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sábado, 26 de abril de 2025

En tiempo de caudillos, llegó a La Puerta y en mula, un futuro Santo

Por Oswaldo Manrique (*)


Cabalgando sobre ella, castaña oscura, se dirigió a donde pensó hospedarse, un pueblecito llamado La Puerta (estado Trujillo), que consideraba histórico. En  uno de sus soliloquios, describe:

-         <<venia contemplando tranquilamente mi mula, que, aunque con algunos resabios, no deja de ser una mula buena; esta contemplación era un tanto compasión al calcular que habría de caminar doce días consecutivos montado sobre ella>> (Hernández).  

Tal fue el comienzo del relato detallado de su viaje por la Cordillera Andina, en carta del 14 de enero de 1889, a su amigo Santos Aníbal Dominici (Castellanos, 184). 


Eran tiempos del régimen liberal guzmancista, que siguió con su política de <<dejar que los conservadores gobiernen el Estado (Trujillo) a su leal saber y entender>> (Cardozo, 227); el pacto del Pdte. de la República general Antonio Guzmán Blanco y el jefe de los “Ponchos”  trujillanos general Juan Bautista Araujo, dio continuidad a la hegemonía de estos, con todos sus vicios y virtudes caudillistas, siempre que mantuvieran el desarme y “la huidiza tranquilidad” que permitiera avanzar en el proceso económico, agropecuario e industrial de la región.

*

Azuzaron las bestias, para subir a la angosta y empinada entrada y pasar por la “Vuelta del Peo”, llamada asi por ser sitio de emboscada de los “Ponchos” en su enfrentamiento con los “Lagartijos” en 1877, con saldo de varios difuntos.  Pasaron por la “Quebrada La Guadalupe”, de aguas frescas y curativas y a pocos pasos se detuvieron.

A semejanza de la profecía señalada en el Antiguo Testamento, sobre la llegada de un hombre justo y de paz montado sobre un burro: Jesús a Jerusalén, el joven médico, humilde y altruista, hizo su entrada a La Puerta, montado en su obstinada y testaruda mula. Hombres de mediana estatura, vestidos de calzones de fardo, franelas sarazas color blanco, alpargatas serranas, con muy pronunciado dialecto indígena, le dieron la bienvenida al elegante y culto caballero; eran los celosos encargados del Oratorio y de la posada de los peregrinos. 

Para finales de 1888, en compañía de su cuñado José Temistocles Carvallo Hidalgo y de un sirviente, el Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, se dirigió y pasó por esta aldea indígena, montando su mula, mañosa y desconfiada, en su aventura de buscar un lugar, ciudad o pueblo, donde establecerse y ejercer su profesión de médico. 

Tomaron el camino de Valera-Mendoza-La Puerta-Timotes, descartando el de Quebrada de Cuevas a Timotes, por el borde del caudaloso Motatán, lo que confirma el Informe de Caminos de 1908, del Ejecutivo del estado Trujillo, al señalar que, <<el ramal de La Mocotí a Valera por el rio Motatán, parte del decretado por el Ejecutivo Federal el año 1887, es un camino de recuas de malísimas condiciones…la vía usual que es la de La Puerta, la comunica entre las ciudades de Mérida  y Valera>> (La Riva, Alberto. Anales de Valera, pág. 35. 1957. Igualmente, en Cardozo, 232); la distancia entre Mendoza y La Puerta, era de dos leguas aproximadamente.  

El padre Enrique María Castro, ex Párroco de este Valle, describió en 1884, que el antiguo camino que iba de Mendoza a La Puerta, iba por la vega del río Bomboy <<el cual hay que vadear dos veces, con una subida disimulada hasta el espacio de una legua en que se aparta del rio, y toma por unos cerrillos, cuyo piso está cubierto de piedras menudas que lo hacen molesto>> (Castro, 58), lo que no impedía ver en los laterales de las montañas, los frondosos trigales; y las plantaciones de café, caña, tabaco y legumbres del Valle, custodiado por las dos espesas cordilleras.

Tenía la peculiaridad este camino, que de trecho en trecho, había una cruz, que fueron colocadas varias décadas antes por el Padre Rosario, y cuando este iba rezando, <<siempre hacia genuflexiones>> (Ídem). Se extrañaría y preguntaría el Dr. José Gregorio y sus acompañantes, la razón de tantas cruces. Su mula buena y  vulnerable, anduvo a pesar de la carga, con su manera habitual, tranquila y dócil, e incluso, preparada para alertar o regresarse, cuando anuncian acecho, o algún obstáculo o fenómeno natural.

*

Sin duda, fue antes, y más de una vez, que José Gregorio, visitó la aldea indígena de La Puerta, para enterarse de propia voz de sus habitantes,  los episodios y fastos, que lo llevaron a decir que lo consideraba: histórico. Bien fuere porque lo conoció en sus vacaciones de agosto de 1883, o porque se alojó en alguna otra oportunidad en la posada de los peregrinos, o porque pasó o lo visitó varias veces, lo cierto es que en carta del 14 de enero de 1889, se refirió a dicho pueblo, que para esa época, además de su gente indígena Bomboyes, casi totalmente pura, contaba con elementos del patrimonio inmobiliario espiritual colonial, que por su religiosidad y curiosidad tuvo que haber visitado el hoy Santo Dr. José Gregorio Hernández.   

Mientras el sirviente amarraba las bestias en un falso, una de las mulas se tornó relinchona,  dejando escapar un fuerte rebuzno, José Gregorio subió las escalinatas y se dirigió hacia la ermita que los indígenas de La Puerta, mantenían al cuido, atendiendo a los peregrinos y visitantes para que pudieran apreciar la bella construcción, sino por su atrayente hermetismo. 

Carvallo iba detrás.

-         Chico, se portaron bien las bestias. Nos rindió el camino. Le  comentó el futuro Santo trujillano, quien llevaba su acostumbrado sombrero negro.

-         Sí, ninguna se descascajó  Le contestó su cuñado.

-         Hasta mi mula resabiada, cumplió.

Cuando estaban en el umbral, se quitaron los sombreros y no les quedó más que arrodillarse, persignarse al ver aquel hermoso recinto. Entraba luz solar al fondo por la claraboya de lo más alto del altar finamente adornado, se situó frente al encantador retablo de la Virgen de Guadalupe de Indios y su rostro resplandeciente. Se ubicaron en los reclinatorios, donde oraron. José Gregorio pudo observar el maravilloso, sereno y sagrado lugar, y llegó a imaginarse al Santo penitente Padre Rosario (quien lo diseñó personalmente y construyó de su dinero), en un acto de devoción diaria por la Virgen, que, <<con su rostro dejaba traslucir la suavidad, el contento, la paz y la alegría de que rebosaba su corazón>> (Castro, 42), o cuando invitaba a todos los feligreses  <<a obsequiar a María Santísima con un rosario, o al principio de la visita o al final>> (Castro, 45), era parte de su estado de perfección espiritual. El futuro Santo, como investigador sintió la necesidad de conocer la obra material de este excepcional personaje, modelo de penitencia y santidad. 

Al salir, el aspecto externo observado, de firmes tapiales y radiante blanco, piso de arcilla, techo de tablones de cedro, coronado por teja roja de las que hacen los aborígenes en Kukuruy (Tierra Colorada). Las anchas escalinatas de piedra, dan acceso a los angostos senderos que conducen a las casas habilitadas para los peregrinos.

El padre Rosario, escogió para construir este Oratorio de la Virgen de Indios, la parte alta de su posesión (Hacienda del Padre Francisco Rosario), que tuvo que desboscar y aplanar (hoy está en este sitio el Hotel Guadalupe); la bella panorámica por el lado norte con la “Quebrada Guadalupe”, de aguas medicinales y permanentemente con aromas a malva, cayendo hacia el Bomboy; la suave ladera por el lado sur, da entrada a la Calle Real de la aldea (hoy Avenida Bolívar), y más allá, las famosas <<mecedoras de piedra de la Guadalupe>> (Burelli, en Abreu: 151), que pudo haber recorrido el futuro Santo, que conforman el área externa o de alivio del Oratorio, que en realidad era un sitio de reunión de los indígenas, descanso y paseo para los peregrinos y visitantes.

Así que, a su llegada al pueblo, ingresando por la entrada norte e impulsado por su ferviente religiosidad, y con el conocimiento de que el Santo Padre Rosario, que así lo llamaban los pobladores, había construido antes de su ciclo de purificación, sin la majestuosidad de la Capilla de Mendoza, pero sí con el detalle estético y de belleza que le imprimía dicho Cura a sus obras, uno de los Oratorios más peculiares del país, como lo fue el de la Virgen de Guadalupe de Indios, tributo a la aldea de los Bomboyes, su última obra material y aporte al engrandecimiento de esa comunidad, al cual llegaban peregrinos desde distintos lugares de la República.

Para un hombre como José Gregorio, la oración era tan imprescindible para fortalecer el espíritu, como nutrir el cuerpo con comida y agua. Diariamente en Caracas, <<A las 7:00 a.m. asistía a la Santa Misa, recibía la Comunión>>. Era tan necesaria para él la oración, que seguramente, para emprender y fortalecerse en su viaje, y precedido del conocimiento de  la bella y ejemplar historia del Padre Francisco Rosario, de esta aldea, al estar en el preciado y aislado recinto para efectuar la oración a Dios, y <<tú te imaginarás que hacía mis súplicas ordinarias>> (Hernández), quizás le dedicó como la primera vez, una plegaria al Cura Santo y Patriota. 

En 1969, da fe el cronista y hacendado José Rafael Abreu, que en <<el extremo norte de la calle real se conocía como “El Topón” y el “Oratorio”, por haber construido allí el Padre Rosario un lugar para la oración, de lo que aún quedan las bases de cal y canto, a la usanza española>> (Abreu, J.R.,  31).  Era una Capilla donde acostumbraba a flagelar su cuerpo y a rezar el prócer Rosario, amigo de Simón Bolívar y solían decir misa religiosos, sacerdotes pasajeros y visitantes que venían de Barinas, Mérida y de la Nueva Granada, cuyo festejo solemniza el día de la Virgen.

La historiografía local de los terratenientes, nos recuerda que para mediados del siglo pasado, aún andaba <<El alma del padre Rosario, ambulante por el Oratorio>> (Abreu Burelli, 151), este mito quizás, era para borrar el genocidio  cometido con los indígenas, y embalar  la vida del Cura patriota en un espanto, y asustar a la nueva población de blancos. 

Lo anterior se fundamenta, en que, José Gregorio un médico filántropo, como parte de su personalidad, era profusamente <<cristiano de fe ejemplar, fue un contemplativo de juicio sereno…tenía un altísimo concepto de la vida, hablaba solo lo indispensable, era piadoso, asceta y místico de inalterable espiritualidad>> (Suarez, 19). También es factible, que antes de seguir viaje, haya entrado al templo de Nuestro Señor San Pablo Apóstol, recinto principal de los católicos. 


La niebla es pertinaz y comienza a abrazar a los grandes sauces del angosto camino, también, el templo. El diseño y distribución del espacio interno del templo construido en 1790, por el  cura Pedro Santa Anna Vásquez de Coronado,  respondía  a la tendencia arquitectónica católica aplicada a las edificaciones religiosas en las colonias americanas. Planta rectangular, semejante al estilo basilical, que se describe en el acta de inventario  de 1882, cuya acta describe: “En el cuerpo de la Yglesia de La Puerta a trece de abril de mil ochocientos ochenta y dos el cura encargado de ella presbítero José Asunción León, asociado del Mayordomo de Fabrica, ciudadano Miguel Aguilar y los testigos, avaluamos Natividad Aponte y José Miguel Bustos se procedió hacer en debida forma el inventario de propiedades de la Yglesia. Primeramente. 1.- Caserón (o Cañón)  de tapias que constituye la Yglesia y a la espalda un cuarto que sirve de sacristía y otro a un costado del presbiterio que sirve para guardar… y al lado derecho el edificio del campanario en dos pisos, todo está cubierto de tejas…” (Libro de Fabrica del templo de San Pablo Apóstol de La Puerta. Archivo Histórico de la Diócesis de Trujillo). El inventario inmobiliario y características del templo indican que era una construcción simple, sin ningún aditamento u ornamento arquitectónico que lo asemejara a un templo formal dentro de los cánones eclesiales tradicionales europeos.

Este templo, guardaba y exhibía en su interior algunos tesoros como son las bellas y antiguas imágenes de sus Santos. El mobiliario inventariado se encontraba en buen estado; igualmente, las reliquias e imágenes existentes: las  “…1.- La imagen de la Virgen de la Paz. 2.- La Virgen Purísima. 3.- La imagen de San Isidro. 4.- El patrono San Pablo… (Ídem). Asimismo, dan cuenta en dicho inventario de la existencia de nueve (9) alhajas o grupo de pequeñas joyas de plata del patrono, valoradas en total por más de 700 bolívares de aquella epoca. (Libro de Fabrica del templo de San Pablo Apóstol de La Puerta. Archivo Histórico de la Diócesis de Trujillo a cargo del padre Ramón Urbina, revisado  y fotografiado por mí el 20 septiembre 2018). 

Desde diciembre de 1888, en que el futuro Santo, llegó montado en su resabiada mula y pasó por nuestro pequeño pueblo histórico, al día de  hoy, han trascurrido 137 años. El hecho que este eminente medico, hombre caritativo, de infinita generosidad, historiador, educador, científico, con sus convicciones religiosas y filosóficas, haya visitado a La Puerta y expresado su consideración, acerca de su historicidad, debe llenar de orgullo a todos los pobladores, lo que se debe manifestar en aprecio, agradecimiento y en el reconocimiento colectivo como ciudadano virtuoso a este médico de los pobres.  

Se ha trazado en estas notas, para el conocimiento de las nuevas generaciones puertenses, un pasaje refrescante del joven médico de los pobres por la aldea indígena de La Puerta, cuya conducta ejemplar resalta en estos tiempos por el hecho de su próxima y efectiva canonización como Santo, por lo que tomando las palabras del universal escritor don Rómulo Gallegos, sobre el fervor y devoción popular que infunde el Dr. José Gregorio Hernández, sin dudas, es el Trujillano <<que nos ennobleció la vida>>. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.  


jueves, 3 de abril de 2025

José Gregorio Hernández y su premonición sobre La Puerta, 1889

 Por Oswaldo Manrique.

<<Siempre es levemente siniestro, volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección>> (Ernesto Sábato. Sobre héroes y tumbas).

Aunque suene paradójico, cabe mencionar si se adecuaba en 1889, y  -con más razón hoy-, aquella caracterización que escribió sobre La Puerta, o es en todo caso, una premonición del Sabio estudioso, médico y filósofo. Esto es meritorio de mención para la descolonización y reconstrucción de nuestra historia local, tanto para la investigación, como para el debate y la reflexión. 

Isnotú, está  asentado sobre una meseta ligeramente inclinada, rodeada de diversos micro valles profusamente sembrados de caña de azúcar, destacando altivamente los trapiches de producir panela.  En la calle principal del pueblo, una casa amplia que antes tuvo techo de palma, paredes de tapia y piso de ladrillos, ha sido remodelada. En la parte que da a la calle, los Hernández, establecieron una pulpería llamada  “La Gran Parada”, luego, separan los medicamentos y crean una botica. Ahora en 1889, el inmueble y sus habitaciones sirven de posada de viajeros. En el centro de la sala grande, la imagen de Nuestra Señora del Rosario, patrona del pueblo, presente y silenciosa en la conversación que se produce entre María Sofía y su hermano José Gregorio, cuando precisamente tomaban café máscao.  

- Hermanita, me siento como "molido a palos", el viaje fue sumamente difícil, de esos que se hacen una sola vez en la vida, sólo para arrieros.

- Pero no seas chuco, contáme. Le dijo la joven, ansiosa por saber las peripecias del viaje.

- Sofía, imagínate pasar por aquellas montañas tras montañas, <<subir cuestas escabrosas y largas>> en la soledad de los páramos, donde solo te encuentras viento helado y frailejones, en medio de los ventisqueros. Su alegre y conversadora hermana, le replicó:

- Carvallo está muy adolorido, considero cómo deben estar tus asentaderas. Pero contáme más. El cuñado José Temístocles Carvallo Hidalgo, su compañero de viajes, esposo de Sofía.  

-  Es como tener a la <<vista una naturaleza muerta, y una luz solar, que parece luz de luna>>, tibiecita pero te totea, aunque vayas muy abrigada. << Mucho maltrato>>.

El Dr. Temístocles Carvallo Hernández, hijo de aquel, según el Dr. Ernesto Vizcarrondo es considerado como: “el biógrafo por excelencia del Dr. José Gregorio Hernández” (su tío), el Dr. Temístocles Carvallo, escribió sobre su tío: <<que era un hombre simpático y de distinguido talante, sabía abordar a la gente, y en postura casi humilde, de ordinario con los brazos cruzados sobre su pecho, escuchaba la historia, escudriñando con mirada viva y penetrante cuanto merecía tenerse en cuenta>>. Esta vez, lo escudriñaba su contenta hermana Sofía.

- Debe ser un viaje impresionante, por lo extenso y lo maneao. Y eso que Carvallo algo conoce de la ruta y pasaron por lo menos accidentado.

- Sí, íngrimos  y solos, lo único que te encuentras es <<frailejón único habitante de aquellos lugares>>; pero siempre pega, <<es aventurarse por caminos peligrosos...es una sensación extraña que se experimenta>>. La hermana, para no perderse la secuencia, lo retorna al comienzo del viaje:

- Pero contáme, cómo les fue en Valera. Sofía tenía 21 años para ese entonces, y su hermanita Josefa, apenas 17 años de edad, ambas muy jóvenes.

- Tú sabes que, mi pensado era ir <<a hospedarme en un pueblecito llamado La Puerta>>, iba a ser <<la primera parada>>. La inquieta Sofía, le insiste:

- ¿Y por qué en La Puerta, si hay solo indios, y es tan lejos y chiquito?

- Lo hablé bastante con tu marido. La Puerta, además de tener la posada para descansar, es un sitio tranquilo, y tiene algo interesante: sus fastos y personajes de los que vale la pena seguir averiguando y conversar.  Rápidamente, la hermana le dice:

- Está bien, tiene su encanto ¿y qué pasó? El médico, interrumpe la conversación:

- Espérate un segundo, ya vengo. Se levantó, tomó las dos tazas vacías, y las llevó a la cocina.

Las 70 casas, unas  familiares y otras colectivas, de piedra y bahareque, con techos rústicos,  que había observado en La Puerta, era el orden urbano indo-andino, aparte de los monumentos religiosos, su plazoleta mezcla de matacho y de comercio, eran expresión de una cultura autentica, de innegable valor histórico, un pueblo único, diferente, como lo calificó el joven médico de los pobres, que pensaría: debería conservarse. 

La formación y método del sabio para analizar la realidad de cada ciudad y cada pueblo, tanto en el ámbito social, económico, cultural y espiritual, es un conocimiento propio de su nivel académico y de su experiencia sistémica y orgánica, lo que es respetable y hasta envidiable, sobre todo cuando se ha alejado del terruño, para vivir en la capital de la República, donde hace su vida; y en contraste, a través de su testimonio epistolar, nos demuestra un inobjetable arraigo a Trujillo. Su capacidad de síntesis para caracterizar a cada uno de estos sitios, es asombrosa.

Sobre Betijoque e Isnotú, al criticar el sistema de creencias y misterios tan arraigados, en aquel ambiente de "rutina y tedio" lo hizo escribir: <<en suma, yo no sabía que estábamos tan atrasados en estos países>> (Carta del 18 de septiembre 1888). 

De Boconó, admirador de su belleza y ciudad natal de su padre,  escribió: el más adecuado para instalarse a ejercer su profesión, <<el lugar en que hay más gente y en el que todas las personas son acomodadas>>, agregando, <<es una ciudad muy bonita. En su topografía de colores cambiantes y su clima bastante amable se parece a Caracas…Un pequeño paraíso terrenal…>>; pero, el 18 de febrero de 1889, le escribió al mismo Santos Aníbal Dominici: «En el gobierno de aquí se me ha marcado como godo y se está discutiendo mi expulsión del Estado, o más bien si me envían preso a Caracas…”.

En relación a Valera, en su carta testimonial del 23 de octubre, al describir a Valera,  tiene un gran movimiento comercial, donde se juega baraja espantosamente, le dice  al mismo destinatario: <<Un hormiguero de unos cuatro mil habitantes dispuestos a lo que sea, y entre ellos muchos italianos garibaldinos, que tienen en sus manos los mejores negocios; la gente fina y decente es poca, pero sabe muy bien ocupar su puesto y hacer respetar su nivel social. Los demás honrados son gente muy pobre que se mantienen criando cerdos o desempeñando oficios menores. Muchos pordioseros, y tipos de mal vivir. Aquí nadie da puntada sin dedal>>; era una ciudad  inhóspita, y de gente sobreviviente, por decir lo menos. Las familias pobres – la gran mayoría que el Santo llama pueblo- depende de la cría de marranos:.(Fuente: “Nuestro tío José Gregorio Hernández”…Ernesto Hernández) (carta) 

La Puerta pueblecito histórico.

Sin embargo, cuando se refiere a La Puerta, no lo categoriza por sus recursos económicos, paisaje, clima, gente, sino por su historicidad, al pueblo antiguo, a la rebelde comunidad Bomboy, la que se mantuvo pura en lo étnico, cultural, lengua y espiritualidad, durante el periodo colonial esclavista por cerca de 300 años,  al llamarlo  un <<pueblito" (que creo histórico)>>, afirmación que para los lectores pudiera ser interesante, y para mí, maravilloso, por ese favor que nos hizo en 1889, al indicar la historicidad de este pueblo o puebla como la llamó Mario Briceño Iragorry (Mariano Picón Salas, llamó a los de este tipo: “pueblechón”), su gran y desconocida fortaleza, oculta hasta nuestros días, esa misma que el relato burelliano y la historiografía regional obvia y silencia, y las mismas autoridades locales y educativas, quienes siguen difundiendo anacronismos y errores, para que no se conozca el hermoso pasado Precolombino desde el 600 A.C, hasta la última década del siglo XIX,

El Dr. Hernández, observador e indagador, pudo fijar en su pensamiento, aquella profunda contradicción entre el sistema de vida de esta comunidad indígena, su existencia y conciencia, y el modelo liberal capitalista que propugnaba el guzmancismo amarillo, vida aquella, que solo podía extinguirse mediante el genocidio y etnocidio, lo que por ese tiempo ya tramaban los gamonales, y que efectivamente ocurrió 2 años mas tarde de esta visita, mediante el montaje del fraudulento Juicio de Partición de  Posesiones del Resguardo (hoy Parroquia La Puerta), culminando con el despojo de tierras y la desaparición de los indígenas Bomboyes en 1891.  

Por eso, me atrevo a reflexionar  sobre esta premonición del filósofo e investigador Dr. Hernández, que encierra una convicción certera, sobre el proceso del pueblo de La Puerta, construyendo su historicidad. ¿El doctor Hernández, enfocó en su visión metodológica con su intuitiva de predestinado, el pasado, ese presente, pero providencialmente, anunciaba el destino de La Puerta?

La Puerta, históricamente, tiene su acervo. No es solamente bellos paisajes y fresco clima. Por pequeño que parezca a sus visitantes, podrá comentar siempre: su primer mérito, su origen ancestral de Valle de nación Timotes, pueblo alfarero cuya obra artística en cerámica está dispersa en museos del mundo, que seguramente, años después, el Dr. José Gregorio Hernández, al estar en Paris, Francia, pudo constatar en el Museo del Hombre; otra de sus virtudes: como espacio de frontera entre el Virreinato de Santa Fe, y la Provincia de Venezuela, siendo El Portachuelo de La Lagunita, el sitio de entrada, consolidando un límite de jurisdicción; fue aquí, cuando se llamaba simplemente Bomboy, donde las aborígenes le obsequiaron chicha en vasija de barro, al conquistador  Rodríguez Suarez, el Caballero de la Capa Roja, en 1558, en un descanso de su marcha exploratoria, que tenía como objetivo acercarse a la laguna de Maracaibo; asimismo, el rol que cumplió como espacio de frontera en el comercio de lo que iba a ser Venezuela con el Nuevo Reyno de Granada; otro merito, no tan laudable, es su formación como Pueblo de Indios Cabecera de Doctrina, cristianado en 1608, como San Pablo de Bomboy, aunque, para 1595, el capitán portugués Tomé Daboín, ya explotaba su “Encomienda Valle de Bomboy”; si seguimos tratando de meritos históricos, fue asiento, como campo de concentración de los irrespetuosamente llamados "restos de la tribu de escuqueyes", de los Xaxoes, Esnujaques,  Xikokes, Vicuyes, Mocotís, Kombokos y Bomboyes; pero, en 1620, de la consolidación de esta diversa comunidad indígena o Puebla como la denominó Mario Briceño Iragorry, salieron de aquí indígenas  que fueron trasladados para la conformación de nuevos  pueblos como San Antón de los Timotes  (Mendoza) y San Pedro de Jajó o la Mesa de San Pedro de Esnujaque;  sigo, fue por las montañas de La Puerta, por donde ingresó Gramont y su jauría de filibusteros en 1678, y fueron enfrentados por las milicias coloniales; debemos agregar, en 1780, cuando declararon su reconocimiento y  adhesión al Inca y Rey de América, Tupac Amaru II; y al año siguiente la solidaridad y participación en la Revolución de los Comuneros en 1781, impulso de Tupac Catarí.  Destaca de igual forma, en los anales de este pueblo, el paso de Bolívar en su Guerra Magna, en los años 1813, 1820  y 1821; es este, un lugar operativo de la historia virtuosa y singular de próceres como el padre Francisco Rosario, y del Dr. Francisco Antonio de La Bastida, protagonistas principales en la lucha independentista, que comenzó en abril de 1810; obra en su historia espiritual, la primera misa y los secretos de la primera y rustica Capilla a San Pablo Apóstol, inspeccionada por el Obispo Martí, y la leyenda del Oratorio de la serrana Virgen de Guadalupe, construida por el padre Rosario y los indios de su Doctrina; igualmente, como escenario de las fratricidas batallas y guerras locales de caudillos, en el siglo XIX; la lucha campesina y ambientalista de la década de los 80, siglo XX, y otros hechos destacados, que se dan posterior a la visita del Médico de los Pobres.

Esos hechos, caracterizan a  La Puerta como un pueblo de carácter histórico, como lo escribió y lo creía realmente  el Dr. Hernández. Lo paradójico, es que nuestras actuales generaciones de puertenses, desconocen estos hechos y sus personajes, limitándose a una historia de anacronismos y medias verdades.  ¡Un Gran Sabio José Gregorio! 

                                                                        *

Al regresar de la cocina, se sienta y retoman la conversación. María Sofía le insiste: 

- José Gregorio seguíme contando ¿y qué pasó? ¿Por qué el retraso? 

- Bueno, que los amigos valeranos, me trataron muy bien. Cuando llegué a Valera para comprar y llevar dulces para comer en el camino, me reconoció Fabián Salinas, que estaba con su inseparable mancuerna Miguel Vetancourt y uno de los Briceño y no me dejaron montar la mula, también se acercó Homero Giacopini.  Estos eran jóvenes de familias principales de la Valera de antaño. María Sofía, le volvió a preguntar:

- ¿Y eso, por qué? 

- En lo conversaito, me convencieron pasar la noche en Valera, y habían organizado una fiesta, me entusiasmaron, fui y bailé hasta el amanecer. Vos sabés, donde hay música…no me les pude negar. Ambos echaron largas carcajadas. 

- Claro, cómo hacerle desprecio, si esa es gente que conocemos. Dijo María Sofía. 

- En resumen, la estadía en Valera y el trasnocho, modificaron mi itinerario, y La Puerta, pasó a ser segunda parada y volandera. Luego a Timotes. 

Esta sería parte de la conversación que seguramente sostuvo el Médico de los Pobres, con su hermana María Sofía Hernández Cisneros, a su regreso del Táchira, y que en semejantes términos condensó en carta dirigida a su amigo Santos Aníbal Dominicci, el 14 de enero de 1889 (Castellanos, 184).

                                                                     *

La observación y enfoque personal del Dr. José Gregorio Hernández, como estudioso y adelantado a su época, en su análisis etnográfico, antropológico, cultural e histórico, a finales del siglo XIX, nos lleva a pensar en La Puerta, en un concepto de comunidad –si no especial-, en un pueblo aislado dentro de una estructura político administrativa diferente a su naturaleza y cosmovisión socio cultural.

La calificación dada, contempla con certeza, entre sus características: su espacio histórico, definido en ese año de su visita (1888), como Resguardo Indígena de La Puerta, con posesiones ancestrales. Su economía colectiva, o alto sentido de comunidad e igualdad, con su particular organización socio política,  sus costumbres, valores, cosmovisión, hablando su lengua antigua Timoto, dedicada al trabajo agrícola, produciendo para el bienestar  colectivo y la familia, destaca la espiritualidad, de sus creencias ancestrales, observó Templo de San Pablo, Oratorio de la Guadalupe y las famosas sillas de piedra del Prócer y Cura Francisco Rosario. Mostraba una cotidianidad totalmente distinta a la versión de la sociedad liberal occidental propuesta por el guzmancismo. Todo eso, le daba un particular perfil étnico-cultural, de un pueblo auténticamente antiguo, un pueblo con evolución de ciclos históricos singulares vividos: precolombino, apartheid, pueblo de concentración y esclavismo, colonialismo y su virtual coexistencia dentro del sistema republicano liberal, que le da la estocada a su existencia en 1891. 

Rescatar este hecho y difundirlo, nos hará detener siempre con reverencia ante la luminosidad y la enseñanza que nos deja ese sublime y hermoso susurro del Beato José Gregorio Hernández, acerca de la historicidad de un pueblito llamado La Puerta.

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta. 

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