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domingo, 28 de abril de 2024

Santos Paredes, un juglar parameño.

Santos Paredes, un juglar parameño.

Por Oswaldo Manrique (*)

 

Habían sido convidados los poetas de la Serranía de La Culata, don  Teodoro Torres, el del inmenso repertorio; don  Concio Rivas, el cantor de las Siete Lagunas; Carmelito Salazar; con todo, el cuadro lo complementaba indudablemente don Santos Paredes, quien le daba a aquellos encuentros –sin saberlo- el carácter de autentico y digno arte musical: la décima serrana.  


A pesar de las décadas transcurridas, en las viejas montañas del Páramo de La Puerta, no se podrán olvidar los cantos y contrapunteos, de aquellos trovadores curtidos por el férreo sol de las sementeras, ataviados de sus franelas, sacos y calzando sus alpargates domingueros, y de amoldados sombreros de cola e burra, que atrajeron a tantos buscadores de entretenimiento y de risa.

Ni con aquellos suculentos hervidos o terneras, cuyo aroma y humo viajaban con la neblina libre para que todos lo disfrutaran, preparados por las sanadoras y sazonadoras manos de las señoras, que restituían la realidad al más empapado de cucharadas, los hacía abandonar las coplas graciosas y burlescas de aquellos pintorescos cantores serranos. 

Cada comunidad campesina tiene sus características y rasgos culturales propios, que va trazando y fomentando en el tiempo, que se va afincando en su memoria colectiva. Su tiempo libre, lo encausa hacia determinadas inclinaciones y tradiciones festivas y religiosas. Alegría y espiritualidad general, pero que se diferencian en cuanto a sus cantos y bailes. La serranía o parameñidad  es una marca que identifica esa cultura colectiva, en lo que se incluye el arte, el toque personal que le aportan excepcionales integrantes de esa comunidad, son capacidades naturales, dentro de su medio y condiciones campesinas donde habitan.  Debo referirme al caso de Santos Paredes, quien aparte de lucir su talento como poeta, como ejecutante de un viejo arte, ya casi desaparecido el de decimista, y su buen canto, desde el punto de vista de su espiritualidad, encauzó su tiempo libre para organizar los Chimbangueles de San Benito del Páramo de la Puerta.

El Páramo histórico y musical: las Siete Lagunas (Maen Shombuk).

Páramo arriba, en un sitio que llaman “San Rafaelito”, hasta los confines del Santuario de las “Siete Lagunas”, es zona gélida, donde el paisaje y la vegetación dota a sus habitantes de una especial dureza y espiritualidad. En aquellas soledades, el agricultor para trabajar se las arregla con su familia como pueden, cerca sus barbechos, huertas y más allá bajando o subiendo sus sementeras de papa, trigo, maíz, hortalizas, caraota y arvejas. Y, a la vista, su encierro de vacas, gallinas, cochinos, burros y mulas, lidiando con eso, transcurre su día a día, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Cargan agua, ordeñan, cortan leña, alimentan a los animales. Santos no era de los que se paraba en el portal de la vivienda con las manos en  las faltriqueras, a mantener un cigarrillo en la boca o a vivir “jumo”, entre “cuellito y cuellito” de sanjonero, apenas un tantico chimó para observar el degradé de azules que relucen en la franja horizontal del lago de Maracaibo, la línea del navegante, en la que sumergía sus pensamientos.

Santos Paredes y su  familia, vivieron en San Rafaelito, Páramo Siete Lagunas, jurisdicción de la Parroquia La Puerta, estado Trujillo; se puede decir que son de las primeras familias que vivieron en este Páramo. También vivieron  Mario Paredes y familia de quien he escrito en otra oportunidad,  y  Sandalio Villarreal y familia. Una zona difícil, agreste y gélida. La principal actividad económica es la agricultura. Hasta la primera mitad del siglo XX, lo que se cultivaba eran caraota, arveja, trigo, maíz y fundamentalmente la papa, en diversas tipos y variedades.  La alta producción de papa, llamó la atención y fue llegando  gente de Monte Carmelo, Palmira, Piñango, Pueblo Llano y de las Mesitas, de Niquitao a trabajar y algunos se quedaron a vivir. 

         Cuando recogían las cosechas, sus productos eran transportados desde los distintos sectores del páramo a lomo de bestia. Por caminos inclinados, zigzagueantes y peligrosos, como la Cuesta de los Rondones, La Maraquita y el camino de los Bicuyes, trasladaban sus productos  hasta el pueblo (La Puerta), donde eran vendidos en un Centro de Acopio que tenía el señor Rafael Villarreal, cerca del río y diagonal a la Prefectura del pueblo.

          La mayoría de los agricultores se ayudaban entre sí, mantenía desde sus ancestros, la cultura del trabajo colectivo. Era común, llamar a los vecinos agricultores, a jornadas como las “mañanitas”, “tardecitas”, “cayapas”, “vueltas de mano” y los denominados “Combites”. En estas labores los participantes no recibían ningún pago en efectivo solamente la comida y a veces el “Avío”. Los momentos libres y de descanso, los convertían en un rencuentro grupal musical y esparcimiento, ahí estaba incluido el contrapunteo y la décima.

                     A pesar de los pesares, las familias sabían sobrellevar la subsistencia dedicadas a su trabajo, algunas, disponían de un macho, un buen caballo o una buena mula, para trasladarse de un lugar a otro. Vivían en casas de bahareque y una que otra de tapial, pocas familias disfrutaban de comodidades. Todas, tenían en sus hogares un Buen “Fogón”, “La Churumba”, “Las Topias”, El “Barril” para buscar el agua en el zanjón y la “Máquina” de moler maíz, que conformaba el espacio cálido de la cocina. La vida en las montañas del  Páramo Siete Lagunas, de la Parroquia La Puerta, en esa época no disponía de los servicios de energía eléctrica, acueductos, escuelas, carreteras para sacar sus productos, ni siquiera un pequeño centro de salud para atender una emergencia que se les presentara a sus familias.

Según los datos que nos suministró Antonio Lino Rivero, sobrino de este personaje, José de los Santos Paredes Toro, nació el 02 de Noviembre de 1917, era hijo de Pablo Paredes y Lucía Toro, desde muy joven se dedicó a la agricultura, a los años se casó con la señorita Ramona García, (Antonio Lino Rivero. Datos sobre Santos Paredes. 27-1-2024).

En su transitar, buscando tierras  para trabajar, <<Vivió recién casado en “El Censo”, después se trasladó al Páramo Los Torres, donde vivió varios años,  hasta que se mudó al sector San Rafael Parte alta de “El Censo”>>. Finalmente se residenció en el sector “Pueblo Nuevo”, en La Puerta. Tenía un hermano de nombre Matías Paredes, que fue uno de los fundadores de Pueblo Nuevo y Leonor, madre de Antonio Lino Rivero.  Fue un hombre muy trabajador y colaborador con su comunidad.

El alegre contrapunteo serrano.

Sin ínfulas de pertenecer a algún movimiento literario o catalogarse como artistas de la lírica y el canto, cuando Santos Paredes y sus comarcanos poetas, salían a batirse al ritmo del cuatro y las maracas, soltaban su voces y palabras melodiosas para expresar y confrontarse simpáticamente sus críticas y comentarios a la realidad social de su tiempo, con fino humor y música dedicándolas a la mujer o insinuante al amor, a la religión, a la siembra, a los bueyes,  a los pulperos, a la comisión que incautaba el alambique, a los curas, a la sequía, a los infaltables espantos,  fenómenos naturales, largos inviernos, rayos y  torbellinos de los vientos, en fin, a la cotidianidad rural andina. Aquel antiguo arte de la décima, era auténticamente espiritual, natural, solidario, alegre, podía ser chistoso, sátiro y burlón, pero también su tema podía ser de queja o de halago chispeante.

Coinciden muchos que este arte, pudo haber llegado a nuestras tierras con la guitarra española del siglo XVI y siglo XVII, siendo asimilado por el mestizaje con el indígena Timoto, que gustaba del canto, la fiesta y el teatro. Sin embargo, algunos especialistas señalan que el canto de décima es influencia caribeña y se originó en Panamá, otros dicen que en Cuba se formó la corriente folclórica que fue influenciando los países de Sudamérica. Contrapunteo es el nombre que se le da a la confrontación de la décima cantada, y la de su típica armonización con el sonido del cuatro como instrumento. Ha desaparecido casi totalmente este tipo de expresión musical,  igualmente, su versión del contrapunteo, es decir, el desafío, la contienda que es una especie de trova dialogada hispana. Los otros cantores, destacados en décima son Carmelito Salazar y Teodoro Torres.  

El talento y las dotes para cantar se llevan por dentro, es propio e intrínseco de ese ser que lo puede desarrollar, de esencia y espíritu personal; por eso cuando es natural como el de Santos Paredes, un hombre de la Serranía,  aislado de esa “civilización globalizada ", sin mayores aspiraciones que la de hacerlo bonito y disfrutarlo con sus amigos y comunidad, debe ser objeto de reconocimiento histórico y cultural. Las condiciones innatas en Santos Paredes para la rima, para improvisar el verso ante el desafiante, articulada a su cualidad para cantar con gracia, son difíciles de superar. Sus poemas no los escribió, sus décimas tampoco, sus canciones menos, porque eran producciones espontáneas, innovaciones verbales, ritmos y cadencias que se llevan en la memoria, y es un recurso natural, que acaso, algún hijo o pariente pudiera tomar nota.

Un interesante aporte nos dio y lo recitó  Jesús Paredes Salazar, nieto de este poeta, <<le voy recitar la décima que entonaba mi abuelo Santos Paredes junto a su abuelo Concio Rivas y Carmelito Salazar. No la recuerdo muy bien porque esos escritos los perdimos en los cuadernos donde lo anotamos, porque también mi abuelo nos dictaba muy rápido>>, Rivas es el abuelo del autor de esta nota; la décima es la siguiente:

A todo momento están

Las damas y las coquetas.

Haciendo mil mofetas

A ver si cae Adán.

 

Cuando las mujeres van a una fiesta

no hallan como sentarse.

Unas se sienta jibadas

y otras en buena firmeza.

 

Llega un mozo que les guste y quieren irse huidas.

Para mejor lucir se ponen zapatos y medias.

Llevan unos camisones que brillan como forros de linterna.   

Fin de la décima.... 

Narra el nieto de Santos Paredes, que esas, << eran las formas sanas de expresar los sentimientos de aquellas épocas donde la imaginación hacia real muchos sueños, recordemos lo que implicaba enamorar a una joven de aquella época y más aún los zapatos, cualquier joven ni usaba zapatos, eran las hijas de pudientes>> (Jesús Paredes Salazar, por Facebook nota que envió el 6-1-24, a mi cuenta @lapuertaeshistoria); insinuantes y provocativas señales de enamoramiento.   

La historiografía local, se ha referido a ellos, << Los poetas populares hoy desaparecidos físicamente: Santos Paredes, Concio Rivas y Teodoro Torres, nativos del campo donde vivieron hasta la hora de su muerte. Santos Paredes era de “Medía Loma” y Concio y Teodoro del Páramo de los Torres; estos poetas natos se batían en contrapunteo con cuatro y maracas. Amanecían cantando. Cuentan que los más encarnizados rivales eran Santos Paredes y Concio Rivas, pero jamás le pudieron ganar a Teodoro Torres, porque el hombre tenía un repertorio inmenso e improvisaba muy rápido>> (González Rivas, Ángel. Humor y versos. Pág. 56. La Puerta. 2007). Amaron su tierra, su páramo,  con trabajo, alegría y música, hasta sus últimos días.

Los Chimbangueles de San Benito del Páramo de la Puerta.

En los caseríos de los páramos, se celebraban fiestas en honor al santo de su devoción.  Desde el punto de vista de su espiritualidad, Santos, encauzó su tiempo libre para organizar el grupo de vasallos, para ambientar y darle el toque a la fiesta de San Benito de Palermo, una de las más importantes devociones de estos pueblos andinos, una de las más populares.

El mismo Antonio Lino, nos refiere que Santos Paredes, <<en las décadas de 1930 a 1960 fue capitán de los Vasallos de San Benito y tuvo la oportunidad de visitar varios pueblos como Montecarmelo, Palmira, Piñango y Pueblo Llano>> (Antonio Lino Rivero. Datos sobre Santos Paredes. 27-1-2024); así mostró su espiritualidad.

         Cada cierto tiempo se reunían los Vasallos y su capitán y responsable del grupo, para llevarlo a otros pueblos vecinos. Uno de los capitanes de esa época fue Santos Paredes, y uno de los sitios donde les tocó presentarse fue en Pueblo Llano, en el estado Mérida.

Murió  en La Puerta, el 18 de Diciembre del año 2013, Don José de los Santos Paredes Toro, el juglar de nuestros páramos.  

*

Qué se habrá hecho la décima de los Páramos, no se sabe si queda algún poeta y cantor, que nos permita escucharla en alguna tarde de estas, para volver a gozar de nuestro simpático y hermoso canto serrano. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta. 

omanrique761@gmail.com 

 

sábado, 27 de enero de 2024

Mario Paredes Rivero y su huella en la producción agrícola paramera.

Mario Paredes Rivero y su huella en la producción agrícola paramera.

Por Oswaldo Manrique (*).



Orígenes de la comunidad del Páramo de Los Torres La Puerta.


En el recuento histórico de este Páramo,  el nombre más antiguo que se le conoce fue el de Maen Shombuk, que en lengua indígena significa Siete Lagunas, aunque Américo Briceño  Valero lo describió: <<Señalando que debía llamarse depresión de la Mocoti por los fastos que allí ocurrieron>>. Se debe agregar, por ser la residencia del cacique Mucutí (Fonseca).  El geógrafo italiano Codazzi, lo llamó en 1840, Páramo de La Puerta.

Por tratarse de una zona paramera, de difícil y limitada labor agrícola,  durante mucho tiempo se trabajó guiado con las fases lunares, cabañuelas y una cosecha por año debido al tema de las aguas.

Su ocupación demográfica, ha sido muy lenta por lo menos hasta 1983, en que la comunidad construyó la carretera agrícola, que llegó hasta los diferentes sectores y caseríos. 

Sus primeros pobladores fueron grupos de indios Timotes. En 1608, las autoridades coloniales y el Obispo Antonio de Alcega, constituye el Pueblo de Indios San Pablo de Bomboy, como Pueblo Cabecera de Doctrina, no entrando el Páramo en el perímetro de una legua a los cuatro vientos, que posteriormente serian las 2.000 hectáreas del Resguardo Indígena. Posteriormente a mediados del siglo XIX, según la memoria oral, la primera propietaria de la gran posesión que se conoce como “El Llanito” y toda la falda desde “Pan de Azúcar” hasta “La Maraquita” era doña Córdola Briceño. 

En el punto donde está El Llanito, había potreros y hubo una estancia y hato de ganado. Hasta 1970, se podía observar el horno del tejar y las tapias de la casa o sea las ruinas. El Páramo de La Puerta,  está ubicado en la margen oeste del río Bomboy, goza de cuatro entradas o antiguos caminos de acceso; una, es la de los Vicuyes, en la zona norte donde actualmente está la carretera; la Cuesta de los Rondones que queda al frente del cementerio del pueblo, por el este;  luego está la Maraquita, que era el primer camino indígena, y la cuarta vía, la de San Pedro en la zona Sur, vía la Lagunita. Se caracteriza por ser una zona de la Cordillera La Culata. 


La papa, eje del trabajo agrícola desde tiempos inmemoriales y su incidencia en la cultura y la historia puertenses.


La siembra de papa fue el principal rubro agrícola y en sus distintas variedades para la alimentación de los indígenas, y luego, a partir de la cuarta década del siglo 20, durante el neo poblamiento y la construcción urbana del nuevo pueblo de La Puerta por migraciones de algunos pueblos aledaños, solo habían trigales, fue cuando se comenzó a mostrar interés por las tierras del páramo, para la agricultura.

Uno de nuestros viejos cronistas, apuntó que, <<Las variedades de papa, cultivadas en La Puerta, fueron: papa de año, papa negra y panchuela>> (Abreu, 41).  En la feria de Valera en 1967, la empresa hacienda Virgen del Carmen, ubicada en el Pozo, en la parte Sur de La Puerta, le otorgaron el primer premio para los cultivadores de papa (Abreu, 43).

En la cuarta década del siglo XX, se dio un impulso significativo, en el cultivo de papa en el Páramo de La Puerta. Desde luego, fueron hombres de carne y hueso, con sus experiencias e inexperiencias, con su esfuerzo y sacrificio, muchas veces venciendo la boscosidad selvática e irregularidad del declive de la tierra fría, los que obtuvieron un saldo positivo para estas comunidades del Páramo de La Puerta, es decir, décadas antes de aquel premio, hombres del campo, nacidos en estas montañas, se habían atrevido a dedicarse por completo al cultivo de la papa, en grandes cantidades, uno de ellos, fue Mario Paredes Rivero.

Antonio Lino Rivero, quien conoció a este personaje y vivió en la zona del Páramo, nos testimonia que,  <<Mario Paredes era sobrino de mi papá Martin, y la mamá de Pablito Villarreal era hermana de él. Mario tenía un colaborador inmediato de nombre Lorenzo Villarreal, lo conocí también cuando él era soltero y después de muchos años lo volví a ver en una finca de su propiedad que tenía en el Paujil, era muy amigo y lo visite varias veces>>; sobre Villarreal, se ha elaborado una pequeña semblanza, aparte.

Don Mario, desplegó toda su capacidad en función de masificar la siembra de papa, el objetivo era producir papa en grandes cantidades,<<Ellos sembraban en varios sitios: en “Piedras Blancas”, dónde vivía la mamá de Mario que era la hermana mayor de mi papa, en “La Aguada” lugar donde se estrelló el avión en el año 1991, en el sector La Mesa Alta, el Valle y otros sitios, porque tenía muchos agricultores que trabajaban bajo su mando, el sueldo que ganaban era de uno y dos bolívares por día según su rendimiento, también trabajaban algunas mujeres por el mismo salario>> (Datos enviados por Antonio Lino Rivero, el 3-01-2024, por wasap); casi todo el páramo, dedicado a la siembra de papa.

En su relato, Rivero reveló: <<Tengo muchos recuerdos de ese Páramo, pues yo viví por varios meses en “El Llanito”, con mis padres y mis hermanos en el año 1945/46>> (Datos citados); tiempos del auge de la producción de papa.  

Para Rivero, Mario Paredes, <<Fue uno de los grandes productores de papá de ese páramo desde la década de 1940 hasta 1980, tenía 16 mulas para trasladar las cargas de papá hasta el centro de acopio del Sr Rafael Villarreal, a quien él y otros agricultores le vendían todo lo que producían en el Páramo, el colaborador y socio de Mario Paredes era el Sr. Lorenzo Villarreal. y cultivan varias clases de papá, como la papá negra, la rosada, la arbolona, la pie de cuesta y otras más>> (Datos citados), cuatro décadas en la producción del tubérculo.  

La misma fuente testimonial, nos aportó datos biográficos del Sr Mario Paredes, quien nació en el sector “Piedras Blancas”, en el Páramo los Torres. Fueron sus padres Don Felipe Paredes y Doña Cipriana Rivero.

Fueron Mario Paredes y Lorenzo Villarreal -según la oralidad comarcana-, los mayores cultivadores y proveedores de papa, que arrimaban cosecha  al negocio de Don Rafael Villarreal. Desde el Páramo de Los Torres, (antes Páramo de La Puerta), hasta el área urbana,  cuando en esa época (años 40), bajaban con sus mulas con ocho cargas, que eran 736 kg. 

         A Mario Paredes, sin duda, lo recuerdan como el hombre más rico del Páramo los Torres, sembraba papa en grandes cantidades. Este, era hermano de Baldomera Paredes mamá de Pablo Villarreal. Mario tenía dos arreos de mula para trasladar la papa desde el Páramo hasta el centro de acopio de Rafael Villarreal. Un arreo son ocho mulas y un macho que las guía.

Sobre el ocaso de su pariente, Rivero,  añadió, que,  <<Don Mario se mudó al sector San Rafael (Parte alta del Censo) después se mudo al pueblo de La Puerta donde vivió varios años, últimamente vivió en  Caracas y allá murió, cuando tenía más de 100 años de edad>>  (Notas citadas)

Don Mario Paredes, fue un hombre de gran utilidad para La Puerta y su Páramo, en una época difícil, no solo como reactivador de la agricultura de esa zona, que dejó huella, sino por haber sido un productor honesto, la comarca lo consideró un hombre probo, por eso merece estar inscrito como un personaje importante, en los anales históricos de nuestra Parroquia.


La Puerta, enero 2024.

(*) Portador Patrimonial histórico y Cultural de La Puerta.

 omanrique761@gmail.com


 

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