jueves, 5 de marzo de 2020

Tragedia aérea de 1991.

                                                                           

                                                              Oswaldo Manríque  R.



                                                    I.-
  

          El próximo 5 de marzo, habrán transcurrido 29 años, del lamentable accidente aéreo, en las montañas del Páramo de las 7 Lagunas, jurisdicción de la Parroquia La Puerta, Estado Trujillo, sector “La Aguada”,  específicamente en los Cerros San Antonio y el San Felipe,  en los que perdieron la vida cinco tripulantes y cuarenta pasajeros, que viajaban en el avión conocido como El Oriental, de la Línea Aérea Venezolana Aeropostal, que había salido del aeropuerto de La Chinita (Maracaibo) a las 3 y 50 minutos de la tarde, con destino a Santa Bárbara del Zulia.  Esta aeronave fue el orgullo de dicha empresa, por haber viajado el Papa Juan Pablo II, en 1985, en su primera visita a Venezuela. 




  Aspecto de la consternación que causó esta tragedia aérea en la pequeña población de La Puerta; obsérvese la Plaza Bolívar y sus alrededores colmada de funcionarios policiales, defensa civil,  de gobierno, familiares de la victimas, rescatistas y vecinos de esta parroquia.

            Según la información publicada por la mayoría de los medios impresos del país, hubo varias declaraciones entre ellas las de Carlos Colina, gerente de Aeropostal, la de  Gisela Romero, Gerente del Aeropuerto y voceros del Personal de División de Búsqueda y Salvamento, al conocerse que dicho avión no aterrizó a la hora prevista en su destino, ni se tenían noticias acerca del paradero de la aeronave extraviada, las autoridades ordenaron decretar la emergencia, que se hace en esos casos, iniciando las actividades de búsqueda y localización, para lo cual se sumaron tres aviones civiles, incluyendo, uno de la misma Línea Aeropostal y un helicóptero de la Guardia Nacional. 


         Fue el día 6 de de marzo de 1991, cuando se llegó a  tener información oficial que  el avión DC-9-30 de la Línea Aeropostal que estaba desaparecido, se había estrellado contra una montaña en el Páramo de La Puerta (Los Torres),  a varios kilómetros de distancia del área urbana de La Puerta, en el  Estado Trujillo. Rápidamente fueron llegando al casco urbano de nuestra parroquia,  funcionarios policiales, de Defensa Civil, familiares, amigos y gente de los medios de comunicación social del país, lo que conmocionó a nuestros  vecinos y a los trujillanos en general, no solo por la aglomeración de personas, sino por las dramáticas y desgarradoras escenas de los deudos de las víctimas del accidente, angustiados por recibir información y otros desesperados por subir al Páramo, que fueron escenas de profundo dolor y llanto, que tuvieron que presenciar.  Los parroquianos, se convirtieron en un cuerpo espontaneo de solidaridad y colaboración para los parientes y amigos de las víctimas. La aglomeración mayor, se vio en la plaza Bolívar y en el templo San Pablo Apóstol, que sirvió como aliviadero espiritual de los familiares, en este fatal trance. 

       Una familia del sector “San Rafaelito”, en este Páramo, fue la que al día siguiente del accidente, se dio cuenta que cerca de allí, se había estrellado el avión desaparecido. Oswaldo Rivero, agricultor y su hijo Aníbal, se trasladaban a su faena diaria, cuando al transitar unos 4 kilómetros vieron los pedazos del avión y los cuerpos de las victimas dispersas en la montana. Inmediatamente, Aníbal (17) y su hermano Gilberto (12), bajaron a La Puerta, a la Prefectura y a la Junta Parroquial  a dar parte sobre donde estaba el avión,  y de lo visto en el lugar del accidente. 

      Confirmado por las primeras personas que se acercaron a ver, el siniestro ocurrió sobre dos Cerros del Páramo de La Puerta (Los Torres), en el San Antonio, donde encontraron restos dispersos de cuerpos humanos y varios pedazos del avión. Más adelante, en el Cerro San Felipe, también consiguieron, otra parte del avión, y los restos de 15 personas muertas en el accidente. Se calcula, alrededor de unos 2 kilómetros, el área de desastre.

          Organizadas por los entes del gobierno, militares y policiales, médicos forenses y la colaboración de grupos de rescate  civiles del Estado Trujillo y del Zulia, así como,  voluntarios, las actividades de búsqueda y rescate, se fueron desarrollando lentamente, porque era época de fuertes y constantes lluvias y el terreno se pone fangoso e inaccesible. Desde la población de La Puerta, hasta el sitio del accidente, son unas cinco horas de viaje, que tuvieron que  transitar unos cien hombres rescatistas, por un camino estrecho, neblinoso y ademas, fangoso por las lluvias. Luego, complementaron con la ayuda de un helicóptero de La Guardia Nacional. Cerca de allí, seguían prestando colaboración –aunque consternados por la situación-, Osvaldo Rivero, su esposa Natividad Villarreal y sus hijos Aníbal y Gilberto,   

         El Gobernador del Estado Zulia, Dr. Oswaldo Álvarez Paz, declaró a los medios de comunicación, que efectivamente, no hubo sobrevivientes en el accidente aéreo y decretó duelo regional zuliano, en vista que la mayoría de las víctimas eran nativas de esa entidad.  Los grupos de rescate, en los veinte días que duró el proceso de rescate, lograron localizar los cadáveres de 30 personas, durante los primeros tres días de labor, los que recogieron, bajaron y trasladaron.   Posteriormente, localizaron en un zanjón del Cerro San Felipe, a unos 700 metros del sitio donde estrelló la aeronave, fueron hallados diez cadáveres en los asientos, con sus respectivos cinturones de seguridad ajustados, y en las adyacencias, otros cinco cadáveres totalmente despedazados.  


          En el recuerdo de los vecinos de La Puerta, se encuentra latente, este fatal suceso, con diversas versiones, unas relatadas por quienes pudieron subir al sitio del accidente (Cerros San Antonio y San Felipe),  otros de las irregularidades observadas en la búsqueda de los cadáveres; destacó en las conversas populares el caso del hombre que andaba con un perro que según él era rescatista, pero solo de joyas y prendas preciosas; otras relacionadas con la misma investigación policial y penal o referidas al “destino” de los costosos relojes y joyas; o a la extrema pobreza en que cayeron quienes encontraron los maletines y carteras con dólares de las víctimas.  Pasado el tiempo, se conocieron las verdaderas causas que produjeron el accidente,  basadas en los elementos aportados por la caja negra del avión: error humano.

                                                             II.-


             Voy a compartir, lo que ocurrió unos años después del accidente, con el material del avión siniestrado. Caso que me tocó atender profesionalmente. Un comerciante del pueblo, de apellido Paredes, se le ocurrió la idea de ir comprando y acumulando pedazos del grueso aluminio, que la gente iba sacando del avión siniestrado en el Páramo, otra persona también lo venía comprando. Los fue bajando y depositando cerca de su casa,  para al acumular  cierta cantidad,  llevarlo a la fundición en Valera. Un día llegó un señor disfrazado de turista zuliano,  con su joven esposa, atractiva catira  y un pequeño niño, la indumentaria de golfista, lentes importados, sandalias romanas de cuero y le llamó la atención una casa que alquilaba el comerciante de La Puerta, y el hombre se la alquiló con opción de compra, a un precio superior a lo que aspiraba el propietario, oferta que lo obnubiló.  El recién llegado, se portaba colaborador y benefactor del comerciante, dándole regalos, dándole consejos para mejorar sus finanzas y hasta ofreciéndole conseguir mercancía a mitad de precio, que podía adquirir en el Comisariato de las petroleras, y hasta unas latas de atún le regaló.  
              A los dos meses, el zuliano, le había sacado comestibles y cantidades de dinero al comerciante con las que le compraría mercancía en el Comisariato, y de ese mismo dinero, le pagaba el alquiler de la casa. El arrendatario-comprador, de regalo en regalo, lo fue envolviendo de tal manera, con el cuento que de un momento a otro le entregaría todo el dinero de la casa, para comprarla con un solo pago. El comerciante se entusiasmó más. Al día siguiente, el “turista zuliano”, que sabía que su “paciente” estaba acumulando una cantidad importante de kilos de aluminio, los restos del avión estrellado en el Páramo, en 1991, le obsequió una bolsa de dulces comprados en la panadería La Vencedora, y en el mismo momento le propuso otro negocio, que le diera, ese aluminio, que él mismo lo vendería al doble del precio que le pagarían en la zona industrial de  Valera, lo que aceptó el vecino. Con el mismo dinero que le había dado, contrató un camión y se llevó el aluminio. El inescrupuloso personaje se perdió, no se supo, ni de él, ni del dinero, ni de la mercancía que le había contratado, y mucho menos de los restos del avión. 
  
             Rápidamente, se habilitó un Tribunal, se logró una medida de  secuestro, cuando el hombre regresó para retirar sus enseres y ropa, porque venía hacer valer su derecho de compra de la casa, con el cuento que había conseguido un comprador y la iba a vender,  no pudo entrar por orden judicial y  contrató a un abogado. Se hizo la denuncia, le montaron una emboscada en Valera, y le pusieron "los ganchos". Al burlado comerciante no le quedó nada del avión siniestrado, tampoco del dinero que le había dado al “turista zuliano”,  pero salvó su casa. Ahora bien, ¿Fue fortuito o casual este episodio, o seria una suerte adversa o mabita que se le presagió a esta desafortunada  persona,  por la comercialización de los restos del avión siniestrado? Cosas veredes Sancho.

Marzo 2020.








En la fotografía de Antonio Luis Rivero, se puede observar,  una parte  del Cerro San Antonio, lugar donde se hallaron restos de algunas de las personas que viajaban en el avión siniestrado y  pedazos de ese artefacto. Adyacente se observa el Cerro San Felipe, donde se encontraron los restos de otras 15 personas, y otro pedazo de la aeronave. Cronografía 2563. 






Imagen de la Virgen Nuestra Señora de la Preciosísima Sangre,  que se encuentra al comienzo del Cerro San Antonio (Páramo de La Puerta o Los Torres), sitio donde se estrelló la aeronave de la Línea Aeropostal, en el año 1991, erigida por los deudos de las personas muertas en dicho accidente. Cronografía 2571. 





Arriba, a la izquierda, el señor Oswaldo Rivera, quien, junto con su hijo Aníbal, fueron los primeros que al día siguiente del accidente, se apersonaron al lugar, y dieron aviso a las autoridades de La Puerta. A la derecha,  Antonio Lino Rivero, recorriendo el Cerro San Antonio, obsérvese que es una zona tupidamente frailejonera y de neblina.  






Tripulación de la aeronave siniestrada en el Cerro San Antonio. 

domingo, 1 de marzo de 2020

Germán Ramírez, constructor de la carretera de La Puerta.




Oswaldo Manrique R.

La geografía antigua del occidente del país, desde el Táchira, estaba entonces marcada por el camino indígena intermontano, usado igualmente en el tiempo de la colonización, que se inicia desde Santa Fe de Bogotá (Virreinato de la Nueva Granada, hoy Colombia), intermediados por Pamplona y los valles de Cúcuta,  franqueaba por San Antonio, luego valle del Espíritu Santo de la Grita y las Porqueras para dirigirse a la ciudad de Mérida; desde aquí, subía hasta Timotes y La Puerta. Justo aquí, en este espacio, se encuentra el punto conocido como El Portachuelo, donde se iniciaba el territorio de la Provincia de Venezuela,  que seguía al Páramo de las 7 Lagunas, rumbo al Puerto de Gibraltar y otros puntos  del sur del Lago de Maracaibo,  dominios  y jurisdicción de la Real Audiencia de Santo Domingo. Este era el gran camino occidental de la colonia. 

El camino ancestral de los reinosos, para llegar a La Puerta, Mendoza, Sabana Larga y Trujillo fue ese. Valera existiría a partir de los comienzos del siglo XIX.  Como consecuencia de la necesidad de comunicar las economías del valle del Bomboy,  con las de la Meseta de Valera y Motatán, los hacendados, entre ellos, el Dr. Antonio Nicolás Briceño (el viejo), elaboró la demarcación del camino real y principal que conectaba su posesión de cañaverales y café, en la Cañada de Mendoza, así como los de la familia Hurtado de Mendoza. Requerían, dinamizar la producción, levantando trapiches, molinos, industria, mediante vías de comercialización, que condujeran a Motatán, Trujillo, a Moporo y otros sitios. El geógrafo Agustín Codazzi, en las primeras décadas del indicado siglo, al recorrer los sitios de la cordillera de La Culata, junto al padre Francisco Rosario, lo hizo por la zona de La Puerta y Mendoza, incluyéndolo en sus estudios y planos de Venezuela.  


             Bajo los auspicios del Gobernador del Estado, general Vincencio Pérez Soto y del Presidente del Concejo Municipal de Valera, general Ribas, se había concluido  la carretera de Valera a Mendoza,  de una longitud de  20 kilómetros. Es en 1926, cuando se comienzan los estudios para la construcción de la vía que uniría Mendoza a La Puerta, de unos 8 kilómetros (Bennet, Francis. Guía General de Venezuela.  Pág. 276); este mismo año, un niño nacido en la Hacienda Las Delicias, jurisdicción de la Parroquia La Puerta (algunos la ubicaban en la vecina parroquia de Mendoza Fría), de nombre  Germán Ramírez González, cumplía sus 10 años edad, y será en su mayoridad, la persona que en la década de los años 50,  durante la dictadura del general Pérez Jiménez, asumirá la responsabilidad de construir la carretera Mendoza –La Puerta, que une a estas poblaciones con Valera y con Timotes y mucho más allá de ellas.


                                                   Fotografía del Ing. Germán Ramírez G.

Cursó estudios en el Colegio Santo Tomas de Aquino, y proseguirá en la Universidad de los Andes, estudios de ingeniería, que interrumpirá en 1940, para irse a Popayán, Colombia, a estudiar y culminar sus estudios universitarios, lo que  alcanza en 1946.   Como si todo en su vida, lo hubiese proyectado, en asuntos personales, se enamoró de una payanesa y a la par de culminar sus estudios, se casó con ella, la joven: Sofía Beatriz Angulo Arboleda, quien lo acompañó en su regreso a Valera, y forman su distinguida familia.
El ingeniero Ramírez, ingresó a trabajar en el Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS), y luego, en proyectos del Ministerio de Obras Públicas (MOP), donde destaca en obras de vialidad de importancia  nacional. Fue asesor técnico en la construcción del puente sobre el río Chama, así como en obras  envergadura como los viaductos de la Autopista La Guaira-Caracas, es decir, la principal vía de entrada internacional a Venezuela. 
Fue productor y criador de ganado; asimismo, activo emprendedor económico, contando entre sus participaciones y logros para su tierra, el Hotel Guadalupe, Seguros Los Andes, Banco de Occidente, y la ayer floreciente Champiñonera, que marcó una interesante experiencia en  la rehabilitación agroindustrial de nuestros pueblos andinos. Promotor y directivo de organizaciones y clubes sociales.  Murió en Maracaibo, en 1984.

Marzo 2020.


jueves, 13 de febrero de 2020

Valera, “el fondo de un hermoso lago”.





                                                              Oswaldo Manrique R.




“En principio había nacido de padre y madre
fuiste bautizado sin alegato alguno
porque sabias poco y no era tiempo de defensas
quisieron enseñarte a amar a Dios sobre todas las cosas
y solo veías con buenos ojos la luz a través de los vitrales
porque los días de sol fueron amables contigo.
A la edad de diez años mucho te pesaba Dios,
te aburría tanto que fuiste triste tu
y fue triste tu calzado municipal y aun más tristes tus pantalones cortos.
Amabas todas las cosas.
Quisiste sonreír, necesitabas sonreír y renunciaste a él,
renunciaste a los ritos sagrados y fiestas de guardar
y escogiste el camino de la vida, el camino de los vientos
y las ramas de los árboles,
durante días y noches caminaste el techo de los ríos,
fuiste enterado dónde nacen las aguas
y al regreso cantaste tus hazañas alrededor de un fuego.
Aprendiste de memoria cada piedra, cada hierba y cada ojo
de las colinas que rodean las tierras bajas de tu existencia”.

(Extracto de: Un hombre y los demás hombres; del “Chino” Valera Mora,

poeta valerano. Obras Completas, pág. 35. Fundarte. Caracas. 1994). 




      Vista   de la ciudad de Valera desde el mirador de Carvajal. Gráfica de es.wikipedia.org

                                                                      I.
Valera puede considerarse, una ciudad campeadora de dificultades; sin ser producto de la planificación del Estado o del empuje económico y de recursos para conformarla como comunidad de gentes, tiene como característica que,  ha podido vencerlas y convertirse en el principal conglomerado urbano del Estado Trujillo. 

Historiadores y cronistas varios, como dato castizo, hegemónico y oficialista han fijado su “fundación” el 15 de febrero de 1820, de cuyo magistral acto colonialista, no existe o no se ha localizado su acta o partida de fundación de acuerdo a los cánones jurídicos  vigentes en aquella época. Briceño Perozo, la toma como la “fecha que, indudablemente, ha de reputarse como la de la fundación del pueblo, núcleo de la ciudad” (Briceño Perozo, Mario.  Historia del Estado Trujillo. pág. 272. ANH. Caracas. 1984).  Apenas, algunos documentos de traspasos de tierras, para la erección de su parroquia eclesiástica católica. Lo más lamentable, como lo ha aclarado el versado investigador Carlos Montiel,  es que el documento en el que la mayoría de los historiadores y cronistas se han basado como punto de partida de la ciudad y por el cual se festeja año a año, es decir, el que cursa en el Libro 2do. de Bautismos (1835-1845), en el que se fijan provisionalmente los límites de la jurisdicción de la Parroquia San Juan Bautista de Valera, de fecha 15 de febrero de 1820, el Obispo Lasso de la Vega, no tuvo la gentileza de firmarnos de su puño y letra  dicha acta, repito, esto es lamentable, porque se desprende una extensa duda tanto sobre la certeza y fidelidad del acto estampado en dicho Libro, como de su contenido.  


Fotografía de 1921. Valera, avenida 10 con esquina calle 10, estampa romántica de esta calle adornada con un arco floral de triunfo,  emblemático de la celebración de su centenario. Según la leyenda de esta fotografía, no se celebró en 1920, sino al siguiente año,  por verse afectada por una epidemia de viruela. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 1.  Editorial Venezuela, Valera, 1987.  Cronografía 2944.

De esos datos, se intuye una especie de control político de la historia de esta ciudad, basada en el dominio económico y del poder por parte de la Iglesia Católica y los hacendados terratenientes y la clase política, lo que descarta, descalifica  y silencia al resto de los pobladores; esto materializa, la hegemonía.  Si he sido crítico, en el sentido que, se sigue difundiendo la tesis colonizadora de la historiografía oficial, que la génesis de nuestra Nación se encuentra amarrada al arribo de Cristóbal Colon a las costas de Paria en 1499, también debemos cuestionarnos el hecho que no se profundice en las indagaciones locales –a excepción del citado investigador-, inclusive, que se omitan elementos importantes para el conocimiento de la ciudad, y para la rehabilitación del proceso evolutivo como pueblo, es decir, su historia.



Calle Real de Valera (hoy avenida 10), frente a la Plaza Bolívar, en 1920. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 1.  Editorial Venezuela, Valera, 1987. Cronografía 2945.

Ese espacio geográfico, vigilado por las 7 Colinas, se ha visto ocupado en su evolución, por pequeños y también, por nutridos poblamientos, dando el salto de una comuna indígena, valientes guerreros y agricultores, pasando por una estructura socio-económica de plantación, devenido en punto de pobladores dedicados a actividades no agrícolas, ahora, de un diversificado comercio, empresas productoras de bienes y servicios, bancos, industrias, generando empleo, riqueza y contribuyendo a la economía del país, hoy algo deprimida.


En 1854, fue azotada su población por la epidemia de fiebre amarilla, dejándola desierta de almas, abandonada, dejó de tener población y a la vez, la condición de parroquia, siendo su residuo, asignado por las autoridades como agregado y subordinado a la jurisdicción de la parroquia Motatán.  Pero, a la vuelta de una década, resurgió de entre las cenizas, y como ave fénix, reivindicó su sitial de parroquia, y fue elevada a capital del Departamento Valera, hoy Municipio, debido al empuje y progreso de sus habitantes. Posteriormente, de esa condición político administrativa de parroquia, fue ascendida en 1870, al sitial de ciudad, capital del Municipio homónimo,  que hoy, con bastante dignidad ostenta. 



1924. Fachada del Hotel Central de Valera, estacionado al frente un automóvil de la época. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 2.  Editorial Venezuela, Valera, 1987. Cronografía 2961.


Y se fue estableciendo el comercio espontaneo y creciente, primero fue centro o mercado de frutos y productos menores, que acercaban de los poblados aledaños, hubo trafico de cueros, quesos, salazones, conservas, café, trigo, maíz, hortalizas, caña dulce, miches, rones, chimó, algodón y hasta recuas, en la búsqueda de la ruta Norte y Sur, y de su conformación de rumbo comercial privilegiado, sin el peso de “las señorías”, surgiendo a la vida durante la República Oligarca Conservadora y Liberal, con sus ingeniosos aventureros,  responsables ciudadanos, sus fervorosos y progresistas emprendedores, los infaltables y azarosos constructores, sus inmigrantes laborantes,  luego fue la industria, la banca, actividades económicas secundarias y terciarias, forjadores de una ciudad de importante desarrollo comercial.  Con esto, no obviamos que ha tenido malos gobernantes y peores alcaldes, pero los ha superado…y una vez, fue capital del Estado Trujillo. 


 Fotografía de una calle empedrada de Valera. Estampa en la que no se observan vehículos en la ciudad. Tomada de: González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 2.  Editorial Venezuela, Valera, 1987. Cronografía 2946.


                                                                   II.

Todo lo anterior, es interesante para los Valeranos, y no menos importante es lo que voy a indicar a continuación. Se ha escrito muy poco, del tiempo anterior, a la existencia de una aldea indígena, asentada en esta planicie, cuando al capitán invasor Marcos Valera, quien vivió en  espaciosa estancia en el valle del Bomboy y a orillas del río, le fue otorgada la encomienda por el Gobernador Osorio en 1595, porque “le tocaron en gracia de los meritos”  (La Riva Vale: pág. 16).   El  dinámico y trotamundos geógrafo francés Francis Bennet, reconoció y transcribió  un trabajo de investigación de nuestro ilustre cultor de la historia y geografía regional Don Américo Briceño Valero (hago abstracción de sus caracterizaciones etno- sociológicas sobre el venezolano,   que no comparto),  en el cual,  nos hizo un aporte que merece ser reivindicado, que reproducimos a continuación: 


“La rama de la Gran Cordillera de los Andes que se desprende del nudo de Pamplona (República de Colombia), y con dirección N.E., penetra en Venezuela y se deprime en el Estado Lara…es lo que se llama Cordillera de los Andes…de todo lo expuesto se deduce que la orografía del estado Trujillo, se debe estudiar en tres ramales, a saber: el Septentrional, que principia en el Pico Miranda,…la tercera estribación, que es la que nace en el Pico El Tomón…cumbres principales de esta estribación son: a 2.125 metros  el Tomón, a 1.887 metros el Garapao, a 1.727 metros el Quibao y a 1.028 el Conquistado, que es el último esfuerzo de este ramal, cuyas faldas se pierden en una serie de cerritos, sobre las vegas del rio Motatán y a las cuales estrechan tanto, que apenas dan paso a los ríos Motatán y Carache, acabados de reunirse, pues parece que en un tiempo lejano, cuando el valle de Valera era el fondo de un hermoso lago, estas faldas y el cerro de la Pedregosa estaban unidos, formando un dique, o represa natural, el cual por el otro lado, recibiría el empuje de las olas del Lago de Maracaibo…” (Bennet, Francis. Guía General de Venezuela. pág. 272. 1929). Este dato geo- histórico y a la vez, hermoso pasaje, que he subrayado, pudiera abrir para los estudiosos  -o mantiene latente-, una línea de investigación, que nos lleve a obtener elementos que determinen causas y tiempos sobre el poblamiento, su tipología y esa continuidad histórica en el proceso de formación de Valera, como pueblo, inclusive, su consideración como una zona de navegación, en el pasado.  Considero pertinente y cabe la interrogante: ¿qué ocurrió en esa meseta (hoy Valera), durante el lapso comprendido entre 1595 y 1820, es decir, entre el momento en que le otorgaron esas tierras y la encomienda al Capitán Marcos Valera, y el momento de la erección como Parroquia Eclesiástica?  También, ¿qué ocurrió antes de ese periodo de tiempo? Fueron más de dos siglos que  transcurrieron, de los que los valeranos y valeranas, merecen saber.   



Américo Briceño Valero, agrimensor, que elaboró la obra Geografía del Estado Trujillo.  Cronografía 2989.

Según los estudiosos de estos temas, al parecer esta formación lacustre fue producto de la última glaciación en lo que se denomina el sistema de la Sierra Nevada; el maestro Briceño Valero,  lo poetizó como “el fondo de un hermoso lago”, era una depresión topográfica, quizás  poco profunda, con una importante masa de agua dulce, que en su contexto actuaba como represa natural, debido a un proceso geológico, formado en ese tiempo inmemorial (seguramente el Pleistoceno que abarcó las ultimas glaciaciones, que corresponde al Paleolítico arqueológico, que finalizó 10.000 años antes de Cristo), que pudo progresivamente por interglaciares, derivar en un cinturón de vegetación boscosa, hasta llegar a convertirse en una meseta pantanosa, con clima, situación hidrológica, fauna y flora, más proclive a las actividades humanas, fundamentalmente, la agricultura y la cría. Esto, seguramente, estará vinculado al  llamado nivel freático de las tierras ubicadas al Norte de la ciudad, comienzo del Eje Vial. 



1918. Plaza Bolívar de Valera. Obsérvese a la derecha, el viejo Templo de San Juan Bautista, con nutrida concurrencia en su frente. Cronografía 2973.

La hipótesis del distinguido hombre de ciencia trujillano, sobre el espacio geográfico, estaría basada sobre los estudios del geógrafo Agustín Codazzi, vertidos en su Atlas Físico y Político de la República de Venezuela, publicado en París en 1841, quien habría avizorado con especial interés esa situación, en su recorrido y estudio de la geografía trujillana; y buena parte de este ramal, lo recorrió con el padre Francisco Rosario, párroco de La Puerta, ducho conocedor de la zona del ramal septentrional de la citada Cordillera. Briceño Valero, además de sus vastos conocimientos de agrimensor público,  a finales del siglo XIX, para la elaboración de su obra Geografía del Estado Trujillo,  recorrió todo el Estado, reestudió las anotaciones de Codazzi, corrigió varios de sus datos y ratificó gran parte de ellos,  por lo que  nos aporta un elemento interesante, que debe ser considerado por los historiadores y cronistas. 



 Otra gráfica de la Valera de antaño. Tomada de González, Luis. Testimonios del periodismo trujillano. Tomo 2.  Editorial Venezuela, Valera, 1987 Cronografía 2962.



Consideración que pudiera romper con la afirmación de la ciudad de lento crecimiento, o  que, antes de las haciendas y sementeras, era un valle desolado, o que los  indígenas y primeros pobladores, tenían este espacio solo como centro de ceremonias o una serie de ranchos deshabitados, como expresión confusa de su peculiar nomadismo, contrastado con el cementerio indígena del final de la Calle 10, evidente signo sagrado de su sedentarismo. Con esto, no se persigue reivindicar “fantasmas detenidos e imperceptibles presencias”, como cantara el poeta valerano, seria en todo caso,  la ruptura con la historia oficialista, hegemónica, mantuana y cartularia.  En todo caso,  podría  tener sentido lo escrito por Briceño Perozo, en cuanto a que el patronímico enraizado, está vinculado con el que exhibe el escudo histórico aragonés de los Valera, cuya consigna es Valer o Morir. 

                                                               III.

Comencé este artículo, con un poema del irreverente ciudadano y poeta valerano, en su propuesta estética de modernidad en lo cotidiano. El Chino Valera Mora, es considerado uno de los más extraordinarios poetas nacionales en el uso de la cultura como instrumento de lucha, y del que se olvidó la ciudad. Nuestro “Pedro Bala”  como le decían en la clandestinidad, iba  todo el tiempo a sus salones de la Escuela de Sociología, en la UCV, con un libro de poemas bajo el brazo, especialmente el Canto General de Neruda. Voy a finalizar, con un verso de este poeta chileno, muy apropiado para la ocasión.

Hasta que al fin caemos en el tiempo, tendidos,
y nos lleva, y ya nos fuimos, muertos,
arrastrados sin ser, hasta no ser ni sombra,
ni polvo, ni palabra, y allí se queda todo
y en la ciudad en donde no viviremos más
se quedaron vacíos los trajes y el orgullo.


(Pablo Neruda. Verso de: Ya se fue la ciudad).



La Puerta, febrero 2020.



lunes, 10 de febrero de 2020

Solarte, el Cuentacuentos Mayor.




Oswaldo Manrique R.

En nuestros pueblos andinos, los personajes de cierta importancia son aquellos que destacan como políticos, empresarios, ganaderos, hacendados, comerciantes, militares, sacerdotes, maestros o por alguna obra intelectual y artística; también los hay, los más populares, los humildes y sencillos que se caracterizan por su simpatía, buen humor, son vecinos colaboradores y solidarios, o por alguna condición o mañas, que los hace simpáticos y que el común de la gente los recuerda y repite como agradables recuerdos sus aventuras, quehaceres y hasta sus locuras, de estos hay muchos.
             Aparte de estos, hay otros personajes extraordinarios, que brillan con luz propia, porque hacen la vida de sus congéneres más llevadera,  los que desestresan, relajan y recrean nuestros momentos y vidas, son los que juegan con la fantasía y el humor inteligente, con su realismo mágico, me refiero a los Cuenta Cuentos, que tienen una genialidad espontánea para inventar historias que rayan en lo inverosímil, pero ponen a la gente a pensar y que además fascinan, con la forma en que los cuentan.  Entre estos personajes tenemos a Solarte, el Cuentacuentos Mayor de nuestra comarca.


                            Solarte, el Cuentacuentos Mayor. Cronografía A0010.

Una de sus hijas, María Lourdes, docente de la escuela José Luis Faure Sabaut, en conversación dominguera, me narró que cuando niños, como eran muchos, su padre, los reunía y los entretenía con sus fantásticas historias, fue un hombre que siempre les ha dado mucho afecto y apoyo.   Dando ejemplo y provocando la posibilidad de soñar con los ojos bien abiertos y sus pies afincados en la tierra, pudo levantar su familia, trabajando tesoneramente la construcción, y a la vez, con el corazón encerrado por la imaginación creadora, que mejora la capacidad esperanzadora y que dinamiza la vida de la gente sencilla.
Los que lo conocían desde los años 60 del siglo pasado, a la salida del trabajo se iban donde él se encontraba, para reunirse a solo escucharle sus historias fantásticas e increíbles, producto de su inventiva y genialidad. Vámonos pa’ donde Solarte, era la  frase para la recreación y la alegría.  En La Puerta, aun cuando hay varios  con inspiración fantasiosa consuetudinaria, no existe nadie con la genialidad y originalidad de Solarte, hoy con cerca de 92 años de edad. Vivió en la Avenida Bolívar, frente a la casa de Audón Lamus, trabajó muchos años en agricultura y en la construcción.  
Fue ordeñador de vacas en una hacienda en la zona baja. Allí, según él, presenció cuando llegó un guajiro, encargado de sabanear el ganado. Había una yegua muy montaraz y brava que nadie quería montar, entonces dijo el goajiro que la observaba: eso es porque no se ha conseguido un jinete que la sepa montar;  los peones se sorprendieron con las palabras del procaz sabaneador.  A los pocos días, el goajiro la montó, y salió espantada con todo y  jinete, cuando venia corriendo de retorno la yegua no paró y se fue contra el caney y el goajiro tropezó con la viga de madera y quedó decapitado. Este era uno de las jácaras de contenido serio, simpático y tenebroso, que comprendía el arsenal de cuentos de Solarte, con estos, recuperaba la capacidad de asombro y el sentido del misterio,  que motivaba el interés, atención y la capacidad de soñar de sus escuchas, que no eran pocos.  


José Rodolfo Solarte Baptista, en indumentaria de faena.  Cronografía A0008.

El ecuánime gordo Víctor, suerte de memoria verbal de La Puerta, asegura que históricamente el mas cuentero y mayor inventor de  mitos y fabulas, es el viejo Solarte, es decir, se ganó a los demás, en tiempo y creación. Recordó uno, en el que Solarte en su formal y solemne manera de contarlos, relató que un día se fue de cacería, actividad que le agradaba mucho cuando tenía tiempo libre y le gustaba comer carne silvestre. Se montó su chopo casero, lo cargó de fulminante y pólvora y se fue a la montaña; bien adentro, se encontró con un tigre rayado y grande, y se decidió a dispararle, le soltó un solo, certero y preciso tiro salido de su chopo casero y mato al enorme y fiero tigre.  De esta forma conseguía atención y risas,  este extraordinario fabulador


Un tigre rayado como este, sería el que cazó Solarte de un solo tiro, con su chopo casero. Gráfica de telesurtv.net.

 Su talento como cazador, no mermaba con las dificultades que se le presentaban, pues, otro día, se fue de cacería y se le acabaron los tiros, pero por casualidad tenía una caja de grapas, y se le ocurrió meterle grapas a la escopeta. Internándose en la montaña, vio un venado, lo siguió y le efectuó varios disparos. Los perros lo corretearon y lo localizaron, cuando llegó el cazador, encontró al venado guindado de las orejas, pegadas con grapas a un árbol.
Aquellos relatos despertaban la emoción y risa en sus escuchas por la aventura, y por la forma en que les contaba sus peripecias. Un día de mucho trabajo en la construcción –según Tulio Rivas-,  al culminar la faena,  pasó por la plaza Bolívar y estaban allí unos compañeros de labores, se detuvo y  les contó muy serio,  pausado al hablar,  lo que le ocurrió llegando a Barquisimeto.  Relató  que una vez, viajaba en una avioneta a la ciudad de los crepúsculos, y en medio del trayecto a la aeronave se le apagan los motores y se cayó sobre un predio boscoso, tupido de puros árboles. Desde lo alto y sin pararle a los aporreos, decidió  bajar por el ramal de uno de los árboles, cuando le salió un tigre gusanero, se asustó y se devolvió a la avioneta. Se metió en el siniestrado aparato, hasta que a los días lograron rescatarlo. Los que lo bajaron, le preguntaron por qué se había regresado y respondió:
            - Es que el tigre, me estaba esperando pa’ comerme. 
Él era el cuento, el protagonista, sabía que sus cuentos y aventuras imaginarias superaban el valor y la emoción de cualquier novela; él representaba muchas y variadas historias. Su nombre José Rodolfo Solarte Baptista, de acuerdo a los datos aportados por su hija María Lourdes, nació  el 17 de abril de 1928, en el pequeño pueblo de  Las Virtudes de Torondoy, Municipio Tulio Febres Cordero, del estado Mérida, lugar de fincas de cultivo y potreros, situado a unos 9 kilómetros de la Carretera Panamericana.  Se sabe que, antiguamente, Las Virtudes, era un punto importante de paso de arreo de mulas, llevando productos, en la ruta comercial que habían establecido desde el Páramo de Mucuchíes, Piñango, teniendo como destino el Puerto de Gibraltar.  Este año cumplirá   92 años de edad y vive en Sara Linda, Municipio Rafael Rangel del Estado Trujillo. Muertos sus padres, él y sus hermanos fueron criados por familias amigas.  Él era el mayor, estudio hasta sexto grado de primaria, lo llevó a Caracas, una familia de apellido Troconis, que lo trató como a un hijo, y allí,  pudo adoptar el hábito de leer, adquiriendo conocimientos en cuestiones de salud y otras disciplinas, cultivando su cultura que expresaba en sus jocosas conversaciones.  Llegó a La Puerta, en 1958 y a los dos años se casó con María Eduvina Torres, nativa de esta población. Es padre de 13 hijos, Elsa Violeta (difunta), Hilda Rosa, María Lourdes, Yolanda del Carmen, Neida Josefina, que tiene 15 años residenciada en Alemania, Sandy Coromoto;  los varones: Rafael Ángel, Carlos Luis, José Rodolfo, José Gregorio, Rigoberto, Víctor Alberto y Jorge Luis Solarte Torres. 
   

José Rodolfo Solarte Baptista,  acompañado de uno de sus parientes.  Cronografía A0011.

Otro de sus picaros cuentos, es este: un día invitó a su casa a Manuel Albarrán, el popular “Borococa”,  a comer lapa guisada. Entusiasmado Manuel, esperó mucho rato escuchándole los cuentos a Solarte, al rato lo llama a la mesa y le sirve, cuando empieza a comer, el invitado siente algo extraño y algo molesto le reclama:
             -    Solarte esto no es lapa. El cazador le dice:
             -    Claro que es lapa, la cacé yo mismo.
             -   No, esto es pellejo de res, vea, esto es un cuero grasiento.
  -  Si es lapa,  “Borococa”, lo que pasa es que son los pellejitos de  una lapa muy viejita.
  Uno que otro, después de escucharlo por primera vez, le regañaba y lo llamaba mentiroso, embustero o baboso. Él, muy parco y circunspecto les decía: “le prometo que mañana le diré mentiras solo a la pensadora”.   Cuando iba narrando los episodios sencillos y ficticios, lo hacía para entretener y recrear a sus vecinos, compañeros y amigos,  en otra oportunidad contó que, su amigo y carnal Miguelito Romero, estaba cortando monte en un lugar apartado, cuando terminó, se fue y dejó olvidado el reloj en el monte, pegado a una matica y lo dio por perdido. A los muchos años, le tocó pasar por ese sitio y vio una luz que destellaba desde un árbol muy grande, lo que llamó su atención. Cuando se acercó al árbol,  se dio cuenta que era la matica y había crecido, y ve guindando el reloj que había extraviado, y se escuchaba  ¡Tic Tac! ¡Tic Tac! 
Desde muchacho le dio por contarles cuentos a sus familiares y amigos. Transitó muy poca escuela, laboró desde temprana edad, primero como peón de hacienda de ganado y de caña dulce, luego aprendió la albañilería y se dedicó a esa actividad en La Puerta y en otras regiones del país, lo que lo ayudó a conocer otros lugares y otras realidades. Sus cuentos y sus historias no los escribe, solo los piensa y los expresa a través de la palabra sencilla, sin vulgaridades  y en momentos en que generosamente los va compartiendo con sus espontáneos escuchas, quienes se los llevan en el pensamiento, disfrutándolos, sonriendo y nutriendo el espíritu.  Una vez, estaba en la montaña y se le perdió un billete de alta denominación (Bolívares), y al pasar de los años, le toco volver a esa montaña, iba acompañado de su perra cazadora, cuando se van internando a una arboleda, la perra comienza a escuchársele ¡yete! ¡yete! Y efectivamente era el billete que estaba pegado en un árbol cercano.  


       Otra gráfica de Solarte, el Cuenta-cuentos Mayor de La Puerta.   Cronografía A0009.

Tulio Rívas, que lo conoció desde joven, recuerda que en una oportunidad se sentaron Miguelito Romero, también  cuentista popular, y su amigo Solarte, con un grupo de compañeros y comenzaron a recordar la vez que andaban de cacería y llevaban una perra preñada, subieron a lo profundo de una montaña, cuando lograron ver a un venado, lo corrieron y en la cacería parió la perra y como buena perra cazadora, se puso a perseguir al venado y  detrás de ella iban todos los perritos recién nacidos, también detrás del venado, como ayudantes espontáneos de la mamá, en esa faena de caza. Otra vez iba esa pareja de amigos, buscando tierras buenas para sembrar y se fueron a la montaña, al Páramo de las 7 Lagunas, recuerdan que tenían muchas horas caminando cuando finalmente  ubicaron un lote en una pendiente muy inclinada, en una peña y lo quemaron para sembrarlo. El problema que tenían era que no podían caminar sobre el terreno porque era muy ladeado e inclinado, casi como una pared; y viendo ambos que no podían sembrar así, se le ocurrió a Miguel, cargar la escopeta con caraota y comenzaron a dispararle a la tierra para sembrarla y resolvieron el problema.   
De joven, leía mucho, y fue formándose como sobandero, lo buscaba y lo busca la gente, para la cura de la culebrilla, soba fracturas de extremidades, y se aplica al rezo con medicina; también,  le llamaban mucho la atención las maquinas y aviones modernos.  Y su gran afición,  en otros tiempos, era  cazar en las montañas. Así fue cultivándose como un extraordinario inventor y contador de cuentos, en los que difundía sus experiencias imaginarias, enfrentando situaciones difíciles, por supuesto, también imaginarias. Solarte, al igual, que Miguel Romero, Mario Calles, de la Lagunita, Concio Rivas y Ezequiel Villegas del Páramo de La Puerta,   todos en la parroquia los conocen o han oído de ellos, y lo que viene a la mente cuando mencionan sus nombres,  es el cuento mágico, las historias inventadas y cargadas de humor serio. Sin embargo, estos Cuentacuentos de La Puerta, no han recibido reconocimiento alguno. Aquí vaya el nuestro.

La Puerta,  Febrero de 2020


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