sábado, 28 de enero de 2023

Lorenzo Ruz, un audaz inventor.

Lorenzo Ruz, un audaz inventor.


Por: Oswaldo Manrique.

En la actualidad se les conoce como innovadores; en el siglo pasado se les llamó inventores, aquellas personas que por voluntariedad y por deseo personal se dedican a crear o a mejorar las cosas y técnicas existentes, gozan de esa especial facultad y talento para inventar cosas, para facilitar  y mejorar el uso de ellas.


El relato que voy a contar es de hace unos cuantas décadas atrás. Saliendo de la adolescencia, sentado con otros muchachos de la época, sin experiencia en el quehacer de la observación humana y su defensa, simplemente mirábamos a nuestro alrededor.  Aquella tarde, en la plaza Bolívar de La Puerta, vi pasar a un señor algo nervioso, vestido con paltó y sombrero,  caminando dando vueltas a la plaza, llamó mi atención que su rostro moreno, curtido por el clima, mostraba algo de felicidad, pero a la vez, iba gesticulando, y llegué al absurdo de pararme a observarlo, mientras él hablaba, calculaba o diseñaba algún invento en el aire, guiado por su genial mente. De pelo lacio y negro, nariz aguileña, de promedia estatura, con un caminar lento e inclinado, seguía dando rondas.  Ahora, la observación la tenían mis amigos, pero sobre mí, como si yo participara en el secreto de aquel hombre, de alegrías, creaciones, esplendidas ideas y nerviosismos.  Era José Lorenzo Ruz Carrizo. 

Lorenzo, así lo llamaban en esta comarca, nació en la posesión de Los Aposentos, sitio social y económicamente más de la parroquia La Puerta, que de otro lado. Eran predios agrícolas de su familia, al igual que los de Altamira de Garabulla, y de los veloces pasitrotes del coronel Sandalio Ruz, el legendario justiciero nacionalista. Según su hijo Carlos José Ruz, Lorenzo, <<nació el 10 de agosto de 1902,  su padre fue Francisco Javier Ruz>>, hermano del legendario Coronel Sandalio y del próspero agricultor Eulalio Ruz, Jefe Civil del Municipio La Puerta en 1894; <<su mamá María Eulogia Carrizo>> (Datos aportados en conversación con Carlos Ruz Abreu, Plaza Bolívar, La Puerta, 31-12-2019). 

Recuerdan que desde muy niño, fue un ser muy observador, meditabundo, le gustaba desarmar las cosas, aparatos de radio, tocadiscos, las baterías, a veces las dañaba,  sentía un gran interés por descubrir cómo funcionaban y qué las movía. Leía mucho, y le experimentar con lo que se le ocurría. Era muy curioso y a veces hasta lo castigaban, porque consideraban que era muy ocioso.

Al igual que sus hermanos y primos, le tocó trabajar la tierra, con la diferencia que él, mejoraba los aperos e implementos de labor, hacia los yugos artesanales, para el arado buscaba las maderas mas solidas y menos pesadas, con lo que le bajaba el peso a al yunta, le iba bien en la agricultura. 

Muy joven, Lorenzo se casó con Braulia Abreu, una joven campesina, simpática, de hermosa sonrisa, que tuvo por muchos años una venta de hortalizas y flores en La Lagunita de La Puerta; ella falleció el 16 de diciembre del 2.000. En dicha unión procrearon varios hijos, <<Carlos José, Catalino, Juan, Edicta Auricela, Eulogia>> (Ídem), que nacieron en Altamira de Garabulla, donde Lorenzo tenía su casa de familia. Tenían una bonita relación y a veces la llevaba de la mano para enseñarle su nueva creación. Estaba pendiente de él, a veces lo encontraba en mangas de camisa bajo la lluvia, probando o ajustando algún implemento o echado llave a una maquina, y cuando lo llamaba, no le respondía, permanecía mudo, ella no lo dejaba solo, y le llevaba la carpeta de lana gruesa y el sombrero, para que regresara a la casa.

Los primeros Ruz que se avecindaron en tierras trujillanas, lo hicieron a mediados del siglo XVIII, de origen Al andaluz (Andalucía), y fueron hacendados en los pueblos del Sur del Lago de Maracaibo. Ligado a la lucha política, uno fue rector de la universidad de Caracas, y hasta diputado en la Corte española.  Los que se enraizaron en La Puerta, se ubicaron en un sitio denominado Los Aposentos, colindante con Timotes de Mérida. Como el nombre indica, es un bonito y fresco lugar, algo retirado, cuyo paisaje lo hace placentero para vivir y hasta para trabajar la agricultura. 


Braulia Abreu, esposa de José Lorenzo Ruz Carrizo. Gráfica cortesía de Benito Rivas. 

Allí, Ysidoro Ruz, fundó su familia con María del Carmen Moreno, procrearon varios hijos, entre ellos, el coronel Sandalio Ruz, el coronel Eulalio Ruz y Francisco Javier Ruz, el padre de Lorenzo Ruz. Su familia estuvo dedicada a la agricultura y a las revueltas y revoluciones, Lorenzo en su juventud sin otra fuente de trabajó también "fornaleó" en el campo,  no "guerreó”, porque su mundo era otro, para él la vida tenía otro sentido, por su vocación de inventar, de crear, le dedicaba mucho tiempo a la lectura, leía cuanto libro, revista o publicación llegaba a sus manos. Leía desde las Santas Escrituras, y el Mártir del Golgota, hasta textos de magia, y esoterismo, se conocía al dedillo, las profecías de Nostradamus y realizó algunos ejercicios para comprobar algunas de esas premoniciones.  Fueron sus preferidos, los libros de mecánica y técnicas avanzadas para la época, en distintas cosas, tanto domésticas, agrícolas, como de uso personal. 

Uno de sus libros sobre alquimia, quedó en La Lagunita, en el restaurante de Alberto Romero, que aún se conserva. Tuve la oportunidad de conocer  y conversar personalmente con Teófilo Ruz, su pariente, residenciado en Timotes, también es de la misma genética, innovador con máquinas que reducen el tiempo y el esfuerzo de trabajo y mejoran la técnica de uso de ciertos artefactos y maquinas, para los tiempos actuales.

Lorenzo, de temperamento intranquilo y rebelde, amaneció un día y <<se fue a Colombia, hasta el Centro de Tecnología Dental, lo más avanzado de esos tiempos>>, llegó a trabajar, luego, estuvo practicando e inclusive, posteriormente <<sostenía correspondencia con instituciones Colombianas en dichas disciplinas, recibiendo las revistas y publicaciones>> con las distintas actualizaciones, lo que le permitía mejorar sus primeros inventos.

En La Puerta, se le veía mayormente los días de fiestas, particularmente las del patrono San Pablo Apóstol, en enero, y las de mayo, de San Isidro Labrado, patrono de los agricultores, cuando bajaba en su mula cargada, con sus inventos y creaciones, para exhibir y vender. Los mayores del pueblo, recuerdan que Lorenzo era una persona alegre, visitaba y trataba con familiaridad a la gente del comercio,  don Carmen Matheus, Jacinto Peñaloza, el señor Villarreal, Escolástico y Rodulfo Combita y Anita Villegas, con quienes compartía información de sus distintas innovaciones y también le compraban.  

Juan Ruz, un hijo a quien le llamaban "el loco", trabajó por muchos años en la estación de gasolina de la avenida Bolívar con calle 16 de Valera. 

Lorenzo Ruz era uno de esos inventores andinos autodidactas, que demostró una gran capacidad para innovar técnicas, artefactos, instrumentos y cosas que eran de utilidad para la gente. 

El primer consultorio dental de los caseríos de La Puerta y Timotes.

Sin conocer el número de creaciones y artefactos que fueron producto de su genialidad, se puede mencionar lo que creó en su casa en Garabulla, en aquel lugar estableció una sala de atención dental. Una de sus observaciones perennes, era a la gente de su comarca, cuando les hablaba y veía la carencia de atención a la dentadura; su ingenio y talento le permitieron abordar ese problema de salud pública, en un Municipio trujillano tan importante.

Para eso, antes construyó una máquina de engranajes y correas impulsada por un pedal, y eso daba la energía a un taladro dental, también elaborado por él, y luego rellenaba la pieza dental. Este, parece ser el primer consultorio o servicio dental de la comarca, hasta allá iba la gente de caseríos, paramos y montañas de Timotes, La Puerta y de la Mesa de Esnujaque, a arreglarse la dentadura. 

José Lorenzo Ruz. Imagen cortesía de Carlos Ruz Abreu. 

Recordando las facetas de Lorenzo Ruz, su pariente José Telésforo Ruz Moreno, habitante de La Puerta, nos informó que antiguamente la gente hacía viaje hasta los Aposentos, a la casa del dentista practicante, quien había diseñado una silla con su motor a pedal, con el que daba energía al taladro de piezas dentales. El mismo José Telésforo, explicó que Lorenzo, aun de viejo, elaboraba dientes en oro y plata. En un lado de la casa, tenía un pequeño taller donde entre otras cosas, elaboraba dientes, planchas, coronas para la dentadura, que también las colocaba.

El amigo Benito Rivas, recuerda jocosamente una de las anécdotas de su niñez, que presenció y gozó.  Ruz, era considerado una persona muy preparada para aquel tiempo, mediados del siglo pasado y lo apreciaban mucho; en una oportunidad había una señora que trabajaba en la casa de su vecino el profesor Isaac Araujo, que fue el director de la Escuela de Peritos de La Puerta, y su esposa Isabel; ellos vivían en una casa en la avenida Páez. La trabajadora domestica no tenia dentadura y habló con Lorenzo para que le hiciera la “plancha”, como le decían a toda la prótesis dental, y él la vio y le tomó medida; a los días le trajo la dentadura postiza a Prudenciana; cierto día, una vecina entra en la casa donde trabajaba y le dice a la señora Isabel: - ¡Nos fregamos Isabel, ahora fulana se la pasa todo el tiempo riéndose!  El asunto no era que se riera, sino que los dientes de arriba y los de abajo, eran muy grandes y parecía que siempre estaba riéndose.   

Su formación, de acuerdo a Carlos Ruz, hijo de Lorenzo, quien vive en la ciudad de Valera, señaló que su padre, había practicado en su juventud este oficio, como ayudante en la ciudad de Pamplona, Colombia.  En esa ciudad adquirió el conocimiento de esa disciplina, que aportó al menguado sistema de salud con el que contaba La Puerta, en aquellos tiempos.

En Garabulla, su taller de inventos maravillosos.

Ruz, pudo entonces continuar con sus inventos, para lo cual, montó su propio taller de inventos y mejorías de cosas, en su propia casa en la montaña de Garabulla,  donde logró darle cuerpo a ideas que favorecían a sus vecinos, amigos y clientes, y a las creaciones maravillosas para su familia. Dentro de esa otras de sus habilidades y técnicas, fue la de elaborar armas, fusiles, chopos, escopetas, revólveres, cuchillos, machetes. Era muy común en aquellos tiempos, buscar y encontrar en el Zanjón de los Muertos, en La Mocotí-El Portachuelo, también llamado “el paso de Bolívar”,  donde se graduó de general Rafael Montilla Petaquero  (el legendario “Tigre de Guaitó”), Remington y máuseres destrozados, con los que los campesinos de nuestro páramo,  elaboraban  armas caseras, los famosos “chopos”.

La Alquimia lo atrajo desde temprana edad.

Alguno llegó a comentar,  que un tiempo, se dedicó a la alquimia, en la búsqueda de la fórmula inalcanzable del oro, lo que le permitió afianzarse en la química. En realidad incursionó con bastante interés en el campo de la química, y obtuvo la sapiencia de la elaboración de pólvora para los fuegos artificiales que le encargaban para las fiestas tradicionales de La Puerta y otros pueblos. Cuenta Alberto Romero, habitante de La Lagunita, que una vez se pusieron a verlo, por un hueco del taller, cómo elaboraba las piedras explosivas, de esas que se lanzan fuerte contra el piso y explotan, anotaron qué cantidad de elementos químicos, y los jóvenes que lo siguieron, repitieron después todos los pasos para elaborarlas y cuando las probaron no explotaban las piedras hechas por ellos. El Lorenzo, tenía su secreto.

Algunos lo tildaban de loco por sus inventos, pero no se puede negar que sus ideas y las cosas que creaba, eran producto de su lógica particular, de su razonamiento, vinculados al estudio autodidacta de materias como la física y la química que fueron atrayentes para él, pero fundamentalmente fue un gran observador de su entorno, río, agua, viento, molino, trapiche, gente, hacia eso, iban dirigidas sus observaciones, su análisis y sus innovaciones. 

Como inventor artesanal, no podemos dejar de mencionar, la elaboración de ollas, aperos de labor que hacía en forma artesanal. Dentro de su multifacética vida, recorría cada cierto tiempo los más alejados caseríos, llevaba sus bien amoladas tijeras y hojilla, para peluquear y afeitar a la gente, niños y adultos; pero también, eliminaba abscesos, vejigas cutáneas, callosidades, y hasta sobaba, poniendo los huesos en su lugar. Murió el 10 de diciembre de 1986.  Fue buen ciudadano y un hombre de bien, en todo lo que emprendió en su vida. A pesar que algunos lo tildaron de "loco" por sus inventos, fue un creador popular, que se dio y entregó  al mejoramiento de la vida, y a dar respuesta y solución a las necesidades de sus vecinos; asimismo, sirvió a su Nación con decencia y pasión creadora. 

La Puerta, diciembre de 2022.

Omanrique761@gmail.com

sábado, 7 de enero de 2023

Antonio Dávila González, la "Surupa"

 Antonio Dávila González, la "Surupa". 


Por: Oswaldo Manrique.


     Isnabus es un pequeño poblado, casi caserío, verde, fresco, lleno de silencio y lentitud, quizás esconde infinitas decepciones, pequeñas y grandes. Es basta la vegetación que brota la tierra, marcada de derrames, chorrerones, quebradas, y por un camino que a pesar de su taciturnidad lo lleva a su respiradero, La Puerta, a unos 5,8 km de distancia y 2,6 km de La Lagunita. 

       Isnabus en lengua indígena significa, campo de cenizas, pertenece al Municipio Urdaneta, estado Trujillo. A mediados del siglo pasado, aún desfilaban los arreos de bestias cansinos que enfilan llenos de hortalizas y ramas, partiendo de Isnabus, acompañados de cierta melancolía, por esta serranía de La Culata. 

      Ella tuvo que buscar otro sendero, hacia otro lugar, hacia tierras más generosas, lo había pensado mucho y lo hizo, sin que ninguno de sus parientes pudiera hacer la mínima muestra de salir a retenerla, así era Nicolasa González, a quien pude conocer hace ya varias décadas, en su casa en los altos de la Escuela La Flecha. 

       Se dice que la gente de Isnabus, es gente montuna, hosca, escasa por el pesimismo o temor o presa de esa hoguera infaltable de supersticiones ancestrales, que la conforman irreductible en terquedad y hasta en lo festivo. Pero hay excepciones, son aquellos que piensan que no es ese el mundo que quieren vivir y disfrutar, se sienten templados con otro espíritu.  Las mujeres deambulan entre lo que permiten los tapiales de la vivienda, el fogón, la cotidianidad de la huerta y los encierros de las vacas amansadas por sus becerros, así van agotando su juventud,  vegetando la nostalgia, apartadas de los más hermosos sentimientos de la vida. Eran tiempos duros, hasta crueles, de los que se procuraba huir,  que arropaba también a los hombres encorvados entre las débiles sementeras, el sofocante sol, y el flaco rebaño de animales. Mucha pobreza y enfermedades. 

Antonio Dávila González, la "Surupa"

       Un día, elevándose por encima de aquella realidad, Nicolasa se despidió con aguados ojos, de sus padres y hermanas, que quedaban en aquel olvidado pueblito. Se marchó con el marido. 

       En Tabay, llegaron a trabajar la tierra. Tabay, es como el hermano menor de Mérida, la metropolitana ciudad estudiantil, son muy cercanos y se complementan. Es una meseta a orillas del río Chama, del estado Mérida, a 1708 msnm, pasa la carretera Trasandina. Tabay, en lengua indígena significa casa de los espíritus. Allá fueron a dar, a nutrirse de ese bello lugar, de naturaleza y virtud de esa que fortalece el cuerpo y vigoriza los quehaceres.  Manuel Dávila, el marido, sabía que la paga en esas haciendas era por lo menos al día y segura. 

       Nicolasa y Manuel, dieron el salto, desde las cenizas, al lugar de los espíritus, a la atractiva entrada a las mágicas cumbres de la Sierra Nevada venezolana. Ahí los hizo llegar la necesidad. Manuel, pudo conocer primero y luego recorrer con sus hijos, sitios como Mucurutan, Mucuy Alta y Mucuy Baja, el Arenal y San Jacinto, zonas rurales de importancia, en donde podía trabajar la agricultura.

      En el pueblo existían varias pulperías y tiendas alrededor de la plaza Bolívar, donde los vecinos van a los corredores y conversan, comen chimó y hasta pueden tomarse un cuello corto de sabroso sanjonero. Peones, conuqueros, arrieros, estudiantes, hacendados, paisanos y visitantes, tenían allí espacios de encuentro y distracción.


      Toñito el tabayero.


      El placentero Tabay, del estado Mérida, es buen sitio para fomentar familia. Allí Nicolasa y Manuel Dávila, procrearon cinco hijos, a quienes pusieron por nombres: Isael, Ramona, Isabel, Olinto y Antonio Dávila González, este último, nació en 1953, nuestro apreciado personaje.  Años después, Manuel Dávila murió en el pueblo que le dio acogida, quedando Nicolasa González, al frente de la familia.  Antonio, habituado desde niño a trabajar, decidió buscar trabajo, en las afueras del pueblo, pero con muchas limitaciones con el jornal. En esas andadas de hacienda en hacienda, escuchó que en La Puerta, había novedosas empresas agrícolas y posibilidad de trabajo, mejor remunerado. 

 Antonio Dávila González, la "Surupa", gráfica 2022.

         El que conoce a Antonio Dávila González, a primera vista se confunde, tiene aspecto de ermitaño, es hombre trigueño, de apariencia hosca, su cara no caracteriza su jovial personalidad, es decente en su hablar, de conversa pausada, el prototipo del andino servicial y agradecido. Se gana el respeto inmediato de su interlocutor, de buen trato.

     Un día de 1971, se atrevió a surcar las cerradas cuestas del Páramo. Siendo mayor de edad, se despidió de Nicolasa, su mamá y se montó con una marusa y algo de avio, en un pequeño "chingo" que lo llevó a Apartaderos, ahí se bajó y fue pidiendo cola en camiones, hasta llegar al destino que se había propuesto.  Entusiasmado por conseguir trabajo, y viajando solo, iba maravillado de ver la hilera de pintorescos pueblos de La Culata. No olvida su paso por Cacúte, el bello Mucurubá, el helado paisaje de Mucuhíes, San Rafael, el ascenso lento y rudo al Pico El Águila, hoy del Cóndor; luego el descenso, hacia La Venta, Chachopo, Timotes, bordeando el rio padre: el  Motatán; fue una agradable experiencia que aun guarda en su arsenal de recuerdos.

Antonio Dávila González, la "Surupa", gráfica 2020.

    En La Puerta, lo llaman la "Surupa", y no sabe quién le puso ese mote;  vocablo hindú que significa hermosa; pero para las conversas de los andinos, se trata de un pequeño escarabajo; sin embargo, a pesar del tiempo asentado en esta parroquia, se siente muy tabayero o tabayense, como agrade mas.

     Hizo un pequeño recuento, en relación a su llegada a La Puerta, <<A los 18 años llegué a trabajar en los champiñones y para aquel año era un trabajo fuerte, mucho trabajo, yo estaba joven.  Recuerdo que el Gato Luis y Esteban eran los jefes inmediatos y el señor Clemente Alarcón, y el poeta Tista Araujo, eran también obreros, porque era una compañía muy grande>> (Conversación con Antonio Dávila. Plaza Bolívar de La Puerta. 29 enero de 2022). Siendo joven agricultor, pudo adaptarse rápidamente, al sistema de trabajo de la compañía, ubicada en la finca El Pozo, cercana a La Flecha, en donde hubo un importante desarrollo agroindustrial.  

      No recuerda cuántos años laboró en la champiñonera, sin embargo, una dura realidad le tocó vivir a Dávila, <<Le confieso que yo lo que quería era trabajar, me vine sin estudios, yo no estudié,  no sé ni firmar>> (ídem); en esas condiciones, no se achicopaló, preguntando por aquí y preguntando por allá, fue aclarando la oscuridad. Lo formó la universidad de la vida, corrió con suerte.

Antonio Dávila González, la "Surupa", gráfica 2020.

      Su mamá al poco tiempo, también se vino a vivir a La Puerta, específicamente a La Flecha, donde tenía una parcela que sembraba y la casa; los hermanos de Antonio murieron todos en Tabay, menos Isael. Nicolasa González, murió en La Puerta, orgullosa mujer, jamás regresó a Isnabus, pensaría “chivo que se devuelve se’snuca”.

     En los espacios del sector El Pozo, y La Flecha, entre los compañeros y nuevos amigos, fue aprendiendo el trabajo y cómo se llamaban las cosas, los materiales, las maquinas, los implementos y las fases, en la producción champiñonera, rememoró que, <<en esta empresa Interagro, estábamos como 30 trabajadores>> (ídem). Acoplados al régimen de la unidad de producción agroindustrial. Esta Parroquia, quedó impactada por este emprendimiento de nuevo cultivo.

      Pero llegó un momento lamentable, el cierre, que fue como un golpe clavado en la espalda y le brotó la nostalgia, lo describe con sencillas y parcas palabras: <<Un día se acabó la compañía, porque ya no producía y me fui a trabajar a Los Teques>> (ídem);  se empinó, se elevó por encima de esa tristeza y se fue al centro del país.

       En asuntos de vida personal y afectiva, Antonio cultivó fervorosamente el amor con una joven nativa de La Flecha, de nombre Edicta Albornoz, con quien hizo pareja y procreó cinco hijos Adela, Yaritza, Yoselin,  Frank, y Yuma Albornoz, que ya son adultos. Este tabayero, echó raíces en La Puerta. 

      Antonio el tabayero, el tabayense o la "Surupa", como afectuosamente algunos lo llaman en el pueblo, ya se acerca a los 70 años de edad, y sigue trabajando limpiando solares y jardines en las casas de La Puerta, y expresando su frase de todos los momentos: -¡Muy importante! ; así persiste en su afán de trabajar y continuar sirviendo a la comunidad.

La Puerta, diciembre 2022.

omanrique761@gmail.com 

sábado, 24 de diciembre de 2022

Francisco Gutiérrez, el anunciador de la navidad.

 Francisco Gutiérrez,  el anunciador de la navidad.


Por: Oswaldo Manrique.



En nuestra Parroquia La Puerta, diciembre es el mes del regocijo y del reencuentro familiar y de la amistad.  Tradicionalmente las fiestas de navidad se prolongan hasta el año siguiente, cuando se empalma con la bajada de los Reyes, el robo y  búsqueda del Niño Jesús, y se extendía un poquito más, hasta la celebración de los patronos católicos San Pablo Apóstol y Nuestra Señora de la Paz.  En las distintas casas los preparativos comienzan a mediados de mes, cuando se escuchan los redondos sonidos de las carruchas o carros de rolineras sobre el asfalto; que compendiaban con los repiques de las campanadas, que las desaparecieron a finales del siglo XX, y no las han devuelto, y los preparativos familiares del pesebre y ese símbolo de la hermandad y prosperidad: las hallacas, y,  en la gran víspera de la navidad, se queman fuegos artificiales.  Durante este periodo, las calles, plaza, esquinas, y en los caseríos foráneos,  junto con la pintada de las casas de vivos colores, se expresaba la señal de bienvenida, felicidad y renovación.

 A mediados del siglo pasado, uno de sus habitantes, hacía saber e informaba a toda la comarca que había llegado el tiempo de la Natividad de Jesús.  “Chico” Gutiérrez como lo llamaban en el pueblo, con unos pequeños y maravillosos artilugios, anunciaba,  contagia y entusiasma a su comunidad. Eran minúsculos petardos, hechos de piedrita motatanense, pólvora, azufre y papel, se fabricaban y vendían en su casa, ubicada a la entrada del pueblo, en la avenida Páez esquina con calle 1, de La Puerta, estado Trujillo. 



El arte del estruendo y la luz.

Los historiadores coinciden en que fueron probablemente los mongoles los que introdujeron la pólvora y los cohetes chinos en Europa en torno a 1241. A esta industria, de la pirotecnia que se desarrolló en el siglo XIV, época en que se inventaron las armas de fuego,  se agregó la fabricación de los fuegos artificiales para las celebraciones de victoria o paz.  Durante el renacimiento surgió la industria italiana de pirotecnia, que destacó por la elaboración de los fuegos artificiales, y hacia la mitad del siglo XVII, los fuegos artificiales se utilizaban como entretenimiento a una escala sin precedentes en Europa, haciéndose populares incluso en lugares de reunión y jardines públicos.  (Diccionario Encarta 2009. Microsoft Corporation).

A nuestras tierras andinas, donde  persiste la tradición en el uso  de los fuegos artificiales, le llegó con el europeo Al andaluz, desde el siglo XVII. En La Puerta, como pueblo andino y religioso, es común que se utilicen en sus distintas fiestas y celebraciones populares y católicas estos artificios de luces y explosiones artificiales. Un  antecedente importante lo encontramos en el Programa de las Fiestas de La Puerta de 1909, en el que se destaca que a las 8 pm, se quemaran vistosos y variados fuegos de artificio, en la Plaza Bolívar, y el 25 de enero de 1909, día del patrono, se inició con <<una gran diana de música, triquitraquis, boladores y recamaras, despertaran como en el día anterior, a los animosos fiesteros, que no sepan o no puedan huir de las groseras impertinencias del rudo clima de la época>> (Programa de las Fiestas de La Puerta. 1909. En papel). Este seria, el primer dato histórico sobre el uso de los fuegos artificiales en nuestra Parroquia.


Piedritas navideñas y caras de alegría.


Los escueleros se ponían de acuerdo y buscaban en la casa de Don Chico Gutiérrez, aquellas minúsculas cosas para iniciar la alegría, en sus faltriqueras, bolsillos “robagallina” o bolsillos pequeños, salían Calle Arriba y Calle Abajo, iban sacando sus atesoradas piedritas y las iban lanzando contra el piso o contra la pared o algún muro aquellos días fríos de diciembre; se puede decir, que se ponían felices como los ángeles, tan alegres como su mismo prójimo podía estar. Su felicidad compartida, gritando sin desvergüenza: - ¡Es navidad!


En las casas de familia, al comenzar a escuchar los primeros petardos, nos despertaba y nos disponía a un entusiasta día de celebración navideña. En ese ambiente cálido y armónico, nos  abrumó durante varios años, este anunciador estruendoso de la Navidad andina, con las estruendosas detonaciones de las populares "piedras" artificiales, que generaba risas, bromas y chanzas en la muchachada.  Algo de esa sensación quedaba al final del día, al  vencerlos el cansancio de tanto reír las ocurrencias al tirar las diminutas “piedras”, aquel silencio que los envolvía los subyugaba, como si fuera un regalo todavía por abrir.


El taller de la alegría navideña, el de los fuegos artificiales.


En una casa ubicada en la entrada norte del pueblo (área urbana de La Puerta), se fabricaba con todo detalle y con la seguridad necesaria, los fuegos artificiales que llenaban de  alegría a los niños, adolescentes y a cuanto ocioso alegre habitaban en este poblado. Era la casa taller de  Francisco Gutiérrez o Don Chico Gutiérrez, como también se le llamaba.   


En este taller, su operario principal, cuidadoso como era, mantenía el hermetismo necesario para la elaboración de los fuegos artificiales conocidos como “piedritas” navideñas; una especie de petardo pequeño que era capaz de producir un estruendoso sonido al ser lanzados contra el piso o las paredes, era la alegría de los niños para sorprender a los amigos, y también, la utilizaban los mayores, esos jodedores de las esquinas, para reírse a carcajadas del que era sorprendido y asustaban.

Corrobora su hijo David Gutiérrez, lo que recuerda y comenta la memoria oral de esta localidad: <<mi papá se destacó en el arte de la Pirotecnia, aunque él sabía fabricar varios productos nos enseñó a hacer lo que hoy conocemos como las Piedras Navideñas o Piedras Explosivas, ya que era más fácil su fabricación y menos compleja la manipulación, estas las comenzó a fabricar al final de la década de los 50, solo con ánimo de diversión familiar y compartir un buen momento con los vecinos, pero fue en el año 1968, cuando un maracaibero llegó a la casa y le compró treinta Piedras que tenia reservadas para la Navidad y le hizo otro encargo, luego otro, y después otro pedido y posteriormente le prometió que el compraba toda la producción y asi fue como iniciamos la comercialización de este producto, que representó nuestra fuente de ingreso para la Temporada navideña…y aprovechando este legado la familia desarrolló este arte>> (Datos biográficos de Francisco Gutiérrez, suministrados por wasap, por David Gutiérrez, 11-12-2022); en la década de los años 70 del siglo XX, en la ampliación de sus horizontes y buscando nuevos derroteros, se muda y se residenció en Maracaibo, establece la fábrica de fuegos artificiales y otros negocios. Este emprendimiento, tecnología y secretos, se lo enseñó a su hijo Eladio, que luego quedaría a cargo. 

El mismo David, explicó que,  <<en el año 1.988, todos los hermanos varones constituimos una empresa la cual llamamos en honor a nuestro padre con las iniciales de su nombre Francisco Antonio Gutiérrez, FAG. Fuegos Artificiales Gutiérrez, para lo cual compramos un hermoso terreno llamado Granja La Muchachera, allí construimos galpones, oficinas, canchas deportivas y llegamos a tener más de cien trabajadores, llevando cantidades de este producto para Caracas y Oriente donde las pagaban a muy buen precio. Posteriormente nos dedicamos a la importación de Fuegos Artificiales de Estados Unidos y China, a donde tuve que viajar en varias ocasiones, constituyéndonos como la primera Empresa importadores de Productos Pirotecnicos del Occidente de Venezuela y aunque vivo en Estados Unidos aún conservamos esta próspera empresa, ahora Pirotécnica Gutiérrez Hnos. C. A. PIGUCA. Ubicada detrás de Kapital La Limpia >> (Ídem); los hijos redimensionaron el legado. 


Como buen hijo y respetuoso caballero David Gutiérrez reconoce que, <<Esto lo hemos logrado Gracias a este hermoso legado recibido de nuestro progenitor Francisco Antonio Gutiérrez y también a que hemos encomendado al Creador del Universo nuestras obras, planes y proyectos y El ha afirmado nuestros pensamientos>> (Ídem). 

Igualmente, Don Chico, fabricaba las habituales “bombas”, que salen desde un mortero metálico a propulsión, explotando estruendosamente en el aire, que se usan para sacar alegremente a los santos del templo, y también para la recorrida de San Benito y sus chimbangueles. En las fiestas de calle y profanas, se exhibieron por su colorido y espectáculo los llamados “toros”, con el que se persigue a los espectadores, asi como, las luces giratorias, que hacían mover la rueda, al son de las explosiones,  y otros fuegos que eran el entretenimiento de niños y adultos.


La particular historia de vida del artesano de la alegría navideña.

Francisco Antonio Gutiérrez, nació en el caserío Agua Clara, Municipio Valera Edo. Trujillo, cerca de Carmania, la histórica propiedad del padre Rosario, <<el día 5 de enero 1.908, hijo natural de Don Adilon Rumbos, y Elodia Gutiérrez, (de aquí el nombre de su hijo preferido y su nieto ambos de nombre Eladio Antonio Gutiérrez (privilegiados ya que le asignaron el primer nombre de la mamá y su segundo nombre). Elodia, su madre  <<muere cuando Francisco Gutiérrez, era un pequeño de nueve años de edad>> (Gutiérrez).

 Era hijo de un señor español, de fuerte carácter, que contrastaba con la personalidad de Francisco. David, hijo de nuestro personaje explicó: <<Adilón Rumbos, su papá conocido por ser un acaudalado hombre de negocios, de origen español, propietario de la Hacienda San Pedro, que comprendía casi todo el territorio de la ciudad de Valera, calificado por ser un hombre de carácter recio>>  (Ídem).  Siendo un niño, tomó la decisión de irse de la casa de familia, <<ya que en su condición de huérfano no recibe el trato que él esperaba de su padre, labrándose una vida llena de adversidades, dificultades y limitaciones, pero con el esfuerzo, esmero y pasión que aprendió de su hermana mayor de crianza Guadalupe Valero y la confianza en Dios, inicia esta nueva aventura, desarrollando una excelente creatividad y logra prosperar de manera sorprendente>>. (Ídem). Hizo sus estudios de primeras letras y muy niño se fue de la casa familiar en busca de nuevos  senderos, en los que pudiera desplegar sus inquietudes, adquirir conocimientos y vivir su vida  

Francisco  o Chico como le llamaban,  se casó en 1933, a los 25 años de edad con una hermosa  joven de 18 años de edad,  María de Jesús Uzcátegui, quien nació en 1915, en Monte Carmelo, Edo. Trujillo, y con ella <<engendró ocho hijos, de mayor a menor: Perpetuo Ramón, María Ernestina del Carmen, Francisco Omar, Edenis Josefina, Eladio Antonio, David Alberto, María de Jesús y Óscar Gonzalo Gutiérrez Uzcategui>> (Gutiérrez);  los cinco primeros, nacieron en La Puerta, y el resto en Valera.  La esposa murió en Maracaibo, en mayo de 1997.

Francisco Antonio Gutiérrez, se establece en la Puerta, y fomenta su familia y logra materializar parte de sus ilusiones y proyectos, su hijo David, rememora que en la comunidad fue,  <<conocido por ser un hombre cariñoso y protector con sus hijos, filántropo, generoso, servicial, integro con principios éticos, morales y espirituales bien formados que se gana el respeto y el cariño de la comunidad de La Puerta, convirtiéndose en el padrino de casi todos los niños de la época, recuerdo que a mis siete años de edad, en La Puerta, cuando íbamos para la Iglesia en todo el trayecto, los niños y jóvenes le pedían la Bendición, esto constituía para mí una gran satisfacción y admiración por mi progenitor>> (Ídem)El aprecio del que gozaba en el pueblo, lo fue convirtiendo en padrino de muchos niños de la comunidad, inclusive en su familia recuerdan cuando se hizo famosa la frase de  "Ahí están peleando los hijos de padrino". 

Un relato familiar.

Era melómano, le gustaba mucho la música, y tenía una antigua vitrola para recrear sus oídos. Rememora David, uno de los gustos de su padre: <<Entre sus posesiones más recordadas era una Vitrola que era un equipo de sonido de cuerdas, (sin electricidad) usaba discos de acetato, de 45 y 33 RPM., recuerdo escuchar y ver bailar con mucha alegría a las personas cuando escuchaban las Orquestas La Sonora Matancera, La Billo’s Caracas Boys, Los Melódicos etc. Toda la gente contemporánea con mi papá y jóvenes de la época aprendieron a bailar con esta Vitrola. (No existía el Reggaetón, perreo, ni vallenato)>> (Ídem). Recuerda nuestro colaborador Benito Rivas, que siendo niño le tocó en una fiesta en casa de Don Chico, a la que asistió con su familia, darle a la manivela de la vitrola por un espacio de tiempo y se iba turnando con otros niños, para que pudieran disfrutar y bailar la música.

En las localidades alejadas de las ciudades, es una característica del poblador,  el cuidar  y apreciar sus vehículos,  por eso,  <<Otra posesión que lo identificó era un Jeep Willys, año 1.953. Aunque tenía tres vehículos (Un camión 1.952, este lo regaló, el Jeep Willys, y una Camioneta Jeep). Todos estos vehículos comprados nuevos de paquete, cosa poco común aún para la gente rica de la época, conservó por mucho tiempo el Jeep Willys>> (Ídem). Se marcharon esos tiempos.


Los mandatos de la medicina y la herbolaria.

Desde muy joven fue estudioso de la herbolaria y observador de los temas de salud y medicina. Se convirtió en practicante de medicina y puso en alto su destreza para curar heridas y torceduras, pero siempre bajo la instrucción y dirección de un medico, inyectaba y administraba a los enfermos  las medicinas, muchas de ellas naturistas, que ordenaba el facultativo. Recuerda su hijo David Gutiérrez, que, <<Francisco Antonio Gutiérrez era un hombre polifacético, desarrollaba múltiples disciplinas, la más destacada era que él fue practicante de la Medicina, llegó a ser  asistente del Dr. Parajan (Parjan), un reconocido médico de la época en La Puerta>>; el Dr. Luis Parjan, de origen húngaro,  medico graduado en la UNAM, en la ciudad de México, fue el pediatra de varias generaciones de valeranos, y estuvo muy ligado a la población de La Puerta. Murió en 2020, en Panamá. 


Algo anecdótico y la gente admiraba fue que, <<<<mientras este médico Parajan (Parján) estaba sin atender a nadie, papá en cambio tenía cola de pacientes para ser atendido por Don Francisco, con excelente resultados, obviando al profesional de la medicina Dr. Parajan, que además de diagnosticar a los pacientes también fabricaba una parte importante de las medicamentos que prescribía a sus pacientes con éxito sorprendente, el resto recomendaba a la Farmacia Sucre, recuerdo que cuando vivíamos en La Puerta, lo visitaban personas de Las Virtudes Edo. Mérida, y viceversa, cuando vivíamos en Las Virtudes, asistían pacientes de La Puerta, a tratar su salud con él >> (Ídem).  Parján fue considerado un buen médico, tuvo su consultorio en la antigua Clínica Jhonker, de la ciudad de Valera, hoy Clínica Rafael Rangel, donde estuvo Francisco Gutiérrez, como su asistente.  


Don Chico Gutiérrez, el polifacético.

Trabajó el metal, elaboraba alambiques, artesano, tuvo en su casa en calle 1 con avenida Páez, de La Puerta su taller, donde trabajó la madera, hizo muebles, pero también se ocupaba en lo que sería su actividad fundamental: la pirotecnia y la elaboración de las famosas "piedras", usadas por los muchachos en Navidad y en las fiestas populares de los pueblos andinos. 

Francisco Gutiérrez, de joven fue curioso, detallista, con sus pocos estudios formales, fue autodidacta, incursionó en varias disciplinas, que lo fue capacitando para ser un hombre multifacético y útil a su comunidad, <<<<conocía el arte de la Carpintería, mecánico, albañil, plomero, soldador, construcción de viviendas, aunque nunca le prestó estos servicio a nadie si los ejecutó ayudando a la comunidad y construyendo sus propias viviendas ya que tenía siete de ellas construidas por el mismo (cuatro en la Puerta, una en Las Virtudes, unan en Los Caraños, estas dos, en el Edo. Mérida y una en Maracaibo. Sector 23 de Enero); también fabricaba jabones medicinales, lámparas y plantas de Luz con carburo, grasas, conos para barquillas, mantequilla exquisita>> (Ídem). Recuerda el puertense Jorge Albarrán, quien hoy vive en el estado La Guaira, que siendo muchacho, y por vivir cerca de Don Chico, él fue su ayudante, y le hacía diligencias y mandados a quien considera un hombre de mucha sabiduría.

Edenis Josefina, hija de Francisco, recuerda que vio a su papá <<hablar ingles fluido con unos personajes importantes, él nos enseñaba pero desconocía esta habilidad, esto fue como resultado de que cuando era soltero a los 22 años viajó a las Islas del Caribe, con un investigador y científico venezolano que se me escapa el nombre, donde aprendió este idioma>> (Ídem).


Hombre de principios y el valor de la palabra.

Fue un buen padre de familia y buen colaborador y respetuoso de su comunidad, donde logró labrarse el respeto de todos, Don Francisco Gutiérrez, gustaba de expresar sus ideas y principios ciudadanos. Sus decíres no eran solo promesa u oferta barata.  El mismo David Gutiérrez señala que <<Don Francisco como era conocido, tenía frases que lo escuchaba cuando aconsejaba estas eran: La persona que se roba un medio (Bs. 0,25) se roba un millón. Otra frase era: La persona que no sirve para nada, sirve para manejar un carro>>; muy cierto esto. 

Francisco Antonio Gutiérrez. Imagen cortesía de David Gutiérrez. 

En una oportunidad, un señor conocido le gustó y le propuso comprar una casa que había construido, Gutiérrez aceptó vendérsela por 4 mil Bolívares. Un pariente le dice que cómo iba a vender en ese precio, si valía el triple. Francisco le respondió: - yo, ya dí mi palabra (Conversación telefónica con David Gutiérrez.   10-12-2022). En efecto, la vendió en 4 mil Bolívares. 

Vicisitudes 

Un día, viajaba en su apreciado Jeep Willis, y le llegó a la parte trasera del carro de un norteamericano; este, se bajó “engorilado”, como era de contextura fuerte, lo  agarró y lo alzó por los brazos, Francisco reacciona y le dio un cabezazo y le partió la nariz. Cuando le preguntaron de aquel hecho, dijo: - ¡A mí ningún musiú me va a venir a joder! (Ídem). Reacción criolla y nacionalista.

Su hijo David Gutiérrez, quien colaboró para la elaboración de esta semblanza, es un destacado ciudadano, presidió el Rotary Club de Maracaibo, cursó estudios de Teología, en Texas, Estados Unidos, allá se avecindó y es Pastor de una Iglesia, y actualmente, es empresario y dirige una organización de hombres de negocios en Texas. 

Francisco fue el causante de ese tiempo de las caras sonrientes de los niños y jóvenes de nuestra Parroquia La Puerta. Era el anunciador de la llegada de la felicidad, alegría y magia de la navidad. Envolviendo a todos en aquel maravilloso ambiente popular y religioso, dado por los artificios creados en su casa que constituían el atractivo y principal aderezo de nuestras tradiciones y celebraciones andinas.  Francisco Gutiérrez <<partió a las Moradas Eternas, el Viernes Santo 24 de Marzo de 1978, en el Hospital Central de Maracaibo, por insuficiencia renal>>,  a la edad de 70 años. 

Fue la creación de Francisco Antonio Gutiérrez: su pirotecnia, que afloraba los bonitos deseos de reír, compartir, obsequiar, visitar a los familiares y amigos, y esa espiritualidad navideña de desear lo mejor y la prosperidad para el venidero año. Vida y obra, que merece ser reconocida y  registrada en la historia local y cultural de nuestra comunidad.

La Puerta, diciembre 2022.

omanrique761@gmail.com 

 

 


jueves, 15 de diciembre de 2022

Ascenso en 1970, a la zona del accidente aéreo de 1950.

 Ascenso en 1970, a la zona del accidente aéreo de 1950.

Oswaldo Manrique.

En el mes de diciembre de 1970, un grupo de jóvenes estudiantes y trabajadores, que formaban parte del Club Juvenil, del sector La Hoyada de La Puerta, estado Trujillo, organizaron como actividad conmemorativa de los 20 años del accidente aéreo del Douglas DC-3- C47-DL  de Avensa, en el que falleció un significativo grupo de estudiantes venezolanos, el primer ascenso colectivo al sitio Cañada Grande,  en el Páramo de Las Siete Lagunas, a una altura de 2.800 m.s.n.m.  Iban marchando con sus marusas y frazadas sobre los hombros, con alegría, entusiasmo y las ganas de conocer el sitio del accidente. 

En esta vieja fotografía, de izquierda a derecha, parte del grupo de jóvenes excursionistas, en Cañada Grande, en diciembre de 1970; de pie, cargando la esfera metálica encontrada, Regulo Torres "la Papa"; Alfonso Briceño y otro, sostienen la lámina metálica del avión siniestrado; sentados Pedro Abilio Castillo, Alirio Araujo, Pedro Pablo Rivero, y Alfonso Araujo.  También se ve a Marcos Salcedo, Antonio "Toñito" Torres, Eccio Moreno y otros jóvenes de la Parroquia. 

Salieron del casco urbano de La Puerta, caminando hasta La Lagunita, aquí, pernoctaron en un galpón de Eustoquio Araujo. En la mañana al desayunar, emprendieron la marcha, poco a poco y con el mismo ánimo.

La ruta que emprendieron los excursionistas fue entrar por el Paramito, a veces iban en fila, otras en grupo, cantaban, reían, conversaban, contando anécdotas.  Llegaron a Piedras Blancas, descansaron un rato, reanudaron la caminata y pasaron por el helado Chegué, el lugar de casas vacías; continuaron  hasta que vieron la Cruz Colorada, que anuncia el camino de la Laguna Negra (Santuario Indígena Maen Shombuk o Siete Lagunas), y finalmente, llegaron a Cañada Grande, a la casa de paso que allí está construida, había gente, y atendieron a Eccio Moreno, que le dio tembladera y quedó sin oxígeno, el temido mal de páramo. Le prepararon un bebedizo de frailejón y manzanilla, que lo recuperó. 

En la imagen, parte del grupo de excursionistas que subieron a conocer y recorrer el sitio del accidente del avión de Avensa (Cañada Grande, Páramo de La Puerta), ocurrido en 1950. 


Entre los que hicieron el ascenso, según el recuerdo de Alfonso Araujo y Jorge Mendez, se encontraban Pedro Abilio Castillo, Alirio Araujo, ejerce como educador,  Eccio Moreno (+), fue educador, Jorge Méndez, hoy abogado, Pedro Pablo Rivero, se formó Guardia Nacional, hoy jubilado, Marcos Salcedo "la Chuta", también funcionario de la Guardia Nacional, Regulo Torres (+) "la Papa", Toñito Torres (+), Alfonso Briceño, jubilado, Angel Alfonso Araujo, fue Prefecto de La Puerta, la mayoría estudiantes del liceo Rafael Rangel. 


En la imagen,gente del caserío Cañada Grande, con parte del grupo de excursionistas que subieron a conocer y recorrer el sitio del accidente del avión de Avensa (Cañada Grande, Páramo de La Puerta), ocurrido en 1950. 


Tres de los participantes del ascenso, Pedro Pablo Rivero, Alfonso Araujo y Jorge Mendez, en amena y reciente conversación sobre el tema recordaron que en esa excursión estuvo Luis José Rodríguez, oriundo de Caracas, estudió en el Colegio Nuestra Señora de La Paz y vivía en la casa de Nerio Rodríguez, le costó subir, pero llegó.

En Cañada Grande permanecieron 3 días, conociendo y recorriendo el área del accidente, conversaron con algunos de los testigos que presenciaron el suceso, y aprovecharon de compartir los comestibles que llevaron con gente de este caserío montañero. 

Ángel Alfonso Araujo, entre frailejones de Cañada Grande, años después, seria el Prefecto de La Puerta. Gráfica cortesía de Pedro Pablo Rivero.

Una señora y su hija, habitantes de esa serranía.


Entre frailejones de Cañada Grande, cargando su morral, Alfonso Briceño, del grupo de excursionistas de La Puerta. Cortesía de Pedro Pablo Rivero. 

El día 15 de diciembre de 1950, en este sitio, fallecieron 27 estudiantes de bachillerato del Colegio San José de la ciudad de Mérida, un estudiante universitario y los tres tripulantes del avión; ésto causó muchos días de profunda consternación en el país  y quedó como hito de tristeza en la historia de la cotidianidad de nuestra comarca.


El latón del avión de los muertos y la esfera brillante.

El mismo día que transitaron por la hermosa Laguna Negra, donde no existía la Capilla San Francisco Javier, que construyeron años después los maestros, familiares y compañeros de estudios de las víctimas del accidente, bajaron hasta Cañada Grande, y luego a una cascada, a la pequeña laguna casi paradisíaca, desde donde se ve el lago de Maracaibo, que se encuentra ubicado, antes del lugar donde está parte del fuselaje y los restos de la aeronave siniestrada.

En la imagen, parte del grupo de excursionistas que subieron a conocer y recorrer el sitio del accidente del avión de Avensa (Cañada Grande, Páramo de La Puerta), ocurrido en 1950. 


Explicaron Méndez y Alfonso Araujo que por lo empinado del sitio donde cayó el avión de Avensa, la fuerte neblina y lo frondoso, caminaron hasta donde pudieron, no contaban con implementos de seguridad para bajar más profundo. Sin embargo, lograron observar la dispersión de las partes del avión, en diferentes lugares. 

En la gráfica, se puede observar a parte de los excursionistas de 1970, entre ellos, en primer plano a Regulo Torres "La Papa", atrás sentados a Alfonso Briceño y a Alirio Araujo. Cortesía de Pedro Pablo Rivero. 


Uno de estos excursionistas, consideró bajar al pueblo, un pedazo de latón de aluminio del avión siniestrado, como prueba de haber llegado al sitio del siniestro., otros creyeron conveniente bajar una esfera metálica brillante o bola de hierro, que parecía una bobina o arranque de la aeronave, en fin bajaron como pudieron las dos piezas. 

Niños de esta serranía. 


 El pedazo de latón, que medía metro y medio de largo, lo firmaron todos estos excursionistas, y lo exhibieron un tiempo largo en el local del Club, ubicado en la esquina de la calle 2 con avenida Páez de La Puerta. 


Varios excursionistas acompañados de niños de esta comunidad serrana. 

Cuando iban de regreso a La Puerta -recuerda Alfonso Araujo-, que bajando, ellos comentaban, que el ascenso los llenó de mayor espiritualidad, por haber logrado llegar al sitio del accidente aéreo, donde encontraron  mucha tranquilidad, pero además con gran satisfacción por el hermoso paisaje que encontraron en todo el recorrido que hicieron a este Páramo, una de las serranías guardianas de nuestra Parroquia.

La Puerta, diciembre 2022.



Sofía Angulo Arboleda de Ramírez: abolengo, filantropía y belleza en La Puerta

Por Oswaldo Manrique (*) Eso ocurre en el balcón de la casa. El fondo, la avenida Bolívar, muy cerca de la casa de los Alarza. Una terra...