viernes, 1 de enero de 2021

La Puerta y su gentilicio.


Oswaldo Manrique Ramírez.

                         I.-                                                              

El gentilicio es el vocablo con el que se suele llamar a una persona en relación al lugar en donde nació, de donde es originario, venezolano por haber nacido en territorio de Venezuela. Considero que el gentilicio trasciende actualmente esa definición, porque realmente es un apelativo o palabra que te distingue con orgullo y te hace perteneciente a un grupo de personas nacidos en un mismo sitio, parroquia o región, pero también debes incluir a aquellos que pertenecen a ese lugar y no a otro, bien porque hayan nacido o lo hayan escogido como su lugar de vida, de área laboral, artística o de negocios,  y hasta para morir en ese lugar. Es lo bonito, interesante y gratificante del tema. 

 Como adjetivo es usado para significar que es “perteneciente a las gentes o naciones”, los gentiles (DRAE. 21a. edición. Tomo I. Pág. 1.035); en Venezuela del mismo modo se usa, para  distinguir a los oriundos y nativos de localidades, barrios, urbanizaciones, asentamientos sociales, sitios, parroquias, distritos o estados. En el libro de historia trujillana de Mario Briceño Perozo, hay un apartado largo para este tema, en el que extrañamente  no aparece el correspondiente a los nativos de La Puerta, un pueblo de los más antiguos del país y del Continente.  Esto, al parecer responde a la dificultad para determinarlo en el caso de nuestra localidad, que historiadores, lingüistas y gramáticos han preferido evadirlo, a pesar que, en esto no existen reglas petrificadas de la Academia de la Lengua Española o como lo han razonado algunos escritores, que el no tenerlo o no usarlo, refiriéndose como naturales de La Puerta,  se debe a que sería “entre público indocto”; solo nos adelantan que, las desinencias más comunes se integran con los sufijos nominales: ano, eño, iño, es, ero, ucho y ense, (Briceño Perozo, Mario. Historia del Estado Trujillo. págs. 313-314. ANH. Caracas.1984); hace unos pocos años, hubo una fuerte polémica en relación a si seguíamos llamándonos trujillanos o debíamos utilizar el término trujillenses.  Interesante el punto.


Gráfica tomada desde el centro de la plaza Bolívar de La Puerta, al fondo se puede observar el templo San Pablo Apóstol, La Puerta, estado Trujillo, Venezuela. Cronografia propia de este blog, N° 2774.  


II.- El gentilicio étnico y originario. 

Por lo general, el nombre o topónimo de la localidad de nacimiento es lo que determina el gentilicio.  Los pobladores nativos, o aquellos que han escogido a La Puerta, como el lugar de sus proyectos y de desarrollo de sus vidas, sean nativos o no, porque desde la invasión hispana, fue considerado –al decir del maestro Mario Briceño Iragorry- una Puebla y no un Pueblo, con las connotaciones que eso significa, y la diversidad de gentes de distintas nacionalidades y países europeos y de diferentes grupos indígenas que aquí se asentaron y fueron constituyendo lo que es nuestro ADN identitario, en este entorno paradisiaco, para algunos bucólico, cargado de bondades, generosidad, respeto, anfitrionidad, belleza, estética, que lo notan de entrada y difunden los que lo visitan. Por ello insistimos, que La Puerta no es un Pueblo, es una Puebla.

Hemos leído en los medios de comunicación regional, que periodistas se han atrevido a llamarlos “Portenses”, "Puertarenses" y hasta “Porteños” como se ha llegado a   escribir, pero es el caso que ni antes, ni en el mismo siglo XV, el Bomboy, cuando sus aguas que pudieron ser navegables, de lo que no hay registro histórico, nunca tuvieron muelle y menos un puerto. Sus aborígenes, como lo explicamos en  otros trabajos: dieron al río que atraviesa este valle, el nombre de Bomboy, que significa aguas de espuma, río de crecido y burbujeante liquido, altivo, de consistente capa de espuma blanquecina. Y los Bomboyes y Xikokes, del señorío de los Timotes,  en lengua indígena significan  hombres de cauces de las aguas, y para mayor especificidad, de aguas espumosas, templadas  y blanquecinas, debido no solo al antiguo e inmenso río, sino al vecino mayor: el caudaloso Motatán,  a los llamados Chorrerones de Komboko, y el de  La Maraquita, o las muy variadas y bifurcadas quebradas, entre ellas la Guadalupe de Indios, la del Molino de Mimbón y El Portachuelo, o las denominadas 7 Lagunas (Santuario Maen Shombuk),  que se encuentran en el Páramo La Puerta, y por supuesto, más cercana, al sur-oeste del pueblo, La Lagunita. Somos gentes de cauces de aguas frías y altivas, lo que nos da ciertas características que perfilan nuestro carácter y manera de ser, como por ejemplo, la altivez, la contemplación, la inclinación por el trabajo agrícola, la convivencia con la naturaleza, aspectos que enaltecen a los nacidos en esta localidad. El primer y más autentico gentilicio, nos lo suministraron los indígenas Timotes, hace unos 3 mil años antes de ahora, porque fueron nuestros primeros pobladores: Bomboy. El río lleva ese toponímico, y también el valle del Bomboy. Los nativos de este sitio, pueden con todo derecho llamarse Bomboyes o Bomboyenses; este sería el gentilicio étnico, autóctono, criollo y originario.  

Repito, es extraño, que La Puerta, no use gentilicio, lo he comentado a distintos familiares, vecinos, amigos y no obtengo respuesta, inclusive a los responsables del patrimonio cultural e histórico del Municipio, y esto que estoy diciendo, debe ser un reclamo histórico de nuestra población, porque el gentilicio como categoría lingüística, también tiene otra significación desde el punto de vista personal y colectivo, como derecho de pertenencia a un territorio, a un grupo de personas con iguales tradiciones, cultura, cotidianidad y una misma historia local, que se sintetiza en una conciencia comunitaria.  

En conversación con el profesor Carlos Montiel, investigador valerano, versado en estos temas del habla, me esbozó generosamente su criterio, que es el siguiente: que,  tanto la forma de pronunciar y la entonación al hablar, que es usada por la gente de esta zona comprendida entre La Puerta y Valera,  nos viene de raíces al-andaluz, árabe-hispánico propiamente de madres oriundas de Andalucía , España, que se asentaron en estas tierras y que hablaban la denominada lengua materna, mezcla de árabe, morisco y castellano, que poseen un léxico particular, que amplió el vocabulario español. Por eso, algunas personas comentan que hablamos mal el idioma, cantadito, recortado; pero, no comprenden que se habla derivado de la forma andaluza. Asimismo, adoptamos sus palabras, por ejemplo, el nombre de El Portachuelo, -que le pusieron y aun se conserva-,  al punto de frontera localizado en nuestra parroquia, al que me he referido anteriormente, así como portañuela son palabras andaluzas. Igualmente, colonos y pobladores hispanos que se asentaron en las inmediaciones de El Portachuelo, fueron familias de origen andaluz (España musulmana), como los Ruz, Carrizo, Albornoz,  Albarrán u otras con apellidos adoptados por los ancestros de los Cabrera, Méndez, Mendoza, Molina,  Morón, Salas, Torres, Fernández, Arjona, Barrios,  que han aportado a la evolución de nuestra comunidad.  Inclusive, la extendida costumbre gastronómica de comer albóndigas, o degustar el familiar y casero arroz con leche, o las polvorosas son reconocidas comidas árabes y legado cultural de las matronas al andaluz. Se ha escrito que más del 70 % de las mujeres que se vinieron a colonizar a Trujillo, eran oriundas de Andalucía o Extremeñas, es posible, que este arribo de las moriscas, se produjo, coincidencialmente, cuando comenzaron a ser expulsadas de España, a comienzos del siglo XVII, y el llamado nuevo continente, resultó ser una opción de progreso y digna de vida.   

Lo importante es que no se vayan perdiendo las expresiones, palabras, que como verdadero hibrido o sincretismo, construyeron nuestras madres y antepasados indígenas Timotes, con las matronas colonizadoras Andaluzas y Extremeñas, porque forma parte de nuestro patrimonio cultural e histórico.  


III.-  Lapuertense, Puerteño o Puertense del Bomboy.

Buscando el por qué de la dificultad y de la omisión del particular, se inició la pesquisa  de semejanzas en algunas partes de este mundo, encontrando que para el caso de los nacidos en La Puerta de Segura, en Jaén, España, el gentilicio es   Puerteño. Por ejemplo en el caso de los nativos de La Puerta, en Guadalajara, igualmente situada en España, se les dice Puerteros (De la Torre Aparicio,  Tomas. Gentilicios Españoles. pag.384.Version digital. España.2006).  En el famoso y atrayente, centro y Distrito de Madrid, conocido como La Puerta del Sol (España), el gentilicio es portasoleño (ña).

 En La Puerta de Alcalá, también en España, el gentilicio es Alcalaíno(a) (es.wikipedia.org). La Puerta de Guadalajara (Castilla-La Mancha, España), es guadalajareño. En La Puerta de Alcarria (España), es alcarreño.

Para los nativos de los distintos Puertos españoles, se utilizan vocablos como: porteños, portuarios, puerteños, portanchuzos, porteros, portanchos, estos tres últimos, me parecen que son remoquetes (De la Torre Aparicio: 385); como se puede observar, es muy variada la terminología en ese sentido, inclusive, utilizando ciertos motes y apodos picarescos.

En el caso del Municipio La Puerta, localizado en la Región de Córdoba, República Argentina, señala en su información oficial e institucional, que no posee gentilicio (municipalidad argentina.com.ar); quizás es por el desanimo o ambivalencia en determinarlo.  Tal actitud, parece que aqueja a lugares nuestros, nacionales como La Puerta de Aragua (Las Tejerías), no posee gentilicio. Igual, en la Puerta de los Llanos (Estado Guárico), se dicen simplemente guariqueños.

En un interesante trabajo de la Dra. en Filosofía y Lingüística, Soledad Chávez Fajardo, sobre gentilicios chilenos, cuyo léxico seria  absolutamente independiente del gentilicio étnico y pos toponímico, lo que torna más interesante este tema, en vista de su relevancia, dentro de los procesos estandarizadores, en lo que ella califica como “aspecto, por lo demás, también poco tratado y fundamental dentro de las primeras etapas de regulación lingüística” (Soledad Chávez Fajardo y Raïssa Kordic Riquelme. Acerca del gentilicio: historiografía, remoquetes y estandarización. Chile. 2018. Digital).  Este es un punto interesante, que en el campo lingüístico y en los pueblos de Venezuela, ha sido poco discutido.

Es el gentilicio, un aspecto importante, del inicio y evolución de La Puerta como uno de los pueblos más antiguos de Venezuela, como añeja comunidad de gentes de más de 420 años, que involucra, sus propias características geográficas, históricas, culturales, tradiciones, ambientales, jurídicas y sociales.

La fórmula que nos enseñan los gramáticos y lingüistas, incluyendo a Nebrija,  es que “el gentilicio se relaciona con la fórmula “de + nombre de lugar”, es decir, es una de las formas gentilicias gramaticales” (Ídem).  Para efectos prácticos, en ejercicio de la delatada formula, la denominación de nuestra parroquia (antes Municipio histórico), es La Puerta, compuesta por el articulo La (articulo determinado en género femenino y singular), y Puerta (sustantivo femenino, en nuestro caso el sitio, que denota entrada a una población o lugar de acceso a un sitio).

A comienzos de la primera década del siglo XVII, el sitio que luego se conocería como La Puerta, fue seleccionado y adquirió importancia,  debido a su ubicación, via de comunicación, conexión serrana con el Lago de Maracaibo y por sus características topográficas, dando relieve al paso y punto llamado  El Portachuelo,  que se convirtió en un mojón demarcatorio del Nuevo Reino de Granada (la Nueva Granada, hoy Colombia), y   Venezuela, pasando a pertenecer territorialmente a esta capitanía,  deslindando jurisdiccionalmente ambos regiones. Ese sitio, que también se fue convirtiendo en destacada zona productora agrícola, cuenta con el denominado paso o Cuesta de la  Mocotí, éste topónimo proviene del sitio del cacique Mukutí (Timoto), complejo camino y cuesta, que se observa en su totalidad desde El Portachuelo (palabra andaluza), lugar adecuado para el control de los viajeros, transeúntes, y sus cargas que se dirigían desde el Virreinato al mar Caribe (Lago de San Bartolomé, así bautizado por el capitán Alonso de Ojeda el 24 de agoto de 1499; que luego adopta su actual nombre indigena: Maracaibo), y viceversa. Era la entrada natural a la Serranía venezolana y a la ciudad de Trujillo, que le daría vida económica a pueblos colindantes como Timotes, Esnujaque, Jajó, Mendoza y Valera.  Se estima ésta, como una de las razones principales, por las que se creó este espacio de frontera, y su denominación como La Puerta, como localidad genuinamente serrana, que se desarrollará y expresará por medio de su cultura, historia, tradiciones, manera de ser, identidad.

Como no hemos conocido alguna transformación que haya tenido en su estructura morfológica, el gentilicio, guiado por dichos elementos académicos, pudiera ser Puertense o Puertaleño, sin embargo, considero no ajustados a la composición morfológica del nombre. En razón de la regla citada, construyendo el  gentilicio pudiera ser: Lapuertense, que encierra hombre y mujer de La Puerta. Desde el punto de vista morfológico y atreviéndonos a proponer en un acercamiento y aproximación, debo señalar que he considerado adecuado el gentilicio Lapuertense,  o cualquiera otra mención que se aproxime, que sea resultado de la creación popular y léxica de nuestra comunidad, eso es interesante y que pasara a formar parte de nuestra pertenencia, identidad y particularmente de nuestra conciencia colectiva; pienso, que eso sería parte de lo que se viene asumiendo como proceso descolonizador de nuestro patrimonio cultural e histórico; posiblemente, algunas personas por efectos prácticos sintetizaran el asunto en la voz: puertense.

Para la debida denominación o gentilicio propongo sustituir las palabras que hasta el momento se han venido usando, por la de Puertense del Bomboy, para que se use en la literatura antropológica, y en nuestro lenguaje cotidiano y familiar de uso común, como justa reivindicación de nuestras raíces Timoto-Hispanas.

Además de eso, debemos agregar que existen otros gentilicios también propios de los nativos de La Puerta, como pueden ser:   riobomboyense, por el río Bomboy; también andino, por pertenecer a los Andes; o serrano o paramero o parameño Puertense, para los que son oriundos del Páramo de La Puerta, se entenderia Portachueleños, para los nativos de El Portachuelo, Lagunitenses para los de La Lagunita, que son otros gentilicios en relación a las distintas virtudes, características y lugares de nuestra Parroquia. Educadores, cultores, profesionales, periodistas, comunicadores sociales, dirigentes políticos, militares, vecinos, dirigentes comunitarios y estudiantes, en esta hora colectiva descolonizadora,  tienen la palabra.


La Puerta, enero de 2021.

Omanrique761@gmail.com


martes, 15 de diciembre de 2020

Las rolineras de navidad en La Puerta.

 

Oswaldo Manrique Ramirez

Hasta que nos llegó la visita de esa china llamada Covid-19, teníamos la costumbre de amanecer desde mediados de diciembre en las misas de aguinaldo; niños, jóvenes, adultos, abuelos, hombres y mujeres,  salían a las calles de La Puerta, y a la Plaza, a caminar y disfrutar de sus longevas tradiciones populares de la natividad. Son los días de encuentro de familiares y amigos en la iglesia, para escuchar además, un poco los villancicos y aguinaldos, cantados por los jóvenes de la parroquia;  o para sentarse  en la acera del costado o en el frente de ella, o en la esquina caliente, son momentos de la sabrosa conversa, de recuerdos, de preguntar por la vida del otro, de cómo le esta yendo, del cálido abrazo, del brindis y de pasarlo bien.

El árbol de navidad, plaza Bolívar de La Puerta, Trujillo, Venezuela,  sembrado hace varias décadas por el médico Elías Anzola. Toma gráfica de este año (2020), decorado por manos entusiastas, de nuestra comunidad puertense del Bomboy. Cronografía propia de este blog N° 300144. 

Igualmente, el centro de la Parroquia se engalana, su plaza Bolívar se viste de celebración navideña. El pino gigantesco sembrado hace varias décadas por el Dr. Elías Anzola, pilar histórico de nuestro centro de salud rural,  también es decorado con las particulares y coloridas luces, que fluyen desde el propio y angular copo. El ambiente y el magnetismo benefactor son colectivos, nutren el espíritu de todos. Las gaitas también, se escuchan, en las voces e instrumentos de los grupos que desde el comienzo de diciembre, hacen sus ensayos. Pero hay un sonido, tirando a ruido, bullicioso, persistente, que no molesta, que nos gusta oír y que no dejamos de ver a sus  alegres  generadores, son los tradicionales: carritos de rolineras.  Estos pequeños carros se apoderan de las calles principales de La Puerta, como parte de la tradición navideña.

Viendo pasar el colectivo navideño de la calle 2; año 2020. Cronografía propia de este blog. 

Este año (2020), las misas serán a partir de las 6 de la tarde, por medidas contra  la pandemia. Los carritos de rolineras, en algunas calles, particularmente la Calle 2, ya se están probando, para salir a las pistas centrales, alrededor de la plaza, este 16 de diciembre.

Llegaron los grandes; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3825. 

En nuestra indagación ante viejos vecinos, esta tradición, se inició aproximadamente, a mediados de la década de los años 50 del siglo XX, tiempo en que ya se contaba con una carretera como servicio turístico al hotel Guadalupe, y se percibieron los primeros vehículos. Alguna compactación tendrían las calles alrededor de la Plaza. Como dato histórico,  en 1937, solo había en nuestra comarca 6 vehículos, en Mendoza 17; lo que posiblemente surtiría de algunas rolineras a los ingeniosos pequeños de la época.

Probando los frenos y con piernas largas, por si acaso; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3824. 

Este juego de muchachos, es uno de los pocos que le da utilidad a lo inútil, a lo que se desecha, a las rolineras desgastadas que no sirven para los vehículos.  Ellos se reúnen y planifican cómo construir su carro, es un trabajo de grupo y de convivencia. Los básicos chasis y carrocerías son elaborados de tablones viejos quedantes de construcción, y el eje de rodamiento, es hecho con pedazos de puntales de madera paramera. Son muchos los niños y jóvenes, que asisten a darse “colita” y a disfrutar esta actividad.

El retorno de carrucheros en grupo; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3814.

¿Quién en nuestra comarca, no se ha deslizado montado en un carro rolinera desde la avenida Bolívar, por la calle 8, doblar a la derecha y enfilar por la avenida Páez? ¿Quién no dejó parte del pantalón, zapatos, camisas, en una fuerte “coleada”, cuando se montaban varios en un mismo carro? Otros, más atrevidos, se lanzaban por la misma avenida Bolívar, de sur a norte, en un recorrido más largo y riesgoso.   

Un pequeño  carruchero rezagado en la competencia; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3813.

 Regresando al punto de partida, halando el carro modelo sencillo y liviano para dos; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3816.

Calentando y probando motores en la calle 2; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3819.

De regreso, conversando y subiendo, para volver a lanzarse por la calle 2, hasta cerca del río Bomboy; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3821.

A poca velocidad bajando por la 2; año 2020. Cronografía propia de este blog N° 3822.

Unos suben y otros bajan por la calle 2; año 2020.  Cronografía propia de este blog N° 3823.

Tanto los jóvenes de ayer, como los de hoy, recuerdan lo que es darse una “colita “en rolineras o carruchadas, todos lo hemos disfrutado. Soy de la idea, que este tipo de actividad y tradición popular, hasta ahora espontanea, debe ser estimulada, como trabajo cultural parroquial, para que no se pierda o borre para las futuras generaciones.  

La Puerta, diciembre 2.020.

Omanrique761@gmail.com

Blanco y Negro, José Morales y el sabor gaitero en La Puerta.

 


Oswaldo Manrique Ramirez.


He mencionado en otros artículos, que el tiempo de existencia de la Escuela Técnica de Agricultura de La Puerta, también conocida como “Escuela de Peritos”, dejó una fuerte y hermosa huella histórica en nuestra comarca. Parte de ella, fue la condición y el ambiente estudiantil y juvenil que adquirió esta Parroquia (anteriormente Municipio), incluyendo, una de las experiencias musicales más interesantes, como fue la del grupo musical Blanco y Negro.

En diciembre, este grupo de jóvenes, junto con los del Club juvenil de la Plaza,  era el promotor de las misas de aguinaldos, madrugadas plenas de pobladores en las calles de La Puerta, disfrutando de los disimiles y veloces carros de rolineras, que alegraba a la muchachera y se le adosaba el toque musical y la gaita. Eran verdaderas fiestas populares, en las que destacaba William Gudiño, quien organizaba las presentaciones y amenizaban las navidades de la comunidad. Este conjunto se había formado desde 1967, con el nombre de Blanco y Negro,  y tenía como cantantes a Nolo Zabala, que también tocaba cuatro, y José Morales, que era cantante profesional, dotado de una excepcional voz y cantó con el conjunto El Saladillo. Solo en este rincón serrano, se disfrutaba y así lo recuerda la memoria parroquial, de las bellas interpretaciones de boleros y baladas latinas del Blanco y Negro, comandado por José Morales.

El amigo y colaborador de este blog, Alfonso Briceño, hizo un ejercicio de memoria y nos relató lo siguiente: “…buscando un mejor futuro y oportunidades de estudios, el padre de José Morales lo lleva en 1967, a La Puerta, en el estado Trujillo, para cursar en la Escuela Técnica de Agricultura Andrés Bello (hoy desaparecida), donde obtiene el titulo de Perito Agropecuario; a la par de ello, funda con otros jóvenes el Grupo Blanco y Negro, integrado en su totalidad por muchachos de esa localidad…”; las dotes de cantante de primera línea de Morales, su don de gente y espíritu emprendedor, lo hizo tomar la iniciativa de organizar un conjunto musical, para divertirse y amenizar las reuniones juveniles y estudiantiles; sin embargo, ese espíritu se fue convirtiendo en una fuerte influencia musical y cultural, que perduró durante muchos años, casi hasta finales del siglo XX,  en La Puerta.

 En la gráfica, se puede detallar a los integrantes del grupo musical gaitero Blanco y Negro,  jóvenes de La Puerta, dirigidos por el zuliano José Morales, agachado, con la charrasca en la mano. William Gudiño, el del cuatro; a su izquierda, su hermano Freddy, con el tambor; y Ramón Ramírez, el popular “Bola de humo”, con el furro. De pie, están entre otros, Hugo Rosales, Máximo Artigas, Chuy Quintero y Reinaldo Sulbarán. al fondo se puede ver el árbol con adornos y motivos navideños, y erguido el busto del Libertador, sobre su antigua base multilateral de cemento, en la plaza Bolívar de La Puerta, Trujillo, en Venezuela.   Imagen cortesía de Alfonso Briceño.  Cronografía N° WA0023. 


Otros entusiastas vecinos, también formaron parte de este trabuco musical, como: Chuy Quintero, que fue comerciante en el centro del país. William Gudiño, el del cuatro,  fue nuestro mecánico popular; su hermano Freddy, era el tamborero; Nolo Zabala se asentó en la ciudad de Valera, con su negocio de mecánica de frenos de vehículo;  Ramón Ramírez, el popular “Bola de humo”, tocaba el furro;  Hugo Rosales, Máximo Artigas  y Reinaldo Sulbarán.   El cantante José Morales, luego de graduarse de Perito Agrícola, se fue a estudiar a Estados Unidos, donde obtuvo el titulo de Ingeniero Agrícola, regresó a Maracaibo y estableció una empresa de pulpas. 

Fue un grupo  juvenil muy bien organizado, José Morales, tenía más experticia musical, sus ensayos, los hacían en un espacio del Colegio Nuestra Señora de la Paz y otras veces, en el Cine Parroquial de La Puerta. En cada presentación, iban todos uniformados, con camisa blanca, lazo-corbatín negro, y pantalón negro. Usaban en la camisa una escarapela con el símbolo B y N, que los distinguía.

Acerca de la magnitud y calidad musical de este conjunto, Briceño hizo énfasis en lo siguiente: “…Formando parte de Blanco y Negro, ganaron un concurso organizado por Radio Valera, “siendo la primera agrupación fuera de Valera, que lo lograba. Los de La Puerta, se codearon con grupos ya fogueados como Los Novatos, Los Estudiantes, Los Tucanes, Los Leones de la Ciénaga, entre otros”.  En aquel tiempo, los grandes eventos y presentaciones musicales en vivo, se hacían en Radio Valera, la emisora fundada por Míster Temple Lee; asimismo, las competencias y concursos artísticos de la región.

 La agrupación Blanco y Negro, hizo su aparición formal a finales de la década de los años 60 del siglo pasado. En esta otra gráfica, se observa a varios de sus integrantes, entre ellos, Jose Morales, Ramón Ramírez “bola de humo”, Freddy y William Gudiño, Máximo Artigas.  Imagen cortesía de Alfonso Briceño.  Cronografía N° WA0022. 


Se puede afirmar, que Blanco y Negro, es el primer grupo con influencia de la música zuliana y gaitera, que le dio además de ese sabor musical tan característico, alegría a las fiestas patronales de la Virgen y el Patrono, carnavales, decembrinas y otras en nuestra parroquia, tenia un repertorio variado para las serenatas, entre ellas baladas, boleros,  las infaltables mexicanas y una que otra guaracha para relajar el ambiente.

Anotamos que esta fue una de las tradiciones que entusiasmaba a la juventud local, hasta mediados de los años 90 del siglo pasado, organizar el conjunto de gaitas, para amenizar las misas de aguinaldo y cuanta celebración se refiera a la navidad y que se ha perdido, inclusive, aunque parezca contradictorio, se cuenta con una escuela de música; quizás en los próximos años, resurja el espíritu musical de Blanco y Negro, para hacer más llevaderas y alegres nuestras festividades decembrinas.   


La Puerta, diciembre 2020.

Omanrique761@gmail.com


Dr. Jaroslaw Truszkowski.




De la Serie Médicos de La Puerta, trataremos aquí de la vida y obra de un personaje interesante para nuestra comarca, a quien se le conoció por su abnegado trabajo como médico rural, y se le reconoció su mérito, dándole a nuestro principal centro de salud, su nombre, Dr. Jaroslaw Truszkowski.

         Nacido en 1901, en la ciudad de Kiev, llegó a Venezuela en 1949, donde prestó por más de 5 lustros,  servicios en el convulsivo mundo de la salud colectiva. Al Dr. Truszkowski, se le vinculó en aquella época, a la conexión nazi del criminal de guerra Walter Hadamowsky, el célebre confinado de la Mesa de Esnujaque, que logró armar una organización  nazi, que desde empresas alemanas ubicadas en Maracaibo, cimentaron en Timotes, La Mesa, La Quebrada, La Puerta, Valera, hoteles, restaurantes, bombas de gasolina, fincas agrícolas, para el control del turismo en la región. Walter Hadamowsky había llegado a Caracas en 1939,  con el objetivo de dirigir el partido nazi en esta ciudad,  se le designó apoderado de la IG Farben (Hoy Bayer) empresa alemana que apoyó a Hitler durante la segunda guerra mundial, obteniendo grandes sumas de dinero por parte de las SS con la venta del producto  “Zyklon-B”, que era el gas venenoso usado en las cámaras de exterminio de Auschwitz, fabricado en su planta de Degesch; Hadamowsky actuaba bajo las ordenes de Arnold Mergerie, alto ejecutivo de IG Farben (Bayer) y jefe supremo de la NSDAP LandesgruppeVenezuela (Partido Nazi, Grupo Regional Venezuela). Hadamowsky, en la organización nazi,  se encargó de la Jefatura de la Gestapo en Caracas y en 1942 es designado presidente del Club Alemán. Estos, alemanes, según el periodista caraqueño Pedro Beroes, ocupaban esos cargos en 1947 cuando comienza a hacerse patente la presencia en Venezuela de criminales de guerra nazis lo que llevó a la sospecha de que solo seguían aquí para poder actuar como agentes de enlace de aquellos; consiguiéndoles refugio y trabajo tal vez con la idea de ir reorganizando a la maltrechas fuerzas del Partido Nacionalsocialista Alemán y trabajar por un quimérico regreso al poder”. (Beroes, PedroCriminales de Guerra en Venezuela. Diario Últimas Noticias 13 de mayo de 1947. p 3). Fueron fuertemente criticados por el poeta y abogado Andrés Eloy Blanco.

                                       Dr. Jaroslaw Truszkowski.

El Dr. Truszkowski,  murió en La Puerta, Estado Trujillo, en 1974; sus restos moran en el cementerio de esta población. Sin entrar a emitir un juicio de valor, sobre lo precedente, en procura de objetividad,  obligatorio es incorporar el criterio de una persona que lo conoció por más de 20 años y fue su colega de profesión.   
Existe una descripción interesante de la vida de este galeno, que elaboró otro apreciado medico de nuestra comunidad, el Dr. Elías Anzola Pérez, en 1974, que fue publicada en un diario regional y en la revista del gremio médico. El Dr. Anzola lo conoció en el año 1949. Gracias a la colaboración del M.Sc. Beltrán Briceño, que logró localizar este artículo, lo compartimos y reproducimos a continuación.

          << Historia de un venezolano nacido en Kiev

Hace más de 25 años llegó al país, tras haber padecido, como tantos otros compatriotas, la más cruel de todas las enfermedades: la pérdida de la libertad y el exterminio de los seres queridos, el Dr. Jaroslaw Truszkowski, médico graduado en Varsovia, residente del servicio de obstetricia del principal hospital de la bella capital de Polonia y médico de abordo de un buque-escuela de cadetes de la armada polaca que daba vuelta al mundo.
Cayó como un raro ejemplar apocalíptico sobre la reverberante aldea de Motatán como médico rural. Los tremendos problemas lingüísticos los resolvía a través de sus auxiliares de enfermería, quienes tenían la tarea de llevar al papel lo que aquel gigantón venido de muy lejos recetaba a los enfermos. Seguramente los enceguecedores centelleos solares de la caliente región le prestaban una magnífica excusa a sus humedecidos, penetrantes ojillos azules, cuando su pensamiento regresaba al lar nativo y sólo recogía espectros familiares: padres, hermano, novia.
Había nacido en Kiev, cuando Kiev era territorio polaco. Los sonrientes años de su niñez y adolescencia transcurren felices, construidos sobre una disciplina algo prusiana (la madre, de origen alemán, solía “pasar revista” a la hora de dormir y el brillo de los botines debía competir con el relámpago de los bombillos del cuarto) y los lapsos vacacionales en la ilimitada nieve o en la palpitante playa que tanto amara durante toda su vida. Llegan los días universitarios, los libros de alto lomo, las obligaciones serias y el título de médico.
Entre el hospital y los planes para el futuro llega a su apogeo su vida galante. “Joven, profesional, excelente pareja de baile y bien parecido”, solía confesar tímidamente. Luego, su oportunidad viajera de tocar puertos y descubrir personas, objetos, costumbres. De pronto, la lucha armada, las persecuciones, los encarcelamientos. La vida le tenía reservada una amarga, increíble experiencia: la dispersión de la familia, la volatilización de sus pertenencias y, especialmente, la prisión.
Errante figura por los campos de concentración de Auschwitz y Bugenwald, Jaroslaw se resistía a creer en su trágico destino porque, de acuerdo al decir de los millares y millares de reclusos, de allí sólo se podía salir de dos maneras: a través del aire o convertido en una pompa de jabón cuando los verdugos, con loca frecuencia, practicaban la saponificación de la grasa humana mediante el infame horno crematorio.
Como de increíble fue la entrada, así debió ser la salida. Una vez libre (libre?) y sin poder regresar a los lugares familiares, se deja arrastrar a París donde ahuyenta el frío de los incipientes fanáticos del invento de Lumiere avivando el apagoso fogón de un cinema o satisface las exigencias pequeño-burguesas de dos desequilibrados franceses, marido y mujer, quienes le exigen al refinado cocinero y camarero atienda a su nuevo, chic y más eufónico apelativo de Michael Constantin. Al fin logra evadirse de esa otra cárcel y toca la agreste, retadora tierra trujillana para comenzar su nueva vida.
Motatán, Chejendé, La Quebrada, La Mesa de Esnujaque y La Puerta se familiarizan con el enorme médico rural que con grandes dificultades de expresión e interpretación de los giros idiomáticos de esta zona de transición geográfica y humana, se empeña en no dejar morir o aliviar los  padecimientos de sus habitantes con un Ministerio de Sanidad de apenas 10 años de vida, pésimo saneamiento ambiental, crueles endemias y un sueldo miserable.


Constancia original de 1955, que acredita al Dr. Jaroslaw Truszkowski, como  miembro activo del Colegio de Médicos del estado Trujillo. Está colgado en la pared de recepción de la Medicatura Rural de  La Puerta, Trujillo, Venezuela Cronografía de este blog N° 3492.


Con los Dres. Vladimir (ya fallecido) y su esposa Galy (ya retirada) Lauschkin, venidos de Rusia, realiza una labor extraordinaria en el ámbito trujillano. Ganadores en varias oportunidades del Premio Anual al Mejor Médico Rural del estado Trujillo, se constituyen en paradigmas de los que fuimos sus colegas de medicina rural y, circunstancialmente, sus superiores en el orden administrativo sanitario. Los médicos del viejo Hospital Nuestra Señora de la Paz, de Valera, escuchan con respeto y seriedad a los Lauschkin o a Truszkowski cuando ellos se movilizan con un paciente para el cual no existen recursos suficientes a nivel de la medicatura.
En reprochable hora, enajenados seres siembran en este noble anciano el peor de los castigos: la prisión. En esa época le conocí y no pude entender cabalmente sino tiempo después, la angustia y desesperación que le embargaban. Los acusadores criollos, conocedores de su amarga experiencia de prisionero, lo sometían de nuevo a la oscuridad infamante de la celda, a la ventana a rayas, la inmovilidad física por haber cometido el delito de reportar a las autoridades superiores un hecho bochornoso ocurrido en su medicatura. El objetivo fue logrado: las torturas, el hambre y la agonía de Auschwitz y Bugenwald fueron sustituidos por los sinsabores de la triste cárcel de Trujillo; el tatuaje numérico que dejaba la constancia de su paso por los campos de concentración persistía en su antebrazo, pero una cicatriz más dolorosa le nacía en el sentimiento.



Diploma original de 1964, que acredita al Dr. Jaroslaw Truszkowski, como fundador del Instituto de Previsión Social del Médico. Está colgado en la pared de recepción de la Medicatura Rural de  La Puerta, Trujillo, Venezuela. Cronografía de este blog N° 3489.

Casi al final del mes de julio de 1974, el Dr. Truszkowski fue empujado a otra cárcel, la definitiva. Hubo necesidad de sacar muchas piedras en el inclinado cementerio de La Puerta para sembrar esa otra piedra de ojos azules, cuerpo de gigantón y alma de niño en la que nunca hubo espacio para la maledicencia ni resentimiento para el mundo que tanto daño le hiciera. Conociendo la vida y milagros del Dr. Truszkowski, se puede creer en la sublimación de los actos y la luminosidad de ciertos hombres.


Rodeados de niños, el Dr. Jaroslaw Truszkowski y el Dr. Elías Anzola Pérez, dos de los primeros médicos y pioneros del sistema de salud formal de nuestra comunidad.  

El Ejecutivo del Estado Trujillo ha pagado su entierro, ese mismo entierro que el viejo polaco espantó durante casi 27 años de las puertas de humildes hogares trujillanos. El Colegio de Médicos ha ofrecido la ejecución de su mausoleo que entablará diálogo con la niebla vespertina que baja del Páramo de Los Torres. La Dirección de Asistencia Social del Estado se ha pronunciado por perpetuar su nombre en la fachada de la medicatura de La Puerta, que le servirá de último eslabón terrenal. Quizás los turistas apresurados por el frío y exaltados por la exuberancia vegetal del lugar, nunca lleguen a leer completamente la difícil conjunción de letras colocadas sobre la fachada del edificio, pero tal vez puedan recordar los ojos vivaces y los escasos cabellos blancos de un patriarca (1901-1974) que les da la bienvenida desde una serena fotografía, con la gracia triste y honda de un personaje de Omar Khayan.
Mientras preparaba una exquisita sopa polaca de remolachas –fue excelente cocinero y hubo complacencia especial en sentar a su mesa a sus amigos- el Dr. Truszkowski me confió un día que él conoció la muerte cuando cayó presa de un terrible acceso febril y un desplome indescriptible debido a la adquisición del tifus exantemático a través de piojos infectados con Rickettsia prowasecki que sus verdugos de turno colocaban amorosamente en las indispensables cobijas que mitigaban el invierno insoportable.
La mejor forma de morir, comentaban los compañeros de infortunio, era acercarse a otro moribundo y, espalda con espalda, sostenerse y comunicarse la tibieza corporal hasta la última décima. Así lo hizo él y en esos instantes conoció cómo se escapa la vida, igual que el hilo que va adelgazando su hebra hasta quedar reducido a la nada. El próximo recuerdo de ese archipiélago memorioso fue encontrarse convaleciente, rotundamente vivo.

Parte de la fachada de la Medicatura de La Puerta, que lleva por nombre Dr. Jaroslaw Truszkowski. 

Ya el viejo Jaroslaw –el abuelo Truz para mis hijos- no existe, pero me complazco pensando que a la hora de su muerte final debió sentir cerca de su costado la multitudinaria espalda tibia de los trujillanos, comunicándole el calor que logrará el nuevo milagro: mantenerlo vivo en la memoria de ésta y las próximas generaciones.
Dr. Elías Anzola Pérez (*)>>.

*Artículo publicado en el diario El Tiempo, de Valera, estado Trujillo, Venezuela, en 1974 y en la Revista del Colegio de Médicos del Estado Trujillo, Volumen V, No. 4 (Revista No. 22), diciembre 1974.
Transcrito por: M.Sc. Beltrán Briceño

La Puerta, diciembre,  2020.



jueves, 10 de diciembre de 2020

La postal del reventón de Cabimas, en 1922.

 



Oswaldo Manrique Ramirez.


En la época de la dictadura gomecista, los trujillanos y particularmente los nativos de La Puerta y áreas circunvecinas, eran mal vistos por ese gobierno, los que no estaban presos como el coronel Américo Burelli, o estaban huyendo como el coronel Sandalio Ruz y su segundo, el capitán Mitrídates Volcanes y su tropa, como consecuencia de su alzamiento en La Culata, contra ese esquema de poder, solo les quedaba una alternativa, abandonar sus casas y sembradíos e irse a trabajar  a las petroleras extranjeras. Varias familias enteras, transitaron el camino de las Siete Lagunas (Maen Shombuk), con sus pocos enseres, y bajar por el monumento de Las Escaleras indígenas, para enrumbarse  hasta los pueblos de la Costa Oriental del Lago, buscando integrarse al trabajo de alguno de los campos petroleros, fue el sacrificio de la distancia, entre su vida rural y bucólica, a la vida dinámica del salario y explotación de la fuerza de trabajo; cambiando el paisaje natural de las sementeras y potreros, al paisaje de cemento y asfalto, el salto que dieron del uso de la indumentaria con tela de costal de harina y alpargates, al uso de la braga de obrero con accesorios industriales; dentro de esa nueva dinámica cultural, pasaron de hablar con el característico cantadito andino, a conversar en ingles machucado, adaptado al zuliano rajado; aunque sí hubo algo similar en ese tránsito de vida: dejaban del maltrato que recibían como peones o jornaleros de los hacendados, para recibir el maltrato como obreros de los patronos extranjeros. Esta crónica, aunque pequeña, es parte de nuestra historia petrolera, impulsada por muchos trujillanos, como fuerza de trabajo.     

Un día de 1926, Vicente Briceño, se le ocurrió enviarle un bonito e interesante saludo, como hacían antes, por medio de una postal a una dama de la familia Rosales, oriunda de Montecarmelo, y que se fue avecindando en este valle; la tarjeta que tenia impresa la fotografía del reventón de Cabimas, Estado Zulia, acompañada de una corta descripción manuscrita, con buena letra, en su lado posterior, de ese acontecimiento y su línea de tiempo.   Esa vieja postal me la ha remitido en imágenes un colaborador de este blog, que a su vez, la recibió como obsequio de una amiga común, pariente de los Rosales, la señora María Hortensia Ramírez (+), quien fue durante muchos años, funcionaria judicial de Valera, y vecina de Los Cerrillos, y aquí la compartimos, porque nos hizo recordar la jornada en que un ciudadano ingles  y otro curazoleño, de nombres George Brake y Samuel Smith respectivamente, técnicos emprendedores de la  explotación petrolera y las compañías transnacionales y sus cuadrillas, le dieron desde Cabimas, con el pozo Barroso N° 2,  el 14 diciembre de 1922, un cambio profundo, una transformación sentida en todos los renglones a esta zona del occidente del país. En esa oleada de trabajadores, aspirantes a ganar entre 5 y 6 bolívares diarios, con poder real adquisitivo,  llegaron muchos trujillanos, algunos Puertenses del Bomboy, como Vicente R. Briceño, quien desde ese espacio petrolero, le envió a la señora Oliva P. de  Rosalez,  habitante de este valle, la tarjeta postal, con la imagen del reventón, que aquí publicamos.   Seguramente, de esa postal se imprimieron y vendieron muchas copias, lo interesante de ésta, es su autenticidad, que viene dada por la interrelación histórica de dos personas de nuestra comunidad rural andina, no se le observa estampilla, lo que nos hace pensar, que fue no enviada a la señora Rosalez por correo, sino por medio de algún emisario de confianza.

En la gráfica histórica, anverso de la postal original, un poco deteriorada,  enviada por Vicente Briceño a la señora doña Oliva P. de  Rosalez, se puede observar el famoso reventón petrolero, la torre y la zona de vegetacion. Imagen cortesía del amigo Wilmer Viloria.  Cronografía N° WAO028.


Fue el del Hato el Barroso, en el caserío La Rosa, municipio Cabimas, en la zona oriental del Lago de Maracaibo, en Venezuela, uno de esos históricos reventones petroleros. Cuentan muchos cronistas sus particulares versiones, pero todas indican,  que a eso de las 4 de la mañana de aquel día, ya se sentía el rugir de las piedras y los líquidos que surgían de la profundidad de la tierra, anunciando e impulsando el esperado reventón. Muchos de los entusiastas trabajadores, ingenieros, técnicos y los propietarios de la Venezuela Oíl Concesión, esperaban ese gran y estruendoso boquete, que les enriquecería la vida, era el elixir del diablo que superaba en chorretes los más de 50 metros de altura, pero que buena falta hacían, era el oro negro y la bonanza petrolera. Hay un dato interesante que nos suministra la historiografía es que, fue a partir de 1929, cuando Cabimas, se convierte en un efectivo campamento petrolero, es decir, 3 años después de que Vicente Briceño remitiera la postal a la dama; lo que nos induce a pensar, que éste pudo estar entre los pioneros de los trabajos de exploración del Barroso o cuando menos, estuvo cerca de ellos.

En esta otra gráfica, el reverso de la postal original, en donde se puede leer encima de “Post Card. Correspondence. Address”, la siguiente nota escrita a mano: <<Agosto 8 de 1926. Para la señora doña Oliva P. de Rosalez le envía este rretrato la cual fue una explotación de petróleo de un taladro en tierra. Vicente R. Briceño>>. Estas líneas la convirtieron en una autentica antigüedad de colección. Imagen cortesía del amigo Wilmer Viloria.  Cronografía N° WAO029. 

La mayoría de los Puertenses del Bomboy, que se fueron a trabajar en las petroleras o en oficios y sitios cercanos a esa y otras actividades industriales derivadas, allí se asentaron, allí padecieron clima y enfermedades, y la misma dramática y cruel dictadura, porque la tragedia les tocó a todos los venezolanos y venezolanas de esa época,  pero formaron sus familias, y por supuesto, allí se quedaron. Esos lazos, indiscutiblemente, ayudaron a fomentar la sensibilidad y empatía con la zulianidad tan cimentada, como parte de ese proceso socio cultural que ha vivido nuestra comarca. Sirva esta crónica y la postal, en estos días de navidad,  para hacer un ejercicio de memoria colectiva, de refrescamiento imaginario, reviviendo nuestras relaciones parentales con los que han emigrado a otros sitios y países, y para ubicarnos en un espacio más vivencial de nuestra historia parroquial.

La Puerta, diciembre 2021.

Omanrique761@gmail.com

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