Por Oswaldo Manrique
(*)
Con motivo del inicio del año 2024,
faltando pocos días para dar comienzo a la celebración de las festividades de
San Pablo Apóstol y la Virgen de la Paz, en la población de La Puerta, deseo
compartir un hecho curioso, de esos tantos secretos que guarda nuestro viejo templo
parroquial, me voy a referir al “Dios de la Sacristía”, que pudiera tornarse
anecdótico, si bien deja entrever su
lado histórico, religioso, y hasta lo metafórico, por la brevedad del relato,
que nos fue comentado por nuestros abuelos, asi como, lo del “Mártir del Gólgota”
y además, por existir una pequeña referencia historiográfica local.
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El antiguo templo de San Pablo Apóstol de La Puerta, en cuyo altar, se encontraba el Dios de la Creación, que luego fue arrumbado en la Sacristía. |
En los tiempos en que aun existía la
Comunidad Indígena Bomboy, casi totalmente pura, ocupando sus tierras del
Resguardo Indígena de La Puerta, en su templo de San Pablo Apóstol, había un
cuadro cuyo motivo era la creación del mundo, que respetaban mucho los
aborígenes catolizados, porque las figuras y elementos, los colores, los trazos,
los hacía reflexionar. Dicho cuadro, pudo haber sido adquirido o encargada su
elaboración, a alguno de los artistas de Trujillo, por el Padre Pedro Santa
Anna de Coronado quien construyó el
templo en 1790, o por el mismo padre Francisco Rosario, que estuvo al frente
del Curato hasta 1847.
En el inventario del Obispo Mariano
Martí, cuando visitó el 1° de abril de 1777, la “capilla enramada” del Pueblo
San Pablo de Bomboy (alias la Puerta), construida <<Sobre una base de barro y
piedras, el bajareque sostenía por techo
endeble techumbre de varas y palmas>> (Febres, 54), no aparece descrita dicha obra,
tampoco en el inventario de 1882, donde solo están registradas las 4 imágenes
tradicionales. Su pintor, pudo ser alguno de los artistas de los Conventos de
Trujillo, aunque el recordado historiador y amigo Arturo Cardozo, calificó la
actividad artística y pictórica religiosa de los siglos XVII y XVIII, como tiempo de
oscuridad para las artes; o pudo ser elaborado por pintores del vecino y
cercano Virreinato de la Nueva Granada.
De la señalada obra, rememoró una
católica que la pudo observar en su infancia y dejó referencia escrita de ello,
<<se representaba a Dios Padre con los brazos extendidos sobre el mundo>> (Burelli, Ligia. Un día volver.
Pág. 39. Caracas. 1992), en el justo acto de no perder de vista lo que sacó de
la nada, toda la naturaleza y los elementos, que constituyen el mundo, es decir,
el primer día de la existencia, de todas las cosas creadas por él. Muy apegado,
al simbólico pasaje encontrado en el Génesis,
primer libro del Pentateuco y Antiguo Testamento, como también, del Tanaj, libro sagrado del judaísmo.
En su fina prosa, Burelli, agregó a
esa hermosa descripción, que <<Su rostro (el de Dios) envejecido
mostraba una barba grande y magnifica y sus cabellos lucían desordenados>>
(Ídem), esta descripción de la pintura nos llama a imaginar una composición tan
expresiva que impactaba a quien la observara y detallaba, por supuesto, la
figura principal es Dios, protegiendo su creación. El uso de combinación de
colores diversos y estimulantes, como los que se utilizaban para aquellos tiempos,
incitaban y producía ese influjo sobre la espiritualidad de la comarca.
La estampa pictórica, citaba a pensar
en el ingenio de aquel Ser superior y en su labor creativa, revelando su
esfuerzo, lo que seguramente sorprendía e impactaba a los indígenas, en su ancestral
cosmovisión de figuras de chorotes danzantes, sonajeros, incensarios,
pectorales, objetos votivos que usaban en sus prácticas religiosas en el
Santuario de las Siete Lagunas (Maen Shombuk), en las quebradas o en las
retiradas cuevas, acompañados por Chegué,
el sumo sacerdote de estos Páramos, quien vivía cercano a dicho Santuario, para adorar al sol, la luna, la lluvia y demás
elementos.
La incorporación de los nativos al
catolicismo, fue dilatada, y su progresiva integración se logrará a través de
un proceso de sincretización, en la que incluían las imágenes y reliquias
religiosas, que irían aceptando como el Kachuta
grande para los indígenas, el todopoderoso, y la expresión del arduo trabajo de
este, en favor de la raza humana.
Luego que el Padre José Asunción León,
vendiera las tierras que le quedaron del despojo a los indígenas, en el
fraudulento juicio de 1891, el templo pasó a otras manos sacerdotales, y el
antiguo cuadro fue mudado desde el altar donde estaba, para ser <<arrumbado
en la Sacristía>> (Ídem); expresado así, lo sacaron del altar, porque fue considerado como desecho
o por lo menos despreciado. Esto nos sugiere que dicha obra pictórica, fue hecha como se
estilaba en el siglo XVII, obras ceñidas al barroco español y a los cánones sinodales.
El gobierno del dictador Juan Vicente
Gómez, realizó la remodelación total del templo, incluyendo la torre campanario
símbolo eterno de este pueblo, hoy sin campanas. En inventario realizado en
1931, se incluyó como parte importante del patrimonio, la edificación, descrita
como sigue: “…Ynventario de la Yglesia Parroquial de San Pablo
Apóstol de La Puerta, diez de abril del año mil novecientos treinta y uno…1.-
El edificio reconstruido…tres naves sobre tapias de los lados y por el medio
sobre pilares de madera, con una pieza después del Presbiterio que sirve de
sacristía; al lado izquierdo un cuarto para el…al pie del mismo lado, otro que
es Bautisterio y al lado derecho el edificio del campanario, todo está cubierto
de tejas…”. Es posible que, al
tener un edificio remozado, como nuevo, era necesario salir de la imaginería
vieja, en la que se incluyó el cuadro de la creación del mundo.
Por supuesto, cuando los niños de los
nuevos pobladores, tenían oportunidad, o en el caso de los niños del Páramo, cuando bajaban y acompañaban a sus “papaes”, a traerle la “primicia” al Cura, lo podían ver
en la Sacristía, se impresionaban por la
hermosura y simbolismo de aquella obra pictórica, al punto que un vecino que su
casa, la de la familia González, diagonal a la Iglesia, había un viejito de cabello largo y con barba
blanca, con marcadas arrugas dentro de las arrugas de sus rostro, llamado
Benito que se parecía mucho al “Dios de la Sacristía”.
Al comentar los niños, el parecido
asombroso, su manera tranquila de ser, su afable mirada y la finura de sus
gestos, <<que lo hacían distinto a todos los señores del lugar>>
(40); como todo digno y honorable anciano.
A don Benito González, lo veían
<<sentado a la puerta de su casa…se detenían a mirarlo, arrobada por su parecido
con el Padre Eterno>>; lo saludaban y él sonriendo respondía:
<<Saludes a su mamá>>; del mismo modo pensarían que podía
ser alguien vinculado al denominado Ser Supremo o Kachuta. Lo cierto es que, era un simple mortal, sumamente
católico, benevolente y autodidacta maestro de primeras letras, que enseñaba a
leer a los niños, y cumplía como examinador en las pruebas de suficiencia. Al
despeinado anciano, se le escuchaba como si fuere una última palabra: -
¡Que la Virgen lo acompañe!
Especie de cierre celestial, en medio del neblinal y la quietud
virgiliana, quedando su mirada puesta en la Cuesta
de los Rondones, arreglándose la
blanca barba.
En enero de 1965, al ser inaugurado
el templo actual, y la demolición del antiguo, se perdió la huella en el
infausto recorrido de la antigua reliquia. La fama que corrió a partir de ese
año, fue considerado como el más hermoso y moderno templo católico, remodelado
por uno de los afamados arquitectos del país, y encima, el más rico de
Trujillo, pues hasta las casullas estaban valoradas en sumas inverosímiles y ni
hablar de los dorados vestidos y mantos de la recién estrenada Virgen, “La Españolita”,
de belleza impredecible. El Dios de la Sacristía,
no fue al nuevo templo.
Algunas familias, recordarían su
historia solo como inspiración mística, en parte por religiosidad; y, sobre su
sino fatal, por temor a su Dios, basta hacer un rápido paneo a la historia
diáfana y a la realidad de nuestra comarca. Ahora estoy comenzando a entender,
la preocupación de Concio Rivas, mi abuelo, meses antes de morir, cuando me
dijo una noche en el Xikoke, un tanto melancólico, que tenía que recuperar “El Mártir
del Gólgota”, un viejo libro, en el que –según él-, estaban
las “revelaciones”, movía sus manos como si lo estuviera hojeando. Se
quitó el sombrero, y guardó silencio por largo rato.
Confieso que, como otras cosas, se
desconoce el paradero del inveterado Dios
de la Sacristía. Estamos esperando que devuelvan las campanas centenarias
del Templo o respondan qué pasó con ellas.
La
Puerta, enero 2024.
(*)
Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.
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