Por Oswaldo Manrique.
Podíamos señalar que a raíz de ese
encuentro violento entre el Señorío Tribal y el Poder imperial, representado
por dos célebres varones de su tiempo, uno caudillo indígena, el otro ocupante
de tierras por “derecho de conquista” y con buena indiada (Encomienda del Valle de Bomboy) en el 1600, surgió y fue el inicio que echó las bases
para la formación del pueblo colonial esclavista denominado “Pueblo de Doctrina San Pablo Apóstol del
Bomboy”, antes comunidad indígena Bomboy, en el territorio en donde hoy
está levantada La Puerta.
Mucho antes de que llegaran el Portugués y sus jipatos barbudos.
En 1549, cuando el español Diego Ruiz
de Vallejo, entró a Escuque y a los distintos pueblos serranos buscando minas
de oro e inventariando sus riquezas, los indios fueron hostiles, oponiendo
resistencia y guasábaras de guerra. Tenía la orden expresa de exterminar a los
rebeldes (Hermano Nectario María. Investigación.1963), que dieron pequeñas
victorias a los indígenas comandados por el caudillo Bucay. Fue en ese año, cuando seguro se produjo, la
decisiva conversación entre el viejo jefe del Valle del Bomboy y el inmutable,
talentoso y maravilloso sacerdote Chegué, a raíz de haber recibido a unos
Zaparas que huían de la persecución por algunos desvaríos en la laguna de Coquivacoa.
Cansados y hambrientos se les brindó con la acostumbrada jícara repleta de la
chicha fresca del día. El sumo sacerdote, al llegar a la casa principal de la aldea, se acercó a
la mujer e hijos del caudillo, y los roció con el agua que sacó de su bolso sagrado,
preguntándoles:
-
¿Ih-match-kupe? Todos le respondieron:
-
¡Kuek suaj! Él, riéndose asintió con la cabeza.
Cuando estaban reunidos los dos, sin
testigos, se sentaron frente a frente, en la estera. Chegué le preguntó por los
dos Zaparas que habían estado en la aldea, y le dijo:
- Mabujay-ustate. Se les atendió de
puerta abierta, como a otros amigos, que vienen por los caminos del Coquivacoa,
les dimos manta y comida. Ese día, comimos guaka. Pero al verle los ojos que se
alojaban en la profundidad, entendió la importancia de esos hombres. El sabio
le dice:
- Huían porque se negaron a obedecer
a los forasteros que saquean La Laguna.
- ¿Y quiénes eran? Chegué, parsimonioso y calmo, le respondió:
-
Son dos pequeños jefes y traían noticias extrañas de más allá del
Coquivacoa.
- ¿Cómo cuáles Chegué? Interrogó el viejo caudillo.
- Comenzaron con lo que está ocurriendo
en las costas cercanas a La Laguna, y más allá, la quema de los mares de los
Caribes y Taínos, candela y cenizas.
- ¿Qué les ocurrió? Insistió el principal de la tribu.
- Llegaron unos hombres extraños en
canoas enormes, movidos por telones y el viento sobre las olas. El sacerdote impulsó el interes del
jefe y este lo sondeó:
- ¿Cómo son esos extraños hombres?
- Con mucho pelo en la cara, jipatos y hablaban que sólo ellos se entendían en su lengua secreta -agregando- saquearon y quitaron todo a las aldeas y el que desobedece lo agarra el Keuña.
El anciano jefe del Bomboy era un ser
pacífico, no se molestaba, ni se enfadaba siempre buscaba conciliar pero desde
ese día se alojó en su pensamiento ¿Será que nos vienen tiempos de oscura
tormenta, como los de Dorokokoe? ¿Será un castigo? Hizo una respetuosa
reverencia al Chegué, del que esperaba obtener buenos augurios. Y,
simplemente salió a caminar con su cuchillo de obsidiana, su sombrero de cola
de burro y con su inquebrantable energía hacia sus lugares secretos quizás a la
Piedra de los Muñecos en el Maen Shombuk (Siete Lagunas) a consultar al
firmamento celeste y a Kachuta. La posibilidad del castigo futuro para su
pueblo, tenía que consultarlo, para saber si llegaría a esta aldea.
Al meditabundo y maduro cacique, solo
se le escuchó:
-
<<Madre Chaseugn que estás en la montaña, con tu pálida luz alumbra
mi cabaña. Padre Reupa, que alumbras con ardor, no ilumines el camino al
invasor>>
(Del Canto Guerrero).
Varios años después, en 1557 entra a
Eskuke el extremeño Capitán Diego García de Paredes y sus soldados, invade y
ocupa el pueblo aborigen del cacique
Jaruma, al tomarlo, lo convierte en la ciudad denominada “Trujillo”,
pero ésta, quedó envuelta en la crueldad y el valiente Jaruma, ante esa
situación convocó a la guasábara de resistencia a sus escukeyes, se reúne con
Pitijoc y su lugarteniente Pitisay, y acudió por ayuda en los pueblos cercanos
como los Bomboyes, Jajoes, Esnujaques y Timotes, y consigue también ayuda de
los chacoys Mimbós, Cáus, Cheregüe y de los indígenas moradores de la Laguna:
de los Motilones, Buredes, Quiriquires, Moporos, de los Bobures con su jefe
Alile; y con ellos emboscan y dan muerte a varios invasores españoles. Al
mejorar la situación de la guasábara, Jaruma se calma, pero no Pitijoc ni
Pitisay quienes continúan con el acoso a los españoles, porque percibían el
grave peligro que éstos representaban.
Para este tiempo, Kusman, trae al
mundo al principal señor del Bomboy, hijo
del viejo caudillo, a quien formarán
como jefe principal e histórico de los
nativos de este Valle. Se calcula que pudo haber nacido en 1559. Bomboy, el sugestivo nombre que le puso, en
lengua indígena es río de aguas espuma, fuertes y altivas. Este Cacique o
Chacoy, fue el líder de los aborígenes de las aldeas dispersas a todo lo largo
de este valle y sus páramos.
Por los requerimientos ancestrales
establecidos por la nación Timotes, el carácter de este notable jefe indígena,
con su particular sensibilidad, era el de un hombre reservado, reflexivo ante
las turbulencias que le tocaron, observador de los hechos y de decisiones
firmes, contrastaba con sus rasgos fisonómicos, de total dinamismo, baja
estatura, articulaban en él una reconocible belleza, hasta el punto de fundir
su nombre con el de su tierra y río sagrados: Bomboy.
La llegada del Capitán portugués y sus huestes al valle
de Bomboy.
Salían de sus chozas
de piedra, acercándose al centro de la Aldea, cuando vieron entrar una fila de
soldados, todos armados, sudorosos, algunos con armadura, comandados por uno
montado sobre el lomo de su bestia negra que golpeaba el suelo al andar,
imponente aquel hombre, de ojos profundos y barba castaña, fornido, con capa
abierta y gorra de terciopelo. El que cargaba el estandarte se paseaba de un
lugar a otro, enseñando la cruz colorada, a la que eran fieles. La tropa de
soldados iba a pie, con experiencia en el uso de la espada, el arcabuz y la
lanza. El Comandante era el Capitán portugués Tomé Dabuyn, Buy o Avoin.
El Capitán portugués, de los primeros
conquistadores, Alguacil Mayor y Alcalde de Trujillo (1571 a 1576), decidió
antes de ocupar definitivamente las tierras del Valle, lograr la conversión de
Bomboy el caudillo, quería entenderse con él. Tenía claro sus objetivos y se
los dijo: convertir los indios que encontrara al cristianismo y lograr
juramentarlos como vasallos del Rey de España y se la habia dicho:
- Aquí haremos un pueblo para
ustedes, tendrán que pagar tributo a su Majestad, de todo lo que haya de valor
aquí, de todo lo que encontremos, de todo el algodón, las comidas y cualquier
riqueza.
Un día pudo observar como el padre Montero
le predicaba a un grupo de indios, por medio de un intérprete que andaba con
él, posiblemente de los de la encomienda de Joan Roldán, acerca de lo que
significaba el único Dios de los cristianos. Los nativos se tornaron
sorprendidos, agitados y sin entender y le preguntaron a Bomboy, y éste,
también sorprendido, les dijo:
- Nuestros dioses que son varios, no
los podemos abandonar, si lo hacemos nos caerá castigo a todos.
Más allá del río, había un sitio
tupido de manglar y guadua, sumergidos de tal forma que protegía la
desembocadura del río, su escape y junto con la aromática vegetación y la
alegre fauna convertían aquello en un paisaje paradisíaco, lo llaman el Cío. En
las mañanas iban las mujeres y sus hijos a bañarse, a lavar y a conversar. El
portugués y varios de sus marañones armados cruzaron el cercado de guadua y se
encontraron con este lugar emplazado en el propio lecho; allí estaban reunidos. El
Capitán portugués emplazó a Bomboy diciéndole:
- ¡Alegraos cacique, que aún estáis
con vida! Muchos
murieron desde este encuentro, algunos quedaron discapacitados, otros sin
orejas.
- La derrota no es una situación
permanente -dijo
Bomboy- en su dramático y profundo soliloquio.
Se
calcula en base a las
cifras aportadas en 1579 por el Alcalde de Trujillo, Alonso Pacheco, que en
este Valle había una población aproximada de 5.500 habitantes. En 1608, quedó
reducida a un poco más de 900 habitantes. El 26 de marzo de 1601, el Gobernador
Alonso Arias Vaca, le otorgó al Capitán Juan Álvarez de Dabuyn, el vencedor de
Nigale y los Zaparas, la “Encomienda Valle de Bomboy”, que había desistido su
padre Tomé Dabuyn Pereira, por el que pagó 120 pesos por derechos. Tomé tuvo encomienda en Boconó desde 1560.
Vencidos e invadidos en 1575
prácticamente suprimidos, las tribus y comunidades pasaron a ser “vasallos” del
nuevo Rey, a pesar de eso, para el joven Bomboy había otro tipo de
resistencia para reivindicar la dignidad de su pueblo.
La
cosa cambió en 1608, cuando el Obispo Alcega transmutó el Valle de la laboriosa
y pacifica comunidad, en “Pueblo Cabecera de Doctrina” o de concentración y
reducción de indios esclavos.
El espacio territorial de Bomboy, es
un valle surcado por un importante río que se une con el Motatán. Sus riveras
con el tiempo se fueron convirtiendo en caseríos y pueblos, alrededor de las
sementeras e industrias incipientes. En 1608, el Obispo Alcega, organizó para
Trujillo la 7ma. Doctrina, en la que incluyó la “Encomienda Valle de Bomboy”,
constaba de más de 900 indígenas de la etnia Timotes. Junto con el Obispo Alcega, llegó el
sanguinario Capitán Juan Álvarez Dabuyn.
A su lado, con extrema preocupación,
se encontraban presentes y a su lado, Jasepe e Yguara, principales y cercanos
colaboradores, observando como familias enteras iban llegando al estrecho
valle, sometidos por las huestes y marañones de los capitanes y asistidos por
unos hombres, también barbados, con faldones largos, rezando y cantando en su
extraña lengua detrás del estandarte amarillo con la cruz colorada. Así miraron, como iban llegando los valerosos
Escukeyes, invadidos y derrotados.
Mientras, en el
páramo de las 7 Lagunas, se asentaban los animosos Xikokes, en Tierra de Loza,
se establecieron los alfareros, cerca Komboko y su tribu en los límites de los
Esnujakes y Jajoes, de
esta parcialidad fueron trasladados por su rebeldía varios grupos indígenas, y el cacique Pitimay se asentaba con su gente hasta
los lindes de El Humo, en el valle del Bomboy en una reconstruida comunidad,
ejercía el liderazgo de la dispersa tribu indígena de las riberas del río, el
llamado Cacique y señor del Bomboy. Partían
de aquí, las bases humanas y materiales sobre las que se cimentaría con el
tiempo, un pueblo llamado San Pablo Apóstol del Bomboy, conocido hoy con el
nombre de La Puerta.
Acabaria Bomboy, sometido y
encomendado (Titulo de Encomienda Valle de Bomboy, otorgada a Juan Álvarez de
Dabuyn 19/05/1611). Para el momento de la llegada del encomendero colonizador
Juan Álvarez de Dabuyn, hijo del “Portugués”, ya Bomboy era un hombre mayor, de
amplia experiencia y con mucha sabiduría dentro de los labriegos de la tribu.
Su comunidad se encontraba fortaleciendo
la fase de sedentarismo y la aplicación de las técnicas agrícolas y del modelo
de producción colectivista de los Timotes.
Probablemente nuestro caudillo
indígena por unos pocos días, vivió, fue testigo de la invasión militar y
religiosa por los infantes y curas europeos. En pocos años la magnitud de la
ocupación por la encomienda y el reparto, fue desplazando forzosa o
voluntariamente a los indígenas, quienes sólo contaban con armas muy simples y
rudimentarias para enfrentarlos y resistir la ambición del colonialismo. Se
desconoce en qué sitio y cómo murió Bomboy, ni en qué fecha, salvo que en 1611
fue mencionado en el otorgamiento de la “Encomienda Valle de Vomboy” y
“Quebrada de Comboco”; se piensa que fue una de las primeras víctimas del
encomendero Juan Álvarez de Dabuyn, para
coronar su objetivo de ocupación de este valle, luego del genocidio cometido en
el Lago de Maracaibo; no obstante, cierto es, que la vida del jefe Bomboy, a la
llegada de los genocidas invasores, estuvo cargada de mucha angustia,
sacrificio, de turbulencias, de desgarro de su mundo comunitario, armónico y
tranquilo, y su reacción de rechazo lo convierte en un glorioso personaje
de la
historia de esta interesante, laboriosa y pacifica comunidad de “hablantes
del Muku o Mutú”.
La derrota no es una
situación permanente. Elementos y expresiones de la indirecta y pacífica
resistencia indígena permanente:
Cuando he planteado
lo de la resistencia indígena en el área de las encomiendas del “Pueblo de
Indios San Pablo Apóstol del Bomboy”, hoy La Puerta (no confundir con la
Encomienda y posesión del mismo nombre ubicada en la parroquia Mendoza, norte
del Valle), como respuesta al despojo, maltrato, sometimiento e invasión
europea, lo sostenemos en varios elementos que considero importantes, a saber: la
omisión por parte de los cronistas, de más de 80 años de historia (1600-1687),
sin referencia documental demográfica alguna sobre la marcha y evolución de
este pueblo indígena, a pesar que se estableció el régimen de encomiendas con
distribución de más de 5.000 indígenas, delimitación de tierras, inicio del
proceso de formación de la propiedad territorial y fundación de pueblos; lo que
también ocurrió con otros pueblos andinos (Martí, encontró en 1777, como primer
Libro de Registro de bautismos, matrimonios y defunciones de esta parroquia,
uno de 1.720, afirmando la existencia de 349 almas (Briceño Perozo: 92). Los
datos del censo realizado en este pueblo de doctrina, por el Alférez Diego Jacinto
Valera y Mesa, Alcalde de Trujillo, en que registra que de los 4 caciques y 2
mandones de este Pueblo de Doctrina, establecida la economía de plantación,
haciendas de caña dulce, trapiches, molinos, industria de cuero y telares, sólo
había un jefe ladino y de buena razón, los demás no querían hablar en
castellano (Encomienda del Capitán Alonso Pacheco de Mendoza, nieto del
genocida Juan Pacheco Maldonado), explica la fuerte resistencia que había para
ese tiempo en aceptar la religión católica, tampoco hablar el español y menos
aceptar las costumbres europeas (Acta de Valera y Mesa. Cuarta Doctrina. 14
noviembre 1687, en Castellanos Villegas, Rafael Ramón. Recorrido por las tierras
de los Cuicas. pág. 79).
Existen datos
importantes que perfilan, una resistencia indígena de carácter permanente en el
pueblo de Bomboyes, hasta su genocidio en 1891. Se puede destacar que no
hablaban el español, lo conocían pero siguieron comunicándose en lengua timote
(Martí, 1777). Otra de las quejas del Obispo Mariano Martí, era que estando
todos catequizados en este pueblo, no cumplían con las actividades litúrgicas
católicas (Martí, 1777); seguían con sus ritos y creencias politeistas.
Los censos de
población realizados a lo largo del devenir de esta parroquia, se observa la
progresiva disminución de la población indígena de La Puerta, entre ellos los
realizados por: Alcega en 1608, otorgando y ordenando las primeras encomiendas
de indios; Valera y Mesa en 1687; el ordenado por el Presidente liberal Antonio
Guzmán Blanco en 1875; los resultados del Juicio de Partición de las posesiones
del resguardo indígena en 1891, que fue
la fase final del proceso de desintegración y privatización de las tierras del
resguardo y extinción de los indígenas; el recorrido del geógrafo francés
Bennett en 1920, que demuestran en conjunto una línea conductual genocida por
parte de quienes se apoderaron de este valle del Bomboy.
La obvia fuga o huida de quienes se protegían
de las garras de los genocidas (Castellanos), yéndose para protegerse, a los
páramos, a los cumbes o a los pueblos motilones del lago.
Un dato no menos
interesante por lo sugestivo es que en el informe del Obispo Mariano Martí de
1777, los pueblos de Siquisay, Santa Ana, Carache, Boconó, Santiago del
Burrero, Jajó, la Mesa de Esnujaque, Escuque, San Jacinto, tenían caciques
hereditarios, mientras el pueblo de La Puerta no tenía cacique hereditario ni
electo, ni conforme a las leyes de indias de 1614 y 1628, que consagraban el
respeto a ese derecho. Esto nos sugiere que, para este año en que hizo la
evaluación de esta comunidad indígena, habían sustituido o liquidado el
cacicazgo natural hereditario, lo que se traduce en signo de resistencia de los
aborígenes, a pesar que, se pudo conocer que hubo herederos del cacique o
tabiskey Bomboy, en la primera década de la época republicana cuando menos, por
encontrarse un acta de bautismo que da fe de su nacimiento (Libro de Bautismos
de 1810, de nuestra Parroquia).
Mantuvieron el
apellido de su cacique, por lo menos hasta 1810. El apellido Bomboy, bien por
emplearlo sus descendientes o parientes o bien como tributo a su caudillo
rebelde, lo siguieron utilizando los nativos de La Puerta, aun a comienzos de la
época Republicana. En el memorial de José Rafael Abreu, señala que en el libro
de Bautismos de la Parroquia La Puerta de 1810, se encuentra una partida que
reza lo siguiente: “En La Puerta en quince de julio de mil ochocientos y diez años puse ole
y chrisma y di vendicion Canónica conforme al Ritual Romano a José Manuel hijo
natural de Ma. La Paz Bomboy, India Tributaria de este pueblo: nació el día
ocho de mayo del presente año: lo bautizó Juan Bernabé Briceño y lo tubo Concepción
Tafalléz y en la Iglesia José Ignacio Tafalléz y su mujer María Elena Rondón,
tributaria de este pueblo…Franco Rosario D.” (Abreu, José Rafael. La Puerta, un pueblo. Editorial Arte.
1969). Obsérvese que, a pesar del comienzo del tiempo independentista, y de
haber transcurrido dos siglos de genocidio, los indios esclavos tributarios
insistían en usar como apellido, el nombre del cacique Bomboy, en lugar del
encomendero. Esta acta de bautismo, está suscrita por el padre y prócer
independentista Francisco Antonio Rosario, párroco de La Puerta.
De la misma forma,
trascendieron sus topónimos indígenas, por encima del coloniaje cultural con
toda su fuerza histórica, no así los antropónimos. El hecho documentado que fue
un pueblo que se mantuvo étnicamente casi totalmente puro.
Los comentados antecedentes, nos ayudan a tener una idea, que el principal líder de esta comunidad y sus herederos y seguidores, estuvieron trenzando la resistencia permanente ante la derrota, por lo menos hasta 1891, ante esa mezcla de pasividad y de guerra, de resistencia y de crueldad esclavista, de locura y esperanza, que se produjo a raíz del encuentro violento del grupo de conquistadores, comandado por el Capitán portugués Dabuyn, en la comunidad indígena Bomboy. Comunidad ancestral que tenia como destino, según nos induce a pensar el Dr. José Gregorio Hernández en su visita en a la aldea en 1888, la formación de estadíos superiores de convivencia. Este pasaje dialéctico de pasiones y convicciones indeclinables, forman parte de la historia local de La Puerta.
(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario