José
Leopoldo Valero "la mole".
Oswaldo Manrique.
Su paso pausado, uno
seguido del otro, sin romper la marcha, parecen decirse "uno a la
vez"; él, es de esos cuyo cuerpo y cuya alma, van pisando la alfombra
niebla por las 9 calles y las 3 avenidas y media del área urbana de La Puerta,
acompasado de los silbidos vientos del abra de La Culata. Le da igual, en las
horas de sol o de luna, siempre será un paso a la vez. Su nombre José Leopoldo
Valero, lo llaman afectuosamente la "Mole" Leopoldo.
No ha perdido la maña de
recorrer sus trillos autóctonos desde que tiene uso de razón. Canta a veces, se
le conoce su chiflido, ríe estruendosamente y saluda con atención con su -¿Cómo
amanecíte?
Además goza de una religiosidad imperturbable, se persigna a menudo y acude
a su templo, como parte de su cotidianidad y respeto reverencial
católico.
Nació en La Puerta, estado Trujillo, el 22 octubre de 1958. Su madre de quien habla como amantísimo hijo, de nombre Ramona Hilaria de Portillo, los parroquianos, la llamaban Hilaria. Su padre Ramón Antonio Portillo, oriundo de San Cristóbal, estado Táchira, llegó a Trujillo para incorporarse a la Banda Musical de la ciudad de Trujillo, como ejecutante de clarinete. En esa ciudad, Ramón conoció a Hilaria Valero, nativa de Carora, estado Lara y decidieron casarse en La Puerta, e irse a vivir allí. Los casó el padre Francisco José Verde, quien era paisano de Hilaria.
Relató Leopoldo que su papá
Ramón, llegó a ocupar el cargo de Juez de este Municipio, hasta que murió
(Conversación con José Leopoldo Valero. La Puerta, 3 abril 2022). Al
morir Ramón Portillo, su mujer quedó sola y con Leopoldo pequeño, a su cargo,
viviendo en La Puerta.
Entre los años 1966 y 67, estando en
funcionamiento, esa suerte de esperanza municipal y regional, como lo fue la
Escuela Técnica de Agricultura y Cría, de La Puerta, la señora Hilaria se
defendía económicamente haciendo comida y tenía una residencia de estudiantes
en su casa de la Calle Sucre, antes calle arriba.
Hay un aspecto de su vida
que lo dice sin ningún tipo de tristeza, como si nunca lo hubiera afectado, por
la forma cariñosa que habla de sus padres, él fue adoptado por ellos, y jamás
conoció a su madre y padre biológicos.
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José Leopoldo Valero, sentado en una acera de La Hoyada, Parroquia La Puerta, Trujillo, Venezuela. Cronografía propia de este blog. |
Entre sus recuerdos está
que estudió <<en la escuela que estaba en la Plaza, el 1ro. y 2do grado
de primaria, el 3°, 4°, 5° y 6° grado en el Grupo de arriba>>(Conversación citada), se refiere a la escuela José Luis
Faure Sabaut, que tuvo sus inicios en unas casas ubicadas al frente de la Plaza
Bolívar. Educación primaria que terminó en 1972.
Parte del día, lo utilizaba
para ayudar a su mamá, quien <<hacia paledonia, cocada, el suspiro,
y el sollozo>> (Conversación citada); explicó que este último dulce es el mismo suspiro,
pero de color amarillo. Él agarraba sus cestas y bandejas de dulces, e iba
directo a venderle la producción diaria a los locales de los comerciantes del
pueblo.
Pudo trabajar Hilaria como
ama de llaves del padre Verde, quien la ayudó, y en las distintas
responsabilidades y Parroquias, que tuvo que asumir este Cura, allí fueron a
dar. Verde, vivía en la mansión ubicada al lado de donde está el hotel El
Padrino, en la misma cuadra de la Prefectura de La Puerta.
Recordó Leopoldo, que vivieron en Trujillo, en
la casona de los Lomelli, apreciada familia trujillana, destacada por sus
integrantes profesionales y sus acciones al servicio de la comunidad, ubicada
en las Araujas, donde estuvo la sede de la Disip, al frente de la bomba de
gasolina, vivieron por un año, hasta que cambiaron al padre a otra Parroquia.
Andrés Lomelli Rosario, estaba casado con Amelia, hermana del padre Verde. Viendo que Hilaria no tenía casa, se puso de acuerdo con el padre Verde y entre los dos, le compran la casa en La Puerta. Este padre era un hombre de mucho dinero. Fue el Pbro. Francisco José Verde <<quien ideó e hizo posible en 1942, la construcción del área histórica de Mendoza con sus monumentos de Antonio Nicolás Briceño y el padre Rosario>> (Briceño Monreal, Aura. Lección magistral Bicentenario del nacimiento del Dr. y coronel Antonio Nicolás Briceño. Valera. 1982). En la memoria colectiva de nuestros viejos, se recuerda el encontronazo que tuvo este cura con uno de los “caciques” del pueblo, de apellido Matheus. El padre, era enemigo de los oligarcas, particularmente el “Araujismo”. Ese día ambos se pusieron a discutir, y el padre ese día no andaba armado de su revólver como acostumbraba, pero para no dejar la discusión incompleta, le dio unos “carajazos” a su contrincante, y allí, terminó todo.
José Leopoldo Valero (izquierda), sentado al lado de su amigo Antonio Rivas (a la derecha), en una acera de La Hoyada, Parroquia La Puerta, Trujillo, Venezuela. Cronografía propia de este blog. |
Hilaria trabajó mucho tiempo con el padre Verde, y Leopoldo siempre al lado de ella, ayudando en lo que podía, a la vez aprendiendo modales, los convencionalismos sociales y religiosos del entorno de un sacerdote tan polémico como Verde, en fin, a tratar a la gente, a la feligresía, a los curas; recuerda que estuvo en Trujillo, Mendoza, La Mesa, también en Barquisimeto y luego, se trasladan a la parroquia La Pastora, en Caracas, aquí murió el polémico Padre, en un apartamento que había comprado.
Espectador actual, puede encontrarse
en la plaza Bolívar o en la esquina de la Casa Parroquial, también por el
Callejón de los Muertos, o finalmente en el frente del Pastelito de Oro, observando el movimiento de gente. A Leopoldo
se le ve sólo, calmado, caminando, como él mismo lo comenta "con
Dios y con la Virgen", adopta una pose monacal, con las manos
entrecruzadas sobre su estómago, como un sacerdote atento y sonriente, cuando
se le trata, se reconoce a un ser con profunda tranquilidad espiritual; eso le
viene, porque gran parte de su vida estuvo ligada al padre Francisco José
Verde, quien fue Párroco de La Puerta y Mendoza, un beato varón muy singular.
Cuando "la mole" Valero, acude a cumplir con su deber eucarístico en el templo San Pablo Apóstol de La Puerta, pareciera que se abstrae y se integra a otro mundo, con el que se comunica secretamente.
Pareciera contradictorio,
por esa tranquilidad y parsimonia que lo caracteriza, que comenzó <<A viajar como caletero, desde los 16
años, era la forma que había para conocer otros sitios. Trabajé para todos los
Despachos de hortalizas, con los Romero, los Farías, los Torres, y después con
los Briceño de la Mocoti, trabajé viajando como hasta los 45 o 50 años de edad.
Le puedo decir que conocí a gran parte de Venezuela. Fui muchas veces a Ciudad Bolívar,
Puerto La Cruz, al Tigre, San Félix, los Llanos, y hasta la famosa Conejera, en
la Isla de Margarita fui a dar>> (Conversación citada). Cuando
estaba de vacaciones, se iba a las ferias, específicamente a las de Mérida y
las de San Cristóbal, se iba sólo. En Trujillo, iba a visitar a Olga, su novia
oficial. Luego se relacionó sentimentalmente con Macu, una joven residenciada
en la Calle La Legua. Tenía sus novias, pero no dejó hijos regados.
Impertérrito, de pie, en su
habitual pose de cartujo, con las manos sobre su estomago, parado en una
esquina, observa desde temprano como fiel vigía el paso de la niebla y de las
paraulatas parameras con su engañoso trino, ojeando como cámara panorámica desde
la falda de La Maraquita, hasta Los pormenores de los Vicuyes, luego voltea
hacia el este, y otea desde el abra que corona La Flecha, hasta la serranía de
Pitimay; es la estampa que lo recrea y lo energiza, por eso, la admiración que
siente por su paisaje vital.
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José Leopoldo Valero "la mole", en uno de los recintos al que acude con bastante regularidad: el templo San Pablo Apóstol de La Puerta. |
Recordó que, anteriormente,
<<las
fiestas del pueblo, eran más religiosas y de más respeto y entusiasmo
tradicional. Estoy hablando de los años 70. Me gustaba mucho la semana santa,
porque también en las diferentes casas de familia, te invitaban a comer>>
(Conversación citada); esto lo dijo con su fresca y estruendosa
carcajada.
En aquellas noches
lúgubres, cargadas de niebla, de frío y hasta de lluvia, como si fuese un
protector de la noche, se le escucha: - ¡eperate! no te vayás solo, te acompaño.
Como todo un custodio llega hasta la casa del vecino de mayor edad, que para él
merece ser cuidado, acciones como esa, forman parte de su lógica de vida.
La Puerta, junio
2022.
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