sábado, 4 de octubre de 2025

Jose Gregorio y Don Benigno Hernández, la política “astrologica” y el general “Maíz Pelao”

Por Oswaldo Manrique (*) 


<<Tenía que ser de Trujillo, tierra de contrastes, para que este varón Santo que prestigia su región nativa como prestigia a toda Venezuela, fuera en sí mismo hombre de paradojas>> (Dr. Rafael Caldera, ex Presidente de Venezuela).

Cuando llegaron los andinos al poder en Caracas, en 1899, comandados por Cipriano Castro, buena parte del “caraqueñismo”, se expresaba de manera non sancta de ellos. Años antes, en ese mismo sentido el general Guzmán Blanco,  había escrito ¡Cuidado con los andinos!  El destacado militar trujillano, que participó en distintas campañas, Perfecto Crespo, en sus memorias asentó: <<Había que conocer lo que significaba para casi todo el resto de la República, excepto en Los Andes, ser lo que ellos llamaban "andino. Andino era un sujeto, para los demás hombres de la República, casi desligado de todo sentimiento humanitario y capaz de todo lo malo>> (Crespo, 173), Así, con ese prejuicio, se les identificaba.


La causa del triunfo de los andinos, entre otras, fue la política autoritaria del Presidente Guzmán, arremetiendo contra una de las instituciones más apreciadas y sagradas para los andinos: su Iglesia Católica. A manera de ejemplos, el decreto por el cual desde el gobierno se designó al Arzobispo de Caracas, o la persecución de la curia, y el más demoledor: el que declaró la extinción de los Conventos, Monasterios y Colegios religiosos existentes, así como, nacionalizar sus patrimonios económicos. José Gregorio, por andino, formación democrática y por creyente, no pudo apoyar este tipo de política liberal.   

Cuenta el escritor y humorista Eduardo Carreño, que en una oportunidad, Emilia Calcaño, mujer religiosa, presidenta del gran “Apostolado de la Oración en Caracas”, hija mayor de don Eduardo Calcaño, de las más castizas familias de la Capital de la República, hablaba mal de los andinos. Alguien le llamó la atención sobre el asunto:

-         ¿Cómo es posible que usted se exprese tan mal de esos señores, cuando su medico y el mejor de sus amigos es oriundo de los Andes?

-         ¿Quién?

-         El doctor José Gregorio Hernández.

-         Hace muchísimo tiempo que el doctor Hernández se dejó de eso (Carreño, 134).

A pesar de lo anecdotico y jocoso, la respuesta de esta mujer de la Iglesia, amiga del doctor trujillano, deja entrever que éste, tuvo años antes, inquietudes y manifestó su opinión  sobre el proceso político que se desarrollaba en Venezuela, impulsado y dirigido por los andinos.

Su coincidencia, con el Pdte. Cipriano Castro, en contra del bloqueo naval de nuestras costas, su política de no pago de la deuda externa, y el mismo acatamiento del Dr. Hernández, al llamado de alistamiento militar hecho por  Castro en 1903, indica una posición antimperialista y patriota, pero igualmente, política. Seguramente, no estuvo de acuerdo con el golpe y derrocamiento de Castro, tampoco, con la llegada de los barcos norteamericanos para proteger a los golpistas e impedir el regreso del derrocado Pdte., lo que significó para el país <<el ingreso a la Zona del Dólar>> (Cardozo, 305), a las garras del nuevo imperio.   

Su vocación, su capacidad y talento por la política, no iba a extinguirse por ninguna razón,  en un hombre de gruesa formación filosófica idealista y de patrones éticos inconmensurables. Tenía la convicción de que podía mejorar las cosas en la República del liberalismo amarillo, restaurador y luego, rehabilitador, o impulsar transformaciones y cambios. Siendo hijo de un hombre como Benigno Hernández, quien fue Concejal en el Distrito Betijoque, con posiciones políticas flexibles por las circunstancias de aquel tiempo de caudillos y su vorágine violenta, lo único en lo que podía mermar,  era en su disposición para la acción y la operatividad políticas, es decir, para la toma armada del poder político.  

         Aquella Venezuela de la segunda mitad del siglo XIX, se nos presenta con algunas volteretas multicolores, la historia de los hombres, guiada básicamente por los caudillos locales y nacionales. Coinciden varios historiadores con el criterio de Ramón J. Velasquez, acerca de la exitosa alianza entre el “caraqueñismo” liberal guzmancista y, los oligarcas conservadores “Ponchos”  andinos, lo que resumió así: <<En los Andes, durante muchos años, el liberalismo amarillo aseguró el control político militar de la región mediante el acuerdo que celebró con el general Juan Bautista Araujo, propietario feudal y jefe del conservatismo andino>> (Velasquez, Ramón J. La caída del liberalismo amarillo. P. XII); una alianza basada en la ambición de sectores dirigentes del liberalismo depredador de arcas publicas, y la insaciable ambición de caudillos de los “Ponchos” feudales andinos; considerándola exitosa porque mantuvo dominio y forzada tranquilidad política y militar en la región de la Cordillera, entre 1870-1887.  

*

Su cauta y madura sensibilidad política, en el incendiario bastión liberal Betijoqueño. El caudillismo local.

El positivismo marcó las últimas décadas del siglo XIX, aspiraba desplazar el idealismo tradicional. En la Cordillera, algunas individualidades defendían esta Doctrina, pero el caudillismo local lo sabía interpretar a su manera.

Andando el tiempo, uno de aquellos hombres, desplazado, con su novia y su hermana, por los telúricos vaivenes sociales y militares,  nos sorprenderá al imprimir una huella elevada e imperecedera en un pequeño pueblo andino: Isnotú. Templado y apacible, Benigno María Hernández Manzaneda, supo establecerse como laborante, como buen padre de familia y aparte de eso, tuvo como ejercicio ciudadano, ligeros acercamientos con la política caudillista local.

Benigno no solo es un hombre de negocios y productor agrícola, con dinero y próspero hacendado, sino que será importante ciudadano con influencia en los altibajos de la política, en aquel interesante y  complejo periodo histórico trujillano.  En el descubrimiento de un Benigno participante en la política local, lo encontramos: estableciendo a su llegada a Boconó, una solida amistad con un personaje si se quiere agradable y anecdótico, quien en 1865, planteada una guerra entre los merideños y los trujillanos incitada por sus propios gobernantes, se aplicó la fórmula pragmática del Presidente de la República, Juan Crisostomo Falcón, de suspender al electo Presidente del Estado Trujillo, y elevar  al Vicepresidente: general Inocencio Carvallo, de los primeros amigos de don Benigno, un <<liberal tan moderado que a veces parece un conservador>> (Cardozo, 141). Como respuesta, los liberales trujillanos, quitaron el apoyo al gobierno. Carvallo es un dirigente conciliador, quien manejando su muñeca política equilibradamente, fue ganando el apoyo de los “godos” conservadores, y a fines de este año, dirige un gobierno amplio de liberales y conservadores. Por supuesto, este estilo de gobierno, no cayó bien en el seno del liberalismo radical, pero sí, a sus muchos amigos.

El general Inocencio, cuando volteó en plena marcha a ver su lustrosa oficialidad y tropa, se enteró que lo habían abandonado.    

De carácter tolerante, don Benigno fue siempre un hombre cauto, buen escucha, reservado, se cuidaba de la intriga política, y fue buen amigo, veía con simpatía la gestión del general Inocencio Carvallo al frente del gobierno regional, en el que estuvo desde 1865, a pesar que en el año 1870, en su campaña militar hacia Guanare, para proteger a Trujillo de rebeliones de Estados vecinos, don Inocencio vivió una traumática y desmoralizante contingencia: lo abandonaron sus oficiales y la tropa, inclusive, llevándose las bestias y las armas, hecho que fue preocupante; ademas, fue una oportunidad para que los “Ponchos” encabezados por José Emigdio y Victor de Jesús González, que estaban en su oficialidad, se pasaran a las filas liberales, por su propia cuenta y negociación.

Lo grave y paradójico de este hecho lo refirió el general W. Briceño Mendez, jefe del estado mayor de las fuerzas de la Cordillera: <<la mayor parte de la fuerza sino toda, con que salió el general Carballo de este Estado hacia Guanare abandonó a dicho jefe…Se sabe que también de una manera positiva que casi todos los jefes y oficiales de alguna importancia que acompañaban al mismo Carballo, lo han abandonado…dirigiéndose algunos hacia territorio Zamora desde el cual es probable se introduzcan en el Estado para continuar desde las fronteras inquietando las poblaciones limítrofes del de Trujillo>> (Colmenter, 70). Este hecho, llenó de angustia y desvelo a los trujillanos.

Sin embargo, cuando le tocó regresar a Trujillo, y se enteraron los parroquianos de lo que le ocurrió al corrido general Carvallo, se desparraman los comentarios de calles y plazas, sobre “el regreso del guerrero”,  entre ellos uno de la jocosidad andina, con el saludo: 

-         ¿Supo, que  a don Inocencio, casi lo dejan montando en pelo? Soltó la risa el que saludaba.

-          ¡Sí, sin silla y sin armamento! Le agregó el otro, carcajeándose. Fue parte de la picaresca trujillana, por mucho tiempo.    

 Al año siguiente, 1871, su amigo Inocencio, después de vivir aquel desagradable desliz militar, se mantuvo en el gobierno, convirtiéndose junto con el Dr, Rafael González Pacheco en los jefes del liberalismo de Trujillo, y emprenden campaña y son derrotados por los “godos” en Barquisimeto. Así, Don Inocencio, desmejoró su fama de militar, por lo que el Presidente Guzmán Blanco, inmediatamente le quitó el mando militar y ordenó al zuliano general Venancio Pulgar ir personalmente a dirigir las operaciones militares, para combatir a los restos de la oligarquía en Trujillo. El “León de la Cordillera”, derrotado, se fue a Colombia.

Luego Carvallo, se apartó del vic vac pero no de la política, y varios años después, volvió al gobierno en 1877. Gobernó bajo aquellas circunstancias y fue cumplidor de la Constitución, lo que estimuló la tranquilidad y la paz en los pueblos trujillanos. 

Aprovechando, ese tiempo de calma, Benigno Hernández  cuando le toca realizar diligencias en Betijoque o va a ver sus tierras de Cheregué o a los cafetales, se permitía entrar a “La Veguíta” o “La Mercedíta”, a saludar y conversar con el patriarca de los Gabaldón, también hacendado cafetalero el general Joaquín, y a su esposa Amelia; en ese tiempo “Ño Foaquín” era la voz de la conciencia del liberalismo en ese Departamento.

Realmente el padre del futuro médico José Gregorio Hernández, para estos años no tiene inclinación por el activismo político ni por hacer carrera dentro de ello, lo de él, era producir y avanzar la economía de su familia y su localidad, pero, como cualquiera de sus paisanos, se interesa del acontecer gubernativo y hasta se involucra en actividades como la promoción y apoyo a la  candidatura de su estimado  amigo, el  general Inocencio Carvallo, quien desde los primeros años de su establecimiento en Isnotú, gobernaba el Estado, paciente y equilibradamente; el historiador Arturo Cardozo, lo calificó como <<bondadoso ciudadano a quien las asperezas del medio impusieron un papel de poco lucimiento>> (Cardozo, 187).  En 1877, don Benigno, dio apoyo público, por la prensa,  al general Inocencio “decano del Partido Liberal” como candidato a gobernador  (El Trujillano. Edición del 25-02-1878), con el que consolidó solida amistad, desde Boconó, al punto que dos hijos de éste, se casaron con dos hijas de aquel.   

No obstante, se sustrajo a estas inquietudes políticas, a raíz de de la muerte de Carvallo, en diciembre de 1878. Los betijoqueños se sumaron al movimiento “Reivindicador”, que propugnaba el regreso del general Antonio Guzmán Blanco a la Presidencia de  la República, y fueron mucho mas allá. En una demostración de la praxis de “las dos paradas”, los “godos” del Concejo Departamental de Betijoque, encabezado por su presidente Francisco Labastida, al solo entererarse que el “Ilustre Americano” entró a Caracas, se reunió el 1° de marzo de 1879, y aprobaron un “flamante acuerdo”, mediante el cual piden al Congreso <<que inmediatamente sean repuestas las estatuas pedestres y ecuestres del Ilustre Americano…con cuyo acto se habrá complementado la Magna y Santa Revolución Reivindicadora>> (Cardozo, 189). Consideraba dicho Cuerpo, que el derribamiento que hizo el pueblo, de las estatuas de Guzmán, fue el “acto más vil” aprobado por la Constituyente Nacional. El ridículo de estos ediles, por la  estruendosa “Dragoneada”,  fue la comidilla de los “mamadores de gallo”, de la plaza de Betijoque.

En 1879, fue electo Juan Bautista Araujo, como Presidente del Antiguo Estado Soberano Trujillo, lo que fue motivo de alto rechazo, y encendió las pasiones políticas. Se ejecutaban los acuerdos de “Guayabita”, del 21-01-1880, entre Guzmán y los caudillos regionales (entre estos “Ño Fuan” Araujo), para resumir el modelo de Gobierno Federal, creando 7 grandes Estados, que incluia el Estado de la Cordillera, que subordinaba a Trujillo, en la nueva organización de la República.

El  8 de octubre de ese año, se produjeron fuertes enfrentamientos entre los militantes de los partidos políticos de uno y otro bando, los seguidores del pacto de liberales y conservadores, y los que se oponían a eso y a la fusión de los Estados y a la hegemonía de los godos. Matan al general Francisco Briceño, liberal intransigente y se alzan los pueblos, las aldeas y hasta los 9 legendarios hermanos Paredes, según lo reseña Arturo Cardozo.

Luego se le verá a Don Benigno, en el movimiento de la postulación de Bustillos, el Dr. de Boconó y de Miguel Antonio La Riva, dirigente del liberalismo radical Betijoqueño, con quien el hijo de don Benigno, José Gregorio Hernández, en su época de estudiante, establecerá amistad y solidaridad paisana en la denominada Colonia Trujillana en Caracas, quien escribió de este:  pone <<en alto por la excelencia de su conducta, de su aprovechamiento y de sus méritos, el nombre de Trujillo en los bancos universitarios>> (El Trujillano. 23 abril 1881), La Riva era oriundo de Barinas, al igual que la mamá del Venerable.

En 1881, la política en la Cordillera estuvo muy movida, en mayo, en la ciudad de Timotes, la Asamblea Constituyente designó al general Juan Bautista Araujo, Presidente del Gran Estado, los godos nuevamente son los amos de la Cordillera. Esto causó una gran conmoción política en los pueblos trujillanos. Obviamente, la “lagartijera” Betijoqueña, se dividió.

Se conforma en Betijoque el “Gran Partido de la Mayoría Reformista Betijoqueña”, cuyas cabezas visibles fueron el viejo general Joaquín Gabaldón “Ño Foaquin”, Miguel Antonio La Riva, de los migrantes de Barinas; Alfonso Duplat,  Alejandro Hernández, Fernando Chuecos, Felix Berroteran, Urbano Simancas, Pompeyo Iragorry, Cristian Timmer,  Antonio Carvallo  y  Pablo A. Salas entre otros; con esa rutilante denominación, el 6 de octubre de 1881, este Partido postuló al Dr. Diego Bustillos como diputado (El Trujillano. N° 239. 24 septiembre 1881), bajo el compromiso de apoyar la Reforma Constitucional propuesta por el general Guzmán Blanco. En la elección ganan con Bustillo, y se cuela su compañero Miguel Antonio La Riva, como suplente, quien realiza una labor de organización y solidaridad de los trujillanos en Caracas.

         Don Benigno resteado con el general “Maíz Pelao”.

Como en cualquiera de los negocios de las calles más populares, de cualquier rincón del Antiguo Estado Soberano, fue casi obligatorio, comentar el primer decreto de gobierno del Presidente forastero. Un día de 1880, en la tienda “La Gran Parada”, en la población de Isnotú, Doña María Luisa Hernández Manzaneda, hermana de don Benigno Hernández,  estaría en el mostrador, extendiendo un rollo de tela del negocio, mientras Doña Chana, su vecina y clienta, pariente de Juana Rosa Viloria, la vecina del frente, entra y se acerca con una picara sonrisa y la saluda: 

-         ¡Buenas tardes, Doña Luisa! ¿Qué tanto cuesta ese retazo amarillo que esta alisando? La hermana de don Benigno Hernández, el propietario, le responde:

-         Buenas tardes, Misia Chana, ¿qué tanto quiere, será que va hacer una bandera para celebrar al nuevo gobernador? Misia Chana levanta la mirada, soltando una carcajada.

-         ¡Ay, Doña Luisa! ¿Celebrar dice? Lo que voy a hacer es un taparrabos para la vergüenza ajena, ¡porque lo del nuevo gobernador ya es para echarse a llorar de la risa! La tía de José Gregorio, intrigada, le dice:

-         ¿A qué se refiere, mi querida Chana? ¿Acaso ya hizo de las suyas el tal General Pérez? Me contaron que venía con aires de grandeza, a poner orden en este nido de godos y lagartijas. La clienta le responde:

-         ¡Órden dice! El único órden que ha puesto es el de prohibir que comamos lo que hemos comido toda la vida, ¡y viene este forastero a decir que no le gusta lo que comemos! Hasta el guarapo lo va a prohibir.

-         Espere tantico Chana, que ya la atiendo y está bueno el cuento.

         Para el año 1880, desatadas las pasiones y la violencia políticas, como remedio a la crisis, el Presidente de la República, gral. Antonio Guzmán Blanco, designó al general larense Juan Tomás Pérez Fernández, como “apaga fuegos” y Presidente provisional del estado Trujillo. Enviaron a un gobernante “foraneo”, para apagar la candela local, el general Pérez, político, militar y periodista.  Fue el fundador del Semanario oficial “El Cóndor de Terepaima”, <<primer periódico que tuvo Cabudare y circuló entre 1865 y 1868, cuando esta ciudad fue capital del estado Barquisimeto>> (Aris, Yolanda. Periódicos Cabudareños. Mayeutica. 2020), un informativo sobre las obras del gobierno federal.  Juan Tomás, es hermano del jurista Vincencio Pérez Fernández, padre del general Vincencio Perez Soto, personaje de guerra en la historia trujillana. 

Un Decreto de Gobierno con Sabor Desagradable.

La gestión de Pérez, logró que las vanidades engreídas fueran neutralizadas; sin embargo, hubo un incidente que empañó su gestión: en el sitio donde se había alojado, le sirvieron en la comida, por pan las tradicionales arepas de maíz pelado,  que no le gustaron, y expidió enseguida un <<tristemente ridículo decreto prohibiendo “en todo el territorio de su mando se comiera arepas de maíz pelado”. Ningún caso se hizo a tal decreto, ni a las amenazas>> (Gabaldón, 45-46); pero existen otras dos refrescantes versiones sobre el mismo hecho.

Una, que según el historiador Arturo Cardozo, el gral. Pérez, solo dejó como recuerdo este pasaje anecdótico y dietético (Cardozo, 194). Y, la otra, que escribió el periodista y humorista  Manuel Isidro Molina,  <<El caso de las arepas es que enviado Don Juan Tomás Pérez, larense, a gobernar a Trujillo, para imponer orden en la provincia superando el problema lugareño de godos y liberales, el presidente forastero salió derrotado por Ño Petronila, la mejor arepera trujillana de entonces. No habiendo casa presidencial en aquellos lejanos tiempos, el nuevo magistrado tuvo que hospedarse en la posada de Petronila. Parece que el maíz de las arepas, estaba más apichado de lo conveniente para los delicados olfato y paladar del gobernante, pues éste se indispuso y se enfureció a tal extremo, que su primer decreto fue prohibir en toda la provincia hacer y comer arepas de maíz pelado. El ridículo decreto produjo tal hilaridad entre los trujillanos, que resolvieron, como única respuesta, bautizar al nuevo Presidente "General Maíz Pelado". El larense no aguanto la mamaderita de gallo y optó por marcharse de Trujillo>> (Molina, Manuel Isidro. Humorismo Trujillano. 67-68. 2005).   En realidad, no fue que no aguantó el humorismo trujillano, sino que Juan Tomás Pérez o “General Maíz Pelado”, apreciado en su Estado natal, como político, militar y escritor, fue electo por votación gobernador de la Sección larense, en donde ocupó  varias veces dicha magistratura. 

*

Como persona de alta sensibilidad ciudadana, Benigno Hernández no podía mantenerse en la cómoda posición de observador, y dejar de reconocer la labor pacificadora del foráneo gobernante, y junto con los dirigentes Simón E. Crespo (padre del general liberal Perfecto Crespo), el presbítero y párroco Francisco de Paula Moreno, Francisco Antonio Salas, Marcos Negrón,  Antonio  Chuecos, Toribio Méndez, Ciriaco Mateos y Manuel Arguello entre otros, con firmeza suscribe y publican el 15 de octubre de 1880, dirigido al gobernador general Juan Tomás Pérez, el manifiesto de agradecimiento de los pobladores del Distrito Betijoque, por su loable gestión de gobierno (El Trujillano. N° 193. 8 noviembre 1880).  

Luego de los votos de agradecimiento que don Benigno y sus compañeros, le dieron al general Pérez, con aquella afabilidad, tuvo la visita y conversa de sus amigos, y soltando risotadas lo abordarían: 

-         ¡Jajajaja! Don Benigno, y que ¡Apichadas! ¿Y qué pasará ahora con semejante decreto? Ya casi nos morimos de hambre sin nuestras arepas. Don Benigno moviendo la cabeza de lado a lado, les dice:

-         ¡Ni caso le hicimos, amigo mio! ¡Ni caso! Los trujillanos, en lugar de obedecer, se doblaron de la risa. Y en vez de llamarlo General Pérez, le pusieron el apodo que se ganó a pulso y diente: ¡General Maíz Pelado! El amigo secándose una lágrima de la risa, reflexiona:

-         ¡General Maíz Pelado! ¡Qué invento el de nuestra gente! ¡Ese sí es un título ganado con honores Don Benigno, y no los que le dan las charreteras!

-         Así es. El visitante le remata:

-         ¡Jajajaja! ¡Así que el gran Pérez, el que vino a neutralizar vanidades y a poner orden, fue neutralizado por unas arepas y derrotado por Ño Petronila! ¡Lo único que nos dejó fue este chismecito sabroso y dietético!  Don Benigno replicó:

-         Aquí, en Trujillo, solo será recordado por su ridículo decreto y por el apodo de "General Maíz Pelado". ¡La historia, amigo mio, tiene un sentido del humor muy particular!

A pesar de la seriedad e incomodidad del decreto y el prestigio del gobernante, mucha seria la chanza, las bromas, los mensajes irónicos y las esplendidas carcajadas en todos los pueblos trujillanos, que produjo ese desatino. En la Colonia Trujillana en Caracas, en la que José Gregorio participaba, seguramente, el clima de jocosidad fue parecido, teniendo como motivo este singular, local y humorístico pasaje de la política trujillana. Era sólo el espejo del tiempo de caudillos en toda Venezuela.                                              

El enfoque "Estelar" en la Política: la astronomía como versátil dirección política.

En 1884, Betijoque continuaba siendo el hervidero de las distintas falanges de la “Lagartijera” liberal, lo que se acentuó cuando el general Venancio Pulgar, el empedernido agitador y levantisco, andaba en planes insurreccionales. La casa de su hermano Rafael, quien estaba residenciado en su hacienda en “El Horcón”, la convirtieron en foco de ese movimiento, y fue perseguido, tras el intento del levantamiento en todos los pueblos y caseríos del Departamento Betijoque. La fuerza de los seguidores del general Pulgar en dicho Departamento, era preocupante.

Se  desarrollaba un plan revolucionario desde el estado Zulia, que tuvo conexión con gente de La Ceiba y Betijoque. El amigo de don Benigno, el viejo “Ño Foaquín” Gabaldón, comisionado militar de los liberales del Distrito Betijoque, escribió al Presidente del Gran Estado Los Andes, gral. Rosendo Medina, <<necesitamos tomar medidas preventivas, tenemos gente pero carecemos de órdenes y elementos, conveniente armar cincuenta hombres para cualquier expedición>> (Colmenter, 73), el enfoque del hombre de guerra.

El asunto fue tan inquietante que los funcionarios del gobierno, buscaron y consultaron hasta los medios mas extraños, esotéricos, supersticiones, extrasensoriales y adivinatorios para presagiar los movimientos de los alzados, y hacer seguimiento y capturar al general marabino, el paladín de la división de las causas políticas, el que podía dividir en política, hasta lo indivisible y sacarle provecho;  de igual forma, advertir sobre el momento del explosivo levantamiento militar, entre ello, consultaron la astrología. En un curioso telegrama entre militares, se pudo leer <<Señores generales C. Ruiz y Arria, por observaciones que han hecho astrónomos se anuncia día fatal 22 o 23 del corriente, esto será general por aparición de un astro que ha estado invisible. Sinforoso Nuñez>> (Colmenter, 74). Se convertía así, la disciplina y uso de los astros, como fuerte  competidora de los textos, ideas y método de Platón, Aristóteles y del mismo Maquiavelo, en materia política.   

Parece que en la política venezolana de antaño, cuando las cosas se ponían realmente peliagudas, ni el frío análisis de las realidades y coyunturas, ni las enseñanzas de Platón, ni Aristóteles, ni el mismísimo Maquiavelo servían para trazar objetivos ni descifrar el futuro. ¡No servían! ante la inminente rebelión y la escurridiza figura del general divisor marabino. Los funcionarios gubernamentales recurrieron a las fuentes menos habituales, para determinar opciones, dilemas y disyuntivas. Desde lo esotérico hasta lo extrasensorial, pasando por las más variopintas supersticiones, todo valía para anticipar los movimientos de los "alzados" de Pulgar. La cosa llegó a tal punto que la astrología se convirtió en una herramienta clave, como lo demuestra el jocoso telegrama oficial y militar que advertía a los generales Ruiz y Arria sobre un "día fatal" debido a la aparición de un astro invisible. Así, que mientras en otros lares se debatían complejos tratados filosóficos sobre la política, en Venezuela se practicaba a golpe de horóscopo, con los astros compitiendo seriamente con las ideas de los grandes pensadores clásicos. Sin duda, una forma muy "brillante y estelar" de abordar la inestabilidad política.

El 21 de julio, como buena sorpresa, entró el Presidente Medina con su nutrida y bien armada  “fuerza de observación”, al estado Trujillo, persiguiendo a los Pulgaristas, capturando en Carache al general Pedro Paredes, lo que trajo tranquilidad, para seguir trabajando en los campos.

En 1885,  muere su amigo, el patriarca Joaquín Gabaldón, <<al regreso de campaña en que comandaba fuerzas militares>> (Fonseca, 95);  político crítico, influido por las ideas de progreso y paz, fue padre al menos de 12 hijos, agricultores, comerciantes, médicos, monjas y militares, entre ellos, el general José Rafael Gabaldón, quien comandó uno de los levantamientos contra la dictadura gomecista, y abuelo de Argimiro Gabaldón el comandante guerrillero “Carache”, de la década de los 60 del siglo XX. Fue aquel anciano militar, uno de los que  podía influenciar con sus ideas democratizadoras y ciudadanas al cauteloso Benigno Hernández. Después, fue creado en Betijoque, un amplio, mezclado y colorido movimiento que agrupaba al  “Liberalismo Araujista-Baptistero”, encabezado por Pablo A. Salas, Dr. Juan Pedro Chuecos, el godo Francisco Ignacio Labastida, con ellos, el polaco Constantino Cleopatosqui, quien al parecer flameaba ideas socialistas, en apoyo al Septenio y Quinquenio guzmancista, pero en lo local, era un apoyo manipulado e irrestricto para los “godos” generales Juan Bautista Araujo y Jose Manuel Baptista, que habían pactado con el general Guzmán Blanco y retomaron el poder en la región.  En este movimiento no participó Don Benigno.  

*

Como profundo creyente católico y como hombre de gran sensibilidad religiosa, la política guzmancista, no pudo ser de su agrado, por su frontal arremetida y decretos presidenciales extinguitorios de las instituciones tradicionales católicas. Lo que es indudable, es la cercanía de José  Gregorio y posiblemente  la coincidencia con las ideas y posiciones políticas de Don Benigno,  su padre, quien llegó a ser influyente figura política en Betijoque.   Siendo joven, nuestro medico, maestro y científico, había expresado su aspiración a estudiar la carrera de abogacía, la disciplina más cercana a la ciencia política. Uno no sabe, pero quizás, Venezuela y el mundo pudieron haber contado con un extraordinario líder y jefe de estado.

 (*) Portador Patrimonial Histórico y Cultural de La Puerta. 



sábado, 27 de septiembre de 2025

Doña Mercedes Cols Arvelo de Uzcategui: De “Villa Mercedes” a la casa bella en La Puerta.

Por Oswaldo Manrique.


1905. En el alegre pueblo de Timotes comenzó esta historia.  

Una fría mañana de diciembre. En la gente se notaba alegría, entusiasmo festivo; en la plaza descampaban las bombas, y cerca se escuchaba la banda con sus interpretaciones más populares. Era el día de Santa Lucia, patrona adorada de la población de Timotes.

-         ¡Felipe, a la muchacha no le ajotaron los perros, ni amarrados con cinta! Fue la expresión de burla del indio Tapia su gran amigo, que lo acompañaba esa mañana, a  lo que respondió jocosamente:

-         ¡Sí,  me miró solo de refilón!

-         Yo no le aguaité defeito ni la vide esponjada, entre tanta chamuchina de gente. Felipe le agradaba ir con él a estas fiestas porque expandía el buen humor y bailaba más que un runche, cuando se fajaba a mover el esqueleto no lo paraba nadie.

-         Yo tampoco, pero no le apareció el arco iris  ¡Y vos sabés, que esa es la señal!   

Se volvió noche, nadie sabe pa’ donde se fue. No se le volvió a ver por esos lados. Se la tragó la tierra, pero Tapia la conocía.

Era una de las muchachas más encantadoras que había visto en su vida y en fiestas religiosas y populares. De aquellas que tenían ese atractivo o encanto enérgico. De aquellas damas que sugería el daguerrotipo, movían la fibra de cualquier hombre en su sentimiento y espíritu amoroso. Cualidades maravillosas que no pasan desapercibidas. En la mañana de ese domingo, llegó a las puertas de la iglesia de Santa Lucía de Timotes, donde ya se agolpaban las familias que iban a la misa, de ese día celebratorio. Tenía una hermosa cabellera rubia, peinada libremente, que le formaba un hermoso marco a su rostro, que además, se desplegaba brillosamente sobre sus hombros. Gozaba de unos ojos claros y grandes de esos que despiden picardía y sonrisa, dándole vida a su rozagante cara. 

Quizás ella, lo llegó a mirar con sus ojos sonrientes, mientras esperaba para entrar a la celebración religiosa, pues no era de allí y debía partir luego de los oficios litúrgicos a su pueblo La Mesa de Esnujaque. Esa mirada la comprendió Felipe, como un llamado de afinidad, de coincidencia, expresando igualmente su disposición a conversar con él. Sin embargo,  para la sorpresa de Felipe, en un ligero descuido lo dejó absorto en la  banca reclinatoria, quedando confundido y perdido, recriminándose no haberla abordado y conversado con ella, en esa oportunidad. Lo toreó.

A pesar de su embeleso, la ansiedad lo llevaba a pensar en que de un momento a otro esa invasora inquietud tendría solución. Pensaba en aquel magnífico cuerpo delgado y de formas, imaginando piernas hermosas y formidables,  que la convertían en una esfinge con sus cabellos sueltos, que parecía vibrar ante el aire detenido de la plaza. Recordaba también aquel vestido sencillo, que más que una visitante parecía una deliciosa muchacha campesina. Su nombre Mercedes Cols Arvelo.  

Allí estaba junto con otras jóvenes de las familias: Vegal, Tapia, Briceño, Araujo, Rivas, Perez Matos, Urrucheaga, Jerez, emparentadas con su familia. En la rama de los Arvelo, que llegó a avecindarse en la Mesa de Esnujaque, la primera es doña Enriqueta Arvelo, quien se casó con don Octavio Cols, y es la madre de Mercedes Cols Arvelo (Datos tomados del árbol genealógico elaborado por el Ing. Manuel J. Cols Briceño, Cabudare, 2010). Nos explica un nieto de doña Mercedes que, <<Cols es un apellido muy antiguo en Trujillo, fueron catalanes, especie de visigodos, que entraron a España y de Cataluña se movieron a las Islas Canarias y de Canarias a América. >> (Audio del Dr. Luis Uzcátegui del 14-4-2025). Los Arvelo también vinieron de las Canarias.

La joven Doña Mercedes, siempre estuvo a cargo de su familia. No era fácil sustituir a su esposo, sin embargo, mantuvo la serenidad necesaria, por el trabajo de atender las labranzas, los negocios, el trapiche, el molino, los peones en la fragua, cuidar de las familias de los que se habían ido a guerrear en las montoneras de Felipe. Es difícil imaginársela, siendo casi una adolescente, tener el temple y el espíritu necesario para estar al frente de sus posesiones, sementeras e industrias.     

Fue cierto, hubo atracción por el flaco y corajudo dirigente liberal, quien pocos años después, se convertirá en la autoridad civil y militar de La Puerta, por orden del Caudillo único y máximo de Venezuela, cuando los alzamientos y revueltas se dieron en todo el territorio. Así se conocieron y así, fue el comienzo de esta historia de amor y de guerra, de separaciones y montoneras, de miedo y también de tragedia. Doña Mercedes se casó con el coronel Felipe Uzcátegui y procrearon a María, Lya, Rosario, Paz,  quienes nacieron en La Mocotí; Herman nació en La Puerta, frente a la plaza Bolívar, y Elda Josefina Uzcátegui Cols, que nació en “Villa Mercedes”.

Los hermanos de doña Mercedes, son: Enrique Cols Arvelo, casado con María Teresa López Cañizales, quienes tuvieron diez  hijos; Ana Julia Cols Arvelo se casó con Ildefonso Vale Briceño, procrearon siete hijos; María Lorenza Cols Arvelo se casó con Abelardo Raidi; y Graciela Cols Arvelo, sin descendencia (Árbol genealógico citado); una gran familia.  

La familia Cols, apellido catalán, asentada desde antiguo en la Mesa de Esnujaque, con su comercio, sementeras y ganado, se emparentó con la familia barinesa Arvelo, familia que destaca por su inclinación por la cultura y la lectura. Destacaron en ella, intelectuales barineses, donde la formación y la poesía eran espacios compartidos por toda la familia, sobresalían poetas como Atilia Torrealba. A ella pertenecían su primo Alberto Arvelo Torrealba y su prima Enriqueta Arvelo Larriva, hermana del poeta Alfredo Arvelo Larriva, quiénes se carteaban con la mismísima poetisa de América, Gabriela Mistral. Eran nativos de Barinitas y destacados y laureados poetas del comienzo del siglo XX.  Un día Felipe logró el deseado momento de conversar con ella y a partir de ahí se entrelazaron de tal forma que solo la terrena expiración, los pudo separar. 

*

Hoy ha vuelto a su pensamiento lo que sufrió su madre Enriqueta Arvelo, en aquellos días en los que despavoridos salieron de Barinitas, huyendo de la jauría amarilla de los llanos para llegar a uno de los pueblos de la Cordillera. Al igual que otras familias, los Arvelo y los La Riva, fueron a Valera,  otros a Timotes y unos pocos se asentaron en la Mesa de Esnujaque. Escaparon con algunas pertenencias y bienes para establecerse. A los pueblos de la Cordillera, no pudieron entrar los federales de Ezequiel Zamora, siempre fueron derrotados. 

- Yo soy muy creyente de Dios padre. No me desampara. Cuando vos te vas de campaña siempre le enciendo sus lamparitas a la Virgencita de Durí y a mis Santicos. Le dijo doña Mercedes a su esposo.

- Algún día me alumbrarás a mí. Le expresó el Coronel Uzcátegui, echándose una repugnante carcajada. A pesar de la respuesta, la angustiada esposa le increpó:

- No jugués con eso Felipe,  yo le tengo un miedo terrible a recibir la mala noticia de que a ti te ha pasado algo. Él, atrevido, le respondió:

- Mercedes no pensés pendejadas, que yo sé cuidarmeMercedes lo censuró:

- Ese es el costo de casarse con hombres de la guerra. El permanente miedo a una inmensa soledad, no es cualquier cosa. Vivir sola, a pesar de los hijos, es sumamente terrible. 

Mercedes ha entreabierto la puerta de la sala, para leer y para mirar claramente a su marido. Se vuelve a sentar y lo toma de la mano, diciéndole:

- Contáme Felipe cómo le fue en esta jornada con los “Lagartijas”.

La mesa grande que está en el centro de la sala, era muestra del antiguo esplendor económico familiar. Ella, hizo ventas, de algunas joyas familiares, para enfrentar las vicisitudes de las revueltas y revoluciones. 

En “La Mocotí”, y en “Villa Mercedes”, sus posesiones, eran significativas sus producciones de trigo, constantemente funcionaba el molino, varias sus sementeras de papas, arvejas y tenían sus potreros de ganado vacuno y lanar, mientras no hubiere guerra. Eran productivas estas tierras, igual que las de Agua Fría, Tafallés y La Vega.

Justo aquí en estas montañas entre Tafallés, La Mocotí y La Puerta, doña Mercedes recordaba su proyecto de juventud al lado de uno de los caudillos más polémicos de La Culata, el “Maese” Felipe, importante y respetado dirigente liberal que enfrentó a la dinastía Araujo Baptista e igualmente, a los Burelli. Ese lugar al que tanto esfuerzo dio, al que amó y al que odió, donde vio pasar marchas de infantería y caballería, en años buenos y años malos, batallas, persecuciones, difuntos y heridos, solo esperaba con ansia sucediera el milagro de la paz.

Miraba el retrato que estaba en la pared de la sala, le sonreía y lo bendecía. Dedicaba horas cada día, rezándole a sus Santos, pidiendo por la protección del coronel Uzcategui, y también le encendía sus velones.  

Con alegrías o tristezas, con nacimientos y muertes, en ese triangulo de posesiones, el objetivo para su esposo estaba sujeto a ganar o perder. Aquí fue donde se estableció para formar familia, nacieron sus hijos, para ese tiempo y para el futuro, y donde esperó con todas sus fuerzas para poder brindarle al prójimo, una oportunidad y esperanza. A pesar de ser joven, fue muy caritativa.

Su nieto Luis Uzcátegui Araujo, relata que,  <<Mis tías nacieron las mayores María Uzcátegui Cols, Paz  y Rosario en la casa de La Mocotí, mi papá (Herman) en La Puerta y Josefina en la casona de “Villa Mercedes” también llamada La Cuika, el sector>> (Audio citado). María nació en 1906.

La proyectada casa de La Puerta, de fino diseño y mejores gustos, fue construida en 1910.

Entre 1908 y 1910, años en los que el coronel Felipe Uzcátegui, luego de sus campañas de guerra liberal, fue designado por primera vez Jefe Civil y Militar de La Puerta, se vivía un tiempo de suspensión de hostilidades, los godos Araujista, Baptisteros y Burellistas apoyaban al gobierno de los liberales restauradores: Castro y Gómez.

Felipe, el único hacendado liberal de la comarca, pudo finalmente construir su casa en La Puerta, con las sugerencias decorativas y arquitectónicas de su esposa, quien gozaba del buen gusto y sensibilidad estética y la belleza. Doña Mercedes se mudó a esa nueva residencia frente a la inclinada plaza Real (hoy Bolívar), en la Calle Abajo, (donde hoy está la antena de CANTV y el hotel El Padrino), al lado de la casa de gobierno municipal. Dando el lindero oeste, su vista, hacia el cantarín río Bomboy y el manantial paradisíaco del Cio. Solo existían unas 40 casas, incluido el templo San Pablo Apóstol, la Casa Parroquial y la Casa Municipal.

Con optimas condiciones físicas y ya concluida su casa, Mercedes, se fue a vivir a La Puerta, donde continuó fomentando familia, su nieto Luis Uzcátegui Araujo, al referirse a los hijos de su abuela, explicó: <<Mi papá  Herman Uzcátegui Cols,  nació en La Puerta en 1913, siendo mi abuelo el coronel Felipe Uzcátegui, el jefe civil y máxima autoridad de ese pueblo para la fecha. Mi papá nació en una casa diagonal creo o frente a la plaza Bolívar>>; esta casa, que se recuerda hermosa, de muy buena construcción, es la antes identificada. Muchos años después, vivió el siempre radical, armado y legendario padre Francisco Verde.

En 1914, reanudada la guerra, entre “Ponchos” nacionalistas y los “Lagartijas” gomecistas, es decir, ahora demócratas contra las fuerzas de la dictadura, comandadas en La Puerta por el mismo Felipe, ella decidió por la seguridad de sus hijos y familia, irse a vivir en su posesión de “Villa Mercedes”, en el sector La Cuika, en la vía La Puerta-Timotes, donde se sentía más segura y con el apoyo de otras familias liberales cercanas de La Mesa, Timotes y pueblos merideños. Desde dicho año, hasta 1917, ejerció el cargo de jefe civil de La Puerta y volvió el Coronel a desenfundar las armas contra sus eternos enemigos los “godos” locales.   

El coronel Felipe Rafael Uzcátegui, curtido político y militar liberal guzmancista, retomó la conversa con su mujer, recordando lo que allí ocurrió en 1892. Un día de abril de ese año, el Estado Mayor de los liberales occidentales, se refugian en su casa de La Mocotí, y un indio araujista entra y le macheteó la mano al general Ferrer, jefe de las fuerzas liberales y de gobierno.  

En 1899, aquí en La Mocotí, se produjo otro encuentro violento entre las fuerzas de la discordia regional: ponchos y lagartijos. Meses más tarde, hizo parada en su casa, los comandantes de la Revolución Liberal Restauradora, los generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, que cambian el curso de la historia, y ´Felipe, se les incorpora. 

- Para mí y te lo te lo voy a confesar; estas cosas, más que un triunfo parecieran una derrota. Me tiene con la empalizada en el suelo.

- ¿Cómo es eso, si ganaron la batalla? Le rebatió la señora Cols.

- Mujer ¿Cómo te explicás que somos los amarillos lagartijos los que ganamos la guerra, tomamos el poder y aquí en Trujillo no ejercemos el gobierno, lo ejercen los godos colorados? Es algo absurdo. Cabizbajo, desanimado, se volvió a poner el sombrero. Ella lo ataja y dice:

- Voy a traerte las arepas. Vamos a comer.  Palabras reconfortantes y sonrientes de Mercedes para el guerrero. Fue sirviéndole un sabroso guisado de arvejas que había preparado con las exquisitas ramas de la huerta, arepas de trigo, y jugo de mora silvestre con melaza. Ella tenía un eterno buen humor y sobre todo cuando estaba Felipe en la casa.  Él, la quería tener siempre a su lado, hasta para llevársela de campaña. A partir de poner el plato en la mesa, no se escuchó nada, solo el silbido del viento serrano y el ruido mecánico de las mandíbulas.

                                                         * 

La tarde comienza abrumarse poco a poco de neblina y melancolía.

- Mercedes mañana voy temprano a recorrer la Mocotí, a ver los animales que quedan y a cobrar algo que me deben, aunque tengo mucha flojera de salir, por algunos calambres que me están dando.

- Quedáte tranquilo ¿Para qué tanto afán? Le aconsejó la esposa.

Al momento, Mercedes quita los platos y deja la cocina, y estando en la puerta, sale, al escuchar el lloriqueo de María, una de las hijas. 

*

Por los días de junio, de uno de esos años de tregua y comienzos de siglo, el coronel no tenia ánimo de ir a las festividades en la Mesa de Esnujaque, a las que nunca faltaba; habían  circulado en papel el extenso programa, y los propietarios de posadas, ofrecían precios regulares.  

- Mecha, tranquilízáte, que cuando no estoy en campaña, me tenés labrando la tierra, unos días con el hacha en la mano, otros con un calabozo, talando el monte para sembrar, vos sabés. Para calmarlo, Mercedes que siempre tenía una palabra y una acción agradable, le dice:

- Esperáte, ya te doy tantico curruchete. Se quedó sentado. Era día de San Juan Bautista, y se cumplía la tradición. Estaba lloviendo, como de costumbre.  

Lo cierto es que, Felipe no era un descamisado, por el contrario, era un personaje de a caballo de montura, revólver y puñal en la cintura, así mismo, tenía su faja de cuero para las morocotas. Una cartuchera para las balas y funda para el revólver; se presentaba siempre con su sombrero borsalino, botas de cuero y espuelas, lo que lo hacía imponente a la mirada de los demás. De la vida del Coronel, su nieto el Dr. Uzcátegui, revela que Felipe Rafael Uzcátegui, era <<hijo natural de un catalán de nombre Pedro Sierra “el español”, y de María Uzcátegui, le decían “La Blanca”, quien tuvo ese hijo ilegítimo. Este español era hermano de Francisca Sierra “Pancha”, casada con un Vetancourt, de ahí nuestro parentesco con esta familia>> (Datos tomados de Audio wasap enviado por el Dr. Luis Uzcátegui Araujo. 08-09-2024).

El nombre de la casona colonial “Villa Mercedes”, obedece a la inmortalización del amor que don Felipe Uzcátegui, le profesó a su esposa doña Mercedes Cols Arvelo.  Actualmente, este sector o caserío mantiene este topónimo.  Esto, lo confirma su nieto, al señalar que, su abuela se casó con Felipe, aclarando lo siguiente: <<Abuelo se casó en el primer matrimonio con Mercedes Cols Arvelo. Vivieron en La Mocotí, y  abajo en la Vega, en “Villa Mercedes”, se llama asi, en honor a mi abuela Mercedes>> (Audio citado). Agregó que doña Mercedes, <<era prima hermana, con Alberto Arvelo Torrealba, prima también de Arvelo La Riva, de ahí el nexo familiar, y tuvieron mucha comunicación>> (Audio citado).

Las recorridas de caminos y cuestas, que tenían que hacer, Mercedes y su esposo Felipe, para mantener productivas sus tierras, eran intrincadas e inhóspitas, <<en esos tiempos, por ahí no había camino (para vehículos) a “Villa Mercedes”, solo el de los indios (Cerro de los Siete Colores) “Las Tapas”, el camino salía más abajo de Timotes, otro camino hacia el páramo de Los Torres, y el que sale al hotel Las Truchas (Timotes)>> (Luis Uzcátegui Araujo. Audio wasap del 27-9-2024. Audio citado).   

El mismo Luis Uzcátegui Araujo, describió que en una oportunidad subió <<en una Hailux, 4x4, cuando voy a mitad de camino, a la altura de la Mesa de Esnujaque, es muy accidentado, es una locura, enmochado hasta las primeras travesías, cima de La Mocotí,  quiebres de  las curvas, donde pasa un solo carro>> (Audio citado); realmente es aventurado subir por esta empinada, sinuosa y selvatica Cuesta.  

Mercedes Cols Arvelo de Uzcátegui, la indiscutible Doña de “Villa Mercedes”, “La Mocotí” y La Puerta, paradojicamente, espacio geohistórico de la guerra.  

La grisácea tarde estando al frente del cerro de los “Siete Colores”, fue para él un momento más que inesperado, para encontrarse con él mismo, se persignó porque no lo hizo al salir de la casa, pero al estar frente a aquel imponente monumento natural comenzó a sentir unos recuerdos fuertes, casi con desagrado que lo ayudaron a reflexionar en esa tarde espléndida, fresca y para relajarse un poco, ante los problemas que lo agobian.       

- Yo no sé por qué, pero cada vez que me acerco y me meto en la pelea a fondo salgo con esos aires tensos, de los cuales se entremezclan la tranquilidad con la ansiedad. 

- Mecha, que no se me olvide que tengo que reunirme mañana con los del grupo “El Trujillano”, al parecer viene el general Saavedra y Carrillo Guerra, Don Juan,  es necesario estar ahí en la Mesa de Esnujaque, donde nos vamos a reunir para resolver lo que hay que resolver en este momento creo que a pesar de que estamos ejerciendo el gobierno existe una profunda debilidad en La Cordillera, quizás mis compañeros crean que soy un perfecto liberal y confían en mí, pero todos los días todas las mañanas la neblina aparece y también desaparece, cuando el sol calienta la tierra. 


Doña Mercedes, de la desprendida esperanza y angustia, a la hora de la fatalidad.

El infortunio llegó a la familia Uzcategui-Cols. En nuestra investigación encontramos una partida de nacimiento de Rosario, hija de doña Mercedes, del año 1911, al consultar a uno de sus nietos, el Dr. Uzcátegui Araujo, respondió:  <<sí, esa es la partida de nacimiento de Rosario, la hermana de mi papá, nació en la Mocotí, y muere en el 1917, estando mi abuela Mercedes recién parida y tenía a Josefina, la niña que te comenté que se puso el vestido de la primera comunión y jugando, se le prendió de candela el vestido y se quemó y murió>> (Audio Wasapp. Luis  Uzcátegui Araujo. 27-9-2024).

Pero la tragedia no paró aquí, sino que también afectó al matrimonio: Doña Mercedes fallece, <<Y Mercedes también se murió, también recién parida, fue trágico en “Villa Mercedes”, donde estaba la bomba vieja, recuerdo había una balanza, aunque ruinas estaba el puente viejo. >> (Audio citado). Con Domingo Baroni, en la Vega hacen el puente nuevo.  

El Dr. Uzcátegui Araujo, nos explica lo trágico del fallecimiento de doña Mercedes, <<Mi papá estaba pequeño cuando ella falleció en Villa Mercedes, a raíz de que estaba en cuarentena. Una de las hijas mayores Rosario, que había nacido en “La Mocotí” se colocó el vestido con el que iba a hacer la primera comunión, y a la carajita se le prendió con una vela en candela el vestido, y estaba lloviendo en la mañana; mi abuela tenía cinco o seis días de parida, y la hija Rosario se le prendió en candela, y gritaba, la muchacha doméstica de servicio desesperada también comenzó a dar gritos desgarradores, ella se levantó y se salió del cuarto que lo tenían oscuro, lo mantenían oscuro para que se recuperara la mujer recién parida, y agarró a la niña como pudo  y se mojó donde estaban unos tambores de agua con agua y bueno se enfermó y se murió. Estaba recién dada a luz, acababa de parir a Josefina la menor, la que nació en “La Vega”, los otros nacieron en la Mocotí y papá que nació en la casa de La Puerta>> (Audio citado).  Tras dicha tragedia, el coronel dejó de ser Jefe Civil de La Puerta.   

Del mismo modo, el Dr. Uzcátegui revela lo siguiente: <<Los relatos de mi papá (Herman Uzcategui Cols) acerca de la abuela fueron muy vagos, sobre su madre biológica, porque en aquellos tiempos quien los cría es mi abuela Elba Baptista, la segunda esposa de mi abuelo y una hermana del Coronel la esposa de mi tío Domingo Baroni, es decir mi tía “Tista”, por cierto hermana del coronel, el coronel era hijo único varón, igual que mi papá>> (Audio citado). 

Las hijas de doña Mercedes se marcharon a otras ciudades.  

El Dr. Luis Uzcátegui Araujo, al suministrarnos generosamente datos de su abuela, nos dijo: <<Tía María que vivió en Barquisimeto toda la vida,  tuvo un tiempo en Valera, después que se fue de Villa Mercedes y dejaron a Barquisimeto unos se quedaron y otros a Caracas. Rosario hija de Elba se fue a vivir a Caracas a Sebucán y Josefina también. Tía María si contaba los relatos de la abuela Mercedes, de cuando murió mi abuela. Yo le paraba más, a los relatos del abuelo. Ella (tía María) nació en 1906 y murió en el 2006. Vivió 100 años en Barquisimeto>> (Luis Uzcátegui Araujo. Audio wasap del 27-9-2024).

Adicionando, <<Mis  tías María,  Josefina y Rosario tenían muy buena relación con Alberto Arvelo Torrealba, con la hija de este, con Enriqueta, siempre tuvieron una relación de familia bastante cercana, ya ellos murieron todos, más de 20 años de muertos>> (Audio citado). Herman, el hijo único varón de doña Mercedes, padre de Luis Uzcátegui Araujo, hemos escrito en otra oportunidad.  

Mercedes, sin saberlo, se convirtió en la mujer mas poderosa de La Puerta, La Mocotí y Villa Mercedes, cuando dejaban de ser estas poblaciones  “Godas” y pasaban a ser parte de la República “Restauradora Liberal”; condición que no usó, ni se valió de eso. Es parte de esa historia vedada, silenciada por el género. Su interesante vida falta por escribirla y darle el reconocimiento que bien se merece. Murió en “Villa Mercedes” en 1917, conservando intactos sus sentimientos y sus ilusiones.  

*

Estos años oficiales, se han dedicado con justeza a la mujer, es oportuno seguir rescatando para la historia local y quitar el manto del silencio a estas mujeres del tiempo de caudillos y comprometidas en la lucha en momentos difíciles y confusos para la formación de la República liberal, y a la vez,  formación de la nacionalidad, es oportuno recordar a doña Mercedes Cols de Uzcátegui, la dama de “Villamercedes” y “La Mocotí”.



Galería fotográfica:

Gráfica 1.- Doña Mercedes Cols Arvelo de Uzcátegui, esposa del  caudillo liberal coronel Felipe Uzcátegui.

Gráfica 2.- Coronel Felipe Uzcátegui, el “Maese” Liberal, enemigo del grupo Burelli, en el tiempo de caudillos.

Gráfica 3.-La joven María Uzcátegui, hija de Doña Mercedes, nacida en la Mocotí. Foto tomada posiblemente en la casa de La Puerta o en Villa mercedes,  de 16 años de edad aproximadamente.

 Gráfica 4.- Varias graficas de  Josefina Uzcátegui Cols, la hija menor de Doña Mercedes, nacida en 1917, a los pocos días muere su hermana Rosario por quemaduras, y seguidamente, muere doña Mercedes, quien estaba en cuarentena. 

Gráfica  5.- Elba Baptista de Uzcátegui, segunda esposa de Felipe Uzcátegui, como se acostumbraba antiguamente,  con dedicatoria de la esposa a su marido. Vivió en la amplia y hermosa casa de varios pisos, ubicada entre donde hoy está la antena de CANTV y el hotel “El Padrino”, frente a la plaza Bolívar de La Puerta.

Gráfica  6.- Elba Baptista, hija de un holandés y una prusiana, que tenían un hotel en Caracas. Fue adoptada por Pedro Baptista. Se observa, acompañada de su hija Rosario, y de Tony, uno de sus nietos.

Gráfica  7.- Sonriente, Rosario Uzcátegui Baptista, hija del coronel Felipe Uzcátegui y Elba Baptista.

Gráfica   8.- De sombrero e igualmente sonriente, la abuela Rosario Uzcátegui Baptista, hija del coronel Felipe Uzcátegui y Elba Baptista.

Gráfica   9.- Rosario Uzcátegui Baptista y su sobrino Luis Uzcátegui Araujo.

Gráfica   10.- En la gráfica de izquierda a derecha, Luis Uzcátegui, al lado de su tía, Rosario Uzcátegui Baptista, su hijo Luis Arturo Navas y Zulay Terán, esposa del primero. 

        

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