Por Oswaldo Manrique (*)
Un soñador entre los soñadores de La Puerta.
En la
cuarta década del siglo XX, a pesar de
tantas vicisitudes que atraviesa la nación, había entre sus habitantes, grandes
soñadores para el progreso de este pueblo, varios con la mirada puesta en el
turismo, y algunos deseaban impulsar un gran movimiento mercantil con la
producción agraria de la zona sub-paramera. La Puerta en su área urbana, era <<un
bosque de gran diversidad en flora y fauna. La flora: grandes Jumangales
(Cineros), arbustos como el Huesito, y arboles
aguacates, que años tras años florecían y daban buenos frutos. Tenía
grandes nacientes de agua, entre ellas
la de la Caja de Agua, cerca la hoy Urbanización Valle Verde, otra naciente
había cerca del trapiche de Luis Ignacio Araujo (Calle 4), y una tercera naciente en la Hacienda el Rosario
(Los Barriales), esto debido a que esta
zona es de origen glacial, por eso su abundancia en agua>> (Notas biográficas de José de Las
Mercedes Briceño. Enviadas por Alfonso Briceño. Mérida. 2.023); su fauna, era muy abundante para la época, se conseguía
cachicamos, lapas, grandes bandadas de palomas de varias especies, que años,
tras años, acudían a la montaña a comer Jumanges y también grandes bandadas de
guacharacas, que hoy en día están en proceso de extinción.
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José de Las Mercedes Briceño |
Tiempos de bandadas de
patos negros
Con los hacendados y
gamonales, mercaderes de las tierras indígenas, por supuesto que quedaban en La
Puerta, algunos resabios de las montoneras de los “ponchos y lagartijos”, pero
estaban neutralizados por las fuerzas del Benemérito y luego, por los aires de
la modernidad republicana. Otros impulsores de pueblo, se habían propuesto
fomentarlo, urbanizarlo y poblarlo, eran prácticamente soñadores. Uno de
esos soñadores, lo fue José de las Mercedes Briceño, quien le
conversaba a uno de sus hijos, que el río Bomboy en su juventud, era de
<<aguas abundantes y muy claritas, y en algunas veces del año llegaban
muchas bandadas de patos negros y que mayormente caían por los lados de La
Lagunita>>; esto, en nuestra cultura tiene un particular
significado.
Las grandes migraciones de animales
siempre han existido a través del tiempo, no fue la excepción para este lado
del continente, según investigadores,
esta variedad de patos negros eran
venidos del norte, llegando a riberas de la zona sur del lago. De ahí salían a
la alta Cordillera, debido a la velocidad de los vientos fríos.
Alfonso
Briceño hijo de este personaje, nos refería, que <<Llegaban en determinada época del año, ya
los pobladores sabían que eso iba a suceder, tomaban la ribera del caudaloso
Bomboy, pero ya por altura y cansancio su aterrizaje final era cerca de La
Lagunita (El Portachuelo), tierra de los Mukutís, eran grandes bandadas
esparcidas por todo el gran Valle y sus pobladores hacían su agosto y por
cierto casi siempre era por esos meses de los años 50- 60 aproximadamente>>;
pudiera entenderse que cuando llegaban los patos negros, de gustosa y fibrosa
carne, era como un tiempo venturoso y de mucha comida. Agregando que cuando él, era muchacho, se la pasaba pastoreando
vacas, becerros y otros animales, en las orillas del río, <<otras veces el río
bramaba y había que salir corriendo para recoger esos animales>> (Notas
citadas), eran fenómenos naturales propios de esa
época.
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Luisa Teresa Delgado, esposa de José de las Mercedes Briceño |
Cuando el viento jugaba con las cañas del Bomboy.
Las posibilidades de trabajo estaba
en los trapiches de la comarca, recuerda Alfonso Briceño que, <<entre
El Calvario y el Molino donde habían varios trapiches, cada vez que se
presentaban las correspondientes zafras de corte y molienda. Estos ingenios
destinados a moler caña, inundaban el ambiente de las diferentes calles del
poblado de tan dulce aroma a miel y panela, sin perjuicio a la salud de sus
pobladores. En esos ingenios trabajaban,
casi, sin descanso, hombres curtidos por la vida, entre otros más: los hermanos
Aldana: Bartolo, Aniceto y Juan (Cachirulo); Julio Salcedo, Rafael Azuaje, Sr.
Consio…>> (Notas
citadas).
Después de la jornada, podía apreciar
un espectáculo natural. José de Las Mercedes le decía a su hijo, que <<En
las tardes después de cada faena y de regreso a su casa, decía, que el viento
jugaba con las cañas; véalas, se mueven como en un baile, y acotaba, que el río
baja desde La Puerta, de hacienda en hacienda, fecundando toda la vega; mueve
pacientemente los trapiches; el viento frío se va volviendo más fino, veía como
el bamboleo el venir e ir, el juego entre los cañaverales, que todo era un sin
fin y voluptuoso baile, y sigue, rumbo a Valera; irá a caer, quizás en el
Motatán, para luego ir al gran lago>> (Ídem); un regreso a casa,
convertido en fenómeno poético o acontecimiento mágico, que solo en silencio,
se podía percibir y disfrutar mejor, sin duda, solo ellos, los labriegos de los
cañaverales, podían ver y entender.
José de Las Mercedes Briceño, nació
en una vivienda ubicada entre las posesiones Las Delicias y El Molino, cerca de
potreros y abrevaderos de pequeños cuadrúpedos y de las aguas del torrentoso Río
Bomboy, en jurisdicción de la población de La Puerta, estado Trujillo, el 19 de
marzo de 1.921, día de San José. De acuerdo a su partida
de nacimiento, fue presentado por su propia mama, María Mercedes Briceño,
vecina de este Municipio La Puerta, de donde posiblemente viene su segundo
nombre. La madre, María Mercedes
Briceño, mujer de labor, generosa, voluntariosa y de
alta espiritualidad, asumió la responsabilidad integra de crianza, le
dio el afecto, el cuido y los rigurosos valores y principios cristianos, con
los que fue creciendo y de los que hizo gala en su madurez, al igual que a sus
hermanos: José Esteban, quien fue electricista y trabajó como maquinista en la
Champiñonera Interagro; Juan de Dios, trabajó toda su vida en la Línea La
Puerta-Valera, María Ortilia se fue a
vivir en Carcas, y Cesar de Jesús Briceño, vivió en Mendoza y trabajó en Maracaibo,
todos ya fallecidos.
En la hoja de vida, que nos
suministró su hijo Alfonso Briceño, cofundador del Comité Pro Defensa de La
Puerta, indica que fue el domingo, 19 de febrero de 1.950, a las 12 del medio
día, cuando su padre, <<se casó con Luisa Teresa Delgado, hija del
legendario Francisco Miguel Delgado (Don Pancho), el de la Rebelión de los
Chopos de 1946, y de María Josefa Araujo
de Delgado, esta, a su vez, hija, del General Juan Bautista Araujo Briceño,
(Jajó 1.833-1.898)>>. (Notas biográficas enviadas por Alfonso
Briceño. Mérida: 01/11/2.023); este matrimonio, duró 49 años, del cual nacieron
tres hijos: Alfonso, Alfredo, que murió a temprana edad y Ada Briceño.
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María Ortilia Briceño, hermana de José de las Mercedes. |
María
Josefa Araujo de Delgado, era hija del General y Gobernador de Trujillo, Juan
Bautista Araujo Briceño (1879-1966), hijo del general Juan Bautista Araujo,
según lo historiografió Orlando Araujo,
como el “último Caudillo a Caballo”; en torno a esto Alfonso rememora, <<mamá
era muy conversadora, más que papá, me hablaba de su mamita Belén Miliani;
quien era la segunda esposa del General Juan Bautista Araujo>>. En efecto, Belén (María Belén
Miliani Balestrini 1887-1952) y este general, tuvieron varios hijos, de ellos, una niña de nombre
Josefa María Araujo Miliani (n.1909) (My
Heritage. Family Search), esta, madre de Luisa Teresa.
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José Esteban Briceño, hermano de José de las Mercedes Briceño. |
La pulpería de José de las Mercedes. ¡Si
Sr. Aquí, hay de todo!
Durante el tercer poblamiento de La
Puerta, años 40, el establecer o montar una pulpería o bodega era un acto de
riesgo; sin embargo, hubo hombres atrevidos que emprendieron estos negocios. La
pulpería era una especie de poli comercio, de varios rubros mezclados con banca
y préstamo, centro de información, sitio de entretenimiento, en fin, el pulpero
debía tener la virtud de dominar todas esa disciplinas en la forma adecuada
para una población como la Puerta, y sobre todo poder combatir el ¡No hay! Fueron
el centro social imprescindible en cada vecindario.
El
mostrador, viejo, raído por el paso del tiempo, decía que era madera muy buena, <<esa
madera fue taladrada por los insectos que habían en grandes cantidades en el
solar, mientras se secaban al sol>>, se las compraba a un señor
de la Cordillera, de apellido Malpica.
Vendía el famoso Chimó “Malatobo”, lo llamaban así, porque era muy fuerte, (Gallos Malatobos), era producido por el señor Antonio Rivas y él le compraba casi toda su producción. Por largos años su proveedor favorito fue Antonio Pérez, de Escuque.
En el
mostrador exhibía las cestas, en las que se destacaban, <<incitantes
el amasijo, pan criollo, roscas, biscochos, cuca y muchos más aromas>>. Las cestas
o manares, <<se los compraba a los Guajiros, que iban a La Puerta a venderlas y ya
conociéndolas por su resistencia, le hacían encargos>>,
marchantes zulianos.
Por allá, en la década de los años 40
o quizás antes, construyó su casa, al
tiempo del Hotel Guadalupe, en la calle Páez, sector la Hoyada, son
contemporáneas las construcciones; calle polvorienta en verano y llena de fango
en días de lluvia; en la parte de atrás, <<una acequia que en época
de riegos de la caña y plantaciones, pasaba por el final del solar, que colinda
con Pedro Abilio, y desembocaba en el río, por los lados donde hoy está el
estadio>>. Dispuso como área principal de dos salas
grandes, una para la pulpería y otra para reuniones sociales, allí eran las
tertulias cotidianas, se jugaba dominó y si se comía chimo a diestra y
siniestra. En principio no tenía nombre, solo se le conocía como el negocio del
señor José o José de las Mercedes, <<luego mi hermano hizo una tabla rústica y
le escribió "El Andino" y así se conoció por mucho tiempo>>, pero era popular “donde José de las Mercedes”.
La esposa, los hijos y su cuñado
Héctor Delgado, que encargaba de todo, e incluso daba muchos regalos, se
involucraron en el desarrollo de este negocio.
En las tardes, los habituales vecinos y amigos, se acercaban a la otra
sala, para escuchar la radio. Junto con su reloj de mesa y el teléfono, uno de
los objetos más apreciados por José de las Mercedes, era el receptor de radio,
que servía para el entretenimiento y escuchar las noticias del día. Los
fines de semana tenían reuniones políticas del partido social cristiano,
fue visitado por Luis Herrera Campins, en su campaña de elecciones generales de
Venezuela en el año 1.978, de paso al Edo. Mérida. Colaboró desinteresadamente
con sus líderes naturales parroquiales de la época a saber: Víctor Rodríguez
(QEPD), Rafael (Rafaelito) Rivas, Coromoto Romero, Pedro M. Peña Araujo,
Antonio Torres, Pedro Ruz, entre muchos más. En la sala de la pulpería y a
medio entrar, un mostrador de madera
taladrado por los insectos, que su parte delantera era forrado por un latón de
zinc, dispuesto con la intención de advertencia de algún cliente.
Como parte de este recuento, <<Todos los santos días abría sus puertas en silencio, desde el amanecer hasta el anochecer, con lluvias o no, con la espesa neblina madrugadora, en algunas oportunidades abría con los primeros rayos del sol que se confundían con los pájaros que desayunaban en el extenso solar de su casa, patio repleto de árboles frutales como aguacates, muchos arbustos de higos, delicia de los azulejos; amplia plantación de cambures, duraznos, guayabas>>; no podían faltar los animales; gallinas, cochinos, vacas, perros, entre otros.
Igualmente rememora Briceño, << Entran y salen clientes a toda hora de la
pulpería, preguntan que, si tiene tal cosa, esto y lo otro; él con reciedumbre
y clara voz, les respondía: - Si Sr. Aquí, hay de todo>>. Reconoce del mismo modo que
quien trabajó durante muchos años con su papá fue su leal cuñado Héctor Ramón
Delgado.
Fue su gran proveedor de todo tipo de
mercancía, de la habida y por haber el Sr. Antonio Pérez, “el Escuqueño” este
le llevaba el famoso “Café Jirajara”; otro proveedor Sr. Antonio Rivas, con su
chimo, el “Malatobo”, le compraba casi toda su producción.
Tanto él, como su cuñado Héctor
Ramón, acostumbraban a dar regalos a los niños y clientela, <<Paciente
siempre, cordial siempre. De cotiza y algunas veces con su sombrero atendía
fervorosamente a sus clientes, y aquellos que eran fijos les guardaba un grano
de maíz en un jarrón, y cada final de mes se lo contaba y dependiendo de la
cantidad de granos acumulados le obsequiaba un presente>>,
estimulando el consumo.
Complemento de lo anterior,
nuestro narrador recuenta: <<En el
mostrador lado izquierdo; un peso, una manilla de papel y una paca de panela
donde revoletean las abejas. Uff, al fondo, el armario, todo de madera,
dispuesto en cuadros geométricamente y a ras de piso unos grandes gaveteros,
allí se colocaban diversos artículos, algunos en forma desordenadas, revueltos,
en fin, podías encontrar allí: velas; de sebo, esperma, cera; jabones: azul,
almendras, azufre, de tierra; aceites tártago, dora, oliva, rosas, aguacates;
botellas de cervezas importadas, la original Heineken, polar negra; leche reina
del campo y klim, potes de jugo de frutas yukery>>; variedad y
diversidad.
Al lado de lo pesado, no podía faltar
nuestra granjería criolla, <<cantidad sacos de fique y coletas, todos
abiertos con papas, maíz en diferentes variedades, harina criolla, sal
granulada, en unas enormes cestas se destacaban, incitantes, el amasijo: acemas
criollas, roscas de agua, bizcochos, paledonias, etc. Todas estas delicias eran
elaboradas por artesanos locales, como las señoras: Victoria de Rivera, Carmen
Carrasquero, Cristina Rodríguez, entre muchas más>>; nunca
faltaba el querosén.
Como si lo tuviera al frente de sus
ojos, el mismo Alfonso Briceño va
describiendo: << por las paredes cuelgan: sombreros,
alpargatas de fique, cotizas de suela y caucho, rejas de arado, retrancas,
picos, palas, escardillas, estos instrumentos solo marca bellota; infaltable el
queso criollo ahumado envuelto en hojas de frailejón, refrescos como el bidu,
orange – Crush>>, una lista de artículos, necesarios para el
mundo rural. En diciembre <<Su
compadre, Francisco (chico) Gutiérrez, a unos cuantos pasos de su pulpería, le
vendía las famosas piedras pirotécnicas, hasta triquitraques y saltapericos, >>, infaltables en las navidades.
Su imaginario viaje a Cundinamarca.
José de las Mercedes, nunca salió más
allá de su terruño, solo lo hizo en su viaje imaginario a Cundinamarca. De su
anecdotario, destaca que cuando iban sus clientes a
comprarle algún producto y no lo tenían, tales como trigo, maíz, papas, sal en
grano, <<les decía que fueran al día siguiente, eso sí, en horas de la tarde de
manera tal que como era muy madrugador buscaba el carro que saliera más
temprano para Valera, mayormente se iba en la famosa camioneta “La Linda”, en
verdad no sé, cómo sabia él, que, la cordillera oriental de Colombia, era gran
productora de esos rubros. ¿Para donde iba? Pues para Valera y llegaba
derechito a donde Sixto Pineda y se venía full de todos esos rubros, luego de
regresar a La Puerta, cuando llegaban de nuevo sus clientes les decían, ¡Ya
fuiste tan rápido para Cundinamarca! José
de las Mercedes, inmediatamente les
respondía: - ¡Aaahhh pues, eso es allí
mismito!!! >>. Sin duda, fue
una persona de incasable trabajo, madrugador como nadie; severo sin dejar de
ser cordial, bastaba mirarlo, así fuere de lejos, para identificar sus
cualidades, sin formación educativa sistemática, gran autodidacta con los
números y las cuentas mayormente.
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José de Las Mercedes Briceño |
Mostraba seguridad y también solidaridad y espiritualidad.
Dotado de esa virtud de expresar seguridad y hacer sentir seguros a los que con él andaban, físicamente,
los que lo conocimos, lo recordamos como un hombre de alta estatura, de fuerte
y vigorosa complexión; su cara la distinguían
sus ojos profundamente verdes, maxilares recios cuadrados; de vestir a
diario en forma sencilla, nunca usó zapatos, solo cotizas de suela, también
sombrero de cogollo o de pelo e’ guama.
Su formación familiar, lo dotó de
valores y principios cristianos. Los domingos y días festivos, acostumbraba a
usar su ropa de lino y gabardina, cuyas telas las compraba en el negocio de su
amigo Abdón Lamus, en la entrada del pueblo (Oratorio de la Guadalupe), luego, estas telas eran llevadas, a las
famosas costureras: las hermanas Sulbarán para su respectiva confección y
hacerla a su medida. Fue <<poco aficionado a los deportes, solo en
Semana Santa, iba a jugar bolo en Hotel Guadalupe, y peleas de gallos en donde
Martin Sulbarán>>, y
bien trajeado.
Era devoto de San Isidro Labrador,
además, <<Gran colaborador de las fiestas patronales de Nuestra Señora de la Paz,
allí, en su casa cada año se elaboraban las bellas y suntuosas bambalinas que adornaban
las calles del poblado; como buen agricultor devoto de San Isidro Labrador. Individuo
de gran sensibilidad y solidario con los más necesitados, ejemplo con el Sr.
Virgilio Araujo, este por tener una discapacidad motora le brindó todo su apoyo
hasta su muerte, e igual con otro Sr. de nombre Manuel que vino a prestar sus
servicios en la hacienda el Rosario, le brindó cobijo en su casa que tenía
cerca de la hacienda donde falleció…y así, y por muchos años, caminó desde su
casa hasta la hacienda el Rosario, siempre bordeando el sinuoso río Bomboy, río
discreto, intimista, algunas veces muy peligroso, y de lado grandes cañaverales
y corpulentos arboles de pinos australianos, sauces, eucaliptos>>;
hermoso paisaje tiempo con bosques de pino.
La tala del primer árbol, es el comienzo de la civilización…
Nacido en el campo, José
de las Mercedes, creció en contacto directo con la naturaleza;
sus primeros trabajos desde muy joven fueron en haciendas cercanas, de grandes
cañaverales, siendo medianero en la “Hacienda el Rosario” por muchos años,
encargado de los cañaverales justo donde hoy día está la Urb. Valle Verde. Fue
testigo mudo, cuando se comenzó a deforestar esa área en su totalidad.
Refiere su hijo Alfonso que, en una
conversación que tuvieron, salió a relucir la frase del
botánico alemán Wilhelm Eicheler: “La
tala del primer árbol, es el comienzo de la civilización, la tala del último
árbol es su fin”, esta expresión, <<le
causó gran impacto y tristeza al enterarse del proyecto depredador, la cual, se la comentaba a papá y me decía que eso era lo
que estaba pasando, donde hoy es la “Urbanización Valle Verde”. Para bien o para mal. En esos tiempos, esa zona por
lado y lado los inmensos cañaverales; camino abierto formado de corpulentos y
frondosos árboles como: aguacates, naranjas, jumangues (Cinaro) autóctono y
abundante de la zona, uno muy conocido como Pepeo o Palo Hinchon (Mauria
peberula) árbol urticante, alérgico para ciertas personas que acudían a la
fiesta de toros, cuya barrera era hecha con madera de estos árboles. Sin dejar
de mencionar el área importante de nacimiento de agua, que era utilizada para
el suministro de toda la comunidad y allí estaba la conocida “Caja de agua”
administrada por el agüero Rito María Ramírez>>.
En la lucha histórica de la Puerta.
En la década de los años 80, del
siglo pasado, la población de La Puerta, fue objeto de la más descarada
agresión contra su hábitat, su tierra de labor, a su rio, y al mismo derecho a
la vida. José de Las Mercedes Briceño, no estuvo abstraído de esos hechos, fue
uno de los vecinos, <<Activo y participativo en la demolición de
las primeras estructuras del depredador proyecto urbanístico, el día 28 de mayo
de 1.980 ante la inminente amenaza. Y asimismo, solidario el domingo de julio
del mismo año, ante el Cabildo Abierto realizado en la plaza Bolívar de la
localidad>>, este es el día de la dignidad de este pueblo.
El vecindario de José de las Mercedes. Aquilino y el viaje a la luna.
En su
sentida reseña, Alfonso Briceño, nos describe a su padre en plan
comunitario: << solidario como siempre, pues les fiaba a
todos, con la buena voluntad de solo la palabra, por si acaso, anotaba todo en
un cuaderno con unos números muy raros que el solo entendía. Sus vecinos
fueron: lado derecho Juana García, izquierdo: Sra. Prajedes Paredes, madre de
la Sra. Teresa Paredes de Cordero, familia de su alta estima y consideración,
Sra. que con gran sentido de reciedumbre educo a sus hijos, para ser hoy día
todos profesionales de la república, por el frente: Sra. Guillermina Moreno,
Francisco Terán y Aurora Araujo, esta trabajadora incansable de toda su vida en
el Hotel Guadalupe, en la década de los 40; fondo Sr. Aquilino Terán; este era
un personaje lleno de anécdotas, a tal punto que le decía a su amigo José de
las Mercedes, que no creía, del viaje del hombre a la luna en 1.969; y que el
padre Mario (Castillejo) no debía estar tocando las campanas a media noche, ya
que eso era cometer sacrilegio>> (Ídem). Siempre rodeado
de sus vecinos.
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En la gráfica, Luisa Teresa Delgado, esposa de José de las Mercedes Briceño, con su hijo Alfonso Briceño, y otros niños del vecindario. |
Nuestro agradecimiento al amigo
Alfonso Briceño y a la ingeniera Ana Briceño, hijo y nieta respectivamente de este
personaje, que hicieron posible recopilar la mayor cantidad de datos, información
y fotografías.
Este mes de diciembre, se cumplen 24 años del
fallecimiento de este vecino ejemplar de nuestra Parroquia. Nos satisface
recordar a estos prohombres civiles que nos legaron, como preclara herencia, el
sentimiento de querencia, identidad y pertenencia a este terruño, y de una
consagración perenne a la prosperidad de La Puerta. Murió en La Puerta, en 1999, a los 78 años de edad.
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