sábado, 9 de agosto de 2025

Los Orígenes de La Puerta


Por Oswaldo Manrique (*) 

 Bajo la Sombra de la Historia Oficial: Los Orígenes de La Puerta.

Desde 1970, cada 9 de agosto, se viene festejando una incierta, inverosímil y contradictoria historia de una supuesta “fundación” de La Puerta, ocurrida en 1620,  cuyo autor seria un “fundador anónimo”, basándose en un documento inencontrable de la muy antigua “Encomienda San Pablo de Bomboy”.  El interés que pongo en estas notas, es para que se reflexione, investigue y se discuta con criterio decisorio y responsable esta tergiversada y precaria historia de la “Fundación” de La Puerta, impuesta por la pequeña oligarquía municipal de aquel tiempo, y en todo caso se obtenga la certeza del comienzo o de los orígenes de la Comunidad Indígena Bomboy, sus primeros pobladores, y la de su forzosa conversión  a pueblo colonial esclavista,  así como, su sucesiva o posterior evolución como pueblo.  Por lo pronto, tocaré algunos puntos que se deben evaluar y analizar para abordar la veracidad histórica de este hecho principalísimo e histórico.  


Se nos ha inculcado a casi dos generaciones de puertenses, el infeliz argumento que La Puerta, habría sido “fundada” por un “fundador anónimo” el 9 de agosto de 1620, según un documento de la mencionada encomienda  (Abreu, 30), que habría ocurrido ese hecho histórico, lo que no se ha podido demostrar en forma alguna. En primer término, no existe ningún documento que avale tal invención, ni en los Archivos Históricos de Venezuela, ni en el Archivo General de Indias en España, ni de Santo Domingo. Segundo,  sí existe, el expediente de una “Encomienda San Pablo de Bomboy”,  que corresponde geográficamente a la Comunidad de San Pablo (existente) y la gran Posesión San Pablo de Bomboy (también existente), de la Parroquia Mendoza, es decir, en el lado Norte del Valle de Bomboy, otorgada al capitán Francisco Botello en 1595 (Zambrano, 11), según Mario Briceño Iraagorry, habría sido otorgada en 1571 (MBI. Tapices), y al fallecimiento de dicho Capitán, la heredó su viuda Catalina Fajardo, la gran terrateniente de este Valle, nieta del nacionalista Alonso Andrea de Ledesma, y posteriormente, se casó con el cura Cristóbal Hurtado de Mendoza, ancestro del primer Presidente de Venezuela. La profesora Gloria Reinoso, nativa de este sitio, dejó escrito interesantes notas acerca de la comunidad de San Pablo del valle de Bomboy. Esa versión distorsionada de la historia, la repite la historiografía oficial (Briceño Perozo, 276-278), lo que debe ser corregido; es decir, se ha pretendido sostener que en el espacio histórico del comienzo del Valle, en su parte Sur (La Puerta), estaría localizada la citada Encomienda, que realmente corresponde a los indígenas de Mendoza, pero en la zona norte del Valle. Lo desventurado, es que hace pocos años, fue paleografiado el expediente de esta Encomienda, y no aparece el aludido documento del 9 de agosto de 1620; y si no existe ese documento, ¿cómo se puede seguir afirmando y celebrando que La Puerta fue “fundada” por un “fundador anónimo” en dicha fecha?

En una hermosa estribación que se desprende del ramal septentrional del Pico Miranda de la Cordillera de los Andes, entre paisajes que susurran historias olvidadas, se  erigió La Puerta. Según los antiguos títulos de "Encomienda Valle de Vomboy" y “Encomienda Quebrada de Comboco”, otorgados a los capitanes Tomé de Dabuyn (1601) y Juan Álvarez de Dabuyn (1611); fue considerado, un valle de indígenas Timoto; esto quiere decir, que los primeros pobladores del territorio donde hoy está levantada La Puerta, fueron indígenas Bomboyes, de nación Timotes, que es una ramificación de la confederación Muisca, familia de la civilización Chibcha. En el titulo de confirmación de esta encomienda del 9 de mayo de 1611, consta que los jefes Timotes que gobernaban en las tierras donde hoy está levantada La Puerta, eran Bombas (Bomboy), Jasepe e Yguara.

La historia escrita que nos han suministrado de La Puerta, lejos de informar de estos orígenes, a menudo los esconde o los refiere como un laberinto de anacronismos e inexactitudes, incitando a la pesquisa casi de sabueso, en el tiempo.

Consultando la recopilación Historia Hemerográfica de La Puerta, que dispone en internet nuestra Parroquia, gracias al aporte de material informativo realizado por la profesora Belkix Villegas y el amigo Benito Rivas, encontré un artículo que aquí les comparto, a propósito del denominado y festivo Día de La Puerta, y que nos puede servir como guía didáctica, para confrontar la narrativa historiográfica y paradójica, que nos dice que la voz de sus habitantes originarios se ha perdido entre la bruma y el silencio cómplice del tiempo.

El 9 de agosto 1993, en la edición de  Diario El Tiempo, en la página 27, se encuentra un  artículo de un señor de apellido Villarreal, titulado La Puerta 373 años de existencia, que llamó poderosamente mi atención, por la desmesurada carga de anacronismos, incertezas e inexactitudes sobre la historia de La Puerta, que contiene.

 Si miramos la historiografía local, encontramos que sus pobladores originarios han desaparecido o no existen en el relato oficial. La Puerta, me atrevo a señalarlo, es precisamente eso: un misterio. Aquí se propone auscultar esas raíces, intentando desentrañar los mantos de una historia labrada con  trazos de anacronismos e incongruencias, propios del desconocimiento, o de un deliberado interés racista por esconder y desfigurar el hecho histórico,  sus consecuencias y responsabilidades.

Confrontando la  obcecada narrativa eurocentrista y manera  de proceder del gamonal.

Entre los anacronismos que se señalan en dicho artículo, se afirma lo siguiente: “La Puerta fue fundada a casi 128 años del descubrimiento de América y a 63 de la Fundación de Trujillo. 373 años hace que casi a la cabecera del Valle del Momboy una aldea timoto cuicas tuviera que encarar como mandato del destino la histórica transformación que insospechadamente también comenzara para ellos un agosto a la salida del almirante Cristóbal Colón de Palos de Moguer hacia el nuevo mundo".  La primera comunidad que habitó estas tierras, se denominó Bomboy o Vomboy, comunidad indígena del Bomboy,  (con (b) labial, no “Momboy” con (m), que no se sabe qué significa, ni la usaron nuestros primeros pobladores), no era una aldea timotocuica sino una comunidad del Señorío Tribal de la Nación Timoto, como se ha demostrado con añejos documentos Civiles y de la Iglesia; decía don Mario Briceño Iragorry, que para mantener viva la memoria de los valores que sirven de vertebra al edificio social, debemos conocer los documentos antiguos, como forma indispensable para la reelaboración de la cultura correspondiente a cada generación, en este caso: el Documento  Organización de Doctrinas de Trujillo,  del Obispo  Fray Antonio de Alcega, 1608; los títulos de “Encomienda Valle de Vomboy” y “Encomienda Quebrada de Comboco” de 1611 y confirmadas en Madrid, en 1620  (Ubicación: ES.41091. AGI/2311. Sto. Domingo, 41,N.23); el Informe de la Visita del Obispo Mariano Martí, 1777;  los Libros Eclesiasticos de La Puerta, abiertos por el padre y procer independentista Francisco Rosario en 1795, y el Expediente del Juicio de Partición de las Posesiones de Tierras del Resguardo Indígena de La Puerta, 1891, entre otros.   Dicha comunidad, se asentó en este valle Bomboy entre 450 DC a los 1.000 años DC, (Vargas: 1967; Wagner: 1969; Niño: 1988; Ramos: 1988: y Gordones y Meneses: 1992); dentro del proyecto de expansión de esa nación indígena, para controlar la vía hacia el lago de Coquivacoa (Maracaibo) y Mar Caribe. No se sabe de dónde sacan algunos y repiten otros, que era una aldea timotocuica.  

En segundo lugar, afirma sin fundamento alguno que hubo una “Fundación” de la Puerta" <<a escasos 128 años del famoso descubrimiento de América y a 122 años del descubrimiento de Venezuela en el tercer viaje de 1498>>; esto es otro anacronismo con falsedad, ni a NuestraAmérica la descubrieron como lo señala, ni Venezuela existía para ese tiempo, ni La Puerta fue fundada por los invasores europeos, lo que complementa con otra flamante falsedad con fundamento racista e intolerancia, que, habría sido en un agosto, cuando dicha comunidad indígena “tuviera que encarar como mandato del destino la histórica transformación” (Textual del artículo de prensa citado), es decir, sería un mandato necesario, portentoso, favorable e “histórico”: que dejaran de ser hombres libres y pasaran a ser esclavos o difuntos.  

La 3ra. equivocación se basa, en que, "justamente a esa distancia de tiempo, se establece la Cuarta Doctrina del Pueblo del Señor San Pablo, integrado por indígenas cuicas y timotes, formando seis encomiendas” (Textual del artículo de prensa citado); esto no es cierto.  Fue el Obispo Antonio de Alcega, autorizado por el Gobernador Sancho de Alquiza, incluyendo un acuerdo con el Virreinato de la Nueva Granada, que estando en esta zona la mayor concentración de indígenas del Valle del Bomboy, establece (80 años antes) la Séptima Doctrina, el 30 de octubre de 1608, integrada por siete (7) encomiendas, convirtiendo la ya existente comunidad Bomboy (originaria y asentada centenares de años antes, en este sitio), en “Pueblo de Indios” Cabecera de Doctrina  (No Encomienda San Pablo de Bomboy, que es otra cosa y corresponde a otro espacio geográfico), el que a partir de 1777  (Martí), lo reconocería documentalmente como <<San Pedro de Bomboy (La Puerta>>, en la estructura colonial de Trujillo, y como espacio de concentración de indios esclavos traídos de otras partes.

De lo que sí existen, documentos históricos y legales, que reposan en el Archivo General de Indias,  normalmente aceptados por los historiadores, es sobre el primer hecho de voluntad de poblamiento europeo de estas tierras, el del capitán Tomé Debuyn, de origen portugués. Antes de este importante hecho de la 7ma. Doctrina, ya existía la “Encomienda Valle de Vomboy”, asignada al capitán portugués Tomé Dabuyn, que es necesario mencionar porque hay algunos historiadores (Briceño Perozo) que aseveran que el principio y avance del nacimiento o de donde surgieron y se activó la evolución de los pueblos coloniales que tomaron los nombres de esos valles, se inició con las primeras Encomiendas que en este caso sería la de Tomé Dabuyn, que acompañó a Diego García de Paredes, en la fundación  de Trujillo, confirmada después por el gobernador de la Provincia de Venezuela don Diego de Osorio, en el año 1595, y aquel Capitán ejerció su derecho de dexación de encomienda en 1601, para luego las autoridades se la concedieran  junto a la “Encomienda de Quebrada de Comboco” y “Encomienda Lomalla de Busandi”, a su hijo el capitán Juan Álvarez Dabuyn, el vencedor de los zaparas y parautes, dirigidos por el cacique Nigale en las aguas de la laguna de Coquivacoa (Maracaibo).

Esta fue la Encomienda más significativa por su población y ubicación, para la historia de La Puerta, otorgada según titulo: AGI. Expediente. Confirmación de Encomienda de Valle de Vomboy y Quebrada de Comboco en Trujillo, Venezuela a Juan Álvarez de Buyn (1620-01-10). Resuelto. Ubicación: ES.41091.AGI/2311 Santo Domingo, 41, N. 23.  Todas las encomiendas tanto las localizadas en lo que sería con el tiempo La Puerta, como las de Mendoza, la de Timotes, la Quebrada Grande y la de Jajó que conformaban dicho pueblo, según los Títulos, eran indígenas de nación Timoto, No Kuica.  

Otra de las inexactitudes, es aquella afirmación que expresa: “aunque a raíz de la libertad que se le dio a todos los indígenas en 1687” (Textual del artículo de prensa citado), esto es otro error, no fue una libertad, fue un cambio de estatus de explotación humana, es decir, de la condición de esclavitud de servicio, pasaron a ser indios esclavos “tributarios”, manteniendo la condición de esclavos y hasta enfeudados (Ver Libros Eclesiásticos del Pueblo de Indios San Pablo de Bomboy. Archivo Histórico Diócesis de Trujillo).   

La enfermiza hipótesis del “ocaso de su suerte” y la resonancia de una presencia ancestral.

En ese trance intelectual, se plantea otra absurda afirmación, que debemos  desmantelar, es que: “aún con esa libertad para los genuinos habitantes ya se había tornado ineludible el desconcertante encuentro con el ocaso de su suerte, forzada por los colonizadores, quienes fueron los protagonistas de la desaparición de la genuina raza dejando sobre la misma tierra el mestizaje que hoy recuerda sin rencor ni resentimiento, la dolorosa historia del calvario que vivió todo un continente”; en esta invención, “el ocaso de su suerte” fue que para 1891, existían 16 comunidades indígenas en el país, una de ellas casi totalmente pura como etnia, era la comunidad Bomboy, ubicada en lo que era el Resguardo Indígena de La Puerta (tierras donde está asentada  hoy parte  del área urbana de La Puerta). Fue en dicho año (1891), a casi 400 años después de la llegada de Colon a América,  cuando se produjo el genocidio de La Puerta (no fueron los invasores europeos ni los colonizadores los que desaparecieron totalmente esta comunidad indígena), sino los hijos de los independentistas republicanos, un grupo de gamonales, hacendados y de extranjeros ambiciosos se pusieron de acuerdo e iniciaron un juicio fraudulento de Partición de las Posesiones de dicho Resguardo, para quitarle a los indígenas sus tierras y con ese juicio fraudulento en el que estaban involucrados personeros de la oligarquía como un gamonal de nombre Samuel Quebedo, lugarteniente del general Juan Bautista Araujo, el “León de la Cordillera”,  sus secuaces y otros gamonales, acuérdense que Leopoldo Baptista, el general y Dr., era el Partidor nombrado en este juicio y después nombran a José del Rosario Colina, y son los responsables de haber despojado de su tierra a esta gente indefensa, analfabeta y primeros pobladores. Lo “monumental” de este artículo sobre “historia de La Puerta”,  es que lamentable y dolorosamente se afirma que, a pesar del despojo de tierras y el genocidio, se produjo un “mestizaje que hoy recuerda sin rencor ni resentimiento, la dolorosa historia”; ¡qué bárbaro! ¿A qué mestizaje se refiere si los gamonales desaparecieron esta comunidad indígena? ¿Cómo pueden guardar rencor o resentimiento aquellos indígenas o sus descendientes si fueron extinguidos?

Sigamos desfacendo entuertos, como decía el ingenioso hidalgo.

Otra afirmación incierta es aquella que, “en la época de la campaña independentista y postcolonial se cayó la sepultura de los primitivos habitantes, que bien subsistían como grupo étnico o tal vez como simples elementos desorientados y dispersos”; la fibra racista o el reverberante “linaje de sangre”, de quien escribió estas falacias, pretende hacer ver que los indios eran pendejos y animalitos, y La Puerta un potrero o chiquero;  pero agregó otra monstruosa falsedad al señalar que “el Partidor de 1891 -otra aberración- distribuyendo y adjudicando 1.960 hectáreas a los comuneros de la región, quedando de esta manera cerrado el capítulo de la existencia de algún tipo de derecho o excepción, reserva o garantía para nuestros antecesores timotocuica sobre la tierra que por derecho natural consideraron de su propiedad”; cabe preguntar: ¿a cuáles comuneros se refiere? ¿Será a los genocidas? ¿A los extranjeros y gamonales? es decir, este señor racista, desinformado y desconocedor de la historia, pretende decir que no existen derechos sobre las acciones fraudulentas que se cometieron en contra de los primeros pobladores despojados de su tierra y el genocidio que se dio en ese momento. Así mismo, señala que desde esa Partición quedaron los exterminadores como beneficiarios de los resguardos, y no sé con qué número de descendientes, figuran en las adjudicaciones  apellidos que siempre han estado presentes en el pueblo de La Puerta”; vale la interrogante ¿serán los apellidos de los genocidas, italianos, gamonales y estafadores que aparecen en las adjudicaciones de tierras?

Esta es otra mentira, los escasos descendientes de los mestizos que están en las adjudicaciones, tienen los apellidos que usaban los encomenderos y son los que aparecen en los distintos documentos y títulos históricos que existen, entonces no se puede decir que los apellidos de italianos y de otra gente terrateniente de “estirpe y linaje” de pueblos vecinos, que jamás estuvieron aquí, que fueron gamonales y hacendados de otros sitios se podrían considerar comuneros indígenas, es una cuestión de injusticia, y de racismo evidentemente.

Por esas razones, es importante que motivado a ese juicio fraudulento de Partición,  debe iniciarse el estudio a fin de ser declarada la nulidad del mismo y las tierras deben ser reivindicadas y devueltas a la comunidad, como lo establece la ley que fue dictada por el presidente Antonio Guzmán Blanco; igualmente, tramitar la repatriación de las obras de cerámica precolombina de La Puerta, que está en museos de Francia, Alemania y Estado Unidos. Entonces esto, hay que aclararlo, esta narrativa que distorsiona por anacronismos eclipsando las voces, cultura, tradiciones, lengua, espiritualidad y la desaparición de nuestros primeros pobladores, nos convoca a una apremiante reconstrucción de nuestra historia local, porque son puntos importantes y no podemos continuar como loros repitiendo esa historia disfrazada con este tipo de falaces argumentos. Comencemos a llamar los sujetos, sitios, hechos, entes y las cosas por su autentico nombre, igualmente, a visibilizar y concretar el hecho histórico, sus consecuencias y responsabilidades, y emprendamos el camino a ser libres. La Puerta y su reconstrucción histórica urgente. Las autoridades tienen la palabra.

en conjunto los datos precedentes, merecen ser considerados como una iniciativa para que se promueva un proceso de reordenar las cosas, para ir descolonizando, de reconstruir nuestra historia,  el verdadero acervo histórico, en el que participen todos los que deben y quieren involucrarse en la discusión y debate necesarios de ese tema de interés para nuestra comunidad, y no se siga festejando estos  falsos y anacrónicos hechos.


 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

sábado, 2 de agosto de 2025

Crónica de un pasado silenciado: La Puerta y la rebelión de los Comuneros, 1781.


Por Oswaldo Manrique (*).  


La historia del  pueblecito llamado La Puerta (así lo  denominó el Sabio Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, en 1889), se desconoce casi en su totalidad. Apenas ligeros datos sobre el tercer violento poblamiento, a comienzos del siglo XX, una historiografía cargada de anacronismos que comienza con aquello de que  la erigió un “Fundador Anónimo”; de ahí, la necesidad de investigarla críticamente, desempolvar más de mil años de historia desconocida, y sacar información significativa y difundirla.  Hay  episodios relevantes de la Colonia, en el que dicho “pueblecito” indígena se agigantó y dio ejemplo de resistencia, lo que ayudó a cimentar la conciencia colectiva de lucha contra el régimen colonial español, de cara al advenimiento de la independencia. El que relato a continuación, es uno de ellos.



La Puerta: Corazón de la resistencia indígena.

¿Quién podía pensar en 1781, que los chontales de La Puerta, se mantendrían en silencio y calma, ante la avanzada de los Comuneros del Socorro? Nadie. Sin embargo, la historiografía regional y nacional, edulcoraron con elegancia y minimización, este episodio tan relevante de resistencia indígena de La Puerta, que operó contra el modelo monárquico español, y asimismo, contra el modo de producción esclavista-mercantilista, que apretaba mas los yugos.

La efervescencia revolucionaria, se mantenía alta y con más indignación, al conocer recientemente la forma en que fue capturado y muerto su Rey indígena: Don Pedro I, también llamado Túpac Amaru II, al que el año anterior habían reconocido y jurado como su gobernante. 

*

Hablaban en su lengua antigua, aunque todos sabían español. Previamente, Chegué, ataviado con su túnica blanca de algodón, vistosas y coloridas plumas de paují, había incensado con acharú, como rito para celebrar esta reunión decisoria. El sumo sacerdote, alzó sus manos hacia el cielo rezando alguna oración, y con el ceño abierto, miró a todos los convocados.   

-   ¡Huacani Kachute! Invocaba Chegué, mientras los demás, dirigiendo el dedo hacia el todopoderoso Dios Sol, para rogarle en aquellos momentos de angustia e incertidumbre, los iluminaran y les enviara señales, y esperanzados en los oráculos, repetían:

-  ¡Kachute! ¡Kachute!

Don Jashinto Mendoza, el cacique;  Julio Burrucay que era un experto gañan,  Juan el Gayón, Amaro el caudillo ganadero, Olaya Esmindax, Ignés Mexia, Constanza Pacheco, Lucía Saavedra y Chegué el máximo sacerdote; también estaban los Teregues, Tafallés y el cacique Pitimay, allí estaban.

Los sonrientes indígenas, formaron círculo alrededor del anciano sacerdote, unos alejados, otros, cerca, y las indias principales, permanecían en un ajustado grupo; una de ellas habló:   

-  Recuerden que, salieron de Santa Fe y pronto estarán aquí los comuneros del Virreinato, en todos los valles de los Timotes. Otra de las mujeres, con bastante ganas de expresarse dijo:  

-   Ya estamos cansados de tener que estar pagando impuestos al Rey, que en nada nos beneficia, y además, nos siguen oprimiendo con el pago del tributo.

Algunos decían que Olaya, era de mal carácter, porque era cruda en sus palabras, pero era luchadora de su tribu, sin reparar en funestas consecuencias y decepciones, inclusive, en las derrotas.

-   Si hasta por hacer y vender dulces, tenemos que pagar impuestos….

Uno de los jefes principales, no apartaba sus ojos del rostro de Ignés, quizás admirando su elocuencia, o por la hermosura de su piel, que la hacía ver radiante y fresca. Casi todos esperaban de esta lucha, un triunfo sin derramamiento de sangre  y la eliminación de los impuestos y restricciones del gobierno colonial. Ignés le hablo a su tribu:  

-   No podemos sembrar tabaco, ni hacer cigarrillos, ni chimó. No podemos ni consumir chimoíto para el trabajo, nos están quitando el sustento. Olaya inmediatamente agrego:

-   Dicen que vienen desde más allá de la frontera un ejército de <<indios, mulatos, jornaleros y agricultores armados de palos y machetes…eliminando estancos, exonerando impuestos y repartiendo el tabaco, chimó y aguardiente allí almacenado>>. Cuando Olaya, terminó de hablar, todos la respaldaron en medio de exclamaciones y vítores. Una de las presentes gritó:  

-   ¡Nos va a castigar Gabaldón y el Alférez Sancho! ¡los kiakes!

La misma Olaya, a toda prisa, se acercó a Don Jacinto, uno de los principales  y le agarró un papel, que tenía en la mano y le pidió que lo leyera. Era el denominado pasquín de los Revolucionarios del Socorro, las Capitulaciones de los Comuneros:

"a que los americanos se han de emplear en las plazas de primera plana en ambas líneas; que se quiten para siempre los jueces de residencia; que se modifiquen las medias anatas; que se modifique el correo, papel sellado y Bulas; que se quiten las sisas, almojarifazgos, armada, etcétera; que los bienes o rentas eclesiásticas no dentren en cajas reales como está mandado; que los escribanos lleven menos derechos que los acostumbrados. Y, que los oficios de la República no se den a los españoles europeos, sino en los casos de urgente necesidad; que el aguardiente se pregone y remate en el común; que la alcabala corra como antes en 2%, menos en los víveres" 

Al concluir la lectura, intervinieron varios, entre ellos, Shulio Burrucay,  manifestó:

-   Tit-chuk-miggfeue -   Como afectado por ser de los que jornaleaban en las haciendas para poder pagar el tributo al Rey, se preguntaba cómo iban a pagar más impuestos. 

-   Tshape-no! nakunan-no, kesits-no!  Que ni las mujeres ni los niños, participaran en esa lucha, solo los hombres.

-   El obispo Martí, escribió que nos cuidáramos. Una de las mujeres soltó lo que tenía en la mano, y la increpó:

- ¡Shuat-chfiu! Decir mentiras. Otras gritaron:

-   ¡Ñeu-no! Se sentían envalentonadas, sin miedo. Las mujeres dieron fortaleza y apoyo.

-   Kiu-kak-kambeuch,  dijo Don Jacinto, que hablara el indio grande, se refería al Pitimay, quien dijo exclusivamente y en español:

-  <<Sacudámonos tan pesado yugo, para vivir con alivio>>. Como lo indicaba el pasquín.  Luego le dieron la palabra a un Yguara, representante de los Páramos, quien dijo:  

-    Nuyeu-Mcheu! Prefiramos morir a seguir enyugados. 

-    Istots-Stimots-nichí!  Fue el gritó  que se escuchó. Era el orgullo de la raza andina, para decir bastante sangre Timoto hay aquí. Varios decididos, llevaban sus cuchillos de obsidiana, ya no para el sacrificio, sino para la guerra. El cacique don Jacinto, luego de haberlos escuchado a todos, solo dijo:

 -   ¡Teukp Tupac Katari!   preparémonos, llegó la hora de Túpac Katari.  Fue la expresión de don Jacinto, para sumarse a la lucha del paladín indígena suramericano.

Esperaban dar el grito de rebelión, todos se levantarían contra los españoles custodios del Resguardo Indígena de La Puerta, y apresarían  al Corregidor. Consumada la insurrección en La Puerta, tomarían Mendoza y otros poblados indígenas, hasta llegar a Trujillo, y tomar los Estancos y el Cabildo. Luego,  proseguir la marcha, hacia Maracaibo y Caracas. 

Juan Fanay,  se frotaba las manos y reía, maravillado de recordar, palabra por palabra, lo que había escuchado en la reunión de los caciques y principales con el Chegué.  A raíz, de la captura y muerte de Túpac Amaru II, mentor teórico de esta revolución,  el movimiento continuó, liderado por Julián Túpac Catarí, hasta 1782, quien fue también capturado, apagándose la flama revolucionaria de los Comuneros.

                                                                    *

Sonaron los flautines y redoblaron los tambores realistas en Trujillo.  La Rebelión de los Comuneros del Socorro y la incursión frustrada al Valle de La Puerta, en 1781. 

 

En julio de 1781, llegaron los Comuneros a Timotes, <<A pesar del programa de libertad, la rebelión hubo de detenerse en su marcha incruenta frente a la resistencia que le pusieron los capitulares de Trujillo, reunidos en La Mesa, y no dispuestos a proteger la invasión de su Distrito>>. (Briceño Iragorry, 147, 148). La onda expansiva de la protesta, había nacido en el Virreinato de Santa Fe, de cuyo Distrito había formado parte la provincia de Mérida de Maracaibo, y avanzaba hacia los otros pueblos de Venezuela.

A la sala del Cabildo de la ciudad de Trujillo, entra el malagueño don Joseph Gabaldón, Teniente de Gobernador, tuvo reconocimiento del Rey, por su lealtad al enfrenar la revolución de los Comuneros, posteriormente, fue Corregidor de Indios, en La Puerta.  Están reunidos el Alcalde y Alférez Real Sancho Briceño Uzcátegui, don Vicente Cardona, Miguel Vetancourt, Juan Antonio Barazarte, Pedro de Uzcátegui, Santiago Montilla y Luis Briceño, personalidades principales de esta jurisdicción, cuando está hablando el Dr. Antonio Nicolás Briceño, defensor del Rey de España. En la reunión de emergencia, se escuchó:

- Sus Mercedes, los indios están alzados, dicen que llegó la hora de Tupac Amaru. Esto lo exponía el doctor Antonio Nicolás Briceño, el leal realista, ante el Teniente de Gobernador. Presente el alférez real Don Sancho Briceño, le preguntó: 

- ¿Y vos cómo os enterasteis?

- Por los indios de mi hacienda La Concepción y las de otros hacendados del Valle, que ya no quieren ir a trabajar, sino que están esperando la hora y la llegada de la rebelión.

- Y aparte el torneo de noticias y rumores  que hay. Dos reynosos insurgentes que ingresaron a Trujillo y han convencido a muchos indios de aquí y se ha venido organizando ese movimiento. Le agregaba, Don José Gabaldón el vizcaíno, recién nombrado Teniente de Gobernador.

         El Dr. Antonio Nicolás Briceño, el viejo abogado realista, preocupado porque la amenaza del desmoronamiento de la hegenonia en el poder, pasaba por el miedo y debilidad, se fue directamente a la Sala Consistorial en Trujillo, a hablar con las autoridades. Presentes los cabildantes, les expuso su preocupación:

-    Debo informarles que <<Estando en mi finca de Mendoza (La Concepción),  a pocas leguas del Pueblo de La Puerta y a una jornada de Trujillo, al tener conocimiento de los tumultos promovidos por los Comuneros del Socorro, que ya traían para el mes de julio soliviantando el espíritu insurrecto de los Merideños, di aviso al gobernador de Maracaibo, D. Manuel de Ayala, y puse a su disposición lo que menester hubiese para las fuerzas que vinieran a contener a los revoltosos>> (Dávila, 12-13). Don Sancho, le preguntó:

-   Don Nicolas, y ¿qué respuesta le dio el gobernador?

-   El gobernador, me <<ordenó tener listas en el Puerto de La Ceiba cuarenta mulas de carga y diez de silla, pues salía el Ayudante Mayor de la Plaza, D. Francisco Alburquerque, con destino a Mérida>> (Ídem). Les dijo el angustiado Dr. Briceño, quien agregó: 

-    Como comprenderán, <<Efectuadas las primeras diligencias <<hice tocar cajas en mi hacienda, y levanté cuartel con mis criados, esclavos y comensales>>. Por eso les avisé a ustedes los Munícipes de Trujillo. Sancho, Alcalde y pariente del viejo Nicolás y pensando en sus haciendas en  San Pedro de Jajó, se paró, dio un golpe al escritorio y exclamó:

-    ¡Enfrentemoslo! Enseguida ordenó convocar las milicias, sacar los estandartes del Rey, así como, a sus soldados a caballo, con las banderas y armas. El Teniente de Gobernador D.  Joseph Gabaldón, los atajó y dijo:

-    Pues, antes de cualquier acto de guerra, vamos a reunirnos con los revoltosos.

Los Munícipes, resolvieron parlamentar con los merideños, los que contestaron por medio de Don Juan Nepomuceno Uzcátegui Dávila y Don Ignacio Quintero. Asienta el historiador Vicente Dávila que, <<En el pueblo de La Mesa, donde ya para el 24 de agosto se encontraba Alburquerque con sus fuerzas, que proveía Briceño con los frutos de sus tres haciendas inmediatas, se verificó la conferencia que puso término a la sublevación>> (ídem). Las autoridades de Maracaibo y de Caracas, enviaron contingentes militares para evitar que la invasión entrara a Trujillo.

    El 8 de agosto, el ejército rebelde ocupó la ciudad de Timotes, colindante con los pueblos indígenas del Bomboy  (La Puerta), San Antón de los Timotes (Mendoza), el de Jajó y La Mesa de Esnujaque, y difundió una proclama a los Trujillanos, en la que los exhortaba a incorporarse a esa rebelión popular. El movimiento de los Comuneros surgido desde El Socorro (zona de la hoy Colombia), que había designado en Mérida un gobierno revolucionario encargando  como Capitán General al mestizo José García de Hevia, líder de pequeños agricultores, artesanos, indígenas y mestizos  de Timotes, y hasta mujeres que se dedicaban a la siembra y explotación comercial de la cañadulce,  del tabaco, chimó y productores de miche artesanal, se fue expandiendo,  y corrió el frenesí  por  estas tierras del Pueblo San Pablo Apóstol del  Bomboy, Valle de nativos Timotes, también conocidas como Doctrina de La Puerta, que desde 1608, no le habían reactivado el sentimiento de resistencia indígena frontal, que posiblemente logró variar el trato de los encomenderos hacia los Bomboyes.

    Ese mensaje de reivindicación económica, caló mucho en  los indígenas Timotes, no solo los que habitaban la serranía de Mérida, sino los asentados en el Pueblo de San Pablo Apóstol del Bomboy (La Puerta), en San Antonio de los Timotes (Mendoza),  en San Pedro de Jajó o Mesa de San Pedro de Esnujaque y caseríos vecinos.  La proclama de los Comuneros enviada a los habitantes de estos pueblos,  clamaba: “Hermanos, hasta aquí habíamos venido engañados con los mandatos de aquellos crueles ministros, que mostrándonos la piel de oveja tenían para nosotros el corazón de lobo; bien habréis conocido que así los mismos de Santa Fe como los de Caracas nos han dado el veneno en taza de oro, esto es: que paliendo sus robos en cédulas reales, nos hecho reventar con el tosigo de alcabalas duplicadas, donativos desarreglados etc. Y así, basta ya de martirios y ver morir de hambre a nuestros padres, mujeres, hijos y familias” (Arciniegas, Germán. Los Comuneros. Tomo 2, pág. 64. Biblioteca Ayacucho. 1992).  Induce ese mensaje, un contenido anticolonial en el fondo, a pesar del reclamo reivindicativo en lo económico contra el monopolio comercial ejercido por el gobierno colonial.   

El frenesí conquistado por las ideas de los Comuneros del Socorro, llegó hasta los pueblos Trujillanos de frontera, entre ellos, La Puerta.

Lo más curioso, ocurrió en el valle del Bomboy, cuya población originaria, sojuzgada y explotada por los hacendados,  es de nación Timoto. El hacendado y terrateniente Dr. Antonio Nicolás Briceño, poderoso económicamente, se enteró de que ese movimiento de comuneros venía creciendo e influyendo en Trujillo, creando un clima de tensión y de auge popular, esto le preocupó, porque estaban en riesgo sus bienes, los medios de producción y la pérdida de la  fuerza trabajadora indígena, si se le alzaba.

La estrategia del gobierno colonial de Trujillo, y de los hacendados y colonos criollos, fue, una vez recibida la invitación a parlamentar de los revolucionarios de San Cristóbal, La Grita y Mérida, aislar a los indígenas de La Puerta, con un cerco de milicias, capataces, arrendatarios y colonos del Valle, mientras, las autoridades Capitulares de Trujillo, encabezadas por  Don Joseph Gabaldón y Sancho Briceño, conversaban e impedían la marcha pacífica de los revolucionarios, en el sitio de la Mesa de Esnujaque, pueblo indígena de frontera muy pequeño, sufragáneo, también  comprometido con dicha causa. Los Capitulares, aplicaron algo semejante a la máxima  “divide y reinaras”. Aisladas ambas comunidades indígenas, y con la llegada de fuerzas militares del Rey, pudieron convencer a los merideños, cesar en sus intenciones de avanzar hacia Maracaibo y Caracas. Los afectos al monarca español, lograron imponerse.

                                                                    *

Viendo las autoridades coloniales la seria amenaza, había salido desde Maracaibo, y también de Caracas, la llamada “Expedición de la Frontera”, integrada por más de 1.000 hombres armados leales al Rey de España, jefaturada por el Teniente Coronel Juan de Salas, para evitar el ingreso de Los Comuneros a Trujillo, precisamente a La Puerta, el límite político administrativo y jurisdiccional con el Virreinato de la Nueva Granada (hoy, Colombia).   

    Los dirigentes de los insurgentes,  enviaron comunicaciones a los autoridades y cabildantes trujillanas, entre ellos, don Joseph Gabaldonó Teniente de Gobernador y al alférez real Sancho Briceño Graterol, Alcalde, así como, a los propietarios criollos y a los mestizos de la zona, pero éstos, liderizados por Antonio Nicolás Briceño, el Abogado realista, padre del futuro prócer,  como buen súbdito de la Corona Española les dio un no rotundo, a la vez, que iban llegando a la Mesa de San Pedro de Esnujaque (o San Pedro de Jajó), las fuerzas realistas del gobernador de Maracaibo, retirándose los Comuneros, atrincherándose en Mérida. Este Briceño, ocupó cargos públicos importantes en Trujillo, fue Procurador; su pariente, Sancho Antonio Briceño, que lo acompañó en esta jornada,  en 1785, fue designado Teniente de Gobernador, el principal cargo político y administrativo de la ciudad. Mario Briceño Iragorry, en flamante discurso ante la Academia de la Historia, dijo sobre el abogado Briceño lo siguiente: “… Luchó contra los Comuneros de Mérida, cuyo movimiento se debeló debido al influjo de Briceño. Era persona de grandes recursos económicos…” (Discurso de Mario Briceño Iragorry, a su ingreso a la Academia Nacional de la Historia, en 1929).  Briceño, se enfrentó a la propia familia para defender a la   Monarquía Española, luego -aunque no obtuvo lo que aspiraba-,  cobró en privilegios esa defensa.

 

La Rebelión de los Comuneros agitaron las ideas libertarias en Venezuela.


Lo paradójico del acontecimiento es que los Comuneros de Mérida, habían  designado como Capitán a Francisco Antonio Uzcátegui y Rivas, esposo de Andrea Briceño, familia de los Briceños trujillanos,  aunque por su enfermedad y posterior deceso impidió ejerciera el cargo. Otro de los Briceño, José Ignacio, nacido en Trujillo, hijo de Basilio Briceño y Soto y María Gregoria Ruiz Valero, también fue designado como uno de los capitanes del movimiento merideño. A pesar de eso, otros miembros de la familia Briceño,  se opusieron abiertamente a la rebelión y acompañaron y participaron en su represión, esto les valió para solicitar méritos a la Corona, mientras que sus familiares rebeldes vieron peligrar sus propiedades por la confiscación de bienes que siguió a la derrota de la insurrección. Entre los fieles súbditos al Rey destacaron “…el merideño Ángel Briceño que buscó obtener el apoyo de parte de su familia de Trujillo, en donde la actuación de Antonio Nicolás Briceño y Sancho Antonio Briceño, permitió organizar una fuerte resistencia que impidió a los Comuneros abrirse paso hacia Caracas.”  (Muñoz Oraá,  Carlos Emilio.  Los Comuneros de Venezuela. Págs. 122 y sig. ULA. Mérida, 1971).   Además de la evidente división de la familia Briceño, hubo un aporte en mulas, víveres y dinero de las haciendas de estos Briceño, en el valle del Bomboy, con lo que montaron la resistencia entre Timotes, la Mesa de Esnujaque, Jajó  y la Puerta, a la amenaza de los Comuneros, mientras llegaron las tropas realistas. La subordinación y apoyo al régimen colonial por parte del viejo Dr. Briceño, realmente no respondía a razones de ser súbdito del Rey, sino al cuido de sus intereses que estaban en riesgo, debido a que conocían el malestar y la resistencia pasiva de los indígenas a su cargo.  Así se frustraron, los objetivos de expansión de tan vasto movimiento.

        Avanzó la insurrección  <<mesiánica y revolucionaria>>.

        Aunque contradictorio, el liderazgo mestizo de este movimiento, lo asumió parte de la familia Briceño, que estuvo dividida, un grupo seguía a Ángel Briceño, y otro a Antonio Nicolás, el abogado y padre del prócer,  aunque fue un movimiento amplio que recogía la vieja aspiración de los criollos, relacionado con la igualdad para optar a los altos cargos de gobierno, entre sus banderas: …a que los americanos se han de emplear en las plazas de primera plana en ambas líneas…”. Ocupada la Parroquia Ejido, cercana a Mérida, por más de 7 mil comuneros armados, siguieron avanzando; Briceño  Iragorry narró este hecho en sus Tapices, que el 28 de julio de 1781, … tres mil de ellos penetraron sin oposición a la ciudad de Mérida, y de allí dirigieron cartas a los cabildos de la ciudad de Barinas y Trujillo en que se invitaba a dichas poblaciones a sumarse al movimiento conocido en la Historia  con el nombre de Revolución de los Comuneros del Socorro…” (Briceño Iragorry, Mario. Tapices de Historia Patria. P. 147. 12°. Tapiz. Caracas, 1933). Seguía creciendo el germen de la libertad y la igualdad, ya no entre los propietarios criollos y mantuanos, sino en el seno del sector mayoritario de la población, los mestizos y lo que quedaba de la raza indígena.   

        La bandera de la autonomía, jugó un papel importante en la neutralización y fracaso del conflicto. Mario Briceño Iragorry, lo expone en la siguiente forma: <<El fracaso en tierras trujillanas de la Revolución de los Comuneros, lo explica, no la falta de anhelos autonómicos de los trujillanos, sino el aislamiento en que Trujillo estaba en relación a los problemas interiores de la Provincia de Mérida por formar su distrito, desde 1557, parte de la primitiva Gobernación de Venezuela, y haber estado sujeta aquella provincia hasta 1777 a la jurisdicción del Virreinato de Santa Fe>> (MBI, Tapices, 23). Se entiende que, la Provincia de Mérida, incluía a Maracaibo.  En 1777, es creada la Gran Capitanía General de las Provincias Unidas de Venezuela.

Los impulsores de la rebelión, no dieron el paso para la incursión y confrontación violenta.

 Sobre el ámbito de esa insurrección indígena refiere el médico e historiador Vicente Dávila, que “…llegó a Trujillo, sin que hubiera traído mas consecuencias que agitar las tierras occidentales de la Capitanía General de Venezuela y lanzar la chispa de un fermento que los hijos y nietos de dichos comuneros iban a recoger, cuando transcurridos algunos lustros, la libertad de Venezuela, personificada en Bolívar…pasaba la frontera y de victoria en victoria, realizara la campaña que le dio vida a la Segunda República…” (Dávila, Vicente. Discurso de ingreso a la Academia Nacional de la Historia). Así ocurrió, ese fermento libertario tuvo sus efectos en los pueblos de Trujillo.

En agosto de 1782, indultaron a los comprometidos en la rebelión, pero, los impuestos siguieron vigentes tal y como los había ordenado la Real Hacienda, ahora sostenida con mayor advertencia y represión. 

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta.

 

 

sábado, 26 de julio de 2025

Cuando a Don Benigno y a José Gregorio Hernández, se les amargó el café, 1880.

Por Oswaldo Manrique.

Cuando la niebla cedía el paso en Escuque, Isnotú y Betijoque, los aromas de los cafetales, se cruzaban en el aire con los que brotaban de las cañas dulces de estos pueblos entre montañas, donde José Gregorio pudo disfrutar desde su niñez, imperecederos recuerdos de paseos por los fascinantes cafetales de la familia. Siempre dispuesto a acompañar a su padre, montados en dóciles bestias, atravesando pantanos y penetrando bosques, en busca de las aventuras de las tierras de cultivo.

En el ciclo de migraciones internas que tuvo el país, durante la segunda mitad del siglo XIX, hubo un hombre desplazado hacia las tierras cordilleranas, que sorprenderá al imprimir una huella elevada e imperecedera en un pequeño pueblo andino: Isnotú, en el estado Trujillo de Venezuela. Su nombre: Benigno María Hernández Manzaneda, quien supo establecerse como productor del campo y comerciante, como buen ciudadano, que, apartando el hecho significativo de ser el padre del Santo José Gregorio Hernández Cisneros, una de sus cualidades principales fue su espíritu emprendedor en un lugar y tiempo sumamente difíciles.      

Con Don Benigno, supo Jose Gregorio cuándo y cómo se iniciaba la siembra; o el tiempo de cosecha donde participa gente del pueblo, y conoció y pudo arrancar de la mata, en fruta y probarlo; o ver el proceso de descerezar el grano, así como, el lento secado en los patios por los peones, y en fin,  sacar café. Con su tía María Luisa, que vio por él, a raíz de la muerte de la madre Doña Josefa Antonia Cisneros, pudo aprender  el tostarlo y ayudar a molerlo, y seguramente, escuchar y ver la ternura con que ella le explicaba cómo se convierte ese grano oscuro y seco, en una bebida cálida, de rico aroma, que despertaba y ponía de buen humor al que lo toma, y al mismo hogar familiar, donde se sentían orgullosos de su producto. Fue la primaria forma en que José Gregorio, comenzó a sentir interés por el café.     

La amplia casa de los Hernández, estaba tan bien ubicada que el frente del negocio “La Gran Parada”, daba con 4 puertas a la Calle Principal, y el fondo llegaba hasta la Segunda Calle de Isnotú. Las familias andinas, siempre son reservadas en el comentario sobre problemas principales, pero en lo interno, se franquean, hablan, comentan y toman decisiones. En 1880, para los cafetaleros, la caída de los precios del producto en el mercado internacional, obligatoriamente los llevaba a conversar, tema obligado por las incidencias y recortes de los gastos domésticos. ¿Qué podía impedir que los hermanos Hernández, con bastantes años de vida, conversaran.  Benigno, revisaba unos papeles, sacando cuentas, andaba con el ceño fruncido, mientras su hermana María Luisa, lo observa.   

-         Hermanito, ¿por qué tenés esa cara? Parecés un limón estrujado. ¿Es por lo de los precios del café? Don Benigno, respira hondo y se quita los anteojos.

-         María Luisa, ¿recuerdas aquella vez que te dije que el café eran morocotas  molidas? Pues ahora es… ¡cují molido! O peor, ¡cují que tenemos que pagar por sacar de la tierra!

-         ¡Pero si el año pasado estábamos tan contentos! Decías que estábamos nadando en café, que tendríamos más cobritos. ¿Qué pasó? ¿Se ahogaron las morocotas en el Mediterráneo? Preguntó su jovial y leal hermana.  

Don  Benigno pasó la mano por su delgado bigote, piensa unos segundos y le responde:

-         Ah, Hermanita... Es que a finales de los setenta, la gente se volvió loca. Pensaron que el mundo entero iba a desayunar café con lingotes, ¡así que todo el mundo se puso a sembrar café!

-         ¿Y eso es malo? Más café son más cobres, ¿no? Don Benigno sonríe con su angustia y le explica:

-         ¡Eso era lo que esperábamos! Pero hoy, en los depósitos de los países compradores hay tanto café que parece que lo están usando para rellenar almohadas, ¡no para beber! Se sembró tanto que ahora sobra en Brasil y sobra en Colombia. ¡Y para colmo los europeos y norteamericanos no están bebiendo café al ritmo de nuestra producción! María Luisa, es como si se hubieran puesto todos de acuerdo para pasarse al te con chocolate.

-         ¿Entonces vamos a tener que negociarlo por lo que cueste el saco? Le soltó la decidida María Luisa. Don Benigno:  

-         ¡Si es que nos pagan el saco! El año pasado ya estábamos "postrados por la falta de brazos y la baja de los frutos", ¡y ahora esto es el remate! Si esto sigue así, vamos a tener que cambiar el letrero de “La Gran Parada" por "Finca El Gran Cujizal"... ¡a ver si los sacos de cují dan más! María Luisa, frotándose la cara: 

-         Pero Benigno, ¿y si inventamos algo? ¿Un café que te despabile más? ¿O un café que el aroma se sienta a leguas? ¡Así la gente lo compraría más! Don Benigno la mira, y por primera vez, una pequeña sonrisa asoma en su rostro.  

-         ¡María Luisa, a veces dices unas cosas... ¡ Ahora, ve a ver si las gallinas pusieron, que si el café no da para comer, ¡al menos tengamos yemitas!   

Don Benigno sacude la cabeza, aún con una sonrisa, y regresa a sus papeles, resignado, pero con un poco de esperanza. Ante esta adversidad, María Luisa no dejó de orar por todos, frente al sagrado altar de sus Santos.


Isnotú la tierra del nuevo comienzo.


En aquella Venezuela de violentas volteretas multicolores, la historia de los hombres, fue guiada básicamente por los caudillos locales y nacionales. Templado y apacible, Benigno María Hernández Manzaneda, supo establecerse en un lugar, donde la labor económica se centraba en la producción agraria,  y teniendo capacidad para contratar, del mismo modo hizo del comercio su profesión habitual, como lo establecían las antiguas leyes y las costumbres mercantiles. Llegó cargado de sueños y aspiraciones, junto con su novia Josefa Antonia Cisneros, y con su solidaria hermana María Luisa Hernández Manzaneda.

El pintoresco pueblo de Isnotú, está asentado en una pequeña meseta, con unas 160 casas, pero sus campos aledaños, están muy poblados y hay movimiento agrícola y varios ingenios, sin embargo, como sitio de paso y de alojamiento para comerciantes, viajeros y arrieros, fue para los Hernández, su punto de apoyo económico, al llegar en la década de los 60 del siglo XIX. Como parroquia civil fue erigida en 1867; <<pero fue fundado el pueblo a fines del siglo XVIII>> (Briceño Valero, 101).  El origen del nombre, es indígena; tiene mucha similitud con el vocablo timoto, Isnabús, que significa: tus cenizas; sitio cercano a La Lagunita de La Puerta.  

Don Benigno se fue haciendo de un círculo de amigos en Boconó, Trujillo y en su Departamento Betijoque, al que pertenecía Isnotú (Municipio Libertad). Cuando va a Betijoque, se reúne con ellos para discutir acerca de la situación política nacional, estaba en un feudo del liberalismo conservador, un heterogéneo y complejo campo de pensamientos y acciones, pero principalmente para comentar las informaciones de carácter económico y del café, sus cotizaciones en los países europeos.  Era obligatorio conocer al viejo general Don Joaquín Gabaldón “Ño Foaquin”, que era comerciante, militar, político  y productor cafetalero, quien se interesaba en estar bien informado sobre este tema.


Migrando de Pedraza a Trujillo, ante la arremetida de Martín Espinoza y la Revolución Federalista. Isnotú.  

Estando en la provincia de Barinas, que conoció a profundidad, la situación social era de una miseria muy amplia donde los peones hambrientos y semidesnudos vagaban sin ocupación fija y no percibían salario en dinero efectivo, por lo que se endeudaban con los amos y las deudas era la herencia para los hijos o para los padres o de abuelos a nietos. Se habían planteado que ese problema solamente tenía solución si se hacía efectivo el programa de tierras y hombres libres que impulsaba el general Zamora.

La inseguridad, el despojo de bienes y las atrocidades de los caudillos locales, escudados en la campaña campesina y federal comandada por Ezequiel Zamora, fueron exacerbados. Uno de esos caudillos, fue Martín Espinoza, a quien el mismo Zamora, le tocó perseguir y someter a la justicia.

En 1859, según lo expresa el historiador Arturo Cardozo en “Proceso de la Historia de los Andes”, <<la oligarquía territorial, fuerte en recursos humanos y económicos se atrinchera en los farallones y consolida a lo largo del macizo andino una linea de combate contra la que se estrellan las “incursiones llaneras” de los liberales>>. Pero, ademas de eso, estaba en riesgo, una de las necesidades mas sentidas de los andinos, su catolicismo, por lo que el objetivo de los liberales de estructurar una sociedad laica ajena a la religión, no tiene oyentes en los Andes, tampoco habrá correligionarios de la Guerra Federal; este territorio se mantuvo  a la defensiva y logró avanzar en su producción agrícola y comercio, conservando las tradiciones religiosas y culturales.

Coinciden varios historiadores que, los padres de José Gregorio Hernández migran de Pedraza, estado Barinas, al estado Trujillo, evadiendo el acoso y la arremetida facinerosa del cacique de los federalistas Martín Espinoza. Benigno, su hermana María Luisa y su futura esposa, no compartían las ideas de la Revolución Federal, ni aquello de “oligarcas temblad”, ni “tierras y hombres libres”, que les anulaba la posibilidad del uso libre de los medios de producción y su derecho a tener patrimonio económico propio,  producto de su trabajo.  

Los emprendedores: Benigno, era oriundo de  Boconó  y Josefa Antonia, su futura esposa, había nacido en la Villa de Pedraza, Barinas, son gente católica, de fe y  en su periplo de desplazados, van primero a Boconó, por poco tiempo, donde hay parientes de Benigno, y cuentan con el apoyo del general Inocencio Carvallo Durán,  jefe del liberalismo trujillano. Luego se dirigió a Isnotú, sitio en el que había cifrado realizar su proyecto familiar y el comercial. Un pueblo cuyo nombre indígena, lleva a sentir la fresca calidez del sitio, donde se ubica la casa solar del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros. Asimismo, integran a María Luisa, hermana de Benigno, a ese proyecto.  

 Un golpe a su economía familiar, les amargó el café. El desplome de los precios del café, en 1880.

A Benigno le fue bien con el café. Reconocido productor, tenia unos 50 años de edad y varias cosechas encima. Considera sus cafetales parte importante de sus ingresos económicos y patrimonio, lo que confirma en escrito fechado el 19 de octubre de 1874, cuando introdujo la declaración de sus bienes y los dejados en herencia por su fallecida esposa Josefa Antonia Cisneros, a repartir entre sus hijos, incluyendo a José Gregorio, y él (Benigno).  

La economía trujillana entre 1870-1887, arroja datos interesantes acerca de la particularidad de su historia en relación con el País Nacional y con los Estados Andinos. Según el historiador Felipe  Colmenter, el aumento de los precios del café en los mercados europeos, incidió ostensiblemente en este renglón. Un punto de inflexión se dio cuando entre 1870 y 1872, se incrementó en más del 25 % el valor de la tonelada, lo que derivó en un aumento de la producción en dicho lapso, de casi un 100 por ciento; esto lo estimulaba el Gobierno Nacional, porque acaparaba y gastaba los impuestos por estas exportaciones. Fue el café, el producto después de la caña de azúcar, de mayor significación en la economía regional, pero no de sus impuestos  <<ocupando los cafetales trujillanos una extensión  de 10.733 hectáreas, es decir, el 24,3 % de los suelos agrícolas>> (Colmenter, 37). El cálculo de los constructores del Ferrocarril de La Ceiba, era que desde los Estados de la Cordillera,  pasaban anualmente 300 mil cargas o sea 600 mil quintales, entre el café y los demás frutos al Puerto de La Ceiba (El Trujillano. 20 de septiembre de 1880). Para 1875, el café, casi en su totalidad: 736.000 kilos, era exportado (Colmenter, 37).    

Los negocios y actividades económicas de los Hernández, eran diversificados. La tienda de telas y otras mercaderías “La Gran Parada”, era prospera, así como, la posada que ocupaba parte de la amplia  <<casa de tapias techada con tejas dedicada al comercio, teniendo sus correspondientes armarios, mostradores y vidrieras, y otra casa a su fondo con sus correspondientes casa de cocina y caballeriza, todas techadas con palma, con un solar cercado de madera, en terreno propio y en el centro de la población>> (Pbro. José Magdaleno Alvarez. 2021. En: el guardiancatólico.blogspot.com), contando con el salón de estar, el infaltable billar, alojamiento cómodo, y la buena mesa. Parte de las miles de cargas que transitaban desde la Cordillera, en mulas pararon ahí, y los arrieros se alojaron allí. Los caminos de Valera a Betijoque, eran fangosos e intransitables; los arrieros pasaban penurias, principalmente en los zanjones, cuando las mulas se volcaban en los lodazales, era Isnotú un punto idóneo para el descanso.

A pesar de eso, estos negocios, se complementaban con lo que se producía en sus tierras. La producción agrícola de Betijoque y Libertad (Isnotú), fue el  café, caña dulce, cacao, caraotas, yuca y pajas (Briceño Valero, 100). Don Benigno, declaró su viejo alambique, dentro del citado patrimonio hereditario, lo que indica que lo explotó y tuvo como medio de ingresos importantes; al mismo tiempo, nos induce a pensar que en una o varias de sus posesiones, tenia sembradíos de caña dulce. Para ese tiempo, la caña dulce y los alambiques, se convirtieron en una especie de salvación impositiva para los Distritos. Sí, tenia su alambique, que seguramente como otros, la  producción no bajaba de 100 litros, y su amigo “Ño Foaquin”, el legendario Coronel liberal, en 1884, tenia la concesión oficial de destilería y comercialización de bebidas alcohólicas, de Betijoque (Colmenter, 57); de esta actividad, derivaban los impuestos de los Distritos, que iban a la educación y obras públicas.

*

Desde el año anterior (1879), se apreciaba la crisis económica, los productores de café, se sentían <<postrados por la falta de brazos y por la baja de los frutos>> (Cardozo, 187); y ahora, les vino el desplome de los precios de las exportaciones en el mercado internacional. Sobre las causas, un articulo de  L’Economist Francais, reproducido por el semanario El Trujillano, señala: <<En los años de 1870 a 1874, los precios de venta del café alcanzaron cotizaciones exorbitantes>> (El Trujillano. N° 275. Junio 10 de 1882). Eso produjo que se sembraran considerables extensiones de tierras con dicho rubro, considerando que aumentaría el consumo.

Las existencias de 1880 y 1881, en los depósitos de los países compradores aumentaron en 71 mil toneladas, mientras que el incremento del consumo fue de 23 mil toneladas. Frente a esa perspectiva, el mismo articulo aconseja que, <<Debe pues esperarse que esta desproporción entre el consumo y la producción de café se acentuara, y esto durante un período cuyo término es imposible prever desde ahora>> (Ídem). No varió mucho el panorama, en varios años.   

Agregando, que la “Langosta”, estuvo presente exterminando las cosechas. Esto sin duda, incide en la fuente de ingresos familiar de los Hernández, que son propietarios de varios cafetales y fundos, en una época, en que el “arrendao” para los amos de la tierra, las “primicias” para las doñas y los “cariñitos” para los niños de los señores, tenía cierta significación en las relaciones sociales de producción.

Para Don Benigno, resultaba en aquellas circunstancias inimaginable quedarse como quieto observador, cumplía con pequeños pedidos de café, se equilibraba en las compras de la tienda y asimismo, se compadecia de sus trabajadores y recolectores ante la drástica reducción de los pedidos de café, y los autorizaba en algunos aspectos para el sostenimiento de sus familias. Si bien las razones económicas llevaban a pensar en otras alternativas y cultivos agrarios, no cambió a pesar de ese delicado tiempo. 

Aparte de sus posesiones arrendadas como Cheregué, destacan los prósperos cafetales de los Hernández Cisneros y el impacto en su economía y en la vida de Benigno y sus hijos, conformados por: <<una plantación de café valorada en 320, una plantación de café con su casa en La Abejita valorar en 320,…una plantación de café en el sitio denominada Zalaja valuada en 120>> (Pbro.José Magdaleno Alvarez. 2021. En: el guardiancatólico.blogspot.com). Separadamente de esto, en su diversificado patrimonio fuente de los ingresos, don Benigno atendia negocios en Jajó, en nombre de la señora Juana Briceño, que lo obligaban a viajar por el viejo camino de La Puerta; había nombrado un apoderado, pero el 11 de julio de 1879, lo revocó (El Trujillano. N° 130. 4 agosto 1879). Tenía Isnotú (Municipio Libertad) 1.225 habitantes; La Puerta, 1.273 habitantes.

En 1882, mejoraron los precios del café, debido a la buena cotización del tipo “Suave” y al hundimiento del vapor Pliny, con 25 mil sacos de producto. José Gregorio, tiene 16 años de edad, reside y estudia en Caracas y dependía del beneficio o estipendio o dinero que le enviaba don Benigno, para sus gastos y manutención. Algo de preocupación tendría para estar informado de esa situación de los precios del café, lo que fácilmente podía obtener leyendo los ejemplares del Semanario El Trujillano, que el diputado Miguel Antonio La Riva, llevaría y ponía a disposición de los paisanos de la Colonia Trujillana en la Capital. 

Esto, lo obligaba a estar atento a los altibajos económicos, como cuando pocos años después, sobrevino aquel bajón de ingresos, por la construcción del ferrocarril, que afectó su rentable negocio de posada para los viajeros y arrieros, así como, el alquiler de los arreos de mulas. Hasta en el famoso café trujillano, tuvo algo que ver el Sabio y futuro Santo.

(*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de la Puerta. 


Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

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