y se propuso sacar desde ahí, un camino agrícola hasta Isnabus. Comenzó a abrir el hueco; pero se enfermó y no pudo seguir, a los meses cuando fue, ya había el estanque de agua natural, que hoy se conoce como La Lagunita>> (Conversación con Antonio Lino Rivero, el 18 de enero de 2022, La Puerta),  y este nombre (La Lagunita), se puso en uso, y fue desplazando el topónimo original del lugar, que era el Portachuelo.

Miguelito Romero, entusiasta promotor de la carretera La Puerta-La Lagunita. Gráfica cortesía de Antonio Lino Rivero.

La versión del señor Alberto Romero, hijo de Miguel Romero es que, la laguna emerge a todo el espacio que hoy podemos ver, <<debido a que el movimiento de tierra generado por la construcción de la carretera al primer invierno generó una creciente y el agua llenó la cañada existente que solo había una naciente de agua y una canal por donde corría el agua hacia Tafallés>> (Notas de Alberto Romero sobre La Lagunita. Enviadas a este investigador, en febrero de 2022). Esto es parte de la historia de este hermoso lugar.

Carretera a La Lagunita, sector Quebrada Seca. Gráfica cortesía Ing. Yaritza Rivas.

En 1975, fue asfaltada la vía La Flecha- La Lagunita.  El señor Miguel Romero, observando que su terreno, se convertía en un estacionamiento de carros, de los que iban a visitar el estanque natural, los fines de semana y de fiestas, y que ya, lo comenzaban a llamar La Lagunita, le dijo a los hijos, tenemos que hacer algo en este sitio; fue cuando decidieron montar un <<pequeño negocio familiar, una cafetería y una venta de pastelitos que fue creciendo hasta ser lo que hoy es…transformándose en un sitio turístico>> (Notas sobre el estanque La Lagunita, enviadas a este investigador por el señor Alberto Romero. Febrero 2022); surgiendo el primer negocio de comidas, que posteriormente se convertirá en la posada.

Carretera a La Lagunita, sector Quebrada Seca. Gráfica cortesía Ing. Yaritza Rivas

         La carretera asfaltada, le dio un significativo impulso de crecimiento al caserío, que fue abandonando el uso del antiguo nombre de El Portachuelo, y consolidando el nombre de La Lagunita, como topónimo del lugar. Por ser este, un episodio importante, que enaltece el esfuerzo colectivo de nuestros pobladores, bien merece pasar al registro de nuestra historia local.  

La Puerta, marzo de 2022.

 Omanrique761@gmail.com

 

domingo, 14 de junio de 2020

Manuel Romero, labranza y religiosidad.






Oswaldo Manrique Ramírez. 

Durante el pasado siglo XX, La Puerta, se vio favorecida por gente emprendedora, provechosa, que se insertó positivamente en nuestros campos silvestres y boscosos, de accidentados terrenos, empedrados y escarpados en su mayoría, incómodos para la labor y sin riego, fue la que los convirtió en productivas sementeras.
Para ello, sortearon obstáculos, atreviéndose a hacer las cosas necesarias, combinándose en múltiples esfuerzos, labores y diligencias, fueron dando progresivamente  nuevos recursos, agregando plusvalía a estas zonas, ahora ciertamente productivas.
Fue su trabajo pujante, a veces en solitario, con inagotable creatividad, de irreversible optimismo, y armados de tanta fe, que nos hace olvidar nuestras propias lamentaciones, con el cúmulo de dificultades que sortearon estos hombres.  Uno de esos emprendedores, es Manuel Romero, vecino de la Hoyada, Parroquia La Puerta, Municipio Valera del Estado Trujillo.


Don Manuel Romero, en la sala de su casa, en La Puerta.  Fotografía reciente. Cronografía propia de este blog,  N° 3446.


¿Y quién es este personaje?

Pues bien, un buen día llegó a esta comarca, con definidos propósitos de asentarse y vivir sin aprovecharse ni cogerse lo que es ajeno, un joven de nombre Manuel Romero.
Su advenimiento se produjo en Isnabús, pintoresco lugar del Estado Trujillo, con altitud de 2.146 m.s.n.m., entre montaña, queda a unos 2 kilómetros de La Lagunita aproximadamente, en medio de haciendas de caña dulce, hortalizas, cría de animales, y rodeado de humildes campesinos.  Su nombre completo es Manuel Salvador Romero Romero, nació un día de octubre de 1939. Su padre Miguel María Romero, nativo de Jajó, y su madre: Mercedes Romero, oriunda de La Mesa de Esnujaque. Sus hermanos: Miguelito, cuyo nombre lo menciona con cierta nostalgia, basada en sus recuerdos de momentos interesantes vividos con este hermano y guía en su infancia y juventud; Miguelito Romero -según Don Manuel-, fue el dueño de aquellos predios agrícolas por donde está La Lagunita; de este hermano, hemos tratado en el artículo sobre Solarte, el Cuentacuentos mayor, publicado en este mismo blog. Completaban el grupo familiar, sus hermanos: Lorenzo, Domingo, Benito; sus hermanas: Ramona, Ernestina, Margarita y Jesusana, a quien cariñosamente le dicen “Chana”.
Lo conseguí una mañana reciente, bajando a pie por la avenida Sucre;  despedazando  arepa que venía echándoles a los pájaros, con sus años, más de 80, aun se preocupa por ser útil y compartir; no se le conoce como mezquino. En la sala de su casa, ordenó sus recuerdos y conversó calmadamente.

Rememoró el señor Manuel, que, de niño cuando tenía 8 años de edad,  lo traían sus padres a La Puerta, pasando por la montaña  a La Lagunita y a La Cordillera, cuando iban hacer diligencias, y  a vender papas y otros productos, también a comprar mercancía. Pronto, lo inscribieron en la vieja escuela del pueblo, que quedaba en la esquina de la Plaza Bolívar, en una casa de Don Luis Ignacio Araujo;  en dicha escuela, estuvo muy poco tiempo, recuerda que el uniforme que le pedían era camisa blanca, el pantalón de cualquier color. <<Se viene Miguelito para La Puerta, a vivir en una casa de familia del amigo Sebastián, el constructor, en la calle Páez. Eran tiempos en que el Jefe Civil del Municipio era don Pancho Delgado, que fue gran amigo de mi padre Miguel María>>. Relató que al salir de esta escuela, se fue a vivir a La Vega, cerca de la Mesa de Esnujaque, donde había otro plantel escolar y se fue a vivir en la casa de los Rodríguez, donde Tobías y Pancho Rodríguez, gente buena que lo refugió un tiempo.
 De inmediato se acordó  que,  no perdió tiempo cuando muchacho, comenzó a trabajar a los 7 años, viendo de animales, ordeñando, sembrando. Relató que  en una oportunidad, se hizo un hueco en un pie, dando carreras detrás de los becerros, y lo picó un  animal, cuando le dolía mucho, paraba a sacarse la tierra del pie, y así anduvo durante mucho tiempo; se vino a curar cuando comenzó a usar zapatos, a los 12 años.  Sus padres, le regalaron su primer sombrero de pajilla paramera, con lo que se sintió muy satisfecho.    

Sus inicios como productor agrícola y comerciante.

Buen vecino, colaborador, sin egoísmos, cumplidor de sus compromisos, reúne las cualidades para llamarse,  un ciudadano, no de los de ciudad, sino de los de a verdad, conocedor de su derechos y honrando sus deberes. A don Manuel, siempre se le ha conocido como un hombre de mucho trabajo.
Recordó de sus vivencias, que, un día lo llama don Alberto Burelli, que lo conocía de La Lagunita, y le dio 2 guacales de papa, le dijo que él no tenía para pagarlas, y Burelli, le respondió: <<eso se lo regalo yo, no se las estoy vendiendo>>. Sorprendido se fue con su regalo. Se dirigió al Molino y las sembró en la cabecera del llano, le salieron 2 melgas de largo del terreno. Así, obtuvo una buena cosecha, con lo que pudo salir adelante y sostener a su familia.  Manuel Romero, para este tiempo estaba casado; tiene varios hijos varones: Jesús, Rafael, Gabriel, José Roger, Luis y Víctor; hembras: Ana, Rosa y Nelly. Su esposa: Ramona Abreu González. 


Vista amplia de La Puerta, desde el sector La Hoyada (Trujillo, Venezuela). Cronografía propia de este blog. N° 3438.



Tiempo antes, buscando tierra para trabajar, se fue con su cuñado David, que sembraba en el sector El Altico. Hizo un paréntesis para decir,  que Ernestina Romero, su hermana, casada con David, iba todos los días después de hacerle el almuerzo, a ayudarlo a arrancar apio y limpiarlo, eran tiempos de mucho trabajo. A los días, se fue a hablar con el señor Ramón Araujo, dueño de El Molino, y éste, le dio el llano para que lo trabajara, pero antes tuvo que sacar piedra bruta y hacer pretiles; para esto, lo ayudó Abraham Carrizo, cuando se refirió a esta persona, dejó de hablar, meditó unos segundos, y seguidamente dijo con mucha satisfacción: <<que buen amigo Abraham>>; amigo suyo, iban como medianeros. El gran problema, era, que no había riego. Se inventó, con una pipa almacenar agua que logró traer de una acequia que bajaba desde el alto de Santa Bárbara, pero su propósito de sembrar era con un sistema artificial que le rindiera y no le dejara morir las matas.

En su relato, hizo énfasis en su empeño en resolver lo del riego, su mayor problema.  Evocando ese pasaje duro de su vida, porque eran sus comienzos, dijo que un día, estaba agachado deshierbando lechuga, y solo pensando en lo del riego, se le salió << ¡Santo Niño Jesús Bendito!>>;  al rato, sintió que se le montó un niño en la espalda y él solo expresó: <<Gracias a Dios, que algo bueno viene>>. Era la señal.  A los 10 minutos, llegó Alejandro Ruz, informándole que muy cerca había llegado un camión con un poco de tubos. El carro iba para Boconó pero equivocó la ruta. El chofer hastiado, dijo que no iría para Boconó, que los dejaría ahí,  que alguien los recibe. Y le pidió permiso a Manuel, para dejar los tubos, que los podía usar, que esos eran del gobierno. Manuel se hizo cargo de la tubería e inmediatamente, fue al Páramo “La Hamaca” y luego a  hablar con Cristino Araujo. Los vecinos y los otros agricultores, comentaban y curioseaban en que no podría hacer llegar el agua por tubería, que era muy difícil; después se enteró que hubo apuestas en metálico.
Entretanto, recordó que le gustaba en ese tiempo, ir a la Virgen de la Peña, y se llevaba un espejito, bajando de Isnabús, y le pedía que no se consiguiera peñascos. Subió como pudo cemento, bloques, para construir la caja de agua; le pidió el favor a Chayo Albarrán, y le echó el agua. La gente no creía que sacaría el agua, y lo hizo, venciendo el escepticismo de muchos. Su devoción por el Santo Niño Jesús, le había servido. También lo es de la Virgen del Carmen. Logró instalar riego para sus siembras, le habían dejado 264 tubos de 4 pulgadas, con empacaduras.  De esa forma, inició una unidad de producción  agrícola.

El Arte de cultivar la tierra. Un secreto para las buenas cosechas.

Se ha escuchado de  gente del campo, que la agricultura es cuestión de suerte. Manuel Romero, en su azarosa vida de agricultor, recomienda dedicación,  la atención permanente de las siembras, de su riego, abono, deshierbarla.  El que siembra no puede descuidar lo que siembra; él caminaba diario los 5 kilómetros que hay de su casa en La Puerta a El Molino, en donde trabajó por unos 30 años, incluyendo el desempedrado del terreno, la construcción de pretiles cargando la piedra en carretillas,  y el sistema de riego. A La Lagunita se echaba unos 8 kilómetros aproximadamente, y otro tanto de ahí,  si se iba por la Cordillera a Isnabus, donde la familia.
Repasando su sabiduría campesina, relató que de aquella semilla que le regaló Burelli, él procuró conservarla, porque le había dado buenos resultados, era tipo Granola, importada.  Se las ingenió y se fue a Caña Cerrada, más arriba de Timotes y conversó con Pablo Rodríguez  -seguramente pariente de aquellos Rodríguez que le dieron albergue cuando niño-,  quien le prestó un caserón que lo que tenia eran paredes de tapias, sin techo, allí comenzó a guardar la semilla, allí la descansaba, proceso con el cual la refortalece y luego, cuando consideraba que estaba en mejores condiciones, la bajaba y traía al Molino donde la sembraba.  Con esta práctica, llevaban sus siembras buenas perspectivas; a la haber  buena semilla y riego, es difícil que se pierda la cosecha.   
De esos buenos recuerdos, cuenta que en la vida, también se cultivan las amistades. Hizo buena amistad con el dueño de las tierras donde trabajó, Don Ramón Araujo; <<con él viajé varias veces a Pamplona, en Colombia. Araujo, viajaba a menudo para visitar a la hija, Clemenciana, que hacia allá sus estudios para docente; eso me permitió conocer otras realidades y pueblos, y aprovechaba de ver los avances en asuntos agrícolas, los nuevos fertilizantes, semillas, abonos>>.  Aprovechó muy bien esos viajes y su tiempo.     
También rememora un trágico hecho,  que en uno de esos viajes a Pamplona, de regreso cuando pasaba a la altura de Sabana Grande, población cercana a Sabana de Mendoza, en la zona baja, vio un accidente vial, cuando volcó una gandola de gasolina y presenció una gran explosión, que lo impresionó, y no se le borra del recuerdo. 

            Su religiosidad herencia familiar.

          Es un hombre cumplidor, atento y puntual de sus obligaciones religiosas. Desde muy niño profesa la fe católica, como influencia espiritual de sus padres. Lo que aquilató su sensibilidad social y  religiosa. Es un católico, no de nombre y fachada, sino que vive en los valores y la ética de la fe católica. Repasando sus vivencias, dijo: << Papá llegaba a eso de las 6 de la tarde, de su trabajo o de viaje de hacer diligencias, y lo primero que hacía era pasar al altar, a rezar el Ave María. Bueno, los sábados se rezaban tres Salves, un Padre Nuestro y la oración a San José>>. Sin duda alguna, le viene de familia ese fervor por su religión y por hacer el bien.


Nazareno de Montecarmelo, pequeña litografía que conserva don Manuel Romero, en su residencia. Cronografía N° 3445.

Su catolicismo, tiene la particularidad que lo practica con el celo de un buen padre de familia, haciendo el bien a los demás. Reza a diario y va a misa cuando corresponde. Nos invitó a ver su altar personal donde entre otras reliquias, encontramos una pequeña litografía del antiguo Nazareno de Montecarmelo, montada en madera y vidrio. Nos llamó la atención, que tiene en un lugar especial  una estampa de la  Virgen del Carmen, de la que también es devoto, según lo confesó. En el centro de su pared principal, tiene un pendón grande, con Bolívar de cuerpo entero. Esos son sus símbolos más preciados y que ayudan a definir su vida.    De tal manera que es católico, por formación y por convicción, y sus valores cristianos, los ha demostrado en las distintas faces de su vida, como padre, esposo, abuelo, como compañero de los agricultores, como vecino, siendo guía entusiasta de buenas causas.


Toma del pequeño altar de la Virgen del Carmen, entre otros santos y reliquias que tiene don Manuel Romero en su residencia.  Cronografía N° 3441.

Después de escuchar su relato, para concluir, se le preguntó a don Manuel ¿Qué cosas añoraba de los viejos tiempos o que le gustaría que retornaran? Él con su natural franqueza respondió: <<respeto y orden, antes no se bebía aguardiente en cualquier calle o sitio del pueblo, para eso estaban los negocios de la plaza, donde Chico Matheus, o donde don Carmen. Yo cuando estaba joven, me echaba mis palitos, en el Molino lo compraba donde Olegario Rivas. Lo que si le aseguro, es que no le quedé debiendo nada a nadie>>.  Hombre práctico y justo, tenía conocimiento de lo que debía hacer y lo que debía decir en su cotidianidad. 
La actividad desplegada por don Manuel Romero, tanto por lo sustancial, como por su ejemplo, es una historia de vida, digna de contarse y registrarla en los anales de nuestra parroquia, porque enaltece a nuestro gentilicio.  En hora buena, Don Manuel.  



La Puerta, junio 2020.

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