Por Oswaldo Manrique (*)
Eso ocurre en el balcón de la casa.
El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una
terraza tipo italiana, muy bonita la panorámica, que nos hace imaginar viejos
tiempos cuando era una delicia vivir en Valera. Allí, donde acostumbra a
descansar y deleitarse Germán, dejaba escuchar:
- Fuifuííía fuifuííía. Su particular y cómplice silbido, que
le anuncia a su ocupada esposa, imbuida en su mágico mundo de colores y
tonalidades, la llegada de los nietos. En sí, la entonación, según su
creador, asemeja y contiene una sola palabra: Sofía.
En su estudio pictórico, como parte
de su gratificante y sagrado espacio-tiempo, podía escuchar alguna vez la
guitarra de Alirio Díaz, el joven caroreño, en sus visitas a Valera, o a los
mismos hermanos Gómez y sus mágicas cajas sonoras deleitando con melodías del
folklore colombiano, lo que la acercaba a la nostalgia o algún vals del
altiplano, voces y guitarras muy acopladas, que se escuchaban por Radio Valera.
Proviniendo de una familia histórica
y de reconocido abolengo, terrateniente, constructora y de poder en Colombia,
no iba a sumirse en lo que no era, ni en lo que no deseaba ser, por eso como
pocas mujeres –así lo describiría el filósofo Ludovico Silva-, tuvo la
oportunidad de ser una de las "bellas de inteligencia", pero a la
vez, pudo destacar en el campo de la belleza y el arte, asimismo, lucir sus
sofisticadas galas en las recepciones y espacios selectos de la sociedad
trujillana y de Colombia y Venezuela. Su nombre completo Sofía Beatriz Angulo
Arboleda de Ramírez.
Sofía, nació en Popayán el 3 de marzo
de 1927. Su padre Arquímedes de Angulo, hacendado y empresario; la madre,
doña Elvira Arboleda, de las familias aristocráticas de Colombia. Estudió
su primaria y bachillerato en el colegio San José de Tarbes, en Popayán. Inició
sus estudios para ser abogada en la Facultad de Derecho de la Universidad del
Cauca, los que interrumpió al casarse y venirse a Venezuela. Estudió música en
el Conservatorio de la Universidad del Cauca, también incursionó en el arte de
pintar.
Desde los predios de
los Arboleda a las tierras del Bomboy. Los años con su aristocrática familia.
Existen varias publicaciones que
relatan los acontecimientos y obra de los integrantes de la poderosa y
aristocrática familia Arboleda, a lo largo de la historia de
Colombia. Considerado, <<Uno de los apellidos más reconocidos en la
historia del suroccidente del país, especialmente en Popayán (Departamento del
Cauca), es el Arboleda, de donde es originario. Su importancia derivó de la
presencia de los miembros de la familia en cargos administrativos locales (en
el período colonial y republicano>> (Cristian Salamanca Arévalo. La familia Arboleda. 18 junio 2020.
Banrepcultural.com); entre las figuras con trascendencia histórica, encontramos
a Julio Arboleda Pombo, destacado poeta, militar, periodista y político, quien
fue elegido Presidente de la Confederación Granadina (actuales Colombia y
Panamá) en 1861, y a Sergio Arboleda y
Pombo: importante ideólogo y líder del Partido Conservador en el siglo XIX,
abogado, escritor y rector de la Universidad del Cauca. Su legado educativo dio
origen a la actual Universidad Sergio Arboleda en Bogotá.
Hemos leído también, que, <<la
clave para comprender la relevancia de esta familia, se relaciona con los lazos
matrimoniales que sus integrantes establecieron con linajes como los Mosquera,
Ospina, O’Donell y Arroyo, puesto que este tipo de alianzas, unidas al papel
que desempeñaban en la esfera pública, permitió que los Arboleda ejerciera
control material sobre grandes extensiones de tierras y que éstas, a su vez,
los dotaran de poder y reconocimiento político en la región>>
(Idem). Su época de mayor esplendor abarcó desde el siglo XVII hasta el XX,
destacándose por su rol en la política colombiana, la literatura y la
educación.
Resume el investigador Cristian
Salamanca Arévalo, que los archivos de esta familia y la propia historiografía
colombiana, dan cuenta de las inmensas posesiones
y bienes que tenía esta familia en Cauca, Valle y en Bogotá, propiedades en
Cundinamarca, negocios, operaciones comerciales de importación, financieras, a la par, en el Chocó, donde la
familia Arboleda se dedica a la actividad minera, para lo cual, compran
territorios, reconocimiento de minas, y establecen derechos de explotación.
El mismo Salamanca, en referencia a
los conservados documentos históricos, estima que, el Archivo documental de
esta familia <<es una ventana para el análisis de redes comerciales, políticas
y familiares, en un escenario donde el poder se relacionaba con la posesión y
administración de grandes extensiones territoriales>> (Idem), esto, nos da una idea de la importancia y el poder
de la familia Arboleda, resaltando en la
administración de este amplio patrimonio la matrona Sofía Mosquera de Arboleda.
Sofía, nombre que se repite en estas familias, generación tras generación.
Los Arboleda, se
restean con Simón Bolívar. Los Mosquera Arboleda, un bastión
"Bolivariano" en el suroccidente.
En otro interesante artículo en el
que se estudia las relaciones de dos de las mas importantes familias de la
ciudad de Popayan, los Arboleda y los Mosquera, encontramos que, <<Bolívar
ponderaba bien la importancia de las familias de la región y sus extensos
vínculos, los cuales eran centrales para la construcción de las fidelidades y
la buena marcha de su proyecto político. Es por esta razón que a lo largo de su
campaña por el sur de América, representantes de las familias de la antigua
gobernación estarán siempre a su lado y serán los voceros de su proyecto
político>>, entre ellos los
Mosquera Arboleda. Resaltando el
hecho que, <<en junio de 1822, Bolívar entra a la ciudad de Quito con el
capitán Mosquera, quien rápidamente fue incluído entre los oficiales que debían
marchar a Guayaquil, ahora como secretario personal del Libertador y con el
grado de Teniente Coronel>> (Pardo Arellano, Luis Ervin y Prado Valencia, David Fernando. La familia Mosquera y Arboleda y el proyecto bolivariano (1821-1830. En: revista javeriana.edu.co. 2010). En tanto, como clan familiar mantenía
relaciones y vínculos con otras casas que, al igual que los Mosquera, tenían
intereses directos en el Pacífico: como los Arboleda, los Diago, los Quiñónez
Cienfuegos y los Angulo, esta última, la familia del padre de nuestra
biografiada. Eran las familias de alto poder económico y político en la región
suroccidental.
Fueron los ascendientes de doña
Sofía, férreos seguidores del proyecto político del Libertador, <<El
hecho es que tanto Tomás Cipriano de Mosquera, como su parentela, fueron los
pilares en el departamento del Cauca del ideario bolivariano y, por ende, de
las veleidades de un proyecto político monocrático -especialmente a partir de
1826-, y férreos opositores al grupo de Francisco de Paula Santander y el
denominado en ese momento como "partido socorrano". Al año
siguiente, <<ante la polarización, la familia Mosquera Arboleda expresó su voluntad
de apoyar un régimen de gobierno representado en Bolívar como figura de
autoridad legítima. Eso pensaba don José María Mosquera días previos a la
Convención Nacional de 1827, en la que se decidiría la forma de gobierno a
adoptar>> (Idem), su idea de un legítimo gobierno, pero presidido
por Simón Bolivar.
En líneas generales, esas son las
raíces del lado materno y paterno de doña Sofía.
Sofía abandona Popayán, sus estudios y a su opulenta familia, para ir a
vivir a la Hacienda Las Delicias.
Cuando había cumplido 19 años de
edad, la hermosa y aristocrática Sofía Angulo Arboleda, conoce a un elegante y
agradable estudiante de ingeniería, oriundo de La Puerta, estado Trujillo en
Venezuela, se casó con él y se fue a vivir definitivamente en este
país. Su esposo Germán Ramírez González, nació en la hacienda “Las
Delicias”, en el Muncipio La Puerta, estado Trujillo. Sus primeras experiencias
de trabajo las tuvo en dicha hacienda, repleta de cañaverales y explotando sus
derivados, en el muy antiguo trapiche.
La historiografía sobre los Arboleda,
reseña que Germán, inquieto viajero, <<se fue en una oportunidad con un
grupo selecto de jóvenes venezolanos a Popayán y varios se casan allá. Uno de
ellos, Germán, quien se matrimonió en Popayán con doña Sofía Beatriz Angulo
Arboleda, el 15 agosto 1946>> (Tomado del Libro: Angulo, José
Arquímedes de. Familia Angulo Arboleda. Apuntes familiares. Pag.266. Arfo
Editores. Bogotá. Colombia. 1989).
Casada, se vino con Germán y organiza
su hogar en la vieja casa del trapiche en la hacienda “Las Delicias” (Municipio
La Puerta), y comienzan en 1948, la construcción de la casa grande de esta
hacienda que han denominado “Chalet”, mientras, alquilaron una casa en Mendoza
donde vive con la familia y compran entre 1949-50, un terreno en la ciudad de
Valera, frente a la plaza Los Ilustres, en el que construye una casa que
concluye en 1953, a donde se muda. Su prioridad la familia. Procreó a sus
hijos: Germán Isaías, Gonzalo, Sofía Beatriz, María Teresa, Carmen Eugenia,
María del Pilar y Juan Manuel Ramírez Angulo.
Germán inició su ejercicio
profesional en el INOS, luego, en el gobierno de Rómulo Gallegos, es designado
Director General de Aeropuertos y renunció al poco tiempo. Al asumir el
gobierno Marcos Pérez Jiménez, fue nombrado ingeniero Director del Ministerio
de Obras Públicas de Trujillo (Angulo, José Arquímedes de. Familia Angulo
Arboleda. Apuntes familiares. Pág. 246. Arfo Editores. Bogotá. Colombia. 1989);
más tarde, pasó a la actividad privada.
El estatus social, las prerrogativas
y privilegios sociales que pudo obtener al ser la esposa de un próspero y
acaudalado empresario, no significaba lo que en realidad vivían otras mujeres
de su condición, de entregarse y dedicarse a su función biológica, doméstica y
reproductora, la preciosa "ama de casa", madre y administradora del
hogar. Tampoco, sería una mujer adorno, exquisita acompañante del marido. En ella
no iba eso. Cuando se casó, tomó la firme decisión de ir a vivir con Germán en
la Hacienda Las Delicias, con todas sus circunstancias, junto a él, tanto apoyando sus comienzos como
profesional y a cargo del patrimonio familiar, y en su sueño, de mejorar las
condiciones sociales de su terruño, en la complicada tarea de emprender para
subsistir en una sociedad rural difícil, analfabeta y de pobreza. Así era La
Puerta y sus alrededores, y Germán, no era su rival, sino su cómplice.
Su natural agudeza, la obliga a
emprender y colaborar económicamente con su proyectada familia. Un buen día, se
decidió a invertir parte de su fortuna y compra unas tierras ubicadas al otro
lado del río Bomboy, frente a la hacienda Las Delicias propiedad de su esposo
Germán, en un sitio llamado Las Aletas, tierras sin agua suficiente para cultivos,
donde antiguamente, hubo un tejar artesanal a orilla del río. Halló la
forma de aportar a la economía familiar y lo convirtió en un cañamelar
productivo, inclusive, fabricando una casa de altas columnas, para atender los
negocios y mejoró el camino agrícola, que aún se conservan. Su inagotable
capacidad y dinamismo, la forzaba a trabajar, a producir, y tomó las riendas y
administración de la concurrida Librería
y Papelería Valera, en el centro de la ciudad. Así era doña
Sofía.
Sofía y su familia en el exilio. El regreso a recuperar sus bienes.
Durante el tiempo de gobierno del
general Marcos Pérez Jiménez, Germán como buen ingeniero, cumple un tiempo como
funcionario y luego, pasó al ejercicio privado de su profesión, adquiriendo un
completo equipo de construccicon de obras viales y realiza la carretera
Valera-Timotes, lo que sacó del aislamiento a la comunidad de La Puerta, y le
dio empuje a la agricultura, al facilitar la vía para sacar las cosechas;
asimismo, ejecutó la carretera Valera-Motatán, entre otras.
Siendo Germán, políticamente, uno de sus adherentes y vinculado como estaba
con su gestión, se vio obligado a salir con su familia al exilio, a la
caída del general Marcos Pérez Jiménez; en 1958, se exilió toda la familia en
Colombia, abandonando su importante maquinaria y equipo de ingeniería. Allá, se
dedicaron al trabajo pecuario, en el Valle del Cauca.
Ella, vinculada a la Iglesia
catolica, donó un terreno en la urbanización Belalcázar, Popayán, para la
construcción de la iglesia La Milagrosa, que a raíz del sismo del año 1983,
pasó a ser la Catedral de dicha ciudad, mientras se construía la
basílica.
Hay un hecho curioso, que demostró el
temple de Sofía Beatriz Angulo Arboleda, en el año 1959, estando exiliados en Colombia
<<encontrándose en estado de
embarazo, viaja a Venezuela y con ejemplar fortaleza moviliza las máquinas, las
concentra en un campamento y le hace frente a la administración de las
haciendas, con la colaboración de los nobles amigos Perucho y Evaristo Rueda>> (Angulo, 265); esta disposición y genio, le
venía en los genes.
En 1965, concluidas las
investigaciones y exento de responsabilidad política administrativa, regresa su
esposo a Venezuela, quien retomó
<< su equipo y maquinaria de ingeniería muy deteriorado y como no era
hombre de dejarse vencer, procede a reconstruirlo para nuevamente ejercer su
profesión>> (Angulo, 266); gracias al esfuerzo adelantado en 1959 por Sofía, al recuperarla, le sirvió para
reiniciar con mas ahínco su espíritu de trabajo.
Los años en Valera, de intensa obra benéfica y social.
Después de vivir en una casa
arrendada en Mendoza, bajo sus sugerencias y visión estética construyeron la
casa frente a la plaza Los Ilustres, una de las pocas de ese estilo y tiempo,
que aún se conserva.
En la memoria familiar, repasa
aquellas frecuentes llamadas a la puerta de su residencia, de personas que sin
conocerla la procuraban y ella, las recibia con: - ¡Quiuubo Mija! Cómo me le va,
en qué puedo servirla. A pesar
de toda una vida en Venezuela, no dejó de hablar con su cantadito particular de
la gente del sur de Colombia y como bondadosa abuela, fue atenta a sus nietos
que cuando la llamaban, inmediatamente les respondía: - A ver Mijo, aquí estoy.
Frase que con orgullo y complicidad, recuerdan.
Socialmente, la actividad de los
Ramírez Angulo, llevaba el carácter y sensibilidad de doña Sofía, que rayaba en
la filantropía y mecenazgo, es decir, en
sus obras benéficas, en ese tiempo, imponía su fisonomía y marca. Su vinculación con los Salesianos, debido a su
espiritualidad y catolicismo, y a que
Germán mantuvo las relaciones de fraternidad con sus condiscípulos del colegio
Santo Tomas de Aquino, de Valera, y también, los del Colegio Salesiano de Los
Teques, se fue integrando socialmente en diferentes grupos de laicos y
sacerdotales, sociedades benéficas, necesidades colectivas, que ella misma
percibía, aún las más difíciles, las asumía y se convertían en compromisos y
tareas de orden superior. Donó una beca para un sacerdote salesiano.
Siendo su esposo presidente del Club
de Comercio de Valera, en 1949, estimuló el comité de damas para acciones
sociales, uno de sus biografos escribió que, <<Su vida de hogar la alterna con
obras sociales, catequesis en Colombia y Venezuela>>,
particularmente en La Ceiba, Trujillo, con la colaboración de un sacerdote
jesuita prepara e instruye para la primera comunión a cientos de niños,
incluyendo, además siete adultos mayores de 60 años. Igualmente, desarrolla
<<cursos sobre vida matrimonial y logró que 20 parejas en unión libre,
recibieran el Sacramento del Matrimonio>> (Angulo, pág. 263), por
supuesto, la celebración se realizó en la empresa Central La Ceiba, esfuerzo
económico familiar cuya emprendimiento, comenzaba precisamente en ese tiempo. Llegó
a ser junto con su esposo, por un tiempo, directores del grupo Movimiento
Familiar Cristiano.
Fue benefactora del Ancianato o Casa
Hogar de Betijoque, para dar atención integral, espiritual y cuidado emocional
a damas de escasos recursos con más de 60 años de edad, cuya dirección estaba a
cargo de monjas de Colombia y Ecuador.
En su gestión social, donó junto con
su esposo Germán, el terreno para la construcción de una casa para retiros
espirituales, administrada por la Comunidad Salesiana. Eran de las denominadas
necesidades sentidas de la colectividad católica y ella expresaba su catadura solidaria y
caritativa en el buen sentido del término, haciendo obras para el bienestar de
la colectividad, sin necesidad de protagonismos.
Como amiga y entusiasta colaboradora
del padre Javier Sarrasqueta Jasso, en sus obras benéficas y religiosas, dada
su permanente espiritualidad y solidaridad, donó la imagen de San Juan Apóstol
a la Iglesia de El Carmen de Valera y dentro de sus compromisos, continuó la
colaboración por los más vulnerables, en los programas y servicio pastoral del
párroco Sarrasqueta.
Sus actividades artísticas.
Amante de la música, con estudios en
el Conservatorio Universitario de Popayan, igualmente, en pintura y las manifestaciones
artísticas en general, demostró que, la mujer cuando tiene conciencia y puede,
aporta y da a la comunidad, pero en el caso de Sofía, se esforzó por dar más,
sin protagonismos, sin utilizar el dinero público para hacer falsa filantropía,
y sin esperar nada a cambio, de esa
manera proveía una nueva dimensión a lo social y lo cultural, vida y obra que
merece unas líneas aparte.
Esta pequeña reseña, hace honor a una mujer de regio abolengo que abandonó todo, para venir a vivir a nuestro hermoso Valle del Bomboy. Por su entereza, sentimiento caritativo, espiritualidad, filantropía, agudeza y voluntad, incluso por su belleza y sentido estético, dejó huellas que nos transmiten el aroma y la frescura de una hermosa época, no tan lejana, en esta tierra de María Santísima. Mi reconocimiento al Dr. Juan Vicente Ramirez, nieto de la personaje, por su aporte documental, imágenes y testimonial para la elaboración de esta nota biográfica.
(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

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