Fabricio Ojeda: su infancia
Oswaldo Manrique Ramírez.
“si muero no importa, otros vendrán detrás que recogerán el fusil y nuestra bandera para construir con dignidad, lo que es ideal y deber de todo nuestro pueblo” (Fabricio Ojeda, Carta de la Dignidad, del 30 junio 1962, renuncia al cargo de Diputado).
Fabricio
Ojeda es uno de los personajes más destacados de nuestra historia política
latinoamericana. Su vida que parecía destinada a convertirlo en el gran capitán
de las muchedumbres venezolanas por la senda de un próspero porvenir, nueva
democracia y respeto de los derechos civiles y la Constitución, resultó
truncada cuando el gobierno de Raúl Leoni, ejecutó en este trujillano
trascendental, el denominado "auto-suicidio"; este deplorable hecho,
lo he abordado como la gran conspiración contra la historia de Venezuela. Los
párrafos que se comparten a continuación, referidos a la infancia de Fabricio,
son un pequeño fragmento de nuestro ensayo Política y Constitucionalismo en el
Pensamiento de Fabricio Ojeda.
La infancia de “Picho”. Boconó, campo de hostilidad y pasiones.
El Valle del Señor San Alejo de
Boconó, jurisdicción de la ciudad Nuestra Señora de la Paz de Trujillo, rodeado
de elevados páramos, marcado por los ríos Burate y Boconó, en su tránsito al
Portuguesa, era territorio de una raza difícil de doblegar: la Kuika. Sitúa su
data de inicio colonial hacia el año 1549, en la ocasión de la avanzada del español
Diego Ruiz Vallejo, quien desde el Tocuyo, y por ordenes de Juan de
Villegas, le encomendó la codiciosa e insaciable tarea, apuntalada con la
espada y la cruz: descubrir e imponerse de las minas de Boconó, de cuyas historias
engañosas Kuikas se sentían atraídos.
Desde la invasión española la pasión por
la política ha sido una de las grandes actividades en Boconó, vinculado al nacimiento
de los primeros partidos políticos en
Trujillo. Fabricio Ojeda se caracterizó como operador político, como
aglutinador, articulador de las diversas tendencias y corrientes políticas, era un experto comprobado en temas
de unificación, actividades siempre complejas por la misma naturaleza gregaria
del hombre. Contradictoriamente, Boconó, su pueblo de nacimiento, fue proclive
a la diversidad de posiciones políticas, o tendencias hacia el poder;
Mientras la hermosa Hercilia del
Carmen Ojeda, daba los tratos maternales a su nuevo vástago, de pocos días de
nacido, ocurre el atentado contra la vida del Presidente de la República, Juan
Vicente Gómez; y a la semana siguiente, el general Emilio Arévalo Cedeño, el
militar jacobino que mas enfrentó a aquel sátrapa, se alza militarmente y se va
de golpe de Estado. Otro tanto hizo el betijoqueño general José Rafael Gabaldón con su
peonada y demás huestes andinas; y vía marítima, el inquieto y preocupado Román
Delgado Chalbaud. Era un tiempo de mucha agitación política y militar, generada
por las condiciones sociales de hambre, miseria, enfermedades y analfabetismo en que discurría la población
venezolana, con un gobierno dictatorial corrupto, opresor de pueblo y defensor
de la oligarquía y el imperialismo.
La razón de este año de mayor
conflictividad universal, fue porque se produjo, el llamado Crack del 29, la
caída de la Bolsa de Nueva York marcando el inicio de la Gran Depresión del
Sistema Capitalista, incidiendo en las economías de los países latinoamericanos
entre ellos Venezuela, que generó protestas internas y externas contra la burguesía generada por la explotación
petrolera, que ya se articulaba en la connivencia con los terratenientes y los
capitales imperialistas, pretendiendo preservar las relaciones de servidumbre,
aun en el marco de esa explotación capitalista.
Las crónicas e informaciones de
prensa, señalan que Venezuela por ser país, proveedor de petróleo a los norteamericanos, al
disminuir sus exportaciones, sufrió una fuerte caída del ingreso público, por
lo que tuvo que despedir a dos terceras partes del personal de esta industria;
fue una severa crisis económica que a la
vez, perjudicó las exportaciones agrícolas nacionales, sector que también tuvo
que afrontar el sacrificio por la depresión económica mundial capitalista.
Tiempos de debacle e incertidumbre para todos.
Esta situación de agitación social,
política y militar, nos lleva inadvertidamente mediante una sincronía de
hechos, a recordar que nuestro boconés rebelde, nació justamente el año de la
gran crisis y depresión del capitalismo mundial, el año 1929, que produjo un
ambiente incendiario en América, que se expresará con mayor calor y conciencia
en los años venideros; es el memorable
año del auge de lucha de las clases explotadas, de insurgencias de carácter
militar regional y nacional y de movilizaciones obreras importantes, así como
la radicalización de los pocos partidos y fuerzas políticas existentes frente
al imperialismo.
El diputado Fabricio Ojeda, en los jardines del Capitolio Federal Legislativo, Caracas 1960. Gráfica cortesía del licenciado Germán Carias Sisco. Seleccion de texto y diseño propio de este blog. |
Nació Fabricio, el 6 de febrero de
1929. Ni muy adelantado en el tiempo, pero tampoco con rezago: justo en el
momento para que pudiese alentar en la apasionada juventud el espíritu
revolucionario del año 58; liderizar la lucha de liberación de su generación con
apenas 30 años, y continuar en los
siguientes hasta su final, como uno de los revolucionarios más comprometidos
con la causa por la segunda independencia de Venezuela.
"Picho", el hacedor de
pelotas de trapo. El Titán de la batalla de zamuracas y papagayos. Los vagamundos
escueleros.
Se inclinó desde niño a ejecutar
actividades físicas, deportivas y recreativas, especialmente el beisbol, con lo
cual desplegaba y perfeccionaba su fuerza natural, adquiriendo soltura y
destreza en sus movimientos y acciones, pero también como forma de canalizar
sus inquietudes de la temprana edad. Estudió en el Colegio de Varones de la
población de Boconó. En
rememoración de la infancia, el escritor boconés Domingo Miliani, en su novela Los Tres Clavo, dedicada a Fabricio
Ojeda, relata actividades que éste realizaba y le generaban algún dinero, pero
a la vez lo divertían. Miliani su amigo, lo llamaba Picho. Le apasionaba el béisbol, organizaba equipos entre la
muchachada del lugar. Estaba al día, en cuanto a número de jonrones, bases
robadas, triples y doble plays de los juegos profesionales, así como en
estadísticas de los jugadores del Cervecería Caracas y Navegantes del
Magallanes, los grandes equipos nacionales de la época. La creatividad por
necesidad de los llamados << vagamundos escueleros>>,
los hacía elaborar los bates de jumangue o de naranjo, maderas duras que no
rajan tan rápido; las pelotas se las compraban a Fabricio, que las vendía baratas
a sus compañeros de equipo a “…tres por
un real…” (Miliani, Domingo. Los tres
Clavo. pág. 49. Alcaldía de Boconó. 2013); porque además, de las reglas del
juego, impusieron otras no de librito,
pero regla a cumplir, que, el bateador que la perdía le tocaba
reponerla; bola perdida bola pagada.
Este oficio desempeñado por “Picho”,
tenía su técnica, rudimentaria pero
técnica a fin de cuentas. Coser pelotas de cabuya a mano, requería fuerza,
paciencia y precisión; las elaboraba buenas y por el precio resultaban una
ganga, hasta que se incorporó al equipo del Unión Obrera, donde estaban los
peloteros de la Calle Arriba, donde él vecinalmente pertenecía. Los otros <<vagamundos
escueleros>> y compinches, lo iban a ver jugar y pegar jonrones,
contra el eterno rival: Cigarrilleros del Bandera Roja.
Redactor del diario El Nacional, año 1957. |
En conversación con el profesor Evelio Barazarte, su primo, da fe que Fabricio de muchacho trabajó en una panadería; también recogían agua en envases y ollas, en la acequia que había al final de la calle Andrés Bello, surtida por las aguas permanentes de la Quebrada Segovia, que luego vendían casa por casa o a quien se la encargara. Igualmente, hace remembranza de cómo en aquellas tardes acudían a la Gran Colombia o calle larga, una de las nueve flacuchentas calles, en las que se encontraba organizado el tránsito en Boconó, a jugar pelota caimanera, menos los sábados, que se convertía en mercado, y las mulas y burros bajaban de la montaña las cargas de los campesinos, para su venta o trueque, donde podían cambiar entre muchas cosas, un novillo por una marrana parida o un burro de silla por un puerco bastante obeso según las crónicas, método de permuta de bienes característico de los pueblos andinos, herencia económica de los kuikas. Aquel pueblo de agricultura y de bestias de carga, como medio de transporte, tenía su propio campeonato de muchachos beisboleros.
Al
llegar la temporada, como en todo pueblo de provincia, los muchachos emprendían
la elaboración de sus naves inter-celestes y aerodinámicas, con los mas
particulares colores y dispositivos de combate, propios de su imaginación. Ahí
destacaba Fabricio, elevando cometas, zamuracas y papagayos. Cuando el viento
estaba parejo y alto, hacían “duelos con hojillas encajadas en madera,
amarradas a las colas de trapo...” (Miliani: 43); y esto, cuando podía,
debido a que ayudaba a su abuelo en el taller de hojalatería. Si no organizaba
la escuadrilla, que era más una caravana de cometas de papeles lucidos y
fosforescentes colores, con largas colas de tela, palpitando en vuelo, se
formaban los grupos de tres o cuatro amigos para la batalla, con el objetivo de tumbar a los
inexpertos o descuidados en el corte del hilo a tiempo. Eran combates de
táctica y estrategia aérea, de escapes y persecuciones en el propio techo de las nubes,
conocía el curso del viento, donde la carrera del ponedor en sincronía con el
manejo de la pita, daban el don de la elevación del astro. Los
<<escueleros>>, como les llamaban los vecinos, a veces no iban a la
escuela, por presenciar estas jornadas aéreas, sobre todo cuando Picho
desafiaba con sus modelos armados de cuatro cruces de hojillas; “…nadie
como Picho para calcular los frenillos de una cometa nunca se va de lado, los
tres hilos quedan en proporción…”
(Miliani: 99). Desde los diez años, se notaba su capacidad organizativa y
de liderazgo, su carácter indomable y la perseverancia en sus cometidos.
1947.
Al terminar sus estudios primarios y
alargarse los pantalones, a principios de 1947, luego que el gobierno pusiera en libertad a Jovito Villalba junto
con 21 detenidos por causa de la
sublevación militar, en una de sus giras políticas, lo escucha pronunciar un
discurso en Boconó. Esas palabras lo motivan a incorporarse a la militancia
partidista. Asimismo adquiere, la
condición de asalariado, al ingresar a trabajar como dependiente y vendedor de
telas en el almacén del señor Villasmil, ubicado en el centro de Boconó.
Villasmil era también, además de patrono, militante y directivo de URD, se
llevaba bien con Fabricio (Conversación con Evelio Barazarte, en Boconó, 15 de
abril 2015). Requería mejor ingreso, porque su abuelo ya estaba muy viejo y
perdía progresivamente la visión, y se quemaba las manos con el cutiño, cuando
estaba remendando alguna paila o sartén. En aquel momento, discutía con él, la
necesidad de irse a otro lugar a culminar su bachillerato, de buscar nuevos
derroteros y que ya no podía seguir ayudándolo en el taller. Fue perseverante,
no se dejó invadir por la desesperanza, sino que siguió adelante y se encaminó
hacia su sueño de impulsar cambios, tanto para su familia como para su pueblo.
Fabricio Ojeda, en el campamento guerrillero, montañas de Boconó, 1964. Grafica cortesia licenciado Germán Carias Sisco. Selección de texto y diseño propio de este blog. |
En sus labores como dependiente, expresaba
sensibilidad hacia su gente. Cuando las
mujeres campesinas iban a comprar tela, les daba una o dos cuartas más; a los
amigos que le preguntaban por qué hacia
eso, respondía que por conciencia de clase y la solidaridad entre los débiles.
Ya se había incorporado al Sindicato de Obreros y Artesanos, lee y discute de ideologías y política con el
mentor y fundador de ese primer Sindicato de Boconó, abogado Eusebio Baptista,
identificado con las luchas obreras y campesinas (61), quien además, era poeta
y fue calificado en 1938 como el protagonista revolucionario de la poesía.
Comenzaba de muchacho explotado, a impregnarse de categorías económicas y
políticas, en las que más tarde profundizará. Pensaba si era posible que él,
como su familia y amigos salieran de aquella pobreza económica, para lograr
mejores condiciones de vida y de bienestar social. Se daba la respuesta: era
necesario formarse en todo terreno, política, académica y laboralmente; también
terminar su bachillerato, en algún lugar donde lo pudiera culminar, y luego
irse a Caracas. Reflexiones que
extendían su sensibilidad social, su rectitud revolucionaria y su agudeza
política. Repicaban en su cabeza, las palabras del maestro Gamarra sobre su
futuro, decide irse a trabajar y a continuar sus estudios de bachillerato a la
ciudad de Cabimas, Estado Zulia. Con esa madurez, abandonaba la adolescencia
prematuramente para adquirir y asumir
compromisos de vida y de ser adulto. Su contacto con la intelectualidad
y la política boconesa, con el comercio y el mundo del trabajo, aprendió el
libre mercado, la explotación, se
llevaba si, en su arsenal personal, la tenacidad, su curiosidad científica, la
perseverancia en su inquebrantable confianza en el ser humano, era el influjo
de esas raíces culturales en su
carácter, en sus decisiones, en sus defectos y en su inteligencia. Allí transcurrió una importante etapa de su
vida. Infancia y adolescencia, en un contexto semifeudales, en la primera mitad
del siglo XX.
La síntesis de la dedicatoria, escrita por el
ensayista boconés e investigador de literatura hispanoamericana Domingo
Miliani, a Fabricio, en su novela
póstuma Los Tres Clavo, es la
siguiente:
A Picho
Orillero
Revolucionario
Asesinado
Que nos enseñó a fabricar cometas
Y a volar…
Con dignidad.
(Miliani, Domingo. Los tres Clavo. pág. 7. Alcaldía de
Boconó. 2013).
Este 6 de febrero, como todos los años, sacarán la parafernalia festiva y publicitaria,
el campaneo de los brindis y los discursos de retórica vacía o politiquera, aprovechando
la fecha onomástica y el nombre de Fabricio Ojeda, así ocurre con su paisa
Antonio Nicolás Briceño, y otro tanto, con Bolívar.
Fabricio Ojeda, en el campamento guerrillero, montañas de Boconó, 1964. Grafica cortesia licenciado Germán Carias Sisco. Selección de texto y diseño propio de este blog.
Lo que llama
la atención es que, en la actualidad se evade exponer, difundir, discutir y
analizar el pensamiento político e ideológico de este trujillano trascendental.
¿Por qué no se difunde y discute su idea sobre el militarismo y su alto mando?
¿Por qué este trujillano defendió que el poder civil debía tener mecanismos de
control de los ascensos militares? ¿Cuál era su idea del bloque cívico-militar
y no, militar-cívico en una situación revolucionaria? ¿Qué significaba para él
lo del bloque hegemónico? ¿Cuál era su posición respecto al socialismo y la
nueva democracia? ¿Qué pensaba acerca de la corrupción de los funcionarios y
los políticos? ¿Cuál era su concepción de la lucha del pueblo y la mentalidad
de Poder? ¿Por qué no se discute su tesis que el 10 % del presupuesto nacional
debe ser invertido en el desarrollo agrario? o sus ideas sobre petróleo, salud
y educación ¿Por qué Fabricio privilegiaba la defensa de las libertades civiles
y la Constitución? Estas entre tantas otras de sus ideas, son pertinentes en
estos momentos y crear los espacios específicos para que el pueblo las
discuta.
Como reflexión, Fabricio Ojeda, tiene mucho que decir y aportar en las actuales circunstancias que transita el pueblo venezolano.
Nota: Los párrafos anteriores, son un pequeño segmento del Capítulo
1, Mirada biográfica a Fabricio Ojeda,
de nuestro ensayo <<Política y Constitucionalismo en el Pensamiento de Fabricio
Ojeda>> (inédito).
La Puerta, febrero de 2022.
omanrique761@gmail.com
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