Mostrando entradas con la etiqueta Simón Bolívar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Simón Bolívar. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de julio de 2026

Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*)

Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terraza tipo italiana, muy bonita la panorámica, que nos hace imaginar viejos tiempos cuando era una delicia vivir en Valera. Allí, donde acostumbra a descansar y deleitarse Germán, dejaba escuchar:

- Fuifuííía fuifuííía. Su particular y cómplice silbido, que le anuncia a su ocupada esposa, imbuida en su mágico mundo de colores y tonalidades, la llegada de los nietos. En sí, la entonación, según su creador, asemeja y contiene una sola palabra: Sofía.

En su estudio pictórico, como parte de su gratificante y sagrado espacio-tiempo, podía escuchar alguna vez la guitarra de Alirio Díaz, el joven caroreño, en sus visitas a Valera, o a los mismos hermanos Gómez y sus mágicas cajas sonoras deleitando con melodías del folklore colombiano, lo que la acercaba a la nostalgia o algún vals del altiplano, voces y guitarras muy acopladas, que se escuchaban por Radio Valera.

Proviniendo de una familia histórica y de reconocido abolengo, terrateniente, constructora y de poder en Colombia, no iba a sumirse en lo que no era, ni en lo que no deseaba ser, por eso como pocas mujeres –así lo describiría el filósofo Ludovico Silva-, tuvo la oportunidad de ser una de las "bellas de inteligencia", pero a la vez, pudo destacar en el campo de la belleza y el arte, asimismo, lucir sus sofisticadas galas en las recepciones y espacios selectos de la sociedad trujillana y de Colombia y Venezuela. Su nombre completo Sofía Beatriz Angulo Arboleda de Ramírez.

Sofía, nació en Popayán el 3 de marzo de 1927. Su padre Arquímedes de Angulo, hacendado y empresario; la madre, doña Elvira Arboleda, de las familias aristocráticas de Colombia. Estudió su primaria y bachillerato en el colegio San José de Tarbes, en Popayán. Inició sus estudios para ser abogada en la Facultad de Derecho de la Universidad del Cauca, los que interrumpió al casarse y venirse a Venezuela. Estudió música en el Conservatorio de la Universidad del Cauca, también incursionó en el arte de pintar. 

 

Desde los predios de los Arboleda a las tierras del Bomboy. Los años con su aristocrática familia. 

Existen varias publicaciones que relatan los acontecimientos y obra de los integrantes de la poderosa y aristocrática familia Arboleda, a lo largo de la historia de Colombia.  Considerado, <<Uno de los apellidos más reconocidos en la historia del suroccidente del país, especialmente en Popayán (Departamento del Cauca), es el Arboleda, de donde es originario. Su importancia derivó de la presencia de los miembros de la familia en cargos administrativos locales (en el período colonial y republicano>> (Cristian Salamanca Arévalo. La familia Arboleda. 18 junio 2020. Banrepcultural.com); entre las figuras con trascendencia histórica, encontramos a Julio Arboleda Pombo, destacado poeta, militar, periodista y político, quien fue elegido Presidente de la Confederación Granadina (actuales Colombia y Panamá) en 1861, y a  Sergio Arboleda y Pombo: importante ideólogo y líder del Partido Conservador en el siglo XIX, abogado, escritor y rector de la Universidad del Cauca. Su legado educativo dio origen a la actual Universidad Sergio Arboleda en Bogotá.

Hemos leído también, que, <<la clave para comprender la relevancia de esta familia, se relaciona con los lazos matrimoniales que sus integrantes establecieron con linajes como los Mosquera, Ospina, O’Donell y Arroyo, puesto que este tipo de alianzas, unidas al papel que desempeñaban en la esfera pública, permitió que los Arboleda ejerciera control material sobre grandes extensiones de tierras y que éstas, a su vez, los dotaran de poder y reconocimiento político en la región>> (Idem). Su época de mayor esplendor abarcó desde el siglo XVII hasta el XX, destacándose por su rol en la política colombiana, la literatura y la educación. 

Resume el investigador Cristian Salamanca Arévalo, que los archivos de esta familia y la propia historiografía colombiana, dan cuenta de las inmensas  posesiones y bienes que tenía esta familia en Cauca, Valle y en Bogotá, propiedades en Cundinamarca, negocios, operaciones comerciales de importación,  financieras, a la par, en el Chocó, donde la familia Arboleda se dedica a la actividad minera, para lo cual, compran territorios, reconocimiento de minas, y establecen derechos de explotación.

El mismo Salamanca, en referencia a los conservados documentos históricos, estima que, el Archivo documental de esta familia <<es una ventana para el análisis de redes comerciales, políticas y familiares, en un escenario donde el poder se relacionaba con la posesión y administración de grandes extensiones territoriales>> (Idem), esto, nos da una idea de la importancia y el poder de la familia Arboleda,  resaltando en la administración de este amplio patrimonio la matrona Sofía Mosquera de Arboleda. Sofía, nombre que se repite en estas familias, generación tras generación.


Los Arboleda, se restean con Simón Bolívar. Los Mosquera Arboleda, un bastión "Bolivariano" en el suroccidente.

En otro interesante artículo en el que se estudia las relaciones de dos de las mas importantes familias de la ciudad de Popayan, los Arboleda y los Mosquera, encontramos que, <<Bolívar ponderaba bien la importancia de las familias de la región y sus extensos vínculos, los cuales eran centrales para la construcción de las fidelidades y la buena marcha de su proyecto político. Es por esta razón que a lo largo de su campaña por el sur de América, representantes de las familias de la antigua gobernación estarán siempre a su lado y serán los voceros de su proyecto político>>, entre ellos los Mosquera Arboleda.  Resaltando el hecho que, <<en junio de 1822, Bolívar entra a la ciudad de Quito con el capitán Mosquera, quien rápidamente fue incluído entre los oficiales que debían marchar a Guayaquil, ahora como secretario personal del Libertador y con el grado de Teniente Coronel>> (Pardo Arellano, Luis Ervin y Prado Valencia, David Fernando. La familia Mosquera y Arboleda y el proyecto bolivariano (1821-1830. En: revista javeriana.edu.co. 2010).  En tanto, como clan familiar mantenía relaciones y vínculos con otras casas que, al igual que los Mosquera, tenían intereses directos en el Pacífico: como los Arboleda, los Diago, los Quiñónez Cienfuegos y los Angulo, esta última, la familia del padre de nuestra biografiada. Eran las familias de alto poder económico y político en la región suroccidental.

Fueron los ascendientes de doña Sofía, férreos seguidores del proyecto político del Libertador, <<El hecho es que tanto Tomás Cipriano de Mosquera, como su parentela, fueron los pilares en el departamento del Cauca del ideario bolivariano y, por ende, de las veleidades de un proyecto político monocrático -especialmente a partir de 1826-, y férreos opositores al grupo de Francisco de Paula Santander y el denominado en ese momento como "partido socorrano". Al año siguiente, <<ante la polarización, la familia Mosquera Arboleda expresó su voluntad de apoyar un régimen de gobierno representado en Bolívar como figura de autoridad legítima. Eso pensaba don José María Mosquera días previos a la Convención Nacional de 1827, en la que se decidiría la forma de gobierno a adoptar>> (Idem), su idea de un legítimo gobierno, pero presidido por Simón Bolivar.

En líneas generales, esas son las raíces del lado materno y paterno de doña Sofía.

Sofía abandona Popayán, sus estudios y a su opulenta familia, para ir a vivir a la Hacienda Las Delicias.

Cuando había cumplido 19 años de edad, la hermosa y aristocrática Sofía Angulo Arboleda, conoce a un elegante y agradable estudiante de ingeniería, oriundo de La Puerta, estado Trujillo en Venezuela, se casó con él y se fue a vivir definitivamente en este país. Su esposo Germán Ramírez González, nació en la hacienda “Las Delicias”, en el Muncipio La Puerta, estado Trujillo. Sus primeras experiencias de trabajo las tuvo en dicha hacienda, repleta de cañaverales y explotando sus derivados, en el muy antiguo trapiche.

La historiografía sobre los Arboleda, reseña que Germán, inquieto viajero, <<se fue en una oportunidad con un grupo selecto de jóvenes venezolanos a Popayán y varios se casan allá. Uno de ellos, Germán, quien se matrimonió en Popayán con doña Sofía Beatriz Angulo Arboleda, el 15 agosto 1946>> (Tomado del Libro: Angulo, José Arquímedes de. Familia Angulo Arboleda. Apuntes familiares. Pag.266. Arfo Editores. Bogotá. Colombia. 1989).

Casada, se vino con Germán y organiza su hogar en la vieja casa del trapiche en la hacienda “Las Delicias” (Municipio La Puerta), y comienzan en 1948, la construcción de la casa grande de esta hacienda que han denominado “Chalet”, mientras, alquilaron una casa en Mendoza donde vive con la familia y compran entre 1949-50, un terreno en la ciudad de Valera, frente a la plaza Los Ilustres, en el que construye una casa que concluye en 1953, a donde se muda. Su prioridad la familia. Procreó a sus hijos: Germán Isaías, Gonzalo, Sofía Beatriz, María Teresa, Carmen Eugenia, María del Pilar y Juan Manuel Ramírez Angulo.

Germán inició su ejercicio profesional en el INOS, luego, en el gobierno de Rómulo Gallegos, es designado Director General de Aeropuertos y renunció al poco tiempo. Al asumir el gobierno Marcos Pérez Jiménez, fue nombrado ingeniero Director del Ministerio de Obras Públicas de Trujillo (Angulo, José Arquímedes de. Familia Angulo Arboleda. Apuntes familiares. Pág. 246. Arfo Editores. Bogotá. Colombia. 1989); más tarde, pasó a la actividad privada.  

El estatus social, las prerrogativas y privilegios sociales que pudo obtener al ser la esposa de un próspero y acaudalado empresario, no significaba lo que en realidad vivían otras mujeres de su condición, de entregarse y dedicarse a su función biológica, doméstica y reproductora, la preciosa "ama de casa", madre y administradora del hogar. Tampoco, sería una mujer adorno, exquisita acompañante del marido. En ella no iba eso. Cuando se casó, tomó la firme decisión de ir a vivir con Germán en la Hacienda Las Delicias, con todas sus circunstancias,  junto a él, tanto apoyando sus comienzos como profesional y a cargo del patrimonio familiar, y en su sueño, de mejorar las condiciones sociales de su terruño, en la complicada tarea de emprender para subsistir en una sociedad rural difícil, analfabeta y de pobreza. Así era La Puerta y sus alrededores, y Germán, no era su rival, sino su cómplice. 

Su natural agudeza, la obliga a emprender y colaborar económicamente con su proyectada familia. Un buen día, se decidió a invertir parte de su fortuna y compra unas tierras ubicadas al otro lado del río Bomboy, frente a la hacienda Las Delicias propiedad de su esposo Germán, en un sitio llamado Las Aletas, tierras sin agua suficiente para cultivos, donde antiguamente, hubo un tejar artesanal a orilla del río. Halló la forma de aportar a la economía familiar  y lo convirtió en un cañamelar productivo, inclusive, fabricando una casa de altas columnas, para atender los negocios y mejoró el camino agrícola, que aún se conservan. Su inagotable capacidad y dinamismo, la forzaba a trabajar, a producir, y tomó las riendas y administración de la concurrida Librería y Papelería Valera, en el centro de la ciudad.  Así era doña Sofía.   

Sofía y su familia en el exilio. El regreso a recuperar sus bienes.

Durante el tiempo de gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, Germán como buen ingeniero, cumple un tiempo como funcionario y luego, pasó al ejercicio privado de su profesión, adquiriendo un completo equipo de construccicon de obras viales y realiza la carretera Valera-Timotes, lo que sacó del aislamiento a la comunidad de La Puerta, y le dio empuje a la agricultura, al facilitar la vía para sacar las cosechas; asimismo, ejecutó la carretera Valera-Motatán, entre otras.

Siendo Germán, políticamente,  uno de sus adherentes y vinculado como estaba con su gestión, se vio obligado a salir con su familia al exilio, a la caída del general Marcos Pérez Jiménez; en 1958, se exilió toda la familia en Colombia, abandonando su importante maquinaria y equipo de ingeniería. Allá, se dedicaron al trabajo pecuario, en el Valle del Cauca. 

Ella, vinculada a la Iglesia catolica, donó un terreno en la urbanización Belalcázar, Popayán, para la construcción de la iglesia La Milagrosa, que a raíz del sismo del año 1983, pasó a ser la Catedral de dicha ciudad, mientras se construía la basílica. 

Hay un hecho curioso, que demostró el temple de Sofía Beatriz Angulo Arboleda, en el año 1959, estando exiliados en Colombia  <<encontrándose en estado de embarazo, viaja a Venezuela y con ejemplar fortaleza moviliza las máquinas, las concentra en un campamento y le hace frente a la administración de las haciendas, con la colaboración de los nobles amigos Perucho y Evaristo Rueda>>  (Angulo, 265); esta disposición y genio, le venía en los genes.   

En 1965, concluidas las investigaciones y exento de responsabilidad política administrativa, regresa su esposo a Venezuela, quien retomó  << su equipo y maquinaria de ingeniería muy deteriorado y como no era hombre de dejarse vencer, procede a reconstruirlo para nuevamente ejercer su profesión>> (Angulo, 266);  gracias al esfuerzo adelantado en 1959  por Sofía, al recuperarla, le sirvió para reiniciar con mas ahínco su espíritu de trabajo.

Los años en Valera, de intensa obra benéfica y social.  

Después de vivir en una casa arrendada en Mendoza, bajo sus sugerencias y visión estética construyeron la casa frente a la plaza Los Ilustres, una de las pocas de ese estilo y tiempo, que aún se conserva. 

En la memoria familiar, repasa aquellas frecuentes llamadas a la puerta de su residencia, de personas que sin conocerla la procuraban y ella, las recibia con: - ¡Quiuubo Mija! Cómo me le va, en qué puedo servirla.  A pesar de toda una vida en Venezuela, no dejó de hablar con su cantadito particular de la gente del sur de Colombia y como bondadosa abuela, fue atenta a sus nietos que cuando la llamaban, inmediatamente les respondía: - A ver Mijo, aquí estoy. Frase que con orgullo y complicidad, recuerdan.

Socialmente, la actividad de los Ramírez Angulo, llevaba el carácter y sensibilidad de doña Sofía, que rayaba en la filantropía y mecenazgo,  es decir, en sus obras benéficas, en ese tiempo, imponía su fisonomía y marca.  Su vinculación con los Salesianos, debido a su espiritualidad y catolicismo,  y a que Germán mantuvo las relaciones de fraternidad con sus condiscípulos del colegio Santo Tomas de Aquino, de Valera, y también, los del Colegio Salesiano de Los Teques, se fue integrando socialmente en diferentes grupos de laicos y sacerdotales, sociedades benéficas, necesidades colectivas, que ella misma percibía, aún las más difíciles, las asumía y se convertían en compromisos y tareas de orden superior. Donó una beca para un sacerdote salesiano.

Siendo su esposo presidente del Club de Comercio de Valera, en 1949, estimuló el comité de damas para acciones sociales, uno de sus biografos escribió que, <<Su vida de hogar la alterna con obras sociales, catequesis en Colombia y Venezuela>>, particularmente en La Ceiba, Trujillo, con la colaboración de un sacerdote jesuita prepara e instruye para la primera comunión a cientos de niños, incluyendo, además siete adultos mayores de 60 años. Igualmente, desarrolla <<cursos sobre vida matrimonial y logró que 20 parejas en unión libre, recibieran el Sacramento del Matrimonio>> (Angulo, pág. 263), por supuesto, la celebración se realizó en la empresa Central La Ceiba, esfuerzo económico familiar cuya emprendimiento, comenzaba precisamente en ese tiempo. Llegó a ser junto con su esposo, por un tiempo, directores del grupo Movimiento Familiar Cristiano.

Fue benefactora del Ancianato o Casa Hogar de Betijoque, para dar atención integral, espiritual y cuidado emocional a damas de escasos recursos con más de 60 años de edad, cuya dirección estaba a cargo de monjas de Colombia y Ecuador.     

En su gestión social, donó junto con su esposo Germán, el terreno para la construcción de una casa para retiros espirituales, administrada por la Comunidad Salesiana. Eran de las denominadas necesidades sentidas de la colectividad católica  y ella expresaba su catadura solidaria y caritativa en el buen sentido del término, haciendo obras para el bienestar de la colectividad, sin necesidad de protagonismos. 

Como amiga y entusiasta colaboradora del padre Javier Sarrasqueta Jasso, en sus obras benéficas y religiosas, dada su permanente espiritualidad y solidaridad, donó la imagen de San Juan Apóstol a la Iglesia de El Carmen de Valera y dentro de sus compromisos, continuó la colaboración por los más vulnerables, en los programas y servicio pastoral del párroco Sarrasqueta.

Sus actividades artísticas. 

Amante de la música, con estudios en el Conservatorio Universitario de Popayan, igualmente, en pintura y las manifestaciones artísticas en general, demostró que, la mujer cuando tiene conciencia y puede, aporta y da a la comunidad, pero en el caso de Sofía, se esforzó por dar más, sin protagonismos, sin utilizar el dinero público para hacer falsa filantropía, y sin esperar nada a cambio,  de esa manera proveía una nueva dimensión a lo social y lo cultural, vida y obra que merece unas líneas aparte.

Esta pequeña reseña, hace honor a una mujer de regio abolengo que abandonó todo, para venir a vivir a nuestro hermoso Valle del Bomboy.  Por su entereza, sentimiento caritativo, espiritualidad, filantropía, agudeza y voluntad, incluso por su belleza y sentido estético, dejó huellas que nos transmiten el aroma y la frescura de una hermosa época, no tan lejana, en esta tierra de María Santísima.  Mi reconocimiento al Dr. Juan Vicente Ramirez,  nieto de la personaje,  por su aporte documental, imágenes y testimonial para la elaboración de esta nota biográfica. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 14 de diciembre de 2024

Asunción Vetancourt, con el brigadier Bolívar y el “Vientre Bendito”.

Por Oswaldo Manrique (*)

El señorial carruaje, estacionado a la entrada de la mansión de la hacienda “San Francisco”. Neblinoso y frio el tiempo, la ventisca del ocaso, anunciaba la llegada del controvertido visitante. La familia, la servidumbre, en movimiento todo, para tratar de atenderlo adecuadamente, porque aun siendo una dificultad, el Brigadier está de paso.

Los niños no jugaban, pero se miraban tensos y atentos a la entrada, luego se devolvían a las caminerías del  patio de los jardines, a molestar a los grillos o ir al encierro de las aves, para ver desfilar los coloridos pavos reales.  Levantaba el humo sobre el techo del fogón, y difuminaba olor a café, cacao y panela. Se escuchaban los pasos conjugados al movimiento de cadera de la bella dama, soberana de aquellas posesiones, caminando desde la cocina, atravesando el gran salón, para ir a asomarse a las enjasminadas rejillas de las ventanas, para mirar el camino real de Mendoza. Era nerviosismo y temor, lo que sentía, tras un año de acoso realista.

Ella, de talle esbelto, regular estatura, de tez blanca, con impresionantes ojos negros nerviosa  y sudando hasta los más recónditos lugares de su cuerpo,  busca calmar a todos, a sus chontales que se reunieron en la plazoleta de piedras gordas de la hacienda, donde hablaban y reían destempladamente, luego de la jornada de ventear café, limpiar tártago y desgranar maíz o lidiar con los animales. También estaba pendiente del Dr. La Bastida, que mostraba cara de preocupación, está encamado tratando de recuperar su salud y hace esfuerzos para pararse a atender al amigo. 

Ya roznaba cerca, pasando el puentecito sobre el caprichoso rio Bomboy, que mueve las piedras del ingenio, para que brote la melaza, melcocha, batido y la deliciosa agualoja, más sabrosa que cualquier fina champaña, el ruido de los caballos de la pequeña guardia de avanzada del Brigadier. Con una clara voz y pureza del lenguaje, en el momento de su llegada, le dijo:

-         ¡Bienvenido Brigadier, pase adelante, está en su casa! La gentileza y la gracia de aquella mujer, lo hizo sonreír y contestar:

-         Gracias, mi señora. Había llegado a “San Francisco”, la vieja casa colonial, lugar de veraneo, clima delicioso, y de agua fría y saludable.

En junio de 1813, la primera casa que visita y pernocta el Brigadier Simón Bolívar al entrar con su ejército libertador a tierras trujillanas fue la de su amigo Francisco La Bastida Briceño, es decir, la hacienda “San Francisco”. Y fue su esposa doña Asunción Vetancourt, la primera trujillana que le dio la bienvenida a estas tierras.

                                                        *

Trujillo, fue testigo de excepción de la Guerra a Muerte, entre los venezolanos y los españoles y canarios. Los criollos firmes en su afán de independencia, corrieron los riesgos con sus vidas, sus bienes, soportando persecución, penurias y hambre, que es lo que en definitiva cuesta una revolución de emancipación. De ahí, que, tampoco se salvaron las familias de estos rebeldes y particularmente sus mujeres.  

Afirman destacadas historiadoras como la profesora Iraida Vargas, que al haber ocultado a las mujeres en la historia escrita, se logró negar la propia historicidad de sus luchas, de lo que realizaron y de lo que hacen. (Vargas Arenas, Iraida. La ocultación de las mujeres en la historia de Venezuela.  Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. N° 34. Caracas, 2010).  María de la Asunción Vetancourt Uzcátegui Briceño, fue objeto de ese silencio.

Es obvio que, la mayoría de nuestros encumbrados historiadores y cronistas, han incurrido en la práctica de abordar cualquier hecho importante desde la óptica del personaje-héroe-protagonista, por lo general  el masculino, detentador del poder y excepcionalmente la mujer. El escritor  Nelson Méndez, comentado por la profesora Iraida Vargas Arenas, escribió lo siguiente: «La historia de la humanidad se escribió desde la perspectiva masculina… y la presencia de la mujer quedó en la penumbra» (2009) (Ídem). Acertada  reflexión que nos  convoca en estos tiempos de reconstrucción histórica, echar una mirada a esa parte de la historia silenciada.

Doña María de la Asunción Vetancourt Uzcátegui Briceño,  nació el  veinte y tres de septiembre del año 1782, en la población de San Alejo de Boconó, sus padres Don Miguel Eusebio Vethencourt  Berdugo, y Doña  María Lucía Uzcátegui Briceño, de las familias  aristocráticas y poderosas económicamente de esa región. Era descendiente del conquistador y capitán español Sancho Briceño uno de los fundadores de Trujillo. A finales del siglo XVIII, se casó con un importante personaje de la Colonia trujillana, el letrado Francisco Antonio Labastida Briceño y Fernández, el Constituyente del pueblo de La Puerta, líder de los propietarios y hacendados, y quien tuvo una participación destacada desde los inicios del movimiento independentista en 1810, suscribiendo la primera Constitución de Trujillo emancipado.

Asunción realizó cuanta labor fue necesaria en función de la independencia. En 1810, estando embarazada, mientras atendía la hacienda, a su familia, y se esforzaba por alimentarlos, su casa en la hacienda “San Francisco”, en el Valle del Bomboy, se convirtió en un sitio de activismo patriótico. Ella, como esposa del Dr. La Bastida, también conocido como “El Provincialista”, coordinaba todo lo necesario para que se produjeran esas reuniones y facilitaba la logística y apoyo a los conspiradores. Doña Asunción, es una de esas lecciones de mujeres libertarias.

Muy escaso, lo que se conoce de la participación de la mujer en el proceso de emancipación. Su campo de acción fue el hogar, la familia y el oratorio. Conocida cariñosamente entre sus familiares y amigos como Doña Asunción. Al casarse, se mudó con su marido a vivir, atender y hacer prosperas las tierras adjudicadas a Francisco Labastida el otro conquistador y fundador de Trujillo. Abandonaba la vida aristocrática, plácida y cómoda de la ciudad de Trujillo, para mezclarse en la vida agreste del  valle del Bomboy.  

          Desde su matrimonio, aprendió de Francisco La Bastida su esposo, lo que esto significaba legalmente para el imperio español y su fuerza en las colonias americanas y lo leyó y analizó. Supo, que según las 7 Partidas del Rey Alfonso X,  “…Matris y munium son dos palabras del latín de que tomó nombre matrimonio, que quiere tanto decir en romance como oficio de madre. Y la razón de por qué llaman matrimonio al casamiento y no patrimonio es esta: porque la madre sufre mayores trabajos con los hijos que no el padre, pues comoquiera que el padre los engendre, la madre sufre gran embargo con ellos mientras que los trae en el vientre, y sufre muy grandes dolores cuando ha de parir y después que son nacidos, lleva muy grandes trabajos en criarlos ella por sí misma, y además de esto, porque los hijos, mientras que son pequeños, más necesitan la ayuda de la madre que del padre. Y porque todas estas razones sobredichas caen a la madre hacer y no al padre, por ello es llamado matrimonio y no patrimonio…” (Alfonso X, Rey de España. Las 7 Partidas. Titulo 2. Ley 2. De los casamientos. 1265. España). Dicha norma explicativa, describía lo que sería gran parte de su afanosa vida familiar al lado del trujillano Francisco Labastida, hasta que este, se sumó al proyecto independentista, y tuvo que asumir el trabajo solidario con sus ideales libertarios y provincialistas; y luego lo que le tocó arrogarse, por la apasionada lucha republicana de su hijo Ricardo Augusto Labastida Vetancourt, primer gobernador de Trujillo, luego de la ruptura de la denominada Colombia, Gran Colombia o Colombia la Grande, asi como, la actividad conspirativa de María Ignacia, y las contingencias políticas de su vástago, Manuel María Carrasquero, eminente gobernador civilista de esta región.  

En 1800, el 16 de enero,  en la casa de la hacienda “San Francisco”, dio a luz su primer niño, quien con el transcurrir del tiempo sería el primer gobernador de la Provincia de Trujillo, tras la separación de la República de Colombia: el Dr. Ricardo Augusto Labastida Briceño Vethencourt.

Su esposo Francisco Antonio La Bastida Briceño, era además de terrateniente, letrado y capitán de milicias, un destacado político, que ocupó varias veces el cargo de Teniente de Gobernador, asi como, el de Alcalde, y Justicia en la jurisdicción de Escuque, La Puerta, Mendoza. Luego procrearía según los árboles genealógicos que hemos confrontado a Jose Felix de San Rafael Labastida Vetancourt,  nacido el 21 Febrero 1801; Catalina Laurencia Ana Labastida Vetancourt, nacida el 29 Abril 1802, Mendoza del Bomboy; Maria Ignacia Labastida Vetancourt,  la siempre armada y radical conspiradora republicana,  nacida el 17 Agosto 1804, en Mendoza Fría, casada con el patriota carachero Francisco Miguel Labastida Briceño; Vicente Antonio del Espiritu Santo Labastida Vetancourt, nacido el 2 Julio 1805, Mendoza del Bomboy; Juana Evangelista Eleuteria Labastida Vetancourt, nacida el 17 Abril 1807, en Mendoza del Bomboy, esposa de Juan Pablo de La Bastida Briceño, hijo del prócer y constituyente, oriundo de Carache, José Miguel La Bastida ; Francisco Antonio Labastida Vetancourt, nacido el 18 Abril 1808, Mendoza del Bomboy, acompañó a su hermano Ricardo, en varias de sus campañas políticas y militares; Juan Bautista Ignacio Rafael Labastida Vetancourt, nacido el 1 Julio 1810, Mendoza del Bomboy, en una de las obligadas emigraciones, se radicó en Pie de Cuesta, de la Nueva Granada (hoy Colombia) y se casó en 1840 con María Blasina Ordoñez Orbegozo, de familia independentista republicana; Evaristo Eusebio Labastida Vetancourt, esposo de Concepción Sierra,  nacido el 14 Agosto 1812, en Mendoza del Bomboy, a quienes crió y veló por su educación. En la sociedad mantuana se le llamaba la mujer del “Vientre Bendito”. Una verdadera matrona republicana.

A la caída de la primera República, su esposo Francisco La Bastida, el popular “Paco Labastida”, comprometido con la causa libertaria se dedicó a la lucha insurreccional enfrentando al gobierno español, junto con la mayoría de los alcaldes, comandados por el coronel rebelde Vicente de la Torre, su primo. Las fuerzas realistas capturaron a su cuñado José Miguel “el carachero” y a varios de sus parientes. Ella  tuvo también gestos de señalado heroísmo, en 1812, a la caída de la primera república, no emigró como hicieron las familias de los líderes republicanos, siguió a su esposo y al coronel Vicente de la Torre,  en la lucha guerrillera de los alcaldes, para mantener vivo el fuego emancipador en Trujillo. Atendía personalmente la hacienda “San Francisco” en el Valle del Bomboy y también los trigales en La Puerta, con el tiempo esta matrona se convertiría en una heroína trujillana de la época independentista.

El Valle del Bomboy, sus poblaciones La Puerta y Mendoza, pueden sentirse orgullosas de la participación femenina tanto en sus inicios en 1810, como en su devenir hasta la ruptura de la República de Colombia en 1830. La mujer, como sujeto imprescindible de la sociedad trujillana, se sumó a las aspiraciones independentistas de la Nación y su Provincia divulgadas por el Dr. Mendoza, por el letrado La Bastida y por el coronel Antonio Nicolás  Briceño el “Diablo”, desempeñando un papel trascedente en algo que consideraba fundamental, estratégico y definitivo: la construcción de la Patria. Justo es, comprender y reconocer en la realidad histórica del pasado colonial, lo que significó para las mujeres, sustituir su modo de vida, sus costumbres, sus comodidades y hábitos matrimoniales y familiares, por el sacrificio, la estrechez y la penuria al incorporarse solidariamente con los hombres, a las intrincadas montañas para enfrentar y combatir a las fuerzas realistas o sirviendo como estafetas y correos en las ciudades y pueblos, y a la vez, velar y atender la sobrevivencia del hogar, de los hijos, y las labores del campo. Esto, no puede asumirse como simple labor de retaguardia, sino como el punto de equilibrio para el hombre, para que pudiera enfrentar a las fuerzas de la Monarquía o para irse a la guerra.

Aparte de eso, Asunción, en aquellos ásperos tiempos, tampoco fue timorata, así como la mayoría de las esposas de los patricios trujillanos, asumió  iguales riesgos de la vida guerrillera de su esposo, y luego de las batallas, a curar enfermos, coser, cocinar, recolectar alimentos, llevar información, y otras faenas necesarias para el avance de la lucha revolucionaria. La mujer andina, constituye un magnífico ejemplo de la inalterable decisión de una joven nación por alcanzar la libertad.

Presos sus familiares José Miguel Labastida y José Juan Vetancourt, trasladados a Maracaibo y confiscados sus bienes, cuando intentaron abrirle causa de infidencia a Francisco Antonio su esposo, se trasladó a Trujillo para conversar y comprometer a familiares y amigos realistas del gobierno que pudieran interceder para que evitaran tal desaguisado. Se armó de efectivas palabras y argumentos, que reconocían que sí, efectivamente, había sido electo representante de La Puerta a la Constituyente Provincial, pero con dicha designación no había lesionado a nadie ni hecho ningún daño, y él fue presa de la avalancha popular que significó el movimiento republicano, y que como descendiente de un reconocido conquistador español, que había prestado importantes servicios a la Corona, merecía se le aplicara el decreto real de perdón a los súbditos criollos. Su esfuerzo, en algo ayudaría a cambiar la percepción de los realistas sobre las actividades radicales de su esposo, porque no fueron despojados de sus  bienes y él aunque enfermo, siguió ocupando el cargo de Alcalde. 

Después de soportar las vicisitudes de la guerra en la que participaba Francisco La Bastida, con algunos quebrantos de salud, y lograr salvar sus propiedades ante el gobierno español, pero siempre vinculado al movimiento emancipador y formando a sus hijos en las ideas republicanas, particularmente a Ricardo, el mayor de su prole.  A los tres meses de haber recibido la visita de Bolívar, de ese mismo año 13, Asunción quedó viuda, pues falleció su marido, el prócer civil Capitán y Dr. La Bastida.

Tras la muerte del ilustre Provincialista, que fue su esposo,  Asunción, guardó el luto, dedicándose a la educación de sus hijos y a atender la hacienda. El republicanismo, y la defensa de la autonomía de Trujillo, serán las inclinaciones políticas de su hijo Ricardo, seguidor de las ideas provincialistas de su padre, por lograr que Venezuela fuera República libre e independiente, y que Trujillo fuera declarada Provincia autónoma; esto se convirtió en el  eje político de las vidas de los La Bastida Vetancourt, en pleno intento de consolidación de la Gran Colombia, presidida por el Libertador Simón Bolívar, período de convulsión, en el que el general Páez, asumió la dirección político-militar del país e impulsor de la disolución de la incipiente Patria Grande.

Llegada la mermada tranquilidad a su vida familiar, siendo aún joven, porque se había casado a muy temprana edad, la hermosa Asunción, tomó la decisión de restablecer su vida, y en 1819, se casó con el hacendado Gregorio Felipe Fernández Carrasquero, con quien tuvo varios hijos, entre ellos, mencionamos a otro destacado republicano, como fue Manuel María Carrasquero Vethencourt, terco defensor del civilismo gubernativo, enfrentando a las expresiones militaristas; María Enriqueta, Rita, Onofre, Lucia, Victoria, quien será una de las mas enjundiosas damas valeranas;  Mercedes y Soledad Carrasquero Vethencourt, lo que le ganó -según recuerda la memoria familiar-, que la llamaran la dama del “Vientre Bendito”.  

En 1831, su hijo Ricardo Augusto, siendo apasionado jurista y constituyente por Trujillo, fue designado por el nuevo gobierno presidido por José Antonio Páez, como Gobernador de la provincia de Trujillo, lo que le ocasionó a la familia volver a la guerra regional; posteriormente, ocupó importantes cargos y misiones republicanos, hasta que en 1835, está involucrado en la insurgencia de la “Revolución de las Reformas”;  en 1848 lidera el movimiento paecista denominado los “Araguatos”, y años más tarde, estará comandando junto con el general Trinidad Baptista, el movimiento armado contra la intención de fusionar a Trujillo con el estado Zulia. En 1876, fallece el líder más destacado del conservatismo trujillano.    

En 1857, su otro hijo, Manuel María Carrasquero, es designado gobernador de Trujillo, quien además,  fue un destacado escritor, hacendado y buen funcionario de gobierno, según los Anales de La Riva Vale, “…Manuel María Carrasquero, nació en Mendoza en 1820, fue hijo de Don Felipe Carrasquero y Doña Asunción Vethancourt, viuda de Francisco Antonio Labastida… (La Riva Vale, Alberto. Anales de Valera. Pag.114. Editorial Multicolor. Valera. 1988); éste Carrasquero  murió en 1892.

Acta de bautismo de Doña Maria de la Asunción Vethancourt  Uzcátegui Briceño, <<Oi Lunes día veinte y tres de septiembre deeste año de mil setecientos ochenta y dos, Yo Dn. Php. Antonio Hernández Cura doctrinero de este Pueblo de Sn. Alexo de Boconó, puse oleo, Chrisma, y di bendiciones baptismales Conforme al Ritual rromano a María de la Asumpción Parbula que nació el día veinte y tres de Agosto proso pasado deeste año, y le baptisé ensu Casa Vrgente necessitate: esdha Parbula hija legma de Dn. Miguel de Vetancourt yde Da. Lucia Vscategui Feligreses deesta Sta. Igla. Fueron Padrinos deagua, y Vendiciones, Dn. Manuel Briceño, y Da. Paula Abrube, aquienes advertí el parentesco espiritual. Fueron Tgos. Juan Ramón Carache y Fernando Vasques. Doyffe = Phelipe Antonio Hernández>> (Archivo Histórico Diócesis de Trujillo).

Imagen: retrato de Adriana Labastida de Gabaldon, hija de Ricardo Labastida y  nieta de doña Asunción Vetancourt Uzcátegui.

La valiente vida de esta matrona del Valle del Bomboy, es una relevante referencia de nuestra historia local, en el acontecer de un importante período de la Colonia, la guerra de independencia y la lucha regional por elevar a Trujillo al estatus de Provincia, rompiendo con la subordinación a otras entidades regionales. Esto nos ayuda a la comprensión de esa fase histórica, en una visión integral y poder contribuir a una historia inclusiva y visibilizadora. 

(*) Portador Patrimonial Historico y Cultural de La Puerta.

Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*) Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terra...