sábado, 18 de abril de 2026

Sobriedad y belleza de los Vitrales de La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*)


Cuando el padre Ramon de Jesus Trejo, finalizando la década de los años 40 del siglo XX,  tomó la iniciativa de construir el nuevo templo de La Puerta, se propuso algo amplio, hermoso, dotado de luz natural, como recinto religioso digno y de oración de  toda la familia; en su concepción, incluye reordenar la iconografía, revolucionando y actualizando el tema de las reliquias y su simbolismo. Se deduce que revisó las viejas reliquias e imágenes, las ordenó y les dio nueva ubicación, agregando otros Santos, como el Negro San Benito e inclusive, uno que no era Beato, ni Venerable y menos Santo: el Dr. Jose Gregorio Hernandez Cisneros.



Sin demoler el viejo templo parroquial y armado de su joven y emprendedor espíritu y acción social y religiosa, con el apoyo de esta comunidad católica, dio comienzo a su obra esplendorosa. Luego de varias interrupciones por la falta de recursos, con la negativa de colaboración del gobierno, en plena dictadura a la cual no era afecto, y sin concluir los acabados arquitectónicos, pudo al poco tiempo, finales de la década de los años 50, abrir las puertas del nuevo templo para su funcionalidad y realizar los actos litúrgicos, asimismo, organizó al grupo de devotos y animó la celebración del nacimiento de Dr. Jose Gregorio Hernandez Cisneros, y auspició con sus fiestas, la promoción de la obra de este hombre virtuoso y caritativo, y, la visita de los peregrinos que por esas fechas, iban a su antigua Parroquia, donde hizo los primeros años de vida pastoral, desde 1929:  Isnotú. De igual forma, como lo hizo en dicha Parroquia,  imprimía y distribuía hojas con la misma imagen y oraciones sobre el Medico de los Necesitados, que van circulando gratuitamente entre los feligreses para difundir la vida de aquel ser, cuya devoción asumió de manera responsable.

Los funcionales Vitrales del templo de La Puerta.


A finales de los años 50, cuando el padre Trejo termina la construcción del hermoso templo de San Pablo (antes de la remodelación del arquitecto Gasparini en 1964, tenía hacia el lado norte, una entrada y una plazoleta donde hoy está el Colegio Parroquial y la Casa Cural. En la fachada oeste que da a la calle y la plaza Bolívar, solo tenía tres Vitrales con sus nichos de igual altura y ancho altura y al mismo nivel horizontal, de izquierda a derecha: San Pablo Apóstol, San Benito de Palermo y José Gregorio Hernández.   

Los vitrales son componente integral del diseño estético y religioso del padre Trejo su constructor, que a la vez, definía la línea arquitectónica que guía la ornamentación del templo.  Hoy, específicamente, los vitrales de colores, del lado derecho de la fachada principal,  se puede observar que están aparte, los populares Santos: Dr. José Gregorio Hernández Cisneros y San Benito de Palermo popularmente llamado “El Santo  Negro”,  que se encuentran presididos en la parte alta por San Pablo, y separado de otro Santo tradicional en el lado izquierdo.


El primer Vitral tributo a José Gregorio Hernández, de todo el planeta.

Está obra en vidrio, que forma parte de nuestro patrimonio cultural religioso local, diseño del padre Ramón Trejo, y elaboración del artesano italiano Salvatore, este año está cumpliendo 70 años de su elaboración, y 61 de la inauguración formal del templo San Pablo Apóstol de La Puerta, que exhibe este hermoso vitral, el primero que se hizo en el país, como tributo a nuestro Santo trujillano, Dr. José Gregorio Hernández Cisneros.

El padre Trejo salvando las distancias manejaba al igual que Gaudí el elemento luz natural. El sol, es el mejor pintor para Trejo, a cualquier hora del día en el interior del templo se presentaba una atmósfera tranquilizante y de regocijo gracias precisamente a la luz del sol que entra por estos vitrales de colores en su hermosa policromía que están en la parte baja para que los feligreses los puedan ver.

En el vitral de José Gregorio, predomina el blanco, con el color amarillo en la sala, piso blanco con juntas en negro grisáceo, que combina con la camilla azul celeste y él, vestido de bata blanca y pantalón azul oscuro; más allá, en la sala hospitalaria del fondo, el piso de color arcilla, pared de cuadros en amarillo, cama y sabanas en blanco, la ventana destaca el verde de la montaña sobre lo nevado, que plantea un juego de colores cálidos que incitan el ingreso de los rayos del sol por la fachada oeste y principal del templo, generando mucha iluminación, en este espacio agradable y de regocijo espiritual, junto con los colores frescos o fríos, me refiero a los azules y verdes,  que producen esa sensación de quietud, paz y silencio agradable y necesario para el que gusta de la oración individual.

Al lado del anterior, se observa, mucha alegría, la que despliega el vitral de San Benito; en su fondo, predomina en forma de listas o rayos el color blanco y el amarillo, bordeado por nubes  de color violeta, rosado, azulosos, el Santo en el centro, destacando con su hábito de color marrón, combinación cromática psicológica que genera mucha energía, esfuerzo, encuentro y por supuesto, regocijo.

Uno de los elementos interesantes que se reflejan en la obra del padre Trejo, es el de la iluminación de este recinto de oración y encuentro. Se puede captar que, tomó en consideración el sol, sus rayos penetran al interior de la edificación, de acuerdo a su trayecto diario o rotación alrededor de la tierra, dándole esa funcionalidad lumínica a los significativos vitrales.

La secuencia es la siguiente: los primeros rayos del sol, los de la mañana, se posan en el fondo del Templo, por el este, hacia el presbiterio y altar mayor,  y van recorriendo y surtiendo calor y luz a través de los cristales adyacentes al techo de la parte superior de la nave central, un hermoso e iluminado espacio se observa en la parte interior del templo, notándose, desde esas ventanillas claras y conjugadas con los hermosos vitrales, la imposición del color y de la luz natural, esto, durante el dia, hasta llegar en horas de la tarde a los vitrales de hermoso colorido de la fachada principal,  donde los rayos del sol alumbran totalmente con su luz natural la parte oeste, es decir, la parte interna de la fachada principal, ocurriendo el atardecer y el  ocaso de la jornada vital. Hecho diario, que invita a ir allí, para disfrutar y compartir ese espacio, creado para orar, para reflexionar y la meditación.

El señor Víctor Delgado, uno de los viejos cronistas populares de esta Parroquia, a quien afectivamente le decíamos “el Gordo Víctor”,  que trabajó desde que cumplio 18 años de edad, en la construcción del nuevo templo San Pablo Apóstol de La Puerta, desde 1948, relató que el Padre Trejo, estaba atento en la creación del vitral, asesoraba al maestro Salvatore, recién llegado de Italia, quien poseía estudios de arquitectura, y también era herrero y vitralista, en cuanto a las cualidades y características del Santo Negro y del otro, que no era Santo, le suministró fotografías, le entregó una pequeña biografía, para la elaboración en láminas de cartón grueso, del boceto general del Dr. José Gregorio Hernández, que sirvió de modelo, semejante al que podemos disfrutar hoy en la fachada del templo parroquial, y estuvo en todas las fases, en el corte de las partes, definición y contraste de colores, el trazo de vidrio duro y grueso, y lo acompañó en la labor de armar aquel rompecabezas, unir, probar y soldar el metal, y pegar las piezas de vidrio, en el enmarcamiento, labor de más detalle (Manrique, Oswaldo. El “gordo” Víctor Delgado. 2019. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com). El cura quien descubrió las facultades artísticas de la pintora Josefa Sulbarán, aportó parte de su conocimiento estético a estos vitrales, todo un legado iconográfico muy propio de su sabiduría.

A pesar que hace pocos años, con el ruido de la santificación, a un párroco se le ocurrió cambiarlo de nicho, se puede observar que el colorido de sus pinturas, el estado de los materiales y la proyección de la composición artística y de luz, aún se conserva, así como, su capacidad de iluminación, de transmitir calidez y tranquilidad en este recinto para la oración, aun se mantiene. Su combinación de fragmentos de contornos y líneas definidas de Vidrios planos,  transparentes que permite ser traspasado por los rayos solares, dotan al templo, de belleza, arte, sencillez, sobriedad, simbolismo, y funcionalidad vivencial.

En esta pequeña nota, se intenta reflejar varios aspectos importantes de la evolución espiritual de La Puerta, desde mediados del siglo pasado, marcado por la lucha y el emprendimiento grande de este sacerdote Trejo: el Templo de San Pablo Apóstol. Por esa sencillez, sobriedad, belleza e historia de este monumento religioso andino, digno legado de su creador, el Padre Ramón de Jesús Trejo,  y sentido símbolo religioso de nuestra Parroquia y de Venezuela, que merece ser valorado, difundido, exaltado y comentado por todos.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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