Por Oswaldo Manrique
(*)
-
¡Ese es un líder!¡Ese es un líder! Yo que se lo digo.
-
¿Qué pasó Pedro? ¿Por qué tanta alegría?
Aquel
día, de los de 1967, cuando
se destemplada la niebla en complicidad con el viento que se colaba por el abra
de la sierra, y llegaba un significativo grupo de visitantes en sus vehículos,
con operativo de seguridad y guardaespaldas, venían desde distintos lugares del
Estado y del país, los botones y ayudantes ansiosos por ayudarlos, gente del
pueblo con sus llamativas lochas en las mejillas y sus rojas orejas toteadas
por el sol, cargaban las maletas y equipajes y los seguían para subir los
escalones de piedra que daban al mirador, ocurrió un hecho anecdótico en el
Hotel.
Al culminar de atender una de las
mesas, a Pedro Méndez, a quien le decían “Sabú” por su parecido con ese actor
de películas de los años 50 - 60, le sucedió algo que consideró importante en
su vida. Pedro era buen conversador y lograba manejar distintos temas de los
cuales podía dialogar con los hospedados o clientes. El destacado mesonero del
Hotel, oriundo de Duaca, estado Lara, le contestó a “Bigote” su colega:
-
Nada más y nada menos, que el Presidente Betancourt me regaló un billete
de 10 bolívares. En
efecto, uno de los hospedados lo sorprendió. Fue que el expresidente Betancourt
se alojó en el Hotel, él lo atendió en la hora de almuerzo y cuando culminó el
ex Mandatario le dio una propina de 10 bolívares. Pedro le dio las gracias, por
un gesto que nunca olvidaría, resulta que era sumamente adeco y guardó ese
billete como un tesoro. “Bigote” Manuel Villasmil, el otro mesonero, que a la
vez, era el Secretario General del Sindicato de Mesoneros de Valera, le
comentó:
- Pedro pero otras veces, otras
personas te han dado más que eso de propina. El alegre “Sabú” sacó de su cartera el billete y se lo enseñó,
diciendo:
- Sí, pero este me lo dio Betancourt.
Y riendo, lo volvió a meter en la cartera, y
así lo conservó por el resto de su vida.
*
Esa primera piedra que marcaría la evolución económica de un aislado pueblo andino, se afincó en un sitio que en la antigüedad, fue el ingreso occidental a Venezuela y lo llaman La Puerta, nombre que sería inexpresivo si no recordara perpetuamente, <<en el hechizo de su vegetación geórgica, en la dulzura de su clima, en la mansedumbre del aire, en la bondad de sus gentes, en la serena alegría de la atmósfera y la embelesada melancolía del paisaje, imágenes que apropiadamente se le asocian como las de ingreso, pórtico, apertura>>(Regulo Burelli. Puerta del Paraíso. Discurso del 9-8-1969), alguien lo llamó el refugio y estancia de los Dioses.
Con la construcción y
apertura del Hotel Guadalupe, se da un nuevo tiempo en la evolución
económica totalmente agrícola de La Puerta, una nueva opción y visión
se le agrega a la bondad del clima y el paisaje de este valle, dando
impulso al turismo y a la prestación de servicios en esta actividad, así
como, al comercio y la artesanía.
Para el año de su
apertura, era el hotel más lujoso del estado Trujillo y del occidente del país.
Caracterizado además por su impresionante fachada, que lo ha convertido en uno
de los iconos de la población de La Puerta. Fue parcialmente financiado
por las compañías petroleras, por considerarlo sus funcionarios norteamericanos
ideal para vacacionar; a este proyecto se agregaron empresarios de los estados
Trujillo y Zulia. El "Hotel Guadalupe de La Puerta", como lo
denominaron sus promotores en 1943, fue construido inspirándose en hoteles
europeos. La edificación según arquitectos tiene acentos neobarrocos.
La fuerza de la primera piedra del Hotel Guadalupe.
En el Hotel Guadalupe u Hotel Club
Guadalupe como se le llegó a llamar, el empedrado conjuga con sus paredes, por
ese color calizo que va abrillantando con el transcurrir del día. Por supuesto
destacable entre el hermoso y fresco pinar, en que habían convertido el área
urbana de La Puerta.
Su fachada era una suerte de paisaje
y cuadro europeo de pretéritas historias. El constructor e ingeniero don
Jacinto Tucci, tuvo el tino para lograr una composición perfecta, entre la
piedra decorativa y el blanco de las fachadas. Las enormes letras que lo
identificaban, sobre los grandes arcos y aleros curvos de las amplias entradas.
No era un advenedizo este ingeniero.
En 1939, fue inaugurado el imponente edificio Ekmeiro, en la antigua calle
Comercio de Maracaibo, diseñado por el ingeniero Tucci, igualmente en 1941, fue
inaugurada otra de sus obras: el Cementerio Municipal Sagrado Corazón de Jesús
de Maracaibo. Fue un destacado ingeniero el Dr. Jacinto Tucci, en el campo
religioso fue contratado por el Pbro. Delfín Paz, para diseñar el proyecto
estilo neo clásico del frontis de la Catedral de Cabimas, construyendo la torre
izquierda y el frontispicio.
Cuando el visitante o turista subía
la escalinata del Hotel, llegaba al mirador y volteaba a observar la panorámica
del río, valle y páramo, quedaba imbuido de tranquilidad, clima y recarga de
buenas energías. Impensable que algún visitante pasara sin hacer un buen
comentario.
Las cómodas caminerías encementadas
soportan los bancos de descanso para los visitantes, rodeados de pinos, algunos
con formas y figuras creación de los jardineros, uno de ellos “Mano Chon”, el
Boconés de liqui liqui.
Lo imponente de su construcción
resalta en medio del frescor de pinos, hubo un tiempo en que toda el área
urbana y los alrededores de La Puerta y el Hotel, era un pinar. Así, la pequeña
aldea de casas de techos de fajina y de los mismos páramos gariteros, combinó
un deslumbrante paisaje natural revestido de neblina y del silbido del frío y
el viento.
En el Hotel Guadalupe para esa época
andaban caballos de paseo, un compromiso con la gente del pueblo, Alfonso
Araujo, el señor Gil Combita y otros los alquilaban. El Hotel no era
propietario de caballos, sin embargo, permitía que los que tenían, los
alquilaran a los huéspedes y le dieran vueltas por todos los alrededores del
hotel.
Pero para los habitantes de este
pequeño pueblo campesino y para los visitantes que se alojaban allí, Tucci y su
personal de arquitectos e ingenieros, albañiles, obreros, había logrado en
aquel apartado lugar casi una hazaña. Llegó con su ingeniería, su proyecto, sus
planos y equipos y la convirtió en símbolo de exuberancia y belleza, algo
nuevo: un comodo y hermoso Hotel para aquellos y estos tiempos.
Como si los encantos naturales que
ofrecía aquel hotel de serranía no fueran suficientemente atractivos, valía la
pena presenciar la rutina, trato y hasta costumbres del personal que los
atendía y el otro, que se encargaba de tener todo al día y presto para su uso,
lo que también cautivaba al hospedado.
Personajes como Pedro Méndez, su jefe
de mesoneros. Había llegado en 1965 al Hotel Guadalupe, tenía unos 30 años,
vivía en Valera donde tuvo a su cargo la administración del Hotel San Cristóbal
que quedaba al lado del Cine Libertad y tuvo el Bar Restaurant Roma, ahí en el
centro, luego trabajó como mesonero en el Hotel Imperial y en el Motel Valera.
De sus comienzos en este ramo,
recuerdan sus familiares que fue anecdótico. Joven, acostumbrado a ir al Hotel
Hack, a conversar y echar cuentos, un amigo de nombre José Hidalgo a quien
llamaban “Pajarilla”, que cuidaba carros frente al hotel, hablaba mucho con él
y un día necesitaban un mesonero, le dijo:
-
Vení acá, ponete una camisa blanca para que trabajés aquí. Necesitaban uno
para servir las mesas y desde ese día le gustó ese trabajo, continuó como
mesonero en el antiguo Hotel Hack, y activo servidor de la nocturnidad de
Valera.
En una ocasión, tuvo una discusión
con un barman, Carlos Quintero “Tantico”, le reclamó algo que no le gustaba y
al día siguiente en la mañana, iba llegando al hotel contento y lo esperaba
Quintero, quien le dijo:
- Mire Pedro... Él, inmediatamente moviendo las dos manos
como girasoles, le contestó:
- No, no, no, ahorita no me esté
hablando porque estoy muy ocupado.
-
Pero tenemos que hablar.
-
Ahorita no me esté reclamando nada, estoy muy ocupado. Era una
manera práctica de decirle o hacerle ver las cosas a los empleados.
Otro personaje, fue “El Hachazo”,
también mesonero, libraba los lunes, vivía en Santo Domingo, Valera, él de vivo
se llevaba un pan de los que hacían en el hotel, pan muy sabroso,
exclusivamente para el consumo de los visitantes y se metió ese día uno, en la
bolsa de los interiores sucios y cuando llegó a la casa su esposa vio aquello
de donde se lo estaba sacando y le dijo:
- ¡Ah muérgano! Le arrebató el pan y lo botó a la basura.
*
Como muchos otros
hoteles importantes, desde su creación y en sus más de 80 años de historia, el
Hotel ha acogido a famosos y conocidos huéspedes: políticos, artistas de cine y
televisión, músicos, deportistas, intelectuales, miembros de la realeza y
personajes famosos de distintos lugares del mundo. Algunos de sus primeros
huéspedes fueron el poeta Andrés Eloy Blanco, presidentes de la República como
Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, así como los presidentes de la República
Argentina, general Juan Domingo Perón e Isabelita Perón, entre otros.
Aunque parezca simbólico, el acto
institucional de 1943, de colocación de la piedra fundacional en los
cimientos y estructura de la edificacion del hotel, como inicio de su
construcción, causó un significativo efecto con incidencia en lo
económico, lo social, en las tradiciones y costumbres de La Puerta, marcando un
hito histórico para las próximas generaciones.
(*) Portador Patrimonial Historico y
Cultural de La Puerta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario