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sábado, 27 de junio de 2026

Cheregué: la lucha de José Gregorio Hernández, por la tenencia de la tierra

 Por Oswaldo Manrique (*)


El propósito de esta nota, es abordar una faceta desconocida dentro de la polivalencia de la obra hernandiana. Mucho se ha escrito de las épicas campañas de guerra levantando las banderas por la tenencia de la tierra en Venezuela, todavía andan desatadas por ahí, las huestes del general Rafael Montilla Petaquero, en esa dualidad campesino-soldado, sin embargo, escasas líneas se han dedicado a los amargos, dramáticos y desquiciantes trances en los que se ve envuelto el pequeño propietario de una  finca, hacienda o hato adquirido por su esfuerzo personal y familiar, que tienen que someter su propiedad al vic vac de los Decretos de revisión o desconocimiento de la propiedad de la tierra, dictados por  los Presidentes republicanos de turno. Uno de esos casos, es el de la familia Hernández Cisneros y la Posesión Cheregue, en el estado Trujillo.


Como de costumbre don Benigno, a las cinco de la mañana con un pocillo de café negro en la mano, se preparaba para revisar los estantes, bultos y depósito del negocio, hacía las anotaciones del día, y a eso de las 8, iba al comedor de la posada. En el mesón encontraba arepas chatas, como las hacen las andinas, para poder sumergirlas entre pisca o mojito de huevos, un poco de caraota guisada, yuca, queso rallado o frito y el café con leche. 

Esa mañana, esperaba con cierta ansiedad a Gregorio, su hijo, que despertara, descansaba del largo viaje desde Caracas. El viejo Benigno, caminó nuevamente hasta la pulpería. La amplia casa de fuertes tapias, pintadas de blanco, techada con tejas coloradas, dedicada al comercio, ubicada por el norte, con la segunda calle, y por el sur, con la calle principal de Isnotú, se podía observar los cuidados y funcionales armarios, mostradores y vidrieras, a la orden de los consumidores. 

Al fondo, la otra casa con su correspondiente casa de cocina y caballeriza, todas techadas con palma, con un solar cercado de madera, en terreno propio en el centro urbano de dicha población.  Ya había saludado en el solar a las hijas de Juan Nepomuceno Villasmil, sus vecinas.

Entre telas y comestibles, llegando los primeros clientes, vio entrar a Gregorio y se fue a conversar con él. Le echó la bendición, y escuchó:

-         Pasé por la cocina y ya están montando un sancocho de carne, vi en la mesa bastante verdura, y los plátanos maduros.  Sonriendo, se frotó las manos, en señal de que sería un sabroso almuerzo.

-         El lomo y el queso son traídos de la finca. Respondió don Benigno.

Sin dudas, el almuerzo a la una, anunciaba ser abundante. Con la ensalada de gallina, los plátanos horneados con queso y guarapo de papelón, y para la conversación, un poco de dulce de leche, cabello de ángel o frutas en almíbar, que les gustaba a los Hernández. 

-         Vos sabés que con la baja del precio del café, el abatimiento de la industria de caña y los cobres que hay que soltar por el remate de aguardiente, la actividad de los comerciantes está en crisis. Dijo el viejo Benigno.

-         Papá, hay que buscar otras alternativas. 

-         Gregorio, nos estamos sosteniendo con lo que produce la finca en Cheregüe. Se refería al hato dedicado exclusivamente a la cría de ganado, leche, quesera, con bebederos, corrales, pastizales, estanques, que atendía don Benigno y su hijo César.

-         Me comentaron que se está sacando buen queso y buena leche.   Le expresó Gregorio.

-         Cuando el invierno de La Vichú, no se lleva el puente de tabla y no anega los pastizales, sacamos provecho al ganado y no se molestan los arrendatarios. 

-         En cuanto al cañamelar, este año, el amigo Chuecos, Federico León y el coronel Gabaldón se encargaron del Remate y puedo vender algunas orejonas de sanjonero, mientras construyen el ferrocarril de La Ceiba. Era angustiante la situación de don Benigno. Ya llegó a Sabana de Mendoza, y en poco tiempo llegará a Motatán y tendré que cerrar la posada y la tienda. Asintiendo, el hijo le comenta: 

-         El ferrocarril va a afectar a los comerciantes y posaderos de Escuque, Betijoque y por supuesto, a los de Isnotú. 

                    *

La situación de preocupación y angustia de los Hernández, se agudizó cuando el Pdte. Guzmán, emitió un Decreto por el cual todas las propiedades de tierras privadas, pasaban a estar sometidas a nuevo régimen y revisión de su titularidad, es decir, se desconocía la propiedad. Don Benigno y José Gregorio se enteraron del polémico Decreto que causó fuerte malestar y preocupación entre los propietarios y poseedores que habían adquirido tierras con esfuerzo y ahorros familiares, y más preocupante conociendo la ambición y voracidad personal de este gobernante. Había llegado el momento en que no valían cercas, ni estantillos ni pretiles, todo estaba bajo los designios del jefe del liberalismo amarillo. 

Y cuando al universitario, que había abandonado la idea de ser abogado, dedicado a sus estudios de medicina, lo llamó su padre don Benigno Hernández, preparó un corto equipaje, se embarcó para llegar al Puerto de La Ceiba y enrumbarse hacia su destino: Isnotú, donde lo esperaba su familia. En un descanso de la amplia casa y posada, de la calle principal de Isnotú, se dio una conversación:

-         Gregorio –así lo llamaban su padre y sus hermanos- he adelantado toda la documentación necesaria, por favor, léalos a ver si falta alguno de esos viejos pergaminos.

-         Papá, conociéndote lo ordenado que eres, seguro estoy que no faltan.

-         Pero léelos.  José Gregorio, agarrando el maletín de cuero, le dijo:

-           padre, tranquilízate, voy a tomarme un cafecito de esos tuyos de la Laja y luego me leo los infolios con calma. Era una gran preocupación la de don Benigno, quien afectado por sus años y la precaria salud, quería dejar todo arreglado, sin problemas para sus hijos.

Uno de los temas más antiguos de la humanidad, es el de las luchas por la tenencia de la tierra de labor, confrontación entre los derechos del propietario por mantenerla, con los del gobierno de turno que impone nuevas reglas a la propiedad y a la ocupación. Las distintas revoluciones en Venezuela, del período republicano, han alzado esta bandera. Es dramática y extenuante la defensa de los diferentes intereses, derechos y posiciones, que se debe realizar, por lo que es deber de cada uno cuidar y acatar oportunamente el imperio de las Leyes que persiguen la muy manoseada igualdad, esa ley era Ley de Tierras Baldías del 2 de junio de 1882, y el Decreto del Presidente Guzmán Blanco del 24 de abril de 1884, fue el mecanismo reglamentario de las tierras declaradas  Baldías, exigiendo los requisitos del artículo 9°, que puso en peligro inminente la propiedad familiar de los Hernández Cisneros.   

-         Necesitamos poner al día la documentación de nuestras tierras, debemos presentar los recaudos que exige el artículo 9° del Decreto de Guzmán.

Padre e hijo, sin convocatoria previa, se sentaron en dos sillones ubicados en el salón posterior del establecimiento “La Gran Parada”, en la calle principal de Isnotú.

-         Ni modo, estoy de acuerdo con usted, debemos hacer ese trámite y cumplir lo que impuso el gobierno, llevemos esa documentación.

Ante el desconocimiento oficial de los títulos que acreditaban a los propietarios, tuvo que hacerse cargo de vencer ese desconocimiento y obtener el que le reconocieran los derechos de su padre como propietario, bajo las nuevas reglas y nuevos procedimientos del gobierno de turno.

Don Benigno, conocedor de las banderías de los liberales amarillos, agregó:

-         Los de las revueltas y revoluciones, con el cuento de “tierra para todos”, se las ingenian para bimbolear a los tontos.  La propiedad de la tierra en Venezuela, jamás será imperturbable para los nuevos gobiernos, sino fuente de “jugosos” efectos. Vos sabés. Tras una detallada revisión, Gregorio le resume a don Benigno:

-         Papá, aquí tiene el documento donde le compran al Dr. Cegarra, están los testimoniales de la ocupación, el plano de la medición, la revisión del terreno hecha por el delegado en Trujillo, y este otro que es fundamental. Se lo enseña y el padre le dice:

-         Ah sí, en el que Cegarra paga la propiedad con bonos de deuda por haberes militares por servicios en la guerra de independencia, conferidos a su padre el coronel Miguel Vicente Cegarra. Se refiere a la transferencia del dominio y propiedad de esas tierras, por Títulos de Deuda por Recompensas Militares por servicios a la Patria del coronel Cegarra, padre del Dr. Gregorio Cegarra.

-         Exactamente, el que me dijiste que leyó mamá, con mucho interés cuando compraron esas tierras. Doña Josefa Antonia Cisneros, madre de Gregorio, era una próspera comerciante, a su muerte en 1872, fue llorada por sus familiares, amigos, relacionados, sus protegidos y además, por sus medianeros. Lo que se escuchó en coplas.  

El Decreto sobre Tierras Baldías del 30 de junio de 1865.

El  Decreto es dictado durante el gobierno del mariscal Falcón, jefe de la revolución federal y zamorana. Abarcaba las Tierras Baldías, reglamentado por el Ministerio de Fomento, pero impuso la obligación a todos los propietarios de tierras, someterse a nuevas normas, requisitos y pasos administrativos, para reconocerles la  propiedad, específicamente señalados en su artículo 9° para la ocupación, solicitud, medición y adjudicación de terrenos baldíos en las distintas regiones de la República.

Este marco jurídico fue emitido en concordancia con la Ley de Crédito Público del 16 de junio de 1865. Su objetivo fue definir administrativamente los terrenos baldíos y facilitar la adjudicación de estas tierras a los militares como pago de recompensas por servicios a la Patria, promoviendo al mismo tiempo el fomento de la agricultura. Representaba al estado Trujillo como diputado el Dr. Cegarra en el Primer Congreso Federal, quien adquiere Cheregué dos años más tarde, pagando con bonos de la deuda pública por los haberes militares de su padre el prócer independentista coronel Miguel Cegarra. En 1865, el general Carvallo, amigo y paisano de Benigno Hernández, luego pariente afín, asume la presidencia del Gran Estado Los Andes. En 1867 es derrocado. Para este año, en que el Dr. Cegarra le hace la venta a los Hernández Cisneros, está residenciado en Caracas y es diputado.

Algo importante de este Decreto, es que declaró las tierras y minas, propiedad de la Entidad Federal en cuya jurisdicción se encuentra, pero habrá de regirse por un sistema uniforme establecido por los Poderes Nacionales.

El artículo 9° del Decreto del Presidente Guzmán Blanco.

Destacamos este aspecto no menos sugestivo de la actividad particular de José Gregorio Hernández Cisneros, que por obligación le tocó asumir en beneficio de su familia: la lucha y defensa por la tenencia de la tierra en un tiempo relativamente breve, de conflictividad no armada, pero de mucho esfuerzo, cursando su carrera universitaria, y en medio de una época en verdad convulsa: el liberalismo amarillo o guzmancismo.

Cuáles eran los requisitos del artículo 9° del Decreto del Presidente Guzmán Blanco del 24 de abril de 1884, reglamentario de la Ley de Tierras Baldías del 2 de junio de 1882. El general Joaquín Crespo se encarga de la Presidencia de la República el 27 de abril de 1884, es decir, 3 días después de ser dictado ese Decreto.

La gestión comprendía desde introducir cuidadosamente la solicitud ante el Ministerio de Fomento, hasta lograr efectivamente el objetivo de que por vía Presidencial, se le ratificara la propiedad que habían comprado sus padres en 1867, y se les adjudicara definitivamente la posesión Cheregue, en virtud de la citada Ley. Era una misión tan delicada, como el rango y nivel institucional donde tenía que realizarla, en la cual a pesar de tener toda la documentación en regla, era necesario contar con amigos.

Le correspondió  gestionar y hacer diligencias adecuadas y necesarias para lograr del gobierno nacional, un negocio fundamental para la familia Hernández Cisneros. José Gregorio, presentó la documentación en la Dirección de Riqueza Patrimonial, Ministerio de Fomento, a cargo de Jacinto Regino  Pachano, que es quien va a emitir la resolución que da la titularidad de la propiedad a don Benigno, sobre la tierra y las casas y mejoras agropecuarias de Cheregüe.

Era necesario, que algún integrante de la familia Hernández Cisneros, asumiera la personería y representación de ella, ante la imposibilidad de don Benigno, por su edad y achaques de salud, para defender esa propiedad que estaba amenazada o en peligro inminente por efecto de dicha Ley de Tierras, y no había tiempo para pensarlo sino para actuar.

En el largo viaje por mar a Caracas,  recordaba aquella conversación con su padre,  relacionada con la posesión Cheregué, cuando lo visitó con un grupo de estudiantes de la Universidad Central.   

-         Cuénteme papá, ¿cómo le fue con lo de Cheregué y la nueva aldea? El orgulloso padre, le respondió:

-         Sí, pues son tierras que tienen su valor, <<ese pueblo fue construido en los tiempos coloniales, al pie de la pequeña serranía de Las Bateas>>, aunque <<se despobló lentamente, a causa de lo cálido de la temperatura y la insalubridad viniéndose sus pobladores al de Sabana Grande>> (Briceño Valero, 99).  

Se habia creado en honor al Padre de la Patria, la “Aldea Bolívar” en el caserío Sabana Grande, en la que se incluiría bajo su jurisdicción la amplia posesión “Cheregué”, propiedad de don Benigno Hernández, padre de José Gregorio Hernández. En documento judicial fechado el 19 de octubre de 1874, Don Benigno, luego de la muerte de su esposa da cuenta de los bienes a repartir, entre sus hijos y él, entre ellos: <<una posesión de tierras en Cheregüé valorada en 200 venezolanos>> (Pbro. José Magdaleno Alvarez. 2021. En: el guardiancatólico.blogspot.com). A  José Gregorio y a sus hermanos, les correspondió su cuota parte de propiedad en esta heredad.

Por supuesto, que José Gregorio reiría recordando cuando llevó a sus amigos universitarios, a recorrer a caballo la “Aldea Bolívar” y las tierras de Cheregué y refrescarse en el río, donde según la memoria oral, se habría encontrado una imagen del Santo Negro.

Cuando descendió del barco en La Guaira, seguramente había planificado conversar previa a la presentación de la documentación, con el Dr. Dominici.  Lo cierto es que la consignó personalmente, la explicó, demostró la legalidad de los títulos, el tracto de la propiedad, ante el Ministerio de Fomento. Su gestión fue positiva, que en medio de su absorbente actividad académica, no queda duda, que pudo haber sido un gran Letrado.

José Gregorio introdujo la solicitud del título de adjudicación de tierra, que a pesar que era propiedad de su familia, por haberla comprado en 1867, tuvo que demostrar nuevamente que les pertenecía y ocupaban, siendo el Presidente Guzmán Blanco, quien curiosamente partió a Europa el 11 de agosto de 1887, y la adjudicación de la posesión Cheregue a Benigno Hernández, fue dada el 21 de noviembre de 1887, es decir, 3 meses después, siendo Presidente interino el general Hermógenes López.

Es pertinente señalar que un gran amigo del joven José Gregorio Hernández, el doctor Aníbal Dominici, quien fue en el gobierno del Presidente de la República general Antonio Guzmán Blanco, el primer Ministro de Educación de Venezuela, abogado, periodista y destacado funcionario venezolano, de cuyo hijo se hizo gran amigo el doctor José Gregorio Hernández, y será médico notable en Venezuela, era de ideas conservadoras, estuvo exiliado durante la Guerra Federal, no obstante, fue atraído por el discurso y la personalidad del General Guzmán, y lo seguirá en su campaña y lo acompañará en el Congreso Federal y luego en el cargo de Fiscal General de Hacienda, ocupando prontamente cargos relacionados con la economía del país como el de Administrador de Aduana de Puerto Cabello, Contador de la Junta de Crédito Público y asumirá una de las posiciones de gobierno de mayor nivel y responsabilidad el de Ministro de Fomento en 1880.  En 1887, cuando se le presenta a los Hernández Cisneros, el problema con una de sus posesiones, el joven José Gregorio, muy amigo de Santos, el hijo del doctor Aníbal Dominici, siendo asiduo visitante en la residencia de quien para ese tiempo fungía como Rector de la Universidad Central, donde José Gregorio cursaba estudios de medicina, y a la par de eso, Dominici era un hombre admirado y respetado por la gente del gobierno. Un hombre de esta envergadura indudablemente gozaba de mucha influencia en el plano político y de gobierno y seguramente, es la persona que ayuda ante el Ministro de Fomento, Pachano, para que lograra el reconocimiento de los derechos de propiedad de Don Benito Hernández, sobre el predio o la posesión de Cheregué. Considerado don Benigno Hernández como desafecto a la ideología liberal, había que poner las barbas en remojo, y blindarse y buscar el apoyo en gente amiga, para no perder la tierra.

El texto del histórico documento es el siguiente:

<<Estados Unidos de Venezuela Ministro de Fomento General Jacinto Regino Pachano... Considerada en Gavinete la Solicitud del ciudadano José Gregorio Hernández en representación de su legítimo padre, ciudadano Benigno Hernández, en la cual prueva que posee el terreno denominado Cheregüe situado en el Distrito Betijoque, Sección Trujillo del Estado Los Andes, por compra hecha al Gobierno, conforme al Decreto de 30 de junio de 1865, y que tiene en él establecimiento considerable de cría con bebederos, estanques, casas, corrales, y llenos como han sido por el Solicitante, los requisitos del artículo 9° del Decreto de 24 de abril de 1884, reglamentario de la Ley de tierras baldías del 2 de junio de 1882, el Presidente de la República con el voto afirmativo del Consejo Federal ha resuelto dar por buena la venta que hizo el Gobierno de la República en 1867, y que se expida al ciudadano Benigno Hernández el correspondiente título de adjudicación... y aprobada del Consejo Federal, declaro: que otorgo título de propiedad al ciudadano Benigno Hernández...de una lengua y ochenta y cuatro centésimas de tierras de cría, situadas en el predicho Distrito, las cuales están comprendidas dentro de los linderos siguientes: desde el punto en que el camino de Gibraltar corta la quebrada Vichú, tomando por dicho camino al norte y al noroeste hasta que atraviesa el río Caus, de este punto midiendo seis mil varas, medida antigua, por la ribera del expresado río y del punto donde termina aquella medida se tira una línea recta al puente que se halla sobre el Sequión, y por dónde pasa el camino real del Puerto de La Ceiba, de aquí tomando por dicho camino al sureste hasta el paso del Tigre, punto en que la quebrada Vichú se desparrama y forma anegadizos en tiempos de lluvia... y, las cuales tierras, conocidas con el nombre de Cheregüe son las mismas que el Gobierno Nacional vendió al Licenciado Gregorio Cegarra, según título expedido por el ciudadano Rafael Arvelo Ministro de Fomento de la República el 27 de marzo de 1867... Por el precio de 1800 pesos o sean 7200 bolívares... Caracas 21 de noviembre de 1887. Año 24 de la Ley y 29 de la Federación = J.R. Pachano>> (Documento de desprendimiento de la Nación. Caracas 21 de noviembre 1887. Protocolizado el 28 de enero 1888, en el Registro Subalterno del Distrito Betijoque). Una vara equivale a 835 milimetros y 9 decimas (0,835 mts).

Notas:

1.- Lic. Gregorio Antonio Cegarra es hijo mayor del prócer trujillano coronel Miguel Vicente Cegarra, se graduó de licenciado en derecho civil.  En 1854, Gregorio Cegarra, es gobernador de Trujillo. En 1864, siendo un destacado líder liberal, y diputado por Trujillo, impugnó el leonino empréstito de 1 millón quinientos mil libras, celebrado por Guzmán Blanco en Londres con Thomas Macdonald de la Compañía de Crédito de Hacienda, garantizando con los ingresos de las Aduanas de La Guaira, Maracaibo y Bolivar. Esta diferencia política y ética con Guzman, era parte del riesgo que corrian los Hernández. Luego, es nombrado magistrado de la Corte Suprema de la República. 

2.- Conforme a este documento histórico, el contenido de la solicitud y la respuesta presidencial, se trataba de decidir si procedía o no de acuerdo a la Ley de Tierras Baldías del 2 de junio de 1882, y el Decreto del 24 de abril de 1884, reglamentario de dicha Ley, el reconocimiento y adjudicación de la propiedad sobre el fundo Cheregue, cuya posesión y ocupación ostentan desde 1865, en que además de arriendos y medianerías (ver nuestro artículo Cuando a Don Benigno y José Gregorio Hernández se les amargó el café. Diario de los Andes), directa y en forma pública, pacífica y notoria explotaban allí un fundo ganadero.

3.- Cheregué, con una población actual de 2.380 habitantes (IESS. ULA. Proyección de Población), ubicada en plena Carretera Panamericana, cercana al Puerto de La Ceiba y al Lago de Maracaibo, forma parte del Municipio Bolívar del estado Trujillo, es famosa por haber sido refugio de africanos residentes en Gibraltar, perseguidos por piratas esclavistas europeos y por conservar sus tradiciones religiosas, toda vez, que según la memoria oral, fue allí, en el río Cheregue, donde se encontró la primera imagen de San Benito de Palermo, de estos lugares; lo que supo a temprana edad Santo José Gregorio, derivando una mágica conexión espiritual, que se debe investigar.

El desempeño que puso el futuro Santo, tuvo una respuesta.

Se induce que el joven José Gregorio, vino a Trujillo a recopilar, revisar y llevarse la documentación requerida para tan delicada encomienda. Posiblemente, José Gregorio, en 1887, pasó navidad con su padre, al llevarle personalmente -no podía delegar en otra persona esa delicada responsabilidad-, el documento original del gobierno que le reconocía y le adjudicaba a éste, la propiedad de la posesión Cheregüe.

Benigno protocoliza este documento el día 28 de enero de 1888, en la Oficina de Registro Subalterno de Betijoque, siendo Registrador el señor Jesús Alarza.

José Gregorio Hernández, el joven estudiante de medicina, logró el reconocimiento del derecho de su padre, que comprendía también el derecho de él y el de sus hermanos, a ser propietarios de esa grande finca denominada Cheregué, en el estado Trujillo.

El mundo universitario, le había servido, en un período político histórico complejo, en el que estuvo politizada la opinión y las pasiones, movida la inquietud cívica con cierto tinte político ideológico, que de alguna manera había atraído su atención, sin descuidar las aulas de la Universidad Central, de la que fue devoto, que nos debe orientar e inducir a reflexiones históricas mucho más interesantes y profundas. Al echar un vistazo a la cronología de vida del hoy Santo católico trujillano, se observa que en su adolescencia quiso ser abogado, en aquellos tiempos betijoqueños, de contingencias marcadas por el vic vac político del caudillismo, incluyendo la actividad política de su padre, sus relaciones y asuntos legales, comerciales, así como, administrativas en el manejo de su patrimonio y herencia de sus hermanos, que lo presentan como un hombre proclive a atenderlo y lo destacaría como cumplidor de sus deberes, un hombre de leyes. Sin embargo, José Gregorio Hernández, rompió radicalmente con aquella vieja idea y aspiración personal, y consigue ser un personaje importante y destacado, y en su lugar, optó por ser un hombre útil, en el marco de la idea bolivariana. Ciertamente, fue útil José Gregorio, a través de toda su obra y sus acciones de vida, de ahí su importancia y su grandeza en armonía con el certero y profundo pensamiento de Bolívar.

Sin duda, fue un logro por su esfuerzo personal de quien era un alma en ascenso hacia los predios santos, pero un logro de carácter jurídico, lo que no es impedimento para aquellos hombres y mujeres de fe, que se encuentran en situaciones parecidas, puedan invocar el favor. 

Debo expresar mi reconocimiento al Dr. Abraham Palomares, por su aporte instrumental para la elaboración de esta crónica. Quizás con otras investigaciones accesorias se pueda obtener más información sobre este asunto, por lo pronto, damos a conocer este documento.

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.


sábado, 8 de febrero de 2025

Crónica de difuntos: violencia política y pillaje en La Puerta, 1887


Por Oswaldo Manrique (*)

Alguno ha escrito, que, de la pléyade de difuntos, está hecha la historia. Suena cruel, pero es así. Se puede pensar que estoy tocando las tumbas de los “Ponchos”,  olvidados por la historiografía moderna, aquella que insiste en que la historia de La Puerta comienza en 1900; sin embargo, se debe reconocer aquellas  almas godas que se atrevieron a reclamar derechos y justicia, y se enfrentaron a los gobernantes liberales, para frenar  su plan de la muerte.


Una Crónica de Difuntos:

En la casa municipal de La Puerta, van llegando más detenidos. Corría el año 1887, de mucha agitación política. En el recibimiento que se le hizo al Dr. Pedro Arnal, presidente del Gran Estado Los Andes, del que Trujillo formaba parte como Sección, <<hubo un choque entre los bandos políticos de la localidad y resultaron muertos y heridos>>, el Presidente de la República, Guzmán Blanco, envió al general Aristiguieta, como Delegado “apaga fuego”, quien fue recibido por los “Ponchos” araujeros colaboradores (La Riva, 107), y estos se apoderaron de la situación. En las elecciones de abril, ganan los liberales, y asume el Dr. José Emigdio González, ex conservador y ahora gobernante liberal, arbitrario y sectario.

 Durante las noches los indígenas no podían conciliar el sueño, no solo por el intenso frio, sino por los actos de tortura que recibían los capturados: los araujeros. Lo que temían los detenidos, era la posibilidad de salir en parihuela. No era ningún convento de aislamiento donde estaban, era la fría celda de La Puerta, pueblo aislado de la serranía de La Culata, en el estado Trujillo.

El centro del pueblo de indios Bomboyes,  llamado La Puerta, está cruzado por  pequeñas quebradas, transitaban su Cacique y principales, los mohanes, los agricultores, artesanos, comerciantes vestidos con sus mantas de lana y sombrerillos,  las mujeres con sus samalayetas cubiertas hasta las rodillas, cabellera en trenzas y sombrero de paja paramera para protegerse del sol; exponen sus productos: lanas, tejidos, alfombras labradas con detalles, ponchos, sombreros, olletas  y utensilios de barro, tabaco, gustosos quesos, ovejos, víveres, trigo, azúcar prieta,  grano y menestras, papas, verduras y otras vituallas producidas en sus tierras del Resguardo Indígena. Durante el periodo guzmancista, de inclinación liberal, consideraba a los indígenas como ciudadanos, con iguales derechos a los no indígenas; sin embargo, su forma de vida y organización social comunitaria en posesiones que comprendían una legua a los cuatro vientos,  y además, verlos felices trabajando y entendiéndose en su lengua aborigen, eran considerados como reminiscencias negativas del pasado colonial, que frenaban el avance y progreso económico de la región. Eran motivos para que fueran agredidos y acosados por los hacendados y gamonales de los pueblos vecinos, que los despojarían de sus tierras y de su existencia.  Esto impedía el desarrollo económico y cultural, a que tenían derecho los primeros pobladores, dentro del espejismo del modelo igualitario republicano.

Aparte de estas arremetidas contra la comunidad Bomboy, para este tiempo, le fueron ocupando tierras y siendo lo más cercano a Timotes, sede de los poderes del Gran Estado Los Andes.  No estando La Puerta bajo el control absoluto de los Araujo, los liberales lo asumieron como parte de su espacio político, de violencia, despojo y de correrías militares.


Un atentado político de los liberales contra los araujeros.


Los liberales se fueron acercando al lugar de los acontecimientos. El “Maese” Felipe, liberal de naturaleza y convicción, apoyaba al jefe civil, en su plan de reivindicar a los liberales de tantas décadas de gobierno araujero. No eran flores y villancicos lo que recibieron de los “Ponchos”.

-      Que le parece, ahora me abrieron un juicio criminal porque estoy haciendo justicia y he metido en cintura a varios araujeros. Usted los conoce, saben cómo actúan. Felipe Uzcátegui, que lleva rato viendo que Natividad camina de un lado a otro preocupado, le replicó:

-      Pues claro, mándelos “pal pote”, tuvo que tomar medidas muy severas, si no somos capaces de enfrentar a estas culebras, no tenemos derecho a llamarnos liberales. Fue una conversación corta en el pórtico de la Casa de la Jefatura Municipal, estaban esperando a los de la Junta de Fomento quienes iban a inspeccionar la obra del camino del Portachuelo-La Mocotí, decretada por el Gobierno Federal.

-      Lo único que ordené fue, la captura de los araujeros, de la forma que fuera, porque siguen alzados y siguen matando nuestra gente. Eso sí,  si se resistían a la captura, que le “echaran plomo”.  Le justificaba este personero, recién designado por  los cinco miembros del Concejo Municipal del Distrito Valera, quienes nombraban a los Jefes Civiles de las parroquias foráneas (Ley Orgánica del Poder Municipal, 1882, s/n). El “Maese”, sin cuestionarlo, pero claro del momento político, le rebatió:


-      Pues, si el gobierno liberal no resuelve, seguiremos ensartaos por los “ponchos colorados”.


Si bien las confrontaciones y sucesos de la guerra política y armada, tuvieron como escenario Timotes como capital del Gran Estado y centro del poder político, fue en la geografía de La Puerta, en sitios como la Mocotí, las Delicias, San Felipe, Los Cerrillos, no es menos cierto que el 10 de junio 1887, se produjo en la misma área urbana del Resguardo Indígena de La Puerta, una trifulca de armas, que “desencadenó los demonios” en el Estado.

    

En 1887, hubo mucho desplazamiento de personas, debido a que estaba en pleno desarrollo la construcción del nuevo camino de Valera a Mérida, por el sector La Mocotí, que conduce a Timotes, la capital y el centro del poder político del Gran Estado Los Andes. Junto con los directivos de la Junta de Fomento,  estaban los ingenieros, agrimensores, capataces,  peones.  Varios indígenas de La Puerta, se les veía en la madrugada caminar en fila, con su machete o pico sobre el hombro, o llevando sus yuntas de bueyes, desde El Pozo, por el camino real de Quebrada Seca, hasta el lugar de la obra. Existía un marcado ascenso en la producción y en el precio internacional del café, uno de los rubros agrícolas del Valle de Bomboy. Todo esto coincidía, con el plan que se venía desarrollando para arrebatarles las tierras a los analfabetas indígenas.


- ¡Qué de cosas nos tocará ver Coronel!  Se maulearon! Le expresó el jefe civil al coronel Felipe Uzcátegui, el “Maese” liberal de la Mocotí, casado con doña Mercedes Cols Arvelo.


- Paciencia y barajar Natividad; la suerte está echada. Le dejó estas palabras alentadoras, como para que no sufriera más rubor de temor por las acusaciones, pues sentía su causa liberal, con realidad impaciente.


-      Guabinas  y truchas disque “guzmanistas”. ¡Colaboracionistas impostores son lo que son, unos oportunistas! Me denunciaron como criminal, asegún,  por los muchos crímenes que he cometido, pero no dicen quiénes fueron las víctimas. Si casi convierten en difunto a Miguelón González, que es compañerito nuestro y de la “Gonzalera”. Dijo la molesta autoridad civil. El coronel le seguía dando ánimos positivos:


-      Pero si hasta los indios de La Puerta saben que esos  difuntos los causó la refriega de parte y parte, pero no ayudan.


-      Coronel Felipe, le voy a decir, como dijo una vez mi amigo Federico Vetancourt,  usted lo conoce, "ahora no nos queda otra que entretener a los godos y matarlos en las pasadas, prefiero que me salga lana antes que rendirme" (“El Trujillano”. 15- 3 -1880). Uzcátegui, al escuchar eso, siendo un liberal moderado, le respondió:


-      Compañerito, la revolución liberal no se perderá si no tiroteamos a los godos. Aunque estén alzados, como colaboradores del Presidente Guzmán.


-       ¿Cómo aseguran que juí yo? Esos son los kari-kari, ni lavan ni prestan la batea.  ¡Que presenten pruebas, a mí no me van a jorobar con eso de "según se dice", no me jodás! Parece la mismita forma de evadir su responsabilidad.


-      Llegaron los de la Junta de Fomento. Dijo el Coronel. 


La crueldad militar de las enviciadas montoneras andinas.


Fueron muchos  los campesinos de la serranía de La Puerta y de otros pueblos, que  marcharon como prisioneros a la cárcel de Valera y de Trujillo. Igualmente, se recordaba los que fueron objeto de una implacable persecución, bastaba que fueran parientes, amigos o correligionarios de los Araujo. 

también ocurrieron otros hechos deplorables, el 25 en Betijoque asesinaron a una niña de 12 años de edad, hija del perseguido político Salvador Guerrero, y el 26 en La Quebrada, se da  una riña entre los Brillenburg y los Pizani, con muerto de ambos lados. En julio de 1887 en la Vichú, Federico Antúnez fue asesinado en su casa por pertenecer al círculo araujista de Betijoque. En la misma ciudad, <<Felipe Matos muerto por la salvaje golpiza que le propinaron agentes de policía en complicidad con el Jefe del Distrito>>. Además, hubo persecuciones políticas contra los políticos y dirigentes sociales Pablo Antonio Salas, Nicomedes Antúnez, Félix Berroterán y Víctor Viloria, Ignacio Castellanos y otros araujistas. En <<Santa Ana, el coronel Benjamín Villegas trató de asesinar a Alfredo Vale. y más tarde, junto a Alejandro Urbina, Jesús María Blanco y Juan León Canelones, trataron de matar al araujista Juan Bautista Rojas a quien le dispararon a quemarropa>> (Colmenter, 90-91). La violencia y el derramamiento de sangre, se ubica en la zona de los “Ponchos”.

*

Muchos los efectivos militares del gobierno. Todos bien armados, intentando mantener el orden en aquel solitario pueblo indígena. El temible y aguerrido Natividad  jefe civil de la comarca, integrante de las fuerzas liberales guzmancistas (no era el cacique del Resguardo Indígena), había ordenado la persecución de los “Ponchos” araujeros.

Desde que hirieron a uno de sus amigos y copartidario, se envalentonó  y mantenía lleno “el pote” de la Jefatura Municipal, con los sospechosos o involucrados en la trifulca del 10 de  junio de 1887.  En el mes de junio, de 1887, ocurrieron varios sucesos, que perturbaron la tranquilidad pública.  El historiador trujillano, Felipe Colmenter, reseñó en su tesis universitaria, este hecho de armas, de la siguiente manera: <<El semanario “El Trujillano”, N° 504, de junio de 1887, tituló el suceso político asi: <<El 10 en la parroquia La Puerta hubo varios muertos a causa de una riña colectiva>> (En: Felipe Colmenter.  Economía y Política en Trujillo durante el Gusmancismo 1870-1887. Páginas 90 y 91. Impresos Urbina. Caracas.1983).   

Pero días después, se le presentó gente armada de Jajó y La Mesa de Esnujaque, se concentraron en la plaza real, y recorrieron el pueblo, como para exhibir la dignidad del partido  conservador. Pero mucho más temor lo abrumó, cuando bajaron los montoneros de la Cordillera de La Puerta.

Podemos afirmar que en ese tiempo, la principal  tropa de La Cordillera, la comandó el legendario coronel Sandalio Ruz, quien tenía una respetable organización de parentelas, con campesinos, indios, parceleros y arrendatarios, que se convertían con un solo llamado, en hoscas montoneras macheteras, cuya participación era necesaria para cualquier movimiento en el vic vac de toda la Sierra de La Culata, entre Trujillo y Mérida. Sus hermanos coroneles Eulalio, Francisco Javier y Ricardo Ruz, lo acompañaron en la mayoría de sus campañas. Al coronel Sandalio, lo llamaban el “Justiciero”, a raíz, de que hizo su propia revolución contra los liberales, saqueó y quemó la casa y hacienda de los González, en El Burrero, como ajuste de lo que le habían hecho con sus bienes de “Los Aposentos”; para esa jornada se llevó a los “Zarcilleros”, unos montoneros gitanos de pelo largo y aretes, que se movían a caballo en los pueblos del sur del Lago de Maracaibo y las islas del Caribe; se desconoce si eran mercenarios. La memoria familiar recuerda que, no era Araujero, pero coincidía con las ideas de defensa de la propiedad privada y de la autonomía de Trujillo; con los Baptista tuvo mayor afinidad y acercamiento y los siguió años después, en campaña y varias de sus acciones militares. Se convirtió en una especie de páter familiae, juez y caudillo en la Cordillera, tan respetado que todo se lo consultaban y sometían a su consideración, hasta los enlaces y compromisos matrimoniales entre su gente. Su lugarteniente fue Mitrídates Volcanes, el de La Maraquita, secundado por el “Mocho” Fidel Rivas.

La otra tropa, era la del  “Jurungo” Giuseppe Burelli, quien para este tiempo ya se hacía entender con los de la Cordillera, y tenía su pequeño grupo de parientes, parceleros, arrendatarios, medianeros y amigos, entre los que se recuerda a Cesáreo Parra, el “Roble” Pabón, los Paredes, con los cuales constituyó una incipiente montonera, para defender las posesiones de su esposa doña Petra Cantalicia García, terrateniente y dueña de posesiones como “El Contrafuego” en Valera, otra en las “Vegas de Motatán”, y las de “El Censo”, “Media Loma”, “San Martín” y “Quebrada Seca” en jurisdicción de La Puerta, la coincidencia en cuanto a la defensa de los bienes, además del carácter inquieto, aventurero, conspirador, jugador del “Jurungo”, lo llevó a sumarse a las huestes conservadoras, que jefatura el general Araujo y luego los Baptista.

Ese día, las sementeras de papa, arvejas, trigo, caña dulce, asi como los pocos hatos de ganado, fueron desasistidos, para sumarse a tan peculiar reyerta política.  Venidos de los prósperos caseríos de los páramos de La Puerta, Kukuruy (después Carorita) y de Pan de Azúcar, llegaron los montoneros de “la Cordillera”. Por el camino real que va de Los Aposentos, la Mocotí, Portachuelo, bajaron de todos los caseríos hasta La Puerta, inclusive gente del Rincón, San Felipe y Los Cerrillos.

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En esta ocasión, tanto el Cura León, como el Mayordomo de la Iglesia, fueron llamados para los actos fúnebres de los caídos en la riña política. Estuvieron pendiente esos días, de abrir el viejo templo, aquella edificación añeja construida por los indios bajo la dirección del padre Pedro Santa Anna Vásquez de Coronado en 1790, cuyas tapias laterales no se rendían, a pesar que las lechadas de cal no le rendían; los pilares de madera paramera y las tejas rojas hechas por los nativos  de Kukuruy (Carorita) lo mantenían, para cumplir con los eventos religiosos.

-      Como que les están cobrando las que debían y las que no, también.  Fue lo que le dijo el padre José Asunción León al mayordomo de la iglesia. Se encontraban –como rareza-, sentados en uno de los escaños, cerca del armonium.

-      No Padre, lo pasado pisado, eso quedó en el pasado. Son araujeros, también son colaboradores en la pacificación de la región, Ño Fuan, ha sido llamado por el general Guzmán a Caracas. Le respondió Miguel Aguilar, el mayordomo de la iglesia. El cura no estaba muy enterado de las razones de tanto muerto, porque vivía en Mendoza y venía dar misa una vez por mes, no lo querían los indígenas.

-      ¿y por qué tanto muerto, Miguel?

-      Asegún me comentó el amigo José Miguel Bustos, que ha estado aquí, la mortandad de araujeros de esa refriega, se debe a que las lagartijas, tomaron definitivamente el toro por los cachos. En efecto, el legendario general Juan Bautista Araujo, se encontraba en Caracas.

-      ¿No serán lavas de Ño Fuan? Dijo el cura, mientras se levantaba a apagar la vela que recién había encendido a San Pablo Apóstol.

El comentario del cura, vino por lo de la muerte reciente de Filadelfo Araujo, <<hijo del General Juan Bautista Araujo a causa de una herida que le ocasionó Carlos Briceño Vázquez, hecho ocurrido en Trujillo el 4 de diciembre de 1886>> (Colmenter, 90).  Gabaldon.

Al retomar la conversación, el padre León, se volvió a sentar, y Aguilar le comentó:

-      Dicen que fue que al jefe civil “se le fueron las tapas”, porque ordenó que le echaran plomo “por parejo” a los godos.

-      Es lamentable, es buena persona, pero se apasiona. Dijo el cura.

-      Eran vecinos en su mayoría, gente valiosa, agricultores, su único delito es ser “ponchos”, que es como decir, seguidores del “León de la Cordillera”.

-      Si y ardidos también, por haber sido derrotados por los lagartijas. Le expresó el sacerdote. 

El 18 de junio,  los apacibles moradores que no pasaban de 230 aborígenes y vivían en menos de 70 casas dentro del perímetro del Resguardo, presenciaron una discusión entre partidarios de los conservadores “Ponchos” y los “Lagartijos” del partido de gobierno liberal, que se transformó en una pelea con armas, denominada por las autoridades y la historiografía como “riña colectiva”.  En el mismo Semanario “El Trujillano”, se reseña este deleznable suceso,  <<El 18 se denunció al Jefe Civil de La Puerta por proclamar el crimen como necesidad, perseguir padres de familias ordenando incluso que los maten donde los encuentren, por heridas de bala causadas a Miguel González, por ordenar matar a todo aquel que se haga llamar Araujista>>, (Colmenter, 90). Sin duda, es uno de los más severos y graves transgresiones en la sociedad, la propia barbarie, el jefe civil se arrogaba ser la justicia y la ley, se limpiaba el rastro con el ejemplar de la Ley Penal y el de la Constitución, que tenía en el escritorio. El poder y la ley lo imponía solo él y el revólver que llevaba ajustado al cinturón. 

 

-      Aguilar, fíjese que Mendoza, por estar más cerca de Valera,  ya se están preparando para la de guerra <<por parte de las autoridades liberales, causando zozobra y alarma a los ciudadanos  a quienes imponen empréstitos y bagajes forzosos>> Mendoza, por tradición es zona goda. (Colmenter, 91).  Le comentó el Presbítero merideño.

-      Padre, Ño Fuan ha pedido garantías. Agregó el mayordomo.

Aguilar quien vivía también  en Mendoza, era hacendado, ahora de tendencia liberal. Tenía gente que lo ayudaba en su función de cuidar del templo San Pablo Apóstol de La Puerta, de sus bienes y terrenos. Se afirma en las actas que cuando el gobernador  Gral Trinidad Baptista, le informaron que fue el más votado por la feligresía para dicho cargo, le dio el nombramiento <<despachándole titulo en propiedad, con fecha 2 de marzo de 1882>> (Libro de Fabrica San Pablo Apóstol de La Puerta. Archivo Histórico Diócesis de Trujillo).

-      Le voy a decir una cosa, estos hechos dan una idea de la anarquía reinante, y los eternos sectores en pugna, logran rápido con cualquier pretexto, la inestabilidad política en la región, lo que va en contra de la gestión mejoradora o  modernizadora de Guzmán Blanco quién para colmo de males, se va del país. Le respondió el Cura.

"Cuidado con los andinos", dijo el Pdte. Guzmán.  La ambivalencia y el pragmatismo por encima de las ideas políticas: "la doble parada".

Depuesto en 1886, el Pdte. del Gran Estado Los Andes, Gral. Francisco Alvarado, por un golpe armado conducido por el Gral. Colina, se alteró la tranquilidad en el Distrito Valera, al cual estaba subordinado el Municipio La Puerta,  resurgiendo las viejas pasiones y odios de los grupos políticos locales.

Según el comandante insurrecto, los motivos del golpe se centraron en el desconocimiento y burla por parte de los gobernantes liberales, en la designación que hizo el general Joaquín Crespo, del General Juan Bautista Araujo como Jefe de Operaciones de Los Andes (Cardozo, 216);  también para impedir que Guzmán, retomara la Presidencia de la República. y esta insurgencia  <<alteró velozmente el orden público en todo el Gran Estado Los Andes…en la sección Trujillo, los conservadores asaltan el poder, deteniendo al gobernador González (Manuel de Jesús) y demás funcionarios>>. De la ciudad de Trujillo parte el general Juan Bautista Araujo hacia Mérida con una tropa de 500 hombres. Araujo, pacificó los Estados de la Cordillera, y fue reconocido por el gobierno, como garante <<para el gobierno que quiere mantener el orden>> (El Trujillano, N° 479. Edición del 7 agosto 1886).  

Posteriormente, asumió la Presidencia interina del Gran Estado el Dr. Pedro Arnal, y cuando viene a Trujillo, el recibimiento que tuvo fue <<un choque entre los bandos políticos de la localidad y resultaron muertos y heridos>> (La Riva Vale, 107).

Reasumiendo la Presidencia de la República el Gral. Guzmán Blanco, el conservador general Araujo, permanece dos meses en Caracas, sometido a la presión del presidente Guzmán  <<quién lo insta a ordenar a sus parciales la entrega de las armas>> (Cardozo 218), el Presidente  viendo la confrontación en Los Andes, designó como “pacificador” al Gral. Aristiguieta, quien es recibido por los partidarios “godos” del Gral. Araujo, y pasan éstos, a ser <<dueños de la situación>> (La Riva, 108), es decir se apoderaron del gobierno. Coincidiendo los señalados hechos locales, que no aislados, en todos los pueblos andinos <<corre una vez más la sangre>> (Cardozo, 217).

 El historiador Arturo Cardozo, conjetura acerca del momento que pasaban los liberales ejerciendo el poder, presintiendo lo que podía ocurrir al retirarse el general Guzmán Blanco de la Presidencia de la República, << el León de la Cordillera se mantenía apacible por un compromiso personal: ¿qué sería de los liberales trujillanos al ausentarse Guzmán? (Cardozo, 221); debido al proceso electoral, se recrudecen las pasiones políticas en Trujillo y toda Venezuela.

Junto con la paz necesaria para el trabajo rural, el ansiado desarrollo de obras o mejoramiento de los pueblos trujillanos, se frustró con <<el renacer del caudillismo nefasto que condujo a Venezuela a un atraso económico social y político del cual aún hoy en día no se ha podido desprender>> (Colmenter, 90-91).

Ciertamente, como lo afirma la historiadora  Yuleida Artigas, durante el ciclo guzmancista,  <<No gozaron los andinos la paz, menos de progreso; la unificación satisfizo solamente las ansias de poder de los caudillos regionales, las exigencias de sus partidarios, quienes participaron de la nueva burocracia creada por la nueva estructura legal del Estado, que permitió la tranquilidad del gobierno nacional pues logró un mayor control político de la región, a través de los Delegados Nacionales, Presidentes Provisionales y Jefes Civiles y Militares>> (Artigas D, Yuleida.  El Estado Los Andes en la época de Antonio Guzmán Blanco 1881-1887). 


En mucho incidió, lo siguiente:


En carta del 5 de octubre de 1886, Guzmán Blanco se dirige el general Pedro Vallenilla y le da la orden de acabar hasta con el último hombre que se encuentra en armas "no se preocupe por una Revolución, por el contrario, no haga nada por impedirla... esto es, precisamente, lo que deseo, qué haya un movimiento en Los Andes contra la autoridad del gobierno nacional. Entonces yo marcharé con un ejército... y dejaré la región tan liberal como lo hice en Apure después de su rebelión" (Luis González. Testimonios del Periodismo Trujillano. volumen 2, pág. 5. siglo 19). A pesar de su alianza con el general Araujo, tranquilizador de los Andes, Guzmán Blanco, expresaba ese mismo año "cuidado con los andinos". 

Años más tardes uno de los principales protagonistas del caudillismo trujillano el general  Blas Briceño “El Chato” y “Atila trujillano”,  cuñado del “León de la Cordillera”,  escribió al general liberal Víctor de Jesús González, el 6 de junio de 1898,  una carta en la que le resume: "pues ustedes si la ganan la pierden y si no también, pues si la revolución triunfa, nosotros quedamos bien y si triunfa el gobierno del mismo modo" (Boletín N° 6 del Archivo Histórico de Miraflores. Caracas 1960).  

Hay otra carta dirigida por el doctor Inocente Quevedo, Presidente de Trujillo, dirigida al general Cipriano Castro, Presidente de la República el 4 de junio de 1900, en la que le señala que observaba en el estado "unas medias tintas, espectadora y fluctuante, que esperaba seguramente algún éxito de la Revolución para seguir sus corrientes. Hablo de la fracción genuinamente de los Baptista>> (Boletín 35 y 36 del Archivo Histórico de Miraflores. Caracas, marzo de 1965). Esto sintetizaría lo que realmente era una fórmula de actuar en política que llamaban la jugada de "la doble parada", que podían usarla tanto los dirigentes principales del conservadurismo como los del liberalismo.

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-  Mirá aquellos indiecitos malartes, averiguando y revisando las mortajas de los que van a enterrar. Se le medio percibía al Sacerdote. Coincidiendo con el parecer de este, casi con fastidio, Aguilar respondió:

- Cuando será que se van a decidir a aplicar el decreto de partición, casi toda la  tierra la tenemos dividida. Manuel González y yo, ya le dimos poder en el tribunal de Jajó, al Dr. Onofre.  Los Quevedo no se deciden, porque disque Leopoldo Baptista y los Araujo no les han dado las órdenes.

Fue durante estos días del gobierno del carachero y viejo Gral. Juan de Dios Perdomo, cuando se planifica el zarpazo y se introdujo la demanda para apoderarse de las tierras del Resguardo Indígena, donde hoy se encuentra ubicada el área urbana de La Puerta.  En la fase inicial del juicio de partición, en mayo de 1887, en el Tribunal de Trujillo, Samuel Quevedo, apoderado de los demandantes: supuestos indígenas, este gamonal era lugarteniente del jefe de los oligarcas general Juan Bautista Araujo (Gabaldon: 41). Como demandados, los supuestos indígenas: Miguel Aguilar, hacendado de Mendoza y Mayordomo de Fabrica de la Iglesia de La Puerta, Manuel González, integrante de la “Gonzalera”, asi como, un Rubén Carrizo, y Gregoriana Moreno, tenían como apoderado a un pariente de aquel Quevedo, de nombre Onofre Quevedo. Contestada la disfrazada y fraudulenta  demanda, el tribunal designó Partidor de las tierras al  Agrimensor y Bachiller Leopoldo Baptista, personaje que ya se convertía en un encumbrado “Poncho” trujillano (Archivo histórico Registro Principal de Trujillo. Actas del Expediente de Partición, 1891).

-      Si, amigo Miguel, seguiremos esperando, a mí también me toca un pedacito, yo no pido mucho. Acuérdese que cuando uno muere no tiene cómo llevarse las fincas ni los barbechos, pa’ donde nos toque. Le decía el cura.

-      Padre, voy a tocar campanas, porque llegó otro muerto.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

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