La
Puerta, una puebla, no un pueblo.
Oswaldo
Manrique R.
Te interesará saber, que
antiguamente, a La Puerta, no se le
decía Pueblo sino Puebla. Sí, la
Puebla de San Pablo del Bomboy, en femenino.
Ustedes se preguntaran ¿cómo es eso? ¿A quién se le ocurrió llamarla
Puebla? y ¿cuáles eran las razones para hacerlo?
Tratemos un poco de este dato curioso y
sugestivo. En la crónica anterior, dijimos que cuando el invasor europeo llegó a nuestro Valle, en el siglo XVI,
encontró una sociedad aborigen en una definida formación social tribal; es decir, organizada en sus
diferentes ámbitos sociales, familiares, con un gobierno básico, con una
economía agrícola comunitaria, con una cultura y creencias religiosas desarrolladas
ancestralmente, a lo largo y ancho del Valle del Bomboy. Ese orden tribal,
estaba estructurado por parentelas, vinculadas
fundamentalmente por la mujer, como eje de esa organización, como lo
apuntó nuestro amigo, colega e historiador trujillano Arturo Cardozo (QEPD), en
su obra El cauce de un pueblo.
Antiguo templo de La Puerta, construido por el padre Pedro Santa Ana de Coronado, alrededor del año 1790. |
El
que nos abrió los ojos en cuanto a esto, de Puebla, fue Don Mario
Briceño Iragorry, quien en su discurso
de ingreso como individuo de número, en la Academia Nacional de la Historia, en
el año 1929, hizo en razón de sus investigaciones, una mención agradable en
relación a La Puerta. Se estaba
refiriendo a uno de los capitanes españoles y fundadores de Trujillo, Hernando Hurtado de Mendoza, que fue Alférez
Real y Alcalde ordinario de esta ciudad, a quien le fue adjudicada Encomienda
en el valle del Bomboy, y la llamó la
Puebla de San Pablo de Bomboy, se entiende que se refiere al Pueblo Cabecera de Doctrina, donde fueron concentrados todos los grupos, comunidades y familias indígenas dispersas en el valle y áreas adyacentes (lo que hoy conforman las poblaciones de La Quebrada, Jajó, Mendoza y la Puerta) que fueron llevadas a lo que hoy es la zona urbana de La Puerta, una legua a los cuatro vientos, convertida en campo de concentración y control de estos aborígenes, convertidos en esclavos, vinculado también con las relaciones de poder que se establecieron con la ocupación europea. Obsérvese que no lo llamó Pueblo, sino
Puebla, que tenía y tiene otro carácter,
importancia y significado.
Así como se reconoce que el
historiador Arturo Cardozo, visibilizó el período prehispánico venezolano, a la
par, Don Mario es quizás uno de los más insignes escritores, en cuanto a su
irreverencia para escribir la historia de Venezuela autentica y sin las
lisonjas y sin evasiones con que solían elaborarlas los historiadores de su
tiempo y antes de éste; por eso se le acredita la reposición a nuestra historia
patria, de los tres siglos coloniales, de cuyo proceso aflora parte de nuestras
raíces y los fundamentos de nuestra nacionalidad.
Expliquemos
esto. Sin duda que nuestro ilustre escritor, cosmopolita, estudioso y profundo
conocedor de las raíces trujillanas, al llamar con el vocablo femenino a este
lugar, le dio otra connotación a lo que comúnmente hemos conocido como proceso histórico poblacional,
de este lugar denominado eclesiástica y oficialmente como San Pablo Apóstol del
Bomboy, alias La Puerta, como lo registro el Obispo Mariano Martí en su Informe de visita pastoral de 1777. En la acepción academicista, Puebla trata de varios pueblos o
diversos grupos de gentes de distinta nacionalidad vinculados entre sí, que se
encuentran asentados en el mismo lugar o confluyen en una misma área
territorial; para esa época, era un calificativo que se daba a las ciudades, entidad
superior a pueblo y lugar. Eso nos da una idea, de la entidad y grado de
elevación social y económica de esta comarca andina.
La Puerta,
además de haber sido un espacio de frontera,
con la significación político, comercial y jurisdiccional que tenía desde el
siglo XVI, en relación al Virreinato de la Nueva Granada (hoy Colombia), se fue desarrollando como un emporio agrícola,
con haciendas pujantemente organizadas, ya existía una hermosa comunidad indígena del Bomboy, como
parte del señorío de la etnia Timotes, y estos nativos en su mayoría eran del mismo lugar donde se les concentrarían para controlarlos y explotarlos (Encomiendas Valle de Bomboy y Quebrada de Comboco), lo que
aminoraba la conflictividad social, localizado
en el Valle de Bomboy, surcado privilegiadamente por el río del mismo nombre.
Aparte de eso, los adelantos en cuanto a técnicas y
arte de la cerámica en Tierra de Loza, campo de la india Kukuruy, o de los
textiles en el valle del señor del Bomboy, y el Páramo del guerrero Chegue, o el grupo de artesanía de Bicuyes, a la entrada norte del páramo de La Puerta, daba un
cierto nivel de avance a esta comunidad
en relación con otros grupos indígenas.
Debemos agregar que esta congregación humana, establecida alrededor del año 1600, fue uno de las comunidades agrícolas y religiosos más antiguas de Venezuela emprendida y organizada por los europeos,
y uno de las más importantes desde el punto de vista de la economía colonial,
lo que evidencia, que familias de los fundadores de Trujillo, como los Briceño,
Labastida, Hurtado de Mendoza, Graterol, Saavedra, Cabrita, Mexias, Dabuim y
otros se hayan asentado y residenciado
de un todo en este valle.
Para 1620, ya gozaba de templo católico dedicado a
nuestro señor San Pablo Apóstol de Bomboy, como fue registrado su nombre por
los distintos Obispos de Venezuela, en sus visitas pastorales.
En 1678,
durante la invasión de los 400 piratas franceses, comandados por Grammont de la Mote,
La Puerta estuvo ocupada, ante lo
cual se montaron trincheras y emboscadas armadas de las milicias reales, para
enfrentarlos, para que no pudieran seguir a la ciudad de Trujillo, a saquear e
incendiarla, como en efecto, ocurrió.
Los colonos y los indígenas de esta zona, colaboraron en ese
enfrentamiento contra los filibusteros. Todos
esos elementos, mas los distintos grupos humanos que lo integraban, le daban ciertas características de relevancia
como comunidad colonial.
Surge ahora la interrogante: ¿cuáles eran
esos distintos grupos humanos que se encontraban establecidos en el valle del
Bomboy en la época de las Encomiendas? ¿Y cuál fue su incidencia en la
población autóctona? De acuerdo a este significado nos determina una visión más
amplia de lo que era un simple Pueblo Cabecera de Doctrina, lo que existía entre el siglo XVI al XVIII, en el lugar de
San Pablo del Bomboy (hoy área urbana de la Parroquia La Puerta); y nos induce a pensar también,
que pudo haberse establecido una variante
en el modo de producción o de comercialización en esta zona, considerando, la
vía intermontana del Páramo 7 Lagunas, Sierra de La Culata, usada por los indígenas y luego por los
europeos desde el Virreinato de la Nueva Granada (hoy Colombi), para llegar al Puerto de Gibraltar y pueblos del Lago de Maracaibo,
paso expedito al Mar Caribe.
Esto indica que en La Puerta,
como lo hemos confirmado en la lectura del acta de libertad de los indígenas esclavos, de 1687, del alcalde de Trujillo Don Jacinto
Valera y Mesa, se encontraban asentados, en los alrededores del pueblo de indios, no solamente encomenderos y colonos españoles, italianos, portugueses y vascos y
nativos de la gran nacion Timoto, de la Jirajara, Cuica con sus relaciones económicas, sociales y culturales
específicas entre ellos, sino también, hubo la convivencia de núcleos de otras
etnias indígenas distintas a éstos, en el proceso de poblamiento de estas
tierras, como los Gayones de Lara,
calificados y descritos por Federmann como enanos, que pudieron incidir en la estatura y
características físicas de los nativos de este valle, así como los laboriosos Boconoes que aquí se asentaron y encontraron en las
Encomiendas de los Saavedra y los Mendoza, y posiblemente motilones y zaparas,
llegados desde los pueblos del sur del Lago, con los que negociaban en intercambio
y permuta. Se presume también, que
algunos familiares y descendientes del encomendero Cabrita, de origen
portugués, o los Graterol, nativos de
Venecia (Italia), o Labastida, nativo del país vasco, también llegaron a establecerse como colonos en este valle.
Era, por
sana interpretación de lo dicho por Don Mario, que para aquella época, La
Puerta, era un lugar de pueblos y núcleos humanos diversos, de distinta procedencia, de distintas razas,
de piel blanca, indígena, y con
particulares posiciones y relaciones sociales de producción, en este medio
rural, como hasta la fecha, sigue siendo.
Sirva esto, como reflexión, para darle la justa posición y relevancia
político administrativa a nuestra comarca.
Bueno amigos lectores, espero que les
haya sido de su agrado y les sirva como punto de conversación vecinal, sin
olvidar que la historia tiene su valor. La historia es una fuerza de futuro. Si
queremos encontrar caminos y explicaciones, busquémoslas en la historia. Los
grandes pueblos hacen de su historia el motivo de su avance y desarrollo. Y
nosotros, aunque silenciada, tenemos una, convirtámosla en nuestra fortaleza. Será hasta la próxima Crónica de La Puerta y
su historia.
La Puerta, mayo 2019.
omanrique761@gmail.com
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