jueves, 30 de junio de 2022

María Leonor Paredes de Rivero.


<<Señora Leonor>>.


Oswaldo Manrique Ramírez.


La sensibilidad y firmeza de la mujer puertense.

María Leonor Paredes de Rivero: nació en La Puerta, estado Trujillo, en un pequeño caserío denominado antiguamente El Charcal, situado al suroeste de dicha Parroquia, el 13 de marzo de 1913. Sus padres Pablo Paredes y Lucía Toro, era la hija mayor de este matrimonio, por lo que le correspondió asumir responsabilidades dentro de la casa y para con sus hermanos menores;  sus estudios de primeras letras los hizo en su casa, teniendo como guía a su hermana Aurelia, quien estudiaba en la Escuela que funcionaba en el Censo.

María Leonor Paredes de Rivero, la <<señora Leonor>>. Gráfica cortesía de Antonio Linio Rivero. 

Se casó en 1935 con Martín Rivero, el maestro del Censo, con quien procreó 6 hijos: José Américo, Antonio Lino, Emma Rosa, José Américo, Carmen Delia y Misael Antonio Rivero Paredes. Con su esposo, fue admiradora de uno de los caudillos nacionalistas de la Cordillera de la Culata, el coronel Américo Burelli,  por eso, a dos de sus hijos les puso por nombre Américo (Conversación con Antonio Lino Rivero. La Puerta, enero 2022).

Eran tiempos del llamado Gomecismo, del Amo único, de una ruralidad cargada de violencia y de precarias condiciones económicas, educacionales y de salud, además del escaso trabajo en la agricultura y la cría de La Puerta.

En el caserío El Censo, vivieron hasta 1940, año en el que la joven pareja y su prole, decidieron mudarse al sector San Martín, en la vía al Portachuelo, hoy La Lagunita, en una finca propiedad de la Sucesión Rafael González, estaban cerca de donde vivía la mama de Martín. Llegó un momento en que la finca la vendían en tres mil bolívares, y él no tenía el dinero para comprarla, y tuvo que entregarla, la compró Numa Viloria, hijo de Don Lucio Viloria, quien fue maestro de Martin en 1915, en la Escuela de La Puerta;  y se mudaron a El Pozo, a una finca del hacendado Antonio Carrasquero, donde Martin pasó a sembrar como medianero.  

Relata su hijo Antonio Lino, que, su mamá mujer decidida, se mudó, bajó con sus muchachos a finales del año 1942, al casco de La Puerta, y se alojó <<provisionalmente  en una habitación que les cedió doña Elba Bello, quien era madrina de una de sus hijas. Mientras construían su casa de habitación en un terreno que había comprado su esposo, ubicado en la calle de abajo (Páez) en el año 1942, era un amplio solar de 1.200 metros>> (Rivero, Antonio Lino. María Leonor Paredes de Rivero <<Señora Leonor>>. En fotostato. Maracaibo. 2011). Mujer con mucha dignidad y agradecimiento, se mudó con su familia a la nueva casa, sin haber terminado de construirla,

En el año 48, su esposo, trabajador incansable, estaba en mala situación económica, no tenía empleo, por lo que tuvo que hipotecar su casa. El maestro Martin Rivero, en uno de sus poemas, caracteriza el temple de su esposa, al describir una situación económica limitada y ella asumió una actitud solidaria, firme  y motivadora, <<con mi casa hipotecada.// Mi mujer descontrolada de// ayudarme a trabajar me dijo:// Vaya a buscar donde consiga// un empleo porque, lo que yo deseo// es que ¡No se tire a matar! y// no le vaya a quedar//el puro trabajo en vano>> (Rivero, Martin. Lamentos de un deudor>>; este es un tributo a su pueblo, en el que explica por qué se fue de La Puerta a Maracaibo, en 1948.

Martín Rivero, esposo de la Señora Leonor, fue el fundador y primer maestro de la Escuela de primeras letras de El Censo. 

Los primeros meses en Maracaibo, vivieron en una casa del señor Camilo Rivero, ubicada a diez minutos del centro de la ciudad, <<Después compraron una casita en el mismo sector con la ayuda de sus hijos mayores>> (Ídem).  Buscando la mejoría y ahorro económico, en 1953, se mudan al sector Bellavista, cerca donde trabaja su esposo y su hijo Antonio Lino.

Estando en Maracaibo, tanto en Nueva Vía como en Bellavista, su vivienda se convirtió en una especie de casa de apoyo, donde a los paisanos puertenses que iban en busca de trabajo, se les brindaba alojamiento provisional, retribuían y agradecían de esa forma la ayuda que les prestaron cuando esta pareja llegó a Maracaibo.

En la familia Rivero, recuerdan algunas vicisitudes, que tuvo que enfrentar, en la comunidad, que a algunos de sus miembros, no les agradaba la gente andina. Recuerda su hijo mayor Antonio Lino  que, a pocos meses de vivir en Nueva Vía, los iban a  visitar gente de La Puerta, tenían <<una casa modesta en una calle bastante amplia donde todos se conocían y los vecinos eran muy tratables y colaboradores. La mayoría era gente andina…en esa calle…vivían tres muchachas, a quienes mama no le caía bien y cuando venia gente de los Andes a visitarla las muchachas gritaban: ¡Llegaron los Gochos! ¡Llegaron los Gochos!>> (Rivero); esta especie de rechazo, no la amilanó ni acomplejó, por el contrario la motivó a defenderse y a ser mas proactiva, lo que relata el hijo a continuación: <<Un día…se acercaron a ofenderla. Mi mama que era una señora alta, maciza y robusta con una vitalidad y fuerza que disfrutaba a los 35 años de edad. Esperó que se le acercara una de ellas, tan pronto la tuvo cerca la agarró como si fuera una almohada, la levantó en vilo y la lanzó a las otras dos, que venían detrás. Las tres cayeron al suelo y no les quedó más remedio que levantarse y salir corriendo. Desde ese día mi mama se ganó el respeto de las muchachas y de todos sus vecinos. Y cuando la trataban le decían: Señora Leonor>> (Ídem). Fueron comienzos difíciles para ella, como para cualquier migrante.

Forjadora de comunidad y urbanismo.

En 1953, junto con su esposo, y doce familias con las que se habían relacionado, que coincidían en la necesidad de urbanizar un lote de terreno en  la zona sur de Maracaibo,  y abrió una verdadera y sentida campaña organizativa y de fomento de ese emprendimiento social; fue así como comienzan a construir y fomentar un urbanismo popular y la comunidad del sector Corito (Haticos por Arriba – Manfuey, hoy 23 de enero), allí construyeron una casa familiar, tipo andino, y en parte del amplio terreno, funcionó la Capilla y la sede de la Junta Pro-mejoras. El sector se convirtió en 1958, en una moderna urbanización.

Trabajó incansablemente por la causa comunitaria.  Compartiendo los sentimientos cívicos de su esposo y de la vocación de servicio de éste, consagró parte de sus mejores momentos a la causa de la educación, allí, tuvo la oportunidad de encender la llama del conocimiento y funda una escuela. A pesar que no estudio en su juventud, cuando se casó con Martín que fue maestro de escuela en su época, aprendió a leer y escribir perfectamente, y de forma voluntariosa y al servicio de su comunidad el “23 de enero”, instaló una pequeña escuela, <<donde le daba clase a unos veinte niños y a la vez, los enseñaba a rezar y los preparaba para que hicieran la primera comunión>> (Ídem); con el tiempo esos niños, se convirtieron en profesionales, dos de ellos, se inclinaron por la formación sacerdotal.

Su pasión religiosa: catequizar y construir capillas católicas.

Señora Leonor, fue una mujer muy católica, <<el que vivía en la casa tenía que asistir a misa y algunos actos religiosos programados los días de fiesta>> (Ídem); realmente a pesar del rigor de su carácter andino, cuando ella decía: - Tenemos que ir a misa, la respetaban y todos le obedecían sin rechistar.  En el terreno de la casa de la Señora Leonor, funcionó una Capilla en la que recibían misa los de la comunidad; pero cuando inauguraron la Urbanización Mendoza, la capilla la mudaron para esta urbanización, por orden del Obispo. Después Leonor, ayudó a fundar otra capilla en otro sector de Corito, y ella ayudaba a su mantenimiento. 

Antonio Lino Rivero, en sus tiempos juveniles, ataviado de su uniforme militar; hijo de la Señora Leonor.

 Igualmente fue el alma de la devoción mariana, al fundar en 1957, en su propia casa <<La Legión de María>>, de la cual, fue su Presidenta. De igual forma, perteneció a varios grupos religiosos en la Santa Iglesia Catedral, el Convento de los Padres Capuchinos, en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

Sus buenas relaciones con la Iglesia católica, le permitió viajar por varia partes del mundo; en 1968, fue a Bogotá, Colombia, para conocer al Papa Paulo VI; Visitó Portugal; en 1979, visitó México, para  ver y escuchar al Papa Juan Pablo II; aparte de  esos viajes, también estuvo en los Estados Unidos, en un grupo que coordinaba el padre Navarro, cura párroco de la Iglesia San Pedro, ubicada en el barrio Progreso.

La Señora Leonor, apreciada y respetada por su comunidad, que tuvo entre sus planes hacer un viaje en peregrinación a la Tierra Santa, enfermó y murió el 4 de octubre de 1986.  Fue un ejemplo de la sensibilidad y firmeza de la mujer puertense, que debemos inscribir en la historia de nuestra localidad.

 La Puerta, 13 de marzo de 2022.

Omanrique761@gmail.com

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