Por Oswaldo Manrique (*)
Hablar de este personaje, es tratar de la gente de la hacienda “San Francisco”, ubicada en Mendoza del Valle del Bomboy, como la describe una de las más exquisitas plumas trujillanas, Ana Hernández Bello de Tejera, publicada en el periódico “El Anunciador” en 1934, que dicha posesión está signada por una exhuberante vegetación, atravesada por aquel céfiro que remeda músicas lejanas, <<El Bomboy, río de regadío, de aquel Valle, serpentea en caprichoso giro, mueve la centrífuga del ingenio, refresca los helechos, amenaza los bagazales y al atravesarlo por frágil puentecillo y corta pendiente, da la alegría de encontrar el trapiche, en donde el amable fondero bate con el ramillón en grandes pailas la espumosa miel, que grandes y chicos, como parvada de moscas van allí, en busca de melcocha, del batido envuelto en cascarón y de la deliciosa Agua Loja, servida en hermosa totuma y más sabrosa que la más rica champaña>> (Contreras, 203). Además de ser sus frescas aguas el lugar de veraneo de zulianos, la señorial Casona, se considera el refugio de los caminantes.
*
De pronto, se escuchó el grito alegre del
hermanito de 5 años:
- ¡Ahi
viene, ahí viene Bolivar! Gritó el inquieto “Chico”
Labastida, a quien al pasar de los años, siendo mayor de edad, le decían “El
Mozo”.
- Ud, no ha jugado pichas con él,
no diga así, es el brigadier Bolívar. Fue el reclamo
alegre de Ricardo, el mayor, le llevaba casi 8 años de diferencia en edad.
- Deje, cojo, yo no estoy
molestando.
- ¡Chino malarte, cállese! Le dijo “Manacha” (Maria Ignacia), su hermanita, quien era 3 años mayor que Chico. Eran los hijos de doña Asunción y de don Francisco Labastida, el Letrado y rico hacendado.
Eran muchos recuerdos agradables, momentos
extraordinarios desde aquella alharaca que anunciaba la llegada del llamado
Libertador, tanto Ricardo que había regresado del Seminario, como la rebelde
María Ignacia y Francisquito La Bastida, llenos de total regocijo que se
disfrutó en la Casona por la llegada de un ser admirado, casi extraordinario.
La espera culminó cuando su madre doña Asunción, parada en el escalón de la
entrada de la Casona vio bajar del caballo a ese hombre y con total alegría le
dijo:
-
Bienvenido Brigadier, está en su
casa. Al extenderle la blanca y fina mano, el recién
llegado, en caballeroso ademán, la besó, diciendo:
-
Gracias mi señora, Ud. debe ser la
esposa del Dr. La Bastida.
- Sí. Le respondió doña Asunción. Bolívar volteando hacia su derecha, vio a los niños y también los fue saludando, uno a uno, y preguntó sus nombres.
Los tres hermanos quedaron perplejos admirando aquel hombre que está entrando en la casa, el ser que se veía casi como un Dios, como subiendo las escaleras al Parnaso. Ese recuerdo de aquel día de junio de 1813, los marcó de por vida, recordando cuando en un abrazo de extraordinaria hermandad se encontró con el padre de ellos, Don Francisco Antonio La Bastida Briceño, su amigo, su compañero de conspiraciones en Caracas cuando lo conoció. Inmensos recuerdos que estos niños vivieron en esa casa y que aún, después de adultos, se respiraban en la Casona castellana de San Francisco.
"El Mozo" Francisco Antonio La Bastida Vetancourt, nació en la hacienda San Francisco, en Mendoza del valle del Bomboy, el 18 de abril de 1808. Ricardo su hermano, nació en 1800, María Ignacia en 1804, también en el mismo lugar. Fue hijo del prócer trujillano Dr. Francisco Antonio La Bastida Briceño, Constituyente por La Puerta, en la Asamblea Constituyente Provincial de 1812, amigo personal de Bolívar y activo impulsor de la causa independentista. Su madre: Asunción Vetancourt. Hermano de la rebelde María Ignacia La Bastida Vetancourt y del destacado prócer Dr. Ricardo Labastida.
Como señalamos al comienzo, hablar de Francisco La Bastida Vetancourt,
es hablar de la hacienda San Francisco, y de los descendientes de los
fundadores de la ciudad de Trujillo, de la obra económica del letrado, prócer y
hacendado, Dr. Francisco Antonio La Bastida Briceño, en el impulso del trigo y el
que introdujo las tres primeras matas de café, como experiencias nuevas en
nuestros campos, donde se dio una muestra de la solidaridad agraria, de la lucha
constante por mejorar las condiciones económicas de los agricultores y
criadores; hombre de serrano nacimiento,
fue un patriota, y apasionado “Provincialista” como se le llamó, para darle
rango de importancia a Trujillo, ejemplo señero de nuestro gentilicio. Uno de los comandantes de la Batalla de los Alcaldes
en Agua Santa, en marzo de 1812, a la caida de la Primera Republica,
enfrentando las fuerzas realistas al
mando de Manuel Geraldino, que desde Maracaibo,envió el gobernador Fernando Miyares y el Comandante
militar Ramón Correa.
Francisco Antonio "El Mozo" el Maestro, vertió su sabiduría en un importante aporte a la educación.
Estudio Cánones, Filosofía, Gramática y Teología en la Universidad de Mérida o San Buanaventura de Mérida, lo que complementaba con las enseñanzas percibidas en el seno de una familia castiza de cultura elevada, donde se hablaba el castellano puro, inclusive hasta hace poco cuando lo demostraba el profesor César Labastida. Desde joven Francisco Antonio "El Mozo", mostró su vocación por la pedagogía, lo que lo llevó a impartir clases, como maestro y pedagogo trujillano; es recordado por ser el creador y redactor del famoso manual del "Lenguaje Nacional" para los estudiantes de primaria, a finales del siglo XIX. Metodo interesante recomendado a los directores de las escuelas federales, para que los niños aprendieran a leer y escribir correctamente la lengua castellana; y obtengan avanzadas ideas que les facilitarían los estudios de los demás idiomas. En el órgano y publicación de instrucción primaria del Estado Trujillo "Revista Pedagógica", reproduce un capitulo del pequeño tratado de <<P.D. Francisco Labastida>> ya sacerdote, denominado curso preparatorio <<Lenguaje Nacional>>, en 10 capítulos y ejercicios con el cual se enseña a los niños en el concepto, análisis y aplicación de las 10 partes de la oración castellana. Es uno de los primeros tratados de lingüística de Venezuela, aunque se le llamó en esa época Tratado de Analogía, incluyendo, los respectivos capítulos de invención, elocución y revisión, con el cual el alumno por sus propios medios, podría hacer descripciones de eventos familiares, paseos, juegos, clases, actividades de la iglesia, analiza oraciones, razonando sobre el texto y corrigiendo las habladas o escritas incorrectamente (Revista Pedagógica. páginas 49 a 52, Tercera Edición. N° 5. Noviembre de 1911. CHET).
Tuvo el reconocimiento de las autoridades
educativas, cuando hizo la entrega de esta obra, que ganó una gran repercusión
a nivel nacional, ya que fue adoptado por diferentes regiones como un libro
necesario para la formación de las generaciones neorepublicanas.
Francisco La Bastida Vetancourt, el hijo del “Provincialista”, protesta en defensa de Bolivar. Una carta en plena desintegración de Colombia integradora, fuerte e inmensa.
Muy joven, con apenas 21 años, se vio envuelto en un turbulento y dramático proceso político: la disolución de la llamada Gran Colombia, que a la vez, significaba la derrota política de Simon Bolivar, ante la incomprensión o traición de quienes consideraba sus seguidores o aliados en su sueño integrador y libertario.
A pesar de que Bolívar mantenía la armonía con el general Páez en 1829, este, << le correspondía con la perfidia y la calumnia y escribía a sus subordinados: el velo se ha descorrido. El general Bolívar después de las protestaciones más sinceras de amistad y el deseo de salvar la patria viene con el puñal en la mano...; horcas y patíbulos viene levantando contra nosotros; opongámosle firmeza, lanzas y espadas... Señale esta a todos nuestros compañeros y dígales que cuento con todo, todos y que no se fien del nombre de Bolívar>> (Carta de Páez para el coronel Cornelio Muñoz, citada por el doctor Vicente Dávila en Próceres Merideños. Página 259. En Augusto Mijares, 135). Avanzaba la conspiradera desintegradora.
Ya se preparaba la separación de Venezuela del proyecto de Colombia la grande en 1829, << y todos quieren en General [Páez] y quiere D. Carlos [Soublette] que lleven instrucciones detalladas para obrar cortando todo nudo que encuentre y han de llevar escritos de aquí los pronunciamientos que deben hacer las municipalidades, las juntas de Caserío y todo Dios; porque conviene que vengan todas, todas, todas las Actas, sin quedar un rincón que no pida tres cosas, a saber: nada de Unión con los reinosos; jefe de Venezuela el General; y abajo D. Simón. Todo el mundo debe pedir esto, o es un enemigo, y entonces...>> (Archivo Nacional "Archivo Blanco y Azpurua" tomo III, folio 121 En: Mijares, 135). Los trujillanos, asumieron una posición de apoyo, muy diferenciada guiada por recuperar la condición de Provincia, que se la habian quitado con la organización de Colombia.
En febrero de 1830, Francisco
La Bastida Vetancourt “El Mozo”, denuncia la tramoya de los seguidores del general
Paez y Soublette. No todos los pronunciamientos siguieron la línea torcida del
General Páez y puede juzgarse cómo fueron los pronunciamientos que se enviaron
a la secretaría general del General Páez, por la representación que en nombre
de los vecinos de Escuque hace La Bastida, acerca de los procedimientos del
Jefe Militar del Cantón: << Las mismas Asambleas Populares han sido juguetes
de su insolencia, pues ha pretendido que firmen los ciudadanos no lo que
realmente han dicho y acordado en sus reuniones, sino algunos papeles que a su
modo escribía él en su casa, amenazando con sus terrores a los que no querían
obedecer ¿ y será tener libertad esto, Exmo señor? ¿Podrá hablar con libertad
un pueblo que en el momento de reunirse ve formado en la Plaza un Escuadrón de
caballería de una compañía de fusileros? Si el contenido de los papeles que el
señor Cegarra quería que firmásemos hubiesen sido algunas quejas justas y
fundadas, para comprobar nuestro pronunciamiento, en buena hora que
insistiese: pero querer que suscribiésemos una multitud de misterios, injurias
e insolencias contra el general Bolívar, no nos pareció regular, porque hemos
creído que podíamos desconocer su autoridad y tratarla con decoro>>
(Archivo Nacional, Secretaría del Interior y Justicia, tomo 5, folio 421,
publicada en el Boletín del mismo Archivo N° 37. En: Mijares, 136), a pesar de
estos pronunciamientos el proceso en contra de Bolívar culmina con el afrentoso
Decreto que lo expulsa del territorio nacional, pasarían muchos años, para que
volviera a su tierra natal, urnado.
En 1831, Ricardo su hermano, es designado por el presidente de la República, gobernador de Trujillo. La ambición del coronel Cegarra, visto ese nombramiento hecho por Páez, lo hizo organizar con el comandante Pedro Alcántara desde San Lázaro y pueblos vecinos un pequeño levantamiento militar, con la bandera de reconstruir la gran Colombia, lo que había ayudado a desmantelar meses antes.
Se puede suponer que Francisco La Bastida
Vetancourt, tuvo una corta carrera como político, al desempeñar cargos
electivos en el municipio Escuque, y como militante del conservatismo, actividad que cumplió hasta el estallido de guerra del
comandante Pedro Alcántara y del coronel Cegarra, que criticó con mucha
valentía en la antes transcríta carta de febrero de 1830, cansados los trujillanos de tanta violencia
fratricida y desunión, que lo llevó a refugiarse en las aulas que vencen la
sombra.
El humanista y espiritual Francisco La Bastida Vetancourt, Cura de almas.
En 1834, se casa con Micaela Antonia Briceño Vetancourt, procreando 6 hijos: Lorenzana, Isabel, Romulo, Carlos, Eleuterio y Julio de La Bastida Briceño (Dávila, 303). Al fallecimiento de Micaela, cambió su cotidianidad de vida y abandona la actividad política.
Con buenos estudios en Teología, tomó los hábitos y se dedica a ser cura
de almas. Comparte su tiempo, entre asuntos de la fe y la docencia. Según el historiador Vicente
Dávila, <<una vez viudo se hizo cura de almas>> y se dedicó a la docencia y al trabajo
pastoral y teológico, atendiendo a sus vecinos en lo espiritual y emocional de
sus vidas de fe. Sentía al igual que sus hermanos Ricardo y María
Ignacia, una gran veneración por el padre y prócer Francisco Antonio Rosario, a
quien consideraba Santo.
Su aporte en la educación, se puede considerar que es uno de los primeros tratados pedagógicos sobre lingüística, fonética y prosodia del país. El recordado Cura, creador del manual escolar de "Lenguaje Nacional", murió en 1908.
(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta

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