sábado, 20 de abril de 2024

Cuando su ilustrísima Mariano Martí besó el suelo de La Puerta, en 1777.

Cuando su ilustrísima Mariano Martí besó el suelo de La Puerta, en 1777.

Por Oswaldo Manrique (*)



El viejo Pedro Clemente espera pacientemente la llegada de Su Ilustrísima.

La empinada Plaza de unos 45 grados de inclinación, flanqueada por robustas quebradas es el lugar de encuentro diáfano y cotidiano de la comunidad. Sobre un potro de madera la rústica campana, cerca la Capilla y del otro lado la Casa del Corregimiento, eran los símbolos del adoctrinamiento, luego las viviendas y bohíos colectivos dentro de lo que concebían los invasores como "pueblo de indios cabecera de doctrina" colonial.

Sentado en el borde de una piedra, tras el follaje de los arbustos de la plaza, hacia el este, cercano a la acequia que baja el agua fresca y chispeante de la montaña, está sentado Pedro Clemente, presenciando la llegada de su Ilustrísima, sus convecinos le darían la bienvenida, pero ni lo conocían ni sabían quién era. Los niños y detrás de ellos las madres, se les escuchaba su gritería, con bastante alegría al correr libremente en el terciado lugar, apiñándose en la calle real, por donde esperaban la llegada.


El viejo Pedro Clemente apreciado por su comunidad, lo escuchaba y se animaba a dar oídos a sus cuentos asombrosos y aterradores basados en las andanzas del Keuña en las montañas y en los valles azotando indígenas. Ninguno en el pueblo sabía qué cantidad de años tenía. Se sabía por tradición oral que Ugenia, su madre, era una  artista de los telares, que fue encomendada en la hacienda del Padre Juan Buenaventura Cabrita Losada,  el Licenciado, allí hacían tejidos, frazadas, mantas, alfombras, sayales de algodón, hilo de pita. Era hijo de Gaspar el gañan de las sementeras de Joseph Sánchez Mexias. Toda su vida transcurrió trabajando en los cañaverales dulces del valle de Bomboy.  El taller del Cura, tenía una industria basada en el cultivo del algodón y en la cría de ovejas, cuyos productos criollos tuvieron por su calidad gran demanda por los lados del Tocuyo.

Sosteniendo su garrote con una mano, con la otra se quitaba y se volvía a poner el sombrerito de “cola de burra”,  mientras deshace en la boca su pellita de chimó, que lo ayuda a soportar sus ánimos y sus inquietudes, de sus más de 90 años de edad. Pasó uno de sus paisanos y le hizo señas con las manos dirigidas hacia Kombokito, como preguntando.  El anciano le respondió: - ¡Kachuta!  ¡Kachuta! El paisano inmediatamente entendió que esperaban al jefe de la Iglesia. Ese día, Pedro Clemente Cabrita, se interesó en estar presente, ver la llegada, la llegada de Su Ilustrísima.  

Siendo uno de los 16 Pueblos de Doctrina pertenecientes a la jurisdicción de la ciudad de Trujillo, de la Diócesis de Caracas y Venezuela, le correspondió al padre Pedro Santa Anna Vasquez de Coronado, cura doctrinero, a los caciques, mandones, fiscales, sacristán, teniente de cura, novicios y la población indígena, recibir la visita pastoral de su Ilustrísima Don Mariano Martí, quien además de Obispo de la Diócesis de Caracas y Venezuela, era miembro del Consejo de Su Majestad el Rey español.

Sin duda, de las visitas pastorales, esta es la más interesante en la historia de Venezuela, ocurrió hace unos 247 años. Además, en lo local, fue esta visita, la que generó la obligación de construir el primer templo decente y digno en La Puerta.  

Al dejar el Pueblo San Juan Bautista de La Mesa, subió con su comitiva por la fatigante Cuesta de La Mocotí, en mula y por espacios a pie, remontando las empinadas, largas y solitarias vueltas, sudó y se impregnó del plomizo polvo de este ancestral camino; al alcanzar la cima, sacó su hamaca y la colgó para dormir y descansar.  

Al emprender la marcha, pasó por el extenso Portachuelo, donde apreció la lagunita; siguió hacia San Martín y San Pedro, lugares donde se detuvo, les prestó atención y fueron objeto de sus anotaciones, por observar la mansedumbre de la gente nativa y los grandes trigales y cañamelares, aunque existían  hatos de ganado vacuno y lanar, con buenos pastos. El investigador y sacerdote catalán Jaime Suria Vendrell (1882-1965), al biografiar a este Prelado, escribió: <<Nota siempre  las  peculiaridades  del  terreno  que  atraviesa  y  las dificultades  del  viaje,  singularmente  el  mal  o  buen  camino, las  quebradas  o  ríos  y  los  pasos  malos,  aunque  jamás tiene  una  palabra  de  queja>> (Suria, Jaime. El eximio prelado doctor Mariano Martí Obispo de Caracas y Venezuela. pág. 66. Archivo Arquidiocesano de Caracas. 1962), al contrario, demostró que era un hombre de mucho entusiasmo y vitalidad, contaba con 56 años de edad. 

La visita del obispo Dr. Mariano Martí, da fe que la actividad agrícola desarrollada en el pueblo de San Pedro Apóstol del Bomboy, alias La Puerta, era:”… Haciendas de caña dulce, sementeras de trigo y otros granos…” (Vila, Marco Aurelio. Aspectos Geográficos del Estado Trujillo. Pág. 172. CVF. Monografías Estatales. Caracas. 1966).  A partir de esta actividad económica primaria, surgió la explotación en trapiches, alambiques, moliendas, molinos y talleres  para el agregado y lograr el producto que se llevaría al mercado.

El camino hacia La Puerta, era más travesía, y pese a trasponer algunas acequias y quebradas, lo hizo en corto tiempo, admirado por los florecientes sembradíos. 


La visita pastoral del obispo Mariano Martí a La Puerta, en 1777.

Le tocó bajar por la angosta caminería indígena de Kombokito, ladeando los líquidos del vergel.

La Puerta, en aquel momento era una pequeña aldea de 20 casas y bohíos de bahareque y techos de fajina, construidas en la rivera este del rio Bomboy, de aguas rumorosas, altivas y de espuma, de donde se abastecían los nativos.

 La historiografía local acerca de este hecho aporta lo siguiente: <<Durante el mes de marzo de 1777…Los indios tributarios de estas Encomiendas se otorgaban el nombre Bomboy, cuyo léxico es de extracción indígena. El Obispo Martí también visitó la iglesia de San Pablo, pues se vio precisado a efectuar el viaje por estas regiones a causa de las crecientes del Rio Motatán que le impidieron hacer la recorrida por “camino recto” >> (Briceño Valero, 334). Al frente de la iglesia, la inclinada plaza, lugar de encuentro de los dicharacheros aborígenes. En uno de sus laterales la vieja casa del corregidor, junto a una tienda que abastecía las otras cosas y mercaderías.

Se habían preparado, se vieron arreglos florales de bienvenida, y se notaron las flores y ramas de exquisitos aromas, para que el pueblo todo oliera a esas agradables fragancias. Según el Padre Juan de Dios Andrade, recordado cronista de Valera, “…San Pablo del Momboy  fue visitado por el Ilustrísimo Dr. Mariano Martí en 9 de abril de 1777, cuando era cura de almas de este pueblo y de Mendoza el Presbítero Licenciado Don Pedro Santana Vásquez Coronado…” (Andrade, Juan de Dios. 100 años de la instalación del 1er. Concejo Municipal del Distrito Valera, 1875-1975. Págs. 91. Tipografía 7 Colinas. Valera. 1975); este es un dato  importante.

En su Informe, Martí  ubicó a La Puerta como el Pueblo de Doctrina N° 13, el 4° con menor población. En esa oportunidad, lo llamó Pueblo de Doctrina San Pedro de Bomboy, alias La Puerta, apuntó que había 349 almas. Detalló que  existían 20 casas concentradas con 22 familias indígenas (Vila. En: wikipedia), realmente un pequeño pueblo indígena, conservado y considerado casi totalmente puro hasta el momento de su extinción en 1891.  

Lo esperaban en la ladeada plaza real, donde sonaron las campanas. Los caciques y mandones ataviados con sus mejores carpetas de lana, algunos con capisellos de fajina,  franela y calzones de algodón, sombreros de fibra natural, calzando sus alpargates de cabuya. Sus mujeres con sayaletas y enaguas de alandillas, o con camisa y pañuelo de madrás anudado a la barbilla, también luciendo su chamarra corta de lana y adornadas con su par de chapas en los toteados cachetes. Allí se pudieron ver a los descendientes de los caciques don Jasintho Mendoza, don Fernando Saavedra,  Marcos Mexia, don Gonzalo, asi como, de la secuestrada y hermosa princesa Jirajara Yeguenda. Se bajó de la mula que lo traía, y caminó hasta la entrada de la humilde capilla, donde se detuvo, se arrodilló, se ayudó con sus brazos y manos y pegando su cara al piso, lo besó con gran deferencia para aquel pequeño pueblo indígena. 

El templo, no era más que una capilla enramada, en críticas condiciones materiales y físicas, bajo la invocación de Nuestro Señor San Pablo, de techos de palmiche, de bahareque y carruzos, no muy solida,  la recorrió con sumo detalle. El cementerio ubicado a pocas varas de distancia de la iglesia, en su lado este.    

Uno de los iniciales actos de revisión, fue el de los Libros del Curato, en los que observó una irregularidad, se usaban los mismo libros del pueblo San Antonio Abad de Mendoza, lo que no estaba conforme con las Constituciones Sinodales, ordenando que a partir de ese momento, cada Pueblo tuviese sus libros de bautismo, matrimonios y defunciones para nobles, blancos, indios y mestizos.

El  Presbítero Vásquez Coronado, cura doctrinero, le manifestó que los indios abusaban de la bebida, el Obispo ordenó providencia en cuanto a esto, porque abusaban de ellas en <<las fiestas que organizaban con motivo de los altares que hacían>>. A tal fin, los altares fueron prohibidos y mandó a «romper los vasos de aguardiente de caña o de casabe o de maíz que llaman chicha». Es de destacar que la bebida alcohólica la traen a estas tierras los españoles invasores con la caña de azúcar, de la que extraían aguardiente, otra cosa es la chicha de maíz  fermentado.   

No dejó de anotar otra observación, para este tiempo, los indígenas a pesar de estar catequizados, cumplían con sus obligaciones y conocían el idioma español, pero persistían en sus prácticas mágico-religiosas ancestrales y entendiéndose en su lengua Timotes. El Obispo en relación al carácter de los aborígenes de La Puerta, asentó: <<hablan muy mal el idioma español, no son tan ladinos o advertidos como los de Mendoza y hablan mucho en su idioma natural>>  (Briceño, Tarsila. De la ciudad hidalga a la ciudad criolla. Vida colonial en Trujillo de Nuestra Señora de la Paz. Pag. 205. UPEL. 2022). No eran marrulleros, arteros ni socarrones, pero si, hombres de altos sentimientos humanos, asi transcurría la cotidianidad de esta aldea indígena.  

Martín al igual que en la actualidad muchos investigadores e historiadores dudó que la gente de este Valle hablara el Cuica, por la diversidad de lenguas o que fueran de esta nación; sin embargo, los indígenas del resguardo daban hospedaje o posada en sus casas pero por pocos días a españoles o gente que iba de paso esto denota la calidad de atención y entendimiento que tenía la comunidad indígena.  

 Como parte de esa realidad, le llamó la atención al Obispo, que en esta comunidad indígena Bomboy, existía el pequeño Cabildo Indígena, institución de gobierno colonial que otros pueblos no aceptaban, pero que de algún modo servía para cuidar de sus posesiones de tierra de propiedad colectiva fundamentalmente y otros asuntos e intereses (Dávila Mendoza, 125-126). Esta autora agrega que, el ambiente climático de la zona permitió que coexistieran varios grupos indígenas.

Los nativos del Resguardo, siendo tributarios, tenían una mejor condición que los colonos, peones y pisatarios de las grandes haciendas de propiedad individual, cercanas al Resguardo Indígena de La Puerta. De este modo, Timotes, cuicas, y jirajaras, mantuvieron relaciones de convivencia que beneficiaron a estas etnias. Sin embargo, a los Bomboyes, los habían despojado del derecho a cacique hereditario.

La misión pastoral del obispo Mariano Martí en las tierras de Trujillo, comenzó oficialmente el 15 de febrero de 1777, y concluyó el 12 de enero de 1778 en la ciudad de Trujillo (Briceño Perozo, 89);  Fonseca asentó fecha de 19 de julio, la llegada a ciudad Trujillo. En Carache, su visita a este pueblo, duró unos quince días (Mariano Martí, Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas, 1771-1784. I. Libro personal. Caracas, 1969, p. 494. En: Dávila Mendoza, Dora.  La visita pastoral del obispo Mariano Martí a la diócesis de Caracas, 1771-1784. Fuentes y temas para un estudio social. Págs. 125-126. Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Católica Andrés Bello).  Ampliaba su estadía en ciertos pueblos, porque los casos que ocuparon su atención eran, principalmente, de «inmoralidad» sexual que afectaban, según su apreciación, a unas 26 mil almas en la zona (Dávila Mendoza, 123).

Su pesquisa fue directa, conversó con el Padre Pedro Santa Anna Vasquez de Coronado, y entrevistó al personal del curato,  incluidos los tenientes de curas, el sacristán, mayordomos, los fiscales de doctrina  y otros religiosos.  como un autentico investigador,  le  requirió al Cura desde la  fecha  de  nacimiento,  estudios eclesiásticos realizados, el numero de  oposiciones al Curato aprobadas,  con mucho detalle, al  paso  que  ha  averiguado por  el  mismo  Doctrinero  y  otros  conductos  <<todo  lo  referente a  la  Iglesia  y  sacerdotes  y,  con  frecuencia,  hace  el efecto  de  que  ha  revisado  personalmente,  una  por  una, todas  las  partidas  de  los  Libros  Parroquiales,  por  las  correcciones que  en  las  mismas  ordena>>. (Suria, 66), esas otras fuentes de información  a las que se refiere << las  que  también  dieron los  Sacristanes  Mayores,  Mayordomos de  Fábricas>> (Suria, 43), pero fundamentalmente aclara Suria, provenían de las relaciones  juradas  que  se  tomaron  a  los  respectivos Curas  en  el  acto  de  la  Visita.

Al Prelado acompañaron como auxiliares: Don José  Joaquín  de  Soto, Secretario del Obispo y Notario designado para la Visita Pastoral, con suficientes cualidades para ejercer  ese  cargo,  <<lo  mismo por  actividad  y  competencia,  como  por  orden,  diligencia y  cuidado  en la  conservación  de  los  documentos  que  llevan su  firma  y  se  conservan  en  el Archivo Arquidiocesano…. y  a  Juan  José  Guzmán, Clérigo  de  Hábito >> (Suria, 27), este último, experto  latinista. Es posible que se haya adelnatado a acompañarlo el Vicario Br. Don Vicente de Segovia, el Cura Br. Don Ildefonso Escalona Cabeza de Vaca, y frailes como Eugenio Prieto, Manuel Suarez y Lazaro Estrada.

El  objeto  o  fin  de  la  Visita  Pastoral  fue en los hechos, una campaña de depuración y profilaxis contra el pecado, para la obtención de una vida virtuosa y cristiana, guiada por los mandamientos de la iglesia y el acatamiento de las buenas costumbres, <<conforme  al Edicto  que  la promulgó,  el  conocimiento  y  examen,  principalmente espiritual,  de  la  parroquia  visitada,  para  ordenar o  providenciar  las  supresiones,  cambios  y  mejoras, para  el  buen  régimen  y  corrección  de  abusos>> (Suria, 34),  sin embargo, en cada pueblo hubo confirmaciones, según el  prolijo  apunte  que  cada  día llevó el  Notario Juan  José  Guzmán.

A manera de ejemplo, se puede señalar que Martí encontró <<en Carache, 10 casos de pecadores activos, en Trujillo, 48 casos, y en Mendoza, 12>> (Dávila Mendoza, 124); los que abordó en su totalidad. 

 La historiadora Dora  Dávila Mendoza, en su trabajo sobre esta Visita Pastoral, indica que, los cuatro días que pasó el obispo Martí  en el occidente trujillano, específicamente en los pueblos de La Puerta, Mendoza, Betijoque y Escuque, fueron de mucha actividad, explicando que de la totalidad de los «comportamientos inmorales», la mayor cantidad las encontró en estos pueblos, especialmente en Mendoza, <<Allí tuvo que dar providencias por doce concubinatos que comprometían a cuatro blancos, seis mulatos, diez mestizos, dos negros y dos indios>> (Ídem). Mendoza aparte de los indígenas, tenía una significativa población de blancos, pardos y mestizos, que trabajaban en los hatos y haciendas, y en la industria derivada de estas actividades. 

*

Abordar el estudio de los Pueblos de Indios Cabecera de Doctrina, es un elemento importantísimo para la comprensión del proceso histórico regional, particularmente éste que dio inicio en 1608, como núcleo de la organización territorial y jurisdiccional de la Doctrina de San Pablo, que abarcó comunidades indígenas de sitios como La Quebrada, Jajó, Mendoza y La Puerta.

Al elaborar esta nota, se pretende reflejar el hecho trascendente de la Visita oficial del Obispo Mariano Martí Estadella (n. España 1721- m. Caracas 1792), cabeza de la Iglesia Católica en Venezuela, llamado con mucha justeza el “Obispo Civilizador”, que es referencia importante, de aspectos históricos, sociales, culturales y religiosos, de nuestra conformación como comunidad de gentes, lo que sin duda alguna, es una invalorable fuente para el análisis y comprensión de ésta,  acercándonos a interesantes pormenores, que dejó su exhaustivo Informe Pastoral sobre La Puerta, que considero debe ser objeto de estudio, como parte de ese periodo de  nuestra historia local totalmente desconocido. El hecho, personajes y el Informe, nos ilumina en cuanto a la recuperación y reconstrucción de nuestra historia. 

(*) Portador patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

La Puerta, abril 2024.

Omanrique761@gmail.com

sábado, 13 de abril de 2024

El complejo gobierno tribal en el Bomboy, siglo XV.

El complejo gobierno tribal en el Bomboy,  siglo XV.

          Por Oswaldo Manrique


Cuando escribo sobre estos temas, tan sensibles para los que son ansiosos por conocer y descolonizar la historia local, me viene a la memoria aquel viejo regaño de nuestras abuelas, cuando éramos niños:   -¡Parecés un indio!  para calificarnos de sudorosos, malolientes, desaseados, incultos  y perrerosos; asi, repetían la falsa idea que les había inculcado la vieja escuela, la vieja iglesia y la historia oficial.

En la imagen al fondo panorámica de la serranía del Pitimay (La Puerta), al frente figura precolombina de cacique, elaborada en arcilla. 

Al contrario de la historia lavadora que nos han contado sobre la génesis del pueblo de La Puerta, como consecuencia de la “bondadosa” llegada de un “fundador anónimo” en 1620, que trataba con “dulzura” y “curaba” a los indígenas encomendados, se ha pretendido hasta el momento, silenciar, invisibilizar, borrar o desconectar los miles de años de existencia de una sociedad india, que pobló las tierras de nuestra Parroquia, y <<estableció las bases humanas y materiales>> sobre las cuales avanzaría el proceso de conformación como comunidad de gente, primeramente, dentro del proceso de ocupación de tierras por la nación Timotes, generando diversos grupos, aldeas y comunidades de diferentes magnitudes territoriales y demográficas (Mario Sanoja, Iraida Vargas-Arenas, 2007).

Para aquel tiempo, nos referimos al siglo XV de la era, la etnia Timotes, derivada de la Chibcha-Mucu, había consolidado <<la  formación de extensos y complejos señoríos…sociedades muy jerarquizadas con un locus de poder centralizado>> (Sanoja y Vargas Arenas. Ideas sobre el Origen de la nación venezolana.1992); la mayoría de los investigadores e historiadores coinciden en que la nación Timoto era poderosa como sociedad organizada, en lo cultural, en su modo de producción económico, avance tecnológico y la etnociencia, que facilitó la imposición del modelo colonial hispano. El  Bomboy (San Pedro de Bomboy o San Pablo de Bomboy), como consta en antiguos documentos y titulo de encomienda de 1600, fue un Valle de Indios Timotes.    

Igualmente en lo político, hubo un grado de madurez, para crear y establecer un sistema de poder e instituciones, para dirigir, regular y gobernarse, lo que  han denominado <<sociedades políticas y socialmente muy complejas que culminarían, en el siglo XVI, en extensos señoríos>>  (Juan José Salazar. Sociedades Complejas Período de Contacto en el Nor Occidente de Venezuela.  2002). Esta importante  afirmación, nos da la idea de la entidad del desarrollo socio histórico alcanzado por esta nación, y del señorío tribal de gobierno, de los que formó parte la Comunidad Indígena Bomboy, primera pobladora de las tierras que hoy conforman la Parroquia La Puerta.

Dentro de esa idea general,  de una sociedad jerarquizada y territorial, con un sistema de  poder,  gobierno y espiritualidad centralizado o señorío tribal, el poder lo ejercían los caciques: tabiskey, maviskey, pitimay, chacoy, chegué, mohanes, los ancianos consejeros, entre otros, aunque la centralización del poder  no era absoluta ni despótica, en virtud de ser una sociedad colectivista,  la territorialidad era compleja porque existían zonas estratégicas como la vía entre la Sierra Nevada y el lago de Coquivacoa, como salida al mar, y también por la itinerancia y  nomadía de los  grupos, era necesario que ese Señorío y dominio tuviese caciques o jefes principales indígenas que rigieran y gobernaran en sus lugares o localidades de vida.

El objeto de esta nota, es lograr una aproximación, a esa estructura y organización territorial de poder tribal originario, en La Puerta.

La Puerta, del Estado Trujillo, lo he señalado en diferentes notas, es un interesante y excepcional lugar, en donde lo real, paisaje, topografía, recursos naturales, lo meteorológico, y particularmente por tener zona paramera, zona fría y zona templada, determinan un patrón cultural andino, que se confunde con lo místico y lo ancestral; por eso, la necesidad de ir despejando aspectos básicos relacionados con nuestra conformación temprana, como antiguo pueblo, entre ellos, la organización y distribución territorial del poder tribal originario. 

El progresivo asentamiento de los Timotes, alrededor de 3.000 años antes de ahora; como parte del proceso de desplazamiento y ocupación de tierras por la civilización Chibcha-Mucus, en el denominado Valle de Bomboy y en el trayecto intermontano desde la Sierra Nevada hacia el lago de Maracaibo, contó con una estructura organizativa precolombina de poder político y social o señorío tribal, que sin lugar a dudas guió la germinación y el asentamiento de esta comunidad aborigen originaria Bomboy, con sus peculiaridades sociales, económicas, costumbres, espiritualidad y desarrollo cultural, que van a ser, el sostén de la transición a lo que se conocerá como "pueblo de indios" Cabecera de Doctrina Nuestro Señor San Pablo Apóstol de Bomboy  (7ma. Doctrina), en el modelo colonial esclavista, establecido por el gobernador Sancho de Alquiza y el Obispo fray Antonio de Alcega en 1608 (Briceño Perozo, 57), como consecuencia de la invasión europea de que fue objeto a finales del siglo XVI. La historiadora Magaly Burguera, sostiene que tendría una antigüedad de 1.400 años aproximadamente, <<aldeas situadas a lo largo del rio Miquinú>> (Burguera, 49), en nuestro Estado Trujillo, aldeas que permanecieron hasta el 900 D.C.

En el referido proceso de expansión, no solamente para tener control sobre la vía hacia el lago de Maracaibo, sino que es propiamente parte de las relaciones de intercambio de productos, culturales y políticas que venía estableciendo con grupos indígenas del mar Caribe y de otros sitios del mundo; igualmente, es interesante desde el punto de vista de la construcción histórica y de lo cultural de estos grupos humanos, el arraigo que ellos tenían de su sistema político territorial, que según algunos historiadores y etnólogos han dado en llamar señoríos tribales tanto locales como regionales. 

Un dato fundamental y de inicio, es que para 1600, ya se había concedido la "Encomienda Valle de Bomboy", al Capitán portugués Tomé Dabuyn, quien la desiste en 1601, y se la otorgan junto con otra, denominada "Encomienda Quebrada Comboco" (Komboko), prolongación de aquella, con más de 400 esclavos, a su hijo capitán Juan Álvarez de Dabuyn (Zambrano, 42); documento valioso del que se desprenden datos interesantes sobre la vida precolombina en este lugar. Después de la del capitán Juan  Pacheco Maldonado, en Burbusay, esta es la encomienda con mayor cantidad de indígenas.  Este Dabuyn, fue el exterminador de Nigale, los aliles, zaparas y otras tribus del lago Coquivacoa (Maracaibo). 

Para lograr esta aproximación, muy básica, del poder tribal, hemos seguido la orientación metodológica de la profesora Erika Wagner, en el uso de los topónimos Timotes existentes, sobre el mapa geográfico de nuestra Parroquia, tras ese mapeo y recorrido hemos logrado una aproximación de la localización de los elementos y figuras principales de la estructura de poder tribal en el valle de Bomboy, hoy La Puerta. 

Llama la atención, que de Sur a Norte, se despliega el topónimo trascendental del Valle, que es el rio Bomboy, del cual obtiene su nombre, (Documentos de “Encomienda Valle de Vomboy),  tenía tres  principales, se entiende que uno era cacique, o tabiskey o sub-rango de este, con aquel mismo nombre. A mediados del siglo XX, fue hallado un peto de maviskey (jefe de 9 rangos o poderes), en el Páramo de La Puerta o Siete Lagunas, que aún conservamos. 

De la lectura del señalado Documento de "Encomienda Valle de Bomboy" y "Quebrada de Comboco",  que forman parte de la 7ma.  Doctrina, de 1608, encontramos al principal o cacique Bomboy o Bombas, y a los caudillos Jasepe  y Guara, que constituían la dirección del gobierno indígena. No se incluye los indígenas de la “Encomienda San Pablo de Bomboy”, localizada en la zona norte del valle (Mendoza), también mudados de este su sitio de origen y concentrados en la Cabecera de Doctrina, ya que en 1620, son trasladados al Pueblo de Indios San Antón Abad (Mendoza).

Las primeras encomiendas otorgadas en Trujillo, trata de indios con poder e influencia sobre su tribu, como los <<principales, sus sugetos y aliados>> (Cédula de “Encomienda de Carache”, 20-01-1575. En: Fonseca, T1, 31); aparte de los llamados  indios ladinos y sumisos.

Para el recordado historiador Arturo Cardozo, <<En el cacique (Chacoy) se centraba la autoridad tribal>> (Cardozo, 11); cumplía un rol de gobierno dentro de su comunidad y espacio territorial. 

Para Briceño Perozo, toda  comunidad originaria, tenia <<como cabeza de gobierno, a un jefe, que denominaban tabiskey, que significa diez plumas. Con ese penacho se distinguía el jefe de los súbditos. Esas plumas eran arrancadas al paují. Al caudillo también se le llamó “Chacoy”>> (Briceño Perozo, 25); para ascender a tabiskey, además de ser fuerte, se requería tener talento y experiencia.

Al mismo tiempo de los caciques, existieron con poder e influencia, otros principales, por su certero juicio eran <<varios ancianos constituían un consejo…sus fallos eran acatados>> (Briceño Perozo, 26).  Se suma a esta estructura de poder, el médico, también conocido como mohán, especie de hechicero, brujo que aparentaba tener poderes sobrenaturales para curar.

Uno de los cargos de mayor importancia era el Chegué, <<sacerdote, administrador del culto de los dioses, casi igualaba en importancia al tabiskey>> (Briceño Perozo, 29), podía disponer de varias esposas. De sus hijos salían los futuros sacerdotes y tabiskeyes.

Ahora bien, del mapeo realizado y la ubicación de los topónimos indígenas, se localiza hacia el suroeste de la parroquia, el topónimo Mukuti, cerca del Portachuelo de la Lagunita, donde funcionó el espacio de frontera entre el Virreinato de la Nueva Granada y la Provincia de Venezuela, que llamarán en los siguientes siglos como: La Puerta.  Este grupo de aborígenes Mukutís o Mocotis, fueron los que desarrollaron posterior a la llegada de los europeos, la agricultura del trigo entre el Portachuelo, San Martin, Quebrada Seca, el Censo, San Pedro y la Cordillera, en el siglo XVII y XVIII. Amílcar Fonseca, afirma que Mucutí es el lugar de residencia del cacique del mismo nombre. 

         Así con el mapeo, podemos buscar un tipo de organicidad lineal, entender que en donde está ubicada la famosa Cordillera, del lado este de La Puerta, se ubicaba en una posición importante que es precisamente la Serranía del Pitimay y las áreas circunvecinas un jefe o caudillo  con este nombre, es decir, jefe de cuatro rangos, de cuatro buenos; igualmente, está otro, más al norte, que es el cacique que ocupaba lo que hoy es “Las Aletas”, contiguo a la hacienda “Las Delicias”, una posesión de tierra Bomboy, que es el cacique más importante de todo el valle de La Puerta.

Equivalentemente, al sureste, está Komboco, que mantiene oficialmente este topónimo, que como grupo humano, tenía un guía o jefe, que se distinguía o se le llamó por el mismo nombre del lugar. Este grupo de Kombocos, está cercano a los Jajoes o Xaxoes, también de nación Timotes, grupos de estos,  que fueron encomendados, pertenecieron a la misma Doctrina de San Pablo Apóstol (7ma. Doctrina). 

Hacia el este, se mantiene el topónimo Pitimay, en la Serranía de Pitimay, gran parte de lo que se conoce como Carorita, lindero oficial con la parroquia Mendoza. Documentos de venta de terrenos han desfigurado el topónimo, usando la “Cima”, la “Cordillera”, y hasta “Cima Encantada”.  Pitimay, significa en lengua indígena, Piti = cuatro, más May = poder, rangos, es decir, cacique o jefe indígena de cuatro rangos o poderes.

Igualmente, Kukuruy, antiguo nombre de Carorita, la tierra colorada, fue en este sitio donde se fabricaban utensilios de uso domésticos en arcilla, y las más hermosas y coloridas piezas, chorotes, sonajeros e imágenes mágico religiosas, en cerámica, evidenciadas sus muestras en museos nacionales y de otros países. 

Hacia el oeste, encontramos al Xikoke, un lugar y posesión en el Páramo de La Puerta (los Torres), donde existen restos de las plantas en piedra de 4 casas indígenas. Según la memoria oral, fue habitada en tiempos remotos por un pequeño grupo de estos indígenas de nación Timoto.

Además, el documento de la señalada “Encomienda Valle de Bomboy”, indica que hubo un jefe denominado Guara, vocablo que en lengua Timotes, significa hombre de la zona alta, del frío, es decir, jefe en el páramo de La Puerta o Siete Lagunas, ubicado en la zona oeste. Es pertinente señalar que dentro de la colección etnográfica del Museo de Ciencias de Caracas, hay un objeto ritual de los Aguayú del estado Zulia, que fue obtenida en intercambio realizado con los Tayrona de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, que eran grupos indígenas que dominaban las aleaciones con oro, este elemento ritual lo denominaron Guara y es el símbolo de un caudillo o jefe indígena al cual se le ven cintas en la cabeza, indicativo de su poderío, de su  mando de gobierno, es decir, que este nombre tiene relación con caudillo o cacique que puede ser un maviskey o un tabisquey. 

En dicho sistema político se incluye una especie de chamanismo ancestral, que incide en la esfera de los jefes criollos por lo de su aparente gran efectividad. Al oeste de la parroquia, y en lo más alto está el sitio desde donde ejercía su poder el sacerdote Chegué que es la figura simbólica del chamanismo ancestral aquí en esta jurisdicción, del que por su importancia y simbolismo durante el periodo precolombino, publicamos un artículo reciente. Coincidentemente con la oralidad y en estrecha relación con lo expuesto anteriormente, se puede observar que, define tanto por el topónimo, la localización, altura, clima, fenómenos naturales, que el lugar cumplía una función utilitaria, quizás de santuario, en la estructura y señorío de poder tribal de la Comunidad indígena Bomboy, luego Resguardo indígena de La Puerta. Chegué era el sumo sacerdote, ejercía un rol fundamental dentro del señorío tribal y la comunidad indígena Bomboy. 

En  el Norte de la parroquia, encontramos los Bicuyes o Vicuyes o Vacuyes, grupo o familia indígena, posiblemente  parental o desprendimiento de la pequeña comunidad de Estovacuy o tierra de las cocuizas (Municipio Carvajal).  Según las escrituras de “Encomienda Valle de Bomboy” de Juan Álvarez Daboín, terrateniente de este Valle, también junto con los antes señalados, hubo otro jefe principal llamado Jasepe, en su jurisdicción.

Al frente de la hacienda Las Delicias (también zona norte), encontramos un sitio denominado la "Vega del Cacique", en dónde llaman Las Aletas (documento de Partición Posesión Las Delicias). Todos los puntos geográficos, a los que se ha hecho referencia, en nuestro criterio, tuvieron su nativo dirigente principal, no solo por lo del topónimo, sino porque esta comunidad se conformó con grupos y familias provenientes de sitios distintos al Valle de Bomboy, durante el proceso de reducción y evangelización, que contemplaba el modelo colonial de encomiendas. 

La anterior, sería de acuerdo a la señalización toponímica y simbología, la estructura de poder territorial y gobierno tribal de la Comunidad indígena Bomboy, asentada en el espacio geohistórico, que hoy constituye La Puerta. 

La importancia del conocimiento y difusión de este tema, radica en que dentro de la obligación que tenemos todos de descolonizar la historia local y desenmascarar la versión sesgada contada por los hacendados y gamonales, quitándole el oscuro velo racista y visibilizar este periodo hermoso de nuestra formación como comunidad, debemos reivindicar además, los topónimos auténticos y criollos, para su uso en tradiciones y costumbres culturales y educativas, y con fines de su conservación.

(*) Portador patrimonial histórico y cultural de La Puerta.

La Puerta, abril 2024.

omanrique761@gmail.com

 

sábado, 6 de abril de 2024

El bautizo de sangre La Mocotí, 1892.

El bautizo de sangre La Mocotí, 1892.

Por Oswaldo Manrique (*)


Fueron cuatro días de machetazos y tiros, a diestra y siniestra. Cuatro días de barbarie, que revolcaron a las familias trujillanas en un infierno.  Trujillo, <<Se puso casi todo en armas, la prolongación de más de veinte años de mando de los Araujos y Baptista permitía que casi todos sus habitantes fueran adictos a aquel nepotismo>> (Crespo, 27), el ejército godo era de tamaño considerable, de campesinos sin tierras, mezclado con terratenientes y caudillos codiciosos.


Durante esos días, los devotos no pudieron disfrutar en el templo de San Pedro Apóstol de Jajó, ni en la capilla de Durí, la celebración litúrgica de los  Pasos de Jesús, ni la procesión, ni los cantos, ni la semana santa,  al contrario, lo que el pueblo pudo conocer en carne propia fue el camino a la muerte, sin estaciones, fue cuando los conservadores vivieron su propio calvario. En esas horas los curas, sacristanes, seminaristas, novicios, las devotas, las cofrades  y el pueblo campesino tendrían su propio vía crucis.

Fue una revuelta promovida por la ambición de los caudillos del bando “Lagartija” y el de los “Ponchos”,  particularmente estos, que se resistieron a la ascensión de los liberales locales a las posiciones de gobierno, aun siendo producto de los métodos de selección legal, de ese momento.

Ganando el general José Manuel Baptista, la Presidencia del Gran Estado de los Andes, en las elecciones de 1890, el clima de inestabilidad política, se fue acentuando cuando en Caracas eligen al Dr. Raimundo Andueza Palacios como Presidente de la República. Al vencer su periodo de gobierno y dar a conocer que seguiría en el poder, los llamados “ponchos” o “godos” trujillanos  rechazaron su decisión continuista.

La violencia era el pan de cada día en todos los lugares y hogares de Trujillo. La gran mayoría de los reclutados en los páramos de nuestra comarca y las vecinas, fueron a integrar las tropas oligarcas, defensoras de los  gobiernos regionales conservadores de la familia Araujo-Baptista, los llamados “Ponchos”, pero en esta ocasión, éstos, se alzaron contra el continuismo del Presidente Andueza, aliándose a la rebelión del general Joaquín Crespo, “TaitaCrespo, valioso dirigente político liberal.  

La coyuntura nacional, también sirvió a los molestos habitantes trujillanos  y a la dirigencia de los liberales “lagartijos”, para emprender una guerra contra la hegemonía de los terratenientes oligarcas en el poder y el gobierno regional. La pelea, con fachada nacional, envolvía un asunto provincial, entre los terratenientes conservadores (Ponchos), y los terratenientes liberales (Lagartijos); eso se traduciría en un enfrentamiento de los caudillos del clan Araujo-Baptista, y los del clan de los González Pacheco.

No sabían los pocos habitantes de La Puerta, luego de la expulsión dada a los indígenas Bomboyes, que en la última década del siglo XIX, con sulfurante conflictividad política,  en su tranquilo espacio de sementeras, se desarrollaría como parte de un esquema preliminar de enfrentamiento entre hermanos, entre familias, una batalla campal, que lo dejaría ensangrentado.  

El martes Santo 12 de abril de 1892, comenzó a desarrollarse una devastadora y sangrienta batalla contra la Reelección Presidencial y a la vez, contra la hegemonía regional de los “godos”.   

Las fuerzas nacionales, legalistas y anduecistas, al mando del general Diego Bautista Ferrer, tomaron las ciudades de Trujillo, Boconó y Valera. Contando con unos 800 hombres, confiando en superioridad numérica y mejor armados, se fue a atacar a los “ponchos” alzados, en su propio patio. Las tropas de ambos bandos rompieron fuego en la Mesa de Jajó, la vanguardia de los liberales sufre una grave derrota al tratar de desalojar a los godos de su propia tierra. Varios pueblos vecinos, como Durí, La Mesa, Jajó y Timotes, fueron hostigados y sitiados por las fuerzas liberales del general Diego Bautista Ferrer y el general Rafael González Pacheco.

Ordenó a sus tropas de gobierno  que estaban  en Valera y Trujillo, y la que él traía del estado Lara, avanzar por el camino que bordea el río Motatán, cruzarlo y dirigirse a atacar a Jajó, el sitio símbolo del poder de los Araujo y donde estaban concentrados los rebeldes, y es derrotado. Pareciera que el plan de combate era tenacear a los “Ponchos”, con el grueso del ejército de gobierno que partiría de Valera, otra falange de refuerzos vendría desde Mérida, y el tercer frente, tomaría “El Portachuelo de La Lagunita”. Habían llegado tropas liberales de Lara, del Centro y de Coro comandadas por los generales Diego Bautista Ferrer, Rafael Planas, Pedro Arteche y Antonio Zuleta, armados con fusiles Remington lo más avanzado de la época.  Sus compañeros liderados por Pedro Linares, Francisco Paredes y Rafael Montilla Petaquero, tomaron el camino del páramo de La Puerta como una posición estratégica. Ferrer y su ejército días antes, lograron vencer a las montoneras de los oligarcas en Carache, gracias en gran parte a la acción valiente de Montilla Petaquero.


El miércoles Santo 13 de abril de 1892, los "Ponchos", liderados por el general José Eliseo Araujo, el coronel Sandalio Ruz y otros, se concentraron en Jajó para enfrentar a los “Lagartijas”.  Ferrer ordena a sus subordinados echar el resto, pero hubo un asalto final de los "Ponchos" sobre las fuerzas del gobierno, sangriento hecho que dejó varios oficiales muertos.

Los enardecidos araujistas, se estrellaban contra las trincheras liberales, y su jefe el general José Eliseo Araujo, que también lo era de la revolución contra el continuismo, les gritaba <<echen pa’lante muchachos, un tiro y al machete>> (Gabaldon: 110). Las tropas de Ferrer en su mayoría eran de Mérida y Lara  y uno de los motivos de los oligarcas, era que enfrentaban << a los imprudentes que se han atrevido a hollar con sus plantas su suelo regional>> (Gabaldon: 110). Seguramente, los liberales,  pensaban someter en dos fuegos a los alzados trujillanos.

Los araujeros,  responden batalla disparando; con el conocimiento del terreno, bien emboscados y en constante movilización de grupos, sus horas de tiros lograron ventaja, cuando van al remate de los “lagartijos”, persiguiéndolos desaforados, unos por la Joya, en El Horno, y en Tafallés, se encontraron con las trincheras y tiros de los liberales.


El jueves Santo 14 de abril de 1892, se retiraron los gubernamentales por la Cuesta de la Mocotí,  subida intrincada, boscosa y sinuosa.

Entre Tafallés y La Mucutí, se echaban 2 horas a pié y 1 hora en bestia. El general José Eliseo Araujo, hombre de campo, sabía muy bien que había que acabar de cuajo con el problema y  les insiste a su escuadra de indios macheteros, que fueran sobre Ferrer, con eso se acabarían las aspiraciones de los liberales por tomar el poder en la región y no se dejarían dudas del triunfo de los “ponchos”, los triunfadores en la persecución le dieron unas cargas a machete, pero la acometida resultó infructuosa.  

En horas de la tarde, Ferrer  mas aliviado por los refuerzos de Montilla, se mete en una de las viviendas de bahareque, para protegerse, casa del liberal “Maese” Felipe Uzcátegui, campesino en La Mucutí.


El viernes Santo 15 abril 1892, a eso de la 1 de la madrugada se produjo un asalto a la casa de Uzcátegui, donde está resguardado Ferrer y sus oficiales. En la oscuridad de la noche, el Comandante es sorprendido; le llegan a su campamento y un indio de Jajó, le da un severo machetazo y de un  tajo le hiere la mano; tuvo suerte que uno de los jóvenes de su guardia logró salvarlo y lo puso en lugar seguro; por lo que el general liberal, viendo el salvajismo de sus perseguidores y que no había posibilidades de resistir el ataque oligarca, decidió la rendición.

El   general Pedro Linares que también está herido de machetazo pero en el abdomen, en medio de un dantesco cuadro de sangre, se molesta ante la orden de rendición. Presencian esto, los generales Francisco Paredes, Pedro José Maya y el oficial Montilla. El Dr. Gabaldon  en su narración de los hechos, señala que  <<Ahí se le unieron cómodamente sus reservas venidas de Trujillo y Valera y con la ayuda que le presentaron…Rafael Montilla, mejoró su dificultosa situación >> (Gabaldon: 110).  Desde Valera,  Montilla y otros oficiales, habían tomado como puesto  de importancia estratégica del ejército liberal, un lugar conocido como “El Portachuelo de La Lagunita”, jurisdicción de La Puerta,  desde donde observan las fuerzas  oligarcas y deciden también atacar, bajan a la Mucutí, donde descargan sus armas. 


Y llegó el Tigre para la matanza final en La Mocotí.


Al enterarse de la rendición, observando esta dramática situación, Montilla y sus mestizos e indígenas, salen de la casa refugio de Ferrer no aceptando pasar por la vergüenza de la sumisión y viendo  al general Pedro Linares, que también herido se encontraba  en el suelo, sin vacilación ninguna decidió asumir la jefatura de la batalla y en lugar de acatar la orden de rendición,   dio una decidida y corajuda contra orden y se fue con su columna de campesinos e indios sobre los macheteros araujistas y en un encierro los encallejonaron, piquete que llegaba, piquete que liquidaban; le faltó tiempo para seguir quebrando cabezas oligarcas con su fusil, lo que sorprendió a éstos, huyendo los que quedaron con vida,  en el  contraataque logró derrotar  a los “Ponchos”. 

En su acción, dejaron escuadras de hombres heridos y asustados,  otros muertos. La sangre y pedazos de manos, brazos, cabezas surcaban las curvas y los bordes de aquel  decimonónico camino de los Timotes. Algunos lograron salir del encierro y alcanzar “El Portachuelo”, desesperados por escapar de la matanza y subir al Páramo de las Siete Lagunas, pero también fueron víctimas del encarnizado combate, allí quedaron sus restos, junto con caballos y bestias heridas, pedazos de fusiles, bayonetas,  machetes, espadas, lanzas,  espuelas, tabaco, cajetas de chimó, casquillos, riendas, enjalmas, y los sombreros de los caídos.

Montilla, mañaneando, inteligenciado en que la lucha es a fondo contra los oligarcas, y empoderado con lo que repitió varias veces en su vida, que, los mestizos como él, <<no se retiran nunca cuando tienen la victoria en la mano>>, lanzó la feroz y encarnizada orden a su piquete,  de carga a plomo y machete.  A él, no lo motivaba el hecho de la guerra ni adquirir charreteras, sino que el triunfo de los oligarcas, era el triunfo  de la continuidad  opresiva de los terratenientes, lo que produciría graves consecuencias para los campesinos trujillanos.  En su avanzada, les gritó a sus macheteros: “A pelear muchachos, rendirnos es la muerte”,  fue el suficiente y oportuno aliciente para aquella tropa campesina para arrollar y triunfar sobre las fuerzas de la oligarquía araujista, reconociendo al autentico comandante de los campesinos: el indio Rafael Montilla Petaquero.

Las tropas legalistas y godas, integradas en su mayoría por humildes campesinos trujillanos, sorprendidas, fueron cayendo, algunos decapitados,   los que se salvaron retrocedieron y huyeron ante aquel brutal contraataque de los “Lagartijos”.  El maestro trujillano D’Santiago, escribió que en el contraataque, ordenado por este novel comandante a sus hordas de asalto, de embestir al enemigo a machete, con mayor arrojo, se abalanzaron sobre sus coterráneos en feroz y sangrienta lucha, cuerpo a cuerpo y con la decisiva herramienta. Montilla <<se vio precisado a utilizar la culata de su Remington como arma contundente>> (D’ Santiago, Págs. 216 a 223); en la circunstancia la usó para aplastar cabezas. Su ejemplo, guió a sus guerrilleros campesinos, a convertir en victoria,  una clara derrota.   La Batalla fue decidida por esa carga a machete ordenada por Montilla. Sabía que rendirse era la muerte segura, porque los  “Ponchos” no iban a dejar vivo a ninguno de ellos.

En la acción campal de Jajó-La Mucutí-El Portachuelo, las tropas afectas al “León de la Cordillera”, comandadas por sus hijos, pusieron en práctica fingir la retirada para obligar a las fuerzas del gobierno liberal a que los persiguieran, para luego aprovechar, virar, retroceder y cargar a machete cuesta arriba y liquidarlos. Una adaptación andina, de la táctica paecista de “Vuelvan Caras” usada en las “Queseras del Medio”, que hizo mucho daño a los ejércitos realistas, y  que practicó el general Juan Bautista Araujo (padre) y el coronel Sandalio Ruz, en su tiempo.  Pero eran tropas no preparadas militarmente, montoneras reclutadas en las montañas, que no acataban las ordenes de retirada y lo que sobrevino fue el espontaneo “Sálvese quien pueda” y salieron en desbandada, presos de terror, huyendo hacia la Vega de Timotes y se escabulleron hacia Mérida, incorporándose a las fuerzas de la revolución contra el continuismo en Los Andes.

Montilla, había cerrado cualquier  posibilidad de escape por las dos rutas, La Cañada, Los Pavones, Garabulla  y Las Mesas de San José o hacia las Siete Lagunas;  a los “Ponchos” solo les quedaba como vía de escape, regresarse y coger el camino de la Joya, hacia Timotes, para refugiarse en Mérida.  El escritor trujillano Emigdio Cañizales,   apuntó en su trabajo sobre esta batalla, lo siguiente: <<las fuerzas de Baptista le hacen frente a Ferrer. En el viejo camino de Trujillo a Timotes, esta la Cuesta de la Mucutí>>, se refiere al angosto, sinuoso y largo camino que en aquella época, conectaba desde La Puerta  al Portachuelo de la Lagunita, tomando  hacia la izquierda está la Mucutí, vía por donde se llega a Tafalles, al Horno y la Joya, a pocos minutos de Timotes.  

En su particular exégesis, Cañizales biógrafo del general Gabaldón, agregó este dato interesante: la utilización de una pieza de artillería de fabricación alemana,   <<El cañón “Continuista” tronado por el general Francisco Paredes, ayuda a decidirlo en favor de los Lagartijos. El nombre de Rafael Montilla…lo requiebran los páramos y comienza la leyenda del “Tigre de Guaitó”>> (Cañizales Guedez,  102). Arturo Cardozo, escribió: <<empieza a ser disparado un pequeño cañón en las filas nacionales>> (Cardozo, 238). Sobre este punto, el montillero Dr. Fabricio Gabaldón, en su narración de  esta batalla,  no mencionó el uso de esa arma, ni esa circunstancia,  en la  batalla; considero que era difícil el acceso y transportar ese tipo de armas, por esa Cuesta.     

Finalmente, las tropas de Ferrer lograron vencer a los "Ponchos"  en una batalla que causó numerosas bajas en ambos bandos.

Desde el amplio espacio de “El Portachuelo de La Lagunita”,  el Estado Mayor de las fuerzas legalistas liberales, convirtieron a “La Mucutí” en un lugar de muerte, allí quedaron tendidos más de 200 seres, expuestos como festín de las aves y demás animales de rapiña (Gabaldón, F, 112 y 113). 

Imagen de portada: Mango de una  bayoneta usada en esta batalla, cortesía del vecino Ramón González Carrizo, descendiente del general Federico González y pariente del coronel Sandalio Ruz, es  habitante de La Mocotí. 

Venideros el 12, 13, 14 y 15 de abril, que conmemoran el 132 aniversario de lo que se puede denominar como el bautizo de sangre humana de La Mocotí, justo es el recordatorio de este verdadero acto de fratricidio en nuestra historia regional;  fueron cuatro  días de continuo plomo y machete, luego de esto, se impuso algo de orden y estabilidad. La Puerta, espera la erección del monolito conmemorativo de este y otros hechos de sangre ocurridos en este sitio. Los gobernantes tienen la palabra.  


(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

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La Puerta, abril 2024

Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*) Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terra...