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sábado, 9 de marzo de 2024

Cantantas, músicas y cantautoras de La Puerta de antaño. (2ª. Parte).

Cantantas, músicas y cantautoras de La Puerta  de antaño. (2ª. Parte). 

Por Oswaldo Manrique (*). 


Fue en los años 30 del siglo pasado, cuando surgió en forma espontánea, un grupo de mujeres con vocación artística del seno de las familias que emprendieron el repoblamiento y el reurbanismo  de La Puerta, que destacaron con sus voces, otras por su virtuosidad en tocar instrumentos musicales y otras con su lirica criolla, alegre y hasta romántica, que interpretaban en las veladas culturales y musicales para todo público, así como, en las fiestas religiosas y populares y las de orden familiar y social.   Entre este grupo de jóvenes mujeres cuyas voces fueron el deleite de la generación y población puertense de aquella época, se recuerda a:

La multifacética  “Niña Pancha” González, cantora y declamadora.

Fue una de las jóvenes más destacadas y consagradas al trabajo creador social y cultural de nuestro Municipio (hoy Parroquia), en los años 30. Francisca Vicenta González González, nacida en La Puerta a principios del siglo XX, era integrante de una de las familias que se caracterizaron por sus esfuerzos en pro del proceso constructivo de esta comunidad.

De baja estatura y amplias proyecciones culturales y espirituales. Era una mujer simpática,  de tez blanca, con hermosos cabellos rubios, de nariz aguileña y con hermosos y vivaces ojos, que contrastaban con sus pequeños labios, de donde salía una clara y melodiosa voz, que abrumaba de dulzura a sus seguidores.

Además de su obra en el campo del teatro, el baile y el canto, la “Niña Pancha” González, fue una mujer consagrada al catolicismo de su Parroquia, participó en el coro de la iglesia y en el grupo de damas de la Sociedad de la Virgen de la Paz.

En esos tiempos, las reuniones organizadas para celebrar algún bautizo, cumpleaños o día de santo de alguien en la casa, tenía su anfitrión o anfitriona que daba paso al entretenimiento, en ellas,  <<Poesía y música encontraban ambiente propicio en los paseos a la hacienda “San Isidro”, propiedad de don Ignacio González>> (Abreu, 78); este Ignacio, es el padre de la “Niña Pancha”. La estancia de la familia González, se convertía en sitio del canto y baile; una de las cantantes y anfitriona, de esas tenidas sociales de los años 30, lo fue la “Niña Pancha” González. 

Ofreció lo mejor de su talento como artista espontánea aficionada como contribución al progreso cultural y espiritual de la puerta.

Elba Bello García y sus raíces musicales italianas.

Era notorio el interés de la gente de la nueva comunidad por participar del hecho cultural, del entretenimiento, de informarse y de darle identidad al pueblo en construcción, en medio de una situación de pobreza y analfabetismo extendido. Eso, fue un gran aporte. Una de las damas que dio su contribución al hecho artístico y cultural de La Puerta, fue Elba Bello García

Aunque privilegiaba la música venezolana, y el vals trujillano en Elba Bello García,  se mezclaron con los melodiosos tonos de La Donna e Móvile o de Luna furtiva lágrima, que recibió de su padre Francisco Bello, oriundo de la Isla de Elba, Italia, por supuesto,  siendo niña ante su sensibilidad artística y musical.

Los escritores locales la recuerdan, como una de las cantantes, cuya actuación era considerada como muy agradable, al punto que entró en el grupo destacado,  <<gente como…Elba Bello hacían las delicias del público>> (Burelli, Ligia. Humo de Hogueras. Pág. 162). Años más tarde, se casó con el señor Manuel Rosales Aranguren, que fue Jefe civil de este Municipio.

Una anécdota, que le narró el profesor Eccio Moreno al amigo Benito Rivas.  Eccio, fue criado por la “Niña Pancha” González, porque era hijo de su hermano Pedro González, y estuvo presente cuando en una oportunidad, en los años 60, época que hacían furor el rock and roll, blues y el pop, se encontraban reunidas hablando Elba Bello García, las hermanas Natalia y Ofelia. La Niña Pancha que las escuchaba comentó:

 - ¿Y ustedes no se han fijado, que los hombres llevan ese pantalón apretado y solo se les marca el bojote? A las muchachas les debe dar miedo.   Y, Elba Bello, le respondió:

 - Qué miedo, si eso es lo que les encanta a las muchachas ahora, puro apretado.


Juanita Archila, multifacética dama de la cultura.

Habrá que reconocer que el alma del  movimiento musical y cultural, lo fue doña Juanita Archila de Uzcátegui. Mujer de alta calidad humana. Fue maestra de la primera escuela oficial mixta de La Puerta, y posteriormente directora de la Escuela Nacional de Niñas, de la misma población.

Para doña Juanita, las veladas o actos culturales y reuniones familiares y del vecindario, no tendrían el resultado esperado, sino iban acompañadas con un toque musical, lo que iba creando una atmósfera propicia para la hermandad, e ir abandonando las reminiscencias impositivas de los caudillos locales. Sabía que establecer la cultura musical en La Puerta, era un proceso lento, pero que no se podía abandonar, y enseñaba a sus alumnos a cantar y a tocar guitarra.

Dentro de sus virtudes y polifacética vida, una de sus alumnas de aquella escuela novedosa, la recuerda <<doña Juanita, la señora bella, de cabello plateado, que cantaba baladas y se acompañaba ella misma con su guitarra>> (Burelli, Ligia, 296). Cantaba baladas, género, que tiene su incipiente origen en los inmigrantes europeos en América, a partir de 1920, lo que contrastaba con  otros géneros musicales de moda, como los tangos que gustaban al general Gómez, y tal vez, las rancheras mexicanas; sin embargo, cantaba algo más sustancial, sentimental y profundo, pero  en ritmo lento, a pesar que para ese tiempo, ya estaban resurgiendo expresiones nacionales como el vals criollo, canciones como Adiós a Ocumare, predilecta de Cipriano Castro, que debía tocarse obligatoriamente en todas las retretas municipales, o el afamado Conticinio del trujillano Laudelino Mejías.

Matilde Azuaje y  Carmen Archila.

Hubo jóvenes cantantes que hicieron con sus voces momentos agradables para los espectadores, la historiografía recuerda a Matilde Azuaje, pariente de don Aquilino Azuaje, hombre colaborador y músico,  y a Carmen Archila, esta última, seguramente familia de la profesora Juanita, la directora de la Escuela de Niñas.  Ensayaban  y actuaban en la casa número 8, Calle Abajo, hoy avenida Páez, contigua a la de Don Domingo Antonio González, donde funcionaba la carpintería y peluquería, cerca de la Casa Municipal (Abreu, 203).  Fue todo un movimiento musical y artístico, el que se desplegó en La Puerta, hubo colaboración de las familias de la comunidad, de donde surgieron  jóvenes aficionados al canto, que hicieron con sus voces momentos agradables para los espectadores.

Aparte de las creaciones de Pedrito Rangel, las canciones que formaban parte del repertorio colectivo, según el viejo cronista José Rafael Abreu, <<preferentemente eran Adiós a Ocumare, Luna de Maracaibo, Tocuyito, General Castro en la Victoria, Al despertar, Rubito, Juan Manuel, Clamores, La Colombina, La Mazorca, La Copa del Olvido, Las tres de la tarde, El campo está florido, Al morir la tarde>> (Abreu, 77); es decir, las de canciones más oídas en aquellos años 30, en la población de La Puerta.

Sin duda, que hubo para este movimiento musical, el respaldo de la comunidad, <<toda una corte de carpinteros, pintores de brocha gorda, escribidores de versos y palabras alusivas, violinistas, cantadores, entre los que figuraban los Pabón… que eran parte también de la familia>> (Burelli, Ligia. Volver un día. Pág. 272);  toda la gente y cada uno, se sentía orgulloso de su pueblo y de las artes y de las fiestas; inclusive, del Zulia llegaban los turistas, también de Valera y Betijoque a veranear, cuyas costumbres a veces chocaban con las de los aldeanos anfitriones, pero disfrutaban de las veladas culturales y musicales.

María Luisa Burelli y su hermosa voz.

         De igual forma destacó en aquellos eventos y tiempos, la muy joven María Luisa Burelli, nació en la Puerta, tenia hermosa voz. Los  Niños, jóvenes, hombres y mujeres se sentían identificados con su canto, a quien <<le gustaba cantar joropos y, a veces, corridos mexicanos>> (Burelli, Ligia. Volver un día. Pág. 300). Comenzó a cantar en 1930 y participó con su esposo José Rafael Abreu, en comedias musicales, cuplés, sainetes y también, en fiestas familiares amenizando con su hermosa voz.

María Luisa, era hija de Pedro Mario Burelli, que era amante de la música, rememora una de sus familiares que éste,  <<les leía cuentos y los niños aprendían, no solo rezar como sino canciones que el padre acompañaba con su guitarra, y a recitar uno que otro poema de algún viejo bardo del pasado>> (Burelli, Ligia. Humo de Hogueras, 59).

En aquellos días, difícilmente existió algún puertense que no hubiese conocido en algún modo, a María Luisa Burelli. Su presencia sin presumir de su estirpe y de su talento artístico, con una admirable modestia, en los círculos culturales se le consideró como una de los mejores ejemplos en el campo de la música y el teatro de esta comarca, <<María Luisa de pequeña estatura, delgado y fina, con el carácter reservado... Discreta y de habla queda>> (Burelli, Ligia. Humo de hogueras. Pág. 163 Caracas. 1979), pero encendía la alegría, en el escenario; vivía en la 4ª. Transversal con la Calle Abajo de La Puerta.

En su reencuentro con la infancia, Ada Abreu Burelli de Rodríguez, hija de María Luisa Burelli, relató que, por aquellos tiempos acostumbraba su mamá <<preparar pequeñas veladas y ofrecerlas en el patio de la casa. Era todo un trabajo: los vestidos, el escenario como los instrumentos musicales todo a un tiempo… Presentábamos pequeños dramas “Rafa y Florinda” y bellos poemas>>,  no podía faltar el piano, la guitarra y el violín. (Ada Abreu. Los días de infancia. Página 3. La Puerta. 2007), la acompañaban Elba Abreu, cantante y cuñada, y las hijas Angélica y Josefa Viloria.  

Margot de Vetancourt Sierra, la eximia pianista valerana.

¿Se podría encontrar un momento de mayor dulzura, que aquel irradiado por el sonido de las teclas de un piano?  En eso, convertía Margot, el espacio donde se movía el espontáneo grupo cultural y musical  de La Puerta.

La figura de Margot de Vetancourt Sierra, integra y fortalece  el grupo, porque para esa época, era considerada como una de las más grandiosas pianistas trujillanas. Era pariente, del residente Antonio Sierra.

La critica valerana de aquellos tiempos, consideró que “Sus interpretaciones sonaban a melodía propia y se decía que componía como un verdadero pianista mientras ejecutaba las piezas que tocaba. Las anotaciones de los antiguos cronistas, indican que para vigorizar el cuadro artístico puertense, llegaban dos destacadas músicas de Valera, una excelsa pianista como lo fue  Margot de Vetancourt Sierra, exquisita ejecutante del piano, se escucharon hermosas y <<selectas piezas musicales>>  (La Riva Vale, Alberto. Anales de Valera, pág. 151);   también se le  pudo escuchar en vivo a través de Radio Valera, en 1936.  

Rosalía, la solidaria prima de doña Margot.

Del mismo modo, la otra cantante que acompañó a Doña Margot, para quienes  tuvieron la suerte de escuchar el encanto que fue su privilegiada voz,   fue  la joven Rosalía, prima de doña Margot de Vetancourt -aludida por Ligia Burelli-, quien con su fina voz, se convertía en el centro del entretenimiento de las veladas culturales y musicales programadas para el mes de enero. Nació en Valera, y aunque comenzó sus estudios de piano, también se dedicó al bel canto.

Ángela Elena Gallegos Rivas.

         Ángela Elena Gallegos Rivas, nacida en el seno de una familia de intelectuales, escritores, novelistas, articulistas, militares, artistas y músicos.  Nieta del intelectual, Agrimensor, político y  periodista  marabino Don Rafael Bonifacio Gallegos Celis, publicó su investigación histórica titulada Apuntes Estadísticos de la Ciudad de Valera, capital del Estado Soberano de Trujillo, es considerado como el primer cronista de Valera. Sobrina de Doña Mercedes Gallegos,  integrante de la directiva de la sociedad religiosa "Hijas de María", de Valera.  Ángela, era buena ejecutante de la guitarra, y gustaba de cantar música española, particularmente en sainetes clásicos.

La historiografía local la reseña, como una de las cantantes, que dejó huella en La Puerta, con sus actuaciones. En 1930, se presentaban como parte del teatro musical aficionado los sainetes, uno de ellos <<”La Afición de los Toros” en el que Ángela Elena Gallegos Rivas, alternó con Pedrito Rangel>> (Abreu, 79), Ángela Elena, gozaba de hermosa voz y  cantaba muy bien, pues  cantó y actuó, junto a nada menos que a este legendario barítono.

Esta muchacha, es un caso que por su voluntariedad y provenir de un hogar como el que hemos señalado, es interesante, porque al igual que su abuelo, sus padres y tíos, reprochaban la conducta y la violencia de los caudillos, y estimulaba a través de su canto, de su poesía y de su actuación, la cultura y el comportamiento civilizado y pacífico en la nueva comunidad.

Las trece  virtuosas a las que me he referido  en esta nota y en la anterior, son las que “a pulso de corazón", trabajo pujante y creatividad, convirtieron a pesar de las dificultades en las primeras décadas del siglo XX,  aquellas noches sombrías y frías, en  musicales,  aromáticas e  iluminadas ceremonias en favor de la cultura y la hermandad, e impulso de la fuerza constructiva del nuevo pueblo andino,  de 1900.

En la imagen y composición gráfica: de izquierda a derecha: Josefa Viloria, María Luisa Burelli, Angélica Viloria, Elba Bello García, Elba Abreu, que formaron parte del grupo de cantantas, músicas y cantautoras de La Puerta, de los años 30 del pasado siglo. 

Debemos destacar las vidas de estos personajes, que, a pesar de las limitantes en que se desenvolvían estas mujeres a principio del siglo pasado, llevando la carga de la familia, trabajando en la agricultura o el comercio, muchas de ellas, fueron emprendedoras y tomaron iniciativas sin academicismos, ni pretensiones artísticas ni luminarias, que permiten mostrar su aporte y gran talento al desarrollo cultural, artístico y musical de esta comarca andina.  Hoy, sus tersas y esteladas huellas rítmicas, armónicas y melodiosas corretean en el firmamento luminoso de los cielos del valle de Bomboy.

(*) Portador Patrimonial Cultural e Histórico de La Puerta.

omanrique761@gmail.com   

 

 


 

sábado, 2 de marzo de 2024

Cantantas, músicas y cantautoras de La Puerta de antaño (1ª. Parte).

Cantantas, músicas y cantautoras de La Puerta de antaño (1ª. Parte). 

Por Oswaldo Manrique (*)  

En este sencillo resumen, en dos partes, basado en ligeras referencias que nos deja la historiografía local, tratamos de abordar el aspecto biográfico, creativo, artístico y musical de mujeres de nuestra Parroquia, en una época en que sin técnica, sin recursos, sin estudios, iban saliendo las cosas, sin duda,  perfectas y adecuadas, en ese escenario espontáneo y rural andino.

Algunos rasgos de la música temprana o precolombina.

A título de reflexión, insistimos en cómo se puede seguir ocultando, la maternal tonada kuu kuu kuu con silbido al dormir o amamantar, o cuando acompañada del sonajero entretiene al niño, o su canturreo sonoro y con serena voz en el trabajo agrícola, o dándole forma a una vasija de cerámica semejando entre sus labios Kukuruy! Kukuruy! Kukuruy!, o en el tejido de sombreros, o del mismo algodón para elaborar su ropa, acompañaba a nuestras ancestrales matronas Bomboyes.

Cómo negar que al remojar en nuestro río, sus sayaletas y las kuupak (mantas del niño), remedaran  el sonido de sus aguas espumosas y altivas: ¡Smossshiii! ¡Smossshiii! (Bomboy), o la vociferada cantilena a la alta montaña: ¡kusssssmannn! ¡kusssssmannn! ¡kusssssmannn!

Cómo olvidar el sonido de imitación  a los pájaros, eternos asistentes del día, alegres y anunciantes de aguaceros y de las buenas nuevas, algo esotérico o politeísta, que forma parte de su hogar, como el de nuestra paraulata paramera: chui  chui chui chui warr chui o el canto ritual de las mojanas para la lluvia ¡srendeu na! ¡srendeu na! ¡srendeu na! en sus creencias y practicas mágico religiosas. Formas musicales transmitidas por medio de la oralidad, de generación en generación, por las madres de la Comunidad Indígena Bomboy, primeras pobladoras de las tierras que hoy conforman La Puerta. 

La tercera década del siglo XX, en la Puerta.

Cómo seguir silenciando, la historia de la firmeza y melodiosas voces de nuestras mujeres puertenses. Su vocación musical, sin mayores recursos técnicos y de vocalización, tenía fuerte presencia y expresión en los actos y veladas culturales, a partir de la tercera década del siglo XX. Tanto el espontaneismo y la gracia femenina en las comedias y sainetes,  eran del buen gusto de los asistentes, a los festejos de diciembre y las fiestas de los patronos en enero, no faltando en las celebraciones de San Isidro.

El desarrollo de las artes y la música, fue permitido en La Puerta, por los gobiernos regionales a pesar de su fuerte sometimiento debido a los alzamientos en contra de la implacable Dictadura Gomecista. La flexibilidad y descorche definitivo se va a producir con la muerte del Presidente Juan Vicente Gómez, el diecisiete de diciembre de 1935.

El muestrario musical escuchado en aquellos tiempos, en esta apartada aldea rural andina, excluyendo las creaciones de Pedrito Rangel, las canciones que formaban parte del repertorio colectivo, es decir, las canciones más oídas y mas tarareadas  en aquellos años 30, en la población de La Puerta <<preferentemente eran Adiós a Ocumare, Luna de Maracaibo, Tocuyito, General Castro en La Victoria, Al despertar, Rubito, Juan Manuel, Clamores, La Colombina, La Mazorca, la Copa del Olvido, Las 3 de la tarde, El Campo está Florido, Al morir la tarde>> (Abreu, 77). Esto nos da una idea de las preferencias musicales de ese tiempo.

En ese contexto, no se puede obviar, un suceso internacional, que marcó los hogares en América Latina y particularmente Venezuela: el impacto de dos aviones de transporte,  ocurrido el 24 de junio el año 1935, en Medellín, Colombia, accidente en el cual falleció el popular cantante argentino Carlos Gardel, quien iba rumbo a Cali; noticia de importancia, porque el presidente Gómez, era fanático de su canto.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los gustos de la mujer venezolana y la andina en particular, se inclinaba por tocar la guitarra, y por la ejecución del piano, no dejaban de apreciar el violín y por supuesto, con la incidencia de la inmigración, las canciones pertenecientes al bel canto italiano. En Montecarmelo, Escuque, Trujillo y Valera, la influencia y la formación musical, fue renovando la cotidianidad de la mujer, aumentando su formación intelectual y una opción en el campo espiritual y del entretenimiento.

Mujeres en la historia musical de La Puerta de antaño (Años 30).

Dentro del ámbito musical puertense, es a partir de la tercera década del siglo 20, cuando se tiene referencia de valiosas mujeres de esta comunidad, a quienes se les reconoce su aporte a la historia musical de nuestra localidad. En relación a esto, dos trabajos historiográficos, Volver un día, de Ligia Burelli y La Puerta un pueblo, de José Rafael Abreu, mencionan algunas de ellas, de las que destacaron en este campo.

Fue en los años 30 del siglo pasado, cuando surgió en forma espontánea, un grupo de artistas del seno de las familias que emprendieron el repoblamiento y la reorganización de La Puerta.  Tanto en veladas culturales y musicales, así como, en las fiestas de diciembre y enero, las  celebradoras de los patronos, en mayo a San Isidro, también las fiestas de orden familiar y social, hubo un grupo de jóvenes mujeres cuyas voces fueron el deleite de aquella generación o población de aquella época. Siendo párroco el Padre Ernesto de Jesús Méndez, quien  le dio impulso a este movimiento musical y cultural de  aldea. 

Entre esas mujeres Cantantas, músicas y cantoras de antaño,  destacan:

Josefa Viloria y su versatilidad histriónica.

 De ese grupo de jóvenes mujeres, virtuosas, artistas o aficionadas del canto,  podemos citar a la joven Josefa Viloria, quien hizo gala de su voz e histrionismo tanto en los cuplés como en los sainetes que se montaban. A Josefa le asignaban los roles con largos parlamentos. Esta distinguida mujer nació en La Puerta,  Estado Trujillo y fue una de las principales exponentes del bel canto y de las expresiones musicales venezolana, y especialmente la trujillana. Su nombre completo: Josefa Antonia Viloria Abreu.

Hija del maestro  don Lucio Augusto Viloria y de doña Elba Abreu,  adictos al estudio y practica de las artes, el canto y la poesía, una antigua familia que también trabajaba la tierra, por los lados de La Lagunita. Vivían en la casa 22, de la Calle Real, hoy Bolívar, entre la casa de doña Clenticia Abreu y la de Eulalio Ruz, hoy sede de la escuela de música. 

Josefa Viloria, fue una de las cantantes, cuya actuación era considerada como muy encantadora,  perteneció al grupo destacado de artistas y cantantes puertenses,  <<gente como Rosario Carrasquero, Josefa Viloria, Pancha González y Elba Bello hacían las delicias del público>> (Burelli, Ligia. Humo de hogueras. Pág. 162).  Asi la rememoraron los escritores locales.

Angélica Viloria, la inquieta cantante y bailarina.

Perteneciente al grupo de las jóvenes de los amaneceres despiertos, del pueblo naciente en La Puerta. Activa, inquieta, gustaba del canto y del baile. Fue de las más entusiastas artistas del teatro musical puertense. Su nombre completo: Angélica de los Reyes Viloria Abreu.

Angélica, era hermana de Josefa Viloria. Los Viloria <<dueños de la mejor pensión que había entonces en el pueblo>> (Burelli, Ligia. Volver un día. Pág. 116). Vivía en la Calle Real, hoy avenida Bolívar, con la denominada calle 9, de La Puerta. 

         Las Viloria, las Abreu, las Burelli,  las González, las Bello, eran privilegiadas porque además de participar de las clases del coro de la iglesia, por su vecindad, se reunían a escuchar y aprender del músico Pedrito Rangel.

         Elba Abreu, alma festiva y musical.

La morada de esta matrona, es un digno ejemplo de luminosidad intelectual, en un pueblo de apenas 40 casas, y algo, que se parecía a dos calles, entre el Oratorio del Padre Rosario, y La Legua; el resto frondosos trigales y cañaverales, enseñaba poesía, su casa de familia, fue un centro de lectura, canto y declamación. 

         En ese contexto, se convirtió en figura principal de aquel momento musical y cultural de La Puerta, que pugnaba con aquellos viejos resabios enraizados  de caudillismo agrario señorial.

Organizaba veladas musicales y culturales, serenatas noctámbulas de adolescencia y juventud, animadas por ella, sus hijas, y sus vecinas, acompañadas por otros espontáneos y virtuosos de la música,

Hacía del canto poético su forma de encantar y hacer soñar a sus escuchas. Era parte de sus virtudes. Sus hijas, Josefa y Angélica Viloria, sacaron la versatilidad y las cualidades líricas de su madre.   

Elba Abreu y otras señoras bastante aportaron por la cultura puertense, para ir creando y despertando en ese Neo poblamiento, el sentimiento de identidad local, pertenencia y querencia al suelo que escogieron para vivir, imprimiéndole otra perspectiva a la cotidianidad de aquellos años inmersos en pobreza, analfabetismo, enfermedades  y, principalmente las reminiscencias del caudillismo regional. Considero que es importante despercudir la obra de estas mujeres por formar parte de un período interesante de nuestra historia local.  Doña Elba Abreu de Viloria, murió en La Puerta, el 22 junio 1962.

Rosario Carrasquero, "la rubia cupletera".

La belleza hecha mujer. Recoge Ligia Burelli en sus recuerdos de infancia que, <<Dentro de esos programas, incluían dramas, pasos y sainetes del siglo de oro español.  La casa donde se realizaban estos eventos era la casa de Don Isaías Ramírez donde se había instalado un tinglado especial es uno de los corredores y tenía candilejas para los eventos nocturnos. Rosario Carrasquero, tenía "la gracia para interpretar cuplés tan del gusto de todos>> (Burelli, L, 300); fue el centro de la luminosidad.

A Rosario, se le llamó por su aspecto físico "la rubia cupletera". Una de las jóvenes más bonitas de físico, de atrayente figura, cabellos claros y ensortijados, boca sensual, de fresca sonrisa, amante de la música. También eran agraciadas físicamente, sus hermanas, Ofelia, quien destacó en el campo de la educación, y la Niña Enriqueta, que escogió el mundo de los hábitos religiosos; todas poseían un inmenso don de gentes; asimismo, su hermano Augusto.  

Pero además, fue una de las  jóvenes que dio mayor impulso al movimiento musical en La Puerta. Integrante de una de las familias, dedicadas a la producción agrícola en su hacienda vía a La Lagunita. Vivían en la Calle Real, hoy Bolívar, casa N° 3. Los concurrentes, incesantemente la premiaban con aplausos, y la elogiaba convirtiéndose en sus seguidores.  Burelli, en sus relatos anotó: <<El jolgorio que armaban en cada entreacto y al final, era ajeno completamente al comportamiento tímido de los lugareños>> (Burelli, L, 299). Artista que lograba contagiar alegría en esos momentos de entretenimiento.

Una de sus actuaciones más destacadas, fue aquella denominada <<el cuplé “Serpentinas Dobles”, cantado con mucho tronío y coreado de aplausos, por Rosario Carrasquero>> (Abreu, 79), dejó huella en el tiempo musical puertense.  

Del mismo modo, lo asentó la señora Burelli, << gente como Rosario Carrasquero…hacían las delicias del público>> (Burelli, Ligia. Humo de hogueras. Pág. 162). Era notorio el interés de las familias por participar del hecho cultural, de entretenerse, de informarse y de darle identidad al pueblo en construcción, en medio de una situación de pobreza y analfabetismo extendido.

En la imagen y composición gráfica: de izquierda a derecha: Josefa Viloria, María Luisa Burelli, Angélica Viloria, Elba Bello García, Elba Abreu, que formaron parte del grupo de cantantas, músicas y cantautoras de La Puerta, de los años 30 del pasado siglo.

(Continuará…) 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

 marzo 2024. 

omanrique761@gmail.com 

 

 

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