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sábado, 2 de septiembre de 2023

La carta de Don Lucio Viloria al Br. Hipólito Cisneros, 1934

La carta de Don Lucio Viloria al Br. Hipólito Cisneros, 1934.

Por Oswaldo Manrique (*)


Durante las primeras décadas del siglo XX, La Puerta, estuvo inmersa en una difícil situación, ya que sus principales personalidades políticas, encabezadas por el coronel Américo Burelli García, eran objeto de persecución por la fuerza militar y policial de la dictadura de Juan Vicente Gómez, azotada por la penuria, el analfabetismo  y las enfermedades, sin embargo, se sentía el aliento de pobladores, con inquietudes formadoras de alto valor educativo y cultural, de ideas nacionalistas y de justicia. Uno de esos nombres de grata recordación es el del educador trujillano, Don Lucio Augusto Viloria (1859-1938). 


Quizás del ambiente hogareño valerano, obtuvo esa sentida pasión por la educación, por el estudio de la historia y por las tradiciones y cultura andina.  Para dicho tiempo, llevó adelante iniciativas para el desarrollo de la naciente comunidad de La Puerta, fundó en 1906, la primera escuela estadal del pueblo, y fue su primer maestro; en este plantel demostró todo su afán por la educación de los niños y jóvenes de la pequeña comunidad rural en proceso de repoblamiento y construcción, cualidad y vocación magisterial que aun hoy, comentan nuestros más antiguos vecinos. Era Presidente del Estado Trujillo, el general Pedro J. Araujo Briceño.  Igualmente Viloria, fue pionero en la construcción de las primeras 40 casas, en el proceso urbanístico de 1.900; organizó junto al legendario coronel Américo Burelli García, las tradicionales festividades de enero de 1909, dedicadas al patrono San Pablo Apóstol y a la Virgen de la Paz, igual las tributarias a San Isidro, patrono de los agricultores.

 El maestro Lucio, se desempeñó en otros cargos, también sembrando y formando ciudadanía. Entre aquella atmósfera de caudillos, hacendados y gamonales, no faltaron sus palabras sabias y reflexivas para buscar una salida a los problemas de la comunidad. Fue Juez de Paz y Jefe Civil de La Puerta; físicamente, fue un hombre de mediana estatura y contextura delgada, cara ovalada en la que destacaba su bien acicalado bigote, con recortado y canoso cabello; trajeado la mayoría de las veces de flux, con camisa clara y corbata.

En el año de la Carta, recién se había instalado la luz eléctrica, en su comarca. Esto mejoraba las condiciones para la lectura que era la principal pasión de don Lucio, así como, para la escritura, que la hacía <<con una bella letra trazada con plumilla mojada en tinta negra>> (Abreu Burelli, 103).  Era presidente del estado Trujillo, el señor Silverio González, designado por el general Juan Vicente Gómez, cuya dictadura concluiría al año siguiente,  por su fallecimiento. El texto de la misiva (algo rota y con 89 años de escrita), que aquí compartimos, gracias a la profesora Belkix Villegas, quien nos permitió ver el gemino, leerlo y fotografiar, es el siguiente:

<<La Puerta junio 15 de 1934.

 Señor Br. Hipólito Cisneros.

Trujillo.

 Mi muy respetado señor y amigo. Con sentimiento de alta consideración y aprecio formulo la presente con el fin de saludarlo deseándole toda clase de felicidad, y a la vez para darle mi expresión de bienvenida por tenerle en esta mi tierra muy amada de Trujillo, deseándole coseche óptimos frutos en el delicado puesto que representa en este Estado. 

Ahora también debido a la confianza que me inspiró desde el día que tuve el alto honor de conocerle en mi casa, me apresuro a comunicarle lo siguiente: que como quiera que yo he desempeñado en varias épocas planteles de enseñanza en este estado, bajo la inspectoría de los señores bachilleres Américo Briceño y Alejandro Fuenmayor dejando de actuar en el período del Br: Eladio A de Lugo con este último por rivalidades de la suerte sin tener que temer haya sido por mal comportamiento ni falta de interés en la enseñanza de mis alumnos y ahora que a Dios gracias está usted al frente de la inspectoría de esta circunscripción abrigo la esperanza de conseguir con ud una escuela de varones en este municipio, o dónde lo crea usted conveniente, ofreciéndole además mi exacto cumplimiento en todos mis deberes. Demás es decirle i expresarle mi más profundo reconocimiento de gratitud, pues soy un padre de familia y mi situación bastante crítica. Queda en espera de sus gratas noticias y créame su amigo que sabré agradecerle todo aquello que usted haga en nuestro favor su aff mo amigo>>; este es el texto, de puño y letra de don Lucio, copiado con la mayor fidelidad; que nos revela un momento y su  ambiente (1934), de cierta “tranquilidad social”, previa al año en que terminará la dictadura, y se inició una confusa época de transición a un sistema de respeto a los derechos civiles, que algunos historiadores, apreciaban como benigno y favorable al pueblo de Venezuela.

Maestro Lucio Augusto Viloria. 

Se desconoce, si esas líneas, tuvieron respuesta escrita, quizás por la avanzada edad del maestro, o porque él no convenía al régimen, o no lo requerían o si hubo el silencio para una larga e infinita espera ¡algo terrible!

A sus 75 años de edad, don Lucio, quería seguir sirviendo a su comunidad, se consideraba útil a pesar de ello; la carta descubre su entusiasmo, vocación y sinceridad, pues no disimula, las razones por las que salió del magisterio “por rivalidades de la suerte”, aunque no especifica qué fue lo desagradable que le ocurrió, ni las desavenencias en cuanto al tema educativo, sistema y valores, que derivó en su salida del magisterio, asuntos que pudieran imputarse al oscurantismo dictatorial y a los mandatarios regionales de turno. Su actividad ante todo, es educativa.

El maestro Hipólito Cisneros (1892-1972), a quien va dirigida la carta de Viloria, por medio de la cual solicita un cargo de preceptor en una escuela de varones en este municipio (La Puerta), o dónde lo  creyera conveniente, era natural de Valencia,  fue discípulo del educador Don Julio Castro, fundador de los estudios normales en el estado Carabobo. Cisneros enrumbó su vida por el sendero del magisterio, hasta tomar carácter de verdadera pasión a la enseñanza, motivado por  su insigne  Maestro. Fue Inspector Técnico de Instrucción en varios Estados, entre esos, Trujillo, precisamente en el año 1934, Cisneros tenía 42 años  y el remitente, 75 años de edad, una diferencia de 33 años. Culto, sociable, Don Lucio sí sabía lo que significaban aquellas pocas y precisas líneas dirigidas al Bachiller Cisneros, se desconoce cuál fue la reacción de éste.

El otro maestro: Don Américo Briceño Valero (1877-1955), con quien trabajó don Lucio, era un intelectual de destacada actuación regional. Ocupó varios cargos públicos en materia educativa, fue director de la Escuela de Varones de Trujillo; entre 1916 a 1922, Inspector Técnico Nacional de las Escuelas y Colegios de los estados Trujillo, Zulia, Falcón y Distrito Federal; fue director del Liceo Andrés Bello, de Caracas. En 1936, se jubiló por razones de enfermedad;  escribió varios textos en materia docente, historia y en literatura de ficción, fue el autor de la Geografía del Estado Trujillo. Su biógrafo Pedro De Santiago, escribió: <<En todas sus actividades, supo poner de relieve su idoneidad, constancia y honradez; en el no tuvo cabida la intriga, la envidia o la mala fe>> (De Santiago, 77). Un eminente educador e intelectual trujillano.

El también mencionado por Viloria, maestro Alejandro Fuenmayor (1887-1947), fue un poeta marabino de amplia difusión en los círculos literarios de esa época, de la estatura de los renombrados Mario Briceño Iragorry y José Domingo Tejera. Fue Director de Instrucción y Ministro de Educación, de lo que declaró que su programa de gestión, procuraba <<el desarrollo de una escuela activa y venezolana, activa por el sistema y nacional por el espíritu>>, impulsaba la Escuela Nueva, en la concepción de John Dewey, que tanto comentó el maestro Prieto Figueroa.  Cuando fue inaugurado el Instituto Pedagógico Nacional (IPN), el 30 de septiembre de 1936, el primer centro de formación de profesores de Venezuela, el maestro Fuenmayor fue designado Director – Fundador del mismo.

En relación al Bachiller  Eladio Álvarez de Lugo (1887- 1959), a quien el maestro Lucio Viloria señala como causante de haber dejado el magisterio “por rivalidades de la suerte”,  cursó estudios en el Colegio Santo Tomás de Aquino, de Valera, que regentó el padre Miguel Antonio Mejía, después Obispo de Guayana. Fue un escritor y poeta valerano de alta trascendencia, de él emitió Mario Briceño Iragorry,  el siguiente concepto critico <<Álvarez de Lugo es indiscutiblemente un gran poeta, por la inspiración que revela en sus versos y por la cultura de su espíritu>>, (Maldonado, 76). De obra intelectual numerosa, dispersa en revistas y periódicos de Venezuela. Era un hombre  modesto en su vida y modales, apasionado en su ideales políticos;  Álvarez de Lugo, alrededor del año 1925, inspeccionó todas las escuelas de Trujillo, siendo Inspector Técnico de Instrucción Pública, de la entidad. 

En síntesis, de esa relevancia nacional y estatura intelectual, eran los hombres con los que le tocó entenderse y trabajar a Don Lucio Augusto Viloria, el recordado educador de La Puerta.

A la espera de la contestación y en el ocaso de su vida, intentó armarse de calma dentro de sus quehaceres del campo, su vecindario y la iglesia, mientras la preocupación y el desvelo se le fueron acumulando en los tres años siguientes. Es bastante probable que Don Lucio entrara en un periodo de ansiedad, tristeza y decepción, lo que pudimos leer en su Partida de Defunción del 28 de enero de 1938, <<según las noticias adquiridas aparece que el fallecido estuvo enfermo más o menos tres años, bajo asistencia médica i que su muerte fue ocasionada por enfermedad mal definida>> (Libro Defunciones año 1938. Registro Civil de La Puerta). Se refiere a una enfermedad o dolencia o sufrimiento impreciso, sin especificación alguna. Es posible, que haya caído en estado depresivo.

Si bien esta epístola, constituye parte documental de la vida del Maestro Lucio Augusto Viloria, también puede ser considerada como expresión de historia y literatura rural andina, porque concentra verdad histórica, tiempo, personajes, que nos ilumina, cuando escribe lo de su salida del magisterio (quién podía imaginarlo), y no se queja, por muy duro que fuera, no hay drama, sino que solicita una posición para seguir sirviendo. El estilo de la carta, en consecuencia, se convierte en el mecanismo de conexión entre su cercano y  adverso pasado, y su deseo de volver a servir como Maestro. Murió el 28 de enero de 1938, cuatro días más tarde, que sacaran en procesión, a sus patronos de religión, San Pablo y la Virgen de la Paz, de los que fue notable devoto en su querida comunidad. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

Omanrique761@gmail.com

La Puerta, agosto 2023.

sábado, 8 de abril de 2023

Las Escaleras ancestrales del Maen Shombeuk


Las Escaleras ancestrales del Maen Shombeuk.

Por Oswaldo Manrique (*)


Confieso que titubeé al darle el sentido que aspiraba a esta nota, para que no cayera en mera curiosidad y publicidad para turismo. Falta la investigación necesaria que aborde este sitio aunque esté relacionado con el aspecto espiritual e histórico, específicamente del Gran Santuario Indígena Maen Shombeuk, Páramo de las Siete Lagunas, La Puerta, Estado Trujillo, en Venezuela, que encierra ciertas cosas, entes y formas extrañas del relieve, aparte de su misticismo natural, sus elementos, su flora y fauna, su entorno energizante, pareciera algo mágico, quimérico, pero es realidad, existe,  y sé que algunos lo considerarán simples especulaciones, mientras que para otros será de interés conocer y que se corra la cortina sobre estos “enigmas” tan fascinantes, de esta realización tan antigua, que pudiese generar respuestas y conocimientos sobre el mundo e inclusive sobre creencias religiosas; pero lo que nos mueve sencillamente, es la búsqueda de la verdad histórica. 


Se llega a La Puerta desde Valera, por una carretera negra de unos 21 kms., de largo. Al ir subiendo, se va sintiendo el cambio del clima y del paisaje custodiado por el río Bomboy y el fresco verdor que se encuentra como borde de la vía, allí verán sembradíos, matorrales, montañas, casas, que hacen placentero el viaje. Está localizada en el lado sur-oeste de La Puerta. Desde la Plaza Bolívar de esta población, se asciende a las llamadas Siete Lagunas por cuatro caminos parameros o alternativos como la senderista Cuesta de los Rondones, frente al área urbana de dicha Parroquia; existe el más antiguo, a través de lo que se conoce como el derrame de La Maraquita; otro por El Paramito, pasando el punto turístico de La Lagunita del Portachuelo; y el de Los Bicuyes, que cuenta ya con carretera agrícola para vehículos de doble tracción. Al llegar a la Cruz Colorada, símbolo del comienzo del camino hacia este Santuario Natural Maen Shombeuk, uno de los más hermosos del  planeta, se va a encontrar una formación hecha de piedras rústicas que pudieron haber estado apiladas o formando otras de mayor volumen en época remota. 

Maen Shombeuk, es uno de los monumentos naturales más hermosos de Venezuela y del planeta, posee gran valor espiritual, paisajístico, ecológico, arqueológico e histórico. La memoria oral paramera, lo considera el Santuario más importante de la nación Timotes y del occidente del país, por su tamaño, y por su especial ubicación, sirviendo como una especie de punto de la correa transmisora, que une a dos espacios naturales distintos, la Sierra Nevada, y los mansos depósitos de la navegable Laguna de Coquivacoa (hoy Lago de Maracaibo), acceso al Mar Caribe y a los pueblos antillanos. También fue, la vía de intercambio de productos, asi como, de escape de los aborígenes en su época de esclavización; fue la ruta del tabaco, que salía de Barinas; luego se convertirán en los caminos de la estirpe legendaria de los Varones de la Sierra de La Culata, encabezados por el coronel Sandalio Ruz, el coronel Américo Burelli, Mitrídates Volcanes, Cesáreo Parra y el Macho Palomares, en sus revoluciones nacionalistas en  los finales del  siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Una de las hermosas Siete Lagunas; se puede observar, restos de rocas, de la misma clase de las que componen las Escaleras. 


En tiempos antiguos, los nativos llamaban  Maen Shombuk a este lugar, significa en lengua Timoto, los simbólicos siete maravillosos ojos de agua, las Siete Lagunas parameras, importantes en la cultura, espiritualidad e historia de la Comunidad Indígena de los Bomboyes, pobladores precolombinos de La Puerta. Cuentan que siete (maen), significa naturaleza, armonía y belleza, es el día de la Luna y de la Princesa Dorokokoe, de la espiritualidad y la devoción, dedicado a los Dioses, pero principalmente, fue el místico día en que la Princesa de las Aguas, partió en la noche larga y de tormentas, hacia el sacrificio personal, por su pueblo. Según ellos, las quebradas, cañadas y derrames, que se desprenden de esas montañas que nutren al Bomboy, son los hilos de la hermosa cabellera de su inmolada Princesa. Por eso, en el acervo local de mitos y leyendas, se tejen las referidas al respeto y cuido de este Santuario natural, por los soplos y los espíritus.

Para llegar a este sitio paradisíaco, se transita por algo fascinante que encontraremos en el conjunto de los siete ojos de agua: las llamadas Escaleras indígenas, suerte de obra vial, hecha al borde de un farallón, paso con el que se ahorra media hora aproximadamente de camino a pie, a ese espacio integrado por los ojos de agua (Siete Lagunas), montañas, vegetación de la que destaca el famoso díctamo real, alargador de la vida y el útil y venerable frailejón, su fauna con más de 100 variedades de pájaros; y varias cuevas templos y mortuorias saqueadas en las primeras décadas del siglo pasado, cuyo patrimonio indígena (que se debe repatriar), se exhibe en museos de Francia y Estados Unidos; tiene en lo más alto, en la cima, un templo, constituido por una enorme roca denominada Piedra del Muñeco o de los Chorotes, también llamada Piedra Kchuta (Piedra de Dios), en lengua Timoto. Es el altar, en el que los mojanes y sacerdotes, realizaban las ceremonias y ritos religiosos de la Comunidad Indígena de los Bomboyes, primeros pobladores de La Puerta. Veneraban y ofrendaban a los Dioses de su devoción, con ovillos de algodón, telas, frutas, además de ramas aromáticas, platos con esencias y aceite de cacao que quemaban. Además, hay otras de más reciente  elaboración como: la capilla San Francisco Javier, con un hermoso mural de cerámica, construida a un lado de la Laguna Negra, o  reliquias como: el Cristo tallado en madera, y la  imagen de la Virgen de la Purísima Concepción, colocadas por los familiares y amigos de las víctimas de los accidentes aéreos.  

Las escaleras ancestrales del Maen Shombeuk.

Ahí, vamos a descubrir una singular obra producida de las posibilidades hermosas de la misma naturaleza, que es objeto de leyendas, una suerte de peldaños de roca formando una escalera, que conduce a las lagunas, que pudo ser consecuencia de las erosiones provocadas por los glaciares y para otros, es obra del Gran Arquitecto del mundo en tiempos en que las bondades del cielo hicieron presencia en este hermoso y mágico lugar.

Las Escaleras de las Siete Lagunas (Maen Shombeuk), obsérvese el tamaño de las piedras,  su inclinaciónpiedras entrecruzadas, y otras como soporte lateral. 


Los remotos orígenes de esta realización.

El lugar llamado Páramo de las Siete Lagunas (Maen Shombuk), forma parte de la Sierra de La Culata, vecino a continuación del Páramo de la Sal, ambos del ramal septentrional de la Codillera de los Andes venezolanos (Briceño Valero, Américo. Geografía del Estado Trujillo. págs. 16 y 17. ECV. Caracas. 1920); por supuesto, al formar parte del espinazo, deriva del proceso de glaciaciones que se dio en épocas muy remotas en dicha Cordillera. 

Aparte de lo que dejó escrito el maestro Briceño Valero, se desconoce mayor precisión en el origen de las Siete Lagunas, por supuesto a falta de investigación la memoria oral señala que los aborígenes la utilizaban para ceremonias mágico religiosas, es el lugar de mayor altitud  (3.500 msnm), para hablar con el cielo, con Kachuta (Dios), y para ello, iban cubiertos de coloridos plumajes para asemejar a los pájaros, que fácilmente se elevan y se encumbran en las alturas.

Pero, lo que nos llama más la atención y se nos muestra con evidentes enigmas, son  Las Escaleras de las Siete Lagunas, que conforma el Santuario Indígena Maen Shombeuk; el visitante detallista que las observe, se preguntará inmediatamente: ¿Quién o quiénes las construyeron? ¿Para qué las construyeron? ¿De dónde extrajeron esas piedras, si no se encuentran en los alrededores, ni ahí? ¿Cómo las trasladaron hasta este sitio? ¿Quién humano, medio, poder, o agente o ente o fenómeno físico la hizo o la produjo? ¿Cómo se determinó la carga y firmeza necesarias en su ejecución? ¿Quién fue el artífice que le dio ese orden o la compuso? ¿Qué tiempo se requirió para su ejecución? ¿Quien le dio ese destino de ser parte del camino, que ciertamente es de interés y utilidad general? Es obvio, que asimismo se especule, ¿si fueron construidas o colocadas con el objetivo de poder realizar tributos o ceremonias indígenas mágico religiosas de ascenso, a la consulta del cielo?

Indudablemente, que la respuesta inmediata y más fácil es, que desconociéndose quiénes fueron sus eximios ingenieros, técnicos y obreros, fue creado con recursos de la misma naturaleza, como  realización u obra para facilitar el acceso hacia ese maravilloso y mágico lugar inexplicablemente distinto, tan diferente en belleza, humor, espiritualidad y energía especiales.

El otro dato, tiene que ver con la presencia humana en este lugar, sus primeros usuarios y transeúntes, según serias investigaciones data de 3.000 años antes de ahora, 1.000 AC, (Sanoja, Mario y Vargas, Iraida. Orígenes de Venezuela.1999);  eran aborígenes pertenecientes a la gran nación Timoto, que fueron ocupando coetáneamente el valle del Bomboy, en su proceso de expansión.

Los enmohecidos documentos de encomiendas y los Informes Pastorales de los Obispos, entre ellos el de Mariano Martí, señalan que este valle fue conocido desde tiempos remotos como <<valle de indios Timotes>>. Alrededor del año 1608, en lo que hoy se conoce como el área urbana de La Puerta, se estableció una posesión de tierras de concentración, agrupamiento y nucleamiento de aborígenes, que provenían de otros sitios, Mendoza, Jajó y La Quebrada, del estado Trujillo, que significó una amplia jurisdicción política religiosa, pero que en su mayoría eran familias, grupos y comunidades pertenecientes a la gran Nación Timoto. Se han encontrado vestigios de la presencia de Xaxoes, Esnujaques, Xicokes, Kombokos, Bicuyes, Mukutis, Xikokes y por supuesto, Bomboyes. Con estos grupos, se constituyó el denominado Pueblo de indios Nuestro Señor San Pablo Apóstol de Bomboy, como Cabecera de Doctrina, luego Resguardo Indígena de La Puerta, con lo que el régimen colonial mantuvo el control social y de explotación sobre los indígenas, castigando y ejerciendo un clima de violencia, para adoctrinarlos en catolicismo y hacer desaparecer sus creencias mágico religiosas, que solo pudieron mantener en vigencia ejerciéndolas y practicándolas en lugares alejados como este santuario.


La curiosa colocación, orden y forma de los escalones de piedras.


Aquí, se puede observar y  transitar por un conjunto de gruesas piedras, coordinadas y sostenidas unas con otras, en forma de vértice, son peldaños de piedras entrecruzadas, ordenadas y en correspondencia una con otra, que soportan cualquier peso, como una obra de expertos ingenieros viales, que permiten bajar hasta las  lagunas entre ellas la Corva o Corcovada, la Negra y luego, la bella Gata.

Las Escaleras de las Siete Lagunas (Maen Shombeuk), obsérvese el detalle de las piedras entrecruzadas, y otras como soporte lateral. 

Las escaleras de roca, frías y ásperas, sirven para facilitar bajar o subir a los visitantes y transeúntes, por el borde de un precipicio, y se ahorran media hora de camino, para llegar a las lagunas y también para luego subir, cuya forma parece haber sido diseñada por los fuertes vientos y los cambios de las nevadas y la temperatura.

Si las detallamos, se pueden observar los cortes y el tipo de piedra rústica en que están elaboradas estas escaleras, que facilitan el paso para llegar al Santuario Indígena Maen Shombeuk, en el Páramo de las Siete Lagunas. Los peldaños, son bordeados por esas piedras, que sirven de pasamano o agarre. Según Tulio Ramón Rivas, llamado el “último Xikoke”, reconocido baquiano de la zona, esas piedras, no se encuentran en el páramo, él consideraba que fueron traídas por los indígenas, desde la zona baja, posiblemente de Arapuey ¿Pero cómo las trasladaron? 


Las curiosas Escaleras ancestrales, uno de los componentes de ese espacio, asi como, los monumentos naturales, hermosos, nobles y curiosos, que constituyen el Maen Shombeuk, son prueba de la característica artesanal y espiritual de la Comunidad Indígena Bomboy, asi como, de sus personajes y hechos relevantes de nuestra evolución como pueblo, y otras de importancia histórica y cultural de nuestra Parroquia, Estado y País; sin embargo, persiste el desconocimiento de ellos.

Regresar de allí, de esa indescriptible belleza natural, significa estar cargado de una energía, aunque sea temporal, que ayuda a obtener una sensación, de casi total congruencia emocional, mas allá de las explicaciones y razonamientos que se puedan dar.  Para quien esto escribe, este lugar, merece una metódica y penetrante investigación. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, abril 2023.

omanrique761@gmail.com 

 

lunes, 28 de marzo de 2022

El reventón de La Lagunita, La Puerta, 1965.

El reventón de La Lagunita, La Puerta, 1965.

Oswaldo Manrique.


Recopilamos de la memoria oral de nuestra localidad, que una joven de apellido Ruz Carrizo, que pasaba por una lomita del Portachuelo, día de lluvia, se puso las manos en la cabeza y dijo, - ¡María Santísima, líbrenos! Veía aquello y no lo creía, y comenzó a temblar. Otros de los agricultores que también pasaban, vieron con sorpresa y los abrumó el miedo.

- El agua nos inundará las cosechas y hasta las casas -murmuró la muchacha, y comenzó a llorar. Ninguno, tenía respuesta para aquello, podía ser castigo de los espíritus malignos, nadie sabía, pero todos tenían miedo de que el agua siguiera brotando. Rápidamente, se comunicó la novedad de la inundación, por todo el pueblo de La Puerta y las señoras más católicas, en el templo de San Pablo Apóstol, rezaron pidiéndole perdón al Señor Misericordioso. Corría el año 1965.  


Ella, estaba viendo el pedazo de tierra de un señor de nombre Miguel Romero, oriundo de Jajó, muy trabajador de la agricultura, y además  emprendedor, quería sacar una vía de penetración agrícola, hasta el sitio de Isnabús. Le metió máquina, tenía su pequeño tractor, con  el movimiento de tierra por donde había una pequeña naciente de agua, al primer invierno se conjugó con el reventón de un acuífero, por supuesto, al ver que se estaba anegando, y salía más y más agua, tanto el señor Miguel, como varios agricultores que veían aquello, fueron presas del pánico y algunos se fueron retirando a sus casas.

Cuando se difundió la noticia, las señoras de San Martín, Quebrada Seca y San Pedro, y hasta las de La Puerta, rezaban y pedían que no fuera un castigo de Dios que pudiera llegar a inundar sus caseríos. El agua seguía cubriendo más espacio.

Al día siguiente, subieron las autoridades, Prefecto y funcionarios policiales, técnicos forestales. Uno de los funcionarios que acompañó al Prefecto, a ver lo que ocurría, se le escuchó: 

- ¡Ahhh qué charca tan grande! Cuando se estabilizó la salida de agua, hasta cierto nivel, hubo mayor tranquilidad, pues fue una inundación,  generada por el movimiento de tierra y resultó ser una laguna tapada y protegida por la misma tierra y la vegetación. 

Ya en 1920, en su estudio sobre cuencas hidrográficas, el geógrafo e historiador trujillano Américo Briceño Valero, ratificando los estudios del siglo anterior del geógrafo italiano Codazzi, señaló esta pequeña laguna, en la hermosa depresión de la Mocoti-Páramo de las Siete Lagunas, en jurisdicción de  La Puerta, estado Trujillo, asimismo, la registró el geógrafo francés Bennet, en su Geografía General de Venezuela, 1929.

Según la versión de Antonio Lino Rivero, cronista de estos lugares,  el papá de Francisco Villarreal, le vendió a Miguel Romero, el pedazo de tierra en el Portachuelo. Miguel se casó con Blanca Villarreal, pariente de aquel Francisco. Hombre de mucho trabajo,  recordó Rivero, que “Miguelito”, asi lo llamaban,  <<tenía un tractor y se propuso sacar desde ahí, un camino agrícola hasta Isnabus. Comenzó a abrir el hueco; pero se enfermó y no pudo seguir, a los meses cuando fue, ya había el estanque de agua natural, que hoy se conoce como La Lagunita>> (Conversación con Antonio Lino Rivero, el 18 de enero de 2022, La Puerta); y este nombre se puso en uso, y fue desplazando el topónimo original del lugar, que era El Portachuelo.

Señor Manuel Romero, emprendedor y laborioso comerciante y agricultor de La Puerta; fue la persona que tuvo la iniciativa de adquirir esta tierra de EL Portachuelo, para abrir una carretera, y resultó que se anegó y se convirtió en un estanque, que hoy es un punto turístico del país.  

La versión del señor Alberto Romero, hijo de Miguel Romero es que, en <<el año 1963, cuando Miguel Romero compra un terreno al señor Francisco Villarreal, con la finalidad de hacer una carretera hacia el sitio conocido como Ysnabús, sitio donde el señor Miguel Romero nació...para ese momento no existía la laguna>> (Notas que me envió Alberto Romero, sobre La Lagunita. Febrero de 2022). Igualmente anotó que, la laguna emerge en todo el espacio que hoy podemos ver, <<debido a que el movimiento de tierra generado por la construcción de la carretera al primer invierno generó una creciente y el agua llenó la cañada existente que solo había una naciente de agua y una canal por donde corría el agua hacia Tafallés>> (Ídem). Esta naciente de agua, es la que observaron Codazzi y Briceño Valero, como la <<pequeña laguna del Portachuelo>>. La posesión del Portachuelo, en nuestra investigación comienza desde la posesión de los Burelli García, hasta la Casa de Teja, en las inmediaciones de la entrada del Paramito; recuerda el mismo Romero, que para esa época, existían unas 7 casas alrededor de la lagunita.

Posteriormente, el antiguo Ministerio de Agricultura y Cría (MAC), desarrolló un programa para arreglar y estabilizar el estanque y drenar los terrenos cercanos a ella. Fue entonces que a través del MAC, se ejecuta el cercado del estanque, que hoy denominamos de La Lagunita.

En 1975, después que fue asfaltada la vía La Flecha- La Lagunita, el señor Miguel Romero, observando que su terreno, se convirtió en un estacionamiento de carros, de los que iban a visitar  el estanque los fines de semana y de fiestas, le dijo a los hijos, tenemos que hacer algo en este sitio; fue cuando decidieron montar un <<pequeño negocio familiar, una cafetería y una venta de pastelitos que fue creciendo hasta ser lo que hoy es…transformándose en un sitio turístico>> (Ídem); surgiendo el primer negocio de comidas, que posteriormente se convertirá en la posada.  La carretera asfaltada y luego el surgimiento del estanque, le dio un impulso de crecimiento al caserío, y así, fue abandonando el uso del antiguo nombre de El Portachuelo, y consolidando el nombre de La Lagunita, como topónimo del lugar, y de hecho, el estanque se convirtió en algo atractivo y se fue tornando en un pequeño destino de paseo y esparcimiento, aunque, con el paso de los años y la avaricia de algunos comerciantes, han levantado anarquizadas construcciones, bardas y cercados, formándose un irregular mercado, que ha hecho impacto ambiental, en nombre de una anárquica "actividad turística". 

La Puerta, marzo de 2022.

omanrique761@gmail.com 

 

 

jueves, 13 de febrero de 2020

Valera, “el fondo de un hermoso lago”.





                                                              Oswaldo Manrique R.




“En principio había nacido de padre y madre
fuiste bautizado sin alegato alguno
porque sabias poco y no era tiempo de defensas
quisieron enseñarte a amar a Dios sobre todas las cosas
y solo veías con buenos ojos la luz a través de los vitrales
porque los días de sol fueron amables contigo.
A la edad de diez años mucho te pesaba Dios,
te aburría tanto que fuiste triste tu
y fue triste tu calzado municipal y aun más tristes tus pantalones cortos.
Amabas todas las cosas.
Quisiste sonreír, necesitabas sonreír y renunciaste a él,
renunciaste a los ritos sagrados y fiestas de guardar
y escogiste el camino de la vida, el camino de los vientos
y las ramas de los árboles,
durante días y noches caminaste el techo de los ríos,
fuiste enterado dónde nacen las aguas
y al regreso cantaste tus hazañas alrededor de un fuego.
Aprendiste de memoria cada piedra, cada hierba y cada ojo
de las colinas que rodean las tierras bajas de tu existencia”.

(Extracto de: Un hombre y los demás hombres; del “Chino” Valera Mora,

poeta valerano. Obras Completas, pág. 35. Fundarte. Caracas. 1994). 




      Vista   de la ciudad de Valera desde el mirador de Carvajal. Gráfica de es.wikipedia.org

                                                                      I.
Valera puede considerarse, una ciudad campeadora de dificultades; sin ser producto de la planificación del Estado o del empuje económico y de recursos para conformarla como comunidad de gentes, tiene como característica que,  ha podido vencerlas y convertirse en el principal conglomerado urbano del Estado Trujillo. 

Historiadores y cronistas varios, como dato castizo, hegemónico y oficialista han fijado su “fundación” el 15 de febrero de 1820, de cuyo magistral acto colonialista, no existe o no se ha localizado su acta o partida de fundación de acuerdo a los cánones jurídicos  vigentes en aquella época. Briceño Perozo, la toma como la “fecha que, indudablemente, ha de reputarse como la de la fundación del pueblo, núcleo de la ciudad” (Briceño Perozo, Mario.  Historia del Estado Trujillo. pág. 272. ANH. Caracas. 1984).  Apenas, algunos documentos de traspasos de tierras, para la erección de su parroquia eclesiástica católica. Lo más lamentable, como lo ha aclarado el versado investigador Carlos Montiel,  es que el documento en el que la mayoría de los historiadores y cronistas se han basado como punto de partida de la ciudad y por el cual se festeja año a año, es decir, el que cursa en el Libro 2do. de Bautismos (1835-1845), en el que se fijan provisionalmente los límites de la jurisdicción de la Parroquia San Juan Bautista de Valera, de fecha 15 de febrero de 1820, el Obispo Lasso de la Vega, no tuvo la gentileza de firmarnos de su puño y letra  dicha acta, repito, esto es lamentable, porque se desprende una extensa duda tanto sobre la certeza y fidelidad del acto estampado en dicho Libro, como de su contenido.  


Fotografía de 1921. Valera, avenida 10 con esquina calle 10, estampa romántica de esta calle adornada con un arco floral de triunfo,  emblemático de la celebración de su centenario. Según la leyenda de esta fotografía, no se celebró en 1920, sino al siguiente año,  por verse afectada por una epidemia de viruela. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 1.  Editorial Venezuela, Valera, 1987.  Cronografía 2944.

De esos datos, se intuye una especie de control político de la historia de esta ciudad, basada en el dominio económico y del poder por parte de la Iglesia Católica y los hacendados terratenientes y la clase política, lo que descarta, descalifica  y silencia al resto de los pobladores; esto materializa, la hegemonía.  Si he sido crítico, en el sentido que, se sigue difundiendo la tesis colonizadora de la historiografía oficial, que la génesis de nuestra Nación se encuentra amarrada al arribo de Cristóbal Colon a las costas de Paria en 1499, también debemos cuestionarnos el hecho que no se profundice en las indagaciones locales –a excepción del citado investigador-, inclusive, que se omitan elementos importantes para el conocimiento de la ciudad, y para la rehabilitación del proceso evolutivo como pueblo, es decir, su historia.



Calle Real de Valera (hoy avenida 10), frente a la Plaza Bolívar, en 1920. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 1.  Editorial Venezuela, Valera, 1987. Cronografía 2945.

Ese espacio geográfico, vigilado por las 7 Colinas, se ha visto ocupado en su evolución, por pequeños y también, por nutridos poblamientos, dando el salto de una comuna indígena, valientes guerreros y agricultores, pasando por una estructura socio-económica de plantación, devenido en punto de pobladores dedicados a actividades no agrícolas, ahora, de un diversificado comercio, empresas productoras de bienes y servicios, bancos, industrias, generando empleo, riqueza y contribuyendo a la economía del país, hoy algo deprimida.


En 1854, fue azotada su población por la epidemia de fiebre amarilla, dejándola desierta de almas, abandonada, dejó de tener población y a la vez, la condición de parroquia, siendo su residuo, asignado por las autoridades como agregado y subordinado a la jurisdicción de la parroquia Motatán.  Pero, a la vuelta de una década, resurgió de entre las cenizas, y como ave fénix, reivindicó su sitial de parroquia, y fue elevada a capital del Departamento Valera, hoy Municipio, debido al empuje y progreso de sus habitantes. Posteriormente, de esa condición político administrativa de parroquia, fue ascendida en 1870, al sitial de ciudad, capital del Municipio homónimo,  que hoy, con bastante dignidad ostenta. 



1924. Fachada del Hotel Central de Valera, estacionado al frente un automóvil de la época. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 2.  Editorial Venezuela, Valera, 1987. Cronografía 2961.


Y se fue estableciendo el comercio espontaneo y creciente, primero fue centro o mercado de frutos y productos menores, que acercaban de los poblados aledaños, hubo trafico de cueros, quesos, salazones, conservas, café, trigo, maíz, hortalizas, caña dulce, miches, rones, chimó, algodón y hasta recuas, en la búsqueda de la ruta Norte y Sur, y de su conformación de rumbo comercial privilegiado, sin el peso de “las señorías”, surgiendo a la vida durante la República Oligarca Conservadora y Liberal, con sus ingeniosos aventureros,  responsables ciudadanos, sus fervorosos y progresistas emprendedores, los infaltables y azarosos constructores, sus inmigrantes laborantes,  luego fue la industria, la banca, actividades económicas secundarias y terciarias, forjadores de una ciudad de importante desarrollo comercial.  Con esto, no obviamos que ha tenido malos gobernantes y peores alcaldes, pero los ha superado…y una vez, fue capital del Estado Trujillo. 


 Fotografía de una calle empedrada de Valera. Estampa en la que no se observan vehículos en la ciudad. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 2.  Editorial Venezuela, Valera, 1987. Cronografía 2946.


                                                                   II.

Todo lo anterior, es interesante para los Valeranos, y no menos importante es lo que voy a indicar a continuación. Se ha escrito muy poco, del tiempo anterior, a la existencia de una aldea indígena, asentada en esta planicie, cuando al capitán invasor Marcos Valera, quien vivió en  espaciosa estancia en el valle del Bomboy y a orillas del río, le fue otorgada la encomienda por el Gobernador Osorio en 1595, porque “le tocaron en gracia de los meritos”  (La Riva Vale: pág. 16).   El  dinámico y trotamundos geógrafo francés Francis Bennet, reconoció y transcribió  un trabajo de investigación de nuestro ilustre cultor de la historia y geografía regional Don Américo Briceño Valero (hago abstracción de sus caracterizaciones etno- sociológicas sobre el venezolano,   que no comparto),  en el cual,  nos hizo un aporte que merece ser reivindicado, que reproducimos a continuación: 


“La rama de la Gran Cordillera de los Andes que se desprende del nudo de Pamplona (República de Colombia), y con dirección N.E., penetra en Venezuela y se deprime en el Estado Lara…es lo que se llama Cordillera de los Andes…de todo lo expuesto se deduce que la orografía del estado Trujillo, se debe estudiar en tres ramales, a saber: el Septentrional, que principia en el Pico Miranda,…la tercera estribación, que es la que nace en el Pico El Tomón…cumbres principales de esta estribación son: a 2.125 metros  el Tomón, a 1.887 metros el Garapao, a 1.727 metros el Quibao y a 1.028 el Conquistado, que es el último esfuerzo de este ramal, cuyas faldas se pierden en una serie de cerritos, sobre las vegas del rio Motatán y a las cuales estrechan tanto, que apenas dan paso a los ríos Motatán y Carache, acabados de reunirse, pues parece que en un tiempo lejano, cuando el valle de Valera era el fondo de un hermoso lago, estas faldas y el cerro de la Pedregosa estaban unidos, formando un dique, o represa natural, el cual por el otro lado, recibiría el empuje de las olas del Lago de Maracaibo…” (Bennet, Francis. Guía General de Venezuela. pág. 272. 1929). Este dato geo- histórico y a la vez, hermoso pasaje, que he subrayado, pudiera abrir para los estudiosos  -o mantiene latente-, una línea de investigación, que nos lleve a obtener elementos que determinen causas y tiempos sobre el poblamiento, su tipología y esa continuidad histórica en el proceso de formación de Valera, como pueblo, inclusive, su consideración como una zona de navegación, en el pasado.  Considero pertinente y cabe la interrogante: ¿qué ocurrió en esa meseta (hoy Valera), durante el lapso comprendido entre 1595 y 1820, es decir, entre el momento en que le otorgaron esas tierras y la encomienda al Capitán Marcos Valera, y el momento de la erección como Parroquia Eclesiástica?  También, ¿qué ocurrió antes de ese periodo de tiempo? Fueron más de dos siglos que  transcurrieron, de los que los valeranos y valeranas, merecen saber.   



Américo Briceño Valero, agrimensor, que elaboró la obra Geografía del Estado TrujilloCronografía 2989.

Según los estudiosos de estos temas, al parecer esta formación lacustre fue producto de la última glaciación en lo que se denomina el sistema de la Sierra Nevada; el maestro Briceño Valero,  lo poetizó como “el fondo de un hermoso lago”, era una depresión topográfica, quizás  poco profunda, con una importante masa de agua dulce, que en su contexto actuaba como represa natural, debido a un proceso geológico, formado en ese tiempo inmemorial (seguramente el Pleistoceno que abarcó las ultimas glaciaciones, que corresponde al Paleolítico arqueológico, que finalizó 10.000 años antes de Cristo), que pudo progresivamente por interglaciares, derivar en un cinturón de vegetación boscosa, hasta llegar a convertirse en una meseta pantanosa, con clima, situación hidrológica, fauna y flora, más proclive a las actividades humanas, fundamentalmente, la agricultura y la cría. Esto, seguramente, estará vinculado al  llamado nivel freático de las tierras ubicadas al Norte de la ciudad, comienzo del Eje Vial. 



1918. Plaza Bolívar de Valera. Obsérvese a la derecha, el viejo Templo de San Juan Bautista, con nutrida concurrencia en su frente. Cronografía 2973.

La hipótesis del distinguido hombre de ciencia trujillano, sobre el espacio geográfico, estaría basada sobre los estudios del geógrafo Agustín Codazzi, vertidos en su Atlas Físico y Político de la República de Venezuela, publicado en París en 1841, quien habría avizorado con especial interés esa situación, en su recorrido y estudio de la geografía trujillana; y buena parte de este ramal, lo recorrió con el padre Francisco Rosario, párroco de La Puerta, ducho conocedor de la zona del ramal septentrional de la citada Cordillera. Briceño Valero, además de sus vastos conocimientos de agrimensor público,  a finales del siglo XIX, para la elaboración de su obra Geografía del Estado Trujillo,  recorrió todo el Estado, reestudió las anotaciones de Codazzi, corrigió varios de sus datos y ratificó gran parte de ellos,  por lo que  nos aporta un elemento interesante, que debe ser considerado por los historiadores y cronistas. 



 Otra gráfica de la Valera de antaño. Tomada de González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 2.  Editorial Venezuela, Valera, 1987 Cronografía 2962.



Consideración que pudiera romper con la afirmación de la ciudad de lento crecimiento, o  que, antes de las haciendas y sementeras, era un valle desolado, o que los  indígenas y primeros pobladores, tenían este espacio solo como centro de ceremonias o una serie de ranchos deshabitados, como expresión confusa de su peculiar nomadismo, contrastado con el cementerio indígena del final de la Calle 10, evidente signo sagrado de su sedentarismo. Con esto, no se persigue reivindicar “fantasmas detenidos e imperceptibles presencias”, como cantara el poeta valerano, seria en todo caso,  la ruptura con la historia oficialista, hegemónica, mantuana y cartularia.  En todo caso,  podría  tener sentido lo escrito por Briceño Perozo, en cuanto a que el patronímico enraizado, está vinculado con el que exhibe el escudo histórico aragonés de los Valera, cuya consigna es Valer o Morir

                                                               III.

Comencé este artículo, con un poema del irreverente ciudadano y poeta valerano, en su propuesta estética de modernidad en lo cotidiano. El Chino Valera Mora, es considerado uno de los más extraordinarios poetas nacionales en el uso de la cultura como instrumento de lucha, y del que se olvidó la ciudad. Nuestro “Pedro Bala”  como le decían en la clandestinidad, iba  todo el tiempo a sus salones de la Escuela de Sociología, en la UCV, con un libro de poemas bajo el brazo, especialmente el Canto General de Neruda. Voy a finalizar, con un verso de este poeta chileno, muy apropiado para la ocasión.

Hasta que al fin caemos en el tiempo, tendidos,
y nos lleva, y ya nos fuimos, muertos,
arrastrados sin ser, hasta no ser ni sombra,
ni polvo, ni palabra, y allí se queda todo
y en la ciudad en donde no viviremos más
se quedaron vacíos los trajes y el orgullo.


(Pablo Neruda. Verso de: Ya se fue la ciudad).



La Puerta, febrero 2020.



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